Sobre el arte de quedar bien… actuando mal

por Luis E. Sabini Fernández –

Hay algo peor que contaminar. Y es proclamar un comportamiento limpio… mientras se contamina.

Hay algo peor que producir elementos cancerígenos. Y es producirlos mientras se proclama luchar contra el cáncer.

Esto que así planteado suena casi grotesco es, sin embargo, un comportamiento absolutamente generalizado en nuestro mundo empresario, institucional, público y/o privado.

La revista Noticias, un verdadero faro cultural del hipercapitalismo en el país, ha aplicado una docena de líneas a “informar” que “el campo apoya la lucha contra el cáncer”.[1]

¿Y qué es “el campo”? Si el campo fuera lo que conocimos tradicionalmente; el asiento de la producción de alimentos, nutrientes, agentes de salud para quienes los ingerimos, podríamos aceptar que desde el campo se enfrente la lucha contra una enfermedad… aunque hablando de cánceres, sabemos que no son deficiencias alimentarias o nutricionales  las causantes de cáncer…

Sí sabemos, en cambio, que los cánceres provienen en abrumadora mayoría de la contaminación. Y que el mundo que vivimos, que ha visto disminuir y perder relevancia a enfermedades infecciosas (hoy controlables), se ve enfrentado a  la proliferación de los más diversos casos de cánceres, así como alergias, alteraciones autoinmunes, diabetes, afecciones respiratorias, parkinson y otras alteraciones neurales, leucemias, celiaquía, obesidad, malformaciones congénitas, epilepsias e incluso enfermedades psiquiátricas; un desolador panorama sanitario fuera de control que ha coincidido con el ingreso a la posmodernidad…

Muchas de tales enfermedades, provienen directamente de los métodos de fabricación de alimentos que caracterizan nuestra “modernidad”, que reemplaza nutrientes naturales por aditivos y que “quimiquiza” todos los procesos alimentarios.

Uno de los varios pilares de la comida moderna ha sido, precisamente, la agroindustria. La agroindustria se basa en venenos, de muy variado orden, para producir alimentos. Cualquier mentalidad tradicional, la de mi abuela, por ejemplo, se horrorizaría de querer elaborar alimentos con venenos.[2]

Pero la agroindustria, junto con los reguladores públicos y el mundo empresario tecnoindustrial se valen de un recurso para poder usar venenos y sostener, a voz en cuello, la total inocuidad de tales alimentos, más aun, su carácter salutífero…: el empleo de “límites de seguridad”.

Tabulados por agencias debidamente investidas como “los que saben”, estas agencias, mejor dicho sus integrantes dirigentes, establecen que, por ejemplo, usar más de 0,8% de agar-agar en horno o 2% en merengues resulta intolerable.[3] O que hasta 100 microgramos de plomo, 50 de arsénico, 10 de cadmio o 45 mil de nitratos son aceptables en alimentos, como los de MacDonald’s.[4]

Pero, ¿dónde radica la verdad que un merengue con 1% de agar-agar sea sano y otro con 3% tóxico? O que una hamburguesa con 30 microgramos de arsénico sea saludable y otra con 60 microgramos de la misma sustancia sea tóxica?

Entendemos que la mera formulación denota su arbitrariedad. Y muy poca ciencia.

 

Y bien. Tenemos, según Noticias, a “el campo” luchando contra el cáncer…

¿Qué campo? Precisemos un poco. Noticias nos dice que se trata de una empresa “del campo argentino”: IPESA. IPESA es la gran fábrica productora de artículos plásticos, desde las celebradas silobolsas hasta sachets para leche y diversos envases, generalmente de polietileno (expandido).

IPESA es por lo tanto un agente protagónico de la plastificación de los campos y de los alimentos.

Cooperar en la lucha contra el cáncer parece plausible. Pero que la pretendan llevar adelante empresarios que basan su rentabilidad en un producto, el plástico, tan sospechado de estar en el origen de una serie atroz de enfermedades de origen ambiental, incluidos los cánceres más diversos, parece un poco demasiado. Hay algo grotesco en semejante gesto.

Hay una creciente conciencia sobre el daño que ha causado y está causando a la naturaleza la llegada de desechos plásticos en los más variados tipos, dimensiones, intensidad. Cualquier observador, profano, advierte los restos de bolsas de plástico entreveradas en ramas de árboles, a lo largo de rutas, por ejemplo; las islas “continentales” de basura plástica en todos los mares del planeta y el daño consiguiente a animales que ingieren  plásticos (tortugas lo confunden con medusas, pelícanos lo confunden con semillas) son materia periódica de información masiva.

