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del planeta, la sociedad y cada uno…

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Categoría: General

El panglossismo redivivo de los neotecnócratas

Publicada el 10/07/2026 - 10/07/2026 por raas


Una ojeada a On impact a guide to the impact revolution, Sir Ronald Cohen, onimpactnow.org, India 2018.

Por Luis E. Sabini Fernández
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En tanto el planeta, el clima, la violencia, la crisis poblacional, la contaminación generalizada, nos lleva a algunos a pensar problemáticamente nuestra situación-en-el-mundo, los dueños del poder real, los titulares del capital, los más ricos entre los billonarios siguen muy orondos con sus proyectos y sus ensoñaciones de que están construyendo un paraíso

Puede que no en el planeta que habitamos, sin embargo. Por algo, muchos de los proyectos de los Elon Musk, Jeff Bezos y otros potentados empeñados en construir un universo particular –valga la contradicción en sus términos– como SpaceX o NewSpace, están procurando diseñarlo fuera de la Tierra.

Se trata hasta ahora, apenas, de apuestas. Que descartan la casa en común de la humanidad, por cierto bastante maltratada. Y no es por cierto “la humanidad” la responsable; son sus capas dirigentes, ilustradas y orientadoras; los “capitanes de la industria”, los dueños u orientadores de nuestras sociedades quienes han encarado alegremente la destrucción del planeta para adelantar ventajas, a menudo materiales, o apenas monetarias, y acumular poder contra otros humanos.

Una reedición de los jalones del colonialismo, aplicado no ya a otros humanos, no tan prójimos, sino al planeta directamente; a su aire, su agua, su tierra, es decir a nuestro aire, agua, tierra. Para acercarnos a la visión de los poderosos, tomemos un libro pequeño, que hasta por su color y tamaño, resulta ser el equivalente de “el libro rojo” que fue en un tiempo, a mediados del siglo xx, una suerte de biblia de socialistas chinos y prochinos.1

Se trata de On Impact,2 un librillo de 80 páginas cuyo autor es Ronald Cohen, anglojudío de nacimiento, que debió abandonar Egipto, su tierra natal, cuando el gobierno egipcio, a cargo de Gamal A. Nasser, nacionalizó el Canal de Suez, en 1956. Desde entonces, precautoriamente, su familia y él con 11 años, pasó a residir en Londres y desde allí gobierna ahora su emporio empresario.3

Cohen se ha especializado en analizar la cuestión del impacto en la economía, tema clave con sus ribetes autobiográficos.

Si bien en muchos un trauma infantil puede dejar una huella de incerteza e inseguridad, por su misma generación, lo acontecido a nuestro autor parece haberle reasegurado un optimismo radical, sólo coherente con su privilegiadísimo origen y situación-en-el-mundo.

On Impact lo trasunta por entero.

Su definición de “impacto” nos va dando el perfil: “El impacto es la medida de un beneficio que una acción aporta a la sociedad y al planeta; debemos situarlo en el centro de nuestra conciencia.”
Nuestro autor ha desechado redondamente la idea misma de impacto negativo, devastador. Significativa semejanza con el inveterado optimismo del doctor Pangloss, magistralmente presentado por Arouet, François-Marie, recordado como Voltaire.4

Cohen advierte la cortedad básica de lo filantrópico, aunque como ‘millonario de corazón’ exalta la filantropía, que otorga “mucha ayuda”, aunque no ofrece “soluciones de escala”.

Y permanentemente, va dejando caer grajeas ideológicas: “Necesitamos aprender de la Revolución Tecnológica cuyos frutos nacieron con el capital privado.” Como tantas de sus frases, es redondamente falsa: los desarrollos tecnológicos han tenido su cuna tanto en ámbitos privados como públicos. Todo “recorte” en esta cuestión huele inevitablemente a sesgo ideológico, escamoteador de la realidad y la historia.

A veces, como les pasa a los mentirosos, se le escapa la verdad por entre las invocaciones de unidad y humildad: “Necesitamos, por primera vez en la historia de la modernidad, poner del mismo lado los intereses de quienes gobiernan y los filántropos, con los de consumidores, inversores, hombres de negocios y organizaciones sin fines de lucro, con el propósito de mejorar nuestras vidas. En el siglo 19 el foco se ponía en los dividendos, en el 20, se modificó un tanto y se enfocó a considerar los riesgos y los dividendos. Desde el 21, debemos adoptar un nuevo paradigma que cubra los riesgos, los dividendos y el impacto. Es esta triple hélice la que nos llevará a un mundo mejor.” Un tácito reconocimiento, entonces, de que el interés de “los de arriba” poco y nada tenía que ver con el de “los de abajo”.

Cohen nos cuenta, con orgullo –como todo lo que transmite– “que un fondo de pensiones europeo (PGGM) ha destinado 20 mil millones de euros a una estrategia para mejorar la salud pública.” Me pregunto si esos cuantiosos fondos están en el origen de la pandemia oficializada por OMS en 2019-2020, apenas después. Con lo cual, el destino de esos fondos adquiriría otra coloratura; hay muchos indicios y pruebas que la famosa pandemia fue todo menos espontánea, y mucho de diseño.

“Ya todo el mundo advierte que no es posible vivir en un mundo donde los negocios generen secuelas fuera de control que los gobiernos procuran infructuosamente remediar con costos absolutamente fuera de escala.” Atinada descripción de un estado de situación que nos agobia cada vez más, año a año. Es, precisamente, lo que ha pasado con la expansión colonial –motorizada por desarrollos tecnológicos– que adviene con la modernidad: las metrópolis obtienen ventajas y dejan en la periferia las secuelas y los detritos, resultado de aquellas ventajas.

“El comportamiento de los consumidores es el principal motor del cambio en las prácticas comerciales. De acuerdo con estudios internacionales recientes un tercio de los veinte mil consumidores examinados en cinco países, eligen comprar marcas que creen que hacen el bien, social ambiental.” Conmovedor.

Tenemos un panglossismo desplegado. El rigor de tamaña investigación acerca de las creencias de los consumidores, del mercado, brilla por su ausencia. No hay fuentes, no hay fechas, no hay cómo verificar siquiera un dato, no hay referencias; se trata de artículos de fe. Pero la moralina prosigue. “Cuando el consumidor tiene tantas opciones al alcance de la mano, ¿por qué no tendrían los consumidores de nuestro presente que buscar marcas y empresas que se adecuen a sus valores? Para los consumidores y la gente joven en particular, las mercancías que compran no sólo expresan sus gustos sino también valores morales.”

