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Categoría: Palestinos / israelíes

Palestina. Acerca de los partidarios de «izquierda» de la solución de dos estados

Publicada el 07/03/2017 - 13/03/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Desde que la resistencia palestina se fue trasladando de las organizaciones políticas y políticomilitares de las décadas de los ’60 y ’70, que habían tomado la dirección de esa lucha, nuevamente hacia la sociedad, se ha expresado en múltiples manifestaciones civiles como la campaña Boicot, Desinversión y Sanciones que ha tomado vuelo internacional y nos hace acordar a la campaña contra el racismo sudafricano en la década de los ’90; los encuentros semanales en la aldea palestina de Bil’in que se han  venido sosteniendo desde hace por lo diez o quince años repudiando la permanente ocupación de tierras; estallidos llamados intifadas ─como la histórica de 1936 contra la creciente ocupación sionista y el poder político colonizador de entonces (el Reino Unido), como el ‘levantamiento de las piedras’ de 1987 o la de Al Aqsa, del 2000; los movimientos de resistencia de judíos y palestinos contra la demolición de casas palestinas y otra larga lista de actos contra el dominio absolutista y asfixiante de Israel siempre “justificado” con los más aviesos argumentos.

UN ESTADO… PARA TODOS (MÁS BIEN CASI TODOS)

Podemos repasar, muy grosso modo,  dos tipos de “solución” al “problema  palestino”: el defendido por las redes y organizaciones palestinas reclamando la recuperación de su tierra, despojada en etapas sucesivas, en 1948 y 1967, admitiendo en su seno a los judíos que, como los cristianos y los musulmanes, acuerden vivir allí; la solución de un estado laico, pluriétnico, multiconfesional.

Frente a ello, el sionismo, movimiento político en expansión, surgido a fines del s XIX, victorioso adueñándose del 78% de la Palestina histórica en 1948/1949, no ha estado nunca interesado en ceder tales “avances” y conquistas. La solución israelo-sionista ha sido siempre (salvo repliegues puramente tácticos): todo para sí; constituir Eretz Ysrael.

LA SOLUCIÓN DE DOS ESTADOS. ¿SOLUCIÓN?

Entre ciertos políticos, falsos mediadores como los de EE.UU.[1], entre progresistas de izquierda tratando de ganar algo antes de perderlo todo, e incluso entre israelíes que compartían el plan de colonización sionista pero que admitían entreparar la conquista para dar un resuello a la maltratada sociedad palestina, se fue abriendo paso otra “solución”: constituir un “estado palestino”.  El interrogante principal ha sido siempre saber si queda algo fuera de la colonizaciòn sionista para habilitar semejante proyecto. En algún momento, se lo comparó a una entelequia con el peso de una cabina telefónica. Pero el proyecto, realista o imaginario, ha tenido amplia difusión bajo la denominación “la solución de dos estados”.

Veamos cómo se ubican  diversos actores ante esta realidad en movimiento. Un artículo de Glenn Greenwald reseña como durante años el Establishment sionista estuvo saboteando “la solución de dos estados” con su política de pacman colonizando cada año, cada día, nuevos territorios palestinos, alejando así del horizonte hasta la visión de dicha “solución” (la solución de un estado como el que reseñamos es sencillamente ignorada por el sionismo; atenta contra su propio sentido). Y Greenwald registra como a esta altura de la peripecia palestina “el apoyo incondicional al apartheid de Israel es prácticamente el consenso inquebrantable entre las élites políticas de EE.UU.” [2]

Queda claro que “la solución del apartheid” implica el abandono radical de toda conversación sobre la solución de dos estados (en rigor, la posibilidad de su concreción se perdió hace décadas; lo que fue quedando con las conquistas sionistas ha sido un no-tejido de aldeas o municipios palestinos sin contigüidad, por eso denominado “archipiélago”).

La pretensión de deglutir “el archipiélago palestino” habla a las claras de los avances colonialistas y el apoyo o mejor dicho la identificación creciente de los titulares del poder económico, financiero y mediático estadounidense con las respectivas elites israelíes. Algo que con Trump parece pronunciarse.

Esta “solución”, un verdadero revés para los derechos de los pueblos en general y del palestino en particular, reverdece el sentido de lo que fue una vieja alianza entre Israel y la Sudáfrica del apartheid, que en su momento fue extraordinariamente intensa; África del Sur, racista, supremacista, fue el padrino anterior que tuvo Israel, y su dirección política la desechó con presteza y oportunismo cuando entrevió la crisis identitaria y el aislamiento internacional creciente que sufrió el esclavismo “de nuevo tipo” patentado en Sudáfrica. Israel, entonces, olvidando la estrecha alianza que había urdido con los supremacistas blancos sudafricanos, se volcó de lleno a buscar la protección de EE.UU.

Quienes se desmarcan “por izquierda” del estado sionista único, a años luz de una solución como la que mencionáramos inicialmente, parecen volcarse con renovados bríos a la averiada “solución de dos estados”.

Examinemos la presentación de Hagai El-Ad. Escribe una nota en la revista +972, fundada por escritores y periodistas atentos al drama palestino-israelí titulada “La ocupación se sostiene porque el mundo se niega a actuar” que expresa la carga crítica contra la desesperada situación provocada por la ocupación sionista.[3]

El-Ad, que es el director ejecutivo de la organización B’Tselem,[4] le ha entregado al Consejo de Seguridad de la ONU un circunstanciado escrito reclamando la instauración de “un estado palestino” al lado del Estado de Israel. Y se preocupa porque estamos a punto de cumplir medio siglo de ocupación (1967-2017).

¿Por qué dicha ocupación es  oprobiosa y la iniciada en 1948 ni se menciona, está legitimada, sacralizada? Basta preguntarle a cualquier palestino y te dirá que tiene un abuelo asesinado en 1948 o que perdió su vivienda en ese año, o que derribaron su aldea entonces y que en 1967 perdió un hermano, u otra vivienda u otra aldea. Las plurigeneracionales familias palestinas no distinguen la exacción de 1948 de la de 1967 o posteriores.

Pero para la ONU, flamante en 1948, hay una diferencia. Aquel establecimiento de Israel fue legitimado  desde la ONU. Mejor dicho, con la penosa posguerra luego de las atrocidades nazis nadie quería discutir derechos judíos. Pero, en rigor, lo que la ONU propuso en 1947 −pasando por encima de la voluntad de los habitantes históricos de Palestina− fue repartirla, un 52% para el sionismo, un 43% para “un estado árabe”, y Jerusalén como un área bajo control internacional. Cuando los judíos sionistas se adueñaron,  guerreando[5] de un 22 o 25% más de territorio del propuesto por la ONU, como botín de guerra, nadie, “en las alturas”, chistó.

El-Ad se queja que los israelíes reservan “una democracia” para sí. Y algo más: que tengan otra entre colonos “más allá de las fronteras de su país”.

El-Ad ha percibido claramente el vaciamiento de todo sentido democrático a través de argucias precisamente legales: “La ocupación ha perfeccionado muy bien el arte de diluir el derecho internacional humanitario y las leyes de derechos humanos hasta despojarlos prácticamente de sentido. Una vez que los abogados militares, los abogados del Estado y los jueces de la Corte Suprema cincelan con maestría sus opiniones legales, todo lo que queda es una cruda injusticia.” (ibíd.) Lo que no aclara El-Ad es que esos mismos artilugios son los que ha usado permanentemente el Establishment israelí para despojar y hacer la vida imposible a los palestinos, musulmanes, cristianos o agnósticos, que viven en el territorio conquistado no ya desde 1967 sino desde 1948, y que basados en la ideología sionista sus integrantes asesinaron más palestinos en 1948 que en 1967.

El-Ad pone un ejemplo de esa puntillosidad legalista que es un taparrabos de la política de negación, saqueo y consunción de la sociedad palestina: “Muéstrenme una parcela de tierra palestina que deseen tomar y la Administración Civil llegará con el mecanismo legal adecuado a la medida −¡por supuesto todo debe ser legal!− para lograr ese fin: zonas militares de entrenamiento, reservas naturales, sitios arqueológicos y, sobre todo, la declaración de miles de acres como «tierra del Estado», ¿qué «Estado» exactamente? Todo esto se utiliza con éxito para desplazar por la fuerza a los palestinos y justificar que se les niegue el acceso al agua o a la red de energía.” (ibíd.).

El-Ad describe la enorme gama de recursos empleados por el Establishment sionista para la ‘legalización sistemática de violaciones a los derechos humanos en los territorios ocupados’ con los que “encubre […] cientos de casos de asesinatos o maltrato de palestinos”. Da cifras: “Israel ha declarado el 20% de Cisjordania ‘Tierras del Estado’. Israel ‘generosamente’ permite a los palestinos construir en la mitad del 1% [¡del uno por ciento!] de la zona C, el 60% de Cisjordania está ‘temporalmente’ bajo control israelí […].” Esto último se refiere, obviamente, a una “temporalidad” permanente.

Lo grave de las certeras críticas de El-Ad es que se extienden a la historia total, permanente, sin fisuras, del Estado de Israel. No desde 1967, como alega, sino desde 1948.

“B’Tselem actúa fundamentalmente para cambiar la política del gobierno israelí en los Territorios Ocupados”, nos explica Wikipedia. Da así por sentada y legitimada la existencia del Estado de Israel. Su propósito es metamorfosear un estado étnico en un estado democrático. ¿Garantiza tal conversión algo valioso? Suena tarea ímproba a juzgar por los antecedentes. Hay que ver si con el proceso inicial de colonización, que implica, ha implicado siempre, abuso, arbitrariedad, falsificaciones y matanzas, se puede llegar a buen puerto.

Algunos términos que usa el sionismo trasuntan más de lo que preferirían explicitar; la idea de “limpieza étnica” patentiza en su mera formulación la idea de suciedad de las etnias que hay que desplazar, eliminar (hacer desaparecer). Y “transferencia” no es sino el escamoteo del robo, la apropiación de tierra de otro (bajo razones “bíblicas”, carentes de toda racionalidad y consenso y más absurdas al ser reclamadas por un movimiento que no se presenta como confesional ni de ortodoxia religiosa).[6]

En resumen, vemos que “la solución de dos estados” es impracticable y  en realidad funciona como un recurso de mínima para alguna dirección palestina que procurar conservar así una cuota, no ya de poder sino de privilegios, y para algunos judíos como un consuelo al no aceptar la acción de halcones tipo Kahane, Lieberman, Goldstein o Netanyahu (partidarios de un genocidio, pero con fundamentos bíblicos).

FALSO RETORNO: UNA NUEVA SOLUCIÓN DE UN ESTADO…

A mi modo de ver “la solución de dos estados”  siempre ha sido una “solución” teórica ─porque la colonización sionista no se ha detenido nunca, ni con palomas ni con halcones israelíes─ pero  diversos políticos, periodistas, militantes, intelectuales, han procurado impulsarla.  Evitando mirar hacia atrás, legitimando el despojo pasado y el arrasamiento de lo palestino, para que no llegue a ser total.

