Corte Penal Internacional (CPI) y contraofensiva del Estado de Israel

por Luis E. Sabini Fernández

Si nos dejamos llevar por el periodismo platense, regional y masivo, vamos a introducirnos en una materia estratoférica o galáctica. Sin embargo, trata de usted lector, de mí, de nuestra sociedad, de Occidente…

Desde 2015, cuando ingresó a la Corte Penal  Internacional un legajo que acusaba al Estado a Israel de crímenes de guerra contra la población palestina, pasaron casi 5 años, y los jueces de la corte, que cuenta con Fatou Bensouda, una eminencia judicial que ejerce como fiscal de la corte y ha sido considerada entre los cien seres humanos más importantes de nuestro presente, no terminaban su dictamen.

Algunos “signos” preocupaban a EE.UU. e Israel. Que, por ejemplo, se analizara la mera posibilidad de crímenes a sangre fría, como los acontecidos durante las  “Marchas por la tierra” que palestinos llevan a cabo desde el 30 de marzo de 2018, sin armas, sin siquiera piedras, y que los israelíes decidieron disolver con violencia y francotiradores que han arrojado la friolera de cientos de muertos, muchos niños entre ellos, y decenas de miles de heridos, sobre todo tullidos, por la política de balear tobillos.[1] Pero en la medida que los informes y análisis de la CPI durante todos estos años se dedicaban a contrapuntear, por ejemplo, los muertos provocados por ataques mediante bombardeos y artillería de tanques israelíes y los generados por las escuálidas incursiones de algunas organizaciones palestinas como Hamas o Yihad, o pasar revista a los mismos palestinos reprimidos por la ANP,[2] el “desarrollo de los acontecimientos” no alarmaba demasiado al eje Israel-EE.-UU.-R.U.

Pese a que la disparidad del poder de fuego, por ejemplo, o el mero cotejo de víctimas da una aplastante superioridad militar, sanitaria, de infraestructura para Israel en relación con el dañado, asediado, estrangulado, fragmentado, pueblo palestino y pese a que se trata de forcejeos de población ocupada contra ejército ocupante, la CPI ha encarado algunos de sus análisis como lucha entre dos adversarios, contendientes, tácitamente equiparables.

Han llegado incluso a sopesar la suficiencia del sistema jurídico israelí para  corregir los posibles excesos de sus militares, algo con lo que no se cuenta del lado palestino.

Eran prolegómenos preocupantes, señalados en un excelente análisis por Maureen Clare Murphy[3] que parecieron culminar cuando ya muy a fines de 2019, la CPI decidió no abrir una investigación sobre al asesinato de tripulantes turcos de una nave que viajaba con vituallas hacia la Franja de Gaza en 2010 y fue violentamente abordada.[4]

Pero finalmente, en enero del corriente año, Fatou Bensouda emitió un dictamen que en sus tramos decisivos reza: “Creo firmemente que hay fundamento razonable para proceder con una investigación en Palestina, de acuerdo con el artículo 53(1) del Estatuto. En resumen, creo sin duda que se han cometido o se están cometiendo crímenes de guerra en la Margen Occidental, incluyendo Jerusalén y la Franja de Gaza […] y por último  no hay razones de peso para creer que una investigación como la propuesta no vaya a servir los intereses de la justicia.” [5]

Tras cinco años de espera, aguante, dudas, equilibrios imposibles, la Corte Penal Internacional toma en su jurisdicción las atrocidades cometidas contra los palestinos por los gobiernos de Israel y EE.UU.

Y aunque ni nos hayamos enterado, los gobiernos de EE.UU. e Israel han estallado en improperios contra semejante desenlace.

Cuando la situación era inminente, a fines de 2019, el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, declaró a través de un comunicado oficial: «Nos oponemos firmemente a ésta y cualquier otra acción que busque atacar a Israel injustamente«.[6]

Palabra de más. Porque EE.UU., debido a su total dependencia de Israel, se va a oponer a cualquier acción contra Israel, sea ella justa o injusta.

“Naturalmente”, también Israel rechaza dicha investigación.

La posición israelí es la característica de los regímenes totalitarios, que a diferencia de los regímenes con derecho liberal, en que se presume a toda persona inocente salvo que se demuestre lo contrario, parten de la base opuesta; todos son culpables o pasibles de cargos  (salvo que pudiera demostrarse lo contrario).

Nos “explica” Avigdor Lieberman perteneciente a la cúpula israelí: en Gaza «no hay gente inocente» y «todo el mundo está afiliado a Hamás«.[7] Con tales “fundamentos”, los soldados israelíes tienen licencia para matar a cualquier palestino (en realidad a todos, pero cuesta).

 

Respecto del juego que se hace en la cancha grande, hay un detalle: ni EE.UU. ni Israel constituyen la CPI. Por eso, en enero último, Alemania  −desde 1945 tan servicial a los planteos de organizaciones judías para borrar todo lo que pueda entenderse como antisemita− se presenta como amicus curiae de Israel, para plantear en la corte una impugnación contra su derecho a discutir si había crímenes de guerra en los “Territorios Ocupados”, designación que, pese a todo, proviene históricamente de la ONU.

