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«Lo que nos da ‘El sionismo en el tiempo presente’ de Gadi Algazi y lo que nos falta

Publicada el 02/08/2015 - 02/08/2015 por ulises

Por Luis E. Sabini Fernández.

El artículo de Gadi Algazi «El sionismo en el presente» (Zionism in the Present Tense) analiza el sionismo tal cual es, es decir descartando cualquier abordaje ideológico o doctrinario concentrándose, como declara su autor, en «las formas que utiliza las estructuras de poder existentes».

El autor tiene además la honestidad intelectual de encarar un período posterior a 1967 y otro anterior.
Y nos demuestra como la ideología sionista, en manos de un sacerdocio laico (e innombrable, o en todo caso recubierto de fraseología «socialista» o puramente sionista) ha ido creando una oscura trama de poder, inalcanzable para toda institucionalidad democrática.

Nos revela así que el Estado de Israel es hoy una plutocracia carente de controles democráticos, donde los que toman decisiones −sobre la política agraria y urbana, por ejemplo (y nada menos)−, van «eludiendo la responsabilidad de la participación política y democrática», tejiendo una «alianza informal estrecha entre funcionarios oficiales estatales y las organizaciones sionistas, una alianza que mina el control democrático». Eso le permita a organizaciones como la Organización Sionista Mundial, la Agencia Judía y el Keren Kayemet (Fondo Nacional Judío) «renunciar a la responsabilidad para externalizar los costos y mantener la discriminación [contra palestinos en primer lugar, pero también, con menos contundencia, contra mizrajis y falashas] oculta.»

Con este abordaje, Algazi no toma siquiera en consideración el presunto valor de la Kneset y su cuerpo de leyes y nos revela en cambio la escasísima democraticidad del Estado de Israel, que se autodistingue proclamando ser, precisamente “lo democrático” de la región. Quienes entendemos que el engendro sionista ha devenido un verdadero y temible monstruo ético, político, ideológico, podríamos agradecer el trabajo de Algazi.

Ocurre sin embargo, que algunos de sus enfoques carecen, a mi modo de ver, de suficiente claridad o tal vez pagan tributo a cierta benevolencia con el hecho israelí, que afortunadamente no es propia de muchos judíos que han tomado radical distancia del experimento sionista (pienso en historiadores desenmascaradores como Ilan Pappé o Israel Shahak, en los Neturei Carta, en otros religiosos judíos como Yeshayahu Leibovitz o Jakov Rabkin y tantos, tantos otros).

Algazi nos dice, por ejemplo, luego de desentrañar esos mecanismos de poder ocultos que han pergeñado el invento sionista, que “para lograr la reconciliación histórica con el pueblo palestino, la colonización debe parar, tanto en los territorios ocupados como dentro de Israel.” Y continúa: “Las instituciones que la motorizan [a la colonización], como la Agencia Judía, la OSM y el KKL [Fondo Nacional Judío, que a veces en hebreo se denomina con una tercera palabra; Keren Kayemet Leisrael], deben irse.“

Algazi remata su análisis impugnando la lógica de las redes sionistas adosadas al estado israelí que bloquean toda democraticidad, proponiendo en cambio “alianzas sociales que estén por encima de divisiones étnicas, alianzas que ofrezcan a los palestinos plena igualdad”.

Tal vez este camino habría sido el apropiado cuando el sionismo, en las primeras décadas del s XX, aunque no se conformaba con un hogar judío dentro de un estado ajeno, aceptaba una convivencia de facto, y luchaba por implantarse. Pero hoy en día, el estado sionista no sólo asesina, sigue asesinando, a miles de palestinos, los machaca a diario mediante un régimen de doble vara todavía más opresivo que el del apartheid como lo han advertido algunos sudafricanos; lleva adelante desde hace décadas una cerebral política de humillación, maltrato, abuso, un etnocidio en suma.

Baste algún ejemplo de este ya longevo tratamiento con doble rasero: el agua está racionada a razón de 300 litros por israelí y 70 o 40 litros por palestino, según las regiones. El resultado es que, como lo han denunciado entre incrédulos e indignados varios periodistas como Genaro Carotenuto, los israelíes disponen de piscinas en el desierto o lavan sus autos con generosidad, en tanto los palestinos tienen un racionamiento extremo, con algunas “vueltas de tuerca”, como que les llega contaminada (porque los ataques sionistas tienen entre sus primeros objetivos, arruinar las instancias de potabilización). Prohíben a la población nativa hasta recoger el agua de lluvia (los militares rompen las piletas que algún vecino construya), pero además, mientras el estado destruye depósitos para lluvia (las muy ocasionales lluvias de un clima reseco), los colonos perforan a balazos los ocasionales depósitos del vital y escaso elemento cerrando el círculo infernal con envidiable espontaneidad [foto]. No conformes con ello, en el sur desde tierras próximas a Bersheva o Qiriat Gat se “organizan” los efluentes de sus poblaciones para que fluyan hacia la Franja de Gaza; los palestinos tienen que encargarse de derivar esos efluentes hacia el Mediterráneo luego de ver cómo se contaminan sus escasas tierras.

Con tanto vejamen, con tanto abuso, con tanto deterioro de la vida cotidiana de la población palestina; lo que le insume a un israelí 20 minutos de traslado, le lleva a un palestino 4, 5 o 6 horas pasando por quebradísimas calles en pésimo estado, plagada de puestos militares de control.

Acosados a diario y baleados o bombardeados con pavorosa frecuencia (2000, 2006, 2009, 2012, 2014…), ¿cómo podemos imaginar que los palestinos sobrevivientes estarán encantados de encarar una relación en “plena igualdad” con los judíos, como postula Algazi?

Lo que necesitamos ahora es que judíos se decidan a parar, con todo el peso de la ley, esa política racista, supremacista. Que se visualicen delitos y que se empiece a juzgar a torturadores, cerebrales o físicos. Porque es un delito matar jugando al blanco con natives pero también es un delito desgajar àrboles (frutales, olivos), despojar a familias de su vivienda y adueñarse de ella, dejando a los desalojados en la calle, a pocos metros; es un delito la política del agua de la hicimos una sucinta presentaciòn.

Las propuestas de Algazi son, ante la tragedia edificada por el sionismo (con las mejores intenciones, claro), totalmente insuficientes. Como si Algazi, aun lúcido desnudando la trama del poder oculto sionista, no advirtiera la profundidad del daño moral y material que ese sionismo ha hecho colonizando Palestina.
Han hecho demasiado daño para poder recuperar la sonrisa y el diálogo. El sionismo ha creado, demasiados “hechos consumados” (una política de la que varios dirigentes del estado sionista −a cual más halcón− se han vanagloriado).

Sus atrocidades no cuestionan ni remiten al último abuso, sino, como dice el mismo Algazi, se remontan al hecho colonial. Con lo cual, nuestro autor llega en 2015 a lo que Maxime Rodinson −francés, judío, comunista− había llegado en la década de los ‘60 : que la empresa sionista era colonialista. Algo que desesperó a sionistas que se sintieron “traicionados” por un judío cuando tanta progresía los apoyaba y que fue claramente entendido por árabes. El planteo de Rodinson despejó la cuestión respecto de si se trataba de una lucha religiosa o racial, como se había pretendido hasta entonces, tantas veces…

Por cierto que aquí nos encontramos con una dificultad mayor. El colonialismo ha sido la llave de implantación de muchos de los principales estados contemporáneos. Todos los países americanos, del norte y del sur, provienen del despojo, y a menudo del genocidio de las poblaciones aborígenes. Atrocidades del mismo carácter aunque no necesariamente del mismo orden, se han procesado en África o en Asia (en esos continentes las poblaciones autóctonas, en la mayor parte de los casos, mantuvieron, mal que bien, la representación política).

