Mentiras y medios: auge de la mentira como “verdad objetiva”

por Luis E. Sabini Fernández –

Nota previa.

El abordaje que aquí presento fue hecho desconociendo los alcances institucionales y organizacionales de la red verificado.uy. Indudablemente amplios.

Lo que presento adquiere, impensadamente, una gravedad mayor puesto que, de  acuerdo con mi punto de vista, la falta de lógica, los recursos formales para invalidar ciertas críticas, adquieren aun mayor gravedad, por la amplitud de su alcance.

Algo que señalo en la nota, “una presunta representantividad presentada como amplísima”  ha resultado equivocado, por cuanto verificado.uy tendría esa amplísima representatividad.

Lo que queda en pie, en cambio, es el análisis del comunicado: sostener que no hay despojo, por ejemplo, a la patria potestad, y a renglón seguido confundirla con una apropiación judicial de decisiones sobre menores.    

Dado que la nota no sólo tiene el auspicio de todas las universidades existentes en el Uruguay, de buena parte de la estructura mediática del país y de una serie de instituciones nacionales y extranjeras muy relevantes, entiendo que es importante radicar el texto por mí analizado entre quienes figuran como autores y/o editores. Esta nota, entonces, alude al texto escrito por Brurno Scelza, Juan I. Berro y Albano Bello. Que habría contado con la edición de Ana Matyszczyk, Nausicaa Palomeque y Ana L. Pérez. Titulado “Es falso que los menores de edad pueden cambiar de sexo sin autorización de sus padres”.

Con la irrupción electrónica y mediática de los trolls, se ha generalizado una modalidad canalla que ya era característica en la prensa escrita, oral y televisiva, pero que parece ahora arreciar.

Me refiero a la modalidad de negar lo evidente, pero haciéndolo con pretensión documental.

Ante la fiebre mediática en que nos encontramos, cierto periodismo crítico y/o de investigación ha ido montando, afortunadamente y como expresión de resistencia, sitios como wikileaks o chequeado.com para desentrañar escamoteos o analizar fake news. A la vez, surgen sitios dedicados a propagar determinados mensajes, por ejemplo “la revolución de género”, pero no bajo bandera militante, tradicional, aquella por la cual los socialistas defienden ideas socialistas, los conservadores ideas conservadoras, los veganos ideas veganas, sino ubicándose en un lugar supuestamente neutral y objetivo desde el cual se presume que desmontan mentiras.

Dos rasgos característicos: el ya anunciado de control e invocada objetividad y otro; una presunta representatividad presentada como amplísima.

Tal parece ser el caso de Verificado.uy, un sitio-e uruguayo que se presenta como compuesto por una coalición muy amplia de medios de comunicación, que abarcan desde los más tradicionales de la derecha democrática hasta expresiones de un progresismo  fuerte y de medios críticos; que cuenta también con el apoyo o auspicio de las cuatro universidades que actúan hoy en nuestro país (la de la República −la única pública−, la de Montevideo, de origen hispano, la Universidad Católica del Uruguay, de digna actuación durante la dictadura, 1973-1985 y la ORT, del Estado de Israel). Cuenta además con apoyo de organizaciones de la sociedad civil tanto del país como ajenas, como la británica First Draft (tramitando al parecer su establecimiento en EE.UU.) 

Es tanta su representatiivad que bien podríamos decir que algo que representa a todo, no representa a nadie (salvo, obviamente, a sí mismo).

Para “afrontar el problema de la desinformación”, como reza entre sus objetivos.

Vayamos a su comunicado del 25 julio ppdo. Una suerte de comunicado, apodíctico: “Es falso que los menores de edad puedan cambiar de sexo sin autorización de sus padres”. Verificado.uy nos está advirtiendo que no hay cambio de sexo (¿o de género?) sin autorización de sus padres.

Bien, vayamos buscando las pruebas que dicen esgrimir.

A mediados de ese mismo mes, quienes están tratando de juntar firmas para derogar la Ley Integral de Personas Trans, aprobada por el Poder Legislativo uruguayo en octubre de 2018, habrían sostenido que la ley en cuestión elimina la patria potestad y en general el derecho y la obligación de los padres a resolver lo mejor para sus hijos menores de edad.

