“Amistoso” Argentina-Israel, ¿qué falló?

por Luis E. Sabini Fernández

El traspié sufrido por Israel con la cancelación del partido amistoso Argentina-Israel repite, una vez más, una enseñanza que tantas veces hemos aprendido en cuentos y parábolas infantiles: “la codicia rompe el saco”.

Los planetas parecían alineados para que Israel se hiciera de un nuevo triunfo en la seguidilla de avances y conquistas, de impunidad y desinformación, recursos con los que se ha ido acostumbrando a ganar en los últimos tiempos.

El fascista[1] Beniamin Netanyahu ha armado un gabinete con alegres asesinos confesos de palestinos, como Naftali Bennet, ministro de Educación, que tranquiliza a su público bagatelizando tales asesinatos; “He matado a muchos árabes en mi vida. No hay problema con eso”.[2] O la ministra de Justicia, Ayelet Shaked, que aboga por la muerte de madres palestinas, “porque paren serpientes”… (ibíd.).

Hace apenas mes y medio, se atrevieron a asesinar a centenares de palestinos desarmados y en actitud pacífica. La primera vez que aplicaron “la doctrina Bennet” sin subterfugios; hasta ahora  aprovechaban a una adolescente desesperada armada de una tijera, por ejemplo, para matar a “la terrorista” y eventualmente algún palestino próximo; más tradicionalmente, tirar a matar a apedreadores, muchos menores, previamente calificados como “terroristas”.[3]

La brutalización cultural y el consiguiente encanallamiento ético de Israel parece “permitirle” ahora matar palestinos sin causa ni peligro a la vista. Israel va ingresando así a escalofriantes categorías jurídicas, como la de homo sacer, de Giorgio Agamben, o la de untermenschen de Lothrop Stoddard.  Stoddard, supremacista blanco, acuñó, por ser racista estadounidense, el término en inglés, “underman” (1922), pero se popularizó en alemán, entre otros motivos por su adopción por los nazis. Se refiere a quien carece de todo derecho, incluido el de vivir, asemejándose así al concepto que acabamos de mencionar de Agamben. Así, lo que Stoddard concibió para afros, los nazis para judíos, los israelíes lo han ido adoptando para palestinos… lo común es la pérdida radical de derechos… de los otros.

Lejanos los tiempos en que siquiera algunos sionistas visualizaban al campesinado árabe palestino como étnicamente unido a la sociedad judía anterior al Islam y al cristianismo; incluso tiempos posteriores en que veían a los palestinos como intrusos, que les habían usurpado [¡sic!] la tierra sagrada. Ahora corren tiempos  en que la tierra judía, totalmente escindida de su historicidad, ha sido colocada en un lugar inaccesible a humanos vulgares, como nosotros. Desde allí el gabinete Netanyahu, reforzado por la dosis Trump, se permite nuevos atropellos, nuevas falsedades.

Así llegamos recientemente a la reafirmación trumpiana de Jerusalén como capital total y exclusiva de la judeidad, ignorando una convivencia milenaria en esa ciudad-enclave de las tres grandes religiones monoteístas, tan parecidas entre sí, por su relación con lo jerárquico y la veneración al poder…

En este proceso triunfal y triunfalista del eje EE.UU.-Israel (o más precisamente Israel-EE.UU.), Israel “abrocha”, con mucho dinero, un partido “amistoso” entre Israel y Argentina en vísperas del mundial. Israel paga hospedajes, traslados y mucho cash para la AFA, trastornando “apenas” el itinerario y la preparación del seleccionado argentino con una visita a Israel. Por once millonejos (que Israel ni siquiera desembolsa, porque provienen con seguridad de los fondos que permanentemente suministra EE.UU. a Israel), Israel conseguía un espectáculo local con la pulga universal… en Tel Aviv o Haifa.

Todo iba como sobre ruedas. Entonces, Miri Regev, la ministra de Deportes (y Cultura), sintiéndose dueña de la situación, estiró la cuerda; −hagamos el encuentro en Jerusalén, justo cuando EE.UU. inaugura su embajada…

 

Hasta entonces, los activistas del boicot a Israel estaban intentando una campaña para que Argentina no aceptara hacerle el juego a la geopolítica israelí bajo pretextos deportivos.

