Israel, ¿modelo de democracia occidental?; la Torah, ¡libro de historia!

por Luis E. Sabini Fernández –

A menudo resulta ilustrativo analizar a los críticos de ciertos actos políticos porque con sus  críticas no hacen sino legitimar un estado de cosas que evite ese aspecto criticado, legitimando todo el resto de la construcción ideológica de que se trate.

Este fenómeno se repite con extraordinaria frecuencia en la cuestión palestino-israelí: críticos de “el estado judío” recientemente proclamado por el gobierno de B. Netanyahu y su equipo de genocidas confesos[1] “bajan un cambio” en el apoyo pero para reafirmarse en posiciones anteriores, que de ese modo consideran inatacables.

Así, Claudio Fantini, un periodista de los principales medios rioplatenses[2] presenta una nota; “Una pulsión oscura en Israel”[3], con una coloratura crítica ya en el título, refiriéndose a la muy reciente declaración de Israel como “el estado judío”.

¿Qué plantea nuestro comentarista? “Israel fue moldeado en el modelo liberal-democrático del Estado de Derecho” Sic, sic, sic. Lo cual revela un formidable escamoteo histórico o una ignorancia supina. El estado sionista, el sionismo, jamás se entendió así, salvo como recurso de propaganda “occidental”. Se postuló vehículo para la liberación de los judíos y para establecer un estado  étnico. Partiendo de la base ─equivocada─ que los judíos eran un pueblo. Y aunque el sionismo eludió al principio una religiosidad vertebradora, aceptó sí la versión de los libros sagrados judíos como fuente documentaria, algo que ningún historiador se atrevería a hacer.

Por eso, su afirmación de que en Israel “todos los ciudadanos son iguales ante la ley y tienen las mismas libertades y garantías” deviene un chiste de pésimo gusto. Israel procedió en la primera mitad de 1948 a expulsar la mayor cantidad de palestinos de sus viviendas y aldeas con violencia, con violaciones, con asesinatos; así huyeron de su tierra una cantidad de palestinos estimada entre 700 mil y 800 mil, grosso modo la mitad de la población palestina.  Los que quedaron fueron colocados bajo leyes marciales y desde el primer momento de la fundación del estado israelí, toda la población judía pasó a revistar en su ejército y ningún palestino sobreviviente en ese territorio fue convocado a filas. Todo eso era meridianamente claro entonces. ¿De que igualdad de derechos y garantías nos habla Fantini?

Fantini teme que Netanyahu pueda “diluir esas vigorosas garantías de igualdad y seguridad”. Se puede escribir cualquier cosa; ni el papel ni el teclado lo desmiente. Pero Fantini habla de algo que nunca existió.

Por eso temer, como al final de su columna, que la nueva ley ─que lo que hace es estrangular todavía más a los no judíos en el Estado de Israel─ desvanezca “los valores seculares, igualitaristas y democráticos de la fundación” es una falsedad histórica que asombra en su descaro. Y por ignorar que el sionismo fue construyendo un estado dentro de la Palestina colonia, primero turca, luego británica, un estado racista,  alegando la judeidad como denominador religioso; un estado de los judíos, ahora consagrado.

Un solo ejemplo: cuando el sionismo funda una central sindical en Palestina, la Histadrut, no aceptaba asalariados no judíos; era la central sindical de los judíos. Y no era una central sindical al estilo democrático occidental sino al estilo corporativista, que promovían los fascistas, albergando en su seno a obreros y patronos.

El sesgo pro-israelí de la mayor parte de la prensa occidental es indudable. Sabemos porqué. Pero al menos deberían procurar garabatear con más solvencia.

[1]  Esto no es ninguna boutade; basta leer declaraciones de ministros como Ayelet Shaked,  Avigdor Lieberman o Naftali Bennet, que postulan la matanza lisa y llana de palestinos.

[2] El País, Montevideo, Noticias, Buenos Aires.

[3] El Paìs, Montevideo, 21 jul 2018.

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La jugada de Israel y EE.UU. con la embajada a Jerusalén

por Luis E. Sabini Fernández –

La Gran Marcha del Retorno de los palestinos que conmemoraba los 70 años de la Nakba, la operación de despojo y saqueo del movimiento sionista sobre el territorio palestino, 14 de mayo de 1948, que consistió en manifestaciones a lo largo de varios viernes hasta los lindes entre la Franja de Gaza y el Estado de Israel, agrupó a decenas de miles de pobladores palestinos, sobre todo los virtualmente sitiados y puestos bajo un régimen de escasas calorías, casi sin luz ni calefacción y sobreviviendo en un mar de viviendas destruidas. La marcha se hacía cada viernes sin armas ni piedras, a lo sumo banderas palestinas y carteles.

