El desnorteo de la guía progresista

por Luis E. Sabini Fernández –

El ascenso “irresistible” de Donald Trump debió ponernos sobreaviso. Tal vez antes, el ascenso aparentemente, tan impune como el de Trump, del discrecionalismo sionista, un ejercicio de absolutismo políticomilitar tan sofisticado y en permanente expansión. Pero la inercia es una constante de nuestros corazones. Y a menudo nos corroe el entendimiento.

Ahora con el ascenso, igualmente irresistible de Jair Bolsonaro, se nos presenta una vez más el signo de los tiempos.

Algunos hablan de neoabsolutismo, una buena aproximación.

 

Abandono de la universalidad

Urge entender que hemos entrado en un cono de sombra planetario. ¿Qué es lo que queda en la sombra? La contaminación cada vez más omnipresente; la democracia tal vez (aunque no necesariamente toda cáscara democrática; algunas servirán a nuevas estrategias); los derechos humanos universales; el calentamiento global cada vez más generalizado; aquel nuevo espíritu de época que vino con valores terrenales, oponiéndose a los tradicionales del espíritu a secas.

Con la modernidad vimos el surgimiento del jusnaturalismo, el desarrollo de las ciencias,  y luego, con el prestigio de la cientificidad,  el de las  llamadas  ciencias sociales, que procurarán ajustarse a cánones probabilísticos, aunque nuestra temporalidad no permite el mismo tratamiento ni el mismo conocimiento que el logrado con las llamadas ciencias duras.

Ese nuevo mundo se nos presentaba enarbolando justicia y libertad. O si se quiere, libertad, igualdad, fraternidad.

Todo este corpus de ideas, con el liberalismo primero e inmediatamente después con el socialismo como eje o protagonista ideológico, es lo que aparece ahora abandonándose, junto con el desbarajuste ambiental, que acompaña como su sombra los “milagros” tecnológicos.

Por cierto, no se trata de una tormenta en cielo sereno, todo lo contrario. Recordemos a Hillary Clinton, la que perdiera la carrera presidencial con Trump, cuando, todavía al “mando” del viejo mundo, hoy trastabillando, festejó con un gorjeo el asesinato vil, desnudo, mercenario de Muammar Gaddafi. Un asesinato del peor calibre en el mundo de la modernidad, el universalismo, la democracia, la justicia, la libertad. Ése, que Hillary “representaba”. Es apenas un ejemplo de que “las cosas” no iban bien en el mundo que hoy vemos en proceso de disolución ante el cono de sombra al que hice referencia inicialmente.

 

Auge de una dureza absolutista (neoabsolutismo)

Esta furia de intolerancia tuvo sus adelantados, como Meir Kahane, A. Behring Breivik, el ISIS y, ¿por qué no? toda la caterva de asesinos enloquecidos y anónimos que transitan ─con total tranquilidad, es cierto─ las calles y los colegios estadounidenses, y muy particularmente en  la floración de paramilitares, maras y policías especiales que han ido haciendo pesadillas en la vida cotidiana en tantos países al sur del río Bravo, para mencionar  lo que conocemos o al menos atisbamos un poco más, aunque seguramente en Asia y sobre todo en África, esos rasgos se presentan de modo  todavía más intensos, mortales, atroces.

 

Resquebrajamiento de un sistema-mundo  (¿neofeudalización?)

Todo lo cual nos permitiría y hasta nos llevaría a pensar en lo que parece ser un neoabsolutismo ─descaecimiento de los resortes decisorios más o menos institucionales─  como si se tratara de una “nueva edad media”, en los términos de disloque cultural  de lo establecido, de crisis de la globalización (de la mundialización como dicen los franceses), como la presentaran, hace por lo menos 40 años, Umberto Eco[1] o Furio Colombo,[2] por ejemplo, o como se presentara el colapso soviético, hace ya casi tres décadas.

Escribía Colombo en su ensayo: “[…]  el poder se ha desplazado fuera del proceso normal de decisión a una zona que no está clara ni se conoce.” ¿Qué es lo que vemos hoy? El ordenamiento  internacional no tiene la menor vigencia real; un estado o conjunto de estados desencadena una invasión contra otro estado, presunto infractor de vaya uno a saber qué leyes (como pasó con Francia e Inglaterra sobre Libia en 2011 o EE.UU y “su” coalición sobre Irak en 2003, o también EE.UU. sobre Afganistán en 2001, o Israel sobre El Líbano en 1982, o el mismo Israel, asaltando “preventivamente” a Egipto en 1967, por ejemplo). Para tales decisiones no se “necesitaron” instancias legislativas, ni siquiera judiciales, y mucho menos el peso y la actitud de las sociedades cuyos gobiernos actuaron así; ha sido el “puro” poder ejecutivo el asiento de la decisión.

Pero cuando pensamos en el ejecutivo, pensamos todavía en instancias políticas. Incluso, para algunos,  “la política” por excelencia.

Pero Colombo nos acerca un poco más a lo real (y pensemos que estamos citando un texto anterior a 1973…). Plantea que estamos ante “una redefinición de los modos de decisión.[3] Una nueva constelación que se caracteriza por la invisibilidad del gobierno real, porque “el poder se ha desplazado  fuera del proceso normal de decisión a una zona que no está clara ni se conoce.” Difícil de precisar el quién, y Colombo anota un par de rasgos significativos de tales intervenciones: su carácter privado (“es decir relativo a los intereses exclusivos de los grupos incluidos”)  y con una connotación militar (“rápida, secreta, indiscutible, disuasora, ejemplar”).

Si retornamos a las intervenciones que hemos señalado a título de ejemplos; las de Israel, EE.UU., Francia, el Reino Unido, vemos que esos dos requisitos se han cumplido al pie de la letra, aun invocando todos los “deberes” públicos o cívicos imaginables.

Los ejemplos que acabo de enumerar, empero, tienen todos el mismo rango, ocupan el mismo alvéolo, militar, de invasiones más o menos en regla.

Pero el planteo de Colombo nos permite otros desarrollos, percibir otros sitios donde el poder se ejerce fuera de los ámbitos institucionales invocados o previstos; observar el desplazamiento de las instancias expresas y/u oficiales de gobierno hacia muchos otros ámbitos; ¿cómo se resuelven las inversiones transnacionales, por ejemplo? El territorio receptor es apenas eso. Las tratativas son secretas, ocultas. So pretexto de “secretos comerciales”, lo que se hace secreto es el trámite de usurpación territorial, de señorío y adueñamiento de las riquezas a las que los respectivos consorcios transnacionales le han echado el ojo.[4]

 

Crisis de valores de “las luces”, sí, ¿pero neofeudalización?

Tenemos así un desvalimiento progresivo y cada vez mayor para encarar este estado de cosas. Porque solemos retener las viejas fórmulas de un legalismo caduco y de valoraciones que han dejado de ser compartidas.

¿Qué le importa a Bolsonaro la libertad de expresión, la de investigación, la de cátedra?

¿Qué le importa la igualdad racial por la cual luchamos, lucharon negros como Patrice

Lumumba, Franz Fanon, Malcolm X, Desmond Tutu, Muhammad Alí o  Nelson Mandela, y blancos como John Pilger, Roger Waters, y tantos otros, desconocidos (en ese torrente me incluyo)?

Sin embargo, la hipótesis de una neofeudalización, encarada por los autores citados (y otros) en la década de los ’70 no se adecua al estado actual de situación, por cuanto si algo caracteriza a la constelación vigente y actuante de poder es su cada vez mayor entrelazamiento, lo que Frei Betto ha calificado como “globocolonización” y la expansión de un “mundo unificado”.

Neofeudalización señala una pulverización de los centros de poder; ni siquiera la disputa creciente entre EE.UU. y China por el control de los recursos planetarios nos permitiría llegar a la idea de neofeudalización; en todo caso, a una reedición de la lucha “entre potencias” aunque el listado de “actores” se haya modificado un tanto (en la segunda posguerra, EE.UU. y URSS; hoy más bien un eje EE.UU.-Reino Unido-Israel con Occidente detrás, vs. China que de todos modos parece a su vez unida o aliada a los réprobos de Occidente; Rusia e Irán).

 

¿La cabe alguna responsabilidad a la izquierda progresista?

Tenemos por delante llegar a entender ese dato que apuntamos como “crisis de las luces”.

Mi hipótesis: que el populismo “inclusivo”, de izquierda, el llamado progresismo, ha coope-rado ─con total ignorancia del desenlace─ con esta aparición de hombres nuevos tan atroces.

Porque el progresismo, declamatoriamente solidario, confundió las cartas. Deliberada, tácticamente.

El progresismo fue la carta de los doctores socialistas para seguir siendo “socialistas” sin tener que ser anticapitalistas (escamoteando esa metamorfosis). El progresismo empezó a valorar determinados objetivos, alegando realismo ─lo mejor es enemigo de lo bueno─, mediante un cambio del lenguaje, procurando cierta conciliación con el capital que de todos modos beneficiara a los desposeídos, y cada vez más apostando a la rentabilidad que guía el comportamiento empresarial, ignorando deliberadamente que el lucro no atiende las necesidades sociales, biológicas, ecológicas.

