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Categoría: Palestinos / israelíes

Gideon Levy critica al gobierno israelí, desconociendo el hecho colonial

Publicada el 14/07/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

La situación de la Franja de Gaza es un acontecimiento, infame, que será recordado como un mojón de las atrocidades de nuestro tiempo, en atroz competencia con tantas otras situaciones de maltrato humano.

La peripecia que se le hace vivir a la F de G proviene de la aplicación de la técnica que Ishhak Leib Peretz atribuía al sionismo, de constreñir a la víctima como el gato asesino que estrangulaba sin derramar la sangre del ratoncillo…[1]

Hay quienes denuncian este atroz escalonamiento. Como Gideon Levy (“À Gaza, Israël fait des expérimentations sur des humains en situation de stress et de privations”, 2/7/2017, traducc. de Dominique Macabies. En castellano, “Israel experimenta con el sufrimiento humano en Gaza, 4/7/2017, traducc. de Javier Villate, www.rebelion.org). Levy es un connotado periodista de Haaretz, que ha ido tomando progresiva distancia de la política del gobierno sionista.

Levy, como sionista, probablemente “de izquierda”, critica implacablemente la política ejercida por el gobierno de Netanyahu. Y podríamos conformarnos con eso, si somos conscientes de su sionismo básico, de su aceptación del hecho israelí como colonialismo de ocupación, arrebato y saqueo de población originaria, que sin embargo se rebela contra estas últimas fases de tanto desenfado en la brutalización.

Pero Levy ha sido progresivamente tomado como portaestandarte de la defensa de la población palestina y como crítico implacable de la banda fascistizante del gabinete Netanyahu y eso lo hace merecedor de algunas puntualizaciones.

Lúcidamente expone el proceso de experimentación con el sufrimiento y las privaciones de los pobladores de la F de G.

Pero se empeña en igualar responsabilidades entre autoridades palestinas e israelíes, lo cual de hecho significa aminorar la verdadera responsabilidad que tiene el sionismo en general y el gobierno israelí en particular, sobre este diseño de muerte por atonía, consunción, extenuación, astenia inducida y progresiva de los habitantes históricamente nativos de la FdG más la enorme sobrepoblación que en dicho territorio se ha ido asentando debido a la política expansionista israelí. [2]

Levy nos informa que el 11 de junio ppdo. Abbas solicitó al gobierno israelí el corte del suministro eléctrico para la FdG (un corte progresivo que ha llegado a principios de julio a que sus habitantes puedan disponer de 2 hs. o 2,5 hs. de energía diaria). Levy interpreta correctamente que la extorsión de Abbas responde al enfrentamiento de la ANP (y antes la OLP) con Hamas, el grupo islámico que gobierna la FdG.

Pero, ¿cómo se explica que Abbas le dé órdenes de acción a Netanyahu? ¡Maravillosa inversión! Hasta ahora, desde los Acuerdos de Oslo a mediados de los ’90, era Netanyahu el que le daba órdenes –o le solicitaba−a Abbas; reprimir a palestinos descontentos, por ejemplo. Para ello, le suministraba las armas; las instrucciones no tanto, porque el gobierno israelí y la dirección de la ANP habían acordado que fueran militares de EE.UU. los que capacitaran y entrenaran a la policía de la ANP.

Cuando Levy nos cuenta que “Israel colabora de un modo despreciable con la ANP”, lo que es cierto es que Israel actúa despreciablemente. El verbo, “colaborar” en cambio, no corresponde. Pero este reparto de culpas le viene bien a Levy para concluir: “Los adversarios no pueden repartirse entre buenos y malos; son todos malos.”

Con este planteo, aparentemente de gran estatura moral, Levy pasa por alto el verdadero carácter del intríngulis palestino-israelí: un colonialismo de implantación, que lleva adelante el sionismo desde los albores del s XX, y que como todos los colonialismos de este tipo viene provisto de un racismo depurador, y donde lo malo no son “todas las partes en conflicto” sino el proyecto colonial y racista en primerísimo lugar. Es ese proyecto la que pone los malos, aunque vengan vestidos como corteses jovencitos (este deslinde, a su vez, no santifica toda acción del colonizado, pero sí evita falsas equidistancias o equivalencias).

Más adelante en la nota, Levy repasa la situación en que los palestinos “son víctimas de las maquinaciones políticas urdidas a su costo, las batallas ególatras entre Abbas y Hamas, entre Egipto y Hamas, entre Israel y todos los otros, cuyas consecuencias alcanzan y afectan a los respiradores de los niños del servicio pediátrico en Al-Rantisi”.

La comparación entre Abbas y su ego y el de Hamas es impropia, puesto que Abbas es un líder (burocrático, sucesor del carismático Arafat) y Hamas una organización que podrá tener (o no) ególatras, pero no corresponde igualarlos. Pero aquí también, el mayor problema es que Levy escamotea o atempera el peso, decisivo, de la política israelí de ahogo, sin mostrar sangre, sobre la población gazatí: es el gato asesino al que se refería Perets, aquel judío sabio y temeroso justo antes de la fundación del estado sionista.

Levy avanza un poco más en disculpar al Estado de Israel: “La ANP y Egipto son responsables plenos de este crimen. Dije bien, crimen. Estamos en 2017 y privar a millones de seres humanos de acceso a la electricidad significa privarlos de oxígeno y de agua. Israel [en cambio] carga sobre sí una patente responsabilidad porque Gaza ha estado siempre parcialmente [sic] bajo la ocupación israelí. Ciertamente, Israel ha retirado a sus militares y a sus colonos de la FdG, pero conserva de todos modos una responsabilidad exclusiva en muchos otros aspectos de la vida allí.”  ¿Qué quiere decir Levy con que Israel ha ocupado parcialmente la FdG? Desde 2006 lo ha hecho totalmente, bloqueando cualquier contacto del resto del mundo con el territorio gazatí, por aire, mar o tierra. Hay muchos muertos que nos lo recuerdan. Que la ocupación se haga “desde afuera” no le quita ese carácter (de control, de ocupación total).

La descripción de Levy es increíblemente sesgada. Levy da a entender que haber retirado a los militares y a los colonos que había en la FdG hasta 2005 ha sido algo, digamos, positivo. Escamotea la estrategia que tuvo Ariel Sharon −por algo designado El Dios León− cuando era comandante en jefe del ejército israelí, de quitar población judía de la FdG para poder hostigarla sin límites. Que fue lo que hicieron desde entonces. Si hasta 2005 se podía admitir que se hablara de ocupación parcial, desde 2006 es total, absoluta.

En  la operación de retiro de los 5000 colonos fanáticos que habían ido ocupando terrenos en la FdG, proveyéndose de magníficas instalaciones con comodidades increíbles en la desértica franja, desplegadas gracias a las generosas contribuciones de EE.UU. y de la colonia judeoestadounidense, los mismos colonos despedazaron sus instalaciones y comodidades, que podrían haber servido materialmente, y más en un territorio tan cerebralmente empobrecido como el de la FdG. Pero no solo no dejaron nada en pie de lo construido, de las “hermosas villas”, sus instalaciones y jardines, sino que luego de deshacerlo  todo, tuvieron “el cuidado” de dejar todos los escombros, detritus y basura en los terrenos palestinos ocupados.

Ante el cuadro de situación, hoy tan desesperante, Levy atribuye “responsabilidad” a Israel, pero califica la de la ANP  y la de Egipto de “pesada responsabilidad”. Las comparaciones son odiosas, pero vale la pena rastrear orígenes para entender situaciones y no escamotearlas.

[1]  Esperanza y temor, Asociación Racionalista Judía, Buenos Aires, 1947.

[2]     De apenas unos 350 o 400 km2, una franja costera de unos 45 km. de largo por entre 6 y 15 km. de ancho. Su población actual se estima en 1 700 000 habitantes, lo cual da unos 5000 hab. por km2 incluyendo en ese menguadísimo territorio lo urbano, lo rural, lo costero. La FdG ha sido llevada a una situación con todos los suministros energéticos recortados a menos del 5% de los consumos habituales en cualquier país más o menos periférico, y todo su territorio sistemáticamente contaminado con detritus que israelíes concienzudamente dirigen a su suelo (que queda en el camino al mar); imposibilitados de hacer uso del agua marítima salvo una estrecha franja, sufriendo un bloqueo desde 2006 y cada vez más asfixiante, impedidos de proveerse hasta de material para reconstrucción tras los bombardeos que han sufrido varias veces, ni para atención sanitaria,  ni para reparación de estructuras productivas, retaceado el suministro de agua, electricidad, alimentos…

Publicado en Palestinos / israelíes

El sentido de la visita de PIT-CNT a Histadrut-Estado de Israel

Publicada el 28/04/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Más allá del fin declarado por los dirigentes sindicales uruguayos, conviene conocer los sustratos, los datos preestablecidos y dados por buenos que habrá tenido el PIT-CNT para dar el llamativo paso que dio.

