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Categoría: Palestinos / israelíes

Un testigo pasa revista al temible y atroz asalto de Israel a la Franja de Gaza

Publicada el 03/08/2015 - 16/10/2015 por ulises

Por Luis E. Sabini Fernández /

Introducción a Shell-Shocked: On the Ground Under Israel’s Gaza Assault (Traumatizados por el bombardeo: en el lugar, durante el asalto de Israel a la Franja de Gaza). El libro que escribió Mohammed Omer, palestino, periodista y habitante, con su familia, en la Franja.

Ahora, un año después de la última guerra en Gaza, me encuentro a mí mismo reflexionando acerca de mi primer encuentro con Jalal Jundia. Fue durante el verano de 2014 cuando lo vi sentado encima de las ruinas de su hogar familiar, rodeado de polvo y escombros. Aunque procuraba permanecer calmo, me di cuenta que su rostro estaba surcado por líneas de sufrimiento. Como tantos en Gaza había perdido todo durante el asalto israelí, el más reciente de una serie de ataques que llegan con frecuencia predeterminable, cada 3 o 4 años. Jalal se preguntaba qué había sido de su esposa y seis hijos. ¿Adónde podría haber ido cuando se les destruyó el hogar por completo? ¿Estarían a salvo? Estaban atrapados en Gaza y no podían abandonar la franja. Todo lo que podían hacer era esperar a que los bombardeos terminen y rogar porque venga un tiempo en que los drones no ocupen màs el cielo. Tal vez para entonces habría suficiente paz como para que su familia pudiera reconstruir e intentar un retorno a alguna suerte de vida normal.

Un año después, Jalal sigue sin hogar. Su casa no ha sido reedificada y su familia sobrevive, apenas es sobreviviente. En cuanto a mí mismo, trato de permanecer optimista, lo cual no deja de ser una proeza en esta cáscara en ruinas que alguna vez fue un enclave costero hermoso y autosuficiente. Nuestra realidad depende enteramente de la determinación de Israel de desplazarnos de nuestros hogares para siempre. Despuès de la purga de 1947 y 1948, que fue una limpieza étnica de habitantes no judíos expulsados de los territorios que Israel ansiaba para sí y que no habían sido cedidos por la ONU, la Franja de Gaza se convirtió en un territorio seguro para decenas de miles que huían de las matanzas que las bandas del Irgun, del Stern y de Lehi llevaban a cabo. Eran organizaciones que se definían a sí mismas como terroristas, y fueron las antecesoras del ejército, la policía y los servicios secretos (Shin Bet) del Israel actual. Entretanto, nuestros mayores actuales, los hombres, mujeres y niños que huyeron antes de que llegaran las milicias sionistas, todavía conservan consigo las llaves de los hogares que les fueron arrebatados. Esas llaves representan una esperanza y una determinación. Tienen la esperanza de volver un día al hogar.

En las secuelas de este último ataque, la enorme mayoría de los niños de Gaza han quedado traumatizados. Continuamos viviendo bajo estado de sitio, limitados en cuanto a qué comprar, exportar, importar. No podemos ir a otros sitios y resulta muy difícil para la gente llegar a visitarnos. Escuchamos resignadamente como activistas de derechos humanos festejan el que ’nosotros los palestinos podemos resistir la agresión’, simplemente porque hemos sobrevivido hasta ahora. Esto puede ser cierto pero plantea la cuestión: ¿por què tendríamos que estar forzados a continuar soportando esta miseria? La Segunda Guerra Mundial duró seis años; el asalto del Tercer Reich y su limpieza étnica de aquellos que condenó como indeseables duró doce años. Nuestra opresión ha durado hasta ahora 67 años, haciendo de la ocupación israelí de Palestina uno de las más largas de la historia.
Cada minuto de cada día vivimos una realidad distorsionada, una catástrofe llevada a cabo por el hombre a efectos de proteger y guardar como reliquia una peculiar manifestación de racismo abierto que garantiza privilegios y vida únicamente sobre la base de religión y raza, que niega, precisamente, que existan. Su propósito es hacer insoportables las vidas de aquellos de nosotros que pertenecemos a la raza y/o a la religión no favorecida. El objetivo que tienen es forzarnos a que “voluntariamente” abandonemos nuestro propio país, los negocios, la familia, los hogares, nuestra cultura y nuestros ancestros. La herramienta para semejante persecución es sistémica e infecta todos los aspectos de la vida. Abarca desde impedirnos que reconstruyamos nuestras viviendas hasta agresiones militares, asesinato de gente marcada, encarcelamientos, dietas para hambrearnos, reforzadas por el sitio y toda una ristra de castigos que deshumanizan y nos despojan de nuestros derechos. Y, ciertamente, los obstáculos para poder movernos; los muros y los puestos de control, por la “seguridad”.

Y pese a todo eso, nosotros estamos todavía. Es verdad. En Gaza encontramos algunos recursos para ir sobreviviendo. Nuestras mujeres reciclan los desechos de los materiales que han convertido a nuestros hogares en macetas. Los estudiantes retornan a sus escuelas deshechas por los bombardeos, igualmente empeñados en terminar su educación. Los libros retorcidos y maltrechos son rehechos, a los lapiceros se los repone juntando partes no desechadas. En la noche, los estudiantes leen sus textos a la luz de velas. El corte tan frecuente de gas, agua y electricidad es otra de las realidades cotidianas en la Franja. Y así la vamos llevando, concentrándonos en lo más básico y embarrándonos con orgullosa determinación. Somos humanos, con sueños y pesadillas, tan fuertes y tan vulnerables como todos. Nos enorgullecemos de nuestra autosuficiencia y humildemente damos gracias a Dios por la ayuda de otros en tanto mantenemos la esperanza y rogamos por justicia.

Justicia que tiene que llegar. Cada vez que Jundia me ve me pregunta cuándo Occidente, que siempre está pontificando sobre democracia y existencialismo vinculado con los derechos humanos, va a actuar haciendo respetar sus ideales. ¿No escuchan acaso los ataques de Israel a la Franja de Gaza? Sus ojos buscan en mí un poco de esperanza. Sabe que yo he estado fuera de la Franja y que he hablado a menudo con gente influyente de Occidente. A menudo, me siento incapaz de encontrarme con su mirada de asombro. Soy consciente que los poderes occidentales se preocupan poco y nada de los sufrimientos humanos si acaecen en Gaza. Aquí, se siente fácilmente que los casi dos millones de habitantes de la Franja no existen. No puedo franquearle esta verdad tan perturbadora a Jundia. Màs bien, fortalezco su esperanza asegurándole que voy a continuar compartiendo este historia con el mundo. Le prometo que su voz se va a oír.

Como Jundia, soy un residente de Gaza y sufro a través de los ataques diarios, así como los ataques mayores que sobrevienen cada pocos años. Ésta ha sido mi experiencia de vida, primero como niño, luego como joven y ahora como padre y esposo; nací unos años antes de lo que resultó la primera intifada [1987]. Al día de hoy cuatro generaciones han vivido durante esta ocupación. La mayoría de nosotros en la Franja de Gaza no han conocido nada más. Ahora, el último ataque, el mayor, está un año atrás de nuestras vidas. Durante 51 días en el verano pasado, soportamos una devastación inexpresable. Con cada ataque emergíamos màs compactamente unidos, más resilientes y determinados. Estamos unidos por esta voluntad de sobrevivir y reconstruir nuestras vidas. Hay una esperanza de que tal vez este verano pasado fue el útimo ataque mayor; que nunca màs la población de Gaza tendrá que ser forzada a sucumbir con tanto sufrimiento. Esperanza, pero no mucha fe.

a Shell-Shocked: On the Ground Under Israel’s Gaza Assault (Traumatizados por el bombardeo: en el lugar, durante el asalto de Israel a la Franja de Gaza). El libro que escribió Mohammed Omer, palestino, periodista y habitante, con su familia, en la Franja.
Ahora, un año después de la última guerra en Gaza, me encuentro a mí mismo reflexionando acerca de mi primer encuentro con Jalal Jundia. Fue durante el verano de 2014 cuando lo vi sentado encima de las ruinas de su hogar familiar, rodeado de polvo y escombros. Aunque procuraba permanecer calmo, me di cuenta que su rostro estaba surcado por líneas de sufrimiento. Como tantos en Gaza había perdido todo durante el asalto israelí, el más reciente de una serie de ataques que llegan con frecuencia predeterminable, cada 3 o 4 años. Jalal se preguntaba qué había sido de su esposa y seis hijos. ¿Adónde podría haber ido cuando se les destruyó el hogar por completo? ¿Estarían a salvo? Estaban atrapados en Gaza y no podían abandonar la franja. Todo lo que podían hacer era esperar a que los bombardeos terminen y rogar porque venga un tiempo en que los drones no ocupen màs el cielo. Tal vez para entonces habría suficiente paz como para que su familia pudiera reconstruir e intentar un retorno a alguna suerte de vida normal.

Un año después, Jalal sigue sin hogar. Su casa no ha sido reedificada y su familia sobrevive, apenas es sobreviviente. En cuanto a mí mismo, trato de permanecer optimista, lo cual no deja de ser una proeza en esta cáscara en ruinas que alguna vez fue un enclave costero hermoso y autosuficiente. Nuestra realidad depende enteramente de la determinación de Israel de desplazarnos de nuestros hogares para siempre. Despuès de la purga de 1947 y 1948, que fue una limpieza étnica de habitantes no judíos expulsados de los territorios que Israel ansiaba para sí y que no habían sido cedidos por la ONU, la Franja de Gaza se convirtió en un territorio seguro para decenas de miles que huían de las matanzas que las bandas del Irgun, del Stern y de Lehi llevaban a cabo. Eran organizaciones que se definían a sí mismas como terroristas, y fueron las antecesoras del ejército, la policía y los servicios secretos (Shin Bet) del Israel actual. Entretanto, nuestros mayores actuales, los hombres, mujeres y niños que huyeron antes de que llegaran las milicias sionistas, todavía conservan consigo las llaves de los hogares que les fueron arrebatados. Esas llaves representan una esperanza y una determinación. Tienen la esperanza de volver un día al hogar.