Hay que tener en cuenta que con el surgimiento de la URSS, una experiencia de política hiperrepresiva, de absolutismo político, que cuestionó radicalmente las nociones de derecha e izquierda provenientes de la Revolución Francesa al instaurar un régimen de control político total que sin embargo se proclamaba revolucionario, vanguardia de izquierda ─y que arrastró consigo a buena parte del caudal político de la izquierda tradicional─ surgieron nuevas composiciones políticas, en un sentido más sofisticadas o de doble lenguaje; con la desaparición de la URSS, tuvo lugar el fenómeno, casi mágico, de convertir a referentes socialistas en titulares capitalistas…

En países como el nuestro, la “conversión” no tuvo que ser tan intensa; a lo sumo una actualización doctrinaria, realzando aspectos que no habían fructificado hasta entonces.  En Argentina, peronismo mediante, ni siquiera se necesitó un salto ideológico mortal; el peronismo siempre fue, al menos de palabra, antioligárquico y procapitalista.

 

Crisis de la idea de progreso

La actualización doctrinaria que estamos procurando desentrañar se basa en la ideología del progreso. Se dibujan con facilidad dos campos: un campo previo, tradicional; el retardatario que los manuales de ideología asignaban a la Iglesia Católica, al medievalismo, a la tradición oscurantista. Y enfrentado dialécticamente con él, otro campo, de avanzada con el acceso a “las luces” de la modernidad,  deísmo (masonería), desarrollo tecnocientífico, liberalismo, laicidad, socialismo.

Con ese maniqueísmo, no es tan arduo el pasaje de la intelectualidad que proclamaba hace medio siglo el socialismo, a la defensa de lo estatuido, al mundo-tal-cual-es  (aunque siempre procurando evitar ser confundida con  “lo viejo”).

Pero el desastre planetario pone al progreso bajo otra luz: darle carta abierta, luz verde al capital, confiar en “acuerdos de caballeros” con semejante partner, está destrozando el planeta.

El desarrollismo parece apenas un viaje de ida. El capital, dejado a sí mismo es un pacman planetario, sin tasa ni límite. Pero el planeta, empero, tiene límites. Igual que las vidas de los seres, cualesquiera que ellos sean; microscópicos o humanos; todos tenemos límites.

Solo actitudes obtusas como las que encarna hoy Donald  Trump pueden seguir sosteniendo que la contaminación generalizada, adueñándose de mares, suelos y atmósfera, no tiene importancia; que la plastificación de nuestro hábitat protagonizada por un material no biodegradable, no tiene consecuencias… Estamos esperando que la FDA nos diga cuántas partículas microscópicas de polietileno, polivinilcloruro y poliamida, podremos ingerir con nuestros peces, por ejemplo, para que el pescado siga siendo GRAS (sigla en inglés que se refiere a alimentos considerados seguros dada su inocuidad)…

Estamos jugando con fuego: porque el calentamiento global es ya insoslayable, porque la pérdida de protección a la radiactividad aumenta, porque las aguas frías y los hielos se achican en todo el planeta y los necios se alegrarán pudiendo plantar duraznos cerca del casquete polar, sin preguntarse qué hará la población de las franjas tórridas ecuatoriales del planeta (las zonas de mayor densidad humana…).

Tenemos, afortunadamente, una gama creciente de recursos médicos y de sabiduría científica para enfrentar enfermedades. Pero el dato fuerte en cuestiones de salud no es ése, sino el aumento irrefrenable de enfermedades. Alergias, cánceres, parkinson,  de comportamiento, de la piel, respiratorias, psíquicas, nerviosas, reumas, articulares, diabetes, obesidad…

Como bien explicara el oncólogo estadounidense Samuel Epstein, las principales redes médicas de atención al cáncer en EE.UU. no están dedicadas a luchar contra la proliferación del cáncer[5] sino a conseguir el diagnóstico precoz y achicar así los índices de mortalidad. Con “madurez” institucional,  no pretender incursionar en las causas de cánceres que escapan a los marcos médicos establecidos. Lo otro, ya sería querer cambiar la sociedad… ¿dónde se ha visto?

 

Tácticas progresistas. Un ejemplo

Lula presentó su candidatura presidencial tres o cuatro veces, antes de, finalmente ganar. Lo hizo entonces, aliado con una fuerza retardataria, de evangelistas, con lo cual fue malogrando sus propias reivindicaciones iniciales.

¿Qué fuerza liberatoria puede tener la Biblia? Desmond Tutu, pastor anglicano, lo expresa claramente: ‘Llegaron con la Biblia, nosotros estábamos en la tierra. Cerramos los ojos. Pasado un tiempo, abrimos los ojos, nosotros teníamos la Biblia y ellos la tierra”.

Hoy vemos, ya a la luz del día, un proceso que lleva décadas, de creciente implantación de iglesias llamadas genéricamente protestantes: evangélicas, pentescostales, nazarenas,  neoapostólicas, puritanas, sabatistas, anabaptistas, asamblearias, anglicanas, luteranas, calvinistas, presbiterianas, congregacionistas, cuáqueras, mormonas, metodistas, pietistas, neoapostólicas, adventistas y hasta valdenses (que constituyen una suerte de protestantismo anterior al movimiento histórico que recibe ese nombre).

Hay enorme diversidad tales iglesias. Las más recientes suelen ser las más vociferantes y una prueba de su alegado espiritualismo y descarado materialismo es la apelación a la prosperidad, verdadero eje ideológico para atraer “necesitados”.

 

El creciente papel del Estado de Israel y el sionismo en esa constelación antiliberal, racista, excluyente

Buena parte de estas iglesias, sobre todo las surgidas en EE.UU. en el siglo XX y más aún en el presente siglo, han ido generando una creciente identificación con el Estado de Israel. A tal punto que muchas de ellas, fundamentalistas y ortodoxas, mantienen un antisemitismo radical (depositado en tiempos apocalípticos, es decir futuros) y al mismo tiempo encarnan un ferviente apoyo al sionismo. Tal vez el caso paradigmático hoy sea el de la IURD, iglesia universal del reino de dios, que hace culminar la pleitesía de sus miembros mediante un viaje “de elevación espiritual” hasta los sitios sagrados, en Israel, precisamente.

El casamiento ideológico, de doctrina, entre las iglesias protestantes más fundamentalistas y el sionismo es un fenómeno de larga data, pero que ha tomado peculiar vuelo en los últimos tiempos, coincidiendo con la expansión israelí en diversos terrenos fuera de fronteras, particularmente en Europa y las Américas.

El  sionismo ha apelado a un fondo ideológico común; el Antiguo Testamento, una retahíla de relatos agresivos, racistas, puristas, que coexisten con otros que hacen al fondo común de la sabiduría humana. Hay allí una voz común para su entrelazamiento con tantas iglesias protestantes.  Algunos cristianos han sabido ponderar tales valores, realzando los del Nuevo Testamento como principales, pero muchas sectas protestantes, salvacionistas, increíblemente ombliguistas, al contrario, han legitimado el Antiguo Testamento.

Las iglesias vociferantes, carismáticas, pentecostales, ponen el acento en el papel que la Biblia le atribuye al pueblo judío. El elegido por dios. El conectado  directamente (¿a un paso de decir, ‘el único conectado?)

Porque el sionismo, inicialmente laico y hasta irreligioso, ha ido elaborando su proyecto de dominación cada vez más absoluta con la Biblia en la mano, en su caso la Torah. Y de allí proviene su íntima alianza con sectas protestantes, de enorme influencia en EE.UU.

Y EE.UU. es el único estado industrializado, no periférico, del mundo donde el papel de lo religioso no ha decrecido, como en Suecia, Holanda, Escocia, Italia, Francia, etcétera, sino aumentado. Incluso más: mientras la adhesión a las religiones ha decrecido algo en la población, se mantiene “al tope” en los elencos políticos. [6] El papel de las iglesias se ve así  claramente en el Congreso de EE.UU. (un sitio donde se reconoce la influencia proverbial de la AIPAC, American Israel Public Affairs Committee, Comité de Asuntos Públicos de EE.UU e Israel), que Wikipedia define como “lobby pro-israelí en EE.UU. Lo de “asuntos públicos” es una licencia… ¿poética?

 

De todos modos, la acción del sionismo excede ese “derrame” sobre sectas protestantes  (sobre todo americanas y más bien americans) así como también ha sobrepasado su “destino” inicial; el “pueblo judío”.

En el mundo árabe ha incursionado de varios modos, a cada cual más cruento. Sucintamente podríamos hablar de tres modalidades o momentos: 1)  reprimiendo con cerebral crueldad la vida y sobrevida de palestinos; 2) aliándose con la secta wahabita de los saudíes, la rama más retrógrada y bestial del Islam [7] y 3) prohijando, fabricando, sosteniendo al ISIS, y probablemente a Al Qaeda y otras muy diversas formas de terrorismo islámico que demasiado a menudo han recibido el nombre de freedom fighters desde los medios occidentales de incomunicación de masas.

Baste esta única cita para percibir la escalofriante geopolítica sionista actual: “Me gustaría ver que ISIS gobierne toda Siria; ISIS y sus ramificaciones no representan una amenaza para el estado israelí.[8] Lo proclamó este año el ministro de Defensa israelí, del gabinete más agresivo que ha tenido nunca Israel (lo cual es decir…). Su autor es Moshe Ya’alon, ministro de “Defensa” [sic] israelí. Apenas sinceró lo que ya sabíamos: Netanyahu visitando terroristas islámicos heridos que Israel ha internado en hospitales para “recauchutarlos” (y largarlos otra vez a la pelea); que ni el DAESH ni el EI ni el ISIS han hecho alguna vez un atentado contra “el estado judío”.

Queda negro sobre blanco que  buena parte de la mortandad intraislámica es madeinIsrael.