Si habrá sido grande la convicción para tamaña visita que cuando con total inconciencia de la conducta emprendida, estaban por plantear públicamente, al menos en el entorno de sus afiliados y adláteres, los provechos del viaje, tuvieron que “postergar” la instancia por el rechazo que han empezado a percibir extendiéndose.

Punteando la cobertura que hizo la “periodista” Ana Jerozolimski, lo primero que llama la atención es la apuesta a la modernidad.

Nuestros dirigentes periféricos tienen algo claro: tenemos que avanzar en los desarrollos tecnológicos a como dé; y los sitios donde eso se cocina de modo primordial están en el Primer Mundo, claro: en EE.UU., Reino Unido, Alemania, Israel, Japón y un corto etcétera.

Los tiene sin cuidado si el desarrollo tecnológico actual tiene aspectos problemáticos, que aun para tales desarrollos hay una política; lo que les importa es tener la vanguardia tecnológica; se trata de ver si por algún atajo, “pasamos al frente”.

Así como Tabaré Vázquez soñó alguna vez convertir al Uruguay en “potencia nuclear” por la presunta generosidad de Israel, así ahora estos otros miembros del elenco gubernamental sueñan otro enroque  “revolucionario”.

La modernidad los deslumbra y solo ven que tienen que copiar lo que los “adelantados” han hecho: “el cómo hacer ese proceso es claro que siempre es mejor tomarlo de compañeros [sic] que ya lo han hecho, en este caso acá en Israel con la HISTADRUT.”  Un verdadero manual de seguidismo.

El grado de burocratización mental es penoso y salta a la vista a cada momento: quedaron deslumbrados con las normas de afiliación obligatoria que existe en Israel. Algo tan inseguro en Uruguay, donde las patronales persiguen sin problema a los sindicalizados.

Esto seduce a Fernando, Fabio, Tatiana y otro Fernando, tanto que quieren hacerse de esa “norma legal”, como si tales fenómenos políticos, culturales e ideológicos tuvieran solución legal, desconociendo por completo la historia de la clase obrera en Israel y el racismo estructural de la Histadrut, que no permitió desde la fundación y por décadas la sindicalización de los palestinos, los natives: “Otro aspecto que no me pareció menor es cómo puede haber legislación positiva que castigue a aquellos empresarios que no permiten la afiliación sindical […]. Simplemente es una norma legal. Nos la van a mandar traducida […] los compañeros [sic] del instituto internacional de la HISTADRUT se han comprometido a mandarnos las leyes en inglés o español.”

La copia, la imitación, es el norte estratégico de estos dirigentes, en rigor, dirigidos.

Nuestros píticos-cenéticos estuvieron muy atentos a qué tipo de dirigentes se requerirá con  “el nuevo modelo de trabajador.” Nuestros visitantes no quieren perder ese tren. Es decir, ni se les ocurre que pueda haber otros dirigentes que ellos mismos. Como dice la monarquía municipal porteña, encaramada en su sindicato (SUTECBA)  desde hace más de cuatro décadas, “Ayer, hoy y siempre”.[1]

 

Dando prueba de una enorme capacidad dialéctica, la visita les ha permitido ver a “jovencitos y jovencitas armados”. Ni la menor referencia a los jóvenes judíos que han repudiado estar en armas abusando y maltratando a la población oriunda de Palestina.

Han logrado ver  “niveles estándar de calidad de vida aceptables para sus trabajadores.  Tal vez a la periodista-guía se le olvidó aclararles algo de la estructura económico-financiera de Israel, que recibe sola con sus 6 millones de habitantes más que todo el resto de los países del mundo juntos de “ayuda” norteamericana anual (ese fondo que EE.UU. administra de todo lo que le quita a los países dependientes de todo el mundo): unos 40 mil millones de dólares anuales, además del aporte de la multimillonaria colectividad judía.

Lo que por lo visto tampoco han podido captar nuestros “luchadores pítico-cenéticos” es que los obreros palestinos en Israel eran hace unos años la mano de obra principal y que la política sionista los ha ido reduciendo. Y en todo caso manteniendo la ocupación de niños palestinos en los cultivos de las tierras más recientemente usurpadas, en Cisjordania, con sueldos miserables.  Y sepamos que, por ejemplo el agua, el agua  corriente de qué disponen los obreros palestinos conchabados en Israel y la población palestina en general, es una quinta o una sexta parte de la que reciben obreros judíos. Por lo visto, como no tienen la menor idea de haber visitado una sociedad racista, tampoco saben que  trabajadores no judíos ni palestinos (importados precisamente para prescindir de palestinos), por ejemplo del sudeste asiático, viven en pésimas condiciones habitacionales, bajo una precariedad permanente, a tal punto que hace apenas un par de años, el gobierno estuvo a punto de expulsar a varios niños preadolescentes, hijos de estos inmigrantes que habían ido generando, con los años, relaciones sociales, afectivas y sexuales, por las cuales fueron naciendo hijos de filipino y vietnamita, hija de filipina e indonesio, hijos de progenitores con idiomas distintos y que se han ido socializando a través del hebreo, lo cual generó un conflicto al país de los sionistas: tener en su seno futuros humanos con el hebreo como idioma (principal o único) sin ser sionistas (ni judíos siquiera). Cuestión tremenda para etnicistas (el calificativo académico de racistas).

A nuestros visitantes les han explicado las maravillas del sistema carcelario israelí para israelíes en las que se explayan admirativamente. Lástima que olvidaron, Jerozolimski o los histadrúticos, explicar las “maravillas” del sistema carcelario israelí para palestinos. Detenibles a las 3 de la mañana, por ejemplo, y desde los 12 años de edad, encarcelables sin juicio y sin término… maravillas, sí: maravilloso no necesitar hablar de ello.

Israel tiene otra estructura, política, ideológica que Uruguay. En Israel y en la Histadrut predomina el carácter sionista de la sociedad que quieren construir; una sociedad de diseño. Inventándola sobre el territorio de un pueblo al que han despojado. Y  ese carácter invasor los ha llevado inevitablemente a la prepotencia, que se ejerce a diario, aunque para ello usen por razones de Public Relations “jovencitos y jovencitas armados”. Esa otra institucionalidad que caracteriza la vida de Palestina/Israel, ha llevado a que el rasgo sionista sea más pesante que la condición obrera o patronal. La Histadrut es un peculiar organismo del mundo del trabajo que poco y nada tiene que  ver con “el sindicato”, el sindicalismo histórico que conocemos, conocimos en Europa y en América.

Ese sustrato es escamoteado por ejemplo por Ana Jerozolimski,  siempre atenta al provecho  del operativo. Por eso le pregunta a un Fernando de los pítico-cenéticos cómo vio el tema de los árabes afiliados a la Histadrut. Un fotito actual, como si la historia no importara, ni imprimiera nuestro presente.

La Histadrut, fundada hace un siglo, 1920, fue una organización para articular el trabajo con miras a gestar un estado sionista en Palestina. Excluyendo a los palestinos. Me permito una cita in extenso de un análisis muy circunstanciado: “El sindicalismo israelí nació en ruptura total con al sindicalismo judío, como parte del proyecto sionista. Nacionalista, hizo figurar en los estatutos que su objetivo era la instauración de un estado judío. Los árabes están excluidos. La exigencia de no emplear más que trabajadores de origen judío fue una de las primeras reivindicaciones y ejes de lucha del sindicalismo israelí. No fue sencillo. Los patrones preferían a los árabes mucho peor pagados. Este problema era delicado; para la Histadrut, la central sindical única, sionista, era imprescindible que un trabajador palestino fuera tan caro como uno israelí. Ni se consideró que el salario palestino fuera equiparado. La solución fue aumentar la cotización patronal de los trabajadores árabes para que el patrón tuviera que desembolsar lo mismo que si conchabara empleados judíos. Como los palestinos no tienen derecho a ninguna de las prestaciones sociales por las cuales pagan (salvo para accidentes de trabajo, regulados por un tratado internacional), los sindicatos lograron con semejante “solución” reflotar la situación financiera de las prestaciones sociales israelíes.”  (Wilfrid, “Travail et immigration en Israël”, Les Temps maudits, no 20, París, oct.-dic. 2004).