Se hicieron concentraciones ante la AFA en Buenos Aires, repudiando el oportunismo de ingresar a la estrategia israelí o israeloyanqui por un puñado de dólares y se  publicaron cientos de gacetillas denunciando el comportamiento racista y artero de la política represiva israelí, que incluye balear en las piernas y/o en los pies a jugadores de la selección de fútbol palestina, pero la jugada diplomática no se detenía…

Entonces, el BDS,[4] asentado en Barcelona, ensangrentó varias camisetas 10 aludiendo a todos los muertos desarmados e indefensos que los militares israelíes, fríamente organizados, habían estado desangrando en los días, sobre todo viernes, de abril y mayo…

Y se produjo un clic. Si todo había estado confluyendo hacia la jugada maestra de Regev, jalonando un encuentro Trump-Netanyahu (al que por la situación interior argentina, no se podría sumar Macri), tras la asonada en Barcelona, los jugadores, al parecer con Messi a la cabeza, dijeron no. Adujeron miedo. Y se negaron valientemente a seguir la operación.

Se perdieron los millones. Pero los jugadores ganaron en tranquilidad y concentración viajando directamente de Barcelona a Moscú. Y en dignidad.

El poder no está acostumbrado a tropezar. Ni siquiera con la realidad. ¡Netanyahu llegó a llamar dos veces, por teléfono a Macri! para anular la anulación. No tenía la menor idea del carácter de la negativa. Y de que no siempre rige la disciplina de cuartel. A la cual, él seguramente sí está muy acostumbrado.

Ya con la delegación argentina en Rusia, surgieron las críticas a la ambiciosa Regev. Pero era tarde. Su soberbia la había, los había, perdido.

Bueno es recordar, o enterarse, que Regev, otra integrante del gabinete de racistas y asesinos de Netanyahu, durante violentos disturbios contra los africanos en Tel Aviv incitó a la multitud calificando a las víctimas de “cáncer”.[5] Pero luego se desdijo; pidió disculpas… a los enfermos de cáncer.

¿Puede el lector vislumbrar el caldo tóxico de chovinismo, necio orgullo nacional (no hay otro) y racismo supremacista que asuela a Israel?

Eso estuvo siempre en Israel, pero larvado. El strip-tease que conlleva el mero ejercicio del poder desenfrenado, permite visualizarlo mucho más claramente.

 

 

[1]  Ningún insulto. Referencia a su pertenencia política histórica.

[2]  Richard Silverstein, “El gobierno más racista y extremista de la historia de Israel”, 15/5/2015.

[3]  Hay que decir que la barbarie sionista, como la fascista o la nazi, tiene gradaciones: cuando la pedrea se convirtió en el medio de protesta palestina contra la ocupación de su país, porque más y más población se fue dando cuenta que las conversaciones diplomáticas no iban a parte alguna y los abordajes guerrilleros tampoco; la intifada de 1987 surgió como un estallido de cólera colectivo. Los soldados israelíes se dedicaron a aprehender a los apedreadores y, con una piedra grande, pesada, quebrarle los brazos, los bracitos a menudo preadolescentes. Una pedagogía probablemente bíblica. Porque el sionismo es seguidor de mandatos bíblicos. Dedicados a ver si pueden repetir en los siglos XX y XXI lo que Yahvé les habría otorgado, según los testimonios rabínicos, sobre los pueblos de la zona; el tratarlos (y exterminarlos) a espada… (al Amorrheo, al Cananeo, al Hetheo, al Pherezeo, al Heveo, al Jebuseo…). Entrados al s. XXI ya no les alcanza quebrar huesos…

[4]  Movimiento palestino de Boicot, Desinversiòn y Sanciones al Estado de Israel.

[5]  Richard Silverstein, ob. cit.

 

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Uruguay ¿La izquierda al servicio de la derecha? Ironías de la historia

por Luis E. Sabini Fernández

¿Quién habría imaginado a comienzos de los ’60 que muchos de los más radicalizados de la izquierda uruguaya iban a defender a represores institucionales? ¿Quién habría de imaginar en esa época de insurgencia estudiantil y de abordajes a la utopía, que muchos de sus titulares iban a defender un golpe de estado o aceptar instituciones de “la seguridad nacional” auspiciada por los represores del “estado burgués”?

