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Categoría: Globocolonización

GAZA 2023: BUCEANDO ENTRE VERDADES, MITOS, ENGAÑOS

Publicada el 15/05/2026 por luissabini

RELACIONES ENTRE RACISMO Y COLONIALISMO

Luis E. Sabini Fernández / 11 mayo 2026

Aciagos tiempos los nuestros. Cada generación debe haber dicho lo propio de los suyos.

Pero, aun así, los tiempos no son siempre los mismos.

Los seres humanos son, somos ahora mucho más pesantes, importantes en el planeta que nunca antes. Pero no para bien, como cierto cientificismo, alguna noción de mejoramiento humano indefinido, podría hacernos creer.

Porque, como especie, hemos mejorado y empeorado al mismo tiempo.

Se ha asentado nuestra sabiduría y nuestras técnicas actuales nos permiten toda una panoplia de recursos para enfrentar adversidades y limitaciones.

Conocemos mejor nuestros cuerpos y el planeta. Relaciones causales. La ciencia en sus más diversas ramificaciones, como la dietología, por ejemplo, ha avanzado, sin duda.

Pero la contaminación y nuestra petulancia también. Para mencionar apenas una cuestión, no menor, por cierto: todos nuestros cuerpos sin remedio, no los nuestros sino todos los cuerpos vivos tienen, tenemos microplásticos en nuestro interior; en los intestinos que con suerte, nos desprendernos de ellos; en nuestros pulmones, esperemos que también podamos exhalarlos. En las placentas ya se han detectado. Es decir, todas las mamíferas cuentan con tales sustancias en sus tejidos. Y consiguientemente todos tenemos tales partículas que no son precisamente alimenticias, en nuestros cuerpos. ¿Las tenemos ya en venas y arterias?

¿Sabemos si cuerpos sanos pueden desembarazarse de tales micropartículas? ¿O si tal presencia es factor patógeno inevitable, como pasa en tantas tumoraciones?

La medicina actual ─gran generadora de iatrogenia (aunque por cierto, junto a grandes avances propiamente científicos y técnicos, en cirugía, por ejemplo)─ no sabe, no contesta.

La petroquímica ha invadido, sanitariamente hablando, al planeta. Y nunca nadie se lo ha enrostrado, ni a corte suprema alguna se le ha ocurrido demandar a dicha industria, por largos períodos la principal y más rentable de la economía mundial. Suponemos que el miedo a ser tildado luddita o retardatario antiprogreso, debe haber frenado la crítica. O que el tecnooptimismo era tan vigente que “a nadie se le ocurriría”.  Con toda la millonada de dólares y disposición de poder que le ha brindado a sus titulares y propietarios.

Porque el tecnodesarrollo es deslumbrante; nos da autos, velocidad, comodidades, pero no es sabio. Si por acaso nos enferma, nos enloquece, nos mata, eso quedaría más allá de “sus prestaciones”. Y ese “por si acaso” va tomando cuerpo.

Y como sistema ha ido ahondando la desigualdad entre humanos; en una segunda fase afectando incluso a sus presuntos beneficiarios.[1]

Cuesta aceptar que el hiperdesarrollo tecnológico tiene un efecto contraproducente: nos pone incómodos.

En el universo de las ideas (y su correlato inevitable, las ideologías), tenemos también una situación crecientemente complicada, probablemente irreversible: con la modernidad, se lesiona (por lo menos) la confianza en los grandes sistemas teologales, se produjo una explosión de ideología laica y sin sotana (aparente), con el liberalismo, el socialismo y sus opuestos; el conservadurismo y la gama de lo reaccionario.

Grandes, formidables pensadores nos han ayudado a advertir, generar ideas, a pensar (son tantos, afortunadamente), como Sócrates, Da Vinci, Zygmunt Bauman, Jacques Ellul, Sigmund Freud, Mahatma Gandhi, Blas Pascal, Antoine Béchamp, Leon Tolstoi, Quino, Tikkanen, y todo un torrente vivificador. Pero no nos alcanza, ciertamente.

 Estamos en el tiempo de los planos de realidad diferenciados. Así como culturas de otrora navegaban mágica o psiquicamente en varios mundos; el de las cosas concretas y cotidianas y el de los dioses y demiurgos, nosotros ahora, al lado de un fisiologismo básico y unitario, tenemos el creciente y progresivamente complejo y multidiferenciado mundo cibernético, electrónico, cada vez más presente… y pesante (sin que hayan desaparecido, ni mucho menos, los sistemas teologales).

Tras el fracaso políticosocial de ‘los grandes sistemas de ideas’ de la modernidad (liberalismo, socialismo, para mencionar apenas los mayores) estamos viendo el entronizamiento del sionismo como ideología dominante. Así como en décadas pasadas podíamos pensar en el mundo de las empresas transnacionales y su poder asentado en algunos estados del llamado Primer Mundo (en primer lugar EE.UU.) y todo el despliegue tecnocientífico consiguiente. A la vez entonces, estaban quienes apostaban, apostábamos, al mundo socialista, por cierto cada vez más deshilachado (en descomposiciones sucesivas, las últimas en 1953, 1968, 1991…).

El siglo xxi nos mostró al verdadero y no tan nuevo protagonista: Israel (aunque pocos entonces lo percibieran así).

Tal vez muchos todavía atribuían el poder mundial al crecientemente acoquinado “imperialismo yanqui” que no había rematado una sola victoria militar categórica casi casi desde 1945.[2]

El 11 de setiembre, 2001 fue una factura madeinIsrael. Su complejidad lo señala. Con golpes variados y simultáneos. Y miles de muertos. Amén de la destrucción de tres rascacielos y no sabemos si tres o cuatro aviones….

Luego, sigue el libreto, que viene de muy atrás. Israel necesita sacarse de encima quien fuera su instrumento para deshacer Irán. El ”instrumento”, Sadam Hussein, no sólo no pudo hacer  lo proyectado por Israel sino que tenía a su vez un proyecto propio, contra el petrodólar: una canasta de monedas para administrar esos flujos, los más importantes del planeta. Con la cual firmó, todavía sin saberlo, su condena de muerte.

No sabemos si la condena de EE.UU., que desatará una invasión devastadora a Irak, fue defendiendo su moneda monopólica, el dólar, o fue cumpliendo la estrategia israelí.  Pero en EE.UU. donde toda propaganda es importante, algún cerebro imprime la efigie de Hussein en el papel higiénico del país y por ese medio, la población estadounidense es condicionada para cagarse literalmente en él, un mero preanuncio de la realidad.

Una vez arrasado, no Hussein precisamente, sino todo Irak, invocando que tenía “armas de destrucción masiva”, parecería que EE.UU. tuvo una victoria militar (pero si nos enfocamos en los personajes en juego, en rigor, es Israel quien sale ganancioso, suprimiendo un adversario de cuidado).

 Y cuando Muammar Gadafi a su vez postula crear una moneda panafricana con respaldo en oro libio que pone a disposición de África, para poder salir del dominio del dólar ─pretensión osada─ es a la vez invadido y asesinado como un perro por comandos que damos por descontado son “luchadores por la libertad”, con cálido apoyo del sionismo internacional.[3]

El 7 de octubre de 2023 cambió una vez más el reloj calendario de la humanidad. Difícil dilucidar si fue un golpe de mano que madrugó al poder sionista o si fue una celada sionista que permitió a la resistencia palestina dar pasos inesperadamente ofensivos, cuando hacía ya tanto tiempo, décadas,  que toda ofensiva que merezca ese nombre, provenía de Israel.

