Occidente y Eurasia: una “esquizofrenia” transgénica

ALIMENTOS GENÈTICAMENTE MODIFICADOS. ¿POLÍTICA O CIENCIA?

Luis E. Sabini Fernández

Los OGM “en casa”. Argentina y Uruguay

En 1996 “se aprueba” en Argentina el ingreso de soja transgénica. Era el momento de la fiesta menemista, de la pizza con champán. Era tanto el apuro por recibir millones (de dólares, está casi de más aclararlo), que los textos fundacionales de la soja transgénica están en inglés que, ya se sabe, no es el idioma oficial argentino.

En 2002 entra al Uruguay, raudamente y de modo similar. En esa media docena de años, entre 1996 y 2002, Argentina, con su soja “Maradona” había logrado oficiar de “cabecera de playa” del “ejército monsantiano” para el desembarco de esa soja en Uruguay, en Paraguay y en Brasil.

En Brasil hubo lucha, verdaderamente, porque aquel PT, −no el de Lula y Dilma− se opuso a la introducción de tales plantíos y reivindicó la agricultura más ligada a formas “no tan agresivas” de producción. Con el apoyo del MST. Pero aun así, los dirigentes petistas que resistieron la soja contrabandeada lo pagaron con su carrera política.

El estilo en Paraguay fue más expeditivo; el ejército ofició de “vanguardia” o avanzada para ir convirtiendo los campos con sus campesinos tradicionales en campos “inteligentes” y a los campesinos refractarios en obedientes. Algunos muertos en el camino no alteraron la marcha triunfal de la ingeniería genética entonces ya bautizada “biotecnología”, nombre mucho más vistoso y menos frío, sin duda.

En Uruguay, “los adelantos científicos” son asuntos sagrados y por lo tanto, entraron sin problema y más bien con el aplauso de los progresistas globalifílicos.

Así tuvimos una primera década del siglo XXI a pura ganancia para los sojeros que adhirieron al “avance tecnológico” en la región platense, pese a la resistencia y desconfianza que en alguna medida existió; sospechando que el apuro en la implantación no era científico sino comercial, que los recaudos sanitarios iniciales[1] eran insuficientes, que las investigaciones para probar su posible equivalencia con sus correspondientes clásicos no eran concluyentes (sobre todo por algunos episodios, alergógenos, p. ej., que obligaron a retirar algunos “eventos”), que los efectos del “paquete tecnológico” que caracterizó el cultivo de transgénicos encerraba incógnitas, ominosas (se trataba de las baterías de agrotóxicos diseñadas para la producción transgénica)…

En Argentina fue la fiesta de los millones de dólares conseguidos con una producción sin control de calidad. Todo “marchaba” en los barcos, sobre todo al Asia y fundamentalmente a China.

A ese “negocio” se entregaron tanto lo más neoliberal y entreguista, como el reinado de Menem o el efímero de De la Rúa, como lo más progre, populista y nacional de la era K.

En Uruguay, casi toda la expansión sojera ha corrido durante los gobiernos del Frente Amplio. Que le cedieron graciosamente la valiosísima tierra oriental a sojeros argentinos sin reclamarles ni siquiera pago de impuestos. Como una suerte de régimen de zona franca; un mecanismo económico traído desde las economías centrales, afiatado durante las dictaduras latinoamericanas “setentistas” y que el Frente Amplio Encuentro Progresista Nueva Mayoría ha hecho suyo.

La implantación de transgénicos se presentó dentro del llamado “paquete tecnológico” –la semilla GM más la batería de agrotòxicos−. Entre agrónomos y técnicos agrarios e incluso periodistas hubo lo que ya dijimos; resistencia, dudas, sospechas.[2]  Tales observaciones fueron sistemáticamente desatendidas. Los aportes de Arpad Pusztai y Stan Ewen todavía en el siglo XX y más recientemente, biólogos como los investigadores Andrés Carrasco, argentino, y Gilles-Eric Séralini, francés, fueron olímpicamente ignorados.

“La ciencia” parecía seguir adelante, pujante. “Al servicio de la humanidad”, según declaraban sus sostenedores desde la década de los ‘90;  los numerosos  Víctor Trucco, Héctor Huergo, la cúpula de CASAFE (Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes, argentina), ingenieros agrónomos como  Esteban Hopp o ejecutivos como Juan Kiekebusch y, recibiendo “sangre nueva”; Gustavo Grobocopatel, el “sojero sin tierra” según su propia y modesta definición; Rodolfo Rossi y en general los redactores de los suplementos de campo de los diarios (como La Nación), los cultores de Expoagro y los designados por la era Macri, como Ernesto Ambrosetti, admiradores de la “agricultura inteligente”…

En 2010, la Red de  Médicos de Pueblos Fumigados de Argentina muestra que el “paraíso en el campo” no es tan idílico como nos lo muestran aquellos suplementos camperos.[3] Releva enfermedades un poco por doquier en esa nueva y exitosa Argentina agroindustrial. Algunos médicos, al principio como “francotiradores” (Darío Gianfelici, Hugo Gómez Demaio, aunque la investigación de este último tenga más relación con los agrotóxicos tradicionales en zonas tabacaleras) ya habían ido denunciando los vicios de procedimiento para recibir e incorporar tales cultivos y a la vez los de los procesos mediante los cuales se “legitimaron” tales cultivos en EE.UU. −que es el foco planetario de esa “revolución agrícola”−,[4]  pero “la marcha triunfal” de los OGMs se mantuvo.

Pese a la verificación de daño ambiental, biológico y humano en más y más casos, la industria biotech contó con abogados que lograban oscurecer, difuminar, el origen de tales daños y en general, valiéndose de legislación y reglamentación cómplice, se solía, se suele, atribuir los desastres, cada vez más inocultables, a mal manejo, a errores de los ejecutantes, excesos de dosis, etcétera. Como si los venenos no fueran veneno con dosis adecuadas.[5]

Ni la presentación de un fotógrafo, Pablo E. Piovano, hace pocos años, mostrando el resultado atroz de la fumigación sojera en los cuerpos sobre todo de niños en las zonas más estragadas por la producción sojera GM en la Argentina.[6]  Al contrario, los municipios generalizaron el uso de glifosato hasta en las plazas públicas de las ciudades del país para quitar con comodidad, sin “agachar el lomo”, los yuyos, aunque dejando, claro, residuos del herbicida en baldosas y pastos que transitan a menudo cachorros, de perro… y de humanos. Esa comodidad, faltaba más, se trasladó a los municipios uruguayos y así vemos a cuadrillas provistas de glifosato “matando yuyos” en veredas y plazas del Uruguay…

Incluso para desembarazarse de la irrespetuosa Huerta Orgázmika de Caballito, en Buenos Aires, en 2009, no tuvieron nada mejor que entrarle a saco con nubes de glifosato gaseado, al mejor estilo militar en dictadura… eso pasó en pleno período K, bajo el gobierno municipal de Mauricio Macri.

Así hemos ido llegando a 2016. Y a 2017.

CHINA… Y RUSIA

“La bomba” ha estallado en Heilongjiang, una provincia china del tamaño de Francia entera o de toda España, con “apenas” unos 40 millones de habitantes… Acaban de  aprobar una suspensión de cultivo y consumo de alimentos transgénicos desde el próximo mes de mayo y por cinco años.

En la región platense, ni nos enteramos, al menos no se entera “el mundo de la soja” (mejor dicho, claro que se enteran, pero no se ha convertido en noticia). Una forma radical de “control del daño” (si algo no existe, no ocasiona dificultades…).

