Corte Penal Internacional (CPI) y contraofensiva del Estado de Israel

por Luis E. Sabini Fernández

Si nos dejamos llevar por el periodismo platense, regional y masivo, vamos a introducirnos en una materia estratoférica o galáctica. Sin embargo, trata de usted lector, de mí, de nuestra sociedad, de Occidente…

Desde 2015, cuando ingresó a la Corte Penal  Internacional un legajo que acusaba al Estado a Israel de crímenes de guerra contra la población palestina, pasaron casi 5 años, y los jueces de la corte, que cuenta con Fatou Bensouda, una eminencia judicial que ejerce como fiscal de la corte y ha sido considerada entre los cien seres humanos más importantes de nuestro presente, no terminaban su dictamen.

Algunos “signos” preocupaban a EE.UU. e Israel. Que, por ejemplo, se analizara la mera posibilidad de crímenes a sangre fría, como los acontecidos durante las  “Marchas por la tierra” que palestinos llevan a cabo desde el 30 de marzo de 2018, sin armas, sin siquiera piedras, y que los israelíes decidieron disolver con violencia y francotiradores que han arrojado la friolera de cientos de muertos, muchos niños entre ellos, y decenas de miles de heridos, sobre todo tullidos, por la política de balear tobillos.[1] Pero en la medida que los informes y análisis de la CPI durante todos estos años se dedicaban a contrapuntear, por ejemplo, los muertos provocados por ataques mediante bombardeos y artillería de tanques israelíes y los generados por las escuálidas incursiones de algunas organizaciones palestinas como Hamas o Yihad, o pasar revista a los mismos palestinos reprimidos por la ANP,[2] el “desarrollo de los acontecimientos” no alarmaba demasiado al eje Israel-EE.-UU.-R.U.

Pese a que la disparidad del poder de fuego, por ejemplo, o el mero cotejo de víctimas da una aplastante superioridad militar, sanitaria, de infraestructura para Israel en relación con el dañado, asediado, estrangulado, fragmentado, pueblo palestino y pese a que se trata de forcejeos de población ocupada contra ejército ocupante, la CPI ha encarado algunos de sus análisis como lucha entre dos adversarios, contendientes, tácitamente equiparables.

Han llegado incluso a sopesar la suficiencia del sistema jurídico israelí para  corregir los posibles excesos de sus militares, algo con lo que no se cuenta del lado palestino.

Eran prolegómenos preocupantes, señalados en un excelente análisis por Maureen Clare Murphy[3] que parecieron culminar cuando ya muy a fines de 2019, la CPI decidió no abrir una investigación sobre al asesinato de tripulantes turcos de una nave que viajaba con vituallas hacia la Franja de Gaza en 2010 y fue violentamente abordada.[4]

Pero finalmente, en enero del corriente año, Fatou Bensouda emitió un dictamen que en sus tramos decisivos reza: “Creo firmemente que hay fundamento razonable para proceder con una investigación en Palestina, de acuerdo con el artículo 53(1) del Estatuto. En resumen, creo sin duda que se han cometido o se están cometiendo crímenes de guerra en la Margen Occidental, incluyendo Jerusalén y la Franja de Gaza […] y por último  no hay razones de peso para creer que una investigación como la propuesta no vaya a servir los intereses de la justicia.” [5]

Tras cinco años de espera, aguante, dudas, equilibrios imposibles, la Corte Penal Internacional toma en su jurisdicción las atrocidades cometidas contra los palestinos por los gobiernos de Israel y EE.UU.

Y aunque ni nos hayamos enterado, los gobiernos de EE.UU. e Israel han estallado en improperios contra semejante desenlace.

Cuando la situación era inminente, a fines de 2019, el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, declaró a través de un comunicado oficial: «Nos oponemos firmemente a ésta y cualquier otra acción que busque atacar a Israel injustamente«.[6]

Palabra de más. Porque EE.UU., debido a su total dependencia de Israel, se va a oponer a cualquier acción contra Israel, sea ella justa o injusta.

“Naturalmente”, también Israel rechaza dicha investigación.

La posición israelí es la característica de los regímenes totalitarios, que a diferencia de los regímenes con derecho liberal, en que se presume a toda persona inocente salvo que se demuestre lo contrario, parten de la base opuesta; todos son culpables o pasibles de cargos  (salvo que pudiera demostrarse lo contrario).

Nos “explica” Avigdor Lieberman perteneciente a la cúpula israelí: en Gaza «no hay gente inocente» y «todo el mundo está afiliado a Hamás«.[7] Con tales “fundamentos”, los soldados israelíes tienen licencia para matar a cualquier palestino (en realidad a todos, pero cuesta).

 

Respecto del juego que se hace en la cancha grande, hay un detalle: ni EE.UU. ni Israel constituyen la CPI. Por eso, en enero último, Alemania  −desde 1945 tan servicial a los planteos de organizaciones judías para borrar todo lo que pueda entenderse como antisemita− se presenta como amicus curiae de Israel, para plantear en la corte una impugnación contra su derecho a discutir si había crímenes de guerra en los “Territorios Ocupados”, designación que, pese a todo, proviene históricamente de la ONU.

El planteo alemán era, curiosa y penosamente, una invocación a la impunidad. La CPI lo ha desechado.

Y henos aquí, en pleno 2020, con una investigación en marcha para conocer el porqué de tantos muertos palestinos por realizar acciones no violentas: defendiendo su hogar a punto de ser desalojado o derribado, reclamando la tierra robada, sin armas ni piedras, con solo banderas, y tantas otras muertes abusivas por el estilo.

Así ve el The Times of Israel la situación: “La alharaca [sic] de la CPI puede liquidarse en pocos meses con la decisión de la Corte de que no tienen jurisdicción para negociar el conflicto palestino-israelí y simplemente cierran el caso.

No es ninguna sorpresa que los palestinos hayan aplaudido la decisión de la fiscal Fatou Bensouda como si fuera el principio del fin de la impunidad israelí, en tanto el gobierno israelí la denunció como ultrajante, absurda e ilegal de acuerdo con la ley internacional. Netanyahu fue tan lejos como para calificarla de ‘antisemitismo puro’.” [8]

 

Tengo para mí que la fiscal Fatou Bensouda, gambiana, tomó todos los recaudos imaginables, y algunos más, para decidirse a plantear una demanda contra el omnipresente Estado de Israel. Si mi hipótesis es correcta, el insulto de Netanyahu no hace sino refrendar su precaución.

 

Ante este revés institucional, en nuestras tierras platenses con gobiernos recién estrenados, tenemos actos que uno no puede dejar de asociar con el traspié en la CPI.

En diciembre 2019 un experto italiano, Emanuele Ottolenghi, italiano residente en EE.UU., integrante de la Fundación para la Defensa de la Democracia, viajó a Argentina para advertir al flamante presidente Alberto Fernández que mantuviera ‘la excelente decisión’ de Mauricio Macri,    que a mediados del año anterior, antes de terminar su período presidencial, aceptó la sugerencia de ‘ampliar el registro de organizaciones terroristas e incluir entre ellas, a Hezbollah’.

Con la visita de Ottolenghi, el gobierno israelí y sus redes internacionales le recordaron al nuevo presidente argentino la conveniencia de seguir manteniendo en lista de terroristas a Hezbollah.

Porque además, en filas del nuevo gobierno, peronista, apareció “lo habitual” de “el hecho maldito del país burgués”: la especialista en seguridad, funcionaria en esa área con Alberto Fernández, Sabina Frederic, en declaraciones al diario Ámbito Financiero sostuvo que la creación del registro en el que figura Hezbollah es “una imposición de los EE.UU.” y que el terrorismo “es un problema de la OTAN, no nuestro”.

¡Para qué!

Las agencias diplomáticas israelí y estadounidense, a través de sus voceros mediáticos enaltecieron la importancia de seguir los lineamientos que ya se habían obtenido con Macri.[9] Y el canciller Felipe Solá se apresuró a asegurarle al gobierno israelí que no hay intención de borrar del registro de terroristas al Hezbollah, así tipificado por Macri y sus mandantes. Las cosas “a su sitio” con sincronismo, antes del viaje presidencial a Israel, casi inmediato luego de asumir.[10]

 

Del lado uruguayo las cosas son más penosas, si cabe.

En los tanteos habituales, de lobby, que los dirigentes de la colectividad israelita del Uruguay suelen hacer al gobierno, a fines de enero se mencionó a Hezbollah y se dijo “situación incambiada”, sin planes para hacer una mudanza de embajada a Jerusalén como es la línea actual del gobierno israelí en su plan de despojo a palestinos. El entonces inminente presidente Lacalle Pou dijo respecto de Hezbollah que el gobierno sigue una lista de la ONU y que, en consecuencia, Uruguay no declararía a Hezbollah organización terrorista. “Pero no lo descartó completamente”.

Hezbollah ha sido declarada organización terrorista por la Unìón Europea, y, claro, por EE.UU. e Israel. Con lo cual resulta casi anómalo que no esté así caracterizado por la ONU. Pero, así las cosas en enero 2020.

Hay que recordar, además, que Uruguay en mayo 2018, en plena cosecha de muerte en la Franja de Gaza del ejército  increíblemente llamado de Defensa, de Israel, con gobierno entonces frenteamplista, objetó “la falta de proporcionalidad” israelí ante la protesta palestina. En buen romance, quiere decir que ya ni siquiera piedras, sino gritos son “respondidos” y ahogados en sangre. Directamente.[11]

Pero ahora estamos en 2020 con la Coalición Multicolor. Y el presidente Lacalle Pou participa de una videoconferencia con AJC, Comité Judío Americano y donde “americano” no se refiere a las 3 Américas ni a la América del Sur, ni siquiera a la del Norte, sino pura y exclusivamente a EE.UU.

