Marihuana y mala onda

por Luis E. Sabini Fernández

Los esfuerzos del gobierno uruguayo de ser a la vez dos cosas irreconciliables: entregar todos los bienes de la tierra (y el mar y el aire) a las transnacionales  ─basta ver la venta de tierras en los últimos diez años a empresas no precisamente locales─   y a la vez alegar contra la penetración ¿se podrá decir imperial?;  luchar por la democracia y a la vez cultivar la imagen de defender lo revolucionario; defender la igualdad de los seres humanos y a la vez referirse a “peruanas dóciles”; defender nuestro medio ambiente y a la vez encontrar que nuestro suelo, nuestras aguas están buenas, con límites de seguridad ambiental bien protegidos, cuando todas las mediciones han sido más que intranquilizadoras; plantear la importancia de la justicia contra los delitos más aberrantes cometidos en el país y a la vez confeccionar un plebiscito suficientemente preparado para que un 48% de votos contra la impunidad sobre el total de electores (cuando a favor de defender la impunidad en el país no iba a conseguirse más de un 15%), terminara ─mediante “la avivada” de no hacer registrar los votos a favor─ en que algunos paniaguados se atrevieran a invocar que un 52% del electorado quería mantener la “caducidad de la pretensión punitiva”…

En este universo de lacerantes contradicciones, tenemos ahora que en un país con crecientes dificultades materiales, de pobres que se empobrecen, de inversiones que se ansían y se hacen rogar, de contaminaciones fuera de control, se le lleva a la gente un antídoto contra la mala onda.

En un país con intenso consumo de mate, se legaliza agregarle marihuana. Con el argumento de que NO se tratará de material psicoactivo. ¿Què significa marihuana o cannabis no-psico-activo?

¿Existe? Si no es psicoactivo, para qué incorporarlo a la yerba (que ya tiene ciertos ingredientes psicoactivos, como la cafeína)?

Interpreto que la legalización y vuelco masivo de marihuana en la yerba mate es un intento del gobierno uruguayo de hacer feliz, al menos más feliz a la gente.

Evitar la malarracha, la depre, la mala onda.

Cortar la tendencia al suicidio, alta en el país según estadísticas no muy difundidas.

La medida de nuestro superior gobierno me hace acordar a la política del gobierno de la era fordiana de Un mundo feliz, de Aldous Huxley, que distribuía soma gratis a la población, en rigor para hacer más llevadera las miserias cotidianas.

Extraordinaria la viveza del gobierno. Ya que el país va perdiendo todas sus riquezas, una  a una, dilapidadas y contaminadas por empresas ajenas (o nacionales), para que “la gente” no se bajonee, le damos un poco de soma.

Así gobiernan para “la gente”. Pero no necesitamos medidas risueñas sino sanitarias, laborales, educacionales, ambientales y, sepámoslo, desde nosotros mismos.

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