Los servicios sanitarios de la provincia de Heilongjiang estuvieron verificando año a año el deterioro sanitario de su población. Ya en 2014, las autoridades militares “pidieron la prohibición de alimentos GM para sus tropas”.[7]

Pero el establishment chino, nutrido desde los emporios de ingeniería genética madeinUSA intentó desmontar esa resistencia creando un organismo de pantalla con apariencia de ciencia y “sin fines de lucro”; la Academia China de Ciencia Agrícolas.

A la larga, empero, ese personal forjado en los centros de adiestramiento de los grandes consorcios occidentales de productos transgénicos no tuvo éxito en sus planes de persuasión, porque el Ministerio de Agricultura chino resolvió, 22/9/2016, entre otras medidas, la clausura de la Academia mencionada.

Una de las “gotas que derramó el vaso” fue la toma de estado público gracias a un “whistleblower” chino[8] que explicó que el ministerio se valía de informes falsos que legitimaban la ingeniería genética. Wei Jingliang, trabajando en “Genetically Modified Animals and Feeds Safety Supervision and Inspection Center” (Centro de Inspección de Animales Transgénicos y Supervisión de Seguridad Alimentaria) [9] sostuvo que la Academia de que hemos hablado ignoró su denuncia de falsificación de datos, y que por el contrario se valió de tales falsificaciones para habilitar transgénicos.

Las autoridades chinas tuvieron que enfrentar este terrible “tornado” que conmovió habilitaciones y una confianza que hasta entonces era de las autoridades aunque no de la población.[10]

Los chinos percibieron que aumenta el caudal de investigaciones críticas respecto de las consecuencias del empleo de semillas transgénicas y del “combo” en el cual rinden. A la vez, desde hacía ya años, médicos chinos, sobre todo en Heilongjiang, venían rastreando la indisimulable relación entre la propagación de enfermedades nuevas, sin precedentes, y el ingreso masivo de soja transgénica en hogares, cocinas y estómagos chinos. El “alud GM” proviene de EE.UU., Brasil y Argentina que fue sustituyendo  producciones locales. Y aunque habían evitado el consumo de tal soja en la alimentación humana directa (se la destinaba casi exclusivamente a ración para animales), no dejaron de asociar su deteriorado estado sanitario con los cambios alimentarios.

Por eso, las autoridades de salud de Heilongjiang lograron aprobar esa suspensión por cinco años de empleo de semillas y alimentos transgénicos.

Hasta aquí podemos  verificar la decisión china (aunque se trate de escala provincial) y el “silencio de radio” entre nosotros, en la “República Unida de la Soja” como en algún momento los CEOs de Syngenta bautizaron la implantación de la soja GM en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia.

Pero “la bomba” no estalló sólo en Heilongjiang. Sustainable Pulse, un blog ecologista pero no anticapitalista, ha publicado un informe que detalla “la cocina” o si se quiere la labor de lobby de los elencos protransgénicos de EE.UU. en Rusia.[11]

Se repite la secuencia de China.

En 2015 el Parlamento Ruso, la Duma, aprobó la primera instancia de un proyecto para prohibir OGMs. Se agendó para marzo de 2016 su tratamiento definitivo. Y el mismo día de ese anuncio, la agencia nacional rusa TASS publica un artículo que alcanza muchísima difusión, viralizado, titulado: “Russian scientists have refuted the findings of studies on the hazards of GMOs” [Científicos rusos han refutado los hallazgos de investigaciones acerca de los peligros de los productos transgénicos], que se basa en un examen por parte de científicos rusos (de IPPI RAS, Instituto para Información de Problemas de Transmisión) y estadounidenses (de la Universidad Miller de Miami). El artículo está firmado por Alexander Panchin, del IPPI RAS, y Alexander Tjuzhikov, de la Universidad Miller de Miami.[12]

Según Sustainable Pulse, el artículo resultó muy pobre, científicamente hablando, lleno de errores que destacaron varios investigadores rusos de primer nivel. No ayuda a la calidad intelectual de uno de los autores del artículo difundido por TASS el hecho que Panchin haya cuestionado la investigación de Séralini de 2012 quien se permitiera seguir estrictamente los protocolos de Monsanto respecto de la toxicidad del glifosato, sólo que prolongando la experiencia de Monsanto de tres meses (que no había dado nada negativo) a algunos meses más y que ya en el cuarto mes reveló una serie de tumoraciones atroces en los cobayos, patentizando el manejo de la “ciencia” monsantiana.

Pero la influencia del lobby “científico” estadounidense en Rusia es importante, tanto como para lograr un contacto directo con Vladimir Putin, el namberguán del elenco político ruso. Algo que logró Vladimir Fortov, presidente de la Academia Rusa de Ciencias.

Sin embargo, siempre según Sustainable Pulse, Putin y sus ministros vienen presentando a Rusia con el proyecto de convertir a ese país en el mayor productor de alimentos orgáncos del mundo. Como confirmando este aserto, en 2015 el primer ministro ruso del gobierno de Putin, Arkady Dvorkovich, afirmó que no es necesario el uso de ingeniería genética para alimentar el mundo; exactamente lo opuesto de lo que proclaman Monsanto, Syngenta, el USDA [Ministerio de Agricultura de EE.UU.] y todo el entramado del agribusiness incluidos nuestros grandes cultores (y más grandes beneficiarios) de la agricultura “inteligente”.

En resumen, vemos la presión trans (-nacional y -génica) sobre Eurasia, el asiento de la mayor población del planeta, a la vez que también de los mayores territorios y que no están totalmente dependizados de Occidente (aunque están sí bastante dependizados), de todos modos menos que la despedazada África, América Lapobre, Oceanía…

En este aspecto, la situación europea es problemática.  Europa es la cuna de lo que llamamos hoy Occidente. Y, muy a grandes rasgos, ha gozado históricamente ese privilegio. Pero a diferencia de EE.UU., donde la ingeniería genética se desarrolló con gran éxito, la inmensa mayoría de los países europeos rechazan los OGMs o, en última instancia hacen como China; aceptan forrajes transgénicos con la esperanza de quebrar continuidades genéticas. Salvo España, Portugal y Ucrania (“el granero de Europa”), los demás han prohibido tales cultivos.

Volvamos a nuestra región, platense

  1. Las vicisitudes de la implantación de transgénicos en otras partes del mundo pasan totalmente inadvertidas en nuestros medios de incomunicación de masas. En China se discute si con los transgénicos no han aparecido enfermedades nuevas; hay autoridades médicas chinas que asocian el consumo de transgénicos con el aumento de la infertilidad (hay sospechas incluso que eso puede ser una política).[13] Nada de eso se plantea “entre casa”.
  2. En febrero, la TV italiana puso al aire el informe de Gaetano Pecoraro sobre lo que acontece en Argentina con los transgénicos. Horrorizado, visitó las zonas más devastadas por la contaminación vinculada a la siembra directa y los cultivos OGMs.[14] Registró una cantidad inusualmente alta de enfermos de cáncer, por ejemplo. Algo que vienen diciendo los médicos de la Red de Pueblos Fumigados desde hace años, aunque con escasa resonancia mediática dentro de fronteras. Y dentro de la región.

Porque aquí parece que seguimos viviendo en el mejor de los mundos.

Pecoraro visitó San Salvador en Entre Ríos al que presentó como “ ‘el pueblo del cáncer’ donde se puede respirar una atmósfera espesa con altas concentraciones de veneno y los habitantes de bajos recursos utilizan los bidones de glifosato descartados para llevar agua a sus hogares.”