Esta segregación, terminó, al menos formalmente, en 1959, con la afiliación de palestinos.

Nuestros  políticos sindicales se tragaron todos los caramelos ofrecidos: “Estuvimos por ejemplo en el Museo del Holocausto y realmente salimos muy conmovidos.”  ¿Cómo van a imaginar nuestros paseados que durante veinte años Israel no dijo casi ni palabra sobre las matanzas de los judíos a manos de los nazis (limitándose a cobrar las indemnizaciones) y que a partir de 1967, empezaron a acordarse de las penurias sobrellevadas? Véase la definición de “holocausto” de un investigador, judío, hijo de dos sobrevivientes con sus ramas familiares exterminadas en los campos de concentración del nazismo; Norman Finkelstein. En su investigación La industria del holocausto ─obsérvese el título─  y a su vez subtitulado: “Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío” define: «“El Holocausto” es una representación ideológica del holocausto nazi [que] tiene una conexión, si bien tenue, con la realidad [… convertido en] un arma ideológica indispensable. A través de su explotación, una de las potencias más formidables del mundo, poseedora de un horrendo historial en materia de derechos humanos, se ha presentado como un estado “víctima”.» (La Editorial Virtual, 2008).

Introduciéndose en el juego de espejos de un museo, en lugar de hacerlo en la realidad, la juvenil Tatiana nos comenta: “Te diré que personalmente, esa fue la primera vez que vi banderas nazis en vivo y en directo.” Le llama “en vivo y en directo” ver banderas expuestas en… un museo.

Las palabras no pueden dar cuenta del destrozo de los significados, del idioma, del pensamiento, de lo que es una representación, una realidad, una alegoría…

Y la frutilla del postre de esta visitación es la pretensión de democraticidad, porque defienden la “solución de dos estados”. Dogmáticamente declara uno de ellos: “Nosotros en el Uruguay defendemos dos pueblos, dos estados, y no nos vamos a mover de esa posición internacionalista.”

¿No se dieron cuenta que toda la derecha sionista y no sionista defiende esta famosa “solución”? Hasta Beniamin Netanyahu se declara partidario de dicha “solución”. ¡Sharon en su momento fue partidario de dicha “solución”! Trump declara que acepta gustoso la solución de un estado o la de dos estados.

¿De dónde proviene tanta unanimidad? De que la “solución de dos estados” no existe. Ni puede existir. Ni nunca existió. ¡Cachar los libros que no muerden! Porque el Estado de Israel jamás la ha aceptado ni la aceptará.

La “solución de dos estados” ha sido un recurso verbal por el cual los sionistas han desviado la presión que,  por ejemplo, desde EE.UU. se ha desplegado, sin mucha fuerza, claro, por aquello de que ‘algo hay que mostrarle’ a los palestinos.

Dicha soluciòn no tiene un cuándo. Y leyendo a ideólogos sionistas sabemos que se trata de una interesada entelequia. Las perversamente llamadas “conversaciones de paz” de Oslo (han sido todo menos de paz) no han llegado a nada porque Israel no tiene deseo de formalizar ninguna paz hasta tanto no colonizar todo lo que define como su mandato bíblico. Por eso jamás existieron fronteras fijas, establecidas con El Líbano, con Jordania, con Siria…

¿Dónde se podría llevar a cabo la solución de dos estados? Tampoco hay lugar, porque Israel ha estado ininterrumpidamente colonizando Cisjordania (bajo los nombres bíblicos de Samaria y Judea) colocando allí a más de medio millón de fundamentalistas con una serie de privilegios e incentivos materiales (porque los fundamentalistas tampoco son puro espíritu). Y esa colonización armada, logísticamente asistida día a día, con armas y dinero, ha ignorado hasta los llamados de los representantes estadounidenses que querían al menos brindar un miniterritorio que diera alguna verosimilitud a la “solución de dos estados”. Y el tal territorio no existe, no “queda”… Porque los “Acuerdos de Oslo”, infamantes para el destino de los palestinos, significaron sencillamente dejar bajo el control israelí a más del 80% de los aproximadamente 5000 km2 cisjordanos.  Si tenemos en cuenta que Jerusalén ha sido descuartizada por los “urbanistas” israelíes para ubicar barrios árabes fuera del área jerosolimitana e incluir en esa área zonas suburbanas israelizadas, y que su población palestina ha sido “rebajada” mediante el infame recurso de no conceder la residencia, mejor dicho de quitarle la residencia a todo palestino que haya hecho una infracción de tránsito o haya tenido un divorcio o haya tenido un atraso en el pago de algún impuesto, aunque  le agreguemos los escasos 400 km2  de la asfixiada y contaminada Franja de Gaza (por deliberada política de contaminación de Israel) nos da  que ese “archipiélago” territorial, esos retazos de suelo con cultivos arrancados y regados con aguas servidas israelíes, esos maltrechos territorios aislados, segregados, sin contacto recíproco, sin derecho ni a usar el agua marina de su propia costa, no alcanza ni para un miniestado, un microestado, un nanoestado… en todo caso, para una cabina telefónica bajo bandera palestina desde la cual pueda hablar Abbas, y eso, ¿es la ‘solución de dos estados’?

Es arriesgado confiar en la ignorancia para hacer un informe.

 

[1]  La dirigencia del Sindicato Único de Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires (SUTECBA), sobreviviente del peronismo, de la Triple A, de la dictadura cívico-militar de 1976, del alfonsinismo, del menemato, de De la Rúa, del 2001, de la saga K y hoy, brillante ladero del macrismo… Jamás han cambiado de posición; siempre al lado del gobierno…

Publicado en Palestinos / israelíes, Uruguay. Qué hacer

Histadrut y PIT-CNT, un sólo cuore

Publicada el 20/04/2017 - 17/05/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Uruguay es una perla del collar sionista en el mundo.

UN POCO DE HISTORIA

Uruguay ha recibido judíos desde tiempo atrás, s. XIX. Pero es con la primera posguerra, década del ’20 que la inmigración judía se hace más significativa: entre 1925 y 1933 se registra el ingreso de 9000 judíos (se estima un número no mayor de italianos).

Hacia mediados del s. XX, cuando el nazismo persigue judíos cada vez con más peligro de vida, aunque Uruguay luego del golpe de estado de Gabriel Terra había endurecido los permisos de ingreso al país (por ejemplo, para republicanos españoles fugitivos y justamente judíos perseguidos), la sociedad uruguaya tuvo un comportamiento, llamado “de puertas entornadas”, que se traduce en que entre 1933 y  1942 ingresen 7000 judíos. Como se ve, un ingreso relativamente similar al período de puertas abiertas. Pero con una diferencia en el carácter de los judíos arribados al país: antes de la Gran Guerra, habían sido sobre todo inmigrantes, los posteriores a 1933 son refugiados. Entonces, el senador batllista Enrique  Rodríguez Fabregat fue adalid de esta solidaridad para con los perseguidos.

 

NO ES LO MISMO JUDÍO Y SIONISTA

Como pasa tan a menudo, “las cartas se entreveraron” con facilidad y presteza.

Porque cuando el Imperio Británico extendiera la declaración de auspicio a un “Hogar Judío” en Palestina (2 nov. 1917), llevada adelante por Arthur J. Balfour, canciller imperial y encarnizado racista que se dedicó a establecer la Sudáfrica del apartheid y el “hogar” sionista en Palestina, significativamente el flamante Uruguay batllista en la persona de su canciller Alberto Guani, la apoyará calurosamente en  el ámbito de la Sociedad de las Naciones.

