Lo que está en juego con el 23 enero 2018

por Luis E. Sabini Fernández –

DETONANTE

Como era inevitable los reclamos planteados en Durazno alrededor de la cuestión agropecuaria han disparado enfrentamientos ya conocidos y rastreables a través de los partidos políticos.

Aunque sea con otros enroques, es indudable que se ha manifestado la puja interpartidaria. Hay incluso pasajes del documento final (“Un solo Uruguay. Proclama y propuesta”) que la abona, como referirse a “ideologías absurdas” o a “razones ideológicas de otros tiempos” en obvia referencia al entramado ideológico del Frente Amplio Encuentro Progresista Nueva Mayoría (en adelante FAEPNM). En ese aspecto, un cierto apoyo de Unidad Popular al encuentro rompe tales simetrías porque ese agrupamiento, escindido del FAEPNM, se reivindica aún más puro heredero de esa “ideología de otros tiempos”…

Pero no es la puja ni la chicana político-partidaria lo que importa de lo acontecido el 23 de enero en Durazno.

A mi modo de ver, lo sustantivo es en primer término el afloramiento social de una crítica a la política del gobierno, algo sin precedentes, socialmente hablando con el FAEPNM y –lo más relevante− no tanto la crítica que ha salido a la luz sino el perfil de la crítica ausente. Porque de los Reclamos solo queda claro que los movilizados del 23/1 han percibido el achique de sus ingresos y ganancias. Los que “la hacían con pala” advierten baja en la tasa de ganancias; los que pelechaban con lo justo, están cada vez más ahorcados, pasándola insoportablemente mal.

El documento final centra su crítica en el estado manirroto e ineficiente con que cuenta el Uruguay, y cómo esos rasgos se habrían acentuado, precisamente con el FAEPNM que se supone venía a no repetir los desgobiernos blanquicolorados sino a ejercer un gobierno más racional, técnico y más justiciero y con mejor tonicidad democrática.

Los sucesivos gobiernos frenteamplistas han cometido demasiados errores para no percibirlos como una política. Como sus aciertos. Ha habido, por ejemplo, una persistente política de inclusión social, que ha permitido mejorar niveles de vida de algún sector de la población; para lo que se ha valido de blanquear ingresos, lo que ha permitido, con lo recaudado extender prestaciones. Buena parte de los aciertos de esa política ha sido fruto de una coyuntura de buenos precios para commodities producidas en el país.[1] Pero esa bonanza que desde 2014 se ha ido haciendo cada vez más precaria y reversible, ha sido acompañada por su contracara. Como todo pacto con Mefistófeles, tenía un reverso: creciente satelización de la economía del país, creciente contaminación, creciente extranjerización de la tierra, creciente expulsión de población rural, aumento sostenido de empleos públicos como reiteración de una trama cultural del país; la de hacer “la fácil”. Por algo Benedetti designó a nuestro país como “la primera oficina pública elevada al rango de república.” En este aspecto, el FAEPNM apenas continuó al batllismo, en todo caso superando sus marcas.

Entendemos que los grandes fiascos de SOYP-FRIPUR, PLUNA, la gasificadora, Aratirí, para mencionar apenas las más recientes, más la hipoteca de soberanía que significa la entrega de zonas  francas o la concesión a papeleras, no hacen sino proseguir una política que nos viene de “afuera”, que no inició el FAEPNM, pero que continuó y acentuó. Una política  pautada desde el centro planetario ante el cual hemos sido sumisos y sin chistar (algo que podría parecer paradójico pensando en el origen del FAEPNM. Pero solo parecer).

Por algo el Financial Times hace pocos años designó al ministro Danilo Astori como el “mejor ministro de Hacienda del mundo entero”. Más allá de lo llamativo que semejante designación se la lleve el ministro de un estado con las dimensiones económicas mínimas del Uruguay, lo cierto es que eso revela lo conforme que ha estado el gran capital globalizador[2] (en adelante, globocolonizador) con nuestro país y el papel modélico que le asigna.

Sin negar que la queja del 23/1 contra el estado despilfarrador sea comprensible y correcta, lo que falta es la crítica, no a la superestructura estatal sino a la política económica. Que sigue punto por punto lo que decide e impulsa el consorcio globocolonizador.

Ese poder mundializado opera con redes transnacionales “asesoras” y “lazarillos” como el BM, la OMC, el FMI, la USAID.[3] Y los estados nacionales  más acordes o más integrados con esa globocolonización y los que con su legislación la llevan adelante, constituyen, a nuestro entender, un eje supracontinental; EE.UU., Reino Unido e Israel. Todo ese conglomerado de fuerzas, estrictamente organizadas, tiene diversas entidades operativas, como el USDA (Dpto. de Agricultura de EE.UU.), la FDA y la EPA, entidades reguladoras de ese mismo origen, y la red de laboratorios que han pasado a ser primordiales en los nuevos modelos agrícolas, como Monsanto, Bayer, Syngenta, Nidera y pocos más.

 

LAS HERRAMIENTAS DEL ENEMIGO NO PERMITEN HACER CAMINO AMIGO

El llamado del 23 de enero arrastra una dificultad originaria y es elaborar un planteo, crítico, con las ideas contra las que precisamente, al menos algunos,  quieren rebelarse. Pensar con categorías prestadas justamente del pensamiento globocolonizador. Algo que inevitablemente embarulla (claro que eso puede responder a motivos muy diversos, contradictorios entre sí: algunos bien pudieran querer seguir usando el “diccionario” de la agroindustria rampante porque no tienen ningún interés en abandonarla y toda la fricción proviene de ver menguada su otrora altísima rentabilidad que reclaman recuperar; otros, en cambio están movidos por el endeudamiento y la desesperación).

Vayamos a ejemplos para evaluar estas escaramuzas semánticas. El uso del concepto de “agricultura inteligente”. Es una consigna acuñada por la agroindustria y los emporios del “último grito tecnológico” con el que se quiere significar, aunque no se lo diga expresamente, que la agricultura, que lleva milenios, ha sido hecha por gente no inteligente. Campesinos.