Lo que tal vez no se dice tan a menudo es que el plástico es material no biodegradable. El idioma hasta carece de una palabra para aludir a esa condición. Su no biodegradabilidad plantea un verdadero nudo problemático a la humanidad: porque la erosión, el viento, el agua (a veces el fuego) “pulveriza” los objetos plásticos, pero persisten partículas que al no ser biodegradables siguen girando en nuestro medio físico. Y así, diminutas, microscópicas, se van alojando en cualquier sitio; incluidos nuestros tejidos corporales y los de animales. Desde hace años, algunos investigadores (no, por cierto, los empleados por Monsanto, Bayer, Syngenta) han ido comprobando el atroz papel de tales micropartículas de plásticos en el origen de una serie espeluznante de enfermedades y alteraciones.[5]

Nos suena más bien a coartada: seguir envenenando los campos y, Relaciones Públicas mediante, “quedar bien”   con una contribución monetaria a FUNDALEU. Tampoco es cuestión de exagerar: Noticias nos cuenta que se trata otorgar a dicha fundación 10 dólares por bolsa; las silobolsas cotizan en el mercado a varios cientos de dólares cada una.  Si estimamos una de 400 dólares, se trataría de un 2,5%. Lo que se dice quedar bien con poco.

Es significativo el destinatario elegido por IPESA. FUNDALEU es una fundación dedicada a combatir la leucemia. Este tipo de cáncer es, precisamente, uno de los más asociados con intoxicaciones de origen ambiental.

Leyendo la noticia de Noticias, uno se pregunta acerca de la calidad ética e incluso intelectual de pretender cultivar la  “imagen” que acabamos de analizar, pero también acerca de la frivolidad del “periodismo” que transmite “noticias” sin el menor recaudo sobre su legitimidad, sentido o finalidad.

  

 

 

[1]  Contra el cáncer”, p. 138, Buenos Aires, 27 abr 2018.

[2]  Lo podía hacer, pero por ignorancia, nunca deliberadamente.

[3]  Code of Federal Regulations (CFR), norma federal sobre alimentos en EE.UU.

[4]  Tolerancias máximas admitidas por la  OMS.

[5]  Véase Our Stolen Future, 1996, una investigaciòn de tres biólogos estadounidenses, Dianne Dumanoski, John Peterson Myers y Theo Colborn, que han rastreado, por ejemplo, la presencia de policarbonato, poliestireno y PVC en casos de feminización de peces, aves y mamíferos machos, disfunciones tiroideas, disminución de fertilidad y un largo, atroz etcétera.

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Transgénicos: veinte años después [1]

por Luis E. Sabini Fernández –

Han pasado casi veinte años, un período considerable para enjuiciar efectos, y podríamos ser optimistas si pensamos en la impunidad con que a fines del siglo pasado se exaltaba en el periodismo comercial argentino, en los medios de incomunicación de masas en general, el “tecnodesarrollo” de productos transgénicos; la inocencia y/o la “docta ignorancia” con que se hablaba entonces de las fórmulas de la agroindustria y de las virtudes “milagrosas” del glifosato  –el herbicida apto para la sobrevida de plantas transgénicas, mejor dicho el ‘matatodo’ salvo la planta que tiene un gen protector propio u obtenido mediante transgénesis que es lo más común─, y lo que dio lugar a una nueva industria; la ingeniería genética, prestamente rebautizada biotecnología; el prefijo “vida” vende mucho, los laboratorios  bien lo saben.

Seguimos acumulando “bombas de tiempo”; el papel de Argentina como el de la inmensa mayoría de los estados “nacionales” sigue siendo nefando, anodino o cómplice en las conferencias mundiales sobre biodiversidad u otras de índole similar organizadas desde la ONU, para atender la problemática ambiental.[2]

Durante los primeros quince años del nuevo siglose registra un avance sostenido, aunque persistan los bolsones de resistencia. Es el ingreso paso a paso de más y más estados, de más y más regiones al universo de la siembra directa, de la quimiquización de los campos, al reino de la agroindustria.

En América del Sur, luego del aposentamiento de las transnacionales agroindustriales en la “República Unida de la Soja” (Argentina Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia), avanza lentamente la sojización  y la transgenetización en el norte sudamericano. Es cuando Gustavo Grobocopatel, un campesino ”sin tierra” y políticamente chavista según sus propias definiciones, inicia su operación de implante del modelo agroindustrial en Venezuela. Conflicto a la vista, porque Chávez, políticamente advertido de los procesos del capitalismo globocolonizador se había opuesto terminantemente al ingreso de OGM en el campo venezolano.

Colombia y su gobierno, orientado desde Israel y EE.UU., acepta sin mayores dificultades la modernización rampante que nos sigue revelando que la tecnología de gran escala es parte del problema, no de la solución, como procuran hacernos creer desde las usinas ideológicas del régimen, incluidos  los personales regulatorios públicos.

En este aspecto seguimos como hace veinte años. La FDA, por ejemplo, prosigue su política prescindente, su cesión de responsabilidad, depositándola en las empresas, que ya sabemos no se rigen por la responsabilidad social sino por la rentabilidad y a secas.

