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del planeta, la sociedad y cada uno…

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Categoría: Palestinos / israelíes

Palestina, un país; Israel, un designio

Publicada el 23/09/2015 - 16/10/2015 por raas

Por. Luis E. Sabini Fernández /

Palestina, un territorio gobernado desde afuera, al menos en los tiempos modernos.

Con el auge de los nacionalismos, también dentro de Palestina se desarrolló un cierto independentismo en parte entretejido con el panarabismo, que no tuvo mucho vuelo, interferido sin duda por el independentismo judeosionista caracterizado por una genealogía radicalmente distinta.

Palestina era un país, con una lengua principal aunque no única, una religión igualmente dominante aunque no exclusiva, con una etnia a su vez mayoritaria aunque tampoco única.

Por ser la sede del Santo Sepulcro y otra serie de lugares sagrados para la religión judía, la cristiandad y el Islam,  Palestina era un territorio bastante viajado, explorado, visitado por europeos, sobre todo de diversas iglesias y profesiones de fe cristianas. Era también sitio de peregrinación musulmana y por ser a la vez el territorio, digamos central, del judaísmo, era asimismo destino de visitas, viajes y asentamientos judíos.

Hasta fines del s. XIX podríamos decir que se trata de un país con bases sociales tradicionales, periféricas, bañado por contactos como los que mencionamos antes.

Con el proyecto sionista, en Palestina se va perfilando un nuevo tejido social que, al menos en los primeros tiempos coexiste al lado del tejido social tradicional pero que adopta otro carácter: el de construir un territorio de un proyecto político-ideológico-religioso muy definido. El que, de acuerdo con la ideología que lo lleva adelante, constituiría la reconstitución de un presunto Estado de Israel de altri tempi. Para esa reconstrucción, el sionismo –que es el movimiento ideológico que lo vertebra− aunque en su origen laico, se vale de lo bíblico. Toma esa recolección de escritos como manual de historia documental y sagrada de ese otro tiempo; el de los judíos expulsados del templo, el del exilio judío en Babilonia, etcétera. Aun cuando cada vez más hayan surgido verdaderas investigaciones históricas que no puedan hallar las previsibles huellas históricas de tal expulsión o de tal exilio. Investigaciones históricas, arqueológicas, que le asignan a los relatos bíblicos cada vez más una función de construcción de un relato. Algo del reino de la ideología, no de la veracidad. Pero a los efectos de la construcción sionista, tales desencuentros, inexactitudes históricas, ni cuentan. Es lo que pasa con relatos ideológicos gestados con prescindencia de la realidad, sencillamente.

Ejemplificando modalidades de surgimientos sociales

Hay muchas sociedades, algunas puramente locales y subordinadas, otras constituidas hoy como estados modernos, que han seguido las pautas de formaciones sociales, como la que tuviera la palestina antes de las aliah sionistas. Tentativamente señalaría varios estados europeo-occidentales actuales, muchas veces, ciertamente, con conflictos para su establecimiento, por roces, choques de influencias, resistencias a poderes mayores e intrusivos. Pienso, desde mi ignorancia como historiador, en países nórdicos, en Irlanda, Portugal, Italia, aun con su proceso unificador de fines del s XIX; en Inglaterra incluso, aunque con el tiempo pase a ser centro imperial, cubriendo buena parte del planeta.

Las formaciones sociales que califiqué como  espontáneas se caracterizan por vínculos sociales fuertes; parentesco, vecindad, religión, tradiciones y hasta sus mismas vías de escape o descarga (como el carnaval o la commedia dell’arte). La sociedad italiana podría ser un ejemplo paradigmático de esa pluralidad social. Y todavía como formación social tradicional, pero en los antípodas de la modalidad italiana, podríamos visualizar a la sociedad sueca con el claro predominio de la acción estatal rigiendo los destinos sociales y acercándose con ello a las que calificara como de diseño. Que tienen un perfil mucho más ideológico, y suelen caracterizarse por una mayor racionalidad y funcionalidad.

Lo que califico como formaciones sociales espontáneas constituyen sin duda el basamento poblacional en todos los continentes. No ejemplifico con entidades americanas al sur del Río Bravo, porque las sociedades y comunidades entonces existentes sufrieron con la Conquista y la colonización un trastorno y reacomodo “tectónico”, y aunque en algunos casos fueron directamente a lo que llamo diseño social, en otros se produjo un entretejido entre lo establecido y lo implantado por los europeos que por empezar ha puesto en entredicho la identidad de sus habitantes (los debates sobre el particular en Argentina la ubicarían precisamente, en ese clivaje). Aun así, entiendo que en general no adquirieron los rasgos de lo que he definido como “diseño social” con sus aspiraciones de excelencia. En todo caso, si nos referimos a la fuerza del diseño, hasta donde conozco, entiendo que Uruguay y en segundo lugar la Argentina, podrían ser los estados latinoamericanos donde más se puede rastrear algún proyecto utópico.

Aquellas formaciones políticas que han seguido pasos que entiendo comparables con los del sionismo son, no sabemos si tantas, pero sí muy connotadas y visibles: sin pretender agotar la lista, seguramente mucho más extensa, vale la pena reparar en el origen ideológico fuerte, neto, de formaciones como los EE.UU., la Sudáfrica boer, la URSS y el Tercer Reich, en riguroso orden cronológico, (1) dejando aquí de lado la estremecedora experiencia de totalitarismo medieval o protomoderno de Jean Calvino en Ginebra (s. XVI).

EE.UU.

EE.UU. surgido en pleno siglo XVIII es tal vez el que más radicalmente se plantea su origen y surgimiento desde una tabula rasa.

Sus pioneros sueñan con establecer un país nuevo, puro, deslastrado de los males del Imperio Británico (del cual eran claramente sucesores). Así se ve Jefferson a sí mismo. Los males, entonces, eran “la concentración inmoral de riqueza y poder.”

Como bien explica Frank Thistlethwaite: “Los EE.UU. habían sido fundados en la creencia de que los estadounidenses tenían la ocasión única de establecer una sociedad política  en un plano moral más elevado que el permitido por las ‘monarquías corruptas’ de Europa”.(2) Esa “superioridad” pervivirá en los corazones (ya que no en la realidad).

El carácter de “refugiados religiosos” que caracterizó a muchos de los nuevos pobladores de la América del Norte, que procuraban con su emigración y establecimiento cumplir mejor con sus preceptos religiosos, como es el caso de los cuáqueros, hizo fácil  que desde la nueva sociedad se sintiera el llamado “a luchar por la causa del gran imperio del humanitarismo”.(3) Tan temprano como a principios del s. XIX ya tenemos ‘afanes imperiales’, con las mejores intenciones, claro está. Y desde entonces ya vemos que el presunto “humanitarismo para todos” está restringido a algunos.

Volveremos sobre algunos de los rasgos fundantes de EE.UU., como su apego bíblico y su salvacionismo basado en la pureza moral.

Sudáfrica

Casi en la misma época en que el Mayflower lleva hasta las costas del “Nuevo Mundo”, a los primeros misioneros “intercontinentales”, llegan al sur africano expedicionarios holandeses. Al principio se establecen en la costa, únicamente con el fin de reponer vituallas para sus expediciones, pero poco a poco van configurando un territorio dentro del enorme sur africano. Aunque el enclave holandés era de escasa magnitud e inicialmente diseñado sólo como punto de apoyo intermedio para el comercio de Europa con el Lejano Oriente, el novel “país blanco” en el África del Sur recibió aportes migratorios, significativos, de alemanes que escapaban del hambre y “la guerra de los 30 años” (1618-1648) y muy particularmente de hugonotes, protestantes franceses, que fueron expulsados de su tierra por los acuerdos de las cúpulas eclesiásticas. Los hugonotes venían con todo su celo bíblico y reforzaron así el calvinismo originario holandés.

Ese perfil ideológico acerca extraordinariamente la ideología dominante de la Sudáfrica blanca con la wasp (4) de EE.UU. Una mezcla, atroz, de autoasignada pureza moral con un racismo radical.

URSS    

Entiendo que la URSS es el caso más explícito del origen ideológico de un país, una sociedad, una red estatal que llega incluso a considerarse ‘la mitad socialista del planeta’. La URSS, a su vez, encarna un proyecto movido por otros impulsos que los del origen de EE.UU., la Sudáfrica boer o la Alemania nazi.

La URSS es el fruto, o al menos se presenta como el fruto, del anunciado socialismo. Se creyó ver su advenimiento cuando el establecimiento de la Comuna de París de 1871 y en cuanta coyuntura crítica y de conflicto con el poder vigente existiera. Así, cuando estalla una  desobediencia generalizada contra el zar y el zarismo, y sobreviene la derrota militar rusa durante la 1ª.GM, muchos ideólogos socialistas creen ver en el derrocamiento violento del zar y el establecimiento de un gobierno sustituyente, el advenimiento de la nueva era, largamente anunciada. Y el golpe de mano bolchevique, meses después, haciéndose con el gobierno casi sin disparar un tiro, se convierte mediante la mitología histórica entonces viviente, en la segunda revolución ahora sí cumpliendo el periplo; del absolutismo zarista a la revolución democrático-burguesa y de allí a la socialista.

A diferencia del impulso religioso salvacionista, que invoca una pureza moral a toda prueba, en la URSS encontramos un extraordinario afán justiciero. Pero en ambos proyectos parece existir un similar basamento de absolutismo ético, para alcanzar un universo sin mácula.

Uno de los rasgos más llamativos del proyecto soviético fue el impulso, muy materialista, propio de la modernidad burguesa (es decir, de los siglos XVII  y XVIII), de registrarlo todo, de censarlo todo.

Se partía de la base, profundamente equivocada, que conociendo el origen, íbamos a llegar a construir algo perfecto o al menos tendencialmente tal. El socialismo lo empezaba todo. Y para “empezar el mundo”, nada mejor que conocer de qué disponíamos. Censo de humanos, claro, de edificaciones, de herramientas, para programar “científicamente” las labores, pero también censo de árboles, censo de conejos, de lombrices.

Este dérive taxonomista nos muestra el grado de intoxicación ideológica, teñida de ciencia, en que el sueño bolchevique, tan rápidamente convertido en pesadilla, fue sumergiendo a ese nuevo estado, esa nueva sociedad, “bajo la influencia” cientificista.

El Tercer Reich

La Alemania nazi aun brotada de la entraña de una vieja sociedad, o de varias sociedades “naturales”, como las bárbaras del norte europeo, se constituyó como un proyecto de diseño social con un acusado perfil ideológico, propio.

Mi impresión, sin pretender con ello sentar la tesis de un cauce interpretativo sino un mero recurso para ilustrar los ejemplos que vengo presentando, es que la Alemania nazi surge de la confluencia de una gran humillación y el imaginario de la época −principios del s. XX−; el del advenimiento “inevitable” del socialismo. Humillación, la de la Paz de Versalles que las potencias europeas ganadoras le imponen a la Alemania imperial que había intentado arrebatarle tantos liderazgos a la Inglaterra industrial y a la France eternelle. Y socialismo. Será lo que los nazis asuman, diferenciándose con furia de los internacionalistas, que eran los socialistas realmente existentes y vigentes desde el s. XIX. El nazismo se constituirá como socialistas nacionales (nacionalistas). Nazionalsozialismus (en el alemán el adjetivo antecede al sustantivo). La idea limitacionista del nacionalismo chocará con el socialismo universalista que caracterizara al socialismo, al menos teóricamente, hasta la 1ª. GM. El nazismo azuzará esa tensión (como tantas otras).

