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El desnorteo de la guía progresista

Publicada el 07/12/2018 - 17/03/2019 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

El ascenso “irresistible” de Donald Trump debió ponernos sobreaviso. Tal vez antes, el ascenso aparentemente, tan impune como el de Trump, del discrecionalismo sionista, un ejercicio de absolutismo políticomilitar tan sofisticado y en permanente expansión. Pero la inercia es una constante de nuestros corazones. Y a menudo nos corroe el entendimiento.

Ahora con el ascenso, igualmente irresistible de Jair Bolsonaro, se nos presenta una vez más el signo de los tiempos.

Algunos hablan de neoabsolutismo, una buena aproximación.

Abandono de la universalidad

Urge entender que hemos entrado en un cono de sombra planetario. ¿Qué es lo que queda en la sombra? La contaminación cada vez más omnipresente; la democracia tal vez (aunque no necesariamente toda cáscara democrática; algunas servirán a nuevas estrategias); los derechos humanos universales; el calentamiento global cada vez más generalizado; aquel nuevo espíritu de época que vino con valores terrenales, oponiéndose a los tradicionales del espíritu a secas.

Con la modernidad vimos el surgimiento del jusnaturalismo, el desarrollo de las ciencias,  y luego, con el prestigio de la cientificidad,  el de las  llamadas  ciencias sociales, que procurarán ajustarse a cánones probabilísticos, aunque nuestra temporalidad no permite el mismo tratamiento ni el mismo conocimiento que el logrado con las llamadas ciencias duras.

Ese nuevo mundo se nos presentaba enarbolando justicia y libertad. O si se quiere, libertad, igualdad, fraternidad.

Todo este corpus de ideas, con el liberalismo primero e inmediatamente después con el socialismo como eje o protagonista ideológico, es lo que aparece ahora abandonándose, junto con el desbarajuste ambiental, que acompaña como su sombra los “milagros” tecnológicos.

Por cierto, no se trata de una tormenta en cielo sereno, todo lo contrario. Recordemos a Hillary Clinton, la que perdiera la carrera presidencial con Trump, cuando, todavía al “mando” del viejo mundo, hoy trastabillando, festejó con un gorjeo el asesinato vil, desnudo, mercenario de Muammar Gaddafi. Un asesinato del peor calibre en el mundo de la modernidad, el universalismo, la democracia, la justicia, la libertad. Ése, que Hillary “representaba”. Es apenas un ejemplo de que “las cosas” no iban bien en el mundo que hoy vemos en proceso de disolución ante el cono de sombra al que hice referencia inicialmente.

Auge de una dureza absolutista (neoabsolutismo)

Esta furia de intolerancia tuvo sus adelantados, como Meir Kahane, A. Behring Breivik, el ISIS y, ¿por qué no? toda la caterva de asesinos enloquecidos y anónimos que transitan ─con total tranquilidad, es cierto─ las calles y los colegios estadounidenses, y muy particularmente en  la floración de paramilitares, maras y policías especiales que han ido haciendo pesadillas en la vida cotidiana en tantos países al sur del río Bravo, para mencionar  lo que conocemos o al menos atisbamos un poco más, aunque seguramente en Asia y sobre todo en África, esos rasgos se presentan de modo  todavía más intensos, mortales, atroces.

Resquebrajamiento de un sistema-mundo  (¿neofeudalización?)

Todo lo cual nos permitiría y hasta nos llevaría a pensar en lo que parece ser un neoabsolutismo ─descaecimiento de los resortes decisorios más o menos institucionales─  como si se tratara de una “nueva edad media”, en los términos de disloque cultural  de lo establecido, de crisis de la globalización (de la mundialización como dicen los franceses), como la presentaran, hace por lo menos 40 años, Umberto Eco[1] o Furio Colombo,[2] por ejemplo, o como se presentara el colapso soviético, hace ya casi tres décadas.

Escribía Colombo en su ensayo: “[…]  el poder se ha desplazado fuera del proceso normal de decisión a una zona que no está clara ni se conoce.” ¿Qué es lo que vemos hoy? El ordenamiento  internacional no tiene la menor vigencia real; un estado o conjunto de estados desencadena una invasión contra otro estado, presunto infractor de vaya uno a saber qué leyes (como pasó con Francia e Inglaterra sobre Libia en 2011 o EE.UU y “su” coalición sobre Irak en 2003, o también EE.UU. sobre Afganistán en 2001, o Israel sobre El Líbano en 1982, o el mismo Israel, asaltando “preventivamente” a Egipto en 1967, por ejemplo). Para tales decisiones no se “necesitaron” instancias legislativas, ni siquiera judiciales, y mucho menos el peso y la actitud de las sociedades cuyos gobiernos actuaron así; ha sido el “puro” poder ejecutivo el asiento de la decisión.

Pero cuando pensamos en el ejecutivo, pensamos todavía en instancias políticas. Incluso, para algunos,  “la política” por excelencia.