Como si el campesinado no hubiese tenido inteligencia. Como si hubiera podido desarrollar la agricultura que conocimos hasta mediados del siglo XX sin inteligencia. Como si los injertos, las rotaciones, los cruzamientos, el control biológico de plagas, el conocimiento de siembras, cultivos y cosechas, el de las fases lunares, el ciclo de las estaciones, se pudiera haber hecho tontamente, sin conocimiento, sin racionalidad, sin ciencia, en suma.

Hay un desprecio tácito hacia el conocimiento campesino en las “cocinas ideológicas” del actual centro planetario. Por eso prosigue una campaña y un empeño campesinicida, en nuestro tiempo. Aterciopelado en la modalidad uruguaya, mucho más rústico y militarizado en el Paraguay, y en muchas regiones africanas o del sudeste asiático.[4]

Mencionar algo tan atroz, como un campesinicidio merece una explicación. Aunque no se diga la verdadera razón, el motivo del gran cambio en los usos y costumbres agrícolas y ganaderos que caracteriza nuestra contemporaneidad  −que nos permite decir que hay más diferencias en su ejercicio entre lo que se hacía un siglo atrás y hoy que lo que se hacía en milenios anteriores hasta hace menos de cien años−  obedece no tanto al alegado progreso y superación de ignorancias que toda propaganda institucional nos insufla, sino a la autonomía rural, ésa que permite que un ser humano pueda alimentarse por sí mismo o con intercambios locales. Una autonomía que conspira contra el mercado global a través de las góndolas, articulado con los desarrollos tecnocientíficos.[5]

Otro ejemplo: cuando se alcanza la capacidad tecnocientífica para reconocer y operar con e  incidir en genes con diferentes agentes modificadores, se habló, lógicamente, de “ingeniería genética”. Es lo que fue prosperando entre las décadas del ’70 y del ’90, cuando finalmente esta disciplina arriba a los alimentos. Entonces, se advierte la resonancia seca, rechazable, de lo ingenieril aplicado a alimentos, a vegetales o animales que habrán de ser presentados, y embellecidos, en las góndolas.

Y con los debidos asesoramientos de Public Relations se rebautiza la ingeniería genética como biotecnología. Aunque su significado sea mucho menos exacto. Porque la humanidad se valía de recursos biotecnológicos desde tiempo inmemorial: todos los fermentos, los hongos, las levaduras, los mohos con que la humanidad aprendió a hacer vinos, panes, cervezas, quesos, como el roquefort, emplean procesos biotecnológicos. Pero no transgénicos, claro.

Pero el USDA, Monsanto y demás piezas del conglomerado globocolonizador usurparon esa denominación como propia,  por cuestiones de imagen.

 

LA AGROINDUSTRIA NO NOS LLEVA AL PARAÍSO SINO AL DESPEÑADERO PLANETARIO

Lo que hay que entender es que los titulares de la autoproclamada “agricultura inteligente”, los partidarios del uso de biotecnología (biotech) son los titulares de la “agroindustria”.

La agroindustria pretende ser una forma de “modernizar” la agricultura. Ostenta lo que brilla, no su contracara. Escamotea que hay una cierta irreductibilidad entre lo industrial, fabricación de productos inertes, y el cuidado de seres vivos. No es lo mismo atender ladrillos que peces o tomates. Hay semejanzas, claro, pero la calidad de viviente es una diferencia cualitativa para tener en cuenta.

Con la agroindustria se acentúa lo industrial y languidece lo agrícola o agricultural.

¿Sobre qué basa su fuerza de persuasión lo agroindustrial? En los rendimientos a gran escala. El primer diseño de ingeniería genética para alimentos programada por el USDA (mediados de los ’90) fue “para las praderas norteamericanas y las pampas argentinas” (textual, en el Hudson Institute).[6]

La agroindustria se basa en dos aspectos decisivos e íntimamente relacionados: 1) ahorro de mano de obra y 2) uso irrestricto de plaguicidas y de “fertilizantes” químicos (que justamente por su uso intensivo devienen también agrotóxicos; las aguas de nuestros ríos son el más claro aunque mudo testigo.

En este punto se revela la sabiduría de los tercos campesinos de la India de la década de los ’60 que reseñamos en la nota 1. Cuando Rachel Carson, bióloga estadounidense, escribe Primavera silenciosa (1962), estaba advirtiendo, finalmente, el resultado de soluciones sobre la base de muertes generalizadas: la de los pájaros (y de la minifauna que los nutría).

 

Luego de ese sucinto recorrido planetario, volvamos al Reclamo del 23 de enero.

SIGNIFICADO DE LA SUPRESION “MODERNA” DE LA MANO DE OBRA

En Uruguay se habla de “pequeños productores” agrarios como titulares de, pongamos,  500 ha. Es la más feroz comprobación que más allá de las chácharas campesinistas del FAEPNM (como las de la vicepresidenta Lucía Topolansky), estamos inmersos en la agroindustria. Que se va “comiendo” a los productores pequeños, a los campesinos. Que en el mejor de los casos los renta y en el peor, los despoja y arrumba en los cordones periféricos urbanos.

El proceso de agroindustrialización es un proceso donde “el pez grande se come al chico”. Porque basa su rentabilidad en los grandes números. Las grandes extensiones uniformizables (el campo uruguayo, acuchillado, no se presta por cierto tanto como las pampas argentinas, pero igual, algo se logra…).

Ese aumento de escala y de aparente productividad externaliza los verdaderos costos planetarios, ambientales: la contaminación, cada vez más generalizada. El patético asunto de nuestras aguas debería ser un buen punto de referencia. ¡Y eso que todavía no hemos entrado en la espiral de contaminación progresiva e incontenible con la “tercera celulosera”!

