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del planeta, la sociedad y cada uno…

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Categoría: Centro / periferia

La filosofía no dicha de Alejandro Nario

Publicada el 19/01/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Alejandro Nario: aprobación de nuevos transgénicos fue «un error importante». Montevideo Portal.

El director de DINAMA, Alejandro Nario, ha lamentado la aprobación de algunos nuevas variedades transgénicas sin aplicar el principio precautorio, sin atender necesidades propias del país, como p. ej. en el caso de la aprobación de un maíz que se sembrará solo para atender un mercado exterior, que poco y nada dejará al Uruguay, salvo, eso sí, los residuos químicos propios de los cultivos agroindustriales.

Nario lamenta pero aclara, apresurado, que él no está en contra de los transgénicos. Análoga actitud cuando habla de la calidad del agua, por ejemplo en el río Negro, ante el uso proyectado de UPM de esa corriente; quiere estar atento a la calidad del agua, y aclara que lo hace porque se trata de una corriente pequeña, que si se tratara de una celulosera al borde del Atlántico, no le importaría −lo dice risueñamente− que vertiera al océano la cantidad de tóxicos sin preocuparse de ello.

Nario nos aclara así que no es ecologista ni lo quiere ser. Y que es, en cambio,  un partidario de los desarrollos de la agroindustria. Acepta dicho desarrollo pero lo quiere hacer con cierta prolijidad. Sus fundamentos ideológicos, los del FA, no le permiten ni vislumbrar la trampa ecológica en que la tecnoindustria, ésa sí fundamentalista, nos ha ido encajonando a prácticamente a toda la humanidad y muy particularmente a nuestro país.

Ni se le pasa por las mientes que la catástrofe ambiental que el planeta está viviendo, con una pérdida de biodiversidad planetaria ya muy perceptible, que el daño generalizado al mar océano que todos los investigadores y oceanógrafos testimonian con dolor y desesperación,[1] con todos los trastornos climáticos (como que nieve en el Sahara y que el casquete polar ártico esté a punto de desaparecer), que todo el aumento de radiactividad que está afectando a todos los seres biológicos, incluidos los humanos; que la aparición de enfermedades nuevas o la expansión de otra no nuevas; que la ya comprobada crisis de fertilidad de incontables especies incluida la humana, no son bendiciones bíblicas como algún optimista quisiera creer, tampoco son todas medidas arbitrables y dominables mediante los avances tecnológicos (que existen, ciertamente, y mejoran muchos aspectos, pero que son totalmente insuficientes y hasta contraproducentes ante otros).

Nuestro hombre quiere mejorar los procedimientos productivos. Pero en rigor, sus recaudos no resultan sino una coartada para poder aceptar con elegancia la ofensiva de la agroindustria. Que no es por cierto, local; proviene del centro planetario.

Concretamente los cultivos transgénicos se implantan a mediados de los ’90[2] y eso se lleva a cabo por el USDA, el Ministerio de Agricultura de EE.UU. (con su gerente de tareas, Monsanto). Y desde allí se difunde la orientación general, universal. Desde esa red de organizaciones tecnocientíficas surgirá la cantidad de papers suficientes para atiborrar los recaudos de Nario.

 

Un buen ejemplo es lo que ha pasado con cierta toxicidad del glifosato, el herbicida más usado del mundo entero. Durante años, desde fines del s. XX, diversos investigadores han estado advirtiendo sobre su toxicidad, carácter cancerígeno incluido. Finalmente, en marzo de 2015 el IARC (Agencia Internacional para la Investigación sobre Cáncer, por su sigla en inglés) que es un ente asesor de la OMS, declara: “que el glifosato es probablemente cancerígeno”. Con esa medida observación se le quita al glifosato su aura de inocuidad tan cuidadosamente cultivada por Monsanto y el USDA durante tantos años.

¡Para qué! Monsanto salió de inmediato –pese a que se ha comprobado judicialmente que varias de sus aserciones han resultado falsas o más bien fraudulentas− con el comentario que el glifosato era menos peligroso que el alcohol (una curiosa manera de hablar de su inocuidad).

Observe el lector: la OMS aceptó tipificar al glifosato como peligroso luego de más de 15 años de reclamos fundamentados en diversas investigaciones. Un año más tarde –apenas uno− la OMS da marcha atrás con su dictamen.

¿Cómo es posible?  Porque en los meses posteriores a la bendita declaración de no inocuidad, un Comité Conjunto sobre Residuos de Pesticidas (JMPR, por su sigla en inglés), que también es un ente asesor de la OMS, desechó el dictamen de IARC.

Pero ¿qué es el JMPR? Un ente reconocido por la OMS,  constituido por técnicos a título personal, que se dedican a “recomendar límites máximos para residuos de plaguicidas” [sic]. Reparemos en cuán lejos estamos de una agricultura que promueva la salud: el  JMPR se limita a promover, en todo caso, el menor envenenamiento posible.

JMPR es la coartada que tiene la industria para contaminar legalmente. De ella se vale, ciertamente Monsanto (y tantos otros consorcios con envenenamiento “bajo control”). Con técnicos reconocidos institucionalmente pero designados por su interés o posición personal.

No podemos dudar de su funcionalidad. Y de la fineza auditiva del USDA para remolonear con las críticas al glifosato y tener tanta presteza ante los “sobreseimientos”…

 

Con el avance de la globalización, que reconoció un fuerte empuje con el colapso soviético, la orientación general y las particulares de cada estado nacional han quedado cada vez más incluidas, o sumidas, en lo que algunos llamamos globocolonización.

