El asesinato pedagógico de Jamal Khashoggi

por Luis E. Sabini Fernández – 

Analizando el asesinato de Jamal Khashoggi, recuerda Daniel Shapiro[1]  cómo fue considerado otro asesinato político ordenado a su vez por Napoleón Bonaparte: “Algo peor que un crimen; un error”.

Shapiro  analiza las consecuencias de lo acontecido por orden del príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, sobre la política de EE.UU. e Israel.

Y nos muestra cómo funciona la estrecha alianza entre la dirección político-militar estadounidense y la saudí (y la israelí, jugando en todas las bazas).

Shapiro se alarma acerca de la infiltración, imparable, de los detalles del asesinato, digno de una novela nórdica de los últimos tiempos con lesiones previas a la muerte, atrocidades varias, dedos seccionados estando todavía vivo y corte final de cabeza para darle otro destino que al tronco de lo que fuera Khashoggi, al parecer competidor en el marco de la realeza, periodista, espía y/o contraespía, vaya uno a saber al servicio de qué servicio.

Sabemos que lo acontecido en territorio turco no contó con la complicidad de las autoridades anfitrionas que, por el contrario, hicieron todo lo posible para desnudar el “affaire”.

Shapiro nos dice que este strip-tease macabro malogra una provechosa alianza de décadas entre EE.UU. y Arabia saudí por un lado e Israel y EE.UU. por otro (y por encima o por debajo, la misma curiosa alianza entre dos estados hiperconfesionales; Israel y Arabia saudí).

Shapiro entiende que “Mohammad bin Salman no calibró el efecto de este tipo de asesinato haciendo trizas todo margen de aceptabilidad para el público estadounidense y para todo el elenco de ambos partidos en el Congreso”.[2] Pone como ejemplo que congresales tan de derecha como Marco Rubio hayan puesto el grito en el cielo.

Estamos entonces −cada vez importa menos la muerte por asesinato− ante la atención a brindar a la pudorosa opinión pública estadounidense. El alma del ciudadano norteamericano no puede oír, sin estremecerse, la peripecia vivida por Khashoggi.

Shapiro lo dice sin pelos en la lengua: “La represión saudí no es algo nuevo y probablemente el sistema político de EE.UU. podría acomodarse si mantenemos un cierto nivel bajo de visibilidad.” [sic]

Bin Salman no advirtió el efecto en el alma norteamericana de hacer lo que se le hizo a un periodista del establishment (Khashoggi era redactor habitual de Washington Post).

Shapiro, abundando sobre el efecto devastador de la imagen de tamaño asesinato sobre el público norteamericano y transitivamente sobre las decisiones políticas, nos confiesa que el terremoto obligará… −observe el lector el abismo que se abre− a vender algunas menos armas a Arabia saudí, que generalmente se ha provisto más que generosamente de los avances de la industria militar estadounidense.

Shapiro considera que “tal vez el fallo mayor del asesinato de Khashoggi proviene de la obsesión de ben Salman por silenciar a sus críticos, con lo cual se pierde fuerza en el intento de construir un consenso internacional para presionar a Irán.”

Es decir, a Shapiro le preocupa no el método empleado para eliminar a Khashoggi, y menos todavía la cuestión misma de la eliminación de competidores; apenas los dólares (millones) que no pasarán de las arcas saudíes a las estadounidenses o que debilita la presión para desmantelar a Irán.

Todo se instrumentaliza. En rigor, volviendo a la anécdota con Napoleón, no se trata de asesinar menos, se trata de que se note menos. La opinión pública, en tal caso, no ofrecerá dificultades y las correas de transmisión funcionarán fluidamente.

No hay que herir los oídos de gente sensible. Hay que hacer las cosas “a la chita callando”. ¿Por qué esa obsesión por deshacer un ser humano en vida y registrarlo? Hay un aspecto, fabril, de dejar constancia y confirmar la calidad de un “trabajo”, es cierto, pero si eso llega a manos indebidas, “nos” perjudica.

 

Shapiro replantea, sin decirlo, lo que pasó con E. Snowden, con B. Manning, con J. Assange, para mencionar apenas a los tres más famosos violadores de “obediencia debida” más recientes. Ellos revelaron consciente y voluntariamente lo que el cuerpo mutilado de Khashoggi una vez más nos muestra. Por eso, lo que tememos con Snowden, Manning, Assange, y ellos también,  es que quieran matarlos (o pudrirlos en la cárcel).

Porque lo malo no es hacer algo malo.  Lo malo es que se sepa. Y cierto estilo sádico, afiebrado, patoteril, grupal –como por lo visto es el de MBS (el apodo o sigla con que se conoce a Mohammad bin Salman−, tiene mayor riesgo de filtraciones.

La mezcla en Shapiro de lucidez y amoralidad, de pragmatismo, en suma, es tal vez más aterradora que el terrorismo expreso (que a veces es torpe).

Bueno es advertir que esto es lo que tenemos como diseño de la cosa política hoy enfrente nuestro (y por encima y a nuestras espaldas… por doquier).

Tendremos que agradecer a la patota sagrada e imbécil de los sunnitas más fanáticos de ese estado que es de una familia, llegar a otear la sordidez de nuestro presente.

La búsqueda de la verdad era el viejo motto de periodistas, y antes, de filósofos.

Aunque cueste pensarlo o se sienta uno pasado de moda, sigue siendo la cuestión clave, ardua, casi inalcanzable.