Pangloss ha quedado a la altura de un felpudo. Habría que preguntarles a jóvenes blancos sudafricanos, por ejemplo, o ingleses o israelíes, sus criterios morales para el ejercicio del consumo; ya se trate de una chuleta de ternera perfectamente adobada o un blazer de marca. Y a jóvenes haitianos, somalíes o albaneses, cuáles son sus valoraciones morales para alimentarse malamente cada día, mantener en uso la campera gastada que tienen desde hace añares y conseguir ocasionalmente una conexión-e… si consumen algo, por encima de una sobrevida marcada por privaciones y escasez… Hemos visto a militares femeninas de Israel posando para una selfie cuidando primorosamente la cabellera o maquillando el rostro en medio de una ciudad con sus calles y edificios bombardeados, con cuerpos probablemente cadavéricos pero recientes, porque nuestras fotografiadas no revelan ningún disgusto olfativo, y uno puede preguntarse cuáles son “los valores morales” de estas jóvenes…

Me pregunto si Cohen incluirá entre “valores morales” el embellecimiento “de la figura” con absoluta prescindencia de asesinatos masivos y recientes a su alrededor… generados por los propios embellecidos o embellecidas.
Pero el problema remanente con nuestro Pangloss contemporáneo, erigido entre Hollywood y la Torah, es apenas “orientar sus negocios para obtener el mayor impacto y las mayores ganancias simultáneamente […] que el mayor éxito en los negocios es el que crea el mayor impacto.”

Queda claro que la formación de poder financiero, tecnológico, político, corresponde a una minoría… dirigente. Nuestro autor advierte la acumulación de trabas y trastornos que pone todo en peligro. Por eso, “es imperativo alinear ahora las mentes de los inversores, filántropos, empresarios, organizaciones sociales, grandes inversores comerciales, gobiernos y público en general, para que podamos erradicar estos persistentes problemas. Es hora para juntarnos todos ante el nuevo lema de nuestro joven siglo: el impacto.”

El autor no explicita de dónde provienen tan persistentes problemas, pero no puede dejar de reconocer que “ya no es posible vivir en un mundo donde los grandes negocios generan consecuencias negativas que los gobiernos no logran capear ni siquiera con costos gigantescos.” Imagen esta última que nos muestra los afanes de elencos de gobierno que procuran ser honestos pero no desmarcarse del juego de los poderosos y que no logran sino la impotencia. Pienso en los gobiernos de Pepe Mujica en Uruguay, del de Gabriel Boric en Chile, del de Evo Morales en Bolivia, del de Cristina Fernández en Argentina…

Así, nuestro filósofo empresario se aproxima a un verdadero nudo problemático: una cómoda tecnología ha ido creando una serie de secuelas cada vez más ingobernables, pero el capital invertido, es decir los capitalistas inversores, jamás han aceptado tomarlas en cuenta en tanto las tasas de ganancias les resultaban sustanciales.

O sea, el capital ha dañado el planeta. Y ahora eso es insoslayable. Y los mismos capitalistas que han contaminado los mares, el aire, las tierras, la atmósfera, nuestros organismos y el de todos los seres vivos en el planeta, cuando incluso empezamos a temer que tantos envenenamientos podrían afectar la capacidad generativa de los seres vivos, nuestro Pangloss redivivo se plantea: no podemos seguir así.

Pero, claro, con inusitada franqueza nuestro caballero reconoce: “El capitalismo nos ha servido en los últimos 250 años, pero se ha hecho insostenible en su situación actual. Necesita un cambio radical.” Se agradece la sinceridad, pero las cosas no son tan sencillas como descargar y recargar una cuenta de pérdidas y ganancias.

Porque los daños, producidos por la floración capitalista y su primo hermano el colonialismo racista, que ha destrozado a las cuatro quintas partes de la humanidad para que se favoreciera la quinta parte humana, europea, blanca, tampoco se reparten o distribuyen con la nitidez que un contable requiere para sus cuentas.

“Las cuentas” en la naturaleza, en la vida, no salen tan nítidas. Lo que se rompe en un momento, no se repone tras un asiento contable.

Nuestro autor hace como que hace historia: “La Revolución Tecnológica está siendo continuada por la Revolución del Impacto que brota de la simple idea de que podemos llevar un capitalismo exclusivamente dimensionado por el lucro, para atender a la vez las ganancias y el impacto, redireccionando ingentes flujos de dinero en una nueva dirección: a mejorar el mundo.” Fácil decirlo.
¿Sinceridad o desparpajo? No me parece que la inmensa mayoría de enriquecidos de este planeta, acepten de buen grado que hasta ahora se han movido sólo para enriquecerse, a costa de lo que costare, y que habría que frenar esta nave… porque así, se nos va a pique.

No es lo que nos han dicho nuestros políticos, con escasas excepciones, siempre al servicio de los inversores; basta ver las firmas de los últimos convenios de nuestros países periféricos, firmados con empresas y consorcios como Black Rock, NVIDIA, Apple, Microsoft, Taiwan Semiconductor Manufacturing Co., SpaceX, British Petroleum, Monsanto, Roche, Unilever, Pfizer, UPM, Katoen Natie…

En general, tales convenios son estafas legales acordadas entre el que maneja el curso de las cosas y dirige su política de saqueo sobre los territorios tradicionalmente asignados a países, cuyos gobiernos aceptan las “inversiones” que se les ofertan.

Como si estuviéramos en una nueva etapa de capitalismo filantrópico una rentrée de los Médici (recordemos que su banco fue fundado en Londres, en 1397), en pleno siglo XXI Sir Cohen nos recita: “Los filántropos están impulsando la obtención de resultados tangibles. Ahora, como nunca antes, se hace posible para todos; pobres y ricos, jóvenes y viejos, no sólo seguir habitando este mundo frágil, sino convertirse en protectores de ese mismo mundo.”

Hay que avisarles a los pescadores que ven perder los manglares, a quienes se están quedando sin bosques por la agroindustria, a campesinos y granjeros cada vez más despojados, a quienes no atinan como enfrentar la difusión imparable de microplásticos en todas las aguas del planeta, a todos los afectados con alteraciones congénitas producidas por “el descontrol” (técnicamente controlado) de agentes tóxicos, generados por el soborno, la entrega fácil, o a lo sumo, un deslumbramiento (no inocente sino bajo sospecha)… avisarles ¿qué?

