Uruguay ¿La izquierda al servicio de la derecha? Ironías de la historia

por Luis E. Sabini Fernández

¿Quién habría imaginado a comienzos de los ’60 que muchos de los más radicalizados de la izquierda uruguaya iban a defender a represores institucionales? ¿Quién habría de imaginar en esa época de insurgencia estudiantil y de abordajes a la utopía, que muchos de sus titulares iban a defender un golpe de estado o aceptar instituciones de “la seguridad nacional” auspiciada por los represores del “estado burgués”?

Ningún uruguayo,  ningún oriental, espontáneamente, podría haber aceptado semejantes maridajes.

Sin embargo, conociendo un poco de historia no habría sido tan increíble. El papel de mucha izquierda en la Revolución Rusa y en su consolidación estalinista; en la llamada Revolución Española y su descaecimiento; en el ascenso del nazismo en Alemania, ha sido ése. Innegable aunque haya sido tan escamoteado en la prensa generalmente progre o de izquierda (¡a lo largo de casi todo el siglo XX!). Al punto que hasta se podrían rastrear razones no explícitas (dejando de lado los casos de provocadores, infiltrados y soplones, que también han cumplido su lastimoso papel al respecto). Pero no es el momento de rastrear esas curiosas y significativas metamorfosis de la historia en tantos sitios. Limitémonos a un episodio uruguayo, uruguayísimo.

Tomemos el galimatías jurídico de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Julio Sanguinetti, figura clave en la elaboración de dicha ley, hizo su jugada maestra mediante un gambito, iniciado el 8 de marzo de 1985, con ley de amnistía que amparaba a los tupamaros que acababan de cumplir 13 años de prisión (aunque alcanzaba  ─y aquí está la frutilla de la torta─  también a quienes habían evitado la cárcel e incluso a quienes habían sido reclamados por “delitos de sangre” y habían huido fuera de fronteras). Con amnistía o con conmutación de penas, “todo el mundo” tupamaro, los integrantes del MLN (y de organización menores) quedaron libres de culpa y cargo.

En 1986 ─estábamos viviendo los reacomodos del país tras el brutal cimbronazo de la crisis, la violencia guerrillera y la represión indiscriminadora del terror público, estatal─, los artífices políticos del momento, creen llegado el momento de “cumplir” con los militares las promesas del Pacto del Club Naval y, a través de la influencia clave de Julio M. Sanguinetti y Wilson Ferreira Aldunate, anudan la Ley de Caducidad.

Algo que no se podía aprobar simultáneamente en 1984, cuando la liberación de los presos políticos, porque la huella odiosa de la dictadura estaba fresca y la prisión de tantos años (de tupamaros y otros luchadores políticos) patentizaba su rol de víctimas.

Había que dejar pasar un tiempo, para hacer semejante juego de la mosqueta.

La acción guerrillera había recaído sobre actores sociales muy precisos; empresarios expropiados, policías desarmados, cuerpos represivos golpeados e incluso asesinados (aunque por el estilo o el método empleado, sobrevinieron también varios “daños colaterales” sobre habitantes totalmente inocentes o ajenos). Pero la acción represiva oficial generalizó el terror sobre buena parte de la población y dañó y mató mucha población porque la intención fue, precisamente, postrar a la sociedad en general, bajo el terror. Algo ajeno a la estrategia guerrillera, al menos en esa etapa, de subversión.[1]

Así que toda equivalencia entre la amnistía y la caducidad está viciada de origen. La amnistía amparaba a quienes habían actuado puntualmente; la caducidad amparaba a quienes habían maltratado a toda o casi toda una sociedad.

Y aquí viene el punto: la izquierda, fundamentalmente la izquierda tupamara, aceptó el trapicheo, reconoció un interés común en la defensa de amnistías y caducidades. Con representantes conspicuos de esa “alianza”, como Eleuterio Fernández Huidobro. El tristemente más destacado, pero no el único. En esa estela, han navegado, navegan, M. Rosencof, J. Mujica, J. Marenales, D. Cámpora y muchas otras acrisoladas figuras sobre todo de la llamada dirección. Si nos dejamos llevar por las consideraciones de refractarios al pacto y a la “política” de EFH, tendríamos que inferir que la mayoría o una buena parte de la camada tupamara aceptó el trapicheo que venimos señalando.

Esto no significa desconocer u olvidar todos los militantes y combatientes, a menudo esforzados, que han pagado con cárcel, exilio o la misma vida el sostenimiento de sus convicciones. Que podemos compartir o no.

