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Categoría: Palestinos / israelíes

La impunidad mediática de Israel

Publicada el 06/04/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

Una vez más presenciamos, tenemos que sufrir la indignidad política de que Israel dibuje la realidad a su antojo y se burle de todas las resoluciones de la ONU que no le interesan o menoscaban sus objetivos.

17 muertos, más de mil heridos palestinos. Cero muertos, cero heridos del lado israelí. Cuesta creer que los palestinos hayan sido los atacantes, los provocadores, los fabricantes de disturbios.

En cambio, con desparpajo aclaró un jefe militar israelí que disparan “contra los principales instigadores”. ¿Instigadores de qué?, si los israelíes tienen cero baja…

En criollo: han tirado a matar a quienes han visto como los que animaban la manifestación; una manifestación sin armas y sin piedras, como aclararon los organizadores fijando como objetivo una “marcha por la tierra” arrebatada en 1948. Y que una resolución de la ONU, la no 194, acordó devolver a “los expulsados”. (no fueron expulsados así nomás, hubo marcada violencia traducida en la expulsión de cientos de miles de pobladores y de miles de asesinatos ejecutados en ese mismo proceso de expulsión.[1])

Pero la impunidad de Israel está garantizada por el lobby sionista y judío en EE.UU. (AIPAC) y por el correspondiente británico (la única merma, insignificante, de apoyo respecto de 1948 ha sido la de la URSS…).

Los británicos son principistas: entregaron la tierra palestina al sionismo para extender sus redes imperiales y cien años después la premier May se apresura a conmemorar todo evento significativo con el genocida confeso Beniamin Netanyahu. (poca mella parece hacerle cierta oposición laborista con Corbyn, Linvingstone y cercanos…).

El sionismo, el Estado de Israel, preserva la estructura victimista (“dispara y llora”)     que está sobre todo amparada por los m i m.[2]

Tomemos al azar un par de publicaciones; una del “centro de usinas mediáticas” y otro “local”. Con los cadáveres todavía tibios de la “limpieza” ordenada por los militares israelíes (basados en la nula importancia que tiene la vida de palestinos para ellos), El Nuevo Herald, periódico de Miami, EE.UU., bajo la firma de Fares Akram y Aron Heller, nos advierte que Israel hará “más contraataques si continúa violencia palestina”.[3] La construcción periodística nos dice que hubo ataque palestino, que hubo violencia palestina y que los militares israelíes actuaron solo en defensa, en respuesta.  Para “impedir los cruces de frontera” como si algunos de los asesinados hubiesen llegado siquiera a pisar tierra que los israelíes consideran israelí ─tierra redimida─ (y los palestinos, palestina ─tierra usurpada─). Lo manifiestamente falso de “la noticia” es que se los haya matado por pisar esa tierra.

Una cruda inversión de la realidad. Akram y Heller nada aclaran que se ha tratado de una concentración pacífica, “sin armas y sin piedras”, como proclamaron los organizadores, para reclamar por la tierra que les arrebataran. Tampoco aclaran que la reunión de decenas de miles de desesperados palestinos reclamando, llevó a los mandos israelíes a diezmarlos para evitar ser arrollados sin armas por el número.

Por su parte, el inefable Perfil, de Buenos Aires, cumple a su manera el acuerdo de cobertura y complicidad ante el agresivo, racista, comportamiento israelí.[4]

Nos cuenta que: “17.000 palestinos participan en revueltas en cinco ubicaciones”. ¿Qué revueltas éstas con todos los muertos y heridos a cargo de “los revoltosos” y con cero baja, ni siquiera rasguños, ni para un soldado del ejército de ocupación?

Perfil, como en general la prensa adicta al Occidente imperial, no transmite verdades, ni siquiera noticias; solo ideología. Como explica magistralmente Joe Lauria, “La misión de los medios corporativos de EE.UU. no es informar […] no es periodismo. Eso es el trabajo de Winston Smith.” [5] Debemos agregar que es la misma misión para medios corporativos que NO son de EE.UU.

Perfil, por ejemplo, en la misma nota afirma que: “Desde 2008, Israel y Hamas se han enfrentado en tres guerras en el enclave palestino.” Un fraseo sereno, aparentemente histórico. Que escamotea la incomparable diferencia de poder de fuego y de devastación de “los contendientes” en esos tres episodios; un ejército, una sociedad. Donde la Franja de Gaza ha puesto los muertos, los heridos, los niños aterrorizados y la destrucción de toda su hostilizada infraestructura (habitacional, energética, sanitaria, comunicacional, portuaria, aeroportuaria, alimentaria… y los israelíes… han puesto los tanques, los aviones, las bombas y algún rasguño “sufrido” en su máquina de matar. Enfrentados en guerras nos cuenta Perfil…

Esto, volvemos a Lauria, no es periodismo, no es información.

 

En medio del bloqueo informacional, los títeres políticos, nacionales e internacionales, se pueden dar el gusto de seguir ignorando la matanza de palestinos. Como la de yemeníes o sirios, así como en su momento la de libios, iraquíes, afganos, kurdos, paquistaníes, así como referentes políticos o luchadores por la salud ambiental o periodistas verdaderamente denunciadores, de Honduras, México, Colombia, Brasil y tantos, tantos otros sitios.

Porque pertenecen a la humanidad minus.

¡Qué escándalo si hubiese muerto algún soldado israelí! Porque, claro, pertenecen a la humanidad plus.

Sigan descansando nuestros políticos. A nadie se le ocurra pedirle cuentas a un estado en laborioso trabajo preparatorio de genocidio, y no tan preparatorio.