 

Resumiendo

Estamos ante un panorama amenazante. El eje EE.UU.-Reino Unido-Israel se va engrosando con la proliferación de gobiernos de mucha o extrema derecha, del cual ya mencionamos  en el continente americano al más significativo por sus dimensiones y por sus posiciones; el de Brasil.[9] Pero ya conocemos la situación de Honduras, Paraguay, Colombia en tierras americanas y podríamos extender el collar reaccionario por varias “perlas” europeas (Polonia, Hungría, República Checa…).

La coacción sobre las sociedades africanas es inenarrable pero merece un tratamiento expreso que no me siento en condiciones de abordar.

[1] “La Edad Media ha comenzado ya”, La nueva Edad Media, Alianza Editorial, Madrid, 1984 (1a. edic., 1974).

[2]  “Poder, grupos y conflicto en la sociedad posfeudal”, en La nueva Edad Media, ob. cit.

[3]  “Poder, grupos…,  ob. cit.

[4]  Así, por ejemplo, se tramita el establecimiento de una procesadora de celulosa en Uruguay, sin que los habitantes estén siquiera medianamente informados de los trastornos ambientales de los que van a ser destinatarios y menos todavía, de las condiciones de explotación territorial, donde la empresa extranjera dispone, legisla y establece qué debe acompasarse a la estrategia empresaria, modificando, por ejemplo, sus redes viales e incursionando hasta en los planes pedagógicos del país receptor… todo esto para que finalmente el país-asiento pierda un poco más de soberanía y autonomía y sea despojado “legalmente” de sus recursos naturales.

[5]  The Breast Cancer Prevention Program, MacMillan, N.Y., 1998. Coautor: David Steinman.

[6]  Más del 90% de los congresales se declaran cristianos (dos tercios aprox. protestantes, un tercio católico).

[7] El tratamiento dado a Jamal Khashoggi, pariente real saudí, disputante de poder y periodista en un cotidiano estadounidense, en las fauces, propiamente dichas, de la monarquía saudí es una expresión atrozmente veraz del comportamiento de estos sátrapas, que brutalizan a sus jóvenes mediante ejercicios mnemotécnicos masivos con las suras islámicas, mientras martirizan geopolíticamente al vecino arábigo del sur que se desvía de su credo: Yemen ha sufrido la mayor matanza de las últimas décadas.

[8] Richard Galustian, “Israel y la conexión yihadista”, Global Research, 1/12/2018.

[9] Dos de los tres hijos varones, adultos, de Jair Bolsonaro no tuvieron nada mejor que festejar a su padre desfilando como hombres-sandwich por calles israelíes con emblemas a pecho o espalda del ejército israelí  o de su ya tan atrozmente famoso servicio de seguridad, el MOSSAD.

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ONU, UNSCOP, padres putativos de Israel – I

por Luis E. Sabini Fernández – 

GUATEMALA, EL PRIMER ESTADO MUNDIAL QUE SIGUE LA “PROPUESTA” DE EE.UU. DE INSTALAR SU EMBAJADA EN JERUSALÉN

El presidente Donald Trump ha procurado un jaque demoledor a la resistencia palestina trasladando la capital sionista a Jerusalén, la ciudad “de las tres religiones monoteístas” que ONU procurara en su momento internacionalizar y preservar de la avidez territorial judía.

Las declaraciones y los pasos dados por la dirigencia guatemalteca, con oídos tan receptivos a la mudanza estadounidense fueron llamativos. Con orgullo se proclamaron los primeros en seguir a EE.UU., es decir, los segundos.

Guatemala (así como Uruguay) tuvo un sitial peculiar en la comisión de la ONU diseñada para atender el diferendo judeo-palestino; UNSCOP (por su sigla en inglés), Comisión Especial de las Naciones Unidas para Palestina, y en el surgimiento del Estado de Israel.

Antes de entrar al caso particular, una ojeada histórica al surgimiento de la UNSCOP, 1947.  Y antes, todavía, al surgimiento de la ONU, 1945. Como se ve,  “nacen” casi simultáneamente, aunque una sea “hija” de la otra. Esto quiere decir que surgieron en la misma coyuntura histórica.

El fin de la 2GM dejó un único vencedor neto: EE.UU. Esto cambiaría notoriamente a principios de la década de los ’50, cuando la URSS detona su primera bomba de hidrógeno (una especie de atómica, recargada). Allí queda establecido lo que se ve como “las dos superpotencias”; EE.UU. (1945) y URSS (1952). Poco antes, ya se había acabado el idilio de posguerra (entre los 4 Grandes; EE.UU., URSS, Reino Unido y Francia), con el comienzo de la Guerra Frìa, alrededor de 1949.

Hay un período entonces, de incontrastable poder único mundial, estadounidense, aproximadamente del 45 al 50.[1]

De la Sociedad de las Naciones a la Organización de las Naciones Unidas

La disolución de la malograda Sociedad de las Naciones, creada sobre la base del oprobioso Tratado de Versalles (cuna del nazismo) en 1919 fue cumplimentada en 1946, pero ya se había agotado con la misma guerra. Tanto es así que a fines de 1945 se crea la ONU que hasta en el sitio de la sede −Nueva York− reconoce al nuevo amo. Y como resultado de la guerra, se crea el Consejo de Seguridad con cinco miembros permanentes, los Big Five: EE.UU., URSS, Reino Unido, China, Francia.

Estamos acostumbrados a asociar a la ONU con los cinco continentes, con conferencias afroasiáticas, a ver secretarios de la ONU de origen asiático o africano. La ONU de nuestro tiempo dista mucho de la inicial. Aquel Consejo de Seguridad tenía otra China en su Consejo Permanente de Seguridad; polo opuesto a la que hoy ocupa ese sitio. El redactor del Preámbulo de aquella ONU fue Jan Smuts, el dirigente máximo de la Unión Sudafricana, supremacista blanco y partidario del apartheid. Que contaba con toda la confianza de la dirigencia política estadounidense.

Smuts tenía una estrecha relación con Chaim Weizman, el primer presidente del Estado de Israel y que antes había sido su diplomático más encumbrado.

Ambos compartían una ideología racista y se sentían compenetrados con la labor colonialista de asentamiento [settlercolonialism]. En ambos casos, sin considerar en absoluto los derechos de las poblaciones desplazadas. Para ambos contaban los derechos de los blancos, únicamente. La relación Sudáfrica-Israel será privilegiada durante prácticamente toda la segunda mitad del s XX hasta que, ante el quiebre político del apartheid sudafricano, su inviabilidad, Israel le retirará prestamente su apoyo.

Smuts y Weizman se conocieron en 1917 en Londres, ‘la capital del mundo’, adonde Smuts concurrió como delegado sudafricano en el asunto de la guerra y Weizman, químico, habiendo logrado fabricar acetona sintética en cantidades industriales, material escaso para la fabricación de explosivos –tan necesaria para la expansión colonial−, ya era el presidente de una red sionista inglesa también muy comprometida con la victoria militar británica. Smuts y Weizman consolidaron una relación de gran camaradería que durará 30 años (hasta la muerte de Smuts, en 1950).[2] Weizman consideraba al sionismo como avanzada civilizatoria, como ya lo afirmara Theodor Herzl en su libro clave, El estado judío (1896), estrategia que compartía Arthur James Balfour, el supremacista blanco a cargo de la cancillería británica y autor de la Declaración de  noviembre de 1917 conocida por su nombre.

Para  calibrar el espíritu de época y confrontarlo con las ideas hoy en día de recibo, una cita apenas de Smuts, que expresaba su estrategia:

Si se concediera igualdad de sufragio a todos los humanos, los blancos quedarían anegados en toda Sudáfrica por los negros y habría que renunciar a toda posición  por la cual los blancos han bregado durante doscientos años o más.” (de la Conferencia Imperial, Londres, agosto 1921)

Comparemos la idea de este forjador ideológico de la ONU con la de Nelson Mandela, otro sudafricano, contemporáneo de Smuts, que a la vez se nos hizo contemporáneo nuestro: “Detesto el racismo, porque lo veo como algo barbárico, venga de un hombre negro o un hombre blanco”.

El contraste entre aquella ONU de los ’40 y nuestro presente se agiganta si lo referimos a la cuestión palestino-israelí.

Ya vimos a Smuts preocupado por “la marea negra” en África y en su hermandad con Weizman, a su vez otro confeso racista; aquí una cita de Mandela: “Sabemos muy bien que nuestra libertad está incompleta sin la libertad del pueblo palestino” (en alocución, noviembre 1997).

El unicato de EE.UU., 1945-1950

En resumen, la ONU en esos primerísimos años estaba impregnada de un triunfalismo eurocéntrico muy alejado del espíritu “democrático” que al menos se predica hoy en las labores de la ONU.

El historiador británico Mark Mazower, por ejemplo, rememora que cuando la Conferencia de San Francisco [preparatoria de la ONU], 1945, muchos de los presentes advirtieron “que la nueva institución estaba marcada por la hipocresía. Para ellos, detrás de la retórica internacionalista de libertad y de derechos se escondía una alianza de los grandes poderes inserta en una organización universal.” Incluso, en palabras del historiador británico, este discurso enmascaraba “la consolidación de un directorio de grandes potencias que no era tan diferente del poder del Eje”, sobre todo en aspectos como “su imperiosa actitud de determinar cómo los débiles y los pobres del mundo debían ser gobernados.” [3]

Luego de la orgía de racismo explícito del nazismo, aunque los mismos ideólogos nazis se habían reconocido discípulos de los teóricos racistas anglosajones (y franceses), los racistas dominantes en las direcciones políticas victoriosas aprendieron  un nuevo estilo; no predicar lo que se ejerciera, cuando se tocaban zonas sensibles de los imaginarios colectivos. El apartheid, por ejemplo, era profundamente racista, pero hasta su designación señalaba una idea de separación, no de segregación, encarnada en aquella consigna, falsa, de “iguales pero separados”.