Luego de la conversación/planteo/consulta/reconvención, vaya uno a saber, el presidente reconoció, literalmente: “Estoy en proceso de cambiar mi opinión”. Y el Semanario Hebreo, de Montevideo lo cita textualmente, así como El País.[12]

No sólo sincera así el lugar preciso de sus callos sino que desnuda su actitud: “Espero cambiar de opinión […] Hace10 meses dije que no, pero espero cambiar mi opinión.” Una declaración filosóficamente insostenible. Que me hace acordar a los “propósitos de enmienda” de los pecadores. Si defendía lo que defendía porque era ética, políticamente sostenible, por qué cambiar? Y si está ansiando cambiar, ¿acaso defendía lo que defendía sin rigor, sin celo por lo verdadero?

Tal vez me esté vedado comprender esos meandros del alma. Otro ejemplo:

La dirigente de AJC Dina Siegel Vann abordó al presidente Lacalle Pou refiriéndose a la reciente adopción por parte de Uruguay de la definición de antisemitismo de la IHRA[13] y preguntó qué había motivado a Uruguay para dar ese paso. “Uruguay tiene una fuerte tradición de Derechos Humanos y eso se mide en acciones, respondió el Presidente”.[14]

Derechos humanos, sin embargo, no son lo que cualquier organización por razones políticas o de poder define como derechos humanos. Pero así estamos hoy: Israel acusa de terrorismo palestino a unos globos incendiarios que los bloqueados, hambreados, gaseados, baleados palestinos arrojan cada tanto sobre territorio ocupado por Israel. Seguramente llevan fuego; sí. Pero mientras se cuentan por miles los palestinos matados, por decenas de miles los heridos con secuelas programadas por los militares israelíes; decenas los pescadores baleados y asesinados, botes requisados para asfixiar la pesca tradicional palestina; centenares de viviendas derribadas con la política de desalojo y expulsión permanente; deshaciendo las instalaciones de todos tipo; de bombeo de agua, de hospitales, escuelas, estrangulando el suministro eléctrico, provisiones… la destrucción y asfixia sistemática israelí no merece siquiera una mención. Mediáticamente, cero.

Los “revoltosos” palestinos tiran un manojo de globos, de ésos que se usan en cumpleaños infantiles, con un trapo incendiado, y ahí sí, gran alharaca…

Los israelíes tienen todo un cuerpo jurídico, militar, mediático, para reprimir a lo palestino. Pero no sienten el menor disgusto interior, asco moral, por tratar como tratan a la población originaria de Palestina, que son  −ironía de la historia–  los descendientes de la Judea histórica, como bien lo sabían sionistas de la primera hora, como el mismísimo David Ben Gurion.

[1]  Inicialmente, los francotiradores fueron dispuestos para balear caderas, pero la cantidad de hemorragias y muertes en el sitio de la protesta, persuadió a los estrategos sionistas que era más “conveniente” no tantas muertes patentes y más heridos de por vida. Una CPI que mereciera el nombre de tal tendría que calificar estas estrategias y sus resultados como un delito obvio y espeluznante.

[2]  Administración Nacional Palestina, un engendro de las tratativas de Oslo, donde los israelíes le ofrecieron el dulce de una administración municipal a la dirección política palestina más afín, con Mahmud Abbas a la cabeza; una administración generosamente financiada por el Estado de Israel y provista de una policía palestina (y muy poco más que ello) entrenada por militares estadounidenses que el gobierno israelí gestionó ágilmente. Como la policía palestina fue construida para perseguir palestinos, los contables de la CPI pueden hacer esas cuentas, que dejan graciosamente afuera de la cuestión a Israel; el verdadero mandante.

[3]   “¿Está la CPI a punto de cerrar la puerta de la justicia para Palestina?”, Electronic Intifada, 21 dic. 2019.

[4]   Me gustaría remitir a mi nota: “Ante el abordaje violento de los barcos a Gaza: palabras insultantes vs. hechos incontrastables”. Debo aclarar que hay una edición uruguaya, agotada y en forma parcial fue editada en el volumen El racismo de la “democracia” israelí, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2012.

[5]   icc.cpi.int/palestine. 2020.

[6]   Alí Murat Alhas, Anadolu Agency, 21/12/2019.

[7]   Diego Sacchi, 8 de abril de 2018.

[8]  https://www.timesofisrael.com/the-hague-vs-israel-everything-you-need-to-know-about-the-icc-palestine-probe/.

[9]  https://www.infobae.com/politica/2019/israel-le-pidio-a-alberto-fernandez-que-mantenga-a-hezbollah-en-la-lista-de-grupos-terroristas/

[10] Clarín, Buenos Aires, Natasha Niebieskikwiat, 20/01/2020.

[11] Tomo un día de ejemplo de las muchas decenas de jornadas sangrientas de la Marcha por la Tierra: el 14 de mayo de 2018 hubo 60 asesinados (casi todos mediante francotiradores) y “más de 2700 heridos”. Entre los muertos, un bebé de 8 meses. Crónica de Haidar Eid, “El derecho al retorno, la masacre de Gaza y el regocijo israelí”. Dossier. “http://www.sinpermiso.info/textos/el-derecho-al-retorno-la-masacre-de-gaza-y-el-regocijo-israeli-dossier. 18 mayo 2018.

[12]  El País, Montevideo, 21 mayo, 2020.

[13]  International Holocaust Remembrance Alliance. Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto. La definición de antisemitismo de IHRA amplía el concepto tradicional: es antisemita toda crítica a Israel. Política, institucional, ética. Una curiosa definición que convierte en virtuoso, por no decir divino, todo lo que provenga de lo israelí y que además, confunde en único concepto dos (o tres) tan distintos: judío, sionista e israelí.

[14]  https://www.semanariohebreojai.com/articulo/2772/presidente+lacalle+considerando+declar

ar+hezbola+organizacion+terrorista.

 

¿Quo vadis COVID-19?

por Luis E. Sabini Fernández – 

La pandemia ha generado con su sola irrupción, una nueva interrogante sobre el mundo, la realidad, la verdad.

Su peso es tal y tan perceptible que de inmediato advertimos que estábamos en un parteaguas; antes de y después de.

Como cuando el 11 de setiembre de 2001.

La primera interrogante, claramente, es sobre su advenimiento. Si natural, dado por la “fuerza de las cosas” o promovido, es decir como expresión de una política.

Optar por considerarlo estrictamente político nos pone de inmediato bajo la acusación  de lo conspiranoico, en el mismo sentido que cualquier crítica a la crueldad y el desprecio racista del establishment israelí contra lo palestino nos pone bajo la acusación, radicalmente falsa, de antisemitismo.

Esto significa que nuestra cultura o mejor dicho que los titulares de nuestra cultura tienen una línea precisa de lo políticamente correcto, que no pasa por algunos territorios, vedados.

Sobre el neologismo conspiranoico y su relación con “la pandemia”, remito al lector al análisis que Antonio Martínez Belchi ha desplegado en “El COVID19 y el problema de la verdad” (28 04 20), quien, postulando ser escéptico metódico ante toda conspiración por suscribir “el principio de simplicidad” (Navaja de Ockham), desarrolla, como la más convincente de las posiciones, “la tesis de la propagación intencionada”.

Por mi parte, he leído una larga exposición de Bill Gates, “The First Modern Pandemic” (23 04 20) que constituye un despliegue de identificación con los desamparados, los ancianos, los niños, los enfermos, que despertaría la envidia de la Madre Teresa de Calcuta.

Bill Gates es el mismo que patrocina a la OMS con aportes incomparablemente mayores a los de cualquier estado (con lo que eso significa de condicionamiento), es el mismo que organizara un simulacro de pandemia que tuvo lugar precisamente antes de la encarnación, de la puesta en acto que ahora nos condiciona en todo el mundo.

OBJETIVO DECLARADO Y APARENTE; OBJETIVOS REALES

Así como el alegato de Gates destilando bondad a raudales resulta incongruente, así la cobertura mediática parece también incongruente; so pretexto de informar, tiene un único resultado (¿u objetivo?): atemorizar, por no decir aterrorizar a la población humana.

Todo el registro de lo que se suponen los estragos de la pandemia se hacen con estadísticas que parecen partir de la amortalidad humana: no que los humanos sean inmortales, porque sería una ñoñez, que ni un filósofo partidario de la constsrucción de humanos como Yuval Harari pretende, pero sí que los humanos no mueren… salvo por coronavirus.

Tuvo que salir un infectólogo archirreconocido, jefe de Protección Civil italiano, Angello Borrelli, estimando que estamos ante “fallecidos con coronavirus y no por coronavirus” [1]

Si los voceros e intermediarios de “la info” de nuestro presente maltratan así a la verdad, tenemos que suponer tontería sin límites o calculadas estrategias de engaño, disfraz o confusión. Aunque sepamos el alcance casi ilimitado de lo tonto, nos parece que hay otros elementos que nos llevan a pensar que no se trata de tontería o torpeza alguna.

Hagamos somera recorrida cronológica: cuando la epidemia de COVID-19 parecía instalada en China, concretamente en Wuhan, ciudad clave por sus laboratorios  vinculados a la investigación y producción de quimeras, y poco más en estados vecinos o circundantes, como Corea del Sur (nada se sabe de la del Norte), Singapur, Taiwan, cuando todavía no se había establecido la corriente de contagio con países de Europa Occidental, el segundo brote de lo que se iba a configurar como pandémico, aparece en Irán; un estado, una sociedad con mucho más bajo intercambio turístico y humano que todo el asiento del tercer empuje; Europa Occidental, y relativamente aislada de las zonas tanto del primer brote como del tercero.

En Irán, el efecto fue conmocionante, con una tasa sorprendentemente alta de mortalidad, y los pocos datos que se conocen dan a entender que se trata de una avalancha de muertos en la dirección política del estado persa, donde los gerontes tienen o tenían asaz significación.