¿Qué vamos a decir a las generaciones venideras cuando tengamos que dar cuenta de una reedición de Numancia en pleno siglo XXI, el de los derechos humanos?

[1] Diciembre de 1948. La ONU reconoce que “hay lugar para permitir a los refugiados que lo deseen regresar a sus hogares [que] lo hagan” y al mismo tiempo deploran el asesinato por sionistas del enviado especial de la ONU; Folke Bernadotte, sueco, que poco antes había salvado a muchos judíos durante la Guerra Mundial y que en 1948 no aceptó el comportamiento abusivo y violento de los sionistas sobre palestinos desarmados.

[2]  medios de incomunicación de masas.

[3] http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/article207557884.html.

[4]  https://www.diariocol.com/2018/03/30/132344/.

[5] “Ocultar las mentiras de EE.UU. sobre la invasión de Libia”, disenso.wordpress, 15 jul 2017. Winston Smith es el protagonista de 1984, la distopía de Orwell,  cuyo trabajo “periodístico” era expurgar viejos artículos de diarios y adecuar su texto a las necesidades del momento, una incesante reescritura de la historia al servicio del poder establecido…

Publicado en Medios de incomunicación de masas, Palestinos / israelíes

Sternhell visualiza en el sionismo algo del “nazismo incipiente”

Publicada el 16/03/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Zeev Sternhell ha escrito una nota removedora en Le Monde sobre el drama palestino-israelí.[1] ‘En Israel crece un racismo cercano al del nazismo en sus comienzos.’ La sola mención al nazismo, la mera asociación de la trayectoria sionista con la del nazismo, aunque se limite a sus primeros pasos, es lo que explica la conmoción.

ZS es docente e historiador del mundo académico israelí, crítico al menos de las últimas etapas del proceso histórico del Estado de Israel.

Se lo conoce por trabajos eruditos como Los orígenes de Israel,[2] entre otros.

Zeev Sternhell hace un buen contraste con Israel Shahak, otro judío, investigador, denunciador y traductor de obras escritas en hebreo que tradujo al inglés porque observó el papel de “reserva informacional” de dichas obras como legibles solo por israelíes, concebidas como instrumento de dominación. También llegado adolescente al Israel de la primera hora, encarnó una conciencia crítica ente el desempeño del sionismo, con su deliberada liga con lo religioso.

Sternhell, en cambio, ha reafirmado siempre, no ya su sionismo; “No soy sólo un sionista, soy un supersionista”. “Para mí, el sionismo es y sigue siendo el derecho de los judíos a controlar su propio destino y su futuro.” [3]

Tenemos así en estos dos adolescentes judíos llegados al flamante Israel en 1951 dos actitudes diametralmente opuestas.

Shahak recuerda un hecho decisivo en su ruptura con el sionismo y la religión, cuando es testigo del rechazo de un judío piadoso a usar su teléfono para salvar la vida de alguien en emergencia, puesto que era sábado, sabbath. No se trataba de un judío necesitando auxilio, lo cual revela que para Shahak el compromiso de asistencia no era para la propia comunidad sino para todos, un prójimo humano a secas.

Sternhell  ha entrevisto en el gabinete inigualado de Bibi Netanyahu una serie de síntomas nazificantes.[4] Chocolate por la noticia. ¿Cuánto hace que el gobierno y el elenco dominante en Israel se ha ido identificando con posiciones racistas, supremacistas, de fuerte desprecio hacia los ocupados y desplazados palestinos?

Basta ver la cantidad de niños encarcelados, detenidos en la noche, en pleno sueño, método que en cualquier otro estado calificaría como de atroz y abusiva tiranía, o el maltrato y ninguneo sistemático y programado que los soldados israelíes imponen en los puestos de control sobre la población originaria palestina. Que esos jóvenes conscriptos hagan esas bajezas bajo órdenes o por impulso propio tiene escasa importancia, medida en los cuerpos de los victimados…

Sternhell cree ver un dramático parentesco entre los comportamientos sionistas del presente con los del nazismo de la primera hora.

Preguntas: ¿cómo hace para preservar su fe supersionista?; ¿qué parentesco vislumbra?; ¿por qué lo descubre tan tardíamente?

Sternhell se atreve a una comparación en el título de su nota con la cual, a mi modo de ver, procura atemperar el daño que el sionismo ocasiona. Porque el sionismo depredando el territorio palestino ya ha sobrepasado el nazismo incipiente.

Hay rasgos, además, en “el nazismo incipiente”, distintos, a los iniciales del sionismo (así como hay diferencias entre sionismo y nazismo en etapas ya no incipientes).

Cuando el gobierno nazi inicia la política de traslado y reasentamiento de la población judía, en la segunda mitad de la década del ’30 y se van estableciendo los guetos y el control policial aumenta sobre la población judía, hay escenas −que fueron incluso filmadas−, en que vecinos con cierto sentido del humor son reverenciales, demasiado reverenciales, ante “las nuevas autoridades”, y algún capitanejo nazi, engreído, se lo cree.

Eso revela falta de miedo, por ejemplo; necesidad de sujetarse a las nuevas normas nazis, pero sin la existencia de terror, y todavía sobrellevado con cierto humor.

A comienzos de los ’40 esos mismos barrios o guetos judíos estarán llenos de famélicos, niños enfermos en las calles, incluso cadáveres abandonados, señal del brutal deterioro que estableciera el régimen nazi –ya nada incipiente− sobre esa población.