En 2010 se forja una red en Argentina, la de Médicos de Pueblos Fumigados. La actividad, la investigación y la denuncia de médicos comprometidos ante la contaminación ambiental y la consiguiente producción de enfermedades venía de tiempo atrás, pero en ese año se concreta la red, en buen medida como resultado de la valiente gesta vecinal en Barrio Ituzaingo, en la provincia de Córdoba, que logra se compruebe finalmente  la acción contaminante de la agroindustria.

Una coyuntura territorial, física, hizo una diferencia decisiva como para que el aparato judicial pudiera actuar (o no tuviera más remedio que hacerlo): muchas ciudades han ido perdiendo su cinturón de quintas, las que proveían tradicionalmente de verdura y fruta a las ciudades; la agroindustrialización ha ido desplazando y desmontando la pequeña producción rural y la ciudad se provee así desde megacircuitos; por ello se produce a menudo el fenómeno de que la producción rural en base a baterías químicas llega hasta los lindes de una ciudad; eso fue lo que pasó con Barrio Ituzaingo en Córdoba. Al principio, eso significó la risueña novedad para los niños de ver sobrevolar las avionetas descargando… su veneno. Pero muy pronto los vecinos más perspicaces empezaron a unir la ola de enfermedades que arreciaba entre ellos con aquellos sobrevuelos. Finalmente se pudo verificar que, por ejemplo, el agua de los depósitos hogareños estaba totalmente contaminada con los herbicidas con los que rociaban y “preservaban” los cultivos de soja. Se logró finalmente, 2012, una ordenanza prohibiendo el vuelo rasante o incluso el uso de mosquitos fumigadores a menos de 500 metros para glifosato y 1500 m. para endosulfán. Además fueron procesados productores y aviadores por daño consciente.

De más está señalar la insuficiencia patética de tales restricciones.

En 2015 han sobrevenido algunos hitos que podrían tener significación mundial para la implantación de OGM (o su prohibición);  Steven Druker, un estadounidense que viene bregando por frenar la transgenetización acrítica de los cultivos,  publica, en EE.UU., un nuevo libro, Altered Genes, Twisted Truth (Genes alterados, verdades en entredicho). Druker representa una red de refractarios a los alimentos GM que mantiene un juicio contra la FDA desde hace por lo menos 15 años.

En marzo de ese mismo año  la OMS declara, a través de su IARC (International Agency for Research on Cancer, Agencia Internacional para la investigación sobre cáncer)  que el glifosato es “probablemente cancerígeno”. Estamos hablando del herbicida que ha sido desde mediados de la década de los ’90 hasta ahora la llave maestra para la implantación de vegetales transgénicos. Cuya toxicidad fue advertida hace mucho. Veinte años demorando el juicio.

Monsanto-Bayer no quedó conforme, claro está, con el dictamen del IARC, que pateaba en contra de los intereses de las transnacionales y  sus apoyos gubernamentales.  No bien salido el informe de la IARC, los comentarios desde los laboratorios afectados fueron del tipo: ‘No es tan peligroso, el alcohol lo es más”. Con lo cual no negaban ─observemos esto─ la toxicidad del herbicida pero a la vez le daban algo así como el rostro risueño de “una copita”. Magistral maniobra, habría comentado Macchiavello.

Entonces, otro ente asesor, el JMPR (Joint Meeting FAO-WHO of Pesticide Residues, Comité Conjunto  sobre Residuos de Pesticidas), otro ente asesor de la OMS, devolvió la tranquilidad a los fabricantes de glifosato y a la agroindustria en general, dictaminando que  “es poco probable que haya riesgo de que el glifosato sea carcinógeno para los seres humanos, en una exposición a través de la dieta.”  En mayo de 2016, entonces, es decir 14 meses después, la OMS da marcha atrás con su dictamen de un año antes: el sistema de “puertas giratorias” revelaba su funcionamiento (una vez más, obviamente).

El JMPR desplaza el foco de atención: estima las “ingestas diarias admisibles” (IDA) de plaguicidas para las personas, dejando a un lado la atención sobre quienes trabajan y trajinan a diario con un veneno, concentrando la atención en los consumidores. Y respecto de éstos, se establece una suerte de “hacer de necesidad virtud”: los laboratorios no sólo emplean, y abundantemente, tóxicos para ofrecernos alimentos sino que nos quieren hacer creer que eso es admisible (es la jerga que emplean), aceptable, acercándonos peligrosamente a la idea de lo saludable.

Observe el lector cuáles son las funciones que la misma JMPR presenta como propias; “recomendar límites máximos para residuos de plaguicidas […].” Está fuera del análisis si puede haber producción de alimentos sin plaguicidas.

Cuando declaran que “es poco probable que haya riesgo […] en una exposición a través de una dieta”,  no sólo ignoran a los que trabajan con dicha sustancia, sino también a los miles de campesinos que se han suicidado (especialmente en India) con  un vaso de glifosato (porque las políticas crediticias los han fundido).