¿Cómo explicar el brote iraní? Conociendo el empeño de Israel en conseguir que EE.UU. le haga la tarea sucia de borrar a Irán o al menos a toda su dirección militar y política de la faz de la tierra, mi hipótesis es que el COVID-19 fue plantado en Irán, como poco antes en Wuhan y extensivamente en toda China, usando con aparente (porque no podemos decir evidente) sincronización el momento de mayores traslados dentro de China por el año nuevo nacional. Para evitar el recurso de “las casualidades permanentes”.

El gobierno de EE.UU. ha acusado a China de la difusión del virus maldecido y temido.

El gobierno chino ha acusado a EE.UU. de su implantación en Wuhan: sabemos sí que esa ciudad recibió una delegación de 300 militares estadounidenses muy poco antes del estallido pandémico, para celebrar juegos olímpicos militares. Aunque no constituya prueba en sí, no se puede desdeñar la cronología de lo acontecido: los militares se retiran “fraternalmente” de Wuhan a fines de octubre de 2019. Pocas semanas después, se inicia la cadena de contagios…

Se supo, lo informó un equipo periodístico de la RAI italiana, que en 2015 laboratorios estadounidenses y chinos trabajaban viendo cómo forjar quimeras; seres vivos de origen sintético. Con la técnica que ha permitido forjar seres vivos transgénicos. Según los periodistas italianos, el laboratorio estadounidense embarcado en el proyecto se habría bajado. No así el colega chino. Pero nada hay certero, cuando sabemos que los comportamientos pueden ser o parecer. Que las negativas pueden ser de renuncia o de elusión, manteniendo oculto lo que se desecha públicamente.

Martínez Belchi ha incursionado en una serie de signos o claves que podrían reflejar el carácter premeditado y secreto de acciones como el origen de esta pandemia. Lo hace bordeando toda teoría conspirativa, no por vocación paranoica sino por necesidad interpretativa. Porque no encuentra otra forma de explicar datos “inexplicables”. Se refiere, por ejemplo, al valor esotérico del 666; “el 26 de marzo de 2020 Microsoft, la megacorporación de Bill Gates, ha registrado en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de Naciones Unidas, una nueva patente para obtener criptomonedas usando datos de actividad corporal humana: es decir, un dispositivo digital que coincide, punto por punto, con lo que la cultura popular ya conoce como el “microchip [subcutáneo] 666”. ¿Y adivina el lector cuál es el número oficial de la patente? Pues nada menos que “2020/060606”.

Martínez Belchi también se pregunta si es una pista, una clave…

De éstos, enlaces, coincidencias, rastros, hay muchos que en general no hacen sino inflamar las teorías conspirativas. Pero algunos de estos elementos, como la aparición en la tapa de la revista The Economist de diciembre de 2018 de un pangolín, que trae a colación también Martínez Belchi parece ser como un juego de señas; el mismo armadillo que un año después –con razón o sin ella– iba a ser considerado clave en la difuminación del COVID-19.

Martínez Belchi presenta varios de estos ligamentos o referencias, que parecen más bien claves entre conjurados, dueños de un secreto que intercomunican con indisimulable regocijo u orgullo.

¿Qué papel nos queda a nosotros los ajenos a tales mostraciones, o más bien objetos de ellas?

Hannah Arendt tiene algo para decirnos: recuerda que el nazismo iniciò medidas cada vez más “gruesas” basándose en la “necesidad de sensatez”, “imperio del sentido común” que suele albergar la población. De modo tal que, cuestiones muy aberrantes suelen generar incredulidad y descrédito. La gente se resiste a pensar en lo abominable. En lo que suena “demasiado”. Y eso le otorga impunidad a quienes sí ejercen tales acciones culturalmente excedidas.

Todos los estados mayores, no sólo los nazis, se defienden. El ejército israelí que masacra palestinos desarmados, mujeres, niños, se denomina “Ejército de Defensa”. Cuando tales ejércitos cometen atrocidades (es decir, “normalmente”) tienen buen amparo en “su” población que no imagina ciertamente que se puedan cometer horrores (la prensa adicta “ayuda”, mostrando siempre los horrores del contrario).

Si tenemos un pandemia generada políticamente, tendríamos que inteligir: 1) las razones; 2) los alcances.

  1. Estamos ante un calentamiento global cada vez menos escamoteable; ante una crisis energética cada vez más compleja, ante una contaminación cada vez más palpable, ante una crisis alimentaria que pasa por la calidad de nuestros alimentos pero que, explosión demográfica mediante, puede afectar también la cantidad.

Para muchos, la bomba demográfica es la primera a desmontar. Que la población humana está recargando insensatamente al planeta es una observación correcta, pero como el enfoque limitacionista proviene de los privilegiados del planeta, la idea es  disminuir fuertemente no la población de rubios y ricos sino la de morochos y pobres. Éste es el cariz racista de la cuestión.

Pero hay otro, desfachatadamente desnudado hace pocos años por un ministro japonés: los viejos viven  demasiado. Una cosa es jubilarse e “irse” al poco tiempo y otra es ir generando una cuarta edad cada vez más longeva.

Así que, medidas correctivas, “soluciones de achique poblacional” podrían enfocar a los grandes suburbios planetarios (sobre todo, los radicados en la periferia) pero también a los adultos muy mayores; una “guerra del cerdo” innombrable.

Y antes de encarar los alcances –los fines estratégicos, siguiendo en la senda de que esta situación planetaria es política– tenemos que señalar el fundamental papel de lo mediático, los grandes socializadores del miedo, el pensamiento dominante, los auspicios.

El conteo permanente y cotidiano de muertos, algo de por sí comprensiblen necesario,  ha sido hecho con la misma desprolijidad y parcialidad con que los medios de incomunicación de masas tratan todas las cuestiones: cegando zonas, mezclando otras, omitiendo, ignorando  lo que no se adapta a los fines de la info que se “produce”.

No podemos saber cuáles son los verdaderos muertos del COVID 19, ni siquiera los contagiados Porque el establishment sanitario ha hecho una escotomización para ver la realidad y solo atiende a “la pandemia”. 

¿Dónde están los miles de muertos de gripe o neumonía cada año en Italia, Reino Unido o España? ¿Dónde las decenas de miles de muertos por la misma razón, año a año, en EE.UU. En 2018 y solo de gripe, murieron en EE.UU. 14 mil. Sobre 26 millones de contagiados.

  1. El virus de esta pandemia parece muy direccionado hacia los mayores entre los mayores (aunque esa patogenicidad parece, con toda lógica, ingobernable; hay secuelas problemáticas entre infantes, por ejemplo, y entre el personal sanitario hay una mortalidad incomparablemente mayor que en toda la población y eso significa que no ataca solo a los mayores entre los mayores).

A su vez, la organización que ha provocado el miedo al COVID-19 (pese a su baja o muy baja letalidad), nos ha introducido en un universo de controles y desconfianzas totalmente generalizado: el miedo y los barbijos, por ejemplo, nos convierten, sin pensarlo, a todos en sospechosos.

Sospechas (siempre) hacia los otros: una mujer hace cola; se le acerca (a preguntar) otra persona sin barbijo y la mujer retrocede como si se tratara de la Muerte Roja: se trataba de dos vecinos sin fiebre, más o menos sanos. Pero el miedo se canaliza  aferrándose al barbijo, como clave de seguridad.

La regimentación que se está aplicando es funcionalísima a todo proyecto de control social (de aun mayor control social del que ya tenemos implantado, obviamente): La represión bajo razones científicas suele ser de las más admisibles y que permiten mayores avances (y atrocidades); ya, en los ’60, el experimento de Stanley Milgram[2] nos lo recuerda.

Queda por entender qué ha pasado en Bérgamo y Lombardía con su tan alta mortalidad; qué ha pasado, está pasando en Nueva York, ante cuyo drama tiemblan y cede todo conspiracionismo sencillo dictado desde los titulares más proverbiales del poder mundializado.

Estamos convencidos que con todos “los adelantos tecnológicos y comunicacionales” dedicados a combatir la pandemia se procurará reconfigurar nuestra cotidianidad bajo nuevos controles y planificaciones, siempre ajenos. Porque provienen de centros de poder, por más que muchos de tales “adelantos” nos conquisten por su comodidad y ciertas aplicaciones faciliten nuestra vida cotidiana.

Por eso, tendremos que ser muy vigorosos si queremos evitar una oleada de regimentación, control y miedo introyectado, que irá “autorizando” medidas de intromisión en nuestras vidas, cada vez mayores.

Un mero ejemplo; nos venden las ventajas, alcances y comodidades del 5G, y la capacidad que otorga a los centros de conocimiento sobre cada vez más rasgos de nuestras vidas. Pero los que impulsan la implantación del 5G no atienden a lo que significa para nuestro hábitat, es decir para todo el planeta, semejante despliegue y recarga de ondas electromagnéticas.

Sería tonto que estemos dentro de unos 15 años doliéndonos del daño producido y por entonces irreversible. Como se ha probado que existe ya con los plásticos en el mar océano de nuestro planeta, de nuestra única nave espacial.

notas:

[1]     Hoenir Sarthou: “La información sobre muertes “por” o “con” coronavirus, incluso en Italia, España y EE.UU.,  así como los pronósticos sobre letalidad, velocidad de contagio, efectos físicos de la enfermedad  y tratamiento, parecen haber sido erróneos o deliberadamente exagerados”, “Coronagates: La revolución del sentido común”, Voces, Mtdeo., 6/5/2020.

[2] Estudio del comportamiento de la obediencia, 1964: en el Occidente moderno y civilizado, solo una escuálida minoría resiste por sí misma a producir daño en nombre de la ciencia.

Amor, desprecio, poder, entre EE.UU. e Israel

por Luis E. Sabini Fernández –

Las relaciones existentes entre EE.UU. e Israel en el siglo XXI, pero más en general las de la estructura política de EE.UU. con lo judío, tienen una larga y muy compleja historia (y un hilo conductor a través de la creencia en el valor histórico de la Biblia), pero en este apunte nos vamos a limitar a lo acontecido en los últimos años, siglo XXI, para apreciar el doble movimiento que las caracteriza.