La Alemania nazi  también se presenta como una regeneración de la sucia sociedad burguesa, pero no en el sentido de “superación” ética que caracterizara al socialismo primigenio, articulado en buena medida sobre el amor; el nazismo surgiendo en una constelación mucho más convulsionada, se articulará sobre el odio.

Lo que nos llega hoy –con su derrota− es la sordidez, el tratamiento atroz que el nazismo dispensara a judíos, gitanos y a tantos otros. Y el proceso mismo de la derrota, con un nazismo cada vez más privado de medios, que hemos articulado sobre todo a partir de la producción de Hollywood. Pero subsisten testimonios del nazismo optimista de mediados de la década del ’30 con su culto a la belleza, a la blancura –también ella sin mácula−, por ejemplo en los encuentros masivos de gimnastas, particularmente gráciles mujeres.

Estado de Israel

El Estado de Israel adscribe sin duda al tipo de estado que hemos descrito como de diseño y ejemplificado con los casos de EE.UU. la Sudáfrica boer, la Unión  Soviética y la Alemania nazi (con todas las diferencias que pueda haber entre ellas; por ejemplo, la pureza racial es un eje vertebral de EE.UU., la Sudáfrica boer y la Alemania nazi, pero no tiene el mismo realce en la experiencia soviética, mucho más apoyada, ideológicamente, en cuestiones de clase, no de raza).

Con el EdI volvemos a la cuestión racial. Aunque algo matizada. Se invoca al “pueblo judío”, lo cual es históricamente falaz, porque no cabe duda que los judíos no constituyen una única etnia, aunque sí se puedan reconocer entre muchos judíos rasgos étnicos comunes. En realidad, el denominador común de la judería pasaría por la religión.

Lo que complica el cuadro judaico es que en los tiempos modernos el judaísmo no ha sido proselitista, como las otras grandes religiones monoteístas, pero en otros momentos históricos sí lo fue. El cierre sobre sí mismo del judaísmo abandonando el proselitismo es lo que ha llevado al judaísmo a un antiuniversalismo filosóficamente nefasto. A un exclusivismo, a una nosística de la exclusión de todo “otro”.

Otra potente vuelta de tuerca del cuadro de situación de lo judío es la existencia de un sector muy pero muy apreciable de judíos laicos (por no decir prescindentes, agnósticos o ateos).

Fue precisamente entre tales judíos laicos que surge el sionismo que desarrollará toda su estrategia de asentamiento y expansión en lo bíblico. Logrando dar sentido al chiste: ‘somos ateos pero dios nos avisò que esta tierra es (la) nuestra’.

Como bien explica Gilad Atzmon, judío de origen emancipado de pertenencia a algún judaísmo, el sionismo es inevitablemente un particularismo, un ejercicio, temible, de egoísmo (grupal), enemigo jurado de todo universalismo: “La orientación racial,  tribual o incluso étnica no puede formar una base para un argumento étnico universal.”(5)

Algo que podemos verificar, penosamente, en el itinerario histórico del EdI. En todo el mundo, observamos a diario violaciones a seres humanos, a derechos humanos, delitos del más variado carácter. Pero difícilmente vamos a encontrar quienes justifiquen ideológicamente cómo mataron a niños, como destrozaron a una familia y se quedaron con sus pertenencias. El abusador, el asesino, el torturador, generalmente escamotea su responsabilidad, la elude, no digamos con vergüenza o arrepentimiento pero al menos con cierta reticencia.

Pero en Palestina/Israel la situación es distinta. Lo que sucede a diario y desde hace décadas con la población palestina no parece perturbar ideológicamente al grupo humano que precisamente lleva a cabo tales sucesos. Da la impresión que el Ejército de Defensa [sic] de Israel o los colonos a quienes se les otorga casi como obsequio terrenos usurpados a la población palestina, cumplen escrupulosamente con lo registrado en la Biblia, por ejemplo en el Deuteronomio (uno de varios libros judeo-cristianos): “[…] cuando el Señor tu Dios te traiga a la tierra que prometió a tus ancestros Abraham, Isaac y Jacob que te daría, una tierra con grandes y magníficas ciudades que tu no edificaste, casas llenas de riquezas que tú no acumulaste, cisternas talladas que tú no cavaste, y viñas y olivares que tú no plantaste, y comas y te hartes, entonces ten cuidado de no olvidar al Señor que te sacó de Egipto, de la casa de los siervos.”(6) Como explica Atzmon, en este pasaje Moisés retrata como dios judío a “una deidad maligna, que lleva al pueblo a saquear, al robo y al hurto.”(7) Lo llevado a cabo por el Estado de Israel y/o el sionismo (difícil distinguir responsabilidades políticas) es, sin embargo, bastante más atroz que lo del robo, el hurto y hasta el saqueo. Porque los israelíes y/o los sionistas, han estado “cumpliendo” durante años, y cada vez más intensamente, otros “mensajes bíblicos” como el “Pacto de Dios”.(8)

Seguramente son estas apoyaturas bíblicas las que le permitían a Golda Meir, figura fundante del Estado de Israel, amén de la cita al pie,(9) declarar con aparente cobertura moral que no les perdonaba a las víctimas palestinas ‘que forzaban a nuestros muchachos a matarlos’ (sic).

Con apoyaturas menos bíblicas pero mucho más humanas, Zika Katznelson, una judía del antiguo yishuv (10) que aun uniéndose al sionismo con su marido militar israelí, mantuvo su conducta de respeto por el otro, rechazando una mansión en Jerusalén, que podía recibir graciosamente cuando el estado sionista le arrebata la ciudad y sus propiedades a la población palestina. Luego de haber vivido años en Jerusalén, conociendo familias palestinas, a la sociedad palestina, no pudo aceptar el despojo a sus exvecinos. El botín se repartió entre otros sionistas menos escrupulosos y Katznelson y su familia debieron seguir en viviendas humildes hasta que el militar consiguió el dinero suficiente para obtener una vivienda cómoda.(11)

El rechazo de Zika sirve para rebatir esa argumentación tan habitual de que “era lo que se hacía entonces”(12) con que se defienden algunas “normalidades” y “acontecimientos de época” y nos muestra que la responsabilidad personal está presente mucho más de lo que las historias oficiales nos quieren hacer creer.

La Biblia parece el libreto del trato que el sionismo le otorga al pueblo palestino: “Echaré delante de ti el ángel y echarè fuera al cananeo y al amorreo y al hetheo y al pherezeo y al heveo y al jebuseo: a la tierra que fluye leche y miel […]”(13)

Tales “mandatos bíblicos” expresan atrocidades mucho peores, todavía que el despojo que antes veíamos. Atzmon cita pasajes bíblicos que le recuerdan exactamente los arrasamientos de la Franja de Gaza de los últimos años:

“Perseguiréis a vuestros enemigos y caerán a cuchillo ante vosotros. Cinco de vosotros perseguirán a cientos y cientos de vosotros harán huir a diez mil; vuestros enemigos caerán a cuchillo ante vosotros.”(14)

En el Deuteronomio, su dios le dice a los israelitas que no harán alianza con ninguna otra nación ni “te apiadarás de ellos.”(15) Que es lo que uno ve con la política de colonización: impiadosa, sin el más pequeño resquicio para la estatura humana de “los otros” (solo que cuando uno le quita humanidad al otro, la pierde él mismo; algo que judíos sionistas como Avraham Burg han intuido).

Atzmon aclara cómo están incluidos los judíos sionistas que no son religiosos: “los israelíes laicos no siguen la ley judaica, pero en cierto modo interpretan colectivamente su identidad judía como una misión bíblica, lo que quizás arroje alguna luz sobre las masacres del ejército israelí en Gaza y Líbano en los últimos años.”(16)

Los rasgos fundantes de EE.UU., como su apego bíblico, su salvacionismo basado en la pureza moral, su racismo ─corolario inevitable de tanta calidad autoasignada─ se repiten en el Estado de Israel.

Uno de los rasgos de la colonización de los puros, como los cuáqueros en EE.UU., los calvinistas en África del Sur, los nazis durante su efímero reinado, o los sionistas en Palestina, es esa capacidad orgullosa de hacer daño porque se sienten superiores, ajenos a los mandatos “comunes”, o como dice magistralmente Tikkanen, un Quino finlandés: “Mi moral es tan excelente que haga yo lo que haga, nunca se daña”.

Conclusión

Quisimos hacer un escueto recorrido por dos modalidades de configuración social; una espontánea, no racional, tradicional; la otra moderna, racionalista.

Todo lleva a pensar que a lo largo del tiempo hay una tendencia inmanente, lógica, “de lo viejo a lo nuevo”, pasar de las formas sociales tradicionales a las formas de la modernidad. Y entre modernos, a la hipermodernidad, incluso.

Sin embargo, si algo advertimos cada vez más claramente, es la problematicidad de entender a nuestras sociedades en blanco y negro. Las formas “tradicionales” tienen una pujanza y una persistencia que en determinados casos son como para tener en cuenta; y las políticas de diseño presentan a su vez algunas secuelas que antes de su plasmación no habían sido, seguramente, observadas.

Basta ver las atrocidades y los fracasos consiguientes de tantas sociedades “tan perfectamente diseñadas”, para ponernos en guardia.

Nos inclinamos a pensar en alguna combinación entre ambas modalidades, pero siempre reconociendo nuestras raíces y sus limitaciones reales, históricas. Porque es en el diseño de lo bueno, de lo excelente, que se engendran los peores resultados.

Como ejemplo de los frutos del sionismo, movido inicialmente por las más comprensibles razones, transcribo aquí un boletín de <blog.disenso>, que es un sitio-e que atiende el drama palestino-israelí. Elegido casi al azar entre los varios semanales, es del 11/8/2015 y se titula “me ha llamado la atención”:(17)

“Que sigamos sin tener claro por qué han sido puestos en libertad los israelíes arrestados en relación al atentado terrorista de Duma, que ya se ha cobrado tres víctimas (el bebé, el padre y la madre) y cuántos permanecen encerrados y por qué. Por lo demás, la vida, la infravida de los palestinos sigue igual. Los colonos siguen haciendo de las suyas. El domingo quemaron varias hectáreas de tierras palestinas cultivadas al sur de Nablus.

Es de destacar que los soldados israelíes que se encontraban en el lugar de los hechos impidieron a los palestinos apagar el fuego. Al día siguiente, muy cerca de donde se produjo el incidente anterior, varios colonos judíos arrojaron cócteles Molotov en un parque público (inglés) del pueblo de Karyut con la intención de quemarlo, algo que no consiguieron. En la Franja de Gaza, los soldados israelíes, sin previo aviso, abrieron fuego contra un niño de 13 años, que fue alcanzado en una pierna, mientras andaba a unos 500 metros de la valla fronteriza. Posteriormente, fue llevado a un hospital.

Asimismo, los ataques contra los pescadores no cesan. El lunes, la Armada israelí secuestró a dos pescadores  que se encontraban dentro de las seis millas náuticas. Desde que terminó la operación Margen Protector a finales de agosto de 2014 y se acordó un alto el fuego, las fuerzas navales israelíes han efectuado 1.312 ataques contra pescadores gazatíes, han robado 22 botes de pesca, han herido a 26 pescadores, han asesinado a uno, otros 28 botes han sido destruidos y dos barcos más grandes fueron hundidos mediante el disparo de misiles, 51 pescadores han sido secuestrados mientras estaban faenando y tres de ellos todavía están detenidos.

Estos hechos, entre otras prácticas de las fuerzas de ocupación, han causado el hundimiento de la industria pesquera de Gaza, otrora floreciente. En estos momentos, solo unos mil gazatíes siguen trabajando en la pesca, en contraste con las decenas de miles que lo hacían antes del inicio del bloqueo.