Pero Colombo nos acerca un poco más a lo real (y pensemos que estamos citando un texto anterior a 1973…). Plantea que estamos ante “una redefinición de los modos de decisión.” [3] Una nueva constelación que se caracteriza por la invisibilidad del gobierno real, porque “el poder se ha desplazado  fuera del proceso normal de decisión a una zona que no está clara ni se conoce.” Difícil de precisar el quién, y Colombo anota un par de rasgos significativos de tales intervenciones: su carácter privado (“es decir relativo a los intereses exclusivos de los grupos incluidos”)  y con una connotación militar (“rápida, secreta, indiscutible, disuasora, ejemplar”).

Si retornamos a las intervenciones que hemos señalado a título de ejemplos; las de Israel, EE.UU., Francia, el Reino Unido, vemos que esos dos requisitos se han cumplido al pie de la letra, aun invocando todos los “deberes” públicos o cívicos imaginables.

Los ejemplos que acabo de enumerar, empero, tienen todos el mismo rango, ocupan el mismo alvéolo, militar, de invasiones más o menos en regla.

Pero el planteo de Colombo nos permite otros desarrollos, percibir otros sitios donde el poder se ejerce fuera de los ámbitos institucionales invocados o previstos; observar el desplazamiento de las instancias expresas y/u oficiales de gobierno hacia muchos otros ámbitos; ¿cómo se resuelven las inversiones transnacionales, por ejemplo? El territorio receptor es apenas eso. Las tratativas son secretas, ocultas. So pretexto de “secretos comerciales”, lo que se hace secreto es el trámite de usurpación territorial, de señorío y adueñamiento de las riquezas a las que los respectivos consorcios transnacionales le han echado el ojo.[4]

Crisis de valores de “las luces”, sí, ¿pero neofeudalización?

Tenemos así un desvalimiento progresivo y cada vez mayor para encarar este estado de cosas. Porque solemos retener las viejas fórmulas de un legalismo caduco y de valoraciones que han dejado de ser compartidas.

¿Qué le importa a Bolsonaro la libertad de expresión, la de investigación, la de cátedra?

¿Qué le importa la igualdad racial por la cual luchamos, lucharon negros como Patrice

Lumumba, Franz Fanon, Malcolm X, Desmond Tutu, Muhammad Alí o  Nelson Mandela, y blancos como John Pilger, Roger Waters, y tantos otros, desconocidos (en ese torrente me incluyo)?

Sin embargo, la hipótesis de una neofeudalización, encarada por los autores citados (y otros) en la década de los ’70 no se adecua al estado actual de situación, por cuanto si algo caracteriza a la constelación vigente y actuante de poder es su cada vez mayor entrelazamiento, lo que Frei Betto ha calificado como “globocolonización” y la expansión de un “mundo unificado”.

Neofeudalización señala una pulverización de los centros de poder; ni siquiera la disputa creciente entre EE.UU. y China por el control de los recursos planetarios nos permitiría llegar a la idea de neofeudalización; en todo caso, a una reedición de la lucha “entre potencias” aunque el listado de “actores” se haya modificado un tanto (en la segunda posguerra, EE.UU. y URSS; hoy más bien un eje EE.UU.-Reino Unido-Israel con Occidente detrás, vs. China que de todos modos parece a su vez unida o aliada a los réprobos de Occidente; Rusia e Irán).

¿La cabe alguna responsabilidad a la izquierda progresista?

Tenemos por delante llegar a entender ese dato que apuntamos como “crisis de las luces”.

Mi hipótesis: que el populismo “inclusivo”, de izquierda, el llamado progresismo, ha coope-rado ─con total ignorancia del desenlace─ con esta aparición de hombres nuevos tan atroces.

Porque el progresismo, declamatoriamente solidario, confundió las cartas. Deliberada, tácticamente.

El progresismo fue la carta de los doctores socialistas para seguir siendo “socialistas” sin tener que ser anticapitalistas (escamoteando esa metamorfosis). El progresismo empezó a valorar determinados objetivos, alegando realismo ─lo mejor es enemigo de lo bueno─, mediante un cambio del lenguaje, procurando cierta conciliación con el capital que de todos modos beneficiara a los desposeídos, y cada vez más apostando a la rentabilidad que guía el comportamiento empresarial, ignorando deliberadamente que el lucro no atiende las necesidades sociales, biológicas, ecológicas.

Hay que tener en cuenta que con el surgimiento de la URSS, una experiencia de política hiperrepresiva, de absolutismo político, que cuestionó radicalmente las nociones de derecha e izquierda provenientes de la Revolución Francesa al instaurar un régimen de control político total que sin embargo se proclamaba revolucionario, vanguardia de izquierda ─y que arrastró consigo a buena parte del caudal político de la izquierda tradicional─ surgieron nuevas composiciones políticas, en un sentido más sofisticadas o de doble lenguaje; con la desaparición de la URSS, tuvo lugar el fenómeno, casi mágico, de convertir a referentes socialistas en titulares capitalistas…

En países como el nuestro, la “conversión” no tuvo que ser tan intensa; a lo sumo una actualización doctrinaria, realzando aspectos que no habían fructificado hasta entonces.  En Argentina, peronismo mediante, ni siquiera se necesitó un salto ideológico mortal; el peronismo siempre fue, al menos de palabra, antioligárquico y procapitalista.