Jorge Ramos Tolosa[4] lo resume, citando al ya mencionado Mazower: “Todo encajaba: los colonos blancos requerían la protección del imperio, mientras que los sujetos colonizados se beneficiaban de su ‘tarea civilizadora’. Mazower relaciona este factor con el hecho de que la Carta de las Naciones Unidas omitió cualquier mención a los derechos de los pueblos colonizados, algo que escandalizó en San Francisco al intelectual estadounidense William Edward Burghardt Du Bois: “Hemos conquistado Alemania […] pero no sus ideas. Todavía creemos en la supremacía blanca, manteniendo a los negros ‘donde deben estar’ y mintiendo sobre la democracia cuando nos referimos al control imperial de setecientos cincuenta millones de personas en las colonias”. (ibíd.)

Vemos que la ONU no es lo que aparenta ni expresa; las relaciones de poder subsisten por debajo de lo expresado. Por ejemplo, ¿cuál fue el norte de la actividad política de Smuts para Mazower? […] “recurría a una retórica ‘humanista’ y ‘democrática’ al mismo tiempo que pensaba que la institución internacional podía ser el mecanismo perfecto para adaptar el dominio mundial blanco. El medio pasaba por reforzar la alianza entre las potencias euroamericanas e intentar prolongar la vida del imperio a través de la ‘cooperación internacional’. Según el autor británico, el pensamiento de Smuts representaba una metáfora de la Organización de las Naciones Unidas.” (ibíd.)

Otro dato clave para entender el interés de EE.UU. en la cuestión palestina surge del cónclave sionista mundial de 1942, en Nueva York, en el Hotel Biltmore,[5] donde expresamente la dirección sionista decide abandonar la protección de que gozaba hasta entonces de Inglaterra, ahora exhausta por la guerra, y adoptar por decisión propia el padrinazgo de EE.UU. Tamaña capacidad de maniobra se explica porque la minoría judía radicada en EE.UU. era significativa, numéricamente, pero sobre todo económicamente.[6]

El papel protagónico de EE.UU. en la ONU será asordinado por la composición que ya vimos del equipo permanente del Consejo de Seguridad.

Cuando se aborda la cuestión palestino-israelí, EE.UU. aludiendo neutralidad, logrará una serie significativa de avances. Así describe el ya citado historiador valenciano Ramos Tolosa [7]  el proceso de nombramientos de UNSCOP:[8]

Ninguno de ellos era miembro del Consejo de Seguridad. La Administración Truman […] insistió en que el UNSCOP debía estar formado por representantes de países ‘neutrales’ que no tuvieran ‘intereses vitales’ en Oriente próximo […]. El deseo estadounidense de neutralidad en el UNSCOP debe entenderse en dos claves.”

Por un lado, EE.UU. quería evitar el peso ruso-soviético contactando directamente con representaciones latinoamericanas que EE.UU. tenía “en gatera”. La URSS presentaba un problema porque El Vaticano rechazaba con vehemencia toda presencia ‘comunista en Tierra Santa’. Pero Ramos Tolosa nos habla de dos razones y la segunda se refiere a nosotros, sudacas: proteger “la propia capacidad de influencia de Washington […] las dinámicas internas de la ONU favorables a EE.UU, puesto que su delegación había conseguido que la mayor parte de los países elegidos para tener representantes en la UNSCOP perteneciera al ámbito occidental o tuviera más vínculos con el país norteamericano que con los estados de influencia soviética. […] Veinte de los cincuenta miembros fundadores de la ONU en 1945 eran latinoamericanos. En UNSCOP, tres delegados pertenecían a ese ámbito, pero si se suman los representantes americanos a los de Europa Occidental y a los del Commonwealth, su número ascendía a 8 de los 11 totales.” [9]

Ya vamos viendo los quilates, ausentes, de UNSCOP: la tarea para la que fue designado; no para atender “objetivamente” la cuestión, sino para aplicar una política.       

EL  INFORME DE MAYORÍA DE UNSCOP, SETIEMBRE 1947

Los representantes nacionales de Canadá, Checoeslovaquia, Suecia, Holanda, Perú, Uruguay y Guatemala plantearán una partición del territorio palestino. proponiendo adjudicarle a la minoría judeosionista el 55% del territorio y a la mayoría árabe-palestina el 43% (leyó bien: a la minoría una porción mayor de “la torta” y a la mayoría, oriunda, la porción más chica (un 2% en el área jerosolimitana quedaría internacionalizado y bajo control de la ONU).

La sola presentación de estos porcentajes revela el sesgo que estos comisionados tenían. Como señala Ramos Tolosa los miembros del Commonwealth británico más los países europeos occidentales más los mal llamados latinoamericanos (continente indoafrolatino) eran mayoría absoluta en UNSCOP. Reforzada por el voto del único representante comunista soviético; Australia termina absteniéndose.

Es interesante de dónde, de qué situación, proviene el voto de los otros tres miembros de UNSCOP; India, Yugoeslavia e Irán, que no aceptaron el informe de mayoría, que hicieron uno de minoría  (que fue rápidamente soslayado).

La India era un país, casi un continente, que había conseguido la independencia el año anterior, tras la brega y el asesinato de Mahatma Gandhi quien se había opuesto tenazmente a la colonización europea de Palestina;[10] Yugoeslavia era el único país socialista que NO se alineó con la política de EE.UU. ni con los estados comunistas;  era el único país socialista fuera de la férula estaliniana; Irán también había conseguido cierta independencia –también en su caso, recientemente al igual que la India, como expresión de la descomposición aunque no absoluta del British Empire−. Desde mucho tiempo atrás había estado sometido a presiones de Inglaterra y Rusia. Esa reciente independencia le permitió decidir no renovar las concesiones petrolíferas a la Anglo-Iranian Co., en un proceso de nacionalización llevado adelante por el ministro del Sha, Mohammad Mossadegh. El Sha, entonces, 1949, decidió darlo de baja pero la reacción popular fue tan mayúscula que el Sha terminó abandonando el país y refugiándose… en EE.UU. Fue durante la corta primavera nacionalista que el representante iraní optó  en UNSCOP por defender la sociedad palestina establecida y rechazar el proyecto colonial, antes británico, ahora sionista. [11]

Son tres estados fuera de la influencia norteamericana los que procuraron preservar la sociedad palestina.

LA RESOLUCIÓN no 181 DE LA ONU, NOVIEMBRE 1947

Sobre el futuro gobierno de Palestina.

No faltarán las palabras, tan ajenas a la realidad, como nos recuerda Mazower.

De ese modo podemos leer una serie de buenos propósitos: ‘No serán denegados ni vulnerados los derechos existentes respecto a los lugares sagrados y a los santuarios o edificios religiosos… en lo que respeta a los lugares sagrados, se garantizarán las libertades de acceso, visita y tránsito, de conformidad con los derechos existentes, a todos los residentes o ciudadanos del otro Estado y de la Ciudad de Jerusalén, como también [a] los extranjeros, sin distinción de nacionalidad, sin perjuicio de las exigencias de la seguridad nacional, del orden público y del decoro.’

Otras disposiciones: ‘se garantizará a todos la libertad de conciencia y el libre ejercicio de todas las formas de culto, compatibles con el mantenimiento del orden público y de la moral.’

No se hará discriminación de ninguna clase entre los habitantes por motivos de raza, religión, idioma o sexo’…

Hay una de estas disposiciones que contrastará con lo que deparó el futuro inmediato: ‘no se permitirá ninguna expropiación de tierras poseídas por un árabe en el Estado judío (o por un judío en el Estado árabe), excepto para fines de utilidad pública. En todos los casos de expropiación, se pagará totalmente la indemnización que haya fijado la Corte Suprema con anterioridad al desposeimiento.’  (la Corte Suprema no sabemos si Internacional, palestina, israelí, británica o qué, brillará por su ausencia). Porque muy pocos meses después, las fuerzas militares sionistas desencadenarán una campaña de terror, con propaganda, violaciones y asesinatos incluso colectivos, que les permitirá apropiarse de buena parte de las tierras palestinas, quebrando además el tejido social palestino. Mayo 1948.

La resolución no 181  fue aprobada en la Asamblea General de la ONU por 33 estados y votada en contra por 13.

Los 33 países (58% de la composición de entonces) que votaron a favor de la resolución 181 fueron: Australia, Bélgica, Bielorrusia, Bolivia, Brasil, Canadá, Checoslovaquia, Costa Rica, Dinamarca, República Dominicana, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Haití, Holanda, Islandia, Liberia, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Nicaragua, Noruega, Panamá, Paraguay, Perú, Polonia, Suecia, Sudáfrica, URSS, Ucrania, Uruguay y Venezuela.

En resumen: todos los países de impronta eurocentrada (europeos, EE.UU., Canadá, Australia, N. Zelandia), 12; más dos tercios de los países centro- y sudamericanos, 13; más el bloque soviético, 5. Completaron los votos afirmativos Filipinas, Sudáfrica y un estado que está en la órbita de EE.UU, aunque no sea eurocentrado; su vástago racial, Liberia.