Los años pasan; el sionismo se afianza haciendo aun más teórica y fantasmagórica “la solución de dos estados” y forjando una realidad, alimentada con el paso del tiempo, que hace a su vez cada vez más irreal aquella vieja ‘solución de un estado’,  el “pluri”, el “multi” de las reivindicaciones sesentistas y setentistas.

Pero este mismo desarrollo; el ahogo y despedazamiento de la sociedad palestina, la impunidad con que cuenta el sionismo con sus apoyos cada vez más pesantes, parece gozar de viento en popa: a fines de 2016, el gobierno de EE.UU. obsequió, por enésima vez, 38 mil millones de dólares a desembolsar en 10 años a un estado como el israelí, que era ya desde antes el principal receptor de “las ayudas” de EE.UU. en el mundo entero y que tiene además enorme poder financiero, económico, militar propios─  y ahora, apenas iniciado 2017 con el flamante Trump, si algo se puede esperar es que aumente y mucho la “ayuda” que el reluctante Kerry brindaba. Tanto es así que se visualiza cada vez más una nueva “solución de un estado”. Que es exactamente la opuesta de la que recordáramos al inicio.

Se trata de un nuevo proceso de mímesis del Estado de Israel con EE.UU. mediante el cual se va configurando un archipiélago de miniterritorios, inspirados en las Indian Reservations.

Porque en EE.UU. luego de las matanzas y abusos constantes entre los siglos XVII y XIX, con los avances de la modernidad, la legislación social y los desarrollos democráticos, y un sentirse saciados porque The Union se había extendido a la inmensa mayoría de los territorios norteamericanos entre Canadá y México (al que había despojado la mitad; una superficie medible en millones de km2),  el sistema de poder de la Gran Democracia del Norte fue ingresando a una fase de coexistencia con los remanentes poblacionales originarios, admitiendo que los nativoamericanos tenían algún derecho a vivir. Descubrimiento significativo para una sociedad de piadosos cristianos, austeros y supremacistas raciales que desde el origen en la Constitución de EE.UU. establecieron el valor 0 para los originarios y el valor 0,6 para los afros esclavizados respecto de la unidad de valor para los blancos wasp.[7]

El destino de tales Reservations, un símil miniatura de la vieja vida en las praderas de las naciones indígenas norteamericanas, justamente por su carácter falso, teatral, mediatizado, ha resultado pavoroso para la sobrevivencia, tanto cultural como física, de sus miembros. Pese a intentos de distintas etnias norteamericanas  que han luchado por su dignidad, como fue el caso con una red “paraguas”, el AIM (American Indian Movement, Movimiento Indígena estadounidense).[8]

Para los sionistas que buscan una identificación siempre mayor con EE.UU., un Israel que funciona como quincuagésimoprimer estado de The Union, bien puede incorporar bantustanes en su seno, ensanchándose hasta los confines de la Palestina histórica. Cálculo seguro de sionistas, los bantustanes a deglutir carecen del rango de soberanía de un estado común y silvestre y se irán adaptando a las necesidades territoriales del estado patrón.

Pero aquí tenemos tres dificultades al menos:

1)  La del colonialismo, que es un enorme proceso histórico que, ciñéndonos apenas a los marcos de la globalización moderna, la que arranca con el descubrimiento europeo del “Nuevo Continente”, siglos XV y XVI, ha plasmado una serie de naciones modernas, o mejor dicho modernizadas en cuyo seno perdura la huella de aquellas infamias originarias. La inmensa mayoría de los estados y las sociedades resultantes portan la impronta de dominadores y dominados configurando naciones las más de las veces escindidas. Pensemos en México, Venezuela, Honduras, India, Nigeria y por qué no, sociedades aparentemente más o mejor “blanqueadas”, como Argentina o Uruguay…

2)  Hay otra dificultad mayor, si cabe: cuando comienza la globalización moderna, los europeos se daban el gusto de arrasar aldeas y exterminar a menudo a sus habitantes, hombres, mujeres, niños, ancianos, y sus cabras, conejos o gallinas (muchas veces inspirados en episodios bíblicos). En muchos casos, adueñarse de las mujeres jóvenes y repartírselas como botín (siguiendo también preceptos bíblicos).

Naciones “mestizas” de Abya Yala/América presentan el resultado de tales “políticas”.

Pero eran tiempos en que se proclamaba, hasta doctoralmente, la superioridad de “la raza blanca”. La idea de “reducir” indios fue una constante durante la larga noche de la Conquista y la Colonización, y las Indian Reservations constituyen la versión anglo de tales reducciones. Esos métodos perduraron hasta mediados del s XX.

Baste recordar en Argentina las masacres de Napalpí (Chaco) en 1924 o la de Rincón Bomba en pleno peronismo (1947), en que los militares ametrallan y dan muerte a hombres, mujeres y niños de una etnia de las sobrevivientes al  establecimiento del estado argentino moderno y su “Conquista del Desierto”. En 1924 los militares masacrarán a unos 200 qom y mocovíes. En 1947 Miguel Ortiz, delegado formoseño de la Dirección Nacional del Aborigen,  le contestará al jefe del escuadrón que le pidiera explicaciones sobre el mal estado de los alimentos llegados de Buenos Aires para ser distribuidos entre miembros hambreados de la etnia pilagá: “Qué tanto se preocupa si al final son indios”.

“La indiada” estaba virtualmente muerta de hambre porque los propietarios de los establecimientos rurales que aprovechaban la leva de población indígena para la zafra, los habían despedido sin paga. El pago final ante la digna reacción por comida en mal estado resultó una matanza generalizada que se estima acabó con la vida de más del 80% de la etnia (entre 700 y 800 seres humanos).

Todavía se podía escuchar una respuesta “espontánea” como la del burócrata Ortiz.

Pero tras la noche nazi, el racismo perdió el status aristocrático que había conservado en casi todas las sociedades colonizadoras. El racismo puro y duro dejó de ser de buen tono.

En la primera mitad del siglo XX, en Argentina y en Brasil, se usaba todavía “el ardid” que ya usaran los protestantes recién llegados a la América del Norte en el s XVII, de envenenar o contaminar comida o ropas para “deshacerse” de la población aborigen.

Hasta mediados del siglo XX, en los países nórdicos, Noruega, Suecia, por ejemplo,  donde el culto racial, el estado de bienestar y la confianza ciega en “la ciencia” corrían parejas, se emplearon diversos recursos tecnocientíficos para esterilizar o lobotomizar población “inferior”. Y en la Alemania nazi, esos recursos llevaron a la muerte a muchos “inferiores”.

Con la llegada de la segunda mitad del s XX y el reconocimiento de las atrocidades cometidas hasta y durante la 2ª.GM (en la Alemania nazi; hubo otros contendientes con comportamientos a su vez monstruosos que quedaron en penumbra), en la ONU se firmaron documentos como la “Convención para la Prevención y la Sanción del delito de Genocidio” (9/12/1948), haciendo difícil seguir con el mismo estilo para el tratamiento de poblaciones.

Ya no alcanza la cobertura de “la superioridad racial” para las atrocidades. Ya no se cubren de gloria, sino de oprobio.

El opresor procura hoy descargar “los muertos” sobre las espaldas del oprimido, como vemos desde hace años, bajo “la indiferencia del mundo” con la población de la Franja de Gaza, una Numancia del s XXI.

Para seguir ejerciendo el dominio racista o etnicista, se ha ido haciendo imprescindible apelar a otras armas, más sofisticadas, más indirectas. Los qom en la Argentina de comienzos del s XXI no han podido ser tratados como sus antecesores en 1924 o como los pilagás en 1947; en todo caso, en territorios del gobernador Gildo Insfrán, provincia de Formosa (actualmente argentina), asiento territorial de los qom, han sobrevenido sucesivos “accidentes” carreteros donde algunos qom han sido heridos o muertos (o matados).

Análogamente, no registramos al día de hoy linchamientos populares a manos del Ku Klux Klan en el sur de EE.UU. que campearon en la segunda mitad del s XIX y en la primera del s XX… En todo caso, la cantidad sobrecogedora de afros estadounidenses que han muerto recientemente a manos de la policía (blanca) resultan siempre fruto de algún afán de orden ligeramente excedido, de encuentros fortuitos, captados y socializados por los métodos de registro hipersensibles y omnipresentes hoy vigentes.

Tampoco resulta fácil “salir a matar” indios o palestinos en grandes batidas y en todo caso, se opta por lo que ya señalamos con Israel en la Franja de Gaza: un cerco que vaya provocando un desquicio social, nutricional, habitacional, psíquico racionando alimentos, medicamentos y hasta agua. Si en Gaza sobreviene un ataque militar del ejército de “Defensa” israelí estará “justificado” por alguna “provocación” del fanatismo islámico o similar.[9]

3) Hay además un “detalle” demográfico que echa aún más por tierra la pretensión de reeditar “la solución”: los EE.UU. de Norteamérica, con una población total de algo más de 300 millones de habitantes, no tienen ni el 1% de nativoamericanos (por supuesto que la comparativamente exigua población nativa proviene de las atroces persecuciones sufridas pero también de su propia densidad muchísima menor que la de la población europea). En Palestina/Israel los palestinos cuentan con una población aproximadamente del mismo caudal que los israelíes de origen judío, grosso modo 50% y 50%.

El-Ad trata de unir dos moscas por el rabo: “La ocupación es sostenible a nivel internacional […] porque hasta el momento el mundo se niega a tomar una acción efectiva.” Y luego de reconocer así la impunidad de Israel, prácticamente desde su inicio, siempre fijada en su rol de víctima que la exonera de sanciones al infringir tantos tratados y acuerdos internacionales (negarse a que se le revise y controle sus instalaciones militares nucleares; arrebatar suelo palestino violando acuerdos; restricciones de derecho para población milenariamente establecida en el territorio, etcétera), afirma: “Israel es un país soberano establecido a través de la legitimidad internacional otorgada por una decisión histórica de esta misma institución en 1947” (ibíd.).

Ya explicamos la delgadez extrema de esa legitimidad[10] y ya vimos cómo Israel se adueñó de un territorio mayor al acordado por la ONU (que a su vez había dispuesto del territorio contra la voluntad de sus habitantes).

Avigail Abarbanel,[11] no solo judía sino criada en Israel desde niña, explica su abandono de la comunidad que la fue configurando y da dos motivos esclarecedores: la “historia de persecución es tan inseparable de su identidad [de los judíos] que no pueden ver más allá de ella […]. En la psicología humana, una vez que has sido objeto de abuso sientes que ya no eres igual que los demás. Pero cualquiera que sufrió abusos y está traumatizado tiene el deber de ser mejor y de no permitir que el miedo y la victimización se conviertan en su identidad.” Y enfatiza: “No sólo has permitido que el trauma se convierta en tu propia identidad, sino que lo has glorificado y lo estás adorando como a un dios.”  ¡Aprecie el lector la identidad de este pasaje con el de Atzmon (n. 6)! Y si bien ésta es una crítica fuerte porque habla de la formación de un carácter social, Abarbanel avanza a otro aspecto que considera aún más significativo: “El segundo y más importante asunto que me molesta es el crimen que se ha cometido y se sigue cometiendo [… los sionistas] han optado por crear un gueto judío que lo imaginan un refugio seguro, en una tierra que estaba totalmente poblada.” Esta segunda objeción de Abarbanel focaliza en el crimen de la colonización que arrasa sociedades preexistentes. Basados en la pura fuerza.[12] Rechaza pasar de la condición de cordero a la de lobo que postula Netanyahu y cumplen tan amplios sectores de la sociedad israelí.