Crisis de la idea de progreso

La actualización doctrinaria que estamos procurando desentrañar se basa en la ideología del progreso. Se dibujan con facilidad dos campos: un campo previo, tradicional; el retardatario que los manuales de ideología asignaban a la Iglesia Católica, al medievalismo, a la tradición oscurantista. Y enfrentado dialécticamente con él, otro campo, de avanzada con el acceso a “las luces” de la modernidad,  deísmo (masonería), desarrollo tecnocientífico, liberalismo, laicidad, socialismo.

Con ese maniqueísmo, no es tan arduo el pasaje de la intelectualidad que proclamaba hace medio siglo el socialismo, a la defensa de lo estatuido, al mundo-tal-cual-es  (aunque siempre procurando evitar ser confundida con  “lo viejo”).

Pero el desastre planetario pone al progreso bajo otra luz: darle carta abierta, luz verde al capital, confiar en “acuerdos de caballeros” con semejante partner, está destrozando el planeta.

El desarrollismo parece apenas un viaje de ida. El capital, dejado a sí mismo es un pacman planetario, sin tasa ni límite. Pero el planeta, empero, tiene límites. Igual que las vidas de los seres, cualesquiera que ellos sean; microscópicos o humanos; todos tenemos límites.

Solo actitudes obtusas como las que encarna hoy Donald  Trump pueden seguir sosteniendo que la contaminación generalizada, adueñándose de mares, suelos y atmósfera, no tiene importancia; que la plastificación de nuestro hábitat protagonizada por un material no biodegradable, no tiene consecuencias… Estamos esperando que la FDA nos diga cuántas partículas microscópicas de polietileno, polivinilcloruro y poliamida, podremos ingerir con nuestros peces, por ejemplo, para que el pescado siga siendo GRAS (sigla en inglés que se refiere a alimentos considerados seguros dada su inocuidad)…

Estamos jugando con fuego: porque el calentamiento global es ya insoslayable, porque la pérdida de protección a la radiactividad aumenta, porque las aguas frías y los hielos se achican en todo el planeta y los necios se alegrarán pudiendo plantar duraznos cerca del casquete polar, sin preguntarse qué hará la población de las franjas tórridas ecuatoriales del planeta (las zonas de mayor densidad humana…).

Tenemos, afortunadamente, una gama creciente de recursos médicos y de sabiduría científica para enfrentar enfermedades. Pero el dato fuerte en cuestiones de salud no es ése, sino el aumento irrefrenable de enfermedades. Alergias, cánceres, parkinson,  de comportamiento, de la piel, respiratorias, psíquicas, nerviosas, reumas, articulares, diabetes, obesidad…

Como bien explicara el oncólogo estadounidense Samuel Epstein, las principales redes médicas de atención al cáncer en EE.UU. no están dedicadas a luchar contra la proliferación del cáncer[5] sino a conseguir el diagnóstico precoz y achicar así los índices de mortalidad. Con “madurez” institucional,  no pretender incursionar en las causas de cánceres que escapan a los marcos médicos establecidos. Lo otro, ya sería querer cambiar la sociedad… ¿dónde se ha visto?

Tácticas progresistas. Un ejemplo

Lula presentó su candidatura presidencial tres o cuatro veces, antes de, finalmente ganar. Lo hizo entonces, aliado con una fuerza retardataria, de evangelistas, con lo cual fue malogrando sus propias reivindicaciones iniciales.

¿Qué fuerza liberatoria puede tener la Biblia? Desmond Tutu, pastor anglicano, lo expresa claramente: ‘Llegaron con la Biblia, nosotros estábamos en la tierra. Cerramos los ojos. Pasado un tiempo, abrimos los ojos, nosotros teníamos la Biblia y ellos la tierra”.

Hoy vemos, ya a la luz del día, un proceso que lleva décadas, de creciente implantación de iglesias llamadas genéricamente protestantes: evangélicas, pentescostales, nazarenas,  neoapostólicas, puritanas, sabatistas, anabaptistas, asamblearias, anglicanas, luteranas, calvinistas, presbiterianas, congregacionistas, cuáqueras, mormonas, metodistas, pietistas, neoapostólicas, adventistas y hasta valdenses (que constituyen una suerte de protestantismo anterior al movimiento histórico que recibe ese nombre).

Hay enorme diversidad tales iglesias. Las más recientes suelen ser las más vociferantes y una prueba de su alegado espiritualismo y descarado materialismo es la apelación a la prosperidad, verdadero eje ideológico para atraer “necesitados”.

El creciente papel del Estado de Israel y el sionismo en esa constelación antiliberal, racista, excluyente

Buena parte de estas iglesias, sobre todo las surgidas en EE.UU. en el siglo XX y más aún en el presente siglo, han ido generando una creciente identificación con el Estado de Israel. A tal punto que muchas de ellas, fundamentalistas y ortodoxas, mantienen un antisemitismo radical (depositado en tiempos apocalípticos, es decir futuros) y al mismo tiempo encarnan un ferviente apoyo al sionismo. Tal vez el caso paradigmático hoy sea el de la IURD, iglesia universal del reino de dios, que hace culminar la pleitesía de sus miembros mediante un viaje “de elevación espiritual” hasta los sitios sagrados, en Israel, precisamente.