Ese collar de manifestaciones de los viernes de abril y mayo (empezó el 30 de marzo de 2018) recibió viernes a viernes la balacera de centenares de soldados israelíes, entre ellos un centenar de francotiradores que les permitió “cosechar” cientos de asesinados y miles de heridos.

Pero no sólo eso. EE.UU. decidió a impulsos de Trump la mudanza de su embajada a Jerusalén el 14 de mayo, precisamente. Para lo cual Trump y su equipo ha ignorado deliberada y olímpicamente el status de ciudad internacional que la ONU otorgara a Jerusalén, en 1948, para disminuir siquiera simbólicamente el despojo, basándose en el carácter de asiento de las tres religiones monoteístas más grandes del mundo, y que por lo tanto no quedara dentro del estado sionista ni del inexistente estado palestino.

Israel se adueña en 1967 de Jerusalén por las armas, y la ONU, como habitualmente,  calla.  Ahora, en 2018, EE.UU. respalda a Israel y lo ejemplifica con la mudanza de su embajada desde Tel-Aviv.

Poniendo sal en la herida.

Obviamente, en esta fecha la Gran Marcha del Retorno sufrió todavía más víctimas de las que estuvo sufriendo viernes a viernes.

Si bien la matanza de cientos de palestinos y las lesiones a veces graves de otros miles de seres humanos,[1]  no parecen necesitar, en el concierto internacional, de condena alguna, la violación de Jerusalén apropiado por Israel no ha sido tan bien recibida.

Israel ha invitado a los estados que tienen representación diplomática en Israel a mudar las embajadas y apenas uno, Guatemala, lo ha hecho y dos más, Honduras y Paraguay,  lo proyectan.

Esos estados tienen una muy significativa relación con Israel que les ha aportado armas, técnicos en represión y tortura y/o guardias de corps: Guatemala ha mudado de inmediato su embajada, cumpliendo con la exhortación. Fue “asesorado” por Israel a principios de la década de los ‘80.[2]

Honduras tiene una doble relación, un doble agradecimiento (o una doble dependencia) hacia Israel; fue uno de los estados “asesorados” cuando las matanzas de los paramilitares en América Central en los ’80, como Guatemala, y a la vez es uno de los estados que en los últimos años ha ingresado a la ola de golpes de estado  blandos, de América al sur del río Bravo., junto con Paraguay.[3] “Golpes de palacio” más bien. Con “amparos” legislativos. Estos dos últimos han sido asesorados desde Israel, al punto que Israel “brindó” en el caso de Honduras no sólo armas sino incluso aparatos con radiación emética. Y guardias presidenciales. Y en el de Paraguay, personal en la guardia presidencial.

La escasa resonancia que hasta el momento caracteriza el enroque de las embajadas en Israel parece ser, sin embargo, el máximo de crítica a la acción absolutamente abusiva, prepotente, que ejerce Israel en su plan de adueñarse de todo el territorio palestino (y algunos otros; pensemos en los Altos de Golan, un territorio sirio, anexado por Israel en los ’80, en la ocupación por décadas del territorio libanés al sur del río Litani o las periódicas ocupaciones de la península de Sinaí, otra vieja aspiración territorial sionista).

Sin embargo, y aunque a nivel institucional, Israel sigue contando con el aval de EE.UU. y la mayor parte de Europa  amén del mundo anglófono (Canadá y Australia fundamentalmente), existe un runrún, apenas audible pero ya perceptible en muchos tejidos sociales, que repudian la política de matón de Israel.

La verdad, junto con la sabiduría, tienen un vuelo tardío, pero a la larga se abren paso ante las fulgurantes llamaradas de la mentira oficial. Claro que el costo es altísimo. En las vidas de las víctimas. Y tan menguado, suele ser, en la de los violadores. Pero hay que seguir siendo empecinadamente resistentes.

notas:

[1]  Tenemos que recordar lo obvio; que parece olvidado por la llamada comunidad internacional: los palestinos son seres humanos, algo sistemáticamente negado por el Estado de Israel al desconocer derechos tan elementales como el de movimiento, de protesta, de salud, parto asistido… el derecho a beber agua, incluso. Y a no morir en ninguna de esas acciones vitales, mínimas.

[2]  La coyuntura política “obligó” entonces a EE.UU. a abandonar su “protección” en América Central y delegó en regímenes de su confianza la tarea de mantener la represión ─genocidio maya incluido─ con miras a la Tercera Guerra Mundial, como se decía entonces. Los estrategos yanquis encontraron en la Argentina del dictador L. F. Galtieri y en los colonialistas agresivos de Israel los mejores candidatos (v. N. Chomsky, La quinta libertad, Editorial Crítica, Barcelona, 1988, p. 250).

