Acercamiento político-ideológico entre EE.UU. e Israel

por Luis E. Sabini Fernández

A LEONARD PELTIER, SIUX-CHIPPEWA, PRESO POLÍTICO EN EE.UU. DESDE HACE 40 AÑOS

El autoasumido quincuagésimoprimer estado de la Union (lo que llamamos en castellano EE.UU.) está de parabienes.

Mediante la penetración ideológica y el éxito práctico de su actividad psicópata, Israel encuentra ahora en EE.UU. una resonancia como nunca antes.

Con los efluvios democráticos; igualdad de los seres humanos, lucha contra el racismo y otras banderas que los Obama y los Clinton han  enarbolado, bien que mesuradamente (siempre dejando “libre” el bracito que tiende a moverse hacia la derecha y hacia arriba, como es proverbial con los policías blancos en procedimientos contra población negra), la política práctica estadounidense engañaba y se autoengañaba. Por eso surgieron tiranteces entre, por ejemplo, John Kerry y los dirigentes sionistas cuando el honesto norteamericano verificaba una vez más la política de los hechos consumados borrando los penosos esfuerzos para alguna tratativa que concediera siquiera una migaja a los palestinos (que era todo lo que Kerry estaba dispuesto a otorgar a un pueblo no-blanco o periférico).

EE.UU. procuraba figurar como mediador, cuando era evidente su parcialidad en favor de Israel,[1] pero las reglas universalistas proclamadas y prácticamente jamás ejercidas por la dirección política de EE.UU. inhabilitaban a sus representantes para una franca coincidencia con la política rapaz, neocolonial, racista, violenta, asfixiante del Estado de Israel sobre sus despojados, la población oriunda palestina.

Es que los fundamentos filosóficos de la “democracia” estadounidense y el estado tribual israelí chocaban entre sí.

No había cómo ligarlos, sin conflicto lógico y ético.

Por cierto la AIPAC y la geopolítica imperial, las coartadas ideológicas made in Huntington, etcétera, facilitaban el trabajo conjunto. Pero siempre con el hiato que marcamos; lógico, ético…

 

Trumpazo mediante, la ambivalencia de entonces parece totalmente superada. El afianzamiento de la “derecha alternativa”, alt-right, crea la comunidad ideológica faltante. Se venía gestando al menos desde 2007, pero hasta ahora no había tomado tanto estado público y, sobre todo, no había sido tan puesta a la luz, como “orden del día”. Asimismo, no estaba todavía, tan desarrollada.

En habla inglesa un modismo entiende que el perro mueve la cola porque es más inteligente que ella, pero que si la cola fuera más inteligente, entonces movería al perro. Tenemos entonces que el perro yanqui ha logrado la “proeza” de ser movido por su cola israelí.

Lo cual nos llevaría a investigar qué órgano tiene la cola para lograr semejante control corporal del inmenso mastín planetario.

 

El actual gabinete israelí (constituido hace un par de años) mostró unos acentos ideológicos de extrema derecha, de racismo, racialismo o etnicismo (elija el lector lo que corresponda) manifiesto. Remito a la rápida recorrida que hiciéramos de tales políticos-funcionarios y sus ideas-fuerza.[2] La realidad del etnicismo sionista siempre estuvo presente y configuró toda su actividad política desde su mismo comienzo, pero algún bando de palomas de los comienzos del Estado de Israel o la alusión a lo socialdemócrata, tan en boga durante la segunda posguerra, llevaba a menudo a pensar que había profundizaciones y debilitamientos en el hecho colonial,[3] que ha sido, empero, la impronta principal del asentamiento judeosionista en Palestina.

Con el último gabinete de Beniamin Netanyahu se cortó esa duplicidad, que era más táctica que real, y entramos en una era de sinceramientos (que quien escribe preferiría fueran sincericidios): la ministra de Justicia (repare el lector el área ministerial) Ayelet Shaked, aboga por el asesinato de las madres palestinas [sic] porque “paren ofidios que atacan su patria”; Naftali Bennet, ministro de Deportes, ha declarado, deportivamente: “He matado a muchos palestinos en mi vida. No hay problema con eso.” Y así por el estilo son las declaraciones de miembros de este flamante gabinete o cofradía de juramentados…

Es que el etnicismo del estado sionista no solo es innegable y patente en los hechos; no sólo matrizò el proyecto sionista desde su origen; empieza a haber quienes lo formulan y reconocen como “lo normal”. Ya no es lo militante; es “lo normal”. Por eso hablan así, “naturalmente”, Shaked, Lieberman, Netanyahu…

 

Y bien, veamos que empieza a pasar en EE.UU. tras el trumpazo.

