Una maldecidísima trinidad: Assange, Sala, palestinos

por Luis E. Sabini Fernández

¿Qué tienen en común un periodista de investigación australiano, una coya jujeña activista polìtica del norte argentino y un pueblo tan limitado, recortado, acribillado su territorio de check-points como el palestino?

En que están despojados  de todo derecho, de todo lo que el ordenamiento jurídico suele calificar como “derechos humanos”.

La lista, el terceto, es arbitrario. Son muchísimos más los humanos expuestos a una excepcionalidad rampante; mi ignorancia me permite apenas mencionar a los yemenitas, a los saharauis, a los rohingya, a los mayas en Guatemala… tantos desamparados en el planeta.

El despojo que mencionamos golpea sobre situaciones bien distintas. En el caso de Julian Assange, vemos la impotencia de un refugio que las autoridades “occidentales y democráticas” se empeñan en recortar hasta la extenuación (un ejemplo prístino de “el gato que estrangula sin hacer sangre”); en el de Milagro Sala vemos un poder local de viejo cuño, patriarcal y despreciativo, que ha decidido castigar a Sala por su desenfado para actuar como si no hubiera por encima suyo “autoridades naturales” que es como se ven a sí mismos los que decidieron escarmentarla, no ya solo privándola de todo derecho sino destruyendo las obras y construcciones que en Jujuy sonaron a blasfemia; viviendas que merezcan el nombre de tal, una pileta para pobres (en una zona subtropical donde “los ricos” tienen pileta), locales y comedores escolares pero laicos e incluso algo peor, con fuerte presencia “originaria”; en el caso de los palestinos, luego de todos los triunfos políticos, diplomáticos, militares, que el asistidísimo Estado de Israel ha cosechado de parte de la comunidad judía mundial que se ha identificado con el fruto del sionismo, de la culposa Europa occidental y en particular del eje anglonorteamericano, en bienes materiales, en financiaciones ilimitadas y préstamos a fondo perdido, en provisión de recursos para bombas atómicas y energía nuclear en general, y en respaldo diplomático, que le ha permitido apropiarse del 78% de la Palestina histórica y de facto del restante 22%, no ha logrado sin embargo hacer d e s a p a r e c e r  a los palestinos, que se aferran con uñas y dientes a su tierra.

Invasiones, guerras han logrado expulsar mediante terror y asesinatos una cierta cantidad de palestinos. Pero el rendimiento de semejante política ha conocido la ley de rendimientos decrecientes. Y un cierto costo político, tal vez al revés, creciente…

Como los dirigentes que hoy en día son casi exclusivamente fascistas, no pueden tolerar tamaña resistencia; periódicamente personajes como Avigdor Lieberman, un continuador de los Sharon y Kahane, ha prometido una expulsión generalizada, una suerte de “tirar todos los palestinos al mar”.

Curioso momento el de nuestra cultura contemporánea. Porque estas situaciones de excepcionalidad jurídica que vemos desplegarse cada vez con mayor fuerza en nuestro presente, coexiste con una pléyade de redes, instituciones y asociaciones jurídicas dedicadas a a atender precisamente estos mismos problemas que venimos describiendo: el Tribunal Superior de La Haya, la Comisión Internacional de DD.HH., el Consejo de Administración Fiduciaria, la Asociación Internacional de Juristas, SIJ, CIADI, CIJ, etcétera, las que nos impulsarían a creer que gozamos de una alta juridicidad democrática.

Si preocupa e indigna el reinado de excepcionalidad descrito, lo que agrava la situación es la impunidad con que tales restricciones a los derechos básicos humanos se despliega en el mundo actual. Presentamos tres penosos ejemplos, dos individuales y uno que abarca a millones de seres humanos, virtualmente secuestrados, constreñidos a un régimen de vida de humillación permanente, de abuso sistemático. Solo la enorme entereza, la dignidad de un pueblo que se sabe dueño de un destino les permite vivir, no solo sobrevivir. Lo mismo podemos decir de Milagro Sala que se ha enfrentado a sus jueces y acusadores con altivez, algo imperdonable para sus cancerberos, y de Julian Assange que soporta estoicamente la reducción de espacio, la negativa a atención médica personalizada y el asedio continuo sin ceder en sus actos de denuncia contra abusos del poder mundializado.

CompartirShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Declaraciones de Alejandro Nario ¿Una maravillosa contaminación?

por Luis E. Sabini Fernández

En recientes declaraciones Alejandro Nario, director nacional de Medio Ambiente de nuestro país[1] expresó que “el plástico es una pandemia mundial”. Una afirmación certera que desnuda uno de los roles básicos de los productos plásticos.

Nos dice que “el 90% del agua que se toma a nivel global contiene microplástico”.[2] Tanto potable como mineral.

Hasta aquí, las apreciaciones de Nario son comprensibles y compartibles.

Dice luego que “aún es difícil determinar sus efectos en la salud de los seres humanos”. Arriesgada afirmación; desde hace décadas hay investigaciones que han verificado la causante de partículas plásticas en enfermedades de muy diverso tipo (desde alteraciones hormonales hasta malformaciones congénitas).[3]

Nario compara la situación con la del plomo al que “se le reconoció muchas virtudes hasta que se descubrió la plombemia.”  Suponemos que se refiere al Uruguay y al escándalo que surgió hace unos diez años, cuando se “descubrió” que el plomo en sangre y huesos afectaba a una enorme proporción de nuestra población.

Pero si hablamos del plomo, hace algo más de 2000 años, su contaminación y efecto nocivo sobre los cuerpos humanos ya se conocía, como “saturnismo”. Médicos romanos comprobaron su presencia entre los trabajadores de las minas de plomo. Y las virtudes eran tan pocas como para que Vitruvio, arquitecto romano a cargo de la canalización de agua corriente para Roma y Pompeya, descartara cañerías de plomo (optó por acueductos de piedra, algunos todavía en pie, y cerámica).

Nario nos cuenta entonces que “con el plástico ocurre un proceso similar; era una salida maravillosa para sustituir el vidrio, porque es liviano y moldeable, pero luego se descubrieron todos los problemas que conlleva.”

Una versión rosa de la historia. Porque el motivo por el cual el vidrio fue desplazado por el plástico no fue por ser algo “maravilloso”, o por su liviandad (real).

Desde el primer momento se descubrió algo ominoso en los envases plásticos: no eran inertes, a diferencia del vidrio, por ejemplo. Los envases plásticos “cedían” partículas a sus contenidos. Y ese proceso −migración− se acentúa ante contenidos grasos  o alcohólicos.

Ante el carácter no inerte de los envases plásticos, la industria petroquímica encontró la fórmula salvadora; los “límites de seguridad”: se puede ingerir plásticos pero solo hasta cierto punto, pasado el cual sería dañino y por lo tanto prohibido.

La fórmula que la petroquímica y los envasadores encontraron para ese “enroque” fue el PADI: Packaging Admissible Daily Intake. La dosis admisible de empaque diario. Leyó bien: lo que se puede incorporar, del empaque, a nuestros cuerpos.

Y fue gracias al PADI que los envases plásticos desplazaron, por ejemplo al vidrio, y no a causa de una “salida maravillosa”.

Pero hemos visto, al principio, que Nario ve cierta problematicidad con el plástico. “Pandemia global”. ¿Cómo enfoca nuestro hombre su solución?

Quitándole la gratuidad a las bolsas de plástico: “En el mundo, el cobro de las bolsas plásticas es el método más efectivo.” Y “que el ‘sobreprecio’ se lo quedarán los comerciantes que vendan las bolsas.” Los comerciantes no bregarán por achicar la pandemia; cobrarán por sostenerla (y hasta aumentarla). Es cierto que un sector de la población optará por llevar sus bolsas para ahorrarse unos pesos. Esta política abre en el tiempo dos estilos; los que eviten pagar el sobreprecio de las bolsas llevando sus propios envoltorios y los que se permitan “la comodidad” de seguir como hasta ahora. Cobrar las bolsas, en lugar de combatir “la pandemia global”, la elude. Y si el derroche mengua, será por falta de dinero…

Esa transición de consumo irrestricto a consumo cobrado es para Nario una medida de ayuda a “la industria nacional del plástico”; “hay que darle tiempo para que se reconvierta […], hablamos de miles de puestos de trabajo, no podemos de un día para el otro que  la gente quede sin trabajo.” Tanto sentimiento es casi emocionante. Lástima que cuando la industria petroquímica despedazara a la del vidrio ese asunto no se tuviera en cuenta; al contrario, se adujo la bondad de la renovación, la modernización, los adelantos tecnológicos. No solo se desplazó a los envases de vidrio, se acabó con la misma industria del vidrio en el país.