El casamiento ideológico, de doctrina, entre las iglesias protestantes más fundamentalistas y el sionismo es un fenómeno de larga data, pero que ha tomado peculiar vuelo en los últimos tiempos, coincidiendo con la expansión israelí en diversos terrenos fuera de fronteras, particularmente en Europa y las Américas.

El  sionismo ha apelado a un fondo ideológico común; el Antiguo Testamento, una retahíla de relatos agresivos, racistas, puristas, que coexisten con otros que hacen al fondo común de la sabiduría humana. Hay allí una voz común para su entrelazamiento con tantas iglesias protestantes.  Algunos cristianos han sabido ponderar tales valores, realzando los del Nuevo Testamento como principales, pero muchas sectas protestantes, salvacionistas, increíblemente ombliguistas, al contrario, han legitimado el Antiguo Testamento.

Las iglesias vociferantes, carismáticas, pentecostales, ponen el acento en el papel que la Biblia le atribuye al pueblo judío. El elegido por dios. El conectado  directamente (¿a un paso de decir, ‘el único conectado?)

Porque el sionismo, inicialmente laico y hasta irreligioso, ha ido elaborando su proyecto de dominación cada vez más absoluta con la Biblia en la mano, en su caso la Torah. Y de allí proviene su íntima alianza con sectas protestantes, de enorme influencia en EE.UU.

Y EE.UU. es el único estado industrializado, no periférico, del mundo donde el papel de lo religioso no ha decrecido, como en Suecia, Holanda, Escocia, Italia, Francia, etcétera, sino aumentado. Incluso más: mientras la adhesión a las religiones ha decrecido algo en la población, se mantiene “al tope” en los elencos políticos. [6] El papel de las iglesias se ve así  claramente en el Congreso de EE.UU. (un sitio donde se reconoce la influencia proverbial de la AIPAC, American Israel Public Affairs Committee, Comité de Asuntos Públicos de EE.UU e Israel), que Wikipedia define como “lobby pro-israelí en EE.UU. Lo de “asuntos públicos” es una licencia… ¿poética?

De todos modos, la acción del sionismo excede ese “derrame” sobre sectas protestantes  (sobre todo americanas y más bien americans) así como también ha sobrepasado su “destino” inicial; el “pueblo judío”.

En el mundo árabe ha incursionado de varios modos, a cada cual más cruento. Sucintamente podríamos hablar de tres modalidades o momentos: 1)  reprimiendo con cerebral crueldad la vida y sobrevida de palestinos; 2) aliándose con la secta wahabita de los saudíes, la rama más retrógrada y bestial del Islam [7] y 3) prohijando, fabricando, sosteniendo al ISIS, y probablemente a Al Qaeda y otras muy diversas formas de terrorismo islámico que demasiado a menudo han recibido el nombre de freedom fighters desde los medios occidentales de incomunicación de masas.

Baste esta única cita para percibir la escalofriante geopolítica sionista actual: “Me gustaría ver que ISIS gobierne toda Siria; ISIS y sus ramificaciones no representan una amenaza para el estado israelí.” [8] Lo proclamó este año el ministro de Defensa israelí, del gabinete más agresivo que ha tenido nunca Israel (lo cual es decir…). Su autor es Moshe Ya’alon, ministro de “Defensa” [sic] israelí. Apenas sinceró lo que ya sabíamos: Netanyahu visitando terroristas islámicos heridos que Israel ha internado en hospitales para “recauchutarlos” (y largarlos otra vez a la pelea); que ni el DAESH ni el EI ni el ISIS han hecho alguna vez un atentado contra “el estado judío”.

Queda negro sobre blanco que  buena parte de la mortandad intraislámica es madeinIsrael.

Resumiendo

Estamos ante un panorama amenazante. El eje EE.UU.-Reino Unido-Israel se va engrosando con la proliferación de gobiernos de mucha o extrema derecha, del cual ya mencionamos  en el continente americano al más significativo por sus dimensiones y por sus posiciones; el de Brasil.[9] Pero ya conocemos la situación de Honduras, Paraguay, Colombia en tierras americanas y podríamos extender el collar reaccionario por varias “perlas” europeas (Polonia, Hungría, República Checa…).

La coacción sobre las sociedades africanas es inenarrable pero merece un tratamiento expreso que no me siento en condiciones de abordar.

notas:

[1] “La Edad Media ha comenzado ya”, La nueva Edad Media, Alianza Editorial, Madrid, 1984 (1a. edic., 1974).

[2]  “Poder, grupos y conflicto en la sociedad posfeudal”, en La nueva Edad Media, ob. cit.

[3]  “Poder, grupos…,  ob. cit.

[4]  Así, por ejemplo, se tramita el establecimiento de una procesadora de celulosa en Uruguay, sin que los habitantes estén siquiera medianamente informados de los trastornos ambientales de los que van a ser destinatarios y menos todavía, de las condiciones de explotación territorial, donde la empresa extranjera dispone, legisla y establece qué debe acompasarse a la estrategia empresaria, modificando, por ejemplo, sus redes viales e incursionando hasta en los planes pedagógicos del país receptor… todo esto para que finalmente el país-asiento pierda un poco más de soberanía y autonomía y sea despojado “legalmente” de sus recursos naturales.

[5]  The Breast Cancer Prevention Program, MacMillan, N.Y., 1998. Coautor: David Steinman.