Basta ver cómo los alimentos transgénicos entraron manu militari en Paraguay o en Brasil para reconocer la escasa autonomía política que hemos tenido en la periferia para decidir. El llamado a la modernización, a la tecnificación, a la integración, implica el pasaje de una agricultura de pequeña o mediana escala a una de grandes dimensiones.  Y el apuro para esa conversión ha sido tanto que, por ejemplo, en Argentina, en 1996, se aprueban los primeros “eventos transgénicos” en idioma inglés, aunque el idioma oficial del país seguía siendo  –oh maravilla− el castellano.[3]

La agroindustria, el fruto más ponderado de la modernización, fue concebida en términos económicos acordes con las necesidades de una sociedad de grandes dimensiones y con muchos intereses fuera de fronteras (lo que en lenguaje tradicional se denominaba, imperiales). Consiste en la aplicación de grandes baterías de máquinas de gran porte, que cosechan y separan los granos; que requieren de grandes llanuras (el modelo fue diseñado en EE.UU. pensando precisamente, ‘en las praderas norteamericanas y las pampas argentinas’).[4]

En un país ondulado, como el nuestro, los rendimientos de tal modelo bajan sensiblemente (por eso el gobierno uruguayo se aviene a recibir sojeros agroindustriales argentinos y los tratan con guante de seda, para que no pierdan tanto de sus draconianas ganancias… lo hacen “regalando” nuestra tierra y agua, a precio vil). Es la misma razón por la cual los campos de concentración para vacunos que se han “popularizado” en Argentina (con el nombre, inglés, claro, de feed-lot) no han prosperado tanto en Uruguay.

Nuestro país podría lograr grandes rendimientos no adoptando la modalidad de escala de la agroindustria sino adaptándonos a nuestras propias dimensiones, apostando más a  establecimientos más pequeños y con cuidados más personalizados. Transformando la consigna turística “Uruguay natural” en un objetivo socioeconómico (y político, cultural y, sobre todo ambientalmente amigable).

El ejemplo de lo acontecido en 2017 en Canelón Chico, Canelones, donde un productor agroindustrial contaminó haciendo uso de “sus” herbicidas una corriente de agua que envenenó a todos los agricultores de medio porte aguas abajo, dedicados a la producción local de alimentos debería funcionar de contraejemplo para nosotros.

¿Qué sentido tiene apostar en Uruguay a commodities que Argentina o Brasil pueden decuplicar o centuplicar respecto de nuestros volúmenes casi sin esfuerzo? Apostar en cambio a specialities nos facilitaría los rendimientos, la calidad alimentaria  y nos aseguraría un mercado sabiendo que, por empezar, todo el mercado europeo está muy sensibilizado ante la contaminación alimentaria, y que pagan de muy buena gana precios mucho más altos con alimentos más sanos.

Claro que para eso, tendríamos que recuperar la calidad del agua que teníamos antes del ingreso “al mercado global”, cuando el agua en nuestro país era de buena calidad y el suelo uruguayo era uno de los territorios mejor irrigados del planeta (Uruguay tiene un porcentaje de fertilidad de la tierra entre un 84% y un 93%, según estimaciones; uno de los más altos del mundo; pensemos que a China se le atribuye un 10%).

La irrigación todavía, grosso modo, la tenemos. Pero, ya sabemos, no alcanza.

Apostar a las specialities no nos permitirá recibir los dólares que “abundan”, pero que en rigor suelen recaer en yates puntaesteños, en apartamentos neoyorquinos. Porque a la inmensa mayoría, apenas si nos llegan.

Dejar de beneficiar a la agroindustria es no apostar a que el dinero trabaje por nos, apostando al trabajo y de pequeña escala. Claro que eso nos impele al trabajo de calidad y, paso previo, a la formación profesional correspondiente.[5]

El precio político, cultural, que significa la apuesta a la agroindustria masiva es la satelización que, como sociedad uruguaya, sufrimos. No es en absoluto un fenómeno o un rasgo particular nuestro; es característico de las economías periféricas u subalternas.

La pregunta es si con el modelo globocolonial, podemos mejorar la calidad de vida de la mayoría, es decir de todos nosotros, los uruguayos. Si cada vez vivimos mejor, nos expresamos mejor, comemos mejor, tenemos mejor asistencia sanitaria.

O si por el contrario, se ensancha la brecha y estamos construyendo una sociedad con hiperricos y privilegiados (que son, cada vez más extranjeros) y una creciente porción de la población cada vez más segregada o excluida, con bajos ingresos, aun entre los que tienen trabajo…

Ya vimos que, por lo visto, no bebemos mejor.

 

[1] Julia Whitty, oceanógrafa estadounidense, “The Fate of the Ocean”.

[2]  En los ’70 en EE.UU. se inicia experimentación transgénica pero inicialmente para producir medicamentos en gran escala.

[3]  Argentina tiene el dudoso privilegio de haber sido el único estado nacional que acompañó a EE.UU. en la producción de alimentos transgénicos en el siglo XX.

[4]  Dennis Avery, Salvando el planeta con plásticos y plaguicidas, Hudson Institute. El título no encierra la menor ironía.

[5] El primer censo universitario del país, 1968, reveló una estructura profesional e “intelectual” que es suicida para un país integrado: Uruguay disponía entonces de 8000 estudiantes de abogacía (el ejercicio profesional daba trabajo a una octava o décima parte) y 300 estudiantes de agronomía, que era entonces, como ahora y tal vez más, el eje de nuestra actividad económica.

