Matemática imperial: Israel x Trump = Acabar con la cuestión palestina

Por Luis E. Sabini Fernández –

Ofensiva mundial de la extrema derecha liberal

Hasta el menos avezado en política internacional advierte el endurecimiento de EE.UU. y en general del eje geopolítico planetario que pasa por EE.UU., el Reino Unido (cada vez más entre paréntesis) e Israel.

Mi impresión es que los palestinos han iniciado la esforzada Marcha del Retorno (desde 30 mar 2018) como respuesta a la política que el tándem Trump-Netanyahu ha decidido llevar adelante y que es, sencilla y brutalmente, “la solución final” a la cuestión palestina. Bajo el ominoso nombre de “Plan de Paz” que, al desconocer toda especificidad palestina, se lo debe llamar Plan de Paz de los cementerios. Porque se trata de un plan para borrar la cuestión palestina. Para Netanyahu-Trump, no hay palestinos. Como en “los primeros tiempos”, con Israel flamante, su canciller Golda Meir sostenía con desenfado y desprecio: “los palestinos no existen”, y por lo tanto no corresponde ningún reclamo al respecto; ni de tierras, ni de territorios, ni de soberanía, ni de rendición de cuentas,  de nada.

Lo que empezó con pequeñas usurpaciones legales (mediante compras comerciales, a precios tentadores, a propietarios turcos latifundistas ausentes) a fines del siglo XIX; siguió diezmando la rebelión de Palestina en 1936, cuando ya sectores considerables de su población advirtieron el proceso de implantación y usurpación crecientes, ante el que se levantaron en una suerte de huelga insurreccional, que le  costó a la sociedad palestina miles de ejecutados, y poco después, el sionismo, valiéndose del triunfo de Los Aliados en 1945, generando “hechos en el terreno”, que la ONU jamás fue capaz de desandar, porque tras la feroz represión nazi generalizada a judíos, sobre todo con la II Guerra Mundial, los sionistas en particular ‒y los judíos en general‒ obtuvieron una suerte de salvoconducto moral que los puso a salvo de cualquier crítica.

Pero el victimismo que prosperó en la posguerra ha ido trasmutando, con el tiempo, en algo cada vez más prepotente y menos democrático.

La brutalización

Veamos al azar, apenas unos episodios “termómetro”:

  • Mujeres judías y árabes se juntan en una plaza de Tel Aviv (“Mujeres de negro”) para reclamar algunos derechos (mínimos) y contra la política agresiva israelí. La extrema derecha hace contramanifestaciones, con varones, que no sólo vocean en contra sino que las prepotean, las empujan…
  • Los israelíes que matan, mediante incendio, por ejemplo, a población palestina han sido festejados, sobre todo desde las colonias que agrupan a los más cobardemente violentos, y tolerados ‒¿pasividad, impotencia?‒  por el resto de la población judía israelí. Cuando en la ciudad de Lod se hizo el año pasado el juicio contra colonos que perpetraron la muerte de casi toda una familia palestina (padres y bebe de 18 meses quemados vivos en la vivienda de madrugada; el primogénito, 4 años, sobrevivió con grandes daños en su cuerpo y secuelas de por vida), se cambió la carátula inicial de asesinato por el de incendio provocado. Las tres muertes resultantes y el herido de por vida pasaron a un segundo plano; el que realizó materialmente el incendio, aunque dentro de un grupo antiárabe (jurídicamente cómplices), recibió así una condena que podrá cumplir con arresto domiciliario.[1] A mi modo de ver lo más espeluznante es la actitud ante las víctimas: los que acompañaban al incendiario asesino tarareaban; “Todos quemados y no está Alí, ¿dónde está Alí?; Alí no está, Alí quedó a la parrilla.” Alí era el pequeñín  de la pareja, quemado vivo.

Saña, sádica, abusiva, burlona, una pervertida forma de chutzpah.[2]

  • La tripulación turca que no aceptó de buen grado el abordaje a su barco de auxilio a Gaza: sin armas de fuego ni cuchillos, resistieron con algún palo el abordaje ilegal en alta mar desde barcos piratas israelíes: los comandos “de Defensa” israelí ametrallaron y mataron así, en el copamiento, alrededor de una decena de tripulantes.[3]

Veamos algunas declaraciones que entiendo abonan esta atrocidad que ha ido  creciendo junto con la brutalización y el despojo, fríamente calculado, de la ocupación israelí.

A los “ocupacionistas” les gusta llevar adelante una comparación/identificación: en Israel se estima muy apropiada la “solución” de las Indian Reservations,[4]  el modelo madeinUSA.

Inevitablemente, la base del plan Trump-Netanyahu es la mentira y el escamoteo. El embajador de EE.UU. en Israel, David Friedman, un modélico anarcocapitalista, según sus propias palabras, declaró con total descaro que: “Israel ocupa apenas el 2% de Cisjordania”.[5] En Cisjordania, la región más grande de la Palestina histórica que hasta 1967 no estaba dentro del mapa israelí, asiento de una población palestina de aproximadamente dos millones y medio de habitantes  y lugar de las principales ciudades palestinas (Ramallah, Tulkarem, Qualquilia, Nablus, Jericó, Belén, Hebrón) fue “descuartizada” por los vergonzantes Acuerdos de Oslo (1993) en tres niveles de gobierno (administración militar israelí, administración compartida y administración palestina). 2% es más bien lo que los “acuerdos” de Oslo dejaron a los inermes  palestinos y una enorme parte de ese territorio quedó bajo la administración militar israelí, con las consecuencias fáciles de prever en 1993 y visibles en 2019: los colonos se han ido adueñando de las mejores tierras, las alturas y las vías de comunicación, manejando política y militarmente la inmensa mayoría del territorio cisjordano. Hablar de 2%, cuando está hablando de más del 90% nos muestra su total desprecio por la realidad, por la verdad.

Con el período de Friedman embajador coincide el incremento de las colonias israelíes en territorio palestino, ¡qué casualidad!

El triunvirato designado por Donald Trump; Jason Greenblatt, el mencionado Friedman y el yerno, Jared Kushner, jaranean con la cuestión y con ellos el escarnio ha tomado vuelo.

Chutzpah en ristre

Por ejemplo, Greenblatt, procura echar culpas a Hamas, la organización armada musulmana palestina con mayor apoyo en la Franja de Gaza. Ha dicho: “Hamas ha dejado a Gaza en ruinas.” Una perversa versión del origen de los escombros en Gaza. Giraldi, luego de la cita, aclara que Greenblatt prosigue con una bastante certera descripción del lamentable estado de la Franja: “La vida en la Franja es ardua, triste y anormal. Sólo edificios con generador propio mantienen electricidad. La falta de corriente afecta todo, como preservar comidas o hacer el tratamiento de los desechos. […] Las estanterías de los grandes comercios están vacías. La costa, que en muchos  otros lugares del Mediterráneo suelen ofrecer balnearios, está en Gaza cubierta con desechos cloacales e industriales sin tratamiento alguno y con los escombros de múltiples guerras […].”

Y como bien destaca Giraldi, la desfachatez de Greenblatt estriba en que llega a atribuir este estado de situación de la FdG a Hamas, negando de hecho el papel que ha tenido el intento de ocupación israelí. La resistencia lo ha pagado con el desesperante estado actual de la FdG. En 2005, quien iba a ser al año siguiente el Carnicero de Sabra y Shatila, Ariel Sharon, entonces premier, dispuso abandonar el territorio pero para devastarlo. Algo que hicieron de inmediato los colonos convirtiendo en escombro todas sus costosas y lujosas instalaciones y abandonando los escombros en el terreno, y en la primera noche tras la evacuación, ensordeciendo a todos los habitantes con vuelos rasantes imitando bombardeos y rompiendo la barrera del sonido, que se tradujo en una epidemia de enuresis infantil. Y los desechos industriales y cloacales que señala Greenblatt son, sobre todo, los que echan “camino al mar” los israelíes que están tierra adentro de la Franja. Se cuidan por cierto de tratarlos porque cumplen otra misión: martirizar la vida de palestinos.[6]

Con buen olfato Marwan Bishara,[7] periodista de Al Jazira, considera que los tres emisarios del poder imperial occidental, el triunvirato citado, con “una chutzpah  inigualable”, se han dedicado a denostar a referentes palestinos, pretendiéndose, claro, superiores.

Bishara asocia, con buen tino, tales argumentaciones, con The Israel Project`s 2009, una significativa  edición “ideológica” diseñada por comunicólogos sionistas y que apareció de modo sintomático,  inmediatamente después de la atroz embestida por aire, mar y tierra con el calificativo de “Plomo fundido” ‒una designación oficial que es un sincericidio‒, que Israel llevó a cabo a partir de diciembre de 2008 contra la FdG y su aprisionada población.

Se trata de una elaboración de cientos de páginas (si sumamos a la edición principal, algunas otras complementarias) de las cuales tomaremos aquí apenas algunos ejemplos.

El capítulo 1 establece “25 reglas para una comunicación efectiva”. Y el primer punto de este primer capítulo establece: “A los convencibles no les importa cuánto sabes hasta que se dan cuenta cuánto te importa. ¡Mostrá empatía para AMBOS lados!”

En una frasecita, ya lo dice todo: no se trata de si te importa o no; se trata de que muestres que te importa (te importe o no).

Este penoso ejemplo resume todo The Israel Project’s 2009 (en adelante TIP) que viene a ser, en términos literarios o ideológicos, sobre el papel, lo que fue la descarga de plomo, fundido o no, sobre la población gazatí y su maltrecho territorio ese mismísimo año.

Cientos de muertos, miles de heridos. En una población de algo más de un millón y medio de habitantes. Del 27 diciembre al 17 de enero.  El Centro Palestino para los Derechos Humanos, en su informe sobre la operación registra 1417  palestinos asesinados durante el conflicto. De ellos 926 habrían sido civiles (313 niños y 116 mujeres); 255, oficiales de la policía civil de Gaza y los 236 muertos restantes,  milicianos de las Brigadas de Ezzeldin Al-Qassam, Yihad Islámica y otros grupos armados palestinos.

Ponderemos estas cifras pensando en población uruguaya: tendríamos casi tres mil muertos y unos once mil heridos. Y si lo hiciéramos con población argentina, este ataque durante 3 semanas arrojaría un equivalente de algo más de 38 mil muertos y unos 146 mil heridos… Las cifras de víctimas de las últimas dictaduras en estos dos países (de 7 años en Argentina y 12 años en Uruguay) ni con las estimaciones más subidas, se aproximan al infierno concentrado en apenas 3 semanas palestinas.

Esta brutalidad del ataque, que se caracterizó por producir heridas con fósforo blanco o con tungsteno (imposibles de cauterizar o limitar ni siquiera quirúrgicamente; las bolitas de tungsteno, cancerígenas,  se esparcen por los tejidos y son miles); ataques y bombardeos dedicados  a inutilizar las instalaciones de potabilización de agua, de generación eléctrica, sanitarias y en general sobre viviendas, escuelas y hasta hospitales; inutilizar puerto y aeropuerto del pequeño territorio, estrangulado con un sitio que para entonces ya llevaba más de dos años (y que hoy lleva más de doce), necesitaba una coartada, un descargo ideológico.

Allí hizo su entrada en la escena cibernética, en las app, en los portales, en la multitud de correos y celulares particulares, los trolls, el TIP.

El primer paso para ganar confianza y amigos para Israel es mostrar que te importa la paz tanto para israelíes como para palestinos y, en particular, que alientas un futuro mejor para cada niño.”

Afirmar esto a semanas de haber aniquilado a centenares de niños y estropeado la vida de otros varios miles, resulta francamente indigerible y nos revela el grado de manipulación mental que este “diccionario” de “buenas intenciones” encarna.

Use la empatía. Hasta las cuestiones más arduas pueden sortearse si te apresuras a aceptar la idea de que la otra parte tiene al menos alguna validez. Si empiezas de respuesta declarando “Entiendo y simpatizo con aquellos que…”  “ya estás construyendo la credibilidad que vas a necesitar para tu audiencia.”

Al contrario, si el núcleo de tus planteos es un coro de dedos en alto puntualizando que Israel tiene razón y los demás están equivocados, entonces vas a perder más apoyo del que vas a obtener. Alguna gente que apoya Israel puede decir: ‘es hora de marcharse’, pero gente que no apoyaba antes a Israel, entonces se alejarán definitivamente.

El quid del asunto es que cuanto más draconiana son las medidas de despojo, cuanto más se lleve por delante los derechos de seres humanos palestinos (porque los palestinos, pese al sentir del sionismo militante y de ciertos mensajes bíblicos, son humanos), más deben envolver esta política racista, supremacista, en envoltorios de empatía, comprensión  y palabras que funcionen (o rindan: “WORDS THAT WORK”). Y más por el estilo (“MORE WORDS THAT WORK”).  Los diversos capítulos del peculiar diccionario de argumentaciones suelen rematarse con tales “palabras que funcionan”.

Estos lavadores de conciencia nos dicen, mejor dicho les dicen a sus acólitos: “El modo más efectivo de obtener apoyo para Israel es hablar de que ‘estamos trabajando por una paz duradera’, que ‘respete los derechos de todos en la región’. Fíjese bien que no haya mención ni de Israel ni de los palestinos.”

E insisten para desprolijos: ”Y no hay ninguna justificación, bajo ningún aspecto para la matanza deliberada de inocentes, mujeres y niños. NUNCA.

En el numeral siguiente advierte al seguidor o futuro troll: “No pretenda que Israel no tiene errores o no comete faltas. No es verdad y nadie lo creería.”

Hay que reconocerle al menos lucidez y sinceridad: “Pretender que Israel no comete errores no resulta creíble. Únicamente hará que sus preguntantes cuestionen todo lo que usted afirme. Admitir que Israel hace y continúa haciendo errores no cuestiona la justicia final de los objetivos israelíes: paz y seguridad y mejor calidad de vida para las dos partes.” Aquí, al final, sustituyeron la lucidez por la demagogia.

Use la humildad”. Se agradece la franqueza de este argumentario: use la humildad, que no significa,  por cierto, que hay que ser humildes. Apenas blandirla.

A continuación de tan “sabio” consejo nos dice TIP: “Sé que tratando de defender niños y ciudadanos de los terroristas, Israel ha lastimado accidentalmente alguna gente inocente. Lo sé y me entristece.

La magnitud de los ataques israelíes a los palestinos dice crudamente otra cosa.

La apropiación del territorio palestino en 1948 no significó  solo la expulsión y el despojo a unos 700 mil u 800 mil palestinos; también hubo miles de muertos, dato jamás relevado porque no fue revelado en su momento, lo mismo que violaciones. El ataque a la Franja de Gaza que antecede este argumentario para trolls dejó el tendal que ya hemos reseñado. Pero poco antes,  en 2006, los israelíes habían incursionado en la FdG y matado a medio millar de seres humanos. Un operativo para rescatar, se dijo, a un soldado prisionero (que fue finalmente liberado, sin un rasguño, por los palestinos; Gilad Shalit).  Mi impresión es que la suerte de Shalit fue una “magnífica” excusa para asesinar palestinos, incluso como algún soldado poco ducho en demografía  ha dicho, ‘para ir reduciendo la población palestina’.

¿Eso es ‘lastimar accidentalmente alguna gente inocente’? ¿O perversión de lenguaje?

El libelo ingresa a los razonamientos por analogía, que ya sabemos son más manipuladores que certeros. Nos pregunta: “Si EE.UU. hubiera renunciado a tierra por paz y ese territorio fuera usado para despegar desde allí cohetes contra EE.UU., ¿qué haría EE.UU.?”

La desfachatez y la desfiguración histórica en la pregunta son llamativas. ¿Es, ha sido alguna vez, israelí la Franja de Gaza? En rigor, ha sido ocupada militarmente por Israel en 1967 como el resto del territorio palestino que no había sido ocupado  por el sionismo en 1948, pero el planteo de los despojados palestinos ha sido no aceptar semejante despojo.

Colonización anacrónica, por brutal… y por colonial

El sionismo con Trump como su mascarón de proa está procurando acabar la construcción de un estado por asentamientos al estilo de EE.UU., Australia, Nueva Zelandia y otros, en una época, la segunda mitad del siglo XX y nuestro presente,  donde el colonialismo ha perdido toda su pretendido lustre racista y su famosa “carga del hombre blanco” (que venía a resolverle cómo hacer una sociedad a “los primitivos”).

Para seguir en semejante intento, sus personeros no tienen más remedio que falsificar la realidad, hacer escarnio de la verdad, promover el discurso irreal. Funcionarios yanquis, por ejemplo, ya no nombran a las colonias sionistas como colonias. Ni a los colonos como tales. Pero el escamoteo semántico tiene patas cortas.

El modelo USA con su “solución india” es increíblemente falaz para la realidad palestino-israelí. Dijimos que ‒por cierto que con matanzas mediante‒ la población aborigen ahora en EE.UU. ronda el medio millón de habitantes (más aproximadamente un millón en Alaska). No llega ni al 0,5 % de la población general de EE.UU. En Palestina/Israel, grosso modo se puede hablar de dos poblaciones equivalentes,  5, 7 u 8 millones de judíos y otros tantos palestinos no judíos. El símil es insostenible.

La cruda realidad del momento es que la derecha radicalizada está con mucho “viento en la camiseta”. Europa se está enderechando  a un ritmo crecientemente acelerado, la bizquera es tanta como para seguir considerando a Alexis Tsipras “de izquierda” siendo amigo de Israel, y como un contagio liberticida se suman países que entienden delito toda crítica a Israel (caso Francia y Alemania) con lo cual, adiós a cualquier democracia; China empieza a participar del festín imperial (solo que llega un poco tarde, con las porciones de la torta planetaria ya bastante carcomidas…). En la América no sajona también los vientos de la derecha (ilustrada, como la de Mario Vargas Llosa; gerencial, como la de Mauricio Macri, o francamente militarista y fascista, como la de Jair Bolsonaro) parecen propicios para los afianzamientos de un Israel con mandato divino.[8]

Es triste comprobar que la resistencia a la ocupación que supieron encarnar tantos judíos israelíes, como con Paz Ahora, Mujeres de negro e incluso grupos radicales como Anarquistas contra el Muro o el Comité Israelí contra el Derribo de Viviendas Palestinas, han palidecido políticamente hasta apenas vérselos en el desierto ideológico israelí.

Israel cuenta a su favor el desgaste de palestinos que llevaron adelante violencia contra violencia para vencer al sionismo, que han sido derrotados y peor aun, “recuperados” mediante el invento de una Autoridad Nacional Palestina al servicio de Israel.

Quedan apenas algunos escollos. Como la creciente decepción de tantos jóvenes judíos estadounidenses, adoctrinados en el culto al Holocausto y a su presunta creatura, Israel, que van descubriendo con sus visitas a “La Tierra Prometida” que no todo era como le contaron, que en rigor casi nada es así… Y el otro gran escollo es la increíble fortaleza, tesón, entereza de los palestinos que ha arrancado del deslumbrado médico noruego Mads Gilbert esa frase siempre tan riesgosa: “Los palestinos son probablemente el pueblo más fuerte del mundo”.[9] Gilbert ha trabajado varias veces en los hospitales de campaña, primero en El Líbano y luego en la Franja de Gaza. Conoce mucho del dolor y la desesperación humana… y palestina.

notas:

[1]  Philip Giraldi, “Feeding the Monster”,  https://www.unz.com/pgiraldi/feeding-the-monster/, 3 jul. 2018.