[6]  Más del 90% de los congresales se declaran cristianos (dos tercios aprox. protestantes, un tercio católico).

[7] El tratamiento dado a Jamal Khashoggi, pariente real saudí, disputante de poder y periodista en un cotidiano estadounidense, en las fauces, propiamente dichas, de la monarquía saudí es una expresión atrozmente veraz del comportamiento de estos sátrapas, que brutalizan a sus jóvenes mediante ejercicios mnemotécnicos masivos con las suras islámicas, mientras martirizan geopolíticamente al vecino arábigo del sur que se desvía de su credo: Yemen ha sufrido la mayor matanza de las últimas décadas.

[8] Richard Galustian, “Israel y la conexión yihadista”, Global Research, 1/12/2018.

[9] Dos de los tres hijos varones, adultos, de Jair Bolsonaro no tuvieron nada mejor que festejar a su padre desfilando como hombres-sandwich por calles israelíes con emblemas a pecho o espalda del ejército israelí  o de su ya tan atrozmente famoso servicio de seguridad, el MOSSAD.

Publicado en Centro / periferia, Globocolonización, Poder mundializado, Sociedad e ideología

El estómago, los alimentos y el poder*

Publicada el 23/11/2018 por raas

No comemos la comida para la que genéticamente estamos preparados.

Por Lasse Berg

Durante cien mil generaciones, la estirpe humana ha vivido como recolectora. Nuestros cuerpos se fueron conformando para digerir distintas clases de raíces, frutas y frutos de cáscara dura así como para digerir carne, caracú, vísceras, y por cierto, animales y plantas de mares y ríos.

Todo esto tiene estricta correspondencia con nuestro sistema digestivo, que aprovecha, por ejemplo, las largas cadenas moleculares de ácido graso ω3 provenientes de los cerebros de los animales, de los peces y los crustáceos y los transporta directamente a nuestro cerebro, la más complicada estructura que se conoce en el planeta.

La primera gran transformación que no tiene más de unas quinientas generaciones fue cuando el hombre comenzó la agricultura y la cría de ganado y el tiempo pasado es tan corto que no hemos tenido el suficiente para las adaptaciones orgánicas pertinentes.

La ciencia avanza trabajosamente para poder discernir [… El] conocimiento hasta ahora es más bien difuso. La última adquisición desmiente la anterior. Sin embargo, sí sabemos para lo que no estamos biológicamente preparados. No estamos preparados para comer cereales ni lácteos. Hoy en día, sin embargo, por lo menos un 70% de nuestras nutrientes provienen de alimentos que no pertenecen a nuestra dieta natural.

Por lo visto, funciona. Hemos llegado incluso a sobrepasar los seis mil millones de humanos en el planeta. La tecnología, las mejoras en la higiene y los medicamentos han elevado nuestro promedio de vida (aunque no la longevidad).

Sin embargo se acrecientan sin pausa las enfermedades vinculadas con formas no adecuadas de vida y mantenimiento. En EE.UU., el 60% de los adultos tiene tanta grasa que se ha convertido en un problema de salud nacional. Es que hemos ingresado a la era del azúcar y a la comida rápida y rica en grasas. Se trata de la segunda gran transformación alimentaria que vive la humanidad. Que estamos viviendo ahora.

Greg Critser ha descrito en Fat Land [País gordo] el frente de combate estadounidense en esta guerra de la industria de la alimentación contra la naturaleza humana. Las enormes subvenciones que recibieron los agricultores estadounidenses fueron llevando a un enorme excedente cerealero, en particular de maíz. Así se diseñaron nuevos mercados mediante la extracción de un endulzante del maíz que de inmediato fue usado por los productores gigantes de comestibles y refrescos, a la cabeza de ellos, Coca y Pepsi [jarabe de maíz de alta fructosa, jmaf; n. del trad.].

La grasa saturada del coco fue el otro gran ingrediente para la elaboración de las comidas rápidas que ha invadido todos los rincones del planeta. Nuestros cuerpos no están hechos ni para las grasas ni los azúcares de este tipo, pero sin duda desencadenan con mucha efectividad el apetito al que nos ha condicionado nuestra evolución, de tanto dulce y tanta grasa como sean posibles. Critser nos muestra cómo las porciones se han ido agrandando. Estamos en la era de los baldes para el maíz acaramelado con cada entrada al cine, del taco de dos kilos, de la hamburguesa triple.

Nosotros, europeos, estamos en la misma rueda. Con sobornos a través de los subsidios a la agricultura. Con cereales financiados desde el fisco viven también nuestras gallinas, cerdos, salmones, perros y gatos. Pero ni los peces ni los rumiantes ni los carniceros tienen sus cuerpos hechos para este tipo de comida. Este problema se resuelve con enormes dosis de antibióticos.

Desde el verano pasado, mi compañera y yo hemos hecho un experimento absolutamente no científico, con nuestros cuerpos, procurando vivir con dieta de la edad de piedra. Comemos todo lo que no está hecho con cereales o leche, y que no esté ni frito ni salteado. Comemos crudo, ahumado o cocido. No nos ponemos ninguna restricción en cuanto a cantidades. Tampoco nos limitamos en el vino o el aceite de oliva (de presión en frío).

