Uruguay, agua y sentido común

29 enero 2016

por Luis E. Sabini Fernández.

Abya Yala o América del Sur ─designación de originarios o de europeos─ es el continente, la porción de tierra planetaria más húmeda, más rica en agua. Al menos en estado líquido, de superficie o subterránea. Son tales sus dimensiones territoriales, cerca de 20 millones de km2, que alberga en su seno también vastas regiones secas e incluso desérticas.
En esa nave inmensa, parte apenas de la nuestra planetaria, nos encontramos en Uruguay. Un territorio física y políticamente pequeño. Comparado con el abanico mundial de estados, estamos precisamente en la media de superficie (alrededor de unos cien estados más extensos y otros cien más pequeños); en términos poblacionales, en cambio, vivimos en un territorio más bien despoblado respecto de la media mundial (hay dos tercios de estados mayores y sólo un tercio de menos poblados). 1
Tenemos una de las tierras mejor irrigadas del mundo entero, lo cual habilita su uso para ganadería y agricultura. La calidad ganadera del país ─rebautizado en algún momento vaquería─ la comprobó hace ya cuatro largos siglos Hernando Arias de Saavedra, ”nuestro” Hernandarias, gobernador español del Paraguay.

¿País minero?
Por sus dimensiones más bien reducidas, por las características del suelo, todo verde, la “propuesta”, formulada por José Mujica Cordano, a la sazón presidente del Uruguay, de que ‘así como el país había sido ganadero dos siglos [se refiere, infiero, a los de vida “independiente”], bien podía ser ahora minero’ merece ser elevada a los anales de la estulticia. Basta observar donde se emplazan las principales actividades mineras de la humanidad para darse cuenta: en tierras yermas, que el clima y el suelo hacen poco propicias para cultivos; en la cordillera de los Andes, por ejemplo.
Otro rasgo característico: países con fuerte desarrollo minero coinciden en general con enorme disposición de tierras, como son los casos de Canadá, Australia, EE.UU. o China que rondan los 10 millones de km2 cada uno (Australia, algo menos), es decir unas 60 veces la superficie del “paisito”. 600 km no es lo mismo que 10 km. Ni 600 km2, 10 km2. El país alberga propiedades de 10 000 ha. Y también mucho mayores. Pero no de 600 000…
Uruguay es un país “verde” y goza, propiamente, uno de los porcentajes más altos de cubierta verde de todos los países del planeta, alrededor del 90% de su superficie. 2  Como bien explica Víctor Bacchetta en su “vivisección” del proyecto Aratirí: 3 “En el caso de Uruguay, la minería no se practica en montañas o desiertos sin cobertura vegetal. El primer obstáculo para llegar al mineral es la base de una pradera natural […]. Este “detalle” que al parecer le pasó inadvertido a José Mujica Cordano, tiene un doble costo: el de eliminar la pradera para ejercer la minería y el de perder la actividad económica que con dicha pradera puede hacerse; como vimos, siglos de ganadería, que le otorgó al Uruguay en el concierto de las naciones periféricas y más o menos excoloniales una asombrosa calidad alimentaria.
Respecto de la “película” verde que recubre casi todo el suelo oriental, hay una propuesta de la empresa Zamin Ferrous, titular del proyecto Aratirí, que también nos presenta Bacchetta, y que es ilustrativa de la relación centro-periferia, para el caso entre los consorcios industriales y los países más o menos periféricos, más o menos coloniales, en que se asientan. Zamin Ferrous tiene la peculiaridad de su origen indio, pero su comportamiento es exactamente equiparable al de los consorcios primermundianos.
Cuando Zamin Ferrous-Aratirí presenta su proyecto aclara que esa cubierta del suelo “será retirada para ser devuelta a su lugar original [¡sic!] al final de la explotación.” 4  Advierta el lector que estamos hablando de un período de al menos década y media… ¿Conservando el suelo verde?… ¿dónde?, ¿cómo?
La ocurrencia tiene un penoso parentesco con la propuesta de la Barrick Gold en provincias andinas de la Argentina: cuando las asociaciones vecinales criticaron el proyecto minero que contaba con arrasar un glaciar, Barrick Gold entonces “tranquilizó” a los pobladores ofreciendo trasladar ese glaciar (y eventualmente dos más) a otros sitios para que no se perdieran o fundieran…
Sólo una visión muy “administrativa” de la naturaleza, en este caso el clima de montaña y su biota, y una visión también “administrativa” de la biota en el caso de la cubierta vegetal compuesta por animales y plantas (microfauna y microflora), puede permitirse argumentar que se puede cambiar el lugar de un glaciar como si fuera un florero o que se puede retirar un suelo vivo y reponerlo décadas después…
En rigor, ambos ejemplos, extraídos de dos grandes consorcios mineros, remiten a los vidrios de colores con que algunos europeos avisados engañaban o seducían a nativoamericanos en sus primeros contactos…