Que sostiene, por ejemplo, Richard Spencer, CEO del NATIONAL POLICY INSTITUTE, un think tank de la derecha-derecha, la que ahora se está aglutinando en la alt right. Quiere crear un etno-estado que aparte a las minorías…[4] Lissardy le pregunta si piensa plasmar ese etno-estado ahora, en “el crisol de razas” [una de las tantas mentiras, mejor dicho semiverdades y por lo mismo semimentiras, acerca de EE.UU.].

Spencer contesta con cierto realismo:

Lo que espero para el futuro sería la creación de un etno-estado que sirva para toda la gente europea que protegería a su civilización, sí.

¿Y cómo haría eso?

No lo sé, no sé cómo va a desplegarse la historia. Es un ideal que espero que tengamos, que nos motive.”

El CEO del Instituto de Política Nacional distingue el movimiento del que se conside-ra expresión o vehículo (el de la recuperación del poder perdido de la raza blanca) de Trump y su triunfo.

Cuando Lissardy le pone varios ejemplos de coincidencia de la política del NPI con el nazismo, no exento de lógica aclara que las ideas de reafirmación de la raza blanca no son exclusivas del nazismo.[5]

Spencer aclara a lo largo de la entrevista: “La victoria de Trump no era el objetivo final del alt-right”.

Spencer abunda en su racialismo, etnicismo o racismo… “La raza es un concepto coherente. No es un problema determinar la realidad biológica de la raza.

Lissardy tercia: ¿Y si un hispano o afroestadounidense quisiera ser parte de ese estado, lo aceptaría?

Simplemente no puede.”

Sin aventurarnos, por ahora, en incursiones orgánicas o anatómicas, empieza a ser referencial conocer el ímpetu de la alt-right estadounidense, y su matriz.

Procuremos enhebrar la ideología hoy triunfante en EE.UU. con la vigente desde hace tiempo pero hoy más que nunca a la ofensiva en Israel, y que se expresa en el gabinete actual que glosáramos al principio de esta nota.

El concepto de etno-sociedad es lo principal. Fundante y común.

Tiene, empero, algunas dificultades, que a mi modo de ver son menores: 1) la pretensión no-satelitaria de Spencer y su alt right respecto del nuevo presidente; 2) el dérive nazi que es precisamente el origen del largo reportaje de la BBC a Richard Spencer, por su estentóreo grito de “Heil Trump!” [6]

Pero veamos un poco más el origen de la Alt Right. Este movimiento de reciente y creciente protagonismo  se inicia a mediados de 2007, en el verano israelí cuando Andrew Breitbart y Larry Solov, dos judíos estadounidenses (¿o tal vez estadounidenses judíos?) fundan un sitio-e “a favor de la libertad y pro-israelí sin tener que andar pidiendo disculpas (por ello).” [7] Estamos hablando de Breitbart News, el sitio-e a cargo de Stephen Bannon, el brazo derecho del presidente Trump.

Que el invento comunicacional de Solov y Breitbart no sea una cadena de transmisión de la campaña presidencial de Trump habla en favor de un interés propio. Que no nació como una máquina electoral; viene a reforzarla.

El inconveniente de la confusión con lo nazi es sorteable; en pura lógica, la derecha, la derecha más radical no tiene por qué ser nazi… por la sencilla razón que lo antecedió… y lo sobrevivió.  Es el nazismo lo accidental. Esta precisión, rigurosamente histórica, choca con la versión judeosionista que entiende que el nazismo es el non plus ultra del mal en la Tierra; el Mal absoluto, incomparable.[8] Como podría haber sido en su momento, el Ku-Klux-Klan (desde donde Trump tiene también algunos apoyos). Para desfacer este entuerto, consideramos que la alianza EE.UU.-Israel puede operar milagros…

La forma en que Breitbart dice desmarcarse del racismo es peculiar: “Facts aren’t racist. Censorship is oppression.” Los hechos no son racistas. La censura [sí] es opresión. Una falsa oposición en donde el primer término no expresa nada. Porque los hechos pueden expresar actos racistas (o no). Pero la formulación deja ver la incomodidad que sienten los racistas ante el reconocimiento de serlo. El racismo tiene, como verticalismo, autoritario, burocracia, burócrata, mala prensa. Aunque esos rasgos estén presentes en enorme cantidad de individuos, sobre todo con poder.