Queríamos saber si de este modo podríamos influir en la artritis de mi mujer. Después de un par de meses, Ingrid, que tenía dificultades hasta para subir un piso por escalera, podía escalar sin dolor el volcán Virunga y visitar así el territorio de los gorilas. Era la primera vez que lo podíamos hacer en los dos años que hace que vivimos en Rwanda. Después de seis meses, ha podido desprenderse de una medicación bastante pesada. Para mí, el resultado más visible es que no ronco más, y que no he vuelto a tener aquellas migrañas que me habían acompañado toda la vida. Tampoco me he resfriado ni una sola vez, y el dolor articular y el de garganta han desaparecido como por encanto. Mi presión que era más bien alta, se ha vuelto normal, el cuerpo y la cabeza, más livianos.

No creo, sin embargo, que se pueda sacar muchas conclusiones con tan escasos datos. Es más que probable que los cambios que he experimentado tengan que ver con que he terminado con mis caros quesos y patés que se han ido así escurriendo de mi cuerpo. Fui rebajando muy, muy lentamente, a razón de unos cien gramos diarios, durante más de cien días y luego he quedado en ese peso sin hacer ninguna gimnasia especial. La desaparición de síntomas artríticos puede ser algo temporal, no lo sé.

Y pese a todo, me parece lógico que tanto el reumatismo como otras enfermedades autoinmunes y un montón de otras porquerías tengan que ver con todo lo que metemos en nuestras células.

Por cierto, resulta impensable el retorno de seis mil millones de seres humanos a una vida recolectora, a través de los incontables senderos del pasado. También resulta difícil que el hombre pueda comer tan variado como comía antes. Habrá que aceptar complementar la comida de que disponemos ahora con vitaminas, minerales, oligoelementos. […]. Hoy en día no comemos la comida para la que nuestros cuerpos están hechos. Comemos lo que comemos para que los presidentes de EE.UU. y Francia (1) sea reelegidos ininterrumpidamente.

notas:
* ”Magen, maten och makten”, Ordfront, Estocolmo, n° 6, junio 2003. Traducción del sueco: Luis E. Sabini Fernández.
1) El autor alude seguramente a la fuerte influencia francesa luego de la liquidación del colonialismo clásico en Rwanda (alemán primero, belga después).

artículo publicado en Revista futuros nº6 / Río de la Plata

fuente: http://archivo.argentina.indymedia.org/news/2008/10/634878.php

Publicado en Agronecrófilos

Una incursión donde los atacantes son los defensores y los agredidos los victimarios

Publicada el 13/11/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández – 

El papel de los medios de incomunicación de masas

12 nov. 2018 – Información muy entrecortada y fragmentaria lleva a pensar que un equipo de asesinos profesionales de la seguridad israelí ingresó con un vehículo civil a territorio de la Franja de Gaza y que habrían alcanzado su objetivo, por cuanto declaran haber terminado con la vida de un jefe de Hamas. El episodio parece haber cosechado la muerte de ese treintañero y de una media docena más de palestinos, veinteañeros, que suponemos formarían parte de la organización atacada. Y la de un comando israelí. El vehículo israelí fue perseguido por vehículos palestinos, pero lograron concretar su huida cubiertos por drones y material de aviación israelí, que indudablemente apoyaban el operativo en tierra.

Ante semejante acontecimiento, redes de defensa palestina descargaron cientos de cohetes sobre el territorio que ocupa Israel, los medios de incomunicación de masas repiten 200. A menudo informan de “misiles”, aunque la imprecisión de los disparos permite inferir que la mayoría siguen siendo cohetes tipo Kassam o similares, de muy menor impacto.

El (contra) ataque gazatí abruma a Israel. En Israel se refieren a un muerto en el operativo israelí y otro (no sabemos si el mismo) en territorio israelí. Y leemos en las “noticias del día” (EFE, 12/11 2018): <Los voluntarios de los equipos de emergencias israelí United Hatzalá intentan dar cobertura al gran número de llamadas que reciben “por heridas o ataques de ansiedad como resultado del disparo de cohetes y de las sirenas antiaéreas”.>

Los palestinos atacan tanto que hasta “ataques de ansiedad” producen. Los israelíes se defienden tanto y tan bien que en cada escaramuza quedan decenas de palestinos muertos y a menudo miles de heridos, en tanto las fuerzas israelíes no reciben ni un rasguño y ocasionalmente, un herido o un muerto.

Pero la población israelí no tolera ni siquiera eso, por haberse adueñado de la tierra de otros. Quieren la verdadera paz (de los cementerios) para los que molesten y recuerden. Léase esta info de El confidencial, cotidiano español, (12/11/2018): <El ministro de Defensa israelí, Avigdor Liebeman, celebró una reunión de urgencia en la sede principal del Ejército en Tel Aviv, la Kiriá, con comandantes militares y con el director del Servicio de Seguridad Interior para analizar la situación. Smadar Shvilovich residente de la comunidad de Ein Hashloshá, del Consejo Regional de Eshkol, y miembro del consejo de emergencia de su comunidad, ha informado de que los niños de la región no irán a la escuela mañana por orden del Ejército. «Estamos acostumbrados a vivir en estado de emergencia, pero le pedimos al Gobierno que lleve a cabo una acción puntual para que no vivamos más en estado de emergencia sino en estado de normalidad», ha declarado Shvilovich a la televisión pública Kan.>

Una acción puntual, ¿entendió lector?