Por un lado, vemos la erección de “lo norteamericano”, o mejor dicho estadounidense, a la cúspide de lo humano; por otro, vemos la permanente “nota al pie” señalando la dependencia y sujeción de EE.UU. a una voluntad omnímoda, que “casualmente” es la misma que ensalza en el primer momento señalado a los EE.UU. como el más alto escalón de lo humano. Hay que aclarar desde ya que, cuando se ensalza el american way of life se aclara que esa cúspide significa precisamente la coincidencia total con las creencias del ensalzador…

 

EE.UU.: ¿meca judía?

Empecemos con el primer rasgo señalado, con el cual tenemos un ejemplo paradigmático. El rabino Shmuley Boteach tipifica a la sociedad estadounidense como “el nuevo pueblo elegido”, es decir, identificándolo con un rasgo básico del llamado pueblo judío: su designación por una deidad como el elegido.[1]

Nuestro rabino explica esa privilegiada posición de EE.UU: “Los estadounidenses se han convertido en los nuevos judíos del mundo. No son muy apreciados. Estados Unidos está viviendo lo que los judíos han vivido a través de su historia: un odio irracional”. Y aunque “Los eruditos dirán que todo esto se debe a la envidia de EE.UU.” nuestro rabino sabe que el antiamericanismo  tiene causas “más profundas”.

Y aunque nos parezca un texto de Barcelona,[2] en 2004 Shmuley  despliega su visión sobre las vicisitudes de EE.UU. en el mundo: “EE.UU. es odiado sobre todo porque bajo George W. Bush ha llegado a abrazar una política externa moral orientada a la lucha contra déspotas y a derrocar dictadores, y estos nobles esfuerzos han hecho que el resto del mundo aparezca egoísta, absorto en sí mismo, moralmente ciego, y cobarde. A nosotros, los estadounidenses, no nos odian por nuestra fuerza, sino más bien por los buenos propósitos a los que hemos dedicado esa fuerza.”  [3] Shmuley nos habla de cuando G. W. Bush arrasa Afganistán, Irak, pese a la resistencia civil en varios países. “Justa ira” invocada por la banda de diseñadores de “el nuevo siglo american.” que ejerce el mando entonces en EE.UU., con Cheney a la cabeza, que aprovechan el peculiar derribo de las dos torres gemelas (que violan hasta la aritmética porque los edificios derribados fueron tres…) para instaurar “el nuevo enemigo” (muerto el perro comunista apareció las rabia musulmana), quitar un espantajo mediático como Bin Laden y llevar a cabo las destrucciones señaladas (a las que seguirán otras, en Pakistán, Sudán, Siria, y en el caso de la sociedad palestina, un recrudecimiento de su aniquilamiento a partir de 2005-2006…).

Shmuley es por momento penoso. Vapulea a Michael Moore, un cineasta estadounidense tan característicamente estadounidense pero no puede sustraerse a la secuencia de su documental Farenheit 9/11, en que se ve a Bush como congelado y ridículo mientras le comunican lo del atentado “a las torres”, con un libro patas arriba. Se trata de un documental donde Moore desnuda las vinculaciones petroleras y gangsteriles entre la familia Laden y la familia Bush, entre otras muchas tareas de strip-tease político.

Shmuley no atiende ni le importa el significado sobrecogedor de la secuencia. Pega un salto mortal para confrontar esa penosa escena… con Chirac (¿qué tiene que ver Chirac?):  “El momento más impresionante de esta película es cuando acusa a G. W. Bush de quedarse sentado sin hacer nada durante siete minutos mientras ardían las torres gemelas. ¡Caramba! A los franceses les encantó esa escena, lo que es curioso ya que Jacques Chirac permitió en el verano de 2003 que 10.000 franceses y francesas murieran de insolación mientras él pasaba sus vacaciones.” Sic.

Con lógica tan escasa, se hace difícil captar porqués. Pero para Shmuley el cuadro de situación es sencillo: no es envidia; es odio. Hombre de pasiones netas, nuestro rabino.

Humildemente, Shmuley aclara que los estadounidenses deben “aprender algo de los judíos. Durante casi medio siglo, EE.UU. ha sido el guardián de la libertad en todo el mundo. Pero los estadounidenses que esperan gratitud debieran recordar que no hay buena acción que no reciba su castigo. Los judíos le dieron su Dios al mundo, sólo para ser masacrados en Su nombre.”

Repare el lector: EE.UU. ha sido el guardián de la libertad: según su datado, tenemos que suponer que desde la década de los ’60: en la Guatemala de La Mano Blanca, red paramilitar, con su cosecha de muerte de varios centenares de miles de habitantes, sobre todo mayas; en el Chile de Pinochet a miles de chilenos masacrados por el ejército asesorado por cuerpos de seguridad de EE.UU.; con la “operación Jakarta” de “limpieza” en 1966, con el Pinochet indonesio; Suharto; con el genocidio selectivo de la Doctrina de la Seguridad (exportación de torturadores incluida) en Argentina, Uruguay, Colombia, El Salvador, y por mi ignorancia dejo a un lado el papel represor de EE.UU. en el continente más devastado del planeta, África, aunque sí recuerdo la “moralizante” política de G. W. Bush en el cambio de siglo dificultando o impidiendo el uso de anticonceptivos en África, empeñado en una campaña “moralizadora” contra relaciones sexuales fuera de parejas constituidas que, ¡oh casualidad!, se tradujo en un avance atroz del SADI/SIDA (y las muertes consiguientes, porque en África no es tan fácil como en EE.UU. disponer de tratamientos antirretrovirósicos).

Los “gloriosos sesenta” de la policía planetaria estadounidense tienen cientos de miles de arrasados y asesinados en el Sudeste asiático (Cambodia, Laos, como campos libres para experimentación de la aviación militar estadounidense), particularmente en Vietnam con 14 años de intervención, con  2 o 4 millones de vietnamitas matados, pero con la muerte de 58 mil estadounidenses que convenció a los dirigentes de ese país de que no se podía seguir ese camino: dado el valor de la vida de un estadounidense, no se puede intercambiarla, “derrocharla”, por 40 o 50 vidas, en este caso vietnamitas (y como frutilla del postre, retirarse con el rabo entre las patas).

Para desconsuelo, o tal vez regocijo de Shmuley, EE.UU. tiene varios “méritos”; no sólo el papel de policía planetario, con toda su especialización en interrogatorios y torturas que no tienen nada que envidiarle a los montados por la España inquisitorial hace siglos o el comunismo soviético hace décadas.

EE.UU. ha emponzoñado el mundo entero, con su agroindustrialización basada en la industria y en una rama particular de sus desarrollos químicos: el uso de venenos para aumentar la producción agropecuaria, eliminando “sabandijas”, insectos, roedores, parásitos, mediante el necio mecanismo de contaminarlo todo.[4]

EE.UU., precisamente en el período exaltado por Shmuley, ha sido un gran envenenador universal (aunque no único). Otro capítulo, decisivo, de ese envenenamiento planetario ha sido la plastificación de la vida cotidiana, asumida con más comodidad que instinto de conservación.

Hasta aquí, unas pinceladas por el papel de EE.UU. en la época ensalzada por Shmuley; policía del mundo y gran laboratorio, de borrachos de optimismo tecnológico.

Sigamos con la segunda parte de la cita del inefable. Shmuley: “[…] estadounidenses que esperan gratitud debieran recordar que no hay buena acción que no reciba su castigo.” No precisa, claro, para quien resulta “buena acción”: si alguien se aprovecha de una acción que considera buena, excelente –despojar a los indios, por ejemplo– no puede pretender ser gratificado por ello, al menos por los indios.

Shmuley ejemplifica: “Los judíos le dieron su Dios al mundo, sólo para ser masacrados en Su nombre.” Humildemente.

No entendemos cómo Shmuley declara que ese dios es del mundo, cuando todo el aparato doctrinario judío insiste en la relación entre ese dios y  “el pueblo elegido” (y que por esa razón, no debe atender a todos por igual). Shmuley tiene que decidirse: o su religión es universal, dios del mundo, o su religión es tribual; dios de la tribu de Israel, de Yahvé.  Las dos cosas a la vez lesionan la lógica más básica.

Algunos judíos han procurado entender esa presunta incomprensión o rechazo a los judíos, no precisamente por “los buenos propósitos” (Abraham Léon, Ber Bojorov, Karl Marx) sino por las funciones cumplidas por muchos judíos en la sociedad (predominantemente cristiana).

Pero a Shmuley lo tiene sin cuidado la búsqueda de razones y verdades. Ya las tiene, claro. Y en lugar de pasar revista a todas las escuelas de tortura que EE.UU. ha desparramado en la posguerra, de observar el desmantelamiento de economías para readaptarlas a sus necesidades  (el Caribe, África, el Sudeste asiático, son buenos ejemplos), Shmuley se dedica a mostrar la hipocresía de otras partes del mundo rico, particularmente Francia, en el descuido de las miserias periféricas. Ignorando que el mundo enriquecido saquea a manos llenas la periferia planetaria, con las minorías poderosas de EE.UU., R.U., Francia, Japón, etcétera, pero siempre EE.UU como el primer succionador…

“A nosotros, los estadounidenses, no nos odian por nuestra fuerza, sino más bien por los buenos propósitos a los que hemos dedicado esa fuerza. Irónico, ¿no es así? Que nos odien porque somos buenos.” La increíble ceguera de los excelentes, de los que son “siempre” los mejores. Tikkanen, un Quino finlandés, tiene el pensamiento que los describe: “Mi moral es tan pero tan buena, que haga yo lo que haga, jamás se daña.”

Y Shmuley prosigue con su proverbial humildad: “Pero, sean bienvenidos al club. Los judíos han sido miembros desde hace tiempo.” Hoy nos enteramos de las bondades de los mejores: “Dios nos salve de los salvadores porque aquí, los salvados son los únicos crucificados y los salvadores, los únicos que se salvan.” [anónimo] Ave Shmuley.