De este análisis comparativo, lo que me parece medular es el abordaje o la llegada, ahora explícita, gozosa, a la noción de etnoestado por parte de la creaneoteca yanqui (no todos, claro y afortunadamente, pero parece que sí un sector significativo), concepto liminar del sionismo con el cual ha procurado presentarse este movimiento político-ideológico que instrumenta su nosística como si fuera religioso y que, ha formado, históricamente el grueso, amplio grosor, de la población judía en Israel.

El mismo Ariel Sharon decía décadas atrás: “Dejen que yo haga el trabajo sucio; dejen que con mi cañón y mi napalm quite a los indios las ganas de arrancar las cabelleras de nuestros hijos” (Ariel, 1982). Repare el lector que esos “pensamientos” son del mismo año en que Israel dispone el asesinato masivo, el genocidio en suma, de palestinos (miles de asesinados) en los campamentos de Sabra y Shatila, en El Líbano.[9]

Es patente la identificación de Israel con EE.UU. que campea en la odiosa imagen.[10] Sharon, además, siempre insistía en el papel decisivo de Israel y su dirección en el gobierno efectivo de EE.UU. Solía decir: –‘hacen lo que nosotros queremos.’ Y mirado históricamente, no se puede negar su verismo.

Estos dos elementos, la identificación con EE.UU. y la relación de dependencia de los dirigentes (mayoritarios) de EE.UU. para con Israel son el humus sobre el cual se ha forjado ahora la alt-right en Israel para actuar en EE.UU.

¿Seguirá tolerando la ONU la excepcionalidad israelí (que no hace sino confirmar la excepcionalidad bíblica, basada en la confusión entre relatos míticos e históricos)?; ¿podrá sobrevenir un rechazo de la poblac¡ón estadounidense laica y racional que haga saltar el tablero vigente con el libreto en manos de sionistas (ya sea judíos o cristianos)?, ¿asumirá el Reino Unido su responsabilidad histórica por la dosis de maltrato, represión y muerte que ha arrojado sobre la población palestina desde hace prácticamente un siglo? (Corbyn y un ala laborista parecen haber entendido este horror histórico, pero no se ve cercano el momento de una revisión más nacional); o por el contrario ¿la ofensiva racista (pero bienpensante) seguirá acumulando poder luego del colapso soviético, la crisis de los “estados de bienestar” y la profundización de las dificultades ecológicas planetarias?

Difícil pronosticar, por no decir absurdo, cuando nos consta que lo futuro es incognoscible.

Pero registramos la tensión. Porque al mismo tiempo que la globocleptocolonización avanza rauda y financierizadamente destruyendo conocimientos ancestrales de la humanidad, también es cierto que nosotros los humanos no paramos de pensar y de conocer.

Y que, por ejemplo, el genocidio de las naciones de Abya Yala es cada vez más inocultable y difícil de llevar adelante (aunque se sigue haciendo, amparado en odiosas inercias). Y el despojo de la población palestina, que sigue a pasos agigantados, resulta por su parte, cada vez más inocultable.

Cada vez hay más estudiosos, aquí y allá, que están develando estos procesos.

Así que la derecha estará de parabienes. Pero las verdades son tercas.

[1]  Nasser Aruri, palestino y docente de Ciencias Políticas en la Universidad  de Massachusetts, EE.UU., califica a la mediación norteamericana en las “mesas de negociación” palestino-israelíes con el título de un libro suyo, “El mediador deshonesto” (editado en castellano, Editorial Canaán, Buenos Aires).

[2]  “¿Sensibilidad repentina o cómo esquivar responsabilidad ante lo indefendible?”, difundido en wordpress.revistafuturos.noblogs, rebelión.org, kaosenlared, entre otros.

[3]  Los esquematismos periodísticos nos “enseñaron” que David Ben Gurion era socialdemócrata y que Shimon Peres era “paloma”. Léase sobre  sus verdaderas actuaciones con historiadores veraces, como I. Pappe…

[4] Entrevista de Gerardo Lissardy, “Un momento de exuberancia, BBC Mundo, NY, 24/11/2016.

