Ciencia vs. comercio en la OMS

Glifosato: la Organización Mundial de la Salud cede ante empresas

por Luis E. Sabini Fernández

Hagamos un pequeño racconto: el glifosato es el herbicida de uso màs extendido hoy día. Se venía usando extensivamente, sobre todo para los abundantes céspedes de EE.UU., porque se había verificado que no tenía la virulencia de otros temidos herbicidas, con letalidad inmediata comprobada (el paraquat, el temido “Agente Naranja, por ejemplo, que es una mezcla de 2,3,7,8-tetraclorodibenzodioxina (TCDD) y 2-4-5-t. O un “primo” suyo de menor potencia pero aun altamente tóxico, el “abundante” y muy presente en campos argentinos 2-4-d y otros también temibles; atrazina, glufosinato, carbamatos…

El glifosato se multiplicó con la implantación de cultivos transgénicos, precisamente preparados para soportar glifosato que tiende a eliminar a los demás vegetales.

Por su baja letalidad inmediata, se lo consideró inofensivo. Estuvo durante muchos años considerado no tóxico, atóxico o como el lector prefiera piropearlo.

Sin embargo, investigaciones reiteradas de biólogos como el argentino Andrés Ca-rrasco, descubrieron y describieron preocupantes índices de intoxicación… con glifosato.

Gilles-Eric Seralini, francés, por ejemplo, retomó las experiencias de la “investigación” que Monsanto había hecho con conejillos de Indias y que le habían dado total inocuidad y así lo había publicado en revistas “científicas” y en comunicados emitidos, no por el laboratorio transnacional que podría considerarse parte interesada sino a través de organizaciones que proclaman ser “sin fines de lucro”, aunque precisamente están fundadas, montadas y financiadas por empresas, como es el ILSI, International Life Sciences Institute,  que responde por entero a Monsanto, o  Croplife International que está patrocinada, financiada, etcétera por Syngenta, Monsanto, Bayer, Basf, Sumitomo Chemical y otros entre los mayores laboratorios del mundo.

Séralini observó que los estudios de Monsanto se habían limitado a tres meses, exactamente. Entonces repitió exactamente la misma hoja de ruta (cantidad de glifosato administrado, mismo tamaño de los conejillos y el mismo tipo de encierro, de comida, etcétera pero lo prolongó después de los tres meses. Y pudo verificar que ya en el mismísimo cuarto mes empezaban a aparecer alteraciones en la salud de los animalitos de prueba, cada vez más patentes, como por ejemplo, enormes tumores. Las conclusiones sobre inocuidad del glifosato quedaban barridas, literalmente.

Entre 1996, momento de implantación de cultivos transgénicos (soja, fundamentalmente) y 2014, es decir durante casi dos décadas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aceptó como inocuo al glifosato pese a que sobre todo en el correr de los años del s. XXI, se empezaron a verificar preocupantes efectos contaminantes desde los campos “transgénicos”. Los ya mencionados hicieron sus verificaciones, Carrasco en 2009 y Séralnii en 2012.

No fue, sin embargo, hasta 2014 momento en que finalmente, la OMS (a través de su Agencia Internacional para la Investigación sobre Cáncer, IARC)  declaró al glifosato “probablemente cancerígeno”. Durante los años previos su latiguillo había sido que ”no estaba suficientemente probado”.

2014 se presenta así como condena de muerte para Monsanto. Como dicen los jóvenes, “se les vino la noche”; a Monsanto, Syngenta y a todos los laboratorios comprometidos con la quimiquizaciòn de los campos.

Monsanto, por ejemplo (que es el laboratorio con mayor participación en los “negocios transgénicos” del mundo entero) obtenía unos cinco mil millones de dólares anuales por la venta de glifosato (bajo su marca Round Up Ready).

Monsanto, y seguramente todo el pool de laboratorios con el mismo enfoque y administración de agroquímicos, se dedicaron a cuestionar e invalidar el resultado asumido por IARC. Observe el lector que el IARC se había tomado su tiempo para el dictamen que invalidaba el uso y abuso de glifosato.

Pero la ciencia es hoy día más compleja. O al menos más complicada sus relaciones con los intereses… empresariales.

Hemos mencionado a la OMS, al IARC, que es una institución dependiente de la OMS (diríamos una de sus reparticiones); hemos mencionado a ILSI y a CropLife que no son sino pantallas empresariales, naves de campaña de empresas que optan por no presentar sus intereses a través de propaganda sino escondiendo sus intereses a través de sedicentes “organizaciones sin fines de lucro”.

Como dice la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina (UCCSNAL), “A través de un ejército de ejecutivos de la industria, profesionales de relaciones públicas y científicos de algunas universidades públicas, la empresa despliega su trabajo contra el IARC y sus resultados sobre el glifosato.” (Revista  Biodiversidad, nro. 89, julio 2016). La empresa es Monsanto, faltaba más.

Así llegamos a una reunión en mayo de 2016 de JMPR en que le vuelve al alma al cuerpo a Monsanto y demás cultores de la transgenetización de los campos.

Porque la JMPR  declara: “Es poco probable que haya riesgo de que el glifosato sea carcinógeno para los seres humanos, en una exposición a través de la dieta.”