En las secuelas de este último ataque, la enorme mayoría de los niños de Gaza han quedado traumatizados. Continuamos viviendo bajo estado de sitio, limitados en cuanto a qué comprar, exportar, importar. No podemos ir a otros sitios y resulta muy difícil para la gente llegar a visitarnos. Escuchamos resignadamente como activistas de derechos humanos festejan el que ’nosotros los palestinos podemos resistir la agresión’, simplemente porque hemos sobrevivido hasta ahora. Esto puede ser cierto pero plantea la cuestión: ¿por què tendríamos que estar forzados a continuar soportando esta miseria? La Segunda Guerra Mundial duró seis años; el asalto del Tercer Reich y su limpieza étnica de aquellos que condenó como indeseables duró doce años. Nuestra opresión ha durado hasta ahora 67 años, haciendo de la ocupación israelí de Palestina uno de las más largas de la historia.

Cada minuto de cada día vivimos una realidad distorsionada, una catástrofe llevada a cabo por el hombre a efectos de proteger y guardar como reliquia una peculiar manifestación de racismo abierto que garantiza privilegios y vida únicamente sobre la base de religión y raza, que niega, precisamente, que existan. Su propósito es hacer insoportables las vidas de aquellos de nosotros que pertenecemos a la raza y/o a la religión no favorecida. El objetivo que tienen es forzarnos a que “voluntariamente” abandonemos nuestro propio país, los negocios, la familia, los hogares, nuestra cultura y nuestros ancestros. La herramienta para semejante persecución es sistémica e infecta todos los aspectos de la vida. Abarca desde impedirnos que reconstruyamos nuestras viviendas hasta agresiones militares, asesinato de gente marcada, encarcelamientos, dietas para hambrearnos, reforzadas por el sitio y toda una ristra de castigos que deshumanizan y nos despojan de nuestros derechos. Y, ciertamente, los obstáculos para poder movernos; los muros y los puestos de control, por la “seguridad”.

Y pese a todo eso, nosotros estamos todavía. Es verdad. En Gaza encontramos algunos recursos para ir sobreviviendo. Nuestras mujeres reciclan los desechos de los materiales que han convertido a nuestros hogares en macetas. Los estudiantes retornan a sus escuelas deshechas por los bombardeos, igualmente empeñados en terminar su educación. Los libros retorcidos y maltrechos son rehechos, a los lapiceros se los repone juntando partes no desechadas. En la noche, los estudiantes leen sus textos a la luz de velas. El corte tan frecuente de gas, agua y electricidad es otra de las realidades cotidianas en la Franja. Y así la vamos llevando, concentrándonos en lo más básico y embarrándonos con orgullosa determinación. Somos humanos, con sueños y pesadillas, tan fuertes y tan vulnerables como todos. Nos enorgullecemos de nuestra autosuficiencia y humildemente damos gracias a Dios por la ayuda de otros en tanto mantenemos la esperanza y rogamos por justicia.

Justicia que tiene que llegar. Cada vez que Jundia me ve me pregunta cuándo Occidente, que siempre está pontificando sobre democracia y existencialismo vinculado con los derechos humanos, va a actuar haciendo respetar sus ideales. ¿No escuchan acaso los ataques de Israel a la Franja de Gaza? Sus ojos buscan en mí un poco de esperanza. Sabe que yo he estado fuera de la Franja y que he hablado a menudo con gente influyente de Occidente. A menudo, me siento incapaz de encontrarme con su mirada de asombro. Soy consciente que los poderes occidentales se preocupan poco y nada de los sufrimientos humanos si acaecen en Gaza. Aquí, se siente fácilmente que los casi dos millones de habitantes de la Franja no existen. No puedo franquearle esta verdad tan perturbadora a Jundia. Màs bien, fortalezco su esperanza asegurándole que voy a continuar compartiendo este historia con el mundo. Le prometo que su voz se va a oír.

Como Jundia, soy un residente de Gaza y sufro a través de los ataques diarios, así como los ataques mayores que sobrevienen cada pocos años. Ésta ha sido mi experiencia de vida, primero como niño, luego como joven y ahora como padre y esposo; nací unos años antes de lo que resultó la primera intifada [1987]. Al día de hoy cuatro generaciones han vivido durante esta ocupación. La mayoría de nosotros en la Franja de Gaza no han conocido nada más. Ahora, el último ataque, el mayor, está un año atrás de nuestras vidas. Durante 51 días en el verano pasado, soportamos una devastación inexpresable. Con cada ataque emergíamos màs compactamente unidos, más resilientes y determinados. Estamos unidos por esta voluntad de sobrevivir y reconstruir nuestras vidas. Hay una esperanza de que tal vez este verano pasado fue el último ataque mayor; que nunca màs la población de Gaza tendrá que ser forzada a sucumbir con tanto sufrimiento. Esperanza, pero no mucha fe.

Publicado en Palestinos / israelíes

«Lo que nos da ‘El sionismo en el tiempo presente’ de Gadi Algazi y lo que nos falta

Publicada el 02/08/2015 - 02/08/2015 por ulises

Por Luis E. Sabini Fernández.

El artículo de Gadi Algazi «El sionismo en el presente» (Zionism in the Present Tense) analiza el sionismo tal cual es, es decir descartando cualquier abordaje ideológico o doctrinario concentrándose, como declara su autor, en «las formas que utiliza las estructuras de poder existentes».

El autor tiene además la honestidad intelectual de encarar un período posterior a 1967 y otro anterior.
Y nos demuestra como la ideología sionista, en manos de un sacerdocio laico (e innombrable, o en todo caso recubierto de fraseología «socialista» o puramente sionista) ha ido creando una oscura trama de poder, inalcanzable para toda institucionalidad democrática.

Nos revela así que el Estado de Israel es hoy una plutocracia carente de controles democráticos, donde los que toman decisiones −sobre la política agraria y urbana, por ejemplo (y nada menos)−, van «eludiendo la responsabilidad de la participación política y democrática», tejiendo una «alianza informal estrecha entre funcionarios oficiales estatales y las organizaciones sionistas, una alianza que mina el control democrático». Eso le permita a organizaciones como la Organización Sionista Mundial, la Agencia Judía y el Keren Kayemet (Fondo Nacional Judío) «renunciar a la responsabilidad para externalizar los costos y mantener la discriminación [contra palestinos en primer lugar, pero también, con menos contundencia, contra mizrajis y falashas] oculta.»

Con este abordaje, Algazi no toma siquiera en consideración el presunto valor de la Kneset y su cuerpo de leyes y nos revela en cambio la escasísima democraticidad del Estado de Israel, que se autodistingue proclamando ser, precisamente “lo democrático” de la región. Quienes entendemos que el engendro sionista ha devenido un verdadero y temible monstruo ético, político, ideológico, podríamos agradecer el trabajo de Algazi.

Ocurre sin embargo, que algunos de sus enfoques carecen, a mi modo de ver, de suficiente claridad o tal vez pagan tributo a cierta benevolencia con el hecho israelí, que afortunadamente no es propia de muchos judíos que han tomado radical distancia del experimento sionista (pienso en historiadores desenmascaradores como Ilan Pappé o Israel Shahak, en los Neturei Carta, en otros religiosos judíos como Yeshayahu Leibovitz o Jakov Rabkin y tantos, tantos otros).

Algazi nos dice, por ejemplo, luego de desentrañar esos mecanismos de poder ocultos que han pergeñado el invento sionista, que “para lograr la reconciliación histórica con el pueblo palestino, la colonización debe parar, tanto en los territorios ocupados como dentro de Israel.” Y continúa: “Las instituciones que la motorizan [a la colonización], como la Agencia Judía, la OSM y el KKL [Fondo Nacional Judío, que a veces en hebreo se denomina con una tercera palabra; Keren Kayemet Leisrael], deben irse.“

Algazi remata su análisis impugnando la lógica de las redes sionistas adosadas al estado israelí que bloquean toda democraticidad, proponiendo en cambio “alianzas sociales que estén por encima de divisiones étnicas, alianzas que ofrezcan a los palestinos plena igualdad”.

Tal vez este camino habría sido el apropiado cuando el sionismo, en las primeras décadas del s XX, aunque no se conformaba con un hogar judío dentro de un estado ajeno, aceptaba una convivencia de facto, y luchaba por implantarse. Pero hoy en día, el estado sionista no sólo asesina, sigue asesinando, a miles de palestinos, los machaca a diario mediante un régimen de doble vara todavía más opresivo que el del apartheid como lo han advertido algunos sudafricanos; lleva adelante desde hace décadas una cerebral política de humillación, maltrato, abuso, un etnocidio en suma.