[5]  Más bien al contrario: en los comienzos del  nazismo, Hitler se consideró alumno, seguidor, admirador de los racistas anglonorteamericanos. Habría que investigar si el intento de coincidir con el Reino Unido, todavía en pie con el frustrado desembarco de Rudolf Hess en Inglaterra, en 1940, no expresaba todavía esa sed de alianza con “los otros amos” del mundo…

[6]  Trump salió de inmediato a desmarcarse de semejante socio.

[7]   https://en.wikipedia.org/wiki/Breitbart_News.

[8]  Al respecto Zygmunt Bauman, judío, ha escrito: “El Holocausto no fue la antítesis de la civilización moderna y de todo lo que ésta representa […] el Holocausto podría haber descubierto un rostro oculto de la sociedad moderna, un rostro distinto del que ya conocemos y admiramos […]”, Modernidad y holocausto, 2006.

[9]  Que la mano de obra haya sido “cristiana” no le quita responsabilidad al Estado de Israel.

[10] Con un remate falso, además, como era previsible dados los clisés usados. Porque los principales “coleccionistas” de cabelleras no eran “los indios”, como se suele presentar en la literatura del Far West, sino los blancos que cobraban recompensas por la cantidad de cabelleras indias presentadas. En una sociedad de largas distancias y medios precarios, la cabellera arrancada era garantía de nativo asesinado.

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Usurpación, pero sagrada

por Luis E. Sabini Fernández

LA ATROZ PRETENSIÓN MORAL DEL SIONISMO

Distinguimos la sociedad  humana respecto de la naturaleza por una serie de rasgos que nos hace únicos respecto del resto de las especies vegetales y animales. Por cierto que eso no niega nuestra raíz biológica común que nos emparenta tan entrañablemente con todos los seres vivos.

Así, la naturaleza nos otorga ejemplos y referencias mucho más materiales, y nos corresponde a nosotros reconocerlos y evaluarlos desde nuestra propia condición, humana. Como la forma de reproducirse de los cucos (también llamados cuclillos, aunque en el ejemplo que queremos abordar, esta última resulta una denominación totalmente inapropiada).

La hembra del cuco deposita un solo huevo en el nido de otras aves, normalmente de pequeñas aves insectívoras […]. La hembra del cuco se lleva un huevo de la otra especie de ave y lo sustituye con uno de los suyos. […] los huevos cercanos a los posaderos de los cucos [sitios de descanso y de reconocimiento del paraje] son más vulnerables. Los nidos parasitados múltiples veces eran los que están más cerca de los puntos de observación, y que los no parasitados eran los que estaban más lejos […]. El cuco adulto se parece a un gavilán, lo que da más tiempo a las hembras para parasitar nidos  [porque su población originaria teme retornar al visualizar gavilanes, un predador natural de tantos pájaros].[1]

“Cuando los futuros huéspedes [anfitriones, aunque involuntarios] ponen sus hue-vos, ella espera a que el adulto que los está incubando se ausente. Entonces, asalta el nido ajeno, se come o tira fuera algunos huevos y pone uno suyo. Cuando el adulto de la otra especie regresa, no nota nada y sigue empollando esperando que nazcan sus polluelos.”

”El polluelo de cuco nace un par de días antes que los demás porque su tiempo de incubación es menor que el de las especies que parasita. Unas horas después de salir del cascarón, el polluelo, con sus escasos 3 gramos de peso y sin plumón, empuja fuera del nido a los otros huevos con su espalda de hombros anchos y fuertes […]. Así, se convierte en el rey y señor del nido, y la madre adoptiva se afana en cebar a ese pollo que en pocos días le dobla el tamaño.[2]

A fines de siglo XIX, en pleno colonialismo mundializado −recordemos que el reparto europeo de carnicería de África es de 1885− judíos askenazíes, étnicamente mucho más caucásicos que sirio-cananeos, deciden, apoyándose en mandatos sagrados (de la Torah) afincarse en Palestina, identificada como la tierra donde vivieran los judíos hace miles de años y donde permaneciera una muy limitada población judía, sin conflicto con las mayorías que a partir del s. VII se hicieron musulmanas.