Publicado en Agronecrófilos, Centro / periferia, Globocolonización, Uruguay. Qué hacer

La brutalizaciòn de Israel: ley de hierro del colonialismo

Publicada el 08/01/2018 - 10/05/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

El Estado de Israel se encuentra en un proceso de brutalización progresiva y en expansión.

Muchos analistas han observado 1967, cuando el estado sionista decide ocupar el resto de la Palestina histórica que no había deglutido en 1948, como momento clave, de inflexión en  el proceso de despojo del territorio palestino, cuando el ejército de “Defensa” israelí pasa a ser el de ocupación. Un momento en el que Israel, la ocupación, el ejército, pasan a tener un papel mucho más asfixiante y abusivo, por tratarse sencillamente de una ocupación militar. Pero semejante agravamiento puede ser entendido únicamente si tenemos en cuenta que la verdadera ocupación empezó, al menos formalmente, en 1948 y que la población palestina fue desde entonces despojada,[1] a través de la expulsión de cientos de miles de habitantes, el asesinato, a menudo colectivo, de miles, la violación y la usurpación de sus hogares y habitaciones, a veces hasta con los juegos de té tendidos en las mesas de las casas invadidas y ocupadas.

Expulsiones, asesinatos, violaciones, motorizados por la idea de un  “colonialismo de asentamientos [que] ‘destruye para reemplazar’. La invasión del territorio indígena busca borrar la presencia indígena sobre la tierra de forma permanente.” [2]

1967 es aceptable como atroz mojón de la acentuación del despojo siempre que no caigamos en la tentación, socialdemócrata, de creer que allí empezó “el mal comportamiento”  israelí. Como si hasta entonces Israel hubiera sido “la democracia modelo” del Cercano Oriente que tantos occidentales aplaudieron.

Si mojones temporales significativos necesitáramos, podríamos invocar, por ejemplo, 1946, cuando el sionismo hace estallar el Hotel David en Jerusalén con decenas de muertos árabes, ingleses, palestinos, judíos, seres humanos de los más diversos orígenes (el ala sionista fascista a cargo de ese atentado es precisamente la que gobierna Israel en las últimas décadas y constituye el gobierno actual encabezado por Beniamin Netanyahu).

Pero tal vez, el más significativo es que cuando el sionismo recibe el espaldarazo del colonialismo británico, que opta por usar los pujos sionistas como ariete occidental contra el mundo árabe (el “bárbaro Oriente”), en 1917, el primer enemigo con que tropieza el sionismo ya “en el territorio”, son los judíos establecidos en Palestina desde tiempo inmemorial (lo que se denominaba el Antiguo Yishuv).

Porque los sionistas empiezan a establecerse creando una sociedad aparte, en rigor una sociedad encima de la existente. Y los judíos no sionistas, anteriores, vivían dentro de la sociedad palestina. Y resisten la consigna que reciben como judíos: ningún trato con “los árabes”.

Los sionistas zanjan esa resistencia con una modalidad que ya veremos se irá propagando en el siglo XX con el nazismo, el fascismo, el comunismo y que ha caracterizado a todas las dictaduras de todos los tiempos: asesinan a Jakob de Haan, un poeta judío refractario a los planes sionistas, que encabezara la resistencia judía al nuevo planteo. 1924. Primer asesinato político de la amarga historia de la sionización de Palestina. No será el único sino apenas el primero de una larga lista de asesinatos que vemos ensancharse continuamente.

El gobierno fascista actual de Israel (que evita esa denominación, que desde 1945 ha quedado “quemada”) no ha hecho sino profundizar esa senda. Pero no ha innovado nada, sustancialmente hablando. Israel, ya sea con gobiernos democráticos (pero sionistas) o con gobiernos sionistas menos diplomáticos, jamás ha variado en su proyecto histórico: “redimir” la tierra “sagrada”. ¿Ha sobrevenido alguna vez un convenio para reconocerle algo, a los palestinos? No se conocen. Ni una vez.

Con las “tratativas” de Oslo, desde 1993, cuando Israel decide evitar otro estallido como la intifada de 1987, la OLP se aviene a “conversaciones” con las que cede y termina reconociendo al EdI con la expectativa de que en un futuro más o menos próximo, el engendro sionista habría de reconocer “algo” palestino; para muchos una soberanía de las dimensiones de una cabina telefónica. La OLP, exhausta con su lucha de tipo vanguardista, sustituyendo la actividad de un pueblo por el de sus destacamentos-más-destacados, termina cediendo, con la esperanza de que a Arafat se le reconocería una presidencia virtual sobre un territorio o territorito… un bantustán, en suma.

Destruida su estrategia político-militar, Arafat, empero, no termina de claudicar porque cuando un levantamiento en las calles vuelva a revelar el sentimiento generalizado de tantos palestinos que se sienten robados, ultrajados, invadidos, desplazados, humillados −la intifada Al-Aqsa− que el régimen sionista reprime con mano durísima, Arafat, ya vencido en la mesa de negociaciones, no aceptará seguir siendo cómplice del poder sionista cada vez más ensoberbecido y denunciará el atropello militar con su infame cosecha de lisiados y muertos. Después de eso, Arafat dejará de ser “interlocutor válido”, quedará virtualmente cercado en La Mukata, en Ramallah, y tendrá una sospechosa muerte por irradiación de la cual que ya sabemos quiénes la administraron…[3] Israel buscará otro cipayo más confiable, y lo encontrará.

1936, 1947-1948, 1967, 1982, 1987, 2000, 2005, 2008-2009 y tantas otras fechas pesadillescas, donde cada vez más son los palestinos muertos, lisiados y prisioneros.