El planteo alemán era, curiosa y penosamente, una invocación a la impunidad. La CPI lo ha desechado.

Y henos aquí, en pleno 2020, con una investigación en marcha para conocer el porqué de tantos muertos palestinos por realizar acciones no violentas: defendiendo su hogar a punto de ser desalojado o derribado, reclamando la tierra robada, sin armas ni piedras, con solo banderas, y tantas otras muertes abusivas por el estilo.

Así ve el The Times of Israel la situación: “La alharaca [sic] de la CPI puede liquidarse en pocos meses con la decisión de la Corte de que no tienen jurisdicción para negociar el conflicto palestino-israelí y simplemente cierran el caso.

No es ninguna sorpresa que los palestinos hayan aplaudido la decisión de la fiscal Fatou Bensouda como si fuera el principio del fin de la impunidad israelí, en tanto el gobierno israelí la denunció como ultrajante, absurda e ilegal de acuerdo con la ley internacional. Netanyahu fue tan lejos como para calificarla de ‘antisemitismo puro’.” [8]

 

Tengo para mí que la fiscal Fatou Bensouda, gambiana, tomó todos los recaudos imaginables, y algunos más, para decidirse a plantear una demanda contra el omnipresente Estado de Israel. Si mi hipótesis es correcta, el insulto de Netanyahu no hace sino refrendar su precaución.

 

Ante este revés institucional, en nuestras tierras platenses con gobiernos recién estrenados, tenemos actos que uno no puede dejar de asociar con el traspié en la CPI.

En diciembre 2019 un experto italiano, Emanuele Ottolenghi, italiano residente en EE.UU., integrante de la Fundación para la Defensa de la Democracia, viajó a Argentina para advertir al flamante presidente Alberto Fernández que mantuviera ‘la excelente decisión’ de Mauricio Macri,    que a mediados del año anterior, antes de terminar su período presidencial, aceptó la sugerencia de ‘ampliar el registro de organizaciones terroristas e incluir entre ellas, a Hezbollah’.

Con la visita de Ottolenghi, el gobierno israelí y sus redes internacionales le recordaron al nuevo presidente argentino la conveniencia de seguir manteniendo en lista de terroristas a Hezbollah.

Porque además, en filas del nuevo gobierno, peronista, apareció “lo habitual” de “el hecho maldito del país burgués”: la especialista en seguridad, funcionaria en esa área con Alberto Fernández, Sabina Frederic, en declaraciones al diario Ámbito Financiero sostuvo que la creación del registro en el que figura Hezbollah es “una imposición de los EE.UU.” y que el terrorismo “es un problema de la OTAN, no nuestro”.

¡Para qué!

Las agencias diplomáticas israelí y estadounidense, a través de sus voceros mediáticos enaltecieron la importancia de seguir los lineamientos que ya se habían obtenido con Macri.[9] Y el canciller Felipe Solá se apresuró a asegurarle al gobierno israelí que no hay intención de borrar del registro de terroristas al Hezbollah, así tipificado por Macri y sus mandantes. Las cosas “a su sitio” con sincronismo, antes del viaje presidencial a Israel, casi inmediato luego de asumir.[10]

 

Del lado uruguayo las cosas son más penosas, si cabe.

En los tanteos habituales, de lobby, que los dirigentes de la colectividad israelita del Uruguay suelen hacer al gobierno, a fines de enero se mencionó a Hezbollah y se dijo “situación incambiada”, sin planes para hacer una mudanza de embajada a Jerusalén como es la línea actual del gobierno israelí en su plan de despojo a palestinos. El entonces inminente presidente Lacalle Pou dijo respecto de Hezbollah que el gobierno sigue una lista de la ONU y que, en consecuencia, Uruguay no declararía a Hezbollah organización terrorista. “Pero no lo descartó completamente”.

Hezbollah ha sido declarada organización terrorista por la Unìón Europea, y, claro, por EE.UU. e Israel. Con lo cual resulta casi anómalo que no esté así caracterizado por la ONU. Pero, así las cosas en enero 2020.

Hay que recordar, además, que Uruguay en mayo 2018, en plena cosecha de muerte en la Franja de Gaza del ejército  increíblemente llamado de Defensa, de Israel, con gobierno entonces frenteamplista, objetó “la falta de proporcionalidad” israelí ante la protesta palestina. En buen romance, quiere decir que ya ni siquiera piedras, sino gritos son “respondidos” y ahogados en sangre. Directamente.[11]

Pero ahora estamos en 2020 con la Coalición Multicolor. Y el presidente Lacalle Pou participa de una videoconferencia con AJC, Comité Judío Americano y donde “americano” no se refiere a las 3 Américas ni a la América del Sur, ni siquiera a la del Norte, sino pura y exclusivamente a EE.UU.