¿País agroindustrial?
Las dimensiones del país tampoco hacen propicio el territorio para los cultivos agroindustriales. Más allá de toda consideración ambiental que plantea una problematicidad gravísima que abordaremos a continuación.
Por su tamaño, Uruguay puede ofrecer a gatas una potencialidad marginal: basta ver los estados que han apostado a la agroindustria para darse cuenta cuándo hablamos de explotación plena y cuándo de explotación marginal. La agroindustria con su dotación de cosechadoras gigantescas rinde en países con llanuras inmensas, como las de EE.UU., Canadá, Argentina, Brasil, Australia, o siquiera como las ucranianas.
La razón por la cual el gobierno populista argentino de la primera década del siglo actual, el gobierno K, se pudo dar el lujo de retener hasta un tercio del precio de la venta bruta de soja transgénica como regalía para el estado, proviene de la extraordinaria rentabilidad, absolutamente excepcional, de tales cultivos, que permitió que los sojeros aceptaran esa “expropiación” porque aun así, sus ganancias eran increíblemente altas. En el territorio uruguayo, no pampeano sino ondeado, con subidas y bajadas tan visibles en nuestras carreteras y rutas, el rendimiento de tipo agroindustrial es menor.
La actividad agroindustrial, es decir la producción de bienes rurales como cereales o carnes con los rasgos de una actividad industrial, presenta un aspecto ambiental que anunciamos y que a su vez es sustancial: se trata de una actividad humana altamente contaminante. De actividades que están llevando a la humanidad a un callejón sin salida, fruto de una tecnobiología (biotech) desbocada.
Es precisamente ese aspecto más la menguada rentabilidad que lo agroindustrial puede desplegar en un territorio como el nuestro, lo que ha llevado a más de un analista a desechar el cultivo de commodities como apuesta del país al mercado mundial. Una pésima solución para la economía nacional, aunque muy promovida por las empresas transnacionales que tejen el dominio corporativo de la economía planetaria actual.
Tenemos una superficie demasiado pequeña para lograr un ingreso significativo adaptándonos a las “necesidades” de esas megaempresas a menudo con presupuestos mucho mayores que los de los estados nacionales que las “albergan”.
Nuestra opción, entendemos, teniendo en cuenta la ubicación geográfica (el hemisferio sur está mucho menos contaminado que el norte), la dimensión territorial, y la abundancia de agua, podrían ser specialities, no commodities. En lugar de venta a granel de productos alimenticios “del montón”, optar por la producción de alimentos orgánicos y naturales. Lo cual permitiría darle sentido a la consigna “Uruguay natural” que ha sido puramente turística y demagógica (basta ver como tratamos a los “residuos”), consigna que se sigue usando con creciente, penosa falsedad. La producción orgánica, slow-food, comida sin ingredientes químicos está siendo crecientemente demandada por la población y particularmente por los sectores más atentos a la problemática ambiental, que se van separando cada vez más notoriamente de la comida basura y la cancerización consiguiente.
Claro que semejante apuesta significaría aprender a producir ingredientes sanos, con mucho menores cargas químicas, y consiguientemente apostar a las pequeñas unidades productivas, y tejer una red económica de circulación material y sostén de tal tipo de actividades. Esa potencialidad existe en nuestro territorio; un desafío para que exista también en nuestra sociedad.

