Luis E. Sabini Fernández
Keir Starmer, entrevistado por Nick Ferrari (en 2024), ha sostenido con serenidad que Israel tiene el derecho a controlar el agua y la electricidad de los ciudadanos (¿o habitantes?) de la Franja de Gaza.[1]
“Israel tiene el derecho a defenderse y Hamás es responsable del terrorismo.”
“[…] Vemos ataques a la sociedad israelí”, insiste Starmer.
Keir Starmer, con su cara de buenazo y su sosiego al hablar, constituye un modelo de la-buena- conciencia-occidental. No tenemos que referirnos a energúmenos o a temperamentales apasionados como Javier Milei o Volodimir Zelenski ─ambos con un pasado televisivo de agentes espectaculares encarnando violencias al menos simbólicas─ porque Starmer luce serenidad, sosiego, sensatez.
Solo que es tan falso como las actuaciones televisivas de Zelenski o Milei (para no ingresar al terreno de sus actividades políticas presidenciales).
Porque Starmer constituye un epítome de la conciencia europea, actual… y pasada. Una ceguera, mejor dicho, una bizquera que aterra.
Starmer se queja de los ataques a la sociedad israelí. No dice una palabra de las décadas anteriores. Situémonos históricamente. Desde los albores del s XX, hubo ataques de las organizaciones sionistas a la inerme sociedad palestina. Algunos indirectos, casi encubiertos, como con cada compra de tierras de las redes sionistas que las gestionaban para algún kibutz en formación o un agrupamiento de judíos sionistas recién llegados. Ofertas que tentaban al terrateniente cuya tierra interesaba, un ausente que vivía en Estambul o en Angora. “Negoción” que dejaba resentidos a los campesinos palestinos ahora despedidos, que habían trabajado desde “siempre” para ese efendi, devenido rentista financiero.
La cantidad de campesinos sin tierra, desalojados por la fuerza pública en Palestina a causa de las compras progresivas de tierras y los desalojos consiguientes, empezó a crecer y fue generando tensiones que desencadenaron diversos levantamientos, con muertos palestinos y sionistas en las primeras décadas del s XX, que la policía inicialmente turca, luego (desde 1918) británica, procuraba restringir, castigando a los “ilegales”, a los desocupados que invocaban una historia inmemorial de trabajo. Los nuevos dueños no los necesitaban porque los colonos sionistas recién llegados querían “trabajar la tierra” (a menudo, empezar a aprender a trabajarla).
En resumen, hace más de un siglo que la sociedad sionista ataca a la sociedad palestina.[2] Pero eso, Starmer como integrante del mundo “rico” no lo ve ni puede verlo. Ni quiere. Starmer corta de un tajo la historia. Sólo ve lo que le viene bien. Los derechos, por ejemplo, “comienzan” con la instalación sionista oficial de 1948. Pero ¿y antes? ¿No existía la justicia, la injusticia, el abuso? Para Starmer los derechos son los de los blancos europeos. Por ello, si el que sufre una afrenta, una injusticia, un abuso, un asesinato, es un negro, uno de “los de allá”, un ajeno, un native, en suma, no cuenta. Y esa afasia histórica se intensificó desde el 7 oct. 2023. ¿Cómo podían los rehenes convertirse en amos, siquiera por un momento?
“Israel tiene el derecho a defenderse.”
¿Y algún otro atacado, tiene también ese derecho? Porque indudablemente en Palestina los palestinos fueron los primeros atacados, diezmados, reprimidos, heridos, matados.
“Los [primeros] asesinatos fueron introducidos en Palestina por los sionistas [contra británicos]”.
“El primer ataque a un barco por parte de terroristas, en 1940”, fue hecho por sionistas.
El 11 dic. 1947, el primer bus atacado por terroristas sionistas, mató a 6 palestinos e hirió a una treintena a bordo.
El 5 ene 1948, el atentado terrorista contra el Hotel Semiramis mató a unas veinte personas, entre ellas al vizconde Tapia, cónsul de España.