Pero ¿qué es JMPR? Es la sigla de Joint Meeting FAO-WHO of Pesticide Residues (Reunión Conjunta FAO/OMS sobre Residuos de Plaguicidas).

Como reza su folletería en internet: “La JMPR desempeña funciones de asesoramiento científico para establecer los límites máximos para residuos que pudieran producirse como resultado de la utilización de los plaguicidas”.

Y abunda: Examina los datos toxicológicos y conexos. Estima las ingestas diarias admisibles (IDA) de plaguicidas para las personas.” Aquí estamos entrando a un terreno resbaladizo. Cuando se hace “de necesidad virtud”. Los laboratorios no sólo emplean, y abundantemente, tóxicos para ofrecernos alimentos sino que nos quieren hacer creer que eso es saludable.

Solo así se explica el término “admisible”. Ingesta diaria resultado de una determinada forma de producir alimentos, que puede ser discutible, que si fuere necesaria habría que reconocer que es tóxica pero que mediante Public Relations nos quieren hacer creer que es admisible.

Esta comisión JMPR asesora a la FAO,  a la OMS y a sus estados miembros. Ahora empezamos a entender porqué costó tanto tiempo referirse a la toxicidad del glifosato.

Tal vez lo más significativo esté en cómo se integra la JMPR.

Dice su folletería oficial en internet: “Selección de los miembros. Los expertos desempeñan sus funciones a título personal, y no como representantes de su país u organización.” En una palabra, no responden sino a su interés personal, que es seguramente muy, pero muy bien atendido por laboratorios que ganan miles de millones de dólares anuales. Constituido entonces por una casta de profesionales cooptados.

Y observe el lector cuáles son las funciones que la misma JMPR presenta como propias; “Establece las IDA y las dosis agudas de referencia tomando como base los datos toxicológicos y la información conexa disponible;

Recomienda límites máximos para residuos de plaguicidas […].”

Cuando declaran que “es poco probable que haya riesgo… en una exposición a través de una dieta” ignoran a los que trabajan con dicha sustancia, ignoran a los miles de campesinos que se han suicidado (especialmente en India) con menos de un vaso de glifosato. Está claro: se trata de una comisión organizada desde el mundo empresario, con profesionales adictos, pero investida de autoridad a través de las redes de la ONU como para que se presenten como “ciencia” y se dedica a calibrar cuanto veneno, cuántos tóxicos podemos ingerir… sin caer fulminados tan de inmediato como para que se rastree fácilmente la causa.

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EL País, cotidiano con los pies en Uruguay… ¿y la cabecita?

por Luis E. Sabini Fernández

MEDIOS DE INCOMUNICACIÓN DE MASAS

El País, un cotidiano de larga data se edita, ya lo sabemos, en Montevideo. Pero ¿desde dónde piensa y se piensa El País?

Eso nos lo dice su escritura.

Este mes nos ofrece una nota abordando “la relación con la región”: “Crítica elíptica de embajadora de EE.UU. a Uruguay por Venezuela”.[1]

La nota cita a Kelly Keiderling explicando “las razones de ser de la embajada de su país en Uruguay”.

Se busca velar por la «seguridad», la «prosperidad»  y la «búsqueda de sociedades más democráticas y más justas».” ¿Cómo unir lo primero; policía, negocios (mejor dicho policía para hacer negocios) con lo último?

Y dentro del último tramo de la frase, ¿cómo unir lo que EE.UU. considera “democrático” con alguna idea de justicia? Todos los parámetros, insospechables de izquierdismo, de las últimas décadas señalan el avance aplastante de los mil millonarios sobre el resto de la población, que ha llevado las estadísticas de los deciles tradicionales a hablar del 1% más acaudalado de la población y del 1 por mil y del 1 por millón?  Los 62 multimillonarios más ricos del planeta tienen más capital que 3700 millones de seres humanos (la mitad pobre del planeta). Haciendo un simple cociente, cada uno de esos supermillonarios tiene más dinero, capital, que 60 millones de seres humanos. 1 x 60 000 000… nunca ha habido tal abismo en el abanico de ingresos como en los últimos 20 años. Una mascota yanqui consume los alimentos de varias decenas de humanos habitantes del África, el continente más esquilmado del planeta, es decir la población más esquilmada del planeta.

(así nos damos cuenta que el racismo es bien real)

Nuestra embajadora sigue impertérrita midiendo intereses y estrategias: “¿Es suficiente  concentrarnos en nuestros intereses donde coinciden con los intereses uruguayos?” Uno quisiera saber en qué coinciden. No en la “fuga de cerebros”, por ejemplo, donde EE.UU. es el gran beneficiado de quienes estudian aquí y emigran y rinden sus frutos allá. ¿Nos ayuda la soja transgénica y su séquito de agrotóxicos, todo eso matrizado en EE.UU.? A juzgar por el estado de las aguas del país, me atrevería a decir que tampoco. ¿Tal vez por la permanente invasión y presencia de cine-basura, teve-basura, comida basura? En fin.