Ningún uruguayo,  ningún oriental, espontáneamente, podría haber aceptado semejantes maridajes.

Sin embargo, conociendo un poco de historia no habría sido tan increíble. El papel de mucha izquierda en la Revolución Rusa y en su consolidación estalinista; en la llamada Revolución Española y su descaecimiento; en el ascenso del nazismo en Alemania, ha sido ése. Innegable aunque haya sido tan escamoteado en la prensa generalmente progre o de izquierda (¡a lo largo de casi todo el siglo XX!). Al punto que hasta se podrían rastrear razones no explícitas (dejando de lado los casos de provocadores, infiltrados y soplones, que también han cumplido su lastimoso papel al respecto). Pero no es el momento de rastrear esas curiosas y significativas metamorfosis de la historia en tantos sitios. Limitémonos a un episodio uruguayo, uruguayísimo.

Tomemos el galimatías jurídico de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Julio Sanguinetti, figura clave en la elaboración de dicha ley, hizo su jugada maestra mediante un gambito, iniciado el 8 de marzo de 1985, con ley de amnistía que amparaba a los tupamaros que acababan de cumplir 13 años de prisión (aunque alcanzaba  ─y aquí está la frutilla de la torta─  también a quienes habían evitado la cárcel e incluso a quienes habían sido reclamados por “delitos de sangre” y habían huido fuera de fronteras). Con amnistía o con conmutación de penas, “todo el mundo” tupamaro, los integrantes del MLN (y de organización menores) quedaron libres de culpa y cargo.

En 1986 ─estábamos viviendo los reacomodos del país tras el brutal cimbronazo de la crisis, la violencia guerrillera y la represión indiscriminadora del terror público, estatal─, los artífices políticos del momento, creen llegado el momento de “cumplir” con los militares las promesas del Pacto del Club Naval y, a través de la influencia clave de Julio M. Sanguinetti y Wilson Ferreira Aldunate, anudan la Ley de Caducidad.

Algo que no se podía aprobar simultáneamente en 1984, cuando la liberación de los presos políticos, porque la huella odiosa de la dictadura estaba fresca y la prisión de tantos años (de tupamaros y otros luchadores políticos) patentizaba su rol de víctimas.

Había que dejar pasar un tiempo, para hacer semejante juego de la mosqueta.

La acción guerrillera había recaído sobre actores sociales muy precisos; empresarios expropiados, policías desarmados, cuerpos represivos golpeados e incluso asesinados (aunque por el estilo o el método empleado, sobrevinieron también varios “daños colaterales” sobre habitantes totalmente inocentes o ajenos). Pero la acción represiva oficial generalizó el terror sobre buena parte de la población y dañó y mató mucha población porque la intención fue, precisamente, postrar a la sociedad en general, bajo el terror. Algo ajeno a la estrategia guerrillera, al menos en esa etapa, de subversión.[1]

Así que toda equivalencia entre la amnistía y la caducidad está viciada de origen. La amnistía amparaba a quienes habían actuado puntualmente; la caducidad amparaba a quienes habían maltratado a toda o casi toda una sociedad.

Y aquí viene el punto: la izquierda, fundamentalmente la izquierda tupamara, aceptó el trapicheo, reconoció un interés común en la defensa de amnistías y caducidades. Con representantes conspicuos de esa “alianza”, como Eleuterio Fernández Huidobro. El tristemente más destacado, pero no el único. En esa estela, han navegado, navegan, M. Rosencof, J. Mujica, J. Marenales, D. Cámpora y muchas otras acrisoladas figuras sobre todo de la llamada dirección. Si nos dejamos llevar por las consideraciones de refractarios al pacto y a la “política” de EFH, tendríamos que inferir que la mayoría o una buena parte de la camada tupamara aceptó el trapicheo que venimos señalando.

Esto no significa desconocer u olvidar todos los militantes y combatientes, a menudo esforzados, que han pagado con cárcel, exilio o la misma vida el sostenimiento de sus convicciones. Que podemos compartir o no.