En Palestina, no existe, no existió, nada semejante. En ningún momento la colonización dio espacio a la burla ante el ocupante. Tal vez por la idiosincrasia de cada población, lo cierto es que el dominio sionista se fue estableciendo,  ocupando “legalmente” tierras habitadas y trabajadas por palestinos, donde las expulsiones siempre fueron dramáticas y algunas veces resistidas con violencia. Lo que dio lugar a oleadas incluso de asesinatos de judíos recién llegados, aunque a la larga hubo cada vez más represión y asesinatos organizados contra palestinos resistentes por parte de sionistas y británicos; “los señores”, cada vez más unidos entre sí.

Esa “primera” etapa de asentamiento sionista, cuando incluso zanjan a sangre y fuego las diferencias entre el antiguo yishuv y el moderno o nuevo yishuv, ¿qué tiene que ver con el asentamiento “incipiente” nazi?

 

¿Çómo logra Sternhell defender el establecimiento de Israel condenando como muy preocupante el desarrollo en sus etapas más recientes, y sólo en ellas? Mediante el cómodo y conocido método de glorificar el pasado y condenar el presente, advirtiendo de paso, un futuro preocupante.

Sternhell es muy indulgente con todos los síntomas que permitieron a algunos judíos, y por cierto, a una enorme cantidad de árabes, palestinos y no judíos, calibrar como ominoso el camino emprendido por los teóricos y dirigentes sionistas, desde los orígenes, a fines del s XIX.

Las reacciones juveniles suelen ser muy intensas y definitorias. Con 30 años de diferencia respecto a Sternhell (y a su contemporáneo Shahak), Gilad Atzmon, nieto de un sionista militante seguidor del fascista Zeev Jabotinski, de armas tomar, inicia el servicio militar con enorme fe sionista y fascista. Desprecio por los palestinos que había conocido en la sociedad israelí.

Durante el servicio militar le toca conocer palestinos presos. Y allí descubre algo inesperado, algo que lo confunde y deslumbra: dignidad, presos con dignidad. Cuando en uno de sus trajines le toca llegar a un cuartel donde ve una cantidad de casuchas, de metro y medio por metro y medio o más chicas, imaginó que se trataba de casillas para perros. Pero burlona y despectivamente los veteranos le “informan” que ‘allí los ponen un tiempo y que salen ablandaditos…’

Su rechazo, su oprobio, su vergüenza, fueron tan inmensos que abandonó el sionismo que lo había enardecido como adolescente ignorante. Advirtió donde estaba realmente: “diablos, ¡es que estoy viviendo en territorio palestino!‘  Optó por abandonar Israel… y el judaísmo.

Atzmon ha desarrollado observaciones muy precisas acerca de la instauración del sionismo en el Estado de Israel. Y cómo, articulado con los dramáticos episodios del tiempo nazi, ante los cuales seguramente acuerda con la observación del mismo Sternhell, de que “prácticamente todos los judíos y judías de Alemania y Austria pudieron salir a tiempo” [5] sostiene que: “Desarrollando la conversión del ‘Holocausto’ en religión, se ha hecho innecesaria la presencia de un dios como Yahvé: ‘En vez de requerir un dios abstracto para que designe a los judíos como Pueblo Elegido, en la religión del Holocausto los judíos suprimen a este intermediario divino y simplemente, se eligen a sí mismos.’˝[6]

 

El sionismo se ha nutrido, desde sus raíces, de una visión eurocéntrica –baste recordar el papel que su fundador Theodore Herzl le asigna a los sionistas como ‘ariete de la civilización europea en la bárbara Asia’−, algo que podríamos captar infundió los pasos de EE.UU. y “el mundo occidental” en Irán, en Afganistán, en Iraq, en Siria (y ni hablar del África…) y en general, en el planeta.

El sionismo se propuso habitar, mejor dicho rehabitar una tierra habitada. Su consigna tan inmortallzada como falsa acerca de Palestina como “una tierra sin hombres para hombres sin tierra” no es sino, como ocurre tantas veces, la inversión de la verdad: justamente porque se trata de negar lo real es que se invoca su inexistencia. Pero habitar la tierra de otro es precisamente el nervio de todo colonialismo. Y el colonialismo, por definición, no puede ser sino racista: solamente una visión racista, supremacista, soberbia, permite autorizarse a faltarle tan decisivamente el respeto al otro. Al punto de negar su existencia.

Para reasegurar ese mecanismo mental, nada mejor que negar la existencia del otro, una existencia que merezca el nombre de tal, su dignidad. Por eso el colonialista, racista menoscaba la humanidad, la dignidad del ocupado, del colonizado, del invadido.

Para que ese mecanismo haya funcionado tan impecablemente como funcionó con la forja del Estado de Israel, hay que negar todo rango humano al ocupado. ¿Y qué mejor para tomar esa distancia que provenir del mismísimo dios, que no suele tener tantos prosélitos en el mundo? Eso podría explicar de por qué un movimiento político nacionalista, inicialmente laico, prescindente en materia religiosa como el sionismo, termina ligado con la Biblia de la forma penosamente inconsecuente con que lo hizo: −‘somos laicos porque no creemos las fábulas religiosas pero Yahvé nos dio esta tierra en usufructo y por eso venimos a adueñarnos de ella.’