“Ingesta diaria admisible” IDA. Ingesta diaria resultado de una determinada forma de producir alimentos. Que si fuera necesaria, en todo caso habría que reconocer que es tóxica, pero con Public Relations nos quieren hacer creer que no genera enfermedad.

Esta comisión, JMPR asesora a la FAO,  a la OMS y a sus estados miembros. Tal vez lo más significativo esté en cómo se integra la JMPR.

Dice su folletería oficial en internet: “Selección de los miembros. Los expertos desempeñan sus funciones a título personal, y no como representantes de su país u organización.” En una palabra, no responden sino a su visión e interés personal, que es seguramente muy, pero muy bien atendido por laboratorios que ganan miles de millones de dólares anuales. Constituido entonces  el JMPR por una casta de profesionales cooptados.

Se trata de una comisión organizada desde el mundo empresario,  pero investida de autoridad a través de las redes de la ONU como para que se presenten como “ciencia”. En rigor, se dedica a calibrar cuanto veneno, cuántos tóxicos podemos ingerir… sin caer fulminados tan de inmediato como para que se rastree la causa.

Con el minué del IARC-JMPR, podemos verificar que estamos lejos de haber superado el tecnooptimismo con el cual se implantara la agroindustria basada en productos químicos. No sólo la de alimentos transgénicos, ciertamente, sino desde antes  la llamada agricultura a gran escala.

Este movimiento del capital (de la industria y de la  tecnología) sigue, al parecer, gozando de buena salud, valga la paradoja de usar tamaña expresión para agentes de las más extendidas y atroces enfermedades fuera de control.

De cualquier modo, en estos veinte años el ensanche de la resistencia a la invasión química parece haber crecido, porque se advierten más los ‘efectos no buscados’ de tantos desarrollos “promisorios”.

La advertencia de Rachel Carson, de hace más de medio siglo, Primavera silenciosa, sigue en pie.

Porque ya conocemos el origen de algunas manifestaciones de esa invasión química, porque hemos verificado transformaciones relevantes a nivel planetario, como la temible plastificación de los mares y el depósito de milimétricas o micrométricas partículas de plástico sobre los fondos marinos, ahogando los ciclos vitales allí existentes (tengamos presente que el fondo oceánico es ─tal vez era─ el mayor almácigo planetario…).

Porque la humanidad se está adueñando, mejor dicho haciéndose esclava de toda una gama de enfermedades nuevas ─como las autoinmunes─ a las cuales muchas hipótesis asocian con productos químicos desconocidos actuando en nuestros cuerpos.

Porque la cuestión de los alimentos transgénicos y su implantación depende de agentes químicos protectores de tales cultivos mediante la eliminación del resto de “la competencia” (un crudo mentís agrícola al liberalismo filosófico, por cierto…).

En 2015 sobreviene la prohibición total de OGM en Filipinas. Ignoramos cómo se procesará esta última política con un presidente filipino como el actual, partidario acérrimo del asesinato público de narcotraficantes y de mano dura contra el delito, con acentos xenófobos. Claro ejemplo que los transgénicos sirven para un barrido o para un fregado. En ese mismo año registramos la lucha por ingresar con OGM en “el granero de Europa”, la rica tierra ucraniana. Europa ha sido hasta ahora el continente con menor producción transgénica, a partir de una resistencia social bastante amplia (muy pocos países han autorizado OGM, como España).

En 2016, al lado del escalofriante retroceso en el ámbito de la OMS que ya vimos, sobrevino otro episodio de potencial amplitud y posible alcance mundial: los militares de la provincia china de Heilongjiang han dispuesto la prohibición de soja GM durante cinco años. Es “apenas” una provincia, pero china, es decir, se trata de una población de más de 40 millones de habitantes.

No queda claro si la prohibición de soja GM rige únicamente para sus militares o cubre el consumo provincial. La decisión proviene de la sospecha que tienen sus investigadores de que una serie de enfermedades nuevas o multiplicadas tienen que ver con el hasta ahora intenso consumo de soja GM o de alimentos confeccionados con dicha soja (origen EE.UU., Brasil, Argentina).

Aunque transitoria  y parcial la medida, coloca un gran interrogante sobre el porvenir de la soja GM. Fundamentalmente, porque se suma a otras muchas advertencias.

Aunque por las latitudes platenses sigamos ajenos y en el mejor de los mundos. Los 20 millones de ton. del 2000 son ahora más de 50 y los 70 millones de lts. de glfosato de entonces son ahora unos 350 millones (la diferente proporción en los aumentos de cultivo y herbicida revelan que cada vez se aplica más agrotóxico por unidad de suelo).

Esa impavidez es fronteras adentro. Estuvo de visita en febrero de 2017 un periodista italiano, Gaetano Pecoraro,[3] que quedó asombrado y atemorizado por el estado sanitario del país en las zonas fumigadas (un tercio aproximado de toda la Argentina), donde registró una inusitada cantidad de casos de cánceres, malformaciones congénitas, anencefalias y otras enfermedades vinculadas con toxicidad.