[2]    El término, del yiddish, alude al desparpajo, a la hispana “frescura”, con la cual judíos pueden burlarse. A medida que el poder de la comunidad judía en el mundo ha ido afianzándose, con eje en Israel, ha habido una metamorfosis semántica, por la cual se la traduce cada vez más como “temple”.

[3]  Véase mi “Palabras insultantes contra hechos incontrastables”, www.rebelion.org, 1 jul. 2010.

[4]  Pasando por alto, claro, las matanzas de nativoamericanos que los europeos instalándose en El Nuevo Mundo hicieron… Se estima que al día de hoy los indios norteamericanos andan por el medio millón en una población de EE.UU. de 300 millones. Ya volveremos con esta relación, para abordar el plan de “indianizar” a los palestinos…

[5]  The Guardian, Londres, “Israel only occupies 2% of West Bank, says US ambassador”, 28 set. 2017.

[6]  Las citas de Greenblatt están recogidas de Philip Giraldi, https://www.unz.com/pgiraldi/blame-palestinians-for-gaza/, 30 abr 2019.

[7]   “La lógica detrás de la humillación estadounidense a Palestina”, Al Jazira, traducido y publicado en www.rebelion.org, 2 mayo 2019.

[8]  Se acaba de producir un episodio en Argentina, con el embajador macrista en Haití, Pedro von Eyken, que saludó al Ejército argentino recordando su propia prosapia, hijo de un oficial del Ejército alemán durante la IIGM, ante lo cual dos colegas, Natalio M. Jamer y Carlos Cherniak, salieron públicamente a increparlo invocando los seis millones de judíos matados por el nazismo. Von Eyken se limitó a recordar la diferencia entre lo alemán y lo nazi. El afán de asimilar lo nazi y lo alemán prolonga “la culpa” y las indemnizaciones… Alemania es el más fiel aliado europeo de Israel.

[9]  Arbetaren Zenit, no 21, Estocolmo,22 may 2009. Traducción: futuros, no. 13, Río de la Plata, verano 2010.

¿Cuestiones de vocabulario o de geopolítica?

CONSIDERACIONES DE GUSTAVO PEREDNIK [1] EN  EL CATOBLEPAS, “REVISTA CRÍTICA DEL PRESENTE”

por Luis E. Sabini Fernández – 

Gustavo Perednik hace una serie de consideraciones que despiertan interrogantes.

La judeidad del Estado de Israel no es una cuestión religiosa sino nacional.”

Dice algo que podríamos considerar, aunque el marco nacional así se ensanche hasta abarcar mizrahíes, sefaradíes, falashas, azkenazíes y sus antecesores jázaros, con lo cual el concepto de pueblo se elastificado… diversos idiomas, diversas etnias, y sobre todo, diversos tratamientos de ese mismo estado para algunos de tales grupos.

Dice a continuación, trasladándose de la población al territorio: “El país es judío” Esta sentencia también merece un ajuste. Haciendo precisiones demográficas grosso modo judío al 5% en el siglo XIX, al 33% en la década del ’40 y bastante judaizado hoy, en que maltratando, vejando, hiriendo, matando, a la población que está en ese mismo país y no es sionista ni judía, el país debe andar cerca de ser judío…

Perednik sigue enumerando los motivos “gracias a” los cuales el país sería judío: “su historia”, tendríamos que deslindar una entre varias el pueblo o la religión judía han tenido; “su demografía”, que vemos modificar permanentemente mediante algunos de los instrumentos preferidos del sionismo; policía, judicatura y ejército. Arrebatando, por ejemplo,  zonas de Jerusalén a la población ancestral allí viviendo. De ese modo, la demografía se va judaizando, pero de ningún modo podríamos decir que la demografía le da alguna razón.

Perednik, haciendo gala de un ombliguismo fuerte invoca “Su autopercepción” (la del pueblo judío), “su autodefinición”, sus símbolos”. Usar estos atributos como argumentos se contestan (y se derrumban) solos.

“Su idioma”. Tendríamos que hablar de sus idiomas, puesto que hebreo e inglés van muy unidos en Israel. La prueba es que la red Echelon, fundada en 1948 por las cinco naciones anglosajonas y a la vez angloparlantes del planeta[2] que crearon una red de control comunicacional planetario, de la cual se han valido no solo para ejercer la seguridad que  predican ejercer sino para dominar informacionalmente al resto de los países del mundo (Alemania, Francia, China, Rusia, India…), en 2004 tuvo un único ingreso en este último largo medio siglo: Israel.

El país es judío, nos dijo Perednik, gracias a “su libro”. ¿En qué quedamos? Con El Libro, ¿se trata de una religión o de una nación? ¿Cuál es El Libro? ¿La Torah, el Tanaj, tal vez el Talmud? ¿Todos libros de fe; acaso no necesitamos libros de historia?

Y también gracias a “su capital”, agrega nuestro autor. Entiendo que se refiere a Jerusalén. Para bajar un poco la esencialidad del relato de Perednik, su absolutismo mental, recomiendo que lea a historiadores judíos que muestran “los inventos” gestados desde la Biblia (pienso en Schlomo Sand, p. ej.). Porque si creemos que la Biblia presenta documentación histórica, entonces, sí, estamos en problemas…

Pero si la parrafada esencialista fue ligeramente indigesta, ¿qué dejar para el párrafo siguiente más político o geopolítico?

Perednik sostiene que “El estado judío” surge “en cumplimiento del derecho internacional”. ¿A qué derecho alude? Ese derecho que menciona es una entelequia plasmada caso a caso, siguiendo las líneas de fuerza de los contendientes. Baste pensar qué “derecho internacional” se habrá aplicado con el Tratado de Versalles, o con los acuerdos de Yalta, o el Tratado de San Remo, para darse cuenta que se trata siempre del derecho del vencedor… internacionalizado.

Pero Perednik va más allá… Nos dice que Israel es “el comienzo de la descolonización del Oriente Medio”. Perednik nos informa que “el estado judío […] alentaba la independencia de una población local  (la hebrea)”. Si tenemos que pensar en la acción de alentar, me inclino porque fueron el Reino Unido, EE.UU. y la ONU (como resultado del derecho internacional del vencedor) los que alentaron al Estado de Israel.  

Y el remate de la tirada de Perednik es este último enunciado de antología: que ese movimiento descolonizador se lleva adelante “sin el tutelaje de las potencias vencedoras en la Gran Guerra”.   Sic, sic, sic.

¿Qué fue el Acuerdo Sykes-Picot sino el tratado de vencedores para repartirse territorio de vencidos? ¿Cuál ha sido el papel del Reino Unido otorgando derechos en tierras ajenas? ¿Qué papel pasa a jugar EE.UU. luego del Congreso Mundial Sionista del Hotel Biltmore en 1942, cuando son los sionistas los que deciden cambiar de padrino, sustituyendo al Reino Unido que empieza a estar gastado por el flamante poder mundial que entrevén? (con muy buen ojo, hay que decirlo)

¿Qué es el neocolonialismo, del cual el Perednik no parece siquiera enterado?

Hablar de que las potencias vencedoras no ejercen tutelaje es una burla soez, a la luz de tantos muertos, sencillamente.

[1]  “Desde San Remo en 1920, el Derecho Internacional es sostén del Estado judío”. [no. 146, abr. 2014]

 

[2]  Hay varios países angloparlantes que no son anglosajones; Belice, Guyana, Liberia, Sierra Leona… Los 5 países anglosajones en el contexto de la red Echelon han sido designados como “los 5 ojos”.

 

 

Sionismo: de la emancipación judía a nación de amos

por Luis E. Sabini Fernández

El sionismo pertenece a ese tipo de movimientos ideológicos de redención humana que promete a sus acólitos un universo luminoso, inmaculado, celestial, a conseguir con su prédica y acción.

Es un tipo de movimientos que floreció particularmente a lo largo del siglo XIX y en rigor es como una vieja aspiración religiosa a un paraíso que, laicizada, es “bajada” a tierra.

Su fórmula más extendida fue la del nacionalismo. Pero adquirió sus tonos ideológicos más fuertes, de utopía deseable, con el socialismo.

Antecedentes de esa ebullición conceptual, ideológica y política, se pueden rastrear en el desarrollo de la modernidad, en el jusnaturalismo y en la crisis de las relaciones de esclavitud y el consiguiente movimiento de manumisión de los esclavos.

En la estela del socialismo decimonónico, cuando ya el espectro político era ampliamente cubierto por él en la Europa de entonces, luego del descalabro material, anímico, de la Gran Guerra (1914-1918), y vinculado a las atroces condiciones impuestas por las naciones victoriosas a los estados vencidos, sobre todo a Alemania y Turquía, con el Pacto de Versalles, apareció un socialismo nacional. Luego de las gestas internacionalistas experimentadas a lo largo del siglo XIX y comienzos del s XX, resultaba una incongruencia, una anomalía, una negación radical del universalismo  hasta entonces concebido, al menos doctrinariamente.

Pero el nationalsozialismus, que simplificada y propagandísticamente conoceremos como nazismo, se abrió entonces paso como otra alternativa política.

La vigencia del nazismo fue, empero, corta, afortunadamente. Doce años de despiadado poder, porque enfrentó enemigos más fuertes que sencillamente acabaron con sus pretensiones de dominar el mundo.

Es muy ilustrativo lo que nos recuerda Noam Chomsky sobre el plan estratégico nazi antes de la llamada 2ª. GM. Adolf Hitler envía a un personero suyo, Rudolf Hess, en misión secreta a Inglaterra a hablar con la cúpula británica; el premier Winston Churchill. Hess sobrevuela el Mar del Norte y se tira en paracaídas en el norte de Inglaterra.  Si los ingleses no pudieron impedir el vuelo ‒estamos en 1940, guerra declarada‒ sí detectaron al paracaidista, que fue inmediatamente detenido.

Todo hace suponer que Hess presentó sus credenciales y el sentido de su misión; tener una reunión secreta con el gobierno británico. Jamás fue recibido, fue en cambio tomado prisionero y pasará casi medio siglo en esas condiciones, primero en el Reino Unido, luego, extraditado, seguirá preso en la Alemania de posguerra.[1]

Lo que Hess, es decir Hitler, quería proponer era un acuerdo entre amos. El nazismo se había inspirado para su vertebración supremacista en los ideólogos racistas anglonorteamericanos, a quienes admiraban. Al visualizar la división de la humanidad entre razas de amos y razas de siervos, los nazis ubicaban a los anglonorteamericanos entre los herrenvolk. Como se ubicaban a sí mismos, como alemanes. Y consecuentemente proponían una alianza de herrenvolk, pueblos señoriales, para seguir el reparto colonial del “mundo”, para enfrentar el surgir de masas eslavas, como se veía en la vieja Rusia devenida Unión Soviética; con los latinos, los nazis también postulaban una relación amo-siervo[2] pero, ¿cómo explicitar tal idea del mundo con un Mussolini que se pretendía a su vez imperial? Y con  los pueblos africanos una política siempre bordeando el exterminio.[3]

Se trató de una propuesta geopolítica casi ingenua, por cuanto pocos años antes, los personeros de los colonialismos británico y francés se habían repartido las colonias alemanas en África, como fruto de la victoria de 1918, revelando otra concepción del poder y de los privilegios. Donde lo racial contaba algo menos que lo comercial…

El desarrollo de una próspera geopolítica racista tuvo un brusco final con el colapso nazi. Desde entonces, el racismo pasó a ser mala palabra y los nuevos diseños geopolíticos se anclaron en otros puntos de referencia.

Llamaba la atención que políticos o intelectuales hasta hace pocos años racistas confesos, se convirtieran en fulgurantes defensores de la igualdad racial.

Con el advenimiento del poder imperial de EE.UU., devenido en 1945 primera potencia mundial, se dejó de hablar incluso de imperio. Los críticos hablaban de “imperialismo yanqui”, pero la autodesignación era Democracia Americana; expansión de la democracia en el mundo. Compárese con los tiempos idos: British Empire era el nombre oficial que los colonialistas ingleses asumían para sí, con orgullo.

Ante el surgimiento del (mal) llamado Primer estado socialista, la URSS, y la efervescencia ideológica que sobreviniera en 1917 (ya preanunciada con la Comuna de París, en 1871), el debate político-ideológico había tomado mucho vuelo.

En el período que resultó ser de entreguerras, a la Rusia comunista, a la Italia fascista y a la Alemania nazi, se los llamaba “estados ideológicos”. Y muchos consideraban superiores estas formaciones políticas, por su diseño, su empeño, su pujanza, su conciencia de sí.

Con el resultado final de la 2ª.GM, el triunfo de EE.UU. fue universal o, si se quiere, con la URSS en pie, casi universal. Y con Pax Americana la democracia pasó a ser el buen gobierno por excelencia.

Sionismo

Vayamos un paso atrás, para reencontrarnos con un “hermano menor” de las ideologías de emancipación.                                                                                                

El sionismo encaró su prédica mediante la “solución” nacional, aspecto este que el principal movimiento emancipatorio del siglo XIX, el socialismo, rechazara con la mayor vehemencia, por considerar al chauvinismo reproductor de rasgos de lo que quería combatir. Pero también vimos que el nazismo se enancó exactamente en el mismo fundamento.

Muy a fines del s XIX, en 1897, termina por constituirse el Primer Congreso Mundial Sionista, un movimiento judío que postulaba una renovación radical de la condición judía, un rechazo a la pasividad y a la autoexclusión judía tradicional. [4]

Manumitir lo judío. Reencontrarse con el trabajo de la tierra, reaprender a vivir con ella. No depender de otros, ni para comer, ni para defenderse, camino de dignidad y protagonismo.

El sionismo cuajó como un nacionalismo de origen europeo, pero asumiendo un territorio ajeno a Europa, a los territorios que  fácticamente habitaban los judíos.

Así se establece la primera mixtura. Algunos lo verán como renacimiento judío, aunque el sionismo se presenta inicialmente como prescindente en materia religiosa. No solo eso, sino que muchos rabinos se apartan del sionismo recién constituido. Pero a la vez, en la búsqueda de un anclaje territorial ‒porque hay acuerdo en que una entidad nacional debe contar con un territorio‒  el sionismo, que anduvo especulando si podía asentarse en Argentina, si en un territorio cedido por algún imperio como el británico (caso Uganda), entendió prontamente que era Palestina el asiento físico que más anclaje podía darle en el sentir de los judíos. Con lo cual, la idea de un resurgimiento nacional se conjugó de inmediato con la de un reimplante religioso y que así el sionismo pasara a ser una reafirmación religiosa. Para otros, como el mismo Herzl, el sionismo constituía una pieza valiosa en la geopolítica occidental de colonización y penetración en territorios adversos, como el asiático (como lo trasluce en su libro clave, El estado judío). Herzl iniciará gestiones para procurar recibir la tierra bíblica del imperio turco que la ocupaba. Sin resultados.

Para otros, finalmente, provenientes de la izquierda marxista, el sionismo constituía un  movimiento de liberación nacional (aunque paradójicamente colonialista); la historia nos muestra que todos los tales movimientos lucharon por expulsar de sus tierras a colonialistas, no por cierto a aborígenes.[5]

Con el sionismo, entonces, tenemos una combinación que resultará explosiva: judíos oprimidos en lucha por acabar con el abuso y la discriminación religiosa, empeñados en recuperar el trabajo con sudor (aunque sin abandonar otras ocupaciones que la sociedad europea, cristiana, les había asignado, incluso con ciertos privilegios; el comercio y la banca), y a la vez empeñados en una tarea de amos, bien clásica: adueñarse de tierras pobladas por nativos.

El fondo racista del sionismo, común con el de los imperios colonizadores ‒triunfantes como los dirigidos por anglonorteamericanos o derrotados, como los de los alemanes‒  está presente en todos los pasos del implante judeo-sionista en Palestina.

Al fin de la guerra mundial el flujo de judíos azkenazíes, europeos, a Palestina, se hace imparable. La invasión (que en términos sionistas se caracteriza como  “reconquista”) ejerce una violenta, cuasi genocida [6] expulsión “exitosa” de la mayoría de árabes palestinos. El flamante Israel empieza entonces a recibir  judíos árabes, los llamados mizrahim. Algunos venían “por fin” a la “tierra de Israel”, otros fueron inducidos a venir a Israel por las organizaciones sionistas, interesadas en el flujo de judíos y para reemplazar el trabajo, la mano de obra árabe.

Los azkenazíes se encontraron con lo que ellos llamaban “la calidad étnica” de los mizrahim. Fueron inmediatamente tratados como inferiores (“human rubbish”, basura humana, al decir de Levy Eshkhol, uno de la cúpula histórica sionista y tercer primer ministro del Estado de Israel).[7]

Eso fue el sionismo en Palestina. Eso sigue siendo el sionismo, y desde 1948, el Estado de Israel en Palestina. Los natives, terminología genérica que el colonialismo británico ha usado para mencionar a los oriundos de cualquier lugar señalando “apenas” que son los que nacieron allí, en Tanganika, en Ceylán, en el Caribe, en un territorio sin especificidad alguna (salvo la que le otorgue, con la colonización, el imperio); son el otro, negado.

Los natives de Palestina eran en un 99 % árabes. En su gran mayoría musulmanes, con una minoría cristiana. En Palestina coexistía además, una pequeñísima población judía, ortodoxa, afincada en “tierras sagradas”, ajena al sionismo; el Antiguo Yishuv (del que surgirán las primeras víctimas mortales del sionismo). También habían residido allí, durante siglos, pequeñísimas congregaciones cristianas (templarios, por ejemplo). Porque en esas tierras coinciden las llamadas tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo, Islam.

La política de asentamiento sionista en Palestina es algo totalmente distinto a todos los esfuerzos de poblaciones despojadas para recuperar sus territorios.

Validos del enorme potencial financiero de las redes judías, el sionismo va gestando toda una trama de apropiación, inicialmente subrepticia, de territorio palestino.

Siempre, eso sí, abundantemente fundamentada: bíblicamente es “la tierra de Israel” y tiene como objetivo la ‘restauración del templo’. La pretensión de convertir a la Biblia en un libro de historia ha llevado a sionistas a re-crear una arqueología coherente, que reafirme los hallazgos bíblicos. De más está decir que amén de esa arqueología “de partido”  existen muchas otras investigaciones arqueológicas que la desmienten.[8] Historiadores, incluso judíos, han demostrado falacias en la mitología judía.[9]

La secuencia de la colonización, en sus tramos iniciales, se repetirá: sionistas compran a propietarios ausentes, rentistas, generalmente turcos, tierras palestinas. Pobladas por campesinos que las trabajan. Pero que “jurídicamente” son apenas “campesinos sin tierras”. Cuando el emprendimiento sionista adquiere “legalmente” una tierra, tiene a su servicio a la policía turca que procederá a “limpiar el lugar” de residentes devenidos ahora ilegales. Que podían haber vivido allí por generaciones. Décadas, siglos.

Con el tiempo, la policía turca cederá sus funciones a la policía británica (cuando Turquía pierde la 1ª. GM e Inglaterra “recibe” esa tierra para tutelar).

