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Categoría: Palestinos / israelíes

¿De donde provienen las atrocidades en el comportamiento israelí y su persistente impunidad?

Publicada el 05/02/2017 por ulises

por LUIS E. SABINI FERNÁNDEZ

Uno a menudo queda atónito, con una sensación profunda de desagrado, interrogándose acerca de cómo pueden soldados israelíes cometer algunos actos tan miserables, abusivos, tan desoladoramente inicuos.[1]

Y uno hace tales juicios a partir de sus puntos de vista. Implícita, inconscientemente, uno elabora estos juicios o sensaciones a partir de sus propios patrones de conducta.

Pero hay que conocer las raíces de tales comportamientos para mejor entender la situación. Que no significa, necesariamente, aceptarla, como podríamos deducir del famoso pensamiento de Mme. de Stäl; “Comprenderlo todo es perdonarlo todo”.

El abordaje de los textos de los fundamentalistas judíos, particularmente los articulados en organizaciones como Gush Emunim,[2] nos permite ingresar al universo de valores de sus sostenedores y captar sus puntos de vista.

Antes de abordar este universo, quiero hacer una referencia, un agradecimiento y un reconocimiento a Israel Shahak, el judío polaco internado en 1943, a los 10 años, en un campo de concentración nazi junto con sus padres, del cual escapan la madre y él luego de la muerte de su padre y que al final de la guerra se embarca gozoso como novel sionista en un barco con rumbo a Palestina, es decir Sion. Según el mismo Shahak, ese viaje y la organización verticalista de la tripulación sionista a bordo, lo puso en alerta respecto de ese mensaje. Pero era adolescente e iba a tardar unos años en darse cuenta que el sionismo y su portavoz David Ben Gurion querían algo radicalmente distinto a lo que él valoraba.

Sus muchas contribuciones revelaron siempre que la humanidad (lo universal) se anteponía a la comunidad o la tribu (lo particular), como aconteció con su denuncia de un episodio en que un judío piadoso no acepta en sabbath ceder su teléfono para una asistencia médica urgente a un no-judío.

Shahak se dedicó a traducir al inglés sugestivos textos que hasta entonces circulaban sólo en hebreo. Gracias a él, entonces, hemos podido acceder en los ’80 al Plan denominado con el nombre de su autor, Oded Yinon, un estratego israelí que diseña el viejo “Divide y vencerás” sobre los estados y países limítrofes o cercanos a Israel (Irak en 3 partes, Egipto en 6, Sudán en 2, Siria en 5, etcétera).

Shahak también ha traducido al inglés textos fundamentalistas de la religión judía que arrojan luz sobre los comportamientos tanto de la sociedad israelí como de sus elencos religiosos y militares para con los palestinos (y otras poblaciones no judías).

Es imposible magnificar el significado de la labor esclarecedora de Shahak respecto de textos de las organizaciones religiosas que han ido tomando cada vez más peso dentro de la militarizada sociedad israelí. Textos escritos en hebreo  y que a menudo  dichas redes muy sectarias ni siquiera traducen para sus propias reparticiones fuera del país. Es de imaginar que si entre judíos está restringida la circulación de algunos pensamientos, ¡lo que quedará para “el mundo exterior”, el “ancho y ajeno”!

Glosaremos sucintamente el trabajo de Shahak y Mezvinski (en adelante, SyM) titulado El fundamentalismo judío en Israel. [3]

Sabemos que la formación del Estado de Israel proviene de una curiosa combinación de judíos askenazíes que tenían un muy débil  vínculo con la tierra palestina, asiento histórico de diversas poblaciones, entre ellas la judía, que a menudo coexistieron. La población judía no fue ni la originaria ni la única ni la última.

El sionismo surge como un movimiento de reafirmación de la perseguida identidad judía. Pero no surge en cualquier lugar de la difundida territorialidad judía de fines del s XIX. Surge específicamente en la comunidad askenazí de la Europa Central. No surge, por ejemplo, en las numerosas poblaciones judías existentes en el mundo islámico. Theodor Herzl, uno de sus fundadores, estaba convencido que la solución a los padecimientos judíos, a su discriminación, a la maldición cristiana contra los que condenaran a Cristo pasaba por hacer “rancho aparte”. Llega a estimar, en términos político-tácticos, al antisemitismo como un aliado para favorecer esa separación.[4]

El sionismo se presenta inicialmente como un movimiento laico, no confesional, pero que no quiere romper con la religión judía, en realidad parece querer aprovecharse de ella. Poco a poco empiezan a entender que el único vínculo ligador (religare, origen etimológico del vocablo religión) que tiene lo judío es lo religioso; la Torah y otros libros “sagrados”. Pero por eso también se va constituyendo cierto judaísmo refractario al hecho sionista. [5]

Desde el comienzo el sionismo emplea un doble mensaje que no se sustenta en dialéctica alguna: ─encarnamos una solución social, material, para erigir un estado judío y lo hacemos en el territorio que Yahvé “nos” [6] encomendara (hace siglos, más bien milenios). ¿Materialista y terrenal o místico en contacto con alguna divinidad?

E inmediatamente, llevando el proyecto a la realidad: ¿Cómo se puede elaborar semejante solución a la vista de toda la población (palestina) que habitaba esa misma tierra, que la Biblia denomina Sión y que  los contemporáneos denominaban Palestina? [7] Palestinos que el mismísimo Ben Gurion calificaba como los verdaderos descendientes de los judíos bíblicos (islamizados). Claro que eso lo dice Ben Gurion  hasta fines de la década del ’20, luego, nunca jamás.

Entendemos que para superar el tremendo obstáculo de la presencia “ajena”, de una sociedad viviente en donde uno pretende ser el dueño absoluto se necesita una ingente elaboración ideológica que le otorgue impunidad psicológica al despojo que se aprestan a hacer. Por ejemplo, denominar la conquista de la tierra palestina “redención” tiene una enorme carga ideológica: no se trata de conquistar la tierra, como vulgares invasores; se redime esa tierra; se le quita a “usurpadores”  o meros ocupantes y se la devuelve a su verdadero, profundo, eterno sentido; el que le diera, según escrituras, un dios a la tierra “de la leche y la miel”.

Esta autoasignación de un papel tan especial a los judíos, en rigor a los askenazíes, calza como el guante en la mano con la noción de “pueblo elegido”, tan elaborada dentro de la colectividad judía.

Es a partir de asegurarse la excelencia propia que se puede empezar a desechar todo prurito, toda noción de respeto hacia lo ajeno. Como nos enseñó Tikkanen, el dibujante, el Quino finlandés: “Mi moral es tan pero tan buena que no se daña haga yo lo que hiciere.” Eso es partir de la excelencia propia. En el caso sionista, autorizada, refrendada, absolutizada, eternizada por un tal dios, presuntamente judío.

SyM relatan cómo los grupos religiosos van tomando más influencia en la sociedad israelí que hasta la década de los ’70 estuvo gobernada al menos nominalmente por “laicos”.[8] Hasta entonces −aclaran− Moshe Dayan, la dirección del estado sionista y sus inseparables aliados de EE.UU., buscaban una cierta alianza o convivencia con los clanes palestinos mediante la cual Israel ocupaba toda tierra palestina que no estuviera en  uso por sus habitantes ─y de ese modo comía tierras como un pacman─ y cedía, o más bien  prometía ceder, el gobierno sobre las reducidas poblaciones palestinas a esos clanes.

Esta estrategia se basaba en la existencia de al menos dos actores: judíos sionistas y palestinos.

Desde 1967 la situación político-militar y social cambia radicalmente en Palestina/Israel, cuando Israel ocupa el 22% restante de la Palestina histórica (que no había sido deglutida en 1948, cuando la fundación del Estado de Israel). Y los dirigentes sionistas y un buen sector de la sociedad israelí entienden que existe únicamente un actor; los que encarnan a Sion.

Gush Emunim, apoyado en Shimon Peres, por entonces ministro de “Defensa” [9] −en ese permanente carrousel de los dirigentes “históricos” entre los puestos “clave” de la dirección sionista− se va convirtiendo en referente  y árbitro de la situación en “los territorios ocupados”.

Peres, catalogado como “paloma” le otorgará cada vez más “sitio” a la intolerancia religiosa en la configuración del nuevo Israel, ahora ensanchado y embarcado en una política de ocupación territorial que no era nueva (había empezado en 1948, y en rigor, mucho antes, aunque “privadamente”), pero hasta 1967 muchos partidarios de Israel se limitaban a considerar el engendro sionista únicamente como expresión de la mera sobrevivencia (construcción mental que contaba con la inercia de lo acontecido con los nazis durante la década del ’40). Esa visión era común a mucha intelectualidad “de izquierda”, como Jean-Paul Sartre; tendrán que aparecer pensadores y luchadores del Tercer Mundo, como Franz Fanon, Abdelwahab Elmessiri o Edward Said y judíos más ávidos de verdad que de poder, como el comunista francés Maxime Rodinson, para ir desmontando esa construcción ideológica (que hasta entonces habían criticado algunos historiadores y filósofos, como Mahatma Gandhi o Arnold Toynbee, pero siempre aislados de las corrientes dominantes).