También siguen su curso las demoliciones a lo largo y ancho de Cisjordania. El domingo, las fuerzas israelíes ordenaron al ayuntamiento de Jelet al Mayeh, una localidad situada al sur de Hebrón, que detuvieran la construcción de dos cisternas  que estaba siendo financiada por la Unión Europea. Como siempre, la excusa fue que carecían de permiso. Hoy, martes, las fuerzas de ocupación han demolido tres casas en la zona central del valle del Jordán, desplazando a las familias que vivían en ellas. Otras casas e instalaciones agrícolas han sido demolidas en el norte del valle del Jordán. En el norte de Yenín, el ejército israelí demolió varias estructuras comerciales. En el norte de Jerusalén, en la zona industrial de Kalandia, las fuerzas hebreas han demolido un edificio comercial de tres plantas.

En 2014, Israel destruyó alrededor de 590 casas palestinas en Cisjordania, causando el desplazamiento de 1.777 personas, según datos de la Oficina de Coordinación Humanitaria de la ONU. En enero de 2015, las casas demolidas fueron 77. Suma y sigue la limpieza étnica.”

Nada que agregar.

notas:
1) La pervivencia de formaciones sociales más espontáneas y menos diseñadas no por ello tienen que ser más benignas; piénsese, por ejemplo, en la persistencia del racismo, una visión del prójimo (no prójimo) que parece existir en todas las formaciones sociales.
2) El gran experimento, Cambridge University Press, Londres. En castellano, Editorial Letras, México, 1959, p. 84.
3)  Ibíd., p. 152.
4) White, angle, saxe, protestant. Que es la impronta originaria de EE.UU.
5) La identidad errante, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2013, p. 72.
6)  Cit. p. Atzmon, ob. cit., p. 150 (capítulo 6, versículos 10 a 12).
7) Ibíd.
8) Éxodo, cap. 23, vers. 23-33.
9) “No existe el pueblo palestino. Esto no es como si nosotros hubiéramos venido a ponerles en la puerta de la calle y apoderarnos de su país. Ellos no existen.” Sunday Times, 15 / 6 / l969 [dominical británico].
10) La comunidad judía en la Palestina antes de la llegada del sionismo.
11) Citado por su hijo Miko Peled, El hijo del general, Editorial Canaán, Bs. As., 2013.
12) Lo que los palestinos denominan la Nakba: arrebatarle viviendas, mobiliario y hasta las tazas de té a los expulsados, que tenían la “suerte” de haber sobrevivido: los expulsados fueron cientos de miles; los asesinados, miles.
13) Biblia, Éxodo, cap. 33.
14) Cit. p. Atzmon, ob. cit., p. 152 (Levítico, cap. 26, vers. 7 y 8).
15) Cit. p. Atzmon, ob. cit. (cap. 7, vers. 2).
16) Atzmon, ob. cit., p. 152.
17) http://blog.disenso.net/2015/08/hoy-11082015-me-ha-llamado-la-atencion

Publicado en Palestinos / israelíes

Un testigo pasa revista al temible y atroz asalto de Israel a la Franja de Gaza

Publicada el 03/08/2015 - 16/10/2015 por ulises

Por Luis E. Sabini Fernández /

Introducción a Shell-Shocked: On the Ground Under Israel’s Gaza Assault (Traumatizados por el bombardeo: en el lugar, durante el asalto de Israel a la Franja de Gaza). El libro que escribió Mohammed Omer, palestino, periodista y habitante, con su familia, en la Franja.

Ahora, un año después de la última guerra en Gaza, me encuentro a mí mismo reflexionando acerca de mi primer encuentro con Jalal Jundia. Fue durante el verano de 2014 cuando lo vi sentado encima de las ruinas de su hogar familiar, rodeado de polvo y escombros. Aunque procuraba permanecer calmo, me di cuenta que su rostro estaba surcado por líneas de sufrimiento. Como tantos en Gaza había perdido todo durante el asalto israelí, el más reciente de una serie de ataques que llegan con frecuencia predeterminable, cada 3 o 4 años. Jalal se preguntaba qué había sido de su esposa y seis hijos. ¿Adónde podría haber ido cuando se les destruyó el hogar por completo? ¿Estarían a salvo? Estaban atrapados en Gaza y no podían abandonar la franja. Todo lo que podían hacer era esperar a que los bombardeos terminen y rogar porque venga un tiempo en que los drones no ocupen màs el cielo. Tal vez para entonces habría suficiente paz como para que su familia pudiera reconstruir e intentar un retorno a alguna suerte de vida normal.

Un año después, Jalal sigue sin hogar. Su casa no ha sido reedificada y su familia sobrevive, apenas es sobreviviente. En cuanto a mí mismo, trato de permanecer optimista, lo cual no deja de ser una proeza en esta cáscara en ruinas que alguna vez fue un enclave costero hermoso y autosuficiente. Nuestra realidad depende enteramente de la determinación de Israel de desplazarnos de nuestros hogares para siempre. Despuès de la purga de 1947 y 1948, que fue una limpieza étnica de habitantes no judíos expulsados de los territorios que Israel ansiaba para sí y que no habían sido cedidos por la ONU, la Franja de Gaza se convirtió en un territorio seguro para decenas de miles que huían de las matanzas que las bandas del Irgun, del Stern y de Lehi llevaban a cabo. Eran organizaciones que se definían a sí mismas como terroristas, y fueron las antecesoras del ejército, la policía y los servicios secretos (Shin Bet) del Israel actual. Entretanto, nuestros mayores actuales, los hombres, mujeres y niños que huyeron antes de que llegaran las milicias sionistas, todavía conservan consigo las llaves de los hogares que les fueron arrebatados. Esas llaves representan una esperanza y una determinación. Tienen la esperanza de volver un día al hogar.

En las secuelas de este último ataque, la enorme mayoría de los niños de Gaza han quedado traumatizados. Continuamos viviendo bajo estado de sitio, limitados en cuanto a qué comprar, exportar, importar. No podemos ir a otros sitios y resulta muy difícil para la gente llegar a visitarnos. Escuchamos resignadamente como activistas de derechos humanos festejan el que ’nosotros los palestinos podemos resistir la agresión’, simplemente porque hemos sobrevivido hasta ahora. Esto puede ser cierto pero plantea la cuestión: ¿por què tendríamos que estar forzados a continuar soportando esta miseria? La Segunda Guerra Mundial duró seis años; el asalto del Tercer Reich y su limpieza étnica de aquellos que condenó como indeseables duró doce años. Nuestra opresión ha durado hasta ahora 67 años, haciendo de la ocupación israelí de Palestina uno de las más largas de la historia.
Cada minuto de cada día vivimos una realidad distorsionada, una catástrofe llevada a cabo por el hombre a efectos de proteger y guardar como reliquia una peculiar manifestación de racismo abierto que garantiza privilegios y vida únicamente sobre la base de religión y raza, que niega, precisamente, que existan. Su propósito es hacer insoportables las vidas de aquellos de nosotros que pertenecemos a la raza y/o a la religión no favorecida. El objetivo que tienen es forzarnos a que “voluntariamente” abandonemos nuestro propio país, los negocios, la familia, los hogares, nuestra cultura y nuestros ancestros. La herramienta para semejante persecución es sistémica e infecta todos los aspectos de la vida. Abarca desde impedirnos que reconstruyamos nuestras viviendas hasta agresiones militares, asesinato de gente marcada, encarcelamientos, dietas para hambrearnos, reforzadas por el sitio y toda una ristra de castigos que deshumanizan y nos despojan de nuestros derechos. Y, ciertamente, los obstáculos para poder movernos; los muros y los puestos de control, por la “seguridad”.

Y pese a todo eso, nosotros estamos todavía. Es verdad. En Gaza encontramos algunos recursos para ir sobreviviendo. Nuestras mujeres reciclan los desechos de los materiales que han convertido a nuestros hogares en macetas. Los estudiantes retornan a sus escuelas deshechas por los bombardeos, igualmente empeñados en terminar su educación. Los libros retorcidos y maltrechos son rehechos, a los lapiceros se los repone juntando partes no desechadas. En la noche, los estudiantes leen sus textos a la luz de velas. El corte tan frecuente de gas, agua y electricidad es otra de las realidades cotidianas en la Franja. Y así la vamos llevando, concentrándonos en lo más básico y embarrándonos con orgullosa determinación. Somos humanos, con sueños y pesadillas, tan fuertes y tan vulnerables como todos. Nos enorgullecemos de nuestra autosuficiencia y humildemente damos gracias a Dios por la ayuda de otros en tanto mantenemos la esperanza y rogamos por justicia.

Justicia que tiene que llegar. Cada vez que Jundia me ve me pregunta cuándo Occidente, que siempre está pontificando sobre democracia y existencialismo vinculado con los derechos humanos, va a actuar haciendo respetar sus ideales. ¿No escuchan acaso los ataques de Israel a la Franja de Gaza? Sus ojos buscan en mí un poco de esperanza. Sabe que yo he estado fuera de la Franja y que he hablado a menudo con gente influyente de Occidente. A menudo, me siento incapaz de encontrarme con su mirada de asombro. Soy consciente que los poderes occidentales se preocupan poco y nada de los sufrimientos humanos si acaecen en Gaza. Aquí, se siente fácilmente que los casi dos millones de habitantes de la Franja no existen. No puedo franquearle esta verdad tan perturbadora a Jundia. Màs bien, fortalezco su esperanza asegurándole que voy a continuar compartiendo este historia con el mundo. Le prometo que su voz se va a oír.

Como Jundia, soy un residente de Gaza y sufro a través de los ataques diarios, así como los ataques mayores que sobrevienen cada pocos años. Ésta ha sido mi experiencia de vida, primero como niño, luego como joven y ahora como padre y esposo; nací unos años antes de lo que resultó la primera intifada [1987]. Al día de hoy cuatro generaciones han vivido durante esta ocupación. La mayoría de nosotros en la Franja de Gaza no han conocido nada más. Ahora, el último ataque, el mayor, está un año atrás de nuestras vidas. Durante 51 días en el verano pasado, soportamos una devastación inexpresable. Con cada ataque emergíamos màs compactamente unidos, más resilientes y determinados. Estamos unidos por esta voluntad de sobrevivir y reconstruir nuestras vidas. Hay una esperanza de que tal vez este verano pasado fue el útimo ataque mayor; que nunca màs la población de Gaza tendrá que ser forzada a sucumbir con tanto sufrimiento. Esperanza, pero no mucha fe.

a Shell-Shocked: On the Ground Under Israel’s Gaza Assault (Traumatizados por el bombardeo: en el lugar, durante el asalto de Israel a la Franja de Gaza). El libro que escribió Mohammed Omer, palestino, periodista y habitante, con su familia, en la Franja.
Ahora, un año después de la última guerra en Gaza, me encuentro a mí mismo reflexionando acerca de mi primer encuentro con Jalal Jundia. Fue durante el verano de 2014 cuando lo vi sentado encima de las ruinas de su hogar familiar, rodeado de polvo y escombros. Aunque procuraba permanecer calmo, me di cuenta que su rostro estaba surcado por líneas de sufrimiento. Como tantos en Gaza había perdido todo durante el asalto israelí, el más reciente de una serie de ataques que llegan con frecuencia predeterminable, cada 3 o 4 años. Jalal se preguntaba qué había sido de su esposa y seis hijos. ¿Adónde podría haber ido cuando se les destruyó el hogar por completo? ¿Estarían a salvo? Estaban atrapados en Gaza y no podían abandonar la franja. Todo lo que podían hacer era esperar a que los bombardeos terminen y rogar porque venga un tiempo en que los drones no ocupen màs el cielo. Tal vez para entonces habría suficiente paz como para que su familia pudiera reconstruir e intentar un retorno a alguna suerte de vida normal.