Validos de tamaño salvoconducto moral, que verificamos en los escritos de los “padres fundadores” de Israel, los que fueran perseguidos como víctimas en 1943, 1944, 4 o 5 años después, apenas, los vemos atareados como victimarios, en 1948, 1950, 1952…

Victimarios con una enorme impunidad moral: los palestinos despojados –la Nakba− volvían por la noche con sus herramientas de campo, azadas, palas, a seguir cuidando sus cultivos –no les cabía que el despojo fuera definitivo− y los sionistas, sonrientes, jugaban tiro al blanco con ellos. Morían, eran asesinados en medio de la mayor inconsciencia de lo que estaba en juego.

El peso de tanta bajeza ha llevado a algunos judíos veteranos, más o menos exsionistas, a arrepentirse y entrar al infierno de la conciencia.

Por qué, ¿qué cobertura ideológica hay que tener, qué coartadas morales, qué enceguecimiento para pasar de la condición de torturado, víctima, a la de torturador, victimario?

¿Qué mecanismo de enorme impunidad moral puede haber gestado esa especie de ley transitiva para castigar en un tercero el daño que uno ha recibido de otro?

Porque en Palestina no cabe siquiera el ajuste de cuentas, más allá del nazismo declarado de algún dirigente palestino, como Husseini.

En rigor, nos equivocamos si procuramos rastrear en el nazismo el arranque sionista. La cronología nos ayuda y no nos permite semejante error: el sionismo no es respuesta al nazismo. Y la existencia de cierto paralelismo entre el despojo de nazis sobre judíos y de sionistas sobre palestinos es totalmente secundaria; sin relación causal alguna. El sionismo encaró desde el vamos una colonización, mediante usurpación de tierra ajena, pero bíblicamente sagrada. Lo bíblico fue más pesante que lo social. Y lo bíblico permitió un estilo tiránico, pero consagrado;  un despojo de campesinado pobre (y por eso mismo más fácilmente expropiable): el mandato bíblico permitía no ver la humanidad de los despojados.

Vimos cómo Sternhell paga un alto precio para defender la propagación del sionismo.

Vimos también que las semejanzas del sionismo con el nazismo incipiente son  más difíciles de asir que de declararlo.

Por el contrario, se pueden rastrear también diferencias. Primera y principal, su alojamiento en momentos históricos distintos. Pero también, por ejemplo, que el sionismo ha buscado, históricamente, un padrino; el Gran Turco, el Imperio Británico, EE.UU., y el nazismo, en su momento, por el contrario, procuró desasirse de toda constelación de ese tipo, reivindicando un protagonismo más absoluto que es lo que seguramente le permitió, con insensatez, apostar a una guerra mundial con una relación en contra de 6 habitantes a 1, de 6 soldados por x 1… Otro rasgo diferencial: el nazismo reivindicó la calidad de los retoños humanos al estilo de Esparta, e Israel, en cambio, ha generado una red de apoyo a minusválidos, haciendo gala de “bondad” (por cierto, exclusivamente con judíos ‘con capacidades diferentes’).

Más allá de diferencias, como las anotadas, la lista de elementos comunes es sobrecogedora; esa afirmación de la comunidad propia al margen y por encima del resto de los mortales; ese espíritu etimológicamente aristocrático, de sentirse “los mejores” y actuar, necesaria e inevitablemente en consecuencia, parecen rasgos francamente comunes.

De todos modos, hay que agradecerle a Sternhell que, como sionista, se rebele contra algunas falsas verdades de vieja circulación entre sionistas,  como por ejemplo la pregonada diferencia radical entre nazismo y sionismo. Que su lucidez pueda permitirnos nuevos aportes.

No conocemos estadísticas de nazis suicidas. Los datos sobre militares judíos suicidas revelan que aumentan en número. No sabemos si es una diferencia con nazis; en todo caso, podría revelar un límite al supremacismo, un reencuentro con lo humano.

[1] París, 28 feb. 2018, “En Israel pousse un racisme proche du nazisme à ses debuts. Traducción de Laurent Cohen Medina, <kaosenlared.net>.

[2]  Traducido y editado en castellano por LMd, en su colección Capital Intelectual, Buenos Aires, 2013.

[3]  Haaretz, 2001.

[4]  Véase mi nota “Racismo, nervio motor del sionismo”, 18 nov. 2015, publicada en diversos medios-e, donde señalo que el gabinete de Netanyahu está integrado por asesinos de palestinos confesos y orgullosos, con un descaro ideológico y ético inigualado.

[5]  Sternhell, artículo citado de Le Monde.

[6]   La identidad errante, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2013, p. 186.

Publicado en Palestinos / israelíes

La brutalizaciòn de Israel: ley de hierro del colonialismo

Publicada el 08/01/2018 - 10/05/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

El Estado de Israel se encuentra en un proceso de brutalización progresiva y en expansión.

Muchos analistas han observado 1967, cuando el estado sionista decide ocupar el resto de la Palestina histórica que no había deglutido en 1948, como momento clave, de inflexión en  el proceso de despojo del territorio palestino, cuando el ejército de “Defensa” israelí pasa a ser el de ocupación. Un momento en el que Israel, la ocupación, el ejército, pasan a tener un papel mucho más asfixiante y abusivo, por tratarse sencillamente de una ocupación militar. Pero semejante agravamiento puede ser entendido únicamente si tenemos en cuenta que la verdadera ocupación empezó, al menos formalmente, en 1948 y que la población palestina fue desde entonces despojada,[1] a través de la expulsión de cientos de miles de habitantes, el asesinato, a menudo colectivo, de miles, la violación y la usurpación de sus hogares y habitaciones, a veces hasta con los juegos de té tendidos en las mesas de las casas invadidas y ocupadas.