Más adelante Mizrahi abunda sobre  el carácter “compostable biodegradable”. No entendemos bien a qué se refiere. Esperemos que no se trate de plásticos oxodegradables; un invento reciente que no biodegrada el plástico pero lo desmenuza más rápidamente, para que pase desapercibido a más corto plazo. En realidad, con la apariencia de solución, es  una vuelta de tuerca en contra de la salud ambiental.

Nario se refiere al agua: “Un tema de debate. El agua en envase de plástico cobró prestigio y el agua de la ‘canilla’ se supo que tenía problemas de potabilidad.” Naturalizando una peculiar coyuntura. Si nos referimos al agua potable de Laguna del Sauce del año 2015, es tal como dice Nario. Pero la investigación que WCA (Waste Collection Authority) llevó a cabo en Gran Bretaña en 1997, ofrece un resultado muy distinto. Dado el auge entonces del consumo de agua en botellas plásticas, hicieron una investigación sobre costos y niveles bacterianos. Estimaron que el consumo de toda la vida de agua de la canilla de un habitante era de casi 30 libras esterlinas; el mismo  consumo usando botellitas de plástico era de algo más de 20.500 mil libras esterlinas.

Sanitariamente, el agua corriente ofrecía una calidad del 99,7% respecto de presencia bacteriana. El agua embotellada arrojó un 98% de aprobación.

Así que si el agua embotellada “cobró prestigio”  pudo deberse a no examinar su calidad, o a que el agua del circuito público uruguayo, de la canilla, se deterioró marcadamente.

Mientras, el municipio romano de la Roma actual, del s XXI, asegura la calidad del agua de todas sus fuentes para que el habitante romano pueda saciar su sed con confianza en plazas públicas evitando andar con su agua a cuestas y, sobre todo, para no recargar los desechos de la ciudad con una cantidad multimillonaria de envases vacíos, gastados, inútiles… y no biodegradables.

[1]  La Red 21, entrevistado  por Ana M. Mizrahi, 11 jun 2018.

[2]  Dado el carácter no biodegradable de los plásticos, con el paso del tiempo, la erosión y otros desgastes las partículas plásticas reducen sus dimensiones. Pero no se biodegradan.

[3]  Véase Our Stolen Future, 1996, la investigación que tres biólogos estadounidenses, Dianne Dumanoski, John Peterson Myers y Theo Colborn, llevaron a cabo rastreando la presencia de micropartículas de policarbonato, poliestireno, PVC, en el origen de una serie atroz de enfermedades.

CompartirShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Carta abierta. Peripecias bancarias para cobrar chirolas del exterior

por Luis E. Sabini Fernández

Estoy jubilado desde hace unos diez años en la Caja de Jubilaciones de Suecia (por el corto período laboral que tuviera en ese país). Se trata de una jubilación que no alcanza a los 5 mil pesos argentinos, que he cobrado regularmente desde entonces.

Dado que los gastos por tarjeta eran tan altos, al cabo de pocos meses decidí tramitar giros semestrales achicando los gastos bancarios. Eso estamos haciendo, están haciendo los bancos, desde hace una década o casi.

El banco (sueco) receptor de mi jubilación y eslabón necesario para yo recibir en Buenos Aires mis monedas me envía por correo postal resúmenes de cuenta trimestrales.

Siempre ha sido farragoso cobrar estos giros en Argentina. Porque el BNA tiene duda de la procedencia de los giros; se me ha hecho firmar cartas de intención en que aclaro que no muevo más de tres millones de dólares (mensuales o anuales; ya no recuerdo y me resulta totalmente irrelevante la frecuencia); he tenido que responder al interrogatorio de porqué los papeles del banco sueco se refieren a dos números de cuenta relacionadas conmigo (tengo una sola cuenta y los movimientos contables del banco sueco ─o de cualquier país─ me resultan desconocidos, pero sé que muchos bancos tienen una cuenta para direccionar los fondos al receptor y otra, con otro número, para moverlos a un banco corresponsal); jamás han resultado suficientes los papeles propios de la operación de giro, junto a mi identificación; a menudo he tenido que agregar cartas testimoniales sobre el carácter de esos “fondos”.