SyM presentan múltiples ejemplos del proceso de fundamentalización religiosa del EdI. Tomemos apenas algunos. En febrero de 1994 un médico judío norteamericano, admirador de los rabinos Meir Kahane y Menajem Mendel Schneerson, alias Rebe Lubovitcher,[10] armado de fusil ametralladora ingresa a la Cueva de los Patriarcas en Hebrón y ametralla por la espalda a quienes estaban orando prosternados, matando a varias decenas de adultos y niños e hiriendo con la balacera a más de un centenar. Pasado el impacto, sobrevivientes se lanzaron sobre el atacante, Baruch Goldstein, que fue matado a golpes en el acto.

Este episodio tuvo enorme repercusión “periodística” en su momento. La prensa “vampiro”, atraída por la sangre, contó en todos los tonos el episodio, la cantidad de víctimas, etcétera. Lo que la misma prensa omitió, cuidadosamente, fueron las repercusiones del acto y su incidencia entre palestinos y en el Estado de Israel. SyM, judíos, tomaron sobre sí esa tarea en el caso de Israel y nos presentan una serie de elementos que nos permiten conocer mucho más seriamente y menos espectacularmente que con golpecitos mediáticos, a la sociedad israelí.

Saber, por ejemplo, que el médico Baruch Goldstein se negaba a atender y curar árabes en general incluidos soldados incorporados al ejército sionista.[11] Rechazo al juramento hipocrático que nunca hizo que las autoridades respectivas lo condenaran. Goldstein se atenía, explicó, únicamente a la autoridad de Maimónides[12] y Kahane. De ese modo entendía cumplir un comportamiento halajático.[13] SyM nos recuerdan que aunque hubo intentos de colegas médicos judíos de cuestionar el comportamiento de Goldstein “la cuestión de qué hacer con un oficial que abiertamente rehúsa obedecer órdenes invocando la Halajá nunca se resolvió” y permite abonar la tesis de SyM acerca de “la omnipresencia de la influencia de los partidos religiosos sobre el ejército israelí.”

Ante la matanza surgió la versión, obviamente echada a correr, de que había habido un ataque masivo, patoteril, de árabes sobre Baruch Goldstein y que éste vendió cara su vida, permitiéndoles “finalmente comprender que la sangre judía no podía ser derramada impunemente.” Está inversión de la verdad (fenómeno mediático de altísima frecuencia) fue desmentida −y hay que alegrarse− por judíos como Nahum Barnea, periodista.

El episodio generó, inevitablemente, cierto debate en la sociedad israelí, y como bien aclaran SyM en ningún momento la prensa abordó el hecho como asesinato o asesinato colectivo o asesinato masivo. La causa es –en términos religiosos judíos− obvia: cualquier muerte de no judíos a manos de judíos no se considera, bajo ninguna circunstancia, asesi-nato. Puede estar incluso prohibido matar no judíos, pero “especialmente cuando causa peligro a los judíos.” Entrevistado por el recién citado Barnea, acerca de “la pena” que le provocaba lo acontecido, Levinger, guía de Gush Emunim, declaró: “Siento pena no sola-mente respecto a los muertos árabes sino también respecto a las moscas muertas.” Más claro el regocijo ante el acto de Goldstein, imposible, más cierta muestra de “humor judío”. Y observemos: queda patentizado el desprecio por vidas no judías.

El entierro de Goldstein fue realizado en medio del mayor entusiasmo. Sus organizadores, los “colonos” de Kiryat Arba, un terreno de los tantos confiscados con violencia a los palestinos, aclamaban en todas las transmisiones televisivas a Goldstein como un mártir. Pidieron, pese al toque de queda, desfilar con el cuerpo por todo Hebrón[14] para vejar con el recuerdo a los palestinos.

A dos días de la matanza, las paredes de Jerusalén y sus cercanías estaban totalmente cubiertas con afiches “alabando las virtudes de Goldstein y lamentando que no hubiese matado a más árabes”. “Los hijos de los religiosos que fueron a manifestarse a Jerusalén llevaban insignias en las que estaba escrito: ‘El doctor Goldstein curó las enfermedades de Israel’.”

De más está decir que la tumba de Goldstein se ha convertido en centro de peregrinación y que a Goldstein se le atribuye contacto directo con dios. “El rabino Israel Ariel dijo: ‘El santo mártir Baruch Goldstein, desde ahora es nuestro intercesor en el cielo. Goldstein no actuó como individuo; él escuchó el lamento de la tierra de Israel, que nos está siendo robada día a día por los musulmanes’.[¡sic!]”

SyM hacen todo un fresco social de Israel y de la extraordinaria receptividad que ha tenido Goldstein, como en su momento Kahane y otros “héroes” y “mártires”, entre los religiosos e incluso, aunque con más desconcierto e indecisión, entre muchos judíos seculares. Quienes han condenado esa matanza en Israel han s¡do muy, muy pocos.

El episodio y el escamoteo de sus secuelas, que acabamos de relevar mínimamente nos deja una interrogante: ¿por qué la atrocidad de festejar la atrocidad de Goldstein no ha tomado estado público? Ahí vemos el papel de los medios de incomunicación de masas.

Otro hecho de sangre, el asesinato fríamente calculado de Yitzhak Rabin, a manos de Yigal Amir, también él un judío archirreligioso, estudiante de los “libros sagrados”; un “puro”, nos puede permitir calibrar mejor el carácter de la sociedad israelí. Este episodio es también seriamente abordado por Shahak y Mezvinski.

Ambos, Goldstein y Amir, judíos fervientes, guiados, según ellos, por la mano de su dios, el mismo para ambos.

La diferencia fundamental entre el asesinato de los palestinos orantes y el de Rabin estriba en que en el primer caso los matados son no-judíos y en el otro, la víctima es judía. De allí proviene un tratamiento incomparable en uno y otro caso.

Para la ortodoxia judía, así como dijimos que matar no-judíos no se considera asesinato, lo llevado a cabo por Amir es un asesinato en toda regla (y a sangre fría).

Así, aunque ambos invoquen sentirse guiados por su dios y sus designios, el establishment israelí ve con indulgencia lo acontecido en la Cueva de los Patriarcas en 1994 y en cambio, le resulta inaceptable el acto de Amir en 1995. Ha sido encarcelado y lleva así más de 20 años. Lo cual habla de la gravedad con que se considera su acto.

Aunque Amir fue respaldado por un estrecho círculo de afines y se ha casado (y tenido hijos) estando en prisión, el establishment sionista no lo ha perdonado.

El peso creciente que diversos investigadores atribuyen a los rabinos dentro de las filas militares israelíes (y fundamentalmente de los rabinos más sectarios y ortodoxos, más identificables con el militarismo); la solvencia “profesional” de los soldados israelíes religiosos que les ha generado gran aprecio en los mandos militares con repercusión social (recordemos que el EdI tiene un altísimo índice de militarización en todo su tejido social); el cada vez más pesante poder de los rabinos sobre los creyentes dentro de Israel, el desplazamiento cada vez más acentuado de la población israelí hacia las capas más privilegiadas del planeta; todo eso ha ido acentuando aún más, el carácter colonialista, racista del emprendimiento inicial. Y el fundamentalismo religioso explica también la “facilidad” de los israelíes para dañar o matar palestinos o para aceptar pasivamente el ejercicio de atrocidades cotidianas (a veces sin sangre, pero no por eso menos vejatorias y abusivas).

Una conclusión del mismo Shahak que José María Ridao expone en la reseña del último libro de Shahak, Historia judía, religión judía. El peso de tres mil años.[15]

Según Ridao, glosando a Shahak, ‘el propósito último del sionismo ha sido más el de restablecer el poder religioso, de los rabinos, secularizándolo, que el de oponerse al antisemitismo en virtud de un rechazo taxativo de cualquier forma de discriminación.’ ‘De ahí que el Estado de Israel haya vuelto a desempeñar, «en una forma acentuada, a escala global y en circunstancias más peligrosas», el mismo papel ambivalente que la comunidad clásica’: según Shahak, con el sionismo se trata de  construir  una «Esparta judía» hacia dentro y actuar, hacia fuera, como «administrador de un opresor imperial» (“La Esparta Judía”, El País, Madrid, 1/3/2003).

Esta “Esparta” administrando una opresión imperial se emparienta asimismo con el nazismo, parentesco que entrevió y denunció reiteradamente Yeshayahu Leibovitz, un rabino heterodoxo y sin pelos en la lengua. Mirando históricamente la cuestión, tal vez sea más apropiado ubicar al nazismo como vástago del sionismo que al sionismo como vástago del nazismo. Vástago no reconocido, incluso repudiado, pero vástago al fin. De un racismo purista, totalizador, omnicomprensivo. Y mucho más exitoso que el nazismo.