Un año después, Jalal sigue sin hogar. Su casa no ha sido reedificada y su familia sobrevive, apenas es sobreviviente. En cuanto a mí mismo, trato de permanecer optimista, lo cual no deja de ser una proeza en esta cáscara en ruinas que alguna vez fue un enclave costero hermoso y autosuficiente. Nuestra realidad depende enteramente de la determinación de Israel de desplazarnos de nuestros hogares para siempre. Despuès de la purga de 1947 y 1948, que fue una limpieza étnica de habitantes no judíos expulsados de los territorios que Israel ansiaba para sí y que no habían sido cedidos por la ONU, la Franja de Gaza se convirtió en un territorio seguro para decenas de miles que huían de las matanzas que las bandas del Irgun, del Stern y de Lehi llevaban a cabo. Eran organizaciones que se definían a sí mismas como terroristas, y fueron las antecesoras del ejército, la policía y los servicios secretos (Shin Bet) del Israel actual. Entretanto, nuestros mayores actuales, los hombres, mujeres y niños que huyeron antes de que llegaran las milicias sionistas, todavía conservan consigo las llaves de los hogares que les fueron arrebatados. Esas llaves representan una esperanza y una determinación. Tienen la esperanza de volver un día al hogar.

En las secuelas de este último ataque, la enorme mayoría de los niños de Gaza han quedado traumatizados. Continuamos viviendo bajo estado de sitio, limitados en cuanto a qué comprar, exportar, importar. No podemos ir a otros sitios y resulta muy difícil para la gente llegar a visitarnos. Escuchamos resignadamente como activistas de derechos humanos festejan el que ’nosotros los palestinos podemos resistir la agresión’, simplemente porque hemos sobrevivido hasta ahora. Esto puede ser cierto pero plantea la cuestión: ¿por què tendríamos que estar forzados a continuar soportando esta miseria? La Segunda Guerra Mundial duró seis años; el asalto del Tercer Reich y su limpieza étnica de aquellos que condenó como indeseables duró doce años. Nuestra opresión ha durado hasta ahora 67 años, haciendo de la ocupación israelí de Palestina uno de las más largas de la historia.

Cada minuto de cada día vivimos una realidad distorsionada, una catástrofe llevada a cabo por el hombre a efectos de proteger y guardar como reliquia una peculiar manifestación de racismo abierto que garantiza privilegios y vida únicamente sobre la base de religión y raza, que niega, precisamente, que existan. Su propósito es hacer insoportables las vidas de aquellos de nosotros que pertenecemos a la raza y/o a la religión no favorecida. El objetivo que tienen es forzarnos a que “voluntariamente” abandonemos nuestro propio país, los negocios, la familia, los hogares, nuestra cultura y nuestros ancestros. La herramienta para semejante persecución es sistémica e infecta todos los aspectos de la vida. Abarca desde impedirnos que reconstruyamos nuestras viviendas hasta agresiones militares, asesinato de gente marcada, encarcelamientos, dietas para hambrearnos, reforzadas por el sitio y toda una ristra de castigos que deshumanizan y nos despojan de nuestros derechos. Y, ciertamente, los obstáculos para poder movernos; los muros y los puestos de control, por la “seguridad”.

Y pese a todo eso, nosotros estamos todavía. Es verdad. En Gaza encontramos algunos recursos para ir sobreviviendo. Nuestras mujeres reciclan los desechos de los materiales que han convertido a nuestros hogares en macetas. Los estudiantes retornan a sus escuelas deshechas por los bombardeos, igualmente empeñados en terminar su educación. Los libros retorcidos y maltrechos son rehechos, a los lapiceros se los repone juntando partes no desechadas. En la noche, los estudiantes leen sus textos a la luz de velas. El corte tan frecuente de gas, agua y electricidad es otra de las realidades cotidianas en la Franja. Y así la vamos llevando, concentrándonos en lo más básico y embarrándonos con orgullosa determinación. Somos humanos, con sueños y pesadillas, tan fuertes y tan vulnerables como todos. Nos enorgullecemos de nuestra autosuficiencia y humildemente damos gracias a Dios por la ayuda de otros en tanto mantenemos la esperanza y rogamos por justicia.

Justicia que tiene que llegar. Cada vez que Jundia me ve me pregunta cuándo Occidente, que siempre está pontificando sobre democracia y existencialismo vinculado con los derechos humanos, va a actuar haciendo respetar sus ideales. ¿No escuchan acaso los ataques de Israel a la Franja de Gaza? Sus ojos buscan en mí un poco de esperanza. Sabe que yo he estado fuera de la Franja y que he hablado a menudo con gente influyente de Occidente. A menudo, me siento incapaz de encontrarme con su mirada de asombro. Soy consciente que los poderes occidentales se preocupan poco y nada de los sufrimientos humanos si acaecen en Gaza. Aquí, se siente fácilmente que los casi dos millones de habitantes de la Franja no existen. No puedo franquearle esta verdad tan perturbadora a Jundia. Màs bien, fortalezco su esperanza asegurándole que voy a continuar compartiendo este historia con el mundo. Le prometo que su voz se va a oír.

Como Jundia, soy un residente de Gaza y sufro a través de los ataques diarios, así como los ataques mayores que sobrevienen cada pocos años. Ésta ha sido mi experiencia de vida, primero como niño, luego como joven y ahora como padre y esposo; nací unos años antes de lo que resultó la primera intifada [1987]. Al día de hoy cuatro generaciones han vivido durante esta ocupación. La mayoría de nosotros en la Franja de Gaza no han conocido nada más. Ahora, el último ataque, el mayor, está un año atrás de nuestras vidas. Durante 51 días en el verano pasado, soportamos una devastación inexpresable. Con cada ataque emergíamos màs compactamente unidos, más resilientes y determinados. Estamos unidos por esta voluntad de sobrevivir y reconstruir nuestras vidas. Hay una esperanza de que tal vez este verano pasado fue el último ataque mayor; que nunca màs la población de Gaza tendrá que ser forzada a sucumbir con tanto sufrimiento. Esperanza, pero no mucha fe.

Publicado en Palestinos / israelíes

«Lo que nos da ‘El sionismo en el tiempo presente’ de Gadi Algazi y lo que nos falta

Publicada el 02/08/2015 - 02/08/2015 por ulises

Por Luis E. Sabini Fernández.

El artículo de Gadi Algazi «El sionismo en el presente» (Zionism in the Present Tense) analiza el sionismo tal cual es, es decir descartando cualquier abordaje ideológico o doctrinario concentrándose, como declara su autor, en «las formas que utiliza las estructuras de poder existentes».

El autor tiene además la honestidad intelectual de encarar un período posterior a 1967 y otro anterior.
Y nos demuestra como la ideología sionista, en manos de un sacerdocio laico (e innombrable, o en todo caso recubierto de fraseología «socialista» o puramente sionista) ha ido creando una oscura trama de poder, inalcanzable para toda institucionalidad democrática.

Nos revela así que el Estado de Israel es hoy una plutocracia carente de controles democráticos, donde los que toman decisiones −sobre la política agraria y urbana, por ejemplo (y nada menos)−, van «eludiendo la responsabilidad de la participación política y democrática», tejiendo una «alianza informal estrecha entre funcionarios oficiales estatales y las organizaciones sionistas, una alianza que mina el control democrático». Eso le permita a organizaciones como la Organización Sionista Mundial, la Agencia Judía y el Keren Kayemet (Fondo Nacional Judío) «renunciar a la responsabilidad para externalizar los costos y mantener la discriminación [contra palestinos en primer lugar, pero también, con menos contundencia, contra mizrajis y falashas] oculta.»

Con este abordaje, Algazi no toma siquiera en consideración el presunto valor de la Kneset y su cuerpo de leyes y nos revela en cambio la escasísima democraticidad del Estado de Israel, que se autodistingue proclamando ser, precisamente “lo democrático” de la región. Quienes entendemos que el engendro sionista ha devenido un verdadero y temible monstruo ético, político, ideológico, podríamos agradecer el trabajo de Algazi.

Ocurre sin embargo, que algunos de sus enfoques carecen, a mi modo de ver, de suficiente claridad o tal vez pagan tributo a cierta benevolencia con el hecho israelí, que afortunadamente no es propia de muchos judíos que han tomado radical distancia del experimento sionista (pienso en historiadores desenmascaradores como Ilan Pappé o Israel Shahak, en los Neturei Carta, en otros religiosos judíos como Yeshayahu Leibovitz o Jakov Rabkin y tantos, tantos otros).

Algazi nos dice, por ejemplo, luego de desentrañar esos mecanismos de poder ocultos que han pergeñado el invento sionista, que “para lograr la reconciliación histórica con el pueblo palestino, la colonización debe parar, tanto en los territorios ocupados como dentro de Israel.” Y continúa: “Las instituciones que la motorizan [a la colonización], como la Agencia Judía, la OSM y el KKL [Fondo Nacional Judío, que a veces en hebreo se denomina con una tercera palabra; Keren Kayemet Leisrael], deben irse.“

Algazi remata su análisis impugnando la lógica de las redes sionistas adosadas al estado israelí que bloquean toda democraticidad, proponiendo en cambio “alianzas sociales que estén por encima de divisiones étnicas, alianzas que ofrezcan a los palestinos plena igualdad”.

Tal vez este camino habría sido el apropiado cuando el sionismo, en las primeras décadas del s XX, aunque no se conformaba con un hogar judío dentro de un estado ajeno, aceptaba una convivencia de facto, y luchaba por implantarse. Pero hoy en día, el estado sionista no sólo asesina, sigue asesinando, a miles de palestinos, los machaca a diario mediante un régimen de doble vara todavía más opresivo que el del apartheid como lo han advertido algunos sudafricanos; lleva adelante desde hace décadas una cerebral política de humillación, maltrato, abuso, un etnocidio en suma.

Baste algún ejemplo de este ya longevo tratamiento con doble rasero: el agua está racionada a razón de 300 litros por israelí y 70 o 40 litros por palestino, según las regiones. El resultado es que, como lo han denunciado entre incrédulos e indignados varios periodistas como Genaro Carotenuto, los israelíes disponen de piscinas en el desierto o lavan sus autos con generosidad, en tanto los palestinos tienen un racionamiento extremo, con algunas “vueltas de tuerca”, como que les llega contaminada (porque los ataques sionistas tienen entre sus primeros objetivos, arruinar las instancias de potabilización). Prohíben a la población nativa hasta recoger el agua de lluvia (los militares rompen las piletas que algún vecino construya), pero además, mientras el estado destruye depósitos para lluvia (las muy ocasionales lluvias de un clima reseco), los colonos perforan a balazos los ocasionales depósitos del vital y escaso elemento cerrando el círculo infernal con envidiable espontaneidad [foto]. No conformes con ello, en el sur desde tierras próximas a Bersheva o Qiriat Gat se “organizan” los efluentes de sus poblaciones para que fluyan hacia la Franja de Gaza; los palestinos tienen que encargarse de derivar esos efluentes hacia el Mediterráneo luego de ver cómo se contaminan sus escasas tierras.

Con tanto vejamen, con tanto abuso, con tanto deterioro de la vida cotidiana de la población palestina; lo que le insume a un israelí 20 minutos de traslado, le lleva a un palestino 4, 5 o 6 horas pasando por quebradísimas calles en pésimo estado, plagada de puestos militares de control.