Luego de la conversación/planteo/consulta/reconvención, vaya uno a saber, el presidente reconoció, literalmente: “Estoy en proceso de cambiar mi opinión”. Y el Semanario Hebreo, de Montevideo lo cita textualmente, así como El País.[12]

No sólo sincera así el lugar preciso de sus callos sino que desnuda su actitud: “Espero cambiar de opinión […] Hace10 meses dije que no, pero espero cambiar mi opinión.” Una declaración filosóficamente insostenible. Que me hace acordar a los “propósitos de enmienda” de los pecadores. Si defendía lo que defendía porque era ética, políticamente sostenible, por qué cambiar? Y si está ansiando cambiar, ¿acaso defendía lo que defendía sin rigor, sin celo por lo verdadero?

Tal vez me esté vedado comprender esos meandros del alma. Otro ejemplo:

La dirigente de AJC Dina Siegel Vann abordó al presidente Lacalle Pou refiriéndose a la reciente adopción por parte de Uruguay de la definición de antisemitismo de la IHRA[13] y preguntó qué había motivado a Uruguay para dar ese paso. “Uruguay tiene una fuerte tradición de Derechos Humanos y eso se mide en acciones, respondió el Presidente”.[14]

Derechos humanos, sin embargo, no son lo que cualquier organización por razones políticas o de poder define como derechos humanos. Pero así estamos hoy: Israel acusa de terrorismo palestino a unos globos incendiarios que los bloqueados, hambreados, gaseados, baleados palestinos arrojan cada tanto sobre territorio ocupado por Israel. Seguramente llevan fuego; sí. Pero mientras se cuentan por miles los palestinos matados, por decenas de miles los heridos con secuelas programadas por los militares israelíes; decenas los pescadores baleados y asesinados, botes requisados para asfixiar la pesca tradicional palestina; centenares de viviendas derribadas con la política de desalojo y expulsión permanente; deshaciendo las instalaciones de todos tipo; de bombeo de agua, de hospitales, escuelas, estrangulando el suministro eléctrico, provisiones… la destrucción y asfixia sistemática israelí no merece siquiera una mención. Mediáticamente, cero.

Los “revoltosos” palestinos tiran un manojo de globos, de ésos que se usan en cumpleaños infantiles, con un trapo incendiado, y ahí sí, gran alharaca…

Los israelíes tienen todo un cuerpo jurídico, militar, mediático, para reprimir a lo palestino. Pero no sienten el menor disgusto interior, asco moral, por tratar como tratan a la población originaria de Palestina, que son  −ironía de la historia–  los descendientes de la Judea histórica, como bien lo sabían sionistas de la primera hora, como el mismísimo David Ben Gurion.

[1]  Inicialmente, los francotiradores fueron dispuestos para balear caderas, pero la cantidad de hemorragias y muertes en el sitio de la protesta, persuadió a los estrategos sionistas que era más “conveniente” no tantas muertes patentes y más heridos de por vida. Una CPI que mereciera el nombre de tal tendría que calificar estas estrategias y sus resultados como un delito obvio y espeluznante.

[2]  Administración Nacional Palestina, un engendro de las tratativas de Oslo, donde los israelíes le ofrecieron el dulce de una administración municipal a la dirección política palestina más afín, con Mahmud Abbas a la cabeza; una administración generosamente financiada por el Estado de Israel y provista de una policía palestina (y muy poco más que ello) entrenada por militares estadounidenses que el gobierno israelí gestionó ágilmente. Como la policía palestina fue construida para perseguir palestinos, los contables de la CPI pueden hacer esas cuentas, que dejan graciosamente afuera de la cuestión a Israel; el verdadero mandante.

[3]   “¿Está la CPI a punto de cerrar la puerta de la justicia para Palestina?”, Electronic Intifada, 21 dic. 2019.

[4]   Me gustaría remitir a mi nota: “Ante el abordaje violento de los barcos a Gaza: palabras insultantes vs. hechos incontrastables”. Debo aclarar que hay una edición uruguaya, agotada y en forma parcial fue editada en el volumen El racismo de la “democracia” israelí, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2012.

[5]   icc.cpi.int/palestine. 2020.

[6]   Alí Murat Alhas, Anadolu Agency, 21/12/2019.

[7]   Diego Sacchi, 8 de abril de 2018.

[8]  https://www.timesofisrael.com/the-hague-vs-israel-everything-you-need-to-know-about-the-icc-palestine-probe/.

[9]  https://www.infobae.com/politica/2019/israel-le-pidio-a-alberto-fernandez-que-mantenga-a-hezbollah-en-la-lista-de-grupos-terroristas/

[10] Clarín, Buenos Aires, Natasha Niebieskikwiat, 20/01/2020.

[11] Tomo un día de ejemplo de las muchas decenas de jornadas sangrientas de la Marcha por la Tierra: el 14 de mayo de 2018 hubo 60 asesinados (casi todos mediante francotiradores) y “más de 2700 heridos”. Entre los muertos, un bebé de 8 meses. Crónica de Haidar Eid, “El derecho al retorno, la masacre de Gaza y el regocijo israelí”. Dossier. “http://www.sinpermiso.info/textos/el-derecho-al-retorno-la-masacre-de-gaza-y-el-regocijo-israeli-dossier. 18 mayo 2018.