En ningún momento, desde el asentamiento sionista en Palestina, se puede reconocer a Israel cediendo. En todo caso, suspendiendo la presión, el embate, para luego reemprender la conquista con mayor énfasis si cabe: la ocupación ha sido un viaje de ida.

A medida que la relación de fuerzas se ha hecho más favorable al sionismo protegido como socio presuntamente menor del “amo geopolítico del planeta”, EE.UU., su desenfado para aherrojar a la población palestina se ha acrecentado.

Cada vez leyes más draconianas.

Los palestinos no tienen jamás, década tras década, un permiso para construir. Década tras década, las familias han tenido que ir redimensionando sus habitaciones para dar cabida a nuevos miembros, achicando el espacio familiar. Los palestinos no tienen la posibilidad de adquirir, readquirir tierras.

Han sido sistemáticamente reducidos, al mejor estilo del colonialismo español en las Américas (“reducciones de indios”).

La “reducción” territorial tiene otras causas: que un miembro de la familia haya actuado en alguna acción que el poder sionista califique como “terrorista” alcanza para derribar toda la vivienda familiar. Sin posibilidad de reconstrucción; que el estado sionista necesite un suelo para un emprendimiento alcanza para que se le confisque ese suelo a cualquier palestino.

La pérdida territorial es, por una razón u otra, continua.  Nunca falta un diferendo, la decisión de un nuevo aeropuerto, una carretera, la “necesidad” de un puesto de control, para proceder a recortar esos ya tan recortados territorios. Porque Israel jamás cede tierras “propias” para tales obras; siempre las hace a expensas de las tierras palestinas.

A veces, ni siquiera eso. Alcanza la llegada de una patota de colonos sionistas que, armados hasta los dientes y/o protegidos por el ejército de “Defensa”, proceden a arrancar de cuajo vides, olivos, higueras, plantas centenarias de la milenaria agricultura de la región.

En Palestina, los judíos pueden matar impunemente a cualquier palestino. Lo han declarado algunos con chutzpah,[4] como el ministro de Economía del actual gabinete; Naftali Bennet: “He matado a muchísimos árabes en mi vida, y no he tenido ningún problema por ello”. [5]

La historia del colonialismo siempre ha mostrado lo mismo: una penetración racista, basada en la presunta superioridad civilizatoria, que permite a los colonialistas actuar con desprecio por todas las reglas de convivencia y respeto, que, a lo sumo, preservan para “los suyos”.

Esa es la única, atroz explicación para que un soldado judío, que atendería solícito a su hermana, a su madre, a su esposa, a su vecina, en situación de preparto, se permita darle largas a tantas, tantas palestinas que llegan a los “check-points” angustiadas con pérdida de aguas o de sangre o con pujos y que se desentienden en lugar de franquearles el paso al hospital más próximo, o que les ordenan regresar a sus casas y consignas por el estilo y que se traducen en que esas palestinas, solas o acompañadas, se acuclillan lo más fuera de la vista del retén y den a luz, con falta total de atención y de higiene y que se registre tan alta cantidad de bebes  muertos en esas condiciones: el soldadito ha cumplido con su deber, impedir que “crezca” la población de la cual el colonialismo se quiere desembarazar.

Con el cambio de año (2017 a  2018) registramos otra forma de supresión de la población usurpada y negada: el gobierno fascista de Netanyahu, Bennet, Ayelet, Lieberman, propone instaurar la pena de muerte también para actos de resistencia a la ocupación.

Se los denomina terroristas por defenderse.

El disparador probablemente ha sido Ahed Tamimi, 16 años, la adolescente palestina que indignada por la balacera con que soldados israelíes habían matado y malherido a hermano y primo suyos (niños de 14 y 15 años), los increpó y procuró abofetearlos.

La pervertida opinión pública, a través de sus medios más oficialistas, ha admirado a esos “estoicos soldados judíos”  por su profesionalidad, por no haber respondido ametrallando, suponemos, a la joven. Y dado que dicha “profesionalidad” es replicada por jóvenes como Ahed y su prima Nur, para defenderlos de tales bofetadas, el Parlamento fascistizado israelí está tramitando el establecimiento de la pena de muerte ante actos “terroristas”. Con ese calificativo, el juez y el poder de ocupación pueden disponer la condena de muerte por todo acto de resistencia, incluidos los “vejámenes” que le habrían propinado Ahed y Nur a los soldados en el patio de su hogar.

Como dice una sucursal mediática del sionismo en Montevideo: “Los medios israelíes, por su parte, la describen como una ‘provocadora que sabe cómo publicitar sus actos” (El País, Montevideo, 29 dic. 2017). Un instructivo ejercicio de periodismo canalla.

[1]  Hubo desde antes un despojo, una política de despojo, solo que hasta 1948 mantuvo formas “legales”, como la compra de tierras a un propietario rentista ausente y “como consecuencia”, el desalojo por la policía (turca primero, inglesa después) de campesinos sin títulos…

[2]  Nadera Shalhoub-Kervorkian, Sarah Ihmoud y Suhad Dahir-Nashif, http://www.resumenlatinoamericano.org/2014/12/02/palestina-la-violencia-sexual-el-cuerpo-de-la-mujer-y-los-asentamientos-coloniales-de-israel/.