El imaginario social de fines del s XX y actual s XXI nos indica que no hay viabilidad para construir Palestinian Reservations como se hicieran hace siglo y medio las estadounidenses.

notas:

[1]  Véase Naseer Aruri, El mediador deshonesto, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2006.

[2]  Greenwald, G., “EE.UU. admite que Israel marcha hacia un régimen de apartheid permanente después de darle 38.000 millones de dólares, The Intercept, octubre 2016.

[3]  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=218113&titular=la-ocupaci%F3n-se-sostiene-porque-el-mundo-se-niega-a-actuar-

[4]  B’Tselem es una organización israelí de origen judío que procura conciliar el universalismo de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, ONU, 1948, con el Estado de Israel fundado sobre bases etnicistas, de un pueblo con su dios. En su propia presentación, B’Tselem declara su empeño en  «crear una cultura de derechos humanos en Israel.» (http://www.btselem.org/about_btselem). Lo cual nos hace pensar que no debe ser mucha su existencia.

[5]  Guerra judeo-árabe de 1948.

[6]  Gilad Atzmon, quien ha roto con su origen y/o perfil judío ofrece una jugosa interpretación del judaísmo: que en Israel se ha ido gestando una nueva religión (etimológicamente, ligazón) que ya no pasa por un dios sino por el dolor judío universalizado en la figura de El Holocausto, que permite erigir al propio judío en dios.

[7]  No cualquier blanco tampoco. Latinos, irlandeses, eslavos no se incluían entre los aceptables  habitantes del nuevo estado en el Nuevo Continente. Observe el lector que el rango señalado, esa magnitud para “los indios”, el cero, expresa aritméticamente la idea de genocidio. A la población afro, en cambio, se la estimaba como servidumbre.

[8]  El AIM procuró cierta autonomía en las Indian Reservations como la de Lakota Pine Ridge; las autoridades policiales trataron de “sujetar a la tropa” como habitualmente y en una refriega hubo dos policías muertos: por tal hecho se acusó a Leonard Peltier, lakota, y ha sido encarcelado desde 1976, ininterrumpidamente, 41 años. Se le acaba de denegar, una vez más, la libertad.

[9]  I. L. Peretz, judío, visionario, a mediados del s.XX, se ponía en guardia ante el sionismo, ese “gato virtuoso” que ahoga a sus víctimas sin hacer correr la sangre…

[10]  “El establecimiento de Israel en Palestina. 1948. El testimonio de Jorge García Granados, de la comisión de la ONU”, 29 jul 2013. www.rebelion.org › Palestina y Oriente Próximo.

[11]  “Por qué abandoné el culto”, <http://www.rebelion.org/noticia.php?id=218037&titular=por-qu%E9-abandon%E9-el-culto->

[12]  Ilan Pappe, historiador de origen judío, que también ha roto con “el culto” a lo judío, ha escrito una estremecedora investigación,  La limpieza étnica de Palestina.

Publicado en Palestinos / israelíes, Sociedad e ideología

¿De donde provienen las atrocidades en el comportamiento israelí y su persistente impunidad?

Publicada el 05/02/2017 por ulises

por LUIS E. SABINI FERNÁNDEZ

Uno a menudo queda atónito, con una sensación profunda de desagrado, interrogándose acerca de cómo pueden soldados israelíes cometer algunos actos tan miserables, abusivos, tan desoladoramente inicuos.[1]

Y uno hace tales juicios a partir de sus puntos de vista. Implícita, inconscientemente, uno elabora estos juicios o sensaciones a partir de sus propios patrones de conducta.

Pero hay que conocer las raíces de tales comportamientos para mejor entender la situación. Que no significa, necesariamente, aceptarla, como podríamos deducir del famoso pensamiento de Mme. de Stäl; “Comprenderlo todo es perdonarlo todo”.

El abordaje de los textos de los fundamentalistas judíos, particularmente los articulados en organizaciones como Gush Emunim,[2] nos permite ingresar al universo de valores de sus sostenedores y captar sus puntos de vista.

Antes de abordar este universo, quiero hacer una referencia, un agradecimiento y un reconocimiento a Israel Shahak, el judío polaco internado en 1943, a los 10 años, en un campo de concentración nazi junto con sus padres, del cual escapan la madre y él luego de la muerte de su padre y que al final de la guerra se embarca gozoso como novel sionista en un barco con rumbo a Palestina, es decir Sion. Según el mismo Shahak, ese viaje y la organización verticalista de la tripulación sionista a bordo, lo puso en alerta respecto de ese mensaje. Pero era adolescente e iba a tardar unos años en darse cuenta que el sionismo y su portavoz David Ben Gurion querían algo radicalmente distinto a lo que él valoraba.

Sus muchas contribuciones revelaron siempre que la humanidad (lo universal) se anteponía a la comunidad o la tribu (lo particular), como aconteció con su denuncia de un episodio en que un judío piadoso no acepta en sabbath ceder su teléfono para una asistencia médica urgente a un no-judío.

Shahak se dedicó a traducir al inglés sugestivos textos que hasta entonces circulaban sólo en hebreo. Gracias a él, entonces, hemos podido acceder en los ’80 al Plan denominado con el nombre de su autor, Oded Yinon, un estratego israelí que diseña el viejo “Divide y vencerás” sobre los estados y países limítrofes o cercanos a Israel (Irak en 3 partes, Egipto en 6, Sudán en 2, Siria en 5, etcétera).

Shahak también ha traducido al inglés textos fundamentalistas de la religión judía que arrojan luz sobre los comportamientos tanto de la sociedad israelí como de sus elencos religiosos y militares para con los palestinos (y otras poblaciones no judías).

Es imposible magnificar el significado de la labor esclarecedora de Shahak respecto de textos de las organizaciones religiosas que han ido tomando cada vez más peso dentro de la militarizada sociedad israelí. Textos escritos en hebreo  y que a menudo  dichas redes muy sectarias ni siquiera traducen para sus propias reparticiones fuera del país. Es de imaginar que si entre judíos está restringida la circulación de algunos pensamientos, ¡lo que quedará para “el mundo exterior”, el “ancho y ajeno”!

Glosaremos sucintamente el trabajo de Shahak y Mezvinski (en adelante, SyM) titulado El fundamentalismo judío en Israel. [3]

Sabemos que la formación del Estado de Israel proviene de una curiosa combinación de judíos askenazíes que tenían un muy débil  vínculo con la tierra palestina, asiento histórico de diversas poblaciones, entre ellas la judía, que a menudo coexistieron. La población judía no fue ni la originaria ni la única ni la última.

El sionismo surge como un movimiento de reafirmación de la perseguida identidad judía. Pero no surge en cualquier lugar de la difundida territorialidad judía de fines del s XIX. Surge específicamente en la comunidad askenazí de la Europa Central. No surge, por ejemplo, en las numerosas poblaciones judías existentes en el mundo islámico. Theodor Herzl, uno de sus fundadores, estaba convencido que la solución a los padecimientos judíos, a su discriminación, a la maldición cristiana contra los que condenaran a Cristo pasaba por hacer “rancho aparte”. Llega a estimar, en términos político-tácticos, al antisemitismo como un aliado para favorecer esa separación.[4]

El sionismo se presenta inicialmente como un movimiento laico, no confesional, pero que no quiere romper con la religión judía, en realidad parece querer aprovecharse de ella. Poco a poco empiezan a entender que el único vínculo ligador (religare, origen etimológico del vocablo religión) que tiene lo judío es lo religioso; la Torah y otros libros “sagrados”. Pero por eso también se va constituyendo cierto judaísmo refractario al hecho sionista. [5]

Desde el comienzo el sionismo emplea un doble mensaje que no se sustenta en dialéctica alguna: ─encarnamos una solución social, material, para erigir un estado judío y lo hacemos en el territorio que Yahvé “nos” [6] encomendara (hace siglos, más bien milenios). ¿Materialista y terrenal o místico en contacto con alguna divinidad?

E inmediatamente, llevando el proyecto a la realidad: ¿Cómo se puede elaborar semejante solución a la vista de toda la población (palestina) que habitaba esa misma tierra, que la Biblia denomina Sión y que  los contemporáneos denominaban Palestina? [7] Palestinos que el mismísimo Ben Gurion calificaba como los verdaderos descendientes de los judíos bíblicos (islamizados). Claro que eso lo dice Ben Gurion  hasta fines de la década del ’20, luego, nunca jamás.

Entendemos que para superar el tremendo obstáculo de la presencia “ajena”, de una sociedad viviente en donde uno pretende ser el dueño absoluto se necesita una ingente elaboración ideológica que le otorgue impunidad psicológica al despojo que se aprestan a hacer. Por ejemplo, denominar la conquista de la tierra palestina “redención” tiene una enorme carga ideológica: no se trata de conquistar la tierra, como vulgares invasores; se redime esa tierra; se le quita a “usurpadores”  o meros ocupantes y se la devuelve a su verdadero, profundo, eterno sentido; el que le diera, según escrituras, un dios a la tierra “de la leche y la miel”.

Esta autoasignación de un papel tan especial a los judíos, en rigor a los askenazíes, calza como el guante en la mano con la noción de “pueblo elegido”, tan elaborada dentro de la colectividad judía.

Es a partir de asegurarse la excelencia propia que se puede empezar a desechar todo prurito, toda noción de respeto hacia lo ajeno. Como nos enseñó Tikkanen, el dibujante, el Quino finlandés: “Mi moral es tan pero tan buena que no se daña haga yo lo que hiciere.” Eso es partir de la excelencia propia. En el caso sionista, autorizada, refrendada, absolutizada, eternizada por un tal dios, presuntamente judío.

SyM relatan cómo los grupos religiosos van tomando más influencia en la sociedad israelí que hasta la década de los ’70 estuvo gobernada al menos nominalmente por “laicos”.[8] Hasta entonces −aclaran− Moshe Dayan, la dirección del estado sionista y sus inseparables aliados de EE.UU., buscaban una cierta alianza o convivencia con los clanes palestinos mediante la cual Israel ocupaba toda tierra palestina que no estuviera en  uso por sus habitantes ─y de ese modo comía tierras como un pacman─ y cedía, o más bien  prometía ceder, el gobierno sobre las reducidas poblaciones palestinas a esos clanes.

Esta estrategia se basaba en la existencia de al menos dos actores: judíos sionistas y palestinos.

Desde 1967 la situación político-militar y social cambia radicalmente en Palestina/Israel, cuando Israel ocupa el 22% restante de la Palestina histórica (que no había sido deglutida en 1948, cuando la fundación del Estado de Israel). Y los dirigentes sionistas y un buen sector de la sociedad israelí entienden que existe únicamente un actor; los que encarnan a Sion.