Por las dimensiones del territorio nuestro, la actividad minera como actividad económica principal no parece la mejor opción, porque la irradiación de cualquier actividad de ese tipo es de varios kilómetros a la redonda (y no hace falta que sea de minerales radiactivos para que haga daño y nos afecte). Lo acabamos de vivenciar con la cantera abierta al lado de Suárez, donde el polvo y el ruido afectaba a sus tan cercanos “vecinos”.
La fabricación de commodities rurales no sólo nos condena a una subalternidad económica permanente ante países de grandes extensiones y por lo mismo con mejor competitividad como, precisamente, nuestros linderos, Argentina y Brasil, sino que además crea las bases para una contaminación generalizada que si es criminal en cualquier territorio, en cualquier estado, es además propia de estúpidos en un territorio pequeño, por la facilidad con que se nos hace patente.
Baste reparar en el “percance” del río Dulce en Minas Geraes, Brasil, hace apenas algunas semanas: un dique de cola de esos que se construyen garantizados para que duren indefinidamente, aunque demasiado a menudo el tiempo indefinido se trunca sorpresivamente, como en este caso, cuando una de sus paredes cede. El enorme piletón de contención de los desechos metálicos, químicos, tóxicos de una extracción minera de años empezó a escurrir río abajo hacia su desembocadura, en el océano Atlántico, a 650 km. Tardó algunos días desplazándose esa masa de lodo tóxico a razón de unos 50 km. por día… Dejó decenas de muertos humanos, desolación y contaminación a lo largo del río, totalmente inutilizado a partir de entonces como fuente de agua o de pesca… ¿Qué habría significado para Uruguay un desastre de similares proporciones? Basta mirar dos mapas, los de Uruguay y de Brasil, para darse cuenta de la diferencia de impacto a escala nacional.