Baste algún ejemplo de este ya longevo tratamiento con doble rasero: el agua está racionada a razón de 300 litros por israelí y 70 o 40 litros por palestino, según las regiones. El resultado es que, como lo han denunciado entre incrédulos e indignados varios periodistas como Genaro Carotenuto, los israelíes disponen de piscinas en el desierto o lavan sus autos con generosidad, en tanto los palestinos tienen un racionamiento extremo, con algunas “vueltas de tuerca”, como que les llega contaminada (porque los ataques sionistas tienen entre sus primeros objetivos, arruinar las instancias de potabilización). Prohíben a la población nativa hasta recoger el agua de lluvia (los militares rompen las piletas que algún vecino construya), pero además, mientras el estado destruye depósitos para lluvia (las muy ocasionales lluvias de un clima reseco), los colonos perforan a balazos los ocasionales depósitos del vital y escaso elemento cerrando el círculo infernal con envidiable espontaneidad [foto]. No conformes con ello, en el sur desde tierras próximas a Bersheva o Qiriat Gat se “organizan” los efluentes de sus poblaciones para que fluyan hacia la Franja de Gaza; los palestinos tienen que encargarse de derivar esos efluentes hacia el Mediterráneo luego de ver cómo se contaminan sus escasas tierras.

Con tanto vejamen, con tanto abuso, con tanto deterioro de la vida cotidiana de la población palestina; lo que le insume a un israelí 20 minutos de traslado, le lleva a un palestino 4, 5 o 6 horas pasando por quebradísimas calles en pésimo estado, plagada de puestos militares de control.

Acosados a diario y baleados o bombardeados con pavorosa frecuencia (2000, 2006, 2009, 2012, 2014…), ¿cómo podemos imaginar que los palestinos sobrevivientes estarán encantados de encarar una relación en “plena igualdad” con los judíos, como postula Algazi?

Lo que necesitamos ahora es que judíos se decidan a parar, con todo el peso de la ley, esa política racista, supremacista. Que se visualicen delitos y que se empiece a juzgar a torturadores, cerebrales o físicos. Porque es un delito matar jugando al blanco con natives pero también es un delito desgajar àrboles (frutales, olivos), despojar a familias de su vivienda y adueñarse de ella, dejando a los desalojados en la calle, a pocos metros; es un delito la política del agua de la hicimos una sucinta presentaciòn.

Las propuestas de Algazi son, ante la tragedia edificada por el sionismo (con las mejores intenciones, claro), totalmente insuficientes. Como si Algazi, aun lúcido desnudando la trama del poder oculto sionista, no advirtiera la profundidad del daño moral y material que ese sionismo ha hecho colonizando Palestina.
Han hecho demasiado daño para poder recuperar la sonrisa y el diálogo. El sionismo ha creado, demasiados “hechos consumados” (una política de la que varios dirigentes del estado sionista −a cual más halcón− se han vanagloriado).

Sus atrocidades no cuestionan ni remiten al último abuso, sino, como dice el mismo Algazi, se remontan al hecho colonial. Con lo cual, nuestro autor llega en 2015 a lo que Maxime Rodinson −francés, judío, comunista− había llegado en la década de los ‘60 : que la empresa sionista era colonialista. Algo que desesperó a sionistas que se sintieron “traicionados” por un judío cuando tanta progresía los apoyaba y que fue claramente entendido por árabes. El planteo de Rodinson despejó la cuestión respecto de si se trataba de una lucha religiosa o racial, como se había pretendido hasta entonces, tantas veces…

Por cierto que aquí nos encontramos con una dificultad mayor. El colonialismo ha sido la llave de implantación de muchos de los principales estados contemporáneos. Todos los países americanos, del norte y del sur, provienen del despojo, y a menudo del genocidio de las poblaciones aborígenes. Atrocidades del mismo carácter aunque no necesariamente del mismo orden, se han procesado en África o en Asia (en esos continentes las poblaciones autóctonas, en la mayor parte de los casos, mantuvieron, mal que bien, la representación política).

Los judíos sionistas no han hecho, para apropiarse de la tierra cananea sino planes similares al establecimiento (settlement) que a los británicos, por ejemplo, les permitiera hacer su nueva Inglaterra en América o su nueva Gales del Sur en Australia o su Sudán Anglo-Egipcio en África…

¿Por qué no podría el sionismo llevar a cabo similar establecimiento? (lo han hecho, sólo que la crítica a tal empresa ha sido y es muy fuerte, y está hoy muy presente…). Porque hay por los menos dos diferencias sustanciales entre la colonización sionista y la expansión europea. Una puramente temporal o cronológica, la otra tiene que ver con lo que llamaríamos filosóficamente una cuestión de universalidad virtual.

1. El ensanche europeo se fue llevando a cabo, destrozando culturas y cuerpos aborígenes, entre los siglos XV y fines del XIX. Hasta entonces, se repartían territorios y seres humanos como si fueran objetos o animales. En Argentina, por ejemplo, en 1879 se consuma “la conquista del desierto” que es el sometimiento de nativos al orden de la nación de origen europeo, bajo la forma de la servidumbre, el trabajo forzado y la muerte. Ni en la designación del operativo militar aparece un nombre, un calificativo humano para tales poblaciones.
2. El sionismo encara su empresa colonizadora [settlement] sin agregar el rasgo redentor que solía exhibir la colonización europea apelando a la “cristianización”. Se trata de un rasgo, que al menos invoca una universalidad que no cabe con el judaísmo sionista (aun cuando en el pasado haya habido, ciertamente un judaísmo proselitista). Para asentarse en Palestina, “la tierra de Israel”, el sionismo necesitaba judíos y solo judíos.

Un requisito que ab ovo echa por la borda toda convivencia. Por eso es que, con el tiempo, el mal llamado apartheid en Palestina-Israel es, como dijimos, peor, que el implantado en Sudáfrica: aquí se quería el apartheid porque se contaba con la población aborigen. Claro que como sirvienta, como subalterna, como mano de obra. Pero como algo. Los racistas blancos que se impusieron en Sudáfrica, no soñaban con un país blanco sino con dos países; uno blanco, encima y otro negro, debajo.

El sueño sionista es otro. El ejemplo de la central sindical fundada en Palestina en la década del ’20 es ilustrativo: sólo admite la afiliación de obreros judíos. Cuando en esos comienzos, antes del destrozo sistemático y generalizado de la sociedad palestina, existía un proletariado palestino, a menudo tan apto como el judío (o más), la Histadrut percibió que muchos patEl artículo de Gadi Algazi «El sionismo en el presente» (Zionism in the Present Tense) analiza el sionismo tal cual es, es decir descartando cualquier abordaje ideológico o doctrinario concentrándose, como declara su autor, en «las formas que utiliza las estructuras de poder existentes»

El autor tiene además la honestidad intelectual de encarar un período posterior a 1967 y otro anterior.
Y nos demuestra como la ideología sionista, en manos de un sacerdocio laico (e innombrable, o en todo caso recubierto de fraseología «socialista» o puramente sionista) ha ido creando una oscura trama de poder, inalcanzable para toda institucionalidad democrática.

Nos revela así que el Estado de Israel es hoy una plutocracia carente de controles democráticos, donde los que toman decisiones −sobre la política agraria y urbana, por ejemplo (y nada menos)−, van «eludiendo la responsabilidad de la participación política y democrática», tejiendo una «alianza informal estrecha entre funcionarios oficiales estatales y las organizaciones sionistas, una alianza que mina el control democrático». Eso le permita a organizaciones como la Organización Sionista Mundial, la Agencia Judía y el Keren Kayemet (Fondo Nacional Judío) «renunciar a la responsabilidad para externalizar los costos y mantener la discriminación [contra palestinos en primer lugar, pero también, con menos contundencia, contra mizrajis y falashas] oculta.»

Con este abordaje, Algazi no toma siquiera en consideración el presunto valor de la Kneset y su cuerpo de leyes y nos revela en cambio la escasísima democraticidad del Estado de Israel, que se autodistingue proclamando ser, precisamente “lo democrático” de la región. Quienes entendemos que el engendro sionista ha devenido un verdadero y temible monstruo ético, político, ideológico, podríamos agradecer el trabajo de Algazi.

Ocurre sin embargo, que algunos de sus enfoques carecen, a mi modo de ver, de suficiente claridad o tal vez pagan tributo a cierta benevolencia con el hecho israelí, que afortunadamente no es propia de muchos judíos que han tomado radical distancia del experimento sionista (pienso en historiadores desenmascaradores como Ilan Pappé o Israel Shahak, en los Neturei Carta, en otros religiosos judíos como Yeshayahu Leibovitz o Jakov Rabkin y tantos, tantos otros).

Algazi nos dice, por ejemplo, luego de desentrañar esos mecanismos de poder ocultos que han pergeñado el invento sionista, que “para lograr la reconciliación histórica con el pueblo palestino, la colonización debe parar, tanto en los territorios ocupados como dentro de Israel.” Y continúa: “Las instituciones que la motorizan [a la colonización], como la Agencia Judía, la OSM y el KKL [Fondo Nacional Judío, que a veces en hebreo se denomina con una tercera palabra; Keren Kayemet Leisrael], deben irse.“

Algazi remata su análisis impugnando la lógica de las redes sionistas adosadas al estado israelí que bloquean toda democraticidad, proponiendo en cambio “alianzas sociales que estén por encima de divisiones étnicas, alianzas que ofrezcan a los palestinos plena igualdad”.

Tal vez este camino habría sido el apropiado cuando el sionismo, en las primeras décadas del s XX, aunque no se conformaba con un hogar judío dentro de un estado ajeno, aceptaba una convivencia de facto, y luchaba por implantarse. Pero hoy en día, el estado sionista no sólo asesina, sigue asesinando, a miles de palestinos, los machaca a diario mediante un régimen de doble vara todavía más opresivo que el del apartheid como lo han advertido algunos sudafricanos; lleva adelante desde hace décadas una cerebral política de humillación, maltrato, abuso, un etnocidio en suma.