Los testimonios de protagonistas como Yahya Sinwar permiten avizorar que los resistentes palestinos conocían el carácter de la ofensiva sionista, cada vez más imparable. Que Israel estaba asfixiando a Gaza. Y matando, literalmente a fuego lento, todo y toda Gaza. Ajusticiar en la toma del cuartel local sionista en la Franja de Gaza a decenas, o centenares, de policías-soldados israelíes era el combustible para una ofensiva mayor del Estado de Israel. Los israelíes vieron en el personal copado y matado sumariamente, peligrar su dominio absoluto sobre la Franja y Palestina en general; al israelí del montón, al soldado enlistado se le hizo realidad lo del “peligro palestino”. Un peligro que Netanyahu y la dirección sionista siempre han confundido con la mitología bíblica que sustenta sus “derechos” sobre ese territorio sagrado.

Pero la craneoteca sionista sin duda sabía que con cohetes Kassam, motos gastadas, alas delta y algunos fusiles o ametralladoras no podían, ni los palestinos ni los de Hamás, alcanzar victoria alguna.

Aunque ya estaba muy desvaída la imagen de palestinos como nazis o como amalecitas, porque a ojos vista, los palestinos eran víctimas permanentes del expansionismo israelí y cualquiera podía verlo, y la política de estrangulamiento de víveres, medicamentos, medios de transporte, elementos de cultura, había hundido a la Franja de Gaza en un estado de privación alarmante, el copamiento del cuartel regional de Gaza dio el combustible para volver a hablar de “peligro palestino”. Y el operativo siguiente de muchos palestinos, de obtener rehenes, que fue cruento porque hubo quienes lógicamente resistieron con armas los secuestros, únicamente echó más leña al fuego, por más que los secuestrados-rehenes fueran tratados con guante blanco y muchos incluso agradecieron dicho trato (se difundieron escenas de despedidas entre secuestradores palestinos y rehenes israelíes liberados, de muy alto contenido emocional). Pero el poder sionista no iba a reparar en eso.

Sintiéndose (una vez más) víctimas “eternas”, procedieron a no ya sólo reprimir sino a exterminar a la población palestina gazatí, el enemigo creado por el sionismo para facilitar la tarea colonizadora.

Un genocidio ahora a cielo abierto que el desarrollo tecnológico, cada vez más abarcativo, hizo posible ver a sectores inesperadamente altos de población en muchas partes del globo.

Ante el genocidio descarado de gazatíes por parte de los militares israelíes  (y de la sociedad israelí, ansiosa de venganza y voyeurismo), llevado adelante con desparpajo, y la anuencia del “mundo eurocivilizado”, se han ido separando las aguas de manera compleja, como inevitablemente acaece con las grandes cuestiones.

Es muy interesante, ilustrativo, el análisis situacional de un intelectual indio, erudito y documentado, Pankaj Mishra. Mishra recorre con solvencia ideológica las aristas que están en juego con lo acaecido en Gaza.[4] Pero Mishra paga tributo a su época y a su origen. Nacido en 1969 no parece tener experiencia directa ni diálogo social con el mundo de posguerra, cuando el entronizamiento de EE.UU. como primera potencia ni con las oleadas de refugiados judíos que hicieron tiempo, espacio y oportunidades para abandonar la Europa fascista.

Para Mishra no hay nada tan relevante como lo que Israel denomina la Shoah, el asesinato perpetrado contra 6 millones de judíos (en Alemania, Polonia, países bálticos y eslavos); genocidio por excelencia, sin comparación posible. Su análisis no es facilista; sostiene que lo que Israel ha ejercido en Gaza (y progresivamente cada vez más en el resto de Palestina) es también un genocidio; como indio nativo advierte que las políticas coloniales europeas han sido, precisamente, genocidas. Pero la Shoah conserva cierta exclusividad.

Que yo no puedo permitirme. Porque las fuentes sionistas han probado ser carentes de toda veracidad. Hay investigadores, como Thomas Dalton, que han encontrado repetidos episodios históricos de persecuciones reales a judíos que se presentan como si se tratara de 6 millones de judíos victimados, por ejemplo, pero durante la I Guerra Mundial.[5]

Nos consta que las fuentes sionistas no son confiables; más todavía son fábricas de fabulación, mienten sistemáticamente. Eso cuestiona seriamente la invocación al holocausto nazi, por parte de quienes tienen tanto descaro y soberbia, un comportamiento tan ultrajante, exterminador, como el que nos hemos visto obligados a presenciar, siquiera por pantallas, con las acciones de los israelíes en Gaza (y progresivamente, cada vez más, en las restantes zonas, nominalmente palestinas; Cisjordania y Jerusalén Este). No porque no haya existido, sino porque no podemos confiar en los datos otorgados (y usufructuados) por el sionismo organizado.

Mishra no incursiona en la versión del Holocausto (Shoah) al día de hoy convertida en texto de fe u obligatorio, administrado por el IHRA, mediante el cual ya han encarcelado a diversos críticos, negadores o refractarios (como David Irving, Ursula Haverbeck, Horst Mahler, Ernst Zündel, entre otros). Parece aceptarlo en su (inaceptable) versión oficial.

Pero el ojo crítico de Mishra nos acerca al planteo decisivo de Aimé Césaire,[6] el formidable martiniqués que nos recuerda que lo que más ha soliviantado a europeos de las atrocidades nazis es que hayan  sido ejercidas sobre europeos; es decir que atrocidades por el estilo han sido llevadas a cabo por europeos sobre asiáticos, africanos, amerindios y no ha habido reacción o condena del  mundo europeo.

Mishra nos advierte que el racismo no es sino un aspecto de una cuestión todavía mayor: el colonialismo. Al servicio del que siempre ha estado, expresa o tácitamente. Mishra nos brinda un ejemplo clave que junta la cuestión colonial y la idea excelsa del hombre blanco: “En la Conferencia de Paz de París (1919) surgió un grupo de asiáticos, africanos, americanos y europeos que se unieron para identificar y criticar al supremacismo blanco.[7] Japón, que había luchado con las potencias aliadas, intentó persuadir a sus amigos de Europa Occidental para que incluyeran una cláusula de igualdad racial en el Pacto de la Liga de Naciones. La propuesta fue rechazada por A. J. Balfour, uno de los líderes de la delegación británica y padrino del Estado de Israel, que dijo que no podía creer que “un hombre de África Central hubiera sido creado igual que un europeo.” [sic!].[8]

El exquisito Arthur Balfour nos muestra prístino no sólo su idea de divinidad sino para qué le cedió a Walter Rothschild, el banquero más connotado por entonces, derechos sobre Palestina; para que esa tierra pasara a manos de gente “como uno”, como diría el senador estadounidense en ejercicio, Lindsey Graham.[9]

No sabemos si Balfour quería darle la tierra a algún dios, pero sí indudablemente a amos.□


[1]  Siempre me ha llamado la atención la aparición de cánceres u otras malformaciones congénitas producidas por el implante generalizado de fumigaciones con diversos agrotóxicos desplegados para aumentar los rendimientos de “alimentos” por hectárea (en peso bruto y consiguiente rentabilidad), no ya en campesinos o trabajadores del rubro ─porque ese daño se conocía de antemano─, sino entre los “afortunados” del agronegocio. ¿Autoinculpación, inconciencia?

[2]  Por cierto que ningún poder imperial se rige exclusivamente por su rendimiento militar. Pero los fracasos militares son claro síntoma de decadencia. Todavía en 1956, EE.UU. hizo retroceder la tríada Israel-Inglaterra-Francia en Suez. Pero no mucho más. “Entrecasa”, retuvo su poder un poco más en el tiempo (“Entrecasa” es la peculiar definición geopolítica norteamericana que extiende su soberanía a todo el continente americano, como si no hubiera otra huella nativa, ajena o europea que la propia). En las Américas se prolongará así todavía el dominio incontestable de EE.UU. con el golpe en Guatemala en 1954, el golpe militar brasileño en 1964, la deposición de Manuel Noriega, tiranuelo suyo retobado, en Panamá, en 1989, sus impunes paseos por Haití… Pero ¿qué potencial se necesita para abusar de Panamá, de Haití?