Los judíos sionistas no han hecho, para apropiarse de la tierra cananea sino planes similares al establecimiento (settlement) que a los británicos, por ejemplo, les permitiera hacer su nueva Inglaterra en América o su nueva Gales del Sur en Australia o su Sudán Anglo-Egipcio en África…

¿Por qué no podría el sionismo llevar a cabo similar establecimiento? (lo han hecho, sólo que la crítica a tal empresa ha sido y es muy fuerte, y está hoy muy presente…). Porque hay por los menos dos diferencias sustanciales entre la colonización sionista y la expansión europea. Una puramente temporal o cronológica, la otra tiene que ver con lo que llamaríamos filosóficamente una cuestión de universalidad virtual.

1. El ensanche europeo se fue llevando a cabo, destrozando culturas y cuerpos aborígenes, entre los siglos XV y fines del XIX. Hasta entonces, se repartían territorios y seres humanos como si fueran objetos o animales. En Argentina, por ejemplo, en 1879 se consuma “la conquista del desierto” que es el sometimiento de nativos al orden de la nación de origen europeo, bajo la forma de la servidumbre, el trabajo forzado y la muerte. Ni en la designación del operativo militar aparece un nombre, un calificativo humano para tales poblaciones.
2. El sionismo encara su empresa colonizadora [settlement] sin agregar el rasgo redentor que solía exhibir la colonización europea apelando a la “cristianización”. Se trata de un rasgo, que al menos invoca una universalidad que no cabe con el judaísmo sionista (aun cuando en el pasado haya habido, ciertamente un judaísmo proselitista). Para asentarse en Palestina, “la tierra de Israel”, el sionismo necesitaba judíos y solo judíos.

Un requisito que ab ovo echa por la borda toda convivencia. Por eso es que, con el tiempo, el mal llamado apartheid en Palestina-Israel es, como dijimos, peor, que el implantado en Sudáfrica: aquí se quería el apartheid porque se contaba con la población aborigen. Claro que como sirvienta, como subalterna, como mano de obra. Pero como algo. Los racistas blancos que se impusieron en Sudáfrica, no soñaban con un país blanco sino con dos países; uno blanco, encima y otro negro, debajo.

El sueño sionista es otro. El ejemplo de la central sindical fundada en Palestina en la década del ’20 es ilustrativo: sólo admite la afiliación de obreros judíos. Cuando en esos comienzos, antes del destrozo sistemático y generalizado de la sociedad palestina, existía un proletariado palestino, a menudo tan apto como el judío (o más), la Histadrut percibió que muchos patEl artículo de Gadi Algazi «El sionismo en el presente» (Zionism in the Present Tense) analiza el sionismo tal cual es, es decir descartando cualquier abordaje ideológico o doctrinario concentrándose, como declara su autor, en «las formas que utiliza las estructuras de poder existentes»

El autor tiene además la honestidad intelectual de encarar un período posterior a 1967 y otro anterior.
Y nos demuestra como la ideología sionista, en manos de un sacerdocio laico (e innombrable, o en todo caso recubierto de fraseología «socialista» o puramente sionista) ha ido creando una oscura trama de poder, inalcanzable para toda institucionalidad democrática.

Nos revela así que el Estado de Israel es hoy una plutocracia carente de controles democráticos, donde los que toman decisiones −sobre la política agraria y urbana, por ejemplo (y nada menos)−, van «eludiendo la responsabilidad de la participación política y democrática», tejiendo una «alianza informal estrecha entre funcionarios oficiales estatales y las organizaciones sionistas, una alianza que mina el control democrático». Eso le permita a organizaciones como la Organización Sionista Mundial, la Agencia Judía y el Keren Kayemet (Fondo Nacional Judío) «renunciar a la responsabilidad para externalizar los costos y mantener la discriminación [contra palestinos en primer lugar, pero también, con menos contundencia, contra mizrajis y falashas] oculta.»

Con este abordaje, Algazi no toma siquiera en consideración el presunto valor de la Kneset y su cuerpo de leyes y nos revela en cambio la escasísima democraticidad del Estado de Israel, que se autodistingue proclamando ser, precisamente “lo democrático” de la región. Quienes entendemos que el engendro sionista ha devenido un verdadero y temible monstruo ético, político, ideológico, podríamos agradecer el trabajo de Algazi.

Ocurre sin embargo, que algunos de sus enfoques carecen, a mi modo de ver, de suficiente claridad o tal vez pagan tributo a cierta benevolencia con el hecho israelí, que afortunadamente no es propia de muchos judíos que han tomado radical distancia del experimento sionista (pienso en historiadores desenmascaradores como Ilan Pappé o Israel Shahak, en los Neturei Carta, en otros religiosos judíos como Yeshayahu Leibovitz o Jakov Rabkin y tantos, tantos otros).

Algazi nos dice, por ejemplo, luego de desentrañar esos mecanismos de poder ocultos que han pergeñado el invento sionista, que “para lograr la reconciliación histórica con el pueblo palestino, la colonización debe parar, tanto en los territorios ocupados como dentro de Israel.” Y continúa: “Las instituciones que la motorizan [a la colonización], como la Agencia Judía, la OSM y el KKL [Fondo Nacional Judío, que a veces en hebreo se denomina con una tercera palabra; Keren Kayemet Leisrael], deben irse.“

Algazi remata su análisis impugnando la lógica de las redes sionistas adosadas al estado israelí que bloquean toda democraticidad, proponiendo en cambio “alianzas sociales que estén por encima de divisiones étnicas, alianzas que ofrezcan a los palestinos plena igualdad”.

Tal vez este camino habría sido el apropiado cuando el sionismo, en las primeras décadas del s XX, aunque no se conformaba con un hogar judío dentro de un estado ajeno, aceptaba una convivencia de facto, y luchaba por implantarse. Pero hoy en día, el estado sionista no sólo asesina, sigue asesinando, a miles de palestinos, los machaca a diario mediante un régimen de doble vara todavía más opresivo que el del apartheid como lo han advertido algunos sudafricanos; lleva adelante desde hace décadas una cerebral política de humillación, maltrato, abuso, un etnocidio en suma.

Baste algún ejemplo de este ya longevo tratamiento con doble rasero: el agua está racionada a razón de 300 litros por israelí y 70 o 40 litros por palestino, según las regiones. El resultado es que, como lo han denunciado entre incrédulos e indignados varios periodistas como Genaro Carotenuto, los israelíes disponen de piscinas en el desierto o lavan sus autos con generosidad, en tanto los palestinos tienen un racionamiento extremo, con algunas “vueltas de tuerca”, como que les llega contaminada (porque los ataques sionistas tienen entre sus primeros objetivos, arruinar las instancias de potabilización). Prohíben a la población nativa hasta recoger el agua de lluvia (los militares rompen las piletas que algún vecino construya), pero además, mientras el estado destruye depósitos para lluvia (las muy ocasionales lluvias de un clima reseco), los colonos perforan a balazos los ocasionales depósitos del vital y escaso elemento cerrando el círculo infernal con envidiable espontaneidad [foto]. No conformes con ello, en el sur desde tierras próximas a Bersheva o Qiriat Gat se “organizan” los efluentes de sus poblaciones para que fluyan hacia la Franja de Gaza; los palestinos tienen que encargarse de derivar esos efluentes hacia el Mediterráneo luego de ver cómo se contaminan sus escasas tierras.

Con tanto vejamen, con tanto abuso, con tanto deterioro de la vida cotidiana de la población palestina; lo que le insume a un israelí 20 minutos de traslado, le lleva a un palestino 4, 5 o 6 horas pasando por quebradísimas calles en pésimo estado, plagada de puestos militares de control.

Acosados a diario y baleados o bombardeados con pavorosa frecuencia (2000, 2006, 2009, 2012, 2014…), ¿cómo podemos imaginar que los palestinos sobrevivientes estarán encantados de encarar una relación en “plena igualdad” con los judíos, como postula Algazi?

Lo que necesitamos ahora es que judíos se decidan a parar, con todo el peso de la ley, esa política racista, supremacista. Que se visualicen delitos y que se empiece a juzgar a torturadores, cerebrales o físicos. Porque es un delito matar jugando al blanco con natives pero también es un delito desgajar àrboles (frutales, olivos), despojar a familias de su vivienda y adueñarse de ella, dejando a los desalojados en la calle, a pocos metros; es un delito la política del agua de la hicimos una sucinta presentaciòn.