Por eso estas autoras nos dicen que: “La violencia sexual es fundamental en la estructura global del poder colonial, en su maquinaria de dominación de carácter racial. […]. David Ben Gurion, al igual que otros dirigentes sionistas, habló abiertamente sobre la violación y tortura sexual de las mujeres palestinas en las anotaciones que hizo en su diario durante 1948. Al mismo tiempo que abogaba por la matanza de mujeres y niños palestinos, les representaba como una amenaza para la política de asentamientos coloniales judíos y premiaba a todas las madres judías cuando tenían su décimo hijo.”

Las autores citan además a una joven judía que publicó en Facebook un mensaje sobre el placer sexual que se sentía contemplando el linchamiento colectivo: “¡Qué orgasmo ver a las Fuerzas de Defensa de Israel bombardear edificios en Gaza con niños y familias dentro. Boom, boom!”  [ibíd.]

[3]  La viuda verificó mediciones en las últimas ropas de Arafat envidas a control; una anormalísima intensidad de radiactividad.

[4]  Voz de origen hebreo, desplegada en el yiddish, que significa desenfado, descaro, insolencia.

[5] Publicado por Yediot Ahronot, periódico israelí y traducido y puesto en internet por http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=46297, 31 julio 2013.

Publicado en Centro / periferia, Globocolonización, Palestinos / israelíes, Poder

Majfud invoca los 50 años del asesinato del Che desde EE.UU.

Publicada el 13/10/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

Jorge Majfud ha hecho una recordatoria del Ché a los 50 años de su asesinato.

Viviendo en EE.UU. ha hecho una comprensible recordatoria comparando, como él dice “el carácter radical y violento” del Che aclarando con precisión y justicia que “lo fue mil veces menos que la CIA, que el gobierno estadounidense de la época.”

Majfud pasa revista, inevitablemente incompleta, de los atropellos, abusos, saqueos a los que EE.UU. ha sometido al resto del Nuevo Continente “en nombre de Dios, la Patria, la Familia y la Libertad”. Es tal vez una pizca demasiado optimista cuando se refiere al gobierno de Arbenz y antes Arévalo, como “una de las pocas democracias en América Latina en 1954.” [1] EE.UU. arrasa Guatemala con la CIA y una banda de mercenarios como grupo de tareas de la United Fruit ─una empresa transnacional de origen norteamericano─ porque el gobierno nacionalista guatemalteco se atrevió a cuestionar las ganancias ilimitadas de los esclavistas estadounidenses (Arbenz propuso expropiar, nos lo recuerda Majfud, a la compañía por su valor de aforo, ridículamente bajo para no pagar impuestos, y eso les colmó la paciencia, no los pujos democráticos que cuando son dentro del establishment, bienvenidos).

Majfud nos recuerda cómo reaccionó Guevara contra semejante estado de cosas.

Y repasa el bajísimo umbral de tolerancia de la “American Democracy” a cualquier atisbo de resistencia como el guatemalteco ya señalado o, más tarde, el chileno, con Allende o incluso, recientemente, el hondureño con Zelaya.

Todo esto es entendible y constituye una verdadera lección de historia política para el universo madeinUSA,  para el lector medio estadounidense, con su nivel de ignorancia supina. Para la sociedad que habita y conoce Majfud.

Pero el universo al sur del río Bravo necesita, necesitamos, otra cosa. Al cabo de 50 años, más reflexión y menos pleitesía.

Aquí nosotros vivimos, convivimos, con las tesis de Guevara, con su prédica y su acción. Los que vivimos al sur del Río Bravo, incluso algunos al norte, y humanos en todos los continentes, no necesitamos [2] este memorial para estadounidenses cuidadosamente infantilizados gozando sus privilegios “eternos”.

Aquí estuvieron las guerrillas guevaristas, los asesinados y los desaparecidos, las sociedades truncas y los sufrimientos.

Entre nosotros, necesitamos entender a Guevara no desde los atropellos yanquis sino desde las rebeliones y responsabilidades propias en nuestras sociedades. En ese sentido, Majfud se la hizo fácil con  semejante “biografía”. Aparecida en info/alai, en comcosur (y no sé en cuántas otras publicaciones “del sur”).

¿Ayudó Guevara a forjar un nuevo mundo sin el capital como mando supremo?

Mi respuesta inicial es que no. Que al contrario. Contra su voluntad, claro. Con un heroísmo y un idealismo que nadie discute, pagó con su vida… ¿lo qué? ¿la obtención de una sociedad mejor? En todo caso, su sacrificio no permitió la liberación, pero tras su asesinato, las redes imperiales represivas tendieron a consolidarse.

Con vaivenes históricos, como siempre. Ya entrado el siglo XXI, con Chávez al frente, la constelación del poder transnacional con eje en EE.UU., pareció si no trastabillar, al menos retroceder; el ALCA no se concreta. Pero ya estábamos lejos de la estela guevarista.

De lo que se trata, a cincuenta años de su muerte, es examinar qué pasó con sus pasos políticos, con su programa y con la oleada guerrillera que lo tuvo como norte.

Entiendo que una anécdota que ha contado Osvaldo Bayer, un contemporáneo del Che (incluso una pizca mayor), es muy ilustrativa: triunfante la Revolución Cubana con su levantamiento y consiguiente “guerrita” ─como bien la denomina Jorge Masetti (hijo de un lugarteniente dilecto de Guevara)─ Guevara recibe una (de las tantas) delegación de argentinos más o menos deslumbrados (y deslumbradas, acota Bayer). Guevara entonces, ofrece una pequeña clase magistral: de pie entre sentados pasa a explicar los pasos a dar para alcanzar la revolución: que hay que disponerse, un par digamos, a desarmar un policía aquí, otro allí, que en posesión de un puñado de armas hay que decidir entre una media docena de bravos, el copamiento de una comisaría y así, ir acumulando fuerzas, hasta sentirse en condiciones de copar un cuartel luego de elegir y sopesar cuidadosamente el más vulnerable… e cosi via.