Los 13 países (23%) que votaron contra la Resolución 181 fueron: Afganistán, Arabia Saudí, Cuba, Egipto, Grecia, India, Irán, Irak, Líbano, Pakistán, Siria, Turquía y Yemen. Solo un estado iberoamericano, Cuba, más los 10 países islámicos que por entonces integraban la ONU y Grecia e India.

Los países que se abstuvieron fueron 10 (el 18%): Argentina, Colombia, Chile, China, El Salvador, Etiopía, Honduras, México, Reino Unido y Yugoslavia.

Tailandia estuvo ausente en la sesión plenaria.

Los estados geográficamente cercanos votaron TODOS en contra, lo que auguraba conflicto; los conflictos que efectivamente se desencadenaron.

Por entonces, apenas había comenzado el fin de la colonización formal de África (la real parece mucho más dura de erradicar), y apenas 57 estados eran miembros de las Naciones Unidas (actualmente son 193). El mayor bloque lo constituían los veinte estados iberoamericanos, seguido de los países árabes e islámicos (diez), los de Europa Occidental (ocho) y los comunistas (seis).

Fue, en resumen, un enfrentamiento entre el bloque eurocéntrico y el comunista por un lado, y por el otro, el islámico (árabe o no). Anticipo impensable de lo que iba a sobrevenir luego del colapso soviético, desde los ’90.

Las disposiciones de la resolución son muy extensas y detalladas. Se ve allí un diseño de dos estados paralelos con una cierta cantidad de áreas y tareas de coordinación. Buena parte de las disposiciones son transitorias como para que el Mandato [británico] sobre Palestina terminara lo antes posible, “en ningún caso después del 1º de agosto de 1948”. Eso incluía el retiro de tropas con la misma fecha.

El presunto estado independiente palestino y el Régimen Internacional especial para la Ciudad de Jerusalén, establecido en la Parte III de este Plan, se proyecta que empezarán a existir en Palestina, dos meses después de concluida la retirada de las fuerzas armadas de la Potencia Mandataria, en ningún caso después del 1º de octubre de 1948. Los límites del estado árabe-palestino, del estado judío y de la Ciudad de Jerusalén son los señalados en las Partes II y III de la resolución.

Observemos que durante un largo medio año, ni los palestinos ni el régimen administrativo internacional para Jerusalén serán establecidos, pero ahora sabemos que el Estado de Israel resultará proclamado bastante antes; el 14 de mayo de 1948. Desde esa fecha no queda ni policía ni militares británicos, ni ciertamente autoridad alguna de la ONU, pero sí habrá en Palestina, policía y ejército israelí. Con todas las tensiones ya sufridas, los rechazos, huelgas, represiones sangrientas (como la de 1936-1939 con diez mil palestinos matados), la ONU deja al zorro a cuidar a las gallinas…

Ni el presunto estado palestino ni la jurisdicción internacional jerosolimitana tendrán concreción.

Papel tutorial de EE.UU. en la Europa de posguerra y en los países “latinoamericanos”

Guatemala

Para Julio Castro, maestro e historiador, asesinado por la dictadura militar uruguaya (1973-1984), Jorge Ubico fue el dictador prototípico, el peor, si así puede medirse, que tuvo América  al sur del río Bravo durante todo el siglo XX.

Modernizó el país con obras de infraestructura y terror político y policial (aunque con fuerte apoyo social, bueno es tenerlo en cuenta, dándole al país su materialidad vigente: Palacio Nacional (del ejecutivo), el Legislativo, el de la Policía Nacional, todos palacios, como se ve. Entregó el país a la United Fruit, construía carreteras con “vagos”, es decir con cualquiera, y aplicó “ley de fugas” a disidentes…

En 1944, Ubico debe renunciar; como si sectores ahora significativos no aguantaran más tanta tiranía. Ante movilizaciones, otra presidencia fuerte pasa a ser ejercida por otro general, Federico Ponce Valdez. Fugazmente. Entre los apoyos militares que respaldan a este último, figura un capitán, Jacobo Arbenz.

Con la movilidad política no cuaja el estilo ni la continuidad del nuevo general-presidente y una movilización civil, unida a militares decepcionados del “nuevo curso” (que era tan idéntico al anterior de Ubico), entraron en desobediencia directa contra el gobierno. Algunos destacamentos o regimientos guatemaltecos todavía bajo las órdenes oficiales de Ponce, se “dieron vuelta” y el 20 de noviembre de 1944, sectores universitarios  y de las capas adineradas desconocen los mandos militares. Entre los que cuestionan al nuevo general está el ya mencionado  Arbenz, inicialmente de la constelación golpista. En noviembre de 1944 se vota y sale elegido Juan J. Arévalo.

Así como Ubico fue el hombre de los EE.UU. de Teddy Roosevelt, su garrote y su empresa United Fruit, Juan J. Arévalo fue el hombre de Franklin D. Roosevelt y su política de buena vecindad. Apostó a la educación y a una autonomía ante los tonos más cerriles del EE.UU.; trató de que la United Fruit no se llevara el 100% de las ganancias sino que dejara un porcentaje para el país del que se llevaban tanta riqueza. Era una demanda hasta amistosa con el Gran Hermano (aunque quebrándole la costumbre de “llevarse “todo”).

Observe el paciente lector que en “la aldea” centroamericana se produce una suavización del saqueo y el verticalismo tradicional así como en “el mundo” el fin de la 2GM produjo una dulcificación de los modos de dominación.  Nadie sería tan pueril para decir que se habían abolido, pero sí que habían cambiado las modalidades del dominio.

Así, Guatemala siguió ligada al Gran Hermano, en tanto que los sectores locales más recalcitrantes tildaban al país de comunista. El período “nacionalista”, basado en la política  “de buena vecindad”, con Arévalo, Arbenz, resultó demasiado para la política de coloniaje y saqueo directo de EE.UU. y en 1954 termina, con el desembarco de Castillo Armas, que con pocos cientos de mercenarios derriban y clausuran el paréntesis “democrático”.

Observemos que es en ese corto período, 1944-1954, que se crea UNSCOP, 1947.

Durante lo que llamamos  “paréntesis”, el país siguió siendo eurocéntrico,  aunque adueñado del “espíritu de época” dejó de negar toda importancia a lo indígena (Guatemala es, junto con Bolivia, los dos estados americanos que cuentan con mayoría absoluta indígena en el siglo XX).

Por su contextura sociopolítica, Guatemala era un candidato “excelente” para encarar el diferendo judeo-palestino. Es sugerido en la ONU y se designa representante a una de sus figuras mayores, Jorge García Granados (con genealogía presidencial) que no conoce un átimo de la cuestión judeo-palestina, como él mismo reconoce.[12]

Un claro exponente de la dependencia de Guatemala respecto del líder planetario en los ‘40 es la mismísima edición del libro recién mencionado, muy famoso en su momento, que Jorge García Granados redactó con motivo de su participación en UNSCOP. No hemos podido saber si su autor lo escribió directamente en inglés, pero su primera edición de cualquier modo fue hecha en EE.UU. y en inglés. A cargo de la casa editora Knopf, en Nueva York en 1948, bajo el título The Birth of Israel. Al año siguiente se edita en castellano, en Buenos Aires, a través de un ignoto sello, Ediciones Oriente, que aparece gestionado por una firma gerencial estadounidense. Se trata de una traducción directa del original inglés antes señalado. No deja de ser peculiar el trámite: indudablemente la edición y la geopolítica estadounidense tenían prioridad sobre otras pertenencias.

En su libro, JGG comenta el sinsentido que a alguien se le pueda ocurrir consultar a los aborígenes, a los indígenas, a los que mantienen un asentamiento inmemorial en una tierra, para definir a quién le corresponde… dicha tierra:

“[…] los árabes sostenían que Palestina fue cedida a la parte interesada: la población del país para ellos.[13] Pero el artículo 1 del Tratado de Lausana establecía la renuncia de los turcos a todos sus derechos. No existe ninguna referencia que sugiera la cesión en favor de los habitantes, ni en parte alguna se establece que ellos son la parte interesada; ni se especifica tampoco quién es la parte interesada.[…] en los principios generales del derecho internacional nos hallamos con que sólo los estados soberanos pueden ser sujetos en el derecho internacional [sic]. Los individuos y los pueblos que no gozan del estatuto legal de gobierno soberano sólo pueden ser objetos del derecho internacional.” [14]

Con verba jurídica impecable, ni Stalin, ni Churchill, ni Hitler podrían haberlo dicho mejor.

Los Arévalo, los Arbenz, los García Giménez podían discutir el saqueo de los empresarios (y los ejércitos yanquis) sobre las tierras centroamericanas, pero de ninguna manera plantearse de quiénes eran las tierras usurpadas por las empresas norteamerica-nas. “Ellos”, los titulares de la patria guatemalteca, se bastaban a sí mismos para decidir.

Y si así pensaban en América Central, en ese país con mayoría maya políticamente ignorada, ¿por qué iban a pensar de otro modo cuando son convocados al caso palestino-israelí? Al contrario, son convocados porque pensaban y actuaban como pensaban y actuaban, como piensan y actúan.