A la vez, me permito presentar otro enfoque acerca del significado del sionismo. Gilad Atzmon traza un razonamiento paralelo al de Ridao, pero con otras derivaciones. Atzmon entiende que el sionismo institucionalizado en el Estado de Israel ha sustituido la deidad de la religión judía tradicional, Yahvé, o como se llame, por una nueva deidad, que es el  “Holocausto”,[16] como entidad acabada, indiscutible con una liturgia fija, preestablecida.[17]

Mahmud Ahmadineyad, durante su presidencia iraní, hizo a menudo públicamente una pregunta: la historia es algo parcialmente conocido, siempre verificable, a menudo modificada para acercarse a una  comprensión más cercana a la verdad; las investigaciones históricas son el pan nuestro de cada día de los historiadores, ¿por qué el “Holocausto” es un acontecimiento cerrado, resuelto, que no admite la investigación; varios estados en el mundo penan lo que consideran el delito de preguntarse, dudar, cuestionar acerca del “Holocausto”.[18]  Seguramente esta observación metodológica le ha valido a Admadineyad el calificativo de “Satán”  pero, en verdad, el relato del “Holocausto” es más propio de una liturgia religiosa, dogmática, que del saber científico. Lo que dice, justamente Gilad Atzmon, ya no persa ni árabe sino de origen judío (aunque Atzmon ha renunciado públicamente a dicha condición): “El Holocausto se sitúa a sí mismo como una verdad eterna que trasciende el discurso crítico.”

Seguimos con Atzmon: “En un determinado momento se le dio un excepcional status megahistórico a un capítulo horrible de la historia de la humanidad.  Su ‘facticidad’ se selló con leyes draconianas  y su lógica fue salvaguardada por instituciones políticas y sociales.  Obviamente, la religión del Holocausto es judeocéntrica hasta la médula. Define la raison d’être judía. […] Considera al goi un potencial asesino irracional. Esta nueva religión judía predica la venganza. Muy bien podría ser la religión más siniestra […] ya que en nombre  del sufrimiento de los judíos concede licencias para matar, arrasar, arrojar bombas nucleares, aniquilar, saquear, hacer limpieza étnica.” (ibíd.)

Desarrollando la conversión del “Holocausto” en religión se ha hecho innecesaria la presencia de un dios, como Yahvé: “En vez de requerir un dios abstracto para que designe a los judíos como Pueblo Elegido, en la religión del Holocausto los judíos suprimen a este intermediario divino y simplemente se eligen a sí mismos.”  (p. 186).

Lo certero de la idea de Atzmon se verifica al ver cómo coincide con el comporta-miento cotidiano de tantos hijos de los kibutzim, de israelíes de nuestro presente. Se sienten semidioses. Actúen como festejantes, como turistas o como soldados ante los palestinos.

Lo judío como nueva señorialidad por encima del derecho que “iguala” (falazmente) a los seres humanos.  Perfectamente a cubierto por el control mediático y simbólico que tan lúcidamente han desnudado investigadores como, p. ej., Johannes Wallström, judío-sueco hoy exiliado de Israel (vinculado a wikileaks).

[1]  Pongamos apenas un par de casos entre incontables expresiones de esta sistemática “tortura social”: 1) en las áridas tierras palestinas, y con la odiosa política discriminatoria que ejerce Mekorot, la empresa nacional de agua (otorga a judíos israelíes unos 6 litros por cada litro que otorga a algunos palestinos; a otros solo agua sucia) cuando una familia palestina construye una mínima alberca de no más de un metro cuadrado de superficie, para ver de acumular algo de la escasa agua de lluvia, los soldados israelíes  la destruyen sistemáticamente y con pesadas advertencias; 2) a menudo, las autoridades militares (o estatales, es lo mismo) israelíes consideran que el delito cometido por alguien, aparte de cárcel ─previa tortura e interrogatorios─, merece además la demolición o el sellado de la vivienda del presunto malhechor. ¿Qué es el sellado de la vivienda?: desde el techo se vierte cemento fresco hasta alcanzar casi la altura de la casa en sus diversas habitaciones. Congelada así en el tiempo y en el espacio. Con sus instalaciones, sus ropas, sus libros, su vajilla… Generalmente es la etapa previa a la demolición, que puede demorarse. Así “petrificada” la casa proyecta una luz atroz sobre la resistencia palestina…

[2]  Agrupación judía ortodoxa afincada en territorios cisjordanos que el EdI ha ocupado desde 1967, responsable de buena parte de las colonizaciones o asentamientos desde entonces.

[3]  Israel Shahak y Norton Mezvinski, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2015. Original: Jewish Fundamentalism in Israel, Pluto Press, Londres, 1999.

[4]  Algo que dará lugar, tiempo después, a una cierta confluencia entre nazis y sionistas, cuando durante la década del ’30 ambos movimientos coincidan en el interés por una separación, física, territorial. La cuestión, empero, no es tan sencilla, porque sionismo y nazismo tienen otras sugestivas semejanzas, por ejemplo su “vanguardismo”.

[5]  Entre los recientes, por ejemplo, el formidable alegato de Jakob Rabkin, Contra el Estado de Israel.

[6]  ¿A quiénes? ¿A judíos que ni siquiera creían en dios?

[7]  Los mismos judíos religiosos, en los comienzos sionistas, veían esa población en el país del que el sionismo proponía adueñarse: dos rabinos fueron invitados en tiempos del Primer Congreso Sionista (1897) a visitar “la tierra prometida” más bien en secreto y el telegrama que comenta sus impresiones rezaba en términos ligeramente cifrados: “La novia es muy bonita, pero ya está comprometida.”  Estos rabinos visualizaban la realidad cotidiana palestina con su impronta islámica (más allá de la administración por entonces turca, luego inglesa).

[8]  “Laico sionista” es una terminología crecientemente insostenible, un oxímoron.

[9]  En la terminología orweliana del sionsimo se denomina Ministerio de Defensa a la organización militar de origen terrorista que constituye las fuerzas armadas oficiales y públicas del Estado de Israel.

[10] Kahane fue otro rabino norteamericano que predicó abiertamente el odio y el asesinato de árabes. Tenía su ejército particular, una banda de fanáticos y/o matones. Lubovitcher es otro rabino, seguidor de los rabinos Kook, de la extrema derecha judía, empeñados en distinguir la calidad humana de los judíos de la calidad no-humana de los no judíos. Leyó bien; este racismo inaudito tiene antecedentes y vigencia.

[11]  Hasta donde sé podría tratarse exclusivamente de árabes drusos, una secta muy escindida de chiíes y suníes, las dos grandes ramas del Islam.

[12]  Maimónides, compilador extraordinario,  es un rabino medieval tenido por sabio por haber fijado posición en diversas cuestiones religiosas. Tomo un ejemplo de los tantos que dan Shahak y Mezvinski: Maimónides recomienda matar a heréticos (judíos), es decir a los que niegan la Torah. Pero si quien sabe de esa herejía no tiene el poder de matarlo “debe comportarse tan traidoramente con ellos que la muerte sea el resultado.” Como se ve, consejos útiles y prácticos para el comportamiento cotidiano…

[13]  En hebreo, el camino de la conducta deseable.

[14]  Ciudad con unos cien mil habitantes palestinos y algunos centenares de judíos.

[15]  Edición en castellano, Antonio Machado Libros, Madrid, 2002. Prólogos de Gore Vidal y Edward Said.

[16]  Véase el formidable La industria del holocausto, de Norman Finkelstein, que define al “Holocausto” “como representación ideológica del holocausto nazi […con] una conexión, si bien tenue, con la realidad […en] su mayor parte inservible; no constituye un tributo al sufrimiento judío sino al engreimiento judío.”

[17]  Atzmon aclara en su compilación La identidad errante (Editorial Canaán,  Bs. As., 2013) que esa idea la encontró en Yeshayahu Leibovitz, un fermentario pensador que ya citamos.

[18]   Al menos 14: Alemania, Austria, Bélgica, Canadá, Eslovaquia, Francia, Liechtenstein, Lituania, Nueva Zelanda, Países Bajos, Polonia, la República Checa, Rumania y Sudáfrica.

Publicado en Palestinos / israelíes

Israel: ¿pluralismo o lavado de imagen?

Publicada el 26/12/2016 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Que un estado etnicista nos muestre en un lugar mediáticamente prominente a alguien que no pertenece a la etnia que se supone que ese estado expresa, nos muestra una instancia de pluralidad digna de examen.

En Israel tenemos de presentadora de un canal en hebreo, el más visto, a una árabe israelí.

Es la prueba “perfecta” de la pluralidad y la democracia israelí.

Lucy Aharish, 35 años, ha sido elegida además para encender la antorcha de homenaje a “los israelíes revolucionarios” en la ceremonia del Día que Israel ha declarado como “de la Independencia”, en el Monte “Herzl”, es decir en el monte que lleva el nombre del fundador del movimiento sionista y transitivamente del estado sionista, aunque no alcanzó a verlo en vida.