Su pronóstico es sombrío: “el ‘granero del mundo’ va camino a convertirse en una gigantesca enfermería.”

  1. Hemos repasado sucintamente la problemática de los transgénicos, desde el punto de vista sanitario (cuando hablamos de salud y aludimos a los productos GM no precisamos, ni podemos, si “las nuevas enfermedades” se correlacionan con los productos transgénicos o con “el paquete tecnológico” para el cual aquella transgénesis se ha llevado a cabo); desde el punto de vista geopolítico, como lo acabamos de reseñar en los casos de China y Rusia, cuyas políticas alimentarias están claramente interferidas por intereses transnacionales asentados sobre todo en EE.UU. y Suiza y vaya uno a saber en qué otros estados o centros de poder), y desde el punto de vista informativo, mejor dicho no-informativo o desinformativo.

Lo futuro es por  naturaleza, incognoscible. Pero el presente nos revela cada vez más prístinamente que la agroindustria tiene un atroz poder contaminante, que es un temible productor de desechos, de inundaciones, de contrarreforma agraria y consiguiente desocupación rural, de gran escala. Y que la gran escala a favor de los poderosos del planeta, diezmando al campesinado, no se casa bien con el cuidado del planeta. Al contrario, es, por su naturaleza, un proceso que deja a “la vera del camino” muchísimos desechos y detritus.

¿Pero a la vera de qué? ¡De nada!  La montaña de desechos y desperdicios, que en rigor es algo mucho peor que una montaña, está saturando a todo el planeta.

Y nuestro principal “almácigo” planetario, el fondo del mar océano, está totalmente alterado por las políticas humanas. Como la de la dirección económico-militar estadounidense que durante décadas, ha llevado desechos industriales a altamar, los ha quemado y luego los ha fondeado; como la difusión planetaria de agrotóxicos por aire, tierra y agua, o mediante la “plastificación” de los mares (todos los océanos cuentan hoy con “islas” de plástico tan extensas como Groenlandia o Argentina).

Como los plásticos no son biodegradables, cuando el oleaje, la falsa digestión de animales, fricciones, los desmenuzan, partículas, minipartículas y hasta micropartículas “navegan” y se van asentando en los fondos marinos, asfixiándolos, bloqueando sus procesos bióticos, que son los nuestros.

Hace años lo sabemos, aunque a algunos les cueste ver la conexión y/o asumirla.

Estamos poniéndole bulones al ataúd. ¿Habrá tiempo para reaccionar?

notas:

[1]  Los primeros cultivos GM  en EE.UU. y otros países del 1M se hicieron bajo carpa, en invernaderos; pero la industria biotech arrasó pronto con tales recaudos. En Argentina un proyecto de ley presentado por el MAPO (Movimiento Argentino de Producción Orgánica) alrededor del 2000 para dividir el país mediante un paralelo y permitir el uso de soja tradicional y/u orgánica de un lado y transgénica del otro, fue ignorado olímpicamente en el Congreso y todo cultivo de soja no transgénica pudo recibir a su lado uno transgénico, con lo cual la mezcla resultaba inevitable y la pérdida de la calidad de orgánico también.

[2]  En Argentina, para mencionar apenas algunos; Grupo de Reflexión Rural, Ecos de Romang, Grupo de Ecología, Paisaje y Medio Ambiente, Ecos de Saladillo, CETAAR, revistas futuros, biodiversidad, El Abasto… En Uruguay, RAPAL, Grupo Guayubirá, Greenpeace, Redes, entre otros.

[3]  Particularmente el Clarìn Rural, pero también los boletines y suplementos de Expoagro y demás voceros de la agroindustria a menudo sincerada como “agribusiness”.

[4]  Véase Druker, Steven, Alliance for Bio-Integrity, 1998.

[5]  La coartada principal: el agua es también un tóxico, un  veneno mortal si uno toma 6 u 8 litros…

[6]  Provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe, Santiago del Estero.

[7]  Alejandro Villamar, “Un regalo de año nuevo lunar en China”, ALAI AMLATINA, 30/1/2017.

[8] “Tocador de silbatos, literalmente, aunque está entrando en uso el vocablo “alertador”: alguien que ubicado en una posición que le ha permitido saber un acto de corrupción o de falsificación de quienes están con cuota de poder, arriesgando su propia posición personal, lo denuncia. Como Daniel Ellsberg, Jeffrey Wigand, Hervé Falciani, Mordechai Vanunu,  Edward Snowden, Chelsea Manning y tantos otros bravos (y bravas).

[9]  “Ministry Halts Operation of GMO Agency Following Accusations from ex-emloyee”, <http://english.cri.cn/12394/2016/09/22/3441s940979.htm>.

[10]  Adam Minter, “China Wants GMOs, The Chinese People Don’t”, 16 set. 2016.

[11]   “Has the US Biotech Industry Infiltrated the Russian Scientific Community?”, 17 feb. 2016.

[12]  Sustainable Pulse, ibíd.

[13]   http://blogs.wsj.com/chinarealtime/2014/05/14/claims-that-u-s-soybeans-cause-infertility-stoke-chinas-gmo-battle/

[14]  “La Iene”, <https://mail.google.com/mail/u/0/?tab=wm#inbox/15a29cf62cd80de2>,

<https://youtu.be/ZFzmkI8I5iE>.

 

La Nación, Buenos Aires, publicitó en un suplemento del año 2013 un abordaje de los pros y contras de los OGMs, basado en ‘la más pura información’. Veámoslo punto por punto. (https://spanish.gmoanswers.com/questions-answers).

RECUADRO

Los OGM y la salud

La salud y la seguridad de los organismos genéticamente modificados (OGM) es un tema de debate importante. Obtenga más información sobre la regulación de los OGM, las pruebas de seguridad y los organismos científicos y gubernamentales que han ratificado la seguridad de los cultivos y alimentos genéticamente modificados.

  1. ¿Los OGM provocan cáncer?

“En pocas palabras, no, no hay absolutamente ninguna prueba respetable de que los alimentos genéticamente modificados provoquen cáncer”, dice el Dr. Kevin Folta, presidente interino y profesor adjunto de la Universidad de Florida, Departamento de Ciencias Hortícolas.”

Lo que no dicen ni Folta ni LN es qué pasa con “el paquete tecnológico” que viene siempre adosado a los cultivos GM: la enorme difusión de glifosato (junto a otros agrotóxicos, algunos altamente contaminantes y cancerígenos, como el 2-4 D, el paraquat) nos permite concluir que la respuesta es capciosa. Podría estar diciendo –en el mejor de los casos−una parte de verdad, pero no toda la verdad…

2: ¿Están los OGM provocando un aumento de alergias?

Los OGM no causan nuevas alergias. Si una persona es alérgica a una planta que no está genéticamente modificada, por ejemplo, la soya, también será alérgica a la versión genéticamente modificada disponible en el mercado actual.

El piadoso olvido de los eventos transgénicos que no han salido al mercado por su fuerte contenido alergógeno, como fue el caso con una nuez de Pará GM, nos pone en guardia contra una presentación tan inmaculada.

3: ¿Están las grandes empresas forzando a los agricultores a cultivar OGM?

El derecho del agricultor de elegir el mejor tipo de semilla para su campo es uno de nuestros cinco principios fundamentales.

Claro que no. ¿Obliga La Nación a leerla a sus lectores?