Pero de esto hablará Pecoraro en Italia. Porque aquí ni nos enteramos.

notas:

[1] Este texto se presentó como prólogo a la segunda ediciòn de Transgénicos: la guerra en el plato, Buenos Aires, 2000 y 2017.

[2] Vale la pena recordar que en dichos encuentros ha habido algunas voces de alerta como aconteció con la delegación boliviana que no acordó en la cumbre mundial de cambio climático de 2010, en Cancún la aceptación del límite de 2 grados centígrados para el calentamiento planetario recordándonos que ya 1 constituía una alteración de consecuencias gravísimas.

[3]  https://youtu.be/ZFzmkI8I5iE.

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Armando una red de apoyo a los soldados israelíes

por Luis E. Sabini Fernández –

También ente nosotros tenemos familias dinásticas y transnacionales.

Alejandro Bulgheroni, hijo de empresario petrolero que anudara lo que tuvo que anudar para convertirse en principal proveedor de YPF durante la última dictadura cívico-militar y así acumular poder y dinero, junto con su hermano Carlos tienen una fortuna estimada en 5 mil millones de dólares y se lo considera el namberguán de riqueza en Argentina.

Y hace ya décadas, AB anudó sus amores con Bettina Guardia, entonces coordinadora y mano derecha del ministro del Interior y secretario general de la presidencia, Carlos Corach, durante el menemato, período recordable por su inaudita corrupción y entrelazamientos de poder.

Lo de Alejandro y Bettina es indudablemente otro entrelazamiento de poder. Al mejor estilo de las dinastías que conocemos en el pasado (y en el presente) en todos los continentes.

ÉL ES EL CAPITAL ACTUANDO

Mientras él invierte materialmente, ella lo ha hecho espiritualmente.  A caballo de sus millones, él ha ido expandiendo inversiones y rentabilidades hacia, por ejemplo, Uruguay. Ha hecho, allí, un megatambo con una nueve mil vacas en el corazón territorial del Uruguay, aprovechándose del intendente del Partido Nacional ─pocas  veces una designación cosecha tanto escarnio como en este caso en que su titular promueve la inversión extranjera y la entrega de tierra a no nacionales─ .

ELLA, LA SOLIDARIDAD

Bettina, mediante sus “Puentes de Esperanza”, audiciòn radial, se dedica a mostrar las mejores facetas del mundo. Hace unos años, por ejemplo, viajó a México para entrevistar a un hombre solidario dedicado a mejorar la sociedad: Carlos Slim, entonces el multimillonario mayor del planeta. Pero Bettina no viajó hasta México para saber de sus muchos miles de millones de dólares; fue a entrevistarlo por su deslumbrante bondad.

También ha encarado un taller, “Mensajeros de Francisco”, dedicado a apoyar la capacitación de jóvenes minusválidos. Nos quedamos sin saber si este emprendimiento es respuesta al  crecimiento registrado en algunas provincias del país de escuelas diferenciales, que atienden el aumento de niños con diferentes formas de retardo motriz, intelectual y otras penosas malformaciones, casi todas ellas ocasionadas por la invasión generalizada de agrotóxicos para mejorar las tasas de ganancia de los empresarios “del campo”.

Desde 2016, encarando otro mensaje de paz, se ha dedicado a enaltecer la labor de soldados israelíes que terminado un período de servicio[1] vienen en un programa titulado “Mochileros sin fronteras”, que por ejemplo han llevado a cabo en San Miguel, en el GBA.

Es emocionante la plasticidad mental de estos abnegados viajeros. que se dedican durante la colimba a abusar de la población local, a jugar al blanco con las cabezas de palestinos que a veces tienen una piedra en la mano, a veces, un neumático  (para incendiar), a veces absolutamente nada, puesto que las autoridades israelíes no consideran delito ese tipo de ejercicio de puntería.[2] Al contrario, contiene algo deportivo; cada vez que aciertan derribando un cuerpo, los compañeros suelen festejarlo, como un gol. Habla de la estatura moral de este ejército.

Los soldados israelíes abusan también pasivamente. En los puestos de control (check-points) que Israel ha diseminado en todo el territorio palestino, se dedican a enlentecer, racionalmente, el ritmo del tejido social palestino hasta el paroxismo. Hay ya decenas (tal vez centenares) de partos en la calle del puesto de control porque las parturientas palestinas carecen de servicio hospitalario en su lugar de residencia y los soldados demoran horas, muchas horas, cualquier autorización de paso. Así, la inminente madre termina agachada pariendo allí, lo más separada posible del puesto de guardia, a veces acompañada, a veces sola.

Esa forma de nacer no es, como sabemos, del todo segura ni aséptica. La estadística de partos con bebés muertos es altísima. Bueno, otra vía indirecta de control de natalidad.