Las propuestas de Algazi son, ante la tragedia edificada por el sionismo (con las mejores intenciones, claro), totalmente insuficientes. Como si Algazi, aun lúcido desnudando la trama del poder oculto sionista, no advirtiera la profundidad del daño moral y material que ese sionismo ha hecho colonizando Palestina.
Han hecho demasiado daño para poder recuperar la sonrisa y el diálogo. El sionismo ha creado, demasiados “hechos consumados” (una política de la que varios dirigentes del estado sionista −a cual más halcón− se han vanagloriado).

Sus atrocidades no cuestionan ni remiten al último abuso, sino, como dice el mismo Algazi, se remontan al hecho colonial. Con lo cual, nuestro autor llega en 2015 a lo que Maxime Rodinson −francés, judío, comunista− había llegado en la década de los ‘60 : que la empresa sionista era colonialista. Algo que desesperó a sionistas que se sintieron “traicionados” por un judío cuando tanta progresía los apoyaba y que fue claramente entendido por árabes. El planteo de Rodinson despejó la cuestión respecto de si se trataba de una lucha religiosa o racial, como se había pretendido hasta entonces, tantas veces…

Por cierto que aquí nos encontramos con una dificultad mayor. El colonialismo ha sido la llave de implantación de muchos de los principales estados contemporáneos. Todos los países americanos, del norte y del sur, provienen del despojo, y a menudo del genocidio de las poblaciones aborígenes. Atrocidades del mismo carácter aunque no necesariamente del mismo orden, se han procesado en África o en Asia (en esos continentes las poblaciones autóctonas, en la mayor parte de los casos, mantuvieron, mal que bien, la representación política).

Los judíos sionistas no han hecho, para apropiarse de la tierra cananea sino planes similares al establecimiento (settlement) que a los británicos, por ejemplo, les permitiera hacer su nueva Inglaterra en América o su nueva Gales del Sur en Australia o su Sudán Anglo-Egipcio en África…
¿Por qué no podría el sionismo llevar a cabo similar establecimiento? (lo han hecho, sólo que la crítica a tal empresa ha sido y es muy fuerte, y está hoy muy presente…). Porque hay por los menos dos diferencias sustanciales entre la colonización sionista y la expansión europea. Una puramente temporal o cronológica, la otra tiene que ver con lo que llamaríamos filosóficamente una cuestión de universalidad virtual.

1. El ensanche europeo se fue llevando a cabo, destrozando culturas y cuerpos aborígenes, entre los siglos XV y fines del XIX. Hasta entonces, se repartían territorios y seres humanos como si fueran objetos o animales. En Argentina, por ejemplo, en 1879 se consuma “la conquista del desierto” que es el sometimiento de nativos al orden de la nación de origen europeo, bajo la forma de la servidumbre, el trabajo forzado y la muerte. Ni en la designación del operativo militar aparece un nombre, un calificativo humano para tales poblaciones.
2. El sionismo encara su empresa colonizadora [settlement] sin agregar el rasgo redentor que solía exhibir la colonización europea apelando a la “cristianización”. Se trata de un rasgo, que al menos invoca una universalidad que no cabe con el judaísmo sionista (aun cuando en el pasado haya habido, ciertamente un judaísmo proselitista). Para asentarse en Palestina, “la tierra de Israel”, el sionismo necesitaba judíos y solo judíos.

Un requisito que ab ovo echa por la borda toda convivencia. Por eso es que, con el tiempo, el mal llamado apartheid en Palestina-Israel es, como dijimos, peor, que el implantado en Sudáfrica: aquí se quería el apartheid porque se contaba con la población aborigen. Claro que como sirvienta, como subalterna, como mano de obra. Pero como algo. Los racistas blancos que se impusieron en Sudáfrica, no soñaban con un país blanco sino con dos países; uno blanco, encima y otro negro, debajo.

El sueño sionista es otro. El ejemplo de la central sindical fundada en Palestina en la década del ’20 es ilustrativo: sólo admite la afiliación de obreros judíos. Cuando en esos comienzos, antes del destrozo sistemático y generalizado de la sociedad palestina, existía un proletariado palestino, a menudo tan apto como el judío (o más), la Histadrut percibió que muchos patrones judíos preferían asalariados palestinos. Seguían las leyes del capital y la ganancia, no las ideológicas; al obrero árabe-palestino se le pagaba hasta un tercio del pago legal (a judíos). La Histadrut encontró “la solución”: el tomador de trabajo, el capitalista, tenía que pagarles a todos el salario legal; sólo que el obrero judío lo recibía en la mano, al palestino la diferencia (a veces, dos tercios) le era retenido por el patrón y vertido a la Histadrut, directamente. En la Histadrut los árabes no tenían cabida, pero buena parte de la “obra social”, deportiva, de salud de la central sindical para sus afiliados judíos se edificó con esos fondos “palestinos”… Toda una alegoría de la relación forjada por el sionismo con los natives.

Patrones judíos preferían asalariados palestinos. Seguían las leyes del capital y la ganancia, no las ideológicas; al obrero árabe-palestino se le pagaba hasta un tercio del pago legal (a judíos). La Histadrut encontró “la solución”: el tomador de trabajo, el capitalista, tenía que pagarles a todos el salario legal; sólo que el obrero judío lo recibía en la mano, al palestino la diferencia (a veces, dos tercios) le era retenido por el patrón y vertido a la Histadrut, directamente. En la Histadrut los árabes no tenían cabida, pero buena parte de la “obra social”, deportiva, de salud de la central sindical para sus afiliados judíos se edificó con esos fondos “palestinos”… Toda una alegoría de la relación forjada por el sionismo con los natives.

Publicado en Palestinos / israelíes

Izquierda, baluarte de la derecha

Publicada el 27/07/2015 - 02/08/2015 por ulises

Por Luis E. Sabini Fernández.

1.
En 1973 durante la huelga general que contestó al segundo golpe o a la segunda etapa del golpe de estado que sufríamos en Uruguay, escribì un ensayo titulado “Izquierda: ¿baluarte de la derecha?” que presenté en lo que resultó ser el último concurso de ensayos organizado por el semanario Marcha, dirigido por Carlos Quijano.
Sé que llegó a semifinales, gracias a una fortuita revelación de Carlos Martínez Moreno, jurado de ese y supe por él porqué se descartó un planteo tan impertinente para con tantas ideas tan auspiciadas y reclamadas por tantos doctos y doctores…

Porque a lo largo de mi análisis procuraba pasar revista a las coincidencias de los estilos de la izquierda con los de la derecha; por ejemplo en la usurpación de la representatividad, en los manejos sindicales antidemocráticos, en los conciliábulos a espaldas del siempre invocado pueblo… Analizando métodos de trabajo político.

Pero también circunstancias y episodios concretos; por ejemplo, los tupamaros conformándose con la promesa de salir liberados en semanas si encaraban una lucha común contra “la oligarquía” propuesta por militares supuestamente peruanistas; los comunistas ofreciéndose para acompañar el desempeño militar que juzgaban antioligárquico, pese a que los militares rechazaban semejante alianza (“nuestros caminos son irreconciliables”) hasta ser finalmente empujados a la clandestinidad (el 29 de junio, obsérvese bien, dos días después del golpe ahora también antilegislativo…).

Febrero de 1973 fue el canto de cisne de la inmensa mayoría de la izquierda uruguaya. La excepción dentro del Frente Amplio fue Carlos Quijano y sus acólitos de la minúscula Agrupación Nacionalista Demócrata Social; fuera del FA hubo algunos rechazos, lúcidos, como el de la ROE-OPR o los “chinos”… Otros resistentes al auge dictatorial, militarista, fuera de la izquierda, fueron Wilson Ferreira Aldunate o Amílcar Vasconcellos… pero no muchos màs…

En 1973, títulé entre signos de interrogación el penoso papel de la izquierda en Uruguay. 1

2.