[3]  Así como la llegada al gobierno de Cuba de Fidel Castro generó una oleada de movimientos guerrilleros en América del Sur y Central y sobrevino después una de dictaduras militares o cívicomilitares que asoló el subcontinente durante los ’70, nuestro subcontinente sigue experimentando nuevas oleadas. Las dictaduras poco a poco fueron sustituidas por un “sarampión” democrático con el que vimos el cambio de siglo. Poco después ha ido asomando una nueva generación de golpes de estado, menos sangrientos que los del ’70, más administrativos. Algunos fracasados como el realizado en Ecuador en 2010 o en Venezuela en 2011. Otros exitosos, como contra F. Lugo en Paraguay y M. Zelaya en Honduras.

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Dimensión canalla de los comportamientos israelíes

por Luis E. Sabini Fernández –

Israel ha ido acrecentando su presión sobre la población palestina, desmantelando sus medios de vida, comunicación, transporte, sanitarios, educacionales, convirtiendo a  la población palestina en islotes cada vez más segregados en los territorios mayores aun no deglutidos por el Estado de Israel ─Cisjordania fundamentalmente─ y en el caso de la Franja de Gaza, un régimen de cárcel a cielo abierto donde la segregación y el sitio que sufren ese más de millón y medio de palestinos parece contar con la anuencia mundial, en rigor la de los grandes poderes planetarios. “[…] la estrategia de asedio de las fuerzas israelíes de ocupación en Gaza y Cisjordania, una combinación peculiar de lo medieval y lo moderno. Aquí tenemos literalmente un estado de sitio que es permanente, una forma indefinida del ‘estado de excepción’ cuyo final es difícil de imaginar o concebir. Poblaciones enteras han sido deliberadamente aisladas de la posibilidad de seguir una vida cotidiana normal en lo que efectivamente era una ocupación colonial tardía […]”. Así define Jules Etjim [1] esa situación.

El “estado de excepción” dictado por el EdI es el que facilitó que la Marcha del Retorno, un reclamo palestino para volver a las tierras que le fueran violentamente arrebatadas primero y confiscadas después, programada y llevada a cabo desde el 30 de marzo ppdo. se convirtiera en la razón o la oportunidad para que las fuerzas armadas israelíes mataran, a lo largo de varios viernes, a centenares de palestinos desarmados y sin piedras [2] e hirieran a  varios miles.

La Marcha del Retorno, entonces puso en blanco sobre negro el carácter racista, despótico, genocida del EdI.

¿Cómo se atreve Netanyahu y la plana mayor israelí a tales atropellos, a semejante comportamiento? Porque campea la impunidad.

La dimensión canalla se expresa multifacéticamente. Otro ejemplo: el gobierno israelí ha llevado a sus más minúsculos niveles el suministro de energía a la FdG. En el anuncio de tan drástica reducción, que significa una vida cotidiana para casi dos millones de habitantes o mejor dicho sobrevivientes en el territorio gazatí, con muy escasas horas de energía diaria (6, 4, 2, no sabemos), aclaran que mantendrán los servicios de ayuda humanitaria.

Suponemos que esa última aclaración es de las que tranquilizan las conciencias democráticas y occidentales.

Lo registro como expresión de pensamiento doble tan bien descrito por George Orwell.

Pero la dimensión canalla y el pensamiento doble proliferan.

A fines de junio fueron secuestrados tres jóvenes israelíes. Poco después se encontraban sus cadáveres. Observe el lector que desde el 30 de marzo las fuerzas de seguridad israelíes inauguraron ese nuevo círculo del infierno decidiendo el asesinato colectivo de gente desarmada como explicamos en los párrafos precedentes.

El asesinato de esos tres israelíes es la respuesta sorda, la venganza, mínima, simbólica de palestinos desesperados e impotentes ante la imposición brutal de matanzas colectivas. Pero cómo reacciona la dirección sionista: “Beniamìn Netanyahu aseguró que Hamas pagará por el asesinato de los jóvenes […] El Gabinete israelí se expresó a favor de una acción militar. El ministro de Exteriores de Israel, Avigdor Lieberman, pidió una gran ofensiva aérea y terrestre en la Franja de Gaza. […] A su vez, el ministro de Defensa israelí, Moshe Yaalon, reiteró ayer sus palabras del día anterior: Consideramos a Hamas responsable del secuestro y asesinato. Seguiremos persiguiendo a los asesinos de los adolescentes. No descansaremos hasta que les pongamos la mano encima.”