Podríamos transformar la vieja consigna que se atribuye a Pompeyo para arengar a los marineros temerosos ante la tormenta, “navigare necesse est, afirmando: veritas necesse est.

[1]  Daniel B. Shapiro, “Why Khashoggi Murder is a Disaster for Israel”, Haaretz, Tel-Aviv, 21 oct. 2018. Como puede advertir el lector, ya en el título Shapiro expresa lo que le importa; no la vida sino los perjuicios (para Israel).

[2]  Ibíd.

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Majfud invoca los 50 años del asesinato del Che desde EE.UU.

por Luis E. Sabini Fernández –

Jorge Majfud ha hecho una recordatoria del Ché a los 50 años de su asesinato.

Viviendo en EE.UU. ha hecho una comprensible recordatoria comparando, como él dice “el carácter radical y violento” del Che aclarando con precisión y justicia que “lo fue mil veces menos que la CIA, que el gobierno estadounidense de la época.”

Majfud pasa revista, inevitablemente incompleta, de los atropellos, abusos, saqueos a los que EE.UU. ha sometido al resto del Nuevo Continente “en nombre de Dios, la Patria, la Familia y la Libertad”. Es tal vez una pizca demasiado optimista cuando se refiere al gobierno de Arbenz y antes Arévalo, como “una de las pocas democracias en América Latina en 1954.” [1] EE.UU. arrasa Guatemala con la CIA y una banda de mercenarios como grupo de tareas de la United Fruit ─una empresa transnacional de origen norteamericano─ porque el gobierno nacionalista guatemalteco se atrevió a cuestionar las ganancias ilimitadas de los esclavistas estadounidenses (Arbenz propuso expropiar, nos lo recuerda Majfud, a la compañía por su valor de aforo, ridículamente bajo para no pagar impuestos, y eso les colmó la paciencia, no los pujos democráticos que cuando son dentro del establishment, bienvenidos).

Majfud nos recuerda cómo reaccionó Guevara contra semejante estado de cosas.

Y repasa el bajísimo umbral de tolerancia de la “American Democracy” a cualquier atisbo de resistencia como el guatemalteco ya señalado o, más tarde, el chileno, con Allende o incluso, recientemente, el hondureño con Zelaya.

Todo esto es entendible y constituye una verdadera lección de historia política para el universo madeinUSA,  para el lector medio estadounidense, con su nivel de ignorancia supina. Para la sociedad que habita y conoce Majfud.

Pero el universo al sur del río Bravo necesita, necesitamos, otra cosa. Al cabo de 50 años, más reflexión y menos pleitesía.

Aquí nosotros vivimos, convivimos, con las tesis de Guevara, con su prédica y su acción. Los que vivimos al sur del Río Bravo, incluso algunos al norte, y humanos en todos los continentes, no necesitamos [2] este memorial para estadounidenses cuidadosamente infantilizados gozando sus privilegios “eternos”.

Aquí estuvieron las guerrillas guevaristas, los asesinados y los desaparecidos, las sociedades truncas y los sufrimientos.

Entre nosotros, necesitamos entender a Guevara no desde los atropellos yanquis sino desde las rebeliones y responsabilidades propias en nuestras sociedades. En ese sentido, Majfud se la hizo fácil con  semejante “biografía”. Aparecida en info/alai, en comcosur (y no sé en cuántas otras publicaciones “del sur”).

¿Ayudó Guevara a forjar un nuevo mundo sin el capital como mando supremo?

Mi respuesta inicial es que no. Que al contrario. Contra su voluntad, claro. Con un heroísmo y un idealismo que nadie discute, pagó con su vida… ¿lo qué? ¿la obtención de una sociedad mejor? En todo caso, su sacrificio no permitió la liberación, pero tras su asesinato, las redes imperiales represivas tendieron a consolidarse.

Con vaivenes históricos, como siempre. Ya entrado el siglo XXI, con Chávez al frente, la constelación del poder transnacional con eje en EE.UU., pareció si no trastabillar, al menos retroceder; el ALCA no se concreta. Pero ya estábamos lejos de la estela guevarista.

De lo que se trata, a cincuenta años de su muerte, es examinar qué pasó con sus pasos políticos, con su programa y con la oleada guerrillera que lo tuvo como norte.

Entiendo que una anécdota que ha contado Osvaldo Bayer, un contemporáneo del Che (incluso una pizca mayor), es muy ilustrativa: triunfante la Revolución Cubana con su levantamiento y consiguiente “guerrita” ─como bien la denomina Jorge Masetti (hijo de un lugarteniente dilecto de Guevara)─ Guevara recibe una (de las tantas) delegación de argentinos más o menos deslumbrados (y deslumbradas, acota Bayer). Guevara entonces, ofrece una pequeña clase magistral: de pie entre sentados pasa a explicar los pasos a dar para alcanzar la revolución: que hay que disponerse, un par digamos, a desarmar un policía aquí, otro allí, que en posesión de un puñado de armas hay que decidir entre una media docena de bravos, el copamiento de una comisaría y así, ir acumulando fuerzas, hasta sentirse en condiciones de copar un cuartel luego de elegir y sopesar cuidadosamente el más vulnerable… e cosi via.

Bayer recordaba que en una pequeña pausa, le preguntó a Guevara, extrañado por su monólogo “armado”, si acaso “los contrarios” no jugaban. Guevara se dio vuelta ante tan inoportuna pregunta y desde su altura, le contestó con desdén: “son todos mercenarios”. 1960.