Se han desarrollado otras técnicas mucho más persuasivas que la brutal obligación, reservada siempre como ultima ratio. Se adquieren enormes extensiones a menudo en arriendo y se establece allí un régimen de producción agroindustrial con insumos exclusivos, se vacía de población, dejando los planteles mínimos para las necesidades empresariales.

Los agricultores, entonces, o son despojados o son constreñidos mediante el lavado de cerebro sistemático y cotidiano a partir de los medios de incomunicación de masas. Muchos aceptan la modificación laboral junto con la modificación genética. Otros más que persuadidos, son arrinconados. En la India, p. ej., tras el ingreso al mundo transgénico, con el endeudamiento “modernizador” se han suicidado miles de campesinos. ¿Se los obligó, se los persuadió? En absoluto: ellos tomaron la decisión ‘con la más pura información’, con ecuanimidad…

4: ¿Están los OGM aumentando el precio de los alimentos?

Si bien hay diversos factores que afectan el costo de los alimentos (el precio del petróleo afecta los costos de transporte, las sequías pueden afectar el rendimiento y la oferta disponible, etc.), los OGM tienen un papel importante en mantener los precios lo más bajos posible.

Basta un dato para desmentir tan rosada perspectiva: los “biocombustibles” han establecido una competencia entre granos para combustible y granos para comer… aumenta así la demanda de granos, y eso ¿tiende a refrenar los precios o a dispararlos?

5: ¿Están los OGM contaminando los cultivos de alimentos orgánicos?

La coexistencia de múltiples métodos de producción (orgánicos, convencionales y genéticamente modificados) no es un concepto nuevo.

Confrontemos con un solo episodio histórico, el que refiero en la n. 1 del cuerpo principal. El mundo de los discursos preelectorales… todo tan puro, tan noble, tan solidario, tan luminosamente hermoso… ¿tiene algo que ver con el mundo a secas?

6: ¿Por qué no se realizan estudios de salud a largo plazo en plantas genéticamente modificadas?

Hay una lista de 1.785 estudios sobre la seguridad de los OGM, incluyendo estudios a largo plazo, disponibles para descargar en Informa Healthcare.

Informa Healthcare parece estar dentro de la difícilmente desentrañable Life Sciences, una red “sin fines de lucro” auspiciada por Monsanto, que misteriosamente sí es propulsada con fines de lucro. Semejante impronta no auspicia objetividad alguna.

7: ¿Están los OGM provocando un aumento del uso de pesticidas?

En general, la aplicación de pesticidas ha disminuido, en gran parte, debido a la adopción de cultivos resistentes a los insectos, en particular el algodón, de acuerdo con el economista agrícola Graham Brookes.

Las estadísticas de países con fuerte inversión en transgénicos, como Argentina, revelan un aumento escalofriante de tales pesticidas. Justamente porque las plantas GM están acondicionadas para soportar sin límites determinados tipos de agrotóxicos, la tendencia es a aumentar su uso. Nada ilógico (cierto que a la vez suprimiendo otros).

8: ¿Por qué las empresas de OGM parecen oponerse tanto a etiquetar los alimentos genéticamente modificados?

Según comenta Cathy Enright, directora ejecutiva del Consejo para la Información sobre Biotecnología, “nosotros estamos a favor del etiquetado obligatorio de los alimentos, incluidos los OGM, cuando este plantea un problema de seguridad o salud —por ejemplo, para alertar a poblaciones sensibles de la posible presencia de un alérgeno”.

¿Están a favor del etiquetado… cuando hay problemas de seguridad? Puesto que los OGMs son “seguros”, afirman sus patrocinadores y usufructuarios, ¿para qué etiquetarlos? El  razonamiento es redondo. En lógica se llama petición de principio; invocar como autoridad lo que justamente está cuestionado.

9: ¿Están los OGM contribuyendo a la muerte de abejas y mariposas?

Cabe destacar que antes de que pueda producirse un cultivo genéticamente modificado de forma comercial, las empresas que desarrollan este tipo de plantas deben demostrar que las nuevas plantas no son dañinas para los demás insectos, tales como las abejas y las mariposas.

Otra vez la cantinela. Los consorcios biotech no hacen algo “malo” para matar abejas.

Lo que sin embargo se ha registrado es una merma preocupante de la actividad y la vida de las abejas ante la presencia de la agroindustria. No sabemos si es el evento transgénico o la pérdida generalizada de biodiversidad o el derrame de agrotóxicos por doquier. Pero hay menos abejas con más avances de agricultura “inteligente”.

Es tan extenso el arrasamiento de la vida de las colmenas que la empresa Monsanto llegó a proponer su “vía de salvación”, humorísticamente un hallazgo si no fuera tan pesadillesco: ofreció minidrones para polinizar… las plantas de los cultivos, del bosque, del planeta… ¿puede alguien ser tan necio e ignorante? Los CEOS de Monsanto, por lo visto pueden.

10: Si el ganado se alimenta con granos GM, ¿habrá OGM en la carne?

Nunca se han detectado OGM en la leche, la carne o los huevos derivados de animales alimentados con productos genéticamente modificados.

Esto puede ser cierto. Pero no es suficiente para descartar alguna modificación en las redes genéticas, hereditarias. La vida podría manifestarse en modos que las comprobaciones científicas actuales no han logrado (por lo menos todavía) discernir.

Un planteo tan sereno y ecuánime… y falaz nos da la pauta de cómo se dirigen los formadores de opinión a los opinados.

CompartirShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

¿De donde provienen las atrocidades en el comportamiento israelí y su persistente impunidad?

por LUIS E. SABINI FERNÁNDEZ

Uno a menudo queda atónito, con una sensación profunda de desagrado, interrogándose acerca de cómo pueden soldados israelíes cometer algunos actos tan miserables, abusivos, tan desoladoramente inicuos.[1]

Y uno hace tales juicios a partir de sus puntos de vista. Implícita, inconscientemente, uno elabora estos juicios o sensaciones a partir de sus propios patrones de conducta.

Pero hay que conocer las raíces de tales comportamientos para mejor entender la situación. Que no significa, necesariamente, aceptarla, como podríamos deducir del famoso pensamiento de Mme. de Stäl; “Comprenderlo todo es perdonarlo todo”.

El abordaje de los textos de los fundamentalistas judíos, particularmente los articulados en organizaciones como Gush Emunim,[2] nos permite ingresar al universo de valores de sus sostenedores y captar sus puntos de vista.

Antes de abordar este universo, quiero hacer una referencia, un agradecimiento y un reconocimiento a Israel Shahak, el judío polaco internado en 1943, a los 10 años, en un campo de concentración nazi junto con sus padres, del cual escapan la madre y él luego de la muerte de su padre y que al final de la guerra se embarca gozoso como novel sionista en un barco con rumbo a Palestina, es decir Sion. Según el mismo Shahak, ese viaje y la organización verticalista de la tripulación sionista a bordo, lo puso en alerta respecto de ese mensaje. Pero era adolescente e iba a tardar unos años en darse cuenta que el sionismo y su portavoz David Ben Gurion querían algo radicalmente distinto a lo que él valoraba.

Sus muchas contribuciones revelaron siempre que la humanidad (lo universal) se anteponía a la comunidad o la tribu (lo particular), como aconteció con su denuncia de un episodio en que un judío piadoso no acepta en sabbath ceder su teléfono para una asistencia médica urgente a un no-judío.