Bayer recordaba que en una pequeña pausa, le preguntó a Guevara, extrañado por su monólogo “armado”, si acaso “los contrarios” no jugaban. Guevara se dio vuelta ante tan inoportuna pregunta y desde su altura, le contestó con desdén: “son todos mercenarios”. 1960.

Bayer no lo dice, pero la contestación revela una profunda ignorancia del alma humana. No eran todos mercenarios, o en todo caso, si lo eran, ni lo sabían. Puesto que muchos militares, y hasta policías, se hicieron matar “defendiendo las instituciones”.

Dejando la anécdota con Bayer y los deslumbramientos de delegaciones con progresiva guerrillodependencia, lo cierto es que en Cuba fue relativamente fácil (se ganaron batallas incluso sobornando a jefes del corrupto régimen de Batista), al menos en comparación con el resto de América Latina, con la trágica gesta de sacrificios heroicos que se llevaron decenas de miles de muertos, sobre todo jóvenes, en América Central [3] y en el sur americano.

Toda, casi toda esa lucha cumpliendo cabalmente los preceptos guerrilleros terminó, ya sabemos cómo terminó. De eso tendríamos que rendir cuentas.

Pero cuesta muchísimo hacerlo. Porque Guevara dio la vida por sus ideas. Y cada uno, comprometido, militante, se pregunta sobre dar su propia vida o que no la dio. Y eso menosca-ba. Hace incriticable al sacrificado. Aunque él haya contribuido con su intemperancia, con su dogmatismo fácil, con su pretensión de mando político y militar, con su consigna sencilla y segura (como la Ley de Murhpy que nos recuerda que “los problemas complejos tienen solucio-nes falsas que son sencillas de aplicar”) a la derrota que le costara su vida. Cuesta entonces reconocer que su “camino” era irreal,  con dosis fuerte de delirio. Se mezcla ese juicio de reali-dad con el hecho indudable que no era nada fácil de seguir por la dosis de valor requerido. La imitación a Cuba que Guevara y sus adláteres postularan fue finalmente abandonada luego de que miles, decenas de miles de militantes, guerrilleros, abnegados seres humanos, fueran destrozados por la represión en casi todos los estados de la mal llamada América Latina.

¿Tuvo sentido? Me permito dudarlo. Y eso sin entrar al fin perseguido: el hipotético mundo socialista, celosamente construido por la vanguardia que “a todos nos guía”. Que en vida del Che conservaba su presencia fáctica, que era una pesadilla en la mayoría de los “estados socialistas”, aunque para muchos era todavía un sueño.

Hoy estamos más desnudos, más en harapos. Pero también con menos velos.

¿Cuánto tiempo necesitaremos para abordar esta problemática? ¿O el sistema cleptocorporocrático globocolonizado se saldrá con la suya construyendo zoológicos humanos bioingenieriles? “Felices” en el centro planetario; adormecidos y hundidos en la periferia?

[1]  Omite decir que se trataba de una democracia “blanca”, eurocentrada, ajena y hostil a la población aborigen, mayoritaria en el país.

[2]  Nunca hay cortes absolutos entre sociedades; EE.UU. tuvo también sus “desaparecidos” a causa de la política genocida de la dirección norteamericana en el sur; me viene a la memoria el periodista Charles Horman (The Nation) que encaró su trabajo con responsabilidad y veracidad, pecados mortales para los invasores estadounidenses.

[3]  Hubo, sí, una excepción: veinte años de lucha guerrillera en Nicaragua, con el país destrozado, logró acabar con la dictadura títere de los Somoza.

Publicado en Centro / periferia, Poder, Política

Venezuela: ¿Intereses o visiones en juego?

Publicada el 17/06/2017 - 27/07/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernandez –

Rafael Uzcátegui, redactor y/o editor de “El Libertario”, sale a la palestra a condenar a Boaventura de Sousa Santos por el intento de este último de apaciguar los ánimos, la calle, que está acercándose a un peligroso punto de ebullición social en Caracas y en Venezuela en general (posta portenia, nro. 1779, 9/6/29017).

¿Qué es lo que subleva a RU? Lo declara prístinamente: <En el texto de una cuartilla, firmado el 01 de junio, de Sousa afirma: “Las cosas no van bien en Venezuela debido a una intervención grosera del imperialismo norteamericano”.>

Única interpretación que capto: RU no está para nada de acuerdo en que haya una intervención estadounidense o no lo está en que se la denuncie.

Si es lo primero, malo; si lo segundo, peor.

La propuesta de BSS procura ser contemporizadora, pide cierta contención y aclara que tiene muchos puntos de contacto con el bolivarianismo, con el movimiento político engendrado con el liderazgo de Chàvez. Pero advertido de las enormes y  crecientes dificultades del proceso y de la vida cotidiana en el país.

Y todo eso parece molestar RU.

Si nos encontramos con manifestaciones que se dedican a enmerdar, literal y físicamente, a “los enemigos” (siguiendo prácticas que ha ejercido el ejército sionista contra la población del país que han rebautizado Israel; palestinos); si nos encontramos con manifestantes que es tal su grado de fanatización que queman vivo a un hombre porque lo “ubican” como chavista, entiendo que la propuesta de BSS es totalmente sensata, legítima.

Pero, obviamente, no va a contar con el apoyo o el acuerdo de quienes están encendiendo la mecha.