Acosados a diario y baleados o bombardeados con pavorosa frecuencia (2000, 2006, 2009, 2012, 2014…), ¿cómo podemos imaginar que los palestinos sobrevivientes estarán encantados de encarar una relación en “plena igualdad” con los judíos, como postula Algazi?

Lo que necesitamos ahora es que judíos se decidan a parar, con todo el peso de la ley, esa política racista, supremacista. Que se visualicen delitos y que se empiece a juzgar a torturadores, cerebrales o físicos. Porque es un delito matar jugando al blanco con natives pero también es un delito desgajar àrboles (frutales, olivos), despojar a familias de su vivienda y adueñarse de ella, dejando a los desalojados en la calle, a pocos metros; es un delito la política del agua de la hicimos una sucinta presentaciòn.

Las propuestas de Algazi son, ante la tragedia edificada por el sionismo (con las mejores intenciones, claro), totalmente insuficientes. Como si Algazi, aun lúcido desnudando la trama del poder oculto sionista, no advirtiera la profundidad del daño moral y material que ese sionismo ha hecho colonizando Palestina.
Han hecho demasiado daño para poder recuperar la sonrisa y el diálogo. El sionismo ha creado, demasiados “hechos consumados” (una política de la que varios dirigentes del estado sionista −a cual más halcón− se han vanagloriado).

Sus atrocidades no cuestionan ni remiten al último abuso, sino, como dice el mismo Algazi, se remontan al hecho colonial. Con lo cual, nuestro autor llega en 2015 a lo que Maxime Rodinson −francés, judío, comunista− había llegado en la década de los ‘60 : que la empresa sionista era colonialista. Algo que desesperó a sionistas que se sintieron “traicionados” por un judío cuando tanta progresía los apoyaba y que fue claramente entendido por árabes. El planteo de Rodinson despejó la cuestión respecto de si se trataba de una lucha religiosa o racial, como se había pretendido hasta entonces, tantas veces…

Por cierto que aquí nos encontramos con una dificultad mayor. El colonialismo ha sido la llave de implantación de muchos de los principales estados contemporáneos. Todos los países americanos, del norte y del sur, provienen del despojo, y a menudo del genocidio de las poblaciones aborígenes. Atrocidades del mismo carácter aunque no necesariamente del mismo orden, se han procesado en África o en Asia (en esos continentes las poblaciones autóctonas, en la mayor parte de los casos, mantuvieron, mal que bien, la representación política).

Los judíos sionistas no han hecho, para apropiarse de la tierra cananea sino planes similares al establecimiento (settlement) que a los británicos, por ejemplo, les permitiera hacer su nueva Inglaterra en América o su nueva Gales del Sur en Australia o su Sudán Anglo-Egipcio en África…

¿Por qué no podría el sionismo llevar a cabo similar establecimiento? (lo han hecho, sólo que la crítica a tal empresa ha sido y es muy fuerte, y está hoy muy presente…). Porque hay por los menos dos diferencias sustanciales entre la colonización sionista y la expansión europea. Una puramente temporal o cronológica, la otra tiene que ver con lo que llamaríamos filosóficamente una cuestión de universalidad virtual.

1. El ensanche europeo se fue llevando a cabo, destrozando culturas y cuerpos aborígenes, entre los siglos XV y fines del XIX. Hasta entonces, se repartían territorios y seres humanos como si fueran objetos o animales. En Argentina, por ejemplo, en 1879 se consuma “la conquista del desierto” que es el sometimiento de nativos al orden de la nación de origen europeo, bajo la forma de la servidumbre, el trabajo forzado y la muerte. Ni en la designación del operativo militar aparece un nombre, un calificativo humano para tales poblaciones.
2. El sionismo encara su empresa colonizadora [settlement] sin agregar el rasgo redentor que solía exhibir la colonización europea apelando a la “cristianización”. Se trata de un rasgo, que al menos invoca una universalidad que no cabe con el judaísmo sionista (aun cuando en el pasado haya habido, ciertamente un judaísmo proselitista). Para asentarse en Palestina, “la tierra de Israel”, el sionismo necesitaba judíos y solo judíos.

Un requisito que ab ovo echa por la borda toda convivencia. Por eso es que, con el tiempo, el mal llamado apartheid en Palestina-Israel es, como dijimos, peor, que el implantado en Sudáfrica: aquí se quería el apartheid porque se contaba con la población aborigen. Claro que como sirvienta, como subalterna, como mano de obra. Pero como algo. Los racistas blancos que se impusieron en Sudáfrica, no soñaban con un país blanco sino con dos países; uno blanco, encima y otro negro, debajo.

El sueño sionista es otro. El ejemplo de la central sindical fundada en Palestina en la década del ’20 es ilustrativo: sólo admite la afiliación de obreros judíos. Cuando en esos comienzos, antes del destrozo sistemático y generalizado de la sociedad palestina, existía un proletariado palestino, a menudo tan apto como el judío (o más), la Histadrut percibió que muchos patEl artículo de Gadi Algazi «El sionismo en el presente» (Zionism in the Present Tense) analiza el sionismo tal cual es, es decir descartando cualquier abordaje ideológico o doctrinario concentrándose, como declara su autor, en «las formas que utiliza las estructuras de poder existentes»

El autor tiene además la honestidad intelectual de encarar un período posterior a 1967 y otro anterior.
Y nos demuestra como la ideología sionista, en manos de un sacerdocio laico (e innombrable, o en todo caso recubierto de fraseología «socialista» o puramente sionista) ha ido creando una oscura trama de poder, inalcanzable para toda institucionalidad democrática.

Nos revela así que el Estado de Israel es hoy una plutocracia carente de controles democráticos, donde los que toman decisiones −sobre la política agraria y urbana, por ejemplo (y nada menos)−, van «eludiendo la responsabilidad de la participación política y democrática», tejiendo una «alianza informal estrecha entre funcionarios oficiales estatales y las organizaciones sionistas, una alianza que mina el control democrático». Eso le permita a organizaciones como la Organización Sionista Mundial, la Agencia Judía y el Keren Kayemet (Fondo Nacional Judío) «renunciar a la responsabilidad para externalizar los costos y mantener la discriminación [contra palestinos en primer lugar, pero también, con menos contundencia, contra mizrajis y falashas] oculta.»

Con este abordaje, Algazi no toma siquiera en consideración el presunto valor de la Kneset y su cuerpo de leyes y nos revela en cambio la escasísima democraticidad del Estado de Israel, que se autodistingue proclamando ser, precisamente “lo democrático” de la región. Quienes entendemos que el engendro sionista ha devenido un verdadero y temible monstruo ético, político, ideológico, podríamos agradecer el trabajo de Algazi.

Ocurre sin embargo, que algunos de sus enfoques carecen, a mi modo de ver, de suficiente claridad o tal vez pagan tributo a cierta benevolencia con el hecho israelí, que afortunadamente no es propia de muchos judíos que han tomado radical distancia del experimento sionista (pienso en historiadores desenmascaradores como Ilan Pappé o Israel Shahak, en los Neturei Carta, en otros religiosos judíos como Yeshayahu Leibovitz o Jakov Rabkin y tantos, tantos otros).

Algazi nos dice, por ejemplo, luego de desentrañar esos mecanismos de poder ocultos que han pergeñado el invento sionista, que “para lograr la reconciliación histórica con el pueblo palestino, la colonización debe parar, tanto en los territorios ocupados como dentro de Israel.” Y continúa: “Las instituciones que la motorizan [a la colonización], como la Agencia Judía, la OSM y el KKL [Fondo Nacional Judío, que a veces en hebreo se denomina con una tercera palabra; Keren Kayemet Leisrael], deben irse.“

Algazi remata su análisis impugnando la lógica de las redes sionistas adosadas al estado israelí que bloquean toda democraticidad, proponiendo en cambio “alianzas sociales que estén por encima de divisiones étnicas, alianzas que ofrezcan a los palestinos plena igualdad”.

Tal vez este camino habría sido el apropiado cuando el sionismo, en las primeras décadas del s XX, aunque no se conformaba con un hogar judío dentro de un estado ajeno, aceptaba una convivencia de facto, y luchaba por implantarse. Pero hoy en día, el estado sionista no sólo asesina, sigue asesinando, a miles de palestinos, los machaca a diario mediante un régimen de doble vara todavía más opresivo que el del apartheid como lo han advertido algunos sudafricanos; lleva adelante desde hace décadas una cerebral política de humillación, maltrato, abuso, un etnocidio en suma.

Baste algún ejemplo de este ya longevo tratamiento con doble rasero: el agua está racionada a razón de 300 litros por israelí y 70 o 40 litros por palestino, según las regiones. El resultado es que, como lo han denunciado entre incrédulos e indignados varios periodistas como Genaro Carotenuto, los israelíes disponen de piscinas en el desierto o lavan sus autos con generosidad, en tanto los palestinos tienen un racionamiento extremo, con algunas “vueltas de tuerca”, como que les llega contaminada (porque los ataques sionistas tienen entre sus primeros objetivos, arruinar las instancias de potabilización). Prohíben a la población nativa hasta recoger el agua de lluvia (los militares rompen las piletas que algún vecino construya), pero además, mientras el estado destruye depósitos para lluvia (las muy ocasionales lluvias de un clima reseco), los colonos perforan a balazos los ocasionales depósitos del vital y escaso elemento cerrando el círculo infernal con envidiable espontaneidad [foto]. No conformes con ello, en el sur desde tierras próximas a Bersheva o Qiriat Gat se “organizan” los efluentes de sus poblaciones para que fluyan hacia la Franja de Gaza; los palestinos tienen que encargarse de derivar esos efluentes hacia el Mediterráneo luego de ver cómo se contaminan sus escasas tierras.

Con tanto vejamen, con tanto abuso, con tanto deterioro de la vida cotidiana de la población palestina; lo que le insume a un israelí 20 minutos de traslado, le lleva a un palestino 4, 5 o 6 horas pasando por quebradísimas calles en pésimo estado, plagada de puestos militares de control.

Acosados a diario y baleados o bombardeados con pavorosa frecuencia (2000, 2006, 2009, 2012, 2014…), ¿cómo podemos imaginar que los palestinos sobrevivientes estarán encantados de encarar una relación en “plena igualdad” con los judíos, como postula Algazi?

Lo que necesitamos ahora es que judíos se decidan a parar, con todo el peso de la ley, esa política racista, supremacista. Que se visualicen delitos y que se empiece a juzgar a torturadores, cerebrales o físicos. Porque es un delito matar jugando al blanco con natives pero también es un delito desgajar àrboles (frutales, olivos), despojar a familias de su vivienda y adueñarse de ella, dejando a los desalojados en la calle, a pocos metros; es un delito la política del agua de la hicimos una sucinta presentaciòn.

Las propuestas de Algazi son, ante la tragedia edificada por el sionismo (con las mejores intenciones, claro), totalmente insuficientes. Como si Algazi, aun lúcido desnudando la trama del poder oculto sionista, no advirtiera la profundidad del daño moral y material que ese sionismo ha hecho colonizando Palestina.
Han hecho demasiado daño para poder recuperar la sonrisa y el diálogo. El sionismo ha creado, demasiados “hechos consumados” (una política de la que varios dirigentes del estado sionista −a cual más halcón− se han vanagloriado).