¿Por qué el Uruguay tiene los índices más altos de cáncer en el continente americano? Junto con EE.UU. y Canadá (en ese patético primer grupo están, fuera de las Tres Américas, prácticamente toda Europa Occidental y Australia). Esa franja primera se constituye con países que tienen más de 243 enfermos por cada cien mil habitantes por año. Una segunda franja, constituida en América por Argentina y Brasil y que tiene otros países como Rusia y Polonia, se establece con quienes tienen una tasa de cánceres entre 172 y 243 casos por cada cien mil hab.

Sin embargo, en los índices de mortalidad por cáncer la situación de Uruguay empeora: en el grupo con los índices más altos solo queda un país americano: Uruguay (junto con Rusia, Polonia, Turquía y otros, por encima de 116 muertos anuales por cada cien mil habitantes). Los otros dos países americanos que señalábamos con la mayor tasa de casos de cáncer, se sitúan un escalón más bajo, junto con Argentina y Brasil; entre 100 y 116 muertos por cada cien mil hab. Hay otras franjas con tasas de mortalidad menores: una con muertes entre 90 y 100, donde se sitúa Bolivia, Suecia, Noruega, Australia, etcétera. Y otra franja de menor tasa de mortalidad (entre 73 y 90) donde se sitúa Venezuela y Finlandia, por ejemplo.[7]

Más grave, si cabe: ¿Por qué Uruguay tiene la tasa de suicidios más alta de las Américas (a la par de Cuba)? En tablas mundiales anda por el vigésimo puesto entre los cien estados que declaran cifras al respecto. Existen estudios que asocian suicidios con ciertos grados de conta-minación por agrotóxicos que afectan nuestros cerebros. Otra hipótesis sombría: la plombemia, reconocida en un sector tan amplio de la población uruguaya, también podría estar relacionada.

LA ESCALA Y LA DISPONIBLIDAD TERRITORIAL

Los commodities,  como eje productivo necesitan de grandes extensiones. Así mirada, Argentina o Brasil tienen potencialidades (aunque también en esos casos, los costos y pasivos ambientales aumenten proporcionalmente).

Pero no es el caso nuestro. En ese sentido, la apuesta a la agroindustria tiene, para nuestro país, patas cortas. Porque no sólo se contaminan los suelos y todos los seres vivos que sobre (o dentro de) él vivimos, y lo hace con relativa velocidad, sino porque el suelo del Uruguay es limitado… 16 millones de ha.

Por eso, una apuesta que procure ser realmente inteligente tendería a lo que en economía hoy se llaman specialities y no commodities.

Porque las specialities sí tienen un mercado seguro, creciente y bien pago. Así como ha ido entrando en crisis la comida chatarra, la comida rápida y demás versiones gastronómicas made in USA, análoga y correspondientemente crece un movimiento a favor de la comida saludable (p. ej. búsqueda de dietas sanas, demanda por alimentos orgánicos, la moda del slow food). Europa está ávida de esos alimentos. Y no sólo Europa (la salud, diríamos, está ávida).

Y Uruguay tiene, al menos tenía, uno de los territorios mejor irrigados del planeta. Con lo cual, si evitáramos descalabros y atrocidades como las producidas por la contaminación agroindustrial, tendríamos potencialidades óptimas.

Ya lo explicó el agrario orgánico César Vega, que plantando ajos en apenas una centésima del área que se usa para commodities se podía obtener más dinero (y mejores cultivos). Pero, para ello, hay que trabajar. Y ésa es una dificultad para un país adormecido con dólares y electrodomésticos, reales o ilusorios.

PAPEL AUSENTE DEL ESTADO

Como algo lacerante tenemos el episodio en la cuenca del Canelón Chico de hace un año, en Sauce: un agroindustrial derramando ponzoña por toda la región, arruinando cultivos para el consumo local. Y cómo esos agroindustriales, que probablemente en su país de origen pudieran tener alguna dificultad para seguir contaminando, aquí con “el estado bobo” que deja y deja y deja hacer, no tienen problema en reincidir: acaba de ser denunciado un segundo episodio con similares características, con los mismos actores haciendo el daño, con los mismos agrotóxicos; sólo se han renovado las víctimas y apenas el escenario; ahora en Mangangá, Tala (informe de Tania Ferreira y Betania Nuñez).

El nervio motor que une a la agroindustria con la contaminación y la difusión fuera de control de enfermedades graves pasa por la difusión de agrotóxicos y por la escala.

Con la gran escala, se pierden los cuidados, se pierde la noción de los tachos con agrotóxicos  (o con restos de), por ejemplo, se hace muy difícil “cuidar los desechos con respeto” (Mae-Wan Ho), reabsorberlos cuando son reabsorbibles, hacerse cargo de lo irrecuperable y darle un destino aceptable.

La gran escala constituye una escuela de irresponsabilidad, de pagadiós; que la naturaleza se haga cargo. Sabemos que no es cierto. Que eso significa lisa y llanamente contaminar-nos.

¿Cómo afrontar los mensajes masivos que nos invitan al consumo inmediato y permanente, como si el dinero fuera maná?

Apostar a las specialities significa trabajar. Trabajar con las manos, con empeño. Pero, sobre todo, con conocimiento. Reemprender el cuidado de los suelos implica recuperar los estudios agronómicos que muestran qué plaga es espantada por cuál aroma, qué especie es predador benéfico de plagas nuestras… Sobre todo eso hay mucha cultura acumulada (hoy en día en vías de desaparición, porque los laboratorios resuelven “todos” los problemas con agentes químicos, salvo los problemas que ellos han generado: enfermedades nuevas, debilitamiento de la riqueza biológica de los suelos, extinción masiva de especies, pérdida de biodiversidad, alteraciones climáticas, malformaciones congénitas.

Nuestra apuesta, pensamos, debería ser, contar con menos dólares y aprender a vivir con menos enfermedades. Preparados –como sociedad− no estamos. ¿Dispuestos?

[1]  Pese al rechazo terminante de todo parentesco entre kirchnerismo y vazque-mujiquismo que se observa en Uruguay, los recientes gobiernos simultáneos del Plata han aprovechado la misma coyuntura de buenos precios internacionales de commodities,  impulsados desde el centro planetario, para sus respectivas políticas distribucionistas… coincidentes.