Llama la atención que el pensamiento “rebelde” al que adscribe RU no tenga siquiera una mirada hacia los intereses estadounidenses, policía del capital transnacional que, por ejemplo, acaba de “acordar” un ejercicio de acciones militares en la Triple Frontera de Perú, Colombia y Brasil a pocos cientos de km. de  Venezuela…

El gobierno de Perú, que se ha mostrado lacayo de las transnacionales mineras.

El gobierno de Colombia, que esforzándose por alcanzar el Nobel de la Paz (al mejor estilo de Menajem Begin y Arafat), se “olvida” de que los paramilitares siguen armados y matando con la impunidad habitual a luchadores sociales, desarmados (mientras algunos FARC se están desmovilizando y entregando armas,…).

El gobierno de Brasil, que desplazó a la presidenta electa, so pretexto de corrupciòn, corrupción que va apareciendo ahora decuplicada…

Estos estados cipayos “acuerdan” con el gobierno, el ejército de EE.UU., tales prácticas.

El libertarianismo de RU lo lleva a predicar el “libre albedrío democrático” de las ideas. Mucho libre albedrío verbal no descubre, sin embargo, la red de intereses, esos sí bien materiales, que parecen jugarse en la Venezuela deshecha de hoy. No los descubre ni, por lo visto, quiere descubrirlos. Por lo visto, RU se satisface con el presunto “libre albedrío”.

La crítica a BSS lo lleva a emparejar todo lo que no comulga con su libre albedrío. Allì pone, sin citar siquiera, a A. Borón, J. C. Pernalete y a “la intelectualidad.”

Demasiadas veces vimos estas condenas al barrer.

Nada saludable. Al contrario, merecen no sòlo rechazo sino desconfianza.

Publicado en Centro / periferia, Globocolonización

Histadrut y PIT-CNT, un sólo cuore

Publicada el 20/04/2017 - 17/05/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Uruguay es una perla del collar sionista en el mundo.

UN POCO DE HISTORIA

Uruguay ha recibido judíos desde tiempo atrás, s. XIX. Pero es con la primera posguerra, década del ’20 que la inmigración judía se hace más significativa: entre 1925 y 1933 se registra el ingreso de 9000 judíos (se estima un número no mayor de italianos).

Hacia mediados del s. XX, cuando el nazismo persigue judíos cada vez con más peligro de vida, aunque Uruguay luego del golpe de estado de Gabriel Terra había endurecido los permisos de ingreso al país (por ejemplo, para republicanos españoles fugitivos y justamente judíos perseguidos), la sociedad uruguaya tuvo un comportamiento, llamado “de puertas entornadas”, que se traduce en que entre 1933 y  1942 ingresen 7000 judíos. Como se ve, un ingreso relativamente similar al período de puertas abiertas. Pero con una diferencia en el carácter de los judíos arribados al país: antes de la Gran Guerra, habían sido sobre todo inmigrantes, los posteriores a 1933 son refugiados. Entonces, el senador batllista Enrique  Rodríguez Fabregat fue adalid de esta solidaridad para con los perseguidos.

 

NO ES LO MISMO JUDÍO Y SIONISTA

Como pasa tan a menudo, “las cartas se entreveraron” con facilidad y presteza.

Porque cuando el Imperio Británico extendiera la declaración de auspicio a un “Hogar Judío” en Palestina (2 nov. 1917), llevada adelante por Arthur J. Balfour, canciller imperial y encarnizado racista que se dedicó a establecer la Sudáfrica del apartheid y el “hogar” sionista en Palestina, significativamente el flamante Uruguay batllista en la persona de su canciller Alberto Guani, la apoyará calurosamente en  el ámbito de la Sociedad de las Naciones.

Dato peculiar, por cuanto el batllismo, en plena década del ’20, bregará por separarse y hasta romper con el colonialismo británico, asegurándose un papel satélite del imperio joven, pujante y americano, EE.UU.[1]

Iniciando la década de los ’40 y a la vista del auge nazi, EE. UU. trató de asegurarse el control continental americano. Como dice el historiador Luis Dellanegra Pedraza, hacer eje en el monroísmo arrinconando al alicaído bolivarismo. Creando instancias de coordinación (y control) político-militar. “La preocupación” que desde EE.UU. se calificaba de “hemisférica” era entonces la sostenida neutralidad argentina, que no quería plegarse a la estrategia estadounidense.

El relevante papel del Uruguay para ser hospitalarios con los refugiados (algo que ya había sido muy importante en el Uruguay durante el siglo XIX, con franceses, por ejemplo) se confundió con el fomento de la colonización, ya no judía sino sionista, en Asia, en Palestina.

En el conocimiento vulgar estos dos fenómenos son apenas dos etapas de una misma, sencilla secuencia: nazis persiguen judíos; judíos (sobrevivientes) viajan y se establecen en Palestina forjando “el país de los judíos”.

Pero la historia no es ésa. Ben Gurion, figura clave del Estado de Israel, lo aclara: «Ya he tratado exhaustivamente la razón por la que estamos aquí, razones que yo, como un pionero de 1906, puedo afirmar que ¡no tienen nada que ver con los nazis![…].” [2]

La superposición de esos dos elementos se traducirá, por indicación de fuerzas ajenas al país, en la formación de la Comisión Especial de la Organización de las Naciones Unidas para Palestina[3] conocida por su sigla en inglés UNSCOP, una comisión de la flamante ONU, de 1947, amanuense al servicio de la política continental y mundial de EE.UU.[4]

La UNSCOP sellará nuestra relación ya no con los judíos, como en el pasado uruguayo, sino con los sionistas fundadores de Israel, que son algo muy distinto. [5]

Pasamos de simpatizar con población perseguida a también simpatizar con población colonialista, abusadora, racista que despojó por las armas de su tierra a un pueblo allí instalado milenariamente.