Porque una cosa es “la revolución” (siempre bastante mitificada) y otra es conseguir mejores jubilaciones con pocos años de trabajo (más otros, a veces muy duros, es cierto, de cárcel) en tanto que laburantes que han trabajado 35 o 40 años en el país cobran un mendrugo; una cosa es reconocer o respetar a los poquísimos militares que han actuado correctamente y otra proteger a militares asesinos o cómplices de asesinatos, como el de un asesor de Pinochet, por más que el susodicho, E. Berríos, fuera un investigador científico deleznable…

En general, haber sido contemporizador o cómplice con las “movidas” militares del 9 de febrero o del 27 de junio de  1973, como sucedió con casi toda la izquierda incluyendo las dos principales organizaciones, tupamaros y tapamuros (comunistas) [2] es lo que se expresará años después, con “la recuperación democrática” en el Pacto del Club Naval, en la amnistía “general e irrestricta”, en el engendro de la Caducidad.

Aquellos polvos trajeron estos lodos. Nada distinto podía depararnos lo que se tipifica como derecha; está para defender lo estatuido, la injusticia dominante. Pero quienes han acarreado buena parte de nuestra lastimosa herencia han sido los que suelen considerarse “de izquierda”.

[1] Hubo un episodio, en 1970, que dio pistas para lo que podría pasar una vez obtenido el triunfo guerrillero. El MLN, previa inteligencia, copó instalaciones de Nybroplast para dar a conocer a su personal una proclama; operativos que hizo el MLN con frecuencia, buscando darse a conocer, socializando sus objetivos. El copamiento fue defectuoso: mientras “dialogaban” con el personal, un sereno que no había sido advertido se comunicó telefónicamente con la policía. Cuando los guerrilleros abandonaban las instalaciones en vehículos, los del primero ni siquiera advirtieron dificultades, pero los siguientes debieron enfrentar el cerco. No hubo muertos, pero sí varios detenidos.

La dirección tupamara evaluó el operativo; no sé si hubo críticas a los defectos del copamiento, pero sí se resolvió “ajusticiar” al sereno. Suponemos que “por buchón”. Sin embargo, el sereno había apenas cumplido con su deber. El mensaje entonces fue: si estás de acuerdo aplaudí, ¡si estás en contra, obedecé!

Pensemos por un instante lo que sería esa política dentro de toda una sociedad: recibe el nombre de totalitaria.

[2]  Hubo honrosas excepciones. En febrero, dentro del FA apenas la figura aislada de Carlos Quijano y seguramente otros miembros de “su” agrupación, ANDS. Fuera del FA, los exanarcos de ROE-OPR y los llamados prochinos. Hubo también otros objetores; colorados como A. Vasconcellos, y W. Ferreira Aldunate y su agrupación del PN. En junio, hay para todos los gustos: el PC prosiguió con su antibordaberrismo excluyente, apoyando a los militares torturadores como en febrero, pero empujado a la clandestinidad, pocos días después del 27/6 pasó a ser crítico acérrimo de este golpe de estado; el PS que en la secuela de febrero brindó con su líder V. Trías apoyo al peruanismo quedó, en junio proscrito por la dictadura; Seregni, prescindente en febrero  fue en julio de 1973 degradado y puesto en prisión durante 9 años.

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La impunidad mediática de Israel

por Luis E. Sabini Fernández –

Una vez más presenciamos, tenemos que sufrir la indignidad política de que Israel dibuje la realidad a su antojo y se burle de todas las resoluciones de la ONU que no le interesan o menoscaban sus objetivos.

17 muertos, más de mil heridos palestinos. Cero muertos, cero heridos del lado israelí. Cuesta creer que los palestinos hayan sido los atacantes, los provocadores, los fabricantes de disturbios.

En cambio, con desparpajo aclaró un jefe militar israelí que disparan “contra los principales instigadores”. ¿Instigadores de qué?, si los israelíes tienen cero baja…

En criollo: han tirado a matar a quienes han visto como los que animaban la manifestación; una manifestación sin armas y sin piedras, como aclararon los organizadores fijando como objetivo una “marcha por la tierra” arrebatada en 1948. Y que una resolución de la ONU, la no 194, acordó devolver a “los expulsados”. (no fueron expulsados así nomás, hubo marcada violencia traducida en la expulsión de cientos de miles de pobladores y de miles de asesinatos ejecutados en ese mismo proceso de expulsión.[1])

Pero la impunidad de Israel está garantizada por el lobby sionista y judío en EE.UU. (AIPAC) y por el correspondiente británico (la única merma, insignificante, de apoyo respecto de 1948 ha sido la de la URSS…).

Los británicos son principistas: entregaron la tierra palestina al sionismo para extender sus redes imperiales y cien años después la premier May se apresura a conmemorar todo evento significativo con el genocida confeso Beniamin Netanyahu. (poca mella parece hacerle cierta oposición laborista con Corbyn, Linvingstone y cercanos…).