Y sin embargo, si bien el plan de cambiar de matriz productiva de la ganadería a la minería no ha “marchado”, afortunadamente, la implantación de la agroindustria, con “titulares de primera” como Monsanto y UPM, por ejemplo, sí se ha llevado adelante.
¡Cómo no va a prosperar la agroindustria si los grandes consorcios no pagan casi impuestos, el gobierno les ofrece zonas francas y ni siquiera atienden al desgaste cada vez mayor de las rutas, deshechas por el peso de las grandes cargas de rolos y soja! ¡No pagan siquiera por los muertos en ruta por ese motivo!
Y aquí llegamos al agua.
En rigor, podríamos decir que lo que se llevan las empresas extractivas del Uruguay es humedad en forma de rollos de las plantaciones de eucaliptus y pinos y otra vez humedad en forma de granos de soja.
El negocio es penosamente asimétrico: se llevan agua procesada por organis-mos vivos (los árboles, las oleaginosas, por ejemplo) y nos dejan agua contaminada. Porque para hacer aquella extracción y que la misma resulte rentable, se la incre-menta de dos maneras: mediante fertilizantes que aumentan el tamaño y el peso de las plantas, y mediante plaguicidas que evitan que las plantas de la actividad agroem-presaria tengan “competencia”. Los fertilizantes y plaguicidas derramados en los campos de cultivo no son sólo absorbidos por pinos, eucaliptos o porotos de soja… van a parar, siguiendo la ley de la gravedad, a cañadones, arroyos, ríos y por esa vía a las fuentes de agua potable de los uruguayos. Los venenos no son fácilmente separables puesto que suelen presentarse en partículas ínfimas que seguramente “superan” muchos filtros; los fertilizantes favorecen el florecimiento de algas y otras organismos vivos elementales que tienden a suprimir el oxígeno de los espejos de agua que los albergan; eutrofización, que es pérdida de toda fuerza vital en el agua; el agua pasa a estar muerta, privada de vida. Ese proceso suele iniciarse con una plétora de algas, de las que muchas son tóxicas para humanos (y para otras especies).
Y ésa es la situación del Uruguay actual: tenemos algas tóxicas en nuestras fuentes proveedoras de agua… potable, que ya no es tal.
Algo que era un orgullo uruguayo, disponer desde agua corriente, se ha convertido en un problema.
Porque inicialmente, el agua corriente se sobreentendía que era agua potable. A ningún ingeniero del s XIX se le habría ocurrido hacer esa formidable obra, el tendido de redes, para proveer agua no potable o agua tóxica.
Pero tal es la situación hoy. La cuenca del río Santa Lucía abastece a unos dos tercios del país, de agua corriente que ya no es potable. Montevideo, Canelones, Florida… La Laguna del Sauce provee de agua al departamento de Maldonado. Los departamentos litoraleños, Artigas, Salto, Paysandú, Río Negro, Soriano solían proveerse de agua del río Uruguay, pero con la floración abrumadora de algas y el reconocimiento de alteraciones del sabor y calidad en el agua, se ha encarado la extracción de agua desde perforaciones. En estos parajes del Uruguay, la perforación debería hacerse para alcanzar el Acuífero Guaraní, aunque por cómo ya ha sido afectado por la mano del hombre, esa agua tendría que ser controlada y eventualmente potabilizada…
¿Cómo es posible que lo que fuera orgullo de modernización hace cien años haya devenido en causa de pesar y vergüenza, de desconfianza y enfermedad?
Los organismos oficiales de control nos aseguran la calidad y la potabilidad en remitidos que dan vergüenza ajena. 5 Conocedores, investigadores del área, como Daniel Panario, terminan recomendando filtros hogareños, puesto que los públicos y generales presentan tantas fallas.
En medio de esta vergüenza nacional, las compañías embotelladoras de agua (mineral o mineralizada) proclaman, contentas, que han hecho pingües ganancias. Chocolate por la noticia. Quede para otra nota el examen de esa alegría.

1  Con un rasgo llamativo y no exento de problematicidad; hay toda una lista de estados nacionales que medio siglo atrás estaban menos poblados que Uruguay y ahora superan su población, incluso la duplican o triplican: Paraguay, Nicaragua, Honduras, Panamá, Nueva Zelandia, Liberia, Libia…
2  Países con generoso volumen de “tierras cultivables” son, por ejemplo, Bangla Desh u Holanda (alrededor de dos tercios de su superficie); se trata de países con menor o mucho menor extensión que la del Uruguay.
3  Aratirí y otras aventuras, Doble clic editoras, Montevideo, 2015, p. 27.
4  Ibíd, p. 28.
5  La ministra Eneida de León comunicó que “los últimos resultados de las muestras obtenidas arrojaron un porcentaje de agua potable superior al 99 %, dato que consideró «más que admisible» al compararlo con Europa y América Latina, donde el promedio se sitúa en el 93 % y el 76 %, respectivamente.” (Ag. EFE, 11/5/2015). Una pena que la ministra no hubiera revelado las fuentes de semejantes afirmaciones. Y ni hablar de los olvidos de semejante fraseo…

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¿Amor a la verdad o apego a la organización?

por Luis E. Sabini Fernández.