Bayer no lo dice, pero la contestación revela una profunda ignorancia del alma humana. No eran todos mercenarios, o en todo caso, si lo eran, ni lo sabían. Puesto que muchos militares, y hasta policías, se hicieron matar “defendiendo las instituciones”.

Dejando la anécdota con Bayer y los deslumbramientos de delegaciones con progresiva guerrillodependencia, lo cierto es que en Cuba fue relativamente fácil (se ganaron batallas incluso sobornando a jefes del corrupto régimen de Batista), al menos en comparación con el resto de América Latina, con la trágica gesta de sacrificios heroicos que se llevaron decenas de miles de muertos, sobre todo jóvenes, en América Central [3] y en el sur americano.

Toda, casi toda esa lucha cumpliendo cabalmente los preceptos guerrilleros terminó, ya sabemos cómo terminó. De eso tendríamos que rendir cuentas.

Pero cuesta muchísimo hacerlo. Porque Guevara dio la vida por sus ideas. Y cada uno, comprometido, militante, se pregunta sobre dar su propia vida o que no la dio. Y eso menosca-ba. Hace incriticable al sacrificado. Aunque él haya contribuido con su intemperancia, con su dogmatismo fácil, con su pretensión de mando político y militar, con su consigna sencilla y segura (como la Ley de Murhpy que nos recuerda que “los problemas complejos tienen solucio-nes falsas que son sencillas de aplicar”) a la derrota que le costara su vida. Cuesta entonces reconocer que su “camino” era irreal,  con dosis fuerte de delirio. Se mezcla ese juicio de reali-dad con el hecho indudable que no era nada fácil de seguir por la dosis de valor requerido. La imitación a Cuba que Guevara y sus adláteres postularan fue finalmente abandonada luego de que miles, decenas de miles de militantes, guerrilleros, abnegados seres humanos, fueran destrozados por la represión en casi todos los estados de la mal llamada América Latina.

¿Tuvo sentido? Me permito dudarlo. Y eso sin entrar al fin perseguido: el hipotético mundo socialista, celosamente construido por la vanguardia que “a todos nos guía”. Que en vida del Che conservaba su presencia fáctica, que era una pesadilla en la mayoría de los “estados socialistas”, aunque para muchos era todavía un sueño.

Hoy estamos más desnudos, más en harapos. Pero también con menos velos.

¿Cuánto tiempo necesitaremos para abordar esta problemática? ¿O el sistema cleptocorporocrático globocolonizado se saldrá con la suya construyendo zoológicos humanos bioingenieriles? “Felices” en el centro planetario; adormecidos y hundidos en la periferia?

[1]  Omite decir que se trataba de una democracia “blanca”, eurocentrada, ajena y hostil a la población aborigen, mayoritaria en el país.

[2]  Nunca hay cortes absolutos entre sociedades; EE.UU. tuvo también sus “desaparecidos” a causa de la política genocida de la dirección norteamericana en el sur; me viene a la memoria el periodista Charles Horman (The Nation) que encaró su trabajo con responsabilidad y veracidad, pecados mortales para los invasores estadounidenses.

[3]  Hubo, sí, una excepción: veinte años de lucha guerrillera en Nicaragua, con el país destrozado, logró acabar con la dictadura títere de los Somoza.

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Israel avanza con su Plan Yinon

por Luis E. Sabini Fernández –

  1. La partición de Irak ha adquirido estado público. Estamos a tres días del plebiscito anunciado en el norte kurdo iraquí para el 25/9, impugnado por el gobierno del devastado Irak.

El plebiscito abarca la región kurda, un décimo de la superficie iraquí con unos 4 o 5 millones de habitantes. Luego de las persecuciones de Saddam Hussein a comienzos de los ’80, el Irak kurdo ha quedado bastante escindido del resto de Irak y con un alineamiento total con EE.UU. Se ha convertido en una suerte de quinta columna del Occidente imperial en Irak sobre la frontera con Irán.

Como fruta madura, ese enclave ha estado siendo cada vez más asistido por Israel, que lo ha pertrechado, ubicado como cuña entre dos adversarios suyos recalcitrantes, Iraq e Irán.

El gobierno “federal” iraquí ha negado ese plebiscito. Por su parte, el gobierno de mano dura turco amenaza incluso con una intervención para sujetar las ansias secesionistas,  y que no contagien a la enorme minoría kurda que tiene dentro de fronteras (aunque políticamente, la región kurda turca no tiene nada que ver con su par iraquí).

 

Lo que vemos con este proceso, de  creciente autonomización del Irak kurdo, es un nuevo peldaño en el Plan Yinon, israelí, de 1982. Entonces, este periodista, Oded Yinon, especializado en cuestiones militares e imperiales ─“secretario ideológico” de Ariel Sharon conocido por sus acciones “militares” como “El Carnicero”─,  hizo un mapeo político de los estados que circundaban a Israel y de buena parte de los estados árabes del Magreb, registrando la inmensa cantidad de estructuras con grietas a menudo abismales en su interior, producto, sobre todo, del origen colonial de muchos de tales estados, deglutidos en su momento por el imperialismo occidental e independizados dentro del sistema global vigente; las naciones colonialistas jamás se preocuparon por preservar contigüidades territoriales o culturales de distintas naciones o etnias colonizadas; antes bien, siempre se preocuparon por tejer entidades que les resultaran favorables a sus intereses metropolitanos.

