por Luis E. Sabini Fernández
2026 01 10
Donald Trump se presenta como forjador de imperio, o mejor dicho recauchutador de tal. Pero si algo hemos sabido de la realidad es que nunca es lo que parece. Y menos lo que se declara. Y que muy a menudo es su opuesto.
Si uno ve a Trump en sus múltiples presentaciones, muy a menudo, se lo ve franqueado por Beniamin Netanyahu, que observa siempre en silencio con una sonrisa apenas esbozada. Una suerte de Mono Liso. Sin declaraciones, aunque mucho menos enigmático que la versión davinciana. Porque en este par mediático, ya sabemos quién es el que decide y quién ejecuta.
Como cuando vemos a la pareja Trump Zelenski. Allí también sabemos quien es quién decide. O la Trump Milei.
Trump está primitivizando las relaciones de poder. El devenir histórico nos ha ido llevando a formas y ejercicios de poder cada vez más complejos, mediatos. Michel Foucault ha analizado y expuesto esto de las modalidades del poder, desnudo o muy, muy arropado, y como, acercándonos a nuestro presente, el poder se había ido velando con múltiples rostros y, sobre todo, máscaras.
Trump, un presidente que proviene no de laboriosos debates políticos o filosóficos sino de su práctica como tycoon ─un astro de las finanzas─ desecha las observaciones foucaultianas, las de nuestra contemporaneidad, y retorna a prácticas y conceptos que dábamos por obsoletos.
Quiere expandir a EE.UU. territorial, materialmente, como en su momento lo hicieran; mediados del s xix, adueñándose mediante rapiña de medio México.[1] O poco después, 1867, lograr ampliar su territorio con un millón de km2, gracias a la estulticia de los zares que canjearan Alaska por un puñado de dólares, que EE.UU. seguramente compensó apenas con una de las tantas minas de oro que se descubriera en tamaño territorio.
Trump quiere repetir la jugada geopolítica de Lyndon LaRouche, aquel derechista demagogo estadounidense que quería enfrentar a la URSS con Mexamericánada, un engendro con toda la América del Norte unida bajo la égida yanqui. LaRouche estimaba que con sus más de 20 millones de km2 una América del Norte unificada era contrapeso suficiente para enfrentar a la URSS, entonces con una superficie similar.
Hoy Rusia ya no es EL enemigo soviético, pero la dinámica de lo impensado ha dado otro desafío al gran heredero mundial de la democracia pos Segunda Guerra Mundial: China.
Y un desafío aun mayor: el Antropoceno. Nuestro planeta ya no soporta los despliegues tecnológicos de esa especie biológica que somos, y que hemos logrado, mal que nos pese, contaminarlo todo ─hasta las placentas humanas─, agotando el aire, el agua y la misma tierra, hasta el punto de convertirnos en factor de trastorno planetario.
Trump simplifica; ignora la guerra o la Tierra (no sabemos si cómo heraldo apocalíptico o como chirolita); no existe el calentamiento global ni amenazas al agua dulce y resolvemos nuestras limitaciones con nuevas contaminaciones. Eso gratifica enormemente a la petroquímica, por ejemplo, pero aumenta la problemática ambiental hasta dimensiones cada vez menos gobernables.
Eso lo tiene sin cuidado a Trump; sólo se trata de exprimir allí donde apenas lo hemos hecho o ni siquiera hemos empezado. No ve, ni le importa, el sacrificio de pueblos ajenos a su sí mismo.
Esta modernidad posdemocrática y neoimperial ha complejizado hasta las denominaciones, aunque sirve reconocerlos como inversión de la verdad: designar como “el ejército más moral del mundo” a la organización militar dedicada al vejamen y la matanza de población civil, incluso infantil. O designar a población civil, a menudo infantil, asesinada en operaciones de guerra, “daños colaterales”.
Que Trump reponga el viejo vocabulario; el Ministerio de Guerra es sí de Guerra, no significa sinceramiento en los procederes, sino desfachatez. Porque se sigue escamoteando la verdad, generalmente incómoda, en asesinatos policiales, por ejemplo, o en el genocidio de gazatíes, que al disminuir su ritmo ─pero de ninguna manera suprimirlo─ ha desaparecido mediáticamente hablando, gracias a los controles sionistas de los medios de incomunicación de masas.
Análogamente, ni nombrar a las víctimas, como hace la Casa Blanca refiriéndose a su último operativo en Caracas (3 ene 2026).