[2]  En francés a la modalidad económica actual, dominante, se la denomina mondialisation. Entendemos que el ajuste semántico de Frei Betto mejora la comprensión del fenómeno: globocolonización.

[3]  En la periferia los análisis suelen distinguir organizaciones supranacionales como la OMC o el BM de organizaciones directamente estadounidenses como USAID. Pero los manuales del centro planetario no hacen tan “innecesarios” distingos.

[4]  En la década del ’60, cuando irrumpen los plaguicidas químicos, los grandes laboratorios líderes enfilaron sus baterías hacia la India, uno de los países con mayor cantidad de campesinos de todo el mundo.  Y se tropezaron con inesperada dificultad para colocar sus soluciones “maravillosas”: que los campesinos, se negaban a querer matar a los insectos que predaban sus cultivos. “Un 10% de lo que producimos es para ellos”, alegaban. Los promotores de la solución tóxica a la presencia de insectos y plagas en general trataban de persuadir que lo mejor era quedarse también con ese 10%. Claro que no tomaban en cuenta para esa ganancia extra, el costo que habría de salirle a los campesinos la compra y la administración de tales venenos. Ni hablar del costo social, sanitario, ambiental, que hace medio siglo no estimaban ni los laboratorios ni el estado ni los políticos… (cit. p. Frances Moore Lappé y Joseph Collins, L’industrie de la faim, 1977).

[5]  Que tiene por cierto su contracara; el consabido y opresivo peso de lo tradicional. Esa difícil dialéctica que nos permite ver a la vez lo progresivo y lo regresivo en una misma situación.

[6] Al capital mundializado le importa poco diferencias nacionales, fronteras de soberanía y esa batería de leyes nacionales “obsoletas”…  Por eso diseñaron un modelo agrícola para –simultáneamente− EE.UU. y Argentina. Que entonces hubiera un presidente argentino partidario de “las relaciones carnales” facilitaba, claro, el ensamble…

[7]   http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160203_cancer_graficos_impacto_men

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Noviembre 2017: a 100 años de la Declaración Balfour

por Luis E. Sabini Fernández –

Estamos a un siglo de la Declaración Balfour.

Pocos acontecimientos centenarios están dejando semejante impronta, dolorosa, trágica, cargada de racismo, en nuestro presente como las 300 palabras que el canciller británico, hiperconservador, supremacista blanco, lord Arthur James Balfour le envió a lord Lionel Walther Rothschild, banquero de la Corona Británica y ardiente sionista.

Para alejar a los judíos de sí, y a la vez afianzar alianzas, Balfour expidió una auspiciosa protección a un hogar judío en Palestina, que a la sazón ni siquiera era un territorio de la Corona (pero que estaban esperando les cayera como fruta madura con el desmembramiento de “El hombre enfermo”, como se le llamaba a Turquía entonces a punto de perder la 1ª.GMundial).

Balfour favorecía así a los sionistas que eran entonces una minoría dentro de la minoría judía palestina y ni siquiera se tomaba el trabajo de reconocer otra población que habitaba Palestina; era apenas mencionada como población no-judía, siendo por lo menos el 90% de la población.

La declaración fue acogida por el gabinete británico con la sola oposición del único judío del gabinete, Henry Morgenthau, que sabiamente entrevió el caldo de racismo que dicha declaración abonaba. Y cuando eso se traduzca en violencia –lo cual es inevitable dada la política colonial, que es usurpación y saqueo− el doble rasero será flagrante: los muertos judíos, p. ej. serán reconocidos, identificados, biografiados; los muertos palestinos –generalmente muchos más− serán apenas un número.

Balfour habilitará el entronizamiento del sionismo, en primer lugar dentro de la propia población judía en Palestina, piadosa.

Llamada Antiguo Yishuv estaba integrada a la sociedad palestina tradicional; sin embargo los judíos sionistas les plantearán que con el ingreso sionista en Palestina, se termina el diálogo con la población árabe.

Eso va a ser resistido por judíos que vivían allí de tiempo atrás. Y que mantenían con sus relaciones sociales un reconocimiento tácito y recíproco con la población fundamentalmente musulmana, así como con una minoría cristiana.

La tensión entre el Antiguo Yishuv y el llamado Nuevo o Moderno Yishuv generó el primer asesinato político en ese desgraciado país. El aparato militar sionista, la Haganah, que constituyó, pasadas las décadas, el núcleo del ejército israelí, condenó a muerte a Jacob de Haan, un extraordinario poeta judío que se negó a seguir las instrucciones de boicot a la población no judía,  mantuvo su conducta fraterna con musulmanes o cristianos y fue asesinado a bala. En 1924. No había nazismo entonces, casi en ninguna parte (apenas en Alemania, devastada por la guerra, un partido  minúsculo que con los años iba a crecer).

El asesinato a sangre fría de de Haan fue el inicio de una cadena interminable de violencia y terror que el sionismo irá desarrollando cuando no pueda avanzar “por las buenas”.

Y siempre lo hará con protección imperial.

A cien años de semejante acontecimiento es bueno tenerlo presente y conocer los resultados de la Declaración del Sr. Balfour y del emprendimiento sionista.

 

Un reconocimiento a la población palestina que ha tenido que soportar esa “idea genial” y a los judíos que han sabido negarse a gozar de los “frutos”, cuantiosos y jugosos, conseguidos por el sionismo. Como uno de ellos, −no por cierto el único−, mi reconocimiento a Marek Edelman, sobreviviente del Gueto de Varsovia y de otras peripecias, que se negó a ser recibido como héroe en el flamante Israel de posguerra.

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Israel avanza con su Plan Yinon

por Luis E. Sabini Fernández –

  1. La partición de Irak ha adquirido estado público. Estamos a tres días del plebiscito anunciado en el norte kurdo iraquí para el 25/9, impugnado por el gobierno del devastado Irak.