Las primeras aliah llegaban a “La Tierra prometida” y compraban tierras a efendi ausentistas que vivían de las rentas que les daba la propiedad y el trabajo campesino de la población local. Cada compraventa realizada con el apoyo de la policía entonces turca traía consigo el desalojo a veces violento, y con el tiempo cada vez más, de los campesinos así despojados de su fuente laboral… y alimentaria. En esas tierras vaciadas de palestinos, los sionistas fueron erigiendo establecimientos colectivistas, los renombrados kibutzim.

Estaban sacando pichones del nido para aposentarse jóvenes judíos, bien nutridos y mejor provistos.

Palestina estaba poblada desde tiempo inmemorial. Con superpuestas migraciones, como es la historia en general de la humanidad. El mismo David Ben Gurion, el que motorizó la expulsión violenta y mediante métodos terroristas de población árabe de Palestina, reconocía −al menos hasta fines de la década del ‘20− que los “palestinos” eran los más seguros, étnicamente hablando, descendientes del pueblo judío. Pero que desde el s.VI habían sido indudablemente musulmanizados y tal vez antes aún, cristianizados.

La pretensión de “redimir la tierra”, la consigna mediante la cual los judíos sionistas se hacen de la tierra palestina mediante compra (inicialmente), conquista, ocupación o expulsión violenta de otros titulares de esa tierra, procura así cumplir mandatos religiosos de la ortodoxia judía. Pero tal mandato, precisamente por provenir de una religión monolátrica[3] establece un absolutismo mental y un ombliguismo psíquico que ciega a sus portadores y es lo que explica (ya que de ningún modo justifica) la serie impresionante de acciones crueles, abusivas, que los sionistas han ido perpetrando a lo largo de las décadas contra los moradores de esa tierra que consideran suya por una cesión que les habría otorgado su dios en exclusividad y en permanencia. Que semejante abuso haya sido y sea tolerado e incluso apoyado por grandes potencias no legitima en absoluto tales procederes.

La ignorancia, el (falso) pensamiento basado en clisés, los medios de incomunicación de masas, nos han inducido a pensar en el sionismo y sus excesos como respuesta a la peripecia vivida por los judíos bajo el nazismo. Pero en esas sendas de pensamiento que con inocencia e ignorancia reconoce Mazin Qumsiyeh  haber compartido “se escapa por completo que los sionistas han ejercido atrocidades sobre los palestinos antes de que, no ya el nazismo victimara a tantos judíos, sino antes que ni siquiera hubiera surgido el nazismo.”

Las acciones sionistas ejercieron su dominio con mano de hierro. A diferencia de los judíos que habían vivido desde tiempo inmemorial en Palestina (o que tal vez nunca habían emigrado) los sionistas encararon la ocupación de la tierra palestina como empresa absoluta y exclusiva, no admitiendo trato alguno con la población musulmana o cristiana allí establecida. Esa diferencia, radical, entre los judíos del antiguo yishuv y los del nuevo o moderno yishuv dio lugar al primer asesinato político del s XX en Palestina. Del cual fue víctima no un árabe sino un judío, dialoguista. Que se negaba a la política de apartheid de los sionistas; Jakob de Haan, poeta y referente de la comunidad judía “antigua” se preguntaba por qué tenía que romper vínculos sociales que había tenido siempre, él y los suyos, con quienes no eran judíos, como él. La organización sionista que era el embrión de la Haganá, que devino en 1948, el Ejército de Defensa [sic] de Israel, lo asesinó a sangre fría en 1924.[4]

Es que de Haan no era un cuco. Aunque pequeño, no era un cuclillo.

En 1920 el sionismo funda la Histadrut, una suerte de central sindical exclusivamente para judíos. Como los patrones, generalmente judíos, optaban por los asalariados palestinos a los que se les podía y solía pagar un tercio de los sueldos que se les pagaba a obreros judíos, la tendencia “espontánea” de los patrones era a contratar obreros palestinos. La Histadrut obligó como política de estado a pagar el mismo sueldo a palestinos y judíos. Pero nadie sueñe igualdades. Lo que hizo la Histadrut fue obligar a desembolsar el mismo sueldo para todos, pero mientras los obreros judíos recibían dicho salario, los palestinos siguieron recibiendo el sueldo miserable de siempre y los dos tercios diferenciales se lo embolsaba la central sindical para así mejorar los servicios (de todo tipo, sanitario, educacional, recreativo) de los obreros judíos… “Infamia sacralizada por lo excelso del fin propuesto” califica Mazin Qumsiyeh esta política.