El Estado de Israel (en adelante EdI) se funda mediante una transacción de la dirección política sionista. Al hacérsele tan difícil el vaciamiento total del territorio sobre el que se quería implantar el EdI, siguiendo “mandatos” religiosos, bíblicos e históricos, sus dirigentes[1] aceptan erigirlo con una minoría árabe incluida (minoría que también fue aprovechada cumpliendo funciones económicas, haciendo las tareas menos calificadas o peor pagadas de la nueva maquinaria societal y estatal sionista).

Es de esa minoría (que se estima en un 20% de la población total del EdI) que proviene Lucy.

Su grado de integración mental al EdI es llamativa.

Lucy nos dice con total seguridad: “Cuando la gente me pregunta ‘¿Qué eres?’ yo digo que soy israelí […] Después soy una mujer, y después soy árabe musulmana.”

Esta penosa declaración no le ha sido arrancada en una coyuntura extraña o descontextualizada.

Según la info de internet, en 2015, ya se había expresado en los mismos términos y la reiteración revela la importancia que le asigna: “Ése es el orden: israelí, mujer, árabe musulmana” (en una entrevista con el Times de Israel).

Con lo cual nos damos cuenta de la consustanciación ideológica de esta presentadora televisiva con el EdI.

Lucy ha sido conocida en “las redes” por haberse expresado en inglés en lugar del habitual hebreo respecto de la tragedia en Aleppo.

Y por ello ha tomado estado mucho más público lo que ella piensa y considera.

Refiriéndose a esa peripecia dice con tino que no quiere saber quiénes están “en lo correcto y quién equivocado. Quiénes son los buenos y quiénes son los malos, porque nadie lo sabe. Y francamente no importa. Lo que importa es que está sucediendo, ahora mismo frente a nuestros ojos.”  Completa: “y nadie en Francia, en Reino Unido, Alemania o América [EE.UU.], está haciendo nada para detenerlo.” Cabe preguntarse por qué no pregunta sobre otros intervinientes, como Rusia, Turquía, Irán, Israel. Pero dejamos la incógnita sin respuesta.

Su planteo, su orden de preferencias, nos hace acordar al sentimiento de pertenencia exigido por el nazismo y el fascismo en la primera mitad del siglo XX. Sus ideólogos sostenían que la pertenencia al estado era la primera y principal; en segundo y tercer lugar podían caber la pertenencia laboral y local (imaginamos que también el sexo o la etnia). Justamente ésa fue opción clave con la que el nazismo y el fascismo se oponían a filosofías como la del marxismo, que ubicaba como pertenencia fundamental o principal la de clase, o como la del anarquismo que reivindicaba como atributos básicos aspectos individuales; su vocación, su sexo, su condición de poeta o de atleta…

Para los nazis la pleitesía al guía de la nación estructura a toda la sociedad. Si divinizamos al estado, podríamos saltearnos al guía (al führer)…

 

Volvamos a Aharish. Ella nos aclara que lo que pasa en Aleppo es un genocidio. De acuerdo. Agrega: “Déjenme ser más precisa. Es un holocausto.”  Esta precisión es perfectamente ideológica,

La diferenciación expresa otra  vez la identificación que tiene con el Estado de Israel… y con la mitología que se ha ido forjando a partir de las atrocidades sufridas por los judíos durante la vigencia del 3er. Reich.

Para Aharish genocidio no tiene la atroz trascendencia que tiene “holocausto”. El empleo de esta denominación requiere varias explicaciones.

Al usar este término, “holocausto”, va contra aquellos judíos muy identificados con la noción de “pueblo elegido” que entienden que lo ocurrido en Alemania en los ’40 con los judíos es algo incomparable con cualquier otro genocidio habido en la historia humana.

Entonces Aharish cumple con la profesión de fe ideológica del sionismo al situar por encima de todo a las atrocidades vividas por los judíos bajo el  nazismo y asumir su vocabulario,[2] pero a su  vez la subvierte porque aplica el término “holocausto” al destino trágico de población no judía (que no es la de El Libro); musulmanes, en suma. Como el de tantos palestinos que han sido matados durante la resistencia al implante sionista en Palestina.

Su condena tan fuerte a la inmovilidad, a la abulia política, el no reaccionar frente al destrozo de vidas humanas en Aleppo es respetable y compartible. Pero Aharish remata sus imprecaciones con algo difícil de tragar: “Me da vergüenza que el mundo árabe esté siendo tomado como rehén, por terroristas y asesinos y que no estemos haciendo nada.”

Se equivoca: desde Israel no es que no se está haciendo nada; ¡se está haciendo algo y cómo! Que lea a Oded Yinon. Su juventud no puede ser escudo de ignorancia tan supina. Ni siquiera su condición de periodista.[3]

Lucy es un lujo ideológico de Israel  que tranquiliza escrúpulos de judíos democráticos y es a su vez tolerada como coartada por los más ortodoxos.

Es más bien, entonces, la prueba ferpecta de la pluralidad y la democraticidad israelíes.

Lucy encarna la figura de “el cipayo perfecto”.

[1]  Mayoritarios. Porque había sionistas que aceptaban de buen grado una convivencia con los árabes, como es el caso de Martin Buber.

[2]  El vocabulario empleado por Aharish es en realidad el que Hollywood difundió como propio de la tragedia de “la solución final” nazi a la cuestión judía. ¿Por qué se acuñó el término “holocausto” para hacer referencia a dicho genocidio? Holocausto en la Biblia es “apenas” la ofrenda con sacrificios de animales que los judíos le hacían a su dios. Véase al respecto La industria del holocausto, una investigación formidable de Norman Finkelstein.

Habría un motivo para aplicar el término “holocausto” a la peripecia judía en Alemania y sus zonas de influencia (1941-1945): hay judíos que consideran que se trató de una expiación para “el pueblo judío” por sus incumplimientos… No es una posición que alberguen muchos judíos.

[3]  La excelente escritora, reportera y periodista María Esther Gilio solía definir que los conocimientos de un periodista, para ser mínimamente aceptables debían ser tan amplios como el de un océano, pero que su profundidad, por ello mismo, no solía ser más que la de un charco de lluvia.

Publicado en Palestinos / israelíes

Acercamiento político-ideológico entre EE.UU. e Israel

Publicada el 27/11/2016 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

A LEONARD PELTIER, SIUX-CHIPPEWA, PRESO POLÍTICO EN EE.UU. DESDE HACE 40 AÑOS

El autoasumido quincuagésimoprimer estado de la Union (lo que llamamos en castellano EE.UU.) está de parabienes.

Mediante la penetración ideológica y el éxito práctico de su actividad psicópata, Israel encuentra ahora en EE.UU. una resonancia como nunca antes.

Con los efluvios democráticos; igualdad de los seres humanos, lucha contra el racismo y otras banderas que los Obama y los Clinton han  enarbolado, bien que mesuradamente (siempre dejando “libre” el bracito que tiende a moverse hacia la derecha y hacia arriba, como es proverbial con los policías blancos en procedimientos contra población negra), la política práctica estadounidense engañaba y se autoengañaba. Por eso surgieron tiranteces entre, por ejemplo, John Kerry y los dirigentes sionistas cuando el honesto norteamericano verificaba una vez más la política de los hechos consumados borrando los penosos esfuerzos para alguna tratativa que concediera siquiera una migaja a los palestinos (que era todo lo que Kerry estaba dispuesto a otorgar a un pueblo no-blanco o periférico).

EE.UU. procuraba figurar como mediador, cuando era evidente su parcialidad en favor de Israel,[1] pero las reglas universalistas proclamadas y prácticamente jamás ejercidas por la dirección política de EE.UU. inhabilitaban a sus representantes para una franca coincidencia con la política rapaz, neocolonial, racista, violenta, asfixiante del Estado de Israel sobre sus despojados, la población oriunda palestina.

Es que los fundamentos filosóficos de la “democracia” estadounidense y el estado tribual israelí chocaban entre sí.

No había cómo ligarlos, sin conflicto lógico y ético.

Por cierto la AIPAC y la geopolítica imperial, las coartadas ideológicas made in Huntington, etcétera, facilitaban el trabajo conjunto. Pero siempre con el hiato que marcamos; lógico, ético…

 

Trumpazo mediante, la ambivalencia de entonces parece totalmente superada. El afianzamiento de la “derecha alternativa”, alt-right, crea la comunidad ideológica faltante. Se venía gestando al menos desde 2007, pero hasta ahora no había tomado tanto estado público y, sobre todo, no había sido tan puesta a la luz, como “orden del día”. Asimismo, no estaba todavía, tan desarrollada.

En habla inglesa un modismo entiende que el perro mueve la cola porque es más inteligente que ella, pero que si la cola fuera más inteligente, entonces movería al perro. Tenemos entonces que el perro yanqui ha logrado la “proeza” de ser movido por su cola israelí.

Lo cual nos llevaría a investigar qué órgano tiene la cola para lograr semejante control corporal del inmenso mastín planetario.