Porque una cosa es “la revolución” (siempre bastante mitificada) y otra es conseguir mejores jubilaciones con pocos años de trabajo (más otros, a veces muy duros, es cierto, de cárcel) en tanto que laburantes que han trabajado 35 o 40 años en el país cobran un mendrugo; una cosa es reconocer o respetar a los poquísimos militares que han actuado correctamente y otra proteger a militares asesinos o cómplices de asesinatos, como el de un asesor de Pinochet, por más que el susodicho, E. Berríos, fuera un investigador científico deleznable…

En general, haber sido contemporizador o cómplice con las “movidas” militares del 9 de febrero o del 27 de junio de  1973, como sucedió con casi toda la izquierda incluyendo las dos principales organizaciones, tupamaros y tapamuros (comunistas) [2] es lo que se expresará años después, con “la recuperación democrática” en el Pacto del Club Naval, en la amnistía “general e irrestricta”, en el engendro de la Caducidad.

Aquellos polvos trajeron estos lodos. Nada distinto podía depararnos lo que se tipifica como derecha; está para defender lo estatuido, la injusticia dominante. Pero quienes han acarreado buena parte de nuestra lastimosa herencia han sido los que suelen considerarse “de izquierda”.

[1] Hubo un episodio, en 1970, que dio pistas para lo que podría pasar una vez obtenido el triunfo guerrillero. El MLN, previa inteligencia, copó instalaciones de Nybroplast para dar a conocer a su personal una proclama; operativos que hizo el MLN con frecuencia, buscando darse a conocer, socializando sus objetivos. El copamiento fue defectuoso: mientras “dialogaban” con el personal, un sereno que no había sido advertido se comunicó telefónicamente con la policía. Cuando los guerrilleros abandonaban las instalaciones en vehículos, los del primero ni siquiera advirtieron dificultades, pero los siguientes debieron enfrentar el cerco. No hubo muertos, pero sí varios detenidos.

La dirección tupamara evaluó el operativo; no sé si hubo críticas a los defectos del copamiento, pero sí se resolvió “ajusticiar” al sereno. Suponemos que “por buchón”. Sin embargo, el sereno había apenas cumplido con su deber. El mensaje entonces fue: si estás de acuerdo aplaudí, ¡si estás en contra, obedecé!

Pensemos por un instante lo que sería esa política dentro de toda una sociedad: recibe el nombre de totalitaria.

[2]  Hubo honrosas excepciones. En febrero, dentro del FA apenas la figura aislada de Carlos Quijano y seguramente otros miembros de “su” agrupación, ANDS. Fuera del FA, los exanarcos de ROE-OPR y los llamados prochinos. Hubo también otros objetores; colorados como A. Vasconcellos, y W. Ferreira Aldunate y su agrupación del PN. En junio, hay para todos los gustos: el PC prosiguió con su antibordaberrismo excluyente, apoyando a los militares torturadores como en febrero, pero empujado a la clandestinidad, pocos días después del 27/6 pasó a ser crítico acérrimo de este golpe de estado; el PS que en la secuela de febrero brindó con su líder V. Trías apoyo al peruanismo quedó, en junio proscrito por la dictadura; Seregni, prescindente en febrero  fue en julio de 1973 degradado y puesto en prisión durante 9 años.

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Cómo abordan Zicarelli y Carrió “el caso Maldonado”

por Luis E. Sabini Fernández –

Tengo  la impresión que cierta borrachera electoral está, y estará, permitiendo avanzar en interpretaciones sin pruebas que en tiempos más normales, habrían sido descartadas por su ordinariez o bajeza.

Los dichos del Álvaro Zicarelli, debidamente amplificados por prensa adicta como la trinchera de perfil son un penoso ejemplo de cierta arrogancia e impunidad para el destrato.

Zicarelli ha dicho: “si hay aprovechadores políticos de la muerte de Santiago Maldonado son los dos hermanos” (perfil, 23/10/2017).