[12]  El País, Montevideo, 21 mayo, 2020.

[13]  International Holocaust Remembrance Alliance. Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto. La definición de antisemitismo de IHRA amplía el concepto tradicional: es antisemita toda crítica a Israel. Política, institucional, ética. Una curiosa definición que convierte en virtuoso, por no decir divino, todo lo que provenga de lo israelí y que además, confunde en único concepto dos (o tres) tan distintos: judío, sionista e israelí.

[14]  https://www.semanariohebreojai.com/articulo/2772/presidente+lacalle+considerando+declar

ar+hezbola+organizacion+terrorista.

 

La impugnación al programa ADN: ¿abolición de la crítica o de la realidad?

por Luis E. Sabini Fernández – 

Se ha suscitado, una vez más, una tormenta por declaraciones consideradas antisemitas.

El periodista Tomás Méndez, habría cometido, o no, una atrocidad, una falsedad, una calumnia [dejemos para más adelante esta precisión] en su programa ADN (C5N, Buenos Aires, 1/4/2020) abordando el origen de lo que se denomina pandemia COVID-19.

Transcribo aquí algunas frases del programa que funcionaban de apoyo a la emisión:

“Fue creado por la elite mundial”

“China y EE.UU. sabían desde 2015 que iba a haber una pandemia”

“Coronavirus, la pandemia fabricada por las potencias”

 “Hace un año, 120 empresarios se preparaban para el coronavirus”

Sostuvo que esta situación que estamos viviendo hoy en prácticamente el mundo entero, proviene de una decisión política. Méndez nos habla que una organización, Evento 201, respaldada por Bill Gates, en 2019 hizo un cónclave, donde un referente, al parecer con pertenencia a la OMS, anunciaba no ya una pandemia sino “una gran pandemia”.

Con toda lógica, a Méndez, a mí, y entiendo que a muchos, no puede dejar de llamarnos la atención semejante anuncio, encarnado en la realidad apenas poco después. Sobre todo, puesto que hay antecedentes con esto de hacer anuncios genéricos que adquieren pronta ratificación en la realidad.[1]

Méndez señala, y acusa, a “familias hipermillonarias” de patrocinar ese encuentro, esa prefiguración de la pandemia que hoy nos está condicionando.

Y refiriéndose a tales multimillonarios, los califica como “los ricos que gobiernan el mundo; unos nacidos en EE.UU., otros en Israel, otros en Europa […]”.

Se armó Troya.

Y se lo acusó de “antisemita”. Modo hecatombe. Los comedidos salieron a ofrecer disculpas a la embajadora de Israel, no así al colega de EE.UU. o a los/las de algunos países de Europa, también aludidos.

El INADI rubricó: “Los dichos de Tomás Méndez en C5N: antisemitismo y judeofobia en tiempos de COVID-19. Descargo del INADI ante los comentarios discriminatorios del periodista.

Se advierte el apuro para que no permanezca la acusación de antisemita o judeófobo sobre una expresión periodística argentina.

El periódico digital Israel noticias rubricó: “el coronavirus fue creado por estadounidenses e israelíes ricos” (7 abr 2020). La cita, violando la convención que existe sobre las comillas, NO es textual. Aparte de la pérdida “geográfica” (de los hipermillonarios europeos), hay una supresión de eslabones que hace indigerible lo transcrito. Méndez no se refirió a los estadounidenses y los israelíes. Habló de “familias hipermillonarias”.

Dejemos un momento los atributos y calificativos y tratemos de ver la realidad: ¿Hay familias hipermillonarias en el Primer Mundo?

Sí, las hay; no sólo familias, también individuos, también empresas. ¿Los hay en la periferia planetaria? También las y los hay pero en mucha menor medida que en EE.UU., Israel o Europa (excepción periférica: ciertos estados árabigopetroleros). Además, rastreando la pertenencia de esas fortunas periféricas, vemos que mayoritariamente les pertenecen a personas, familias y empresas del Primer Mundo (con otra excepción: también a China).

El informe de INADI, a diferencia de Israel noticias, cita correctamente a Méndez. Y completa la cita con otro pasaje de Méndez que ha generado la atención de INADI: que hay “familias [que] son dueñas de una parte del oro de la Reserva Federal de los EE.UU.” El INADI no aclara algo que destaca Méndez en su programa: que la RF no es un ente público del andamiaje estatal de EE.UU., pese a ser la sede de emisión de los dólares oficiales del país, sino una entente privada (de aproximadamente los diez bancos más grandes de EE.UU.). Por eso la relevancia y la necesidad de “hipermillonarios”. Ni INADI ni ADN precisan cómo está compuesto el capital de la RF.