En la misma exhortación, como a lo largo de toda su alocución Shmuley se ubica, se trata a sí mismo como estadounidense; su condición de judío descansa en la tercera persona: “los judíos han sido miembros”, “los judíos le dieron su dios al…”

Expresa de modo prístino su voluntad de identificación con EE.UU.

Su grado de intolerancia a la diferencia es mayúsculo: cuando la miembro del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU. Susan Rice, a la sazón embajadora de EE.UU. ante la ONU, consideró un desacierto, un malpaso, un error, una desconsideración, que el premier Netanyahu hubiese hablado en el Congreso de EE.UU. sin tener siquiera una coordinación con el presidente Barack Obama, Shmuley consideró que Rice “no es capaz de ver un genocidio”.[5]  Estamos hablando de una de las primeras espadas de los Clinton, pero sepamos que, además, Rice es afrodescendiente.

Shmuley es de aquellos a los que hay que comprar por lo que vale y venderlo por lo que cree que vale. Aquí nos brinda humildemente dos perlas de ejemplo: “La causa subyacente de todo el antisemitismo es que los judíos han emergido como la conciencia del mundo.” Para qué esforzarse en buscar raíces griegas o bárbaras, si los judíos ya nos dieron todo. Adiós Homero, Adiós Gilgamesh, adiós Séneca, adiós nubios…

Y en la instauración de lo judío como gobierno mundial, Shmuley nos recuerda que “los judíos se convirtieron automáticamente en árbitros del bien y del mal.” Y continúa, ligando destinos de grandeza: “EE.UU. ha emergido igualmente hoy en día como la conciencia moral de un mundo cada vez más amoral […].”

Ya vimos lo que nos ha “exportado” EE.UU.: el use-y-tire, la comodidad a costa de lo que sea, la rubiez, la contaminación; Hollywood cómo fábrica de realidad y culto a la frivolidad, consumismo y todo ese “paquete cultural” bien adobado en racismo  y confianza ciega en la tecnologización del mundo.

Shmuley critica a la vieja Europa y su aristocracia de sangre. Tiene razón. Pero confunde la lógica elemental creyendo que oponerse a los valores eurocentristas alcanza para hacer algo no ya mejor sino excelente. Cuando algunos consideramos que la enmienda ha resultado todavía peor que el soneto…

Y falsifica. La realidad: “Los líderes judíos y los primeros ministros israelíes han sido continuamente acusados de intentar de apoderarse de M. Oriente y del mundo.” Aquí nos topamos con manifiesta mala fe o supina ignorancia. Existen los documentos que prueban eso que niega: el “Informe Yinon” [6] describe como Israel se irá adueñando del Cercano Oriente y “Rebuilding America’s Defenses. Strategy, Forces and Resources For a New Century”,[7] nos muestra “el camino” de EE.UU. para adueñarse del mundo entero en el siglo XXI.

Llegado a este punto donde queda de manifiesto el analfabetismo o la mala fe, poco más hay que comentar.

Salvo, comentar la estrategia de unificar destinos entre EE.UU. e Israel: “Igual como los judíos fueron difamados como pequeños demonios, a George W. Bush lo odian como el gran demonio […] En lugar de unirse a la visión de Bush de librar al mundo de malvados tiranos y terroristas, el mundo ha preferido el camino mucho más fácil de declarar que el propio Bush es malvado, un charlatán cuyo verdadero propósito es enriquecer a sus amigos en Enron y Halliburton.

Son sorprendentes los paralelos [..]” e insiste.

Y Shmuley se mueve, según él mismo, en el terreno de lo moral: “La moralidad y la decencia determinan que las bendiciones del dinero y del poder obligan al más fuerte a proteger al más débil. El uso de nuestro gran poderío para imponer un orden moral en el mundo es la responsabilidad de una gran sociedad.”

No como los ingleses: “Cuando Gran Bretaña era la gran superpotencia mundial, utilizó su gran poderío para colonizar a otras naciones y saquear sus recursos. Cuando la Unión Soviética era una superpotencia, se tragó a otros países y los escupió en trozos. Nosotros, los estadounidenses, utilizamos nuestro gran poderío para liberar a las naciones oprimidas. Creo que esta demostración de la bondad estadounidense es lo que causa el patriotismo estadounidense sin igual. […]”

En la referencia a la liberación de naciones oprimidas, no capto si se refiere a seminolas, sioux, portorriqueños, mexicas, iraquíes, leoneses, haitianos…

Líbranos, no sé qué dios del destino de grandeza de EE.UU.: “El verdadero destino manifiesto de Estados Unidos es su rol providencial, como primera república democrática del mundo, de dirigir al mundo en libertad.

En la escena política mundial, los estadounidenses son el nuevo pueblo elegido. Dios ha favorecido la causa de EE.UU. hasta el punto en que ahora se ha convertido en la nación más rica y próspera de la historia.” Aquí tenemos la parejita formada para un largo matrimonio…

Y como lo policial es siempre primordial, Shmuley aclara: “Los estadounidenses también sufren ahora, especialmente nuestros valientes soldados en Irak que están en la primera línea en la batalla contra la tiranía.” [8]

El futuro de EE.UU. reside en ser audaz y valeroso, hacer caso omiso de los ignorantes que nos odian y en trazar un futuro estadounidense único que sea leal a nuestra historia […]”. Nos llama la atención que las cualidades que Shmuley ensalza de los norteamericanos no pasan por ningún atributo espiritual o intelectual; audaz y valeroso podrían ser un perro, un caballo, en fin. Pero de cualquier modo, Shmuley se refiere a algo propio  de EE.UU.

EE.UU: ¿criatura judía?

Porque, sobre todo en las últimas décadas (aunque no nos sorprendería que lo que vamos a caracterizar provenga de tiempo atrás) existe otro enfoque de judíos prominentes respecto de EE.UU. Algo que se ilustra por una confesión desfachatada, de Ariel Sharon: “Nosotros, el pueblo judío, controlamos América, y los americanos lo saben.[9]

Es una cita tan grosera y sólo radial, que no podríamos invocarla si no se repitiera el mismo perfil en tantas otras instancias y situaciones.

En su momento secretario del presidente R. Reagan, Paul Craig Roberts ha señalado: “EE.UU. ha caído muy bajo, a nivel moral y económico, a causa de su obediencia y seguimiento respecto al lobby de Israel. Incluso Jimmy Carter, ex presidente de EEUU y gobernador de Georgia, tuvo recientemente que pedir disculpas ante el lobby de Israel por sus honestas críticas al trato inhumano de Israel hacia los ocupados palestinos, para que su nieto pudiera presentarse a un escaño al senado por el estado de Georgia.” [10]

En 2010, Gideon Levy escribió: «[…]el señor Netanyahu es un “estafador… quien piensa que tiene a Washington metido en el bolsillo y que puede engañarlo”.» Basándose en un video que se filtró.

Comentando el mismo video, un documental hogareño donde B. Netanyahu, entonces ministro de Finanzas de Ariel Sharon, se despacha privadamente, Jonathan Cook comenta:: “Sentado en un sofá, dice a la familia que engañó al presidente de EE.UU. de entonces, Bill Clinton, para que creyera que estaba ayudando a implementar los acuerdos de Oslo, el proceso de paz patrocinado por EE.UU. entre Israel y los palestinos, realizando pequeñas retiradas de Cisjordania mientras en realidad estaba fortaleciendo la ocupación. Alardea de que al hacerlo destruyó el proceso de Oslo.

Y Cook remata: “Desdeña a EE.UU. al decir que “se le mueve fácilmente en la dirección correcta […].” (ibíd.) “Correcta”, quiere decir, claramente, en sentido favorable a Israel.

Los testimonios de la atroz dependencia de EE.UU. del control judeo-israelí son múltiples y lapidarios y buena parte de los casos son denunciados por judíos que se desmarcan del sionismo pro-israelí, como Norman Birnbaum: “EE. UU. está totalmente sometido al lobby israelí. Recordemos la absurda escena vivida en el Congreso de Estados Unidos durante la intervención de Netanyahu: cuanto más se alejaban de la verdad sus manifestaciones, más frenéticos eran los aplausos.” [11]

Más cerca nuestro, en el tiempo, leamos las declaraciones de Yonathan Stern, por un tiempo ocupante de territorio palestino (lo que la prensa pro-israelí llama colonos), norteamericano judío, entrevistado, vuelto a “Occidente”: “Estamos ahora a la cabeza de la sociedad. El yerno de Trump es judío, los judíos son los banqueros más grandes, controlamos la Reserva Federal,[12] controlamos Hollywood, todos esos abogados, los mejores contadores y financistas, los doctores de más prestigio, tenemos bienestar, poder, sobre todo teniendo en cuenta que somos apenas el 2% de la población de EE.UU.[13]

Hace mucho debió abandonarse la idea maniquea del tiempo del conflicto EE.UU-URSS que veía a Israel como “el portaaviones” de EE.UU. en el Cercano Oriente. Y darnos cuenta que EE.UU. es una sociedad, enorme, totalmente heterónoma, controlada por una minoría judeoisraelí con enorme poder sobre los resortes principales del país, como el Congreso, la Casa Blanca, Hollywood, el USDA y varias otras reparticiones.

Precisamente, esta neocolonización de EE.UU. desde adentro y desde afuera por el cabildeo señalado, ha ido forjando una sociedad dependiente, de tipo colonial, aunque muy sui generis porque retiene enormes dispositivos de poder propios. Pero cada vez con menos capacidad de decisión.

