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UN ABC URUGUAYO:ALIMENTOS-BEBIDAS-COCA-COLA. Y OBESIDAD

Publicada el 15/05/2026 por luissabini

LUIS E. SABINI FERNÁNDEZ

Desde tiempo atrás tenemos gobiernos que están más atentos para complacer más a empresas transnacionales ─al parecer cuanto más grandes mejor─ que a las posibilidades y necesidades de nuestro país.

El último negocio de que se precia ahora este gobierno con el presidente Yamandú Orsi cumple penosamente con esa línea de conducta, aunque habría que agregarle rasgos que la hacen más  inaceptable todavía. Porque afectan directamente la salud de los que vivimos y habítamos este país. Se trata  de la flamante fábrica de envasado de Coca-Cola.

Todos los diagnósticos al respecto señalan que Uruguay tiene, o adolece de, un perfil obesogénico. No es tan difícil rastrear causas. En Uruguay no se come poco, en promedio. Pero se come, y se bebe, mal.

No hace falta llegar a los hogares, generalmente empobrecidos, donde los niños desayunen Coca-Cola y bizcochos, para darse cuenta de la penosa y peligrosa dieta de un porcentaje demasiado alto de orientales (o uruguayos).

Uruguay tiene un largo maridaje con la Coca-Cola. Esa bebida sin alcohol, ideada a comienzos del siglo XX en EE.UU. estalló como “bebida mundial” luego de la IIGM, cuando el American Way of Life nos colonizó mentalmente, mucho o poco, pero a muchos. Hábiles propagandistas,  de ésos que nutrieron “las formas ocultas de la propaganda” que tan lúcidamente desnudara Vance Packard, nos hablaban de tomarla “bien helada”, de que la tomaban nueve de cada diez personas.

Bien helada y dulzona se pegoteó a los paladares de mucha gente. Cuando se hizo inocultable que engordaba, generaba adicciòn y facilitaba trastornos alimentarios, Coca-Cola inició su etapa diet, sustituyen el ahora problemático azúcar por edulcorantes aun menos saludables. Pero si «nadie dice nada”, todo bien con la diet.

Coca-Cola inició la colonización de nuestro país por muchas vías. La propaganda clásica, ciertamente, a toda hora, en todos lados, pero también una “propaganda por los hechos”: equipar bares y restoranes con mesas y asientos (de plástico, obviamente) “luciendo” la marca, y su rúbrica. El equipamiento es un señuelo importante, porque seguramente alivia la carga presupuestaria del negociante.

El éxito ─es decir la incorporación a la dieta─ es notoria, sobre todo si uno compara el efecto del mismo producto y la misma compañía en otros países. En México, por ejemplo, o en Suecia, dos países que conozco, la presencia de Coca-Cola en la mesa e incluso como refresco, es francamente menor, por no decir insignificante.

¡Es que se puede comer sin Coca-Cola!

En los ’70, con crecientes restricciones políticas y el conflicto con la guerrilla, recibí la “visita” con allanamiento incluido de un subcomisario y su partida. 18 policías (8 uniformados y 10 de civil o tiras, o al revés; 10 uniformados y 8 tiras). El número no refiere en absoluto a mi importancia sino a la enorme cantidad de personal represivo que se desplegaba, ominosamente, en el Uruguay de entonces.

Mientras algunos revisaban papeles y carpetas e iban desparramando escritos por el suelo, yo permanecía en pie teniendo en brazos a mi hijo de año y medio, un policía, al parecer con mayor graduación, le explicaba pedagógicamente a un colega joven: “─estos tipos están locos. Se creen, por ejemplo, que la Coca-Cola es un producto del imperialismo [yanqui].” Y el jovencito desparramaba con renovado ímpetu mis anotaciones por el piso.

(Me llevaron, pero a los dos días me dejaron en la calle, sin cargos. Claro que si les hubiera explicado lo que pensaba de la penetración imperial, Coca-Cola incluida, podrían haberme dejado un tiempo más)

Uruguay pertenece a los países sin escasez ─tradicional─ de agua. Pero en países, como la India (el estado nacional más poblado del planeta) la inserción de Coca-Cola adquiere perfiles mucho más sombríos. La escasez de agua está muy presente. Hace unos años, alguna de las embotelladoras de Coca-Cola en la India fue literalmente invadida por los vecinos y saqueada. ¿Acaso incivilidad, propensión violenta de la población, incultura proverbial de tercer mundo?

Sólo que Coca-Cola se granjeó (vaya a saber cómo) el favor y la aprobación de alguna autoridad local para instalar una procesadora en la ciudad y al cabo de poco tiempo la población empezó a padecer de falta de agua, pero a fondo; sin agua para plantíos, casi ni para higiene. Y cuando se empiezan a ponderar las consecuencias de la presencia de Coca-Cola, que además figuraba como filántropa otorgando sus desechos industriales como fertilizantes para la agricultura local, se investiga y se verifica que sí, que tales efluentes tenían fósforo, un muy conocido y saludable fertilizante, pero, ¡ay! tenía también  altas dosis de plomo y cadmio, dos tóxicos increíblemente graves.[1] Que por lo visto los técnicos de Coca-Cola no percibieron o habiéndolos percibido, optaron por no decirlo.