“El presidente estadounidense, Barack Obama, ya había condenado ‘de la forma más contundente posible’ el asesinato de los jóvenes, lo que fue ratificado por el Departamento de Estado un día después. Sin embargo, la portavoz Harf no aportó pruebas concretas sobre la responsabilidad de Hamas en el asesinato aunque reiteró en varias ocasiones que existen ‘muchos indicios’. [3]

La cita de los últimos párrafos  proviene de infonews que encabeza su texto con el equívoco título de “Crímenes de israelíes”. Obviamente se refería al asesinato de los tres israelíes a manos palestinas y no el de centenares de palestinos a manos israelíes.

Esa reacción de Lieberman, Yaalon, Netanyahu, desgarrándose las vestiduras por la sangre vertida es lo que consideramos canalla cuando esos mismos dirigentes han sido fundamentales en el derramamiento de sangre palestina, acontecida justamente antes, mucho antes e inmediatamente antes.

El comportamiento israelí ha ido dando cada vez más razón a aquellos judíos temerosos ante el avance sionista. Uno de ellos aludía “al gato que estrangula sin hacer sangre”.

¿Qué nos advertía, por ejemplo, Isaac Leib Peretz en 1906, cuando el sionismo se estaba desarrollando con enorme vigor?

[…] temo que sobre las ruinas, en lugar de lo nuevo construyáis algo pero, más oscuro y frío. […] y la justicia […] os abandonará. Y no lo notaréis, porque para eso son ciegos los que triunfan y oprimen. […] Construiréis cárceles para encerrar a quienes extienden el brazo señalando el abismo en que caeréis.” [4]

Pero Peretz era un judío que hablaba de humanidad. Ese concepto parece raído y caduco para el sionismo. Y la lengua de Peretz era el yiddish. Que el sionismo desprecia.

Poco antes Peretz había señalado: “¿No decís acaso que la humanidad cual ejército hacia el frente, deberá marchar al compás que marquen vuestros tambores? Pero la humanidad no es un ejército.”

La cuestión hoy es si Israel es una sociedad que tiene su ejército o un ejército que tiene una sociedad.

[1]   “Notas sobre Siria y el advenimiento de la tanatocracia global”, www.rebelion.org., 24/7/2018.

[2]  Porque las pedradas eran la justificación de repetidos asesinatos de apedreadores o, en el  caso de niños, de quebradura sistemática de los huesos de sus bracitos.

[3]  http://www.infonews.com/nota/151882/para-ee-uu-hay-indicios-que-apuntan-a-hamas.

[4]  Esperanza y temor, Asociación Racionalista Judía, Buenos Aires, c:a 1940.

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¿De qué se avergüenza David Barenboim?

por Luis E. Sabini Fernández –

Se entiende que Daniel Barenboim esté apenado por el desarrollo de un proceso, el israelí, que hiere sus convicciones y sensibilidades.

Pero el deslinde que él acomete revela una increíble ensoñación de lo que ha sido, históricamente, el sionismo y la formación del Estado de Israel.

DB es sincero; rememora lo que dijo en 2004; que la declaración de independencia del EdI constituía “una fuente de inspiración para creer en los ideales que nos transformaron de judíos en israelíes“. ¿De dónde extraer semejantes creencias? Cita a continuación pasajes de la mencionada Declaración: “El Estado de Israel promoverá el desarrollo del país para el beneficio de todos sus habitantes; […] asegurará la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes sin diferencia de credo, raza o sexo.” Y rubrica: “Los padres fundadores del Estado de Israel que firmaron la Declaración entendían que el principio de igualdad era el cimiento de la sociedad que estaban construyendo.” [sic].

Estas ”declaraciones” de la dirección sionista en 1948 coinciden extraordinariamente con el “espíritu democrático” de la ONU, Los Aliados y el aire de la derrota al nazismo. Barenboim cita otros pasajes de dicha declaración; “Proclamamos el establecimiento de un estado judío en Eretz Israel, que será conocido como el Estado de Israel.” Esta última frase revela que la reciente decisión del gobierno fascista[1] se ajusta totalmente a los designios iniciales del sionismo en el flamante estado israelí, es decir judío (con las consiguientes excusas a todos los judíos que no se identifican con el Estado de Israel).