Trump arrancó su período cesarista imponiendo aranceles urbi et orbi. Como siempre, estos nuevos costos pasaron a los precios de las mercaderías afectadas y la jugarreta recaudatoria se tradujo en que la población estadounidense debió pagar mayor cantidad de dólares por las mercancías aranceladas. ¿Por qué arancelar? Porque el estado federal norteamericano está en una angustiosa falta de dinero. Y porque ese dinero, el dólar, cada vez vale menos.
Trump sabe que las carreteras y los puentes de todo su inmenso territorio-asiento imperial necesitan reparación, recuperación. Sin hablar de ampliación.
Pero todo cuesta cada vez más. Porque EE.UU. mantiene las sangrías más peculiares: una terrible postración poblacional causada por el consumo de drogas que afecta a un sector desconocido de población; el suministro de miles de millones de dólares a un estado-sanguijuela; Israel, que no sólo recibe tal ayuda, que no necesita, sino que se permite a su vez invertir otros miles de millones de dólares en “facilitar” o “aceitar” la labor legislativa de EE.UU. Algo que no se hace desprendidamente, puesto que así Israel /AIPAC obtiene los apoyos y las legislaciones que son de su interés.
Delcy Rodríguez señaló algo significativo en su primera alocución pública tras el secuestro de Maduro y su pareja: la mano del MOSSAD, es decir de Israel, está detrás del operativo que le arrancó a Venezuela su presidente en ejercicio.[2]
Prosigue el genocidio en marcha en la Franja de Gaza, e in crescendo en Cisjordania y otros territorios palestinos, pese al ensordecedor silencio mediático; continúa con muertos diarios (sólo que bajando el promedio, dejó de ser “noticia”, llevándonos a pensar que ya no existe).
Si Israel decide atacar a Irán y el ataque lo lleva adelante EE.UU., ¿cuál es el poder decisivo?
Israel se ha permitido abordar reiteradamente embarcaciones en aguas internacionales (ninguna de ellas con armas, sólo con alimentos y sanitarios). Ese tipo de acción, típicamente piratesco, ha sido condenado en teoría y tolerado en la práctica por la ONU, etcétera. ¿Por qué Israel se ha permitido abordar militarmente a tantas embarcaciones, en aguas internacionales, secuestrar a sus ocupantes y anular los envíos solidarios (en espantosa necesidad entre los gazatíes)? Si nos indignamos, con razón, por los abordajes piratescos más recientes de EE.UU. sobre presuntas lanchas narcotraficantes venezolanas, matando a sus tripulantes, ¿cómo tendríamos que reaccionar frente a tantos abordajes, incluso violentos y con muerte de tripulantes de “las flotillas de la libertad”, que tantas veces han querido solidarizarse con Gaza?
¿De dónde surge tanta impunidad que prosigue en Gaza, combinada con los sueños inmobiliarios de Trump y la gerencia de un incondicional del mundo enriquecido, Tony Blair, aquel británico encargado de legitimar el ataque genocida de EE.UU. a Irak por orden de Israel?
Pero toda esta ofensiva made in USA tiene sus bemoles. Vale rescatar una observación que el analista Ron Unz hizo en su excelente nota; “Perforando la burbuja propagandística de la USSA y sus vasallos de la EUSSR”:[3] Unz alude al gozo que deben haber sentido Leonid Brezhnev y los suyos cuando los soviéticos dan un golpe de mano en Afganistán en 1979 y asesinan sin más trámite a Hafizullah Amin, presidente comunista de Afganistán y reponen en su sitio a otro “camarada”: Babrak Karmal. Fue un “golpe limpio”, impecablemente resuelto, nos recuerda Unz. Y sin embargo, las dificultades afganas se fueron sumando, hasta obligar a los soviéticos a abandonar la empresa de intrusión (y sin pretender agorería alguna, tras la retirada de la URSS de Afganistán, muy pronto sobrevino la retirada de la URSS de todo el planeta…).
En una palabra: una toma por sorpresa, incluso violenta, no garantiza dominio alguno; EE.UU. ha llevado a cabo violentas conquistas en las últimas décadas que con los años devinieron fracasos manifiestos: Haití, Irak, Libia, por ejemplo; fracasos que “pagan” los pueblos hollados, claro.□
[1] Como había hecho el mismo México, configurándose sobre los territorios del imperio azteca.