Hay en el opúsculo una afirmación tan soez, tan ignara, tan imbécil, que pone en duda todo nuestro esfuerzo crítico. ¿Vale la pena analizar críticamente un trabajo que sostenga, casi como una verificación?:

“Imagina un mundo donde la desigualdad se está reduciendo”.

Nuestro Sir ha logrado la perfecta oposición a la realidad: cuando estamos cada vez más a merced de fuerzas crecientemente heterónomas contra las cuales se hace cada vez más arduo resistir, nos dice con indisimulable alegría que la desigualdad se achica.

Este fulano y su mundo nada tiene que ver con nosotros.□

notas
1 El Libro Rojo. De lectura obligada de creyentes y adeptos de Mao Tse tung, líder chino que estuvo al frente de la segunda gran potencia socialista mundial, la República China Popular (en rigor, países socialistas, ya había entonces, 1949, varios, pero de menor porte). La ideología así patentada se denominaba marxismoleninismomaoísmo.
2 On Impact. A guide to the Impact Revolution, © 2018, by Ronald Cohen, India.
3 Preside Global Steering Group for Impact Investment (Grupo Directivo Mundial para la Inversión de Impacto) y es cofundador de Social Finance del Reino Unido, EE.UU. e Israel.
4 Un “pensamiento” que Voltaire pone en labios de tan inveterado optimista que no puede siquiera vislumbrar duda: «Es preciso demostrar que las cosas no pueden ser de otra manera: porque, estando todo hecho para un fin, todo está necesariamente para el mejor fin.” ¿Por qué para mejor fin? Cohen como Pangloss, ni siquiera atina a preguntárselo.

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UN ABC URUGUAYO:ALIMENTOS-BEBIDAS-COCA-COLA. Y OBESIDAD

Publicada el 15/05/2026 por luissabini

LUIS E. SABINI FERNÁNDEZ

Desde tiempo atrás tenemos gobiernos que están más atentos para complacer más a empresas transnacionales ─al parecer cuanto más grandes mejor─ que a las posibilidades y necesidades de nuestro país.

El último negocio de que se precia ahora este gobierno con el presidente Yamandú Orsi cumple penosamente con esa línea de conducta, aunque habría que agregarle rasgos que la hacen más  inaceptable todavía. Porque afectan directamente la salud de los que vivimos y habítamos este país. Se trata  de la flamante fábrica de envasado de Coca-Cola.

Todos los diagnósticos al respecto señalan que Uruguay tiene, o adolece de, un perfil obesogénico. No es tan difícil rastrear causas. En Uruguay no se come poco, en promedio. Pero se come, y se bebe, mal.

No hace falta llegar a los hogares, generalmente empobrecidos, donde los niños desayunen Coca-Cola y bizcochos, para darse cuenta de la penosa y peligrosa dieta de un porcentaje demasiado alto de orientales (o uruguayos).

Uruguay tiene un largo maridaje con la Coca-Cola. Esa bebida sin alcohol, ideada a comienzos del siglo XX en EE.UU. estalló como “bebida mundial” luego de la IIGM, cuando el American Way of Life nos colonizó mentalmente, mucho o poco, pero a muchos. Hábiles propagandistas,  de ésos que nutrieron “las formas ocultas de la propaganda” que tan lúcidamente desnudara Vance Packard, nos hablaban de tomarla “bien helada”, de que la tomaban nueve de cada diez personas.

Bien helada y dulzona se pegoteó a los paladares de mucha gente. Cuando se hizo inocultable que engordaba, generaba adicciòn y facilitaba trastornos alimentarios, Coca-Cola inició su etapa diet, sustituyen el ahora problemático azúcar por edulcorantes aun menos saludables. Pero si «nadie dice nada”, todo bien con la diet.

Coca-Cola inició la colonización de nuestro país por muchas vías. La propaganda clásica, ciertamente, a toda hora, en todos lados, pero también una “propaganda por los hechos”: equipar bares y restoranes con mesas y asientos (de plástico, obviamente) “luciendo” la marca, y su rúbrica. El equipamiento es un señuelo importante, porque seguramente alivia la carga presupuestaria del negociante.

El éxito ─es decir la incorporación a la dieta─ es notoria, sobre todo si uno compara el efecto del mismo producto y la misma compañía en otros países. En México, por ejemplo, o en Suecia, dos países que conozco, la presencia de Coca-Cola en la mesa e incluso como refresco, es francamente menor, por no decir insignificante.

¡Es que se puede comer sin Coca-Cola!

En los ’70, con crecientes restricciones políticas y el conflicto con la guerrilla, recibí la “visita” con allanamiento incluido de un subcomisario y su partida. 18 policías (8 uniformados y 10 de civil o tiras, o al revés; 10 uniformados y 8 tiras). El número no refiere en absoluto a mi importancia sino a la enorme cantidad de personal represivo que se desplegaba, ominosamente, en el Uruguay de entonces.

Mientras algunos revisaban papeles y carpetas e iban desparramando escritos por el suelo, yo permanecía en pie teniendo en brazos a mi hijo de año y medio, un policía, al parecer con mayor graduación, le explicaba pedagógicamente a un colega joven: “─estos tipos están locos. Se creen, por ejemplo, que la Coca-Cola es un producto del imperialismo [yanqui].” Y el jovencito desparramaba con renovado ímpetu mis anotaciones por el piso.

(Me llevaron, pero a los dos días me dejaron en la calle, sin cargos. Claro que si les hubiera explicado lo que pensaba de la penetración imperial, Coca-Cola incluida, podrían haberme dejado un tiempo más)

Uruguay pertenece a los países sin escasez ─tradicional─ de agua. Pero en países, como la India (el estado nacional más poblado del planeta) la inserción de Coca-Cola adquiere perfiles mucho más sombríos. La escasez de agua está muy presente. Hace unos años, alguna de las embotelladoras de Coca-Cola en la India fue literalmente invadida por los vecinos y saqueada. ¿Acaso incivilidad, propensión violenta de la población, incultura proverbial de tercer mundo?

Sólo que Coca-Cola se granjeó (vaya a saber cómo) el favor y la aprobación de alguna autoridad local para instalar una procesadora en la ciudad y al cabo de poco tiempo la población empezó a padecer de falta de agua, pero a fondo; sin agua para plantíos, casi ni para higiene. Y cuando se empiezan a ponderar las consecuencias de la presencia de Coca-Cola, que además figuraba como filántropa otorgando sus desechos industriales como fertilizantes para la agricultura local, se investiga y se verifica que sí, que tales efluentes tenían fósforo, un muy conocido y saludable fertilizante, pero, ¡ay! tenía también  altas dosis de plomo y cadmio, dos tóxicos increíblemente graves.[1] Que por lo visto los técnicos de Coca-Cola no percibieron o habiéndolos percibido, optaron por no decirlo.