El plebiscito abarca la región kurda, un décimo de la superficie iraquí con unos 4 o 5 millones de habitantes. Luego de las persecuciones de Saddam Hussein a comienzos de los ’80, el Irak kurdo ha quedado bastante escindido del resto de Irak y con un alineamiento total con EE.UU. Se ha convertido en una suerte de quinta columna del Occidente imperial en Irak sobre la frontera con Irán.

Como fruta madura, ese enclave ha estado siendo cada vez más asistido por Israel, que lo ha pertrechado, ubicado como cuña entre dos adversarios suyos recalcitrantes, Iraq e Irán.

El gobierno “federal” iraquí ha negado ese plebiscito. Por su parte, el gobierno de mano dura turco amenaza incluso con una intervención para sujetar las ansias secesionistas,  y que no contagien a la enorme minoría kurda que tiene dentro de fronteras (aunque políticamente, la región kurda turca no tiene nada que ver con su par iraquí).

 

Lo que vemos con este proceso, de  creciente autonomización del Irak kurdo, es un nuevo peldaño en el Plan Yinon, israelí, de 1982. Entonces, este periodista, Oded Yinon, especializado en cuestiones militares e imperiales ─“secretario ideológico” de Ariel Sharon conocido por sus acciones “militares” como “El Carnicero”─,  hizo un mapeo político de los estados que circundaban a Israel y de buena parte de los estados árabes del Magreb, registrando la inmensa cantidad de estructuras con grietas a menudo abismales en su interior, producto, sobre todo, del origen colonial de muchos de tales estados, deglutidos en su momento por el imperialismo occidental e independizados dentro del sistema global vigente; las naciones colonialistas jamás se preocuparon por preservar contigüidades territoriales o culturales de distintas naciones o etnias colonizadas; antes bien, siempre se preocuparon por tejer entidades que les resultaran favorables a sus intereses metropolitanos.

Yinon dibujó su estrategia ─la vieja y tan conocida del ”divide y vencerás”─ en un paper de apenas 15 páginas.

Un judío radicalmente enfrentado al experimento sionista, Israel Shahak, lo tradujo de inmediato del original hebreo al inglés, y la Association of Arab-American University Graduates ─AAAUG─ lo editó ese mismo año de 1982.[1]

Yinon fue registrando fisuras sociales, idiomáticas, étnicas, económicas en todos los estados de la región y estableció como meta reconstituir estados que siempre fueran de menor poderío económico, poblacional, que el israelí.[2]

En ese recuento, Yinon nos habla de un Líbano partible en cinco pedazos, un Egipto  en seis, una Siria también pulverizada en cinco trozos, un Irak en tres, y sigue enumerando los estados a fragmentar o ya inmersos en divisiones, como Argelia entre las etnias árabe y bereber, o en trance de tenerlas; Libia, Túnez, Sudán y en general todas las formaciones políticas de la Península Arábiga.

En el caso de Irak, Yinon repasa su estructura: una mayoría chiita sin control político, una minoría sunnita dirigente (Hussein era sunnita) y la minoría kurda.

 

  1. Realizado finalmente el referendo el martes 25/9, el resultado, señalado muy escuetamente en muy escasos circuitos mediáticos, nos indica que casi un 93% de los votos fueron al sí por la independencia (un 7% en contra). Sin embargo, tal información no discrimina los territorios en que se votó, entre los cuales hay zonas netamente kurdas y otras, como la rica región de Kirkuk, con población kurda y árabe en partes parejas.

De todos modos, hecho el plebiscito, hay que ver ahora su concreción. Inicialmente se le otorgaba un año de plazo…

Porque no sólo el gobierno central iraquí desautorizó primero la realización del plebiscito y ahora su reconocimiento.

En realidad, el plebiscito fue también desestimado por EE.UU. y varias otras voces  circundantes. Como las de Europa y Turquía (en rigor, sólo Arabia Saudita e Israel aprobaron su realización).

La posición de EE.UU. es significativa. Nazarín Armanian escribió una nota ya en vísperas del referendo, explicando “Por qué EE.UU. (no) se opone al referendo de independencia de Kurdistán” [3] donde el paréntesis es la clave.

Armanian explica que EE.UU., siempre adscripto a la geopolítica israelí, aprueba semejante desmembramiento de Irak (que no hace sino continuar su propia obra de demolición de 2003 y anteriores [4]), pero que no lo considera adecuado en este momento. Opta por consolidar al gobierno iraquí, que aunque chiita  como el iraní, es aliado de Arabia Saudita y consiguientemente de EE.UU. Más en general, prefiere dar tiempo a que maduren estructuras kurdas hacia una administración propia. Y en no debilitar al gobierno chiita iraquí que funciona rechazando toda liga con Irán.

 

  1. La política de despedazamiento que denominamos “Divide y reinarás” prosigue con el inmisericorde castigo sobre la población yemení; el ataque feroz de Arabia Saudita sobre Yemen. Extraemos los datos que siguen del relevamiento de Guadi Calvo, periodista argentino especializado en la zona mesooriental entre África, Asia y Europa.[5]

Yemen (medio millón de km2 y entre 25 y 30 millones de habitantes), desde hace 2 años es agredido por Arabia Saudita y una treintena de estados musulmanes (más la presencia beligerante del ISIS) luego de que la oposición en el país pusiera en fuga al presidente que buscó refugio en Arabia Saudita; ha sufrido no menos de 20 mil muertos, 800 mil fugitivos del país, y entre 12 y 14 millones de desplazados internos; el año pasado estalló una  epidemia de cólera por las precarias condiciones higiénicas y sanitarias que lleva ya 2500 muertes y 500 mil contagiados; las redes de puertos, rutas, usinas, hospitales, escuelas y miles de vivienda colapsadas; por lo menos 14 centros clandestinos de detención masiva que incluye menores; aplicación de “tortura extrema”, desapariciones carcelarias y una ristra de obscenidades y atrocidades inagotable. Yemen ha sido convertido en un infierno. Como la Franja de Gaza, pero decenas de veces más grande.