Una especie de rendición de cuentas permanente, perpetua.  Siempre tratado como reo pero sin el in dubbio pro.

Esto es propio de un país sin la más mínima confianza. Al menos respecto de los titulares de cuentas bajísimas, de muy poca estofa, del chiquitaje. Otro gallo canta cuando se trata de cuentas que mueven realmente varios millones de dólares (anuales o mensuales o, claro, semanales). En ese plano, sí existe confianza o al menos planificadores y asesores de gestiones y declaraciones.

 

Por vigésima vez recibo el aviso de una “orden de pago simple” a mi favor. La semestral de la primera mitad de 2016. Los  resúmenes de cuenta enviados por “mi banco” sueco presentan las seis mensualidades acreditadas (la última, el 17 de junio) con las cuales, de rutina, proceden al giro. El giro le llega al BNA el 6 de julio.

El BNA quiere saber qué ha pasado entre el 17 de junio y el 6 de julio. Una funcionaria me explica que yo bien podría haber retirado los fondos acreditados y antes del 6 de julio, podría haberlos repuesto para habilitar el giro. Pero si tal hipotética operación se hubiese llevado a cabo luego del 26 de junio, los fondos ahora girados no tendrían necesariamente la garantía de depósito de 10 días con los cuales en Argentina se combate la especulación financiera. Porque la ley dice que giros de fondos con menos de 10 días depositados podrían ser fruto de especulación. Depósitos de 11, 13 o 25 días, por ejemplo, no son sospechables de manejos especulativos [sic]: conmovido por el freno a la especulación.

Los resúmenes de cuenta expedidos en Suecia nos revelan que una parte (el monto mensual de mi jubilación) estuvo “descansando” en la cuenta 6 meses, otra sexta parte del giro unos 150 días, otro  sexto más aparece depositado desde hace unos 4 meses… y así sucesivamente hasta que hay un sexto depósito (la última sexta parte) del 17 de junio. Con el cual el banco vio “completado” el monto acordado para efectuar el giro…. se demoran un poco, con ritmo sueco, y lo envían el 6 de julio.

Y allí la ventana del horror, de la sospecha insondable, del 17 de junio al 6 de julio.

No tengo pruebas materiales para demostrar que los fondos siguieron descansando. Aparecerán con el próximo resumen de cuenta, en setiembre. No tengo acceso desde hace un año a home banking porque se me ha trabado el PIN.

Traté de aclararle a la funcionaria con poder de decisión que si mira, hurga, estudia, se toma el trabajo de verificar las órdenes de pago efectuadas hasta la fecha, siempre semestralmente, va a ver siempre el mismo modus operandi: con rigor nórdico, al llegar a seis mensualidades se gira un monto dejando apenas un saldo para no cerrar la cuenta. En ningún caso hubo una extracción de coronas entre la sexta mensualidad acumulada y el giro.

La réplica ha sido: cada operación es ella por sí misma. Lo cual nadie niega.

Pero la relación basada en la desconfianza más radical, aparte de lesiva porque te está diciendo que no te creen nada, en los hechos es paralizante. Para el movimiento del  capital, para la circulación económica. Tales circuitos trabajan y operan sobre la base de la confianza. Claro que así  pasa que alguna vez sobreviene una trapisonda. Como dicen Les Luthiers… el exceso de confianza embaraza a la mujer.

Entonces  se extreman, allí sí,  los recaudos. O deberían. Pero ninguna circulación económica se basa en la radical falta de confianza. No se podría actuar, sería paralizante.

Es sistémicamente inaceptable.  Inapropiada. Solo explicable porque con estas trabas se lesiona a agente económicos  que no tenemos importancia.

Si durante veinte veces se ha repetido el mismo esquema de giro y cobro, ¿por qué suponer que en éste se va a producir un misterioso desvío de fondos (que sin embargo, muy pronto habría que reponer)?

Es afortunado para el sistema bancario argentino y para la economía y la cordura nacional que haya muy pocos jubilados en el exterior… porque si hubiera un porcentaje apreciable (digamos un 15 % o un 35 %) entonces, todo el andamiaje oficinesco estallaría.

CompartirShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page