[3]  Muy recordable la apuesta de un alfil ideológico, por cierto muy bien facturado: Bernard-Henri Levy, llamando a la Europa blanca a invadir Libia. Europeo, sí, pero primordialmente sionista.

[4]  El mundo después de Gaza, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2025.

[5]  Dalton, Thomas, “The Holocaust of Six Million Jews—in World War I”, Unz Review, 10 ene 2022. Da varios ejemplos: “en junio 1900, el rabino Gottheil and Stephen Wise se convirtieron en figuras claves de un mitin de masas sionista, en Nueva York. Allí se afanaron por explicitar ante del mundo entero el sufrimiento y promover un hogar judío en Palestina. Gotthell habló genéricamente de los oprimidos en Rusia, pero Wise fue más explícito: afirmó que había seis millones de seres vivos, sangrantes, sufrientes, que eran testimonio de sionismo.”

[6]  Discurso sobre el colonialismo, 1950.

[7]  Curioso y contradictorio intento de estos asiáticos, africanos, americanos y europeos de enfrentar el supremacismo blanco. Porque a la vez, el Plan de Versalles salido de esta conferencia fue exclusivamente diseñado para abusar de los perdedores (Alemania, Austria-Hungría e Imperio Otomano) y favorecer a los imperios británico y francés y a EE.UU.

[8]  Pankaj Mishra, ob. cit., p. 186.

[9]  Dicho senador multiplicó su fama de servidor de Israel explicando (27 nov. 2024) que todo el cuerpo normativo del derecho internacional contra abusos, violencia y terror, “el Estatuto de Roma (2002) no está  proyectado para aplicar a Israel, ni a EE.UU., ni a Francia, ni a Alemania, ni a Gran Bretaña, porque no fue concebido para actuar sobre nosotros.” 

Publicado en Globocolonización, Palestinos / israelíes, Poder mundializado

Voces imperiales: nuevo formato que es el viejo 

Publicada el 12/01/2026 por luissabini

por Luis E. Sabini Fernández

2026 01 10
Donald Trump se presenta como forjador de imperio, o mejor dicho recauchutador de tal. Pero si algo hemos sabido de la realidad es que nunca es lo que parece. Y menos lo que se declara. Y que muy a menudo es su opuesto.
Si uno ve a Trump en sus múltiples presentaciones, muy a menudo, se lo ve franqueado por Beniamin Netanyahu, que observa siempre en silencio con una sonrisa apenas esbozada. Una suerte de Mono Liso. Sin declaraciones, aunque mucho menos enigmático que la versión davinciana. Porque en este par mediático, ya sabemos quién es el que decide y quién ejecuta.
Como cuando vemos a la pareja Trump Zelenski. Allí también sabemos quien es quién decide. O la Trump Milei.
Trump está primitivizando las relaciones de poder. El devenir histórico nos ha ido llevando a formas y ejercicios de poder cada vez más complejos, mediatos. Michel Foucault ha analizado y expuesto esto de las modalidades del poder, desnudo o muy, muy arropado, y como, acercándonos a nuestro presente, el poder se había ido velando con múltiples rostros y, sobre todo, máscaras.
Trump, un presidente que proviene no de laboriosos debates políticos o filosóficos sino de su práctica como tycoon ─un astro de las finanzas─ desecha las observaciones foucaultianas, las de nuestra contemporaneidad, y retorna a prácticas y conceptos que dábamos por obsoletos.
Quiere expandir a EE.UU. territorial, materialmente, como en su momento lo hicieran; mediados del s xix, adueñándose mediante rapiña de medio México.[1] O poco después, 1867, lograr ampliar su territorio con un millón de km2, gracias a la estulticia de los zares que canjearan Alaska por un puñado de dólares, que EE.UU. seguramente compensó apenas con una de las tantas minas de oro que se descubriera en tamaño territorio.
 
Trump quiere repetir la jugada geopolítica de Lyndon LaRouche, aquel derechista demagogo estadounidense que quería enfrentar a la URSS con Mexamericánada, un engendro con toda la América del Norte unida bajo la égida yanqui. LaRouche estimaba que con sus más de 20 millones de km2 una América del Norte unificada era contrapeso suficiente para enfrentar a la URSS, entonces con una superficie similar.
Hoy Rusia ya no es EL enemigo soviético, pero la dinámica de lo impensado ha dado otro desafío al gran heredero mundial de la democracia pos Segunda Guerra Mundial: China.
Y un desafío aun mayor: el Antropoceno. Nuestro planeta ya no soporta los despliegues tecnológicos de esa especie biológica que somos, y que hemos logrado, mal que nos pese, contaminarlo todo ─hasta las placentas humanas─, agotando el aire, el agua y la misma tierra, hasta el punto de convertirnos en factor de trastorno planetario.
Trump simplifica; ignora la guerra o la Tierra (no sabemos si cómo heraldo apocalíptico o como chirolita); no existe el calentamiento global ni amenazas al agua dulce y resolvemos nuestras limitaciones con nuevas contaminaciones. Eso gratifica enormemente a la petroquímica, por ejemplo, pero aumenta la problemática ambiental hasta dimensiones cada vez menos gobernables.
Eso lo tiene sin cuidado a Trump; sólo se trata de exprimir allí donde apenas lo hemos hecho o ni siquiera hemos empezado. No ve, ni le importa, el sacrificio de pueblos ajenos a su sí mismo.
Esta modernidad  posdemocrática y neoimperial ha complejizado hasta las denominaciones, aunque sirve reconocerlos como inversión de la verdad: designar como “el ejército más moral del mundo” a la organización militar dedicada al vejamen y la matanza de población civil, incluso infantil. O designar a población civil, a menudo infantil, asesinada en operaciones de guerra, “daños colaterales”.
Que Trump reponga el viejo vocabulario; el Ministerio de Guerra es sí de Guerra, no significa sinceramiento en los procederes, sino desfachatez. Porque se sigue escamoteando la verdad, generalmente incómoda, en asesinatos policiales, por ejemplo, o en el genocidio de gazatíes, que al disminuir su ritmo ─pero de ninguna manera suprimirlo─ ha desaparecido mediáticamente hablando, gracias a los controles sionistas de los medios de incomunicación de masas.
Análogamente, ni nombrar a las víctimas, como hace la Casa Blanca refiriéndose a su último operativo en Caracas (3 ene 2026).
Trump arrancó su período cesarista imponiendo aranceles urbi et orbi. Como siempre, estos nuevos costos pasaron a los precios de las mercaderías afectadas y la jugarreta recaudatoria se tradujo en que la población estadounidense debió pagar mayor cantidad de dólares por las mercancías aranceladas. ¿Por qué arancelar? Porque el estado federal norteamericano está en una angustiosa falta de dinero. Y porque ese dinero, el dólar, cada vez vale menos.
Trump sabe que las carreteras y los puentes de todo su inmenso territorio-asiento imperial necesitan reparación, recuperación. Sin hablar de ampliación.
Pero todo cuesta cada vez más. Porque EE.UU. mantiene las sangrías más peculiares: una terrible postración poblacional causada por el consumo de drogas que afecta a un sector desconocido de población; el suministro de miles de millones de dólares a un estado-sanguijuela; Israel, que no sólo recibe tal ayuda, que no necesita, sino que se permite a su vez invertir otros miles de millones de dólares en “facilitar” o “aceitar” la labor legislativa de EE.UU. Algo que no se hace desprendidamente, puesto que así Israel /AIPAC obtiene los apoyos y  las legislaciones que son de su interés.
Delcy Rodríguez señaló algo significativo en su primera alocución pública tras el secuestro de Maduro y su pareja: la mano del MOSSAD, es decir de Israel, está detrás del operativo que le arrancó a Venezuela su presidente en ejercicio.[2]
Prosigue el genocidio en marcha en la Franja de Gaza, e in crescendo en Cisjordania y otros territorios palestinos, pese al ensordecedor silencio mediático; continúa con muertos diarios (sólo que bajando el promedio, dejó de ser “noticia”, llevándonos a pensar que ya no existe).
Si Israel decide atacar a Irán y el ataque lo lleva adelante EE.UU., ¿cuál es el poder decisivo?
Israel se ha permitido abordar reiteradamente embarcaciones en aguas internacionales (ninguna de ellas con armas, sólo con alimentos y sanitarios). Ese tipo de acción, típicamente piratesco, ha sido condenado en teoría y tolerado en la práctica por la ONU, etcétera. ¿Por qué Israel se ha permitido abordar militarmente a tantas embarcaciones, en aguas internacionales, secuestrar a sus ocupantes y anular los envíos solidarios (en espantosa necesidad entre los gazatíes)? Si nos indignamos, con razón, por los abordajes piratescos más recientes de EE.UU. sobre presuntas lanchas narcotraficantes venezolanas, matando a sus tripulantes, ¿cómo tendríamos que reaccionar frente a tantos abordajes, incluso violentos y con muerte de tripulantes de “las flotillas de la libertad”, que tantas veces han querido solidarizarse con Gaza?
¿De dónde surge tanta impunidad que prosigue en Gaza, combinada con los sueños inmobiliarios de Trump y la gerencia de un incondicional del mundo enriquecido, Tony Blair, aquel británico encargado de legitimar el ataque genocida de EE.UU. a Irak por orden de Israel?
Pero toda esta ofensiva made in USA tiene sus bemoles. Vale rescatar una observación que el analista Ron Unz hizo en su excelente nota; “Perforando la burbuja propagandística de la USSA y sus vasallos de la EUSSR”:[3] Unz alude al gozo que deben haber sentido Leonid Brezhnev y los suyos cuando los soviéticos dan un golpe de mano en Afganistán en 1979 y asesinan sin más trámite a Hafizullah Amin, presidente comunista de Afganistán y reponen en su sitio a otro “camarada”: Babrak Karmal. Fue un “golpe limpio”, impecablemente resuelto, nos recuerda Unz. Y sin embargo, las dificultades afganas se fueron sumando, hasta obligar a los soviéticos a abandonar la empresa de intrusión (y sin pretender agorería alguna, tras la retirada de la URSS de Afganistán, muy pronto sobrevino la retirada de la URSS de todo el planeta…).
En una palabra: una toma por sorpresa, incluso violenta, no garantiza dominio alguno; EE.UU. ha llevado a cabo violentas conquistas en las últimas décadas que con los años devinieron fracasos manifiestos: Haití, Irak, Libia, por ejemplo; fracasos que “pagan” los pueblos hollados, claro.□