El 12 de noviembre habían hecho una incursión comandos israelíes en la Franja de Gaza. Varios matados, incluido un comando israelí.

El 13 de noviembre, nos enteramos por la prensa que el gobierno de Israel acusa a Hamas: “del sufrimiento de civiles inocentes”,[1] refiriéndose, suponemos, a la población israelí que ha recibido la cohetería. Dudamos que el gobierno israelí trate de “inocentes” a civiles palestinos. Porque son palestinos.

 

[1] Perfil, Bs. As., 13 nov. 2018. Este diario da completa la versión del gobierno israelí. Pero ni siquiera aparece en su “info” la secuencia cronológica.

Publicado en Palestinos / israelíes

El asesinato pedagógico de Jamal Khashoggi

Publicada el 07/11/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández – 

Analizando el asesinato de Jamal Khashoggi, recuerda Daniel Shapiro[1]  cómo fue considerado otro asesinato político ordenado a su vez por Napoleón Bonaparte: “Algo peor que un crimen; un error”.

Shapiro  analiza las consecuencias de lo acontecido por orden del príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, sobre la política de EE.UU. e Israel.

Y nos muestra cómo funciona la estrecha alianza entre la dirección político-militar estadounidense y la saudí (y la israelí, jugando en todas las bazas).

Shapiro se alarma acerca de la infiltración, imparable, de los detalles del asesinato, digno de una novela nórdica de los últimos tiempos con lesiones previas a la muerte, atrocidades varias, dedos seccionados estando todavía vivo y corte final de cabeza para darle otro destino que al tronco de lo que fuera Khashoggi, al parecer competidor en el marco de la realeza, periodista, espía y/o contraespía, vaya uno a saber al servicio de qué servicio.

Sabemos que lo acontecido en territorio turco no contó con la complicidad de las autoridades anfitrionas que, por el contrario, hicieron todo lo posible para desnudar el “affaire”.

Shapiro nos dice que este strip-tease macabro malogra una provechosa alianza de décadas entre EE.UU. y Arabia saudí por un lado e Israel y EE.UU. por otro (y por encima o por debajo, la misma curiosa alianza entre dos estados hiperconfesionales; Israel y Arabia saudí).

Shapiro entiende que “Mohammad bin Salman no calibró el efecto de este tipo de asesinato haciendo trizas todo margen de aceptabilidad para el público estadounidense y para todo el elenco de ambos partidos en el Congreso”.[2] Pone como ejemplo que congresales tan de derecha como Marco Rubio hayan puesto el grito en el cielo.

Estamos entonces −cada vez importa menos la muerte por asesinato− ante la atención a brindar a la pudorosa opinión pública estadounidense. El alma del ciudadano norteamericano no puede oír, sin estremecerse, la peripecia vivida por Khashoggi.

Shapiro lo dice sin pelos en la lengua: “La represión saudí no es algo nuevo y probablemente el sistema político de EE.UU. podría acomodarse si mantenemos un cierto nivel bajo de visibilidad.” [sic]

Bin Salman no advirtió el efecto en el alma norteamericana de hacer lo que se le hizo a un periodista del establishment (Khashoggi era redactor habitual de Washington Post).

Shapiro, abundando sobre el efecto devastador de la imagen de tamaño asesinato sobre el público norteamericano y transitivamente sobre las decisiones políticas, nos confiesa que el terremoto obligará… −observe el lector el abismo que se abre− a vender algunas menos armas a Arabia saudí, que generalmente se ha provisto más que generosamente de los avances de la industria militar estadounidense.

Shapiro considera que “tal vez el fallo mayor del asesinato de Khashoggi proviene de la obsesión de ben Salman por silenciar a sus críticos, con lo cual se pierde fuerza en el intento de construir un consenso internacional para presionar a Irán.”

Es decir, a Shapiro le preocupa no el método empleado para eliminar a Khashoggi, y menos todavía la cuestión misma de la eliminación de competidores; apenas los dólares (millones) que no pasarán de las arcas saudíes a las estadounidenses o que debilita la presión para desmantelar a Irán.

Todo se instrumentaliza. En rigor, volviendo a la anécdota con Napoleón, no se trata de asesinar menos, se trata de que se note menos. La opinión pública, en tal caso, no ofrecerá dificultades y las correas de transmisión funcionarán fluidamente.

No hay que herir los oídos de gente sensible. Hay que hacer las cosas “a la chita callando”. ¿Por qué esa obsesión por deshacer un ser humano en vida y registrarlo? Hay un aspecto, fabril, de dejar constancia y confirmar la calidad de un “trabajo”, es cierto, pero si eso llega a manos indebidas, “nos” perjudica.

 

Shapiro replantea, sin decirlo, lo que pasó con E. Snowden, con B. Manning, con J. Assange, para mencionar apenas a los tres más famosos violadores de “obediencia debida” más recientes. Ellos revelaron consciente y voluntariamente lo que el cuerpo mutilado de Khashoggi una vez más nos muestra. Por eso, lo que tememos con Snowden, Manning, Assange, y ellos también,  es que quieran matarlos (o pudrirlos en la cárcel).