 

ASPECTOS IDENTITARIOS Y PROBLEMÁTICOS

No hay tanto de qué extrañarse. En la UNSCOP, tanto la India (del recién asesinado Gandhi, crítico radical de los empujes sionistas a costa de los pueblos oriundos de Palestina), como Irán con su población persa milenaria, como Yugoeslavia, que era entonces una federación recién constituida, comunista, de pueblos eslavos (del sur), advirtieron la gravedad del despojo en Palestina para congraciarse con la demanda colonialista e imperial, sionista. En cambio, Perú, la República Dominicana, Uruguay, Guatemala, Australia, Canadá eran también sociedades creadas mediante colonización sobre poblaciones originarias en algunos casos eliminadas o radiadas por completo, como en Australia, Canadá, Uruguay. Y EE.UU., el forjador de los nombramientos de la UNSCOP, era también un estado creado sobre los restos de naciones indias norteamericanas.

El Estado de Israel procuraba también adueñarse de un territorio a pesar de sus habitantes.

A mi modo de ver esta identidad originaria guarda mucha relación con nuestra propia identidad e historia (como la de unos cuantos estados representados en la UNSCOP). Un rápido paneo por nuestro país.

En marzo de 1945, cuando todavía no había acabado formalmente la  GM II, aunque El Eje nazifascista ya estaba en las últimas, Uruguay se convierte en anfitrión, primero en la América al sur del río Bravo, del Primer Congreso Sionista Latinoamericano (porque entonces en “el Nuevo Mundo”  lo afro y lo indo no tenían entidad y América Lapobre era para sus élites latinoamericana).

El 14 de mayo de 1948, el mismo día que el sionismo proclama el Estado de Israel, es Uruguay el primer país sudamericano que lo reconoce diplomáticamente.

No hay que extrañarse que un miembro de la estructura institucional sionista de primer nivel como José Luis Piczenik perciba como “profundo el lazo de hermandad que une a Israel con un país que comparte los mismos principios éticos y jurídicos de justicia, paz y bienestar nacional.” Prescindiendo de las dos útimas palabras, porque el bienestar nacional en un país periférico no alcanza a todos sus habitantes ni a su mayoría, Piczenik describe algo cierto.

 

Y bien: aquellos polvos trajeron estos lodos. Dirigentes del PIT-CNT aceptan un viaje dirigido a Israel y son digeridos por la máquina de Public Relations que funciona tan lubricadamente con apparatchiks como Ana Jerozolimski y toda la plana mayor de la Histadrut una organización sionista histórica, constructora primordial del Estado de Israel, organización patronal por excelencia pero que, al mejor estilo de los sindicatos verticalistas del fascismo representa (también) a los obreros.

Penoso el papel de los que se reclaman de izquierda, socialistas, comunistas, y membretes por el estilo. Hablando de la modernización del Uruguay y de  puestos de trabajo que requieren “determinados niveles de conocimiento” nuestros “viajeros” se refieren a ellos mismos como “dirigentes sindicales que se amolden a ese nuevo modelo de trabajador”: la clase de “dirigentes sindicales” ya es una entidad en sí, un estrato social por sí mismo, diferenciado, por ejemplo, de los trabajadores.[6]

Revelador juego de la verdad.

El Uruguay oficial tiene un potencial de sumisión mental y dependencia imperial que a los uruguayos cualquiera, del llano, debería rebelarnos, no congratularnos.

[1]  El batllismo enfrentó resistencia a esa identificación; tanto desde un coloradismo tradicional y más hispánico, como el arielismo de J. E. Rodó como desde el Partido Nacional, con acentos nacionalistas como el de Luis A. de Herrera o antiimperialista como el de Carlos Quijano.

[2]  Memorias. Cit. p. Judíos por la Justicia en el Oriente Próximo, “El Origen del Conflicto Palestino-Israelí” (y II), Z-net en Español, 2001.

[3]  Integrada por Australia, Canadá Checoeslovaquia, Guatemala, Holanda, India, Irán, Perú, Suecia, Uruguay, Yugoeslavia.

[4]  «En esa época [nov. 1947] los EE.UU. habían emergido como el partidario más agresivo de la partición… Los EE.UU.  lograron que la Asamblea General demorara una votación ‘para ganar tiempo hasta conseguir que ciertas repúblicas latinoamericanas se alinearan con sus propios puntos de vista.’… Algunos delegados acusaron a los funcionarios estadounidenses de ‘intimidación diplomática.’ Sin la ‘terrible presión’ de los EE.UU. sobre ‘gobiernos que no se podían permitir el riesgo de represalias estadounidenses,’ dijo un editorialista anónimo, la resolución ‘jamás hubiera sido aprobada.'»   John Quigley, «Palestina e Israel: Un desafío a la justicia.». Cit. p. Judíos por la Justicia en el Oriente Próximo, “El Origen del Conflicto Palestino-Israelí” (I), Znet, 2001.

[5]  Véase p. ej. Contra el Estado de Israel del rabino canadiense Yakov Rabkin.

[6]  Citas de la entrevista de dirigentes de PIT-CNT, Ana Jerozolimski, 9 abr 2017.

Publicado en Centro / periferia, Palestinos / israelíes, Uruguay. Qué hacer

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