Baste algún ejemplo de este ya longevo tratamiento con doble rasero: el agua está racionada a razón de 300 litros por israelí y 70 o 40 litros por palestino, según las regiones. El resultado es que, como lo han denunciado entre incrédulos e indignados varios periodistas como Genaro Carotenuto, los israelíes disponen de piscinas en el desierto o lavan sus autos con generosidad, en tanto los palestinos tienen un racionamiento extremo, con algunas “vueltas de tuerca”, como que les llega contaminada (porque los ataques sionistas tienen entre sus primeros objetivos, arruinar las instancias de potabilización). Prohíben a la población nativa hasta recoger el agua de lluvia (los militares rompen las piletas que algún vecino construya), pero además, mientras el estado destruye depósitos para lluvia (las muy ocasionales lluvias de un clima reseco), los colonos perforan a balazos los ocasionales depósitos del vital y escaso elemento cerrando el círculo infernal con envidiable espontaneidad [foto]. No conformes con ello, en el sur desde tierras próximas a Bersheva o Qiriat Gat se “organizan” los efluentes de sus poblaciones para que fluyan hacia la Franja de Gaza; los palestinos tienen que encargarse de derivar esos efluentes hacia el Mediterráneo luego de ver cómo se contaminan sus escasas tierras.

Con tanto vejamen, con tanto abuso, con tanto deterioro de la vida cotidiana de la población palestina; lo que le insume a un israelí 20 minutos de traslado, le lleva a un palestino 4, 5 o 6 horas pasando por quebradísimas calles en pésimo estado, plagada de puestos militares de control.

Acosados a diario y baleados o bombardeados con pavorosa frecuencia (2000, 2006, 2009, 2012, 2014…), ¿cómo podemos imaginar que los palestinos sobrevivientes estarán encantados de encarar una relación en “plena igualdad” con los judíos, como postula Algazi?

Lo que necesitamos ahora es que judíos se decidan a parar, con todo el peso de la ley, esa política racista, supremacista. Que se visualicen delitos y que se empiece a juzgar a torturadores, cerebrales o físicos. Porque es un delito matar jugando al blanco con natives pero también es un delito desgajar àrboles (frutales, olivos), despojar a familias de su vivienda y adueñarse de ella, dejando a los desalojados en la calle, a pocos metros; es un delito la política del agua de la hicimos una sucinta presentaciòn.

Las propuestas de Algazi son, ante la tragedia edificada por el sionismo (con las mejores intenciones, claro), totalmente insuficientes. Como si Algazi, aun lúcido desnudando la trama del poder oculto sionista, no advirtiera la profundidad del daño moral y material que ese sionismo ha hecho colonizando Palestina.
Han hecho demasiado daño para poder recuperar la sonrisa y el diálogo. El sionismo ha creado, demasiados “hechos consumados” (una política de la que varios dirigentes del estado sionista −a cual más halcón− se han vanagloriado).

Sus atrocidades no cuestionan ni remiten al último abuso, sino, como dice el mismo Algazi, se remontan al hecho colonial. Con lo cual, nuestro autor llega en 2015 a lo que Maxime Rodinson −francés, judío, comunista− había llegado en la década de los ‘60 : que la empresa sionista era colonialista. Algo que desesperó a sionistas que se sintieron “traicionados” por un judío cuando tanta progresía los apoyaba y que fue claramente entendido por árabes. El planteo de Rodinson despejó la cuestión respecto de si se trataba de una lucha religiosa o racial, como se había pretendido hasta entonces, tantas veces…

Por cierto que aquí nos encontramos con una dificultad mayor. El colonialismo ha sido la llave de implantación de muchos de los principales estados contemporáneos. Todos los países americanos, del norte y del sur, provienen del despojo, y a menudo del genocidio de las poblaciones aborígenes. Atrocidades del mismo carácter aunque no necesariamente del mismo orden, se han procesado en África o en Asia (en esos continentes las poblaciones autóctonas, en la mayor parte de los casos, mantuvieron, mal que bien, la representación política).

Los judíos sionistas no han hecho, para apropiarse de la tierra cananea sino planes similares al establecimiento (settlement) que a los británicos, por ejemplo, les permitiera hacer su nueva Inglaterra en América o su nueva Gales del Sur en Australia o su Sudán Anglo-Egipcio en África…
¿Por qué no podría el sionismo llevar a cabo similar establecimiento? (lo han hecho, sólo que la crítica a tal empresa ha sido y es muy fuerte, y está hoy muy presente…). Porque hay por los menos dos diferencias sustanciales entre la colonización sionista y la expansión europea. Una puramente temporal o cronológica, la otra tiene que ver con lo que llamaríamos filosóficamente una cuestión de universalidad virtual.

1. El ensanche europeo se fue llevando a cabo, destrozando culturas y cuerpos aborígenes, entre los siglos XV y fines del XIX. Hasta entonces, se repartían territorios y seres humanos como si fueran objetos o animales. En Argentina, por ejemplo, en 1879 se consuma “la conquista del desierto” que es el sometimiento de nativos al orden de la nación de origen europeo, bajo la forma de la servidumbre, el trabajo forzado y la muerte. Ni en la designación del operativo militar aparece un nombre, un calificativo humano para tales poblaciones.
2. El sionismo encara su empresa colonizadora [settlement] sin agregar el rasgo redentor que solía exhibir la colonización europea apelando a la “cristianización”. Se trata de un rasgo, que al menos invoca una universalidad que no cabe con el judaísmo sionista (aun cuando en el pasado haya habido, ciertamente un judaísmo proselitista). Para asentarse en Palestina, “la tierra de Israel”, el sionismo necesitaba judíos y solo judíos.

Un requisito que ab ovo echa por la borda toda convivencia. Por eso es que, con el tiempo, el mal llamado apartheid en Palestina-Israel es, como dijimos, peor, que el implantado en Sudáfrica: aquí se quería el apartheid porque se contaba con la población aborigen. Claro que como sirvienta, como subalterna, como mano de obra. Pero como algo. Los racistas blancos que se impusieron en Sudáfrica, no soñaban con un país blanco sino con dos países; uno blanco, encima y otro negro, debajo.

El sueño sionista es otro. El ejemplo de la central sindical fundada en Palestina en la década del ’20 es ilustrativo: sólo admite la afiliación de obreros judíos. Cuando en esos comienzos, antes del destrozo sistemático y generalizado de la sociedad palestina, existía un proletariado palestino, a menudo tan apto como el judío (o más), la Histadrut percibió que muchos patrones judíos preferían asalariados palestinos. Seguían las leyes del capital y la ganancia, no las ideológicas; al obrero árabe-palestino se le pagaba hasta un tercio del pago legal (a judíos). La Histadrut encontró “la solución”: el tomador de trabajo, el capitalista, tenía que pagarles a todos el salario legal; sólo que el obrero judío lo recibía en la mano, al palestino la diferencia (a veces, dos tercios) le era retenido por el patrón y vertido a la Histadrut, directamente. En la Histadrut los árabes no tenían cabida, pero buena parte de la “obra social”, deportiva, de salud de la central sindical para sus afiliados judíos se edificó con esos fondos “palestinos”… Toda una alegoría de la relación forjada por el sionismo con los natives.

Patrones judíos preferían asalariados palestinos. Seguían las leyes del capital y la ganancia, no las ideológicas; al obrero árabe-palestino se le pagaba hasta un tercio del pago legal (a judíos). La Histadrut encontró “la solución”: el tomador de trabajo, el capitalista, tenía que pagarles a todos el salario legal; sólo que el obrero judío lo recibía en la mano, al palestino la diferencia (a veces, dos tercios) le era retenido por el patrón y vertido a la Histadrut, directamente. En la Histadrut los árabes no tenían cabida, pero buena parte de la “obra social”, deportiva, de salud de la central sindical para sus afiliados judíos se edificó con esos fondos “palestinos”… Toda una alegoría de la relación forjada por el sionismo con los natives.

Publicado en Palestinos / israelíes

EE.UU.: ¿estado vasallo de Israel?

Publicada el 26/02/2015 - 26/02/2015 por raas

Por Luis E. Sabini Fernández.

El poderío del Estado de Israel parece algo cierto y en franco proceso de expansión.

Como nunca antes, se ha permitido arrasar una vez más con la Franja de Gaza, dejando el tendal de miles de muertos y permitiéndose bloquear todo proyecto de restauración de los miles de hogares destruidos, de la infraestructura deshecha, habitacional, educacional, sanitaria, convirtiendo a la Franja de Gaza y a sus habitantes en testimonio forzoso de un poder absolutamente discrecional, puesto que la presunta guerra entre Palestina e Israel no es sino la coartada de un abuso permanente de un poder colonizador sobre una población civil, como fue por ejemplo, el arrebato de las tierra a los “pieles rojas” por parte de EE.UU. o el de las tierras maoríes para convertirlas en neozelandesas…

El arrasamiento de la FdG no ha sido sólo mediante asesinatos más o menos indiscriminados (centenares de niños muertos durante “la invasión” por tierra y aire) y la destrucción sistemática de la infraestructura muy golpeada y estrangulada; Israel ha bombardeado y anulado el aeropuerto de la FdG, en su momento financiado y construido con fondos españoles y lo mismo ha hecho con sus instalaciones portuarias. El EdI tiene como política que sus efluentes industriales o civiles  provenientes de territorios “en la espalda” de la FdG pasen por ella antes de llegar al mar, es decir regando sistemáticamente con detritus ese castigado territorio.