Pero Kelly nos tranquiliza. Los presuntos intereses comunes no alcanzan. “Cuando un país ataca a otro, o invade y ocupa a otro [… ].” Aquí nos paraliza el asombro… ¿Se dispone la embajadora a sincerar la política exterior de EE.UU. atacando a Irak, por ejemplo, como hiciera antes con Afganistán, República Dominicana, Vietnam, Indonesia, Filipinas, y si nos remontamos al siglo XIX, a México, a España?

¡No! Aquella frase sigue con una pregunta “¿debe EE.UU. ignorarlo?, lo cual revela que no hablaba de las invasiones y ocupaciones de EE.UU. porque no podría desconocerlas. Se debe tratar de otras invasiones y ocupaciones. Pero la embajadora no da ejemplos. Solo se trataría al parecer de un giro lingüístico o estilístico, vaya uno a saber, porque sigue: “Cuando un hombre fuerte, líder de su país encarcela  a manifestantes pacíficos y no los deja opinar en contra del gobierno, ¿acaso debemos hacer la vista gorda y quedarnos callados?

Ya vemos el vuelo mental de la embajadora. Alude con lo de manifestante pacífico a Leopoldo López, aun cuando la manifestación por él organizada hace un par de años terminó con más de 40 muertos… ¿acaso provocados por el chavismo? No lo parece, porque aprisionado López, el gobierno no ha exhibido ese estilo represor en nuevas instancias.

Pero Keiderling tiene su propio vocabulario. Prosigue: EE.UU. “defiende los principios democráticos”. No alcanzamos a ver dónde. Ni cómo. Al menos no derribando gobiernos elegidos por el voto mayoritario como en Honduras o en Haití recientemente o en Guatemala hace medio siglo. Pero Keiderling es de amianto, afirmando que lo que caracteriza a EE.UU. es “la defensa de la democracia, de los derechos humanos y de la dignidad humana.” ¿Dónde, cómo, cuándo? ¿Financiando a grupos nazis en Ucrania, como explicó la colega inefable de Keiderling, Victoria Nuland, que declaró que tuvo que desembolsar cinco mil millones de dólares para lograr el cambio de gobierno? [2]

Obviamente no podía referirse a la dignidad humana cuando su gobierno desplegó urbi et orbi cárceles clandestinas donde ir depositando musulmanes para luego acopiarlos en Guantánamo, hasta llegar a casi un millar (que, según Jihad Diyab[3] fue la política de EE.UU. tras el derribo de las torres, para compensar el efecto traumático y mostrar reacción). Se trata de miles de seres humanos con década, década y media de vida destrozada. Sin juicio alguno. Para no hablar de las matanzas semanales con drones en Pakistán y otros infaustos países a miles de km del territorio estadounidense.

Volviendo a la intervención inicial de Keiderling a que alude la nota, en resumen lo que EE.UU. hizo fue marcarle la cancha al gobierno de Uruguay, al que vio ligeramente fuera de línea, por no subrayar con los acentos dispuestos desde la Casa Blanca su condena a la Venezuela actual.

Poco margen al disenso, entonces.

Un vocabulario exclusivo que no soporta la lógica y ni siquiera el diccionario.

Y alineamiento “perfecto”. O ferpecto. Pero así funciona la policía del pensamiento madeinUSA.

notas:

[1]  8 / 9 / 2016.

[2] fte.: Fabrizzio Txavarría Velázquez (CENIC).

[3] Jihad Diyab, sirio, uno de los transferidos de Guantánamo a Uruguay y en este momento en 40 dias de huelga de hambre porque ni el gobierno de EE.UU. que lo aisló y torturó  durante 12 años sin juicio alguno, ni el uruguayo que lo recibió dentro de la política de EE.UU. de ir descargándose del peso político y ético de tanta arbitrariedad, le han permitido unirse con su familia.

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Apicultores dicen basta

por Luis E. Sabini Fernández

UN COMUNICADO MEMORABLE: 1o. SETIEMBRE 2016

El comunicado público del 1º. de setiembre de 2016 de los apicultores de Piedra del Toro, al fondo de Pinamar, Canelones, sobre la contaminación afectando los cultivos de miel es increíblemente certero, precisando los papeles de distintos contendientes.

Este comunicado a su vez comenta las observaciones de la Dirección General de la Granja (DIGEGRA), repartición del Ministerio de Ganadería y Agricultura, que “advierte” a los apicultores de que eviten “herbicidas para el control de malezas en los apiarios”. Para que no se pierdan mercados internacionales “por los controles de residuos de agroquímicos” aparecidos en la miel, apostrofa.

La respuesta del Grupo Apícola de Piedra del Toro es un dechado de veracidad, precisión y  valentía.

Aclaran lo elemental: que la miel cosechada en el país presenta agrotóxicos, pero no por estar rociados los mínimos territorios de los propios apicultores sino porque el gobierno nacional y la Dirección Nacional de la Granja han aprobado y fomentado ”la utilización de las prácticas de grandes extensiones de monocultivos con tecnologías que aplican peligrosos tóxicos biocidas.” Un sistema productivo, explican, “estimulado, controlado y resguardado por el propio MGAP, y que se ha expandido en forma masiva en toda el área rural y hasta urbana. Logrando que casi todas nuestras aguas estén contaminadas […].”