Gush Emunim, apoyado en Shimon Peres, por entonces ministro de “Defensa” [9] −en ese permanente carrousel de los dirigentes “históricos” entre los puestos “clave” de la dirección sionista− se va convirtiendo en referente  y árbitro de la situación en “los territorios ocupados”.

Peres, catalogado como “paloma” le otorgará cada vez más “sitio” a la intolerancia religiosa en la configuración del nuevo Israel, ahora ensanchado y embarcado en una política de ocupación territorial que no era nueva (había empezado en 1948, y en rigor, mucho antes, aunque “privadamente”), pero hasta 1967 muchos partidarios de Israel se limitaban a considerar el engendro sionista únicamente como expresión de la mera sobrevivencia (construcción mental que contaba con la inercia de lo acontecido con los nazis durante la década del ’40). Esa visión era común a mucha intelectualidad “de izquierda”, como Jean-Paul Sartre; tendrán que aparecer pensadores y luchadores del Tercer Mundo, como Franz Fanon, Abdelwahab Elmessiri o Edward Said y judíos más ávidos de verdad que de poder, como el comunista francés Maxime Rodinson, para ir desmontando esa construcción ideológica (que hasta entonces habían criticado algunos historiadores y filósofos, como Mahatma Gandhi o Arnold Toynbee, pero siempre aislados de las corrientes dominantes).

SyM presentan múltiples ejemplos del proceso de fundamentalización religiosa del EdI. Tomemos apenas algunos. En febrero de 1994 un médico judío norteamericano, admirador de los rabinos Meir Kahane y Menajem Mendel Schneerson, alias Rebe Lubovitcher,[10] armado de fusil ametralladora ingresa a la Cueva de los Patriarcas en Hebrón y ametralla por la espalda a quienes estaban orando prosternados, matando a varias decenas de adultos y niños e hiriendo con la balacera a más de un centenar. Pasado el impacto, sobrevivientes se lanzaron sobre el atacante, Baruch Goldstein, que fue matado a golpes en el acto.

Este episodio tuvo enorme repercusión “periodística” en su momento. La prensa “vampiro”, atraída por la sangre, contó en todos los tonos el episodio, la cantidad de víctimas, etcétera. Lo que la misma prensa omitió, cuidadosamente, fueron las repercusiones del acto y su incidencia entre palestinos y en el Estado de Israel. SyM, judíos, tomaron sobre sí esa tarea en el caso de Israel y nos presentan una serie de elementos que nos permiten conocer mucho más seriamente y menos espectacularmente que con golpecitos mediáticos, a la sociedad israelí.

Saber, por ejemplo, que el médico Baruch Goldstein se negaba a atender y curar árabes en general incluidos soldados incorporados al ejército sionista.[11] Rechazo al juramento hipocrático que nunca hizo que las autoridades respectivas lo condenaran. Goldstein se atenía, explicó, únicamente a la autoridad de Maimónides[12] y Kahane. De ese modo entendía cumplir un comportamiento halajático.[13] SyM nos recuerdan que aunque hubo intentos de colegas médicos judíos de cuestionar el comportamiento de Goldstein “la cuestión de qué hacer con un oficial que abiertamente rehúsa obedecer órdenes invocando la Halajá nunca se resolvió” y permite abonar la tesis de SyM acerca de “la omnipresencia de la influencia de los partidos religiosos sobre el ejército israelí.”

Ante la matanza surgió la versión, obviamente echada a correr, de que había habido un ataque masivo, patoteril, de árabes sobre Baruch Goldstein y que éste vendió cara su vida, permitiéndoles “finalmente comprender que la sangre judía no podía ser derramada impunemente.” Está inversión de la verdad (fenómeno mediático de altísima frecuencia) fue desmentida −y hay que alegrarse− por judíos como Nahum Barnea, periodista.

El episodio generó, inevitablemente, cierto debate en la sociedad israelí, y como bien aclaran SyM en ningún momento la prensa abordó el hecho como asesinato o asesinato colectivo o asesinato masivo. La causa es –en términos religiosos judíos− obvia: cualquier muerte de no judíos a manos de judíos no se considera, bajo ninguna circunstancia, asesi-nato. Puede estar incluso prohibido matar no judíos, pero “especialmente cuando causa peligro a los judíos.” Entrevistado por el recién citado Barnea, acerca de “la pena” que le provocaba lo acontecido, Levinger, guía de Gush Emunim, declaró: “Siento pena no sola-mente respecto a los muertos árabes sino también respecto a las moscas muertas.” Más claro el regocijo ante el acto de Goldstein, imposible, más cierta muestra de “humor judío”. Y observemos: queda patentizado el desprecio por vidas no judías.

El entierro de Goldstein fue realizado en medio del mayor entusiasmo. Sus organizadores, los “colonos” de Kiryat Arba, un terreno de los tantos confiscados con violencia a los palestinos, aclamaban en todas las transmisiones televisivas a Goldstein como un mártir. Pidieron, pese al toque de queda, desfilar con el cuerpo por todo Hebrón[14] para vejar con el recuerdo a los palestinos.

A dos días de la matanza, las paredes de Jerusalén y sus cercanías estaban totalmente cubiertas con afiches “alabando las virtudes de Goldstein y lamentando que no hubiese matado a más árabes”. “Los hijos de los religiosos que fueron a manifestarse a Jerusalén llevaban insignias en las que estaba escrito: ‘El doctor Goldstein curó las enfermedades de Israel’.”

De más está decir que la tumba de Goldstein se ha convertido en centro de peregrinación y que a Goldstein se le atribuye contacto directo con dios. “El rabino Israel Ariel dijo: ‘El santo mártir Baruch Goldstein, desde ahora es nuestro intercesor en el cielo. Goldstein no actuó como individuo; él escuchó el lamento de la tierra de Israel, que nos está siendo robada día a día por los musulmanes’.[¡sic!]”

SyM hacen todo un fresco social de Israel y de la extraordinaria receptividad que ha tenido Goldstein, como en su momento Kahane y otros “héroes” y “mártires”, entre los religiosos e incluso, aunque con más desconcierto e indecisión, entre muchos judíos seculares. Quienes han condenado esa matanza en Israel han s¡do muy, muy pocos.

El episodio y el escamoteo de sus secuelas, que acabamos de relevar mínimamente nos deja una interrogante: ¿por qué la atrocidad de festejar la atrocidad de Goldstein no ha tomado estado público? Ahí vemos el papel de los medios de incomunicación de masas.

Otro hecho de sangre, el asesinato fríamente calculado de Yitzhak Rabin, a manos de Yigal Amir, también él un judío archirreligioso, estudiante de los “libros sagrados”; un “puro”, nos puede permitir calibrar mejor el carácter de la sociedad israelí. Este episodio es también seriamente abordado por Shahak y Mezvinski.

Ambos, Goldstein y Amir, judíos fervientes, guiados, según ellos, por la mano de su dios, el mismo para ambos.

La diferencia fundamental entre el asesinato de los palestinos orantes y el de Rabin estriba en que en el primer caso los matados son no-judíos y en el otro, la víctima es judía. De allí proviene un tratamiento incomparable en uno y otro caso.

Para la ortodoxia judía, así como dijimos que matar no-judíos no se considera asesinato, lo llevado a cabo por Amir es un asesinato en toda regla (y a sangre fría).

Así, aunque ambos invoquen sentirse guiados por su dios y sus designios, el establishment israelí ve con indulgencia lo acontecido en la Cueva de los Patriarcas en 1994 y en cambio, le resulta inaceptable el acto de Amir en 1995. Ha sido encarcelado y lleva así más de 20 años. Lo cual habla de la gravedad con que se considera su acto.

Aunque Amir fue respaldado por un estrecho círculo de afines y se ha casado (y tenido hijos) estando en prisión, el establishment sionista no lo ha perdonado.

El peso creciente que diversos investigadores atribuyen a los rabinos dentro de las filas militares israelíes (y fundamentalmente de los rabinos más sectarios y ortodoxos, más identificables con el militarismo); la solvencia “profesional” de los soldados israelíes religiosos que les ha generado gran aprecio en los mandos militares con repercusión social (recordemos que el EdI tiene un altísimo índice de militarización en todo su tejido social); el cada vez más pesante poder de los rabinos sobre los creyentes dentro de Israel, el desplazamiento cada vez más acentuado de la población israelí hacia las capas más privilegiadas del planeta; todo eso ha ido acentuando aún más, el carácter colonialista, racista del emprendimiento inicial. Y el fundamentalismo religioso explica también la “facilidad” de los israelíes para dañar o matar palestinos o para aceptar pasivamente el ejercicio de atrocidades cotidianas (a veces sin sangre, pero no por eso menos vejatorias y abusivas).

Una conclusión del mismo Shahak que José María Ridao expone en la reseña del último libro de Shahak, Historia judía, religión judía. El peso de tres mil años.[15]

Según Ridao, glosando a Shahak, ‘el propósito último del sionismo ha sido más el de restablecer el poder religioso, de los rabinos, secularizándolo, que el de oponerse al antisemitismo en virtud de un rechazo taxativo de cualquier forma de discriminación.’ ‘De ahí que el Estado de Israel haya vuelto a desempeñar, «en una forma acentuada, a escala global y en circunstancias más peligrosas», el mismo papel ambivalente que la comunidad clásica’: según Shahak, con el sionismo se trata de  construir  una «Esparta judía» hacia dentro y actuar, hacia fuera, como «administrador de un opresor imperial» (“La Esparta Judía”, El País, Madrid, 1/3/2003).

Esta “Esparta” administrando una opresión imperial se emparienta asimismo con el nazismo, parentesco que entrevió y denunció reiteradamente Yeshayahu Leibovitz, un rabino heterodoxo y sin pelos en la lengua. Mirando históricamente la cuestión, tal vez sea más apropiado ubicar al nazismo como vástago del sionismo que al sionismo como vástago del nazismo. Vástago no reconocido, incluso repudiado, pero vástago al fin. De un racismo purista, totalizador, omnicomprensivo. Y mucho más exitoso que el nazismo.

A la vez, me permito presentar otro enfoque acerca del significado del sionismo. Gilad Atzmon traza un razonamiento paralelo al de Ridao, pero con otras derivaciones. Atzmon entiende que el sionismo institucionalizado en el Estado de Israel ha sustituido la deidad de la religión judía tradicional, Yahvé, o como se llame, por una nueva deidad, que es el  “Holocausto”,[16] como entidad acabada, indiscutible con una liturgia fija, preestablecida.[17]

Mahmud Ahmadineyad, durante su presidencia iraní, hizo a menudo públicamente una pregunta: la historia es algo parcialmente conocido, siempre verificable, a menudo modificada para acercarse a una  comprensión más cercana a la verdad; las investigaciones históricas son el pan nuestro de cada día de los historiadores, ¿por qué el “Holocausto” es un acontecimiento cerrado, resuelto, que no admite la investigación; varios estados en el mundo penan lo que consideran el delito de preguntarse, dudar, cuestionar acerca del “Holocausto”.[18]  Seguramente esta observación metodológica le ha valido a Admadineyad el calificativo de “Satán”  pero, en verdad, el relato del “Holocausto” es más propio de una liturgia religiosa, dogmática, que del saber científico. Lo que dice, justamente Gilad Atzmon, ya no persa ni árabe sino de origen judío (aunque Atzmon ha renunciado públicamente a dicha condición): “El Holocausto se sitúa a sí mismo como una verdad eterna que trasciende el discurso crítico.”