Pero DB no cita este otro pasaje, mucho más caro a los fines sionistas: “El Estado de Israel  permanecerá abierto a la inmigración judía y el crisol de las diásporas”. Este otro pasaje  “muestra las cartas”: se fomentará el establecimiento de judíos en Palestina/Israel; el crisol no será de razas sino entre judíos. Para lo cual los fascistas de entonces no escatimarán medios. El párrafo remata con esta otra frase; “promoverá el desarrollo del país para el beneficio de todos sus habitantes.” Esta segunda parte podría justificar la interpretación de DB, pero conociendo la estrictez de la ortodoxia sionista, tiendo a interpretarla como “frase de compromiso”, o concesión de palabra; se promoverá el desarrollo para beneficio de todos los habitantes, pero habitantes son los que deciden con su conciencia (judía) y no los ocupantes “casuales” que pueda albergar en 1948 Palestina (aunque esos habitantes “casuales” hayan vivido en esa tierra por más de un milenio…)

En rigor, lo que sostenía el sionismo, entonces, era algo muy distinto, diametralmente distinto a los buenos deseos rememorados por DB.

Muchos analistas palestinos, olímpicamente ignorados en Occidente, han explicitado el terror con que el sionismo se fue adueñando de la tierra palestina. Afortunadamente, desde la década del ’80 varios historiadores judíos, israelíes, desarrollaron el mismo enfoque  dejando a un lado la muy mentirosa historia oficial israelí y revelando episodios, planes, estrategias para el asentamiento y el dominio judeosionista del país.[2]

Veamos el comentario de Gideon Levy a la ley del estado-naciòn que el gobierno acaba de aprobar, en su nota “Una ley que dice la verdad sobre Israel” (14/07/2018):

La ley también pondrá fin a la farsa de que Israel es “ judío y democrático ”, una combinación que nunca ha existido y nunca podría existir debido a la contradicción inherente entre los dos valores que no pueden conciliarse, excepto mediante el engaño.”

Esto no es novedad. Entre los investigadores que hemos mencionado, designados “Nuevos historiadores”, Ilan Pappé, por ejemplo, luego de analizar el racismo imperante, las mentiras sobre las que se construyó el relato de la “independencia” del Estado de Israel, examinar investigaciones de diversas matanzas colectivas de aquel período (lo que le ha valido tener que abandonar su país natal y buscar refugio, donde vive actualmente, en Inglaterra) tiene un escrito significativo; “No, Israel no es una democracia”  (invitamos al lector a que lo lea, es de 26/5/2017).[3]

Pappé analiza y desmonta lo que llama “mitos fundacionales de Israel”, que vemos en tantas visiones de la historia israelí, como la de DB: el del éxodo voluntario de la población palestina; el de un frágil Israel ante un poderoso enemigo árabe; el de un deseo de paz expresado por Israel al finalizar el asentamiento (violento) de 1948.

Veamos lo que dice Richard  Falk alto comisionado de la ONU, muy interiorizado del conflicto palestino-israelí:

Durante varios años, Israel ha jugado con el consenso diplomático establecido en torno a la solución de dos estados para resolver el conflicto. Israel tenía mucho que ganar del mantenimiento de ese consenso. Podía decir a la opinión pública de su propio país y del resto del mundo que estaba haciendo todo lo posible para llegar a un final pacífico del conflicto. Y al hacerlo, Israel ganaba tiempo para expandir los asentamientos hasta que su extensión y magnitud sirviera para negar toda perspectiva razonable de revertir ese proceso y proceder a su desmantelamiento.” (“La ‘troika’ del Likud y la muerte del ‘proceso de paz’ de Oslo”, 7/9/2015).

Esto no lo ha hecho Israel en 1993 (fecha de los “acuerdos” jamás alcanzados a los que se refiere  Falk, como de Oslo). Esto lo hizo en 1947, 1948, en el mismo momento de plasmación del EdI. Basta leer al considerado padre de dicho estado, David Ben Gurión.

“[…] la paz para nosotros es un medio. El fin es la completa y total realización del sionismo. Sólo para eso necesitamos un acuerdo” (9/VI/36).[4]

El periodista australiano John Pilger anota: “Cuando fui como un joven reportero por primera vez a Palestina en […] 1969 me alojé en un kibutz. […] En el kibutz nunca se usaba la palabra “palestino”. Pregunté por qué. La respuesta fue un silencio problemático.

Una noche durante la cena les pregunté por las siluetas de personas que se veían a lo lejos, más allá de nuestro perímetro.

“Árabes”, dijeron, “nómadas”, casi escupiendo las palabras. Dijeron que Israel, refiriéndose a Palestina, había sido prácticamente una tierra baldía y que una de las grandes hazañas de la empresa sionista era lograr que verdeciera el desierto.

Pusieron el ejemplo de su cosecha de naranjas Jaffa que se exportaba al resto del mundo […] Era la primera mentira. La mayor parte los naranjales y de los viñedos pertenecían a pales-tinos que habían labrado la tierra y exportado naranjas y uvas a Europa desde el siglo XVIII.