La sociedad estadounidense es tan compleja que esa relación de sumisión con los dictados judeosionistas ha despertado también en su seno, enormes resistencias. Es lo que se puede ver desde el GOP, el Partido Republicano, con alas totalmente disconformes con la heteronomía imperante. Hay además una prensa insumisa; Counterpunch, Global Research, Democracy Now, UNZ Review, Foreign Policy Journal, The Nation y muchísimos más que enfrentan este copamiento del país desde la Biblia, el AIPAC y la estrategia israelí.

Ésa es la explicación por la cual EE.UU. no ha actuado contra Irán pese a todos los esfuerzos desplegados desde Israel para que EE.UU. “ponga en vereda” a ese enemigo irreductible del hecho israelí. En las fuerzas armadas, en las instancias de seguridad, hay quienes resisten seguir sencillamente las instrucciones israelíes.

Existe en EE.UU. toda una potencia intelectual que no se ha asimilado ni rendido pese a la ofensiva política, cultural y mediática de Netanyahu, Trump, Jared Kushner, Jason Greenblatt, David Friedman, Eliot Cohen, David Epstein, Robert Kagan, Irving Kristol y todos los dispositivos mediáticos, legislativos, securitarios e institucionales a disposición.

Pero el creciente papel dependiente de EE.UU., teledirigido por fuerzas políticoideológicas referenciadas a Israel, está realmente colonizando lo que muchos ven como el Gran Imperio actual, trastornando sus decisiones y autonomía.

Por otra parte, con un racismo que hermana la historia de EE.UU. con la de Israel  –así como los hermana el fondo bíblico común–[14] vemos que ambas formaciones políticas se reconocen como fundadas por inmigrantes, con un odio y/o un desprecio radical hacia los originarios:

Dejen que yo haga el trabajo sucio; dejen que con mi cañón y mi napalm quite a los indios las ganas de arrancar las cabelleras de nuestros hijos”  decía “El Carnicero”, en 1982,[15] cuando decidió invadir la tierra libanesa persiguiendo a los palestinos expulsados de su tierra, que a su vez se habían estado armando para resistir (técnica guerrillera de ese tiempo, que erigió héroes pero que a los palestinos no les sirvió).

Sharon se ve como matador de indios. Con ese plus canalla: no sólo invasores, sino indignados, porque los invadidos resisten… el perfil ético de esta configuración se define solo.

notas:

[1]   somethingjewish.co.uk, 10 octubre 2004.

[2]   Revista satírica, Buenos Aires.

[3]  “El “caso” Shmuley es atingente puesto que su alocución, que espigamos, circuló profusamente en EE.UU., en decenas de grandes periódicos como el NYT, en enormes cadenas televisivas como CBS y un largo etcétera.

[4]  Su nombre de propaganda fue “La Revolución Verde”.

[5]  “Susan Rice has a blind spot: Genocide” (NYT, fte. Wikipedia).

[6] Oded Yinon, “Una estrategia para Israel en la década del 80”, Kivunim, febrero 1982. Traducción de Israel Shahak (edición argentina de Editorial Canaán, Buenos Aires, 2007.

[7] A Report of The Project for the New American Century, Washington, 2000.

[8]  Escrito, como se recordará, durante la segunda invasión de EE.UU. a Irak (2003), con centenares de miles o millones de iraquíes muertos: EE.UU. reportará 4600 bajas; en la “Primera Guerra del Golfo”, 1991, había pasado algo similar; 300 soldados yanquis muertos respecto de unos 30 000 soldados iraquíes (Wikipedia).

[9]   Declaraciones radiofónicas del ex primer ministro de Israel, el 3 de octubre del 2001.

[10]   “Israel es quien gobierna en Estados Unidos”, CounterPunch, Patrolia, Calif., 30 dic. 2009.

[11]   “Estados Unidos, impotente ante Israel”, El País, Madrid, 27 jun 2011.

[12]    La organización, privada, que emite los dólares, públicos, en EE.UU.

[13]    Los últimos censos de EE.UU. dan unos 6 o 7 millones de judíos en el país. Entrevistado por Gilad Atzmon, “Impeachment and Antisemitism”, 14 ene 2020.

[14]  Grosso modo, me permito sostener que el judaísmo se basa en el Antiguo Testamento, como su biblia, particularmente, la Torah y el Tanaj. Y la Iglesia Católica, se apoya fundamentalmente en el Nuevo Testamento, alrededor de Cristo, aunque no desdeña y menos rechaza el Antiguo. Pero los protestantes, si bien cristianos, en al menos algunas de sus sectas, se apoyan mucho más en el Antiguo Testamento que en el Nuevo. Esa coincidencia en “las fuentes ideológicas” de tantos protestantes y judíos se traduce en una mayor cercanía política, y en una mucho mayor “libertad” para el destrato, incluso genocida, de otros pueblos (no fieles).

[15]  Ariel Sharon, cit. p. kaosenlared, 18 mayo 2006.

La impugnación al programa ADN: ¿abolición de la crítica o de la realidad?

por Luis E. Sabini Fernández – 

Se ha suscitado, una vez más, una tormenta por declaraciones consideradas antisemitas.

El periodista Tomás Méndez, habría cometido, o no, una atrocidad, una falsedad, una calumnia [dejemos para más adelante esta precisión] en su programa ADN (C5N, Buenos Aires, 1/4/2020) abordando el origen de lo que se denomina pandemia COVID-19.

Transcribo aquí algunas frases del programa que funcionaban de apoyo a la emisión:

“Fue creado por la elite mundial”

“China y EE.UU. sabían desde 2015 que iba a haber una pandemia”

“Coronavirus, la pandemia fabricada por las potencias”

 “Hace un año, 120 empresarios se preparaban para el coronavirus”

Sostuvo que esta situación que estamos viviendo hoy en prácticamente el mundo entero, proviene de una decisión política. Méndez nos habla que una organización, Evento 201, respaldada por Bill Gates, en 2019 hizo un cónclave, donde un referente, al parecer con pertenencia a la OMS, anunciaba no ya una pandemia sino “una gran pandemia”.

Con toda lógica, a Méndez, a mí, y entiendo que a muchos, no puede dejar de llamarnos la atención semejante anuncio, encarnado en la realidad apenas poco después. Sobre todo, puesto que hay antecedentes con esto de hacer anuncios genéricos que adquieren pronta ratificación en la realidad.[1]

Méndez señala, y acusa, a “familias hipermillonarias” de patrocinar ese encuentro, esa prefiguración de la pandemia que hoy nos está condicionando.

Y refiriéndose a tales multimillonarios, los califica como “los ricos que gobiernan el mundo; unos nacidos en EE.UU., otros en Israel, otros en Europa […]”.

Se armó Troya.

Y se lo acusó de “antisemita”. Modo hecatombe. Los comedidos salieron a ofrecer disculpas a la embajadora de Israel, no así al colega de EE.UU. o a los/las de algunos países de Europa, también aludidos.

El INADI rubricó: “Los dichos de Tomás Méndez en C5N: antisemitismo y judeofobia en tiempos de COVID-19. Descargo del INADI ante los comentarios discriminatorios del periodista.

Se advierte el apuro para que no permanezca la acusación de antisemita o judeófobo sobre una expresión periodística argentina.

El periódico digital Israel noticias rubricó: “el coronavirus fue creado por estadounidenses e israelíes ricos” (7 abr 2020). La cita, violando la convención que existe sobre las comillas, NO es textual. Aparte de la pérdida “geográfica” (de los hipermillonarios europeos), hay una supresión de eslabones que hace indigerible lo transcrito. Méndez no se refirió a los estadounidenses y los israelíes. Habló de “familias hipermillonarias”.

Dejemos un momento los atributos y calificativos y tratemos de ver la realidad: ¿Hay familias hipermillonarias en el Primer Mundo?

Sí, las hay; no sólo familias, también individuos, también empresas. ¿Los hay en la periferia planetaria? También las y los hay pero en mucha menor medida que en EE.UU., Israel o Europa (excepción periférica: ciertos estados árabigopetroleros). Además, rastreando la pertenencia de esas fortunas periféricas, vemos que mayoritariamente les pertenecen a personas, familias y empresas del Primer Mundo (con otra excepción: también a China).

El informe de INADI, a diferencia de Israel noticias, cita correctamente a Méndez. Y completa la cita con otro pasaje de Méndez que ha generado la atención de INADI: que hay “familias [que] son dueñas de una parte del oro de la Reserva Federal de los EE.UU.” El INADI no aclara algo que destaca Méndez en su programa: que la RF no es un ente público del andamiaje estatal de EE.UU., pese a ser la sede de emisión de los dólares oficiales del país, sino una entente privada (de aproximadamente los diez bancos más grandes de EE.UU.). Por eso la relevancia y la necesidad de “hipermillonarios”. Ni INADI ni ADN precisan cómo está compuesto el capital de la RF.

El informe de INADI está firmado por Emmanuel Taub, un  académico judío versado en mesianismo, y otras áreas muy vinculadas a la judeidad. Sería bueno que el INADI, para emitir juicios sobre antisemitismo y judeofobia, se basara en un abordaje hecho también por quienes no pertenecen en este caso a la comunidad judía, para evitar la suspicacia que genera  una defensa que podría malinterpretarse como “defensa propia”, cuando de lo que se trata, o debería tratarse, es de ofrecer aportes objetivos, generales y desinteresados. Pretensión teórica, sin duda, por la peculiar definición de antisemitismo, de INADI.[2]

Una organización titulada “chequeado”, que se presenta como ‘un sitio web que se ocupa de la verificación del discurso público’, hace su aporte para condenar los contenidos del vapuleado programa ADN.

Méndez puso al desnudo una investigación en biología sintética de la que periodistas de la RAI informaron en 2015: que un laboratorio chino en Wuhan, coordinando su investigación con un colega estadounidense, estaba embarcado en un diseño de quimeras.[3]

¿Cuál es el aporte de chequeado al respecto?: “Ese informe de la RAI se emitió el 18 de noviembre de 2015. Días antes, la revista científica Nature había publicado los hallazgos de un grupo de investigación que había sido capaz de «infectar con coronavirus de murciélago directamente a los humanos (en lugar de necesitar evolucionar primero en un huésped animal intermedio)». Pero el virus al que refieren en esa nota no es el que genera la COVID-19.”