Los soldados israelíes tienen otras actividades de servicio más dinámicas y nocturnas, como, por ejemplo, los allanamientos a las 3 de la mañana. Se rodea una casa habitada por palestinos y en el momento del sueño más profundo, sobre todo infantil, se procede al allanamiento, con estrépito y al recuento de la población adulta e infantil, todos levantados de los lechos, igual que se hace en los recuentos carcelarios. A veces, el procedimiento forma parte de una detención policial, no judicial, que en Israel puede recaer en adultos o en menores. Se han llevado detenidos, y quedan presos meses  o años, niños de 12 o 13 años. Sin necesidad de juicio alguno. Este año, se hizo tristemente famosa la detención de una menor de 16 años que ofuscada porque en el allanamiento balearon en la cabeza a su primo de 15 (que está, sigue estando, en situación delicadísima y con secuelas de por vida), abofeteó a uno de los soldados. Días después, mejor dicho noches después (porque el procedimiento inicial también había sido nocturno) vinieron a detenerla. Se la llevaron con su madre y su prima.

Con ellas tras los barrotes, un personaje del mundo mediático, esos que se llaman periodistas, propuso que el mejor tratamiento para alguien que, como ella, Ahed Tamimi, había ultrajado al ejército israelí (que se llama “de Defensa”) era violarla a solas en la celda… Otra vez apreciamos la estatura moral esta vez en lo mediático.

Bueno, luego de esos servicios en la patria bíblica la buena de Bettina Bulgheroni nos regala las bondades que vienen a hacer aquí, a la Argentina: visitas sociales, colaboración en comedores barriales y otras acciones en zonas carenciadas como la mencionada en San Miguel.  Del  año sabático que reciben los soldados israelíes como premio a sus trajines militares ─la ocupación colonialista, por ejemplo─ se les pide que combinen vacaciones pagas  con dos semanas de este otro “servicio”;  ‘convivir con la realidad del desamparo, de los excluidos del sistema’.

¿Por qué?

El embajador israelí en el país, Ilan Sztulman, lo aclara en el Mensaje de B.B: la consigna es bien sencilla: “hacer un mundo mejor”. Y es “sagrada”. Y se fundamenta, en “uno de los principios morales del pueblo judío: ’Reparación de la humanidad’ [sic].[3]

Es el súmmum de nuestra filosofía”, proclama el embajador.

Agrega algo significativo, al estilo de aquella poesía de Jacques Prévert que nos hablaba de cómo se exaltaba la patria, la paz, la felicidad, hasta que de pronto, en la perorata, con la boca abierta  “enseña los dientes / y la caries dental de sus pacíficos razonamientos / deja al descubierto el nervio de la guerra / el delicado asunto del dinero.” [4]

Así, remata, a su vez, Sztulman: ─’lo hacemos para mejorar la relación entre Argentina e Israel… los chicos lo hacen… para ellos la diplomacia no es relevante; vienen a pasear… y por 15 días hacen este trabajo…’

Sztulman le ha dado otro rango a los mochileros. Nos habla entonces de una bondad diplomática. Moralmente inaceptable.

Queda claro que se trata de una operación de lavado de imagen.

Es que ‘cuando la limosna es tanta hasta el santo desconfía’.

Tengamos en cuenta que las largas permanencias de soldados israelíes con sus características mochilas en la Patagonia (argentina y chilena; al otro lado de los Andes, la peculiar situación tomó estado parlamentario) han sido insistentemente denunciadas, aunque ni el gobierno nacional ni los circuitos mediáticos del establishment lo hayan reconocido. De dichos soldados se sospecha la elaboración de relevamientos.

Ahora están ahora dedicados a limpiar patios y encalar paredes escolares…

El embajador habla de relaciones entre estados. En ese plano Israel  cumple ─nos dice─ una labor de cooperación, trascendiendo fronteras. Entendemos que lo hace en serio y con dimensiones  industriales. Pese a su diminuto tamaño poblacional y territorial, es uno de los principales exportadores de armas e instrumentos represivos y de control, del mundo entero. Por ejemplo, técnicas de interrogatorio, de represión, el instrumental acorde para “tratar” a detenidos o para “ayudarlos a que se ayuden”. De eso sabe la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, que estuvo en Israel entrenando. Y luego armas, desde la famosa Uzi, hasta balas de fragmentación (que por pruritos legales están prohibidas en muchos países, arruinando las exportaciones israelíes), gases tóxicos, una alta variedad que, como las armas, vienen “siempre probadas”, como reza su folletería. Probadas sobre cuerpos palestinos. Son los creadores de un nuevo alambre de púa con el cual han encerrado más y más a la población que encontraron en “la tierra vacía”. Se han especializado en diseños carcelarios, y de celdas, especialmente acondicionadas para “doblegar voluntades” (por ejemplo, cubículos de metro y medio cada arista (esta línea es más reservada; hiere sensibilidades…)

La venta de “seguridad” figura entre las principales de las exportaciones israelíes. Como explicaba un judío que dejó de ser sionista, Israel Shahak, el Estado de Israel fue proveedor privilegiado de todas o casi todas las dictaduras atroces latinoamericanas en los ’70. Eso sí que es ayudar. E Israel ha estado, mejor dicho, ha seguido estando con el aprovisionamiento a regímenes latinoamericanos después de aquel tiempo de las dictaduras setentistas.