2015. Ahora tenemos a Syriza, la fresca organización de izquierda griega que levantara tantas esperanzas contra el capitalismo rampante, sobre todo cuando con la dirección de Alexis Tsipras la población griega opta por enfrentar a “la troika” europea (CE, Comisión Europea es decir el órgano ejecutivo de la UE; BCE, Banco Central Europeo; y FMI, en rigor un órgano financiero que en EE.UU. se lo suele considerar propio aunque con participación accionaria de otros estados).

Así, el 5 de julio la mayoría de los griegos resiste el mandato de la UE. Con más del 60% contra el ajuste planteado, sin aceptar por ello, la salida del euro.

La UE dobla la apuesta y el 17 de julio −no habían pasado dos semanas− Tsipras destituye a diez ministros de su gabinete refractario al diktat europeo, y se aviene a cumplir con todo lo que le piden. Incluso, dirán los medios de incomunicación de masas, más de lo demandado.

Ese mismo día 17, Grecia firma con Israel un tratado militar de cooperación que incluye la presencia y formación de soldados griegos en Israel y de soldados israelíes en Grecia. Leyó bien: el mismo día en que Grecia acepta un estatuto subordinado y colonial dentro de Europa, instrumentado por lo que se había presentado como una partido de izquierda, ese mismo día, ese mismo gobierno, ese mismo “partido de izquierda” firma con el Estado de Israel, un SOFA (acuerdo de reciprocidad militar). La información oficial israelí aclara que: “Ésta es la primera SOFA que Israel firma con un país aliado que no sea Estados Unidos.” 2
No sabemos cuan preventivo puede haber sido el paso dado por el gobierno griego para firmar semejante acuerdo: se conoce de sobra cómo los soldados israelíes están entrenados para maltratar, abusar, vejar, torturar, población “blanco” e imaginamos que algunos en Grecia pueden tener interés en hacerse duchos con semejantes tratamientos dada la penuria económica a que está sometida la sociedad griega, que seguramente va a despertar resistencia. Pero eso no se compagina con un partido “de izquierda”.

Al ministro de Defensa griego, Panos Kammenos, de Syriza, el firmante del SOFA, no se le conocen muchas declaraciones. Agradeció, sí, por “la cooperación de seguridad que se traduce en la formación de nuestros soldados y oficiales […]”

El firmante israelí es su ministro militar, Moshe Yaalon, que declarara recientemente que no era el momento para descargar bombas nucleares en Irán, que llamó «virus» al movimiento Paz Ahora (de judíos incluso sionistas pero moderados) y «definió a los palestinos como un cáncer […]: «algunos dicen que puede ser necesario amputar órganos, pero por el momento estoy aplicando quimioterapia».» Este lenguaje, quitándole humanidad a los palestinos, por ejemplo (e incluso a judíos que no comulguen con el supremacismo) es muy significativo del camino emprendido por el sionismo, deshumanizando a sus objetores, y revelando en rigor, su propia falta radical de humanidad: sólo así se atreven a hacer lo que les hacen a los oriundos del territorio que han usurpado, eso sí, bíblicamente.

¿Y qué cuenta Grecia, los griegos a todo esto? No sólo por su formidable pasado remoto sino por su pasado reciente; resistiendo a los nazis, y aunque enceguecidos con el sueño comunista (sin saber −como les pasó a tantos− que era una pesadilla), resistiendo asimismo a Gran Bretaña, de Los Aliados al fin de la II GM. Y más tarde resistiendo a Turquía, con sus pretensiones de Gran Turquía…

En general, las teorías conspiranoicas ofrecen “certezas” que muy a menudo se revelan falsas. Por eso, uno no quiere creer en brujas, pero hay simultaneidades absolutamente desconcertantes…

notas:

1  Uruguay dista de ser excepción: en Argentina el PC acompañó con vehemencia a la dictadura de 1976, arguyendo que había otra esperando, peor. Más grave aun: la excelente analista Simone Weil nos explicó como en la década del ’30 el papel de los comunistas facilitó, en lugar de obstruir, el ascenso nazi…
2  http://www.israpresse.net/cooperation-militaire-israel-conclut-un-accord-avec-la-grece/

Publicado en Política

¡Zonas francas para todos!

Publicada el 07/04/2015 por raas

Por Luis E. Sabini Fernández*.

¿avanzando y democratizando  o hundiéndonos sin democracia alguna a la vista?
Las zonas francas (también denominadas “zonas de libertad comercial”, “zonas de proceso exportador”, “zonas económicas especiales”) son el recurso hallado por el gran capital transnacional para no bajar la tasa de ganancia o incluso aumentarla. ¿Cómo?

Son zonas, áreas, donde se suspende la legislación nacional; allí dentro de “sus fronteras” −el territorio cedido por el estado anfitrión−  no rigen los derechos gremiales ni los fiscales ni las normas ambientales del estado nacional.

Está claro que la concesión de zonas francas significa una cesión de soberanía. Que el gobierno que la decida, o más bien la acepte, la entenderá provechosa. ¿Motivos? El más invocado públicamente, es que así se consigue ocupación para la mano de obra nacional. Puede haber otras razones menos publicitables, como la concesión de favores o ventajas a los anfitriones o más bien a sus representantes. Puede finalmente existir “la razón del artillero”: muy pocos gobernantes en países periféricos tienen la autonomía mental  como para preguntarse qué significa la proliferación de zonas francas y, en cambio, es habitual acatar la orientación del “capitalismo en serio”.

Sin entrar entonces a buscar razones por los cuales el Uruguay está incluyéndose en el curioso club de fervientes cultores de las zonas francas, ubiquemos la cuestión.

No existen zz.ff. en países como EE.UU., Reino Unido, Suecia u Holanda; han proliferado en el sudeste asiático, en América Central y México con sus tristemente famosas “maquilas” y, ciertamente en África. Lo cual nos dice algo sobre las relaciones centro-periferia. Pero el fenómeno de las zz.ff. se presenta en dos variantes: zz.ff. en estados nacionales y estados nacionales devenidos zz.ff.

Históricamente se conoce a Túnez como “el estado pionero” que resolvió convertir todo el país en zona franca. Esto aconteció en 1972, tras el desmembramiento de los proyectos de reforma agraria y la apertura incondicional del país al capital extranjero, en pleno proceso mundial de creación de tales “zonas”.

Resulta significativo que ”la primavera árabe” haya irrumpido desde Túnez, en enero de 2011, justo en el país convertido todo él en zona franca, donde las condiciones laborales eran tan desesperantes: Muhammad Bouazizi lo demostró incendiándose a lo bonzo y su trágico testimonio fue la chispa que incendió la reseca pradera árabe.

Tenemos un segundo ejemplo de esta variante. En 2009, tras el golpe contra Zelaya, se abre en Honduras, con asistencia directa de asesores estadounidenses e israelíes, un proceso de “democracia de nuevo tipo” presidido por Porfirio Lobo quien junto con una persecución mortal sobre sindicalistas propugnó por la extensión de zz.ff. Desde enero 2014 es presidente Juan O. Hernández, del partido conservador e íntimamente ligado al universo empresario: una de sus primeras medidas ha sido convertir el país entero en zona franca.

Con fondos surcoreanos, a menos de un mes de asumir la presidencia prometió construir “una ciudad modelo”, es decir “libre” de todo el andamiaje legal, judicial y administrativo hondureño… con fondos surcoreanos.

En Honduras se debatía la presencia de zonas francas de mucho antes, puesto que América Central ha sido tierra “privilegiada” por capitales estadounidenses para ese régimen. Al punto que Hernández derogó  una decisión de la Suprema Corte de Justicia del país que había prohibido la creación de las mentadas “ciudades modelo” advertidos de la radical pérdida de soberanía que presentaba el proyecto.

Cabe acotar que Honduras es el país más empobrecido de la América no sajona, exceptuando a Haití, donde al castigo imperial se agrega el motor de la discriminación racista.