Shahak se dedicó a traducir al inglés sugestivos textos que hasta entonces circulaban sólo en hebreo. Gracias a él, entonces, hemos podido acceder en los ’80 al Plan denominado con el nombre de su autor, Oded Yinon, un estratego israelí que diseña el viejo “Divide y vencerás” sobre los estados y países limítrofes o cercanos a Israel (Irak en 3 partes, Egipto en 6, Sudán en 2, Siria en 5, etcétera).

Shahak también ha traducido al inglés textos fundamentalistas de la religión judía que arrojan luz sobre los comportamientos tanto de la sociedad israelí como de sus elencos religiosos y militares para con los palestinos (y otras poblaciones no judías).

Es imposible magnificar el significado de la labor esclarecedora de Shahak respecto de textos de las organizaciones religiosas que han ido tomando cada vez más peso dentro de la militarizada sociedad israelí. Textos escritos en hebreo  y que a menudo  dichas redes muy sectarias ni siquiera traducen para sus propias reparticiones fuera del país. Es de imaginar que si entre judíos está restringida la circulación de algunos pensamientos, ¡lo que quedará para “el mundo exterior”, el “ancho y ajeno”!

Glosaremos sucintamente el trabajo de Shahak y Mezvinski (en adelante, SyM) titulado El fundamentalismo judío en Israel. [3]

Sabemos que la formación del Estado de Israel proviene de una curiosa combinación de judíos askenazíes que tenían un muy débil  vínculo con la tierra palestina, asiento histórico de diversas poblaciones, entre ellas la judía, que a menudo coexistieron. La población judía no fue ni la originaria ni la única ni la última.

El sionismo surge como un movimiento de reafirmación de la perseguida identidad judía. Pero no surge en cualquier lugar de la difundida territorialidad judía de fines del s XIX. Surge específicamente en la comunidad askenazí de la Europa Central. No surge, por ejemplo, en las numerosas poblaciones judías existentes en el mundo islámico. Theodor Herzl, uno de sus fundadores, estaba convencido que la solución a los padecimientos judíos, a su discriminación, a la maldición cristiana contra los que condenaran a Cristo pasaba por hacer “rancho aparte”. Llega a estimar, en términos político-tácticos, al antisemitismo como un aliado para favorecer esa separación.[4]

El sionismo se presenta inicialmente como un movimiento laico, no confesional, pero que no quiere romper con la religión judía, en realidad parece querer aprovecharse de ella. Poco a poco empiezan a entender que el único vínculo ligador (religare, origen etimológico del vocablo religión) que tiene lo judío es lo religioso; la Torah y otros libros “sagrados”. Pero por eso también se va constituyendo cierto judaísmo refractario al hecho sionista. [5]

Desde el comienzo el sionismo emplea un doble mensaje que no se sustenta en dialéctica alguna: ─encarnamos una solución social, material, para erigir un estado judío y lo hacemos en el territorio que Yahvé “nos” [6] encomendara (hace siglos, más bien milenios). ¿Materialista y terrenal o místico en contacto con alguna divinidad?

E inmediatamente, llevando el proyecto a la realidad: ¿Cómo se puede elaborar semejante solución a la vista de toda la población (palestina) que habitaba esa misma tierra, que la Biblia denomina Sión y que  los contemporáneos denominaban Palestina? [7] Palestinos que el mismísimo Ben Gurion calificaba como los verdaderos descendientes de los judíos bíblicos (islamizados). Claro que eso lo dice Ben Gurion  hasta fines de la década del ’20, luego, nunca jamás.

Entendemos que para superar el tremendo obstáculo de la presencia “ajena”, de una sociedad viviente en donde uno pretende ser el dueño absoluto se necesita una ingente elaboración ideológica que le otorgue impunidad psicológica al despojo que se aprestan a hacer. Por ejemplo, denominar la conquista de la tierra palestina “redención” tiene una enorme carga ideológica: no se trata de conquistar la tierra, como vulgares invasores; se redime esa tierra; se le quita a “usurpadores”  o meros ocupantes y se la devuelve a su verdadero, profundo, eterno sentido; el que le diera, según escrituras, un dios a la tierra “de la leche y la miel”.

Esta autoasignación de un papel tan especial a los judíos, en rigor a los askenazíes, calza como el guante en la mano con la noción de “pueblo elegido”, tan elaborada dentro de la colectividad judía.

Es a partir de asegurarse la excelencia propia que se puede empezar a desechar todo prurito, toda noción de respeto hacia lo ajeno. Como nos enseñó Tikkanen, el dibujante, el Quino finlandés: “Mi moral es tan pero tan buena que no se daña haga yo lo que hiciere.” Eso es partir de la excelencia propia. En el caso sionista, autorizada, refrendada, absolutizada, eternizada por un tal dios, presuntamente judío.

SyM relatan cómo los grupos religiosos van tomando más influencia en la sociedad israelí que hasta la década de los ’70 estuvo gobernada al menos nominalmente por “laicos”.[8] Hasta entonces −aclaran− Moshe Dayan, la dirección del estado sionista y sus inseparables aliados de EE.UU., buscaban una cierta alianza o convivencia con los clanes palestinos mediante la cual Israel ocupaba toda tierra palestina que no estuviera en  uso por sus habitantes ─y de ese modo comía tierras como un pacman─ y cedía, o más bien  prometía ceder, el gobierno sobre las reducidas poblaciones palestinas a esos clanes.

Esta estrategia se basaba en la existencia de al menos dos actores: judíos sionistas y palestinos.

Desde 1967 la situación político-militar y social cambia radicalmente en Palestina/Israel, cuando Israel ocupa el 22% restante de la Palestina histórica (que no había sido deglutida en 1948, cuando la fundación del Estado de Israel). Y los dirigentes sionistas y un buen sector de la sociedad israelí entienden que existe únicamente un actor; los que encarnan a Sion.

Gush Emunim, apoyado en Shimon Peres, por entonces ministro de “Defensa” [9] −en ese permanente carrousel de los dirigentes “históricos” entre los puestos “clave” de la dirección sionista− se va convirtiendo en referente  y árbitro de la situación en “los territorios ocupados”.

Peres, catalogado como “paloma” le otorgará cada vez más “sitio” a la intolerancia religiosa en la configuración del nuevo Israel, ahora ensanchado y embarcado en una política de ocupación territorial que no era nueva (había empezado en 1948, y en rigor, mucho antes, aunque “privadamente”), pero hasta 1967 muchos partidarios de Israel se limitaban a considerar el engendro sionista únicamente como expresión de la mera sobrevivencia (construcción mental que contaba con la inercia de lo acontecido con los nazis durante la década del ’40). Esa visión era común a mucha intelectualidad “de izquierda”, como Jean-Paul Sartre; tendrán que aparecer pensadores y luchadores del Tercer Mundo, como Franz Fanon, Abdelwahab Elmessiri o Edward Said y judíos más ávidos de verdad que de poder, como el comunista francés Maxime Rodinson, para ir desmontando esa construcción ideológica (que hasta entonces habían criticado algunos historiadores y filósofos, como Mahatma Gandhi o Arnold Toynbee, pero siempre aislados de las corrientes dominantes).

SyM presentan múltiples ejemplos del proceso de fundamentalización religiosa del EdI. Tomemos apenas algunos. En febrero de 1994 un médico judío norteamericano, admirador de los rabinos Meir Kahane y Menajem Mendel Schneerson, alias Rebe Lubovitcher,[10] armado de fusil ametralladora ingresa a la Cueva de los Patriarcas en Hebrón y ametralla por la espalda a quienes estaban orando prosternados, matando a varias decenas de adultos y niños e hiriendo con la balacera a más de un centenar. Pasado el impacto, sobrevivientes se lanzaron sobre el atacante, Baruch Goldstein, que fue matado a golpes en el acto.