Porque la política fue siempre, desde 1897 en adelante y acentuada desde 1948, no ceder nada a la población palestina. Por eso los palestinos no pueden edificar ni una pieza, no pueden construir ni una alberca. Todo eso pertenece “por derecho divino” a los judíos.

Para acentuar la discriminación, cuando palestinos desesperados por la falta de agua, han intentado proveerse de tanques, suelen pasar “espontáneos” que se los perforan a balazos…

Este es el cuco –sindical en este caso− en acción, como cuando tira del nido a los habitantes originarios…

Las acciones de los mistarvim que analizara (y denunciara) Ilan Pappe[5] que diezmaban a la población palestina penetrada con agentes camuflados que se hacían pasar por ejemplo, por un paisano mudancero que dejaban a un mecánico palestino una camioneta para reparar. Al rato explotaba matando a todos los presentes, dejando en ruinas el taller y viviendas vecinas y, sobre todo desquiciando los lazos sociales.

Qumsiyeh da una serie de ejemplos, históricos, concretos,[6] que no son discutibles acerca de si “es ultrajante” invocarlos o si resultan “viciosos” los términos que usa,[7] donde la violencia fue desencadenada inicialmente por los sionistas, además de los ya señalados:

– Primer atentado a barcos (1940): en el conflicto entre tendencias sionistas, el atentado al vapor Patria significó la muerte de 268 humanos a bordo del barco, judíos, y el hundimiento de un enorme cargamento de armas que Ben Gurión no quería que fortaleciera a sus adversarios en la puja por el establecimiento del Estado de Israel;

– Primer auto-bomba, contra el Hotel King David, con decenas de asesinados   británicos, árabes palestinos, judíos y extranjeros (1946);

– Primera carta-bomba (1947); contra políticos británicos;

– Primer ataque a buses (con civiles cualesquiera)(1947);

– Primer ataque a cafés (con civiles cualesquiera) (1947);

– Primer atentado a trenes (de pasajeros, casi cien víctimas mortales) (1947);

– Primer secuestro de aviones (1954).

El cuco en acción. Desalojo y/o manducación del habitante originario del nido.

Moshe Sharett, primer ministro en los primeros o casi primeros tiempos del Estado de Israel (1954-1956) y antes figura de primer nivel en la dirección sionista desde 1933, en su diario −que se mantuvo secreto por más de 30 años− revela la verdadera política israelí, no la oficial, y va mostrando cómo fue un montaje lo de la agresividad árabe y el defensismo israelí y cómo en los hechos la violencia partió prácticamente siempre o casi siempre del lado sionista, provocando, arteramente, a las empobrecidas naciones recientemente pasadas al nivel de independientes, sujetas por múltiples lazos a los centros mundiales de poder. Sharett escribió un diario luego de su paso por el gobierno israelí en el que desnuda lo que acabamos de citar. Ese diario demoró unos 30 años en ver la luz pública tras la decisión de su hijo. Y hubo una periodista, hija de un funcionario de los más cercanos a Sharett, que abordó el diario e hizo una lectura crítica que publicó en inglés.[8]

Sharett sostiene que la dirección sionista creó “un estado de sitio mental en la sociedad israelí [para] complementar el mito prefabricado de la amenaza árabe […y] lograr una cohesión defensiva de la sociedad israelí judía. Estaba calculado principalmente para la ‘eliminación de los frenos morales’.”

Esto es lo que vemos con transeúntes que escupen un palestino herido yacente, soldados conscriptos que rompen con cascotes los bracitos de niños que les arrojan piedras, “vecinos” que dirigen las aguas servidas hacia la Franja de Gaza para emponzoñar un poco más ese territorio; detenciones/secuestros arbitrarios, niños palestinos presos en jaulas al aire libre en pleno invierno…[9]

Apenas un par de ejemplos de las múltiples atrocidades reconocidas por Sharett: a principios de la década de los ’50 se producen violentísimos atentados sobre buses israelíes en el norte del recién adquirido país. Con muertos en cada abordaje. Los atacantes visten ropas talares, de estilo árabe… y se retiran prestamente hacia la frontera… todo lleva a pensar en árabes armados. Pero en el sitio estaba el coronel estadounidense Hutchenson, miembro de la Comisión Mixta del Armisticio jordano-israelí que no se tragó las apariencias y que anunció oficialmente: “de los testimonios de los sobrevivientes no existían pruebas suficientes de que los asesinos fueran realmente árabes.” ¡Caramba!, ¿qué podrían ser, indios sioux, coreanos, vascos? En un informe confidencial dejó a un lado la diplomacia y refiriéndose a uno de dichos atentados atribuyó explícitamente el ataque al ómnibus a “terroristas que intentaban agudizar las tensiones en el área así como crear problemas para el actual gobierno.” Los “halcones” estaban furiosos con “los palomas” como Sharett… se trataba, entonces, de terroristas judíos que atentaban hasta contra buses que llevaban judíos… leyó bien: judíos matando judíos.