Dato peculiar, por cuanto el batllismo, en plena década del ’20, bregará por separarse y hasta romper con el colonialismo británico, asegurándose un papel satélite del imperio joven, pujante y americano, EE.UU.[1]

Iniciando la década de los ’40 y a la vista del auge nazi, EE. UU. trató de asegurarse el control continental americano. Como dice el historiador Luis Dellanegra Pedraza, hacer eje en el monroísmo arrinconando al alicaído bolivarismo. Creando instancias de coordinación (y control) político-militar. “La preocupación” que desde EE.UU. se calificaba de “hemisférica” era entonces la sostenida neutralidad argentina, que no quería plegarse a la estrategia estadounidense.

El relevante papel del Uruguay para ser hospitalarios con los refugiados (algo que ya había sido muy importante en el Uruguay durante el siglo XIX, con franceses, por ejemplo) se confundió con el fomento de la colonización, ya no judía sino sionista, en Asia, en Palestina.

En el conocimiento vulgar estos dos fenómenos son apenas dos etapas de una misma, sencilla secuencia: nazis persiguen judíos; judíos (sobrevivientes) viajan y se establecen en Palestina forjando “el país de los judíos”.

Pero la historia no es ésa. Ben Gurion, figura clave del Estado de Israel, lo aclara: «Ya he tratado exhaustivamente la razón por la que estamos aquí, razones que yo, como un pionero de 1906, puedo afirmar que ¡no tienen nada que ver con los nazis![…].” [2]

La superposición de esos dos elementos se traducirá, por indicación de fuerzas ajenas al país, en la formación de la Comisión Especial de la Organización de las Naciones Unidas para Palestina[3] conocida por su sigla en inglés UNSCOP, una comisión de la flamante ONU, de 1947, amanuense al servicio de la política continental y mundial de EE.UU.[4]

La UNSCOP sellará nuestra relación ya no con los judíos, como en el pasado uruguayo, sino con los sionistas fundadores de Israel, que son algo muy distinto. [5]

Pasamos de simpatizar con población perseguida a también simpatizar con población colonialista, abusadora, racista que despojó por las armas de su tierra a un pueblo allí instalado milenariamente.

 

ASPECTOS IDENTITARIOS Y PROBLEMÁTICOS

No hay tanto de qué extrañarse. En la UNSCOP, tanto la India (del recién asesinado Gandhi, crítico radical de los empujes sionistas a costa de los pueblos oriundos de Palestina), como Irán con su población persa milenaria, como Yugoeslavia, que era entonces una federación recién constituida, comunista, de pueblos eslavos (del sur), advirtieron la gravedad del despojo en Palestina para congraciarse con la demanda colonialista e imperial, sionista. En cambio, Perú, la República Dominicana, Uruguay, Guatemala, Australia, Canadá eran también sociedades creadas mediante colonización sobre poblaciones originarias en algunos casos eliminadas o radiadas por completo, como en Australia, Canadá, Uruguay. Y EE.UU., el forjador de los nombramientos de la UNSCOP, era también un estado creado sobre los restos de naciones indias norteamericanas.

El Estado de Israel procuraba también adueñarse de un territorio a pesar de sus habitantes.

A mi modo de ver esta identidad originaria guarda mucha relación con nuestra propia identidad e historia (como la de unos cuantos estados representados en la UNSCOP). Un rápido paneo por nuestro país.

En marzo de 1945, cuando todavía no había acabado formalmente la  GM II, aunque El Eje nazifascista ya estaba en las últimas, Uruguay se convierte en anfitrión, primero en la América al sur del río Bravo, del Primer Congreso Sionista Latinoamericano (porque entonces en “el Nuevo Mundo”  lo afro y lo indo no tenían entidad y América Lapobre era para sus élites latinoamericana).

El 14 de mayo de 1948, el mismo día que el sionismo proclama el Estado de Israel, es Uruguay el primer país sudamericano que lo reconoce diplomáticamente.

No hay que extrañarse que un miembro de la estructura institucional sionista de primer nivel como José Luis Piczenik perciba como “profundo el lazo de hermandad que une a Israel con un país que comparte los mismos principios éticos y jurídicos de justicia, paz y bienestar nacional.” Prescindiendo de las dos útimas palabras, porque el bienestar nacional en un país periférico no alcanza a todos sus habitantes ni a su mayoría, Piczenik describe algo cierto.

 

Y bien: aquellos polvos trajeron estos lodos. Dirigentes del PIT-CNT aceptan un viaje dirigido a Israel y son digeridos por la máquina de Public Relations que funciona tan lubricadamente con apparatchiks como Ana Jerozolimski y toda la plana mayor de la Histadrut una organización sionista histórica, constructora primordial del Estado de Israel, organización patronal por excelencia pero que, al mejor estilo de los sindicatos verticalistas del fascismo representa (también) a los obreros.

Penoso el papel de los que se reclaman de izquierda, socialistas, comunistas, y membretes por el estilo. Hablando de la modernización del Uruguay y de  puestos de trabajo que requieren “determinados niveles de conocimiento” nuestros “viajeros” se refieren a ellos mismos como “dirigentes sindicales que se amolden a ese nuevo modelo de trabajador”: la clase de “dirigentes sindicales” ya es una entidad en sí, un estrato social por sí mismo, diferenciado, por ejemplo, de los trabajadores.[6]

Revelador juego de la verdad.

El Uruguay oficial tiene un potencial de sumisión mental y dependencia imperial que a los uruguayos cualquiera, del llano, debería rebelarnos, no congratularnos.

[1]  El batllismo enfrentó resistencia a esa identificación; tanto desde un coloradismo tradicional y más hispánico, como el arielismo de J. E. Rodó como desde el Partido Nacional, con acentos nacionalistas como el de Luis A. de Herrera o antiimperialista como el de Carlos Quijano.

[2]  Memorias. Cit. p. Judíos por la Justicia en el Oriente Próximo, “El Origen del Conflicto Palestino-Israelí” (y II), Z-net en Español, 2001.

[3]  Integrada por Australia, Canadá Checoeslovaquia, Guatemala, Holanda, India, Irán, Perú, Suecia, Uruguay, Yugoeslavia.

[4]  «En esa época [nov. 1947] los EE.UU. habían emergido como el partidario más agresivo de la partición… Los EE.UU.  lograron que la Asamblea General demorara una votación ‘para ganar tiempo hasta conseguir que ciertas repúblicas latinoamericanas se alinearan con sus propios puntos de vista.’… Algunos delegados acusaron a los funcionarios estadounidenses de ‘intimidación diplomática.’ Sin la ‘terrible presión’ de los EE.UU. sobre ‘gobiernos que no se podían permitir el riesgo de represalias estadounidenses,’ dijo un editorialista anónimo, la resolución ‘jamás hubiera sido aprobada.'»   John Quigley, «Palestina e Israel: Un desafío a la justicia.». Cit. p. Judíos por la Justicia en el Oriente Próximo, “El Origen del Conflicto Palestino-Israelí” (I), Znet, 2001.

[5]  Véase p. ej. Contra el Estado de Israel del rabino canadiense Yakov Rabkin.

[6]  Citas de la entrevista de dirigentes de PIT-CNT, Ana Jerozolimski, 9 abr 2017.

Publicado en Centro / periferia, Palestinos / israelíes, Uruguay. Qué hacer

La sacralizada Liga de Antidifamaciòn de EE.UU., ¿difama?

Publicada el 18/03/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

La Liga de Antidifamación de EE.UU. (Anti-Defamation League, ADL) que fue fundada en 1913 por  B’nai B’rith (en castellano, «Hijos del Pacto», una organización a su vez fundada por judíos en 1843 y a menudo tipificada como masona), hace labor de lobby en el Congreso de EE.UU. y lleva adelante actividades referidas a su denominaciòn.

El diario El País, de Montevideo ha publicado una noticia sobre esta labor,[1] que entendemos significativa.

En títulos a toda página este diario señala que “uno de cada  cuatro argentinos tienen actitudes antisemitas”.

Dos observaciones se imponen:

  1. El estudio se hace sobre muestreos: en el mundo entero se recabaraon 53 mil entrevistas; no sabemos cuántas correspondieron a Argentina, pero sí se informa que en 2015 se hizo una “actualización del índice […] con un muestreo telefónico de 500 encuestados.”