La participación de Israel ha sido significativa: sus satélites espías entregaban ─¿entregan?─  información sobre combatientes yemeníes a Arabia Saudita. Y sus cazas han cooperado con las fuerzas saudíes en los cielos yemeníes.[6] En realidad, Israel repite la “contribución” militar que ya en los ’60 decidiera, también apoyando a Arabia Saudita cuando la lucha entre Yemen del Norte y Yemen del Sur.

La furia que ha descargado Arabia Saudita y aliados sobre la población yemení se “explica” por la movilización que ha derrocado a su monarca. Se trata de houthies,  chiítas, y se los visualiza como afines a Irán. La idea de que aparezca algún aliado a Irán entre naciones árabes les quita el sueño a saudíes, israelíes y a EE.UU. y desnuda de lo que son capaces; destruir a toda una sociedad.

 

Ya habíamos visto pesadilla similar en Sudán, antes de concretarse la división del país. Israel fue el primer estado que reconoció el flamante Sudán del Sur, escindido. Pero tal vez no resulte tan fácil llevar adelante la metamorfosis para que Egipto adopte ‘la solución de seis estados’… (Yinon reitera a lo largo de su escrito el ansia de adueñarse de la península de Sinaí, esperando que “Egipto brinde a Israel la excusa para que tengamos el Sinaí nuevamente en nuestras manos por cuarta vez en nuestra breve historia” [¡sic!] que es un reservorio energético apreciable, con lo cual nos está diciendo que de los seis miniegiptos concebidos con su proyecto de dominaciòn, uno está asignado para caer de inmediato bajo bandera israelí).

Pero el escollo mayor, parece estar en el despedazamiento de Siria. Hasta donde veo, entiendo que Rusia no aceptó el destrozo de Siria como había observado “neutralmente” el de Libia. Siria es un aliado. Con el único puerto ruso en el Mediterráneo… la cúpula rusa en su momento aclaró incluso: ─’No vamos a tolerar otra Libia’ [en Siria]. Y no lo han hecho. Tampoco Irán, que vio que la caída de esa otra ficha de dominó precipitaba un juego favorable a la dupla Israel-EE.UU. Jugó sus cartas contra los freedom fighters que estaban despedazando Siria (la situación siria se hizo muy compleja, por el carácter dictatorial del régimen de Assad y la presencia, al menos inicial, de una oposición no violenta).

En Siria durante años se libró una o varias guerras civiles e internacionales a la vez, con combates entre militares y bombardeos a civiles, que ha devastado al país. Sin embargo, poco a poco, con el apoyo de Rusia e Irán contra el ISIS, evitando conflagraciones entre tropas oficiales europeas y estadounidenses y equivalentes rusos, iraníes e incluso sirios, el gobierno de Assad ha ido reconquistando suelo, ciudades, territorios, hasta forjar una posición firme y tendencialmente de predominio.

Queda en Siria una ristra de situaciones desesperantes, la ciudad de Aleppo deshecha, daños humanos y materiales sin cuento, algunos bolsones de resistencia del Califato Islámico y, por ejemplo, el destino de los encarcelados y encarceladas, de secuestrados y secuestradas tanto del gobierno sirio como de las bandas “insurgentes”. Pero aun si uno se informa con fuentes que no simpatizan con el gobierno sirio[7] se recibe la impresión de que no estamos en los círculos más bajos del infierno, como en los informes sobre la que se vive en Irak, en Sudán, en Yemen, en Afganistán, en la Franja de Gaza…

El plan Yinon entonces ha tenido un traspié.

De todos modos, las naciones musulmanas que circundan Israel están todas francamente afectadas por el “Divide y reinarás”, y uno ve sus huellas hasta en territorios más lejanos, como Somalía, Afganistán, Argelia, Marruecos, Pakistán…

 

  1. El Plan Yinon, con sus largos 30 años a cuestas tiene, sin duda transformaciones profundas. Solo el “Divide y reinarás” está en pie. El propio plan fue concebido en un momento de enfrentamiento al menos presunto, entre “superpotencias”. Y Yinon, con el plan, procuraba crear un ámbito propicio para Israel al margen de aquel “duelo de titanes”.

La URSS colapsó, para sorpresa de tantos analistas “científicos”, y EE.UU. ha sufrido dos formidables cambios geopolíticos: 1) quebrada la URSS, expandió su presencia y dominio a todo el mundo y en particular sobre la vieja zona de influencia soviética casi todo recolonizada por EE.UU. y 2) Israel ha ido ampliando su influencia dentro de EE.UU. dominando con mano segura sus instancias parlamentarias y coordinando, con escasos percances, la actividad ejecutiva propiamente dicha en los terrenos militar y securitario. La unión EE.UU.-Israel parece más estrecha que nunca. Y más orgánica que nunca antes.

Otra expresión de la creciente influencia israelí en el mundo entero se aprecia por su comportamiento con y en la Franja de Gaza, y sobre todo como reacciona ese “mundo entero”:  sometida a una experiencia más bien “zoológica” ─el millón y medio de seres humanos allí albergados son racionados, privados de casi todos los atributos del “mundo civilizado”, embretados, dirigidos, frenados, castigados como animales, y el resto de los seres humanos del planeta, ese “mundo entero” tiene poco y nada qué decir, al menos en todas sus instancias jurídicas, mediáticas, institucionales, de derecho internacional, etcétera, etcétera. Y estamos hablando de un “tratamiento” que lleva ya once años.[8]

Hay muchas más pruebas de la expansión y el poderío israelí que no hacen obsoleto al Plan Yinon, pero lo “elevan” a un orden ya no regional sino planetario. Baste señalar, entre nosotros, cómo Israel ya no solo atiende el Cercano Oriente; acabamos de ver su plan “latinoamericano” a través del viaje de ese fascista hecho y derecho,[9] Netanyahu, revisando situaciones y relaciones, pasando revista a sus posibles nexos con los complacientes gobiernos de Argentina, Colombia y México.