Observe el lector que los apicultores dan con el verdadero motivo del bloqueo sanitario a la miel uruguaya; la contaminación ambiental, tolerada y en rigor y sin decirlo, promovida por las autoridades, la agroindustria, los sojeros y la monoforestación. Y que nombrando la soga en la casa del ahorcado nos muestran la duplicidad de las autoridades que procuran achacarle a otros (a los apicultores en este caso) fallas propias. Eso en ética tiene un calificativo y los apicultores de Piedra del Toro lo conocen y lo aplican: “el comunicado de DIGEGRA es canallesco” con “la pretensión de querer trasladar a nuestro sector la responsabilidad de contaminar […]. Antes también nos habían dicho que la contaminación generalizada de las aguas eran “el principal vehículo que lleva a la contaminación de gran parte de los alimentos que estamos consumiendo.”

Porque la pregunta de fondo, como bien advierten nuestros apicultores es por qué gobiernos autorizan “a producir comida con veneno”. Ése sí es un escándalo. El escándalo.

Por cierto que hay montañas de empresarios dispuestos a usar venenos en sus elaboraciones alimentarias.  Se conocen históricamente multitud de casos. La cuestión se agrava cuando además de empresarios dispuestos a sacrificar la salud ajena por la prosperidad propia, hay estados que se hacen partícipes de tales operativos (con las más diversas coartadas; de que no es tan venenoso, de que usemos apenas, de que así abaratamos…).

Los apicultores de Piedra del Toro visualizan el problema en sus justos términos. “No queremos ser dependientes y rehenes de las grandes empresas multinacionales”.

Tal vez lo que los ubique en forma tan clara, conceptual y éticamente, sea su aclaración inicial: “Antes que profesionales, artesanos, comerciantes, somos seres humanos. Somos madres, padres, abuelas, abuelos, hermanas, hermanos. Que hemos elegido desarrollar una actividad valorada en todo el mundo por su directo relacionamiento a los más altos valores, cuando se analiza desde la alimentación, la salud, el servicio a la sociedad y medio ambiente.”

Aquí están las reservas de una sociedad como la nuestra. En el suelo, en el territorio, trabajando “desde el pie”.

Da confianza, alegría. Ehorabuena.

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El saqueo de la periferia planetaria: algo que nos atañe… a nosotros también

por Luis E. Sabini Fernández –

BAJO LA PRESIÒN DEL SAQUEO EXTRACTIVISTA

Un artículo de María Paz Villalobos Silva[1] hace un balance sobre la situación de Chile en las últimas décadas, más precisamente desde 1973, analizando el papel del estado chileno. Su abordaje y conclusiones nos permiten ver lo que tenemos en común, por lo cual invitamos al lector a recorrerlo.[2]

El disparador es la atroz crisis que golpea a Chiloé, la principal isla chilena, que está sufriendo una contaminación mayúscula.

A mediados de este año surgió una nueva crisis luego de la vivida, recientemente (2007-2011), con el mismo origen en el mismo sitio: la pesca industrial, la acuicultura basada en la cría de peces −salmones− en estanques. Por acumulación de descuidos, tan característicos de la industria a gran escala, en este caso pesquera, por exceso de cargas de fósforo y otros fertilizantes que se le suministran a los estanques para “incrementar” la producción, por los desequilibrios que se crean cuando se ingresa a la megaescala productiva y por causas que deliberadamente se ignoran, aparecieron en la costa de la isla mayor del archipiélago de Chiloé millones de salmones muertos (se estima unos 50 millones), lo cual ha significado en peso  bruto, que hubo que deshacerse de miles de toneladas de pescado en proceso de putrefacción. El pescado así descompuesto emana ácido sulfhídrico, un gas tóxico, mortal incluso a baja concentración, que se caracteriza por su fuerte olor a “huevos podridos”.

Si bien el gobierno chileno dispuso arrojar al mar a 150 km de la costa dichos desechos, los pescadores y habitantes costeros sospechan que no se hizo tan larga travesía para la descarga porque no se conoce detalle alguno sobre la forma en que se realizó el vertido de salmones y por la velocidad en que el veneno se difundió en las costas, provocando la mortandad de bivalvos a lo largo de kilómetros y kilómetros de costa. Aunque el gobierno quiso atribuir esta segunda mortandad masiva a la “marea roja” los lugareños consideran que más que dicha marea la causa de esta nueva mortandad radica en la previa de tantos millones de salmones intoxicados (se sabe, de episodios anteriores, que dicha “marea” enferma transitoriamente a moluscos pero no los mata).

Lo que muestra cabalmente el carácter de la explotación capitalista, ya no de la pesca sino del sistema en general, es que todo el episodio, que perjudica a la población y a los pescadores artesanales, ha terminado beneficiando a las empresas salmoneras transnacionales puesto que la mayoría de ellas tienen seguro sobre los peces que han muerto. Entonces, la catástrofe suena como “música para los oídos de las salmoneras” (de los diarios).