Y bien: como para completar a “las tres marías” de las zz.ff. en el planeta, tenemos ahora las resoluciones sobre el particular en nuestro país. El director nacional de aduanas, Enrique Canon, en el cambio de año de 2014 a 2015, aclaró que hay un nuevo código aduanero, que promete mayores controles en las zz.ff. (¿es que acaso no los había? y, por otra parte, ¿en qué puede haberlos?), y que dicho código adquirirá pleno sentido ampliando “el territorio aduanero a todo el territorio nacional” (El País, Montevideo, 27/2/2015). El director aclara además una perogrullada: “Las zonas francas uruguayas están internacionalmente bien consideradas.” (ibíd.) Algo indudable, aunque el desprolijo Canon haya omitido decir por quiénes están bien consideradas. No ciertamente por los trabajadores de zonas francas ni de Uruguay, ni de Honduras, ni de Túnez, ni de Filipinas ni de China y el largo y penoso etcétera de la restauración del capitalismo puro y duro de comienzos del siglo XIX, ahora en la periferia planetaria.

Hay que empezar a entender qué significa que estemos junto a Honduras y Túnez en la decisiva cuestión de las inversiones de capital y el tratamiento de los asalariados.

*Integrante de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, editor y periodista.<revistafuturos.noblogs.org>.

Publicado en General

EE.UU.: ¿estado vasallo de Israel?

Publicada el 26/02/2015 - 26/02/2015 por raas

Por Luis E. Sabini Fernández.

El poderío del Estado de Israel parece algo cierto y en franco proceso de expansión.

Como nunca antes, se ha permitido arrasar una vez más con la Franja de Gaza, dejando el tendal de miles de muertos y permitiéndose bloquear todo proyecto de restauración de los miles de hogares destruidos, de la infraestructura deshecha, habitacional, educacional, sanitaria, convirtiendo a la Franja de Gaza y a sus habitantes en testimonio forzoso de un poder absolutamente discrecional, puesto que la presunta guerra entre Palestina e Israel no es sino la coartada de un abuso permanente de un poder colonizador sobre una población civil, como fue por ejemplo, el arrebato de las tierra a los “pieles rojas” por parte de EE.UU. o el de las tierras maoríes para convertirlas en neozelandesas…

El arrasamiento de la FdG no ha sido sólo mediante asesinatos más o menos indiscriminados (centenares de niños muertos durante “la invasión” por tierra y aire) y la destrucción sistemática de la infraestructura muy golpeada y estrangulada; Israel ha bombardeado y anulado el aeropuerto de la FdG, en su momento financiado y construido con fondos españoles y lo mismo ha hecho con sus instalaciones portuarias. El EdI tiene como política que sus efluentes industriales o civiles  provenientes de territorios “en la espalda” de la FdG pasen por ella antes de llegar al mar, es decir regando sistemáticamente con detritus ese castigado territorio.

La regimentación impuesta a la población, sitiada, de la FdG regula hasta su consumo de agua (de pésima calidad puesto que Israel ha bombardeado e inutilizado sistemáticamente las plantas potabilizadoras) al punto que los soldados en sus “inspecciones” destruyen todo depósito de agua casero que procure acumular la escasa agua de lluvia… todo es un abuso sistemático y atroz (los israelíes, por ejemplo, gozan de un alto consumo de agua per capita…)

Tal vez la impunidad lograda por el EdI para “manejar” la cuestión palestina  sea apenas un reflejo de otros poderes que ha desplegado.

Las relaciones entre EE.UU. y el EdI nos obligan a plantear al concepto señalado en el título. Ya era proverbial el planteo de Ariel Sharon tranquilizando siempre a sus cofrades asegurándoles que Israel tenía a EE.UU. en el bolsillo (véase por ejemplo: “El Lobby israelí y la política exterior estadounidense”,  John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt, Quibla, 07-04-2006).

La línea de acción de Netanyahu sigue ese mismo curso. Para afirmar su candidatura a seguir ejerciendo la jefatura del estado sionista, Netanyahu y sus asesores  han dispuesto “enriquecer” su campaña con una presentación en el Congreso de EE.UU. (cómodamente controlado, a través de la AIPAC, su lobby y sus fondos, en una proporción del 75%; consideran tener “de su lado” a unos 300 de los 435 representantes de la institución estadounidense).

Para poner en evidencia el disgusto israelí, sionista, con ciertos planteos de Kerry y Obama, como por ejemplo, el reconocimiento de algunos derechos casi miserables para los palestinos que al estado sionista siempre le parecen excesivos, Netanyahu ha dispuesto un discurso suyo en “la Casa”  (de los representantes estadounidenses) el próximo 3 marzo, sin pasar siquiera por algún tipo de coordinación con la presidencia de EE.UU.

La reacción de EE.UU.

Semejante desaire se ha hecho difícil de tragar y Obama ha pedido que Netanyahu postergue su visita a EE.UU. para después de las elecciones israelíes. Les resulta chocante que Netanyahu use su discurso legislativo en EE.UU. dentro de su campaña electoral… Observe el lector la delicadeza de la reacción: un ruego para que postergue su discurso.

Prendiendo un ventilador

En este contexto, entiendo hay que situar otras reacciones desde EE.UU., como por ejemplo que haya visto la luz pública la ayuda, totalmente ilegal, violando sus propios códigos de comportamiento, de EE.UU. a que Israel lograra la bomba H. Curiosamente se “desclasifica”, es decir se le quita carácter reservado, a un acuerdo de 1987 “que eludía los estándares internacionales” (RT, 16/2/2015). Documento desclasificado a menos de 30 años, lo cual es significativo (no hay plazos fijos para que los documentos secretos de otrora pasen al dominio público, pero 30 años suele ser un período habitual, aunque en España, por ejemplo, posfranquista, rige el plazo mínimo de 50 años y la necesidad de una concesión especial para cada caso…).

El documento desclasificado en este caso revela la complicidad sostenida de las autoridades estadounidenses con el estado sionista, que violaron las enmiendas de su propio país que prohibían y prohíben expresamente ayudar a cualquier país “que trafique con equipamiento de enriquecimiento nuclear o tecnología fuera de las salvaguardas internacionales” o que “importen tecnología de reprocesamiento nuclear” (ibíd.).

Un comentario de Roger Mattson, exmiembro de la Comisión de Energía Atómica de EEUU fue: “Estoy impresionado por el grado de cooperación entre Israel y EE.UU. en artefactos especializados para la guerra.”

El “acuerdo” establecido en 1987 prohibía a los empleados y contratistas vinculados con él que revelaran el programa nuclear israelí, bajo pena de encarcelamiento.

El pedido de desclasificación provenía del 2012 (a solicitud del director del Washington Institute for Research: Middle Eastern Policy, Grant Smith), pero resultó concretado en esta significativa coyuntura de enfriamiento entre EE.UU. y el EdI (RT, 16/2/2015).

La reacción desde la misma Casa de los Representantes

Es una reacción llamativa, aunque a la vez revela la debilidad estadounidense ante las arremetidas israelíes: el 20 de febrero de 2015, una treintena de diputados federales, demócratas, de EE.UU. con el representante Keith Ellison (afro) como vocero públicamente condenaron el discurso de Netanyahu programado para el 3 de marzo en el Congreso de EE.UU. Estos parlamentarios enviaron una carta de protesta a John Boehner, el actual presidente republicano de la cámara que está a punto de recibir a Netanyahu, pidiéndole la postergación de dicha alocución.

Al mismo tiempo se ha ido formando una lista de legisladores que han anunciado su boicot al discurso de Netanyahu.

Robert Naiman ha publicado un artículo, “Profiles in Courage”, analizando este conflicto y enlistando a los rebeldes. Naiman registra que CNN comentó que dos terceras partes de la población no aceptan que Netanyahu hable dándole la espalda a la presidencia del país.