Yinon dibujó su estrategia ─la vieja y tan conocida del ”divide y vencerás”─ en un paper de apenas 15 páginas.

Un judío radicalmente enfrentado al experimento sionista, Israel Shahak, lo tradujo de inmediato del original hebreo al inglés, y la Association of Arab-American University Graduates ─AAAUG─ lo editó ese mismo año de 1982.[1]

Yinon fue registrando fisuras sociales, idiomáticas, étnicas, económicas en todos los estados de la región y estableció como meta reconstituir estados que siempre fueran de menor poderío económico, poblacional, que el israelí.[2]

En ese recuento, Yinon nos habla de un Líbano partible en cinco pedazos, un Egipto  en seis, una Siria también pulverizada en cinco trozos, un Irak en tres, y sigue enumerando los estados a fragmentar o ya inmersos en divisiones, como Argelia entre las etnias árabe y bereber, o en trance de tenerlas; Libia, Túnez, Sudán y en general todas las formaciones políticas de la Península Arábiga.

En el caso de Irak, Yinon repasa su estructura: una mayoría chiita sin control político, una minoría sunnita dirigente (Hussein era sunnita) y la minoría kurda.

 

  1. Realizado finalmente el referendo el martes 25/9, el resultado, señalado muy escuetamente en muy escasos circuitos mediáticos, nos indica que casi un 93% de los votos fueron al sí por la independencia (un 7% en contra). Sin embargo, tal información no discrimina los territorios en que se votó, entre los cuales hay zonas netamente kurdas y otras, como la rica región de Kirkuk, con población kurda y árabe en partes parejas.

De todos modos, hecho el plebiscito, hay que ver ahora su concreción. Inicialmente se le otorgaba un año de plazo…

Porque no sólo el gobierno central iraquí desautorizó primero la realización del plebiscito y ahora su reconocimiento.

En realidad, el plebiscito fue también desestimado por EE.UU. y varias otras voces  circundantes. Como las de Europa y Turquía (en rigor, sólo Arabia Saudita e Israel aprobaron su realización).

La posición de EE.UU. es significativa. Nazarín Armanian escribió una nota ya en vísperas del referendo, explicando “Por qué EE.UU. (no) se opone al referendo de independencia de Kurdistán” [3] donde el paréntesis es la clave.

Armanian explica que EE.UU., siempre adscripto a la geopolítica israelí, aprueba semejante desmembramiento de Irak (que no hace sino continuar su propia obra de demolición de 2003 y anteriores [4]), pero que no lo considera adecuado en este momento. Opta por consolidar al gobierno iraquí, que aunque chiita  como el iraní, es aliado de Arabia Saudita y consiguientemente de EE.UU. Más en general, prefiere dar tiempo a que maduren estructuras kurdas hacia una administración propia. Y en no debilitar al gobierno chiita iraquí que funciona rechazando toda liga con Irán.

 

  1. La política de despedazamiento que denominamos “Divide y reinarás” prosigue con el inmisericorde castigo sobre la población yemení; el ataque feroz de Arabia Saudita sobre Yemen. Extraemos los datos que siguen del relevamiento de Guadi Calvo, periodista argentino especializado en la zona mesooriental entre África, Asia y Europa.[5]

Yemen (medio millón de km2 y entre 25 y 30 millones de habitantes), desde hace 2 años es agredido por Arabia Saudita y una treintena de estados musulmanes (más la presencia beligerante del ISIS) luego de que la oposición en el país pusiera en fuga al presidente que buscó refugio en Arabia Saudita; ha sufrido no menos de 20 mil muertos, 800 mil fugitivos del país, y entre 12 y 14 millones de desplazados internos; el año pasado estalló una  epidemia de cólera por las precarias condiciones higiénicas y sanitarias que lleva ya 2500 muertes y 500 mil contagiados; las redes de puertos, rutas, usinas, hospitales, escuelas y miles de vivienda colapsadas; por lo menos 14 centros clandestinos de detención masiva que incluye menores; aplicación de “tortura extrema”, desapariciones carcelarias y una ristra de obscenidades y atrocidades inagotable. Yemen ha sido convertido en un infierno. Como la Franja de Gaza, pero decenas de veces más grande.

La participación de Israel ha sido significativa: sus satélites espías entregaban ─¿entregan?─  información sobre combatientes yemeníes a Arabia Saudita. Y sus cazas han cooperado con las fuerzas saudíes en los cielos yemeníes.[6] En realidad, Israel repite la “contribución” militar que ya en los ’60 decidiera, también apoyando a Arabia Saudita cuando la lucha entre Yemen del Norte y Yemen del Sur.

La furia que ha descargado Arabia Saudita y aliados sobre la población yemení se “explica” por la movilización que ha derrocado a su monarca. Se trata de houthies,  chiítas, y se los visualiza como afines a Irán. La idea de que aparezca algún aliado a Irán entre naciones árabes les quita el sueño a saudíes, israelíes y a EE.UU. y desnuda de lo que son capaces; destruir a toda una sociedad.