El remate de la distorsión que caracteriza el sistema actual de producción lo da el hecho de que la bolsa de valores de las empresas salmoneras festejen. Se estima que para el año en curso la oferta salmonera chilena perderá unas 180 mil toneladas (aproximadamente el 7%). Lo cual permite esperar un alza de los precios internacionales del salmón para el resto de 2016. La especulación bursátil agradecida. “Los títulos de la salmonera Australis se incrementaron  en un  44,9%, mientras Camanchaca lo hizo en un  35,2%; MultiExport en 29,9% […].” (de los diarios). Y el índice de compañías salmoneras que elabora El Mercurio, registró un alza debido fundamentalmente a la especulación sobre un próximo  aumento de los precios internacionales del salmón.

EL SAQUEO GLOBAL, LOS HABITANTES LOCALES

María Paz Villalobos Silva comienza su nota aludiendo a la vida cotidiana de población, cualquier población, que conoce su hábitat porque, precisamente vive en él y de él:

El –cómo queremos vivir nuestro futuro– no necesita ser enseñado a las comunidades locales; es parte de ellas y de su historia y ahí está el valor de esas costumbres y tradiciones, porque en esa historia y en esas costumbres yace el ideario necesario para alcanzar una perspectiva común sobre el manejo y el uso del borde costero, que permita disponer de sus recursos sin poner en riesgo la disposición de los mismos para las próximas generaciones”.

Y con esa advertencia, incursiona en “el modelo de extractivismo neoliberal, basado en la explotación de recursos naturales”.

Algo que debería ser bien conocido por nosotros, con los adelantos técnicos que nos presenta la agroindustria, últimamente rebautizada como “agricultura inteligente”, y el despliegue de la soja ocupando más y más áreas de nuestro territorio, que no es muy ancho pero que sí es cada vez más ajeno; más la implantación de una forestación dirigida a la provisión de celulosa para la fabricación de papel a miles de km. de distancia; la instalación de una megaminería a cielo abierto afectando como pocas veces todo el hábitat circundante (y, por las dimensiones de nuestro país, podríamos decir a todo el territorio) que afortunadamente fracasó en parte por la resistencia “desde el pie” y en parte porque la burbuja especulativa con que se fabricó el proyecto, naufragara; y la búsqueda cada vez más afanosa y desesperada de petróleo, búsqueda que ha sobrevenido en el Uruguay bajo la forma de petróleo submarino (perforando mar afuera tres km y medio; el pozo más profundo hasta hoy construido en el mundo entero) y bajo la forma de fracking, es decir, arrancándole literalmente petróleo o gas a las piedras). Hasta ahora, como acotara pícaramente Jorge Batlle ante el nulo resultado de la perforación submarina, por suerte para el país…

Todos los ensayos y proyectos arriba descritos, que están “lloviendo” en el Uruguay, caben exactamente en la definición que diera María Paz Villalobos Silva.

Si pensamos que con la llegada del agribusiness, la agricultura “inteligente” hemos estropeado prácticamente todas nuestras fuentes de agua potable, es decir que el país hoy carece de agua corriente confiable; que las autoridades sanitarias han corrido siempre “de atrás” esta problemática verdaderamente atroz, tenemos que llegar a la triste idea de que el gobierno no sabe prever, que a gatas atiende, malatiende los problemas cuando se convierten en escándalo (como pasó con el agua de Laguna del Sauce, en 2015). MPVS se pregunta: “¿Es posible considerar que en medio de esta catástrofe [para] la soberanía y el patrimonio nacional, contamos con un ‘estado’ que pueda hacerse cargo y exigir y responder?… no, no es posible, porque Chile no se comporta como un estado soberano, se comporta como el último eslabón de la cadena (aquel en donde se corta el hilo por lo más delgado, aquel que no puede reclamar, aquel que debe acatar las órdenes más caprichosas…).”

 

SI SUSTITUIMOS CHILE POR URUGUAY, ¿QUÈ NOS DA?

Nuestra autora se refiere a las autoridades chilenas advirtiendo que “no comprenden nada sobre soberanía, ni desarrollo, ni futuro […].”  Y ejemplifica: “El mar de Chile… ¿Qué es el mar de Chile para nuestras autoridades? Si miro la prensa, es como un objeto inerte sin valor que se entrega sin cobro ni lamento, ellos no han logrado ver la riqueza propia, no ven una fuente de abastecimiento de comida para la población […]”. Y nos aclara: “El socialismo chileno determinó que la forma de dar impunidad a las operaciones horrorosas de la industria  salmonera, […] consistió en una campaña del terror al abandono de capitales si es que se le exigía ‘algo’  a los salmoneros […].”

Si sustituimos “salmoneros” por “sojeros” o “seudoforestadores”, ¿cuál es la diferencia? Para remate, también en Chile se apresuraron  a buscar una “certificación de producción sustentable” y lo hicieron con… WWF que es una oenegé de “primer rango” dentro del capitalismo mundial, al servicio de la globalización corporocrática, en total connivencia con los intereses de los más ricos entre los ricos. Entonces, concluye MPVS, “¿Cuál fue el rol del estado de Chile?… un facilitador.”