La regimentación impuesta a la población, sitiada, de la FdG regula hasta su consumo de agua (de pésima calidad puesto que Israel ha bombardeado e inutilizado sistemáticamente las plantas potabilizadoras) al punto que los soldados en sus “inspecciones” destruyen todo depósito de agua casero que procure acumular la escasa agua de lluvia… todo es un abuso sistemático y atroz (los israelíes, por ejemplo, gozan de un alto consumo de agua per capita…)

Tal vez la impunidad lograda por el EdI para “manejar” la cuestión palestina  sea apenas un reflejo de otros poderes que ha desplegado.

Las relaciones entre EE.UU. y el EdI nos obligan a plantear al concepto señalado en el título. Ya era proverbial el planteo de Ariel Sharon tranquilizando siempre a sus cofrades asegurándoles que Israel tenía a EE.UU. en el bolsillo (véase por ejemplo: “El Lobby israelí y la política exterior estadounidense”,  John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt, Quibla, 07-04-2006).

La línea de acción de Netanyahu sigue ese mismo curso. Para afirmar su candidatura a seguir ejerciendo la jefatura del estado sionista, Netanyahu y sus asesores  han dispuesto “enriquecer” su campaña con una presentación en el Congreso de EE.UU. (cómodamente controlado, a través de la AIPAC, su lobby y sus fondos, en una proporción del 75%; consideran tener “de su lado” a unos 300 de los 435 representantes de la institución estadounidense).

Para poner en evidencia el disgusto israelí, sionista, con ciertos planteos de Kerry y Obama, como por ejemplo, el reconocimiento de algunos derechos casi miserables para los palestinos que al estado sionista siempre le parecen excesivos, Netanyahu ha dispuesto un discurso suyo en “la Casa”  (de los representantes estadounidenses) el próximo 3 marzo, sin pasar siquiera por algún tipo de coordinación con la presidencia de EE.UU.

La reacción de EE.UU.

Semejante desaire se ha hecho difícil de tragar y Obama ha pedido que Netanyahu postergue su visita a EE.UU. para después de las elecciones israelíes. Les resulta chocante que Netanyahu use su discurso legislativo en EE.UU. dentro de su campaña electoral… Observe el lector la delicadeza de la reacción: un ruego para que postergue su discurso.

Prendiendo un ventilador

En este contexto, entiendo hay que situar otras reacciones desde EE.UU., como por ejemplo que haya visto la luz pública la ayuda, totalmente ilegal, violando sus propios códigos de comportamiento, de EE.UU. a que Israel lograra la bomba H. Curiosamente se “desclasifica”, es decir se le quita carácter reservado, a un acuerdo de 1987 “que eludía los estándares internacionales” (RT, 16/2/2015). Documento desclasificado a menos de 30 años, lo cual es significativo (no hay plazos fijos para que los documentos secretos de otrora pasen al dominio público, pero 30 años suele ser un período habitual, aunque en España, por ejemplo, posfranquista, rige el plazo mínimo de 50 años y la necesidad de una concesión especial para cada caso…).

El documento desclasificado en este caso revela la complicidad sostenida de las autoridades estadounidenses con el estado sionista, que violaron las enmiendas de su propio país que prohibían y prohíben expresamente ayudar a cualquier país “que trafique con equipamiento de enriquecimiento nuclear o tecnología fuera de las salvaguardas internacionales” o que “importen tecnología de reprocesamiento nuclear” (ibíd.).

Un comentario de Roger Mattson, exmiembro de la Comisión de Energía Atómica de EEUU fue: “Estoy impresionado por el grado de cooperación entre Israel y EE.UU. en artefactos especializados para la guerra.”

El “acuerdo” establecido en 1987 prohibía a los empleados y contratistas vinculados con él que revelaran el programa nuclear israelí, bajo pena de encarcelamiento.

El pedido de desclasificación provenía del 2012 (a solicitud del director del Washington Institute for Research: Middle Eastern Policy, Grant Smith), pero resultó concretado en esta significativa coyuntura de enfriamiento entre EE.UU. y el EdI (RT, 16/2/2015).

La reacción desde la misma Casa de los Representantes

Es una reacción llamativa, aunque a la vez revela la debilidad estadounidense ante las arremetidas israelíes: el 20 de febrero de 2015, una treintena de diputados federales, demócratas, de EE.UU. con el representante Keith Ellison (afro) como vocero públicamente condenaron el discurso de Netanyahu programado para el 3 de marzo en el Congreso de EE.UU. Estos parlamentarios enviaron una carta de protesta a John Boehner, el actual presidente republicano de la cámara que está a punto de recibir a Netanyahu, pidiéndole la postergación de dicha alocución.

Al mismo tiempo se ha ido formando una lista de legisladores que han anunciado su boicot al discurso de Netanyahu.

Robert Naiman ha publicado un artículo, “Profiles in Courage”, analizando este conflicto y enlistando a los rebeldes. Naiman registra que CNN comentó que dos terceras partes de la población no aceptan que Netanyahu hable dándole la espalda a la presidencia del país.

¿Qué significa que Netanyahu haga tan ostensible lobby contra Obama? No es, según el canciller israelí Tzachi Hanegbi ─siguiendo a Naiman─ “para presionar a los senadores republicanos. Ya los tiene comiendo de su mano, excepto Rand Paul y Jeff Flake. Para alcanzar los dos tercios Netanyahu necesita presionar a demócratas. […]. Los senadores demócratas con que cuenta Netanyahu deben ser los “10 de Menendez”, una suerte de bloque legislativo enfrentado con el presidente de su propio partido.

A su vez, sostienen fuentes sionistas, Netanyahu podría ser usado como ariete de los parlamentarios disconformes con Obama para hacerle morder el polvo. Como se ve, se podría tratar de un uso “recíproco” de favores…

Sagrada Alianza EE.UU.-EdI

Michael Eisenstadt and David Pollock, del Washington Institute for Near East Policy, (Instituto de Washington para la política en el Cercano Oriente; como el nombre lo revela, se trata de una organización sionista para procesar lo que el EdI necesita en EE.UU.)1 explicitan los motivos de coincidencia entre EE.UU. y EdI.: “La relación entre EE.UU. e Israel se ha definido tradicionalmente en términos de obligación moral, valores culturales y políticos comunes e intereses estratégicos comunes.” Observe el lector con qué sagacidad estos think tanks sionistas ponen para el piadoso y moralista EE.UU. lo de la obligación moral (incondicional) en primer término. Y luego lo de valores comunes (como si no hubiera tales entre EE.UU. y Francia o Noruega, o Inglaterra o incluso, Brasil o Japón…). Al final de la frase aparece ─diría Prévert─ el nervio de la guerra…

Eisentadt y Pollock comentan sin el menor sonrojo que con el tiempo ambas potencias han dejado de hacer públicas sus negociaciones, con lo cual la relación democrática, al menos postulada al principio, se ha extraviado completamente.

Lo que también se ha “extraviado” en el discurrir  de estos think tanks es la inmensa inyección cotidiana y permanente de dinero de EE.UU. a Israel, desde hace ya décadas, ininterrumpidamente, valuada en un promedio de 8,5 millones de dólares diarios (J. Mearsheimer y S. Walt, “El lobby judío en EE.UU., <www.tsunamipolitico.com/lobby708.htm>).

Sobre este aspecto, James Petras escribió, hace años, un texto con sugerente título: ¿Quién financia al estado de Israel? (7 de mayo del 2002)

Con el sucinto recorrido por las reacciones desde EE.UU. ante el 3 de marzo más la explicitación de la alianza al gusto del Washington Institute for Near East Policy hemos procurado visualizar la trenza de intereses entre las élites yanquis y las israelíes, advirtiendo que si hay una primacía es como la definiera Ariel Sharon hace décadas.

Algo que viene todavía de antes. Baste pensar que en el Congreso Sionista Mundial de 1942, en el Hotel Biltmore de Nueva York, en plena matanza de judíos a manos de nazis, el principal tema de dicho congreso fue un análisis geopolítico que llevó a la dirección sionista a deslastrarse de su viejo padrino o madrina, Inglaterra, que hasta entonces les había hecho todo el trabajo de implantación ante la población nativa en Palestina, y decidir obtener un nuevo padrinazgo, con mayor fuerza y mejor control por parte del sionismo, que resultó EE.UU., a la sazón con la mayor o la de mayor peso de las poblaciones judías del planeta.

Por todo lo antedicho, Norman Birnbaum  titula una nota:   “Estados Unidos, impotente ante Israel”. Y explica, apostando a una entidad cada vez más imperceptible:
“Solo una Europa capaz de liberarse de la sumisión a Washington podría impulsar una solución justa al drama palestino y favorecer así la paz en Oriente Próximo. Sería una manera de saldar su deuda con el judaísmo.” (26/06/2011).

En marzo 2014 Alison Weir publica su histórico Against Our Better Judgment: The Hidden History of how the US was used to create Israel (Contra nuestro mejor juicio: la historia oculta de como EE.UU. fue usado para crear Israel) donde el autor documenta el papel del lobby sionista para persuadir directamente a Harry Truman contra la opinión de los especialistas del área y de juicios como el de Loy W.  Henderson (1892-1986) del Dpto. de Estado, quien adelantó que el proyecto de partición de la ONU sobre Palestina iba a “garantizar que el problema palestino habría de permanentizarse y se haría todavía más complicado en un futuro”, algo que ha resultado atrozmente cierto.