 

El actual gabinete israelí (constituido hace un par de años) mostró unos acentos ideológicos de extrema derecha, de racismo, racialismo o etnicismo (elija el lector lo que corresponda) manifiesto. Remito a la rápida recorrida que hiciéramos de tales políticos-funcionarios y sus ideas-fuerza.[2] La realidad del etnicismo sionista siempre estuvo presente y configuró toda su actividad política desde su mismo comienzo, pero algún bando de palomas de los comienzos del Estado de Israel o la alusión a lo socialdemócrata, tan en boga durante la segunda posguerra, llevaba a menudo a pensar que había profundizaciones y debilitamientos en el hecho colonial,[3] que ha sido, empero, la impronta principal del asentamiento judeosionista en Palestina.

Con el último gabinete de Beniamin Netanyahu se cortó esa duplicidad, que era más táctica que real, y entramos en una era de sinceramientos (que quien escribe preferiría fueran sincericidios): la ministra de Justicia (repare el lector el área ministerial) Ayelet Shaked, aboga por el asesinato de las madres palestinas [sic] porque “paren ofidios que atacan su patria”; Naftali Bennet, ministro de Deportes, ha declarado, deportivamente: “He matado a muchos palestinos en mi vida. No hay problema con eso.” Y así por el estilo son las declaraciones de miembros de este flamante gabinete o cofradía de juramentados…

Es que el etnicismo del estado sionista no solo es innegable y patente en los hechos; no sólo matrizò el proyecto sionista desde su origen; empieza a haber quienes lo formulan y reconocen como “lo normal”. Ya no es lo militante; es “lo normal”. Por eso hablan así, “naturalmente”, Shaked, Lieberman, Netanyahu…

 

Y bien, veamos que empieza a pasar en EE.UU. tras el trumpazo.

Que sostiene, por ejemplo, Richard Spencer, CEO del NATIONAL POLICY INSTITUTE, un think tank de la derecha-derecha, la que ahora se está aglutinando en la alt right. Quiere crear un etno-estado que aparte a las minorías…[4] Lissardy le pregunta si piensa plasmar ese etno-estado ahora, en “el crisol de razas” [una de las tantas mentiras, mejor dicho semiverdades y por lo mismo semimentiras, acerca de EE.UU.].

Spencer contesta con cierto realismo:

“Lo que espero para el futuro sería la creación de un etno-estado que sirva para toda la gente europea que protegería a su civilización, sí.

¿Y cómo haría eso?

No lo sé, no sé cómo va a desplegarse la historia. Es un ideal que espero que tengamos, que nos motive.”

El CEO del Instituto de Política Nacional distingue el movimiento del que se conside-ra expresión o vehículo (el de la recuperación del poder perdido de la raza blanca) de Trump y su triunfo.

Cuando Lissardy le pone varios ejemplos de coincidencia de la política del NPI con el nazismo, no exento de lógica aclara que las ideas de reafirmación de la raza blanca no son exclusivas del nazismo.[5]

Spencer aclara a lo largo de la entrevista: “La victoria de Trump no era el objetivo final del alt-right”.

Spencer abunda en su racialismo, etnicismo o racismo… “La raza es un concepto coherente. No es un problema determinar la realidad biológica de la raza.

Lissardy tercia: ¿Y si un hispano o afroestadounidense quisiera ser parte de ese estado, lo aceptaría?

Simplemente no puede.”

Sin aventurarnos, por ahora, en incursiones orgánicas o anatómicas, empieza a ser referencial conocer el ímpetu de la alt-right estadounidense, y su matriz.

Procuremos enhebrar la ideología hoy triunfante en EE.UU. con la vigente desde hace tiempo pero hoy más que nunca a la ofensiva en Israel, y que se expresa en el gabinete actual que glosáramos al principio de esta nota.

El concepto de etno-sociedad es lo principal. Fundante y común.

Tiene, empero, algunas dificultades, que a mi modo de ver son menores: 1) la pretensión no-satelitaria de Spencer y su alt right respecto del nuevo presidente; 2) el dérive nazi que es precisamente el origen del largo reportaje de la BBC a Richard Spencer, por su estentóreo grito de “Heil Trump!” [6]

Pero veamos un poco más el origen de la Alt Right. Este movimiento de reciente y creciente protagonismo  se inicia a mediados de 2007, en el verano israelí cuando Andrew Breitbart y Larry Solov, dos judíos estadounidenses (¿o tal vez estadounidenses judíos?) fundan un sitio-e “a favor de la libertad y pro-israelí sin tener que andar pidiendo disculpas (por ello).” [7] Estamos hablando de Breitbart News, el sitio-e a cargo de Stephen Bannon, el brazo derecho del presidente Trump.

Que el invento comunicacional de Solov y Breitbart no sea una cadena de transmisión de la campaña presidencial de Trump habla en favor de un interés propio. Que no nació como una máquina electoral; viene a reforzarla.

El inconveniente de la confusión con lo nazi es sorteable; en pura lógica, la derecha, la derecha más radical no tiene por qué ser nazi… por la sencilla razón que lo antecedió… y lo sobrevivió.  Es el nazismo lo accidental. Esta precisión, rigurosamente histórica, choca con la versión judeosionista que entiende que el nazismo es el non plus ultra del mal en la Tierra; el Mal absoluto, incomparable.[8] Como podría haber sido en su momento, el Ku-Klux-Klan (desde donde Trump tiene también algunos apoyos). Para desfacer este entuerto, consideramos que la alianza EE.UU.-Israel puede operar milagros…

La forma en que Breitbart dice desmarcarse del racismo es peculiar: “Facts aren’t racist. Censorship is oppression.” Los hechos no son racistas. La censura [sí] es opresión. Una falsa oposición en donde el primer término no expresa nada. Porque los hechos pueden expresar actos racistas (o no). Pero la formulación deja ver la incomodidad que sienten los racistas ante el reconocimiento de serlo. El racismo tiene, como verticalismo, autoritario, burocracia, burócrata, mala prensa. Aunque esos rasgos estén presentes en enorme cantidad de individuos, sobre todo con poder.

De este análisis comparativo, lo que me parece medular es el abordaje o la llegada, ahora explícita, gozosa, a la noción de etnoestado por parte de la creaneoteca yanqui (no todos, claro y afortunadamente, pero parece que sí un sector significativo), concepto liminar del sionismo con el cual ha procurado presentarse este movimiento político-ideológico que instrumenta su nosística como si fuera religioso y que, ha formado, históricamente el grueso, amplio grosor, de la población judía en Israel.

El mismo Ariel Sharon decía décadas atrás: “Dejen que yo haga el trabajo sucio; dejen que con mi cañón y mi napalm quite a los indios las ganas de arrancar las cabelleras de nuestros hijos” (Ariel, 1982). Repare el lector que esos “pensamientos” son del mismo año en que Israel dispone el asesinato masivo, el genocidio en suma, de palestinos (miles de asesinados) en los campamentos de Sabra y Shatila, en El Líbano.[9]

Es patente la identificación de Israel con EE.UU. que campea en la odiosa imagen.[10] Sharon, además, siempre insistía en el papel decisivo de Israel y su dirección en el gobierno efectivo de EE.UU. Solía decir: –‘hacen lo que nosotros queremos.’ Y mirado históricamente, no se puede negar su verismo.

Estos dos elementos, la identificación con EE.UU. y la relación de dependencia de los dirigentes (mayoritarios) de EE.UU. para con Israel son el humus sobre el cual se ha forjado ahora la alt-right en Israel para actuar en EE.UU.

¿Seguirá tolerando la ONU la excepcionalidad israelí (que no hace sino confirmar la excepcionalidad bíblica, basada en la confusión entre relatos míticos e históricos)?; ¿podrá sobrevenir un rechazo de la poblac¡ón estadounidense laica y racional que haga saltar el tablero vigente con el libreto en manos de sionistas (ya sea judíos o cristianos)?, ¿asumirá el Reino Unido su responsabilidad histórica por la dosis de maltrato, represión y muerte que ha arrojado sobre la población palestina desde hace prácticamente un siglo? (Corbyn y un ala laborista parecen haber entendido este horror histórico, pero no se ve cercano el momento de una revisión más nacional); o por el contrario ¿la ofensiva racista (pero bienpensante) seguirá acumulando poder luego del colapso soviético, la crisis de los “estados de bienestar” y la profundización de las dificultades ecológicas planetarias?

Difícil pronosticar, por no decir absurdo, cuando nos consta que lo futuro es incognoscible.

Pero registramos la tensión. Porque al mismo tiempo que la globocleptocolonización avanza rauda y financierizadamente destruyendo conocimientos ancestrales de la humanidad, también es cierto que nosotros los humanos no paramos de pensar y de conocer.

Y que, por ejemplo, el genocidio de las naciones de Abya Yala es cada vez más inocultable y difícil de llevar adelante (aunque se sigue haciendo, amparado en odiosas inercias). Y el despojo de la población palestina, que sigue a pasos agigantados, resulta por su parte, cada vez más inocultable.

Cada vez hay más estudiosos, aquí y allá, que están develando estos procesos.

Así que la derecha estará de parabienes. Pero las verdades son tercas.