El sionismo, el Estado de Israel, preserva la estructura victimista (“dispara y llora”)     que está sobre todo amparada por los m i m.[2]

Tomemos al azar un par de publicaciones; una del “centro de usinas mediáticas” y otro “local”. Con los cadáveres todavía tibios de la “limpieza” ordenada por los militares israelíes (basados en la nula importancia que tiene la vida de palestinos para ellos), El Nuevo Herald, periódico de Miami, EE.UU., bajo la firma de Fares Akram y Aron Heller, nos advierte que Israel hará “más contraataques si continúa violencia palestina”.[3] La construcción periodística nos dice que hubo ataque palestino, que hubo violencia palestina y que los militares israelíes actuaron solo en defensa, en respuesta.  Para “impedir los cruces de frontera” como si algunos de los asesinados hubiesen llegado siquiera a pisar tierra que los israelíes consideran israelí ─tierra redimida─ (y los palestinos, palestina ─tierra usurpada─). Lo manifiestamente falso de “la noticia” es que se los haya matado por pisar esa tierra.

Una cruda inversión de la realidad. Akram y Heller nada aclaran que se ha tratado de una concentración pacífica, “sin armas y sin piedras”, como proclamaron los organizadores, para reclamar por la tierra que les arrebataran. Tampoco aclaran que la reunión de decenas de miles de desesperados palestinos reclamando, llevó a los mandos israelíes a diezmarlos para evitar ser arrollados sin armas por el número.

Por su parte, el inefable Perfil, de Buenos Aires, cumple a su manera el acuerdo de cobertura y complicidad ante el agresivo, racista, comportamiento israelí.[4]

Nos cuenta que: “17.000 palestinos participan en revueltas en cinco ubicaciones”. ¿Qué revueltas éstas con todos los muertos y heridos a cargo de “los revoltosos” y con cero baja, ni siquiera rasguños, ni para un soldado del ejército de ocupación?

Perfil, como en general la prensa adicta al Occidente imperial, no transmite verdades, ni siquiera noticias; solo ideología. Como explica magistralmente Joe Lauria, “La misión de los medios corporativos de EE.UU. no es informar […] no es periodismo. Eso es el trabajo de Winston Smith.” [5] Debemos agregar que es la misma misión para medios corporativos que NO son de EE.UU.

Perfil, por ejemplo, en la misma nota afirma que: “Desde 2008, Israel y Hamas se han enfrentado en tres guerras en el enclave palestino.” Un fraseo sereno, aparentemente histórico. Que escamotea la incomparable diferencia de poder de fuego y de devastación de “los contendientes” en esos tres episodios; un ejército, una sociedad. Donde la Franja de Gaza ha puesto los muertos, los heridos, los niños aterrorizados y la destrucción de toda su hostilizada infraestructura (habitacional, energética, sanitaria, comunicacional, portuaria, aeroportuaria, alimentaria… y los israelíes… han puesto los tanques, los aviones, las bombas y algún rasguño “sufrido” en su máquina de matar. Enfrentados en guerras nos cuenta Perfil

Esto, volvemos a Lauria, no es periodismo, no es información.

 

En medio del bloqueo informacional, los títeres políticos, nacionales e internacionales, se pueden dar el gusto de seguir ignorando la matanza de palestinos. Como la de yemeníes o sirios, así como en su momento la de libios, iraquíes, afganos, kurdos, paquistaníes, así como referentes políticos o luchadores por la salud ambiental o periodistas verdaderamente denunciadores, de Honduras, México, Colombia, Brasil y tantos, tantos otros sitios.

Porque pertenecen a la humanidad minus.

¡Qué escándalo si hubiese muerto algún soldado israelí! Porque, claro, pertenecen a la humanidad plus.

Sigan descansando nuestros políticos. A nadie se le ocurra pedirle cuentas a un estado en laborioso trabajo preparatorio de genocidio, y no tan preparatorio.

¿Qué vamos a decir a las generaciones venideras cuando tengamos que dar cuenta de una reedición de Numancia en pleno siglo XXI, el de los derechos humanos?

[1] Diciembre de 1948. La ONU reconoce que “hay lugar para permitir a los refugiados que lo deseen regresar a sus hogares [que] lo hagan” y al mismo tiempo deploran el asesinato por sionistas del enviado especial de la ONU; Folke Bernadotte, sueco, que poco antes había salvado a muchos judíos durante la Guerra Mundial y que en 1948 no aceptó el comportamiento abusivo y violento de los sionistas sobre palestinos desarmados.

[2]  medios de incomunicación de masas.

[3] http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/article207557884.html.

[4]  https://www.diariocol.com/2018/03/30/132344/.

[5] “Ocultar las mentiras de EE.UU. sobre la invasión de Libia”, disenso.wordpress, 15 jul 2017. Winston Smith es el protagonista de 1984, la distopía de Orwell,  cuyo trabajo “periodístico” era expurgar viejos artículos de diarios y adecuar su texto a las necesidades del momento, una incesante reescritura de la historia al servicio del poder establecido…

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