El informe de INADI está firmado por Emmanuel Taub, un  académico judío versado en mesianismo, y otras áreas muy vinculadas a la judeidad. Sería bueno que el INADI, para emitir juicios sobre antisemitismo y judeofobia, se basara en un abordaje hecho también por quienes no pertenecen en este caso a la comunidad judía, para evitar la suspicacia que genera  una defensa que podría malinterpretarse como “defensa propia”, cuando de lo que se trata, o debería tratarse, es de ofrecer aportes objetivos, generales y desinteresados. Pretensión teórica, sin duda, por la peculiar definición de antisemitismo, de INADI.[2]

Una organización titulada “chequeado”, que se presenta como ‘un sitio web que se ocupa de la verificación del discurso público’, hace su aporte para condenar los contenidos del vapuleado programa ADN.

Méndez puso al desnudo una investigación en biología sintética de la que periodistas de la RAI informaron en 2015: que un laboratorio chino en Wuhan, coordinando su investigación con un colega estadounidense, estaba embarcado en un diseño de quimeras.[3]

¿Cuál es el aporte de chequeado al respecto?: “Ese informe de la RAI se emitió el 18 de noviembre de 2015. Días antes, la revista científica Nature había publicado los hallazgos de un grupo de investigación que había sido capaz de «infectar con coronavirus de murciélago directamente a los humanos (en lugar de necesitar evolucionar primero en un huésped animal intermedio)». Pero el virus al que refieren en esa nota no es el que genera la COVID-19.”

Ese grupo, entonces, no infectó murciélagos ni salteó huéspedes. Pero había sí, investigadores chinos y estadounidenses capaces de infectar con coronavirus…

Y bien: ¿por qué no pueden haber continuado tales trabajos otro equipo de investigadores? Los que trajinan con quimeras no tienen porqué ser exclusivos. El desmentido de chequeado no avanza, dio un pasito y se perdió… Chequeado no niega ni desmiente las investigaciones en biología sintética. Que es lo grave. Y su carácter reservado.

Pero chequeado analiza otro pasaje.  Méndez asoció el simulacro de pandemia de 2019 a cargo de una red de personalidades con la pandemia oficialmente declarado que nos ocupa hoy. Chequeado “aclara”: “el «Evento 201» fue un «ejercicio de simulación de pandemia» realizado en Nueva York el 18 de octubre de 2019 junto con el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates en el que no se hizo ninguna predicción sobre la situación actual del coronavirus.[4] [la cita de chequeado contiene las comillas que a vez chequeado emplea].

¡Bueno fuera!

Volvamos a la realidad, que mal que bien subsiste pese a nuestro universalizado encierro: nadie pretende atribuirle poderes anticipatorios a Gates.

¡Pero  qué casualidad anunciar en octubre 2019 una “gran pandemia” y empezar a vivirla en noviembre de 2019. ¡Llamativa cuasisimultaneidad!

Se le pidió a Méndez una rectificación o desmentida, que el periodista ofreció.

Me permito remitir al lector a una nota que tuve que hacer en una situación comparable.[5] Por lo visto, hay que chequear a los chequeadores.

notas:

[1] La implosión del WTC, anunciada, o anhelada, doce meses antes.

[2]  Para el actual INADI, antisionismo es igual a antisemitismo. Y mediante otro salto conceptual mortal, toda crítica a Israel es antisionismo. En resumen: todo lo que tenga origen judío es incriticable. Salvo, imaginamos, lo que consientan o formulen los propios judíos.

[3]  Biología sintética es el proyecto, que entusiasmó a investigadores de Monsanto desde fines del s XX, no ya de cortar y pegar genes de una especie en otra (como es el caso de la famosa soja transgénica) sino de configurar especies nuevas mediante combinaciones transgénicas. Su misma designación revela al lado de la búsqueda de capacidad tecnológica la total ceguera en sabiduría y hasta en mitología.

[4]  https://chequeado.com/el-explicador/es-falso-que-el-nuevo-coronavirus-fue-creado-en-un-laboratorio-chino-y-que-bill-gates-financio-su-origen/

[5]  “Mentiras y medios: auge de la mentira como «verdad objetiva»”, 31 jul 2019.

Israel maltrata, tortura, mata palestinos y patrocina amistosos de fútbol de élite

Por Luis E. Sabini Fernández.

Siempre se dice que no hay que menospreciar el papel del dinero en el mundo. La cantidad de dólares que la banda fascista [1] de Beniamin Netanyahu dispone abre puertas y voluntades y conquista “corazones”, o en todo caso ‘el órgano más sensible’ que Juan D. Perón, que sabía por qué, identificaba como el bolsillo.

Y el gobierno sionista prosigue con sus campañas: troll en los medios de incomunicación de masas (basados en un diccionario digno de George Orwell);[2] arrasamiento de la sociedad palestina para poder en algún momento decir: –éste fue siempre nuestro territorio y sin disputa; ¿hubo alguna vez palestinos?;[3] promoción, con seducción financiera incluida, de quintacolumnas en la sociedad palestina; maceración de mentes, cuerpos, territorios, construcciones humanas mediante esas operaciones que se han desnudado calificada una como “Plomo fundido”, por ejemplo. Y por cierto, operaciones de distracción, tipo circo (el pan lo tienen asegurado) como certámenes musicales o justas deportivas.