Ya es proverbial que la participación de Cascos Azules u otras fuerzas de intervención de la ONU no resuelve los problemas de las naciones así “asistidas”, aunque suele ser sí de enorme provecho para las naciones intervinientes con dichos destacamentos.
Tenemos un ejemplo patético con la MINUSTAH en Haití, que de hecho ha funcionado como tapadera para la geopolítica caribeña de EE.UU. y donde los estados intervinientes ─en lugar primordial los del Cono Sur americano─ han aceptado con enorme interés la tarea asignada.
En el caso de Uruguay, sabemos positivamente que los destacamentos enviados cobran viáticos y sobresueldos incomparablemente mejores a los que cobran los militares “en casa”. Se sabe además que tienen sus “extras” asentándose en poblaciones inermes y empobrecidas, como suele ser la compra de sexo mediante algún mendrugo, cuando no directamente la apropiación de sexo por la sola voluntad de estos ejércitos de ocupación…
Los daños que provocan las fuerzas de la ONU exceden los abusos señalados; desde la vergüenza de entregar Srebrenica en Bosnia sin luchar (con el resultado de miles de bosnios musulmanes asesinados y miles de bosnias violadas) hasta el descuido más elemental de normas de higiene como cuando las tropas nepalesas de la MINUSTAH llevaron ─claro que suponemos que involuntariamente─ el cólera a Haití. Debido a las limitadísimas condiciones sanitarias del país ─devastado hace pocos años por un terremoto estremecedor─ la plaga traída por la ONU le ha arrebatado la vida a por lo menos ocho mil haitianos y entre los contagiados se cuentan cientos de venezolanos que han asistido al país e innumerables dominicanos afectados por la vecindad.
No sólo con cólera invade la ONU algunos países; también han traído otras enfermedades, sobre todo de transmisión sexual.
La República Centroafricana, uno de los estados más empobrecidos del planeta, fruto directo del colonialismo depredador sufrido por el continente africano durante podríamos decir que toda la modernidad occidental, desangrado en intereses sectoriales o no, pero casi siempre ajenos, fue anfitrión forzado de tropas francesas. Francia decidió intervenir en su excolonia en 2013 cuando un golpe de estado musulmán derribó el gobierno de perfil cristiano, ahondando el conflicto entre ambos bandos o creencias o vaya a saber qué intereses escudados en tales fachadas religiosas, pero de tal enverga-dura que se estima que en una población total de unos 5 o 6 millones de habitantes cerca de medio millón abandonaron sus viviendas y lugares de residencia… por el terror.
Hollande obtuvo de la ONU “el permiso” para intervenir en su patio trasero.
Y bien: luego de dos años con las tropas francesas “pacificando” el país ─que sigue tan inseguro como antes─ Anders Kompass, oficial principal de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU recibió informes de trabajadores de campo acerca de las actuaciones de los “defensores de derechos humanos” en la devastada República Centroafricana. Anders Kompass, sueco, con tres décadas abocado a este tipo de control itinerante y con una foja de servicios impecable, verifica la existencia de una serie de aberraciones ─sodomización de niños, sobre todo huérfanos, de 8 a 13 años a manos de las tropas francesas, es decir de la culta, occidental y democrática Francia─ y ante la inopia de meses dentro del ámbito de la ONU, efectúa la denuncia a la policía francesa contra 14 militares, franceses, acusados de las referidas prácticas.
Vale la pena precisar que en el orden jurídico impuesto en la vejada República Centroafricana la policía francesa tiene jurisdicción, con lo cual Kompass a la vez que rompía el internismo encubridor, mantuvo “la legalidad” que la ONU proclama.
La reacción del aparato administrativo de la ONU no se hizo esperar. En marzo de 2015 una serie de burócratas del entorno de Ban Ki-moon, entre los que revistaba la actual canciller argentina Susana Malcorra, entonces jefa del departamento, descalificaron el informe de Kompass porque “violó los protocolos estrictos sobre la transmisión de información confidencial del organismo internacional a autoridades externas“. 1
La burocracia de ONU no perdona “que se ventilen los trapos al sol”. “Lealtad” institucional asegura impunidad. Kompass pertenece a esa estirpe de humanos, como Aristóteles en tiempos clásicos 2 o Mordejai Vanunu contra la manipulación sionista, o Edward Snowden ante el Gran Hermano, que optan por la verdad desnuda ante que el ocultamiento vestido.
Como titulara Gunilla von Hall en un cotidiano sueco: “Hay algo podrido con las operaciones de paz de la ONU”. 3
A Kompass se le pidió entonces la renuncia, a la que el sueco, con dignidad, se negó. Pero “el pecado” había sido mayor y fue entonces cesanteado. 4
En mayo de 2015, en medio de una tormenta mediática las autoridades de la ONU que habían estado ignorando la denuncia de Kompass, sufrieron un revés significativo; el secretario general Ban Ki-moon no tuvo más remedio que “designar un panel independiente para investigar el asunto”. 5
Y ese panel ha sido categórico, restaurando de Anders Kompass su credibilidad, sosteniendo públicamente que Kompass actuó correctamente. El vocero de dicho panel, el juez Thomas Laker, afirmó que la suspensión y virtual despido de Kompass fue “prima facie ilegal”. Kompass comentó: “Me condenaron al silencio en tanto controlaron con empeño y saña mi actuación, ensuciaron con rumores mi reputación y destruyeron mi trabajo”. 6  Quedó establecido todo un largo procedimiento para restaurar a Kompass en sus atribuciones mediante un examen ya no sumario ni perentorio de lo actuado. Y a partir de dicho informe las cabezas que han empezado a rodar han sido la de quienes habían condenado a Kompass.