[1]  Como había hecho el mismo México, configurándose sobre los territorios del imperio azteca.
[2]  Todo un tema la vigencia o validez de esa presidencia, que en momento alguno llegó a presentar sus credenciales tras las elecciones, el conteo de votos y un atraso más que significativo del gobierno en proclamar los resultados electorales. De todos modos, es inaceptable alegar desconfianza, más que legítima en esos resultados, para aprisionar al presidente con un golpe de mano que ni siquiera proviene del mismo país. Los estados nacionales intervinientes ─EE.UU. e Israel─ tienen antecedentes en esas tareas de demolición de estados ajenos, dedicados a controlar y gobernar lo ajeno. Busque el lector y verá una media docena países invadidos o arrasados por los mencionados en las muy últimas décadas. Irak, Irán, Siria, Líbano, Sudán, Libia, Somalía, Afganistán, Palestina, Haití, Venezuela…
[3] “Puncturing the Propaganda-Bubble of the USSA and Its EUSSR Vassals”, Unz Review, 5 ene 2026.

Publicado en Centro / periferia, EE.UU., Globocolonización, Poder mundializado

PENSAMIENTO DOBLE MADE IN EUROPA

Publicada el 05/01/2026 por luissabini

Luis E. Sabini Fernández

Keir Starmer, entrevistado por Nick Ferrari (en 2024), ha sostenido con serenidad que Israel tiene el derecho a controlar el agua y la electricidad de los ciudadanos (¿o habitantes?) de la Franja de Gaza.[1]

“Israel tiene el derecho a defenderse y Hamás es responsable del terrorismo.”

“[…] Vemos ataques a la sociedad israelí”, insiste Starmer.

Keir Starmer, con su cara de buenazo y su sosiego al hablar, constituye un modelo de la-buena- conciencia-occidental. No tenemos que referirnos a energúmenos o a temperamentales apasionados como Javier Milei o Volodimir Zelenski ─ambos con un pasado televisivo de agentes espectaculares encarnando violencias al menos simbólicas─ porque Starmer luce serenidad, sosiego, sensatez.

Solo que es tan falso como las actuaciones televisivas de Zelenski o Milei (para no ingresar al terreno de sus actividades políticas presidenciales).

Porque Starmer constituye un epítome de la conciencia europea, actual… y pasada. Una ceguera, mejor dicho, una bizquera que aterra.

Starmer se queja de los ataques a la sociedad israelí. No dice una palabra de las décadas anteriores. Situémonos históricamente. Desde los albores del s XX, hubo ataques de las organizaciones sionistas a la inerme sociedad palestina. Algunos indirectos, casi encubiertos, como con cada compra de tierras de las redes sionistas que las gestionaban para algún kibutz en formación o un agrupamiento de judíos sionistas recién llegados. Ofertas que tentaban al terrateniente cuya tierra interesaba, un ausente que vivía en Estambul o en Angora. “Negoción” que dejaba resentidos a los campesinos palestinos ahora despedidos, que habían trabajado desde “siempre” para ese efendi, devenido rentista financiero.

La cantidad de campesinos sin tierra, desalojados por la fuerza pública en Palestina a causa de las compras progresivas de tierras y los desalojos consiguientes, empezó a crecer y fue generando tensiones que desencadenaron diversos levantamientos, con muertos palestinos y sionistas en las primeras décadas del s XX, que la policía inicialmente turca, luego (desde 1918) británica, procuraba restringir, castigando a los “ilegales”, a los desocupados que invocaban una historia inmemorial de trabajo. Los nuevos dueños no los necesitaban porque los colonos sionistas recién llegados querían “trabajar la tierra” (a menudo, empezar a aprender a trabajarla).

En resumen, hace más de un siglo que la sociedad sionista ataca a la sociedad palestina.[2] Pero eso, Starmer como integrante del mundo “rico” no lo ve ni puede verlo. Ni quiere. Starmer corta de un tajo la historia. Sólo ve lo que le viene bien. Los derechos, por ejemplo, “comienzan” con la instalación sionista oficial de 1948. Pero ¿y antes? ¿No existía la justicia, la injusticia, el abuso? Para Starmer los derechos son los de los blancos europeos. Por ello, si el que sufre una afrenta, una injusticia, un abuso, un asesinato, es un negro, uno de “los de allá”, un ajeno, un native, en suma, no cuenta. Y esa afasia histórica se intensificó desde el 7 oct. 2023. ¿Cómo podían los rehenes convertirse en amos, siquiera por un momento?

“Israel tiene el derecho a defenderse.”

¿Y algún otro atacado, tiene también ese derecho? Porque indudablemente en Palestina los palestinos fueron los primeros atacados, diezmados, reprimidos, heridos, matados.

“Los [primeros] asesinatos fueron introducidos en Palestina por los sionistas [contra británicos]”.

“El primer ataque a un barco por parte de terroristas, en 1940”, fue hecho por sionistas.

El 11 dic. 1947, el primer bus atacado por terroristas sionistas, mató a 6 palestinos e hirió a una treintena a bordo.