Como ahora, esta semana el partido-espectáculo, la exhibición de los equipos de Uruguay y Argentina y, para mayor escarnio, en Jaffa, una ciudad hasta 1948 palestina, y depurada con violencia el 15 de mayo de ese año, haciéndose tristemente famosos los tés servidos en las casas que tuvieron que abandonar palestinos aterrorizados por “los grupos de tareas” sionistas; Lehi, Irgún, Haganah, Stern… que ya habían hecho volar por los aires, hoteles con personal y huéspedes adentro, talleres mecánicos, y desde 1948 el terrorismo sionista ampliará el tipo de blancos (con humanos adentro): hogares, escuelas, buses, aviones, hospitales… Pero se trataba de palestinos, claro, no de judíos…

El gobierno israelí había invitado hace año y medio al seleccionado argentino de fútbol. En la campaña contra semejante jugarreta de Public Relations israelí, a alguien se le ocurrió como contrapropaganda mostrar una camiseta 10 ensangrentada… Messi optó por no acompañar esa visita… la AFA argumentó asuntos de agenda (que siempre que se quiere se pueden encontrar) y su presidente Chiqui Tapia rechazó, hasta con vehemencia, prestarse a jugar en territorio tan polémico.

Los jugadores mutilados por las balas israelíes no han disminuido ni desaparecido desde entonces. Al contrario, los equipos palestinos de fútbol con jugadores mutilados se han multiplicado. Por la política israelí de herir deliberadamente a manifestantes en los tobillos. [4]

Lo que resulta increíble es que tengamos que hablar de una política de “balear tobillos”. Y que no haya reacción ante el escándalo moral y psíquico que eso significa. Parecería que Israel es disculpable. Que tiene una excepción moral para hacer lo que se le antoja. Bíblica, como dirían Luis Camacho y Jeanine Áñez, de Bolivia. Esa impunidad ética, psíquica, nos habla de una sociedad monstruosa. La israelí que la produce, y la humana que la tolera.

notas:

1) No es un insulto. Es el partido político de Netanyahu, solo que no leemos hebreo…
2) The Israel Project’s 2009. Global Language Dictionary. Que tuvieron que editar en inglés y así leerlo en Occidente.
3) Lo dijo una de las militaristas más connotada del sionismo, Golda Meir: “los palestinos no existen” [sic]. Netanyahu y el militarismo israelí procuran convertir en realidad aquella afirmación negacionista.
4) Para disolver manifestaciones pacíficas sin armas y ni siquiera piedras, Israel encontró la fórmula de usar francotiradores que con toda comodidad y sin premura, eligen sus blancos baleando piernas. Como la cantidad de muertos por ese motivo excedió lo que sus asesores de imagen pontificaron, el mando militar dio nueva orden: balear no piernas (que la gente tiene la mala costumbre de desangrarse, por ejemplo) sino tobillos. De allí, la “producción” de mutilados, rengos entre los palestinos.

Escamoteando verdades de emprendedores y cartoneros

por Luis E. Sabini Fernández –

El senador peronista Miguel Ángel Pichetto, devenido candidato vicepresidencial, con sus planteos de última hora, indudablemente ligados a su nuevo rol político, ha sacado a luz en una suerte de strip-tease ideológico, propio de los momentos de cambio, de modificación de una situación.

Muchos más emprendedores tecnológicos, mercados libres y pocos cartoneros.” [1]

Con esos tres pasitos, Pichetto desnuda toda su concepción del mundo, tan “normal”, por otra parte: 1) apuesta a la modernización permanente; 2) invocacion de un mantra cada vez más ideológico y menos real, puesto que si algo sucede con “los mercados” es que son cada vez más regulados y menos libres, y 3)… la frutilla de la torta: la idea que el capitalismo, cada vez más tecnologizado funciona sin desechos, funciona limpiamente. ¿Para qué cartoneros, entonces, salvo para darle una tareíta a los “caídos del sistema”, una tareíta filantrópica (porque somo tan buenos)?

Este tercer elemento revela la atrocidad escondida. El capitalismo se ve a sí mismo como limpio, puro, energético, pujante. Nuestro capitalismo “colonial”, de la colonialidad, como dicen quienes han visto cómo se prolonga la mentalidad colonial cuando ya no existe jurídicamente.

Ni siquiera muchos titulares del capital metropolitano se atreven a sostener esta visión finisecular (pero del siglo XIX, no del XX).

Porque la verdad es que el mundo de Pichetto (y de todo progresismo también, no es una exclusividad neoliberal y oligárquica), el que vivimos cada día, es un mundo que produce una montaña de inutilidades y desechos (casi todos ellos tóxicos), que está afectándonos cada vez más directamente, exterminando la biodiversidad planetaria, contaminando los mares, arruinando el gigantesco almácigo planetario de los fondos oceánicos, incrementando peligrosa e irreversiblemente la presencia de dióxido de carbono en nuestra atmósfera, recalentando mares, aire y continentes.