Sin embargo, la presentación hace un salto mortal y pasa de encuestas que apenas dan, si dan, una tendencia, a guarismos de envidiable exactitud:

En Argentina, nos dicen: de 28.280.537 adultos 6.800000 “albergan actitudes antisemitas”. Siete millones de argentinos, ¡caramba!, no parece poca cosa.  Sin embargo, el pasaje de encuestas muestreadas a un universo  total no parece un método muy confiable. El guarismo 28.280.537 y el de 6.800 000 son construidos, inferidos, y al presentarlos con tamaña exactitud, son francamente falsos.

  1. Hay, empero, otro aspecto de dicha “investigación” que entiendo es todavía más grave.

¿Cuáles serían las preguntas que revelarían antisemitismo?

Si se me pide a mì (y creo que a buena parte de “la gente”) ejemplos de preguntas a la pesca de prejuicios, pondría como ejemplos: ¿Son tan honestos los judíos como los franceses? o “Enumere qué gente le parece menos confiable” o ¿Con quienes no quisiera usted que sus hijos se casen (o hagan pareja)?

Imagino que si en la primera pregunta los judíos quedan con un porcentaje más alto, eso podría revelar una actitud antisemita. En la segunda, si en los listados de gente “no confiable” aparecen y se reiteran ejemplos con negros, pobres, judíos, gitanos, bolivianos, uno podría inferir racismo en general y particularmente si alguna de esas categorías de poblaciòn se lleva el mayor número, una actitud racista focalizada. Y si en la tercera aparecen los judíos entre los no deseados, igualmente esto estaría revelando antisemitismo.

Porque el antisemitismo, como el racismo en general, prescinde de los hechos; descansa en algo no pensado, no es producto de la experiencia ni de los juicios que se construyen con la experiencia; por eso se habla de pre-juicios.

Pero vayamos a las preguntas que la B’nai B’rith y su vástago ADL entienden definitorias de antisemitismo:

La ADL presenta “once afirmaciones cuya respuesta en términos de «probablemente cierto» en al menos a seis de las cuestiones es considerada como índice de antisemitismo.”

Y nos “advierte”: “Los índices más altos de respuestas consideradas prejuiciosas se relacionan a las premisas «los judíos tienen demasiado poder en los negocios» (50%); «los judíos hablan demasiado sobre lo que les ocurrió en el Holocausto» (49%) y «los judíos tienen demasiado poder en los mercados internacionales» (41%).” [en negrita y el subrayado son míos].

En resumen, según la encuesta  de los 500 encuestados más los del muestreo anterior (cuyo caudal el diario omite), grosso modo la mitad de los encuestados entienden que los judíos están sobrerrepresentados en los negocios, lo cual les otorga un marcado poder y un poco menos, dos de cada cinco, creen ver también un marcado poder de judíos en los negocios pero internacionales.

Ahora bien: ¿cuál es el prejuicio?

Ante tales preguntas, entiendo imprescindible separar su forma de su contenido.

Respecto de la forma, el antisemitismo se traduciría en las palabras que he subrayado. La idea de ”demasiado” parece expresar un rechazo hacia el grupo aludido.

Respecto del contenido resulta más arduo ubicar el rasgo prejuiciado. ¿Cuáles serían tales respuestas? ¿Tienen o no tienen los judíos sobrerrepresentación en los negocios, es decir, ¿tienen una mayor participación proporcional que otros grupos humanos, como podrían ser latinos, nativos, árabes, afros, chinos? Y en aquellas actividades humanas en que determinados agrupamientos tienen mayor participación (cualesquiera que ellas sean), ¿no tienden a pesar más en ellas que el resto de los humanos?

Análogamente, ¿es un prejuicio saber que los judíos están sobrerrepresentados en los “negocios internacionales” como designa El Paìs cierta actividad económica?

Resumiendo, las frases presentadas por ADL para “pescar” actitudes me resultan sospechosas, metodológicamente hablando. Porque entreveran juicios de realidad, descriptivos con sensaciones de hastío (“demasiado”). Y confunden al parecer deliberadamente juicios y prejuicios.

Viene a cuento la observación llevada a cabo por Johannes Wahlström sobre este asunto a principios de este siglo.

Wahlström, hijo de judío israelí y de sueca, nació y se crió en Jaffa, Israel. Y se fue formando como periodista. Sin embargo, luego de haber cubierto periodísitcamente una conferencia académica en 2003 en la Universidad de  Jerusalén, las autoridades policiales israelíes le han impedido acceder a sus oficinas de trabajo (periodístico) en Belén (territorio palestino ocupado por Israel, sobre el cual, al menos teóricamente Israel no tiene soberanìa).[2]

Wahlström transcribe algunos conceptos de dicho encuentro:

“Afirmar que existe un lobby sionista que acalla periodistas, eso es antisemitismo.” Henrik Bachner, del Comité Sueco contra el Antisemitismo (SKMA, por su sigla en sueco).

“Afirmar que Israel es Goliath, el contrincante fuerte, eso es antisemitismo.” Judith Elizur, investigadora inglesa.

Al respecto cabe recordar que Avi Mograbi, también judío, ha dirigido y llevado a cabo una película, Venganza por uno de mis dos ojos, cuya tesis principal, abonada con una serie sobrecogedora de entrevistas, es que en Palestina, ‘los israelíes son los romanos del s XX’ [y hoy podríamos agregar, del s XXI]. Vale decir, los israelíes son los ocupantes y los palestinos la población invadida, desalojada, arrinconada, vejada…

Kenneth Jacobson, miembro de la ya mencionada ADL resumió en ese encuentro académico en Belén su “razonamiento” en tres frases:

“La única superpotencia planetaria tiene una posición muy pro-israelí, lo cual obedece a que los judíos tienen una posición particularmente prominente en la élite de los medios de comunicación de masas.” Nos parece una descripción acertada. Prosigue: “Es algo de lo que podemos estar orgullosos.” Frase opinable. Temible, incluso, por sus consecuencias.

Jacobson avanza: “Hasta en EE.UU. sobreviene el antisemitismo que se basa justamente en la afirmación de que los judíos tienen demasiado poder sobre los medios.” Pero entonces, ¿prejuicio o juicio?

Nos llama mucho la atención su remate donde usa la realidad para ponerla exclusivamente al servicio de un poder, el sionista: “Hay que luchar contra este antisemitismo por todos los medios concebibles: no menos a través de una actividad de lobby para conseguir un mejor control sobre lo que los medios emiten.” (ibídem)

Wahlström resume los planteos de dicha conferencia: “Las fundamentaciones son largas pero las conclusiones increíblemente concisas: discutir sobre un boicot comercial a Israel es antisemitismo; cuestionar la democracia israelí es antisemitismo, cuestionar el apoyo de EE.UU. a Israel es antisemitismo, afirmar que las conductas israelíes favorecen al antisemitismo es antise-mitismo, afirmar que los periodistas se arredran para informar lo que ven es antisemitismo.[3]

Como vemos, la tarea de la ADL, aunque abundante resulta simplificadamente sencilla. Parece seguir esa vieja Ley de Murhpy: “Los problemas  complejos tienen soluciones erróneas que son sencillas y fáciles de comprender.”

[1] Montevideo, 7 de octubre de 2016.

[2] “Israel styr svenska medier” (Israel controla el sistema mediático sueco), Ordfront, Estocolmo, 12/2005. Wahlström ha proseguido su labor periodística desde Suecia, su segunda patria, donde ha sido posteriormente designado por Julian Assange para efectuar el ingreso de los papers a los países nórdicos.

[3]  http://dan.wikitrans.net/Johannes_Wahlstr%C3%B6m.

Publicado en Medios de incomunicación de masas, Palestinos / israelíes

Palestina. Acerca de los partidarios de «izquierda» de la solución de dos estados

Publicada el 07/03/2017 - 13/03/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Desde que la resistencia palestina se fue trasladando de las organizaciones políticas y políticomilitares de las décadas de los ’60 y ’70, que habían tomado la dirección de esa lucha, nuevamente hacia la sociedad, se ha expresado en múltiples manifestaciones civiles como la campaña Boicot, Desinversión y Sanciones que ha tomado vuelo internacional y nos hace acordar a la campaña contra el racismo sudafricano en la década de los ’90; los encuentros semanales en la aldea palestina de Bil’in que se han  venido sosteniendo desde hace por lo diez o quince años repudiando la permanente ocupación de tierras; estallidos llamados intifadas ─como la histórica de 1936 contra la creciente ocupación sionista y el poder político colonizador de entonces (el Reino Unido), como el ‘levantamiento de las piedras’ de 1987 o la de Al Aqsa, del 2000; los movimientos de resistencia de judíos y palestinos contra la demolición de casas palestinas y otra larga lista de actos contra el dominio absolutista y asfixiante de Israel siempre “justificado” con los más aviesos argumentos.