Verificado.uy niega esa preocupación. Cita el comunicado crítico a la ley aprobada: «que el artículo 6 de la norma “permite el cambio de sexo y de nombre en documentos identificatorios a menores, éstos aún sin consentimiento de sus padres [sic], violando el instituto de la patria potestad reconocido por nuestro ordenamiento jurídico”. Pero esta afirmación es inexacta.»

»Lo que el artículo precisa es que en el caso de que los menores de edad no cuenten con el aval de sus representantes legales, se debe recurrir a los artículos 110 del Código Civil, al 404 del Código General del Proceso y a los artículos 8 y 11 bis de la ley 17.823. En ellos se detalla el procedimiento que debe transitar el interesado para que un juez sea quien defina los pasos a seguir. La Justicia es, en última instancia, la encargada de aprobar o denegar el cambio de sexo y/o nombre.». Hasta aquí, la cita de los citantes.

¿Acaso los padres son los que deciden? ¡No, los jueces, lo acaban de decir ellos! Queda claro que los progenitores pierden el derecho a la patria potestad, pese a la aserveración en contrario. Porque lo que ahora necesita el menor que ha encontrado atractivo o “de onda” un cambio de sexo, ups, perdón, de género, es un juez sensible a su demanda.

Por la misma razón por la cual hoy, a los refractarios a la fiebre de género se les hace casi imposible ejercer el derecho democrático de plebiscitar esa ley, porque es casi imposible alcanzar el 25% del electorado, para colmo en poco tiempo, a los progenitores se les hará difícil enfrentar dicha ley.

Así como “la ley de género” salió fácilmente aprobada por 62 legisladores, tan sensibles a las presiones que no llevan el calificativo de presiones, los jueces van a ceder, en la mayoría de los casos, a “clamores populares”, de defensa de la identidad, de defensa de derechos individuales “a decidir sobre mi cuerpo” y otras consignas hoy muy actuales.

Toda una fraseología que parece ampliar nuestra libertad. Y que en realidad es solo una afirmación narcisista en una sociedad con una galopante crisis de vínculos, cada vez más cibernéticos, que van haciendo cada vez más arduo tener vinculaciones directas. Como son, o han sido, por ejemplo, a lo largo de la historia, la pareja humana, el amor a los hijos.

Como acabamos de verificar, Verificado.uy no trepida en negar críticas sin embargo pertinentes y procura hacerlo mediante enunciados demoledores y “definitivos”.

No es la única cita tramposa. El comunicado comienza citando un texto aparecido en Facebook el 13 jul 2019: “afirma que la Ley Integral para las Personas Trans autoriza a los menores de edad a iniciar procedimientos quirúrgicos para cambiar su sexo biológico de forma gratuita y sin el aval de sus padres, y les otorga, además, la libertad para modificar su nombre. Esta información, que hasta el martes 23 fue compartida más de 1500 veces, es falsa.

Más abajo, martilla con el mismo argumento:

Comenta: «que el artículo 21 de la norma “habilita intervenciones quirúrgicas de cambio de sexo a menores de edad”. Eso es falso. La ley es inequívoca: “Para que las personas menores de dieciocho años accedan a intervenciones quirúrgicas genitales irreversibles con el fin de adecuar su cuerpo a su identidad de género, la autorización o la anuencia de los representantes legales será de precepto”, dice su articulado.

»El término “precepto” significa, según la Real Academia Española, “mandato u orden que el superior hace observar y guardar al inferior o súbdito” [vocabulario ideológicamente llamativo]. Por lo tanto, es obligatorio e imprescindible que el menor que desee operarse el sexo cuente con el consentimiento de sus padres o responsables legales.” »

Estamos ante la misma estratagema: si los padres se niegan, el menor puede recurrir al juez. Que, dados los vientos “dominantes” tenderá mucho más a conceder que a negar “los avances de género”.

Vemos que lo que es falso es el enunciado de que el menor depende de sus progenitores cuando la Ley Trans los hace depender de jueces.

Verificado.uy resuella por la herida por otra formulación de los críticos a la ley de marras: «la ley “prioriza el acceso a la educación, cultura, empleo, becas, viviendas, entre otros a un sector de la sociedad [trans] en detrimento de otros que también son vulnerables”. Esta afirmación no es chequeable.