En resumen, los antecedentes ambientales de las plantas de Coca-Cola en diversas partes del mundo no son muy auspiciosos y su política de sacarse de encima desechos (necesariamente) tóxicos como obsequios saludables o solidarios, tampoco.

Ciñámonos a nuestro país. Coca-Cola apuesta aquí con latas de aluminio. Otro producto altamente tóxico, aunque no figure como ingrediente de la bebida.

Referido a la estructura del envase, entiendo es el menos adecuado para beber su contenido,  el menos higiénico, puesto que la abertura del envase y el lugar donde uno apoya los labios puede haber tenido el contacto, o el paso de diversos animales (durante la estadía, a veces de días, en galpones o depósitos). Un riesgo que se reduce enormemente con envases que no cuentan con los labios del consumidor..

La info que ha llegado por la prensa dice que se trata de una fuente de trabajo nacional. El envasado, en todo caso. No sabemos si la recuperación del estaño. Definitivamente no su producción que no existe en nuestro suelo.

Da vergüenza, y pena, referirse a tamaña fuente de trabajo, en la cual, apenas uno investigue lo que se le ocurra, son todos resultados negativos: obesogénica, deja desechos escalofriantes y para peor, con la costumbre de RR.PP.  de esta empresa de alcance internacional, de vender sus desechos como “fertilizantes”.

Para este proyecto de Coca-Cola elaborada en Uruguay con su envase, las materias primas primordiales son: agua, la fórmula secreta indudablemente vinculada a la coca (un estimulante que se usa en altura para combatir el apunamiento y que industrialmente concentrado se convierte en un estupefaciente temible) y por último, aluminio (y pintura, para el revestimiento de los envases).

El aluminio es un metal altamente tóxico. Eso significa que todas las rebabas, todos los sobrantes que su industrialización conlleva, debería ser muy celosamente controlados. Porque descuidos en su producción o procesamiento liberan restos de este metal en nuestro hábitat.[2]

Ya sabemos lo que van a decir los industriales en este caso. Como en todos. Todo estará perfectamente controlado. Ya sabemos lo falso que suele resultar. Y que la capacidad inspectora de nuestro aparato público no solo no es perfecta sino que dista de serlo.[3]

Vivimos un peculiar momento de entrega gozosa a las inversiones de las multinacionales, al parecer cuanto mayores son inspiran mayor confianza (aunque la lista de las grandes contaminaciones planetarias pasa  por dichas multinacionales, por descuidos espontáneos o previstos).

Como si identificarse con estos grandes productores de falsos alimentos, que giran entre golosinas y alimentos dañinos, fuera un timbre de honor, la inauguración de la planta que estamos comentando, no sólo contó con la presencia de funcionarios del gobierno nacional sino hasta del mismísimo presidente de la República.

Por si algo faltaba para instaurar las verdaderas relaciones de poder, el personal oficial de nuestro país, el presidente incluido, lució el uniforme de Coca-Cola en el acto de inauguración de la planta.

Orsi, empleado del mes.

De Coca-Cola.

Nuestro presidente y su séquito con los colores y emblemas de la empresa inversora.

Parece un poco demasiada obsecuencia. Decía nuestro inolvidable profesor de Filosofía de la Práctica, Mario Sambarino: hay límites al macaneo. Tiene que. Cuando se pierden ─parece ser un mal de los elencos políticos hoy─ estamos muy, pero muy, en problemas.□


[1]  Uruguay ya conoció una  contaminación mayor de plomo, hace relativamente poco tiempo, que nunca fue debidamente analizada, para poder decir que se había logrado limitar su muy alta peligrosidad. No deberíamos ser tan incautos para una segunda (o tercera o cuarta) vez…

[2]  Hay investigaciones de toxicidad comprobada por ingesta de aluminio, en cantidades mínimas. Se sabe desde hace mucho: “El aluminio en agua puede provocar la muerte”. Dagens Nyheter, Estocolmo, 13 jul 1980.

[3]    Cómo se explica que China haya rechazado recientemente carne de exportación nuestra por presencia de contaminantes que sabemos no son aceptados. Ni aceptables.  La falta, omisión o negligencia ha sido tan fuerte que las autoridades aduaneras chinas no sólo han rebotado toneladas de carne uruguaya sino que no se hacen cargo de desecharla siquiera, y nuestro país tiene que avenirse a ir a buscarla y deshacerse de ella después (nos tememos que, viveza criolla mediante, alguien procure reubicarla en otro mercado con menos controles inspectivos…)

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Peter Thiel y su manifiesto

Publicada el 01/05/2026 - 05/06/2026 por luissabini

por Luis E. Sabini Fernández / 22 abr 2026

Peter Thiel tiene la disponibilidad de tiempo, de dinero, de auxilios y auxiliares como para atreverse, humildemente, a ayudar al mundo entero con un manifiesto de 22 puntos nodales.

Sin duda, no tengo ni tanta disponibilidad ni tanto dinero ni tantos auxilios, y me limitaré a hacer un examen liminar del punto  21.

Lo transcribo:

“21    Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas. Todas las culturas son ahora iguales. Se prohíben las críticas y los juicios de valor. Sin embargo, este nuevo dogma pasa por alto el hecho de que ciertas culturas, e incluso subculturas, han producido maravillas. Otras han demostrado ser mediocres, y peor aún, regresivas y perjudiciales.” [1]

Peter Thiel (en adelante PT) está muy, pero muy satisfecho con su sociedad blanca, noreuropea. Cuando se refiere a culturas con producción “de avances vitales”, se refiere a las suyas, a las existentes en Alemania, su tierra natal, y a EE.UU. su tierra de adopción. Nos habla entonces de otras, “disfuncionales y regresivas”; las que “han demostrado ser mediocres, y peor, regresivas y perjudiciales.” Como para reafirmar esa doble vía de culturas, nos aclara que las de “los avances vitales” son ─claro─ las que “han producido maravillas”. Y ya vimos la porquería que generan las mediocres y disfuncionales.

El maniqueísmo no es nuevo, y siempre ha funcionado del mismo modo; para escamotear la realidad. No hay culturas maravillosas y al lado, mediocres.

El mundo, nuestro planeta, siempre ha sido, sigamos el método sencillo, solo uno.