En general se sobreentiende que los altos cargos de la ONU revelan la mucha suerte de sus titulares. Ejecutivos y triunfadores profesionales. Atornillados a sus sillas, mejor dicho sillones. A veces, sin embargo, se da vuelta la taba: Susana Malcorra “ascendida” al rango de canciller de la Republica Argentina, apenas a comienzos de diciembre de 2015, recibe una semana, diez días después, el chapuzón de agua helada de la reposición de Anders Kompass cesanteado por ella, y, al mismo tiempo, cae sobre los “liquidadores” de Kompass de comienzos de 2015, un fuerte cuestionamiento que está incluyendo renuncias. Ya se conocieron las de Babacar Gaye y Flavia Pansieri ─renunciantes o renunciados─ y desde los márgenes del Río de la Plata nos gustaría conocer las cuentas que tiene que rendir la actual canciller argentina…
No hemos sabido si Malcorra será directamente afectada por el affaire Kompass. Pero sí ya sabemos cuáles son sus criterios sobre la verdad, el poder y el ocultamiento cómplice. No es novedad. Por algo quien parece ser el CEO actual de la República Argentina, Mauricio Macri, la había elegido.

1  <http://www.telesurtv.net/news/Juez-ordena-a-ONU-levantar-suspension-contra-Anders-Kompass-20150507-0049.html>

2  “Amo a Platón, pero más a la verdad.”

3  Svenska Dagbladet, Estocolmo, 19 dic. 2015,

4   http://www.svd.se/nagot-ar-ruttet-med-fns-fredsoperationer/om/fn-lackan
https://www.whistleblower.org/blog/093814-united-nations-peacekeeping-and-sex-abuse
GAP, Government Accountability Project. Truth be told.

5  <https://en.wikipedia.org/wiki/Anders_Kompass>

6  Dagens Nyheter, Estocolmo, 18 diciembre 2015.

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La ceguera mental como pretendida virtud

por Luis E. Sabini Fernández.

Marcelo Birmajer acaba de sufrir la muerte de su hermano. Una muerte violenta, sorpresiva, injusta y absurda como toda muerte en esas circunstancias.

Y probablemente, por los efectos psicológicos de tal impacto Marcelo Birmajer ha hablado a calzón quitado. Una suerte de penoso in vino veritas.
Su hermano, rabino en Israel, fue acuchillado al parecer junto a otro israelí por dos palestinos jóvenes en Jerusalén. Las policías intervinientes balearon a los dos palestinos y mataron a un judío mizraji, indudablemente por su aspecto; los palestinos fueron rematados por civiles israelíes a patadas.

Marcelo Birmajer recordó a su hermano en una alocución en una sede judía askenazi en Buenos Aires, rodeado de referentes religiosos judíos y de la representación diplomática israelí. En un acto de alto contenido institucional, difundido todo el acontecimiento por la Agencia Judía de Noticias, Argentina.