Porque lo malo no es hacer algo malo.  Lo malo es que se sepa. Y cierto estilo sádico, afiebrado, patoteril, grupal –como por lo visto es el de MBS (el apodo o sigla con que se conoce a Mohammad bin Salman−, tiene mayor riesgo de filtraciones.

La mezcla en Shapiro de lucidez y amoralidad, de pragmatismo, en suma, es tal vez más aterradora que el terrorismo expreso (que a veces es torpe).

Bueno es advertir que esto es lo que tenemos como diseño de la cosa política hoy enfrente nuestro (y por encima y a nuestras espaldas… por doquier).

Tendremos que agradecer a la patota sagrada e imbécil de los sunnitas más fanáticos de ese estado que es de una familia, llegar a otear la sordidez de nuestro presente.

La búsqueda de la verdad era el viejo motto de periodistas, y antes, de filósofos.

Aunque cueste pensarlo o se sienta uno pasado de moda, sigue siendo la cuestión clave, ardua, casi inalcanzable.

Podríamos transformar la vieja consigna que se atribuye a Pompeyo para arengar a los marineros temerosos ante la tormenta, “navigare necesse est, afirmando: veritas necesse est.

[1]  Daniel B. Shapiro, “Why Khashoggi Murder is a Disaster for Israel”, Haaretz, Tel-Aviv, 21 oct. 2018. Como puede advertir el lector, ya en el título Shapiro expresa lo que le importa; no la vida sino los perjuicios (para Israel).

[2]  Ibíd.

Publicado en Destrozando el sentido común, EE.UU., Poder mundializado, Política

Roger Waters en Uruguay: ¡Bienvenido!

Publicada el 04/11/2018 - 23/11/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fern{andez

Roger Waters en Uruguay movió el avispero.

Desde su llegada, el viernes 2 de noviembre, en un  vuelo privado suyo, con su equipo y custodia, Waters ha dejado, voluntaria o involuntariamente, su huella.

Tanto con su ”conversatorio” centrado en la cuestión palestina como en su concierto trayendo al presente al inolvidable Pink Floyd, en la música y en algo más.

Justamente la labor de Waters, aun siendo básicamente un músico, ha logrado trascender y problematizar mucho más que la música; en este mismo momento en algunos países europeos se han disparado juicios contra Waters mediante la carambola de considerar que su defensa de los palestinos y la consiguiente, inevitable crítica al Estado de Israel, es antisemita y como en países como Francia, Alemania y varios otros europeos el antisemitismo es delito (ya no es sólo una cuestión de opinión), enjuiciarlo por ello. Todavía no sabemos si llegarán a las multas o a los pedidos de prisión, pero ese vendaval revela la sensatez de Waters de tratar de cuidarse él mismo.

Pensemos cómo gasta Occidente sus medidas contra quienes han hecho mella en la red de poder vigente; Edward Snowden, que debió buscar refugio en Rusia, Julian Assange que debió refugiarse en la embajada londinense de Ecuador y sigue allí sitiado desde hace 7 años.

Y Waters, cuyo comportamiento lo ha llevado a enfrentar a uno de los poderes planetarios más significativo y extendido; el de Israel, tiene toda la sensatez de cuidarse.

El minué jugado aquí, en Montevideo, ha tenido sus aristas. Alguien, seguramente muy poco avisado de quiénes favorecen a Israel (diciéndolo o no) propuso El Galpón como sede del encuentro.

Funcionó el control ideológico y El G adujo que no estimula “enfrentamientos, sin importar contra quién.” No sabíamos que el marxismoleninismo había sido sustituido o superado por el nirvana con un largo ooooom. Habría que advertirles a los galponeros que el chovinismo, el racismo, el supremacismo, la explotación, el saqueo, como en su momento la industria concentracionaria, siguen existiendo y que casualmente son encarnados por quienes… lo encarnan.

Una maravilla casi acrobática es haber podido registrar que PIT-CNT, que el año pasado envió una delegación de visita fraternal, camaraderil, a la central sindical israelí, sionista, obrero-patronal (modelo fascista), pasado apenas unos meses pudo decidir albergar en su seno a un irreductible crítico del racismo israelí, un refractario total a la política tentacular del sionismo dedicado a captar apoyos por doquier, y obteniéndolos de personajes como A. Behring Breivik, el noruego que hizo un frío y preciso plan con el que terminó matando a varias decenas de seres humanos, noruegos en la ciudad y una abrumadora cantidad de jóvenes socialdemócratas provenientes de países árabes (asesinó a unos 70) en una isla, o Jair Bolsonaro, últimamente.

RW movió incluso el avispero “interior”, y no hay sino que agradecerle: tuvo la limpidez, la lucidez y la osadía de repudiar la primera pregunta de un panel hiperintelectualizado, sentir que le exigían como académico cuando él aclaró que es músico, y finalmente rompió con el burocratizado protocolo y pidió preguntas del público. Fueron pocas, exiguas, porque el tiempo, la escasez de tiempo, malogró ese momento, pero igualmente nos mostró la frescura intelectual  de este “joven” de 75 años.

Publicado en Palestinos / israelíes, Sociedad e ideología, Uruguay

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