En todo el mundo colonizado [los colonialistas] temen la verdadera soberanía de los pueblos originarios.[5]

Glosemos a Alison Weir, otro judío lúcido y consiguientemente enfrentado a la construcción sionista, en su nota  “¿Por qué EE.UU. honra a un rabino racista?” (CounterPunch, 12-04-2014) donde examina la importancia de una rama principal del judaísmo, imperante en el EdI, el jasidismo y el último Rebe, Menachem Schneerson. Uno de sus fundamentos: “los judíos son una especie totalmente diferente que la de los no-judíos, y […] los no-judíos sólo existen para servir a los judíos”. Weir aclara que estas verdades no se publicitan tanto, al punto que muchos de sus seguidores las desconocen. Lo cierto es que el jasidismo forma parte sustancial del proyecto sionista.

Mencionamos uno de los Nuevos historiadores, Pappé, con una conciencia crítica  de la política emprendida por el sionismo. Otro de los Nuevos historiadores, en cambio, aun desmistificando la historia oficial israelí y estableciendo documentadamente lo acontecido, admite ese comportamiento precisamente. Benny Morry: “Las masacres fueron un mal necesario, sin eso no se hubiese establecido un Estado judío.[6]

La insurgencia guerrilleril de algunos agrupamientos palestinos empañó la situación porque la violencia sionista se podía ver solo como defensa institucional.

DB se plantea la pregunta: “¿Puede el pueblo judío, cuya historia es testimonio de sufrimiento incesante e implacable persecución, permitirse ser indiferente a los derechos y el sufrimiento de un pueblo vecino? Se refiere obviamente a los palestinos. La alusión es profundamente inexacta: los palestinos no son vecinos de los israelíes; los israelíes fueron ocupando Palestina y desplazando a los palestinos, arrinconándolos, mediante métodos bastante violentos como razzias, violaciones, asesinatos allá por 1948 (y desde bastante antes), y posteriormente mediante derribo de viviendas y barrios, expulsiones y otros acosos.

Los palestinos no son vecinos. Son algo más profundo, históricamente considerados. El concepto de vecinos los iguala. La relación entre ocupante y desplazado nunca es de igual a igual. DB escamotea, sin querer o queriendo, el filo del problema.

DB reivindica un lugar para Israel “en la familia de las naciones ilustradas”. Una concepción dual y burguesa del mundo, de las sociedades humanas que habría que cuestionar desde el mismísimo concepto de ilustración. ¿Quién es más ilustrado? ¿El tecnófilo que arruina el ambiente pero realiza formidables construcciones ingenieriles o el campesino analfabeto que sabe cuidar la tierra, los alimentos, el agua?

En fin, a lo largo de su nota con el significativo título “Por qué hoy me da vergüenza ser israelí”, presenta una visión edulcorada del historial sionista que está muy reñida con la realidad que afortunadamente siempre rechazaron algunos judíos (y varios no judíos).

La dirección fascista del EdI se siente amparada por “los grandes poderes mundiales” (estados como EE.UU. o el Reino Unido, y ramas de actividad como la armamentista, la de seguridad, la laboratoril, la cibernética). Encuentra al mismo tiempo cada vez mayores resistencias. DB remata su proclama aclarando que no cree “que el pueblo judío haya vivido veinte siglos, entre persecuciones y el sufrimiento de crueldades infinitas para convertirse ahora en opresores e infligir crueldad a los otros. Esta nueva ley hace exactamente eso.”

Gran desconocimiento, radical, de la realidad. Esa ley apenas refrenda lo que es y ha sido la política práctica y cotidiana del estado israelí sobre la sociedad palestina: detención sin orden judicial, de niños incluso, y generalmente levantando a los que van a ser detenidos de la cama, a la madrugada; tirar a matar sobre palestinos que podían portar una rueda, o una tijera o por mero placer de hacer puntería, balear los tanques de agua, siempre escasa, drenar los efluentes del territorio llamado Israel hacia la Franja de Gaza, que es el suelo más bajo, costero, de Palestina, inutilizarle sistemáticamente usinas depuradoras, puertos o aeropuertos, obligar cotidianamente a cada trabajador palestino que sume a su jornada de 8 horas, otras 5 o 6 para transportes cortísimos que la población israelí, con auto o en bus, cubre en minutos. Desde hace décadas la ocupación castiga cruelmente a esos otros, que para Golda Meir ni existían.

A Daniel Barenboim lo avergüenza, y con razón, el Israel de 2018. Pero lo que a él lo avergüenza no empezó en 2018, ni en 2008, ni siquiera en 1948.