A lo largo de 1948, los sionistas lanzaron bombas en bares y restoranes jerosolimitanos con un tendal de cientos de palestinos despedazados. Los sionistas atentaron también contra trenes, aviones y barcos.[3]
Pero eso fue en momentos en que la flamante ONU se prestaba a reconocer el engendro sionista como un “estado judío”; los s¡onistas ya no se conforman estando al lado de los palestinos; en 1948 quieren más. A partir de 1967, los abusos de los sionistas sobre la población palestina en general y gazatí en particular, aumentaron en proporción geométrica acorde con el creciente poder ahora israelí en el mundo entero. Cuando en 2006, los palestinos “votan mal” y en lugar de elegir a sus verdugos o a los administradores palestinos autorizados por los verdugos, votan por una red de apoyo a sus propias necesidades que visualizan en Hamás, la represión consiguiente será draconiana. Aislamiento total a la Franja de Gaza (los que votaron “peor”). Y en 2008, un ataque de castigo denominado por los mismos atacantes “Plomo fundido”, matará a palestinos, gazatíes, ahora por miles.
¿Cómo Starmer puede atreverse ─intelectualmente hablando─ a sostener que “Israel tiene el derecho a defenderse”, cuando en rigor durante un siglo ha estado, casi ininterrumpidamente, atacando, dándose el derecho a atacar?
Porque no vamos a creer que Starmer y quienes tienen similares puntos de vista, sufren de afasia, senilidad u otras alteraciones fisiológicas.
Se trata de cómo están, cómo existen, cómo─se─paran─en─el─mundo.
Provienen del mundo de caballeros, europeos, de raza blanca. Que amplían su universo.[4]
Starmer deshistoriza la cuestión. Mediante la cuidadosa extirpación de los comportamientos históricos, increíblemente agresivos, en este caso de la colectividad judeosionista en Palestina.
La agresividad y posesividad sobre la FdG es curiosamente más llamativa que la apropiación dogmática e imperial de Israel sobre Jerusalén o Cisjordania. Porque en tales territorios hubo, sí, población judía hace miles de años. Lo cual explica, aunque no justifique, cierto irredentismo que el sionismo ha blandido para su política de desalojos. En tiempos bíblicos, Palestina, y particularmente Gaza, era tierra de filisteos. Los sionistas ocupan Gaza en 1967, hace apenas medio siglo.
Pero este proceso de deshistorización dista de ser neutro o pasivo. Como bien explica otro conocedor de los afanes sionistas por apoderarse de-todo-lo-palestino, Jonathan Cook,[5] la estrategia sionista es ir ampliando los derechos señoriales del judeosionismo, mediante una política represiva que ahogue toda versión disímil.
Con el gobierno de Starmer tenemos un nuevo corpus legal británico que pone fuera de la ley a cualquier organización política que el gobierno decida (por sí y ante sí) que sea considerada terrorista. Cook da un ejemplo aleccionador: miles de británicos, “en su mayoría de edad avanzada” han manifestado con carteles: “Me opongo al genocidio. Apoyo la Acción Palestina.” Acción Palestina, fundada en 2020 en Inglaterra, es una red de gente que se opone a que su gobierno colabore con un estado como el israelí, dedicado a quitar de en medio a como sea a población que habita (desde tiempo inmemorial) el territorio que el sionismo decidiera apropiarse para reconstruir, o más bien ─históricamente hablando─ reinventar un estado judío. Acción Palestina ha condenado enfáticamente la alianza, tolerancia o complicidad entre el gobierno británico y empresas de seguridad israelí como Elbit Systems.[6] Conociendo para qué sirven esas empresas de seguridad israelí, por ejemplo, para matar seres humanos mediante controles remotos o dispositivos electrónicos, se comprende la resistencia. Vale la pena aclarar que a Acción Palestina no se le conocen acciones contra personas, empleadas de Elbit Systems, por ejemplo, puesto que su acción de repulsa va dirigida a la empresa y a los apoyos que recibe del gobierno inglés. Pero desde mediados de 2025 el gobierno Starmer ha resuelto que esa crítica, se convierta en terrorismo. ¿Cómo calificará Starmer el uso de explosivos que mate masivamente a, por ejemplo, a diez o quince humanos (gazatíes, adultos y niños), que el azar haya puesto cerca del presunto militante de Hamás que el ejército israelí “neutraliza” con un explosivo teledirigido? ¿O que termine pulverizando hasta un centenar de gazatíes que el azar pueda poner cerca del “blanco” que los militares israelíes quieran eliminar, y que por su “importancia” permite a “los mandos” ejecutar población totalmente ajena o inocente (¡pero sólo hasta cien humanos!)?