Sus atrocidades no cuestionan ni remiten al último abuso, sino, como dice el mismo Algazi, se remontan al hecho colonial. Con lo cual, nuestro autor llega en 2015 a lo que Maxime Rodinson −francés, judío, comunista− había llegado en la década de los ‘60 : que la empresa sionista era colonialista. Algo que desesperó a sionistas que se sintieron “traicionados” por un judío cuando tanta progresía los apoyaba y que fue claramente entendido por árabes. El planteo de Rodinson despejó la cuestión respecto de si se trataba de una lucha religiosa o racial, como se había pretendido hasta entonces, tantas veces…

Por cierto que aquí nos encontramos con una dificultad mayor. El colonialismo ha sido la llave de implantación de muchos de los principales estados contemporáneos. Todos los países americanos, del norte y del sur, provienen del despojo, y a menudo del genocidio de las poblaciones aborígenes. Atrocidades del mismo carácter aunque no necesariamente del mismo orden, se han procesado en África o en Asia (en esos continentes las poblaciones autóctonas, en la mayor parte de los casos, mantuvieron, mal que bien, la representación política).

Los judíos sionistas no han hecho, para apropiarse de la tierra cananea sino planes similares al establecimiento (settlement) que a los británicos, por ejemplo, les permitiera hacer su nueva Inglaterra en América o su nueva Gales del Sur en Australia o su Sudán Anglo-Egipcio en África…
¿Por qué no podría el sionismo llevar a cabo similar establecimiento? (lo han hecho, sólo que la crítica a tal empresa ha sido y es muy fuerte, y está hoy muy presente…). Porque hay por los menos dos diferencias sustanciales entre la colonización sionista y la expansión europea. Una puramente temporal o cronológica, la otra tiene que ver con lo que llamaríamos filosóficamente una cuestión de universalidad virtual.

1. El ensanche europeo se fue llevando a cabo, destrozando culturas y cuerpos aborígenes, entre los siglos XV y fines del XIX. Hasta entonces, se repartían territorios y seres humanos como si fueran objetos o animales. En Argentina, por ejemplo, en 1879 se consuma “la conquista del desierto” que es el sometimiento de nativos al orden de la nación de origen europeo, bajo la forma de la servidumbre, el trabajo forzado y la muerte. Ni en la designación del operativo militar aparece un nombre, un calificativo humano para tales poblaciones.
2. El sionismo encara su empresa colonizadora [settlement] sin agregar el rasgo redentor que solía exhibir la colonización europea apelando a la “cristianización”. Se trata de un rasgo, que al menos invoca una universalidad que no cabe con el judaísmo sionista (aun cuando en el pasado haya habido, ciertamente un judaísmo proselitista). Para asentarse en Palestina, “la tierra de Israel”, el sionismo necesitaba judíos y solo judíos.

Un requisito que ab ovo echa por la borda toda convivencia. Por eso es que, con el tiempo, el mal llamado apartheid en Palestina-Israel es, como dijimos, peor, que el implantado en Sudáfrica: aquí se quería el apartheid porque se contaba con la población aborigen. Claro que como sirvienta, como subalterna, como mano de obra. Pero como algo. Los racistas blancos que se impusieron en Sudáfrica, no soñaban con un país blanco sino con dos países; uno blanco, encima y otro negro, debajo.

El sueño sionista es otro. El ejemplo de la central sindical fundada en Palestina en la década del ’20 es ilustrativo: sólo admite la afiliación de obreros judíos. Cuando en esos comienzos, antes del destrozo sistemático y generalizado de la sociedad palestina, existía un proletariado palestino, a menudo tan apto como el judío (o más), la Histadrut percibió que muchos patrones judíos preferían asalariados palestinos. Seguían las leyes del capital y la ganancia, no las ideológicas; al obrero árabe-palestino se le pagaba hasta un tercio del pago legal (a judíos). La Histadrut encontró “la solución”: el tomador de trabajo, el capitalista, tenía que pagarles a todos el salario legal; sólo que el obrero judío lo recibía en la mano, al palestino la diferencia (a veces, dos tercios) le era retenido por el patrón y vertido a la Histadrut, directamente. En la Histadrut los árabes no tenían cabida, pero buena parte de la “obra social”, deportiva, de salud de la central sindical para sus afiliados judíos se edificó con esos fondos “palestinos”… Toda una alegoría de la relación forjada por el sionismo con los natives.

Patrones judíos preferían asalariados palestinos. Seguían las leyes del capital y la ganancia, no las ideológicas; al obrero árabe-palestino se le pagaba hasta un tercio del pago legal (a judíos). La Histadrut encontró “la solución”: el tomador de trabajo, el capitalista, tenía que pagarles a todos el salario legal; sólo que el obrero judío lo recibía en la mano, al palestino la diferencia (a veces, dos tercios) le era retenido por el patrón y vertido a la Histadrut, directamente. En la Histadrut los árabes no tenían cabida, pero buena parte de la “obra social”, deportiva, de salud de la central sindical para sus afiliados judíos se edificó con esos fondos “palestinos”… Toda una alegoría de la relación forjada por el sionismo con los natives.

Publicado en Palestinos / israelíes

EE.UU.: ¿estado vasallo de Israel?

Publicada el 26/02/2015 - 26/02/2015 por raas

Por Luis E. Sabini Fernández.

El poderío del Estado de Israel parece algo cierto y en franco proceso de expansión.

Como nunca antes, se ha permitido arrasar una vez más con la Franja de Gaza, dejando el tendal de miles de muertos y permitiéndose bloquear todo proyecto de restauración de los miles de hogares destruidos, de la infraestructura deshecha, habitacional, educacional, sanitaria, convirtiendo a la Franja de Gaza y a sus habitantes en testimonio forzoso de un poder absolutamente discrecional, puesto que la presunta guerra entre Palestina e Israel no es sino la coartada de un abuso permanente de un poder colonizador sobre una población civil, como fue por ejemplo, el arrebato de las tierra a los “pieles rojas” por parte de EE.UU. o el de las tierras maoríes para convertirlas en neozelandesas…

El arrasamiento de la FdG no ha sido sólo mediante asesinatos más o menos indiscriminados (centenares de niños muertos durante “la invasión” por tierra y aire) y la destrucción sistemática de la infraestructura muy golpeada y estrangulada; Israel ha bombardeado y anulado el aeropuerto de la FdG, en su momento financiado y construido con fondos españoles y lo mismo ha hecho con sus instalaciones portuarias. El EdI tiene como política que sus efluentes industriales o civiles  provenientes de territorios “en la espalda” de la FdG pasen por ella antes de llegar al mar, es decir regando sistemáticamente con detritus ese castigado territorio.

La regimentación impuesta a la población, sitiada, de la FdG regula hasta su consumo de agua (de pésima calidad puesto que Israel ha bombardeado e inutilizado sistemáticamente las plantas potabilizadoras) al punto que los soldados en sus “inspecciones” destruyen todo depósito de agua casero que procure acumular la escasa agua de lluvia… todo es un abuso sistemático y atroz (los israelíes, por ejemplo, gozan de un alto consumo de agua per capita…)

Tal vez la impunidad lograda por el EdI para “manejar” la cuestión palestina  sea apenas un reflejo de otros poderes que ha desplegado.

Las relaciones entre EE.UU. y el EdI nos obligan a plantear al concepto señalado en el título. Ya era proverbial el planteo de Ariel Sharon tranquilizando siempre a sus cofrades asegurándoles que Israel tenía a EE.UU. en el bolsillo (véase por ejemplo: “El Lobby israelí y la política exterior estadounidense”,  John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt, Quibla, 07-04-2006).

La línea de acción de Netanyahu sigue ese mismo curso. Para afirmar su candidatura a seguir ejerciendo la jefatura del estado sionista, Netanyahu y sus asesores  han dispuesto “enriquecer” su campaña con una presentación en el Congreso de EE.UU. (cómodamente controlado, a través de la AIPAC, su lobby y sus fondos, en una proporción del 75%; consideran tener “de su lado” a unos 300 de los 435 representantes de la institución estadounidense).

Para poner en evidencia el disgusto israelí, sionista, con ciertos planteos de Kerry y Obama, como por ejemplo, el reconocimiento de algunos derechos casi miserables para los palestinos que al estado sionista siempre le parecen excesivos, Netanyahu ha dispuesto un discurso suyo en “la Casa”  (de los representantes estadounidenses) el próximo 3 marzo, sin pasar siquiera por algún tipo de coordinación con la presidencia de EE.UU.

La reacción de EE.UU.

Semejante desaire se ha hecho difícil de tragar y Obama ha pedido que Netanyahu postergue su visita a EE.UU. para después de las elecciones israelíes. Les resulta chocante que Netanyahu use su discurso legislativo en EE.UU. dentro de su campaña electoral… Observe el lector la delicadeza de la reacción: un ruego para que postergue su discurso.

Prendiendo un ventilador

En este contexto, entiendo hay que situar otras reacciones desde EE.UU., como por ejemplo que haya visto la luz pública la ayuda, totalmente ilegal, violando sus propios códigos de comportamiento, de EE.UU. a que Israel lograra la bomba H. Curiosamente se “desclasifica”, es decir se le quita carácter reservado, a un acuerdo de 1987 “que eludía los estándares internacionales” (RT, 16/2/2015). Documento desclasificado a menos de 30 años, lo cual es significativo (no hay plazos fijos para que los documentos secretos de otrora pasen al dominio público, pero 30 años suele ser un período habitual, aunque en España, por ejemplo, posfranquista, rige el plazo mínimo de 50 años y la necesidad de una concesión especial para cada caso…).

El documento desclasificado en este caso revela la complicidad sostenida de las autoridades estadounidenses con el estado sionista, que violaron las enmiendas de su propio país que prohibían y prohíben expresamente ayudar a cualquier país “que trafique con equipamiento de enriquecimiento nuclear o tecnología fuera de las salvaguardas internacionales” o que “importen tecnología de reprocesamiento nuclear” (ibíd.).

Un comentario de Roger Mattson, exmiembro de la Comisión de Energía Atómica de EEUU fue: “Estoy impresionado por el grado de cooperación entre Israel y EE.UU. en artefactos especializados para la guerra.”

El “acuerdo” establecido en 1987 prohibía a los empleados y contratistas vinculados con él que revelaran el programa nuclear israelí, bajo pena de encarcelamiento.

El pedido de desclasificación provenía del 2012 (a solicitud del director del Washington Institute for Research: Middle Eastern Policy, Grant Smith), pero resultó concretado en esta significativa coyuntura de enfriamiento entre EE.UU. y el EdI (RT, 16/2/2015).

La reacción desde la misma Casa de los Representantes

Es una reacción llamativa, aunque a la vez revela la debilidad estadounidense ante las arremetidas israelíes: el 20 de febrero de 2015, una treintena de diputados federales, demócratas, de EE.UU. con el representante Keith Ellison (afro) como vocero públicamente condenaron el discurso de Netanyahu programado para el 3 de marzo en el Congreso de EE.UU. Estos parlamentarios enviaron una carta de protesta a John Boehner, el actual presidente republicano de la cámara que está a punto de recibir a Netanyahu, pidiéndole la postergación de dicha alocución.

Al mismo tiempo se ha ido formando una lista de legisladores que han anunciado su boicot al discurso de Netanyahu.

Robert Naiman ha publicado un artículo, “Profiles in Courage”, analizando este conflicto y enlistando a los rebeldes. Naiman registra que CNN comentó que dos terceras partes de la población no aceptan que Netanyahu hable dándole la espalda a la presidencia del país.