Este episodio tuvo enorme repercusión “periodística” en su momento. La prensa “vampiro”, atraída por la sangre, contó en todos los tonos el episodio, la cantidad de víctimas, etcétera. Lo que la misma prensa omitió, cuidadosamente, fueron las repercusiones del acto y su incidencia entre palestinos y en el Estado de Israel. SyM, judíos, tomaron sobre sí esa tarea en el caso de Israel y nos presentan una serie de elementos que nos permiten conocer mucho más seriamente y menos espectacularmente que con golpecitos mediáticos, a la sociedad israelí.

Saber, por ejemplo, que el médico Baruch Goldstein se negaba a atender y curar árabes en general incluidos soldados incorporados al ejército sionista.[11] Rechazo al juramento hipocrático que nunca hizo que las autoridades respectivas lo condenaran. Goldstein se atenía, explicó, únicamente a la autoridad de Maimónides[12] y Kahane. De ese modo entendía cumplir un comportamiento halajático.[13] SyM nos recuerdan que aunque hubo intentos de colegas médicos judíos de cuestionar el comportamiento de Goldstein “la cuestión de qué hacer con un oficial que abiertamente rehúsa obedecer órdenes invocando la Halajá nunca se resolvió” y permite abonar la tesis de SyM acerca de “la omnipresencia de la influencia de los partidos religiosos sobre el ejército israelí.

Ante la matanza surgió la versión, obviamente echada a correr, de que había habido un ataque masivo, patoteril, de árabes sobre Baruch Goldstein y que éste vendió cara su vida, permitiéndoles “finalmente comprender que la sangre judía no podía ser derramada impunemente.” Está inversión de la verdad (fenómeno mediático de altísima frecuencia) fue desmentida −y hay que alegrarse− por judíos como Nahum Barnea, periodista.

El episodio generó, inevitablemente, cierto debate en la sociedad israelí, y como bien aclaran SyM en ningún momento la prensa abordó el hecho como asesinato o asesinato colectivo o asesinato masivo. La causa es –en términos religiosos judíos− obvia: cualquier muerte de no judíos a manos de judíos no se considera, bajo ninguna circunstancia, asesi-nato. Puede estar incluso prohibido matar no judíos, pero “especialmente cuando causa peligro a los judíos.” Entrevistado por el recién citado Barnea, acerca de “la pena” que le provocaba lo acontecido, Levinger, guía de Gush Emunim, declaró: “Siento pena no sola-mente respecto a los muertos árabes sino también respecto a las moscas muertas.” Más claro el regocijo ante el acto de Goldstein, imposible, más cierta muestra de “humor judío”. Y observemos: queda patentizado el desprecio por vidas no judías.

El entierro de Goldstein fue realizado en medio del mayor entusiasmo. Sus organizadores, los “colonos” de Kiryat Arba, un terreno de los tantos confiscados con violencia a los palestinos, aclamaban en todas las transmisiones televisivas a Goldstein como un mártir. Pidieron, pese al toque de queda, desfilar con el cuerpo por todo Hebrón[14] para vejar con el recuerdo a los palestinos.

A dos días de la matanza, las paredes de Jerusalén y sus cercanías estaban totalmente cubiertas con afiches “alabando las virtudes de Goldstein y lamentando que no hubiese matado a más árabes”. “Los hijos de los religiosos que fueron a manifestarse a Jerusalén llevaban insignias en las que estaba escrito: ‘El doctor Goldstein curó las enfermedades de Israel’.

De más está decir que la tumba de Goldstein se ha convertido en centro de peregrinación y que a Goldstein se le atribuye contacto directo con dios. “El rabino Israel Ariel dijo: ‘El santo mártir Baruch Goldstein, desde ahora es nuestro intercesor en el cielo. Goldstein no actuó como individuo; él escuchó el lamento de la tierra de Israel, que nos está siendo robada día a día por los musulmanes’.[¡sic!]”

SyM hacen todo un fresco social de Israel y de la extraordinaria receptividad que ha tenido Goldstein, como en su momento Kahane y otros “héroes” y “mártires”, entre los religiosos e incluso, aunque con más desconcierto e indecisión, entre muchos judíos seculares. Quienes han condenado esa matanza en Israel han s¡do muy, muy pocos.

El episodio y el escamoteo de sus secuelas, que acabamos de relevar mínimamente nos deja una interrogante: ¿por qué la atrocidad de festejar la atrocidad de Goldstein no ha tomado estado público? Ahí vemos el papel de los medios de incomunicación de masas.

Otro hecho de sangre, el asesinato fríamente calculado de Yitzhak Rabin, a manos de Yigal Amir, también él un judío archirreligioso, estudiante de los “libros sagrados”; un “puro”, nos puede permitir calibrar mejor el carácter de la sociedad israelí. Este episodio es también seriamente abordado por Shahak y Mezvinski.

Ambos, Goldstein y Amir, judíos fervientes, guiados, según ellos, por la mano de su dios, el mismo para ambos.

La diferencia fundamental entre el asesinato de los palestinos orantes y el de Rabin estriba en que en el primer caso los matados son no-judíos y en el otro, la víctima es judía. De allí proviene un tratamiento incomparable en uno y otro caso.

Para la ortodoxia judía, así como dijimos que matar no-judíos no se considera asesinato, lo llevado a cabo por Amir es un asesinato en toda regla (y a sangre fría).

Así, aunque ambos invoquen sentirse guiados por su dios y sus designios, el establishment israelí ve con indulgencia lo acontecido en la Cueva de los Patriarcas en 1994 y en cambio, le resulta inaceptable el acto de Amir en 1995. Ha sido encarcelado y lleva así más de 20 años. Lo cual habla de la gravedad con que se considera su acto.

Aunque Amir fue respaldado por un estrecho círculo de afines y se ha casado (y tenido hijos) estando en prisión, el establishment sionista no lo ha perdonado.

El peso creciente que diversos investigadores atribuyen a los rabinos dentro de las filas militares israelíes (y fundamentalmente de los rabinos más sectarios y ortodoxos, más identificables con el militarismo); la solvencia “profesional” de los soldados israelíes religiosos que les ha generado gran aprecio en los mandos militares con repercusión social (recordemos que el EdI tiene un altísimo índice de militarización en todo su tejido social); el cada vez más pesante poder de los rabinos sobre los creyentes dentro de Israel, el desplazamiento cada vez más acentuado de la población israelí hacia las capas más privilegiadas del planeta; todo eso ha ido acentuando aún más, el carácter colonialista, racista del emprendimiento inicial. Y el fundamentalismo religioso explica también la “facilidad” de los israelíes para dañar o matar palestinos o para aceptar pasivamente el ejercicio de atrocidades cotidianas (a veces sin sangre, pero no por eso menos vejatorias y abusivas).

Una conclusión del mismo Shahak que José María Ridao expone en la reseña del último libro de Shahak, Historia judía, religión judía. El peso de tres mil años.[15]

Según Ridao, glosando a Shahak, ‘el propósito último del sionismo ha sido más el de restablecer el poder religioso, de los rabinos, secularizándolo, que el de oponerse al antisemitismo en virtud de un rechazo taxativo de cualquier forma de discriminación.’ ‘De ahí que el Estado de Israel haya vuelto a desempeñar, “en una forma acentuada, a escala global y en circunstancias más peligrosas”, el mismo papel ambivalente que la comunidad clásica’: según Shahak, con el sionismo se trata de  construir  una “Esparta judía” hacia dentro y actuar, hacia fuera, como “administrador de un opresor imperial” (“La Esparta Judía”, El País, Madrid, 1/3/2003).