¿Por qué el Financial Times, el diario más conspicuo del capitalismo globalizado, designó a Danilo Astori como el mejor ministro de Economía del mundo? ¿Porque atendía las cuestiones de nuestro país o porque era el mejor “facilitador” de los negocios globales?

 

LEGISLACIÓN “NACIONAL”… SEGUIMOS CON LAS ECONOMÍAS DE ENCLAVE

Villalobos Silva encara luego la problemática de Chiloé, arrasada por las “inversiones” del exterior.

Nos recuerda que el presidente Frei “creó una legislación ambiental para limpiar la imagen internacional de las grandes empresas extractivistas contaminantes… una ley que nació y murió en Valdivia en 1996, cuando el proceso de calificación ambiental de la planta de Celulosa Arauco S.A., determinó que el proyecto era ambientalmente inviable, pero por presión política, fue aprobado con los resultados que todos conocemos. Es decir, el sistema de evaluación ambiental fue vulnerado por el propio aparato administrativo que lo concibió como regulación para la protección del patrimonio ambiental.

Un “magnífico” ejemplo de que lo político pasa por encima de lo jurídico. ¿Nos suena conocido?

¿Por qué la presidencia de Vázquez proyecta poner bajo su órbita el control ambiental, sustrayéndolo a un organismo ligeramente autónomo, como la DINAMA?

Escuchemos una vez más a MPVS: “El proceso de zonificación se presenta a las comunidades costeras a partir de propuestas previamente elaboradas entre el sector público y privado… las comunidades costeras pueden agregar un punto o discutir otro, pero no están invitadas a iniciar un proceso, imaginar, proyectar, discutir, compatibilizar ni priorizar sus intereses. El proceso de participación ciudadana se valida mediante la asistencia a los encuentros de ‘socialización del proceso’, pero no siempre los asistentes saben que firmar también significa aprobar o validar lo que escuchan.”

Pareciera que en realidad lo que le importa a este “estado”, es repartir y rematar la torta o el territorio (tiendo a pensar que no entienden la diferencia) al mejor postor […]. Nuestras autoridades son el reflejo de nuestro subdesarrollo, a partir de ellos nos califican a todos. […] La ignorancia en la que viven sumergidos les ha permitido ‘enriquecerse de dinero y deudas’, pero no les ha permitido lograr dar el paso a ‘desarrollarse’, es decir, a valorar lo que es el territorio, a valorar a quienes ocupan los territorios, a valorar la riqueza cultural, ambiental, viva […].”

Podemos recordar a J. Mujica, entonces presidente, dictaminando la importancia, el “negocio” de las “chacras costeras” en Rocha para vendérselas a extranjeros y cómo así se iba a conseguir −explicaba− trabajo en las chacras, de peón o casero los lugareños y como cocineras o mucamas, las lugareñas.

MPVS compara este tiempo civil con el de la dictadura que asoló a Chile durante tantos años: “Los milicos recibían órdenes y las ejecutaban… para reprimir al pueblo y liberar el camino al saqueo económico, político, social, cultural y ambiental.”

Sin transformaciones endógenas, un país movido de afuera hacia adentro, como nos modifica permanentemente la globalización, no tiene futuro propio.

MPVS vuelve al estado actual: “Nuestras autoridades no están capacitadas para comprender el entorno que les rodea y desde ahí proyectar su uso; nuestras autoridades están capacitadas para recibir órdenes y ejecutarlas… […] liberar el camino al saqueo económico, político, social, cultural y ambiental.”

Villalobos Silva aclara: “Conozco en profundidad la legislación ambiental, la legislación pesquera, la legislación indígena y en mis análisis me encontré siempre con la misma piedra en el zapato… la gente no está invitada a participar, no hay mecanismo legal ni voluntad política que permita vincular directamente los intereses de la ciudadanía en los proyectos públicos de usos de los territorios que ocupan. La gente está invitada a aprobar y confiar. Pero ¿es posible confiar? ¡No!, no es posible.

Cuando recordamos las observaciones del gobierno nacional “explicando” que por ser Uruguay un país unitario, Tacuarembó y los tacuaremboenses, por ejemplo, no tenían ningún derecho a excluir la megaminería de su departamento, porque eso debía resolverse desde la capital, desde el gobierno nacional, nos damos cuenta de que lo que Villalobos Silva formula a dos mil km. de distancia contiene una total cercanía y vigencia en nuestra realidad.

“La salmonicultura en Chile, imagino que funciona como una mafia de poder, sobre la cual el estado solo puede garantizar bienestar, no puede exigir nada, porque el estado de Chile actúa simplistamente, como lo que ha sido durante estos 43 años de ‘desarrollo económico’; un facilitador del modelo de saqueo y extractivismo neoliberal, basado en la sobreexplotación de recursos naturales, a cualquier costo. Este ‘estado’ […] cree que las empresas son un dios al que no hay que hacer enojar.”

Si pasamos por encima de los plazos de dictadura, que seguramente imprimieron en Chile una huella aún más honda que entre nosotros, podemos verificar que los comportamientos políticos de los elencos gubernamentales posdictatoriales, chileno y uruguayo, son los mismos.