¿Qué significa que Netanyahu haga tan ostensible lobby contra Obama? No es, según el canciller israelí Tzachi Hanegbi ─siguiendo a Naiman─ “para presionar a los senadores republicanos. Ya los tiene comiendo de su mano, excepto Rand Paul y Jeff Flake. Para alcanzar los dos tercios Netanyahu necesita presionar a demócratas. […]. Los senadores demócratas con que cuenta Netanyahu deben ser los “10 de Menendez”, una suerte de bloque legislativo enfrentado con el presidente de su propio partido.

A su vez, sostienen fuentes sionistas, Netanyahu podría ser usado como ariete de los parlamentarios disconformes con Obama para hacerle morder el polvo. Como se ve, se podría tratar de un uso “recíproco” de favores…

Sagrada Alianza EE.UU.-EdI

Michael Eisenstadt and David Pollock, del Washington Institute for Near East Policy, (Instituto de Washington para la política en el Cercano Oriente; como el nombre lo revela, se trata de una organización sionista para procesar lo que el EdI necesita en EE.UU.)1 explicitan los motivos de coincidencia entre EE.UU. y EdI.: “La relación entre EE.UU. e Israel se ha definido tradicionalmente en términos de obligación moral, valores culturales y políticos comunes e intereses estratégicos comunes.” Observe el lector con qué sagacidad estos think tanks sionistas ponen para el piadoso y moralista EE.UU. lo de la obligación moral (incondicional) en primer término. Y luego lo de valores comunes (como si no hubiera tales entre EE.UU. y Francia o Noruega, o Inglaterra o incluso, Brasil o Japón…). Al final de la frase aparece ─diría Prévert─ el nervio de la guerra…

Eisentadt y Pollock comentan sin el menor sonrojo que con el tiempo ambas potencias han dejado de hacer públicas sus negociaciones, con lo cual la relación democrática, al menos postulada al principio, se ha extraviado completamente.

Lo que también se ha “extraviado” en el discurrir  de estos think tanks es la inmensa inyección cotidiana y permanente de dinero de EE.UU. a Israel, desde hace ya décadas, ininterrumpidamente, valuada en un promedio de 8,5 millones de dólares diarios (J. Mearsheimer y S. Walt, “El lobby judío en EE.UU., <www.tsunamipolitico.com/lobby708.htm>).

Sobre este aspecto, James Petras escribió, hace años, un texto con sugerente título: ¿Quién financia al estado de Israel? (7 de mayo del 2002)

Con el sucinto recorrido por las reacciones desde EE.UU. ante el 3 de marzo más la explicitación de la alianza al gusto del Washington Institute for Near East Policy hemos procurado visualizar la trenza de intereses entre las élites yanquis y las israelíes, advirtiendo que si hay una primacía es como la definiera Ariel Sharon hace décadas.

Algo que viene todavía de antes. Baste pensar que en el Congreso Sionista Mundial de 1942, en el Hotel Biltmore de Nueva York, en plena matanza de judíos a manos de nazis, el principal tema de dicho congreso fue un análisis geopolítico que llevó a la dirección sionista a deslastrarse de su viejo padrino o madrina, Inglaterra, que hasta entonces les había hecho todo el trabajo de implantación ante la población nativa en Palestina, y decidir obtener un nuevo padrinazgo, con mayor fuerza y mejor control por parte del sionismo, que resultó EE.UU., a la sazón con la mayor o la de mayor peso de las poblaciones judías del planeta.

Por todo lo antedicho, Norman Birnbaum  titula una nota:   “Estados Unidos, impotente ante Israel”. Y explica, apostando a una entidad cada vez más imperceptible:
“Solo una Europa capaz de liberarse de la sumisión a Washington podría impulsar una solución justa al drama palestino y favorecer así la paz en Oriente Próximo. Sería una manera de saldar su deuda con el judaísmo.” (26/06/2011).

En marzo 2014 Alison Weir publica su histórico Against Our Better Judgment: The Hidden History of how the US was used to create Israel (Contra nuestro mejor juicio: la historia oculta de como EE.UU. fue usado para crear Israel) donde el autor documenta el papel del lobby sionista para persuadir directamente a Harry Truman contra la opinión de los especialistas del área y de juicios como el de Loy W.  Henderson (1892-1986) del Dpto. de Estado, quien adelantó que el proyecto de partición de la ONU sobre Palestina iba a “garantizar que el problema palestino habría de permanentizarse y se haría todavía más complicado en un futuro”, algo que ha resultado atrozmente cierto.

Pero Truman era un pragmático y al reducir todo a votos, coincidió con los intereses y las tácticas sionistas:  “Truman tomó la decisión de reconocer la creación del Estado de Israel ignorando las declaraciones de Secretario de Estado, George Marshall, que temía que esto pudiera dañar las relaciones con los estados árabes. En una reunión en la Casa Blanca el 10 de noviembre de 1945, le dijo a los enviados a Arabia Saudita, Siria, Líbano y Egipto: «Lo siento, señores, pero tengo que responder a cientos de miles que están ansiosos por el éxito del sionismo: No tengo cientos de miles de árabes entre mis electores.» (wikipedia)

Al parecer hubo una “complementación” entre la miopía pragmática, inmediatista, de los gobiernos estadounidenses que fueron sucediéndose desde al menos mediados de siglo (1942, ya dijimos, es la fecha clave) y el manejo, manipulador, de largo aliento, de los sionistas validos de un apoyo bastante generalizado de la colectividad judía estadounidense, aun la no sionista.

El control de las votaciones, las estrechas alianzas de los aparatos de seguridad y los de los militares (con sus intereses técnicos entremezclados) han ido postrando a la dirección estadounidense en lo que tiene que ver con la cuestión palestino-israelí. Y los márgenes de maniobra del sionismo son tantos que es legítimo hablar de un estado avasallado. Un estado vasallo, el de EE.UU. Pese a que es precisamente el estado o la formación nacional que ha logrado establecer la mayor cantidad de relaciones de vasallaje con otras naciones más débiles que EE.UU.

Con lo cual transitivamente, hay que admitir que así como muchos estados latinoamericanos,2 varios del mundo árabe, y otros del sudeste asiático,  mantienen una relación como estados vasallos hacia EE.UU. (aunque no esté legalmente consagrada, porque es de estilo hoy que “todos los estados sean iguales”, mutatis mutandis tenemos que aprender a darnos cuenta que EE.UU. es, a su vez, vasallo de Israel.

La pulseada del 3 de marzo nos permitirá ver cuánto pueda ser revertida esa relación.

notas:
1) No confundir este Washington Institute con el citado precedentemente, con una cobertura geopolítica casi idéntica: éste se declara fundado en 1985; el citado anteriormente da como fecha fundacional 2002.
2) Un ejemplo prístino de vasallaje aunque no abarque al estado uruguayo como tal sino a una radio privada: Radio Montecarlo anuncia la próxima asunción presidencial al son del himno nacional… de EE.UU.

Publicado en Palestinos / israelíes

“En defensa de Israel”: escuela de enceguecimiento

Publicada el 25/11/2014 por raas

Por Luis E. Sabini Fernández.

Estamos en un momento histórico en que, ya no podemos decir que en la guerra, la verdad es su primera víctima. Porque vivimos un presente mucho más complejo y líquido, para usar el concepto ofrecido por Zygmunt  Bauman: donde estamos, por un lado, en un proceso de guerra de baja intensidad, de alta frecuencia y deslocalizado, que al momento actual, noviembre 2014, podríamos ubicar en Colombia, México, Palestina, Siria, Líbano, Libia, Ucrania, Paquistán, Nigeria, Congo, Burkina Faso, para nombrar apenas algunos de los puntos más “calientes” de una guerra fría cada vez màs generalizada, y por otro, que la guerra como continuación de la política “por otros medios” se ha trasladado al campo de la información, al universo mediático, por lo cual las noticias han perdido la carga, siempre escasa, de objetividad que alguna vez tuvieran, y han pasado a ser, cada vez más, ”partes de guerra”.

Tomemos el atroz episodio del asesinato de tres jóvenes israelíes religiosos, en junio de este mismo año. En medio de los atropellos permanentes de israelíes sobre palestinos y la reacción a veces violenta de los ocupados, el gobierno israelí, sin necesidad de prueba alguna, provisto de su propia autoridad, dictaminó por sí y ante sí, que los autores del asesinato múltiple eran miembros de Hamas.

Ninguna organización o red palestina asumió el hecho, sin embargo. Y para “crear el caos y confundirlo todo”,  una organización yihadista egipcia, del Sinaí, apareció haciéndose cargo del episodio, mejor dicho diversos sitios-e atribuyeron a dicha organización el secuestro y ulterior asesinato de los tres jóvenes, con los que se habría pretendido establecer un canje, fallido. Se trata de Seguidores del Estado Islámico (Bayt Al Maqdis – EIBM). Aunque al no presentarse  pruebas de tal acto, han surgido múltiples interrogantes sobre la veracidad de tal autoría.

Pero al gobierno israelí, de gente como Netanyahu y Lieberman, le alcanzò y le sobró la convicción propia para descargar un ataque demoledor sobre la Franja de Gaza, territorio significativamente lejano  del secuestro y posterior asesinato. Basta ver un mapa y conocer el grado de aislamiento mediante múltiples puestos de control que militares israelíes ejercen sobre los manchones palestinos que van quedando en el mapa histórico de Palestina tan cerebralmente deglutido por Israel, para darse cuenta que los habitantes de la Franja de Gaza no estaban en condiciones de surcar las decenas o centenas de km. necesarios para alcanzar desde la Franja de Gaza el lugar de semejante atentado (cercanías de Hebron).

¿Pero para qué investigar, si el poder israelosionista es absoluto (o al menos así se nos ha presentado hasta ahora)?

Acerca de la veracidad

En esta marejada informacional; usemos el neologismo para distinguirlo de lo informativo, se ha desparramado por quioscos de capital (y probablemente del país), un folleto-libro con formato de revista titulado En defensa de Israel en adelante, EddI), con un compilador-redactor que figura como Xavier Portillo, y que incluye  textos que dicen ser testimoniales  (véase un comentario preliminar mío en: “Arrecia la ‘Defensa de Israel’ en los medios de incomunicación de masas”).

No es un volumen pequeño; en un formato tradicional de libro se trataría de unas 200 páginas.  Pero el gran formato, le permite acentuar su carácter propagan-dístico porque las primeras y las últimas páginas están totalmente o casi totalmente cubiertas por ondeantes banderas israelíes. Así mirado, el volumen no busca sino exaltar un chovinismo, y ya sabemos que es un “excelente” método  para negar todo raciocinio, calentar cabezas y evitar toda pretensión ética de universalidad.

Pero si semejante “envoltura” es preocupante, el contenido agrava la penosa impresión.
A cada lector le resulta prácticamente imposible verificar cada una de sus múltiples afirmaciones, por ejemplo sobre el “terrorismo palestino”, que es una constante, o las abnegadas muestras de bondad de los israelíes para con tan desagradecidos “vecinos” (ya adivinó; palestinos).

Pero si uno lee: “Un año después de la retirada unilateral del ejército de Israel de Gaza y del otorgamiento de la autonomía completa palestina a la zona, Hamas tomó el poder a la fuerza en 2006, asesinando públicamente a incontables miembros y simpatizantes del gobierno electo de Al Fatah, el partido del presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abbas, Abu Mazen. Hamas sembró desde entonces un régimen de violencia […].” el guiso resulta indigesto: difìcil escribir tantas falsedades en media docena de líneas pero el sr. Portillo lo logra. Veamos.