[2] Todo un tema la vigencia o validez de esa presidencia, que en momento alguno llegó a presentar sus credenciales tras las elecciones, el conteo de votos y un atraso más que significativo del gobierno en proclamar los resultados electorales. De todos modos, es inaceptable alegar desconfianza, más que legítima en esos resultados, para aprisionar al presidente con un golpe de mano que ni siquiera proviene del mismo país. Los estados nacionales intervinientes ─EE.UU. e Israel─ tienen antecedentes en esas tareas de demolición de estados ajenos, dedicados a controlar y gobernar lo ajeno. Busque el lector y verá una media docena países invadidos o arrasados por los mencionados en las muy últimas décadas. Irak, Irán, Siria, Líbano, Sudán, Libia, Somalía, Afganistán, Palestina, Haití, Venezuela…
[3] “Puncturing the Propaganda-Bubble of the USSA and Its EUSSR Vassals”, Unz Review, 5 ene 2026.
Mes: enero 2026
PENSAMIENTO DOBLE MADE IN EUROPA
Luis E. Sabini Fernández
Keir Starmer, entrevistado por Nick Ferrari (en 2024), ha sostenido con serenidad que Israel tiene el derecho a controlar el agua y la electricidad de los ciudadanos (¿o habitantes?) de la Franja de Gaza.[1]
“Israel tiene el derecho a defenderse y Hamás es responsable del terrorismo.”
“[…] Vemos ataques a la sociedad israelí”, insiste Starmer.
Keir Starmer, con su cara de buenazo y su sosiego al hablar, constituye un modelo de la-buena- conciencia-occidental. No tenemos que referirnos a energúmenos o a temperamentales apasionados como Javier Milei o Volodimir Zelenski ─ambos con un pasado televisivo de agentes espectaculares encarnando violencias al menos simbólicas─ porque Starmer luce serenidad, sosiego, sensatez.
Solo que es tan falso como las actuaciones televisivas de Zelenski o Milei (para no ingresar al terreno de sus actividades políticas presidenciales).
Porque Starmer constituye un epítome de la conciencia europea, actual… y pasada. Una ceguera, mejor dicho, una bizquera que aterra.
Starmer se queja de los ataques a la sociedad israelí. No dice una palabra de las décadas anteriores. Situémonos históricamente. Desde los albores del s XX, hubo ataques de las organizaciones sionistas a la inerme sociedad palestina. Algunos indirectos, casi encubiertos, como con cada compra de tierras de las redes sionistas que las gestionaban para algún kibutz en formación o un agrupamiento de judíos sionistas recién llegados. Ofertas que tentaban al terrateniente cuya tierra interesaba, un ausente que vivía en Estambul o en Angora. “Negoción” que dejaba resentidos a los campesinos palestinos ahora despedidos, que habían trabajado desde “siempre” para ese efendi, devenido rentista financiero.
La cantidad de campesinos sin tierra, desalojados por la fuerza pública en Palestina a causa de las compras progresivas de tierras y los desalojos consiguientes, empezó a crecer y fue generando tensiones que desencadenaron diversos levantamientos, con muertos palestinos y sionistas en las primeras décadas del s XX, que la policía inicialmente turca, luego (desde 1918) británica, procuraba restringir, castigando a los “ilegales”, a los desocupados que invocaban una historia inmemorial de trabajo. Los nuevos dueños no los necesitaban porque los colonos sionistas recién llegados querían “trabajar la tierra” (a menudo, empezar a aprender a trabajarla).
En resumen, hace más de un siglo que la sociedad sionista ataca a la sociedad palestina.[2] Pero eso, Starmer como integrante del mundo “rico” no lo ve ni puede verlo. Ni quiere. Starmer corta de un tajo la historia. Sólo ve lo que le viene bien. Los derechos, por ejemplo, “comienzan” con la instalación sionista oficial de 1948. Pero ¿y antes? ¿No existía la justicia, la injusticia, el abuso? Para Starmer los derechos son los de los blancos europeos. Por ello, si el que sufre una afrenta, una injusticia, un abuso, un asesinato, es un negro, uno de “los de allá”, un ajeno, un native, en suma, no cuenta. Y esa afasia histórica se intensificó desde el 7 oct. 2023. ¿Cómo podían los rehenes convertirse en amos, siquiera por un momento?
“Israel tiene el derecho a defenderse.”