 

Ya habíamos visto pesadilla similar en Sudán, antes de concretarse la división del país. Israel fue el primer estado que reconoció el flamante Sudán del Sur, escindido. Pero tal vez no resulte tan fácil llevar adelante la metamorfosis para que Egipto adopte ‘la solución de seis estados’… (Yinon reitera a lo largo de su escrito el ansia de adueñarse de la península de Sinaí, esperando que “Egipto brinde a Israel la excusa para que tengamos el Sinaí nuevamente en nuestras manos por cuarta vez en nuestra breve historia” [¡sic!] que es un reservorio energético apreciable, con lo cual nos está diciendo que de los seis miniegiptos concebidos con su proyecto de dominaciòn, uno está asignado para caer de inmediato bajo bandera israelí).

Pero el escollo mayor, parece estar en el despedazamiento de Siria. Hasta donde veo, entiendo que Rusia no aceptó el destrozo de Siria como había observado “neutralmente” el de Libia. Siria es un aliado. Con el único puerto ruso en el Mediterráneo… la cúpula rusa en su momento aclaró incluso: ─’No vamos a tolerar otra Libia’ [en Siria]. Y no lo han hecho. Tampoco Irán, que vio que la caída de esa otra ficha de dominó precipitaba un juego favorable a la dupla Israel-EE.UU. Jugó sus cartas contra los freedom fighters que estaban despedazando Siria (la situación siria se hizo muy compleja, por el carácter dictatorial del régimen de Assad y la presencia, al menos inicial, de una oposición no violenta).

En Siria durante años se libró una o varias guerras civiles e internacionales a la vez, con combates entre militares y bombardeos a civiles, que ha devastado al país. Sin embargo, poco a poco, con el apoyo de Rusia e Irán contra el ISIS, evitando conflagraciones entre tropas oficiales europeas y estadounidenses y equivalentes rusos, iraníes e incluso sirios, el gobierno de Assad ha ido reconquistando suelo, ciudades, territorios, hasta forjar una posición firme y tendencialmente de predominio.

Queda en Siria una ristra de situaciones desesperantes, la ciudad de Aleppo deshecha, daños humanos y materiales sin cuento, algunos bolsones de resistencia del Califato Islámico y, por ejemplo, el destino de los encarcelados y encarceladas, de secuestrados y secuestradas tanto del gobierno sirio como de las bandas “insurgentes”. Pero aun si uno se informa con fuentes que no simpatizan con el gobierno sirio[7] se recibe la impresión de que no estamos en los círculos más bajos del infierno, como en los informes sobre la que se vive en Irak, en Sudán, en Yemen, en Afganistán, en la Franja de Gaza…

El plan Yinon entonces ha tenido un traspié.

De todos modos, las naciones musulmanas que circundan Israel están todas francamente afectadas por el “Divide y reinarás”, y uno ve sus huellas hasta en territorios más lejanos, como Somalía, Afganistán, Argelia, Marruecos, Pakistán…

 

  1. El Plan Yinon, con sus largos 30 años a cuestas tiene, sin duda transformaciones profundas. Solo el “Divide y reinarás” está en pie. El propio plan fue concebido en un momento de enfrentamiento al menos presunto, entre “superpotencias”. Y Yinon, con el plan, procuraba crear un ámbito propicio para Israel al margen de aquel “duelo de titanes”.

La URSS colapsó, para sorpresa de tantos analistas “científicos”, y EE.UU. ha sufrido dos formidables cambios geopolíticos: 1) quebrada la URSS, expandió su presencia y dominio a todo el mundo y en particular sobre la vieja zona de influencia soviética casi todo recolonizada por EE.UU. y 2) Israel ha ido ampliando su influencia dentro de EE.UU. dominando con mano segura sus instancias parlamentarias y coordinando, con escasos percances, la actividad ejecutiva propiamente dicha en los terrenos militar y securitario. La unión EE.UU.-Israel parece más estrecha que nunca. Y más orgánica que nunca antes.

Otra expresión de la creciente influencia israelí en el mundo entero se aprecia por su comportamiento con y en la Franja de Gaza, y sobre todo como reacciona ese “mundo entero”:  sometida a una experiencia más bien “zoológica” ─el millón y medio de seres humanos allí albergados son racionados, privados de casi todos los atributos del “mundo civilizado”, embretados, dirigidos, frenados, castigados como animales, y el resto de los seres humanos del planeta, ese “mundo entero” tiene poco y nada qué decir, al menos en todas sus instancias jurídicas, mediáticas, institucionales, de derecho internacional, etcétera, etcétera. Y estamos hablando de un “tratamiento” que lleva ya once años.[8]

Hay muchas más pruebas de la expansión y el poderío israelí que no hacen obsoleto al Plan Yinon, pero lo “elevan” a un orden ya no regional sino planetario. Baste señalar, entre nosotros, cómo Israel ya no solo atiende el Cercano Oriente; acabamos de ver su plan “latinoamericano” a través del viaje de ese fascista hecho y derecho,[9] Netanyahu, revisando situaciones y relaciones, pasando revista a sus posibles nexos con los complacientes gobiernos de Argentina, Colombia y México.

[1]  En castellano apareció como “Una estrategia para Israel en la década de los ‘80” Revista de Estudios Árabes, Buenos Aires, ene-jun. 1984, editada por Saad Chedid. En internet figura en castellano únicamente en El Estado de Israel armó las dictaduras en América Latina, Editorial Canaán (del mismo editor), Buenos Aires, 2007.

[2]  Desde los ’60, con un Israel potencia nuclear, lo militar tiene menos relevancia, aunque también es cierto que la densidad poblacional del Cercano Oriente desaconseja cualquier empleo de bombas nucleares si uno no quiere ser perjudicado aun siendo el que las “administre”…

[3] Público,  Madrid, 24/9/2017.