Al revés del rey Midas que convertía en oro todo lo que tocaba, Zicarelli convierte en mierda lo que toca. Por eso “traduce”, por ejemplo, algunos planteos de Sergio Maldonado, como que le habría pedido a la gente “que no vote al gobierno”. Porque Zicarelli mide cualquier conducta en ese punto preciso; si votar o no votar a SU gobierno. Lo que han expresado los hermanos de Santiago ha sido siempre algo muy distinto; por ejemplo, si el gobierno los contactó durante la agonía del tiempo –meses─ en que estuvo desaparecido Santiago, para auxiliar, compadecerse o si por el contrario, el gobierno, sus figuras representativas, estuvieron todo ese tiempo empeñados en ningunear a Santiago Maldonado; ni por su nombre se referían al “artesano”, y en justificar procederes de Gendarmería.

Zicarelli tiene una mente tan podrida como para subir la apuesta: “están más interesados de que a Santiago lo hayan desaparecido para hacer de esto una especulación política” (lo cual revela que es, además, un pésimo psicólogo porque jamás reparó en el rostro de Sergio).

No es habitual esta dosis de descaro. Apenas Lilita podría comparársele: “La mentira la comenzó un mapuche que declaró, que fue el que después dijo donde estaba. ¿Por qué lo hicieron testimoniar esto? ¿Qué periodistas, qué organizaciones de derechos humanos…? Había muchos que sabían la verdad. Construyeron un desaparecido” (infobae, 23/10/2017). El “construyeron”  de Lilita remite, otra vez, la culpa sobre las víctimas.

La malevolencia de Zicarelli es, empero, fiel reflejo de un estado de ánimo oficial u oficioso que ha rodeado la desaparición de Santiago Maldonado. Podríamos decir que Zicarelli y Maldonado están en polos opuestos.

Santiago, dedicado a una causa, la mapuche, de pueblos originarios discriminados y perseguidos.

Álvaro, dedicado a la Fundación Suma, “sin fines de lucro”, postulando “transparencia”,[1] que se presenta muy “acompañada por aliados estratégicos” y ‘sponsors’” como Microsoft, Banco Santander Río, Banco Comafi entre otros.  En suma, un ciudadano muy inquieto por hacer carrera…y dinero.

Mencionar en esa lista de augustas instituciones ‘falta de lucro’ debe ser como explicarle a un círculo de leones las virtudes del vegetarianismo…

Como broche geopolítico de la fundación donde se desempeña Zicarelli, Suma reconoce un apoyo político: el de la República de China-Taiwán la vieja sucursal oriental de EE.UU…

Batallador y desinteresado como es el tándem Zicarelli-Carrió, han descubierto quiénes han tratado de aprovechar la desaparición primero y ahora la muerte de Santiago Maldonado para construir una versión contra gente inocente y pacifista de las instituciones de seguridad. La malevolencia entonces corre a cuenta  de organismos de derechos humanos y mapuches.

Seguramente, no es la primera vez que tales han realizado estas operaciones de prensa.

Ya se sabe que los organismos de derechos humanos se han dedicado a construir infundios contra fuerzas del orden institucional en 1976, por ejemplo, y los nativoamericanos no han cesado nunca de quejarse de que habrían sufrido despojos con la llegada de europeos al continente.

Nos tienen cansados con sus cantinelas.

Gracias Zica, gracias Li, soldados de la veracidad.

 

[1]  Seguramente también muy dedicada a fortalecer los lazos de la familia pues es esta fundación la que provee los sueldos de las esposas de dos referentes mediáticos; Mauro Leucovich y Luis Majul; Cecilia Ruth Brook y María Elizabeth Conte Grand  respectivamente. Esta última parece cubrir todos los atributos del ñoqui, puesto que revista en el Senado (seguramente,  personal auxiliar de C. Michetti) pero cumple tareas en la Foundation …

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Imagen: la clave teledirigida del poder actual

por Luis E. Sabini Fernández –

No digo con ello nada nuevo, por cierto.

Son muchos ya quienes observan, observamos, un presentizaciòn creciente de nuestras sociedades y vidas cotidianas.

Se trata de un movimiento actitudinal que entiendo progresivamente acelerado. Tal vez mojón referencial haya sido el colapso soviético, a fines de los ’80 y ya decisivamente a comienzos de los ’90.