Expulsiones, asesinatos, violaciones, motorizados por la idea de un  “colonialismo de asentamientos [que] ‘destruye para reemplazar’. La invasión del territorio indígena busca borrar la presencia indígena sobre la tierra de forma permanente.” [2]

1967 es aceptable como atroz mojón de la acentuación del despojo siempre que no caigamos en la tentación, socialdemócrata, de creer que allí empezó “el mal comportamiento”  israelí. Como si hasta entonces Israel hubiera sido “la democracia modelo” del Cercano Oriente que tantos occidentales aplaudieron.

Si mojones temporales significativos necesitáramos, podríamos invocar, por ejemplo, 1946, cuando el sionismo hace estallar el Hotel David en Jerusalén con decenas de muertos árabes, ingleses, palestinos, judíos, seres humanos de los más diversos orígenes (el ala sionista fascista a cargo de ese atentado es precisamente la que gobierna Israel en las últimas décadas y constituye el gobierno actual encabezado por Beniamin Netanyahu).

Pero tal vez, el más significativo es que cuando el sionismo recibe el espaldarazo del colonialismo británico, que opta por usar los pujos sionistas como ariete occidental contra el mundo árabe (el “bárbaro Oriente”), en 1917, el primer enemigo con que tropieza el sionismo ya “en el territorio”, son los judíos establecidos en Palestina desde tiempo inmemorial (lo que se denominaba el Antiguo Yishuv).

Porque los sionistas empiezan a establecerse creando una sociedad aparte, en rigor una sociedad encima de la existente. Y los judíos no sionistas, anteriores, vivían dentro de la sociedad palestina. Y resisten la consigna que reciben como judíos: ningún trato con “los árabes”.

Los sionistas zanjan esa resistencia con una modalidad que ya veremos se irá propagando en el siglo XX con el nazismo, el fascismo, el comunismo y que ha caracterizado a todas las dictaduras de todos los tiempos: asesinan a Jakob de Haan, un poeta judío refractario a los planes sionistas, que encabezara la resistencia judía al nuevo planteo. 1924. Primer asesinato político de la amarga historia de la sionización de Palestina. No será el único sino apenas el primero de una larga lista de asesinatos que vemos ensancharse continuamente.

El gobierno fascista actual de Israel (que evita esa denominación, que desde 1945 ha quedado “quemada”) no ha hecho sino profundizar esa senda. Pero no ha innovado nada, sustancialmente hablando. Israel, ya sea con gobiernos democráticos (pero sionistas) o con gobiernos sionistas menos diplomáticos, jamás ha variado en su proyecto histórico: “redimir” la tierra “sagrada”. ¿Ha sobrevenido alguna vez un convenio para reconocerle algo, a los palestinos? No se conocen. Ni una vez.

Con las “tratativas” de Oslo, desde 1993, cuando Israel decide evitar otro estallido como la intifada de 1987, la OLP se aviene a “conversaciones” con las que cede y termina reconociendo al EdI con la expectativa de que en un futuro más o menos próximo, el engendro sionista habría de reconocer “algo” palestino; para muchos una soberanía de las dimensiones de una cabina telefónica. La OLP, exhausta con su lucha de tipo vanguardista, sustituyendo la actividad de un pueblo por el de sus destacamentos-más-destacados, termina cediendo, con la esperanza de que a Arafat se le reconocería una presidencia virtual sobre un territorio o territorito… un bantustán, en suma.

Destruida su estrategia político-militar, Arafat, empero, no termina de claudicar porque cuando un levantamiento en las calles vuelva a revelar el sentimiento generalizado de tantos palestinos que se sienten robados, ultrajados, invadidos, desplazados, humillados −la intifada Al-Aqsa− que el régimen sionista reprime con mano durísima, Arafat, ya vencido en la mesa de negociaciones, no aceptará seguir siendo cómplice del poder sionista cada vez más ensoberbecido y denunciará el atropello militar con su infame cosecha de lisiados y muertos. Después de eso, Arafat dejará de ser “interlocutor válido”, quedará virtualmente cercado en La Mukata, en Ramallah, y tendrá una sospechosa muerte por irradiación de la cual que ya sabemos quiénes la administraron…[3] Israel buscará otro cipayo más confiable, y lo encontrará.

1936, 1947-1948, 1967, 1982, 1987, 2000, 2005, 2008-2009 y tantas otras fechas pesadillescas, donde cada vez más son los palestinos muertos, lisiados y prisioneros.

En ningún momento, desde el asentamiento sionista en Palestina, se puede reconocer a Israel cediendo. En todo caso, suspendiendo la presión, el embate, para luego reemprender la conquista con mayor énfasis si cabe: la ocupación ha sido un viaje de ida.

A medida que la relación de fuerzas se ha hecho más favorable al sionismo protegido como socio presuntamente menor del “amo geopolítico del planeta”, EE.UU., su desenfado para aherrojar a la población palestina se ha acrecentado.

Cada vez leyes más draconianas.

Los palestinos no tienen jamás, década tras década, un permiso para construir. Década tras década, las familias han tenido que ir redimensionando sus habitaciones para dar cabida a nuevos miembros, achicando el espacio familiar. Los palestinos no tienen la posibilidad de adquirir, readquirir tierras.

Han sido sistemáticamente reducidos, al mejor estilo del colonialismo español en las Américas (“reducciones de indios”).

La “reducción” territorial tiene otras causas: que un miembro de la familia haya actuado en alguna acción que el poder sionista califique como “terrorista” alcanza para derribar toda la vivienda familiar. Sin posibilidad de reconstrucción; que el estado sionista necesite un suelo para un emprendimiento alcanza para que se le confisque ese suelo a cualquier palestino.