Uno que se ha ido expandiendo con cada nueva cultura, con cada nuevo agrupamiento humano incorporado al torrente único de la sociedad humana.

También hay sociedades que se han expandido mediante la conquista y sociedades que se han abroquelado en sus territorios y recintos, renuentes al contacto.

En general las sociedades habidas, las históricas, se han constituido como sistemas unidos e interrelacionados. Donde sí ha habido ganadores y perdedores. Como, por ejemplo, con los diversos (y abundantes) casos de colonialismo; es decir de la colonización de unos por otros. De los más sobre los menos, de los mejor armados sobre los menos armados o los que tienen alguna ventaja coyuntural o estructural sobre contrapartes en ocasional (o permanente) desventaja.

Y eso, la colonización y su construcción inmediata, el colonialismo, nos brinda las sociedades que habitamos, todos, PT incluido.

Imaginar que alguna de tales sociedades es superior por sí misma no deja de ser una convicción narcisista, que no explica desarrollo histórico alguno.

EE.UU. se construye desde un puñado de cristianos protestantes que abandona Inglaterra, Escocia, Holanda, hastiados de dogmas vencidos, para hacer una nueva Jerusalén en tierra americana. En los primeros inviernos sobreviven gracias a la hospitalidad natural, espontánea, de los que luego se llamarán indios norteamericanos. Pero una vez asentados, estos neocristianos ambicionarán todas estas tierras americanas e iniciarán prestos el despojo valiéndose de un armamento metálico que resultará más mortífero que del que disponían los nativoamericanos.

El proceso de apropiación llevará siglos pese a la enorme desventaja técnica y numérica de los oriundos (porque demostraron una tenacidad y fortaleza muy superior a sus fuerzas meramente materiales), pero ese proceso se cumplirá hasta el punto que los sectarios protestantes definieron. Siempre asumiéndose como “los buenos”, “los mejores”, ya que no los únicos.

Como PT hoy, entonces un vate en pleno siglo xix, trazará un poema de autoglorificación; Canto de mí mismo, de fuerza y pujanza excepcionales, de enorme libertad espiritual, hermoso. Particularmente, un reconocimiento tácito a la tierra que ahora habitaban, la robada, extraordinariamente más grata que aquella de donde venían. Whitman está gozoso de toda la tierra que ahora es suya.

De algún modo ese poema es como el eslabón entre el universo anterior y el que PT procura encarnar hoy. Olvidada, borrada toda otredad.

El cuadro de PT es cruda y brutalmente falso, escamoteador.

No es que Israel sea mejor que Palestina como cualquier racista eurocentrado alegará.

Es una sociedad de diseño, racista, de supremacistas que lograrán asentarse con dinero, armas y designios sobre una sociedad espontánea, apenas histórica, que laboriosamente abandonaba formas feudales para asentar una sociedad menos injusta, que fue intervenida por el sionismo y sus empresas en el cambio del siglo xix al xx, y luego, en 1948, por la articulación político-policial de los aparatos “públicos” al servicio del sionismo.[2]

PT parece padecer una ceguera a medias, una suerte de escotoma mediante la cual solo percibe los cambios sociales en estados como Alemania o EE.UU. (y en general del llamado Primer Mundo). Y qué cambios: el que le permitió a Alemania convertirse en “la locomotora de Europa” (alguna vez), el que le permitió a Estados Unidos liderar los vertiginosos desarrollos tecnológicos del mundo entero.

Pero PT pasa por alto el daño increíble que se ha ido procesando con el presunto avance de la tecnologización galopante. Sin ir más lejos: estamos hoy, todos los seres vivos del planeta, plastificados. Sin tener la menor idea del grado de daño que seguramente ocasiona en nuestros organismos.  Cuando hablo de los seres vivos del planeta, me refiero a que, las placentas humanas, por ejemplo, ya tienen microplásticos (y no sabemos cómo pueden incidir). Y cuando decimos placentas, podemos incluir como penosa generalidad a las de seguramente la mayoría de mamíferos.

Y cuando decimos seres vivos, es porque ya se ha verificado la presencia de plásticos, no precisamente saludables, en microorganismos marítimos.

Falta investigar ─obviamente, no hay mucho interés en los consorcios transnacionales que diseñan nuestra vida y consumos y la de la naturaleza─ en saber cuánto influye la presencia de tales corpúsculos en los tejidos vivos. Pero en lo poco investigado por científicos independientes ajenos al universo de las transnacionales, ya sabemos de los efectos teratogénicos de una cantidad enorme, cada vez más inabarcable, de productos industriales íntimamente relacionados con muchos de los “deslumbrantes” adelantos tecnológicos que los inversores ponen ─nos dicen─ a nuestro servicio. Cómo los “mejoradores” alimentarios han generado todo un capítulo de nuevas enfermedades; ya sabemos que la iatrogenia es el capítulo principal de la medicina hoy. Y que la iatrogenia se hizo protagónica en nuestras vidas y enfermedades, con el American Way of Life como eje de semejantes trastornos.

Sopesar los avances de la racionalidad humana y sus frutos civilizatorios a caballo de una tecnologización en progresión geométrica, divorciada del suelo ─de ese suelo que es el fundamento del gozo de Whitman con el nuevo continente (nuevo para los europeos americanizados; para las poblaciones que suponemos euroasiátcas que lo habitaban desde decenas de miles de años antes, era un suelo “eterno”)─ no nos está haciendo más sabios, ni mucho menos, más felices.

Basta ver el decrecimiento poblacional para advertir que la alegría de vivir se nos está escapando.

Así que, entiendo que el placer y la satisfacción de PT y los símiles que se van haciendo legión, se construye y se basa en un juego tipo ruleta rusa. No sabemos si dándose un tiro en el pie, en los órganos sexuales, en la cabeza, o en el corazón.

A los efectos, poco importa. El daño es siempre daño. Y su dimensión, inabarcable.□


[1]  https://www.ambito.com/negocios/los-22-puntos-del-manifiesto-palantir-los-ejes-mas-oscuros-la-empresa-del-magnate-que-se-reunio-milei-n6270497, 24 de abril 2026.3+

[2] Nos dice Leon Tolstoi en 1906 ─obsérvese la fecha─ hablando del sionismo: “Pero lo más terrible es que este movimiento no es ni progresista ni nacional, ni despierta ningún sentimiento.