UN ESTADO… PARA TODOS (MÁS BIEN CASI TODOS)

Podemos repasar, muy grosso modo,  dos tipos de “solución” al “problema  palestino”: el defendido por las redes y organizaciones palestinas reclamando la recuperación de su tierra, despojada en etapas sucesivas, en 1948 y 1967, admitiendo en su seno a los judíos que, como los cristianos y los musulmanes, acuerden vivir allí; la solución de un estado laico, pluriétnico, multiconfesional.

Frente a ello, el sionismo, movimiento político en expansión, surgido a fines del s XIX, victorioso adueñándose del 78% de la Palestina histórica en 1948/1949, no ha estado nunca interesado en ceder tales “avances” y conquistas. La solución israelo-sionista ha sido siempre (salvo repliegues puramente tácticos): todo para sí; constituir Eretz Ysrael.

LA SOLUCIÓN DE DOS ESTADOS. ¿SOLUCIÓN?

Entre ciertos políticos, falsos mediadores como los de EE.UU.[1], entre progresistas de izquierda tratando de ganar algo antes de perderlo todo, e incluso entre israelíes que compartían el plan de colonización sionista pero que admitían entreparar la conquista para dar un resuello a la maltratada sociedad palestina, se fue abriendo paso otra “solución”: constituir un “estado palestino”.  El interrogante principal ha sido siempre saber si queda algo fuera de la colonizaciòn sionista para habilitar semejante proyecto. En algún momento, se lo comparó a una entelequia con el peso de una cabina telefónica. Pero el proyecto, realista o imaginario, ha tenido amplia difusión bajo la denominación “la solución de dos estados”.

Veamos cómo se ubican  diversos actores ante esta realidad en movimiento. Un artículo de Glenn Greenwald reseña como durante años el Establishment sionista estuvo saboteando “la solución de dos estados” con su política de pacman colonizando cada año, cada día, nuevos territorios palestinos, alejando así del horizonte hasta la visión de dicha “solución” (la solución de un estado como el que reseñamos es sencillamente ignorada por el sionismo; atenta contra su propio sentido). Y Greenwald registra como a esta altura de la peripecia palestina “el apoyo incondicional al apartheid de Israel es prácticamente el consenso inquebrantable entre las élites políticas de EE.UU.” [2]

Queda claro que “la solución del apartheid” implica el abandono radical de toda conversación sobre la solución de dos estados (en rigor, la posibilidad de su concreción se perdió hace décadas; lo que fue quedando con las conquistas sionistas ha sido un no-tejido de aldeas o municipios palestinos sin contigüidad, por eso denominado “archipiélago”).

La pretensión de deglutir “el archipiélago palestino” habla a las claras de los avances colonialistas y el apoyo o mejor dicho la identificación creciente de los titulares del poder económico, financiero y mediático estadounidense con las respectivas elites israelíes. Algo que con Trump parece pronunciarse.

Esta “solución”, un verdadero revés para los derechos de los pueblos en general y del palestino en particular, reverdece el sentido de lo que fue una vieja alianza entre Israel y la Sudáfrica del apartheid, que en su momento fue extraordinariamente intensa; África del Sur, racista, supremacista, fue el padrino anterior que tuvo Israel, y su dirección política la desechó con presteza y oportunismo cuando entrevió la crisis identitaria y el aislamiento internacional creciente que sufrió el esclavismo “de nuevo tipo” patentado en Sudáfrica. Israel, entonces, olvidando la estrecha alianza que había urdido con los supremacistas blancos sudafricanos, se volcó de lleno a buscar la protección de EE.UU.

Quienes se desmarcan “por izquierda” del estado sionista único, a años luz de una solución como la que mencionáramos inicialmente, parecen volcarse con renovados bríos a la averiada “solución de dos estados”.

Examinemos la presentación de Hagai El-Ad. Escribe una nota en la revista +972, fundada por escritores y periodistas atentos al drama palestino-israelí titulada “La ocupación se sostiene porque el mundo se niega a actuar” que expresa la carga crítica contra la desesperada situación provocada por la ocupación sionista.[3]

El-Ad, que es el director ejecutivo de la organización B’Tselem,[4] le ha entregado al Consejo de Seguridad de la ONU un circunstanciado escrito reclamando la instauración de “un estado palestino” al lado del Estado de Israel. Y se preocupa porque estamos a punto de cumplir medio siglo de ocupación (1967-2017).

¿Por qué dicha ocupación es  oprobiosa y la iniciada en 1948 ni se menciona, está legitimada, sacralizada? Basta preguntarle a cualquier palestino y te dirá que tiene un abuelo asesinado en 1948 o que perdió su vivienda en ese año, o que derribaron su aldea entonces y que en 1967 perdió un hermano, u otra vivienda u otra aldea. Las plurigeneracionales familias palestinas no distinguen la exacción de 1948 de la de 1967 o posteriores.

Pero para la ONU, flamante en 1948, hay una diferencia. Aquel establecimiento de Israel fue legitimado  desde la ONU. Mejor dicho, con la penosa posguerra luego de las atrocidades nazis nadie quería discutir derechos judíos. Pero, en rigor, lo que la ONU propuso en 1947 −pasando por encima de la voluntad de los habitantes históricos de Palestina− fue repartirla, un 52% para el sionismo, un 43% para “un estado árabe”, y Jerusalén como un área bajo control internacional. Cuando los judíos sionistas se adueñaron,  guerreando[5] de un 22 o 25% más de territorio del propuesto por la ONU, como botín de guerra, nadie, “en las alturas”, chistó.

El-Ad se queja que los israelíes reservan “una democracia” para sí. Y algo más: que tengan otra entre colonos “más allá de las fronteras de su país”.

El-Ad ha percibido claramente el vaciamiento de todo sentido democrático a través de argucias precisamente legales: “La ocupación ha perfeccionado muy bien el arte de diluir el derecho internacional humanitario y las leyes de derechos humanos hasta despojarlos prácticamente de sentido. Una vez que los abogados militares, los abogados del Estado y los jueces de la Corte Suprema cincelan con maestría sus opiniones legales, todo lo que queda es una cruda injusticia.” (ibíd.) Lo que no aclara El-Ad es que esos mismos artilugios son los que ha usado permanentemente el Establishment israelí para despojar y hacer la vida imposible a los palestinos, musulmanes, cristianos o agnósticos, que viven en el territorio conquistado no ya desde 1967 sino desde 1948, y que basados en la ideología sionista sus integrantes asesinaron más palestinos en 1948 que en 1967.

El-Ad pone un ejemplo de esa puntillosidad legalista que es un taparrabos de la política de negación, saqueo y consunción de la sociedad palestina: “Muéstrenme una parcela de tierra palestina que deseen tomar y la Administración Civil llegará con el mecanismo legal adecuado a la medida −¡por supuesto todo debe ser legal!− para lograr ese fin: zonas militares de entrenamiento, reservas naturales, sitios arqueológicos y, sobre todo, la declaración de miles de acres como «tierra del Estado», ¿qué «Estado» exactamente? Todo esto se utiliza con éxito para desplazar por la fuerza a los palestinos y justificar que se les niegue el acceso al agua o a la red de energía.” (ibíd.).

El-Ad describe la enorme gama de recursos empleados por el Establishment sionista para la ‘legalización sistemática de violaciones a los derechos humanos en los territorios ocupados’ con los que “encubre […] cientos de casos de asesinatos o maltrato de palestinos”. Da cifras: “Israel ha declarado el 20% de Cisjordania ‘Tierras del Estado’. Israel ‘generosamente’ permite a los palestinos construir en la mitad del 1% [¡del uno por ciento!] de la zona C, el 60% de Cisjordania está ‘temporalmente’ bajo control israelí […].” Esto último se refiere, obviamente, a una “temporalidad” permanente.

Lo grave de las certeras críticas de El-Ad es que se extienden a la historia total, permanente, sin fisuras, del Estado de Israel. No desde 1967, como alega, sino desde 1948.