¿Qué significa que Netanyahu haga tan ostensible lobby contra Obama? No es, según el canciller israelí Tzachi Hanegbi ─siguiendo a Naiman─ “para presionar a los senadores republicanos. Ya los tiene comiendo de su mano, excepto Rand Paul y Jeff Flake. Para alcanzar los dos tercios Netanyahu necesita presionar a demócratas. […]. Los senadores demócratas con que cuenta Netanyahu deben ser los “10 de Menendez”, una suerte de bloque legislativo enfrentado con el presidente de su propio partido.

A su vez, sostienen fuentes sionistas, Netanyahu podría ser usado como ariete de los parlamentarios disconformes con Obama para hacerle morder el polvo. Como se ve, se podría tratar de un uso “recíproco” de favores…

Sagrada Alianza EE.UU.-EdI

Michael Eisenstadt and David Pollock, del Washington Institute for Near East Policy, (Instituto de Washington para la política en el Cercano Oriente; como el nombre lo revela, se trata de una organización sionista para procesar lo que el EdI necesita en EE.UU.)1 explicitan los motivos de coincidencia entre EE.UU. y EdI.: “La relación entre EE.UU. e Israel se ha definido tradicionalmente en términos de obligación moral, valores culturales y políticos comunes e intereses estratégicos comunes.” Observe el lector con qué sagacidad estos think tanks sionistas ponen para el piadoso y moralista EE.UU. lo de la obligación moral (incondicional) en primer término. Y luego lo de valores comunes (como si no hubiera tales entre EE.UU. y Francia o Noruega, o Inglaterra o incluso, Brasil o Japón…). Al final de la frase aparece ─diría Prévert─ el nervio de la guerra…

Eisentadt y Pollock comentan sin el menor sonrojo que con el tiempo ambas potencias han dejado de hacer públicas sus negociaciones, con lo cual la relación democrática, al menos postulada al principio, se ha extraviado completamente.

Lo que también se ha “extraviado” en el discurrir  de estos think tanks es la inmensa inyección cotidiana y permanente de dinero de EE.UU. a Israel, desde hace ya décadas, ininterrumpidamente, valuada en un promedio de 8,5 millones de dólares diarios (J. Mearsheimer y S. Walt, “El lobby judío en EE.UU., <www.tsunamipolitico.com/lobby708.htm>).

Sobre este aspecto, James Petras escribió, hace años, un texto con sugerente título: ¿Quién financia al estado de Israel? (7 de mayo del 2002)

Con el sucinto recorrido por las reacciones desde EE.UU. ante el 3 de marzo más la explicitación de la alianza al gusto del Washington Institute for Near East Policy hemos procurado visualizar la trenza de intereses entre las élites yanquis y las israelíes, advirtiendo que si hay una primacía es como la definiera Ariel Sharon hace décadas.

Algo que viene todavía de antes. Baste pensar que en el Congreso Sionista Mundial de 1942, en el Hotel Biltmore de Nueva York, en plena matanza de judíos a manos de nazis, el principal tema de dicho congreso fue un análisis geopolítico que llevó a la dirección sionista a deslastrarse de su viejo padrino o madrina, Inglaterra, que hasta entonces les había hecho todo el trabajo de implantación ante la población nativa en Palestina, y decidir obtener un nuevo padrinazgo, con mayor fuerza y mejor control por parte del sionismo, que resultó EE.UU., a la sazón con la mayor o la de mayor peso de las poblaciones judías del planeta.

Por todo lo antedicho, Norman Birnbaum  titula una nota:   “Estados Unidos, impotente ante Israel”. Y explica, apostando a una entidad cada vez más imperceptible:
“Solo una Europa capaz de liberarse de la sumisión a Washington podría impulsar una solución justa al drama palestino y favorecer así la paz en Oriente Próximo. Sería una manera de saldar su deuda con el judaísmo.” (26/06/2011).

En marzo 2014 Alison Weir publica su histórico Against Our Better Judgment: The Hidden History of how the US was used to create Israel (Contra nuestro mejor juicio: la historia oculta de como EE.UU. fue usado para crear Israel) donde el autor documenta el papel del lobby sionista para persuadir directamente a Harry Truman contra la opinión de los especialistas del área y de juicios como el de Loy W.  Henderson (1892-1986) del Dpto. de Estado, quien adelantó que el proyecto de partición de la ONU sobre Palestina iba a “garantizar que el problema palestino habría de permanentizarse y se haría todavía más complicado en un futuro”, algo que ha resultado atrozmente cierto.

Pero Truman era un pragmático y al reducir todo a votos, coincidió con los intereses y las tácticas sionistas:  “Truman tomó la decisión de reconocer la creación del Estado de Israel ignorando las declaraciones de Secretario de Estado, George Marshall, que temía que esto pudiera dañar las relaciones con los estados árabes. En una reunión en la Casa Blanca el 10 de noviembre de 1945, le dijo a los enviados a Arabia Saudita, Siria, Líbano y Egipto: «Lo siento, señores, pero tengo que responder a cientos de miles que están ansiosos por el éxito del sionismo: No tengo cientos de miles de árabes entre mis electores.» (wikipedia)

Al parecer hubo una “complementación” entre la miopía pragmática, inmediatista, de los gobiernos estadounidenses que fueron sucediéndose desde al menos mediados de siglo (1942, ya dijimos, es la fecha clave) y el manejo, manipulador, de largo aliento, de los sionistas validos de un apoyo bastante generalizado de la colectividad judía estadounidense, aun la no sionista.

El control de las votaciones, las estrechas alianzas de los aparatos de seguridad y los de los militares (con sus intereses técnicos entremezclados) han ido postrando a la dirección estadounidense en lo que tiene que ver con la cuestión palestino-israelí. Y los márgenes de maniobra del sionismo son tantos que es legítimo hablar de un estado avasallado. Un estado vasallo, el de EE.UU. Pese a que es precisamente el estado o la formación nacional que ha logrado establecer la mayor cantidad de relaciones de vasallaje con otras naciones más débiles que EE.UU.

Con lo cual transitivamente, hay que admitir que así como muchos estados latinoamericanos,2 varios del mundo árabe, y otros del sudeste asiático,  mantienen una relación como estados vasallos hacia EE.UU. (aunque no esté legalmente consagrada, porque es de estilo hoy que “todos los estados sean iguales”, mutatis mutandis tenemos que aprender a darnos cuenta que EE.UU. es, a su vez, vasallo de Israel.

La pulseada del 3 de marzo nos permitirá ver cuánto pueda ser revertida esa relación.

notas:
1) No confundir este Washington Institute con el citado precedentemente, con una cobertura geopolítica casi idéntica: éste se declara fundado en 1985; el citado anteriormente da como fecha fundacional 2002.
2) Un ejemplo prístino de vasallaje aunque no abarque al estado uruguayo como tal sino a una radio privada: Radio Montecarlo anuncia la próxima asunción presidencial al son del himno nacional… de EE.UU.

Publicado en Palestinos / israelíes

Y con el american way of life, ¿qué hacemos?

Publicada el 10/12/2014 - 10/12/2014 por raas

Por Luis E. Sabini Fernández

Un abordaje que procura atender a la distribuciòn o mejor dicho a la concentración del poder en el mundo. Analizando los crecientes trastornos ecológicos e incluso biológicos, el deterioro alimentario, la manipulación mediática, el despliegue transnacional, la militarización.

Cada vez queda más claro que la última década del s. XX ha traído consigo un cambio sustancial del estado político del mundo o si se quiere la consolidación de nuevos perfiles del mundo en que vivimos, cuya enumeración será necesariamente incompleta e insatisfactoria:

• avance problemático de diversos factores ambientales o ecológicos, como la contaminación aérea y acuática cada vez más generalizadas, una crisis crecientemente acelerada por pérdida de biodiversidad, tanto de ejemplares por especie (por ejemplo, de abejas, de tiburones, de micro- y macroflora y fauna arrasadas con agrotóxicos, o de especies arbóreas que no logran desplazarse lo suficientemente rápido mediante sus propias semillas ante el calentamiento global que desplaza las regiones aptas para cada especie) como de especies.