La roca de Jacob y el camino de Abraham [que invocan sionistas en sus alegatos colonizadores] son cosas tan lejanas que no pueden conmover a un pueblo ni impulsarlo a emprender el viaje. Una nación no es arqueóloga, y para explorar nuevos territorios no irá en masa desde los lugares donde ha vivido durante siglos, donde se siente más a gusto que entre las rocas de Jacob y los caminos de Abraham. Esto se observa en quienes emigran a América y, atormentados por la nostalgia y exhaustos, regresan y besan la tierra de su patria, el suelo negro de la misma Rusia que aún aman, a pesar de que los terribles opresores intentan descaradamente convertir la vida de los judíos en un infierno de sufrimiento. [se refiere a los pogromos de los tiempos zaristas].

Si su recuerdo de los lugares sagrados de Palestina fuera realmente tan fuerte y su anhelo de vivir allí fuera inherente al pueblo judío, habrían tenido numerosas oportunidades durante estos 1800 años para regresar y vivir allí, aunque solo fuera una vez, en esos lugares ancestrales.

Pero el pueblo, conscientemente, nunca lo deseó.”

Y prosigue: “Creyendo que la fuerza de Europa reside en su imperialismo —es decir, en su pólvora, con todos los horrores del militarismo—, han decidido vestir a su anciano líder con la armadura de un guerrero y darle un fusil en la mano. Les apetecía crear un nuevo Estado judío.”

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Marcos Israel: el desparpajo sin límites tiene su dificultad

Publicada el 01/05/2026 por luissabini

por Luis E. Sabini Fernández / 22 abr 2026

Qué patética es la situación de nuestro país, figurando a menudo entre las naciones progresistas de la Tierra, proclamando la defensa irrenunciable de los derechos humanos, mientras la representación formal de nuestro país procura permanentemente alinearse con Israel, un estado racista, supremacista, genocida, agresor desde su mismísima fundación. Y en consecuencia en choque frontal con la presunta política institucional de nuestro país.

El estado sionista se valió de la brutal represión nazi a la población judía para camuflarse como víctimas y como tales adquirir “carta blanca” para su expansionismo impune.

Por ejemplo, el sr. Marcos Israel escribió todo un libro sobre el conflicto palestino-israelí donde lo palestino no existe (salvo puntualmente, en una parrafada, en p. 212). En los casos restantes en que el autor se refiere a la población oriunda de Palestina, los menciona como “los árabes de Palestina”. Una estrategia para que los palestinos quepan en cualquier otro sitio árabe, como diciéndole a los uruguayos, ustedes son latinoamericanos y pueden integrarse perfectamente en Venezuela, Guatemala, Argentina, Chile, no reclamen más ese territorio platense…  

Ese informador invoca la precisión matemática para afirmar que lo que se sabe de Gaza es falso, “99% porque hay un ‘gobierno terrorista’ mientras que ‘del otro lado no es así”. Delicado el señor para mencionar a Israel como estado ¡con gobierno no terrorista! Atenti don Marcos: ¡Ben Gvir y Naftali Bennett pueden sentirse ultrajados!

Ante tantos paralogismos y falsedades se hace arduo suponer buena fe.  Como me cuesta pensar en triste y pura maldad, a lo sumo, imagino tan falsos recursos como desesperados palos de ciego. Porque señor, ¡no se repara en comunicados del gobierno de Hamás (cada vez más irreal) para hablar de las atrocidades cometidas por Israel y sus tropas y herramientas genocidas! Pienso, por ejemplo, en el diseño tipo  Palantir, en el repugnante programa “¿Dónde está papá?” y otras beldades morales engendradas por los comandos exterminadores de Israel.

La info, señor, proviene de periodistas, en general asesinados con particular preferencia por el ejército sionista, que también ha dado preferencia a la destrucción total de ambulancias, hospitales y personal médico. El minúsculo territorio de Gaza, de unos 300 km2, ha cosechado en dos años más muertos en el periodismo y en los servicios médicos que las dos guerras mundiales juntas, con decenas de millones de participantes. Y las centenas de víctimas mortales entre periodistas y paramédicos no lo han sido en el fragor del combate por balas de ambos bandos; ¡no! ¡Para nada! Se ha tratado de una política israelí de quitar de en medio a tales testimonios.

El sr. Israel no puede desconocer esto, por ejemplo.

La pregunta no es a dicho caballero, sería ociosa. La pregunta es al gobierno que dice ser uruguayo, de mantener en puesto oficial a tamaño escamoteador de realidades.

La misma pregunta que nos hacemos por qué no se ha cerrado la oficina abierta pero suspendida que Uruguay mantiene en Jerusalén como una forma “amable” de contemporizar con la pretensión sionista de convertir a Jerusalén en capital de Israel.

Jerusalén: la ciudad histórica de las tres religiones monoteístas mayores del planeta.

Tan en conflicto esa disputa territorial, que hasta la ONU sostiene su internacionalización preventiva. Porque hasta los onusianos más obtusos advierten que si en 1948 cedieron ante la política de facto sionista y no tuvieron el coraje cívico de hacer reconocer su propia  (e injusta) “solución” (que era otorgar el 53 % de Palestina a Israel y no oficializar el 78% como finalmente ocurriò), cederle también Jerusalén al asentamiento sionista resulta demasiado lesivo para las otras “partes” (cristianismo e Islam) que también existen, mal que le pese a Israel.

¿Hasta cuándo el gobierno uruguayo (colorado, blanco o frenteamplista) seguirá atento u obedeciendo las instrucciones de “la colectividad”, una colectividad víctima que se ha convertido, como siguiendo los peores libretos de los monstruos morales de Hollywood, en el más acabado victimario? □

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Quiénes son los verdaderos terroristas o la intoxicación mediática que nos martilla cada día…

Publicada el 02/02/2026 por luissabini

Luis E. Sabini Fernández / 22 ene 2026
 Leer, escuchar los comunicados “periodísticos” a los que acceden los lectores (los más ingenuos) en Uruguay; los internacionales Deutsche Welle o France 24 o los de la prensa y radio locales, comoCarve, Radiomundo, Sarandí, las oficiales, equivale a escuchar “la voz del amo” y exclusivamente ocasi, sólo que presentándose a sí mismos como “objetividad periodística”, pero reproduciendo aquella sin pausa.

Nos hablan de guerra entre palestinos y el Estado de Israel como si se tratara de dos estados, de dos ejércitos; nos hablan de terroristas kurdos, terroristas palestinos, terroristas árabes, aludiendo a organizaciones como Hamás, Hezbollah, Guardia Revolucionaria iraní, los hutíes, todas ellas igualadas con Daesh, ISIS, Al Qaeda, ésas sí verdaderas organizaciones terroristas “árabes” pero financiadas y armadas por EE.UU. e Israel.