Vayamos a nuestro país: una empresa agroindustrial dice que quiere usar un agrotóxico que ha estado años bajo sospecha y que hasta la mismísima OMS, aun retrasando años la calificación, ha terminado (en 2014) por reconocer que era “probablemente cancerígeno” [3] y el estado no dice nada; otra empresa procesadora de celulosa reclama vías férreas para facilitar su transporte y el estado no dice nada (dice sólo que se la va a construir); esas mismas empresas han ido deshaciendo las carreteras con el paso de sus camiones con pesadísima carga, lo que ha llevado ya a varios accidentes viales, algunos mortales, y el estado nada reclama; una fábrica de celulosa quiere tener plantaciones cerca de su procesadora y el gobierno acepta entregarle tierras de las mejores del país, agrícolas y lecheras, para tales plantaciones (la monoforestación se iba a emplazar en tierras de menor valor económico, lesionando así menos otros rubros productivos del país, se dijo); las empresas transnacionales quieren exoneraciones fiscales, gremiales, y el gobierno se apresura a cedérselas en régimen de zona franca… nos vamos acercando a Honduras, el único país en el mundo que en la actualidad está procesando hacer todo el país zona franca, es decir convertir a todo el territorio “nacional” para aprovechamiento directo de empresas transnacionales reafirmando así su estatuto de coloniaje.

MPVS insiste: “cada uno puede y debe decidir cuál será el destino del territorio que ocupa. El estado hoy no puede representarnos, nuestras autoridades no pueden sostenerse a sí mismas […]  si el estado no puede cumplir ese rol, las comunidades costeras tendrán que seguir y seguir y seguir irrumpiendo en reuniones oficiales muy importantes y muy legales, rechazando por todos sus medios y con todas sus fuerzas, la invasión de proyectos a los que están siendo sometidas, en abierta vulneración de derechos […].”

“La isla de Chiloé es territorio Mapuche Williche, desde tiempos inmemoriales. En este conflicto, es decir, permitir la expansión salmonera sin control y el vertimiento de 11 mil toneladas de cadáveres frente a sus costas, así como la construcción de un puente destinado a los grandes capitales, le es del todo pertinente la aplicación del Convenio 169 de la OIT de protección de derechos a los pueblos originarios y sus territorios. Este instrumento jurídico internacional, esta legislación interna de rango constitucional, demanda y exige la aplicación de procesos de consulta previa, libre e informada, cada vez que se prevean medidas o programas a ser aplicados […].

˝Este conflicto social, esta catástrofe ambiental de incalculable magnitud e impacto, esta invasión de proyectos de todo tipo de extracción de recursos, tiene responsables directos […].”

 

LA CIENCIA TAPARRABOS DEL SAQUEO

Antes venían con cuentas de colores… así narran, un poco bobaliconamente, el encanto, mejor dicho el encantamiento que los europeos habrían provocado en los nativos de Abya Yala… Hoy, el saqueo se hace invocando la ciencia, mejor dicho “el desarrollo tecnocientífico”.

A continuación, nuestra bióloga hace una observación sobre el papel de la ciencia, que se pretende siempre objetivo y decisivo para zanjar discusiones sobre contaminación ambiental, pérdida de biodiversidad y otra serie de deterioros: “¿Por qué esperar las palabras de la ciencia para reconocer los factores antrópicos que gatillaron una crisis social y ambiental que ebulle hace más de veinte años en la misma zona? […].”

Pero: “La ciencia nos aporta una mirada, nos describe y nos conecta fenómenos, nos ayuda a tomar decisiones, está a nuestro servicio como sociedad. La ciencia no puede responder por la serie de ‘eventos’ y ‘toma de decisiones’ erradas y en abierta corrupción y compra de conciencias.” Que es lo que ve la autora en el camino “que han tomado nuestras autoridades históricamente, para liberar el camino a la expansión salmonera sin límites, mientras recibe informes y demandas, durante años con infracciones a la Ley de Pesca, incumplimientos, malas prácticas […].”

“La tragedia ambiental desatada en el sur de Chile, requiere por parte de la ciencia, de investigación, observación, análisis y aportes para ayudar a buscar soluciones. La crisis sanitaria, ambiental, social, cultural y económica desatada […] por parte de nuestras autoridades y las empresas salmoneras en el sur de Chile, tiene responsables […]. El ‘cómo queremos vivir nuestro futuro’ no necesita ser enseñado a las comunidades locales; es parte de ellas y de su historia […].”

Volvamos “a casa”. ¿Alquien le ha pedido cuentas a los sojeros o a los plantadores de eucaliptos y pinos para hacer celulosa, por la contaminación que la escorrentía se ha llevado desde los campos de cultivo hasta los arroyos, hasta la biodiversidad próxima o lejana y finalmente −cadenas alimentarias mediante− hasta nuestros cuerpos?