Seguimos con Atzmon: “En un determinado momento se le dio un excepcional status megahistórico a un capítulo horrible de la historia de la humanidad.  Su ‘facticidad’ se selló con leyes draconianas  y su lógica fue salvaguardada por instituciones políticas y sociales.  Obviamente, la religión del Holocausto es judeocéntrica hasta la médula. Define la raison d’être judía. […] Considera al goi un potencial asesino irracional. Esta nueva religión judía predica la venganza. Muy bien podría ser la religión más siniestra […] ya que en nombre  del sufrimiento de los judíos concede licencias para matar, arrasar, arrojar bombas nucleares, aniquilar, saquear, hacer limpieza étnica.” (ibíd.)

Desarrollando la conversión del “Holocausto” en religión se ha hecho innecesaria la presencia de un dios, como Yahvé: “En vez de requerir un dios abstracto para que designe a los judíos como Pueblo Elegido, en la religión del Holocausto los judíos suprimen a este intermediario divino y simplemente se eligen a sí mismos.”  (p. 186).

Lo certero de la idea de Atzmon se verifica al ver cómo coincide con el comporta-miento cotidiano de tantos hijos de los kibutzim, de israelíes de nuestro presente. Se sienten semidioses. Actúen como festejantes, como turistas o como soldados ante los palestinos.

Lo judío como nueva señorialidad por encima del derecho que “iguala” (falazmente) a los seres humanos.  Perfectamente a cubierto por el control mediático y simbólico que tan lúcidamente han desnudado investigadores como, p. ej., Johannes Wallström, judío-sueco hoy exiliado de Israel (vinculado a wikileaks).

[1]  Pongamos apenas un par de casos entre incontables expresiones de esta sistemática “tortura social”: 1) en las áridas tierras palestinas, y con la odiosa política discriminatoria que ejerce Mekorot, la empresa nacional de agua (otorga a judíos israelíes unos 6 litros por cada litro que otorga a algunos palestinos; a otros solo agua sucia) cuando una familia palestina construye una mínima alberca de no más de un metro cuadrado de superficie, para ver de acumular algo de la escasa agua de lluvia, los soldados israelíes  la destruyen sistemáticamente y con pesadas advertencias; 2) a menudo, las autoridades militares (o estatales, es lo mismo) israelíes consideran que el delito cometido por alguien, aparte de cárcel ─previa tortura e interrogatorios─, merece además la demolición o el sellado de la vivienda del presunto malhechor. ¿Qué es el sellado de la vivienda?: desde el techo se vierte cemento fresco hasta alcanzar casi la altura de la casa en sus diversas habitaciones. Congelada así en el tiempo y en el espacio. Con sus instalaciones, sus ropas, sus libros, su vajilla… Generalmente es la etapa previa a la demolición, que puede demorarse. Así “petrificada” la casa proyecta una luz atroz sobre la resistencia palestina…

[2]  Agrupación judía ortodoxa afincada en territorios cisjordanos que el EdI ha ocupado desde 1967, responsable de buena parte de las colonizaciones o asentamientos desde entonces.

[3]  Israel Shahak y Norton Mezvinski, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2015. Original: Jewish Fundamentalism in Israel, Pluto Press, Londres, 1999.

[4]  Algo que dará lugar, tiempo después, a una cierta confluencia entre nazis y sionistas, cuando durante la década del ’30 ambos movimientos coincidan en el interés por una separación, física, territorial. La cuestión, empero, no es tan sencilla, porque sionismo y nazismo tienen otras sugestivas semejanzas, por ejemplo su “vanguardismo”.

[5]  Entre los recientes, por ejemplo, el formidable alegato de Jakob Rabkin, Contra el Estado de Israel.

[6]  ¿A quiénes? ¿A judíos que ni siquiera creían en dios?

[7]  Los mismos judíos religiosos, en los comienzos sionistas, veían esa población en el país del que el sionismo proponía adueñarse: dos rabinos fueron invitados en tiempos del Primer Congreso Sionista (1897) a visitar “la tierra prometida” más bien en secreto y el telegrama que comenta sus impresiones rezaba en términos ligeramente cifrados: “La novia es muy bonita, pero ya está comprometida.”  Estos rabinos visualizaban la realidad cotidiana palestina con su impronta islámica (más allá de la administración por entonces turca, luego inglesa).

[8]  “Laico sionista” es una terminología crecientemente insostenible, un oxímoron.

[9]  En la terminología orweliana del sionsimo se denomina Ministerio de Defensa a la organización militar de origen terrorista que constituye las fuerzas armadas oficiales y públicas del Estado de Israel.

[10] Kahane fue otro rabino norteamericano que predicó abiertamente el odio y el asesinato de árabes. Tenía su ejército particular, una banda de fanáticos y/o matones. Lubovitcher es otro rabino, seguidor de los rabinos Kook, de la extrema derecha judía, empeñados en distinguir la calidad humana de los judíos de la calidad no-humana de los no judíos. Leyó bien; este racismo inaudito tiene antecedentes y vigencia.

[11]  Hasta donde sé podría tratarse exclusivamente de árabes drusos, una secta muy escindida de chiíes y suníes, las dos grandes ramas del Islam.

[12]  Maimónides, compilador extraordinario,  es un rabino medieval tenido por sabio por haber fijado posición en diversas cuestiones religiosas. Tomo un ejemplo de los tantos que dan Shahak y Mezvinski: Maimónides recomienda matar a heréticos (judíos), es decir a los que niegan la Torah. Pero si quien sabe de esa herejía no tiene el poder de matarlo “debe comportarse tan traidoramente con ellos que la muerte sea el resultado.” Como se ve, consejos útiles y prácticos para el comportamiento cotidiano…

[13]  En hebreo, el camino de la conducta deseable.

[14]  Ciudad con unos cien mil habitantes palestinos y algunos centenares de judíos.

[15]  Edición en castellano, Antonio Machado Libros, Madrid, 2002. Prólogos de Gore Vidal y Edward Said.

[16]  Véase el formidable La industria del holocausto, de Norman Finkelstein, que define al “Holocausto” “como representación ideológica del holocausto nazi […con] una conexión, si bien tenue, con la realidad […en] su mayor parte inservible; no constituye un tributo al sufrimiento judío sino al engreimiento judío.”

[17]  Atzmon aclara en su compilación La identidad errante (Editorial Canaán,  Bs. As., 2013) que esa idea la encontró en Yeshayahu Leibovitz, un fermentario pensador que ya citamos.

[18]   Al menos 14: Alemania, Austria, Bélgica, Canadá, Eslovaquia, Francia, Liechtenstein, Lituania, Nueva Zelanda, Países Bajos, Polonia, la República Checa, Rumania y Sudáfrica.

Publicado en Palestinos / israelíes

Israel: ¿pluralismo o lavado de imagen?

Publicada el 26/12/2016 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Que un estado etnicista nos muestre en un lugar mediáticamente prominente a alguien que no pertenece a la etnia que se supone que ese estado expresa, nos muestra una instancia de pluralidad digna de examen.

En Israel tenemos de presentadora de un canal en hebreo, el más visto, a una árabe israelí.

Es la prueba “perfecta” de la pluralidad y la democracia israelí.

Lucy Aharish, 35 años, ha sido elegida además para encender la antorcha de homenaje a “los israelíes revolucionarios” en la ceremonia del Día que Israel ha declarado como “de la Independencia”, en el Monte “Herzl”, es decir en el monte que lleva el nombre del fundador del movimiento sionista y transitivamente del estado sionista, aunque no alcanzó a verlo en vida.

El Estado de Israel (en adelante EdI) se funda mediante una transacción de la dirección política sionista. Al hacérsele tan difícil el vaciamiento total del territorio sobre el que se quería implantar el EdI, siguiendo “mandatos” religiosos, bíblicos e históricos, sus dirigentes[1] aceptan erigirlo con una minoría árabe incluida (minoría que también fue aprovechada cumpliendo funciones económicas, haciendo las tareas menos calificadas o peor pagadas de la nueva maquinaria societal y estatal sionista).

Es de esa minoría (que se estima en un 20% de la población total del EdI) que proviene Lucy.

Su grado de integración mental al EdI es llamativa.

Lucy nos dice con total seguridad: “Cuando la gente me pregunta ‘¿Qué eres?’ yo digo que soy israelí […] Después soy una mujer, y después soy árabe musulmana.”

Esta penosa declaración no le ha sido arrancada en una coyuntura extraña o descontextualizada.

Según la info de internet, en 2015, ya se había expresado en los mismos términos y la reiteración revela la importancia que le asigna: “Ése es el orden: israelí, mujer, árabe musulmana” (en una entrevista con el Times de Israel).

Con lo cual nos damos cuenta de la consustanciación ideológica de esta presentadora televisiva con el EdI.

Lucy ha sido conocida en “las redes” por haberse expresado en inglés en lugar del habitual hebreo respecto de la tragedia en Aleppo.

Y por ello ha tomado estado mucho más público lo que ella piensa y considera.

Refiriéndose a esa peripecia dice con tino que no quiere saber quiénes están “en lo correcto y quién equivocado. Quiénes son los buenos y quiénes son los malos, porque nadie lo sabe. Y francamente no importa. Lo que importa es que está sucediendo, ahora mismo frente a nuestros ojos.”  Completa: “y nadie en Francia, en Reino Unido, Alemania o América [EE.UU.], está haciendo nada para detenerlo.” Cabe preguntarse por qué no pregunta sobre otros intervinientes, como Rusia, Turquía, Irán, Israel. Pero dejamos la incógnita sin respuesta.

Su planteo, su orden de preferencias, nos hace acordar al sentimiento de pertenencia exigido por el nazismo y el fascismo en la primera mitad del siglo XX. Sus ideólogos sostenían que la pertenencia al estado era la primera y principal; en segundo y tercer lugar podían caber la pertenencia laboral y local (imaginamos que también el sexo o la etnia). Justamente ésa fue opción clave con la que el nazismo y el fascismo se oponían a filosofías como la del marxismo, que ubicaba como pertenencia fundamental o principal la de clase, o como la del anarquismo que reivindicaba como atributos básicos aspectos individuales; su vocación, su sexo, su condición de poeta o de atleta…

Para los nazis la pleitesía al guía de la nación estructura a toda la sociedad. Si divinizamos al estado, podríamos saltearnos al guía (al führer)…

 

Volvamos a Aharish. Ella nos aclara que lo que pasa en Aleppo es un genocidio. De acuerdo. Agrega: “Déjenme ser más precisa. Es un holocausto.”  Esta precisión es perfectamente ideológica,

La diferenciación expresa otra  vez la identificación que tiene con el Estado de Israel… y con la mitología que se ha ido forjando a partir de las atrocidades sufridas por los judíos durante la vigencia del 3er. Reich.