En resumen, los antecedentes ambientales de las plantas de Coca-Cola en diversas partes del mundo no son muy auspiciosos y su política de sacarse de encima desechos (necesariamente) tóxicos como obsequios saludables o solidarios, tampoco.

Ciñámonos a nuestro país. Coca-Cola apuesta aquí con latas de aluminio. Otro producto altamente tóxico, aunque no figure como ingrediente de la bebida.

Referido a la estructura del envase, entiendo es el menos adecuado para beber su contenido,  el menos higiénico, puesto que la abertura del envase y el lugar donde uno apoya los labios puede haber tenido el contacto, o el paso de diversos animales (durante la estadía, a veces de días, en galpones o depósitos). Un riesgo que se reduce enormemente con envases que no cuentan con los labios del consumidor..

La info que ha llegado por la prensa dice que se trata de una fuente de trabajo nacional. El envasado, en todo caso. No sabemos si la recuperación del estaño. Definitivamente no su producción que no existe en nuestro suelo.

Da vergüenza, y pena, referirse a tamaña fuente de trabajo, en la cual, apenas uno investigue lo que se le ocurra, son todos resultados negativos: obesogénica, deja desechos escalofriantes y para peor, con la costumbre de RR.PP.  de esta empresa de alcance internacional, de vender sus desechos como “fertilizantes”.

Para este proyecto de Coca-Cola elaborada en Uruguay con su envase, las materias primas primordiales son: agua, la fórmula secreta indudablemente vinculada a la coca (un estimulante que se usa en altura para combatir el apunamiento y que industrialmente concentrado se convierte en un estupefaciente temible) y por último, aluminio (y pintura, para el revestimiento de los envases).

El aluminio es un metal altamente tóxico. Eso significa que todas las rebabas, todos los sobrantes que su industrialización conlleva, debería ser muy celosamente controlados. Porque descuidos en su producción o procesamiento liberan restos de este metal en nuestro hábitat.[2]

Ya sabemos lo que van a decir los industriales en este caso. Como en todos. Todo estará perfectamente controlado. Ya sabemos lo falso que suele resultar. Y que la capacidad inspectora de nuestro aparato público no solo no es perfecta sino que dista de serlo.[3]

Vivimos un peculiar momento de entrega gozosa a las inversiones de las multinacionales, al parecer cuanto mayores son inspiran mayor confianza (aunque la lista de las grandes contaminaciones planetarias pasa  por dichas multinacionales, por descuidos espontáneos o previstos).

Como si identificarse con estos grandes productores de falsos alimentos, que giran entre golosinas y alimentos dañinos, fuera un timbre de honor, la inauguración de la planta que estamos comentando, no sólo contó con la presencia de funcionarios del gobierno nacional sino hasta del mismísimo presidente de la República.

Por si algo faltaba para instaurar las verdaderas relaciones de poder, el personal oficial de nuestro país, el presidente incluido, lució el uniforme de Coca-Cola en el acto de inauguración de la planta.

Orsi, empleado del mes.

De Coca-Cola.

Nuestro presidente y su séquito con los colores y emblemas de la empresa inversora.

Parece un poco demasiada obsecuencia. Decía nuestro inolvidable profesor de Filosofía de la Práctica, Mario Sambarino: hay límites al macaneo. Tiene que. Cuando se pierden ─parece ser un mal de los elencos políticos hoy─ estamos muy, pero muy, en problemas.□


[1]  Uruguay ya conoció una  contaminación mayor de plomo, hace relativamente poco tiempo, que nunca fue debidamente analizada, para poder decir que se había logrado limitar su muy alta peligrosidad. No deberíamos ser tan incautos para una segunda (o tercera o cuarta) vez…

[2]  Hay investigaciones de toxicidad comprobada por ingesta de aluminio, en cantidades mínimas. Se sabe desde hace mucho: “El aluminio en agua puede provocar la muerte”. Dagens Nyheter, Estocolmo, 13 jul 1980.

[3]    Cómo se explica que China haya rechazado recientemente carne de exportación nuestra por presencia de contaminantes que sabemos no son aceptados. Ni aceptables.  La falta, omisión o negligencia ha sido tan fuerte que las autoridades aduaneras chinas no sólo han rebotado toneladas de carne uruguaya sino que no se hacen cargo de desecharla siquiera, y nuestro país tiene que avenirse a ir a buscarla y deshacerse de ella después (nos tememos que, viveza criolla mediante, alguien procure reubicarla en otro mercado con menos controles inspectivos…)

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