Esto último es irreversible y expresa un empobrecimiento biótico progresivo de todo nuestro mundo. Pero la lista de tenebrosos futuros es mucho mayor; “efecto invernadero”, causa del ya citado calentamiento global que implica el creciente derretimiento de los hielos (árticos, antárticos y de montaña) que se va consumando no ya a siglos o décadas de nuestro presente sino apenas a años; a una verdadera crisis climática, ante la cual la rebaja actual del precio del petróleo, bajando de su coyuntura de altos precios por perspectivas de escasez, más allá de mejorar las cuentas de quienes lo importan y ralear las de quienes lo exportan, puede facilitar un incremento en su uso que no hará sino precipitar el mencionado proceso de calentamiento, y tantos otros fenómenos ominosos que han estado surgiendo en las últimas décadas. Pongamos siquiera un ejemplo.

Colborn, Peterson Myers y Dumanovski, biólogos estadounidenses, han escrito un libro, Our Stolen Future (1) tras un prolongado y concienzudo trabajo de campo, mostrando y demostrando hasta qué grado ha sido alterada la sexualidad y la fecundidad por la contaminación ambiental, fundamentalmente alteradores endócrinos que han provocado, por ejemplo la aparición de parejas de gaviotas compuestas de hembra y hembra, una con el comportamiento de cuidado del nido y otra cumpliendo el papel proveedor; la incapacidad de machos de diversas especies de procrear, por atrofia de pene condenando a medio plazo a la desaparición de la especie; el papel devastador de la asimilación de partículas plásticas en los órganos de los seres vivos…

Uno comprende, con esta información, el penoso papel que estamos sufriendo en las sociedades humanas donde no percibimos el papel de los falsos estrógenos en la sexualidad humana y en cambio, se reivindica como “de avanzada”, políticamente correcto, el reconocimiento de nuevos sexos; tercero, cuarto, quinto…

• surgimiento de nuevas enfermedades o rebrote de antiguas pero con nuevas variedades a menudo más agresivas; y como capítulo especial dentro de este sombrío panorama, difusión del cáncer como la enfermedad de nuestro tiempo (En Suecia, en los ’90, estimaban para el 2000 que un tercio de toda la población contraería diversas variantes, aunque auspiciosamente auguraban una recuperación cierta del 50%).

Jeff Ritterman, oncólogo estadounidense, afirma que: “La agricultura transgénica (rebautizada biotecnológica y últimamente photoshopeada como “agricultura inteligente”[sic]) es el financiador [o en neocastellano básico, el sponsor] principal, o lo parece, del gobierno de EE.UU.” Y prosigue:

”A esta altura de la historia ya hay pruebas incontrovertibles de que Roundup causa malformaciones congénitas y está estrechamente vinculado con los cánceres. Si no queremos que este herbicida se siga acumulando en nuestras aguas, tierra y alimentos, tenemos que dejar de usarlo.” […]

”Los cánceres son células que se reproducen rápida y azarosamente con total falta de consideración a la preservación del organismo anfitrión. Las células cancerosas consumen enorme energía matando literalmente por hambre a las células normales. Se expanden tan salvaje y rápidamente que asfixian a sus vecinas. Envían emisarios para iniciar nuevas colonias cancerosas. Elaboran sustancias tòxicas que dañan a las células sanas. Se expanden sin pausa. Como triste ironía, cuando las células cancerosas alcanzan su máxima expansión matan con ella a su anfitrión y mueren en el proceso.”

”Como un cáncer, la agricultura transgénica ha ido expulsando sin pausa a sus vecinos y se ha ido expandiendo sin descanso. También como un cáncer, fabrica sustancias tóxicas. Roundup es una de ellas. Cuantas más hectáreas caen bajo cultivos transgénicos, más debemos contar con que Roundup aumente su producción.” Hasta aquí, Ritterman. (2)

Podríamos ejemplificar este crecimiento en Argentina –sometida desde 1996 a un ensayo “a campo abierto” en que la población del país juega, jugamos, como cobayos− con la decisión del gobierno, mejor dicho de Monsanto vía Cristina Fernández de Kirchner, de instalar la mayor fábrica de producción de Roundup en América del Sur en el país, en la provincia de Córdoba (gobernada por opositores al gobierno, valga el ejemplo de picaresca criolla) y que el gobierno provincial ha destinado a un municipio que a su vez es de otra oposición…, el de Malvinas Argentinas. Ese “juego de la mosqueta” expresa que alguna resistencia hay en el país; esa construcción está paralizada… por los vecinos y contra todas las instancias institucionales que la han prohijado.

Más allá del aumento sobrecogedor de los cánceres, los avances médicos son a la vez innegables y claros; la calidad quirúrgica y la aparatología médica de diagnóstico, han mejorado década a década, a punto tal que se puede hablar de un enorme ahorro de muertes prematuras, hoy evitables (aunque también existe una aparatología, a menudo comercial, dedicada a la sobrevida sin calidad alguna, mucho más discutible).

La pregunta que queda en pie es si tales avances compensan el despliegue de tantas enfermedades viejas o nuevas, en gran medida relacionadas con la contaminación ambiental, de tan variados órdenes, como el ejemplo sobrecogedor que nos vuelve a recordar Ritterman y que “el imaginario colectivo” o el presentismo perpetuo parecen dejar de lado en países absolutamente atrapados en el vértigo transgénico como, por ejemplo, Uruguay o Argentina. Con razón Déborah Padilla (3) ha calificado a Argentina como “enferma de progreso agrotóxico”.

• deterioro alimentario; cada vez tenemos más comida disponible pero de calidad cada vez peor. Comidas que “superan” la estacionalidad, pero que pierden sabores y olores. Como si muchos alimentos fueran meramente fotocopiados. Estamos en el reino de la comida basura. Comida cada vez más provista de elementos químicos; los meneados aditivos (conservantes, colorantes, gelificantes, saborizadores, aromatizantes, blanqueadores, antihomogeneizantes, condensadores, antioxidantes, leudantes, antimicóticos, emulsionantes, secuestradores, acidulantes, espesantes, gasificantes, antiaglomerantes, agentes de retención de agua), que en rigor vienen a sumarse, sinérgica y negativamente, a los ingredientes químicos que cada vez más suele acumular la elaboración agroindustrial de materia prima para alimentos.
La falta de comida no mató a la especie ni mucho menos, pero sí había que soportar períodos de escasez, donde la delgadez, incluso extrema, a veces era norma, amén de otro conocido de las sociedades tradicionales; el raquitismo. Hoy en día, con la misma comida durante los doce meses del año, borrada la estacionalidad, borrada la escasez, “gobernando” las góndolas, lo que generamos es obesidad y cáncer.

¿Estamos mejor?

• imparable escasez del tiempo. A medida que se desarrollan nuevos artilugios y avances tecnocientíficos aplicados al ahorro del tiempo −los medios de comunicación son cada vez más rápidos, por ejemplo, igual pasa con los de transporte− esos despliegues en aparente paradoja nos van sumiendo en la angustiosa falta de tiempo para atender tantas ventajas y presuntos ahorros que a su vez crean una dispersión de la atención hacia múltiples necesidades.

• penetración económica de las transnacionales en la periferia planetaria aun mayor que la “tradicional”. Que puede deberse a la libertad de movimiento que el quiebre soviético y el auge de la ideología del liberalismo han facilitado; también a la conciencia creciente de la finitud de nuestro mundo, el planeta. Para decirlo con palabras de Irma Oliveira, una francotiradora muy atenta a la problemática ambiental uruguaya: “La actual tendencia, en los países poderosos es la de abandonar la retórica y asegurarse el control de los escasos recursos naturales aún disponibles.” (4)

• fin de la bipolaridad que caracterizara la segunda posguerra (y se prolongara por medio siglo), y el desplazamiento de la contradicción que muchos entendiéramos alguna vez clave, de este-oeste (o viceversa) por la de norte-sur o sur-norte (todos estos puntos cardinales son tomados in toto, con la terminología vigente en la segunda mitad del s XX, con las gradaciones y excepciones de rigor).
Junto con ese fin de la bipolaridad sobrevino la puesta en duda de la “opción” que abarcara casi todo el s XX; la alternativa socialista o incluso, casi, el advenimiento socialista como etapa posterior al (y del) capitalismo; algo que encandilaba prácticamente a todo “socialista científico” y que incluso le quitaba el sueño a muchos intelectuales antisocialistas que lo veían sin embargo como proceso ineluctable (conozco varios, pero uno, famoso, de comienzos del s XX puede resultar un penoso ejemplo de tal profetismo involuntario, de ese fatalismo odiado: Gustave Lebon).