Guatemala hoy

Israel ha sabido retribuir aquellos favores. Cuando la represión arreció a principios de la década de los ’80 en América Central y países como Guatemala, Honduras, El Salvador tenían dictaduras directamente asesinas sustentadas en “asesoramiento” estadounidense, esa agresión, tan violatoria de los derechos humanos, fue encontrando resistencia dentro de EE.UU. cuyo gobierno finalmente tuvo que abandonar su “protección y asesoramiento” a esas dictaduras, delegando en regímenes de su confianza esa tarea. Fue la Argentina de los desaparecedores (dictadura Galtieri) y el colonialista Estado de Israel quienes tomaron la posta.[15] Hay así una liga ideológica entre Israel y Guatemala.

Y llegamos al día de hoy. Nos cuenta Jimmy [sic] Morales, el evangélico presidente actual de Guatemala, con motivo de la instalación de la embajada guatemalteca en Jerusalén, que han dado “un paso hacia el amor, la prosperidad, la paz”… Lo de prosperidad tiene un retintín menos espiritual que los otros anuncios. De cualquier modo, el remate de sus “buenos deseos” nos da una orientación precisa: “[…] y puedo afirmar que traerá un legado de enormes beneficios para nosotros”. No especifica el monto del legado, pero bien podríamos decir en este caso, sin temor a equivocarnos, en lugar del tradicional “Cherchez la femme”, un “Cherchez l’argent.” 

Un catedrático israelí, comentando esto de las instalaciones diplomáticas en Jerusalén, en particular la de Guatemala, que no se trata solamente de la tan invocada amistad guatemalteco-israelí sino de “su gran dependencia de EE. UU.”  Se agradece la franqueza, aunque era ya totalmente innecesaria.

notas:

[1]  Así lo resume James Burnham (La revolución de los directores, Editorial Sudamericana, Bs. As.,1967, originalmente The Managerial Revolution, 1941), analista del pasaje de la sociedad capitalista tradicional (que tuviera en el British Empire su árbitro mundial) a la corporativo-gerencial al estallar la 2GM: “Si miramos el mapa económico  indicando las ocupaciones de la humanidad de inmediato salta a la vista un hecho decisivo. La industrialización avanzada se concentra en tres regiones y sólo en tres, relativamente pequeñas: EE.UU. y en especial sus zonas nordeste y centroseptentrional; Europa, especialmente en la zona central norte (Alemania, Holanda, Bélgica, el norte de Francia, Inglaterra), y las islas del Japón, con parte del este de China, […] que el sistema político mundial cristalice en tres superestados [… no] implica necesariamente que esos tres superestados  sean EE.UU., Alemania y el Japón tales como hoy los conocemos.” 

Burnham describió ese estado de situación en 1940. En 1945, Japón y Alemania no eran los que habían sido, estaban devastados y ocupados por Los Aliados, básicamente por EE.UU. Que no sólo se había consolidado regionalmente, poniendo a su servicio al resto del continente americano sino que disponía del control militar e industrial de la Cuenca del Ruhr y del Extremo Oriente. Aquellos “tres superestados”, como la Santísima Trinidad, eran uno solo…

Está el incipiente poder industrial ruso-soviético que Burnham no mencionara. Pero este último, el único que no está bajo control estadounidense, dista mucho por sus dimensiones de poder competir o aminorar el dominio norteamericano mundial.

[2]  Datos extraídos de Richard P. Stevens, “South Africa, Zionism and Israel. Smuts and Weizman”, Israel & SouthAfrica. The progression of a Relationship, Richard Stevens & Abdelwahab Elmessiri (comp.), New World Press, N.Y., 1976.

[3]  Mark Mazower, No Enchanted Palace: The End of Empire and the Ideological Origins of the United Nations, cit. p. Ramos Tolosa, Jorge, ¿“Las Naciones Unidas no son nada”? Pablo de azcárate y el fracaso de la onu en palestina (1947-1952), Universidad de Valencia, Valencia, 2016.

[4]  Jorge Ramos Tolosa, ob. cit.

[5]  Biltmore, 1942. En la Conferencia declaran que Palestina debía constituirse como una “Commonwealth judía”. Significativa identificación con una experiencia colonial.

[6]  La presencia judía en EE.UU. era tan significativa que dio lugar a la elección de EE.UU. como aliado y protector, y a la vez a una fuerte oposición de eminentes judíos neoyorquinos antisionistas, entre ellos el dueño del Washington Post y el editor del New York Times, que fundan entonces la ACJ (American Council on Judaism) para oponerse al proyecto de crear un estado judío en Palestina. Su tesis era que lo judío, el judaísmo es una religión, no una política.

[7]  Ramos Tolosa, ob. cit.

[8]  Australia, Canadá, Checoeslovaquia, Guatemala, Holanda, Honduras, India, Perú, Suecia, Uruguay, Yugoeslavia.

[9]  Ibíd., p. 192.

[10]  “Palestina pertenece a los árabes en el mismo sentido que Inglaterra a los ingleses… es inhumano imponer a los árabes la aceptación de los judíos. Sería un crimen contra la humanidad someter a los orgullosos árabes con la finalidad que Palestina pueda ser restaurada como hogar nacional judío. […] Los judíos nacidos en Francia son franceses, en el mismo sentido que los cristianos nacidos en Francia son franceses. Si los judíos tienen como hogar sólo a Palestina, ¿les gustará la idea de ser forzados a abandonar las otras regiones del mundo en las que se han establecido? Harijan, India, nov. 1938.

[11] En 1953 recordemos que EE.UU. invade Irán, encarcela, previa humillación pública a Mossadegh y restaura en el trono a su chirolita el Sha quien se hará tristemente famoso por haber convertido a Irán en asiento de una de las más temibles policías políticas del planeta: la SAVAK.

[12]  Lo cual no le impide escribir un libro donde jamás logra distinguir los conceptos de judío y sionista; Así nació Israel.

[13]  Suponemos, no hay referencia, que alude a las promesas de Lawrence (de Arabia).

[14]  Así nació Israel, Biblioteca Oriente, Bs. As, 1949, p. 76.

[15]  Chomsky, Noam, La quinta libertad, Editorial Crítica, Barcelona, 1988, p. 250.

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Declaraciones de Alejandro Nario ¿Una maravillosa contaminación?

por Luis E. Sabini Fernández

En recientes declaraciones Alejandro Nario, director nacional de Medio Ambiente de nuestro país[1] expresó que “el plástico es una pandemia mundial”. Una afirmación certera que desnuda uno de los roles básicos de los productos plásticos.

Nos dice que “el 90% del agua que se toma a nivel global contiene microplástico”.[2] Tanto potable como mineral.

Hasta aquí, las apreciaciones de Nario son comprensibles y compartibles.

Dice luego que “aún es difícil determinar sus efectos en la salud de los seres humanos”. Arriesgada afirmación; desde hace décadas hay investigaciones que han verificado la causante de partículas plásticas en enfermedades de muy diverso tipo (desde alteraciones hormonales hasta malformaciones congénitas).[3]

Nario compara la situación con la del plomo al que “se le reconoció muchas virtudes hasta que se descubrió la plombemia.”  Suponemos que se refiere al Uruguay y al escándalo que surgió hace unos diez años, cuando se “descubrió” que el plomo en sangre y huesos afectaba a una enorme proporción de nuestra población.

Pero si hablamos del plomo, hace algo más de 2000 años, su contaminación y efecto nocivo sobre los cuerpos humanos ya se conocía, como “saturnismo”. Médicos romanos comprobaron su presencia entre los trabajadores de las minas de plomo. Y las virtudes eran tan pocas como para que Vitruvio, arquitecto romano a cargo de la canalización de agua corriente para Roma y Pompeya, descartara cañerías de plomo (optó por acueductos de piedra, algunos todavía en pie, y cerámica).

Nario nos cuenta entonces que “con el plástico ocurre un proceso similar; era una salida maravillosa para sustituir el vidrio, porque es liviano y moldeable, pero luego se descubrieron todos los problemas que conlleva.”

Una versión rosa de la historia. Porque el motivo por el cual el vidrio fue desplazado por el plástico no fue por ser algo “maravilloso”, o por su liviandad (real).

Desde el primer momento se descubrió algo ominoso en los envases plásticos: no eran inertes, a diferencia del vidrio, por ejemplo. Los envases plásticos “cedían” partículas a sus contenidos. Y ese proceso −migración− se acentúa ante contenidos grasos  o alcohólicos.

Ante el carácter no inerte de los envases plásticos, la industria petroquímica encontró la fórmula salvadora; los “límites de seguridad”: se puede ingerir plásticos pero solo hasta cierto punto, pasado el cual sería dañino y por lo tanto prohibido.

La fórmula que la petroquímica y los envasadores encontraron para ese “enroque” fue el PADI: Packaging Admissible Daily Intake. La dosis admisible de empaque diario. Leyó bien: lo que se puede incorporar, del empaque, a nuestros cuerpos.

Y fue gracias al PADI que los envases plásticos desplazaron, por ejemplo al vidrio, y no a causa de una “salida maravillosa”.

Pero hemos visto, al principio, que Nario ve cierta problematicidad con el plástico. “Pandemia global”. ¿Cómo enfoca nuestro hombre su solución?