[1]  En castellano apareció como “Una estrategia para Israel en la década de los ‘80” Revista de Estudios Árabes, Buenos Aires, ene-jun. 1984, editada por Saad Chedid. En internet figura en castellano únicamente en El Estado de Israel armó las dictaduras en América Latina, Editorial Canaán (del mismo editor), Buenos Aires, 2007.

[2]  Desde los ’60, con un Israel potencia nuclear, lo militar tiene menos relevancia, aunque también es cierto que la densidad poblacional del Cercano Oriente desaconseja cualquier empleo de bombas nucleares si uno no quiere ser perjudicado aun siendo el que las “administre”…

[3] Público,  Madrid, 24/9/2017.

[4] EE.UU. encaró la destrucción del Irak liderado por Saddam Hussein casi desde los comienzos del BAAS de Hussein, a principios de los ’80. Hussein trató de realzar el papel de los países productores de petróleo y llegó a diseñar una canasta de monedas internacional para romper con la dependencia al dólar. Esto lo convirtió en enemigo jurado de la Reserva Federal y sus administradores (privados) en particular y de la elite gobernante estadounidense en general. Y será castigado sin pausa; bombardeo de su planta nuclear en 1981; guerra de desgaste con Irán 1981-1989; Tormenta del Desierto, 1991 y finalmente el golpe de gracia en 2003: invasión, arrasamiento de las redes industriales, comunicacionales, ministeriales, militares, culturales y de servicios; apresamiento y ejecución de Saddam Hussein como si se tratara de un veredicto jurídico y no de una venganza política. El comportamiento estadounidense e israelí prueban que se trataba de una molesta presencia que empañaba el dominio completo.

[5]  “Yemen: los secretos del genocidio”, COMCOSUR, Montevideo, 27 set. 2017.

[6]  Rasoul Goudarzi, “Israel y Arabia Saudí: enemigos en el pasado, amigos hoy”, en

http://www.hispantv.com/noticias/opinion/29415/israel-y-arabia-saudi-enemigos-en-el-pasado,-amigos-hoy.

[7]  Hannah Summers, The Guardian: <https://the guardian.com>.

[8]  Existe sí la denuncia permanente a este estado inadmisible de cosas, pero únicamente por individuos con sensibilidad y dignidad, como Richard Falk, por ejemplo, y contados pocos más.

[9]  El partido de gobierno de Israel, Likud proviene del Betar, el partido sionista fascista fundado por Zeev Jabotinski en 1923, con apoyo de Mussolini.

 

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Los porqués de la visita de Benyamin Netanyahu a Argentina

por Luis E. Sabini Fernández –

Por primera vez desde el año 1948, año de la fundación del Estado de Israel, su primera magistratura visita la Argentina.

Es todo un acontecimiento. Y entiendo que conviene saber por qué.

La visita no tiene antecedentes. Pero las relaciones diplomáticas, culturales, comerciales son de larga data entre Argentina e Israel.

Lo que da relevancia a esta visita es el área principal de relacionamiento. Benyamin Netanyahu viene acompañado de varios empresarios y hombres de negocios de rubros como el que institucionalmente se llama “seguridad” y que en la vida cotidiana revista a menudo la forma de “represión”. O de la rama de actividad que se refiere a las armas y demás herramientas de control social (emplazamientos de sistemas de seguridad audiovisual, detección electrónica, etcétera).

Israel ha ido desarrollando, desde hace tiempo, este tipo de producción, que suele promover para colocar en el mercado mundial con “el gancho” de que se trata de productos, herramientas, armas, que han sido experimentadas.

Cualquiera puede saber, basta seguir apenas esas actividades, que los negociantes de ese rubro aluden a que tales dispositivos se prueban sobre la población palestina.

Hagamos una mínima recordatoria de lo que pasaba, nos pasaba en las décadas de los  ’70 y ’80: el diario Haaretz, israelí publicaba un artículo de Marcel Zohar “Generales israelíes en América Latina” (10/8/1978): “Durante las últimas semanas tres generales israelíes (retirados) viajaron a la Argentina. […] El teniente general (retirado) Motta Gur, quien llegó a la Argentina después de pasar por Chile  donde había sido recibido por el presidente general Augusto Pinochet [declarando que] lo que informa la prensa chilena sobre Chile no está de acuerdo con la verdad.” [1]

Shahak observa que Gur se refiere a la prensa chilena, “censurada y amordazada”…

Tras esta visita […] Motta Gur se dirigió a la Argentina y allí, naturalmente la Embajada de Israel celebró su visita […] apareció en televisión, la Argentina lo recibió como si aun fuera jefe del Estado Mayor en actividad.

Y remata Zohar: “[…] habiéndose llamado a licitación por armamentos para el ejército argentino, Israel ganó la misma frente a países con larga experiencia en la materia.”  Y Motta Gur  compartió instancias con “funcionarios de los servicios de información y del Estado Mayor […] responsables de las torturas, de las desapariciones de miles de personas.”

Motta Gur era apenas uno ”entre numerosos especialistas israelíes en seguridad” (ibíd.).

Acabamos de repasar la relación de Israel con la Argentina presidida por Galtieri. Ampliemos la visión. El rubro que acabamos de glosar tuvo un activísimo intercambio entre Argentina e Israel a principios de la década del ’80, cuando el gobierno de EE.UU. le pasa la posta de la seguridad, es decir de la represión en América Central; en Guatemala, El Salvador, Honduras, a los gobiernos argentino e israelí.

El gobierno argentino de entonces, el llamado Proceso de Reorganización Nacional, conocido en las calles del país como dictadura cívico-militar, consideraba que el mundo estaba en la 3ª.GM, y aceptó gustoso esa tarea de gendarme fuera de fronteras.

En el capítulo “La contribución de los estados mercenarios”, Noam Chomsky [2] explica que por dificultades de política interna “el gobierno estadounidense no ha podido participar en la medida de sus deseos en las actividades genocidas de sus amigos guatemaltecos […] aunque nunca se interrumpió la entrega de armas a los asesinos […] de manera que se delegó la responsabilidad de proporcionar […] el adiestramiento […] a los neonazis argentinos y a Israel […].” Y poco más adelante, Chomsky subraya:

“[…] EE.UU. se podía permitir la espera […] mientras la ayuda militar la proporcionaban Argentina, Israel y [así] Carter evitaba ensuciarse las manos [‘con la política racista y asesina de la dictadura guatemalteca’].”