El 5 ene 1948, el atentado terrorista contra el Hotel Semiramis mató a unas veinte personas, entre ellas al vizconde Tapia, cónsul de España.

A lo largo de 1948, los sionistas lanzaron bombas en bares y restoranes jerosolimitanos con un tendal de cientos de palestinos despedazados. Los sionistas atentaron también contra trenes, aviones y barcos.[3]

Pero eso fue en momentos en que la flamante ONU se prestaba a reconocer el engendro sionista como un “estado judío”; los s¡onistas ya no se conforman estando al lado de los palestinos; en 1948 quieren más. A partir de 1967, los abusos de los sionistas sobre la población palestina en general y gazatí en particular, aumentaron en proporción geométrica acorde con el creciente poder ahora israelí en el mundo entero. Cuando en 2006, los palestinos “votan mal” y en lugar de elegir a sus verdugos o a los administradores palestinos autorizados por los verdugos, votan por una red de apoyo a sus propias necesidades que visualizan en Hamás, la represión consiguiente será draconiana. Aislamiento total a la Franja de Gaza (los que votaron “peor”). Y en 2008, un ataque de castigo denominado por los mismos atacantes “Plomo fundido”, matará a palestinos, gazatíes, ahora por miles.

¿Cómo Starmer puede atreverse ─intelectualmente hablando─ a sostener que “Israel tiene el derecho a defenderse”, cuando en rigor durante un siglo ha estado, casi ininterrumpidamente, atacando, dándose el derecho a atacar?

Porque no vamos a creer que Starmer y quienes tienen similares puntos de vista, sufren de afasia, senilidad u otras alteraciones fisiológicas.

Se trata de cómo están, cómo existen, cómo─se─paran─en─el─mundo.

Provienen del mundo de caballeros, europeos, de raza blanca. Que amplían su universo.[4]

Starmer deshistoriza la cuestión. Mediante la cuidadosa extirpación de los comportamientos históricos, increíblemente agresivos, en este caso de la colectividad judeosionista en Palestina.

La agresividad y posesividad sobre la FdG es curiosamente más llamativa que la apropiación dogmática e imperial de Israel sobre Jerusalén o Cisjordania. Porque en tales territorios hubo, sí, población judía hace miles de años. Lo cual explica, aunque no justifique, cierto irredentismo que el sionismo ha blandido para su política de desalojos. En tiempos bíblicos, Palestina, y particularmente Gaza, era tierra de filisteos. Los sionistas ocupan Gaza en 1967, hace apenas medio siglo.

Pero este proceso de deshistorización dista de ser neutro o pasivo. Como bien explica otro conocedor de los afanes sionistas por apoderarse de-todo-lo-palestino, Jonathan Cook,[5] la estrategia sionista es ir ampliando los derechos señoriales del judeosionismo, mediante una política represiva que ahogue toda versión disímil.

Con el gobierno de Starmer tenemos un nuevo corpus legal británico que pone fuera de la ley a cualquier organización política que el gobierno decida (por sí y ante sí) que sea considerada terrorista. Cook da un ejemplo aleccionador: miles de británicos, “en su mayoría de edad avanzada” han manifestado con carteles: “Me opongo al genocidio. Apoyo la Acción Palestina.” Acción Palestina, fundada en 2020 en Inglaterra, es una red de gente que se opone a que su gobierno colabore con un estado como el israelí, dedicado a quitar de en medio a como sea a población que habita (desde tiempo inmemorial) el territorio que el sionismo decidiera apropiarse para reconstruir, o más bien ─históricamente hablando─ reinventar un estado judío. Acción Palestina ha condenado enfáticamente la alianza, tolerancia o complicidad entre el gobierno británico y empresas de seguridad israelí como Elbit Systems.[6] Conociendo para qué sirven esas empresas de seguridad israelí, por ejemplo, para matar seres humanos mediante controles remotos o dispositivos electrónicos, se comprende la resistencia. Vale la pena aclarar que a Acción Palestina no se le conocen acciones contra personas, empleadas de Elbit Systems, por ejemplo, puesto que su acción de repulsa va dirigida a la empresa y a los apoyos que recibe del gobierno inglés. Pero desde mediados de 2025 el gobierno Starmer ha resuelto que esa crítica, se convierta en terrorismo. ¿Cómo calificará Starmer el uso de explosivos que mate masivamente a, por ejemplo, a diez o quince humanos (gazatíes, adultos y niños), que el azar haya puesto cerca del presunto militante de Hamás que el ejército israelí “neutraliza” con un explosivo teledirigido? ¿O que termine pulverizando hasta un centenar de gazatíes que el azar pueda poner cerca del “blanco” que los militares israelíes quieran eliminar, y que por su “importancia” permite a “los mandos” ejecutar población totalmente ajena o inocente (¡pero sólo hasta cien humanos!)?

¡Hay que apreciar la idea de límites de los mandos israelíes, consustancial con la de tantos rasgos característicos de la Torá![7]

En respuesta, integrantes de Acción Palestina han desplegado una huelga de hambre que ya sobrepasa los dos meses (que se considera plazo ya francamente entrado en zona de muerte del huelguista). Varios integrantes de Acción Palestina, no aceptan como buena la idea de ser encarcelados durante 14 años por sus críticas y acciones no violentas.

Es la mayor huelga de hambre del último medio siglo y sin embargo, ha sido totalmente obviada desde los medios de incomunicación de masas, ignorada por el gobierno británico. Starmer puede seguir durmiendo con tranquilidad.

Es cada vez más preocupante el estado de salud de los huelguistas. Esperemos que el gobierno británico actual no llegue a la crueldad con que Margaret Thatcher trató a los presos prisioneros del IRA irlandés, que reclamaban el estatuto de “presos políticos” y no el de delincuentes que se les atribuía. Varios luchadores irlandeses por la independencia lo tuvieron que pagar con sus vidas.□


[1]  https://www.youtube.com/watch?v=C8_sht6p_SQ

[2]  No es nada original: es lo que siempre han hecho los colonizadores/conquistadores sobre los colonizados/conquistados.

[3]  El historiador palestino Mazin Qumsiyeh repasa lo que acabamos de glosar. Compartir la tierra de Canaán, edición en castellano, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2007.

[4]  Un proceso que afecta a europeos y, ocasionalmente a quienes se “europeízan”; población que accede al universo europeo por alguna “puerta grande”; no como la inmensa mayoría de “laburantes del tercer mundo” que viven en los arrabales de las ciudades europeas integrando una suerte de proletariado transnacional y multirracial. La “europeización” se procesa, por ejemplo, haciéndose pareja de un europeo, cursando en universidades europeas, integrándose en consorcios transnacionales de “primer nivel”.  Más allá del logro material, la europeización implica una suerte de “lavado de cerebro” puesto que el sujeto implicado deberá borrar su propia identidad como excluido, como ciudadano de segunda… o de tercera. Por eso, es tan patente la actitud de parvenu de tantos de estos “recién llegados” (conozco penosos ejemplos personales).

[5] Véase “Cómo informar hechos puede llevarte a 14 años de cárcel por terrorismo”,  https://www.unz.com/jcook/how-reporting-facts-can-now-land-you-in-jail-for-14-years-as-a-terrorist, Unz Review, 22 dic. 2025.

[6]  Es una empresa con mucha presencia en el Río de la Plata. Porque se le atribuye fuertes contactos con Elzstajn, Eduardo, padrino de Javier Milei, considerado el hombre más rico de la Argentina, con fuertes inversiones inmobiliarias, financieras, ideológicas, tecnológicas y agroindustriales. Preside IRSA, Banco Hipotecario, y empresas como Cresud y BrasilAgro. En Uruguay, Elbit Systems dispone de un contrato con las autoridades municipales de Maldonado a causa de la intervención de CIPEMU (Comité Israelita Punta del Este, Maldonado, Uruguay), un lobby local que patrocina el proyecto de “Ciudades inteligentes” (con altísima cobertura de vigilancia). Llamativa la vigilancia elevada a primera necesidad.