Para Aharish genocidio no tiene la atroz trascendencia que tiene “holocausto”. El empleo de esta denominación requiere varias explicaciones.

Al usar este término, “holocausto”, va contra aquellos judíos muy identificados con la noción de “pueblo elegido” que entienden que lo ocurrido en Alemania en los ’40 con los judíos es algo incomparable con cualquier otro genocidio habido en la historia humana.

Entonces Aharish cumple con la profesión de fe ideológica del sionismo al situar por encima de todo a las atrocidades vividas por los judíos bajo el  nazismo y asumir su vocabulario,[2] pero a su  vez la subvierte porque aplica el término “holocausto” al destino trágico de población no judía (que no es la de El Libro); musulmanes, en suma. Como el de tantos palestinos que han sido matados durante la resistencia al implante sionista en Palestina.

Su condena tan fuerte a la inmovilidad, a la abulia política, el no reaccionar frente al destrozo de vidas humanas en Aleppo es respetable y compartible. Pero Aharish remata sus imprecaciones con algo difícil de tragar: “Me da vergüenza que el mundo árabe esté siendo tomado como rehén, por terroristas y asesinos y que no estemos haciendo nada.”

Se equivoca: desde Israel no es que no se está haciendo nada; ¡se está haciendo algo y cómo! Que lea a Oded Yinon. Su juventud no puede ser escudo de ignorancia tan supina. Ni siquiera su condición de periodista.[3]

Lucy es un lujo ideológico de Israel  que tranquiliza escrúpulos de judíos democráticos y es a su vez tolerada como coartada por los más ortodoxos.

Es más bien, entonces, la prueba ferpecta de la pluralidad y la democraticidad israelíes.

Lucy encarna la figura de “el cipayo perfecto”.

[1]  Mayoritarios. Porque había sionistas que aceptaban de buen grado una convivencia con los árabes, como es el caso de Martin Buber.

[2]  El vocabulario empleado por Aharish es en realidad el que Hollywood difundió como propio de la tragedia de “la solución final” nazi a la cuestión judía. ¿Por qué se acuñó el término “holocausto” para hacer referencia a dicho genocidio? Holocausto en la Biblia es “apenas” la ofrenda con sacrificios de animales que los judíos le hacían a su dios. Véase al respecto La industria del holocausto, una investigación formidable de Norman Finkelstein.

Habría un motivo para aplicar el término “holocausto” a la peripecia judía en Alemania y sus zonas de influencia (1941-1945): hay judíos que consideran que se trató de una expiación para “el pueblo judío” por sus incumplimientos… No es una posición que alberguen muchos judíos.

[3]  La excelente escritora, reportera y periodista María Esther Gilio solía definir que los conocimientos de un periodista, para ser mínimamente aceptables debían ser tan amplios como el de un océano, pero que su profundidad, por ello mismo, no solía ser más que la de un charco de lluvia.

Publicado en Palestinos / israelíes

Acercamiento político-ideológico entre EE.UU. e Israel

Publicada el 27/11/2016 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

A LEONARD PELTIER, SIUX-CHIPPEWA, PRESO POLÍTICO EN EE.UU. DESDE HACE 40 AÑOS

El autoasumido quincuagésimoprimer estado de la Union (lo que llamamos en castellano EE.UU.) está de parabienes.

Mediante la penetración ideológica y el éxito práctico de su actividad psicópata, Israel encuentra ahora en EE.UU. una resonancia como nunca antes.

Con los efluvios democráticos; igualdad de los seres humanos, lucha contra el racismo y otras banderas que los Obama y los Clinton han  enarbolado, bien que mesuradamente (siempre dejando “libre” el bracito que tiende a moverse hacia la derecha y hacia arriba, como es proverbial con los policías blancos en procedimientos contra población negra), la política práctica estadounidense engañaba y se autoengañaba. Por eso surgieron tiranteces entre, por ejemplo, John Kerry y los dirigentes sionistas cuando el honesto norteamericano verificaba una vez más la política de los hechos consumados borrando los penosos esfuerzos para alguna tratativa que concediera siquiera una migaja a los palestinos (que era todo lo que Kerry estaba dispuesto a otorgar a un pueblo no-blanco o periférico).

EE.UU. procuraba figurar como mediador, cuando era evidente su parcialidad en favor de Israel,[1] pero las reglas universalistas proclamadas y prácticamente jamás ejercidas por la dirección política de EE.UU. inhabilitaban a sus representantes para una franca coincidencia con la política rapaz, neocolonial, racista, violenta, asfixiante del Estado de Israel sobre sus despojados, la población oriunda palestina.

Es que los fundamentos filosóficos de la “democracia” estadounidense y el estado tribual israelí chocaban entre sí.

No había cómo ligarlos, sin conflicto lógico y ético.

Por cierto la AIPAC y la geopolítica imperial, las coartadas ideológicas made in Huntington, etcétera, facilitaban el trabajo conjunto. Pero siempre con el hiato que marcamos; lógico, ético…

 

Trumpazo mediante, la ambivalencia de entonces parece totalmente superada. El afianzamiento de la “derecha alternativa”, alt-right, crea la comunidad ideológica faltante. Se venía gestando al menos desde 2007, pero hasta ahora no había tomado tanto estado público y, sobre todo, no había sido tan puesta a la luz, como “orden del día”. Asimismo, no estaba todavía, tan desarrollada.

En habla inglesa un modismo entiende que el perro mueve la cola porque es más inteligente que ella, pero que si la cola fuera más inteligente, entonces movería al perro. Tenemos entonces que el perro yanqui ha logrado la “proeza” de ser movido por su cola israelí.

Lo cual nos llevaría a investigar qué órgano tiene la cola para lograr semejante control corporal del inmenso mastín planetario.

 

El actual gabinete israelí (constituido hace un par de años) mostró unos acentos ideológicos de extrema derecha, de racismo, racialismo o etnicismo (elija el lector lo que corresponda) manifiesto. Remito a la rápida recorrida que hiciéramos de tales políticos-funcionarios y sus ideas-fuerza.[2] La realidad del etnicismo sionista siempre estuvo presente y configuró toda su actividad política desde su mismo comienzo, pero algún bando de palomas de los comienzos del Estado de Israel o la alusión a lo socialdemócrata, tan en boga durante la segunda posguerra, llevaba a menudo a pensar que había profundizaciones y debilitamientos en el hecho colonial,[3] que ha sido, empero, la impronta principal del asentamiento judeosionista en Palestina.

Con el último gabinete de Beniamin Netanyahu se cortó esa duplicidad, que era más táctica que real, y entramos en una era de sinceramientos (que quien escribe preferiría fueran sincericidios): la ministra de Justicia (repare el lector el área ministerial) Ayelet Shaked, aboga por el asesinato de las madres palestinas [sic] porque “paren ofidios que atacan su patria”; Naftali Bennet, ministro de Deportes, ha declarado, deportivamente: “He matado a muchos palestinos en mi vida. No hay problema con eso.” Y así por el estilo son las declaraciones de miembros de este flamante gabinete o cofradía de juramentados…

Es que el etnicismo del estado sionista no solo es innegable y patente en los hechos; no sólo matrizò el proyecto sionista desde su origen; empieza a haber quienes lo formulan y reconocen como “lo normal”. Ya no es lo militante; es “lo normal”. Por eso hablan así, “naturalmente”, Shaked, Lieberman, Netanyahu…

 

Y bien, veamos que empieza a pasar en EE.UU. tras el trumpazo.

Que sostiene, por ejemplo, Richard Spencer, CEO del NATIONAL POLICY INSTITUTE, un think tank de la derecha-derecha, la que ahora se está aglutinando en la alt right. Quiere crear un etno-estado que aparte a las minorías…[4] Lissardy le pregunta si piensa plasmar ese etno-estado ahora, en “el crisol de razas” [una de las tantas mentiras, mejor dicho semiverdades y por lo mismo semimentiras, acerca de EE.UU.].

Spencer contesta con cierto realismo:

“Lo que espero para el futuro sería la creación de un etno-estado que sirva para toda la gente europea que protegería a su civilización, sí.

¿Y cómo haría eso?

No lo sé, no sé cómo va a desplegarse la historia. Es un ideal que espero que tengamos, que nos motive.”

El CEO del Instituto de Política Nacional distingue el movimiento del que se conside-ra expresión o vehículo (el de la recuperación del poder perdido de la raza blanca) de Trump y su triunfo.

Cuando Lissardy le pone varios ejemplos de coincidencia de la política del NPI con el nazismo, no exento de lógica aclara que las ideas de reafirmación de la raza blanca no son exclusivas del nazismo.[5]

Spencer aclara a lo largo de la entrevista: “La victoria de Trump no era el objetivo final del alt-right”.

Spencer abunda en su racialismo, etnicismo o racismo… “La raza es un concepto coherente. No es un problema determinar la realidad biológica de la raza.

Lissardy tercia: ¿Y si un hispano o afroestadounidense quisiera ser parte de ese estado, lo aceptaría?

Simplemente no puede.”

Sin aventurarnos, por ahora, en incursiones orgánicas o anatómicas, empieza a ser referencial conocer el ímpetu de la alt-right estadounidense, y su matriz.

Procuremos enhebrar la ideología hoy triunfante en EE.UU. con la vigente desde hace tiempo pero hoy más que nunca a la ofensiva en Israel, y que se expresa en el gabinete actual que glosáramos al principio de esta nota.

El concepto de etno-sociedad es lo principal. Fundante y común.

Tiene, empero, algunas dificultades, que a mi modo de ver son menores: 1) la pretensión no-satelitaria de Spencer y su alt right respecto del nuevo presidente; 2) el dérive nazi que es precisamente el origen del largo reportaje de la BBC a Richard Spencer, por su estentóreo grito de “Heil Trump!” [6]

Pero veamos un poco más el origen de la Alt Right. Este movimiento de reciente y creciente protagonismo  se inicia a mediados de 2007, en el verano israelí cuando Andrew Breitbart y Larry Solov, dos judíos estadounidenses (¿o tal vez estadounidenses judíos?) fundan un sitio-e “a favor de la libertad y pro-israelí sin tener que andar pidiendo disculpas (por ello).” [7] Estamos hablando de Breitbart News, el sitio-e a cargo de Stephen Bannon, el brazo derecho del presidente Trump.

Que el invento comunicacional de Solov y Breitbart no sea una cadena de transmisión de la campaña presidencial de Trump habla en favor de un interés propio. Que no nació como una máquina electoral; viene a reforzarla.