En rigor, necesitamos cada vez más ser cartoneros, recuperadores, pero no en los márgenes, como hoy, sino en la política que atienda el futuro de la humanidad y del planeta y no el de los grupos de poder que constituyen un equipo biocida, ya no solo genocida.

Pichetto remata la frase citada con un pensamiento piadoso, tan falaz como lo anterior:  “No quiero ser despectivo. [sic] Pero tenemos que alentar el mundo del trabajo.” ¿Qué alienta entones, Pichetto como trabajo? Podría ser el aumento de los puestos de trabajo tecnológicos.

Pero nada nos dice Pichetto  –lo ignora y no le importa− que el desarrollo tecnológico que venimos conociendo no sólo es ambientalmente criminal, con todas sus externalidades, sino que además es un terrible supresor de puestos de trabajo. Baste un ejemplo: la agroindustria no sólo está contaminando tierras y lo que fueron bosques, por ejemplo; no sólo está alterando la biota de todas las aguas;no sólo está exterminando la biodiversidad,  arruinando las poblaciones de insectos −que son los polinizadores del planeta−,  sino que está suprimiendo el campesinado; causa primordial de la sobrepoblación suburbana que los economistas denominan NBI.

Es decir, que, más allá de sus palabbras (y hasta buenas intenciones, que se hace difícil intuir), Pichetto acepta y promueve la desocupación generalizada, para que el núcleo “dinámico” de la sociedad la lleve adelante.

Y para la desocupación creciente están los dos recursos tradicionales: 1) aumento de puestos “de seguridad” y 2) represión, que es “apenas”  la seguridad puesta en práctica, es decir la misma violencia sufrida desde el otro lado. Con el primero, esconde la desocupación; con el segundo asegura la vigencia de los males generados.◊

 

[1] www.infobae.com/politica/2019/06/12/miguel-angel-pichetto-la-argentina-necesita-mas-emprendedores-tecnologicos-y-menos-cartoneros/

¿Qué Argentina ve El Observador uruguayo?

por Luis E. Sabini Fernández

Cuando uno lee evaluaciones de un acontecimiento cualquiera, el G20 en este caso, tan alejadas de la realidad, tan sesgadas, tan escamoteadoras de lo acontecido y el autor de semejante estropicio es un medio periodístico no propio del país anfitrión pero sí de tal vez el estado más próximo, cultural, histórica, idiomática y geopolíticamente considerado, como es el caso del Uruguay ante Argentina, inmediatamente se atropellan hipótesis sobre el porqué de semejante acto. ¿Pretende ser una información apenas o existe algún elemento que desde el país analizado descontrola totalmente a los autores de la “evaluación”, los vuelve literalmente locos, los enajena de la realidad…

El editorialista de El Observador [en adelante El O][1] sostiene que la realización del G20 en Buenos Aires “ha logrado poner a Argentina en la escena mundial”, como si Argentina fuera desconocida fuera de fronteras. Argentina, nos pese o no, es uno de los países periféricos más conocidos y reconocidos del mundo entero.

Pero de inmediato se ve el hilo rojo del autor: “[…] poco a poco, empieza a dejar de ser considerado un paria en los mercados internacionales luego de vivir décadas a espaldas de la realidad por las políticas de la versión kirchnerista del peronismo que erosionaron las reglas de juego inherentes a un estado de derecho.”

La tirada deja en claro el planteo: para el autor los mercados internacionales no son, ciertamente los mercados internacionales sino los mercados regidos por la idea de “estado de derecho” que tiene la elite gobernante de EE.UU. y direcciones próximas y satélites. El gobierno kirchnerista resistió y cuestionó el latrocinio organizado desde los centros financieros internacionales, aunque lo hizo con un estilo peronista, sin cuestionar al establishment financiero que lo vertebra. La deuda externa argentina fabricada durante la dictadura desaparecedora y el menemato era lo que el gobierno de EE.UU. a principios del s. XX calificara como “deuda odiosa” refiriéndose a la deuda contraída por Cuba ante España. “Pongamos un ejemplo más reciente: Tomemos el caso de Indonesia. En este momento la economía está destruida por el hecho de que la deuda es algo así como el 140% del PNB. Si Ud. rastrea la deuda hacia atrás, parece ser que los que pidieron prestado son unos 100 o 200 individuos del entorno de la dictadura militar que nosotros [EE.UU.] sustentamos, y sus adictos. Mucha de esa deuda está ahora socializada. Los prestamistas eran bancos internacionales. Mucha de esa deuda ha sido ahora socializada a través del FMI […] ¿Qué pasó con el dinero? Se enriquecieron ellos mismos. […] los que pidieron prestado no son tenidos por los responsables; es el pueblo de Indonesia quien tiene que pagar. Y esto significa vivir bajo programas de opresiva austeridad, pobreza severa y sufrimiento. […]  ¿Qué pasa con los prestamistas? Los prestamistas están protegidos del riesgo. Ésta es una de las funciones principales del FMI, proveer seguro de riesgo gratis a gente que presta e invierte en préstamos riesgosos. […]. El sistema total es uno en el cual los que piden prestado están liberados de responsabilidad.[…]. Hay opciones ideológicas, no económicas.[…].[2]

Chomsky remata aclarando que deuda como las contraídas en Argentina, como la de Indonesia, son claramente “deuda odiosa”. 