»Considerar que una norma beneficia a un sector de la población sobre otro es un concepto sujeto a la interpretación del autor del posteo. Objetivamente, esa afirmación no se expresa en ningún punto de la ley trans. Idéntica cuestión ocurre con el uso del término “vulnerables”

¿Por qué dicen los críticos a la Ley Integral de Personas Trans que se les da prioridad a dichas personas en detrimento de otras? Por una sencilla razón: porque dicha ley asegura porcentajes, cupos en distintas áreas, laborales, por ejemplo, para personas trans. El cálculo en sencillo: si una población X constituye, digamos, el 1% de la población general y el cupo asignado para la población X es del 2%, entonces hay un doble de prioridad de acceso para dicho grupo… en detrimento de otros.

Significativamente, Verificado.uy parrafea sobre el tema pero no cita el texto de la ley. Habla de subjetividades, pero no menciona los porcentajes.

Verificado.uy emplea el mismo método para negar que la ley otorgue gratuidad a los tratamientos de hormonización, quirúrgicos y los consiguientes maltratos corporales, pero veamos: «el artículo nunca establece la gratuidad de esos procesos, sino que se afirma que “toda persona trans tiene derecho a una atención integral para adecuar su cuerpo a su identidad de género”, conforme a los postulados que se determinan en el artículo 45 de la ley que dio creación al Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), en 2007

El texto de Verificado.uy prosigue: «El Ministerio de Salud Pública (MSP) es el encargado de definir cuáles son los tratamientos que los prestadores de salud están obligados a ofrecer de manera gratuita [negritas nuestras]. No es necesaria ninguna ley adicional para que el ministerio defina nuevas prestaciones básicas que las mutualistas y servicios de salud deben brindar sin costo a sus usuarios. Por lo tanto, la Ley Trans no define la gratuidad de los tratamientos. El que sí lo hace es el Ministerio de Salud Pública a través de la ley que creó el Sistema Nacional Integrado de Salud.»

¿En qué quedamos? ¿Hay gratuidad? Y la hay. ¿Por qué se la niega cuando la ley en cuestión ha establecido nuevas causas de tratamiento?

En resumen, vemos llegar una oleada militante con la voz de combate de que no son militantes, presentándose como administradores de la verdad; en suma, nuestros salvadores.

Como dice un viejo adagio: ‘dios nos salve de los salvadores, porque aquí los salvados son los únicos crucificados y los salvadores, los únicos que se salvan.’ ◊

Visita nada protocolar de Mike Pompeo a la Argentina

por Luis E. Sabini Fernández –

Argentina ha recibido la visita del emisario israelí Mike Pompeo.

Buen momento para preguntarse el porqué, el cuándo, y los motivos; los  expresos y los subyacentes.

Y buen momento también para plantearse por qué un representante del gobierno de EE.UU. actúa aquí como emisario israelí.

No se trata, obviamente, de una visita protocolar por más que se invoque el aniversario del atroz atentado en la AMIA. Ese atentado, precisamente, implica a la comunidad judía, al  EdI, y a la Argentina, obviamente.

Pompeo entonces viene a recoger los “dividendos” de las operaciones geopolíticas que se han tejido a partir de los atentados.

Del de la AMIA así como del atentado igualmente atroz y algo anterior en el tiempo contra  la Embajda de Israel, del cual se habla mucho menos y también poco y nada se sabe.[1] Con la AMIA, la danza de sospechas ha andado por la policía local y las desavenencias o traiciones intrasirias en los ’80, cuando el descendiente de árabes sirios Carlos Menem se hacía de la presidencia argentina y Hafez Assad ejercía con mano de hierro el gobierno de una Siria presuntamente socialista. De todos modos,  a poco de los atentados, con los servicios secretos de EE.UU. e Israel haciéndose cargo de “la investigación” sobrevino un cambio de “culpable”,  hacia Irán, precisamente el país que desde 1979 Israel quiere borrar de la faz de la Tierra aduciendo que Irán quiere borrar al estado sionista del territorio palestino.

El establishment argentino, ratificando su condición periférica y subalterna, no dijo ni mu; aceptó el cambio de sospechoso prinicipal y actuó o procuró actuar en consecuencia (con el intento de juicio en territorio iraní, que despertara las iras de los represenantes coloniales).

Como la geopolítica es cambiante, ahora la Argentina ha recibido otro candidato a culpable; parece provenir de las mismas fuentes y Argentina  hoy con la presencia de una presidencia que se identifica como una suerte de virreinato del poder globalizado, otra vez no dice ni mu. Se trata del Hezbollah; una organización libanesa que fue decisiva para desalojar a Israel de su ocupación de años en el país vecino, durante las últimas décadas del s XX. Israel no perdona esa derrota.