1. En enero de 2006 se celebraron elecciones democráticas y libres en los territorios palestinos (Cisjordania y Franja de Gaza, FdG). Bajo supervisión internacional. El expresidente James Carter las calificó de impecables. Fueron ganadas por Hamas (mala memoria, Sr. Portillo), para sorpresa del viejo y ya tradicional gobierno, laico, de Al Fatah y la OLP. Y para sorpresa del estado sionista que desde tiempo atrás ponía todas sus fichas en la domesticada dirección palestina oficial, a la que se la había instruido para  formar una policía palestina que controlara a los refractarios, algo que a Mahmud Abbas no le costó en absoluto hacer. Esa policía quedó bajo asesoramiento de las fuerzas militares de EE.UU.
2. Al perder las elecciones la OLP y el gobierno sionista, éstos lanzaron una ”caza del hombre” sobre los candidatos de Hamas recién electos, muchos convertidos en legisladores. En lugar de concurrir a los estrados legislativos, les tocó ser ingresados a veintenas, en centros de detención y cárceles.
3. Hamas resistió el golpe de estado, en la medida de sus posibilidades. No pudo asumir el gobierno en Cisjordania, porque la alianza de facto Al Fatah-gobierno israelí superó sus fuerzas, pero sí desalojó, seguramente con violencia, el gobierno espurio de Al Fatah en la Franja.
4. La violencia, entonces, fue sembrada por quienes violaron el resultado de las elecciones, Sr. Portillo, al reponer en el gobierno a los derrotados.  La reacción de Hamas es comprensible (y esto poco y nada tiene que ver con su carácter confesional, que por cierto es problematizador).

Luego de este examen en detalle de un pasaje de EddI, (p. 58), surge una inquietud: el lector no suele conocer al dedillo los detalles de cada pasaje de lo que está leyendo: si hay algunos con tan manifiestas falsedades (hay varios, me consta), ¿qué hacer con todos aquellos pasajes que son lapidarios para con los palestinos y ante los cuales el lector no está en condiciones de juzgar: ¿una actitud crédula, de aceptar lo escrito, o una desconfianza generalizada, ganada luego de verificar falsedades en varios pasajes (con lo que uno conoce fehacientemente)?

Entiendo que la segunda actitud es la más sensata; que el escrito no merece confianza.

El reflejo especular

Abordemos otro aspecto EddI que denominaremos lo especular y que bien se podría calificar como proyectivo: el escrito de marras no ahorra críticas a los palestinos y particularmente a Hamas.

1. Hablando del golpe de estado contra los Hermanos Musulmanes en Egipto, que ganaran las elecciones tras la renuncia forzosa de Mubarak, golpe a cargo de militares proestadounidenses y proisraelíes, dice EddI: “[…] el nuevo régimen cerró esos túneles  [se refiere a túneles  que intercomunicaban la FdG con Sinaí, que aprovechaban los palestinos para amortiguar el bloqueo israelí]. Ésta es una de las causas de la actual crisis económica en Gaza.”  (p.21).

Seguramente la última frase es cierta, mejor dicho, tiene su átimo de verdad. Pero en rigor, “la crisis económica de Gaza” proviene del cerco que ha establecido el estado sionista sobre todo ese territorio, por aire, mar y tierra; bombardeando el aeropuerto construido por organismos de asistencia españoles; convirtiendo en escombros las zonas portuarias y hasta las embarcaciones, limitando los recursos pesqueros hasta el cuentagotas;  bombardeando e inutilizando las usinas de potabilización, de electricidad, de depuración (y luego, eso sí, cableando “generosa-mente”  alguna escasa provisión eléctrica desde Israel pocas horas al día;  racio-nándolo todo, incluso los alimentos para toda la población “tasados” en no más de 2500 calorías per capita (con lo cual, cada habitante, difícilmente alcance las 2000…, lo cual significa un deterioro sanitario lento pero seguro, un hambreamiento que a medio plazo va afectando la nutrición; designio no confeso del gobierno israelí.

En resumen, le atribuye a lo egipcio un alcance que deviene  ridículo respecto de la responsabilidad propia, en este caso el tratamiento lesivo de toda una población.

2. EddI puntualiza cómo los palestinos se han camuflado para sus  incursiones sobre zonas israelíes aledañas a la FdG. “La boca del túnel  estaba cubierta por arbustos. Estaban vestidos exactamente como los soldados [israelíes].” El pasaje nos muestra que los apaleados palestinos han aprendido la lección: durante muchos años, los sionistas se valieron de  mistarvim, una suerte de espías sionistas;  judíos que se mimetizaban con “lo palestino” (vestimenta, idioma, etcètera) para infligirles daños, a menudo mortales. Los mistarvim vienen de la década de los ‘40, cuando los sionistas inician la expulsión violenta y masiva de palestinos, una vez que se desembarazaran de toda administración colonial (turca, inglesa), que podía querer “atender” a los natives palestinos…·

3. Avancemos una pizca con lo del razonamiento especular: en p. 32, Daniel   Jonah Goldhagen, nos transcribe  el “manifiesto asesino de Hamas” (de lo cual dudamos al menos que tal sea su título, pero concedamos que el resto del texto sea fiel): “Renunciar a cualquier parte de Palestina significa renunciar a parte de la religión, el nacionalismo del Movimiento de Resistencia Islámico forma parte de su fe, el movimiento enseña a sus miembros a adherirse a sus principios e izar la bandera de Allah sobre su patria mientras libran su yihad (art. 13).”

¿Qué es lo que predican los sionistas? No renunciar a parte alguna de Palestina, porque sería traicionar el mandato que su dios les ha impuesto, de dominar (por la espada) a toda la región sagrada.

En concreto, el libelo achaca a los islamistas de Hamas de usar la misma medicina que la Biblia le brinda “al pueblo elegido”. Con una vuelta de tuerca: que el sionismo se presentó inicialmente como agnóstico, refractario casi, al discurso bíblico. Eso que ha llevado a decir: ‘−no creo en Yahvé, pero él fue quien nos entregó las escrituras de propiedad sobre el territorio palestino.’ No existe pero es escribano.

Si la mentalidad religiosa y fanatizante, tipo Ejército Islámico (EI), es preocupante, ¿qué hacemos con el híbrido judío que arranca como movimiento político laico, materialista incluso, pero recurre de inmediato a la investidura bíblica?

Hay muchos más penosos ejemplos de falsedades, escamoteos y de pensamiento doble de los autores de EddI, pero para no aburrir ni atosigar, opto por rematar con una única cuestión:
¿Qué hacer con el fanatismo religioso, que vemos en auge?
El EI, que no es Hamas, aunque tengan rasgos en común, acaba de estremecer a la opinión pública con una ejecución colectiva de soldados sirios, defensores de un régimen laico, no islámico. Fueron degollados simultáneamente en un acto público que pretende honrar algo; a la justicia, al Corán, a los musulmanes hiperreligiosos. Una atrocidad incalificable; ¡cuán puros y superiores deben sentirse los verdugos!

Las palabras de Mijail Bakunin sobre el daño mental de la creencia en un Ser Supremo, se hacen patentes: este filósofo, que ha sido identificado con el pensamiento anarquista (aunque él, a la vez, tenía una postura pastoril, muy similar a la de tantos otros socialistas “autoritarios”, vilipendiados por él mismo), sostenía que la mera existencia de un dios, de un ser superior, omnipotente, amenguaba hasta hacer insignificante el papel de lo humano, destinado únicamente a ser instrumento de tales voluntades “superiores” (siempre mediadas, empero, por voces humanas, de sacerdotes, pastores, imanes o rabinos):

“La existencia de Dios implica la abdicación de la razón y de la justicia humanas, es la negación de la libertad humana y culmina necesariamente en la esclavitud no sólo teórica sino práctica.“ (Antiteologismo).

“Mientras tengamos un amo en el cielo, seremos esclavos en la tierra.” (Dios y el estado).
Estamos presenciando una intensificación progresivamente acelerada de un islamismo militante y fanático (dejamos para otra nota el examen de dónde proviene este “giro islámico”, que parece coincidir con el colapso soviético). El Islam no ha sido siempre así, pero siguiendo a Bakunin, podríamos decir que desde hace un tiempo está hipertrofiando sus rasgos dogmáticos. El avance de este Islam intolerante tuvo un primer capítulo contemporáneo en Afganistán en los ’70 cuando los comunistas procuraron “modernizar” el país. Allì se afirmaron quienes iban a resultar los primeros fanáticos de este último período: los talibanes.

El Islam, el teísmo musulmán, fue expandiéndose sobre todo a costa de los regímenes árabes laicos, como el de los palestinos de la OLP, el de la “Revolución Socialista y Popular” de Muammar Gadafi, y los de los regímenes Baath de Irak y Siria, destrozados primero con invasiones “occidentales” y en algunos casos luego con nuevos baños de sangre, de integrismo islámico.

Significativamente estamos viendo, cada vez más, un proceso correspondiente en Israel, otro estado fundado por “decisión divina”. Los militares israelíes están procesando un avance cada vez más significativo en sus preceptos religiosos; y como lo expresa Coby Ben-Simhon citando una plegaria que entiendo significativa del proceso en curso:

«Oh Señor, Dios de Israel, haz de nuestro camino un éxito ya que estamos a punto de luchar por el bien de tu pueblo Israel contra un enemigo que blasfema tu nombre».  (“La guerra santa que se libra dentro del ejército israelí”). Y otra observación del mismo autor: “el escalón de comando ve al soldado religioso como el soldado ideal.” (ibíd.)

Entendemos que tanto la variante yihadista como la de guerra santa israelí encarnan visiones del hacer militar con alto disciplinamiento y escasa o más bien nula autonomía: es dios quien resuelve lo que yo tenga que hacer [claro que mediado por alguna voz terrenal, obviamente] y yo solo cumplo, lo que tengo que cumplir. Hasta de dudas me exonero; no solo de discernimiento.

La religiosidad militarizada únicamente asegura una mayor intolerancia, una mayor cerrazón mental, un despotismo desplegándose con menos barreras o contrapesos aun que los existentes entre seres racionales.

Este proceso que acabamos de resumir entre islámicos y judíos también existe desde otras religiones; pensemos en aquellos energúmenos del Tea Party que se comunican a diario con su dios, por ejemplo, o en admiradores del sistema israelí como Anders Behring Breivik, el noruego que asesinara a varias decenas de jóvenes socialdemócratas de origen árabe y a noruegos, pacíficos y desarmados (en tales ejemplos resuena, a mi modo de ver, un ingrediente racista).
Rematemos con un par de citas:

De El Corán:
“Estoy con vosotros; dad firmeza a quienes creen. Yo infundiré el terror en los corazones de aquellos que no han creído, golpeadles, pues, en la parte superior de sus cuellos.» [sura 8, verso 13], citado por Peter Townsend,1 quien nos “asesora” y remata: “En este capítulo se hace la profecía de que Alá daría a los musulmanes una gran victoria y que los bienes y posesiones de sus enemigos caerían en sus manos.”(ibíd.)

Y de la Biblia:
“Hoy comenzarè a poner tu miedo y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo; los cuales oirán tu fama y temblarán y angustiarse han delante de ti. […] Y tomamos entonces todas sus ciudades  y destruimos todas las ciudades, hombres y mujeres y niños; no dejamos ninguno; solamente tomamos para nosotros las bestias y los despojos de las ciudades que habíamos tomado.”  [Deuteronomio, cap. 2, vers. 25 y 34].

En ambos casos, cada dios les habla a “los suyos”. ¡Oh maravillas de la comunicación!

nota:
1) Quien esto escribe no pudo desentrañar una identidad más precisa de P. T. en la maraña de homónimos australianos, británicos y estadounidenses que portan tal identificación en internet.

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