El inconveniente de la confusión con lo nazi es sorteable; en pura lógica, la derecha, la derecha más radical no tiene por qué ser nazi… por la sencilla razón que lo antecedió… y lo sobrevivió.  Es el nazismo lo accidental. Esta precisión, rigurosamente histórica, choca con la versión judeosionista que entiende que el nazismo es el non plus ultra del mal en la Tierra; el Mal absoluto, incomparable.[8] Como podría haber sido en su momento, el Ku-Klux-Klan (desde donde Trump tiene también algunos apoyos). Para desfacer este entuerto, consideramos que la alianza EE.UU.-Israel puede operar milagros…

La forma en que Breitbart dice desmarcarse del racismo es peculiar: “Facts aren’t racist. Censorship is oppression.” Los hechos no son racistas. La censura [sí] es opresión. Una falsa oposición en donde el primer término no expresa nada. Porque los hechos pueden expresar actos racistas (o no). Pero la formulación deja ver la incomodidad que sienten los racistas ante el reconocimiento de serlo. El racismo tiene, como verticalismo, autoritario, burocracia, burócrata, mala prensa. Aunque esos rasgos estén presentes en enorme cantidad de individuos, sobre todo con poder.

De este análisis comparativo, lo que me parece medular es el abordaje o la llegada, ahora explícita, gozosa, a la noción de etnoestado por parte de la creaneoteca yanqui (no todos, claro y afortunadamente, pero parece que sí un sector significativo), concepto liminar del sionismo con el cual ha procurado presentarse este movimiento político-ideológico que instrumenta su nosística como si fuera religioso y que, ha formado, históricamente el grueso, amplio grosor, de la población judía en Israel.

El mismo Ariel Sharon decía décadas atrás: “Dejen que yo haga el trabajo sucio; dejen que con mi cañón y mi napalm quite a los indios las ganas de arrancar las cabelleras de nuestros hijos” (Ariel, 1982). Repare el lector que esos “pensamientos” son del mismo año en que Israel dispone el asesinato masivo, el genocidio en suma, de palestinos (miles de asesinados) en los campamentos de Sabra y Shatila, en El Líbano.[9]

Es patente la identificación de Israel con EE.UU. que campea en la odiosa imagen.[10] Sharon, además, siempre insistía en el papel decisivo de Israel y su dirección en el gobierno efectivo de EE.UU. Solía decir: –‘hacen lo que nosotros queremos.’ Y mirado históricamente, no se puede negar su verismo.

Estos dos elementos, la identificación con EE.UU. y la relación de dependencia de los dirigentes (mayoritarios) de EE.UU. para con Israel son el humus sobre el cual se ha forjado ahora la alt-right en Israel para actuar en EE.UU.

¿Seguirá tolerando la ONU la excepcionalidad israelí (que no hace sino confirmar la excepcionalidad bíblica, basada en la confusión entre relatos míticos e históricos)?; ¿podrá sobrevenir un rechazo de la poblac¡ón estadounidense laica y racional que haga saltar el tablero vigente con el libreto en manos de sionistas (ya sea judíos o cristianos)?, ¿asumirá el Reino Unido su responsabilidad histórica por la dosis de maltrato, represión y muerte que ha arrojado sobre la población palestina desde hace prácticamente un siglo? (Corbyn y un ala laborista parecen haber entendido este horror histórico, pero no se ve cercano el momento de una revisión más nacional); o por el contrario ¿la ofensiva racista (pero bienpensante) seguirá acumulando poder luego del colapso soviético, la crisis de los “estados de bienestar” y la profundización de las dificultades ecológicas planetarias?

Difícil pronosticar, por no decir absurdo, cuando nos consta que lo futuro es incognoscible.

Pero registramos la tensión. Porque al mismo tiempo que la globocleptocolonización avanza rauda y financierizadamente destruyendo conocimientos ancestrales de la humanidad, también es cierto que nosotros los humanos no paramos de pensar y de conocer.

Y que, por ejemplo, el genocidio de las naciones de Abya Yala es cada vez más inocultable y difícil de llevar adelante (aunque se sigue haciendo, amparado en odiosas inercias). Y el despojo de la población palestina, que sigue a pasos agigantados, resulta por su parte, cada vez más inocultable.

Cada vez hay más estudiosos, aquí y allá, que están develando estos procesos.

Así que la derecha estará de parabienes. Pero las verdades son tercas.

[1]  Nasser Aruri, palestino y docente de Ciencias Políticas en la Universidad  de Massachusetts, EE.UU., califica a la mediación norteamericana en las “mesas de negociación” palestino-israelíes con el título de un libro suyo, “El mediador deshonesto” (editado en castellano, Editorial Canaán, Buenos Aires).

[2]  “¿Sensibilidad repentina o cómo esquivar responsabilidad ante lo indefendible?”, difundido en wordpress.revistafuturos.noblogs, rebelión.org, kaosenlared, entre otros.

[3]  Los esquematismos periodísticos nos “enseñaron” que David Ben Gurion era socialdemócrata y que Shimon Peres era “paloma”. Léase sobre  sus verdaderas actuaciones con historiadores veraces, como I. Pappe…

[4] Entrevista de Gerardo Lissardy, “Un momento de exuberancia, BBC Mundo, NY, 24/11/2016.

[5]  Más bien al contrario: en los comienzos del  nazismo, Hitler se consideró alumno, seguidor, admirador de los racistas anglonorteamericanos. Habría que investigar si el intento de coincidir con el Reino Unido, todavía en pie con el frustrado desembarco de Rudolf Hess en Inglaterra, en 1940, no expresaba todavía esa sed de alianza con “los otros amos” del mundo…

[6]  Trump salió de inmediato a desmarcarse de semejante socio.

[7]   https://en.wikipedia.org/wiki/Breitbart_News.

[8]  Al respecto Zygmunt Bauman, judío, ha escrito: “El Holocausto no fue la antítesis de la civilización moderna y de todo lo que ésta representa […] el Holocausto podría haber descubierto un rostro oculto de la sociedad moderna, un rostro distinto del que ya conocemos y admiramos […]”, Modernidad y holocausto, 2006.

[9]  Que la mano de obra haya sido “cristiana” no le quita responsabilidad al Estado de Israel.

[10] Con un remate falso, además, como era previsible dados los clisés usados. Porque los principales “coleccionistas” de cabelleras no eran “los indios”, como se suele presentar en la literatura del Far West, sino los blancos que cobraban recompensas por la cantidad de cabelleras indias presentadas. En una sociedad de largas distancias y medios precarios, la cabellera arrancada era garantía de nativo asesinado.

Publicado en Palestinos / israelíes, Poder, Poder mundializado

Usurpación, pero sagrada

Publicada el 17/11/2016 - 17/01/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

LA ATROZ PRETENSIÓN MORAL DEL SIONISMO

Distinguimos la sociedad  humana respecto de la naturaleza por una serie de rasgos que nos hace únicos respecto del resto de las especies vegetales y animales. Por cierto que eso no niega nuestra raíz biológica común que nos emparenta tan entrañablemente con todos los seres vivos.

Así, la naturaleza nos otorga ejemplos y referencias mucho más materiales, y nos corresponde a nosotros reconocerlos y evaluarlos desde nuestra propia condición, humana. Como la forma de reproducirse de los cucos (también llamados cuclillos, aunque en el ejemplo que queremos abordar, esta última resulta una denominación totalmente inapropiada).

“La hembra del cuco deposita un solo huevo en el nido de otras aves, normalmente de pequeñas aves insectívoras […]. La hembra del cuco se lleva un huevo de la otra especie de ave y lo sustituye con uno de los suyos. […] los huevos cercanos a los posaderos de los cucos [sitios de descanso y de reconocimiento del paraje] son más vulnerables. Los nidos parasitados múltiples veces eran los que están más cerca de los puntos de observación, y que los no parasitados eran los que estaban más lejos […]. El cuco adulto se parece a un gavilán, lo que da más tiempo a las hembras para parasitar nidos  [porque su población originaria teme retornar al visualizar gavilanes, un predador natural de tantos pájaros].[1]

“Cuando los futuros huéspedes [anfitriones, aunque involuntarios] ponen sus hue-vos, ella espera a que el adulto que los está incubando se ausente. Entonces, asalta el nido ajeno, se come o tira fuera algunos huevos y pone uno suyo. Cuando el adulto de la otra especie regresa, no nota nada y sigue empollando esperando que nazcan sus polluelos.”

”El polluelo de cuco nace un par de días antes que los demás porque su tiempo de incubación es menor que el de las especies que parasita. Unas horas después de salir del cascarón, el polluelo, con sus escasos 3 gramos de peso y sin plumón, empuja fuera del nido a los otros huevos con su espalda de hombros anchos y fuertes […]. Así, se convierte en el rey y señor del nido, y la madre adoptiva se afana en cebar a ese pollo que en pocos días le dobla el tamaño.[2]

A fines de siglo XIX, en pleno colonialismo mundializado −recordemos que el reparto europeo de carnicería de África es de 1885− judíos askenazíes, étnicamente mucho más caucásicos que sirio-cananeos, deciden, apoyándose en mandatos sagrados (de la Torah) afincarse en Palestina, identificada como la tierra donde vivieran los judíos hace miles de años y donde permaneciera una muy limitada población judía, sin conflicto con las mayorías que a partir del s. VII se hicieron musulmanas.

Las primeras aliah llegaban a “La Tierra prometida” y compraban tierras a efendi ausentistas que vivían de las rentas que les daba la propiedad y el trabajo campesino de la población local. Cada compraventa realizada con el apoyo de la policía entonces turca traía consigo el desalojo a veces violento, y con el tiempo cada vez más, de los campesinos así despojados de su fuente laboral… y alimentaria. En esas tierras vaciadas de palestinos, los sionistas fueron erigiendo establecimientos colectivistas, los renombrados kibutzim.

Estaban sacando pichones del nido para aposentarse jóvenes judíos, bien nutridos y mejor provistos.

Palestina estaba poblada desde tiempo inmemorial. Con superpuestas migraciones, como es la historia en general de la humanidad. El mismo David Ben Gurion, el que motorizó la expulsión violenta y mediante métodos terroristas de población árabe de Palestina, reconocía −al menos hasta fines de la década del ‘20− que los “palestinos” eran los más seguros, étnicamente hablando, descendientes del pueblo judío. Pero que desde el s.VI habían sido indudablemente musulmanizados y tal vez antes aún, cristianizados.

La pretensión de “redimir la tierra”, la consigna mediante la cual los judíos sionistas se hacen de la tierra palestina mediante compra (inicialmente), conquista, ocupación o expulsión violenta de otros titulares de esa tierra, procura así cumplir mandatos religiosos de la ortodoxia judía. Pero tal mandato, precisamente por provenir de una religión monolátrica[3] establece un absolutismo mental y un ombliguismo psíquico que ciega a sus portadores y es lo que explica (ya que de ningún modo justifica) la serie impresionante de acciones crueles, abusivas, que los sionistas han ido perpetrando a lo largo de las décadas contra los moradores de esa tierra que consideran suya por una cesión que les habría otorgado su dios en exclusividad y en permanencia. Que semejante abuso haya sido y sea tolerado e incluso apoyado por grandes potencias no legitima en absoluto tales procederes.