Así que los “investigadores”, que por lo visto más que investigar asignan culpas por razones geopolíticas, han optado por pergeniar dos responsables,con vínculos entre sí: la teocracia iraní y el Hezbollah libanés, igualmente musulmán.

Como se trata de un tejido geopolitico, los “investigadores” o sus chirolitas locales han agregado un tercer episodio o un  tercer atentado; la muerte de A. Nisman, cuando todos los indicios y las pruebas han llevado a considerarlo un suicidio.

Suicidio que sobrevino al enfrentar Nisman su propio vacío en el caso… AMIA.

Pero el emisario israelí no viene a calibrar verdades. Sino poderes. Su finalidad no es buscar, aristotélicamente (no me hagan reír) la verdad sino satisfacer a la geopolítica israelí (que incluye “mover” a EE.UU. en el sentido deseable; desencadenando acciones militares, violencia, contra, por ejemplo, Irán. Algo problemático. Aunque el control legislativo y de la Casa Blanca y sus secuaces, quiero decir asesores, es muy alto por parte de Israel, la estructura social, económica, militar, de EE.UU. es de tal envergadura y complejidad que presenta bolsones de resistencia a una colonización total, digamos sionista, israelí o judía.[2]

A todo esto, Mauricio Macri encantado por tener el (triste) papel que un poder mundializado que no conocemos le otorga. ¿Y Alberto Fernández?

[1]  Tanto silencio desde los propios afectados por la explosión que destrozara la sede de la embajada en 1992 ha dado incluso pábulo a la hipótesis de un atentado intestino.

[2]  Existen refractarios a que EE.UU. se ponga totalmente en manos del eje judeo-sionista. Tanto entre republicanos como entre demócratas, incluso muy de derecha. Se notó ─la resistencia y la influencia─ en  su momento con el enviado plenipotenciario de Clinton, John Kerry. Y hay fuertes sospechas de “la mano” israelí en casos como el del radiado general David Petraeus (oficialmente por un “asunto de polleras”) o la defenestración de Bill Clinton con el affaire Lewinski: influencia para enfrentar la resistencia.

Israel, ¿modelo de democracia occidental?; la Torah, ¡libro de historia!

por Luis E. Sabini Fernández –

A menudo resulta ilustrativo analizar a los críticos de ciertos actos políticos porque con sus  críticas no hacen sino legitimar un estado de cosas que evite ese aspecto criticado, legitimando todo el resto de la construcción ideológica de que se trate.

Este fenómeno se repite con extraordinaria frecuencia en la cuestión palestino-israelí: críticos de “el estado judío” recientemente proclamado por el gobierno de B. Netanyahu y su equipo de genocidas confesos[1] “bajan un cambio” en el apoyo pero para reafirmarse en posiciones anteriores, que de ese modo consideran inatacables.

Así, Claudio Fantini, un periodista de los principales medios rioplatenses[2] presenta una nota; “Una pulsión oscura en Israel”[3], con una coloratura crítica ya en el título, refiriéndose a la muy reciente declaración de Israel como “el estado judío”.

¿Qué plantea nuestro comentarista? “Israel fue moldeado en el modelo liberal-democrático del Estado de Derecho” Sic, sic, sic. Lo cual revela un formidable escamoteo histórico o una ignorancia supina. El estado sionista, el sionismo, jamás se entendió así, salvo como recurso de propaganda “occidental”. Se postuló vehículo para la liberación de los judíos y para establecer un estado  étnico. Partiendo de la base ─equivocada─ que los judíos eran un pueblo. Y aunque el sionismo eludió al principio una religiosidad vertebradora, aceptó sí la versión de los libros sagrados judíos como fuente documentaria, algo que ningún historiador se atrevería a hacer.

Por eso, su afirmación de que en Israel “todos los ciudadanos son iguales ante la ley y tienen las mismas libertades y garantías” deviene un chiste de pésimo gusto. Israel procedió en la primera mitad de 1948 a expulsar la mayor cantidad de palestinos de sus viviendas y aldeas con violencia, con violaciones, con asesinatos; así huyeron de su tierra una cantidad de palestinos estimada entre 700 mil y 800 mil, grosso modo la mitad de la población palestina.  Los que quedaron fueron colocados bajo leyes marciales y desde el primer momento de la fundación del estado israelí, toda la población judía pasó a revistar en su ejército y ningún palestino sobreviviente en ese territorio fue convocado a filas. Todo eso era meridianamente claro entonces. ¿De que igualdad de derechos y garantías nos habla Fantini?