Quitándole la gratuidad a las bolsas de plástico: “En el mundo, el cobro de las bolsas plásticas es el método más efectivo.” Y “que el ‘sobreprecio’ se lo quedarán los comerciantes que vendan las bolsas.” Los comerciantes no bregarán por achicar la pandemia; cobrarán por sostenerla (y hasta aumentarla). Es cierto que un sector de la población optará por llevar sus bolsas para ahorrarse unos pesos. Esta política abre en el tiempo dos estilos; los que eviten pagar el sobreprecio de las bolsas llevando sus propios envoltorios y los que se permitan “la comodidad” de seguir como hasta ahora. Cobrar las bolsas, en lugar de combatir “la pandemia global”, la elude. Y si el derroche mengua, será por falta de dinero…

Esa transición de consumo irrestricto a consumo cobrado es para Nario una medida de ayuda a “la industria nacional del plástico”; “hay que darle tiempo para que se reconvierta […], hablamos de miles de puestos de trabajo, no podemos de un día para el otro que  la gente quede sin trabajo.” Tanto sentimiento es casi emocionante. Lástima que cuando la industria petroquímica despedazara a la del vidrio ese asunto no se tuviera en cuenta; al contrario, se adujo la bondad de la renovación, la modernización, los adelantos tecnológicos. No solo se desplazó a los envases de vidrio, se acabó con la misma industria del vidrio en el país.

Más adelante Mizrahi abunda sobre  el carácter “compostable biodegradable”. No entendemos bien a qué se refiere. Esperemos que no se trate de plásticos oxodegradables; un invento reciente que no biodegrada el plástico pero lo desmenuza más rápidamente, para que pase desapercibido a más corto plazo. En realidad, con la apariencia de solución, es  una vuelta de tuerca en contra de la salud ambiental.

Nario se refiere al agua: “Un tema de debate. El agua en envase de plástico cobró prestigio y el agua de la ‘canilla’ se supo que tenía problemas de potabilidad.” Naturalizando una peculiar coyuntura. Si nos referimos al agua potable de Laguna del Sauce del año 2015, es tal como dice Nario. Pero la investigación que WCA (Waste Collection Authority) llevó a cabo en Gran Bretaña en 1997, ofrece un resultado muy distinto. Dado el auge entonces del consumo de agua en botellas plásticas, hicieron una investigación sobre costos y niveles bacterianos. Estimaron que el consumo de toda la vida de agua de la canilla de un habitante era de casi 30 libras esterlinas; el mismo  consumo usando botellitas de plástico era de algo más de 20.500 mil libras esterlinas.

Sanitariamente, el agua corriente ofrecía una calidad del 99,7% respecto de presencia bacteriana. El agua embotellada arrojó un 98% de aprobación.

Así que si el agua embotellada “cobró prestigio”  pudo deberse a no examinar su calidad, o a que el agua del circuito público uruguayo, de la canilla, se deterioró marcadamente.

Mientras, el municipio romano de la Roma actual, del s XXI, asegura la calidad del agua de todas sus fuentes para que el habitante romano pueda saciar su sed con confianza en plazas públicas evitando andar con su agua a cuestas y, sobre todo, para no recargar los desechos de la ciudad con una cantidad multimillonaria de envases vacíos, gastados, inútiles… y no biodegradables.

[1]  La Red 21, entrevistado  por Ana M. Mizrahi, 11 jun 2018.

[2]  Dado el carácter no biodegradable de los plásticos, con el paso del tiempo, la erosión y otros desgastes las partículas plásticas reducen sus dimensiones. Pero no se biodegradan.

[3]  Véase Our Stolen Future, 1996, la investigación que tres biólogos estadounidenses, Dianne Dumanoski, John Peterson Myers y Theo Colborn, llevaron a cabo rastreando la presencia de micropartículas de policarbonato, poliestireno, PVC, en el origen de una serie atroz de enfermedades.

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Del optimismo tecnocrático a la conciencia planetaria

por Luis E. Sabini Fernández

El estado real de las cosas en la agricultura hoy pasa por la implantación generalizada de la agroindustria, su expansión permanente mediante el proceso de “acaparamiento de tierras” (en todo el mundo, pero sobre en África, con su secuela de despojo, exclusión y hambreamiento).  Y por lo que acabamos de recordar sobre condenas y absoluciones al glifosato, el socio siamés de los OGM, verificamos el muy menguado efecto del reconocimiento de su extrema peligrosidad, como si las estructuras socioinstitucionales tuvieran tanta inercia como para hacer muy arduo el volver sobre sus pasos.

Esto significa que aumenta el conocimiento y consiguientemente la conciencia sobre algunas dificultades y problemas, que eran más difíciles de discernir tiempo atrás (aunque no imposibles; a menudo los caminos tomados, por ejemplo con un desarrollo tecnológico, tuvieron no solo sus cultores sino también sus  críticos).

Vayamos a ejemplos. En 1942 Paul Müller descubre en Suiza  el diclorodifeniltricloroetano, DDT, mejor dicho descubre su efecto insecticida. Intensas investigaciones sobre cómo enfrentar a los piojos en las trincheras, que habían sido un enorme problema durante la primera guerra mundial, culminaron con ese “polvo mágico”. Aunque ya no hubo trincheras en la guerra mundial entonces desatada y por lo mismo los piojos ya no resultaron plaga.

Es un movimiento interesante del conocimiento y la ignorancia humana: se planifica alcanzar un conocimiento nuevo para aplicar a una situación imaginada… que nunca se concreta y el diseño científico y todo, termina aplicándose a algo totalmente inesperado…

Müller estaba convencido que se trataba de un veneno para insectos, inocuo  para plantas y animales de sangre caliente. Fue probado con efectos tan contundentes para conjurar epidemias de fiebre amarilla, paludismo, tifus, que en 1948 Müller recibió el premio Nobel de Química.

Poco a poco sobrevino “el rebote”, un coletazo imprevisto: en 1953,  Morton Biskind, físico norteamericano, denuncia los efectos deletéreos, no físicos sino psíquicos, del DDT particularmente en nuestra forma de pensar. Biskind describe la situación refiriéndose a un nuevo, revolucionario, principio toxicológico: “Todos los aparatos de comunicación masivos, legos y científicos se dedicaron a negar, ocultar, suprimir, distorsionar […] y un nuevo principio de toxicología arraigó con fuerza: no importa cuan letal pueda resultar un veneno para todas las formas de vida, vegetal o animal; si no mata a un humano instantáneamente, entonces es seguro.” [1]

Un pragmatismo miope, un optimismo necio, que pasaba por alto que el DDT no mataba solo a los insectos dañinos sino a todos ellos, incluidos los que predaban a los insectos que el hombre quería combatir. Tampoco se advirtió  su carácter acumulativo. El DDT, veneno estable, iba pasando por las cadenas alimentarias “hacia arriba”, por lo cual dosis incluso muy leves para matar insectos como larvas de mosquitos, llegaban a concentrarse en dosis como para provocar muerte inmediata o mediante  intoxicación crónica, en animales “superiores”; aves o mamíferos.

 

* Epílogo a la segunda edición de Transgénicos: la guerra en el plato. Buenos Aires, 2017

Y tal vez lo más importante: los recién enunciados principios de toxicología ignoraron olímpicamente las enfermedades y las muertes producidas mediante dosis no letales, las que generan alteraciones crónicas. Mediante nuevas políticas sanitarias los agentes que mataban y matan instantáneamente a seres humanos se achicaron hasta hacerse insignificantes pero creció monstruosamente el caudal de enfermedades, sufrimiento y muerte por estados no agudos.

Tuvieron que pasar décadas para que las organizaciones públicas de control sanitario de EE.UU. (fundamentalmente, FDA y EPA) se rindieran a la evidencia de la enorme toxicidad del DDT. Que fue finalmente prohibido.[2]

Porque, como bien explica Evaggelos Vallianatos: “La prohibición del DDT en EE.UU. en 1972 no trajo consigo ninguna reconsideración acerca de la industrialización de las granjas y de su adicción a pesticidas mortales. En los hechos, las grandes plantas agroindustriales totalmente dependientes del uso de pesticidas son ahora legión en todo el planeta.” [3]

Y un ejemplo desoladoramente práctico de la observación de Vallianatos es que prohibido el DDT en 1972, en 1974 las mismas “autoridades” registran y aprueban el glifosato, con enorme aceptación “general”.

El glifosato fue el herbicida de muy amplio espectro, que resultó ideal, veinte años después, para aplicar a los cultivos transgénicos, ideados por los laboratorios de ingeniería genética.

Como en su momento el DDT, se lo sintetizó sin utilidad directa y décadas después, un nuevo laboratorista le encuentra una utilidad precisa y “deslumbrante”. En el caso del glifosato es John Franz, en los ’70, empleado de Monsanto, quien descubre sus cualidades herbicidas.

En la actualidad hay más de 2000 productos para la protección de plantas que contienen glifosato autorizados en Europa para uso en tierras cultivables. Su eficacia de amplio espectro y el fácil control de las malezas lo han convertido en uno de los herbicidas más populares en la agricultura, para los jardines y en las áreas no cultivadas.”  [4]

Fue santificado por Monsanto que lo patentó como lo más inocuo para el mundo entero, por no decir beneficioso…  Esta corporación, que fue su usufructuaria hasta vencida la patente alrededor del 2000, “probaba” a través de múltiples “investigaciones”, la presunta  inocuidad total del herbicida.

Sin embargo, por lo menos a partir de su ligazón con los alimentos transgénicos, el glifosato tuvo sus “Morton Biskind”. Hubo investigadores que reclamaron mejores controles y evaluaciones del “paquete tecnológico” que unía semilla transgénica y herbicida (bajo la forma comercial de Roundup).

En el 2000, se edita el ajuste de cuentas de la bioquímica Mae-Wan Ho contra el avance arrasador de la agroindustria. [5] Trabajo en el cual Ho cuestiona tanto los aspectos epistemológicos de los avances técnicos ingenieriles como lo que Ho consideraba sus descuidos metodológicos: ya está claro que la ciencia está  servilizada a los intereses corporativos.