¿O nos vamos a dejar seguir intoxicando como pasara antes con el plomo que tuvo muchos estudios, investigaciones, hipótesis para ir dejando todo quieto (aunque los retardos mentales que la intoxicación por plomo haya dejado en nuestros cuerpos, por ejemplo, constituyan una huella indeleble).[4]

Recordemos que cuando se tomó conciencia, hace unos 15 años, se advirtió que podía haber un altísimo porcentaje de población afectada. Porque Uruguay tiene una serie de rasgos culturales, económicos, que lo han  hecho particularmente sensible a la intoxicación por plomo. Por ser un país con un grado relativamente alto de modernización, tuvimos un desarrollo de instalación de cañerías de plomo temprano dentro de las tres Américas. Si bien las cañerías de plomo para agua fría no son tan contaminantes (si uno toma la precaución de dejar correr agua antes de tomarla), las de agua caliente, en cambio, son fuertemente contaminantes, porque el agua caliente se “come” literalmente el plomo; las cañerías, en décadas desaparecen, mejor dicho se las lleva el agua. Y ya deberíamos saber adónde ha ido a parar ese plomo. Las instalaciones de agua corriente en caños de plomo se usaron hasta bien avanzada la segunda mitad del siglo pasado. Y probablemente haya muchas todavía.

Hay otros factores que han convertido al Uruguay en un país particularmente afectable por la presencia de plomo.

La toxicidad del plomo es sobre todo mediante ingestión y respiración. Y Uruguay mantuvo a su vez la nafta con plomo hasta prácticamente el s. XXI, cuando en algunos países se empezó a sustituir dicha nafta desde mediados del siglo XX.[5]

Entre las fuentes de plomo fuera de control en Uruguay, se pueden contar otras; pinturas fabricadas con plomo, por ejemplo.

Lamentablemente el “combo” uruguayo otorga otras posibilidades de intoxicación por plomo. Debido al sostenido empobrecimiento que sufriera el Uruguay  entre fines de la década del ’50 y el fin del siglo pasado han ido “brotando” ingresos desde la indigencia, a menudo sumamente tóxicos: quema de cables con hilos de cobre forrados de plásticos, artefactos eléctricos y electrónicos asimismo quemados para extraer los metales con que se han construido. Este tipo de quema es altamente tóxico tanto por los humos de los plásticos como por los gases metálicos.[6] Plomo entre ellos.

La plombemia y su impensada extensión fue “descubierta” alrededor del año 2000 y ha ido depositándose en los pliegues de la memoria, mejor dicho de la desmemoria colectiva.

Esperemos que no nos pase lo mismo otra vez, ahora con el agua cuya contaminación también alcanzó una amplitud impensada, prácticamente en todo el territorio nacional. Y que luego de unos años, nos empecemos a olvidar.

El plomo precisamente, afecta la memoria.[7]

Y recordemos, el agua afecta todo, TODO. Somos dos terceras partes agua.

El estado no puede ser un facilitador de empresas ajenas, como nos lo recuerda con tantos ejemplos nuestra apreciada bióloga.

* Docente en Ecología y Derechos Humanos, editor, periodista.

[1] Licenciada en Biología Marina, investigadora independiente.

[2] “Reflexiones sobre Chile, la salmonicultura, la crisis del modelo y la respuesta de las autoridades”, Mapuexpress, mayo 2016. Reeditado por Resumen Latinoamericano.

[3]  El glifosato ha resultado mucho más, mucho peor que cancerígeno: el fotógrafo argentino Pablo Piovano ha llevado a cabo un reportaje fotográfico escalofriante revelando la depredación de la naturaleza incluido los seres humanos que pueblan las zonas fumigadas con glifosato y otros “fitosanitarios” que permiten la producción a gran escala de “alimentos” transgénicos. Vemos niñas paralíticas, niñas que tienen la cabeza por debajo de su cintura y pies asimétricos, niños con piel en escamas, niños con ojos alterados… una galería del horror que las autoridades ambientales argentinas han ignorado sistemática y deliberadamente. Para mayor gloria de Monsanto y los sojeros (“El costo humano de los agrotóxicos”, Buenos Aires, 2014-2015).

[4]  Sería muy bueno poder rastrear su posible relación con los resultados PISA, por ejemplo.

[5]  La advertencia contra la nafta con tetraetilo de plomo se hizo prácticamente desde su implantación: en 1923, en el mismo año del invento de la nafta con plomo, una toxicóloga estadounidense denunció el peligro de esparcir en el aire partículas de plomo que iban a depositarse en los pulmones humanos y sobre todo infantiles. La advertencia fue ignorada durante casi medio siglo, y en nuestro país durante casi un siglo…

[6]  Uruguay parece tener el triste privilegio de ser uno de los principales importadores mundiales de cobre. ¿Acaso hay tantos gitanos repujándolo?, ¿acaso hay un enorme consumo de instalaciones motrices o eléctricas con cobre? No, lo que hay es un robo sostenido de cables que se funden para adueñarse del cobre. Que se vende donde se puede. Pero esos cables robados hay que reponerlos porque han paralizado el suministro eléctrico en barriadas, fábricas, clubes…

[7] Hay estimaciones en EE.UU. que calculan que el aire tenía al momento de abolir la nafta con plomo (década del ’60) unas 600 veces más plomo que a principios del siglo XX. ¿Habrá afectado esa concentración de plomo la capacidad intelectual de buena parte de la población estadounidense?

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