Fantini teme que Netanyahu pueda “diluir esas vigorosas garantías de igualdad y seguridad”. Se puede escribir cualquier cosa; ni el papel ni el teclado lo desmiente. Pero Fantini habla de algo que nunca existió.

Por eso temer, como al final de su columna, que la nueva ley ─que lo que hace es estrangular todavía más a los no judíos en el Estado de Israel─ desvanezca “los valores seculares, igualitaristas y democráticos de la fundación” es una falsedad histórica que asombra en su descaro. Y por ignorar que el sionismo fue construyendo un estado dentro de la Palestina colonia, primero turca, luego británica, un estado racista,  alegando la judeidad como denominador religioso; un estado de los judíos, ahora consagrado.

Un solo ejemplo: cuando el sionismo funda una central sindical en Palestina, la Histadrut, no aceptaba asalariados no judíos; era la central sindical de los judíos. Y no era una central sindical al estilo democrático occidental sino al estilo corporativista, que promovían los fascistas, albergando en su seno a obreros y patronos.

El sesgo pro-israelí de la mayor parte de la prensa occidental es indudable. Sabemos porqué. Pero al menos deberían procurar garabatear con más solvencia.

[1]  Esto no es ninguna boutade; basta leer declaraciones de ministros como Ayelet Shaked,  Avigdor Lieberman o Naftali Bennet, que postulan la matanza lisa y llana de palestinos.

[2] El País, Montevideo, Noticias, Buenos Aires.

[3] El Paìs, Montevideo, 21 jul 2018.

Una maldecidísima trinidad: Assange, Sala, palestinos

por Luis E. Sabini Fernández

¿Qué tienen en común un periodista de investigación australiano, una coya jujeña activista polìtica del norte argentino y un pueblo tan limitado, recortado, acribillado su territorio de check-points como el palestino?

En que están despojados  de todo derecho, de todo lo que el ordenamiento jurídico suele calificar como “derechos humanos”.

La lista, el terceto, es arbitrario. Son muchísimos más los humanos expuestos a una excepcionalidad rampante; mi ignorancia me permite apenas mencionar a los yemenitas, a los saharauis, a los rohingya, a los mayas en Guatemala… tantos desamparados en el planeta.

El despojo que mencionamos golpea sobre situaciones bien distintas. En el caso de Julian Assange, vemos la impotencia de un refugio que las autoridades “occidentales y democráticas” se empeñan en recortar hasta la extenuación (un ejemplo prístino de “el gato que estrangula sin hacer sangre”); en el de Milagro Sala vemos un poder local de viejo cuño, patriarcal y despreciativo, que ha decidido castigar a Sala por su desenfado para actuar como si no hubiera por encima suyo “autoridades naturales” que es como se ven a sí mismos los que decidieron escarmentarla, no ya solo privándola de todo derecho sino destruyendo las obras y construcciones que en Jujuy sonaron a blasfemia; viviendas que merezcan el nombre de tal, una pileta para pobres (en una zona subtropical donde “los ricos” tienen pileta), locales y comedores escolares pero laicos e incluso algo peor, con fuerte presencia “originaria”; en el caso de los palestinos, luego de todos los triunfos políticos, diplomáticos, militares, que el asistidísimo Estado de Israel ha cosechado de parte de la comunidad judía mundial que se ha identificado con el fruto del sionismo, de la culposa Europa occidental y en particular del eje anglonorteamericano, en bienes materiales, en financiaciones ilimitadas y préstamos a fondo perdido, en provisión de recursos para bombas atómicas y energía nuclear en general, y en respaldo diplomático, que le ha permitido apropiarse del 78% de la Palestina histórica y de facto del restante 22%, no ha logrado sin embargo hacer d e s a p a r e c e r  a los palestinos, que se aferran con uñas y dientes a su tierra.

Invasiones, guerras han logrado expulsar mediante terror y asesinatos una cierta cantidad de palestinos. Pero el rendimiento de semejante política ha conocido la ley de rendimientos decrecientes. Y un cierto costo político, tal vez al revés, creciente…

Como los dirigentes que hoy en día son casi exclusivamente fascistas, no pueden tolerar tamaña resistencia; periódicamente personajes como Avigdor Lieberman, un continuador de los Sharon y Kahane, ha prometido una expulsión generalizada, una suerte de “tirar todos los palestinos al mar”.