Este modus operandi despierta resistencia. Espontánea. Una vez cada tanto, surgirán estallidos de violencia de campesinos despojados, de una sociedad tan trastornada.

Violencia que acabará con la vida de judíos (y de los sublevados; “la ley colonial” es implacable al respecto). Vida de judíos particularmente sionistas. En dichos estallidos, la violencia no es tan “ciega” por cuanto no se dirigirá, al menos siempre, contra todos los judíos sino en varias ocasiones sólo contra los sionistas. Estos estallidos se repetirán en 1910, 1921, 1927, 1928, 1932 y finalmente, cuando la población palestina adquiere conciencia de que la apropiación sionista es la anulación de ellos, ya no parcial, sino de “todo”, de que les va la vida en ello; que están siendo despojados de su sociedad, en 1936, estalla lo que podríamos llamar la primera intifada palestina del s XX, que durará tres años y que ingleses y sionistas, unidos, ahogarán en un baño de sangre que postrará a la sociedad palestina por décadas.

En 1947 tenemos una vuelta de tuerca sobre la situación palestina. La flamante ONU interviene descaradamente a favor de una solución “occidental” y “civilizatoria” contra una población aborigen que será ignorada al mejor estilo señorial. Pero con una diferencia sustancial: ahora, el dominio despótico tradicional  pasa a ser, bajo dirección  estadounidense, un dominio democrático. Se mantendrá la estructura de dominio pero la modalidad será distinta; el racismo será mala palabra, lo mismo que la explicitación imperial. EE.UU. pasa a ser árbitro, juez y garante del caso palestino. Será el tiempo de las votaciones. Pero eso sí, cuidando la construcción de mayorías.[10]

¿Acaso un pueblo?

El sionismo como movimiento de emancipación tiene características exclusivas. Las menos significativas se emparientan con el socialismo decimonónico; la revalorización del trabajo como fuente de socialización, por ejemplo; otras, como reivindicar la condición nacional como decisiva, lo liga, paradójicamente, al socialismo nacional alemán, el nazismo.

Sin embargo, la asunción del carácter nacional como primordial presenta a su vez graves escollos: primero la enorme diversidad étnica: los nazis se asumían como los dirigentes de la nación alemana, partida en diversos territorios, producto sobre todo de guerras perdidas; había alemanes rusos (los del Volga); alemanes que son austríacos (por diferencias dinásticas); los que vivían en Polonia en la zona de Danzig, otrora Prusia; en los Sudetes que el tratado de Versalles dejó bajo soberanía checa y polaca. Todos ellos hablaban alemán y étnicamente tenían cierta tipología común. Con los judíos, la diversidad étnica y lingüística adquiere tales dimensiones que se hace imposible hablar de un solo pueblo, aun con todas las definiciones, ponderaciones y limitaciones que uno pueda atender; hay judíos europeos, caucásicos, los hay alojados milenariamente en el mundo árabe ‒y tales judíos son étnicamente similares o confundibles con árabes‒, hay judíos de tez muy blanca, los hay de tez oscura, los hay afros de raza negra, como los falashas. El humor judío lo aborda risueñamente diciendo que hay rubios, morochos, pelirrojos, de pelo lacio, superenrrulados…

Segundo, la confluencia de socialismo y nacionalismo hará que en el sionismo lo nacional se imponga convirtiendo los aspectos socialistas en meros instrumentos de la finalidad nacional; será lo que explicará que “células socialistas”, como se presentaban los kibutzim, no permitirán el ingreso de árabes, una limitación o segregación inimaginable desde el punto de vista socialista.

Muy conectado con la cuestión nacional, tenemos la lengua. Las lenguas suelen ser las del lugar de nacimiento; judíos del este europeo tenían la lengua del lugar como los otros habitantes, pero a su vez tenían una lengua propia común, el yiddish, así como los judíos del sur europeo tenían el ladino como su lingua franca. Que les otorgaba cierta diferencia respecto de las sociedades que habitaban. Y una suerte de poder; hablar una lengua que no entiende el resto de la población. Un poder que a su vez genera mucho malestar, resentimiento, porque patentiza una libertad ajena, la de quienes “hablan entre ellos”.

Es de destacar que entre los mizrahim no existió sino el idioma árabe.

(aparte, en todos los casos, tenemos el uso ritual del hebreo).

Lo que había ligado a lo judío hasta la aparición del sionismo, era la religión. Como a la vez hay un debilitamiento generalizado de lo religioso en Occidente, y ese fenómeno atañe tanto al cristianismo como al judaísmo, los judíos, al menos los europeos, habían ido conservando su identidad judía sobre la base de valores, costumbres y tradiciones culturales, no tanto a través de la observancia religiosa.[11]  Esta situación cambia con la aparición del Estado de Israel. 

El sionismo con el Estado de Israel

Con el Estado de Israel, el sionismo se adueña del alma judía. Y la reencarna.[12]

El nazismo le entrega al sionismo el “derecho” a usurpar la representativiclad de lo judío, que los sionistas por cierto han aprovechado al máximo. El nazismo le ha asegurado a lo judío su excepcionalidad. La industrialización de la muerte, los asesinatos masivos, genéricos, basada en un odio que todo lo cubre, explica la reacción judía de reafirmar una identidad tan cuestionada pero no justifica la pretensión de exclusividad. Se ha montado toda una “industria del holocausto”, como bien define un judío lúcido y sin pelos en la lengua,  Norman Finkelstein,[13] que le asegure a los judíos y al mundo entero que lo vivido por los judíos es único en la historia de la humanidad, que jamás se vivió otro tamaño genocidio. Aunque haya tantos judíos que vivan para contarlo y en cambio queden tan, pero tan pocos yaquis, quilmes, charrúas, hereros, maoríes, pilagás  murris, palawah, para poder testimoniar los exterminios respectivos de sus pueblos. O, como pasó con los congoleses, que de los 20 millones que se estima había a fines del siglo XIX, haya sobrevivido apenas la mitad al terminar la primera década del siglo XX, obra de unas tres décadas de “colonización” del rey belga, Leopoldo II. El Congo, llamado entonces Congo Belga.

Característico de movimientos implantando una nueva verdad ha sido su pujanza, su inflexibilidad, su dogmatismo. Un autoritarismo adverso a la pluralidad, a la diversidad. 

Lo conocemos en la intolerancia religiosa, por ejemplo, tan característica en buena parte de las iglesias llamadas protestantes (pentecostales, universales, nazarenos, neoapostólicos, así como en las tendencias católicas fundamentalistas).

También ha sido característico de las principales formaciones  políticas “ideológicas”  (comunismo soviético, fascismo, nazismo, siguiendo un grosero orden cronológico, cada uno con su modalidad y con enormes diferencias entre sí) y de aquellas formaciones políticas que se reclaman no ideológicas (siéndolo), como el liberalismo y particularmente el neoliberalismo (“momento” financiero del  capitalismo). 

A todas ellas les cabe la observación de Blas Pascal, de varios siglos antes, sin duda atendiendo a los reclamos de otros milenarismos entonces de raigambre religiosa: ‘el hombre es medio ángel y medio bestia y cada vez que procura convertirse en solo ángel deviene totalmente bestia’.

Una diferencia fundamental es la que da lugar a calificar al fascismo y al nazismo, por su intención restauracionista, como reaccionarios, en tanto el comunismo, postulando un futuro emancipado, como revolucionario. Como se ve, posiciones opuestas respecto de la temporalidad (solo que la pretensión de conocer lo futuro hizo al comunismo  también opresor).

Hay otra diferencia  igualmente fundamental entre comunismo y nazismo: el comunismo postula un universalismo del cual excluye a los propietarios. Pero se trata de una exclusión de clase, no étnica ni nacional. Propietarios, proletarizados, van a pertenecer al universo de la nueva sociedad. En el caso del nazismo no existe universalidad semejante (no nos importa aquí si es verdadera o falsa). El mundo deseable, “el nuevo mundo” es para los herrenvolk, no para negros, chinos o judíos, por ejemplo. Esa carencia de universalidad, siquiera virtual, tiene que expresarse en algo. Separa radicalmente a humanos de humanos. Lo hace a través del odio. El odio como relación hacia ese mundo inferior. Leyendo Mein Kampf, eso se respira. También lo puede  expresar el desprecio. O negando la condición de humanidad al otro.

Si punteamos estos nudos éticos, políticos en el sionismo, vemos cuán separado está de todo universalismo, cristiano o socialista y, en cambio, cuánta coincidencia verificamos con el nazismo.

Pero no se trata sólo de coincidencias teóricas, como la idea de pueblo o nación elegida, por ejemplo. Y la de los odios o desprecios consiguientes.

Si revisamos la relación entre nazismo y sionismo, veremos, en los inicios nazis, en la década del ’30, particularmente en su primera mitad, cuánto se proyectó y trabajó en común.

Seis meses después de que Hitler llegara al poder, la Federación sionista de Alemania (por lejos el grupo sionista más grande de aquel país) emitió un detallado memorándum al nuevo gobierno que revisaba las relaciones judío-alemanas y formalmente ofrecía el apoyo sionista para ‘resolver’ la molesta ‘cuestión Judía’. [14]

˝[…] Creemos que precisamente es la nueva Alemania [Nacional Socialista] que puede, a través de una determinación audaz en el manejo de la cuestión judía, dar un paso decisivo hacia la superación del problema, el cual, en verdad, tendrá que ser tratado por la mayoría de los pueblos europeos… Nuestro reconocimiento de la nacionalidad judía mantiene una relación clara y sincera con el pueblo alemán y sus realidades nacional y racial, porque estamos también nosotros contra los matrimonios mixtos y por la pureza del grupo judío […] La propaganda del Boicot [15]  ‒tal como se está llevando a cabo actualmente, de muchas maneras contra Alemania‒  es en esencia no-sionista.”[16] Los sionistas alemanes criticaban la política de boicot contra el 3er. Reich y aceptarán, bien que arrinconados, una asociación con el nazismo, como el convenio Haavara.[17]

En el memo citado se advierten los denominadores comunes, el parentesco ideológico que une al sionismo con el nazismo. No podemos borrar la historia, so pena de no entender la cuestión.

Ese parentesco, histórico, persiste a lo largo del tiempo. No se trata de confundir nazismo y sionismo ni de ignorar diferencias vertebrales, como el antisemitismo nazi o la  visión sobre las discapacidades, por ejemplo.

Hay muchísimos informes de época que apuntan cómo el nazismo empezó tempranamente a perseguir judíos, al principio por medios sociales, administrativos  y judiciales, como las leyes de Núremberg, prohibiendo casamientos mixtos, negando acceso a centros de enseñanza, boicoteando servicios judíos y promoviendo su emigración… ¿adónde? A Palestina.

Esto fue in crescendo; obligar a judíos a lavar arrodillados las calles, por ejemplo, expresa el odio y el desprecio acumulado y direccionado… hasta llegar a un clímax de violencia con la Noche de los Cristales Rotos (1938, se estimó en cien los judíos asesinados… con toda la violencia conexa).

Sin embargo, durante los primeros años del 3er. Reich, 1933, 1934, hasta 1937, aproximadamente, los sionistas declaraban coincidir con las leyes de Núremberg y otras disposiciones del gobierno nazi, que permitieron, transitoriamente,  a los sionistas estar exceptuados de la persecución, creciente, contra los judíos.

La política nazi entonces era la de separar a los judíos de la nación alemana. Y la sionista, la de separar a los judíos de cualquier otra nación no judía.

Los nazis supieron aprovechar las diferencias entre judíos sionistas y judíos no sionistas. Y los sionistas supieron aprovechar la política nazi para favorecer sus propios planes de colonización en Palestina.

Facilitar la llegada de judíos alemanes a Palestina fue una política nazi entonces.  El que incluso Inglaterra, para “equilibrar” su política imperial con los árabes, quisieran restringir el ingreso de judíos a Palestina, sirvió únicamente para estimular la “alianza” de la Alemania nazi con la colonización sionista de Palestina.

Aparte de esa coincidencia geopolítica, existía otro factor ideológico que hermanaba al sionismo con lo nazifascista, que es un aspecto celosamente escamoteado desde el desenlace de la 2ª. GM.

El sionismo primigenio reconoce en David Ben Gurion su figura liminar. Que apostó siempre al padrinazgo, primero británico, luego estadounidense. En 1935, al calor de las ideas nacionalistas plebeyas toma nuevos bríos dentro del sionismo una rama o variante llamada “revisionista”, liderada por Zeev Jabotinski, francamente identificada con el fascismo. Desde su ascenso al poder, el fascismo, a diferencia del nazismo, no era antisemita, al contrario, la muy pequeña colectividad judía italiana abrazó la causa fascista. Mussolini guardaba mucha estima por Jabotinski, que llegó a contar con campo de entrenamiento en las afuera de Roma para sus milicias del Betar.[18]

La colaboración nazisionista fue tal que permitió escaramuzas como la siguiente: en 1936, redes “socialistas” de kibutzim invitan a Adolf Eichmann a Palestina. Eichmann era un nazi que tenía cierto nivel en la organización del 3er. Reich, interesado en promover la colonización judía de Palestina. Se había puesto incluso a aprender hebreo. Cuando el “invitado” llega a Palestina, las autoridades británicas le niegan la entrada puesto que era “el enemigo” (alemán o nazi, elija el lector). Los sionistas ven naufragar la instancia y acuerdan improvisadamente recibirlo de todos modos, en El Cairo. [19]

En la fundación del Estado de Israel el sionismo revisionista perdió la pulseada ‒incluso violentamente‒ con el sionismo occidentalista y “socialdemócrata” liderado por Ben Gurion. Queda por ver si no fue nada más y nada menos que el reflejo del resultado de la 2ª. GM, precisamente.

Porque el sionismo fascista no desapareció, al contrario goza de excelente salud. Solo cambió de denominación.

Ha pasado como con el término racismo. Dejó de servir; al contrario, pasó a ser un lastre.

Y lo más importante; luego de unas tres décadas de gobierno llamado “socialdemócrata”, en 1977 gana las elecciones israelíes el partido de los fascistas de no tan antaño. Con el nombre de Likud. Menagem Begin será el líder entonces. Terrorista que recibirá el Premio Nobel de la Paz, monstruosidad sin par, y característica de tantos premios Nobel, porque Begin seguirá manteniendo la misma política de usurpación territorial más o menos violenta y de estrangulamiento progresivo de la sociedad palestina (compárese apenas con Nelson Mandela que, tras 27 años encarcelado tuvo la disposición para sembrar paz en la otrora Unión Sudafricana, devenida República de Sudáfrica).

Desde 1977, el Likud ejercerá el gobierno de Israel. Con Itzjak Shamir, Ariel Sharon, Ehud Olmert o Beniamin Netanyahu.[20]  Pero nuestros medios de incomunicación de masas jamás caracterizarán al gobierno de Netanyahu y a los gobiernos que rigen Israel desde los ’70 como lo que son: coalición de partidos que tiene por partido principal uno fascista. Decimos fascismo no como insulto sino como fuente ideológica. 

Por eso, cuando en tiempos nuestros algunos políticos como los laboristas Ken Livingstone[21] o Jeremy Corbyn han puesto en claro esas relaciones, han enfurecido a los sionistas, que suelen mencionar el “antisemitismo” de Livingstone o Corbyn.[22]

Valga precisar que el enfurecimiento no es por faltar a la verdad sino por recordar incómodas verdades.

Otro rasgo de los movimientos  que hemos estado glosando ha sido el desprecio por la vida humana del ajeno, del contradictor. Como si fueran apenas escollos, que hay que sacar de la sagrada ruta de salvación.

Tales rasgos los podemos rastrear, igualmente, en el sionismo. Es significativo que el sionismo haya cometido su primer asesinato político sobre un judío.[23] La condena de muerte fue porque el condenado, Jacob de Haan, dialogaba con árabes. Es todo un diseño de sociedad el que está detrás de semejante condena.

Los movimientos dedicados a llegar a la salvación, la plenitud de un mundo nuevo no reparan en obstáculos. Al contrario, encuentran regocijo en borrarlos del mapa.

Es un rasgo característico, y  consecuente, el de la escasísima valía de la vida ajena. Basta leer algunas afirmaciones de rabinos sionistas para darse cuenta.[24] Dov Lior, rabino jefe a cargo de un puesto clave en el Estado de Israel ha declarado, refiriéndose a Baruch Goldstein: “es más sagrado que todos los mártires del Holocausto”.[25] Y en 2013 no tuvo nada mejor que sostener que la Torah otorga a los judíos permiso para matar inocentes no judíos, niños incluidos (una forma de “amparar” los delitos de lesa humanidad de los militares israelíes).[26]  

Pero un sionista no tiene porque ser rabino ni religioso para tener esa forma de pensar (y actuar) que combina racismo y desprecio. Veamos una pequeña “galería” del gobierno de la era de Beniamin Netanyahu:

Declara Ayelet Shaked, ministra de Justicia (¡!): los palestinos “tienen que morir y sus casas ser demolidas. (…) Son todos enemigos nuestros y deberíamos tener su sangre en nuestras manos. Y eso se aplica a las madres de los terroristas”.[27] Advirtamos el lenguaje de “libro sagrado”.

Naftali Bennett, ministro de Educación: “He matado a muchísimos árabes en mi vida, y no he tenido ningún problema por ello”. [28] Al contrario, podríamos agregar.

Avigdor Lieberman, ministro de lo que con lenguaje orweliano se llama de Defensa, justifica los brutales ataques de los militares israelíes contra la población palestina, así: “En Gaza no hay inocentes”. Un millón setecientos mil habitantes de los cuales algunos cientos de miles oriundos de esa región (el resto, abrumadora mayoría de refugiados) condenados a muerte por Lieberman. Hombres, mujeres, niños…  otra vez, lenguaje de la Torah.

El sionismo tiene así ‒en su desprecio por la vida de “los otros”‒  una estrecha vinculación ideológica, aunque no asumida, con el nazismo;  es como si se hubiera identificado. Habiendo sufrido los judíos tanto daño del nazismo, sentirse impelidos a actuar de modo similar para destruir algo que se considera enemigo, así como el nazismo consideró enemigo a lo judío. ¿Retorcido y anacrónico síndrome de Estocolmo o clara coincidencia de hermanos-enemigos?

El sionismo adopta del nazismo la dureza, la pretensión de pureza, la inflexibilidad. El nazismo fue un movimiento audaz y soberbio. Hizo de la fuerza un culto. El sionismo también ha hecho de la fuerza un culto, pero con otra modalidad. No de ostentación sino más soterrada. Foucaultianamente, podríamos decir que el nazismo hizo gala de un poder tradicional, de ostentación y, el sionismo, modernizándose, lo ha ocultado. Por eso los servicios secretos se han hecho tan importantes. El papel de los mistarviim,[29] por ejemplo; el del MOSSAD.[30]

Pero hay pensadores, judíos, que han rastreado parentescos. Reflexionado sobre el destino del experimento sionista, Avraham Burg, abordando cuestiones tan hondas como la

piedad, mejor dicho la impiedad, que él ve generada en la sociedad israelí ha afirmado: “Israel es un gueto sionista, un nido de violencia.” 