Y MB, que se invoca a sí mismo ─suponemos que humildemente─ como “famoso escritor”, nos revela así un modo de pensar, sentir,  altamente significativo, porque reconocemos en sus afirmaciones el eco preciso de tantas opiniones, pareceres, decla-raciones, que nos llegan desde las voces oficiales del Estado de Israel, de los defenso-res del Estado de Israel, desde el sionismo supremacista y otras expresiones afines.MB empieza su alocución siguiendo el método del manual del periodista noticioso, planteando el quién. Quién mató a su hermano.

Y contesta con certeza. Con la certeza del dogma que prescinde de la realidad. MB afirma que “lo mató Amán, lo mató el Faraón.” Amán fue un amalecita duramente enfren-tado con las tribus judías. MB no necesita conocer el presente, nuestro presente. Porque ya tiene, de antemano, desde siempre, la respuesta. A su hermano no lo mataron palestinos desesperados, desalojados, patoteados, bloqueados, hambreados, incluso sedientos ─porque el Estado de Israel dosifica con crueldad y desigualdad el agua disponible otorgándole seis veces más a un habitante israelí que a uno palestino─, jóvenes palestinos desesperados, habitantes de una ciudad despojada en brutal proceso de judaización (contra la propia historia jerosolimitana, albergando judíos, cristianos y musulmanes).

Dice MB a continuación: “Pero sobre todo lo mataron los nazis”. Esto es al menos un avance contra aquella fijeza bíblica inicial. “Los palestinos que mataron a mi hermano, son exactamente los hitlerianos que mataron a la familia de mi abuelo, no hay ninguna diferencia. Es una guerra de los idólatras contra el pueblo de Israel.
Aunque MB ha logrado presentar dos tiempos, uno bíblico, que no se puede entender como histórico, sino en todo caso como relato; semihistórico, semilegendario, y otro, el del Tercer Reich en la primera mitad del s. XX, MB persiste en un afán de prescindencia de lo histórico.
La historia palestina, la del último siglo, la del último milenio, por ejemplo. ¿Qué fundamento tiene esas supresiones, tamaña simplificación histórica? MB dice sencillamente, como un oráculo, que no necesita fundamentar lo dicho: que es una guerra de idólatras contra el pueblo de Israel…

Ya vamos viendo como se configura el mundo de MB: nada que ver con lo que filóso-fos y pensadores han elucubrado sobre “la humanidad”, su destino y sus miserias; sobre la fraternidad humana, tan escasa por cierto, sobre la sociedad de los humanos. No, la cues-tión está entre quienes tienen o pertenecen al dios verdadero, que sería “el pueblo de Is-rael” y los demás, el resto de la humanidad, los que siguen a falsos dioses, ídolos o reyes…

En esa curiosa ecuación, ¿dónde está o quién es realmente el titular de la humanidad? Infiero que para MB la humanidad es el pueblo de Israel y consecuentemente el resto “de la humanidad” no es humana. Descubrimiento antropológico de enorme importancia que ha sido pasado por alto por casi todo el mundo… O tal vez ─inferencia optativa─, todo ese conglomerado del cual él denominara a Amán, al Faraón, a los nazis, a los palestinos, sería la humanidad… pero en tal caso, “el pueblo de Israel” que no puede ser lo mismo que semejante rejunte, vendría a ser una sobrenhumanidad o superhumanidad, algo en el espíritu con el cual algunos rabinos, como Dov Lior, sostienen que: “Mil vidas no-Judías no valen la uña de un Judío.”