[4] EE.UU. encaró la destrucción del Irak liderado por Saddam Hussein casi desde los comienzos del BAAS de Hussein, a principios de los ’80. Hussein trató de realzar el papel de los países productores de petróleo y llegó a diseñar una canasta de monedas internacional para romper con la dependencia al dólar. Esto lo convirtió en enemigo jurado de la Reserva Federal y sus administradores (privados) en particular y de la elite gobernante estadounidense en general. Y será castigado sin pausa; bombardeo de su planta nuclear en 1981; guerra de desgaste con Irán 1981-1989; Tormenta del Desierto, 1991 y finalmente el golpe de gracia en 2003: invasión, arrasamiento de las redes industriales, comunicacionales, ministeriales, militares, culturales y de servicios; apresamiento y ejecución de Saddam Hussein como si se tratara de un veredicto jurídico y no de una venganza política. El comportamiento estadounidense e israelí prueban que se trataba de una molesta presencia que empañaba el dominio completo.

[5]  “Yemen: los secretos del genocidio”, COMCOSUR, Montevideo, 27 set. 2017.

[6]  Rasoul Goudarzi, “Israel y Arabia Saudí: enemigos en el pasado, amigos hoy”, en

http://www.hispantv.com/noticias/opinion/29415/israel-y-arabia-saudi-enemigos-en-el-pasado,-amigos-hoy.

[7]  Hannah Summers, The Guardian: <https://the guardian.com>.

[8]  Existe sí la denuncia permanente a este estado inadmisible de cosas, pero únicamente por individuos con sensibilidad y dignidad, como Richard Falk, por ejemplo, y contados pocos más.

[9]  El partido de gobierno de Israel, Likud proviene del Betar, el partido sionista fascista fundado por Zeev Jabotinski en 1923, con apoyo de Mussolini.

 

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Macri y Netanyahu, un solo corazón

por Luis E. Sabini Fernández

Como no podía ser de otra manera, las autoridades políticas argentinas, con su presidente al frente, reciben con los brazos abiertos a un gobernante, Beniamin Netanyahu, que no cumple con ningún requisito de los que se consideran democráticos, al menos públicamente, al menos con la escala proclamada por las Naciones Unidas.

Netanyahu será además recibido y declarado “visitante ilustre” en los recintos del Legislativo porteño, motorizado el nombramiento por otra integrante de Cambiemos.

Netanyahu constituyó gobierno en 2015 con un gabinete que pasará a la historia de la ferocidad, el racismo y el desprecio. Ya era veterano en la cúpula israelí porque había sido premier tres veces antes. Pero el gabinete que constituyó hace un par de años es realmente el termómetro de la situación actual, de la relación de fuerzas que goza la derecha y del racismo estructural del Estado de Israel. Un ligero recuento: el ministro de Defensa Moshe Yaalon definió a los palestinos como “un cáncer”.

Su vice, Ben Dahan, que seguramente se considera un alma sensible y ortodoxa declaró: “nuestro pueblo tiene almas más elevadas, incluso si son gays.” ¿A qué se refiere Ben Dahan cuando entiende que las almas de lo que llama “pueblo judío”  “son más elevadas”; no sabemos si se refiere respecto de las de los palestinos o a las del resto de la humanidad, un poco más nazísticamente pensado… tampoco captamos la referencia a lo gay

De todos modos, con Naftali Bennet, ministro de Educación, nada menos, volvemos a los “puros y duros”: “He matado a muchos palestinos en mi vida. No hay problema con eso.[1] Reafirma lo que han dicho varios soldados israelíes; se puede matar palestinos sin riesgo judicial alguno.

La ministra de Justicia, Ayelet Shaked, pica alto y llamativamente con su rostro hermoso, ovalado, rodeado por gruesas trenzas: aboga por el ‘asesinato [sic] de las madres palestinas’ porque “paren ofidios que atacan su patria” [sic].[2]

La simpática ministra de Deportes, Miri Regev, refiriéndose a manifestaciones callejeras “no autorizadas” de población negra, los trató de “cáncer”.

Como vemos en este somero repaso, los calificativos “médicos” tienen cierto predicamento en el gabinete del gobierno israelí.

Entre los restantes ministros, están los infaltables que consideran que el pueblo palestino ni existe.

Con estos personajes, supremacistas y procaces, no resulta muy difícil imaginar políticas. Pero repasemos algunas.

En  el campo tan elogiado por Macri del emprendedurismo: “Compañías israelíes ofrecen campos de entrenamiento turístico en los cuales familias, incluso con sus niños pequeños, practiquen tiro con armas de fuego cargadas con balas de plomo sobre blancos que semejen palestinos.” [3]

Seguramente al presidente M. Macri lo tiene sin cuidado este tipo de monstruosidad cultural tan israelí, y en cambio sí le interesan las posibilidades comerciales que brinde el trato con el Estado de Israel, que, usando a los palestinos como cobayos, ha desarrollado una serie de dispositivos de seguridad que promociona con descaro como “probados experimentalmente”. A eso fue la ministra de Seguridad Patricia Bullrich en su reciente visita a Israel, donde con ropa de fajina militar recorrió el espinel de los “adelantos militares”.

Israel ha logrado ser aceptado como miembro observador de la OEA desde 1972. En época no demasiado democrática para los estados americanos… Es además el único socio de MERCOSUR que no pertenece a la región. Estas inserciones revelan el grado de penetración israelí en políticas locales. Como explicara el secretario de la OEA Luis Almagro, Israel es “amigo y socio estratégico para las Américas”.