Pero Truman era un pragmático y al reducir todo a votos, coincidió con los intereses y las tácticas sionistas:  “Truman tomó la decisión de reconocer la creación del Estado de Israel ignorando las declaraciones de Secretario de Estado, George Marshall, que temía que esto pudiera dañar las relaciones con los estados árabes. En una reunión en la Casa Blanca el 10 de noviembre de 1945, le dijo a los enviados a Arabia Saudita, Siria, Líbano y Egipto: «Lo siento, señores, pero tengo que responder a cientos de miles que están ansiosos por el éxito del sionismo: No tengo cientos de miles de árabes entre mis electores.» (wikipedia)

Al parecer hubo una “complementación” entre la miopía pragmática, inmediatista, de los gobiernos estadounidenses que fueron sucediéndose desde al menos mediados de siglo (1942, ya dijimos, es la fecha clave) y el manejo, manipulador, de largo aliento, de los sionistas validos de un apoyo bastante generalizado de la colectividad judía estadounidense, aun la no sionista.

El control de las votaciones, las estrechas alianzas de los aparatos de seguridad y los de los militares (con sus intereses técnicos entremezclados) han ido postrando a la dirección estadounidense en lo que tiene que ver con la cuestión palestino-israelí. Y los márgenes de maniobra del sionismo son tantos que es legítimo hablar de un estado avasallado. Un estado vasallo, el de EE.UU. Pese a que es precisamente el estado o la formación nacional que ha logrado establecer la mayor cantidad de relaciones de vasallaje con otras naciones más débiles que EE.UU.

Con lo cual transitivamente, hay que admitir que así como muchos estados latinoamericanos,2 varios del mundo árabe, y otros del sudeste asiático,  mantienen una relación como estados vasallos hacia EE.UU. (aunque no esté legalmente consagrada, porque es de estilo hoy que “todos los estados sean iguales”, mutatis mutandis tenemos que aprender a darnos cuenta que EE.UU. es, a su vez, vasallo de Israel.

La pulseada del 3 de marzo nos permitirá ver cuánto pueda ser revertida esa relación.

notas:
1) No confundir este Washington Institute con el citado precedentemente, con una cobertura geopolítica casi idéntica: éste se declara fundado en 1985; el citado anteriormente da como fecha fundacional 2002.
2) Un ejemplo prístino de vasallaje aunque no abarque al estado uruguayo como tal sino a una radio privada: Radio Montecarlo anuncia la próxima asunción presidencial al son del himno nacional… de EE.UU.

Publicado en Palestinos / israelíes

“En defensa de Israel”: escuela de enceguecimiento

Publicada el 25/11/2014 por raas

Por Luis E. Sabini Fernández.

Estamos en un momento histórico en que, ya no podemos decir que en la guerra, la verdad es su primera víctima. Porque vivimos un presente mucho más complejo y líquido, para usar el concepto ofrecido por Zygmunt  Bauman: donde estamos, por un lado, en un proceso de guerra de baja intensidad, de alta frecuencia y deslocalizado, que al momento actual, noviembre 2014, podríamos ubicar en Colombia, México, Palestina, Siria, Líbano, Libia, Ucrania, Paquistán, Nigeria, Congo, Burkina Faso, para nombrar apenas algunos de los puntos más “calientes” de una guerra fría cada vez màs generalizada, y por otro, que la guerra como continuación de la política “por otros medios” se ha trasladado al campo de la información, al universo mediático, por lo cual las noticias han perdido la carga, siempre escasa, de objetividad que alguna vez tuvieran, y han pasado a ser, cada vez más, ”partes de guerra”.

Tomemos el atroz episodio del asesinato de tres jóvenes israelíes religiosos, en junio de este mismo año. En medio de los atropellos permanentes de israelíes sobre palestinos y la reacción a veces violenta de los ocupados, el gobierno israelí, sin necesidad de prueba alguna, provisto de su propia autoridad, dictaminó por sí y ante sí, que los autores del asesinato múltiple eran miembros de Hamas.

Ninguna organización o red palestina asumió el hecho, sin embargo. Y para “crear el caos y confundirlo todo”,  una organización yihadista egipcia, del Sinaí, apareció haciéndose cargo del episodio, mejor dicho diversos sitios-e atribuyeron a dicha organización el secuestro y ulterior asesinato de los tres jóvenes, con los que se habría pretendido establecer un canje, fallido. Se trata de Seguidores del Estado Islámico (Bayt Al Maqdis – EIBM). Aunque al no presentarse  pruebas de tal acto, han surgido múltiples interrogantes sobre la veracidad de tal autoría.

Pero al gobierno israelí, de gente como Netanyahu y Lieberman, le alcanzò y le sobró la convicción propia para descargar un ataque demoledor sobre la Franja de Gaza, territorio significativamente lejano  del secuestro y posterior asesinato. Basta ver un mapa y conocer el grado de aislamiento mediante múltiples puestos de control que militares israelíes ejercen sobre los manchones palestinos que van quedando en el mapa histórico de Palestina tan cerebralmente deglutido por Israel, para darse cuenta que los habitantes de la Franja de Gaza no estaban en condiciones de surcar las decenas o centenas de km. necesarios para alcanzar desde la Franja de Gaza el lugar de semejante atentado (cercanías de Hebron).

¿Pero para qué investigar, si el poder israelosionista es absoluto (o al menos así se nos ha presentado hasta ahora)?

Acerca de la veracidad

En esta marejada informacional; usemos el neologismo para distinguirlo de lo informativo, se ha desparramado por quioscos de capital (y probablemente del país), un folleto-libro con formato de revista titulado En defensa de Israel en adelante, EddI), con un compilador-redactor que figura como Xavier Portillo, y que incluye  textos que dicen ser testimoniales  (véase un comentario preliminar mío en: “Arrecia la ‘Defensa de Israel’ en los medios de incomunicación de masas”).

No es un volumen pequeño; en un formato tradicional de libro se trataría de unas 200 páginas.  Pero el gran formato, le permite acentuar su carácter propagan-dístico porque las primeras y las últimas páginas están totalmente o casi totalmente cubiertas por ondeantes banderas israelíes. Así mirado, el volumen no busca sino exaltar un chovinismo, y ya sabemos que es un “excelente” método  para negar todo raciocinio, calentar cabezas y evitar toda pretensión ética de universalidad.

Pero si semejante “envoltura” es preocupante, el contenido agrava la penosa impresión.
A cada lector le resulta prácticamente imposible verificar cada una de sus múltiples afirmaciones, por ejemplo sobre el “terrorismo palestino”, que es una constante, o las abnegadas muestras de bondad de los israelíes para con tan desagradecidos “vecinos” (ya adivinó; palestinos).

Pero si uno lee: “Un año después de la retirada unilateral del ejército de Israel de Gaza y del otorgamiento de la autonomía completa palestina a la zona, Hamas tomó el poder a la fuerza en 2006, asesinando públicamente a incontables miembros y simpatizantes del gobierno electo de Al Fatah, el partido del presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abbas, Abu Mazen. Hamas sembró desde entonces un régimen de violencia […].” el guiso resulta indigesto: difìcil escribir tantas falsedades en media docena de líneas pero el sr. Portillo lo logra. Veamos.

1. En enero de 2006 se celebraron elecciones democráticas y libres en los territorios palestinos (Cisjordania y Franja de Gaza, FdG). Bajo supervisión internacional. El expresidente James Carter las calificó de impecables. Fueron ganadas por Hamas (mala memoria, Sr. Portillo), para sorpresa del viejo y ya tradicional gobierno, laico, de Al Fatah y la OLP. Y para sorpresa del estado sionista que desde tiempo atrás ponía todas sus fichas en la domesticada dirección palestina oficial, a la que se la había instruido para  formar una policía palestina que controlara a los refractarios, algo que a Mahmud Abbas no le costó en absoluto hacer. Esa policía quedó bajo asesoramiento de las fuerzas militares de EE.UU.
2. Al perder las elecciones la OLP y el gobierno sionista, éstos lanzaron una ”caza del hombre” sobre los candidatos de Hamas recién electos, muchos convertidos en legisladores. En lugar de concurrir a los estrados legislativos, les tocó ser ingresados a veintenas, en centros de detención y cárceles.
3. Hamas resistió el golpe de estado, en la medida de sus posibilidades. No pudo asumir el gobierno en Cisjordania, porque la alianza de facto Al Fatah-gobierno israelí superó sus fuerzas, pero sí desalojó, seguramente con violencia, el gobierno espurio de Al Fatah en la Franja.
4. La violencia, entonces, fue sembrada por quienes violaron el resultado de las elecciones, Sr. Portillo, al reponer en el gobierno a los derrotados.  La reacción de Hamas es comprensible (y esto poco y nada tiene que ver con su carácter confesional, que por cierto es problematizador).

Luego de este examen en detalle de un pasaje de EddI, (p. 58), surge una inquietud: el lector no suele conocer al dedillo los detalles de cada pasaje de lo que está leyendo: si hay algunos con tan manifiestas falsedades (hay varios, me consta), ¿qué hacer con todos aquellos pasajes que son lapidarios para con los palestinos y ante los cuales el lector no está en condiciones de juzgar: ¿una actitud crédula, de aceptar lo escrito, o una desconfianza generalizada, ganada luego de verificar falsedades en varios pasajes (con lo que uno conoce fehacientemente)?

Entiendo que la segunda actitud es la más sensata; que el escrito no merece confianza.

El reflejo especular

Abordemos otro aspecto EddI que denominaremos lo especular y que bien se podría calificar como proyectivo: el escrito de marras no ahorra críticas a los palestinos y particularmente a Hamas.

1. Hablando del golpe de estado contra los Hermanos Musulmanes en Egipto, que ganaran las elecciones tras la renuncia forzosa de Mubarak, golpe a cargo de militares proestadounidenses y proisraelíes, dice EddI: “[…] el nuevo régimen cerró esos túneles  [se refiere a túneles  que intercomunicaban la FdG con Sinaí, que aprovechaban los palestinos para amortiguar el bloqueo israelí]. Ésta es una de las causas de la actual crisis económica en Gaza.”  (p.21).