MB no se va con chiquitas. Los nazis no conocieron, mejor dicho, conocieron apenas al Estado de Israel en formación. En rigor, durante la década de los ’30 nazis y sionistas tuvieron más coincidencias que diferencias. A medida que el nazismo perseguía cada vez más duramente a los judíos, discriminándolos primero, aislándolos después, hasta el inicio de la 2GM, incluso hasta 1940, los judíos sionistas retuvieron algunas prerrogativas, porque su estrategia de defensa del pueblo judío buscando hacer una sociedad aparte coincidía con la defensa del pueblo alemán que proclamaban los nazis con una Alemania “sin judíos”.

Adolf Eichmann, por ejemplo, hasta se puso a estudiar hebreo para mejor administrar una solución de estados separados…
Pero la historia nos muestra que los nazis terminaron matando a la familia del abuelo de MB como a tantos otros judíos (y gitanos y homosexuales y cristianos y anarquistas y comunistas…). Y pese a la intemporalidad militante de MB, inmediatamente después de recordar que los nazis eran ”los que quieren extinguir al pueblo judío” (como los urugua-yos, por entonces todavía los orientales, quisieron extinguir a los charrúas, los argentinos a los ranqueles, los alemanes imperiales a los hereros en la actual Namibia, los californianos estadounidenses a los yaquis y tantos, tantos otros ejemplos de racismo radical, de atroci-dades), nos dice, llamativamente: “No hay ningún conflicto territorial”… ¿dónde? ¿en Pales-tina, por casualidad? Curiosa mención de la soga en la casa… el territorio, la territorialidad…

MB prosigue: “no tienen ningún problema político. No hay nada que hayamos hecho mal en la Tierra de Israel, creamos el mejor país del mundo, Israel es el mejor país del mundo, el más humano, el más culto, el más liberal, el más respetuoso de sus minorías, es lo mejor que le pasó al siglo XX, es el país donde más paz debería haber en el mundo.”

MB remata su credo de absolutos con un condicional; “debería haber”. Que significa que no la hay. Algo falló. ¿Qué falló? MB declara que el nosotros en el cual se incluye hicieron el mejor país del mundo. Envidiable inmodestia. Pero no sorprendente, tratándose de gente que no hace cosas mal. Que más bien hace las cosas buenas del mundo…
¿Construir un bastión europeo contra la bárbara Asia, como predicaba A. Herzl, ¿no es colonialismo?
¿Expulsar cientos de miles de pobladores palestinos mediante amenazas y asesinatos (las estimaciones más serias hablan de cientos de miles de expulsados y miles de asesinados, amén de la pulverización de medio millar de aldeas palestinas durante el adueñamiento de 1948), no es abuso y atropello?

¿Jugar tiro al blanco con los campesinos expulsados que a la noche volvían, tras la Nakba, desarmados, y a veces con alguna herramienta, para procurar seguir cuidando sus cultivos, los cultivos que se habían visto obligados a abandonar por la expulsión, matando así ─el “moral” ejército israelí, “humano”, “culto”─ a decenas, centenares de palestinos, ¿no es desprecio por la vida humana?

MB ensalza de los abusivos militares israelíes, no sólo su moral, su humanidad, su cultura; agrega: “el más respetuoso de sus minorías”. Vamos entendiendo. No respeto a minorías cualquiera; solo a las propias.
El desprecio por la vida humana se va entendiendo: no eran vidas sionistas.

MB admira a Ariel Sharon, más conocido como el Carnicero de Sabra y Shatila.

MB, apresado en su dolor, ha revelado sus sentimientos y convicciones más profundas y menos diplomáticas. Lo cual nos permite ver que es un mentecato. Ese calificativo proviene, etimológicamente, de un estado del alma que se advierte cautiva: mente captada, mente capta. Y resulta prístino que MB tiene una mente captada por una idea o sensación de que lo judío es algo al margen y por encima de casi todas las sociedades humanas (salvo, obviamente, la judía).
Uno termina preguntándose si la división entre homo sapiens sapiens pasa por donde MB la ve; una sociedad judía, la mejor por no decir la única del mundo, y el resto de los humanos alojados en sociedades que no son “del libro”, ¿por qué se sacrifica MB albergándose entre “nosotros”?

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