“En una entrevista al diario Haaretz traducida y publicada por Courrier International explica porqué compara Israel con Hitler y señala especialmente que la ‘Ley del Retorno’, que concede la ciudadanía israelí a cualquier persona nacida en la diáspora y considerada como judía según la tradición religiosa ortodoxa, es el reflejo de la doctrina de Hitler y la definición recogida literalmente por las leyes de Núremberg. ‘La dimensión israelí de mi identidad amputa mis otras dos dimensiones, la humana y la judía’, indica para explicar su antisionismo (que data de 2003) […].” [31]  

He aquí la observación de Wikipedia sobre este autor, que fuera presidente de la Knesset: “Ha afirmado también que la presión que observa en Israel contra los árabes tiene paralelismos con la que sufrieron los judíos en los regímenes nacionalsocialistas antes de la Segunda Guerra Mundial.”

El caso israelí es todavía más complejo que los muy estudiados comunismo, fascismo y nazismo. Porque su enorme peso político, organizativo, ideológico, militar, ético, trasciende y con mucho las estrechas fronteras del pequeño territorio palestino devenido israelí.

Su complejidad viene desde muy atrás. Ab ovo. Ya vimos como el sionismo se iba implantando con asistencia primero turca y luego británica en el objetivo calculadamente elegido, la bíblicamente llamada “tierra de Israel”.

La asistencia principal ha sido, precisamente, la Biblia. Paradoja de un movimiento político como el sionismo, que se inicia laico y abraza casi de inmediato la ligazón religiosa como el más (o el único) factor aglutinante. Lo dice en un párrafo el analista Pablo Jofré Leal: “[…] explicar la política de ocupación de Palestina, bajo el supuesto mitológico de un dios, que dotado de cierta simpatía hacia un solo pueblo le entrega un título de propiedad de una tierra que no le pertenecía. En ese marco, [con]  la narrativa sionista se impone la idea que instalarse en Palestina, colonizarla y pasar por encima de sus habitantes es un derecho indiscutible en función de ser un ‘pueblo elegido’. Bajo esa perspectiva, para ese imaginario no es posible hablar de ‘usurpadores’ sino de alguien que recupera una tierra que habían dejado hace dos mil años. Dios mismo les hizo ese regalo e incluso la leyenda alcanza a la propia Al Quds sosteniendo que ella es su capital eterna e indivisible.” [32]

Significativo maridaje el de Israel y EE.UU.

No es nuestra intención hacer una historia del sionismo sino apenas alcanzar a tener una noción del abismo en que esta ideología salvacionista, mesiánica, ombliguista, y consecuentemente racista, ha arrojado a víctimas pero también a verdugos. Un abismo que se ha ido ahondando con el tiempo.

Para su trayectoria el sionismo ha contado con el auxilio de la dirección política, económica e ideológica de EE.UU. (con pequeñas interrupciones, como el “cortocircuito” con J. Carter)

Que es lo que le ha permitido alcanzar la increíble influencia actual. Israel cuenta con quien “le hace los mandados”. AIPAC, el lobby judío estadounidense tan ligado al estado sionista entre otras redes de apoyo.

Israel ha desarrollado una fuerza de seguridad, una mezcla de lo militar y lo policíaco, con alcance local y global que le ha permitido estar presente articulando o asistiendo cambios de mano o golpes de estado, por empezar entre los palestinos y sobre toda el área árabe; llevar adelante el plan Yinon,[33] ser así decisivo en la escisión del Sudán en dos estados;  asistir con técnicas y armas a las más atroces dictaduras centroamericanas de los ’80, asistir en la acción deletérea del ISIS en países como Irak o Siria, ligarse con partidos de extrema derecha que campean en Europa oriental (¡a menudo antisemitas!), articulando o asistiendo a la reiniciación de golpes de estado en América al sur del río Bravo, ya en pleno siglo XXI (Honduras) y tener relaciones político-militares cada vez más estrechas con países claves en la neocolonización violenta sudamericana, como Colombia, Paraguay o Brasil ahora con Bolsonaro…

Israel, como producto del sionismo y, cada vez más como realidad política en sí, ha mantenido una relación absolutamente preferencial y única con EE.UU. desde la segunda posguerra.[34] Lo que le ha asegurado impunidad en su proceso de brutalización y desprecio hacia los natives de “su” país. Como éstos son muchos, tantos aproximadamente como la población judía en Israel [35]  la “liquidación” de “lo viejo” al estilo colonial o imperial clásico ha resultado más difícil (aparte de lo inaceptable de la pretensión en sí).

Veamos la semblanza que desde los mismos EE.UU. representantes del establishment de ese país, nos dicen. Por ejemplo, Philip Giraldi, especialista en lucha contra el terrorismo, conocido, que se presenta como exoficial de inteligencia de la CIA, columnista y comentarista de TV y director del Consejo para el Interés Nacional, glosando el análisis de Andrew Sullivan, un bloguero británico radicado en EE.UU. (“How Should We Talk About the Israel Lobby’s Power?”, NYT, 8 mar 2019).

Plantea Giraldi que “el dinero judío es lo que ha corrompido a la política y los medios de comunicación estadounidenses para reprimir cualquier discusión honesta sobre Israel-Palestina y para sesgar la actividad del gobierno de EE.UU. en el Medio Oriente para que favorezca lo que Israel percibe que son sus propios intereses. Este proceso se lleva a cabo a la intemperie con los multimillonarios judíos de Israel, Sheldon Adelson y Haim Saban, respectivamente, como donantes principales para los partidos Republicano y Demócrata.” [36]

Giraldi parece ajeno a la influencia judía en el centro imperial del planeta, pero no ajeno al conocimiento de sus influencias.

“Esta inundación de dinero judío en la generación de la política exterior ha hecho un daño incalculable a los intereses reales de los EE.UU., como lo demuestra Sullivan” (ibíd.).

Más adelante Giraldi da una significativa razón de la curiosa relación que existe en el Congreso de EE.UU. entre sus miembros y la AIPAC (se supone que  por lo menos unos 300 diputados de los 435 existentes están fuertemente ligados a la defensa del Estado de Israel y una proporción similar también entre senadores): “La mayoría de los atornillados a los sillones del Congreso no aman a Israel […]. De hecho, muchos de ellos se quejan en privado de la presión, pero les encantan las donaciones para las campañas y las lucrativas prebendas de empleos en la industria de servicios financieros que vienen con sus jubilaciones. Y también saben que si se oponen a los intereses israelíes mientras ocupan el cargo, pronto estarán desempleados.”  Descarnada descripción que deja entrever el poder tras bambalinas de sionistas en los centros del poder de EE.UU., es decir en los centros de poder del imperio mayor.

Encarando las relaciones de lealtad de ciudadanos estadounidenses respecto de Israel, Giraldi pregunta: “Y en cuanto a la ‘lealtad a un país extranjero’, ¿de qué otra manera se describe cómo hacer todo lo posible para favorecer a un estado extranjero a expensas de la nación donde uno vive? El mismo Sullivan proporciona pruebas en su artículo de que la relación unidireccional con Israel inflige un daño importante a Estados Unidos y que la habilitación de ese proceso proviene del esfuerzo de un disciplinado y bien financiado lobby que opera en todos los niveles del gobierno y también a través de los medios de comunicación. ¿No es eso lealtad a un país extranjero?”  (ibíd.) Obviamente, un delito.   

Giraldi nos recuerda una vez más la “ayuda” que EE.UU. da cada año a Israel (la mayor de todas las ayudas brindadas por EE.UU. a naciones “en estado de necesidad”), resumiendo a Sullivan: “Discute los 3.800 millones de dólares que recibe anualmente a pesar del hecho de que es un país rico, su incapacidad para respaldar los objetivos de la política exterior de los EE.UU., su falta de voluntad para reducir una ocupación brutal de Cisjordania, su humillación hacia el presidente Obama porque entró en un acuerdo con Irán y la subyugación casi completa del Congreso, los líderes del Congreso y la Casa Blanca.” (ibíd.) Aquí percibimos la ideología de Sullivan y probablemente la de Giraldi, quejándose de que Israel en lugar de apoyar la política de EE.UU. en el planeta, procura que EE.UU. atienda y asista la propia israelí.  Pero la idea que tengan Giraldi o Sullivan sobre el papel de EE.UU. ‒que probablemente no coincida con la nuestra‒ no invalida la lucidez y la crudeza con que exponen la política de Israel (en y sobre EE.UU.).

La presentación de Giraldi es implacable y sin desperdicios: “Sullivan no menciona cómo Israel también espía en Estados Unidos, roba tecnología desarrollada por Estados Unidos y se beneficia enormemente de los acuerdos comerciales beneficiosos que destruyen los empleos estadounidenses.” (ibíd.)

Sullivan repasa incluso otros aspectos y episodios; “asuntos  ‘sospechosos pero no probados’, como el papel de Israel el 11 de setiembre, su aparente manipulación de los funcionarios judíos estadounidenses en el Pentágono para iniciar la desastrosa guerra de 2003 con Irak y su actual agitación bajo cuerda para que Washington ataque a Irán.” (ibíd.)

Giraldi sigue enumerando los diversos instrumentos de que se valen los sionistas para generar su propio cuadro de situación. Destaca, por ejemplo, que “Friedman [David], en particular, ha tratado de eliminar la palabra ‘ocupación’ de las descripciones oficiales del gobierno estadounidense de la actividad israelí en las áreas palestinas.” (ibíd.)

Y apuntando al deterioro psíquico, político, ético de los estadounidenses señala lo que acontece ahora: “la predilección israelí de usar a manifestantes palestinos desarmados para la práctica de blancos de francotiradores y para bombardear escuelas e infraestructura vital en Gaza, actos que alguna vez la mayoría de los estadounidenses consideraron crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad.” (ibíd.)

La penetración sionista es honda en el cuerpo social de EE.UU. Giraldi nos recuerda que “Sullivan menciona cómo el Congreso está dispuesto a aprobar leyes para restringir la libertad de expresión si dicho discurso implica críticas a Israel, señalando que el primer proyecto de ley que surgió en el Senado después del reciente cierre fue apoyar el castigo de quienes abogan por el boicot [BDS] no violento de Israel.” (ibíd.). La libertad de expresión, recordemos, es constitucionalmente sagrada. Se refiere a la política de ahogo legal del BDS palestino (campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones). Ahogo que también estamos viendo en Europa, procurando criminalizar esas actividades absolutamente no violentas.

Como frutilla de la torta tenemos el manejo de la estructura educacional y pedagógica del país, de EE.UU: “[…] el estudio del holocausto se está volviendo obligatorio en muchos sistemas escolares de los EE.UU. sin ninguna sugerencia de que la narrativa oficial pueda ser en gran parte falsa.” (ibíd.)

Después de este recorrido sobrecogedor por el manejo israelí de la sociedad norteamericana podríamos creer que hay poco que agregar.

Pero la acción y la penetración israelí van mucho más allá. Por ejemplo, evaluemos la cuestión del valor de la vida humana. Sin duda para los sionistas las vidas no judías valen muy poco: “La agencia francesa AFP aseguró que al menos 204 palestinos y sólo un militar israelí murieron durante las operaciones militares lanzadas por Israel el 28 de junio en Gaza para recuperar a un soldado israelí secuestrado, Gilad Shalit […].” [37]

Ese soldado será liberado, sano y salvo tiempo después, y declarará que fue bien tratado durante su tiempo en cautiverio. Muy poco después dejará de aparecer mediáticamente y ser entrevistado. Indudablemente su experiencia, su testimonio, no coincidía con lo que el gobierno israelí quería transmitir. Pero que la recuperación, fallida, del soldado hecho prisionero significara la muerte, el asesinato violento de dos centenares de palestinos, la inmensa mayoría seguramente inocente y ajena al secuestro, nos revela algo: que el Ejército de “Defensa” [sic] de Israel, irritado, aprovechó el secuestro de un soldado para acabar con unas cuantas vidas palestinas… Es indudable que la vida no judía ‒con “fundamento” bíblico o sin él‒  importa muy, muy poco.[38]

Acabamos de repasar la impunidad con que la “diplomacia” israelí se mueve en EE.UU. (y en Europa, podríamos agregar).

Volvamos al azotado suelo palestino y su población históricamente existente hasta la irrupción sionista.

Episodios tomados al azar:

“Israel entrega órdenes de demolición para hogares de 15.000 palestinos de Jerusalén […] Los residentes de los barrios ya habían sido desalojados de sus hogares en Jerusalén, por lo que se trasladaron a los barrios más cercanos al campo de refugiados de Shuafat. […] Los barrios que serán demolidos se encuentran dentro de los Territorios Palestinos reconocidos por Naciones Unidas y ocupados por Israel desde 1967.” Información de los diarios. 11 mar 2013.

Pero sucede año a año y varias veces por año.

Israel va ocupando manu militari terrenos y territorios palestinos fuera de las fronteras mal ganadas por Israel en 1948: “En las últimas horas el Ejército israelí entregó a los beduinos palestinos que residen en Yabal al Baba, a las afueras de Jerusalén, en la Cisjordania ocupada, órdenes para que abandonen sus viviendas ante la inminente demolición de las estructuras que habitan.” 17 de noviembre de 2017.

“Israel demuele una escuela palestina en Jerusalén.” 19 mar 2019.

2013, 2017, 2019, todo el tiempo el despojo, el mismo despojo desde 1948.

Ronen Bergman es un periodista israelí que ha saltado a la fama con su Rise and Kill First (Levántate y mata primero).

“Crema dental con veneno, neumáticos y móviles con explosivos  o drones armados. Éstas y otras tácticas han sido utilizadas por Israel a lo largo de sus 70 años de existencia como estado independiente para completar 2.700 operaciones letales, según se desprende del libro Rise and Kill First.[39]

Bergman titula su recopilación de atentados invocando un consejo talmúdico: si viene alguien a matarte, ‘levántate y mátalo antes’. La invocación no es errada ni éticamente deleznable. Lo que sí es deleznable es que el sionismo ‒y el título de Bergman‒ se hayan creído y quieran hacernos creer que alguien los quiere matar a ellos, y ellos, replicando,  quieran aventajar a dichos atacantes, cuando históricamente han sido ellos, los sionistas, quienes han ido generando las situaciones de violencia, adueñándose de algo que entienden bíblicamente como propio pero que histórica y materialmente era de otros, es decir que son los sionistas los que iniciaron su acción procediendo como usurpadores y disparadores de violencia. Y de ese modo y con esos métodos vienen desquiciando, a la sociedad palestina desde hace un siglo.

En 1936, los mistarviim  se presentaban, por ejemplo,  “espontáneamente” en un taller de reparación de autos, con una camioneta averiada, a ver si se la reparaban. Los del taller asentían, los “dueños” se retiraban y a los 20 minutos volaban por el aire, los del taller, la camioneta y paredes linderas. Con los muertos consiguientes. Era el terrorismo sionista dedicado a destrozar y enloquecer a la sociedad palestina entonces resistiendo los avances de la colonización sionista.[40]

Se trata de un terrorismo callado, diferido, cerebral, basado en la acumulación de datos. Por ejemplo, la Franja de Gaza está soportando un sitio feroz, pese a las limitaciones físicas del lugar (unos 45 km costeros por 6 u 8 km de ancho, unos 300 km2). Viven allí concentrados alrededor de  1 700 000 humanos casi sin energía eléctrica, casi sin alimentos, casi sin elementos de higiene, casi sin asistencia médica. Con calles bombardeadas y miles de viviendas destruidas.

Mezclando terrorismo y torniquete, los israelíes han bombardeado sistemáticamente usinas potabilizadoras, puertos, aeropuertos, hospitales, escuelas.

El ingreso de alimentos (muy poco más que alimentos se permite) está regulado por una cantidad de calorías por habitante, la mínima para sobrevivir. Esto significa en los hechos hambre y muertes prematuras. Pero no directa; si un médico la registra pondrá “muerte por paro cardiorrespiratorio” (confundiendo aviesamente, causa con consecuencia). Porque todos sabemos que el transporte masivo de alimentos  conlleva pérdidas a veces cuantiosas.

 “[…] en los últimos 42 años [desde 1967] Israel ha utilizado de hecho los territorios palestinos como vertedero donde arrojar sus desechos, estableciendo en todos ellos basureros sin revestimiento, en los que se dejan sustancias peligrosas, incluidos desechos industriales nocivos, que impregnan el suelo y contaminan el acuífero.” [41]

Palestina contaminada por desechos israelíes[42]

“El bloqueo a Gaza es peor que nunca con cada vez más cortes de electricidad […] y rumores de una inminente ofensiva israelí.”

 ”Para quienes no lo sepan, el debate actual entre los gazatíes es si un ataque militar directo […] es una manera mejor de morir que por medio de un genocidio progresivo, la intensificación del bloqueo que se impone desde hace diez años […] ¿hay ciudadanos en alguna otra parte del mundo que debatan acerca de cuál es para ellos la mejor manera de morir? ˝

Así resume Haidar Eid la pregunta principal: “A Gaza le queda una pregunta: ¿morir debido a una masacre o por falta de electricidad?[43]

Un pequeñísimo ejemplo que se repite: “350 vecinos de Mnaizel saben que en cualquier momento llegarán los soldados israelíes con los bulldozers y destruirán la pequeña planta fotovoltaica que supone su única fuente de energía.”

˝Fue construida en 2009 por la ONG catalana Seba, con cerca de 300.000 euros de financiación de la Agencia Española de Cooperación (AECID). Su instalación cambió la vida del pueblo y devolvió a sus habitantes al siglo al que pertenecen.”

˝El Ejército israelí alega que la planta no cuenta con los permisos necesarios.”

˝Quieren tirar las placas porque dicen que no tenemos permiso, pero los israelíes nunca conceden los permisos”, se queja a Público ”esta mujer de avanzada edad, madre de ocho hijas y tres hijos.”

˝[…] Su aspecto destartalado, con precarias estructuras levantadas con restos de furgonetas y material de construcción donde las gallinas pasean […] por el polvoriento camino, está a años luz de cualquiera de las colonias judías vecinas, provistas de suministro de agua potable y electricidad.

˝[…] quieren demoler el baño de la escuela y otras diez estructuras, tres de ellas de viviendas ocupadas por gente. También han prohibido a los vecinos asfaltar la carretera. Lo intentaron hace cuatro meses y llegaron los soldados de inmediato para impedirlo.”

Observemos la puntillosidad, más bien sádica, en el maltrato; no permitirles siquiera asfaltar una calle, para que sigan en la tierra, en el barro.

˝[…] Otra vecina, Mariam Rashid, dice que sin la planta, ‘los niños no pueden estudiar por la noche (en invierno, a partir de las cuatro de la tarde)’ y no podrán usar la nevera ni la mezcladora para elaborar queso y yogurt, una de las pocas actividades productivas de esta comunidad de pastores.”

˝Hace décadas que pedimos la electricidad, pero no nos la dan porque los israelíes se quieren quedar con todo esto.” [44]

Por eso no podemos sorprendernos de “confesiones” que se rastrean cada tanto, como  la de un soldado israelí: “Tratamos a los palestinos como animales”.[45] Una expresión que recoge conscientemente la negativa a conceder humanidad a los palestinos. Que pinta de cuerpo entero la ideología sionista. Que en declaraciones de soldados hemos leído incontables veces.