Esta “Esparta” administrando una opresión imperial se emparienta asimismo con el nazismo, parentesco que entrevió y denunció reiteradamente Yeshayahu Leibovitz, un rabino heterodoxo y sin pelos en la lengua. Mirando históricamente la cuestión, tal vez sea más apropiado ubicar al nazismo como vástago del sionismo que al sionismo como vástago del nazismo. Vástago no reconocido, incluso repudiado, pero vástago al fin. De un racismo purista, totalizador, omnicomprensivo. Y mucho más exitoso que el nazismo.

A la vez, me permito presentar otro enfoque acerca del significado del sionismo. Gilad Atzmon traza un razonamiento paralelo al de Ridao, pero con otras derivaciones. Atzmon entiende que el sionismo institucionalizado en el Estado de Israel ha sustituido la deidad de la religión judía tradicional, Yahvé, o como se llame, por una nueva deidad, que es el  “Holocausto”,[16] como entidad acabada, indiscutible con una liturgia fija, preestablecida.[17]

Mahmud Ahmadineyad, durante su presidencia iraní, hizo a menudo públicamente una pregunta: la historia es algo parcialmente conocido, siempre verificable, a menudo modificada para acercarse a una  comprensión más cercana a la verdad; las investigaciones históricas son el pan nuestro de cada día de los historiadores, ¿por qué el “Holocausto” es un acontecimiento cerrado, resuelto, que no admite la investigación; varios estados en el mundo penan lo que consideran el delito de preguntarse, dudar, cuestionar acerca del “Holocausto”.[18]  Seguramente esta observación metodológica le ha valido a Admadineyad el calificativo de “Satán”  pero, en verdad, el relato del “Holocausto” es más propio de una liturgia religiosa, dogmática, que del saber científico. Lo que dice, justamente Gilad Atzmon, ya no persa ni árabe sino de origen judío (aunque Atzmon ha renunciado públicamente a dicha condición): “El Holocausto se sitúa a sí mismo como una verdad eterna que trasciende el discurso crítico.”

Seguimos con Atzmon: “En un determinado momento se le dio un excepcional status megahistórico a un capítulo horrible de la historia de la humanidad.  Su ‘facticidad’ se selló con leyes draconianas  y su lógica fue salvaguardada por instituciones políticas y sociales.  Obviamente, la religión del Holocausto es judeocéntrica hasta la médula. Define la raison d’être judía. […] Considera al goi un potencial asesino irracional. Esta nueva religión judía predica la venganza. Muy bien podría ser la religión más siniestra […] ya que en nombre  del sufrimiento de los judíos concede licencias para matar, arrasar, arrojar bombas nucleares, aniquilar, saquear, hacer limpieza étnica.” (ibíd.)

Desarrollando la conversión del “Holocausto” en religión se ha hecho innecesaria la presencia de un dios, como Yahvé: “En vez de requerir un dios abstracto para que designe a los judíos como Pueblo Elegido, en la religión del Holocausto los judíos suprimen a este intermediario divino y simplemente se eligen a sí mismos.”  (p. 186).

Lo certero de la idea de Atzmon se verifica al ver cómo coincide con el comporta-miento cotidiano de tantos hijos de los kibutzim, de israelíes de nuestro presente. Se sienten semidioses. Actúen como festejantes, como turistas o como soldados ante los palestinos.

Lo judío como nueva señorialidad por encima del derecho que “iguala” (falazmente) a los seres humanos.  Perfectamente a cubierto por el control mediático y simbólico que tan lúcidamente han desnudado investigadores como, p. ej., Johannes Wallström, judío-sueco hoy exiliado de Israel (vinculado a wikileaks).

[1]  Pongamos apenas un par de casos entre incontables expresiones de esta sistemática “tortura social”: 1) en las áridas tierras palestinas, y con la odiosa política discriminatoria que ejerce Mekorot, la empresa nacional de agua (otorga a judíos israelíes unos 6 litros por cada litro que otorga a algunos palestinos; a otros solo agua sucia) cuando una familia palestina construye una mínima alberca de no más de un metro cuadrado de superficie, para ver de acumular algo de la escasa agua de lluvia, los soldados israelíes  la destruyen sistemáticamente y con pesadas advertencias; 2) a menudo, las autoridades militares (o estatales, es lo mismo) israelíes consideran que el delito cometido por alguien, aparte de cárcel ─previa tortura e interrogatorios─, merece además la demolición o el sellado de la vivienda del presunto malhechor. ¿Qué es el sellado de la vivienda?: desde el techo se vierte cemento fresco hasta alcanzar casi la altura de la casa en sus diversas habitaciones. Congelada así en el tiempo y en el espacio. Con sus instalaciones, sus ropas, sus libros, su vajilla… Generalmente es la etapa previa a la demolición, que puede demorarse. Así “petrificada” la casa proyecta una luz atroz sobre la resistencia palestina…

[2]  Agrupación judía ortodoxa afincada en territorios cisjordanos que el EdI ha ocupado desde 1967, responsable de buena parte de las colonizaciones o asentamientos desde entonces.

[3]  Israel Shahak y Norton Mezvinski, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2015. Original: Jewish Fundamentalism in Israel, Pluto Press, Londres, 1999.

[4]  Algo que dará lugar, tiempo después, a una cierta confluencia entre nazis y sionistas, cuando durante la década del ’30 ambos movimientos coincidan en el interés por una separación, física, territorial. La cuestión, empero, no es tan sencilla, porque sionismo y nazismo tienen otras sugestivas semejanzas, por ejemplo su “vanguardismo”.

[5]  Entre los recientes, por ejemplo, el formidable alegato de Jakob Rabkin, Contra el Estado de Israel.

[6]  ¿A quiénes? ¿A judíos que ni siquiera creían en dios?

[7]  Los mismos judíos religiosos, en los comienzos sionistas, veían esa población en el país del que el sionismo proponía adueñarse: dos rabinos fueron invitados en tiempos del Primer Congreso Sionista (1897) a visitar “la tierra prometida” más bien en secreto y el telegrama que comenta sus impresiones rezaba en términos ligeramente cifrados: “La novia es muy bonita, pero ya está comprometida.”  Estos rabinos visualizaban la realidad cotidiana palestina con su impronta islámica (más allá de la administración por entonces turca, luego inglesa).

[8]  “Laico sionista” es una terminología crecientemente insostenible, un oxímoron.

[9]  En la terminología orweliana del sionsimo se denomina Ministerio de Defensa a la organización militar de origen terrorista que constituye las fuerzas armadas oficiales y públicas del Estado de Israel.

[10] Kahane fue otro rabino norteamericano que predicó abiertamente el odio y el asesinato de árabes. Tenía su ejército particular, una banda de fanáticos y/o matones. Lubovitcher es otro rabino, seguidor de los rabinos Kook, de la extrema derecha judía, empeñados en distinguir la calidad humana de los judíos de la calidad no-humana de los no judíos. Leyó bien; este racismo inaudito tiene antecedentes y vigencia.

[11]  Hasta donde sé podría tratarse exclusivamente de árabes drusos, una secta muy escindida de chiíes y suníes, las dos grandes ramas del Islam.