La ignorancia, el (falso) pensamiento basado en clisés, los medios de incomunicación de masas, nos han inducido a pensar en el sionismo y sus excesos como respuesta a la peripecia vivida por los judíos bajo el nazismo. Pero en esas sendas de pensamiento que con inocencia e ignorancia reconoce Mazin Qumsiyeh  haber compartido “se escapa por completo que los sionistas han ejercido atrocidades sobre los palestinos antes de que, no ya el nazismo victimara a tantos judíos, sino antes que ni siquiera hubiera surgido el nazismo.”

Las acciones sionistas ejercieron su dominio con mano de hierro. A diferencia de los judíos que habían vivido desde tiempo inmemorial en Palestina (o que tal vez nunca habían emigrado) los sionistas encararon la ocupación de la tierra palestina como empresa absoluta y exclusiva, no admitiendo trato alguno con la población musulmana o cristiana allí establecida. Esa diferencia, radical, entre los judíos del antiguo yishuv y los del nuevo o moderno yishuv dio lugar al primer asesinato político del s XX en Palestina. Del cual fue víctima no un árabe sino un judío, dialoguista. Que se negaba a la política de apartheid de los sionistas; Jakob de Haan, poeta y referente de la comunidad judía “antigua” se preguntaba por qué tenía que romper vínculos sociales que había tenido siempre, él y los suyos, con quienes no eran judíos, como él. La organización sionista que era el embrión de la Haganá, que devino en 1948, el Ejército de Defensa [sic] de Israel, lo asesinó a sangre fría en 1924.[4]

Es que de Haan no era un cuco. Aunque pequeño, no era un cuclillo.

En 1920 el sionismo funda la Histadrut, una suerte de central sindical exclusivamente para judíos. Como los patrones, generalmente judíos, optaban por los asalariados palestinos a los que se les podía y solía pagar un tercio de los sueldos que se les pagaba a obreros judíos, la tendencia “espontánea” de los patrones era a contratar obreros palestinos. La Histadrut obligó como política de estado a pagar el mismo sueldo a palestinos y judíos. Pero nadie sueñe igualdades. Lo que hizo la Histadrut fue obligar a desembolsar el mismo sueldo para todos, pero mientras los obreros judíos recibían dicho salario, los palestinos siguieron recibiendo el sueldo miserable de siempre y los dos tercios diferenciales se lo embolsaba la central sindical para así mejorar los servicios (de todo tipo, sanitario, educacional, recreativo) de los obreros judíos… “Infamia sacralizada por lo excelso del fin propuesto” califica Mazin Qumsiyeh esta política.

Porque la política fue siempre, desde 1897 en adelante y acentuada desde 1948, no ceder nada a la población palestina. Por eso los palestinos no pueden edificar ni una pieza, no pueden construir ni una alberca. Todo eso pertenece “por derecho divino” a los judíos.

Para acentuar la discriminación, cuando palestinos desesperados por la falta de agua, han intentado proveerse de tanques, suelen pasar “espontáneos” que se los perforan a balazos…

Este es el cuco –sindical en este caso− en acción, como cuando tira del nido a los habitantes originarios…

Las acciones de los mistarvim que analizara (y denunciara) Ilan Pappe[5] que diezmaban a la población palestina penetrada con agentes camuflados que se hacían pasar por ejemplo, por un paisano mudancero que dejaban a un mecánico palestino una camioneta para reparar. Al rato explotaba matando a todos los presentes, dejando en ruinas el taller y viviendas vecinas y, sobre todo desquiciando los lazos sociales.

Qumsiyeh da una serie de ejemplos, históricos, concretos,[6] que no son discutibles acerca de si “es ultrajante” invocarlos o si resultan “viciosos” los términos que usa,[7] donde la violencia fue desencadenada inicialmente por los sionistas, además de los ya señalados:

– Primer atentado a barcos (1940): en el conflicto entre tendencias sionistas, el atentado al vapor Patria significó la muerte de 268 humanos a bordo del barco, judíos, y el hundimiento de un enorme cargamento de armas que Ben Gurión no quería que fortaleciera a sus adversarios en la puja por el establecimiento del Estado de Israel;

– Primer auto-bomba, contra el Hotel King David, con decenas de asesinados   británicos, árabes palestinos, judíos y extranjeros (1946);

– Primera carta-bomba (1947); contra políticos británicos;

– Primer ataque a buses (con civiles cualesquiera)(1947);

– Primer ataque a cafés (con civiles cualesquiera) (1947);

– Primer atentado a trenes (de pasajeros, casi cien víctimas mortales) (1947);

– Primer secuestro de aviones (1954).

El cuco en acción. Desalojo y/o manducación del habitante originario del nido.

Moshe Sharett, primer ministro en los primeros o casi primeros tiempos del Estado de Israel (1954-1956) y antes figura de primer nivel en la dirección sionista desde 1933, en su diario −que se mantuvo secreto por más de 30 años− revela la verdadera política israelí, no la oficial, y va mostrando cómo fue un montaje lo de la agresividad árabe y el defensismo israelí y cómo en los hechos la violencia partió prácticamente siempre o casi siempre del lado sionista, provocando, arteramente, a las empobrecidas naciones recientemente pasadas al nivel de independientes, sujetas por múltiples lazos a los centros mundiales de poder. Sharett escribió un diario luego de su paso por el gobierno israelí en el que desnuda lo que acabamos de citar. Ese diario demoró unos 30 años en ver la luz pública tras la decisión de su hijo. Y hubo una periodista, hija de un funcionario de los más cercanos a Sharett, que abordó el diario e hizo una lectura crítica que publicó en inglés.[8]

Sharett sostiene que la dirección sionista creó “un estado de sitio mental en la sociedad israelí [para] complementar el mito prefabricado de la amenaza árabe […y] lograr una cohesión defensiva de la sociedad israelí judía. Estaba calculado principalmente para la ‘eliminación de los frenos morales’.”

Esto es lo que vemos con transeúntes que escupen un palestino herido yacente, soldados conscriptos que rompen con cascotes los bracitos de niños que les arrojan piedras, “vecinos” que dirigen las aguas servidas hacia la Franja de Gaza para emponzoñar un poco más ese territorio; detenciones/secuestros arbitrarios, niños palestinos presos en jaulas al aire libre en pleno invierno…[9]

Apenas un par de ejemplos de las múltiples atrocidades reconocidas por Sharett: a principios de la década de los ’50 se producen violentísimos atentados sobre buses israelíes en el norte del recién adquirido país. Con muertos en cada abordaje. Los atacantes visten ropas talares, de estilo árabe… y se retiran prestamente hacia la frontera… todo lleva a pensar en árabes armados. Pero en el sitio estaba el coronel estadounidense Hutchenson, miembro de la Comisión Mixta del Armisticio jordano-israelí que no se tragó las apariencias y que anunció oficialmente: “de los testimonios de los sobrevivientes no existían pruebas suficientes de que los asesinos fueran realmente árabes.” ¡Caramba!, ¿qué podrían ser, indios sioux, coreanos, vascos? En un informe confidencial dejó a un lado la diplomacia y refiriéndose a uno de dichos atentados atribuyó explícitamente el ataque al ómnibus a “terroristas que intentaban agudizar las tensiones en el área así como crear problemas para el actual gobierno.” Los “halcones” estaban furiosos con “los palomas” como Sharett… se trataba, entonces, de terroristas judíos que atentaban hasta contra buses que llevaban judíos… leyó bien: judíos matando judíos.

De más está decir que la superioridad israelí logró remover al enviado norteamericano casi de inmediato.

Otra de las tantas atrocidades que menciona Sharett: los “halcones” arrasan una aldea palestina, Lydda [10] (en 1947/1948 los sionistas arrasaron entre 400 y 500 aldeas palestinas matando innumerables pobladores). Luego de la operación de arrasamiento que arroja 69 cadáveres, hombres, mujeres, niños, se le pregunta a Sharon, el comandante del operativo por la mortandad,  que contesta: ‘el número de víctimas había sido 10 o 12.’ “Sólo contamos  las muertes militares, los soldados de la guarnición de la Legión Jordana.” (ibíd.). Expresión de desprecio a humanos (civiles) muy significativa. Voz de amos. Los niños, los ancianos, las mujeres no cuentan; son como “los daños colaterales” madeinUSA.

Volviendo a la tipificación del carácter infame de las políticas discriminatorias y sobre todo a la sagaz observación de Sharett de que la sacralización se basa en “lo excelso del fin propuesto”, no podemos dejar de recordar uno de los Pensamientos de Blaise Pascal: “El hombre no es ni ángel ni bestia, y la desgracia quiere que quien haga el ángel haga la bestia«.[11]

Y amarga frutilla de este malhadado postre: la autora del “limpio trabajo de Rokach” al decir de Uri Avneri[12] que estudia el Diario de Sharett, de donde extrajimos los últimos ejemplos; un palestina judía perteneciente al Antiguo Yishuv que se hizo periodista en Italia, de Israel Radio, de Roma y del periódico palestino Al Fajr, en 1984 la encontraron muerta. Antes había sido muy presionada desde la cancillería israelí para que no publicara su trabajo. Apareció muerta a la edad −50 años− en que los pueblos nórdicos, por ejemplo, consideran el momento cumbre de la vida humana, la óptima relación de pujanza y veteranía, de vigor intelectual. Sabiendo del disgusto de la dirección sionista y de sus redes “de seguridad” por el “destape” de sus atrocidades, que han alcanzado tan a menudo a ser asesinatos y “confección de pruebas” para desviar el conoci-miento de las verdaderas causas de muerte, conociendo la impunidad con que operan, uno no puede menos que asociar esa “mano” con la aparición de Livia Rokach sin vida.

notas:

[1]  https://es.wikipedia.org/wiki/Cuculus_canorus.

[2]  coctel-de-ciencias.blogs.quo.es/2011/05/15/el-engano-de-los-cucos/.

[3]  Religión basada en la idolatría a un único dios (Jean Soler).

[4]  Noam Chomsky, entre otros, sin velos ideológicos o religiosos, rememora esa atrocidad.

[5]  La limpieza étnica de Palestina de 1948, Editorial Crítica, Barcelona, 2008.

[6] Compartir la tierra de Çanaán, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2007.

[7] Aspectos que invoca, por ejemplo, Steven Stotsky para recusar a Qumsiyeh (“Exposing Mazin Qumsiyeh’s Falsehoods”, http://www.camera.org/index.asp?x_context=6&x_article=1383.

[8]    Livia Rokach, Israel’s Sacred Terrorism. A Study based on Moshe Sharett’s Personal Diary and other Documents, AAAUG, Inc. Graduates, Mass., 1980.

[9]   Los primeros ejemplos son de público conocimiento; el último: file:///E:/palestino-israeli/brutalizacion%20y%20constricc.%20progr/I.%20tiene%20ni%C3%B1os%20pal.%20en%20jaulas%20en%20invierno%20%E2%80%93%2016%2001%2016.htm.

[10]  Se trataba, según estimaciones arqueológicas, de una aldea de unos cinco milenios de existencia…

[11] Pensamientos, 678.

[12] en Hoalam Hazeh, 23/9/1980.

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