El ejército sionista  ha usado en las sucesivas invasiones a la Franja de Gaza, balas con tungsteno, cancerígenas. Han usado radioactividad como arma. Ya está probado que Yaser Arafat, sitiado en su Mukata, murió sufriendo fuertes dosis de radiación.[46]

Ahora, fuentes palestinas  insisten en que los presos palestinos en cárceles israelíes son sometidos a radiaciones, dañinas para su salud.

Recordemos: cuando el golpe de estado contra Manuel Zelaya en Honduras, 2009, de resultas del cual el nuevo “presidente” de facto, Porfirio Lobo, contrató o recibió una guardia presidencial a cargo del MOSSAD, el presidente depuesto buscó refugio en la embajada de Brasil en Tegucigalpa. Pudimos entonces ver en programas abiertos y masivos de televisión un episodio de enorme desfachatez, que habla del descaro, la impunidad con que se mueve el golpismo en la América afro-indo-latinoamericana (y en él, Israel): desde fuera de la embajada de Brasil soldados hondureños con el asesoramiento de un técnico israelí, que estaba allí, de cuerpo presente, apuntaban unos cañones que despedían radiactividad contra las ventanas “brasileñas” donde estaba hospedado, bajo protección, Zelaya. Se trataba de radiación con efecto emético. Y hubo quienes se descompusieron.

¡Como no se veían (las ondas) no se reputaba agresión!

Se trataba de “un arma” de las tantas que Israel ha “probado” en las masas humanas que tiene a su disposición, con la tolerancia cómplice de buena parte del mundo. Incluso en sus folletos de propaganda de tal vez su industria principal, la armamentística, realzan la calidad de su armamento porque “ha sido probado” previamente. Lo cual hace muy verosímil la denuncia del uso de radiación en las cárceles con presos palestinos.  Y a la vez, nos muestra el brazo largo israelí.

 

Un judío lúcido y premonitorio, aunque sensible al llamado sionista, no pudo dejar de advertir su peligro bien a principios del siglo XX. Isaac Leib Peretz no podía aceptar, decía, al gato que asesina estrangulando, sin dejar sangre. Estamos en 1906. ¡Y ya conocía el monstruo que se había montado! [47]

El sionismo y su fruto, Israel; una pesadilla de las tantas que algunos humanos han emprendido para su propia salvación, a costa de otros humanos.

notas:

[1]  Murió en 1987, con 93 años, en la antigua cárcel de Spandau, rediseñada para “albergar” nazis.

[2]  Consigna muy conocida durante la 2ª. GM: “soldati italiani, ufficiale tedeschi”.

[3]  Algunos ya exterminados por el colonialismo alemán anterior al nazismo, como los hereros.

[4]  Hay que señalar que en 1897, mientras en Basilea, Suiza, se funda institucionalmente el  sionismo, en Riga, entonces Polonia, se funda el BUND, socialistas judíos que ponían el acento en el socialismo, no en la judeidad. Su lingua franca: yiddish. Medio siglo después, sionistas y bundistas serán protagonistas del levantamiento del gueto de Varsovia, en 1943.

[5]  Se trata de movimientos desarrollados en África y en Asia. En América al sur del río Bravo, en el siglo XX, la situación es diferente y en general, no hubo tales movimientos porque el acento recayó en el retiro de la ocupación militar o política, generalmente estadounidense. Los países allí establecidos presentan rasgos distintos a los de los afroasiáticos: algunos son mayoritariamente “latinos”, es decir mestizos del tronco colonial inicial español que se unió a la población femenina aborigen (condenando sin medias tintas el cruzamiento de nativos con españolas); otros, como Guatemala o Bolivia con mayorías indias, pero igualmente gobernados por los colonialistas de la primera hora; otros, finalmente, con población aborigen escasa como Argentina y sobre todo Uruguay, constituyendo sociedades “blancas” o “europeas”. En este último caso, la presencia en los convulsionados sesenta de un “movimiento de liberación nacional”, los tupamaros, no es sino una expresión puramente política puesto que el país no estaba bajo dominio colonial sino bajo la influencia imperial estadounidense; se trataba de luchar por la liberación de los europeos e hijos de europeos que habían erigido una sociedad, un estado como los restantes “latinoamericanos”, periférico, en un territorio con poblaciones aborígenes muy escasas (y por consiguiente fácilmente “borradas”).

[6]  Siempre se habla de la expulsión de 700 mil u 800 mil palestinos, pero no se mencionan las violaciones y asesinatos ─miles, a veces colectivos─ llevados a cabo por las fuerzas armadas sionistas y que le permitieron arrear a una población civil, sin armas, con más facilidad.

[7]  Cit. p. J. Cook, “Israel’s very own history of eugenics”, 26 set. 2014.

[8]  Véase, p. ej., Bernardo Gandulla, Los hebreos en el Gran Canaán, Editorial Canaán, Bs. As., 2009.

[9]  Entre otros, Shlomo Sand, La invención del pueblo judío, Akal, Madrid, 2008, La invención de la Tierra de Israel, Akal, Madrid, 2012.

[10]  Véase mi “ONU-UNSCOP: padres putativos de Israel.” I (Guatemala) y II (Uruguay).

[11]  Carecemos de datos para saber si hay, y si hay cuántos son los judíos que abandonan la “cofradía”, laicizándose por entero. Tenemos el caso de Gilad Atzmon, pero se trata de un “famoso” (y por eso lo conocemos).

[12]  Se estima que a principios del s XX el sionismo alcanzaba apenas a un 10% de la comunidad judía total. A fines del siglo, se consideraba que ese porcentaje alcanzaba el 90%. Diversas mediciones últimas señalan que el apoyo judío al sionismo está disminuyendo un tanto. Fenómeno particularmente notorio en la comunidad judía estadounidense.  Hay que destacar el enorme coraje civil de esa minoría de judíos, que resistieron “el éxito” de Israel a lo largo de las décadas.

[13]  The Holocaust Industry, Verso Books, EE.UU., 2000.

[14]   Memo of June 21, 1933, en: L. Dawidowicz, A Holocaust Reader (New York: Behrman, 1976).

[15]  El boicot al que se refiere el pasaje es el intentado en Occidente contra las mercancías del 3er. Reich organizado por redes judías en Inglaterra y EE.UU.

[16]  Mark Weber, “Zionism and the Third Reich”, 1993.

[17]  El gobierno nazi diseñó una suerte de enroque para retener las fortunas judías en Alemania sin expropiar a los judíos que optaban por colonizar Palestina: se le retenían los fondos en las cuentas y se les entregaba el equivalente en mercancías del 3er. Reich que los emigrantes podrían llevar consigo para colocar en los mercados del Cercano Oriente. A medida que colocaban sus ventas se extinguían sus acreencias en Alemania.  La Alemania nazi lograba así colocar su producción pese a la política de aislamiento  del Reino Unido  y EE.UU., y adueñarse a la vez del capital de los judíos emigrantes.

 

[18]  En 1938, con un régimen ya muy condicionado por la alianza con Hitler, se elaboran leyes de restricción y persecución a los judíos. Habían pasado más de 15 años.

[19]  Véase, p. ej., The National Library of Israel, informando de dicha visita y su desvío hacia Egipto. <http://web.nli.org.il/sites/NLI/English/library/reading_corner/Pages/eichmann_secret_visit.aspx>

[20]  El padre de Beniamin Netanyahu, Benzion Netanyahu, fue, justamente, secretario de Z. Jabotinski.

[21]  “Ken Livingstone has refused to apologise for breaking party rules by claiming that Hitler supported Zionism”, The Times,  Londres, 6 abr 2017 (Livingstone se ha negado a pedir disculpas por romper “la línea” partidaria sosteniendo que Hitler apoyó al sionismo).

[22]  La última perla de este largo rosario de fake news acerca del “líder Jeremy Corbyn” la leo en una nota cargada de manía persecutoria que empieza planteando una certera disyuntiva entre globalización y nacionalismo y deriva en la búsqueda selenita de antisemitismo: Hebert Abimorad, “Globalización contra nacionalismo y rebrote del antisemitismo”, uy.press, 2 mar 2019.

[23]  También es significativo el momento. Fue en 1924, desplegando su dominio.

[24]  Porque hay que recordar que sigue habiendo rabinos no sionistas, incluso antisionistas.

[25]  Sefi Rachlevsky, Haaretz, 1 jul 2011. En la cita Lior se refiere a un médico, Baruch Goldstein, que con armas de repetición produjo una matanza en una mezquita palestina, decenas de muertos, antes que los sobrevivientes lo mataran en el mismo lugar. 1994.

[26]  The King’s Torah, en Haaretz, 5 nov 2013.

[27]  La Vanguardia, Barcelona, 19 mar 2019.

[28]  Yediot Ahronot, periódico israelí. Traducido y puesto en internet por http://www.palestinalibre.org.

[29]  Agentes secretos camuflados de SHABAK (policía interior), entrenados para confundirse con árabes.

[30]  Dedicados a destrozar al “enemigo” valiéndose de delaciones, vejámenes a menores encarcelados, a menudo niños de diez o quince años. Logrando a veces vencer batallas sin tener que emprenderlas.  Al mejor estilo Sun Tzu. Pappe relata que el MOSSAD estuvo controlando las vidas privadas de aviadores egipcios y en un momento ‘adecuado’ enviaron a sus respectivas esposas informes sobre las andanzas sexuales de sus maridos, lo que trastornó la capacidad operativa de todo el destacamento.

[31]  http://www.europalestine.com/article.php3?id_article=2729, glosando su último libro titulado Lenatzea’ h èt Hitler (Derrotando a Hitler).

[32]  “El victimismo como política en Israel”, 5 ene 2018.

[33]  Oded Yinon, analista israelí, esbozó a principios de los ’80 un plan para la expansión israelí basado en el “divide y vencerás”, programando escisiones en Líbano, Libia, Siria, Irak, Egipto, Sudán, Irán, Arabia Saudita, siguiendo fracturas idiomáticas, religiosas o de otro orden. Muchas peripecias y fracturas de estados árabes y musulmanes se pueden entender desde allí. “Una estrategia para Israel en la década del ‘80”, Kivunim, no. 14, Jerusalén, feb. 1982. Traducción al inglés de Israel Shahak. En El Estado de Israel armó las dictaduras en América Latina, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2007.

[34]  En 1942, en el Congreso Mundial del sionismo en el Biltmore Hotel de Nueva York, la cúpula sionista decide abandonar la “protección” del British Empire, agotado entonces por la guerra contra el nazismo, y designar a EE.UU. como su nuevo protector, sin duda amparado en los lazos que una grande e influyente presencia judía en EE.UU. facilitaba. Una jugada maestra además de Ben Gurion porque borraba de un plumazo al competidor revisionista por su colaboración con el fascismo, al quedar estos últimos en el bando de los perdedores.

      Podría llamar la atención que sea el protegido el que decida quien lo apadrina o dejará de hacerlo.

[35]  La densidad sigue siendo un problema para la expansión colonial o neocolonial, aun con todos los tecnodesarrollos imaginables. Se estima que lo que ahora es Canadá, EE.UU, Alaska incluida, estaba poblada en el s XIX por un millón de habitantes originarios. En muy pocas décadas el arribo europeo superó ampliamente ese número. Análogamente, la Banda Oriental, germen (aunque con territorio mayor) del actual Uruguay, se estima que tenía, a comienzo del s XIX, muy pocos miles de nativos. ¿Tres mil tal vez? El arribo europeo sobrepasó rápidamente ese número. Y se forjaron las “nuevas” sociedades. En cambio, la India, con cientos de millones de habitantes ancestrales nunca fue colonizada por más de unos pocos miles de ingleses, y con su retiro y la independencia habrá un gobierno de indios (aunque la huella colonial persista en el idioma…).

[36]  “Hablando de Israel. La relación con Israel es veneno para los Estados Unidos”,

https://ahtribune.com/us/israelgate/2944-talking-about-israel.html.

[37]  Agencia  Walsh, 30 ago 2006.

[38]  Podríamos aquí recordar la expedición “Rumbo a Gaza”, 2010, que procuraba llevar medicamentos y alimentos a la ya muy sitiada Franja de Gaza. La Marina de Guerra israelí decidió abordar el barco insignia en alta mar, violando todos los derechos a la navegación. El abordaje fue resistido por la tripulación con algunos palos y los militares israelíes no trepidaron, aquí tampoco, en matar a mansalva una decena de navegantes que no tenían armas de fuego y ni siquiera cuchillos. No aceptar ni la menor resistencia, ni la menor diferencia: una “magnífica” definición de totalitarismo. Claro que en el caso israelí, muy “democrático” y “defensivo”.

[39]  Ethan Bronner, Independent, Reino Unido, 28 ene 2018.

[40]  Véase Ilan Pappe, La limpieza étnica de Palestina, Editorial Crítica, Barcelona, 2008.

[41]  https://www.amnesty.org/download/Documents/48000/mde150272009es.pdf.

[42]  https://paginasarabes.com/2015/07/21/palestina-contaminada-por-desechos-israelies/

[43]  Resumen Latinoamericano, 23 jun 2017.

[44]  Raquel García, Mnaizel, publico.es, 17 nov  2011.

[45]  Miembro de “Breaking the Silence”, una red de soldados que no pueden soportar en silencio el atropello institucionalizado de Israel sobre los palestinos. Lamentablemente, pequeña. 26 jul. 2006.

[46]  El Mundo, Madrid, 6 jun 2013. En su exhumación se halló fuertes dosis de polonio.

[47] Esperanza y temor, Asociación Racionalista Judía, Buenos Aires, 1906.

ONU-UNSCOP, padres putativos de Israel – II Uruguay

por Luis E. Sabini Fernández 

“Una Palestina tan judía como inglesa es Inglaterra” [1919] Chaim Weizman[1]

“Palestina pertenece a los árabes en el mismo sentido que Inglaterra a los ingleses.” [1938] Mahatma Gandhi [2]

En nota anterior[3] hemos procurado analizar el surgimiento del Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina (conocido por su sigla en inglés, UNSCOP) en 1947. Y hemos analizado el peculiar papel entonces jugado por Guatemala. Hay otro estado dentro de la nómina que integrara UNSCOP que ocupa un lugar principalísimo en el conflicto surgido en Palestina con el asentamiento sionista y con la “solución” ofrecida por la ONU; Uruguay.

Procuremos entonces abordar “el capítulo” uruguayo.

El gobierno guatemalteco democrático, el del corto período 1944-1954 es comparable, en su posición geopolítica y de relacionamiento con el mundo, al Uruguay batllista. El  batllismo –bien que a lo largo de un período mucho mayor− proclamó su antiimperialismo, y su anticolonialismo, enfrentado a Inglaterra, el Reino Unido. Jamás a EE.UU.

Así como los progresistas guatemaltecos de mediados del s. XX enfrentaron a la rapacidad norteamericana encarnada en la ‘política del garrote’ de Theodore Roosevelt, pero apostando al ‘nuevo trato’ de otro Roosevelt, Franklin Delano. Remitimos al lector al trabajo anterior para el caso guatemalteco. 

Ofrecemos aquí, por si falta hubiere, algunos materiales que nos muestren esa geopolítica del Uruguay batllista.

Uruguay, batllismo y EE.UU.

Baltasar Brum, por muchos considerado el principal continuador del fundador del batllismo José Batlle y Ordóñez, quien ofreció su vida ante un golpe de estado en 1933, lo cual le otorga una altura ética incomparable, fue una figura clave en la configuración de la política y la geopolítica del período batllista que caracteriza a nuestro país en la segunda y tercera décadas del siglo XX.

Para afirmar una cierta distancia e independencia del país respecto del Reino Unido, el batllismo se valió de una siempre progresiva identificación con el panamericanismo, promovido desde EE.UU. desde los tiempos de la llamada independencia en América del Sur (la Doctrina Monroe; “América para los americanos”, es decir para americans, es de 1823).

Esta sintonía le permite afirmar al historiador uruguayo Dante Turcatti que en la década del ’20 del siglo anterior, ”Uruguay se convirtió en el país latinoamericano más filoestadounidense de la época.” [4]

Para Brum la Doctrina Monroe preservaba a los países “latinoamericanos” de injerencias europeas. Lo cual era cierto. Pero “el segundo momento” de esa preservación era totalmente divergente… de la realidad. Brum entendía que expresaba “solidaridad americana”. La enorme confianza de Brum en el panamericanismo, rayana en un panglossianismo, lo lleva a sostener que “implica igualdad para todas las soberanías, grandes y pequeñas” (ibíd.).

Resulta penosamente evidente que los perjudicados por el racismo perciben en la mayor parte de los casos la existencia del racismo, pero a los usufructuarios, en cambio, se les hace muy, muy difícil percibir el racismo… del que disfrutan (o del que no son víctimas directas).

Brum en particular y el batllismo en general están encerrados conceptualmente en el universo europeo. No existe sino lo europeo en el continente americano. Ya veremos que en la década del ’40 y en Asia, persistirá esa misma visión, ideológica, del mundo como universo exclusivamente europeo.

El desembozado apoyo de Brum a la política estadounidense no pasó, inadvertido y tuvo resistencia. Desde la  cátedra, en la Universidad “Mayor” de la República (entonces la única) Arístides Delle Piane criticó severamente la llamada Doctrina Monroe ”desarrollando un sistemático análisis del texto”.[5] La Doctrina Brum cosechó también resistencia fuera de fronteras. Por ejemplo, un abogado argentino, Lucio Moreno Quintana,  presentó su Refutación, una crítica expresa al planteo de Brum.[6]

La confianza de Brum y sus cofrades en la bondad de lo panamericano coincide punto por punto con la visión que de sí mismos tenían quienes regían los destinos de EE.UU. Woodrow Wilson siempre considerándose a sí mismo hombre de paz, refiriéndose a un enésimo diferendo fronterizo de EE.UU. con México, una país despojado de tierras y seres humanos por la american democracy repetidas veces, brindaba su excelencia para mostrar su idea de libertad: “Queremos siempre mantener nuestra gran influencia sin par para el ejercicio de la libertad, tanto en EE.UU. como  dondequiera pueda ser usada para beneficio de la humanidad.” [7]  De la cita surge claramente que Wilson confunde la potencia de la que es presidente con la humanidad toda. Lo cual le permite un universalismo fácil, y falso, claro.

Esto no es una simple coincidencia ideológica entre entidades tan decididamente desiguales o desparejas. Es, propiamente, una satelización, un estatuto de vasallaje de Uruguay respecto de EE.UU.[8]

El fundamento antropológico de esta asumida satelización proviene de la ceguera total y absoluta que la América española, rebautizada Latina −con los mismos preceptos con que se matrizara la América sajona− tiene de sí misma. No se reconoce ni como un cruzamiento, un híbrido, una combinación, una confluencia, ni siquiera como un conflicto intercultural; apenas  como un transplante meramente geográfico de lo europeo en un nuevo continente: por eso, Brum, por ejemplo se atreve a presentar mutilaciones, da las que ni siquiera parece consciente,  como su visión de futuro. Piensa que: «el continente americano “libre de odios seculares y de los perniciosos prejuicios de razas” estaría en capacidad de influir para reducir los conflictos que, originados en las rivalidades entre países europeos, comprometían el “bienestar del mundo”.»[9]

Así Domingo F. Sarmiento había “importado” gorriones para Buenos Aires, y liebres para el campo americano, como si “el Nuevo Continente” no tuviera pájaros ni roedores aborígenes.