[12]  Maimónides, compilador extraordinario,  es un rabino medieval tenido por sabio por haber fijado posición en diversas cuestiones religiosas. Tomo un ejemplo de los tantos que dan Shahak y Mezvinski: Maimónides recomienda matar a heréticos (judíos), es decir a los que niegan la Torah. Pero si quien sabe de esa herejía no tiene el poder de matarlo “debe comportarse tan traidoramente con ellos que la muerte sea el resultado.” Como se ve, consejos útiles y prácticos para el comportamiento cotidiano…

[13]  En hebreo, el camino de la conducta deseable.

[14]  Ciudad con unos cien mil habitantes palestinos y algunos centenares de judíos.

[15]  Edición en castellano, Antonio Machado Libros, Madrid, 2002. Prólogos de Gore Vidal y Edward Said.

[16]  Véase el formidable La industria del holocausto, de Norman Finkelstein, que define al “Holocausto” “como representación ideológica del holocausto nazi […con] una conexión, si bien tenue, con la realidad […en] su mayor parte inservible; no constituye un tributo al sufrimiento judío sino al engreimiento judío.”

[17]  Atzmon aclara en su compilación La identidad errante (Editorial Canaán,  Bs. As., 2013) que esa idea la encontró en Yeshayahu Leibovitz, un fermentario pensador que ya citamos.

[18]   Al menos 14: Alemania, Austria, Bélgica, Canadá, Eslovaquia, Francia, Liechtenstein, Lituania, Nueva Zelanda, Países Bajos, Polonia, la República Checa, Rumania y Sudáfrica.

CompartirShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Agua podrida

EN RECONOCIMIENTO A LEO MASLÍAH

Por Luis E. Sabini Fernández –

Una medida, otra, del gobierno uruguayo que no hace sino premiar al mundo empresario, a costa de la población.

El punto ha sido tratado con justeza y precisión en notas como la de Gerardo Honty, “El contaminado paga” o a través de diversas consideraciones de Eduardo Gudynas en “Aumentan el agua potable en Uruguay para subvencionar a los contaminadores”.

Hay empero, un aspecto que entiendo no ha sido relevado.

Las notas de estos dos comentaristas aciertan en el significado de la política gubernamental, y proponen que, por el contrario, quien contamine pague. Para lo cual se ensayan diversas consideraciones sobre tasas de recargo que vayan contra los contaminadores y no contra la inerme población, como acaba de decidirlo el sr. ministro Danilo Astori.

Pero las tasas no resuelven el problema, ni siquiera las tasas cobradas al contaminador. Honty lo dice expresamente: “El principio contaminador-pagador no tiene como fin directo reducir los impactos ambientales o la contaminación”.

Es decir, el pago aun el justo de las tasas, no resuelve el problema. En todo caso, puede resultar moralmente más aceptable que la política del gobierno  de descargar sobre la población perjudicada el incremento de los costos  ocasionados por los contaminadores.

Gudynas lo señala claramente: “La  tasa ambiental de Astori es una pésima señal económica. Se le está diciendo a los contaminadores, sean [tanto] agropecuarios como industriales, que podrían seguir contaminando sin gastar mucho más, ya que la descontaminación al final la pagaremos todos nosotros.”

En concreto, la crítica a la política de conceder impunidad a los contaminadores descargando los costos en los contaminados no se resuelve enderezando los términos, como dice Honty, al referirse a un reino del revés.

Si logramos entrar a un reino del derecho, los contaminadores pagando, estarán igual contentos por algo que se conoce desde hace décadas en el mundo empresario: desembarazarse de una dificultad, sacarse de encima una obligación, mediante un pago.

No es cierto que aplicando una tasa ambiental sobre los contaminadores hará que éstos “no tengan ventajas económicas” como sostiene Gudynas.

Tampoco es cierto, lo que Honty plantea, que ‘se envía una señal económica induciendo a los contaminadores a tomar medidas preventivas que resulten menos onerosas que un impuesto’.

En el mundo empresario, se conoce desde hace mucho “el pagar para tener la libertad de contaminar”. Están rigurosamente calculados los costos empresariales por los cuales las empresas pagan de buena gana una tasa (o una multa) si eso les permite seguir producir con menos costo incluyendo contaminación.

Porque la descontaminación suele ser mucho más onerosa, para la empresa. La producción limpia anulando la externalización, por ejemplo; que las empresas asuman los costos de intoxicados en lugar de hacerlo los hospitales; que las empresas se hagan cargo del costo de los desechos en lugar de que los municipios los cambien de lugar o los hagan “desaparecer de la vista” (y así sucesivamente) aumenta costos y/o baja tasas de ganancias. Y ése es el verdadero callo de la planta industrial… Eso es lo que los dueños del capital no están tan dispuestos a transigir.

Y como dicen nuestros comentados, las tasas ambientales ─aun las del reino del derecho y no las del revés─ no solucionan ni quieren siquiera solucionar el asunto de fondo. Porque el asunto de fondo es la contaminación. Y es imperioso restringir ese proceso, tender a su extinción.

Porque, avanzando en la senda que se autocalifica de “agricultura inteligente”, los que perdemos somos todos, la sociedad, los humanos (los más expuestos más, como siempre; el campesinado pobre, el que trajina directamente con los productos contaminantes, pero a la larga nos llega a todos y no sólo a los humanos, obviamente; a la biodiversidad, a la microfauna y microflora, y a los organismos mayores….

Tenemos que empezar a entender que un mundo contaminado no es sustentable. Y que es costosísimo. En salud, en dolor, en atención. Pero además, porque nuestro suelo, otrora considerado de los más feraces del planeta, va bajando su rendimiento… por la contaminación.

Acabamos de ver cómo han sido arrasados varios pequeños chacareros, productores de nuestros alimentos, morrones, tomates, a orillas de un subafluente del Santa Lucía porque un sojero aguas arriba usó agrotóxicos para su “agricultura inteligente”; soja para exportación y alimento de cerdos en Asia. Una soja de la que nadie se hace responsable. A diferencia de los productores de tomates y morrones que se destinan al consumo local y montevideano en particular. Los tóxicos regados en los campos, con descuido, con desprecio, se deslizan hacia las corrientes de agua de la cual se nutren los agricultores que irrigan, aguas abajo, por goteo su producción. Así se les ha envenenado la producción.

El suelo, el agua, ya no es confiable. Porque el comportamiento de los cultores de los agrotóxicos es particular pero los resultados son comunes; nos son comunes a todos. Porque el suelo, el agua y el aire es lo más “comunista” o “comunitarista” que existe.

Por eso, la contaminación, cada vez más generalizada, es suicida. Porque lo que estamos viviendo, ya en el planeta entero, es una pérdida de biodiversidad que ha obligado a los investigadores del área a verificar que hemos entrado a una sexta era planetaria de extinción masiva de biodiversidad en la historia del planeta.

Pero que ésta es la primera que tiene carácter antropogénico; estamos estrechando peligrosamente la biodiversidad planetaria.

Monsanto propuso en su momento diseñar drones polinizadores ante la extinción masiva de abejas y otros insectos polinizadores. No es claro el diagnóstico pero hay un avanzado acuerdo científico para inferir que la muerte o desaparición de abejas está altamente vinculada con tóxicos de los producidos precisamente por Monsanto (ahora Bayer).

Hay gente que parece imaginar un mundo sin naturaleza. Otros consideramos que sin natura tampoco nosotros vamos a sobrevivir. Porque nosotros somos naturaleza.

 

 

 

 

 

 

 

CompartirShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page