“B’Tselem actúa fundamentalmente para cambiar la política del gobierno israelí en los Territorios Ocupados”, nos explica Wikipedia. Da así por sentada y legitimada la existencia del Estado de Israel. Su propósito es metamorfosear un estado étnico en un estado democrático. ¿Garantiza tal conversión algo valioso? Suena tarea ímproba a juzgar por los antecedentes. Hay que ver si con el proceso inicial de colonización, que implica, ha implicado siempre, abuso, arbitrariedad, falsificaciones y matanzas, se puede llegar a buen puerto.

Algunos términos que usa el sionismo trasuntan más de lo que preferirían explicitar; la idea de “limpieza étnica” patentiza en su mera formulación la idea de suciedad de las etnias que hay que desplazar, eliminar (hacer desaparecer). Y “transferencia” no es sino el escamoteo del robo, la apropiación de tierra de otro (bajo razones “bíblicas”, carentes de toda racionalidad y consenso y más absurdas al ser reclamadas por un movimiento que no se presenta como confesional ni de ortodoxia religiosa).[6]

En resumen, vemos que “la solución de dos estados” es impracticable y  en realidad funciona como un recurso de mínima para alguna dirección palestina que procurar conservar así una cuota, no ya de poder sino de privilegios, y para algunos judíos como un consuelo al no aceptar la acción de halcones tipo Kahane, Lieberman, Goldstein o Netanyahu (partidarios de un genocidio, pero con fundamentos bíblicos).

FALSO RETORNO: UNA NUEVA SOLUCIÓN DE UN ESTADO…

A mi modo de ver “la solución de dos estados”  siempre ha sido una “solución” teórica ─porque la colonización sionista no se ha detenido nunca, ni con palomas ni con halcones israelíes─ pero  diversos políticos, periodistas, militantes, intelectuales, han procurado impulsarla.  Evitando mirar hacia atrás, legitimando el despojo pasado y el arrasamiento de lo palestino, para que no llegue a ser total.

Los años pasan; el sionismo se afianza haciendo aun más teórica y fantasmagórica “la solución de dos estados” y forjando una realidad, alimentada con el paso del tiempo, que hace a su vez cada vez más irreal aquella vieja ‘solución de un estado’,  el “pluri”, el “multi” de las reivindicaciones sesentistas y setentistas.

Pero este mismo desarrollo; el ahogo y despedazamiento de la sociedad palestina, la impunidad con que cuenta el sionismo con sus apoyos cada vez más pesantes, parece gozar de viento en popa: a fines de 2016, el gobierno de EE.UU. obsequió, por enésima vez, 38 mil millones de dólares a desembolsar en 10 años a un estado como el israelí, que era ya desde antes el principal receptor de “las ayudas” de EE.UU. en el mundo entero y que tiene además enorme poder financiero, económico, militar propios─  y ahora, apenas iniciado 2017 con el flamante Trump, si algo se puede esperar es que aumente y mucho la “ayuda” que el reluctante Kerry brindaba. Tanto es así que se visualiza cada vez más una nueva “solución de un estado”. Que es exactamente la opuesta de la que recordáramos al inicio.

Se trata de un nuevo proceso de mímesis del Estado de Israel con EE.UU. mediante el cual se va configurando un archipiélago de miniterritorios, inspirados en las Indian Reservations.

Porque en EE.UU. luego de las matanzas y abusos constantes entre los siglos XVII y XIX, con los avances de la modernidad, la legislación social y los desarrollos democráticos, y un sentirse saciados porque The Union se había extendido a la inmensa mayoría de los territorios norteamericanos entre Canadá y México (al que había despojado la mitad; una superficie medible en millones de km2),  el sistema de poder de la Gran Democracia del Norte fue ingresando a una fase de coexistencia con los remanentes poblacionales originarios, admitiendo que los nativoamericanos tenían algún derecho a vivir. Descubrimiento significativo para una sociedad de piadosos cristianos, austeros y supremacistas raciales que desde el origen en la Constitución de EE.UU. establecieron el valor 0 para los originarios y el valor 0,6 para los afros esclavizados respecto de la unidad de valor para los blancos wasp.[7]

El destino de tales Reservations, un símil miniatura de la vieja vida en las praderas de las naciones indígenas norteamericanas, justamente por su carácter falso, teatral, mediatizado, ha resultado pavoroso para la sobrevivencia, tanto cultural como física, de sus miembros. Pese a intentos de distintas etnias norteamericanas  que han luchado por su dignidad, como fue el caso con una red “paraguas”, el AIM (American Indian Movement, Movimiento Indígena estadounidense).[8]

Para los sionistas que buscan una identificación siempre mayor con EE.UU., un Israel que funciona como quincuagésimoprimer estado de The Union, bien puede incorporar bantustanes en su seno, ensanchándose hasta los confines de la Palestina histórica. Cálculo seguro de sionistas, los bantustanes a deglutir carecen del rango de soberanía de un estado común y silvestre y se irán adaptando a las necesidades territoriales del estado patrón.

Pero aquí tenemos tres dificultades al menos:

1)  La del colonialismo, que es un enorme proceso histórico que, ciñéndonos apenas a los marcos de la globalización moderna, la que arranca con el descubrimiento europeo del “Nuevo Continente”, siglos XV y XVI, ha plasmado una serie de naciones modernas, o mejor dicho modernizadas en cuyo seno perdura la huella de aquellas infamias originarias. La inmensa mayoría de los estados y las sociedades resultantes portan la impronta de dominadores y dominados configurando naciones las más de las veces escindidas. Pensemos en México, Venezuela, Honduras, India, Nigeria y por qué no, sociedades aparentemente más o mejor “blanqueadas”, como Argentina o Uruguay…

2)  Hay otra dificultad mayor, si cabe: cuando comienza la globalización moderna, los europeos se daban el gusto de arrasar aldeas y exterminar a menudo a sus habitantes, hombres, mujeres, niños, ancianos, y sus cabras, conejos o gallinas (muchas veces inspirados en episodios bíblicos). En muchos casos, adueñarse de las mujeres jóvenes y repartírselas como botín (siguiendo también preceptos bíblicos).

Naciones “mestizas” de Abya Yala/América presentan el resultado de tales “políticas”.

Pero eran tiempos en que se proclamaba, hasta doctoralmente, la superioridad de “la raza blanca”. La idea de “reducir” indios fue una constante durante la larga noche de la Conquista y la Colonización, y las Indian Reservations constituyen la versión anglo de tales reducciones. Esos métodos perduraron hasta mediados del s XX.

Baste recordar en Argentina las masacres de Napalpí (Chaco) en 1924 o la de Rincón Bomba en pleno peronismo (1947), en que los militares ametrallan y dan muerte a hombres, mujeres y niños de una etnia de las sobrevivientes al  establecimiento del estado argentino moderno y su “Conquista del Desierto”. En 1924 los militares masacrarán a unos 200 qom y mocovíes. En 1947 Miguel Ortiz, delegado formoseño de la Dirección Nacional del Aborigen,  le contestará al jefe del escuadrón que le pidiera explicaciones sobre el mal estado de los alimentos llegados de Buenos Aires para ser distribuidos entre miembros hambreados de la etnia pilagá: “Qué tanto se preocupa si al final son indios”.

“La indiada” estaba virtualmente muerta de hambre porque los propietarios de los establecimientos rurales que aprovechaban la leva de población indígena para la zafra, los habían despedido sin paga. El pago final ante la digna reacción por comida en mal estado resultó una matanza generalizada que se estima acabó con la vida de más del 80% de la etnia (entre 700 y 800 seres humanos).

Todavía se podía escuchar una respuesta “espontánea” como la del burócrata Ortiz.

Pero tras la noche nazi, el racismo perdió el status aristocrático que había conservado en casi todas las sociedades colonizadoras. El racismo puro y duro dejó de ser de buen tono.

En la primera mitad del siglo XX, en Argentina y en Brasil, se usaba todavía “el ardid” que ya usaran los protestantes recién llegados a la América del Norte en el s XVII, de envenenar o contaminar comida o ropas para “deshacerse” de la población aborigen.