Ha colaborado con los golpistas cuando se desplazó a Manuel Zelaya en Honduras;[5] han provisto de guardia de corps a Horacio Cartes, en Paraguay,  que resultó un presidente cuasi de facto, a causa del peculiar desplazamiento del presidente electo, Fernando Lugo; Israel tiene una relación “íntima” con el gobierno colombiano, de Uribe primero, de Santos después, al punto que por su militarización se le ha llamado a Colombia la Israel de América Latina.

Con lo cual tanta bondad proclamada por I. Sztulman no resulta sino el cumplimiento de aquel apotegma: “Dime de que te ufanas y te diré de lo que careces”.

Y con amigos como Bettina Bulgheroni vale invocar al dios que para quien esto escribe no existe: ─Líbrame dios de mis amigos que de mis enemigos me libro solo”.

notas:

[1]  En Israel el servicio militar suele ser de 3 años en la conscripción, pero terminado el período puede ser llamado a filas cada año hasta los 45 de edad.

[2]  Nunca faltan abogados palestinos o incluso judíos que protesten contra ese trato a los palestinos.

[3]  La Torah o Antiguo Testamento habla más bien del pueblo judío, no de la humanidad.

[4] Paroles. El discurso de la paz, 1946.

[5] Apoyo hasta con tecnología de punta, como aquel eyector de rayos eméticos que los asesores israelíes se atrevieron a ubicar contra la embajada de Brasil donde estaba refugiado el depuesto presidente y su equipo. Ni siquiera ese “intervencionismo” despertó una condena a lo que, por lo visto, está por encima de toda sospecha; el estado sionista.

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Uruguay y Argentina. De la incomunicación o de la comunicación sesgada

por Luis E. Sabini Fernández –

El ascenso de Mauricio Macri a la presidencia argentina ha sido en general recibido con mucho regocijo del lado uruguayo. Porque se terminaban las nubosidades y tormentas propias de la relación que ha tenido siempre el Uruguay con el peronismo argentino.

La razón es brutalmente material: el proyecto peronista de un país “hacia adentro”, por ejemplo, dedicado a incrementar el turismo interno (así como la industria nacional, p. ej.) entró en conflicto, agudo, con el proyecto uruguayo, tan implantado al sur del territorio, de aprovecharse de la masa turística “de enfrente” en la larga, hermosa, franja de cientos de km de arena y balnearios…

Francisco Piria, por ejemplo, que iniciara su actividad pionera balnearia en la ùtima década del s. XIX, remató su capolavoro, el magnífico y en su época único en toda América Latina, Hotel Argentino, en 1930. Repare el lector en el nombre del hotel. ¿Qué habría pasado si lo hubiese hecho 15 años después?, cuando Perón popularizaba el selecto Mar del Plata y lo convertía en la meca del turismo popular (y sindical) argentino?

Pero no necesitamos hacer historia contrafáctica; cuando Perón es derribado, 1955, el festejo en Uruguay, fue enorme. El conflicto había calado tanto que cuando en junio de ese año, aviadores rebelados contra el gobierno peronista ametrallan y  bombardean la Plaza de Mayo presuntamente ocupada por partidarios peronistas, pero en rigor lugar de tránsito de la población porteña que trabajaba en las inmediaciones, y son así asesinados, desde el aire, centenares de habitantes de Buenos Aires, en Uruguay esos aviadores −asesinos seriales de civiles desarmados−, serán recibidos como héroes por parte del entorno mediático que “luchaba contra el dictador”.[1]

Este contrapunto abona y se nutre de viejas rivalidades, en las cuales el Uruguay ha sufrido abusos que justifican algunas reacciones, como nuestra resistencia a la actitud imperial argentina con su pretensión de soberanía en las aguas fronterizas (“doctrina Zeballos”) y aun más atrás, en el enfrentamiento al hegemonismo porteño, con las cuales podríamos remontarnos a “la lucha de puertos” de principios del s. XIX. Pasando por la argentinización del tango rioplatense…

Aquella indisposición hacia el peronismo ha llevado al Uruguay al maniqueísmo fácil que es de trámite en este tipo de conflicto con banderías de por medio, es decir chovinismo mediante.

Si la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, la mediáticamente tan vapuleada CFK, era titular de un populismo que promovía el turismo interno y un MERCOSUR para países grandes, Macri devenido su contrincante decisivo, tendrá que ser −basándonos en un maniqueísmo tan falso como redondo− nuestro amigo.