[1]  Nasser Aruri, palestino y docente de Ciencias Políticas en la Universidad  de Massachusetts, EE.UU., califica a la mediación norteamericana en las “mesas de negociación” palestino-israelíes con el título de un libro suyo, “El mediador deshonesto” (editado en castellano, Editorial Canaán, Buenos Aires).

[2]  “¿Sensibilidad repentina o cómo esquivar responsabilidad ante lo indefendible?”, difundido en wordpress.revistafuturos.noblogs, rebelión.org, kaosenlared, entre otros.

[3]  Los esquematismos periodísticos nos “enseñaron” que David Ben Gurion era socialdemócrata y que Shimon Peres era “paloma”. Léase sobre  sus verdaderas actuaciones con historiadores veraces, como I. Pappe…

[4] Entrevista de Gerardo Lissardy, “Un momento de exuberancia, BBC Mundo, NY, 24/11/2016.

[5]  Más bien al contrario: en los comienzos del  nazismo, Hitler se consideró alumno, seguidor, admirador de los racistas anglonorteamericanos. Habría que investigar si el intento de coincidir con el Reino Unido, todavía en pie con el frustrado desembarco de Rudolf Hess en Inglaterra, en 1940, no expresaba todavía esa sed de alianza con “los otros amos” del mundo…

[6]  Trump salió de inmediato a desmarcarse de semejante socio.

[7]   https://en.wikipedia.org/wiki/Breitbart_News.

[8]  Al respecto Zygmunt Bauman, judío, ha escrito: “El Holocausto no fue la antítesis de la civilización moderna y de todo lo que ésta representa […] el Holocausto podría haber descubierto un rostro oculto de la sociedad moderna, un rostro distinto del que ya conocemos y admiramos […]”, Modernidad y holocausto, 2006.

[9]  Que la mano de obra haya sido “cristiana” no le quita responsabilidad al Estado de Israel.

[10] Con un remate falso, además, como era previsible dados los clisés usados. Porque los principales “coleccionistas” de cabelleras no eran “los indios”, como se suele presentar en la literatura del Far West, sino los blancos que cobraban recompensas por la cantidad de cabelleras indias presentadas. En una sociedad de largas distancias y medios precarios, la cabellera arrancada era garantía de nativo asesinado.

Publicado en Palestinos / israelíes, Poder, Poder mundializado

Usurpación, pero sagrada

Publicada el 17/11/2016 - 17/01/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

LA ATROZ PRETENSIÓN MORAL DEL SIONISMO

Distinguimos la sociedad  humana respecto de la naturaleza por una serie de rasgos que nos hace únicos respecto del resto de las especies vegetales y animales. Por cierto que eso no niega nuestra raíz biológica común que nos emparenta tan entrañablemente con todos los seres vivos.

Así, la naturaleza nos otorga ejemplos y referencias mucho más materiales, y nos corresponde a nosotros reconocerlos y evaluarlos desde nuestra propia condición, humana. Como la forma de reproducirse de los cucos (también llamados cuclillos, aunque en el ejemplo que queremos abordar, esta última resulta una denominación totalmente inapropiada).

“La hembra del cuco deposita un solo huevo en el nido de otras aves, normalmente de pequeñas aves insectívoras […]. La hembra del cuco se lleva un huevo de la otra especie de ave y lo sustituye con uno de los suyos. […] los huevos cercanos a los posaderos de los cucos [sitios de descanso y de reconocimiento del paraje] son más vulnerables. Los nidos parasitados múltiples veces eran los que están más cerca de los puntos de observación, y que los no parasitados eran los que estaban más lejos […]. El cuco adulto se parece a un gavilán, lo que da más tiempo a las hembras para parasitar nidos  [porque su población originaria teme retornar al visualizar gavilanes, un predador natural de tantos pájaros].[1]

“Cuando los futuros huéspedes [anfitriones, aunque involuntarios] ponen sus hue-vos, ella espera a que el adulto que los está incubando se ausente. Entonces, asalta el nido ajeno, se come o tira fuera algunos huevos y pone uno suyo. Cuando el adulto de la otra especie regresa, no nota nada y sigue empollando esperando que nazcan sus polluelos.”

”El polluelo de cuco nace un par de días antes que los demás porque su tiempo de incubación es menor que el de las especies que parasita. Unas horas después de salir del cascarón, el polluelo, con sus escasos 3 gramos de peso y sin plumón, empuja fuera del nido a los otros huevos con su espalda de hombros anchos y fuertes […]. Así, se convierte en el rey y señor del nido, y la madre adoptiva se afana en cebar a ese pollo que en pocos días le dobla el tamaño.[2]

A fines de siglo XIX, en pleno colonialismo mundializado −recordemos que el reparto europeo de carnicería de África es de 1885− judíos askenazíes, étnicamente mucho más caucásicos que sirio-cananeos, deciden, apoyándose en mandatos sagrados (de la Torah) afincarse en Palestina, identificada como la tierra donde vivieran los judíos hace miles de años y donde permaneciera una muy limitada población judía, sin conflicto con las mayorías que a partir del s. VII se hicieron musulmanas.

Las primeras aliah llegaban a “La Tierra prometida” y compraban tierras a efendi ausentistas que vivían de las rentas que les daba la propiedad y el trabajo campesino de la población local. Cada compraventa realizada con el apoyo de la policía entonces turca traía consigo el desalojo a veces violento, y con el tiempo cada vez más, de los campesinos así despojados de su fuente laboral… y alimentaria. En esas tierras vaciadas de palestinos, los sionistas fueron erigiendo establecimientos colectivistas, los renombrados kibutzim.

Estaban sacando pichones del nido para aposentarse jóvenes judíos, bien nutridos y mejor provistos.

Palestina estaba poblada desde tiempo inmemorial. Con superpuestas migraciones, como es la historia en general de la humanidad. El mismo David Ben Gurion, el que motorizó la expulsión violenta y mediante métodos terroristas de población árabe de Palestina, reconocía −al menos hasta fines de la década del ‘20− que los “palestinos” eran los más seguros, étnicamente hablando, descendientes del pueblo judío. Pero que desde el s.VI habían sido indudablemente musulmanizados y tal vez antes aún, cristianizados.

La pretensión de “redimir la tierra”, la consigna mediante la cual los judíos sionistas se hacen de la tierra palestina mediante compra (inicialmente), conquista, ocupación o expulsión violenta de otros titulares de esa tierra, procura así cumplir mandatos religiosos de la ortodoxia judía. Pero tal mandato, precisamente por provenir de una religión monolátrica[3] establece un absolutismo mental y un ombliguismo psíquico que ciega a sus portadores y es lo que explica (ya que de ningún modo justifica) la serie impresionante de acciones crueles, abusivas, que los sionistas han ido perpetrando a lo largo de las décadas contra los moradores de esa tierra que consideran suya por una cesión que les habría otorgado su dios en exclusividad y en permanencia. Que semejante abuso haya sido y sea tolerado e incluso apoyado por grandes potencias no legitima en absoluto tales procederes.

La ignorancia, el (falso) pensamiento basado en clisés, los medios de incomunicación de masas, nos han inducido a pensar en el sionismo y sus excesos como respuesta a la peripecia vivida por los judíos bajo el nazismo. Pero en esas sendas de pensamiento que con inocencia e ignorancia reconoce Mazin Qumsiyeh  haber compartido “se escapa por completo que los sionistas han ejercido atrocidades sobre los palestinos antes de que, no ya el nazismo victimara a tantos judíos, sino antes que ni siquiera hubiera surgido el nazismo.”

Las acciones sionistas ejercieron su dominio con mano de hierro. A diferencia de los judíos que habían vivido desde tiempo inmemorial en Palestina (o que tal vez nunca habían emigrado) los sionistas encararon la ocupación de la tierra palestina como empresa absoluta y exclusiva, no admitiendo trato alguno con la población musulmana o cristiana allí establecida. Esa diferencia, radical, entre los judíos del antiguo yishuv y los del nuevo o moderno yishuv dio lugar al primer asesinato político del s XX en Palestina. Del cual fue víctima no un árabe sino un judío, dialoguista. Que se negaba a la política de apartheid de los sionistas; Jakob de Haan, poeta y referente de la comunidad judía “antigua” se preguntaba por qué tenía que romper vínculos sociales que había tenido siempre, él y los suyos, con quienes no eran judíos, como él. La organización sionista que era el embrión de la Haganá, que devino en 1948, el Ejército de Defensa [sic] de Israel, lo asesinó a sangre fría en 1924.[4]

Es que de Haan no era un cuco. Aunque pequeño, no era un cuclillo.

En 1920 el sionismo funda la Histadrut, una suerte de central sindical exclusivamente para judíos. Como los patrones, generalmente judíos, optaban por los asalariados palestinos a los que se les podía y solía pagar un tercio de los sueldos que se les pagaba a obreros judíos, la tendencia “espontánea” de los patrones era a contratar obreros palestinos. La Histadrut obligó como política de estado a pagar el mismo sueldo a palestinos y judíos. Pero nadie sueñe igualdades. Lo que hizo la Histadrut fue obligar a desembolsar el mismo sueldo para todos, pero mientras los obreros judíos recibían dicho salario, los palestinos siguieron recibiendo el sueldo miserable de siempre y los dos tercios diferenciales se lo embolsaba la central sindical para así mejorar los servicios (de todo tipo, sanitario, educacional, recreativo) de los obreros judíos… “Infamia sacralizada por lo excelso del fin propuesto” califica Mazin Qumsiyeh esta política.