La Argentina europea y blanca del nuevo tiempo con Cambiemos busca estrechar vínculos con sus fuentes inspiradoras; ¿qué mejor que un estado como el israelí  que, como bien dice el historiador (de origen judío) Ilan Pappé,[4] “no es una democracia”. Ha arrebatado tierras palestinas sistemáticamente y con crueldad (p. ej., jugar al blanco, matando, a campesinos expulsados por el ejército en 1948 que volvían en la noche con sus azadas o rastrillos a querer seguir cuidando sus cultivos…).

Pappé nos recuerda que: “destruir casas palestinas no es democrático”, que “encarcelar palestinos sin juicio no es democrático”, que “doscientos métodos para torturar palestinos (puestos a la luz pública por el Middle East Monitor) no es democrático[5] Ahora, este año, han inaugurado el derribo de escuelas palestinas.[6] Tampoco es democrático.

Por si hacía falta para enhebrar esta alianza, M. Macri se ha encontrado con B. Netanyahu recientemente en el Foro de Davos; la caja planetaria de resonancia de la vanguardia del gran capital.

El nuevo gobierno argentino ha dado ya numerosas pruebas de su identificación con lo más “granado” de la derecha mundial europeizada y globalifílica: desde el apoyo a los forjadores de la guarimbas venezolanas hasta el coqueteo con el colega estadounidense Donald Trump en ese oficio no tan nuevo de empresario metido a político.

Ahora, la alianza que procura este gobierno con la dictadura supremacista israelí, multiplica el entretejido de alianzas (puesto que EE.UU. e Israel ya constituyen una suerte de entidad política en sí misma).

Al gobierno de Cambiemos ya ni le interesa la mascarada seudodemocrática de “la teoría de los dos estados” donde al menos de palabra se hablaba de cierta entidad política palestina. Netanyahu puede estar contento: la hostilidad hacia los mapuches (como hacia los wichíes en el norte, p. ej.) le revela que este gobierno tiene profundas coincidencias con su concepción del mundo.

La derecha afirma sus conquistas.

Para la sociedad oficial argentina, Netanyahu es “el visitante ilustre”.

Para la resistencia, persona non grata.

 

[1]  http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=46297.

[2]  https://www.telesurtv.net/news/Israeli-que-pidio-matar-a-madres-palestinas-es-ahora-Ministra-20150512-0151.html

[3]  Richard Falk, exrelator de la ONU para Palestina, que ha denunciado incansablemente los atropellos del Estado de Israel sobre la población palestina: Middle East Monitor, cit. p. Palestinalibre.org.

[4]  Autor de La limpieza étnica de Palestina, Crítica, Barcelona, 2008.

[5]  “No, Israel no es una democracia”, http://www.jacobinmag.com/2017/05/israel-palestine-democracy-apartheid-discrimination-settler-colonialism. Traducción de Resumen Latinoamericano.

[6] Chloé Benoist, Middle East Eye, reeditado por www.rebelion.org, 31/8/2017.

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¿Necesitamos Fideles Castros?

por Luis E. Sabini Fernández.

La muerte de Fidel Castro ha dado pie a una extraordinaria aunque previsible oleada de pésames, oraciones funerarias, emociones fuertes y doloridas por su muerte, despedidas combativas, desconocimiento militante de su muerte para que siempre siga vivo. Aunque también a la sarta previsible de festejos y revanchas del bando anticomunista, anticastrista y/o similares.

Ni se me había ocurrido mezclar mi mínima voz ante lo acontecido (y menos todavía porque no acepto alinearme con ninguno de tales coros)[1], pero una nota de Marcelo Marchese, sensata como lo que este escribidor escribe, me ha impulsado a poner en letras que apenas serán leídas mi contacto con ese hombre, mejor dicho la única vez que lo vi en mi vida.

En abril de 1959, la FEUU, la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay organizó la venida del flamante líder guerrillero y cubano que pocos meses antes había puesto en fuga al titular de la hipercorrupta dictadura cubana, Fulgencio Batista. La FEUU fue la única organización (gremial, política, institucional) que optò por brindarle tal recepción. La FEUU había estado librando diversas actividades contra dictaduras latinoamericanas, en el tiempo en que el Uruguay se creía libre de ellas, y entre ésas, la de Cuba había recibido la repulsa de los estudiantes universitarios organizados que reclamaban, reclamábamos, que Uruguay acabara con la dictadura de Batista o al menos rompiera relaciones con ella.

El secretario general de la FEUU era entonces Alfredo Errandonea, anarquista, y los anarquistas eran, éramos muy celosos  de los métodos federalistas con el que se llevaba adelante la actividad de nuestra gremial universitaria. Aunque minoritarios, la dirección de la FEUU había sido sostenidamente orientada por “los anarcos” jugando con una política de equilibrios y denominadores comunes que ninguna otra tendencia podía ofrecer (comunistas, socialistas, nacionalistas, católicos, batllistas y hasta algún monár-quico). Hasta entonces: desde la instauración del nuevo gobierno revolucionario en Cuba, cambiará la correlación de fuerzas internas en la FEUU adquiriendo poco a poco el mayor peso el campo de “los unitarios”; defensores incondicionales de la Nueva Cuba.)