Viene en el “paquete” sionista. Con las mejores intenciones, claro, como siempre.

[1] El calificativo fascista no tiene connotación; es sencillamente el nombre que le correspondía en las décadas del ’30 y ’40 a lo que hoy se llama Likud o gobierno de Netanyahu. Si por alguna razón, luego de la 2GM dejaron de calificarse así, es cosa de “ellos”.

[2]  Hubo historiadores judíos anteriores que fueron revelando verdades (como Simla Flapan). Decimos judeo-sionista porque en el exterior y fundamentalmente en EE.UU. fue difícil por décadas separar esos atributos. En los últimos años, y ante la brutalización siempre en aumento del proceso sionista, se ha ido gestando un sector judío estadounidense que se está separando de las redes de apoyo judeosionista en EE.UU. a favor de Israel (AIPAC, ADL, IATI, AJC).

[3] Véase además La limpieza étnica de Palestina, Editorial Crítica, Barcelona, 2008; Genocidio progresivo en Palestina, compilación de artículos, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2017.

[4]  http://www.radiojai.com/rj/noticom.php?cod=MTM0ODU4MA= ”Haciendo historia”.

[5] “Por qué Palestina sigue siendo el problema”, Counterpunch, 17/7/2015.

[6]  http://www.psicoeducacion.eu/node/472.

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“Amistoso” Argentina-Israel, ¿qué falló?

por Luis E. Sabini Fernández

El traspié sufrido por Israel con la cancelación del partido amistoso Argentina-Israel repite, una vez más, una enseñanza que tantas veces hemos aprendido en cuentos y parábolas infantiles: “la codicia rompe el saco”.

Los planetas parecían alineados para que Israel se hiciera de un nuevo triunfo en la seguidilla de avances y conquistas, de impunidad y desinformación, recursos con los que se ha ido acostumbrando a ganar en los últimos tiempos.

El fascista[1] Beniamin Netanyahu ha armado un gabinete con alegres asesinos confesos de palestinos, como Naftali Bennet, ministro de Educación, que tranquiliza a su público bagatelizando tales asesinatos; “He matado a muchos árabes en mi vida. No hay problema con eso”.[2] O la ministra de Justicia, Ayelet Shaked, que aboga por la muerte de madres palestinas, “porque paren serpientes”… (ibíd.).

Hace apenas mes y medio, se atrevieron a asesinar a centenares de palestinos desarmados y en actitud pacífica. La primera vez que aplicaron “la doctrina Bennet” sin subterfugios; hasta ahora  aprovechaban a una adolescente desesperada armada de una tijera, por ejemplo, para matar a “la terrorista” y eventualmente algún palestino próximo; más tradicionalmente, tirar a matar a apedreadores, muchos menores, previamente calificados como “terroristas”.[3]

La brutalización cultural y el consiguiente encanallamiento ético de Israel parece “permitirle” ahora matar palestinos sin causa ni peligro a la vista. Israel va ingresando así a escalofriantes categorías jurídicas, como la de homo sacer, de Giorgio Agamben, o la de untermenschen de Lothrop Stoddard.  Stoddard, supremacista blanco, acuñó, por ser racista estadounidense, el término en inglés, “underman” (1922), pero se popularizó en alemán, entre otros motivos por su adopción por los nazis. Se refiere a quien carece de todo derecho, incluido el de vivir, asemejándose así al concepto que acabamos de mencionar de Agamben. Así, lo que Stoddard concibió para afros, los nazis para judíos, los israelíes lo han ido adoptando para palestinos… lo común es la pérdida radical de derechos… de los otros.

Lejanos los tiempos en que siquiera algunos sionistas visualizaban al campesinado árabe palestino como étnicamente unido a la sociedad judía anterior al Islam y al cristianismo; incluso tiempos posteriores en que veían a los palestinos como intrusos, que les habían usurpado [¡sic!] la tierra sagrada. Ahora corren tiempos  en que la tierra judía, totalmente escindida de su historicidad, ha sido colocada en un lugar inaccesible a humanos vulgares, como nosotros. Desde allí el gabinete Netanyahu, reforzado por la dosis Trump, se permite nuevos atropellos, nuevas falsedades.

Así llegamos recientemente a la reafirmación trumpiana de Jerusalén como capital total y exclusiva de la judeidad, ignorando una convivencia milenaria en esa ciudad-enclave de las tres grandes religiones monoteístas, tan parecidas entre sí, por su relación con lo jerárquico y la veneración al poder…

En este proceso triunfal y triunfalista del eje EE.UU.-Israel (o más precisamente Israel-EE.UU.), Israel “abrocha”, con mucho dinero, un partido “amistoso” entre Israel y Argentina en vísperas del mundial. Israel paga hospedajes, traslados y mucho cash para la AFA, trastornando “apenas” el itinerario y la preparación del seleccionado argentino con una visita a Israel. Por once millonejos (que Israel ni siquiera desembolsa, porque provienen con seguridad de los fondos que permanentemente suministra EE.UU. a Israel), Israel conseguía un espectáculo local con la pulga universal… en Tel Aviv o Haifa.