Aunque la idea de futuro (socialista) era ideología pura, en el peor sentido del término que nos recordara Karl Marx hace ya mucho ─“enmascaramiento de la realidad”─ hasta el derrumbe de la URSS la dimensión futura seguía perteneciendo a nuestra cultura, por más que ya muchos, y cada vez más, lo viéramos como pesadilla y no como “sueño de la humanidad” que los “profetas del socialismo” quisieron durante largo tiempo insuflar.

Pero en estos últimos escasos treinta años, el proceso de presentización se ha ido agudizando.

Y más allá de los cambios de cosmovisión o mejor dicho del derrumbe de la profecía socialista, ha habido otro factor decisivo en la cuestión de la presentización (y que habría que relacionar con los cambios políticos).

Y es la presencia cada vez más dominante de la imagen.

Mientras la palabra, por definición, constituye una mediación del sujeto con la realidad, un puente, una intelección, y la palabra escrita acentúa esa proceso porque nos ingresa a la dimensión abstracta, la imagen, en cambio, parece saltear toda mediación y se nos presenta como directa, tan real como la realidad misma.

Por cierto que eso mismo la ha transformado en formidable, temible arma persuasiva; las falsificaciones visuales suelen ser las más difíciles de discernir; el ciudadano apolítico, en rigor despolitizado ─un ejemplar que abunda en nuestras sociedades─ puede sospechar de la palabra (aunque sea veraz, verdadera, verídica), puede sospechar de la palabra oída, grabada, porque ─nos va a decir─ puede estar fraguada (lo cual puede ser cierto, claro), pero ese mismo sujeto se tragará íntegra la imagen. Allí sí, cree. Allí, desde allí, se alimenta la credulidad.

Las imágenes tienen un enorme magnetismo. Baste pensar lo caras que nos resultan a todos, algunas. Del ser amado, sobre todo si está lejos, de un paisaje con carga afectiva….

Basta verlo en el turismo que se ha masificado en las últimas décadas y que viven mejor dicho que pervive de… las fotos, los videos. Ése es el pan turístico de cada día.

 

 

Veamos de qué imagen hablamos cuando hablamos de imagen. Por empezar, se trata de imágenes indirectas; no es el ojo que mira la realidad sino el ojo que mira una imagen de la realidad, de la presunta realidad.

Hagamos algunos cortes… en la sociedad.

Los nenes, los pequeñines de 2, 3, 4 años, que disponen cada vez más de celulares (no sabemos si ya propios o todavía de los padres), con sus deditos, ya hábiles, atentos, van observando, concentrados el desplazamiento de…. imágenes. Como hipnotizados, subyugados, paralizados, siguen el curso visual que con los deditos van aprendiendo a encauzar. Si son juegos, en rigor, los encauzan a ellos. Pero ese diálogo cautivo es muy marcado.[1]

Se dice, con mucha materialidad, que “el saber ocupa lugar”. Y eso, la capacidad finita ─aunque inmensa es siempre limitada─ de nuestros recursos intelectuales nos permite inferir que toda la energía que aplicamos a ver (y a distraernos) con la imagen va en desmedro de otras intelecciones.

El dominio de la imagen ha ido afianzándose con el paso del tiempo: baste pensar la fuerza que debieron tener en su momento las imágenes en grutas como las de Altamira, los progresos de la imagen hasta llegar al Renacimiento, los desarrollos pictóricos y escultóricos, arquitectónicos de la modernidad, la fuerza milenaria de la imagen teatral y la formidable irrupción del cine ya muy a fines del siglo XIX, para llegar a un dominio ya incontestado, generalizado y (cada vez más) global con la TV durante toda la segunda mitad del siglo XX. Desde entonces es que podemos decir que estamos en una “civilización de y por la imagen”.

Como los procesos de cambio social nunca son unívocos, la temporalidad nuestra, humana, de pasado, presente y futuro, pervivió esos avances de la fuerza de la imagen. Hasta la década de los ’90, dijimos, cuando, con la imagen ya entronizada en nuestra cultura cotidiana y en nuestras mentalidades, sobreviene el crac (final, categórico) del futuro socialista.[2]

 

 

Vayamos al caso argentino.