Ese grupo, entonces, no infectó murciélagos ni salteó huéspedes. Pero había sí, investigadores chinos y estadounidenses capaces de infectar con coronavirus…

Y bien: ¿por qué no pueden haber continuado tales trabajos otro equipo de investigadores? Los que trajinan con quimeras no tienen porqué ser exclusivos. El desmentido de chequeado no avanza, dio un pasito y se perdió… Chequeado no niega ni desmiente las investigaciones en biología sintética. Que es lo grave. Y su carácter reservado.

Pero chequeado analiza otro pasaje.  Méndez asoció el simulacro de pandemia de 2019 a cargo de una red de personalidades con la pandemia oficialmente declarado que nos ocupa hoy. Chequeado “aclara”: “el «Evento 201» fue un «ejercicio de simulación de pandemia» realizado en Nueva York el 18 de octubre de 2019 junto con el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates en el que no se hizo ninguna predicción sobre la situación actual del coronavirus.[4] [la cita de chequeado contiene las comillas que a vez chequeado emplea].

¡Bueno fuera!

Volvamos a la realidad, que mal que bien subsiste pese a nuestro universalizado encierro: nadie pretende atribuirle poderes anticipatorios a Gates.

¡Pero  qué casualidad anunciar en octubre 2019 una “gran pandemia” y empezar a vivirla en noviembre de 2019. ¡Llamativa cuasisimultaneidad!

Se le pidió a Méndez una rectificación o desmentida, que el periodista ofreció.

Me permito remitir al lector a una nota que tuve que hacer en una situación comparable.[5] Por lo visto, hay que chequear a los chequeadores.

notas:

[1] La implosión del WTC, anunciada, o anhelada, doce meses antes.

[2]  Para el actual INADI, antisionismo es igual a antisemitismo. Y mediante otro salto conceptual mortal, toda crítica a Israel es antisionismo. En resumen: todo lo que tenga origen judío es incriticable. Salvo, imaginamos, lo que consientan o formulen los propios judíos.

[3]  Biología sintética es el proyecto, que entusiasmó a investigadores de Monsanto desde fines del s XX, no ya de cortar y pegar genes de una especie en otra (como es el caso de la famosa soja transgénica) sino de configurar especies nuevas mediante combinaciones transgénicas. Su misma designación revela al lado de la búsqueda de capacidad tecnológica la total ceguera en sabiduría y hasta en mitología.

[4]  https://chequeado.com/el-explicador/es-falso-que-el-nuevo-coronavirus-fue-creado-en-un-laboratorio-chino-y-que-bill-gates-financio-su-origen/

[5]  “Mentiras y medios: auge de la mentira como «verdad objetiva»”, 31 jul 2019.

COVID-19: miedo, calidad de vida, pánico, profilaxis… extraño bamboleo

por Luis E.Sabini Fernández

El COVID-19 está ahora, fin de marzo, comienzo de abril, en casi todos los países del mundo. Aunque con muy diferentes impactos. Su presencia y el tratamiento; el encare de la situación, se ha complejizado. Respecto de su origen, las versiones se han multiplicado y diversificado con la exuberancia de nuestro universo mediático actual.

No es de extrañar, dada la presente globalización de casi todos los acontecimientos humanos que crece únicamente pareja con nuestra creciente heteronomía; cada vez sabemos más de todo; cada vez decidimos menos. Y aun tratando de entender con más recursos que nunca antes, nos cuesta más reconocer las causas de las cosas (pensemos por ejemplo en la contaminación del mar océano que lleva décadas y hace apenas unos meses empezamos a enterarnos, masivamente, de los “microplásticos”).

Nos vamos a permitir entonces apenas apuntar algunos aspectos de esta situación.

UN PRESENTE NUEVO O CÓMO CERRAR UNA ÉPOCA E INICIAR OTRA

Somos cada vez más conscientes que la marca de esto que llamamos pandemia será si no eterna, al menos histórica. Como que todos nos vamos dando cuenta que la sociedad que vivimos hasta comienzos de 2020 “ya fue”, que lo que “viene” será distinto.

En ese sentido, la secuencia de este coronavirus, COVID-19, repite otro momento histórico, cercano: el 11 de setiembre de 2001, con el derribo de las dos torres que resultaron tres, y fuimos conminados a dejar las sociedades existentes y fuimos introducidos en otra, la sobreviniente, con un incremento notorio de la “seguridad”: el orden policial avanzó otro casillero.

Con el COVID-19 alterando ritmos, economías, destinos personales, dañando un poco a los integrados, a los que viven (vivimos) del lado más seguro, y dañando muchísimo a los que ya sufrían estar “afuera”, “por debajo”, en las periferias del planeta. E introduciendo miedos en todos lados, teniendo que abandonar el mundo que habitábamos e ingresar en otro, desconocido. Que nos “suena” mucho más regimentado.

El miedo ha probado una vez más su eficacia y los elencos que deciden buena parte de los aconteceres sociales, tomarán nota de ello.

Como con las torres neoyorquinas, que sirvieran para espectáculo televisivo mundial durante veinte horas, el COVID-19 aumentando casos día a día ha generado a su vez un antes y un después. De la pandemia.

Tanto en un caso como en el otro, aunque de muy distinto carácter, podemos hablar de un pasado y, a partir del acontecimiento, un por venir modificado.

Por las enormes incógnitas que caracterizan a la pandemia que estamos viviendo, nos parece sensato iniciarnos con las preguntas habituales.

LA HISTÓRICA TRAYECTORIA DE LA TEST TUBE WAR[1]

Tiene medio siglo por lo menos, según declaraciones de los mismos militares estadounidenses, ventiladas cuando surgiera el SIDA/AIDS, y se discutía si era una “producción” civil o militar (estadounidense), o la naturaleza  nomás.

Reconocían entonces que desde hacía décadas se dedicaban a la guerra bacteriológica. Pero podríamos hablar de varias décadas más si tenemos en cuenta que desde la IIGM, EE.UU y sus servicios secretos empezaron a usar a científicos japoneses dedicados a investigar los resultados de envenenamientos de ríos y ciudades chinas, y a investigadores alemanes que el nazismo había impulsado para el desarrollo de productos químicos tóxicos con valor militar.

No tener en cuenta la tan programada guerra bacteriológica y considerar la aparición del COVID-19 como natural excede toda naturalidad y bonhomía para caer en penosa credulidad.

Esta politización de la mirada, que  consideramos insoslayable, no nos permite obviar los aspectos sanitarios, ciertamente.

Todavía algún otro aspecto histórico que nos parece pertinente traer a luz, a ver si ilumina tan complejo estado de situación como nuestro presente planetario.

LA RUTA DE LA SEDA O UNA NUEVA GLOBALIZACIÓN

Hace pocos años, China anunció la Ruta de la Seda, considerado por algunos analistas “el proyecto estratégico más importante de la historia”. China anunciaba su proyecto globalizador restaurando las viejas comunicaciones de Europa y el Lejano Oriente, aquella que hiciera famoso a Marco Polo a fines del siglo XIV. Por tierra. Proyecto bizarro, si los hay, en un mundo navegado y sobre todo interconectado por aire (aunque con un tremendo desgaste ecológico).

La Ruta de la Seda está pensada incluyendo a 60 estados y al 70% de la población planetaria y se estima que a más de la mitad de la economía global. Este proyecto fue anunciado públicamente por China en 2013 cuando su presidente Xi Jinping visita Kazajstán e Indonesia.

La Ruta de la Seda tiene dos vías, la terrestre y otra marítima. Llama la atención los principales anclajes terrestres desde China hasta Europa Occidental: Irán, Turquía, Italia.

Es indudable que el proyecto de esta globalización “a la china” no cuenta con la simpatía de los estados que constituyen el eje EE.UU., Reino Unido,  Israel.

No podemos dejar de observar que los países más castigados por el COVID-19 han sido inicialmente China, Irán e Italia.  Puede ser casualidad,  pero sabiendo que la guerra bacteriológica tiene precisión micrométrica, uno no puede dejar de preguntarse por qué en Irán e  Italia el coronavirus ha tenido tanto “éxito”.

Pero el mismo desarrollo de la pandemia problematiza este cuadro, con EE.UU. y particularmente Nueva York en el núcleo de los contagios.

Claro que puede haber otras muchas explicaciones, como el extorsionador bloqueo que EE.UU. por orden de Israel lleva contra Irán, o en otro sentido, diametralmente opuesto, la construcción del tren de alta velocidad que partiendo de China trazará la Ruta de la Seda a través de Teherán: para ese tren, se han instalado recientemente muchos técnicos y estudiantes chinos en la capital iraní.

Por otra parte, el cuadro de situación es muy cambiante. Países que inicialmente resultaron los más castigados han ido cediendo ese poco glorioso lugar a otros países inicialmente algo más ajenos a la pandemia. En esos cambios de posición, pasan a tener relevancia las políticas sanitarias diversas. Por ejemplo, Corea del Sur, con muchos casos iniciales; uno de los 5 o 6 estados más castigados, redujo la epidemia gracias a una masiva inversión en análisis para la detección de contagiados, ellos sí, aislados, pero sin afectar a toda la población y permitiendo que la estructura social no se afectara tanto.[2] Con otros métodos también se han logrado resultados apreciables, como la baja mortalidad en el país de los checos, en donde se implantó férreamente el uso generalizado de tapabocas.

COVID-19: ¿DELIBERACIÒN, AZAR, NEGLIGENCIA, SOBERBIA?

El lector ya se habrá cuenta que dejamos abiertas posibilidades incluso opuestas respecto a la epidemia del COVID-19. Pero tanto la test tube war como la competencia globalizada que sabemos tan encarnizada (en un momento Reino Unido-Alemania; más tarde EE.UU-URSS, ahora EE.UU.-China) no nos permite albergar la hipótesis de una pandemia espontánea.