Todo iba como sobre ruedas. Entonces, Miri Regev, la ministra de Deportes (y Cultura), sintiéndose dueña de la situación, estiró la cuerda; −hagamos el encuentro en Jerusalén, justo cuando EE.UU. inaugura su embajada…

 

Hasta entonces, los activistas del boicot a Israel estaban intentando una campaña para que Argentina no aceptara hacerle el juego a la geopolítica israelí bajo pretextos deportivos.

Se hicieron concentraciones ante la AFA en Buenos Aires, repudiando el oportunismo de ingresar a la estrategia israelí o israeloyanqui por un puñado de dólares y se  publicaron cientos de gacetillas denunciando el comportamiento racista y artero de la política represiva israelí, que incluye balear en las piernas y/o en los pies a jugadores de la selección de fútbol palestina, pero la jugada diplomática no se detenía…

Entonces, el BDS,[4] asentado en Barcelona, ensangrentó varias camisetas 10 aludiendo a todos los muertos desarmados e indefensos que los militares israelíes, fríamente organizados, habían estado desangrando en los días, sobre todo viernes, de abril y mayo…

Y se produjo un clic. Si todo había estado confluyendo hacia la jugada maestra de Regev, jalonando un encuentro Trump-Netanyahu (al que por la situación interior argentina, no se podría sumar Macri), tras la asonada en Barcelona, los jugadores, al parecer con Messi a la cabeza, dijeron no. Adujeron miedo. Y se negaron valientemente a seguir la operación.

Se perdieron los millones. Pero los jugadores ganaron en tranquilidad y concentración viajando directamente de Barcelona a Moscú. Y en dignidad.

El poder no está acostumbrado a tropezar. Ni siquiera con la realidad. ¡Netanyahu llegó a llamar dos veces, por teléfono a Macri! para anular la anulación. No tenía la menor idea del carácter de la negativa. Y de que no siempre rige la disciplina de cuartel. A la cual, él seguramente sí está muy acostumbrado.

Ya con la delegación argentina en Rusia, surgieron las críticas a la ambiciosa Regev. Pero era tarde. Su soberbia la había, los había, perdido.

Bueno es recordar, o enterarse, que Regev, otra integrante del gabinete de racistas y asesinos de Netanyahu, durante violentos disturbios contra los africanos en Tel Aviv incitó a la multitud calificando a las víctimas de “cáncer”.[5] Pero luego se desdijo; pidió disculpas… a los enfermos de cáncer.

¿Puede el lector vislumbrar el caldo tóxico de chovinismo, necio orgullo nacional (no hay otro) y racismo supremacista que asuela a Israel?

Eso estuvo siempre en Israel, pero larvado. El strip-tease que conlleva el mero ejercicio del poder desenfrenado, permite visualizarlo mucho más claramente.

 

 

[1]  Ningún insulto. Referencia a su pertenencia política histórica.

[2]  Richard Silverstein, “El gobierno más racista y extremista de la historia de Israel”, 15/5/2015.

[3]  Hay que decir que la barbarie sionista, como la fascista o la nazi, tiene gradaciones: cuando la pedrea se convirtió en el medio de protesta palestina contra la ocupación de su país, porque más y más población se fue dando cuenta que las conversaciones diplomáticas no iban a parte alguna y los abordajes guerrilleros tampoco; la intifada de 1987 surgió como un estallido de cólera colectivo. Los soldados israelíes se dedicaron a aprehender a los apedreadores y, con una piedra grande, pesada, quebrarle los brazos, los bracitos a menudo preadolescentes. Una pedagogía probablemente bíblica. Porque el sionismo es seguidor de mandatos bíblicos. Dedicados a ver si pueden repetir en los siglos XX y XXI lo que Yahvé les habría otorgado, según los testimonios rabínicos, sobre los pueblos de la zona; el tratarlos (y exterminarlos) a espada… (al Amorrheo, al Cananeo, al Hetheo, al Pherezeo, al Heveo, al Jebuseo…). Entrados al s. XXI ya no les alcanza quebrar huesos…

[4]  Movimiento palestino de Boicot, Desinversiòn y Sanciones al Estado de Israel.

[5]  Richard Silverstein, ob. cit.

 

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