El uso continuado de esa confusión, de esa falsa igualación, revela el grado de “colonialismo mental” que tan bien un filósofo lúcido como Carlos Vaz Ferreira tipificara un siglo atrás.

Hoy, los medios de incomunicación de masas “más respetables” no sólo hablan con normalidad del terrorismo palestino o -se cuidan de mencionar el real terrorismo que practican Israel y EE.UU.

Afortunadamente, hay muchísimas opciones de lectura o escucha. Recomendamos, por ejemplo, la lectura de Larry Johnson, “Irán no odia a los estadounidenses… pero tiene razones legítimas para hacerlo”. 1

Comenta a pie de página de esa nota un lector: NotsoFast (14 ene 2026): “Dado que Reza Pahlavi llama abiertamente a la violencia callejera en Irán y la incita a ella, creo que sería completamente justificable que Irán lo eliminara, al estilo israelí. Es un peligro para el público iraní, ya que es un títere israelí y estadounidense, así como un participante abierto en los ataques militares ilegales contra el gobierno iraní y los ataques terroristas contra sus ciudadanos.”

‟Esperemos que esta última ola de violencia en Irán le quite todo el apoyo que pudo haber recibido de jóvenes iraníes ignorantes que fueron engañados para apoyar a este títere sionista.

Después de que los 40.000 sistemas Starlink que habían sido introducidos de contrabando en Irán fueron cerrados, las "protestas" terminaron rápidamente.”

La referencia de Notsofast a la red Starlink, comandada por Elon Musk, nos permite vislumbrar cómo “se cocinó” el malestar callejero en Teherán y su enorme costo en sangre derramada: el gobierno iraní dijo haber descubierto, detenido y ajusticiado a muchos “manifestantes” con vinculaciones con el MOSSAD, y pasada la ebullición, hasta un periódico israelí, Haaretz, ha identificado al MOSSAD detrás de la violencia sangrienta en Teherán.

Una única precisión me permito ante la indignación de Notsofast: no es recomendable esperar y menos auspiciar que el estado iraní, que cualquier estado, elimine sin más al desvergonzado y oportunista Reza Pahlaví, esa desangelada reedición de Corina Machado. Pero algo más: no se conoce atentado alguno de las fuerzas militares regulares iraníes contra objetivos israelíes o estadounidenses, por ejemplo. Por eso mismo, el descaro de que terroristas atribuyan fines terroristas a sus víctimas es un poco más sublevante.

No es que no haya críticas para hacer al régimen chiita iraní, o por la emancipación de las mujeres, por ejemplo. Es que esos aspectos y problemas, reales, son aprovechados por los elencos dirigentes de Israel y EE.UU. para tirar al bebito con el agua sucia.

El lector de los partes “informativos” de las agencias que proveen la info habitual, probablemente ni sepa que el Sha, aun con su rimbombante nombre de emperador, fue puesto en el trono por Inglaterra y la Unión Soviética en 1941, desplazando a su padre, el primer Sha, porque tenía simpatías nazis. El joven Sha ascendió como hombre de paja de Los Aliados y recibió la tarea de la modernización de su país. Como gobierno títere, lo único que se le ocurrió fue copiar en todo a sus mandantes, occidentalizando Irán: vestimentas, comidas, costumbres, incluyendo, por cierto, represión de toda disidencia respecto de la occidentalización y americanization que Reza Pahlavi fue emprendiendo. Para tamaño plan, se generó la SAVAK, una de las policías que llegó a ser considerada en su momento de las más temibles de todo el planeta. Estamos hablando de una sociedad con un enorme fondo cultural, histórico, milenario… propio. Y todo el plan estadounidense de subalternización de esa sociedad, por el craso interés en su petróleo.

Cuando ya a fines de los ‘40 el Sha tiene que designar como ministro de Energía a un nacionalista, Muhammad Mossadegh (tras una peripecia de sobornos y claudicaciones de ministros anteriores coludidos con la descarada intervención de EE.UU. “heredero” del papel tutelar de rusos e ingleses), Mossadegh nacionaliza el petróleo, es decir reserva tales ingresos para el propio país. Algo totalmente ajeno a Pahlavi. Y a EE.UU. Que no soporta ese “despojo” y da un franco y liso golpe de estado, deteniendo a Mossadegh, sometiéndolo al escarnio público (tenía 71 años y se procuró aprovechar su imagen en el polo opuesto de las estrellas de Hollywood).

Así reingresa Reza Pahlavi al sillón presidencial en 1953. Y prolongará sus vergonzosos 12 años iniciales de entrega a “Occidente” con 26 años de entrega, opresión y terror sobre la sociedad persa como pantalla de la penetración occidental.

Por eso, cuando en 1979 cae por segunda vez, lo hará esta vez con su cohorte estadounidense. Los estudiantes universitarios iraníes, la mayoría islámicos, no sólo derribarán al títere sino que ocuparán la Embajada de EE.UU. No matan a ningún funcionario de la embajada pero 52 estadounidenses con pasaporte diplomático o sin él, quedarán sitiados por más de un año en convivencia forzada con “esa turba” de oscuros asiáticos… (una afrenta que perdurará en el inconsciente colectivo estadounidense, enceguecido ante sus propios atropellos…)

El nuevo gobierno dirigido por un sacerdote islámico, chiíta, Ruholla Khomeini, acentuará los rasgos no occidentales, de Irán, la vieja Persia, que ha borrado la guerra de sus anales durante los últimos dos siglos.

Hay que entender que el abuso, el manoseo a la sociedad iraní; una sociedad con más de cien millones de habitantes y con un pasado varias veces milenario y con períodos imperiales (la Gran Persia) genera resistencia. Desde hace ya más de ml años el culto chiíta se hizo fuerte en esa inmensa sociedad, diferenciándose de la variante sunnita del Islam predominante en los países árabes (hay otras ramificaciones menores). Y que para enfrentar la invasión occidentalista encaramada en el Sha y su papel cómplice, primero con el Reino Unido y luego con EE.UU. reafirmó su adhesión al Islam. El Islam, como el culto judío o el cristiano, es verticalista y poco propicio, a mi modo de ver, a la emancipación de los humanos. Pero en Irán, hay que entender el abroquelamiento en el Islam como un mecanismo de defensa contra la occidentalización forzosa.