Hasta mediados del siglo XX, en los países nórdicos, Noruega, Suecia, por ejemplo,  donde el culto racial, el estado de bienestar y la confianza ciega en “la ciencia” corrían parejas, se emplearon diversos recursos tecnocientíficos para esterilizar o lobotomizar población “inferior”. Y en la Alemania nazi, esos recursos llevaron a la muerte a muchos “inferiores”.

Con la llegada de la segunda mitad del s XX y el reconocimiento de las atrocidades cometidas hasta y durante la 2ª.GM (en la Alemania nazi; hubo otros contendientes con comportamientos a su vez monstruosos que quedaron en penumbra), en la ONU se firmaron documentos como la “Convención para la Prevención y la Sanción del delito de Genocidio” (9/12/1948), haciendo difícil seguir con el mismo estilo para el tratamiento de poblaciones.

Ya no alcanza la cobertura de “la superioridad racial” para las atrocidades. Ya no se cubren de gloria, sino de oprobio.

El opresor procura hoy descargar “los muertos” sobre las espaldas del oprimido, como vemos desde hace años, bajo “la indiferencia del mundo” con la población de la Franja de Gaza, una Numancia del s XXI.

Para seguir ejerciendo el dominio racista o etnicista, se ha ido haciendo imprescindible apelar a otras armas, más sofisticadas, más indirectas. Los qom en la Argentina de comienzos del s XXI no han podido ser tratados como sus antecesores en 1924 o como los pilagás en 1947; en todo caso, en territorios del gobernador Gildo Insfrán, provincia de Formosa (actualmente argentina), asiento territorial de los qom, han sobrevenido sucesivos “accidentes” carreteros donde algunos qom han sido heridos o muertos (o matados).

Análogamente, no registramos al día de hoy linchamientos populares a manos del Ku Klux Klan en el sur de EE.UU. que campearon en la segunda mitad del s XIX y en la primera del s XX… En todo caso, la cantidad sobrecogedora de afros estadounidenses que han muerto recientemente a manos de la policía (blanca) resultan siempre fruto de algún afán de orden ligeramente excedido, de encuentros fortuitos, captados y socializados por los métodos de registro hipersensibles y omnipresentes hoy vigentes.

Tampoco resulta fácil “salir a matar” indios o palestinos en grandes batidas y en todo caso, se opta por lo que ya señalamos con Israel en la Franja de Gaza: un cerco que vaya provocando un desquicio social, nutricional, habitacional, psíquico racionando alimentos, medicamentos y hasta agua. Si en Gaza sobreviene un ataque militar del ejército de “Defensa” israelí estará “justificado” por alguna “provocación” del fanatismo islámico o similar.[9]

3) Hay además un “detalle” demográfico que echa aún más por tierra la pretensión de reeditar “la solución”: los EE.UU. de Norteamérica, con una población total de algo más de 300 millones de habitantes, no tienen ni el 1% de nativoamericanos (por supuesto que la comparativamente exigua población nativa proviene de las atroces persecuciones sufridas pero también de su propia densidad muchísima menor que la de la población europea). En Palestina/Israel los palestinos cuentan con una población aproximadamente del mismo caudal que los israelíes de origen judío, grosso modo 50% y 50%.

El-Ad trata de unir dos moscas por el rabo: “La ocupación es sostenible a nivel internacional […] porque hasta el momento el mundo se niega a tomar una acción efectiva.” Y luego de reconocer así la impunidad de Israel, prácticamente desde su inicio, siempre fijada en su rol de víctima que la exonera de sanciones al infringir tantos tratados y acuerdos internacionales (negarse a que se le revise y controle sus instalaciones militares nucleares; arrebatar suelo palestino violando acuerdos; restricciones de derecho para población milenariamente establecida en el territorio, etcétera), afirma: “Israel es un país soberano establecido a través de la legitimidad internacional otorgada por una decisión histórica de esta misma institución en 1947” (ibíd.).

Ya explicamos la delgadez extrema de esa legitimidad[10] y ya vimos cómo Israel se adueñó de un territorio mayor al acordado por la ONU (que a su vez había dispuesto del territorio contra la voluntad de sus habitantes).

Avigail Abarbanel,[11] no solo judía sino criada en Israel desde niña, explica su abandono de la comunidad que la fue configurando y da dos motivos esclarecedores: la “historia de persecución es tan inseparable de su identidad [de los judíos] que no pueden ver más allá de ella […]. En la psicología humana, una vez que has sido objeto de abuso sientes que ya no eres igual que los demás. Pero cualquiera que sufrió abusos y está traumatizado tiene el deber de ser mejor y de no permitir que el miedo y la victimización se conviertan en su identidad.” Y enfatiza: “No sólo has permitido que el trauma se convierta en tu propia identidad, sino que lo has glorificado y lo estás adorando como a un dios.”  ¡Aprecie el lector la identidad de este pasaje con el de Atzmon (n. 6)! Y si bien ésta es una crítica fuerte porque habla de la formación de un carácter social, Abarbanel avanza a otro aspecto que considera aún más significativo: “El segundo y más importante asunto que me molesta es el crimen que se ha cometido y se sigue cometiendo [… los sionistas] han optado por crear un gueto judío que lo imaginan un refugio seguro, en una tierra que estaba totalmente poblada.” Esta segunda objeción de Abarbanel focaliza en el crimen de la colonización que arrasa sociedades preexistentes. Basados en la pura fuerza.[12] Rechaza pasar de la condición de cordero a la de lobo que postula Netanyahu y cumplen tan amplios sectores de la sociedad israelí.

El imaginario social de fines del s XX y actual s XXI nos indica que no hay viabilidad para construir Palestinian Reservations como se hicieran hace siglo y medio las estadounidenses.

notas:

[1]  Véase Naseer Aruri, El mediador deshonesto, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2006.

[2]  Greenwald, G., “EE.UU. admite que Israel marcha hacia un régimen de apartheid permanente después de darle 38.000 millones de dólares, The Intercept, octubre 2016.

[3]  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=218113&titular=la-ocupaci%F3n-se-sostiene-porque-el-mundo-se-niega-a-actuar-

[4]  B’Tselem es una organización israelí de origen judío que procura conciliar el universalismo de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, ONU, 1948, con el Estado de Israel fundado sobre bases etnicistas, de un pueblo con su dios. En su propia presentación, B’Tselem declara su empeño en  «crear una cultura de derechos humanos en Israel.» (http://www.btselem.org/about_btselem). Lo cual nos hace pensar que no debe ser mucha su existencia.

[5]  Guerra judeo-árabe de 1948.

[6]  Gilad Atzmon, quien ha roto con su origen y/o perfil judío ofrece una jugosa interpretación del judaísmo: que en Israel se ha ido gestando una nueva religión (etimológicamente, ligazón) que ya no pasa por un dios sino por el dolor judío universalizado en la figura de El Holocausto, que permite erigir al propio judío en dios.

[7]  No cualquier blanco tampoco. Latinos, irlandeses, eslavos no se incluían entre los aceptables  habitantes del nuevo estado en el Nuevo Continente. Observe el lector que el rango señalado, esa magnitud para “los indios”, el cero, expresa aritméticamente la idea de genocidio. A la población afro, en cambio, se la estimaba como servidumbre.

[8]  El AIM procuró cierta autonomía en las Indian Reservations como la de Lakota Pine Ridge; las autoridades policiales trataron de “sujetar a la tropa” como habitualmente y en una refriega hubo dos policías muertos: por tal hecho se acusó a Leonard Peltier, lakota, y ha sido encarcelado desde 1976, ininterrumpidamente, 41 años. Se le acaba de denegar, una vez más, la libertad.

[9]  I. L. Peretz, judío, visionario, a mediados del s.XX, se ponía en guardia ante el sionismo, ese “gato virtuoso” que ahoga a sus víctimas sin hacer correr la sangre…

[10]  “El establecimiento de Israel en Palestina. 1948. El testimonio de Jorge García Granados, de la comisión de la ONU”, 29 jul 2013. www.rebelion.org › Palestina y Oriente Próximo.

[11]  “Por qué abandoné el culto”, <http://www.rebelion.org/noticia.php?id=218037&titular=por-qu%E9-abandon%E9-el-culto->

[12]  Ilan Pappe, historiador de origen judío, que también ha roto con “el culto” a lo judío, ha escrito una estremecedora investigación,  La limpieza étnica de Palestina.

Publicado en Palestinos / israelíes, Sociedad e ideología

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