Este idilio empresario-securitario fue bruscamente interrumpido con el fracaso militar argentino en Malvinas.

Y las relaciones israelo-argentinas se congelaron, tanto durante el alfonsinismo como durante el kirchnerismo.

Por eso la importancia de esta visita, que restituye la expectativas israelíes en su punto más alto.

Basta ver la treintena de empresarios que acompañaron a Netanyahu, para ver que es una auténtica “Por la vuelta”, aunque no se trate exactamente de un tango. Se trata de “altos” representantes de la ciberseguridad,  las “nuevas tecnologías”, telecomunicaciones (es decir todo tipo de transmisión, captación e interceptación de mensajes), la infaltable empresa de “recursos hídricos”, dedicadas a vender desalinizadoras que atrofian todo esfuerzo por no contaminar el agua dulce (pero allí la culpa no la tiene el chancho sino el que le da de…) y algún otro rubro…

Pedro Goldfarb, argentino radicado en Israel desde 1981 lo dice sin ambages: “Netanyahu no viajó solo. Fue con empresarios dedicados a la venta de armas, al espionaje y al entrenamiento para las policías de los distintos países” [3]

Para entender “los acentos” del proyecto de asociación económica basta leer la declaración conjunta tras su reunión en la Casa Rosada: “Nos comprometemos a trabajar junto a Israel para luchar contra el terrorismo”, dijo Macri (NODAL, 12/9/2017).

Israel su gobierno racista, supremacista, festeja este encuentro, mejor dicho reencuentro.

Hay que tener en cuenta que así como la jugada israelí a principios de los ’80 fue anudar “negocios” con las peores dictaduras del Cono Sur ─Argentina y Chile─,  el viaje de Netanyahu, “abrochando” las nuevas alianzas recae en los tres estados más conservadores y neo-neoliberales de la América Hispana: Argentina con su renovado occidentalismo ahora sin cortapisas (el populismo peronista no terminaba de satisfacer todas sus coincidencias con EE.UU. e Israel tenían algún pero, pequeño, pero…), Colombia, llamada desde hace ya tiempo,  el “Israel de América Latina”, y México, el desdichado país americano con mayor índice represivo continental y me pregunto si no mundial; por ejemplo, en lo que va de 2017 llevan 9 periodistas asesinados y el porcentaje de impunidad al respecto se calcula en el 99,75% (se descubren 2 o 3 asesinos cada mil periodistas asesinados…).

En nuestra maltrecha democracia, la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal Rural “Isidro Burgos”  [en 2014] visibilizó  una  violación  cotidiana  de  derechos  humanos.  […] 130 mil ejecutados con violencia en México; […] millón y medio de desplazados; […] no menos de 30 mil desaparecidos durante una absurda e inútil guerra al narcotráfico […].” nos recuerda José Reveles.[4]

A este dechado democrático va Netanyahu a vender sus instrumentos de “seguridad”. Que ya sabemos que es ─basta ver las cifras, por ejemplo en México─ terrorismo institucional. Que es justamente en lo que Israel se ha vuelto ducha, despojando de tierra, trabajo, centros de enseñanza, redes hospitalarias y hasta de agua corriente a los palestinos.

Al despedirse de Macri, Netanyahu aclaró, por si quedaban dudas: “Tenemos oportunidades que nunca existieron en el pasado.” [5] A confesión de parte…

Usando Netanyahu la visita, y el país, para su juego de poder con EE.UU. la mencionada nota de Granovsky se titula: “El país se convirtió en una base de Netanyahu”.

Netanyahu cuestionó no sólo la firma de un acuerdo de Argentina con Irán sino el de EE.UU. con Irán. Como Ariel Sharon en su momento los halcones sionistas insisten en marcarle el rumbo a la elite dirigente de EE.UU. (y en verdad, se los ve bastante exitosos; sólo sobreviene de vez en cuando algún reparo de algún alto funcionario, que es generalmente desechado, como en su momento John Kerry).

 

Ante el avance visible de la ofensiva israelí ─que vemos no solo internacionalmente sino además, en sus planes dentro de la usurpada Palestina con los nuevos desalojos, desplazamientos, declaraciones de “apátrida” para habitantes totalmente desconocidos en su dimensión territorial, podemos siquiera en Argentina advertir el surgimiento de redes de argentinos judíos refractarios al eje Netanyahu-Macri:

El Primer Ministro de Israel representa la política genocida de su país, la discriminación y opresión del pueblo palestino, la ocupación de su territorio y la violación sistemática de sus derechos políticos y sociales, motivos más que suficientes para tener bien ganado el repudio nacional e internacional a su gobierno”. Firmado: APEMIA (Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA).

APEMIA abunda en cargos todavía más severos sobre Netanyahu y reclama la extradición de delincuentes argentinos protegidos en Israel. Y APEMIA no es la única red que denuncia y enfrenta los abusivos acuerdos Netanyahu-Macri. Ya vimos otros ejemplos, entre judíos y no judíos,  como el video  https://youtu.be/hoJ5d6l6EK4.

Tenemos que aprender a ver más allá de las luces ceremoniales con que procuran cegarnos la prensa de candilejas.

[1]  Israel Shahak, Israel armó las dictaduras de América Latina, Editorial Canaán, Bs. As. 2007.

[2]  La quinta libertad, Editorial Crìtica, Barcelona, 1988.

[3]  De una entrevista radial del programa Voces del mundo, Radio Cooperativa, Thelma Luzzani, 17 09 12.

[4]  México: país de desapariciones forzadas, UAM, Universidad Autónoma Metropolitana. Política y cultura, 2014. http://www.redalyc.org/pdf/267/26739871002.pdf

[5]  Martin Granovsky, Página 12, 13/9/2017.

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