En esa escaramuza no son todas luces. Por ejemplo, el papel de la mujer, aunque muy importante en la familia, es sustraído de la sociedad que sigue centrada en varones. Aunque las mujeres en Irán tienen un horizonte laboral tan amplio o casi, como los varones: directoras de cine, asistentes sociales, por ejemplo. No serán mujeres trans, ni feminazis ni Sex in the City, los aportes culturales que ayudarán a las mujeres a iraníes a liberarse. Hay otros feminismos, con maternidades o sin ellas, que sí pueden aportar a ese proceso.

Como nos recuerda Larry Johnson, la dirección estadounidense, o mejor dicho la israelo-estadounidense, pergenió diversas estrategias para derribar al inflexible Khomeini y sus “fanatismo islámico”: congenió con un líder del mundo árabe ─no musulmán sino socialista─, Saddam Hussein, a quien apoyó para esmerilar a Irán. 2 La “guerra Iraq-Irán” duró ocho pesadillescos años, de 1981  a 1989, y mató, no se sabe a ciencia cierta cuántos, pero las estimaciones más cuidadosas, estiman en medio millón los iraníes así asesinados, siendo Hussein (entonces) el niño mimado del Occidente laico y progre contra el oscurantismo persa…

Irán sobrevivió, empero, a esta peripecia (y poco después será el infatuado Hussein quien pasará ser el enemigo nro. 1 de EE.UU. y derribado con enorme despilfarro de vidas iraquíes. 3

El acoso a Irán no se suspendió, por cierto. Israel y EE.UU. atacan simultáneamente al sur libanés para afianzar el dominio occidental y EE.UU. se permite el establecimiento de enormes bases militares en ese territorio, chiíta, y por lo tanto ligado ideológicamente a Irán. En 1983, una milicia chiíta, AMAL, logra enfilar mediante una acción suicida un camión con explosivos contra una base norteamericana y son matados 241 militares estadounidenses. EE.UU., como nos lo recuerda Larry Johnson, desmantela su base, lo que queda de ella, y se retira del Líbano.

Cabría preguntarse por qué la resistencia ante el avasallamiento occidental tomó la forma de un islamismo ardiente y tenaz, sabiendo quienes somos laicos y ajenos a todo culto religioso institucionalizado, que tales cultos ─a lo supremo, a lo trascendente, a lo absoluto─ encarna mentalidades dogmáticas o al menos dogmatizables.

Para enfrentar al Sha y a su temible policía secreta hubo también resistencia desde organizaciones de izquierda socialista, laica. Sin embargo, hay que consignar que cuando las redes islamistas bajo la égida de Khomeini voltean la dictadura occidentalista del Sha, esa izquierda laica socialista, marxistaleninista, combatida desde la nueva dirección política iraní, islamista, no encuentra cabida en el mapa político del país. La relación entre islamistas ortodoxos y marxistasleninistas radicalizados será todo menos amigable. 4

El régimen de los ayatollah, como suele pasar con el paso del tiempo, ha ido desvaneciendo sus virtudes ─entereza, probidad─ y acentuando sus defectos ─enriquecimiento de clérigos y militares─ a costa del resto de la sociedad. Al parecer, en estas últimas décadas, se ha generado una capa dueña del poder que resiste todo cambio social entrevisto como atentado a sus privilegios. Por ejemplo, con las privatizaciones. Siempre con coartada religiosa.

1 https://www.unz.com/article/iran-does-not-hate-americans-but-it-has-legitimate-reasons-to-do-so/. En la página inicial se puede elegir idioma.

2 Como no podía ser de otro modo, EE.UU. “ofreció”, y Hussein aceptó, armas químicas prohibidas para acabar con Irán.

 3 El tratamiento del eje Israel-EE.UU. a Irak-Hussein será implacable, mortífero y final: en la fase preparatoria se inundará de papel higiénico todo EE.UU. con el rostro de Hussein; luego mediante una alianza de decenas de estados occidentales con abismal superioridad de fuego y tecnología sobre los militares iraquíes, se enterrará literalmente, en parajes desérticos a buena parte del ejército de Hussein (se habló de 30 muertos estadounidenses vs. 300 mil muertos iraquíes) y como remate, se desencadenó un boicot transnacional que se estima aniquiló a niños desde la más corta edad; otros trescientos mil humanos (Irak era un país de dimensiones chico-medianas, con alguna veintena de millones de habitantes). Finalmente, se cazó a Hussein como a una alimaña, en un país totalmente copado, desmantelado y saqueado por el ejército norteamericano y sus secuaces occidentales. La invasión de la coalición occidental destrozará al país y a todos sus ministerios salvo el de la Seguridad y el del Petróleo. Y desde EE.UU. se estructuró una occidentalización generalizada y forzosa del país, que sin embargo, poco a poco, la sociedad iraquí logrará enfrentar aunque a un costo humano terrible. Véase Naomi Klein, La doctrina del shock, 16. Aplastamiento de Irak, 2006.

4 Plantea nuestro multicitado Larry Johnson: “el Mujahedin-e Khalq (MEK), un grupo de oposición iraní con una ideología marxista-islamista, había librado durante mucho tiempo una guerra de guerrillas contra la República Islámica, incluyendo asesinatos y atentados con bombas que mataron a miles de personas.” En EE.UU. se lo declaró terrorista en 1997 […] por ataques que incluyeron asesinatos de estadounidenses en la década de 1970. Pero luego de 2003, EE.UU. organiza “un nuevo ataque contra Irán. […] Las fuerzas estadounidenses desarmaron pero protegieron los campamentos del MEK en Irak, y surgieron acusaciones de que la CIA y el Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC) entrenaron a operativos del MEK para sabotaje [en Irán]. […] En medio de las tensiones nucleares, el MEK —excluido de la lista de organizaciones terroristas en 2012— presuntamente perpetró asesinatos de científicos iraníes y atentados terroristas, con el apoyo tácito de EE.UU.[…] Entre 2007 y 2012 fueron asesinados cinco científicos iraníes claramente vinculados a los programas nucleares o militares. Dentro de Irán. Esta oscura alianza ejemplificó la persistente estrategia estadounidense: contención mediante intermediarios, incluso si eso implicaba apoyar a terroristas.” En ese drama político iranì vemos la reiteracion de lo acontecido con la resisterncia palestina. Allì también, Al Fatah, una organizacion socialista, revolucionaria, fue desplazada por Hamás del principal enfrentamiento con el estado sionista y sus huestes genocidas, y terminará cooperando con el estado racista y supremacista israelí a través de la Autoridad Nacional Palestina.

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