[7]  Los “daños colaterales” están tabulados: hasta 15 muertes para asesinar a un militante auxiliar o de bajo nivel y hasta cien muertes si el operativo invoca la supresión de un “pez gordo” de las organizaciones armadas clandestinas.

Publicado en Destrozando el sentido común, Globocolonización, Palestinos / israelíes, Poder mundializado, Política

¿Por qué ahora un segundo WTC en nuestro país?

Publicada el 21/12/2025 por luissabini

3 DICIEMBRE 2025

por LUIS E. SABINI FERNÁNDEZ

Ser otro es cosa triste.

Recuerdo a Alfredo Zitarrosa, no al excelente cantor y compositor sino al periodista de tiempo antes, que entrevistó a un sosías de Luis Sandrini, que lo interpretaba en las puertas de los cines de 18 de Julio, donde se exhibían las exitosas películas del cómico argentino.

Y recuerdo la desazón, el desconsuelo del periodista entrevistador, preguntándose por el sentido de prolongarse en otro, de alcanzar cierta fama siendo otro.

No satisfecho con el mini WTC que algunos emprendedores han llevado a cabo tiempo atrás en el Buceo, tenemos ahora a otros emprendedores, o a los mismos, que buscan identificar e identificarse, una vez más, con el conjunto edilicio siniestrado en Nueva York en 2001, erigiendo una réplica, un otro WTC, en Punta del Este, que aun internacionalizado como ningún otro poblado uruguayo u oriental, sigue siendo territorio de la República O. del Uruguay.

Si el imitacionismo, como reflexionaba Zitarrosa, es penoso, su reiteración nos hunde un poco más, culturalmente hablando en la vocación de sosías.

La apuesta es mala por donde se la mire.

Porque revela la satelización mental de nuestro país, al menos de nuestros empresarios, si los del proyecto son uruguayos, y si no, de nuestros políticos si los del proyecto son ajenos.

En rigor, el personal político siempre resulta ser lo que explicamos; sosías, satélites orgullosos de su dependencia. La aspiración a que tengamos en nuestras ciudades, en nuestras costas, algo que caracterizaba a lo que es un modelo nuestro.

Ese cometido tiene facetas. Desde la muy bruta, física, de cómo podemos imitar, con nuestras dimensiones, un hecho, un acontecimiento que caracterice a un estado nación (que no es tal, porque, con rigor sociológico, es un imperio, o mejor dicho forma parte de un imperio) de dimensiones incomparables.

Otra, aun más directa, que merece consideración, es el hecho al que nos referimos. Y el significado, oscuro por demás, de lo acontecido el 11 setiembre de 2001 en Nueva York, su WTC (que apenas fue un eslabón de un acontecimiento cuyas raíces ignoramos, no sólo en Uruguay sino en el mundo entero), que también afectó al Pentágono, en la capital (y siempre se ha hablado de un tercer eslabón en esa misteriosa cadena de atentados de violencia mayúscula; un avión derribado ─¿autoderribado?─, el vuelo 93 de United Airlines, que se estrelló en un campo cerca de Shanksville, Pensilvania). La[L1] s vidas humanas que se perdieron en esa macabra serie de atentados ese día excedió largamente a los tres mil muertos. Y aunque se verificó de inmediato la presencia de árabes entre sus ejecutores, debido, por ejemplo, al hecho milagroso de haber descubierto entre las cenizas de las torres fundidas y retorcidas un pasaporte… árabe… intacto (de un tal Atta, quien se supone condujo uno de los aviones), lo cierto es que nunca se pudo despejar la autoría; baste saber que tras lo acontecido en Nueva York, la policía local llegó a detener en averiguación y bajo sospecha a un número alto de árabes, y a una cantidad aun mayor de judíos israelíes, entre ellos a cinco fugazmente famosos, bautizados como “los cinco jóvenes danzantes”, detenidos por la policía al ser denunciados por vecinos indignados o molestos que no entendían como podían estar estos jóvenes presenciando los derrumbes, el polvo, la caída de cuerpos al vacío, los incendios, y festejar. Los detenidos alegaron que habían venido a ver lo que pasaba y nadie en la policía parece haber inquirido acerca de sus facultades adivinatorias. Y se sabe que al cabo de un mes, todos ellos viajaron de regreso a Israel, ante la demanda de repatriación del gobierno israelí.

Más allá de lo incierto de la historia oficial del 11 set. 2001, lo indudable es que no sabemos qué pasó. Por eso, tampoco sabemos qué ofrendamos, qué reconocemos, cuando rememoramos el WTC con una réplica. Y si ahora andamos ya por la segunda réplica, ¿qué papel expresamos? Para llevar a cabo este último emprendimiento nos cuentan sin reparos sus emprendedores que para expandir el proyecto original lo harán “superando regulaciones locales.”[1] Una vez más, poner las disposiciones de un plan urbano, regulador, al servicio del interés inmobiliario. Sabemos de qué se habla.

El acto terrorista por excelencia del 11 setiembre 2001 nos puso bajo la guerra perpetua que aún hoy rige nuestros azarosos destinos, los de la humanidad. Por eso, dista mucho de ser “apolítico” o neutral y por el contrario nos embreta en la geopolítica que se atribuye a EE.UU.  Cumplimos así el triste papel del seguidismo. 

Que el segundo emprendimiento de WTC, puntaesteño, cuente con auspicio de la presidencia del país, nos revela una vez más, el grado de continuidad inalterada de los gobiernos posdictadura; tanto los de la coalición tricolor o multicolor como los de la coalición blanquicolorada siguen los dictados del capital transnacional, no importa lo que se hiera dentro nuestro; la costa, la pesca, la salud ambiental, el suelo, las dunas, la actividad artesanal.

¿Qué papel desempeñaríamos si Uruguay tuviera, digamos, media docena o quince WTC en nuestra geografía? Ya tenemos dos, por algo se empieza. Pensemos por un momento que esta fiebre “solidaria” con el desastre neoyorquino se nos reprodujera en Dolores, en Las Piedras, en Young, Minas de Corrales, Fraile Muerto, Santa Clara de Olimar, Palmitas, Edén, Atlántida, Yaguarón, amén de la ya existente en el Buceo montevideano y ahora en Punta del Este?

¿Qué significaría tanto seguidismo, tanto empecinamiento en ser otro?

Apenas ser hazmerreír.□


[1]  https://correopuntadeleste.com/world-trade-center-punta-del-este-se-inaugura-en-los-proximos-dias-con-la-presencia-del-presidente-de-la-republica/, 1 dic. 2025.


 

Publicado en Centro / periferia, EE.UU., Globocolonización, Uruguay

El colonialismo sobreviviente y una tercera guerra mundial

Publicada el 21/12/2025 por luissabini

9 noviembre 2025

por Luis E. Sabini Fernández

Un viejo y áspero aforismo chino nos recuerda que cuando el dedo señala la luna el estúpido mira el dedo.

Y así estamos, cada vez más, en nuestra sociedad del espectáculo.

Hablamos de Hamás, no del sionismo.

Hablamos de beepers y intercomunicadores, no de quienes los construyeron. Y por qué.

Hablamos del ejército israelí pulverizando ciudades enteras con su población incluida, pero no de lo que le otorgó a los militares sionistas la impunidad para fabricar escombros con mampostería y cuerpos humanos incluidos; una argamasa que a gatas podemos formular, tan atroz y fuera de todo sentimiento humano nos resulta.

Hablamos de las lanchas explotadas en alta mar en el Caribe o en el Pacífico y no del dios de la guerra que resulta tan hermanado con la modalidad american de vivir-en-el-mundo.