Surge prístino que para los nuevos pobladores, Abya Yala, América, es apenas una tabula rasa en que lo humano anterior a la llegada europea no cuenta, un espacio donde los europeos podrán reescribir su historia –la de los europeos−  en una nueva geografía y lo harán –esto es lo fundamental− sin tener que caer en los vicios del racismo… europeo. Si algún guaraní, aymara, mapuche, yanomami, misquito o jíbaro entiende que el racismo es una repugnante vivencia contemporánea, que incluso es una política que se practica en las Américas, habrá que decirles que ven, escuchan, sufren visiones, como los mayas, los extintos taínos, los siux, los seminolas, los navajos, los cheyennes y los millones de africanos forzados a venir a las Américas…

En esa cosmovisión se construyeron las nacionalidades americanas, particularmente las de matriz hispana. Y el batllismo es una idea-fuerza que configura al Uruguay en la primera mitad del siglo XX. Y serán sus personeros protagonistas en el surgimiento del Estado de Israel como consecuencia directa de la estrategia batllista de ubicación del Uruguay en el mundo. Vemos en Brum una figura clave de esa configuración que ya dijimos  fue dominante en la primera mitad del s. XX y que cuenta con muchísimos referentes entre quienes nos interesa particularmente otro pionero; Alberto Guani.

Guani pertenece a la primera camada batllista, abogado brillante, por ejemplo, en la cuestión del divorcio implantado en el país tan tempranamente, en 1907.

Hizo carrera diplomática y fue así el representante del Uruguay en la Sociedad de las Naciones, la organización internacional nacida para dar un manto jurídico al escarnio que fue el leonino Tratado de Versalles. Uruguay, entonces, gracias a la modernización batllista, inspirada su configuración política en el modelo suizo, resultaba un país “modelo” para Occidente y sus vencedores de la Primera Guerra Mundial.

No es ninguna casualidad, entonces, que con la firma de Guani, Uruguay fuera uno de los poquísimos países que aprobara la Declaración Balfour emitida por la cancillería británica. cuando el Reino Unido, ejerciendo un derecho de disponibilidad territorial que provenía de su condición de estado victorioso de la llamada Primera Guerra Mundial, le otorgara al movimiento sionista “un hogar judío” en Palestina.

En Guani, como acabamos de ver en Brum, es patente una suerte de optimismo acrítico respecto de, por ejemplo América Latina. Así estampa la colonización europea del “Nuevo Continente”: “[…] haría surgir un grupo internacional fundado tan solo en los sentimientos uniformes más puros de libertad y de democracia colectivos. […] con la intención de establecer sistemas políticos definidos y distintos de las instituciones seculares del viejo mundo.” [10] En otro capítulo de la misma obra, “Participación de la América Latina en la Sociedad de las Naciones”, criticando “fuerzas hostiles” como “el nacionalismo, el comunismo y el militarismo” nos “tranquiliza afirmando que ninguna de tales fuerzas “han podido llegar a manifestarse hasta ahora en ningún país latinoamericano. No hay que temer, por lo tanto, que esas causas de disgregación internacional u otras parecidas puedan oponerse en el futuro al mantenimiento y desarrollo de las ideas y de los sentimientos de solidaridad continental que nos unen y que representan hoy las más sólidas garantías  de seguridad y paz en América.” (ibíd., p. 304)

En el terreno político internacional, a los ojos de Brum o de Guani, nos movemos en el mejor de los mundos.

En San Remo, Italia, en 1920 los estados victoriosos −Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón− proceden al reparto de los territorios arrebatados a las naciones derrotadas y en medio de esta “redistribución”, ratifican la Declaración Balfour (de 1917) mediante una resolución  que “algunos califican como la ‘Carta Magna’ de Israel” (Wikipedia). La Sociedad de las Naciones establece entonces un corpus legal para la administración del territorio palestino por parte de Gran Bretaña.

El fundamento subyacente está, como sostiene Viviane Forrester −ella también judía− ‘en la lógica colonial implícita en la idea de que las grandes potencias pueden disponer de las tierras de otros pueblos, resolver el traslado de poblaciones enteras, crear estados en sus territorios y determinar el carácter étnico de esos estados.[11]

América Latina: escamoteando y negando las Américas afro e india

Espero haber mostrado que la relación de EE.UU. con Uruguay ha sido peculiar a lo largo de la historia moderna [12] y veremos cómo la red satelitaria fructifica aun sin la corta distancia de otras entidades satelitarias respecto de EE.UU., como en el caso guatemalteco.

Elemento común de las élites uruguaya y guatemalteca: ni al equipo ‘socialista espiritual’ de Guatemala ni al ‘progresista’ del Uruguay le interesa la cuestión indígena.[13]

Como pasa generalmente entre unidades políticas con perfiles propios, la realidad es mucho más compleja, y junto a la relación que denominé “satelitaria” coexisten elementos francamente contradictorios. En Uruguay, simultáneamente a la identificación política del batllismo con EE.UU., y su enorme trascendencia para la historia “nacional”, coexiste una tendencia como la liderada por Carlos Quijano,[14] originaria del Partido Nacional (que resultará en las décadas por venir cofundadora del Frente Amplio), que en los ’20 se fue forjando intensamente antiimperialista y particularmente antinorteamericana. Como para “complejizarlo todo un poco más”, cabe acotar que Quijano y Marcha serán a la vez fuertes defensores del gobierno de Guatemala del paréntesis democrático, 1944-1954.[15]

Con esta constelación “política de entrecasa“, que estamos describiendo para Uruguay, así como la que hemos verificado para Guatemala, estas “naciones del Nuevo Continente” pasan a revistar, junto con Perú, en la UNSCOP y serán decisivos dentro de la ONU, por su ubicación en la órbita norteamericana, para la constitución del Estado de Israel.

Enrique Rodríguez Fabregat: oriental (del Uruguay), occidental (de Occidente)

El caso uruguayo hay que rastrearlo más atrás en el tiempo que el de la corta vida de UNSCOP donde Enrique Rodríguez Fabregat desempeñara un papel clave.

La intensa labor llevada a cabo por Rodríguez Fabregat necesita un desglose que con el “diario del lunes” es elemental y básico, pero que seguramente en los ’40, era mucho más difícil de abordar, entender, asumir.

Rodríguez Fabregat unificó con la fuerza de su pasión, con su compromiso vital, con toda su energía la defensa de los judíos perseguidos, maltratados y asesinados por el nazismo con la defensa del estado sionista. Creyó, no sólo en la década del ’40 sino posteriormente, que el EdI y un refugio para los judíos perseguidos eran sinónimos.

Algo históricamente equivocado y aprovechado falazmente por el sionismo. Es muy claro que se trata de dos cuestiones totalmente diferenciadas. Razones o indicios para darse cuenta sobran: el sionismo surge en el s. XIX, cuando no había ni siquiera proyecto nazi sobre el planeta.

Son legión los judíos, rabinos entre ellos, que a fines del siglo XIX condenaron al sionismo  por antijudío.[16]

Las complejidades políticas entrecruzaron las cartas; el sionismo adquiere fuerza ante la persecución a judíos que en la década del ’80 del s. XIX las fuerzas más reaccionarias del zarismo acometieron contra los guetos. Y episodios de persecución y discriminación como el famoso “affaire Dreyfus” en el cambio de siglos, también abonaban la opción sionista.

Significativamente en el mismo año, 1897, se desarrolla el Primer Congreso Mundial sionista en Basilea, Suiza, y el congreso fundacional del BUND –movimiento socialista judío prescindente de toda religión−en Vilna, Lituania, por entonces Polonia. Dos posiciones opuestas de sectores judíos.

Hubo luchadores judíos, como el bundista Marek Edelman,[17] que se negaron a visitar Israel cuando la cúpula sionista pretendió presentarlo como héroe sobreviviente del Gueto de Varsovia. El sionismo que a comienzos del s. XX no tenía más del 10% de adeptos entre los judíos termina el siglo XX con una inmensa mayoría de judíos sionistas, y con una “extra”; corrientes de apoyo a lsrael incluso antisemitas, pero filosionistas.

Lo que hace más patética la creencia de Rodríguez Fabregat es no tanto la confusión de dos problemas en uno, sino la posición de los mismos sionistas respecto del atroz destino de los judíos perseguidos por el nazismo.

A todo lo largo de la década del ’30, cuando ya la represión nazi había empezado a hacer estragos entre los judíos, los sionistas seguían apostando a la inmigración colonialista hacia Palestina, ejerciendo un tibio apoyo a las víctimas judías del nazismo. No era su problema. La estrategia del mismísimo David Ben Gurion es ilustrativa al respecto, como figura clave en la fundación del EdI. Su actitud era de atender de manera deliberadamente secundaria las persecuciones nazis a los judíos y apostar de modo principal a la colonización de Israel. El sionismo llegó a valerse del mismo nazismo para esos fines. Algo totalmente racional: durante prácticamente toda la década del ’30, incluso cuando la represión se hizo asesina, como con la Noche de los Cristales Rotos (1938), los nazis tenían como política principal la expulsión de los judíos de Alemania. Que coincidía con la política sionista de abandonar Alemania para colonizar Palestina.[18] En los comienzos del Tercer Reich hubo incluso acuerdos comerciales y monetarios para que los sionistas vendieran en el Cercano Oriente mercancías de la Alemania nazi reembolsando así los bienes que el nazismo no les permitía sacar fuera de Alemania como fortunas personales (este convenio tuvo un nombre; Háavarah).

Es llamativo que personas tan democráticas como Rodríguez Fabregat no hayan reparado en los argumentos de carácter democrático, del abogado palestino, jerosolimitano,  Henri Cattan que mantuviera entrevistas con miembros de UNSCOP representando al Alto Comité Árabe.

Cattan les explicó que el mandato británico para Palestina carecía de valor legal desde que la Sociedad de las Naciones que lo había otorgado había caducado.

Aclaró que la Declaración Balfour (1917) se contradecía con otras promesas otorgadas a los árabes, lo cual ponía en negro sobre blanco el papel dúplice del British Empire procurando endulzar a tirios y troyanos prometiendo más de lo que pensaban otorgar. Cattan agregó algo todavía más sustantivo y sustancial: “[…] que la Declaración Balfour fue hecha sin el consentimiento, por no decir el conocimiento del pueblo más directamente afectado por ella; cuando consideramos que es contraria a los principios de soberanía nacional y democracia y también a los principios enunciados por la Carta de la ONU, cuando consideramos que era incompatible con promesas hechas a los árabes antes y después de ella, tenemos la seguridad de que el deber de UNSCOP será investigar la legalidad, validez y ética de este documento.” [19]

En su abordaje, Cattan  aclaró que el reclamo sionista de la tierra palestina se basa en que hace unos dos mil años, los judíos habrían tenido allí un reino. “Si este documento se tomara como base para determinar cuestiones internacionales, ocurriría una dislocación mundial de enorme magnitud.” Con lo cual, Cattan mostró el peligro de encarar semejante método de asignación de territorios. Observe el paciente lector que no estamos hablando de dos siglos atrás, que ya sería altamente problemático, sino de dos milenios atrás…

Cattan mostró enorme lucidez e independencia de criterio: aun luego de acabada la 2GM y con el devastador panorama a la vista de asesinados, internados, desplazados, de millones de seres humanos, atreviéndose a sostener que: “Palestina no tenía nada que ver con los desplazados judíos que andaban por Europa.” (ibíd.)

Una discriminación conceptual que, por ejemplo,  nuestro representante en la ONU, Rodríguez Fabregat, no fue capaz de captar (lo mismo le pasó a Jorge García Granados; véase “ONU-UNSCOP-I, y me temo que a varios de los “unscopianos”).

Nuestro embajador plenipotenciario del Uruguay ante la ONU se sintió llamado a un sitial sin precedentes, a una actuación sin parangón histórico, en 1947: “Las Naciones Unidas están viviendo su prueba […] Antes en la historia, en los siglos que fueron se procedía de otra manera: otros eran los caminos y otro el objetivo inmediato […] ya no se reúnen las naciones, ya no se congrega la Asamblea General de las Naciones Unidas para proceder a nuevos repartos sobre el antiguo mapa colonial del mundo, se reúnen hoy para colocar en su verdadero término […] los principios fundamentales de la soberanía social.” [20]  La cita procura hacernos creer que todo es nuevo y bueno, que los poderes de antaño han sido abolidos… es Rodríguez Fabregat quien hace esta descripción del inminente descuartizamiento del territorio palestino.

Ha logrado ponerse a resguardo (anímica y políticamente) para imaginar que ellos ahora, la ONU, podía violar, burlar, escamotear. Santificados vaya uno a saber por cual seguro moral. Una vez más, con el diario del lunes, vemos qué autoestafa estaba nuestro primer representante en la ONU cometiendo.  

Es una necesidad psíquica de los que resuelven situaciones sentir que lo han hecho merecida, incorruptible, objetiva, justicieramente. Es un deber intelectual ineludible verificar en cuánto han acertado y en cuánto no. Indudablemente la segunda posguerra funcionó como una máquina ideológica de altísima velocidad, como ya observaremos con el concepto de racismo.

En su trabajo, Perazza describe el proceso vivido en la ONU con la resolución 181 del 29 de noviembre de 1947: “De este modo, finalizaba un engorroso y delicado proceso, que desembocaba en la partición de Palestina, que fue aceptada por los judíos (con la consecuente creación del Estado de Israel) y rechazada, dura y unánimemente, por los Estados árabes.” Y por los palestinos, habría que agregar, convidados de piedra.

Las gestiones de la ONU fueron mucho más lejos que mantener a los palestinos como convidados de piedra. So pretexto de crear una comisión que analizara los pros y los contras de sionistas y palestinos en el diferendo territorial, los delegados designados (fundamentalmente bajo la guía del líder mundial de la posguerra, EE.UU.) venían a homologar lo que se gestaba entre bambalinas.

La UNSCOP decidió una reunión clandestina en Palestina con Begin, jefe del sionismo fascista. Había un detalle que cuidar: Begin era un perseguido por la justicia británica a causa de los numerosos actos terroristas de su agrupación; esos contactos de UNSCOP  debían mantenerse en secreto.

“La segunda reunión se produjo con los miembros latinoamericanos del UNSCOP: el doctor guatemalteco García Granados y el profesor uruguayo Fabregat.

Según Begin, fue todavía más cordial que la primera y después de su celebración provocó ‘un segundo escándalo internacional’. Esto último se produjo porque, en palabras del jefe del Irgún, ‘Fabregat y García Granados eran, en cierto sentido, camaradas nuestros. […] García Granados estaba evidentemente predispuesto a favor de la lucha hebrea de liberación […]. También Fabregat era amigo natural de nuestra causa”. Begin intentó aprovechar políticamente esta circunstancia: ‘Sostuvimos un debate político con García Granados. Yo traté de convencerle de que él y Fabregat, como amigos de nuestro pueblo, debían pedir no solo la liquidación del mandato británico […] sino también que todo el país se convirtiese en un Estado judío”.

No obstante, acceder a la petición no era sencillo: “García Granados respondió que no podía prometernos hacer lo que le pedíamos […]. Además, dijo con una sonrisa: ‘Resultaría extraño que Fabregat y yo pidiésemos más que el señor Shertok’.” [21]

Queda claro que ni García Granados ni Rodríguez Fabregat estaban dedicados a buscar la mejor solución posible para-todas-las-partes puesto que veían como valiosa, únicamente, la “parte” sionista, judeosionista.

El sesgo sionista y el desconocimiento y la reluctancia a lo árabe llega a tanto en la UNSCOP que llegan a confundir la rebelión o intifada de 1936 en Palestina con el antisemitismo de origen europeo. “[…] los incidentes acaecidos en 1936 hicieron que se extendiese la ‘campaña árabe de terrorismo’. Esta afirmación puede resultar llamativa si no se aportan más datos, ya que la autoría de la práctica totalidad de los atentados entre 1936 y 1939 (ataques deliberados a población civil con métodos como bombas en lugares de masificación pública o coches-bomba) fueron llevados a cabo por el Irgún. En el Yishuv, el número total de víctimas mortales durante la Gran Insurrección estuvo entre 174 y 300, mientras que del lado palestino su número ascendió a unas 5000.” [22]

Confundir la resistencia a la implantación sionista con los arrebatos antisemitas que se vivieron tantas veces en Europa, donde prácticamente eran los judíos los que ”ponían” las víctimas revela que Rodríguez Fabregat y García Granados habían empezado a ver con los ojos de las “víctimas perpetuas” ajenas a toda responsabilidad.

Veamos, sucintamente, a un investigador sueco, Per Gahrton, que nos brinda cifras que entendemos elocuentes: “En los primeros seis meses [de 1936] fueron matados 35 británicos, 89 judíos y por lo menos 195 árabes (aunque algunas fuentes llevan ese número a 500). […] En 1937 recrudeció y los judíos pasaron al ataque, lo que se percibe en los muertos: en 1938 se registran 1100 muertos “rebeldes” más unos 500 palestinos muertos civiles [población común, no armada], 300 judíos y 70 británicos.” [23] La diferencia con los pogromos de la Rusia zarista o la Noche de los Cristales –y las atrocidades en tales episodios cometidas− salta a la vista con la mera estimación de víctimas.

Y un detalle complementario: palestinos mataban judíos y británicos; judíos mataban palestinos; británicos mataban palestinos, pero entre 1936 y 1939 con la rebelión palestina en curso, británicos y sionistas no se mataban entre sí, antes bien, constituían el mismo bando; el del colonizador, el del opresor. Que poco después, apenas terminada la 2GM y con el nazismo hecho añicos, los sionistas, que durante la guerra incluso habían revistado dentro del ejército británico, iniciaran una campaña terrorista contra Gran Bretaña, visualizada ahora (pese a tener el aval de la flamante ONU) como “ocupante” de Palestina, es otra historia. En rigor, lo que reclamaban los sionistas era el rápido abandono de la presa colonial que consideraban ahora fruta madura para sí.

Círculo de tiza 

Hay que tener en cuenta que el sionismo aspiraba a ocupar la Palestina entera, que era incluso mayor que lo que se definía como Palestina bajo mandado británico (abarcaba territorio sirio y jordano, por ejemplo). Pero que tácticamente aceptó la partición como paso intermedio para la consecución de sus fines.

Ante la resolución de la ONU –que no podía ser más que una recomendación, pero que se tendió a visualizar como un úcase resolutivo− la actitud de “las partes” me hace acordar el dilema de “el círculo de tiza”, relato chino de Li Xingdao que Bertolt  Brecht actualizara: de las dos pretendidas madres, la que llega a estar dispuesta a tirar del bebé hasta partirlo se revela como quien menos lo quiere; la que acepta no quedarse con él antes que lastimarlo, es quien realmente lo quiere. Indudablemente la ONU carecía de la sabiduría que despliega el juez de la leyenda. O mejor dicho, se valía de otros elementos para tener en cuenta.