Los doce años kirchneristas fueron muy celosos de un relato. Que se proclamó inicialmente peronista, pero que casi desde el vamos fue perfilándose con rasgos propios. Dentro de lo que se denomina generalmente populismo; confianza en alcanzar un capitalismo bueno (lo que para algunos constituye una contradicción en sus propios términos), atención material a las capas de la sociedad con menor poder adquisitivo (aunque siempre preservando al sector con mayor poder adquisitivo), pero en la cuestión que nos interesa  ─la temporalidad─ el kirchnerismo constituía un relato con raíces históricas, reclamándose no solo dentro del peronismo, sino dentro de la resistencia a la omnipotencia estadounidense (que al mismo tiempo se la facilitaba en varios aspectos, como con el auge de los productos transgénicos; así de contradictorio es el populismo). Así vimos su contribución a impedir la concreción del ALCA, estrategia de “integración deglutidora” de Bush y la craneoteca estadounidense a comienzos del s. XXI.

En resumen, el kirchnerismo, peronismo, se anclaba en un pasado, se afirmaba en un presente y postulaba un futuro.

Las elecciones de 2015 parecen haber consumado una revolución en lo que tiene que ver con la temporalidad. El nuevo gobierno, el nuevo elenco, por empezar se presenta sin historia, ahistórico, surgido de “nada”. Aun con parentescos muy nítidos con gobiernos anteriores, su grado de identificación con el universo empresarial parece ser su rasgo principal y cuando decimos universo empresarial sabemos que hablamos de la entidad civil menos democrática de todas las existentes en la modernidad, económicas, políticas, gremiales, artísticas, culturales, etcétera; la empresa es la política del cuartel aplicacda a la economía.

Cambiemos, lo dice su nombre, postula un tiempo nuevo, que conserva rasgos muy acusados del viejo tiempo como el despotismo empresarial a gran escala “naturalizado”.

A un año de instalado rompe expresamente con la historia oficial, (paradójicamente, ése solía ser un atributo de la izquierda, porque rechazaba o criticaba la consolidación de injusticias, por ejemplo) y vemos así la sustitución de las imágenes “históricas” que siempre habían circulado en los billetes, por “imágenes de animales”. “Cositas chiquitas lindas” según el ministro Marcos Peña, a cargo de la renovación gráfica y artística de los billetes que forma parte de esa nueva disposición temporal ante lo histórico.[3] (Queda por ver qué pasará en los centros educacionales con esta flamante ahistoricidad)

Como bien dice François Hartog, “Vivimos en un presente que se encierra en sí mismo.” [4]

 

 

Hay dos episodios, relativamente recientes, donde la imagen ha cumplido un papel protagónico  y mi tesis es que ambos pertenecen a este nuevo mundo construido por la imagen, por el cual han transitado, por ejemplo, diversos episodios de las llamadas “primaveras árabes”.[5]

 

2001 – El 11 de setiembre de ese año, las cadenas televisivas, todas ellas conectadas con las transmisoras estadounidenses nos retuvieron, al lado de la caja boba, mostrando alternadamente los incendios y otras peripecias en los edificios gemelos de las torres neoyorquinas.

Fueron 24 horas nos stop de espectáculo. La imagen se tragó la realidad. Y sobre todo, nos tragó a nosotros, sus espectadores. Espectadores de un inusual espectáculo; aviones chocando con los edificios y al cabo de un rato, derribados como por implosión. Porque los choques aéreos crearon focos de incendio, sobre todo por el derrame de los tanques de combustible, pero no parecían poner en peligro toda la estructura arquitectónica, aunque sin duda ponía en aprietos, enormes, toda evacuación. A los miles de muertos entre los que se encontraban en los edificios entonces (inusualmente pocos y sobre todo de higiene y maestranza, por la hora), hubo que sumar a lo largo del día centenares del personal de bomberos y salvataje, con muertes atroces durante el cumplimiento de sus deberes.

Jamás se alcanzó claridad sobre los orígenes de la doble catástrofe. Los desmoronamientos parecieron más producto de implosiones que de choques sobre las paredes externas.