¿Y algún otro atacado, tiene también ese derecho? Porque indudablemente en Palestina los palestinos fueron los primeros atacados, diezmados, reprimidos, heridos, matados.
“Los [primeros] asesinatos fueron introducidos en Palestina por los sionistas [contra británicos]”.
“El primer ataque a un barco por parte de terroristas, en 1940”, fue hecho por sionistas.
El 11 dic. 1947, el primer bus atacado por terroristas sionistas, mató a 6 palestinos e hirió a una treintena a bordo.
El 5 ene 1948, el atentado terrorista contra el Hotel Semiramis mató a unas veinte personas, entre ellas al vizconde Tapia, cónsul de España.
A lo largo de 1948, los sionistas lanzaron bombas en bares y restoranes jerosolimitanos con un tendal de cientos de palestinos despedazados. Los sionistas atentaron también contra trenes, aviones y barcos.[3]
Pero eso fue en momentos en que la flamante ONU se prestaba a reconocer el engendro sionista como un “estado judío”; los s¡onistas ya no se conforman estando al lado de los palestinos; en 1948 quieren más. A partir de 1967, los abusos de los sionistas sobre la población palestina en general y gazatí en particular, aumentaron en proporción geométrica acorde con el creciente poder ahora israelí en el mundo entero. Cuando en 2006, los palestinos “votan mal” y en lugar de elegir a sus verdugos o a los administradores palestinos autorizados por los verdugos, votan por una red de apoyo a sus propias necesidades que visualizan en Hamás, la represión consiguiente será draconiana. Aislamiento total a la Franja de Gaza (los que votaron “peor”). Y en 2008, un ataque de castigo denominado por los mismos atacantes “Plomo fundido”, matará a palestinos, gazatíes, ahora por miles.
¿Cómo Starmer puede atreverse ─intelectualmente hablando─ a sostener que “Israel tiene el derecho a defenderse”, cuando en rigor durante un siglo ha estado, casi ininterrumpidamente, atacando, dándose el derecho a atacar?
Porque no vamos a creer que Starmer y quienes tienen similares puntos de vista, sufren de afasia, senilidad u otras alteraciones fisiológicas.
Se trata de cómo están, cómo existen, cómo─se─paran─en─el─mundo.
Provienen del mundo de caballeros, europeos, de raza blanca. Que amplían su universo.[4]
Starmer deshistoriza la cuestión. Mediante la cuidadosa extirpación de los comportamientos históricos, increíblemente agresivos, en este caso de la colectividad judeosionista en Palestina.
La agresividad y posesividad sobre la FdG es curiosamente más llamativa que la apropiación dogmática e imperial de Israel sobre Jerusalén o Cisjordania. Porque en tales territorios hubo, sí, población judía hace miles de años. Lo cual explica, aunque no justifique, cierto irredentismo que el sionismo ha blandido para su política de desalojos. En tiempos bíblicos, Palestina, y particularmente Gaza, era tierra de filisteos. Los sionistas ocupan Gaza en 1967, hace apenas medio siglo.
Pero este proceso de deshistorización dista de ser neutro o pasivo. Como bien explica otro conocedor de los afanes sionistas por apoderarse de-todo-lo-palestino, Jonathan Cook,[5] la estrategia sionista es ir ampliando los derechos señoriales del judeosionismo, mediante una política represiva que ahogue toda versión disímil.
Con el gobierno de Starmer tenemos un nuevo corpus legal británico que pone fuera de la ley a cualquier organización política que el gobierno decida (por sí y ante sí) que sea considerada terrorista. Cook da un ejemplo aleccionador: miles de británicos, “en su mayoría de edad avanzada” han manifestado con carteles: “Me opongo al genocidio. Apoyo la Acción Palestina.” Acción Palestina, fundada en 2020 en Inglaterra, es una red de gente que se opone a que su gobierno colabore con un estado como el israelí, dedicado a quitar de en medio a como sea a población que habita (desde tiempo inmemorial) el territorio que el sionismo decidiera apropiarse para reconstruir, o más bien ─históricamente hablando─ reinventar un estado judío. Acción Palestina ha condenado enfáticamente la alianza, tolerancia o complicidad entre el gobierno británico y empresas de seguridad israelí como Elbit Systems.[6] Conociendo para qué sirven esas empresas de seguridad israelí, por ejemplo, para matar seres humanos mediante controles remotos o dispositivos electrónicos, se comprende la resistencia. Vale la pena aclarar que a Acción Palestina no se le conocen acciones contra personas, empleadas de Elbit Systems, por ejemplo, puesto que su acción de repulsa va dirigida a la empresa y a los apoyos que recibe del gobierno inglés. Pero desde mediados de 2025 el gobierno Starmer ha resuelto que esa crítica, se convierta en terrorismo. ¿Cómo calificará Starmer el uso de explosivos que mate masivamente a, por ejemplo, a diez o quince humanos (gazatíes, adultos y niños), que el azar haya puesto cerca del presunto militante de Hamás que el ejército israelí “neutraliza” con un explosivo teledirigido? ¿O que termine pulverizando hasta un centenar de gazatíes que el azar pueda poner cerca del “blanco” que los militares israelíes quieran eliminar, y que por su “importancia” permite a “los mandos” ejecutar población totalmente ajena o inocente (¡pero sólo hasta cien humanos!)?