Se han disparado mil y una hipótesis para explicar lo que está aconteciendo; políticas de control poblacional proclamadas por los Gates; el forcejeo para quedarse con la posición preponderante en el mercado mundial que hemos señalado más arriba; la denuncia de Wuhan como sede principal del 5G, una técnica electrónica en plena instauración; el implante malévolo de virus en determinadas poblaciones (que no hemos podido desechar como hipótesis en el caso de Irán, conociendo el estilo israelí de golpear y esconder la mano); la asbestosis en Lombardía que parece haberse prolongado en el tiempo más que en otras partes y que podría explicar que esa región italiana es la que recoge el mayor empuje del COVID-19 en el mundo entero; las diferentes pirámides etarias, relevantes en este caso por cuanto el COVID-19 aunque ataca a todos los organismos humanos, afecta más a los más envejecidos (o desgastados);[3] los estilos de comportamiento social, donde parece que las sociedades más disciplinadas o disciplinarias (Corea del Sur, China), han logrado conjurar el avance de la enfermedad y aquellas más liberales han sufrido un avance tan arrollador que se han ido plegando a disposiciones cada vez más disciplinarias (como EE.UU. Reino Unido, México).

CONCEPTOS: MORTALIDAD, MORBILIDAD, CONTAGIOSIDAD, DETECCIÓN

Concentrémonos en nuestro coronado presente.

La mortalidad del COVID-19 se presenta como notoriamente más alta que sus equivalentes para la gripe común y las neumonías “comunes”. Sin embargo, como la cantidad de contagiados del COVID-19 abarca a lo sumo, hasta ahora, 4 meses  no cabe la comparación. Porque lo cierto es que las gripes comunes y más aún las pulmonías matan al año mucho más que hasta el momento el COVID-19, aunque con una mortalidad mucho menor (aunque la del COVID-19 tampoco es alta). No es fácil conseguir estas estadísticas para el mundo entero, pero he aquí las correspondientes a EE.UU., un “universo” medianamente interesante puesto que se trata de más de 300 millones de seres humanos.

La contagiosidad de la gripe común es en EE.UU. del 0,05%. La contagiosidad del COVID-19, en cambio, se registra como mucho más alta: promedio mundial, 4%, corriéndose cada vez más al 5%. Dentro de EE.UU., inicialmente 1%, ahora, 2%. En todos los casos, decenas de veces más alta que la de la gripe común.

Pero en EE.UU. mueren al año 14 mil de gripe común (de gripes). Sobre un promedio de 26 millones de enfermados al año. Si el tendal de muertos por COVID-19 en EE.UU. mantiene la tasa actual, en cuatro o cinco meses el COVID-19 habrá matado más población que la gripe habitual. El tiempo dirá, entonces, si su letalidad es mayor o menor a las gripes comunes.

Muchos epidemiólogos sostienen que existe, a grandes rasgos, una proporción inversa entre letalidad y contagiosidad (ejemplo con ébola; mortalidad del 50%, pero alcance reducido).

El COVID-19 ha observado, hasta ahora, una letalidad del 0,2 % en países como Noruega o Alemania, alrededor del 1-2% en países como Corea del Sur o Suiza, del 4% en Francia, Holanda, Reino Unido, Japón, y tasas particularmente más altas; en Irán arriba del 7%. También se registran países donde la letalidad ha aumentado considerablemente: EE.UU. tenía inicialmente poco más del 1% de muertos sobre contagiados, está ahora entre 2% y 3%; Italia, que a mediados de marzo tenía el mayor porcentaje de muertes en el mundo, 7,5%, la ha incrementado todavía más y está hoy con 11,4%; España, que inicialmente rondaba el promedial 4% está hoy con una mortalidad del 8% respecto de los infectados. La República Checa, que estuvo semanas sin registrar muertos, poco a poco ha sufrido algunos, hoy, alrededor del 1%.

Como se ve, hay también un amplio arco de diferencias en intensidad.

POLÍTICAS SANITARIAS

Carecemos de datos sobre el uso del kit de detección, país por país, pero sabemos que Corea del Sur apostó a un uso masivo. Rápidamente ubicó contagiados (que fueron aislados preventivamente) y bajó muchísimo la curva de contagiados y muertos. En EE.UU., observamos que, aunque mantienen en menos del 2% la mortalidad, se ha expandido de manera harto preocupante la cantidad de contagiados, seguramente porque los contagiados no  están detectados  (que es lo que pasa en muchos países, como Argentina o Uruguay).

 

AISLAMIENTO: ¿PROFILAXIS O DISCIPLINAMIENTO?

La policía se acerca a las playas montevideanas y “exhorta” a quienes allí están, echados en grandes superficies de arena, a abandonar la playa, el aire libre, la rambla, e internarse en sus hogares. ¿Por qué? El paseante solitario o en pareja por un parque, una costanera, una montaña, no está en mayor riesgo de contraer el COVID-19 que cualquier habitante en su hogar.

Lo que daña el paseante no es la profilaxis. Daña un presunto orden. Que algunos gobiernos quieren impulsar con mano policial (o militar).

Daña una imagen. No la realidad.

¿SALUD O ECONOMÍA?

Las medidas profilácticas y reguladoras del comportamiento humano, empresarial, incluso afectivo están ocasionando grandes daños a las sociedades. Se hace inevitable comparar –lo hace por ejemplo el gobierno mexicano– el alcance del deterioro sanitario manteniendo todo lo posible la actividad económica, o el deterioro económico sujetándose al aislamiento médico y social dispuesto por gobiernos como el argentino.

Las miradas dependen de si se considera que el empuje virósico está agotándose o al contrario, tomando velocidad.

Las verificaciones a través de las estadísticas nos dice que el cuadro mundial tiene diferencias locales claras. Que en algunos países como Corea del Sur y China la pandemia está menguando acentuadamente, en otros, como Italia o España, y últimamente EE.UU. sigue el empuje en alza.

En todos los casos, baja letalidad. Y con cifras de mortalidad y morbilidad tan bajas como las argentinas o las uruguayas,  entendemos que es mucho más el sacrificio económico, material y psíquico de toda la sociedad, que el desgaste asistencial.

Vamos a “pagar” mucho más con la pérdida de libertad ambulatoria, de trabajos por cuenta propia, de salud psíquica por falta de libertad de movimientos, que lo que vamos a ganar impidiendo todo contagio (siempre hablando de esta enfermedad con baja letalidad). Otra sería la situación viviendo los índices de enfermedad y muerte de Irán o Italia, que no asoman en nuestra región.

BIOLOGÍA SINTÉTICA O EL JUEGO DEL APRENDIZ DE BRUJO

Hay una información que nos parece decisiva para rastrear. En 2015, un equipo periodístico de la RAI, italiano precisamente, informó de investigaciones que se llevaban adelante en China con quimeras; la designación utilizada para mencionar seres vivos de laboratorio; generados por ingeniería genética.

Con más precisión tecnológica que conocimientos mitológicos, los aprendices de brujo de Monsanto empezaron la búsqueda de tales seres, transgénicos ya en el siglo pasado, explicando con orgullo corporativo que no se iban a quedar apenas con “cortar y pegar” algún gen en una planta, por ejemplo, para facilitar su uso agroindustrial, como el caso proverbial de la soja transgénica. Que el objetivo de fondo era una biología sintética, generadora de quimeras.

Con ese “espíritu” entonces tenemos en 2015 a un laboratorio chino re-creando un coronavirus para hacerlo más agresivo. La investigación era conjunta con un laboratorio estadounidense que habría frenado su coparticipación considerando que dicha investigación había ido demasiado lejos, que se estaba arriesgando demasiado…

Los expertos chinos, en cambio, consideraron importante avanzar en la gestación de los engendros biológicos sintéticos; ese rasgo tan humano del saber más, conocer más, aumentar el control sobre la materia. Todo el tiempo estaba presente el riesgo de un error “humano” que dispare algo indeseado; un escape. Ya se discutió eso mismo, y mucho, con el AIDS/SIDA.

Y sobrevino en 2019 la pandemia. Habría un dato que podría funcionar como “prueba del nueve” de la hybris experimental china: que a mediados de marzo, con la pandemia ya totalmente desatada, el gobierno chino acusó a EE.UU. del origen del virus: “China acusa al ejército de EE.UU. de instalar el COVID-19”.[4] Y todavía un segundo indicio, más problemático; falta verificar que la médica china Ai Fen, que denunció públicamente la falta de manejo adecuado ante el brote de COVID-19, esté, como se denuncia, virtualmente desaparecida, en China.

Lo que vemos en nuestra región es el miedo que nos insuflan los medios de incomunicación desde todos lados. El miedo en la población, que recurre al alcohol en gel como maná salvador y se indigna si falta, como si con esa frotación  –lámpara de Aladino– pudiéramos conjurar todo peligro. Un miedo absurdo cuando todavía no sabemos si esta infección respiratoria mata más que la gripe común. Ésa que mata lo que mata y a pocos preocupa.

notas:

[1]  Guerra de los tubos de ensayo.

[2]   Una foto: el 9 de marzo, cuando ya la pandemia había tomado mucho vuelo y el tendal de muertos crecía día a día, EE.UU. emplea el kit en 4300 casos; ese mismo día, Corea del Sur emplea 196 000 kit. Repare el lector que la población de EE.UU. es 6 veces mayor que la de Corea del Sur, lo cual agiganta la diferencia de tratamiento. Y la consiguiente política de diagnóstico.

[3]  El promedio de edad en Italia anda por los 45, a diferencia, por ejemplo, del de EE.UU., 38; 31 en Brasil y 16 en Níger, probablemente el país más empobrecido del planeta.

[4]  Por ejemplo: El País, Montevideo, 14/3; CNN, 13/3; La Vanguardia, Barcelona, 19/3.