Un detalle que revela la diferencia en la relación con la tierra entre árabes palestinos y judíos sionistas es que los palestinos siempre reclamaron lo mismo: quedarse a vivir en la tierra que los acogía desde hacía miles de años. El sionismo, en cambio, fue cambiando  de estrategia y por lo tanto de miras, de acuerdo con sus evaluaciones  tácticas. Por ejemplo, luego que el gobierno británico emitiera su bula geopolítica reconociendo derechos a un hogar judío, concepto distinto a “estado judío”, los sionistas habían aceptado esa entrega o concesión parcial.  

Pero antes todavía, en 1918, Nahum Sokolov escribe: “Se ha dicho y todavía se sigue repitiendo obstinadamente por los antisionistas una y otra vez, que el sionismo tiene como objetivo la creación de un estado judío independiente, pero esto es totalmente una falacia. El estado judío nunca formó parte del programa sionista.” [sic] [24]

Por su parte, Chaim Weizman, que fuera primer presidente del Estado de Israel (1948), el 9 julio de 1947, oponiéndose a un posible estado binacional, “defendió las ventajas de la partición” como una solución “definitiva, firme y tangible”.[25] Casi enseguida vimos que no era definitiva ni firme.

El ángulo ciego del “retrovisor” de la ONU

Perazza (ob. cit.) presenta en notas al pie algunas reacciones y comentarios de delegados y representantes árabes y/o musulmanes a mi modo de ver significativas:

“El representante de Irán, señor Adl, expresaba: “¿Qué se nos propone? Se nos propone dividir arbitrariamente un país, sin tener en cuenta la voluntad de la mayoría de sus habitantes, en dos Estados diferentes.” DOC. A/516, p. 608. [26] El representante sirio, emir Arslan, por su parte, concluía: “Jamás un proyecto ha sido más contrario a la lógica ni más contrario a las leyes sociales, políticas y económicas; […] así como por sus complicaciones políticas y administrativas; jamás una proposición ha sido votada con mayor recelo y hasta repugnancia; jamás un proyecto ha sido definido con más propaganda […].” DOC. A/516, p. 613. (ibíd.)

Por su parte, el representante iraquí destacó otro aspecto que obnubiló corazones y lo hizo con apreciable perspectiva histórica: “De manera muy eficaz [los sionistas] explotaron los sufrimientos de las víctimas de Hitler para sus propios fines políticos. Ahora quieren un Estado en una parte de Palestina, más tarde van a quererlo en todo el territorio de Palestina y finalmente pretenderán invadir el resto del mundo árabe”. Documento A/516, p. 634. (ibíd.)

«Y el representante de Líbano, señor Chamoun, avizoraba: “Si se admitiese este precedente, se debería escribir en letras de fuego y sangre sobre la puerta de nuestra Organización que aquí hemos creado un procedimiento tendiente a alentar a las minorías políticas, raciales o religiosas a dividirse; hemos estimulado la transformación de minorías en estados independientes y hemos contribuido de este modo a destruir la estructura política y social de varios estados miembros de nuestra Organización o de otros que todavía no pertenecen a ella”.» DOC. A/516, p. 615. (ibíd.)

No se trataba ciertamente de puntos de vista exclusivos de políticos. En el mundo académico, por ejemplo, muchos compartían los reparos a la política británica primero y luego estadounidense. Hubo una polémica muy instructiva entre dos historiadores; Arnold Toynbee  y Solomon Zeitlin, en 1961.[27] Toynbee sostuvo la inconveniencia de otorgar razones o derechos políticos sobre “alegatos de revelaciones divinas”. Y que por lo tanto un “hogar” religioso no puede absorber todas las funciones de una sociedad cualquiera que se pretenda democrática. Y por ello criticó duramente a su país de nacimiento, Gran Bretaña, por ceder al sionismo no un hogar sino un estado. Y que resolver por esa vía la cuestión de la política de exterminio nazi contra los judíos se basa en una carencia de derechos humanos para los palestinos.

Toynbee entendió que dos milenios era demasiado tiempo para validar derechos, como por ejemplo el de retorno que alguna vez efectivamente hayan tenido, por ejemplo judíos en Palestina.

La publicación, judía, se permitió la crítica demoledora de Toynbee asegurándose de réplica en el mismo número: Zeitlin sostuvo que el vínculo judío con “la tierra prometida” era incomparablemente mayor que el del cristianismo y el Islam. Algo totalmente fuera de discusión.

Sostuvo que en Palestina siempre hubo población judía, incluidos los dos milenios con soberanía política de diversos estados (Turquía, Reino Unido). Pero ante esta observación, −correcta de Zeitlin−, habría que volver a la distinción entre hogar y estado. El derecho de los judíos a tener un hogar en Palestina, no significa que tenga que serlo dentro de un estado judío.

Zeitlin arguyó contra el planteo de Toynbee de que a la ONU no le corresponde decidir sobre “los asuntos internos de un país”, sosteniendo que la ONU era heredera de la Sociedad de las Naciones. ¿Pero quién puede sostener que las resoluciones de la Sociedad de las Naciones tuvieran alguna juridicidad cuando provienen del afrentoso Tratado de Versalles y consistieron en una simple repartija territorial (no solo Palestina sino  otros territorios retirados de la soberanía de los perdedores, Turquía y Alemania)?

¿Existe acaso una comunidad de destino entre Uruguay e Israel?

En un informe de World Jewish Congress (WJC) titulado “Un ‘paladín vigoroso’:[28] el uruguayo Enrique Rodríguez Fabregat y su apoyo a la causa del Estado de Israel” se afirma que nuestro representante ante la ONU predicaba el respeto a los árabes junto con el secretario de la Agencia Judía para América Latina, Moshe Tov: “respetaban [a] los árabes y trataban en lo posible de tener en cuenta su punto de vista.” [29]

¿Qué podemos decir de estos respetos enunciados por el Congreso Judío Mundial elogiándose a sí mismo? ¿Empalagoso, tautológico? 

Sabemos cómo la institucionalidad judía, como el WJC, operó en todo Occidente para llevar agua al molino sionista, haciendo fintas, retrocesos tácticos, pero jamás aceptando que ni siquiera una parcela de ese territorio volviera a alguna población palestina. Sabemos con qué determinación la dirección sionista decidió adueñarse de todo el territorio palestino, en un comienzo mediante tímidas adquisiciones de tierras, pero con el tiempo, imponiendo su poder sobre el disperso campesinado árabe palestino y finalmente, en mayo de 1948, expulsando con violencias varias −violaciones, asesinatos− a los campesinos de sus tierras, tierras que jamás fueron devueltas, ni siquiera en un solo caso.[30]

En el mismo trabajo, procurando una “identificación de destino” entre Israel y Uruguay se comparan los respectivos éxodos, por ejemplo, ignorando olímpicamente que la búsqueda de semejanzas y coincidencias en una cantidad incontable de factores carece de todo criterio de veracidad.

Los paralelismos que se han trazado entre Uruguay e Israel en general esconden analogías que se pueden construir, artificiosamente, y carecen por ello de rigor: se pueden hallar coincidencias o rastros de equivalencias entre las entidades más diversas. ¿Qué hacer con el éxodo  de los kalmukos, por ejemplo, o con la Anábasis griega o la Larga Marcha china? ¿Se parecen entre sí o incluso más que entre la leyenda judía y “El Éxodo del Pueblo Oriental”?

Baste pensar en el origen del estado uruguayo, fruto de equilibrios y/o conflictos geopolíticos entre Argentina, Brasil y la potencia imperial dominante entonces, el Reino Unido; y el tan diverso de Israel: curiosa simbiosis entre un movimiento laico (al menos inicialmente laico, como el sionismo) y un fundamentalismo bíblico como documento histórico. Para colmo, esa falsa historicidad le otorga al territorio palestino, a Canaán, a la costa oriental del Mediterráneo, una trascendencia exclusiva, única: “La reivindicación del Gran Rabinato de un Estado judío en Eretz Israel se asentaba principalmente sobre un doble soporte: el religioso y el de supervivencia o ‘refugio étnico’. Se trataba de una narrativa histórica providencialista que hacía hincapié en la utilización de la Biblia como texto histórico y legitimador que identificaba a la religión judía con la nación judía. Para el rabino Isaac Herzog, el primero en declarar ante el comité, la Torá ‘encarnaba nuestra carta nacional fundamental’. De esta forma, siempre según Herzog, la ‘nación judía’ se retrotraía miles de años atrás: ‘Nuestra historia nacional empieza con la redención divina de nuestro pueblo de la esclavitud egipcia’. Mencionó que, como recogen las Sagradas Escrituras, ‘la tierra que estaban pisando se la otorgó Dios a Israel como su posesión perpetua […]’: ‘Y te daré a ti y a tu descendencia la tierra […] toda la tierra de Canaán en perpetua propiedad’.” [31]

Vale la pena aclarar que el “narrador” del pasaje transcrito de Ramos Tolosa, Isaac Herzog, fue el rabino jefe de Palestina desde 1936, prolongando su papel protagónico con la fundación del EdI en 1948 y hasta su muerte, en 1959.

Nada más ajeno a la prosapia material, terrenal, histórica, del origen oriental, nuestro.

Como para subrayar diferencias, así como en Israel ha ido confluyendo cada vez más, la religión, El Libro, la identidad nacional y/o religiosa, en nuestro país un rasgo básico y cada vez más presente es la separación de cualquier iglesia y el estado, y la estructura del Uruguay es así, constitucionalmente laica.

Si de analogías hablamos, la que resulta sí, muy significativa es la extraordinaria fijación a lo bíblico de los primeros norteamericanos europeos, que en 1620 arriban con el Mayflower a lo que hoy es la costa de Massachusetts (a la bahía bautizada como de Plymouth). Unos cien enrolados en el puritanismo[32] que cruzan el Atlántico para ‘fundar la Nueva Jerusalén’. Esa intención me hace pensar que las creencias cristianas protestantes estaban mucho más cerca de la religión judía que el catolicismo que acentuó la llegada del Mesías, su presencia en el mundo y el consiguiente universalismo.

El papel protagónico de Isaasc Herzog como rabino principal de Israel nos muestra una coincidencia que destaca Ramos Tolosa: “el discurso del sionismo religioso era análogo al del sionismo político predominante, el socialsionismo.” Es que ambos hacían referencia a que “el ‘pueblo elegido’, que había ‘preservado sin ningún paralelo sus leyes e instituciones, su lengua y sus tradiciones’, su esperanza de retorno durante  más de dieciocho siglos de dispersión’, también había sido el que ‘habría sufrido un martirio sin paralelo en la historia de las naciones’ […] ‘una historia maravillosa y grandiosa de un pueblo único, se tendrá que perder en gigantescos montones de ceniza y en las inmensas fosas comunes de seis millones de judíos, en las que se incluyen un millón doscientos mil niños y lactantes.” [33]

Una vez más se amalgama el movimiento sionista con la devastación de la vida de los judíos bajo el nazismo, cuando, históricamente, se trató de dos asuntos, movimientos, tesis, diferenciadas ¡y solo por momentos complementarias!

¿La redención de una tierra sagrada, beneficia a sus moradores de los últimos milenios?

En 1930 la Corona británica designa a sir John Hope Simpson para que evalúe en Palestina los resultados de los sionistas que la Corona había prohijado en ese “protectorado”.

Se trataba de una evaluación que solo la mentalidad colonialista puede plantearse invocando “la carga del hombre blanco”.

¿Acaso no iba a recibir la población native los beneficios que implicaba el dinamismo sionista a ese lejano territorio? Las “buenas intenciones” de la Declaración Balfour así lo pronosticaban…

El resultado, empero, fue adverso…

La compra judía de tierras fue la causa de que los palestinos perdieran sus huertas y cultivos, y para siempre, puesto que las reglas del Fondo Judío de Tierras prohibían la venta de tierras a no judíos. Encima, el Fondo Judío de Tierras tenía una cláusula en sus contratos que prohibía a los dueños judíos de tierras, contratar fuerza de trabajo palestina. Este entramado ha contribuido a empobrecer a la sociedad palestina por haber gestado un proletariado urbano y rural desocupado. En otros aspectos Simpson vio asimismo efectos negativos para los palestinos con la inmigración sionista. El motivo de todo ello está en la idea base del sionismo. ’No es posible mirar con simpatía el ensanche de un enclave en Palestina del cual todos los palestinos están excluidos’ resumió Simpson. La presencia sionista en el país no ha desencadenado efectos positivos para un desarrollo social sino que más bien ha funcionado como un freno, tanto económico como psicológico’.”  [34]

Volviendo a la cuestión de la apropiación territorial, historiadores judíos como Ilan Pappé han mostrado que “la redención de la tierra”  −como designa bíblicamente el sionismo a la apropiación de tierra palestina− no reconoce marchas atrás.

Por eso es instructivo entender cierto palabrerío como el construido para sostener, como se ha hecho muy a menudo, que por ejemplo, Ehud Barak habría estado dispuesto a darle tierras a palestinos y que, como  éstos se portaron mal, entonces, los israelíes optaron por no ceder ni un centímetro…

Pero un judío que se odia a sí mismo –como tantos judíos sionistas definen al extraordinario e implacable analista Noam Chomsky− nos da la clave: “Las dos partes se reunieron en Taba,  Egipto, en enero de 2001 llegaron muy cerca de un acuerdo, y podrían haberlo hecho en unos pocos días más, dijeron en un comunicado de prensa final. Pero las negociaciones fueron canceladas prematuramente por Ehud Barak.” [35]

Conociendo la línea general, histórica, de los sionistas en Palestina, ¿se puede creer que en algún momento haya habido intención, nada menos que desde la Agencia Judía, de atender las demandas “árabes”, de los palestinos despojados? Parece una ñoñez pretenderlo.

Aquella temprana identificación de Alberto Guani con la Declaración Balfour, que hemos señalado al inicio, que nos revelara la prosapia occidental, europeísta de nuestro país, ya por entonces “la Suiza de América”, permitió tener un oído más receptivo al destino de judíos perseguidos cuando el nazismo. Mientras Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia, generalmente con gobiernos militares, tuvieron oídos receptivos para recibir y proteger agrupaciones y figuras fascistas y nazis tras el desbarajuste de la 2GM, Uruguay, civilista, supo ser activo en atender el destino de tantos perseguidos del nazismo, fundamentalmente judíos.[36] Ése ha sido un rasgo que habla a favor de nuestro país; solidaridad con los perseguidos.

No fue, ciertamente, la primera vez. Ni la última. Desde la recepción de communards de París tanto en 1848 como en 1871, de resistencia inicial a la guerra de Argentina y Brasil contra Paraguay, de otra recepción; la de armenios tras la 1GM, de fugitivos de la Guerra Civil y la revolución española de 1936-1939, hasta exiliados de tantas dictaduras latinoamericanas en pleno siglo XX.[37]

Sin embargo, Uruguay no solo se ha caracterizado por cierta sensibilidad ante los perseguidos.[38] También ha defendido métodos incruentos en el concierto internacional y Rodríguez Fabregat ha encarnado un comportamiento marcadamente piadoso ante el maltrato cruel y asesino descargado por el nazismo sobre los judíos.

Por ello, no puede dejar de llamar la atención su afonía total respecto del abuso con el cual el sionismo se instala en Palestina en medio de una campaña terrorista sin atenuantes y valiéndose, por ejemplo a partir de abril y mayo de 1948, de asesinatos a menudo colectivos. Pienso en cientos de miles de desplazados y la ocupación, a veces, con el té todavía humeante en las mesas (en Jaffa, por ejemplo) de las viviendas y los barrios palestinos. Pienso en el asesinato de Folke Bernadotte, también en 1948, enviado de la ONU, porque se atrevió a impugnar la soberbia sionista reclamando derechos para judíos y para árabes no judíos. Pienso en que varios de los grupos sionistas terroristas estaban entrenados en campos cedidos por Mussolini, cerca de Roma.

Claro que el sionismo fascista tenía cierta desventaja, porque Ben Gurion y su ala tenían a buen seguro protegerse desde EE.UU. y no desde Italia, como Menachem Begin y Benzion Netanyahu (secretario de Zeev Jabotinski y padre del actual primer ministro israelí) revelando así mucha mayor perspicacia política.

Pero el sionismo fascista estaba muy activo; es el que más nutría las “noticias” de nuestros cotidianos (El País, El Día) y sus miembros llegaron a tener contacto directo con miembros de UNSCOP, como vimos.

Por otra parte, las pretensiones autocráticas del sionismo siempre estuvieron presentes, como lo advirtiera Bernadotte en su momento.

Y lo revelaba el tendal de muertos. Que al ser árabes no importaran (¿importan ahora?) a la  conciencia europea y occidental es otro asunto.

La “dulcificación” ideológica del racismo tras el colapso nazi

Si algo fue derrotado con la 2GM y el colapso nazi fue el racismo expreso, asumido, desvergonzado. Desde 1945, se inaugura una nueva constelación ideológica, con un racismo dulcificado. Las cosas empiezan a nombrarse de otro modo.  El racismo, el supremacismo, el imperialismo perviven, pero ya no es de buen tono proclamarlos. Estamos lejos de  las ideas dominantes de la derecha norteamericana, tan vigentes en las primeras décadas del siglo XX.

Compárese la atmósfera democrática que irrumpe desde 1945 con este fragmento, apenas anterior en el tiempo: “Dios no nos ha preparado a anglófonos y a los pueblos teutones durante mil años para nada más que ociosa y vana autocontemplación, autoadmiración. ¡No! Nos ha hecho como los organizadores supremos del mundo, para establecer sistemas allí donde reina el caos. Nos ha hecho versados en el arte de gobernar para que administremos el gobierno entre los salvajes y los pueblos seniles. Si no fuera por esta fortaleza, el mundo recaería en la barbarie y la oscuridad. Y de toda nuestra raza ha señalado al pueblo estadounidense como Su nación elegida para dirigir finalmente la regeneración del mundo. Ésta es la misión divina de Estados Unidos.” [39] El autor de esta parrafada fue un “destacado” miembro del Congreso de EE.UU. que expresaba las ideas dominantes del establishment. Pero este estilo de discurso dejó de ser aceptable con el strip-tease del nazismo, a mediados de la década del ’40: ya no “rinde” ser racista, mejor dicho ya no rinde expresarlo abiertamente.

A eso nos referimos con la noción de “dulcificación”.  

Lamentablemente, la comprensión política, incluso conceptual, no tuvo la misma altura; confundir por completo lo sionista y lo judío cuando se trata de dos entidades que coinciden pero parcialmente es equivocado, falso, y políticamente nefasto. Baste pensar en quienes son judíos y se niegan al sionismo radicalmente (entre tantos otros, Iakov Rabkin, Noam Chomsky, Gilad Atzmon, Marek Edelman), como quienes son sionistas o ardientes partidarios del sionismo sin siquiera ser judíos (A. Behring Breivik, Jair Bolsonaro, Donald Trump y la cohorte protestante norteamericana que apoya incondicionalmente a Israel).

El a nuestro modo de ver triste papel cumplido por Rodríguez Fabregat y García Giménez los llevó incluso a separarse del resto de la UNSCOP, cuando sus miembros, con un mínimo de sentido común, advirtieron que “fuese cual fuere la solución a la cuestión de Palestina, no podría entenderse como una solución general al ‘problema judío’. Con ese deslinde, el resto de los designados para la UNSCOP daban por descontado la existencia de dos cuestiones, dos asuntos, dos problemas; el de la persecución a los judíos y el antisemitismo por un lado y las tesis sionistas por otro.