Todo ello nos señala un aumento de la brutalidad política, un despliegue de incontinencia y de arrogancia. Desde las cúpulas planetarias, porque en los llanos, en los marasmos, en las costas, en los suburbios, lo que aumenta es la exclusión y las víctimas.

¿Estamos en la tercera guerra mundial, tantas veces anunciada? Por lo visto, sin que la inmensa mayoría de nosotros lo sepamos y sin precisar desde cuándo.

Varias fechas pueden otorgarse esa patética y trágica efeméride.

14 mayo 1948

Entonces se “funda” el Estado de Israel. Y con ello se reactualiza el colonialismo rampante con que se iniciara la Modernidad occidental en los siglos 15 y 16. 

El ciclo del colonialismo parecía clausurado con el florecimiento de la democracia “universal” en 1945. Muy pronto, se vio que el colonialismo no había desaparecido ni mucho menos, sino que había cambiado sus ropajes, rebautizado ahora neocolonialismo: la diferencia fundamental era que el viejo colonialismo, del British Empire, por ejemplo, llevaba muy orondo, por todos los mares, su bandera británica.[1] Y el colonialismo remozado a partir de 1945, inauguró nuevas banderas para las colonias, para cada colonia más o menos ex. Banderas propias.  Una afirmación de lo propio, pero sólo simbólicamente, en la bandera.

Así que públicamente y con grandes discursos “de emancipación y soberanía nacional” se dio por clausurado el ciclo colonial, vergonzante de abusos, robos y genocidios. Entrábamos a una era de “paz sin violencia”. Democracia para todos, o mejor dicho for everybody. Y vamos a ir viendo que todos no son todos, incluso peor, apenas resultan una minoría.

Pero, ¡oh maravillas de las políticas imperiales! Así como se continuaba con renovados bríos tecnológicos el colonialismo de un modo más artero en el “Tercer Mundo”, cambiándole hasta de nombre y habilitando así con bombos y platillos, estados nuevos, modernos y democráticos, en 1948 se inauguraban (también) estados del viejo cuño: Israel era erigido con población ajena al territorio (en un 95-98%, aunque ingresada gradualmente a lo largo de décadas) y a la vez vaciando en ese territorio más del 50% de su población histórica,[2] y otro estado de viejo cuño en 1948 cambiaba apenas su camisa: la República Sudafricana pasaba a denominarse Unión Sudafricana u establecía con toda legalidad la política de apartheid.[3]

No todo era neocolonial, como por ejemplo, Nigeria, Túnez o Birmania.

En la Unión Sudafricana se le reconocía a los colonizadores europeos derechos sobre tierra despojada a poblaciones africanas; zulú, kongo, luba y otras. Los europeos que habían construido la Unión Sudafricana, eran británicos, llegados al sur africano en el siglo 19, pero holandeses se habían instalado allí mismo desde comienzos del siglo 17 y, más tierra adentro reclamaban ser más “oriundos” que los británicos. En rigor, eran colonialistas exterminadores anteriores; zanjaron sus diferencias en una guerra entre blancos donde los ingleses no dudaron en exterminar a los Boers en el cambio de siglo del 19 al 20. Entender eso le costó a la ONU, unas cuantas décadas… y 27 años de cárcel a Nelson Mandela.

Por configurar el asalto sionista a Palestina una acción tipo “guerra de conquista”,[4] bien se la puede considerar fecha o anuncio de “tercera guerra mundial”. Sin embargo, la inmediatez histórica a una guerra finiquitada con la destrucción de “El Eje”, en 1945, hacía poco imaginable que la humanidad se viera nuevamente envuelta en otra guerra mundial.

La posibilidad de “tercera guerra mundial” adquirirá nueva vigencia entonces cuando desaparezca el “equilibrio de las dos superpotencias” (que tuvo vigencia de 1945 a 1991).

Entonces, EE.UU., sus élites de poder, sienten ─otra vez─ llamada su hora, con el sueño de divisar el siglo 21 como “el nuevo siglo de EE.UU.”, ahora en exclusividad.[5]

11 setiembre 2001

Casi inmediatamente, el mundo será conmovido con el derribo de las Torres del NYC, la

implosión del Edificio 7 y el bombazo o cohetazo contra o en un lateral del Pentágono. Parece demasiado para ser todo llevado a cabo por células terroristas de origen árabe (aunque parece indudable que árabes también están en “el acontecimiento”: en el lugar de alguno de los atentados aparecieron pasaportes o documentos identificatorios de ese origen, maravillosamente enteros).

El 11 de setiembre de 2001 significó la detención inmediata y sumaria en Nueva York de tantos o más judíos e israelíes que de árabes. Centenares. Para tener en cuenta. Sin duda, con toda la violencia desplegada, ese atentado nos acercó muchísimo a una tercera guerra mundial con borroneadísimos personajes. La violencia y la ignorancia aumentan juntas. Lo que gana es la heteronomía. Sigue todavía el misterio sobre el 11 09 2001.

27 febrero 2014 o 24 febrero 2022 [6]

Con la expansión de la OTAN, los neoconservadores, supremacistas, tomaron nuevo viento en la camiseta, y con una craneoteca fundamentalmente sionista, la expansión se hace a costa de muchos estados excomunistas.

De modo que, de los casi 18 estados que constituían junto a Rusia, la URSS, las deserciones voluntarias de estados y sociedades exsoviéticas, ansiosas de quitarse de encima el bozal soviético (las riendas y la sobrecarga), fueron mayoría. Rusia logrará sostener una relación, supuestamente fraterna, apenas con una media docena de estados circundantes, constituyentes de la actual Federación Rusa; Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia, Tayikistán y Kazajstán.

Letonia, Lituania, Estonia, Finlandia, Uzbekistán, Polonia, Eslovaquia, Bulgaria, Rumania, Hungría, Chequia, abandonaron la influencia rusa antes soviética y han ingresado al llamado campo occidental, mediante la integración a la UE, desde entonces francamente agrandada.

Un país de considerables dimensiones en la escala europea; Ucrania, unos 700 000 km2 y unos 45 millones de habitantes, entregando las reservas de bombas atómicas que pertenecieran a la URSS, quedó en “tierra de nadie”. Rusia exigió mantener la neutralización de ese estado, como se había concertado cuando el colapso soviético. Pero las pretensiones hegemónicas de EE.UU., o de fuerzas en su interior (“el estado profundo”), cambiaron su posición.

Ucrania es prácticamente uno de los mayores estados constituyentes de la exURSS, y la craneoteca norteamericana, con Victoria Nuland al frente, entendió que era fruto maduro para la cosecha occidental. Por las buenas o por las… peores. Se produjo la caída de una presidencia amistosa con Rusia, y mediante movilizaciones violentas que dejaron un tendal de decenas de muertos, se estableció finalmente un gobierno más afín a “Occidente”.

El “giro de los acontecimientos” se hizo cada vez más antirruso; supresión de textos y cursos en idioma ruso, cuando hay una considerable porción de población rusófona, hostigamiento incluso violento a “los rusos”, que probablemente también respondían a “viejas cuentas pendientes”. Surgió una contrarresistencia de los sectores rusófonos de Ucrania, inmediatamente apoyada por Rusia. Al punto que algunas gobernaciones o municipalidades entraron a desobedecer al gobierno ucraniano (los municipios de Donetz y Lugansk, la península de Crimea) y finalmente, para impedir la inclusión de Ucrania en la UE, Rusia, al mando de Vladimir Putin ─aunque con muchas advertencias─ invade al mejor estilo clásico, el país. La reacción militar había tardado 8 años.

Otro escenario posible de comienzo de tercera guerra mundial, aunque se perciban a la vez esfuerzos para conjurar semejante desenlace.