Hubo economistas argentinos que analizaron y fundamentaron la impugnación a semejante endeudamiento.[3]  Pero Néstor Kirchner “simplificó” el asunto y le ofreció a todos los acreedores un pago reducidísimo. La jugarreta habría sido brillante si hubiera aceptado el 100% pero un puñado siguió la conducta Singer, teniendo siempre, claro, el amparo de las instancias del “mundo desarrollado”.

Todo eso parece escapársele al editorialista de El O. Porque para este editorial “el estado de derecho” es el que establece el FMI, EE.UU., la Reserva Federal, el BM y redes afines.

Con el segundo párrafo, lo que fue escamoteo y negación en el primero se convierte en una simplificación que nos presenta un mundo de ficción, apenas parangonable con las tradiciones del estalinismo o el nazismo: “la organización impecable de un encuentro”. Aunque parezca mentira para quien vive en Buenos Aires, el editorialista califica al encuentro de “impecable”, cara expresión de los uruguayos.

¿No le llama la atención a semejante descriptor de la realidad que en el enkilombado país de enfrente no haya pasado nada pero nada nada durante los días del G20? Si uno escucha los informativos radiales o lee los diarios, cada día hay decenas de bloqueos de calles o rutas, encuentros callejeros en plazas y parques, protestas diversas, y sin embargo, ante la presencia de presuntos representantes del 85 % de la economía mundial, todo el caudal protestatario se llamó a silencio…  ¿no es extraño?

No lo es porque el gobierno y su seguridad montó un cerco de control tan ceñido y amenazante (la ministra Bullrich de Seguridad convocaba a los vecinos a abandonar la ciudad esos tres días al tiempo que advertía que cualquier enturbiamiento sería tratado con guante de hierro) que desanimó a muchos de acercarse. Y los que lo hicieron, organizaciones como partidos políticos de izquierda, lo hicieron introduciéndose en el anillo de seguridad de las diversas fuerzas de seguridad (decenas de miles de policías, gendarmes, prefectos), quedando totalmente rodeados, con puertas de salida y entrada entre las vallas, controladas ceñidamente por la “seguridad”. No es de extrañar que “no haya pasado nada, no se los escuchó ni chistar….

Rafael Spregelburd, en su crónica «Dónde estamos sentados» confronta dos situaciones humorales del presidente argentino: ‘Macri no lloró ante miles de ocasiones pintadas para la ocasión: la muerte de Santiago, el dolor de los familiares del submarino, el cierre de los ministerios, el ajuste. Y sin embargo, una representación teatral patética, un bailando por un sueño flúo y for export, una broma regional de identidad y cachivaches lo pudieron.»

Spregelburd se refiere a la fiesta de presentación de Argentina ante el G20. Al editorialista de El O esto le parece tan ajeno como la presencia de un entendido en contaminación en un cónclave empresario.

Los resultados que el editorialista tanto realza brillan por su ausencia: Argentina debió abdicar de construir dos centrales nucleares, una con tecnología rusa, otra con china, por el diktat estadounidense. Pero no porque la tecnología rusa pueda no ser la mejor o porque la energía nuclear no sea aconsejable; de ninguna manera. Porque sencillamente situaría a Argentina menos dependiente de EE.UU.

El editorialista sigue pintando su mundo: “Hace casi tres años, cuando Macri llegó a la Casa Rosada, Argentina era un país prácticamente quebrado […]”. Penoso ejercicio proyectivo: el país está AHORA casi quebrado, porque Macri y sus acólitos gerentes de industria (generalmente ajena) lo han endeudado como pocas veces antes. El gobierno de CFK tampoco presentaba grandes auspicios, pero al menos no tenía la deuda tremenda que ha sido contraída en estos últimos tres años.

Lejos de ser el encuentro del G20 un éxito argentino, un analista de ese mismo país,[4] informando para la BBC, concluye que se espera apenas: “divergencias sustantivas maquilladas como ‘avances graduales’.”

Viendo el papel de dueño de estancia del sr. Trump, arrastrando al apichonado Macri a que lo siga, afirmando que la actividad económica china es “depredadora” (otra vez lo proyectivo; ¿qué es sino depredador el avance de las empresas estadounidenses en el mundo?), hay que ser ciego o cómplice para festejar este cónclave. Como El O.

notas:

[1]  8 dic. 2018.

[2]  Entrevista radial de D. Basanian a Noam Chomsky transcrita por The Nation, 24/4/2000.

[3]  Alejandro Olmos, entre otros.

[4]  Juan G. Tokatlian.