De más está decir que la superioridad israelí logró remover al enviado norteamericano casi de inmediato.

Otra de las tantas atrocidades que menciona Sharett: los “halcones” arrasan una aldea palestina, Lydda [10] (en 1947/1948 los sionistas arrasaron entre 400 y 500 aldeas palestinas matando innumerables pobladores). Luego de la operación de arrasamiento que arroja 69 cadáveres, hombres, mujeres, niños, se le pregunta a Sharon, el comandante del operativo por la mortandad,  que contesta: ‘el número de víctimas había sido 10 o 12.’ “Sólo contamos  las muertes militares, los soldados de la guarnición de la Legión Jordana.” (ibíd.). Expresión de desprecio a humanos (civiles) muy significativa. Voz de amos. Los niños, los ancianos, las mujeres no cuentan; son como “los daños colaterales” madeinUSA.

Volviendo a la tipificación del carácter infame de las políticas discriminatorias y sobre todo a la sagaz observación de Sharett de que la sacralización se basa en “lo excelso del fin propuesto”, no podemos dejar de recordar uno de los Pensamientos de Blaise Pascal: “El hombre no es ni ángel ni bestia, y la desgracia quiere que quien haga el ángel haga la bestia“.[11]

Y amarga frutilla de este malhadado postre: la autora del “limpio trabajo de Rokach” al decir de Uri Avneri[12] que estudia el Diario de Sharett, de donde extrajimos los últimos ejemplos; un palestina judía perteneciente al Antiguo Yishuv que se hizo periodista en Italia, de Israel Radio, de Roma y del periódico palestino Al Fajr, en 1984 la encontraron muerta. Antes había sido muy presionada desde la cancillería israelí para que no publicara su trabajo. Apareció muerta a la edad −50 años− en que los pueblos nórdicos, por ejemplo, consideran el momento cumbre de la vida humana, la óptima relación de pujanza y veteranía, de vigor intelectual. Sabiendo del disgusto de la dirección sionista y de sus redes “de seguridad” por el “destape” de sus atrocidades, que han alcanzado tan a menudo a ser asesinatos y “confección de pruebas” para desviar el conoci-miento de las verdaderas causas de muerte, conociendo la impunidad con que operan, uno no puede menos que asociar esa “mano” con la aparición de Livia Rokach sin vida.

notas:

[1]  https://es.wikipedia.org/wiki/Cuculus_canorus.

[2]  coctel-de-ciencias.blogs.quo.es/2011/05/15/el-engano-de-los-cucos/.

[3]  Religión basada en la idolatría a un único dios (Jean Soler).

[4]  Noam Chomsky, entre otros, sin velos ideológicos o religiosos, rememora esa atrocidad.

[5]  La limpieza étnica de Palestina de 1948, Editorial Crítica, Barcelona, 2008.

[6] Compartir la tierra de Çanaán, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2007.

[7] Aspectos que invoca, por ejemplo, Steven Stotsky para recusar a Qumsiyeh (“Exposing Mazin Qumsiyeh’s Falsehoods”, http://www.camera.org/index.asp?x_context=6&x_article=1383.

[8]    Livia Rokach, Israel’s Sacred Terrorism. A Study based on Moshe Sharett’s Personal Diary and other Documents, AAAUG, Inc. Graduates, Mass., 1980.

[9]   Los primeros ejemplos son de público conocimiento; el último: file:///E:/palestino-israeli/brutalizacion%20y%20constricc.%20progr/I.%20tiene%20ni%C3%B1os%20pal.%20en%20jaulas%20en%20invierno%20%E2%80%93%2016%2001%2016.htm.

[10]  Se trataba, según estimaciones arqueológicas, de una aldea de unos cinco milenios de existencia…

[11] Pensamientos, 678.

[12] en Hoalam Hazeh, 23/9/1980.

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