Los medios masivos de incomunicación de masas del país, todo adscriptos a la ideología liberal madeinUSA abonan esa imagen. Dije “del país”, pero bien vale una precisión; los medios masivos, la TV en particular, pero no solamente, amén del dominio mediático norteamericano (hoy habría que decir israelo-estadounidense); goza o sufre el de los emporios mediáticos del otro lado del río. Como el de Clarín, una empresa dedicada al “periodismo de guerra”, como lo ha explicitado alguna de sus figuras claves. Y ya se sabe que durante la guerra, la primera víctima es la verdad.

Y hay que ver las ramificaciones que tiene el emporio Clarín en Uruguay. Radiales, televisivos…

Para pensar en Uruguay, desde Uruguay, tenemos varias emancipaciones pendientes.

 

Volvamos a Macri. Un vero representante del gran capital. CFK es, o era, una dirigente peronista, es decir un ejemplar con oratoria brillante de un bonapartismo periférico. Podrá ser millonaria y haber cumplido con los requisitos mencionados por Quino,[2] pero pertenece al mundo de la política. “De la clase política”. Macri, en  cambio, es un agente empresarial y como tal se ha adueñado del poder político más que por haber ganado una elección porque kirchneristas, con torpeza, la perdieron.

Por ganar una elección democráticamente, Macri no ha devenido político y menos democrático. Conserva su estilo de trabajo empresarial al punto que su gabinete ha sido constituido primordialmente por CEOS (vinculadas al estado argentino; “la patria contratista”, y a transnacionales allí radicadas) más agentes de lobbies, como ser Patricia Bullrich, Gabriela Michetti, Elisa Carrió, Sergio Bergman. Y ostenta seguramente un récord de colocaciones en “paraísos fiscales” entre los presidentes del mundo…

Es difícil que encontremos en nuestro mundo actual una organización social más verticalista que la empresa, con menor democracia interna (salvo, claro, el cuartel).

Ése es el estilo Macri. Por eso los traspiés  que está teniendo, procurando aplicar la disciplina empresaria a una sociedad, la argentina.

No está acostumbrado a discutir ni regatear. Ni él ni la mayor parte de su gabinete.

A tal punto llega el autoritarismo cotidiano. Apenas algunas perlas: 1) un exministro del elenco Ka fue detenido en su hogar a la una y media de la mañana. Reviviendo el estilo de la dictadura. Porque las detenciones judiciales democráticas NO se pueden hacer en la noche. Ya conocemos nuestra constitución: ‘El hogar es un sagrado inviolable. Franqueable de día con orden de juez’; de noche de ninguna manera.

El estilo de allanar en la noche, durante las más profundas horas de sueño se hace para aumentar la vulneración de los allanados.[3]

2) Ante la OMC, en su reunión anual en diciembre, esta vez en Buenos Aires, el gobierno asombró a una serie de democracias bienpensantes, que no podían entender que organizaciones ambientalistas, oenegés dedicadas al control de gestiones públicas, muy legales redes que bregan por un aumento de intereses a las finanzas mundializadas, por ejemplo, fueran de una plumada suprimidas del cónclave. Se trata de instituciones totalmente admitidas en el juego democrático, como ATTAC, AI, Nuestro Mundo No Está en Venta, 11 11 11. El gobierno dispuso incluso del derecho de admisión a periodistas autorizados en todo el resto del mundo a trabajar en su especialidad. La misma oficina central de la OMC tuvo que tomarse el trabajo de advertir a decenas de invitados de no venir a Bs. As. dado que las acreditaciones de la OMC eran inválidas para el gobierno local.

3) la Armada, bajo jurisdicción ministerial, envía un submarino de Ushuaia a Mar del Plata, que sufre una explosión a 3 horas de la partida y durante semanas se ignora la suerte de la nave siniestrada, de sus 44 tripulantes. Otro ejercicio de “periodismo de guerra”. Se supo que la “Armada sabía de irregularidades en la reparación del ARA San Juan. Un documento alertaba que el submarino tenía filtraciones de agua y que hace más de un año navegaba con las baterías en mal estado.” [4]

Este desapego por los derechos  humanos, por las libertades públicas, por la mismísimas vidas humanas, ¿no significan que esta gente confundió las “administraciones” (empresarial y social)?

Y en Uruguay, “vemos”, canales mediante, las penosas escaramuzas del lunes 17, no la demostración de despotismo estatal del jueves 14.

 

[1] Recuerdo por la radio un muy exaltado y aplaudido Augusto Bonardo.

[2]  “Para amasar una fortuna hay que hacer harina a mucha gente.”

[3]  El Estado de Israel practica asiduamente este estilo con los palestinos, particularmente con niños, menores a veces preadolescentes. La ministra Bullrich acaba de hacer un curso acelerado de “seguridad” en Israel.

[4] Diario Panorama DP, Stgo. del Estero, 18 dic. 2017.

 

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