La pérdida territorial es, por una razón u otra, continua.  Nunca falta un diferendo, la decisión de un nuevo aeropuerto, una carretera, la “necesidad” de un puesto de control, para proceder a recortar esos ya tan recortados territorios. Porque Israel jamás cede tierras “propias” para tales obras; siempre las hace a expensas de las tierras palestinas.

A veces, ni siquiera eso. Alcanza la llegada de una patota de colonos sionistas que, armados hasta los dientes y/o protegidos por el ejército de “Defensa”, proceden a arrancar de cuajo vides, olivos, higueras, plantas centenarias de la milenaria agricultura de la región.

En Palestina, los judíos pueden matar impunemente a cualquier palestino. Lo han declarado algunos con chutzpah,[4] como el ministro de Economía del actual gabinete; Naftali Bennet: “He matado a muchísimos árabes en mi vida, y no he tenido ningún problema por ello”. [5]

La historia del colonialismo siempre ha mostrado lo mismo: una penetración racista, basada en la presunta superioridad civilizatoria, que permite a los colonialistas actuar con desprecio por todas las reglas de convivencia y respeto, que, a lo sumo, preservan para “los suyos”.

Esa es la única, atroz explicación para que un soldado judío, que atendería solícito a su hermana, a su madre, a su esposa, a su vecina, en situación de preparto, se permita darle largas a tantas, tantas palestinas que llegan a los “check-points” angustiadas con pérdida de aguas o de sangre o con pujos y que se desentienden en lugar de franquearles el paso al hospital más próximo, o que les ordenan regresar a sus casas y consignas por el estilo y que se traducen en que esas palestinas, solas o acompañadas, se acuclillan lo más fuera de la vista del retén y den a luz, con falta total de atención y de higiene y que se registre tan alta cantidad de bebes  muertos en esas condiciones: el soldadito ha cumplido con su deber, impedir que “crezca” la población de la cual el colonialismo se quiere desembarazar.

Con el cambio de año (2017 a  2018) registramos otra forma de supresión de la población usurpada y negada: el gobierno fascista de Netanyahu, Bennet, Ayelet, Lieberman, propone instaurar la pena de muerte también para actos de resistencia a la ocupación.

Se los denomina terroristas por defenderse.

El disparador probablemente ha sido Ahed Tamimi, 16 años, la adolescente palestina que indignada por la balacera con que soldados israelíes habían matado y malherido a hermano y primo suyos (niños de 14 y 15 años), los increpó y procuró abofetearlos.

La pervertida opinión pública, a través de sus medios más oficialistas, ha admirado a esos “estoicos soldados judíos”  por su profesionalidad, por no haber respondido ametrallando, suponemos, a la joven. Y dado que dicha “profesionalidad” es replicada por jóvenes como Ahed y su prima Nur, para defenderlos de tales bofetadas, el Parlamento fascistizado israelí está tramitando el establecimiento de la pena de muerte ante actos “terroristas”. Con ese calificativo, el juez y el poder de ocupación pueden disponer la condena de muerte por todo acto de resistencia, incluidos los “vejámenes” que le habrían propinado Ahed y Nur a los soldados en el patio de su hogar.

Como dice una sucursal mediática del sionismo en Montevideo: “Los medios israelíes, por su parte, la describen como una ‘provocadora que sabe cómo publicitar sus actos” (El País, Montevideo, 29 dic. 2017). Un instructivo ejercicio de periodismo canalla.

[1]  Hubo desde antes un despojo, una política de despojo, solo que hasta 1948 mantuvo formas “legales”, como la compra de tierras a un propietario rentista ausente y “como consecuencia”, el desalojo por la policía (turca primero, inglesa después) de campesinos sin títulos…

[2]  Nadera Shalhoub-Kervorkian, Sarah Ihmoud y Suhad Dahir-Nashif, http://www.resumenlatinoamericano.org/2014/12/02/palestina-la-violencia-sexual-el-cuerpo-de-la-mujer-y-los-asentamientos-coloniales-de-israel/.

Por eso estas autoras nos dicen que: “La violencia sexual es fundamental en la estructura global del poder colonial, en su maquinaria de dominación de carácter racial. […]. David Ben Gurion, al igual que otros dirigentes sionistas, habló abiertamente sobre la violación y tortura sexual de las mujeres palestinas en las anotaciones que hizo en su diario durante 1948. Al mismo tiempo que abogaba por la matanza de mujeres y niños palestinos, les representaba como una amenaza para la política de asentamientos coloniales judíos y premiaba a todas las madres judías cuando tenían su décimo hijo.”

Las autores citan además a una joven judía que publicó en Facebook un mensaje sobre el placer sexual que se sentía contemplando el linchamiento colectivo: “¡Qué orgasmo ver a las Fuerzas de Defensa de Israel bombardear edificios en Gaza con niños y familias dentro. Boom, boom!”  [ibíd.]

[3]  La viuda verificó mediciones en las últimas ropas de Arafat envidas a control; una anormalísima intensidad de radiactividad.

[4]  Voz de origen hebreo, desplegada en el yiddish, que significa desenfado, descaro, insolencia.

[5] Publicado por Yediot Ahronot, periódico israelí y traducido y puesto en internet por http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=46297, 31 julio 2013.