Porque la política fue siempre, desde 1897 en adelante y acentuada desde 1948, no ceder nada a la población palestina. Por eso los palestinos no pueden edificar ni una pieza, no pueden construir ni una alberca. Todo eso pertenece “por derecho divino” a los judíos.

Para acentuar la discriminación, cuando palestinos desesperados por la falta de agua, han intentado proveerse de tanques, suelen pasar “espontáneos” que se los perforan a balazos…

Este es el cuco –sindical en este caso− en acción, como cuando tira del nido a los habitantes originarios…

Las acciones de los mistarvim que analizara (y denunciara) Ilan Pappe[5] que diezmaban a la población palestina penetrada con agentes camuflados que se hacían pasar por ejemplo, por un paisano mudancero que dejaban a un mecánico palestino una camioneta para reparar. Al rato explotaba matando a todos los presentes, dejando en ruinas el taller y viviendas vecinas y, sobre todo desquiciando los lazos sociales.

Qumsiyeh da una serie de ejemplos, históricos, concretos,[6] que no son discutibles acerca de si “es ultrajante” invocarlos o si resultan “viciosos” los términos que usa,[7] donde la violencia fue desencadenada inicialmente por los sionistas, además de los ya señalados:

– Primer atentado a barcos (1940): en el conflicto entre tendencias sionistas, el atentado al vapor Patria significó la muerte de 268 humanos a bordo del barco, judíos, y el hundimiento de un enorme cargamento de armas que Ben Gurión no quería que fortaleciera a sus adversarios en la puja por el establecimiento del Estado de Israel;

– Primer auto-bomba, contra el Hotel King David, con decenas de asesinados   británicos, árabes palestinos, judíos y extranjeros (1946);

– Primera carta-bomba (1947); contra políticos británicos;

– Primer ataque a buses (con civiles cualesquiera)(1947);

– Primer ataque a cafés (con civiles cualesquiera) (1947);

– Primer atentado a trenes (de pasajeros, casi cien víctimas mortales) (1947);

– Primer secuestro de aviones (1954).

El cuco en acción. Desalojo y/o manducación del habitante originario del nido.

Moshe Sharett, primer ministro en los primeros o casi primeros tiempos del Estado de Israel (1954-1956) y antes figura de primer nivel en la dirección sionista desde 1933, en su diario −que se mantuvo secreto por más de 30 años− revela la verdadera política israelí, no la oficial, y va mostrando cómo fue un montaje lo de la agresividad árabe y el defensismo israelí y cómo en los hechos la violencia partió prácticamente siempre o casi siempre del lado sionista, provocando, arteramente, a las empobrecidas naciones recientemente pasadas al nivel de independientes, sujetas por múltiples lazos a los centros mundiales de poder. Sharett escribió un diario luego de su paso por el gobierno israelí en el que desnuda lo que acabamos de citar. Ese diario demoró unos 30 años en ver la luz pública tras la decisión de su hijo. Y hubo una periodista, hija de un funcionario de los más cercanos a Sharett, que abordó el diario e hizo una lectura crítica que publicó en inglés.[8]

Sharett sostiene que la dirección sionista creó “un estado de sitio mental en la sociedad israelí [para] complementar el mito prefabricado de la amenaza árabe […y] lograr una cohesión defensiva de la sociedad israelí judía. Estaba calculado principalmente para la ‘eliminación de los frenos morales’.”

Esto es lo que vemos con transeúntes que escupen un palestino herido yacente, soldados conscriptos que rompen con cascotes los bracitos de niños que les arrojan piedras, “vecinos” que dirigen las aguas servidas hacia la Franja de Gaza para emponzoñar un poco más ese territorio; detenciones/secuestros arbitrarios, niños palestinos presos en jaulas al aire libre en pleno invierno…[9]

Apenas un par de ejemplos de las múltiples atrocidades reconocidas por Sharett: a principios de la década de los ’50 se producen violentísimos atentados sobre buses israelíes en el norte del recién adquirido país. Con muertos en cada abordaje. Los atacantes visten ropas talares, de estilo árabe… y se retiran prestamente hacia la frontera… todo lleva a pensar en árabes armados. Pero en el sitio estaba el coronel estadounidense Hutchenson, miembro de la Comisión Mixta del Armisticio jordano-israelí que no se tragó las apariencias y que anunció oficialmente: “de los testimonios de los sobrevivientes no existían pruebas suficientes de que los asesinos fueran realmente árabes.” ¡Caramba!, ¿qué podrían ser, indios sioux, coreanos, vascos? En un informe confidencial dejó a un lado la diplomacia y refiriéndose a uno de dichos atentados atribuyó explícitamente el ataque al ómnibus a “terroristas que intentaban agudizar las tensiones en el área así como crear problemas para el actual gobierno.” Los “halcones” estaban furiosos con “los palomas” como Sharett… se trataba, entonces, de terroristas judíos que atentaban hasta contra buses que llevaban judíos… leyó bien: judíos matando judíos.

De más está decir que la superioridad israelí logró remover al enviado norteamericano casi de inmediato.

Otra de las tantas atrocidades que menciona Sharett: los “halcones” arrasan una aldea palestina, Lydda [10] (en 1947/1948 los sionistas arrasaron entre 400 y 500 aldeas palestinas matando innumerables pobladores). Luego de la operación de arrasamiento que arroja 69 cadáveres, hombres, mujeres, niños, se le pregunta a Sharon, el comandante del operativo por la mortandad,  que contesta: ‘el número de víctimas había sido 10 o 12.’ “Sólo contamos  las muertes militares, los soldados de la guarnición de la Legión Jordana.” (ibíd.). Expresión de desprecio a humanos (civiles) muy significativa. Voz de amos. Los niños, los ancianos, las mujeres no cuentan; son como “los daños colaterales” madeinUSA.

Volviendo a la tipificación del carácter infame de las políticas discriminatorias y sobre todo a la sagaz observación de Sharett de que la sacralización se basa en “lo excelso del fin propuesto”, no podemos dejar de recordar uno de los Pensamientos de Blaise Pascal: “El hombre no es ni ángel ni bestia, y la desgracia quiere que quien haga el ángel haga la bestia«.[11]

Y amarga frutilla de este malhadado postre: la autora del “limpio trabajo de Rokach” al decir de Uri Avneri[12] que estudia el Diario de Sharett, de donde extrajimos los últimos ejemplos; un palestina judía perteneciente al Antiguo Yishuv que se hizo periodista en Italia, de Israel Radio, de Roma y del periódico palestino Al Fajr, en 1984 la encontraron muerta. Antes había sido muy presionada desde la cancillería israelí para que no publicara su trabajo. Apareció muerta a la edad −50 años− en que los pueblos nórdicos, por ejemplo, consideran el momento cumbre de la vida humana, la óptima relación de pujanza y veteranía, de vigor intelectual. Sabiendo del disgusto de la dirección sionista y de sus redes “de seguridad” por el “destape” de sus atrocidades, que han alcanzado tan a menudo a ser asesinatos y “confección de pruebas” para desviar el conoci-miento de las verdaderas causas de muerte, conociendo la impunidad con que operan, uno no puede menos que asociar esa “mano” con la aparición de Livia Rokach sin vida.

notas:

[1]  https://es.wikipedia.org/wiki/Cuculus_canorus.

[2]  coctel-de-ciencias.blogs.quo.es/2011/05/15/el-engano-de-los-cucos/.

[3]  Religión basada en la idolatría a un único dios (Jean Soler).

[4]  Noam Chomsky, entre otros, sin velos ideológicos o religiosos, rememora esa atrocidad.

[5]  La limpieza étnica de Palestina de 1948, Editorial Crítica, Barcelona, 2008.

[6] Compartir la tierra de Çanaán, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2007.

[7] Aspectos que invoca, por ejemplo, Steven Stotsky para recusar a Qumsiyeh (“Exposing Mazin Qumsiyeh’s Falsehoods”, http://www.camera.org/index.asp?x_context=6&x_article=1383.

[8]    Livia Rokach, Israel’s Sacred Terrorism. A Study based on Moshe Sharett’s Personal Diary and other Documents, AAAUG, Inc. Graduates, Mass., 1980.

[9]   Los primeros ejemplos son de público conocimiento; el último: file:///E:/palestino-israeli/brutalizacion%20y%20constricc.%20progr/I.%20tiene%20ni%C3%B1os%20pal.%20en%20jaulas%20en%20invierno%20%E2%80%93%2016%2001%2016.htm.

[10]  Se trataba, según estimaciones arqueológicas, de una aldea de unos cinco milenios de existencia…

[11] Pensamientos, 678.