¡Hay que apreciar la idea de límites de los mandos israelíes, consustancial con la de tantos rasgos característicos de la Torá![7]
En respuesta, integrantes de Acción Palestina han desplegado una huelga de hambre que ya sobrepasa los dos meses (que se considera plazo ya francamente entrado en zona de muerte del huelguista). Varios integrantes de Acción Palestina, no aceptan como buena la idea de ser encarcelados durante 14 años por sus críticas y acciones no violentas.
Es la mayor huelga de hambre del último medio siglo y sin embargo, ha sido totalmente obviada desde los medios de incomunicación de masas, ignorada por el gobierno británico. Starmer puede seguir durmiendo con tranquilidad.
Es cada vez más preocupante el estado de salud de los huelguistas. Esperemos que el gobierno británico actual no llegue a la crueldad con que Margaret Thatcher trató a los presos prisioneros del IRA irlandés, que reclamaban el estatuto de “presos políticos” y no el de delincuentes que se les atribuía. Varios luchadores irlandeses por la independencia lo tuvieron que pagar con sus vidas.□
[1] https://www.youtube.com/watch?v=C8_sht6p_SQ
[2] No es nada original: es lo que siempre han hecho los colonizadores/conquistadores sobre los colonizados/conquistados.
[3] El historiador palestino Mazin Qumsiyeh repasa lo que acabamos de glosar. Compartir la tierra de Canaán, edición en castellano, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2007.
[4] Un proceso que afecta a europeos y, ocasionalmente a quienes se “europeízan”; población que accede al universo europeo por alguna “puerta grande”; no como la inmensa mayoría de “laburantes del tercer mundo” que viven en los arrabales de las ciudades europeas integrando una suerte de proletariado transnacional y multirracial. La “europeización” se procesa, por ejemplo, haciéndose pareja de un europeo, cursando en universidades europeas, integrándose en consorcios transnacionales de “primer nivel”. Más allá del logro material, la europeización implica una suerte de “lavado de cerebro” puesto que el sujeto implicado deberá borrar su propia identidad como excluido, como ciudadano de segunda… o de tercera. Por eso, es tan patente la actitud de parvenu de tantos de estos “recién llegados” (conozco penosos ejemplos personales).
[5] Véase “Cómo informar hechos puede llevarte a 14 años de cárcel por terrorismo”, https://www.unz.com/jcook/how-reporting-facts-can-now-land-you-in-jail-for-14-years-as-a-terrorist, Unz Review, 22 dic. 2025.
[6] Es una empresa con mucha presencia en el Río de la Plata. Porque se le atribuye fuertes contactos con Elzstajn, Eduardo, padrino de Javier Milei, considerado el hombre más rico de la Argentina, con fuertes inversiones inmobiliarias, financieras, ideológicas, tecnológicas y agroindustriales. Preside IRSA, Banco Hipotecario, y empresas como Cresud y BrasilAgro. En Uruguay, Elbit Systems dispone de un contrato con las autoridades municipales de Maldonado a causa de la intervención de CIPEMU (Comité Israelita Punta del Este, Maldonado, Uruguay), un lobby local que patrocina el proyecto de “Ciudades inteligentes” (con altísima cobertura de vigilancia). Llamativa la vigilancia elevada a primera necesidad.
[7] Los “daños colaterales” están tabulados: hasta 15 muertes para asesinar a un militante auxiliar o de bajo nivel y hasta cien muertes si el operativo invoca la supresión de un “pez gordo” de las organizaciones armadas clandestinas.