Hubo personal muy vinculado al relevamiento e investigación que pidieron refugio y abandonaron EE.UU.

El halo de misterio y desconfianza no se ha difuminado, más bien al contrario.

 

2016 – El que fuera subsecretario de Obras Públicas del gobierno K, José López, munido de un fusil hipermoderno, casi de película yanqui de superhéroes y/o villanos, con un bolso con ocho millones y medio de dólares y la mirada perdida, toca timbre, a las 3 de la madrugada en las afueras del Gran Buenos Aires a 55 km. de la capital, en el Monasterio de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, que al parecer visitaba a menudo.

Si el fusil como arma de protección parece absolutamente fuera de lugar (¿quién podría manejar ese artefacto en una coyuntura rápida, de asalto, por ejemplo?) el bolso repleto de billetes verdes y su portador luciendo una mirada más bien extraviada aumenta el desconcierto, la extrañeza: Si todo eso es muy bizarro, adquiere una dimensión demencial el hecho que todo ello haya sido filmado, hasta los timbrazos iniciales y reiterados de López al convento, lo cual es comprensible, tratándose de las 3 de la mañana).

¿Qué traía López consigo?; ¿su ayuda de cámara (en este caso fílmica)? o fue filmado por el vecino del convento que lo habría denunciado (según la versión policial), o tal vez, ¿la monja nonagenaria lo esperaba con un equipo de filmación para conmemorar su visita?

No tenemos más remedio que suponer que no fue filmado desde el móvil policial que sin embargo llegó muy presto a la puerta del convento, pero al parecer no tanto como para haber registrado la llegada de López.

Nunca supimos cómo se procesó dicha filmación. Tal vez ya ni sea relevante en esta nueva fase social, a pura imagen… Fue, sin embargo, generosamente difundida Como pasara en su momento con el fuego en el WTC.

Ese trabajo fílmico nocturno, como en su momento el del WTC, es clave en algo: la obtención de imágenes. Tras el espectáculo del WTC sobrevino la invasión cruenta de Afganistán destrozado y poco después, todavía en la estela de aquel episodio espectacular o espectáculo episódico, llegó el arrasamiento con saqueo incluido de Irak.

Con López, su bolso y sus dólares la carta K perdió su impulso, con un gobierno que ya estaba “de salida”, con todo su elenco tomando presta distancia. La opción K se debilitó y sobre todo la del gobierno de Macri, Cambiemos, se afianzó.

En los viejos relatos de detectives a la francesa, se decía: “Cherchez la femme”. En los nuevos, informacionales, habrá que empezar a decir: “Cherchez l’image”.

[1]  Cautivo  tiene una etimología común con mentecato. Mente capto. Mente captada: los pequeñines son todos mentecatos. Y en lugar de apenarnos por ello, en general los adultos parecen complacerse…

[2]  Justamente porque nunca hay procesos unívocos, en ese momento habrá varias sociedades, partidos, países, que se seguirán reclamando socialistas, como la Venezuela bolivariana, la Cuba castrista, Corea del Norte y probablemente otras.

[3]  La incorporación de imágenes animales a los billetes no sólo deshistoriza. Así como la historia contada hasta ahora en los billetes siempre fue sesgada, defendiendo o postulando historias y acontecimientos históricos compartibles o no, este nuevo tiempo con imágenes de animales porta sus propios contenidos ideológicos; por ejemplo, el rostro de la ballena franca está ligeramente antropomorfizado. Y la reivindicación de “autóctono”  es materia harto discutible puesto que las ballenas francas (australes) tienen como hábitat común todos los mares del sur del planeta (lindando con América del Sur, Antártida, Oceanía). Es un sinsentido atribuirle territorialidad marítima argentina. En el caso de los rorcuales que habitan toda la superficie oceánica planetaria, no cabe ningún adueñamiento local, son literalmente planetarios.

[4]  “Un presente perpetuo”, entrevistado por G. Entin y A. Delmas, La Nación, Buenos Aires, 10/10/2009.

[5]  Su trascendencia es tanta, sobre todo en vidas humanas destrozadas, que merece un análisis específico.

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