7 octubre 2023

Como si ya no tuviéramos suficientes casus belli, el 7 octubre 2023 surgió una situación que otra vez nos puso, nos pone, a las puertas de la ya trajinada tercera guerra mundial. Como que hay ganas de llevarla a fondo, porque a mucha gente, lo que más la intranquiliza y llena de insatisfacción, es la indefinición.

Lo que sobreviene ─está sobreviniendo─ es nada menos que un genocidio que cumple todos los requisitos que desde Raphael Lemkin ─el forjador del término y su sentido─ se consideran básicos. Es un genocidio de manual. Y viene con firma. Orgullosamente. Del sionismo, de gobernantes orgullosamente sionistas. Aunque los medios de incomunicación de masas se han apresurado a pintar el cuadro de situación como un ataque artero de irregulares musulmanes ─Hamás─, la verdad es muy otra.

No estábamos en el mejor de los mundos cuando Hamás desencadena su raid mortal. Es todo lo contrario. Edward Said describió la situación de Gaza en 2002 (muere en 2003 y por lo tanto no alcanza a testimoniar el brutal agravamiento de las condiciones que él describiera, cuando en 2006 Israel encierra a la Franja de Gaza por aire, mar y tierra, agravando lo indecible la ceñida descripción de Said: “Gaza está rodeada por una cerca electrificada por tres lados, aprisionados como animales, los gazatíes están imposibilitados de moverse, de trabajar, de vender sus verduras o frutas, imposibilitados de ir a la escuela. Expuestos todo el día a aviones y helicópteros, baleados como si se tratara de pavos de corral, tanto desde el aire como desde tierra. Empobrecidos y hambreados, Gaza es una especie de pesadilla […] con miles de soldados dedicados a la humillación, el castigo y al debilitamiento de cada palestino, sin importar su edad, su sexo, su salud. La atención médica no entra al territorio, a las ambulancias se les dispara o se las detiene. Cientos de viviendas son demolidas y cientos de miles de árboles frutales son destruidos, así como al suelo arado, castigos colectivos contra población civil y desarmada […]”.[7]

Veinte años después, el torniquete no sólo no había cedido un ápice sino que todo se había ido deteriorando y agravando. Todavía más. Ya no hay verduras o frutas en la otrora vigorosa agricultura gazatí, saboteada de mil maneras.

Israel se sintió maltratado por los palestinos, por Hamás, en 2023. Se sintió atacado. Fue atacado. Le pareció horrible lo que los irregulares habían hecho incursionando con bicicletas, parapentes, excavadoras y motos. Que un aluvión de agresión y violencia se había abatido sobre ellos. 

Pero ¿qué pretendían? Como bien explica Enzo Traverso[8] “el discurso dominante sobre el 7 de octubre fue como el brote de una epifanía negativa, la súbita aparición del Mal que desencadenó una guerra de reparación. El 7 de octubre, Israel puso el contador a cero, como si los sucesos de ese día fueran la única causa de la tragedia.”

Como si todo lo que le estaba haciendo Israel a Palestina y a Gaza en particular no existiera. Israel y todo el aparato mediático bajo su influencia asignó a cada uno “su” papel: ya sabemos el que le cupo a Hamás; el de perpetrador y ¡oh, sorpresa!, a Israel le cupo, una vez más, el de víctima. El discurso dominante; patética inversión de la verdad histórica. El ofensor se siente ofendido; el torturador, torturado; quien dispone de vidas y haciendas ajenas, víctima.

Pero la realidad es tozuda. Y la fluidez mediática actual, como ya dijimos, le arrebata al poder constituido la clásica disposición de casi todas las cartas.

Hemos visto la reacción de buena parte de judíos, sobre todo jóvenes, rompiendo con “las verdades consagradas”; la resistencia a creer que Israel es la víctima-de-todo.

El papel de Israel en el mundo es tan pero tan conmocionante, y aterrador, que estamos viendo como en Europa y Asia, pero sobre todo en EE.UU., los reclamos por la verdad y el rechazo de “las verdades oficiales” está tomando cuerpo.

Un periodista derechoso, trumpista, pero ávido de conocer la verdad y no los espejismos ─Tucker Carlson─ está empeñado en remover la basura mediática que nos inunda cada día. Está, por ejemplo, al frente de un movimiento, una movida, para reanalizar los asesinatos de los Kennedy, cuando ha pasado ya más de medio siglo (y tras ello, inevitablemente sobrevendrá una necesidad de verdad también ante los “acontecimientos” del 2001… más de tres mil muertos están allí esperando).

La “viveza” israelí se ve, por ejemplo, en GHF; la institución creada para “alimentar” gazatíes: reparten en 4 locales que obliga a caminatas de 5 o 10 km para recibir balas, fideos, arroz. Literalmente. Y sin agua, un detalle de sadismo ejemplar, en clima seco. Por Gaza, y por toda Palestina, campea la impunidad impúdica, como la de esas oficiales femeninas israelíes acicalándose delante de edificios derruidos a bombazos. Tanta a


[1]   Muchas veces la Corona alternó el uso de esa bandera con las varias piratas. Usando legalidad y discrecionalidad fuera de la ley, según conveniencia.

[2]    Nakba; el desplazamiento forzoso y el arrebato de sus propiedades inmuebles y muebles se practicó con violencia fríamente instrumentada: tropas sionistas llegaban a una aldea, y se urgía a sus habitantes a abandoner todo de inmediato. Piénsese en el choque de semejante “orden” para una población establecida allí por siglos. Si la población procuraba escabullir semejante orden, se concentraba a la población y se entresacaba cuatro o cinco adolescentes y se los mataba sin miramientos. Ese “argumento” resultaba convincente y si todavía había renuencia o resistencia, los sionistas atrapaban a otros cuatro o cinco jovencitos y se los mataba del mismo modo. Abandonar la aldea se extendía con el terror…

[3]  Significativamente estos dos estados “nuevos”, Israel y la Unión Sudafricana, elaborarán un estrecha alianza bicontinental en todos los planos imaginables; y particularmente el comercial y el militar. Pero cuando en los ’90 se inicie el declive irreversible del racismo asesino sudafricano, Israel retirará prestamente todos sus apoyos, una verdadera lección de oportunismo (Abdelwahab Elmessiri y Richard Stevens, The Progression of a Relationship, New World Press, N.Y., 1976).

[4]  Véase Miguel Ibarlucía, Israel: estado de conquista, Editorial Canaán, Buenos Ares, 2012.

[5]  Véase A Report of The New Project for the New American Century, set. 2000. Llamativamente en dicho paper, se aspira, se anuncia, un hecho fortuito de inusual violencia que permitiría a EE.UU. reasumir el liderazgo mundial, luego que el paper explicara la declinación militar que había sufrido EE.UU. tras el colapso soviético. Los estrategos de la Casa Blanca apremian: “Una estrategia de transformación que se centrara exclusivamente en las capacidades para proyectar fuerza desde EE.UU., […], generaría problemas entre los aliados estadounidenses. Además, el proceso de transformación […], probablemente será largo, a menos que ocurra algún evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbor.”

Repare el lector que esto está escrito en agosto de 2000: un cierto Pearl Harbor se produce en setiembre 2001.

[6]  La fecha de la invasión rusa parece ser signo indubitable de esa tercera Guerra mundial que estamos tratando de ubicar; pero el 24 feb.2022 no es sino la respuesta ─enérgica, violenta─ a la intención estadounidense de romper la neutralidad ucraniana aceptada en los ’90, y esa movida ─neocon─ se desplegó desde 20 feb. 2014, con Maidan… y dólares.

[7]   Edward Said, From Oslo to Irak, Pantheon Books, N.Y.,2004, cit. p. Traverso, E., Gaza Faces History, Other Press, N.Y., 2024.

[8]   Gaza Faces History, ob. cit.

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