La FEUU invita a Castro. Castro acepta. La FEUU organiza un acto en la Explanada Municipal de Montevideo. Su Consejo Federal resuelve que el orador inicial será Alfredo Errandonea y el de fondo Fidel Castro. Cuando se va a iniciar la parte oratoria y el secretario general va a subir los dos escalones de la tarima emplazada al efecto es trabado por los brazos por dos de los guardaespaldas de Fidel. Pese a su masa corporal (AE no era menudo) queda inmovilizado y Fidel pasa a su lado, sube en dos zancadas y le sonríe diciéndole: “–Otra vez tú, chico!” El pase no debe haber durado ni dos segundos. Ovaciones, etcétera.

Para FC habrá sido apenas una anécdota, jocosa. Para los cuidadosos federalistas de la FEUU, del mandato imperativo, de las resoluciones desde las bases, del respeto a la lista de oradores, lo de Castro fue una trastada que expresa una forma de ver el mundo (y de verse a sí mismo).

Tengo otro miniepisodio vinculado a FC, aunque no con él personalmente, sino más bien con el culto a su persona.

Vuelto del exilio, con total “naturalidad” fui incorporado al flamante sindicato de periodistas porteños, la UTPBA, que se reclamaba sucesor de la APBA, de la que yo había sido socio a principios de los ‘70.

Por eso (y sólo por eso) fui invitado sin más trámite a un encuentro reservado de la dirección o más bien del núcleo militante de la UTPBA entonces, mediados de los ’80, con el secretario del sindicato de periodistas cubano, revolucionario.

El visitante hizo su exposición y en el intercambio de preguntas hice la inevitablemente incorrecta: –Dijiste que a FC no se le discute. ¿No hay, no puede haber alguna cuestión, algún tema en que alguien tenga algo distinto qué decir?

Silencio y consternación. El cubano, armándose de paciencia magisterial me mirò y me aclarò: –No. No existe tal tema, tal situación. A Fidel no se le discute, ¿está claro?

Acepté la info. Nunca más fui invitado a esos cónclaves reservados. Ya no estábamos en el estalinismo, así que ni siquiera me depuraron de los archivos.

 

No puedo menos que unir estos mínimos apuntes personales con otros datos y “perlas”:

  • Fidel cambió su segundo nombre por el de Alejandro. Su identificación con Alejandro Magno es expresa, sostenida. Muchos de sus hijos se llaman Alejandro o han recibido nombres que empiezan con A.
  • Su primer hijo (al menos legal) recibió el nombre de Fidel, aunque se lo conoció como Fidelio. En 1955 la pareja de Fidel Castro y Mirta Díaz Balart se rompe. Se dijo que la mujer estaba cansada de “infidelidades” (Fidel no hacía mucho caso de su nombre…). Estando FC en el exilio le pide a la madre, en Cuba, que le deje ver y estar con su hijo “por 15 días”. La ex estaba vinculada con dirigentes del gobierno (la dictadura de Batista). Ella accede y él se lo queda; de “los 15 dìas” ni hablar. Tiempo después, un comando de tres militares, presuntamente batistianos, le arrebata el niño a FC y lo devuelve a su madre, en Cuba.

Cuando en 1959 FC se apodera del gobierno de la isla (y su exesposa emprende el exilio con su nuevo hombre y dos hijas), Fidelio queda en la isla. Retenido por su padre. Aunque jamás se supo que lo atendiera; el niño se fue haciendo grande junto a tíos, como Raúl).

 

La oratoria exclusiva de la Explanada Municipal, el culto absolutizado al líder, el arrebato de un hijo de pareja desavenida (aunque en ese  caso, la madre le pagó con la misma moneda), la identificación con Alejandro Magno, revelan una personalidad absoluta, monopólica, avasalladora.

Juan del Sur,[2] comentando el mismo tema agrega otra “perla”:

El día que ustedes se sientan solos, el día en que ya yo no esté entre ustedes, solo les pido una cosa, sean comandantes de ustedes mismos.” Es una cita del Granma (3/12/2016) y completa Juan: “mientras viva él, impera él, y además no se priva de prolongar su tutela aun después de muerto, pues les indica a los inferiores qué cambios de conducta deberán efectuar en ese caso: ni más ni menos, ser personas que se autogobiernen.

El “diálogo” de Fidel Castro con otros es tan desigual, tan egocentrado, que no parece diálogo. El que lleva consigo mismo, apropiándose del mundo, es también problemático. Y el de sus seguidores con ese mismo mundo, todavía más.

Al respecto, podría ser todo un tema, el papel de las mujeres ante hombres así (como bien podría ser el de hombres ante mujeres de este tipo).

Y queda abierto, por cierto, qué habría pasado sin semejante liderazgo.

 

[1]  Una nota sobre el tema es la de Ignacio Ramonet, que se queja amargamente de la pérdida de 2 o 3 lugares de trabajo periodístico que se le cerraron luego de hacerle un extenso reportaje a FC. Se queja del retaceo a la libertad de expresión (suya). Su sensibilidad al respecto es llamativa porque IR tiene libertad de expresión en prácticamente todo el mundo, en una enorme cantidad de sitios donde se ejerce “libertad de expresión”. Me pregunto cómo reaccionaría si le estuviera vedada dicha libertad en la generalidad de las tribunas periodísticas, que es lo que nos pasa a mortales más comunes.

[2]  https://mail.google.com/mail/u/0/?tab=wm#label/socialismos/158d70815b914fbc.

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