Los delegados uruguayo y guatemalteco se aferraron a la confusión de ambos aspectos considerándolos uno solo, y necesariamente, en consecuencia, resolviéndolos a la vez.

Esta falta de discriminación coincide totalmente con la penosa confusión de García Giménez que recordáramos de su libro, de no distinguir nunca entre judeidad y sionismo.

El sesgo prosionista llegó a ser tan pronunciado que impregnó hasta los métodos de trabajo, perdiendo toda ecuanimidad y la honestidad más elemental.

Transcribo in extenso el pasaje de la investigación que llevó adelante Jorge Ramos Tolosa, con su tesis doctoral, ya citada: “¿Las Naciones Unidas no son nada?…”: “Se trataba del viaje que algunos miembros del comité realizaron la segunda semana de agosto por distintos campos de desplazados de Alemania y Austria.718  Cuatro comisionados se opusieron a que la  UNSCOP realizase estas visitas, pero prevaleció la opinión de los seis que votaron a favor.719  El propósito fundamental del viaje era conocer las actitudes de los refugiados judíos respecto a la emigración a Palestina. La insistencia sionista de ligar las víctimas judías del nazismo con un estado judío en Palestina tuvo su efecto, y de nuevo volvió al primer plano la condición de víctima de la comunidad judía y el sentimiento de culpa

internacional. En los campos, los comisionados se sintieron sobrecogidos al escuchar distintos testimonios de los supervivientes judíos. A pesar de que un gran número de éstos querían emigrar a Estados Unidos, dos enviados de la Agencia Judía ya se habían encargado de coordinar que los miembros del UNSCOP solo pudiesen escuchar a personas que pretendían viajar a Palestina, evitando de este modo los ‘testigos indeseables’. Así, en la UNSCOP asumieron de forma definitiva el ‘deseo abrumador de emigrar a Palestina’ que tenían los refugiados judíos.720.” [los números intercalados son de las llamadas del texto].

Ramos Tolosa nos muestra el papel inescrupuloso de la Agencia Judía y otorga el de incautos a los comisionados, ganados por la confianza y el reconocimiento “internacional”; creían ser los jueces de una situación y eran los instrumentos de determinadas políticas…

Hay que destacar, empero, que algunos comisionados de la UNSCOP se negaron a hacer las visitas aquí presentadas; no conocemos su testimonio pero parece evidente que no deseaban mezclar la cuestión palestino-sionista con la tragedia judía descargada por el nazismo.

Epílogo

Este abordaje se limita a la historia del momento de la fundación del Estado de Israel y el papel entonces cumplido por nuestro país en la flamante ONU. Y constituye así un segundo capítulo respecto del análisis que hiciéramos sobre el papel de la representación guatemalteca en el mismo acontecimiento.

Quede para una tercera entrega, conocer los frutos de la relación Israel-Uruguay en nuestro presente.

Parte I ONU, UNSCOP, padres putativos de Israel – I

notas:

[1]   Cit. p. Nur Masalha, Expulsión de los palestinos, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2018.

[2]    “Los judíos en Palestina”, semanario Harijan (fundado por M. Gandhi), 1938.

[3]   “ONU, UNSCOP, padres putativos de Israel–I”, 4 nov. 2018.

[4]   Cit. p. Isabel Clemente, ponencia presentada  al simposio  “Los asuntos internacionales en América Latina y el Caribe. Historia y Teoría. Problemas a dos siglos de la emancipación”, Stgo. de Chile, 2010.

[5]  Curso de Derecho Internacional Público [1921], editado como “La Doctrina de Monroe”, Publicaciones de Jurisprudencia Uruguaya, Montevideo, 1930.  Cit. p. Clemente, “Los asuntos… ob. cit.

[6]  Refutación a la conferencia pronunciada por el presidente de la República O. del Uruguay Dr. Baltasar Brum en la Facultad de Derecho de Montevideo, Librería J. Menéndez Ed., Buenos Aires, 1920. Cit. p. Clemente, “Los asuntos”…, ob. cit.

[7]   Carlos Machado, Historia de los orientales, EBO, Montevideo, 1972, p. 286.

[8]   Carlos Machado en Historia de los…, ob. cit., p. 287, documenta un episodio a mi modo de ver ilustrativo de esa relación de pleitesía hacia EE.UU.: “en 1914 una flota estadounidense incursiona primero en Tampico y luego con un desembarco militar en regla en Veracruz (a más de 500 km. de distancia) −donde incautan la recaudación aduanera, unos 8 millones de dólares− se instalan en lo que resultó una ocupación militar de varios meses. El intervencionismo estadounidense habría obedecido a debilitar el gobierno mexicano de entonces  (Victoriano Huerta) y favorecer a un candidato opositor, que resultó finalmente victorioso, Venustiano Carranza. La intromisión fue cruenta porque hubo una defensa del territorio no sólo militar sino también civil. En el resto del continente se condenó esa enésima inva-sión. En Uruguay, por ejemplo, se convocó a una manifestación de la que participaron el ensayista arielino J. E. Rodó, el escritor Fernán Silva Valdés, la federación estudiantil que con el tiempo se conver-tirá en la FEUU, el Partido Nacional, el Centro Internacional (anarquista) y hasta invitados de allende el Plata, como Manuel Ugarte. La manifestación se dirigió a la legación estadounidense a donde no pudo llegar porque una carga policial de caballería lo impidió con un saldo de una cincuentena de heridos.”

”Y bien: al día siguiente, el canciller de Batlle (en su segunda presidencia) “presentó las excusas gubernamentales a la legación [estadounidense] por los mueras a EE.UU. formulados por los manifestantes.”   Tal gesto de obsecuencia no es fácil de rastrear en otros sitios.

[9]  Isabel Clemente citando a Brum, ponencia presentada al simposio  “Los Asuntos…,  ob. cit.

[10]  La solidaridad internacional de América, Claudio García Ed., Montevideo, 1942, p. 8.

[11]  El crimen occidental, FCE, México, 2008, p. 65.

[12]  A lo cual cabe agregar relaciones harto significativas que se remontan al tiempo de la independencia criolla de España. Artigas toma su confederalismo, por ejemplo, de pensadores y políticos prominentes en la fundación de la entidad estadounidense.

[13]  Lo que diferencia enormemente los cuadros de situación respectivos es que en Guatemala los mayas constituían una mayoría considerable de la población y en Uruguay, los charrúas y otras etnias aun menores, constituían una porción poblacionalmente muy pero muy minoritaria de la población.

[14]  Agrupación Nacionalista Demócrata Social (ANDS).

[15]  El fuerte antinorteamericanismo de Quijano coexiste con el nulo interés por la cuestión indígena. No es una disculpa, pero indudablemente resulta mucho más grave la ajenidad ante dicha cuestión en Guatemala  con mayoría de población maya que en Uruguay, donde el colonialismo se implantara con el mismo empuje racista que en el resto de las Américas, pero con población aborigen dispersa y escasa, y aunque arrinconada  y asesinada como en el resto del continente, esa problemática logró invisibilizarse más y más rápidamente  (al punto que en la actualidad perviven más rasgos afros en la población, resultado del “comercio” de esclavos desplegado por el colonialismo europeo, que amerindios).

[16]  Moritz Güdemann, rabino vienés, Hermann Adler, rabino londinense, entre otros. Michael Prior, “El Estado de Israel y Jerusalén en el diálogo judeo-cristiano: un monólogo a dos voces”, Holy Land Studies, vol. I, nro. 2,  Edinburgo, trad. y edición,  Editorial Canaán, Buenos Aires, 2006.

[17]  Sobreviviente del levantamiento del Gueto de Varsovia, 1943 y del levantamiento de Varsovia, 1944.

[18] Un juego de salón, “Juego de la oca”, muy popular en 1938 en Alemania, consistía en una plancha de cartón donde figuraba una ciudad y sus calles en que se trataba de atrapar tantos judíos como era posible. El destino era “expulsarlos hacia Palestina”. El juego se llamaba “¡Judíos afuera!”  Los dictámenes de la derecha alemana no repugnaban al sionismo porque veían lo coincidente.

[19] Jorge García Granados, Así nació Israel, Biblioteca Oriente, Buenos Aires, 1949. Bueno es reparar que JGG presenta con honestidad intelectual las razones de Henri Cattan, con las que ni el autor del libro ni la mayoría de UNSCOP acordaran.

[20]  Federico Perazza, “Uruguay y el conflicto en Medio Oriente”, Revista Mexicana de Política Exterior, 2007-2008, transcribiendo  texto de la sesión plenaria de la Asamblea General de la ONU, 26 nov. 1947.

[21]  Ramos Tolosa, Jorge, ¿Las Naciones Unidas no son nada? Pablo de Azcárate y el fracaso de la ONU en Palestina (1947-1952), Universidad de Valencia, tesis doctoral, s/f. La cita referencia a Shertok y su exigencia territorial puesto que es uno de los dirigentes sionistas de mayor peso.

[22]  Ibíd.

[23]  Palestinas Frihetskamp, Carlsson Bokförlag, Estocolmo, 2008.

[24]  History of Zionism, 1600-1918, vol. I., Longmans Green, Londres, 1919, p. XXIV.

[25]  Cit. p. Arno Mayer, “El arado y la espada”, pp. 281-282.

[26]  “Uruguay y el conflicto en Medio…”, ob. cit.

[27] The Jewish Quarterly Review, vol. 52, nro. 1, jul., 1961: Arnold Toynbee, “Jewish Rights in Palestine”, pp. 1-11; Solomon Zeitlin, “Jewish Rights in Eretz Israel (Palestine)”, pp. 12-34.

[28]  El canon literario nos habla siempre de “el corcel vigoroso”; “el paladín justiciero”. La originalidad literaria de este título nos lleva por otros cauces… nos preguntamos si fue un desliz literario o si nos está señalando a un centauro…

[29]   World Jewish Congress, 2008-2018. Presentación del Congreso Judío Latinoamericano (el texto que tiene el lector entre manos termina con un ejemplo del mentado respeto de la Agencia Judía a los palestinos… y a la ONU).

[30]   Hay relatos  escalofriantes de lo que sobreviene con la Nakba. La pérdida de la tierra, la vivienda, los cultivos, fue tan repentina que los campesinos, implantados milenariamente en “sus” tierras, no podían absorberlo, admitirlo. En las semanas subsiguientes, una vez mal instalados en algún refugio, campesinos despojados, con sus aperos de labranza, se acercaban sigilosamente en las noches a sus campos para  proseguir los cuidados interrumpidos. Hay relatos de israelíes que entonces oficiaban de guardias que advertían estos movimientos y sencillamente “jugaban al blanco” con los campesinos que procuraban llegar a sus cultivos, y risueñamente los mataban, a sangre fría. Algunos de estos jóvenes sionistas en los ’40, con las décadas, han devenido viejos y han recapacitado sobre su comportamiento de entonces. Con todas las gradaciones posibles; desde quienes reafirman lo que hicieron, orgullosos de su fe, hasta los que no saben cómo resolver el remordimiento que sienten (de testimonios orales).

[31]  Ramos Tolosa, Jorge, ¿Las Naciones Unidas no…, ob. cit.

[32]  Podríamos considerarlo una escisión del calvinismo que es a su vez una expresión de purismo respecto de otros credos protestantes, como el luteranismo o el anglicanismo.

[33]  Ramos Tolosa, ob. cit.

[34]  Per Gahrton, Palestinas…  ob. cit., p. 95.

[35] “Exterminad a todas las bestias”, Znet, 27/1/2009.

[36]  El caso argentino complejiza el párrafo descrito, y hasta cierto punto, los de Brasil y Chile también. La primera presidencia de Perón, por ejemplo, acogió a miles de ustachas croatas, pero simultáneamente  el tejido social argentino incorporó a  miles de refugiados y fugitivos judíos, en muchos casos admitidos incluso oficialmente. En Argentina había población judía desde antes.

[37]  Hay en este honrosa lista de solidaridades una sombra; la glorificación de asesinos de población civil argentina, en 1955. Más allá del problemático valor del peronismo, en Uruguay, su mayoría política optó por el apoyo a su oposición; el espectro archiconservador de la derecha argentina, ofendida y “a muerte” por la aparición con Perón de derechos para el pobrerío. Tan “a muerte”, que los militares que no trepidaron en ametrallar población civil y matar a centenares,  encontraron refugio en nuestro país.

[38]    El tejido social del país ha sido suficientemente laxo como para que también fugitivos nazis encontraran aquí un refugio, clandestino.

[39]   Albert J. Beveridge, “In Support of an American Empire”. pp. 336-345 en The Annals of America. 21 vols., vol. 12, 1895-1904. Senador norteamericano. Cit. p. César Vásquez Bazán, “Supremacía estadounidense e inferioridad latinoamericana: religión y raza en la formación de dos ideologías complementarias”, 15 ene 2012,  https://cavb.blogspot.com/2011/12/inferioridad-latinoamericana-y.html.

¿Por qué 1967 no y 1948 sí?

por Luis E. Sabini Fernández

Una vez más Gideon Levy[1] aborda una cuestión lacerante: la crueldad, el despojo a despojables amparados en la impunidad (de hecho y de derecho), en este caso por colonos implantados en Cisjordania o Samaria y Judea, según sea denominación palestina y moderna o judía y bíblica.

Una mujer de una de tales “colonias”, embarazada, resultó herida de bala y como resultado su bebé murió. Y Levy nos habla de  oleadas de apoyo a la víctima.

Levy rechaza esa actitud: “No tengo compasión alguna por los colonos, ni siquiera cuando los golpea una tragedia. […] Ellos son culpables, no yo, del hecho de que no pueda sentir el más humano sentido de solidaridad y dolor. No es sólo porque son colonos, violadores del derecho internacional y de la justicia universal; no es sólo por la violencia de algunos de ellos, y el asentamiento colonial de todos ellos; es también el chantaje con el que responden a cada tragedia […].”

Levy se despacha con una serie de apreciaciones condenatorias de los llamados colonos que han ido ensanchando el mapa israelí: de la apropiación de las tierras con abuso, violencia y bajo protección armada que estamos viendo y viviendo en el último medio siglo. Refiriéndose a esos abusos: “No les alcanza con el castigo colectivo impuesto por el ejército y el servicio de seguridad Shin Bet, ejercido con crueldad y a menudo criminalmente. La sed de venganza de los colonos nunca se satisface. ¿Cómo es posible identificarse con el dolor de personas que se comportan así?” Concede con lo dicho una continuidad  entre el Estado de Israel y el comportamiento de estos colonos que con “sus propias milicias salvajes atacan a la población palestina, lanzan piedras a sus vehículos, prenden fuego sus campos y aterrorizan sus aldeas.

Y surge la pregunta: ¿qué diferencia el comportamiento de estos colonos, pos-67 a los que se implantaran en Palestina y fundaran el Estado de Israel mediante el robo, el abuso, las violaciones y matanzas colectivas en 1948?

El “puño de hierro” que nos señala Levy, hoy, en 2018, que “debe estar siempre apretado para torturarlos aún más”, ¿no es acaso del mismo hierro que el muro que blandía Zeev Jabotinski en las décadas del ’30 y ’40? Jabotinski y su secretario y asociado más directo, Benzion Netanyahu, al frente del sionismo fascista (apoyados cálidamente por Benito Mussolini, quien les cedió campos de entrenamiento cerca de Roma) fueron los que organizaron cantidad de actos irrefutablemente terroristas, como volar el Hotel David en 1946 con decenas de muertos, o asesinar a ciertos “obstáculos” a la vorágine sionista como el conde Folke Bernadotte, mediador designado por la ONU en Palestina, que pretendía que existían derechos para judíos y para palestinos… Benzion Netanyahu es el padre del actual primer ministro que ha constituido un gabinete de asesinos confesos de natives.[2]

Levy se niega radicalmente a sentir simpatía por esa mujer y por los colonos en general, deslindando: “Debajo del velo de la unidad santurrona e hipócrita, y la falsa muestra de dolor nacional por parte de los medios para avanzar en sus propios objetivos comerciales, hay que decir la verdad: su tragedia no es nuestra.

Sin embargo, a renglón seguido empieza a reconocer el entresijo entre esos colonos, precisamente, y el Estado de Israel: “Es cierto que la culpa principal es de los gobiernos que cedieron ante ellos, ya sea con entusiasmo o por debilidad; pero los colonos tampoco pueden ser absueltos de culpa.”

Ese entresijo es muchísimo mayor que el que Levy apunta al decir que el gobierno cediera, haya cedido ante el empuje colonialista. Es un verbo escamoteador: ¿cuándo, dónde, actuaron los colonos al margen del EdI? A lo sumo, como tábanos, aguijoneando al experimento sionista que a lo sumo, los fue llevando a rienda corta en un pas de deux de décadas. La dirección militar del EdI los tuvo cada vez más como aliados; fuerzas de choque.

Levy los califica en un pasaje como “generaciones nacidas en tierras robadas, niñas y niños criados en una existencia de apartheid”. ¿Cree acaso que habla exclusivamente de los colonos y sus hijos? ¿Dónde se asientan los ciudadanos israelíes, es cierto que bajo bendición de la ONU (pero una bendición a medias, porque el sionismo se asentó en 1948 sobre el 78% de las tierras palestinas, aunque la ONU había “concedido” un 53%, de algo que por lo demás no le correspondía conceder) si no en tierras robadas?[3] ¿Acaso hoy los niños israelíes no viven prácticamente en apartheid con los natives sobrevivientes en el EdI?

El planteo de Levy escotomiza la historia. Claro que hay diferencias entre lo sobrevenido con la Nakba, en 1948, y la colonización de los territorios en 1967. Así lo resume el periodista catalán Joan Cañete Bayle:[4]Israel se declara al mismo tiempo la única democracia de Oriente Medio y un Estado judío pese a que más de un millón de sus ciudadanos no lo son y no tienen plenos derechos de ciudadanía, pese a que se basa en una ideología que da superioridad al judío sobre la población nativa que no lo es, pese a que nació con un acto de desposesión y expulsión que ha continuado a lo largo de las décadas. Desde la guerra de 1967, Israel gestiona la vida de millones de palestinos que no son ni judíos ni ciudadanos, es un Estado ocupante que ha construido un sistema democrático sólo para los judíos.” Y lo de “gestiona” es un verbo excesivamente suave; sigue el puño de hierro.

Mientras los judíos israelíes o los israelíes judíos nieguen esto, seguiremos en problemas trágicos, que expían, sobre todo, los palestinos.

[1]  “No siento compasión por los colonos”, www.rebelion.org, 19/12/2018;  original inglés, Haaretz,   16/12/2018.

[2]  Véase mi nota “Sensibilidad repentina o cómo esquivar responsabilidad ante lo indefendible”, donde repaso currículos sangrientos, 4 ago 2015, en diversos sitios-e; rebelión, alai, futuros, etcétera.

[3]  ¡Y de qué modo! ¿Qué decir acerca de los relatos sobre “tiro al blanco” que soldados sionistas ensayaban sobre los cuerpos de los incautos palestinos que venían en la noche, desarmados, con palas o cardillos, a procurar seguir labrando la tierra, su tierra?

[4]  “Lieberman, el puño de hierro sin guante”, ctxt, Revista Contexto, Madrid, 25/5/2016.