Publicado en Centro / periferia, Globocolonización, Palestinos / israelíes, Poder

Soldados israelìes: comportamientos individuales y colectivos

Publicada el 28/12/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

Élisabeth Roudinesco, psicoanalista e historiadora, famosa y muy bien conceptuada por la opinión progresista que estima su matizada posición sobre la cuestión israelo-sionista, ha incursionado en cuestiones como la ética, la política, la ideología, territorios en los que ha abordado el concepto que desarrollara la extraordinaria filósofa, de pensamiento independiente, Hanna Arendt, de “la banalidad del mal”.

Roudinesco no ha apelado ni una sola vez, hasta donde conozco,[1] para ejemplificar el asunto, al soldado israelí.

Ver sus rostros, generalmente muy jóvenes, impávidos, y tan faltos de decisión y energía, revela cuerpos regimentados, instruidos, instrumentalizados, pero sin fuerza interior. Uno podría alegrarse al ver que no son cuerpos fanatizados, ésos que arrasan lo que tienen orden de arrasar sin atender “lateralidades”.

Sin embargo, hacen el mal con total desaprensión. ¿Con qué “fundamentos”?

Pasemos revista a algunos videos que se ven a partir de acceder a Haaretz, diario israelí ligeramente crítico, aunque sionista. En un procedimiento, que filma o fotografía un varón de media edad que luce una remera con la leyenda “Palestina, no Israel”, probablemente judío, tal vez israelí, porque parecen hablar fluidamente el mismo idioma con el soldado con el que discute; el soldado israelí que parece llevar la voz cantante –uno imagina que es cabo o sargento− manotea el celular del manifestante protestatario, y éste con redoblada energía, sin soltar el celular que tenía a medias en su mano, se lo queda. El soldado acepta. El soldado parece sin fuerzas.

El manifestante es poco a poco rodeado por cuatro o cinco soldados, muy pertrechados y, entre empujones, finalmente se lo llevan arrestado.

En otro video, también filmado por palestinos, vemos a un manifestante, presumiblemente palestino, muy enojado y cuando un soldado blande el fusil para golpearlo, él desvía el golpe. El soldado acepta el desvío. No hay reintento. Parecería que toda su fuerza alcanzaba solo para ese intento frustrado. El manifestante, robusto, cincuentón, esquiva otros golpes, y puntualiza, índice en alto, sin ceder un palmo de terreno. Cuando algún soldado le tira un golpe, más de una vez lo para con las manos y se le acerca al cuerpo en actitud muy desafiante, amenazando a su vez golpearlo. Este presumible palestino −como el anterior presumible judío−  enfrentan con mucha decisión y poniendo puntos sobre íes, algo que la cámara y el audio no develan. En esta secuencia también, el número de soldados se acrecienta, y cuando lo rodean alrededor de media docena, alguien desde afuera del círculo lo golpea duramente en la cabeza. Allí vemos que el resistente pierde su gorra de visera, se agacha, lo aplastan y es tumbado con la fuerza del número. Menudean los golpes y alguno patea el cuerpo caído.

Una típica escena de patoterismo. Más brutal que la anterior. La diferencia de trato hacia judíos y no judíos. En rigor revela un desánimo radical o una profunda cobardía puesto que estos soldados no pudieron/supieron/quisieron resolver algo mano a mano, pero amparados en la  condición militar, las armas y el número no tuvieron reparos en usar la violencia, una violencia tìpicamente represiva. El palestino queda mordiendo literalmente el polvo del camino, con las manos atadas a la espalda con precintos, totalmente indefenso. Todo lo cual nos revela que no eran gandhianos, como cierta tranquilidad o aquella impavidez inicial podría habernos inducido a pensar.

 

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RECUADRO

Israeli Army arrests Palestinian Teenager Girl who slapped soldie…

https://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.830229 

[El ejército israelí arresta adolescente palestina que abofeteó soldad…]

[mi traducción]

Una chica adolescente de 16 años fue arrestada en mitad de la noche por el ejército de Israel. Ahed Tamimi, conocida militante palestina que en un video viralizado muestra como cachetea y patea a dos soldados.

Los militares afirman que antes de que se filmara ese video, un palestino le tiró piedras a soldados desde dentro de una casa, que allanaron para llevárselo.

Pero el padre de Ahed tiene otra versión de lo acontecido. En un mensaje de Facebook dijo que su hija frenó en la puerta de su casa a un soldado cuando un soldado [¿el mismo?] le disparó a un jovencito a quemarropa en la cabeza.

(ibídem)

Tras el arresto, el ministro de Educación [sic] israelí Naftali Bennet dijo −con una sonrisa que no puede menos que calificarse de malévola, sádica o de placer por la desgracia ajena− que: “las mujeres mostradas cuando asaltaban a los soldados habrán de pasar el resto de sus días en prisión«.

La explicación del padre permite entender la indignación que trasunta la conducta de Ahed. El baleado en la cabeza es hermano o primo. En los últimos días de diciembre de 2017, los soldados sionistas han matado con balazos en la cabeza a por lo menos tres palestinos –uno de ellos lisiado en silla de ruedas y como los demás desarmado−; no sabemos si este chico no resultará el cuarto…

Vale completar a Haaretz aclarando que el ejército volvió en la madrugada y se llevó prisioneras a la adolescente y a su madre.

Con ese procedimiento realizado, quien ocupa la cartera Israelí de Educación se ha permitido condenar y fijar la pena no sólo a las perseguidas y maltratadas palestinas sino al mismo aparato judicial israelí, que ya sabemos carece por completo de independencia [2] por la razón del artillero; que el EdI constituye un estado de guerra.