Seguramente la última frase es cierta, mejor dicho, tiene su átimo de verdad. Pero en rigor, “la crisis económica de Gaza” proviene del cerco que ha establecido el estado sionista sobre todo ese territorio, por aire, mar y tierra; bombardeando el aeropuerto construido por organismos de asistencia españoles; convirtiendo en escombros las zonas portuarias y hasta las embarcaciones, limitando los recursos pesqueros hasta el cuentagotas;  bombardeando e inutilizando las usinas de potabilización, de electricidad, de depuración (y luego, eso sí, cableando “generosa-mente”  alguna escasa provisión eléctrica desde Israel pocas horas al día;  racio-nándolo todo, incluso los alimentos para toda la población “tasados” en no más de 2500 calorías per capita (con lo cual, cada habitante, difícilmente alcance las 2000…, lo cual significa un deterioro sanitario lento pero seguro, un hambreamiento que a medio plazo va afectando la nutrición; designio no confeso del gobierno israelí.

En resumen, le atribuye a lo egipcio un alcance que deviene  ridículo respecto de la responsabilidad propia, en este caso el tratamiento lesivo de toda una población.

2. EddI puntualiza cómo los palestinos se han camuflado para sus  incursiones sobre zonas israelíes aledañas a la FdG. “La boca del túnel  estaba cubierta por arbustos. Estaban vestidos exactamente como los soldados [israelíes].” El pasaje nos muestra que los apaleados palestinos han aprendido la lección: durante muchos años, los sionistas se valieron de  mistarvim, una suerte de espías sionistas;  judíos que se mimetizaban con “lo palestino” (vestimenta, idioma, etcètera) para infligirles daños, a menudo mortales. Los mistarvim vienen de la década de los ‘40, cuando los sionistas inician la expulsión violenta y masiva de palestinos, una vez que se desembarazaran de toda administración colonial (turca, inglesa), que podía querer “atender” a los natives palestinos…·

3. Avancemos una pizca con lo del razonamiento especular: en p. 32, Daniel   Jonah Goldhagen, nos transcribe  el “manifiesto asesino de Hamas” (de lo cual dudamos al menos que tal sea su título, pero concedamos que el resto del texto sea fiel): “Renunciar a cualquier parte de Palestina significa renunciar a parte de la religión, el nacionalismo del Movimiento de Resistencia Islámico forma parte de su fe, el movimiento enseña a sus miembros a adherirse a sus principios e izar la bandera de Allah sobre su patria mientras libran su yihad (art. 13).”

¿Qué es lo que predican los sionistas? No renunciar a parte alguna de Palestina, porque sería traicionar el mandato que su dios les ha impuesto, de dominar (por la espada) a toda la región sagrada.

En concreto, el libelo achaca a los islamistas de Hamas de usar la misma medicina que la Biblia le brinda “al pueblo elegido”. Con una vuelta de tuerca: que el sionismo se presentó inicialmente como agnóstico, refractario casi, al discurso bíblico. Eso que ha llevado a decir: ‘−no creo en Yahvé, pero él fue quien nos entregó las escrituras de propiedad sobre el territorio palestino.’ No existe pero es escribano.

Si la mentalidad religiosa y fanatizante, tipo Ejército Islámico (EI), es preocupante, ¿qué hacemos con el híbrido judío que arranca como movimiento político laico, materialista incluso, pero recurre de inmediato a la investidura bíblica?

Hay muchos más penosos ejemplos de falsedades, escamoteos y de pensamiento doble de los autores de EddI, pero para no aburrir ni atosigar, opto por rematar con una única cuestión:
¿Qué hacer con el fanatismo religioso, que vemos en auge?
El EI, que no es Hamas, aunque tengan rasgos en común, acaba de estremecer a la opinión pública con una ejecución colectiva de soldados sirios, defensores de un régimen laico, no islámico. Fueron degollados simultáneamente en un acto público que pretende honrar algo; a la justicia, al Corán, a los musulmanes hiperreligiosos. Una atrocidad incalificable; ¡cuán puros y superiores deben sentirse los verdugos!

Las palabras de Mijail Bakunin sobre el daño mental de la creencia en un Ser Supremo, se hacen patentes: este filósofo, que ha sido identificado con el pensamiento anarquista (aunque él, a la vez, tenía una postura pastoril, muy similar a la de tantos otros socialistas “autoritarios”, vilipendiados por él mismo), sostenía que la mera existencia de un dios, de un ser superior, omnipotente, amenguaba hasta hacer insignificante el papel de lo humano, destinado únicamente a ser instrumento de tales voluntades “superiores” (siempre mediadas, empero, por voces humanas, de sacerdotes, pastores, imanes o rabinos):

“La existencia de Dios implica la abdicación de la razón y de la justicia humanas, es la negación de la libertad humana y culmina necesariamente en la esclavitud no sólo teórica sino práctica.“ (Antiteologismo).

“Mientras tengamos un amo en el cielo, seremos esclavos en la tierra.” (Dios y el estado).
Estamos presenciando una intensificación progresivamente acelerada de un islamismo militante y fanático (dejamos para otra nota el examen de dónde proviene este “giro islámico”, que parece coincidir con el colapso soviético). El Islam no ha sido siempre así, pero siguiendo a Bakunin, podríamos decir que desde hace un tiempo está hipertrofiando sus rasgos dogmáticos. El avance de este Islam intolerante tuvo un primer capítulo contemporáneo en Afganistán en los ’70 cuando los comunistas procuraron “modernizar” el país. Allì se afirmaron quienes iban a resultar los primeros fanáticos de este último período: los talibanes.

El Islam, el teísmo musulmán, fue expandiéndose sobre todo a costa de los regímenes árabes laicos, como el de los palestinos de la OLP, el de la “Revolución Socialista y Popular” de Muammar Gadafi, y los de los regímenes Baath de Irak y Siria, destrozados primero con invasiones “occidentales” y en algunos casos luego con nuevos baños de sangre, de integrismo islámico.

Significativamente estamos viendo, cada vez más, un proceso correspondiente en Israel, otro estado fundado por “decisión divina”. Los militares israelíes están procesando un avance cada vez más significativo en sus preceptos religiosos; y como lo expresa Coby Ben-Simhon citando una plegaria que entiendo significativa del proceso en curso:

«Oh Señor, Dios de Israel, haz de nuestro camino un éxito ya que estamos a punto de luchar por el bien de tu pueblo Israel contra un enemigo que blasfema tu nombre».  (“La guerra santa que se libra dentro del ejército israelí”). Y otra observación del mismo autor: “el escalón de comando ve al soldado religioso como el soldado ideal.” (ibíd.)

Entendemos que tanto la variante yihadista como la de guerra santa israelí encarnan visiones del hacer militar con alto disciplinamiento y escasa o más bien nula autonomía: es dios quien resuelve lo que yo tenga que hacer [claro que mediado por alguna voz terrenal, obviamente] y yo solo cumplo, lo que tengo que cumplir. Hasta de dudas me exonero; no solo de discernimiento.

La religiosidad militarizada únicamente asegura una mayor intolerancia, una mayor cerrazón mental, un despotismo desplegándose con menos barreras o contrapesos aun que los existentes entre seres racionales.

Este proceso que acabamos de resumir entre islámicos y judíos también existe desde otras religiones; pensemos en aquellos energúmenos del Tea Party que se comunican a diario con su dios, por ejemplo, o en admiradores del sistema israelí como Anders Behring Breivik, el noruego que asesinara a varias decenas de jóvenes socialdemócratas de origen árabe y a noruegos, pacíficos y desarmados (en tales ejemplos resuena, a mi modo de ver, un ingrediente racista).
Rematemos con un par de citas:

De El Corán:
“Estoy con vosotros; dad firmeza a quienes creen. Yo infundiré el terror en los corazones de aquellos que no han creído, golpeadles, pues, en la parte superior de sus cuellos.» [sura 8, verso 13], citado por Peter Townsend,1 quien nos “asesora” y remata: “En este capítulo se hace la profecía de que Alá daría a los musulmanes una gran victoria y que los bienes y posesiones de sus enemigos caerían en sus manos.”(ibíd.)

Y de la Biblia:
“Hoy comenzarè a poner tu miedo y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo; los cuales oirán tu fama y temblarán y angustiarse han delante de ti. […] Y tomamos entonces todas sus ciudades  y destruimos todas las ciudades, hombres y mujeres y niños; no dejamos ninguno; solamente tomamos para nosotros las bestias y los despojos de las ciudades que habíamos tomado.”  [Deuteronomio, cap. 2, vers. 25 y 34].

En ambos casos, cada dios les habla a “los suyos”. ¡Oh maravillas de la comunicación!

nota:
1) Quien esto escribe no pudo desentrañar una identidad más precisa de P. T. en la maraña de homónimos australianos, británicos y estadounidenses que portan tal identificación en internet.

Publicado en Palestinos / israelíes

El sionismo es el nazismo judío

Publicada el 25/08/2014 por raas

Por Lasse Wilhelmsson / Ordfront.

La consigna del sionismo “una tierra sin hombres para hombres sin tierra” ha vertebrado la colonización judía de Palestina desde hace más de un siglo. La realización de un “estado judío”, el objetivo del sionismo, presupone una fuerte mayoría de población judía y una limpieza étnica de los que estaban allí desde mucho antes. Israel es por ello una construcción racista. La supremacía judía se asegura mediante una sistema de apartheid constituido sobre la base de leyes, normas administrativas y mandatos religiosos. Al día de hoy todavía, falta en Israel una constitución con fronteras fijadas, lo cual está totalmente en consonancia con las exigencias expansionistas del sionismo.