Durante la primera década del nuestro siglo, se verán cada vez más críticas a los comportamientos empresariales que llevan adelante la implantación urbi et orbi de los transgénicos, vegetales y animales.

Un militar estadounidense dedicado a la guerra biológica, de la Universidad de Purdue, Don Huber, conocedor del efecto de los pesticidas sobre los sistemas vivos, da también una alarma.

Huber afirma: “El glifosato promueve patógenos del suelo y está ya relacionado con más de 40 enfermedades de plantas.”  Sostiene incluso que “el glifosato  desmantela las defensas vegetales”  porque la planta en crecimiento se ve privada de los nutrientes que le sirven para defenderse ella misma de enfermedades y para resultar nutritiva. Huber sostiene  que tales cultivos, biológicamente empobrecidos, son la causa de “desórdenes animales”. [6]

En el artículo de Vallianatos, luego de repasar, como apunta su título, las consecuencias atroces de los agrotóxicos, sistemáticamente presentados como “la” solución y una solución tranquilizadora, que nos lleva a un mundo mejor, el autor critica las falacias de la agroindustria: “Sus propietarios invocan una guerra al hambre pero en la práctica su guerra está dirigida contra el mundo natural y los pequeños agricultores y granjeros.  Y pese a toda su propaganda  de que están para alimentar al mundo, apenas producen un tercio de los alimentos de todo el mundo. Campesinos, no agroindustriales son los que mayormente alimentan  la población del mundo (Douwe van der Ploeg, 2014). Pero los agroindustriales son sí responsables del enorme daño hecho al mundo natural y a la humanidad. El daño nos llega en la forma de calentamiento global y de envenenamiento de la vida silvestre, el agua potable y los alimentos.[7]

El tiempo, el mero transcurso del tiempo, nos ha permitido captar problemas que los forjadores de la combinación de siembra directa y agrotóxicos jamás imaginaron (nosotros, sus críticos, tampoco, pero al menos podemos verificar, cada vez más, que teníamos una desconfianza genuina y certera, que la invocación del “principio de precaución” para ser muy cauteloso con tales “milagros” tecnológicos, estaba basada en  buenas razones).

Vamos perfilando problemas: hoy en día se ha hecho evidente una problemática con las inundaciones: no se puede desmontar para cultivar grandes extensiones sin hacerle perder al suelo gran capacidad de absorción; esto se agrava con la técnica de siembra directa que necesita menos agua e “invita” al escurrimiento de la caída “sobrante”  de agua. Por su parte, los campos con pasturas naturales tienen a su vez una retención mucho mayor que aquellos campos con praderas cultivadas. Los “pastos” naturales tienen raíces hasta a 4 metros bajo tierra; los pastos plantados por el hombre difícilmente sobrepasen raíces de medio metro de profundidad…

 

Diversas investigaciones, como la de Andrés Carrasco en Argentina o Gilles-Eric Séralini en Francia demostraron los peligros mayúsculos del glifosato pese a toda la campaña sobre su inocuidad promovida por Monsanto y laboratorios conexos siempre con la anuencia cómplice de los organismos estatales de control.

Séralini llevó a cabo una ingeniosa investigación: siguió escrupulosamente los protocolos de investigación de Monsanto, los que habían revelado, según Monsanto, la inocuidad “científicamente probada” del herbicida. Solo que en lugar de llevar a cabo el experimento con ratas de laboratorio, durante tres meses, como informara Monsanto, prosiguió el mismo tratamiento, sobre las mismas ratas, más tiempo. Ya en el cuarto mes, los síntomas de alteraciones e intoxicación se hicieron patentes y al cabo de pocos meses –encima de los tres controlados por los técnicos de Monsanto− los daños eran múltiples, irreversibles y llevaron a la muerte a buena parte de los cobayos.

Los trabajos de Séralini, Carrasco, los análisis e investigaciones de Arpad Pusztai, Mae-Wan Ho, Don Huber y tantos otros no hacen sino verificar y desnudar  lo que parece una constante de los fundamentalistas tecnófilos; su optimismo a prueba de realidad.

Así, mientras el planeta se va deshaciendo literalmente, con el avance incontenido de CO2 en la atmósfera; con el derretimiento de los hielos y el aumento del nivel del mar; a través de una pérdida galopante de biodiversidad, con la tropicalización del clima en nuestras latitudes y el daño producido por el calor solar (¡algo inimaginable pocas décadas atrás!); mediante la presencia cada vez más insoslayable de temporales e inundaciones; por la proliferación de enfermedades cutáneas, respiratorias, autoinmunes, cánceres, tenemos la “buena nueva”, la profecía de otro personero de la agroindustria, Dennis Avery, en su momento funcionario del Dpto. de Estado, EE.UU., y think tank acreditado de la agroindustria, que nos tranquiliza con su Salvando el planeta con plaguicidas y plásticos.

Esta Biblia del capitalismo tecnocrático, esta propaganda corporocrática, merece un análisis aparte.

 

[1]   Cit. p. Evaggelos Vallianatos, ob. ict.

[2]  Aunque persistan quienes, como el “periodista científico argentino” Leonardo Moledo, ya fallecido, en plena década de los ’90 zanjara la calidad periodística por un eje preciso: si se defendía al DDT. Quien lo cuestionara, no podía integrar un boletín científico como futuro, de Página 12. Quien esto escribe debió experimentarlo en carne propia.

[3]  “Ruthless Power and Deleterious Politics: From DDT to Roundup” [Poder despiadado y política dañina] Independent Science News, ISN, Ithaca, Nueva York, 17/7/2015.

[4]  “Glifosato” © Copyright 2013. Industry Task Force on Glyphosate [Grupo de Tareas de la industria para el glifosato].

[5]  Genetic Ingeneering: Dream or Nightmare? Turning the Tide on the Brave New World of Bad Science and Big Business  [Ingeniería genética: ¿sueño o pesadilla? Revirtiendo el mundo feliz de mala ciencia y buenos negocios], Continuum, Londres, 2000.

[6]  Cit. p. Evaggelos Vallianatos, “Ruthless Power and Deleterious…

[7]  Vallianatos, ob. cit.

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Una inauguración made in Hollywood

21:o CAMPEONATO MUNDIAL DE FÚTBOL – JUNIO 2018

por Luis E. Sabini Fernández

Voy a  ver, y escuchar, la inauguración del vigésimoprimer campeonato mundial de fútbol. Estoy en fecha, jueves 14 de junio, así que mi primera impresión al conectarme es estar presenciando un remedo hollywoodense, al que por otra parte son tan afectos en el país eje de la globocolonización planetaria…

Todo en inglés; un cantor que pensé era tipically yanqui, resultó británico, Robbie Williams, guarnecido por un plantel de mujeres automatizadas, que ahora están tan de moda en las coreografías en EE.UU. Practican el disloque sincopado y la mirada fija, como caracterizando una industria robótica primitiva…

Pero estoy equivocado. Nadie usurpó, al estilo Orson Welles, la transmisión del Mundial desde Rusia. Es un video, en directo, oficial y simultáneo desde la mismísima Rusia.

Un espectáculo totalmente hollywoodizado; le faltan únicamente las porristas. Pero están generosamente sustituidas por todos los demás recursos habituales: como  el cantor-estrella del mundo en technicolor con su corte, que en rigor es una cohorte, todo eso que nos “brinda” sin pausa la industria del espectáculo madeinUSA.

Como para probarnos que no estábamos en San Francisco u Orlando sino en Moscú, el protagónico Robbie llama a una beldad rusa a que lo acompañe. Una dulce belleza rusa, que ensaya un gorjeo inicial… pero que termina cantando en inglés.

El numerito termina con la pareja recién constituida retirándose… y aunque no haya happy end llevándola en brazos, el significado de la universalización del espectáculo estadounidense nos muestra a las claras, no lo que dicen los periodistas deportivos, de que se trata de un encuentro de todas las culturas de la Tierra, sino únicamente de una jugada geopolítica mundial para que todos tengamos esa sola mirada…como la de Robbie.

Su mirada y su idioma. El inglés como lingua franca. Como si fuera la que entendemos todos. Porque los “servicios televisivos” ni siquiera se preocuparon por traducir. La cobertura fue tan penosa, mezquina, narcisista, que lo que dijo Putin, que tuvo la osadía de leerlo en su idioma materno, no fue traducido.

¿Para qué? se preguntará la vanguardia globocolonialista. Lo importante no necesita de palabras. Alcanzan los pasos de baile, los vestidos estrafalarios, los contorneos coreográficos; el espectáculo no se piensa a sí mismo y tampoco quiere verse pensado ni siquiera pensable.

Tomar contacto con las delegaciones nacionales, conocer siquiera algunos de sus rasgos, brilló por su ausencia; apenas se visualizaron la delegación rusa y las de su grupo  (el A; saudíes, uruguayos, iraníes)  y poco más. Había 32 “naciones” presentes, apenas si nos enteramos.

Se dijo que a Putin no le gustó esta máquina de espectacularizar. Vaya uno a saber.

Pese al desmoronamiento de la URSS, Rusia no habría decidido convertirse en un arrabal de la villa planetaria Finanzas.

Y algunos resistimos ese rasgo básico de nuestro universo mediático unidimensional; un simbolismo gratuito de no se sabe bien qué, pero eso sí, un persistente horror a la reflexión.

 

 

 

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