Curioso momento el de nuestra cultura contemporánea. Porque estas situaciones de excepcionalidad jurídica que vemos desplegarse cada vez con mayor fuerza en nuestro presente, coexiste con una pléyade de redes, instituciones y asociaciones jurídicas dedicadas a a atender precisamente estos mismos problemas que venimos describiendo: el Tribunal Superior de La Haya, la Comisión Internacional de DD.HH., el Consejo de Administración Fiduciaria, la Asociación Internacional de Juristas, SIJ, CIADI, CIJ, etcétera, las que nos impulsarían a creer que gozamos de una alta juridicidad democrática.

Si preocupa e indigna el reinado de excepcionalidad descrito, lo que agrava la situación es la impunidad con que tales restricciones a los derechos básicos humanos se despliega en el mundo actual. Presentamos tres penosos ejemplos, dos individuales y uno que abarca a millones de seres humanos, virtualmente secuestrados, constreñidos a un régimen de vida de humillación permanente, de abuso sistemático. Solo la enorme entereza, la dignidad de un pueblo que se sabe dueño de un destino les permite vivir, no solo sobrevivir. Lo mismo podemos decir de Milagro Sala que se ha enfrentado a sus jueces y acusadores con altivez, algo imperdonable para sus cancerberos, y de Julian Assange que soporta estoicamente la reducción de espacio, la negativa a atención médica personalizada y el asedio continuo sin ceder en sus actos de denuncia contra abusos del poder mundializado.

Sobre el arte de quedar bien… actuando mal

por Luis E. Sabini Fernández –

Hay algo peor que contaminar. Y es proclamar un comportamiento limpio… mientras se contamina.

Hay algo peor que producir elementos cancerígenos. Y es producirlos mientras se proclama luchar contra el cáncer.

Esto que así planteado suena casi grotesco es, sin embargo, un comportamiento absolutamente generalizado en nuestro mundo empresario, institucional, público y/o privado.

La revista Noticias, un verdadero faro cultural del hipercapitalismo en el país, ha aplicado una docena de líneas a “informar” que “el campo apoya la lucha contra el cáncer”.[1]

¿Y qué es “el campo”? Si el campo fuera lo que conocimos tradicionalmente; el asiento de la producción de alimentos, nutrientes, agentes de salud para quienes los ingerimos, podríamos aceptar que desde el campo se enfrente la lucha contra una enfermedad… aunque hablando de cánceres, sabemos que no son deficiencias alimentarias o nutricionales  las causantes de cáncer…

Sí sabemos, en cambio, que los cánceres provienen en abrumadora mayoría de la contaminación. Y que el mundo que vivimos, que ha visto disminuir y perder relevancia a enfermedades infecciosas (hoy controlables), se ve enfrentado a  la proliferación de los más diversos casos de cánceres, así como alergias, alteraciones autoinmunes, diabetes, afecciones respiratorias, parkinson y otras alteraciones neurales, leucemias, celiaquía, obesidad, malformaciones congénitas, epilepsias e incluso enfermedades psiquiátricas; un desolador panorama sanitario fuera de control que ha coincidido con el ingreso a la posmodernidad…

Muchas de tales enfermedades, provienen directamente de los métodos de fabricación de alimentos que caracterizan nuestra “modernidad”, que reemplaza nutrientes naturales por aditivos y que “quimiquiza” todos los procesos alimentarios.

Uno de los varios pilares de la comida moderna ha sido, precisamente, la agroindustria. La agroindustria se basa en venenos, de muy variado orden, para producir alimentos. Cualquier mentalidad tradicional, la de mi abuela, por ejemplo, se horrorizaría de querer elaborar alimentos con venenos.[2]

Pero la agroindustria, junto con los reguladores públicos y el mundo empresario tecnoindustrial se valen de un recurso para poder usar venenos y sostener, a voz en cuello, la total inocuidad de tales alimentos, más aun, su carácter salutífero…: el empleo de “límites de seguridad”.