¡Hay que apreciar la idea de límites de los mandos israelíes, consustancial con la de tantos rasgos característicos de la Torá![7]
En respuesta, integrantes de Acción Palestina han desplegado una huelga de hambre que ya sobrepasa los dos meses (que se considera plazo ya francamente entrado en zona de muerte del huelguista). Varios integrantes de Acción Palestina, no aceptan como buena la idea de ser encarcelados durante 14 años por sus críticas y acciones no violentas.
Es la mayor huelga de hambre del último medio siglo y sin embargo, ha sido totalmente obviada desde los medios de incomunicación de masas, ignorada por el gobierno británico. Starmer puede seguir durmiendo con tranquilidad.
Es cada vez más preocupante el estado de salud de los huelguistas. Esperemos que el gobierno británico actual no llegue a la crueldad con que Margaret Thatcher trató a los presos prisioneros del IRA irlandés, que reclamaban el estatuto de “presos políticos” y no el de delincuentes que se les atribuía. Varios luchadores irlandeses por la independencia lo tuvieron que pagar con sus vidas.□
[1] https://www.youtube.com/watch?v=C8_sht6p_SQ
[2] No es nada original: es lo que siempre han hecho los colonizadores/conquistadores sobre los colonizados/conquistados.
[3] El historiador palestino Mazin Qumsiyeh repasa lo que acabamos de glosar. Compartir la tierra de Canaán, edición en castellano, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2007.
[4] Un proceso que afecta a europeos y, ocasionalmente a quienes se “europeízan”; población que accede al universo europeo por alguna “puerta grande”; no como la inmensa mayoría de “laburantes del tercer mundo” que viven en los arrabales de las ciudades europeas integrando una suerte de proletariado transnacional y multirracial. La “europeización” se procesa, por ejemplo, haciéndose pareja de un europeo, cursando en universidades europeas, integrándose en consorcios transnacionales de “primer nivel”. Más allá del logro material, la europeización implica una suerte de “lavado de cerebro” puesto que el sujeto implicado deberá borrar su propia identidad como excluido, como ciudadano de segunda… o de tercera. Por eso, es tan patente la actitud de parvenu de tantos de estos “recién llegados” (conozco penosos ejemplos personales).
[5] Véase “Cómo informar hechos puede llevarte a 14 años de cárcel por terrorismo”, https://www.unz.com/jcook/how-reporting-facts-can-now-land-you-in-jail-for-14-years-as-a-terrorist, Unz Review, 22 dic. 2025.
[6] Es una empresa con mucha presencia en el Río de la Plata. Porque se le atribuye fuertes contactos con Elzstajn, Eduardo, padrino de Javier Milei, considerado el hombre más rico de la Argentina, con fuertes inversiones inmobiliarias, financieras, ideológicas, tecnológicas y agroindustriales. Preside IRSA, Banco Hipotecario, y empresas como Cresud y BrasilAgro. En Uruguay, Elbit Systems dispone de un contrato con las autoridades municipales de Maldonado a causa de la intervención de CIPEMU (Comité Israelita Punta del Este, Maldonado, Uruguay), un lobby local que patrocina el proyecto de “Ciudades inteligentes” (con altísima cobertura de vigilancia). Llamativa la vigilancia elevada a primera necesidad.
[7] Los “daños colaterales” están tabulados: hasta 15 muertes para asesinar a un militante auxiliar o de bajo nivel y hasta cien muertes si el operativo invoca la supresión de un “pez gordo” de las organizaciones armadas clandestinas.