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Otro diálogo (ibídem) captado durante un enfrentamiento en los caminos en disputa, nos muestra otro aspecto de la configuración mental del Ejército orweliano de “Defensa” de Israel.

Vemos a un soldado que les pide –“please, que abandonen este sitio, porque estar aquí es ilegal”. Se trata de una pequeña manifestación de palestinos con banderas a lo largo de un camino, donde hay apostados varios militares y vehículos del mismo tipo.

Y oímos la voz de un veterano palestino que replica: “−Pero es que esto no es Israel, es Palestina”.

Pocas veces resuena tan claramente la diferencia entre la enseñanza del estado sionista y la cruda verdad histórica.

Se trata de un territorio, Cisjordania, que ni siquiera fue el asignado por la ONU al estado sionista, cuando la ONU cedió al interés geopolítico de EE.UU.

 

Los militares israelíes están entrenados para operar en un mundo de amos y esclavos. Ellos, por supuesto, los amos. Ese comportamiento tiene que estar fuertemente ideologizado.[3] Y banalizado.

 

[1] A las vueltas con la cuestión judía, Editorial Anagrama, Barcelona, 2011.

[2]  Nafatli Bennet forma parte del gabinete de Benyamin Netanyahu, caracterizado por estar compuesto por alegres asesinos de palestinos, expresamente asumidos como tales y obviamente impunes. Bennet, por ejemplo, ha explicado que ha matado a multitud de palestinos y que “no hay problema con eso” (fte.: R. Silverstein, “El gobierno más racista y extremista de la  historia de Israel”).

[3]  Nurit Peled, docente judía, ha examinado los textos de las escuelas israelíes, Palestina en los textos escolares de Israel, y queda clara la diferencia de humanidad entre judíos y el resto, visualizado como falto de tal (Editorial Canaán, Buenos Aires, 2017).

Publicado en Palestinos / israelíes, Poder

Noviembre 2017: a 100 años de la Declaración Balfour

Publicada el 07/12/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

Estamos a un siglo de la Declaración Balfour.

Pocos acontecimientos centenarios están dejando semejante impronta, dolorosa, trágica, cargada de racismo, en nuestro presente como las 300 palabras que el canciller británico, hiperconservador, supremacista blanco, lord Arthur James Balfour le envió a lord Lionel Walther Rothschild, banquero de la Corona Británica y ardiente sionista.

Para alejar a los judíos de sí, y a la vez afianzar alianzas, Balfour expidió una auspiciosa protección a un hogar judío en Palestina, que a la sazón ni siquiera era un territorio de la Corona (pero que estaban esperando les cayera como fruta madura con el desmembramiento de “El hombre enfermo”, como se le llamaba a Turquía entonces a punto de perder la 1ª.GMundial).

Balfour favorecía así a los sionistas que eran entonces una minoría dentro de la minoría judía palestina y ni siquiera se tomaba el trabajo de reconocer otra población que habitaba Palestina; era apenas mencionada como población no-judía, siendo por lo menos el 90% de la población.

La declaración fue acogida por el gabinete británico con la sola oposición del único judío del gabinete, Henry Morgenthau, que sabiamente entrevió el caldo de racismo que dicha declaración abonaba. Y cuando eso se traduzca en violencia –lo cual es inevitable dada la política colonial, que es usurpación y saqueo− el doble rasero será flagrante: los muertos judíos, p. ej. serán reconocidos, identificados, biografiados; los muertos palestinos –generalmente muchos más− serán apenas un número.

Balfour habilitará el entronizamiento del sionismo, en primer lugar dentro de la propia población judía en Palestina, piadosa.

Llamada Antiguo Yishuv estaba integrada a la sociedad palestina tradicional; sin embargo los judíos sionistas les plantearán que con el ingreso sionista en Palestina, se termina el diálogo con la población árabe.

Eso va a ser resistido por judíos que vivían allí de tiempo atrás. Y que mantenían con sus relaciones sociales un reconocimiento tácito y recíproco con la población fundamentalmente musulmana, así como con una minoría cristiana.

La tensión entre el Antiguo Yishuv y el llamado Nuevo o Moderno Yishuv generó el primer asesinato político en ese desgraciado país. El aparato militar sionista, la Haganah, que constituyó, pasadas las décadas, el núcleo del ejército israelí, condenó a muerte a Jacob de Haan, un extraordinario poeta judío que se negó a seguir las instrucciones de boicot a la población no judía,  mantuvo su conducta fraterna con musulmanes o cristianos y fue asesinado a bala. En 1924. No había nazismo entonces, casi en ninguna parte (apenas en Alemania, devastada por la guerra, un partido  minúsculo que con los años iba a crecer).

El asesinato a sangre fría de de Haan fue el inicio de una cadena interminable de violencia y terror que el sionismo irá desarrollando cuando no pueda avanzar “por las buenas”.

Y siempre lo hará con protección imperial.

A cien años de semejante acontecimiento es bueno tenerlo presente y conocer los resultados de la Declaración del Sr. Balfour y del emprendimiento sionista.

 

Un reconocimiento a la población palestina que ha tenido que soportar esa “idea genial” y a los judíos que han sabido negarse a gozar de los “frutos”, cuantiosos y jugosos, conseguidos por el sionismo. Como uno de ellos, −no por cierto el único−, mi reconocimiento a Marek Edelman, sobreviviente del Gueto de Varsovia y de otras peripecias, que se negó a ser recibido como héroe en el flamante Israel de posguerra.

Publicado en Palestinos / israelíes, Poder mundializado

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