Tabulados por agencias debidamente investidas como “los que saben”, estas agencias, mejor dicho sus integrantes dirigentes, establecen que, por ejemplo, usar más de 0,8% de agar-agar en horno o 2% en merengues resulta intolerable.[3] O que hasta 100 microgramos de plomo, 50 de arsénico, 10 de cadmio o 45 mil de nitratos son aceptables en alimentos, como los de MacDonald’s.[4]

Pero, ¿dónde radica la verdad que un merengue con 1% de agar-agar sea sano y otro con 3% tóxico? O que una hamburguesa con 30 microgramos de arsénico sea saludable y otra con 60 microgramos de la misma sustancia sea tóxica?

Entendemos que la mera formulación denota su arbitrariedad. Y muy poca ciencia.

 

Y bien. Tenemos, según Noticias, a “el campo” luchando contra el cáncer…

¿Qué campo? Precisemos un poco. Noticias nos dice que se trata de una empresa “del campo argentino”: IPESA. IPESA es la gran fábrica productora de artículos plásticos, desde las celebradas silobolsas hasta sachets para leche y diversos envases, generalmente de polietileno (expandido).

IPESA es por lo tanto un agente protagónico de la plastificación de los campos y de los alimentos.

Cooperar en la lucha contra el cáncer parece plausible. Pero que la pretendan llevar adelante empresarios que basan su rentabilidad en un producto, el plástico, tan sospechado de estar en el origen de una serie atroz de enfermedades de origen ambiental, incluidos los cánceres más diversos, parece un poco demasiado. Hay algo grotesco en semejante gesto.

Hay una creciente conciencia sobre el daño que ha causado y está causando a la naturaleza la llegada de desechos plásticos en los más variados tipos, dimensiones, intensidad. Cualquier observador, profano, advierte los restos de bolsas de plástico entreveradas en ramas de árboles, a lo largo de rutas, por ejemplo; las islas “continentales” de basura plástica en todos los mares del planeta y el daño consiguiente a animales que ingieren  plásticos (tortugas lo confunden con medusas, pelícanos lo confunden con semillas) son materia periódica de información masiva.

Lo que tal vez no se dice tan a menudo es que el plástico es material no biodegradable. El idioma hasta carece de una palabra para aludir a esa condición. Su no biodegradabilidad plantea un verdadero nudo problemático a la humanidad: porque la erosión, el viento, el agua (a veces el fuego) “pulveriza” los objetos plásticos, pero persisten partículas que al no ser biodegradables siguen girando en nuestro medio físico. Y así, diminutas, microscópicas, se van alojando en cualquier sitio; incluidos nuestros tejidos corporales y los de animales. Desde hace años, algunos investigadores (no, por cierto, los empleados por Monsanto, Bayer, Syngenta) han ido comprobando el atroz papel de tales micropartículas de plásticos en el origen de una serie espeluznante de enfermedades y alteraciones.[5]

Nos suena más bien a coartada: seguir envenenando los campos y, Relaciones Públicas mediante, “quedar bien”   con una contribución monetaria a FUNDALEU. Tampoco es cuestión de exagerar: Noticias nos cuenta que se trata otorgar a dicha fundación 10 dólares por bolsa; las silobolsas cotizan en el mercado a varios cientos de dólares cada una.  Si estimamos una de 400 dólares, se trataría de un 2,5%. Lo que se dice quedar bien con poco.

Es significativo el destinatario elegido por IPESA. FUNDALEU es una fundación dedicada a combatir la leucemia. Este tipo de cáncer es, precisamente, uno de los más asociados con intoxicaciones de origen ambiental.

Leyendo la noticia de Noticias, uno se pregunta acerca de la calidad ética e incluso intelectual de pretender cultivar la  “imagen” que acabamos de analizar, pero también acerca de la frivolidad del “periodismo” que transmite “noticias” sin el menor recaudo sobre su legitimidad, sentido o finalidad.

  

 

 

[1]  Contra el cáncer”, p. 138, Buenos Aires, 27 abr 2018.

[2]  Lo podía hacer, pero por ignorancia, nunca deliberadamente.

[3]  Code of Federal Regulations (CFR), norma federal sobre alimentos en EE.UU.

[4]  Tolerancias máximas admitidas por la  OMS.

[5]  Véase Our Stolen Future, 1996, una investigaciòn de tres biólogos estadounidenses, Dianne Dumanoski, John Peterson Myers y Theo Colborn, que han rastreado, por ejemplo, la presencia de policarbonato, poliestireno y PVC en casos de feminización de peces, aves y mamíferos machos, disfunciones tiroideas, disminución de fertilidad y un largo, atroz etcétera.