Una constitución de 1985 y una ley de partidos del año 1992 no acepta ningún partido político que se oponga abiertamente en su programa a “la existencia del estado de Israel como el estado del pueblo judío”. Israel no es entonces ni siquiera una democracia para los mismos judíos. La ley de retorno le da a los judíos fuera de Israel el derecho a inmigrar y convertirse en ciudadanos judíos en tanto que a los palestinos expulsados se les niega ese mismo derecho consagrado por la justicia internacional. Esa ley es parte fundamental del sistema de apartheid y convierte a todos los judíos en enemigos potenciales de los palestinos.

El documento de identidad israelí no señala “israelí” como nacionalidad sino “judía”, “árabe”, etcétera. Los ciudadanos no judíos no pueden casarse con judíos dentro de Israel o gozar del suelo. Muchas aldeas árabes carecen de estatuto legal como áreas habitacionales y con ello no tienen derecho alguno a servicios públicos y generales como energía o agua. Los árabes israelíes no pueden hacer el servicio militar (con contadísimas excepciones), lo cual conlleva una clara discriminación en el usufructo de derechos sociales, estudios, etcétera.

De la Palestina original hay ahora un 10% que está ocupada, el resto ha sido totalmente robada. Toda la vida y la actividad palestina ha sido estrangulada, y ahora, desde enero de 2006, con la ayuda de la llamada comunidad internacional existe el empeño en acabar con los palestinos por el hambre y las privaciones. Se trata de una política genocida, si seguimos la definición de la convención sobre genocidio de la ONU, en la medida en que su objetivo es ‘amenazar destruir total o parcialmente a la población palestina’. Israel viola permanentemente derechos que la ONU asigna a cada pueblo y no existe ningún otro estado en el planeta que haya ignorado tantas resoluciones de la ONU vinculadas con esa cuestión. Israel es un gran poder militar, nuclear. El último ataque sobre El Líbano, así como la amenaza de descargar bombas atómicas sobre Irán ponen al descubierto las ambiciones israelíes de desestabilizar y destruir a los vecinos de su región. No hay que olvidar los ataques anteriores sobre Egipto y El Líbano.

La colonización de Palestina sigue su curso en Cisjordania (Gaza ha sido convertida en un gueto). Todo ello siguiendo el plan que Theodor Herzl presentara en su libro El estado de los judíos (1896) que se adoptó cuando el primer congreso sionista, en 1897. Uno de los puntos de partida principales del sionismo es que la asimilación de los judíos no sirve contra el antisemitismo. La “raza” judía es vista como un pueblo con derecho a un estado propio en Palestina, donde está el monte Sion. El objetivo es una utopía socialista; un estado modélico.

El fundamento del sionismo, sin embargo, fue conformado algo antes por Moses Hess, denominado rabino comunista. Fue unos de los primeros socialistas significativos de Alemania, así como uno de los mentores de Karl Marx. Es considerado por los sionistas como el primero y escribió Roma y Jerusalén (1862) que tiempo después Herzl iba a considerar como el libro que decía todo lo que era necesario decir sobre sionismo. En esa obra Hess realza el concepto de “raza” judía, su superiodad así como su carácter de pueblo elegido, en tanto ve a la religión judía como la mejor garantía para la nacionalidad judía.

El proyecto sionista se desarrrolló asimismo a manos de Ber Borochov, marxista, sobre la base de una “concentración territorial” como solución para la cuestión judía. Fundó Poale Zion, un partido sionista marxista que apoyó la revolución rusa de 1917. Uno de sus miembros fue David Ben Gurion –el padre del Estado de Israel– que llegó a Palestina a principios del s. XX. Ben Gurion se consideraba a sí mismo como un bolchevique y era partidario de la dictadura del proletariado en todos los países salvo en Palestina, donde aplicó directamente la dictadura del sionismo.

Poale Zion se fracturó y la rama socialista con Ben Gurion como líder fue durante largo tiempo la corriente dominante dentro del sionismo. La colonización se hizo en nombre del socialismo y de la cultura de la ilustración occidental. Por eso mismo, se hizo a pasos y con tratativas con los palestinos. La fundación del estado judío iba a esperar. Porque primero había que forjar un ejército capaz de golpear con contundencia (Haganá), que estuviera en condiciones de expulsar a los palestinos, así como crear y defender una buena mayoría de judíos en la mayor parte del territorio palestino. Esta estrategia fue, como sabemos, muy exitosa, así como, más adelante lo fueron los llamados Acuerdos de Oslo, después de los cuales más que se duplicó el número de los asentamientos judíos en Cisjordania.

Una línea minoritaria dentro del sionismo fue la representada por Zeév Jabotinsky, partidaria de la acción inmediata. Fundó en 1925 un partido sionista revisionista que reclamaba la formación de un Gran Israel que abarcara no sólo toda Palestina sino también Transjordania, partes de Siria y El Líbano, y hasta el río Éufrates. En el texto “La muralla de hierro” de 1937 sostiene que todos los nativos incluidos los palestinos están en contra de los colonialistas por lo cual hay que mostrarles con firmeza que toda resistencia es insensata.

En tanto Ben Gurion guardaba simpatía con el marxismo y más tarde con la socialdemocracia, Jabotinsky depositaba la suya en el fascismo de Mussolini. Fundó el grupo terrorista Irgún que llevó a cabo los peores atentados para la expulsión de los palestinos. Un grupo a su vez escindido de ellos, el Stern, llevó a cabo el asesinato premeditado de Folke Bernadotte, en 1948, enviado oficial de la ONU de origen sueco en el territorio y mediador entre sionistas y árabes palestinos. Los líderes de estos últimos agrupamientos, terroristas, Menachem Begin y Yitzak Rabin, fueron con el tiempo, sucesivamente, jefes de gobierno en Israel. La política simbolizada en La Muralla de Hierro ha sido consumada por el penúltimo jefe de gobierno, Ariel Sharon, y el actual sucesor, Ehud Olmert, la ha afianzado con poderes militares ampliados. Es la política que representaban Begin y Rabin. Fueron sin embargo gobiernos socialdemócratas los que llevaron a cabo las enormes ampliaciones de las colonizaciones judías tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza. Esa “izquierda” socialista nacional o nacionalsocialista a la que Sharon perteneció originariamente.

Los marxistas europeos orientales le imprimieron su impronta a la colonización de Palestina durante la primera mitad del siglo XX. Se llevó adelante con trabajos colectivos en el campo, el kibutz fue su punta de lanza. Se trataba de organizaciones de democracia directa, experimentos de sociedad socialista, las más de las veces seculares, laicos. No corría el dinero dentro de la comunidad y la crianza de los niños era sí o sí colectiva. Únicamente los judíos podían participar de ello. Los kibutzim, que de ese modo resultaban bastiones racistas, desempeñaron un papel importante en la conquista militar y en la defensa del territorio conquistado. Hoy en día, los colonos de la Margen Occidental o de las alturas de Golan cumplen exactamente la misma función, aunque ahora se trate de nacionalistas religiosos ortodoxos. Después de 1967 la influencia religiosa ha crecido y cada vez resulta más insensato hablar de izquierda o derecha en la política israelí. Los motivos religiosos en el sionismo han sido siempre importantes. Hoy en día la política y la religión se han fusionado en Israel.

Moses Hess vinculó raza, pueblo, nación y condición de pueblo elegido en un socialismo nacional erigido en una configuración colonial. Fue lo que se denominó sionismo. Más tarde apareció el socialismo nacional alemán, que se componía de los mismos elementos.

“Creo, como Hitler, en la idea del poder de la sangre.” Así escribe Chaim Nachman Bialik en “La hora del presente” (1934). Está considerado el poeta nacional israelí.

Las organizaciones judías y los agrupamientos judíos fuera de Israel están hoy en día dominados por el sionismo. Su apoyo al estado judío es un presupuesto para que sigan existiendo, aunque se contradiga flagrantemente con las libertades públicas y los derechos democráticos que quieren gozar en los países en que viven. Con esta doble moral los propios judíos incrementan un odio al judío.

Hay que agregar que la solución de dos estados según el modelo de los tratados de Oslo, que preserva un “estado judío”, significa una perversión de los derechos de los pueblos, puesto que legalizaría el robo de tierras y la limpieza étnica. El estado sionista de apartheid debería ser transformado en una democracia en la que rijan iguales derechos para todos sus ciudadanos, al margen de la pertenencia religiosa o la etnicidad de sus miembros. Los campesinos expulsados tienen que tener el derecho de retorno. Así desaparecería el basamento para la ocupación de Cisjordania o las alturas de Golán, así como el Muro. Una solución de este tipo, “sudafricana”, posibilitaría quedarse también a los colonizadores. En Argelia los colonizadores tuvieron que abandonar el país porque sus aliados occidentales se aferraron en no querer ceder ni un ápice. Ese desenlace tendría que ayudar a reflexionar en la situación Palestina/Israel.

* Lasse Wilhelmsson es periodista, exmiembro de las autoridades políticas del municipio de Täby, provincia de Estocolmo, Suecia. Ha sido residente en Israel durante algunos años en la década de los ‘60.

Su texto proviene del año 2006, después del ataque generalizado a la Franja de Gaza (y al Líbano) por parte del Estado de Israel.

Traducciòn del sueco para Rebelión de Luis E. Sabini Fernández.

fuente http://argentina.indymedia.org/news/2014/08/864958.php

Publicado en Palestinos / israelíes

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