[12] en Hoalam Hazeh, 23/9/1980.

Publicado en Palestinos / israelíes

Franja de Gaza:atrocidad cotidiana, desastre inminente

Publicada el 25/02/2016 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández.

Otra muestra del sesgo mediático y del genocidio cotidiano que la prensa occidentalista lleva a cabo a diario y casi sin saberlo

Tomemos un ejemplo, corto pero que entiendo resume una serie de rasgos del escamoteo informacional a que somos a diario sometidos.

En El País de Montevideo (24 febrero 2016), leemos en INTERNACIONAL el título apenas a una columna: “Israel teme que crisis en Gaza degenere”.

El lector desprevenido recibe una serie de mensajes o inoculaciones: que Israel siente temor, que existe alguna crisis, que lo que degenera pertenece a Gaza. Como para dirigir el cauce mental, tenemos una bajada o subtítulo inicial: “La dictadura de Hamas”. Ya hablaremos de “dictaduras”.

 

El texto propiamente dicho se abre: “Los servicios de inteligencia del ejército israelí advirtieron […]”. Tenemos aquí una entidad, el AMAN (por su sigla suponemos en inglès) que analiza, examina, advierte… una entidad ajena a la acción. Una suerte de Observatorio….

Prosigue el texto: “[…] que el grave deterioro de la economía en Gaza podría llevar a una crisis en la franja que afectará de manera directa a Israel.”

Hagamos primero un pequeño ajuste geográfico, porque tampoco ayuda la ignorancia. Gaza es la principal ciudad de un pequeñísimo territorio de unos 360 km2, que se denomina Franja de Gaza, que tiene varias poblaciones, la principal, Gaza y otras: Rafah, Deir Balah, Han Yunis, etcétera. Donde esta nota dice “Gaza” quiere decir “Franja de Gaza”, igual que en el título.

Volvamos al contenido: no hay un grave deterioro de la economía de la FdG como producto natural, como decisión de los dioses o como resultado de su dirección musulmana (Hamas). “El grave deterioro” ha sido ocasionado por sucesivas invasiones israelíes a la FdG (2006, 2008, 2012, 2014), cada una más grave y atroz que la anterior, con cientos habitantes matados en 2006 y miles en 2014. Y sobre todo, por la política de Israel de mantener un férreo bloqueo por aire (han bombardeado e inutilizado el aeropuerto en la FdG construido por españoles), por mar (han bombardeado e inutilizado el puerto y hostigan a diario incluso, las barcas de pescadores) y por tierra (controlan militarmente los pasos del norte y el este y han logrado el apoyo de la dictadura militar egipcia de Al-Sisi para cerrar el torniquete al sur).

El ejército de Israel ha destruido toda la infraestructura y sus servicios de inteligencia deberían saberlo: hospitales, usinas de limpieza de aguas cloacales y servidas, escuelas y centros de enseñanza, incluidos los de la ONU, establecimientos de potabilización del agua, plantas de energía eléctrica, talleres de todo orden, centros recreativos, fábricas de envasado, plantas de procesamiento de alimentos, todos los cultivos. Miles de viviendas destruidas, junto a calzadas, plazas, calles.

Y el detalle: Israel ha impedido toda reconstrucción. Al 99,9%. Se sabe, por ejemplo, que autorizaron la reconstrucción de una vivienda o un edificio solicitado por la ONU…

Si reparamos en el cuadro real de situación, la frasecilla que la crisis “afectará de manera directa a Israel” nos obliga a preguntar qué idioma tendríamos que usar para siquiera mencionar cuan directamente afecta la crisis a la FdG.

Contrario sensu, no podemos sino evaluar como éticamente repugnante mencionar la afectación a Israel de una acción hecha por Israel para afectar una porción del territorio palestino que ha sido renuente a su colonización.

A la destrucción que someramente hemos señalado hay que agregar algunos detalles que algunos “bichos raros” vemos como agravantes: Israel ha procedido a “canalizar” por hondonadas naturales, detritus industriales o domésticos para que vayan a contaminar el Mediterráneo vía la FdG. Es como un plus de atención… los pasos para cruzar de un territorio a otro, porque lo que queda de Palestina está segmentado y parcelado, permitiendo que cualquier equipo de guardia cierre los portones cuando se les ocurre (“por orden superior”, suele ser la excusa de un sistema de arbitrariedad fina y cruelmente calibrado) impidiendo que un hijo se reúna con sus padres o vaya a la escuela, que un campesino al que se le aisló de su pedazo de tierra mediante el Muro no pueda regar sus plantas, que un enfermo se acerque a un centro médico, que dos amigas se vean…

Mekorot, la OSE israelí, ha realizado un hallazgo extraordinario y peculiar para la especie humana: ha establecido para los humanos israelíes un volumen de agua (casi 200 litros diarios) seis veces mayor que el que considera necesita un homo sapiens sapiens palestino. Un verdadero aporte a la biología humana…

Para evitar desequilibrios en dicha materia, el ejército de ocupación derriba y amenaza con cárcel al palestino que intenta hacer pequeñas albercas para recoger la escasísima agua de lluvia.

La nota prosigue detallando la reunión de autoridades israelíes, sobre todo de la seguridad.

No tenemos que extrañarnos que una crisis en ciernes sea abordada por militares sionistas y no por civiles. Por algo se ha discutido si Israel es una sociedad que tiene su ejército o es un ejército que ha ido construyendo su estado… Históricamente es esto último, como es habitual en todo caso de sociedades de origen colonial. Mal que nos pese a quienes procedemos de estados con tal origen. “El ejército nació con la patria”  o “La patria nació con el ejército”…

Estos jerarcas, reunidos, verifican el transcurso de los astros: “El jefe de la inteligencia militar dijo que la situación en Gaza se deteriora y que el informe de la ONU pronostica una catástrofe.”

Gaza, es decir, la Franja de Gaza, es decir sus sufridos habitantes, sobrevivientes en el campo de concentración de mayor tamaño hoy vigente[1] SE deteriora… Como si se tratara de una carcoma, un cáncer, un mal interior. Cuando se trata de una politica de cerco, hostigamiento, hambreamiento, asesinatos constantes, estrangulamiento de todo orden… SE deteriora… como si no existieran las fuerzas que están provocando la crisis, la desnutrición, la locura infantil.[2]

Pero la nota y su escriba persisten en la descripción de desastres como si se tratara de fuerzas de la naturaleza. Nada político. Todo fatal. “Documento de la ONU publicado en 2015 que advierte que Gaza será un lugar inhabitable en 2020 si no logra una recuperación económica inmediata.”

Conociendo la fría y sistemática política israelí contra ese territorio renuente a aceptar el hecho colonial del establecimiento del Estado de Israel mencionar, “una recuperación económica inmediata” es realmente un escarnio. Una bajeza.

Pero ya sabemos que Israel como toda entidad guiada por el chovinismo más radical (investido en este caso de fe judía) es absolutamente incapaz de ver al Otro. Por eso, el “informe” prosigue: Israel será el primero en sentirlo cuando las cosas exploten.”

En este caso, en lugar de insuficiencia geográfica, registramos una insuficiencia aritmética:  Israel será el segundo… adivine el paciente lector qué entidad será la primera en sentir, en estar sintiendo esta inconmensurable política de estrangulamiento.

La nota prosigue mencionando que Hamas, tan dictatorial según  el título, se esfuerza ahora por contener el lanzamiento de cohetes y otro tipo de agresiones contra Israel […]”, escamoteando que en casi todas las invasiones israelíes  a la FdG, Hamas procuró bajar la tensión y los sionistas se dedicaron a provocar y “justificar” así la invasión.[3]

Ya cerca del final, tal vez por aquello de que un periodista debe mostrar “todas las campanas” hay una somera mención a los 2200 muertos y los 11000 heridos y las decenas de miles de viviendas (hogares) destruidos en 2014. Omite, en cambio, informar que el Estado de Israel ha impedido el ingreso de los elementos más básicos para la reconstrucción de las viviendas (de las vidas perdidas ya nada), ni cemento, ni vidrio ni utensilios. La nota, de EFE, termina “informando” que 3 suicidios consumados y 4 frustrados en 10 días han puesto a “las autoridades en alerta”. No aclara si son autoridades judías o palestinas.

Pero suponemos que con estos últimos aportes, ya hemos consagrado nuestra buena conciencia, periodística, occidental y cristiana, o judía.

[1]  Puede haber de extensión mayor entre los mantenidos en EE.UU. contra la población aborigen; pero Gaza sigue siendo el más poblado del mundo conocido en la actualidad; casi un millón y medio de concentrados.

[2]  Los niños presentan una cantidad anormal de enuresis, desgano, intentos suicidas, todo altamente correlacionado con el terror sobre la población, por ejemplo, mediante el pasaje de aviones con velocidad del sonido, que no descargan bombas pero producen sonidos ensordecedores…

[3] Otros grupos de musulmanes han atacado esporádicamente a Israel, pero su importancia ha sido muy secundaria.

Publicado en Palestinos / israelíes

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