El “nuevo tiempo”, sobrepasado lo que se entendió un paréntesis socialista (aunque perduraron estados que así se declaran) se encarnó en una corriente bastante numerosa de intelectuales oportunistas que abandonaron sus bagajes “socialistas” (tanto marxistas revolucionarios como socialdemócratas), porque vieron, creyeron ver, quisieron ver, en el liberalismo o en el populismo el non plus ultra de la política, incluso en los casos más “graves”, de la perfección política. Reeditaron así, seguramente de modo involuntario, el profetismo simplista de G.W. Hegel construyendo un sistema político que iba a culminar en el estado prusiano justo en su presencia.

• proyecto de “nuevo siglo estadounidense”, ahora exclusivo, el del siglo XXI. Detengámonos en este último punto, que consideramos nodal para nuestro presente.
Antes de iniciar un mínimo punteo histórico quiero resaltar la patética confusión sistemática que los personeros del “poder global” hacen entre “los intereses globales de EE.UU” y los intereses locales o nacionales de las zonas globalizadas en donde se enseñorean aquellos interesas “globales” que son, en rigor, de los privilegiados del planeta. Obama, por ejemplo, no se cansa de explicitar esa maravillosa conjunción de intereses entre saqueadores y esquilmados. Las tercas estadísticas, empero, revelan que hoy en día ni siquiera se habla, como décadas atrás, del primer decil de afortunados o millonarios sino del 1% de multi- o milmillonarios…

Para “explicar” el ahondamiento entre dos humanidades, algo que ha resultado enormemente persistente en las sociedades humanas, me permito esta cita, extensa:
“El estadounidense medio […] devora lonjas de carne de varios centímetros de espesor, traga alcohol en vasos rebosantes, arroja a la basura buena parte de los alimentos que quedan en la mesa, conduce enormes automóviles extremadamente sofisticados, uno por miembro de la familia en la medida de sus posibilidades, mantiene la temperatura de su hogar a 20 grados centígrados en el verano y a 25 en el invierno, deja las luces encendidas en toda la casa, hace marchar todos los aparatos eléctricos al mismo tiempo, aniquila al más ínfimo animalito indeseado, utiliza el agua profusamente tanto para bañarse como para ducharse, para lavar su ropa y su vajilla, para regar su jardín o evacuar las servidas.

Algunos de estos bienes disipados con semejante ritmo no parecen próximos a agotarse, pero de otros, en cambio, ya se sabe las consecuencias nefastas de su uso, ya se trate de la recrudescencia de enfermedades cardiovasculares o de la escasez de agua […].” (5) Aunque la cita tiene casi veinte años, no sólo constituye un elocuente testimonio histórico, puesto que buena parte de los rasgos allí explicitados siguen lamentablemente vigentes; el “mundo enriquecido” sigue siendo dispendioso con los bienes terrenales, sobre todo ajenos…

Procuremos, empero, una mirada no tan presente sino más histórica.

En agosto de 2000, el think tank fundado en 1997 bajo presidencia republicana, elabora un documento, “Rebuilding America’s Defenses”, que es fuertemente crítico contra el entonces presidente Clinton, demócrata (que durará apenas unos meses más en funciones) a quien acusan de haber descuidado la faz militar. El subtítulo es explícito: Report of The Project for the New American Century (Informe del proyecto para un nuevo siglo american, es decir estadounidense).

Dicho informe, firmado por “intelectuales orgánicos” como Robert Kagan y sus hermanos Donald y Fred, William Kristol, Paul Wolfowitz, Thomas Donnelly y otros, tiene un pasaje sugestivo en su último tercio, es decir, luego de la crítica arrasadora a las deficiencias militares que estos intelectuales atribuían a la incuria “clintoniana”:
“El proceso de transformación [de los dispositivos militares] aunque con cambios revolucionarios, es probable que insuma mucho tiempo, salvo que sobrevenga algún evento catastrófico y catalizador –como un nuevo Pearl Harbor–.”

A mi modo de ver, este “anuncio” exactamente un año antes del derribo de las Torres Gemelas más la seguidilla de violentos hechos en ese día, constituye un indicio muy fuerte de ciertas implicancias con lo acontecido. Recordemos que ya en 1993, la red de seguridad de EE.UU. había rastreado un intento de derribo mediante implosión de una de las torres del World Trade Center, que en aquel momento se atribuyó a redes islamistas o al menos de ese origen.

La más que patente presencia de saudíes, por ejemplo entre quienes ejecutaran la acción con las Torres Gemelas podría revelar una estructura similar a la habida en 1941 en el archipiélago de las Hawai, en la bahía del puerto de las perlas, Pearl Harbor… donde los japoneses del Imperio del Sol descargaron un golpe que “obligó” o permitió a EE.UU. a ingresar en la 2GM. Entonces, las autoridades estadounidenses, sabedoras de los planes de ataque, dejaron hacer para legitimar ese ingreso, lo que ajedrecísticamente se denomina una celada… con sacrificio incluido, para seguir con el símil ajedrecístico. En 1941, lo acontecido arrojó más de dos mil muertos… estadounidenses. En 2001, hubo más de tres mil…

Sólo así se explica la deferencia del gobierno de G.W. Bush despachando al día siguiente un avión chárter con medio centenar de saudíes, pertenecientes a la extensa familia de Osama bin Laden, con destino a Arabia….
Sólo así se explica que el Poder Ejecutivo dirigido por G.W. Bush haya sustraído del informe del Congreso de 2002 el “Report of the Joint Congressional Inquiry into the 9/11” (Encuesta bicameral de los sucesos de 11/9/2001), 28 páginas que han sido puestas fuera del conocimiento público, con el título “Finding, Discussion and Narrative Regarding Certain Sensitive National Security Matters” (Hallazgos, discusión y relatos en relación con ciertos asuntos sensibles de la seguridad nacional).

Sólo así se explica que cuatro aviones u objetos voladores hayan podido ingresar a diversos espacios aéreos estadounidenses un mismo día sin tener respuesta alguna (cua-tro, no uno). Si EE.UU. fuera semejante “colador”, sabríamos que dilapida los cuantiosos fondos que maneja para “seguridad”… pero en tal caso, no habría llegado a cumplir el papel de sheriff planetario que ejerce ininterrumpidamente desde hace décadas. La potencia, mortífera, atrozmente potente que trasunta su seguridad es la misma con la que ha podi-do mantener la atracción que todavía imprime su american way of life, pese a que muchos consideremos que se trata realmente de un american way of… muerte, no vida.

Entendemos lo acontecido el 11/9/2001 como fruto de una política, una decisión, por otra parte, tan explícitamente anunciada un año antes por los “cráneos” veristas precitados. Existen muchísimos índices de esta pretensión imperial, lamentablemente muy bien materializada.

Nunca ha tenido EE.UU. tantas bases militares en el mundo entero como en la última década. Más de 800, ocupando más de 25 mil km2 (el equivalente a la superficie total de países como Albania, Ruanda o Haití, casi tanto como la superficie de Bélgica y un poco más que las de Qatar o El Salvador…

En ese despliegue se incluye una política de «contención» de China (como otrora de la URSS), la nueva potencia de la región. Esto significa evidentemente «salpicar» nuevas bases por toda la región, agregándolas a las más de 200 bases estadounidenses que han cercado a China durante décadas, desde Japón, Corea del Sur, Guam y Hawai.

En África, el Pentágono ha ido creado desde 2007, silenciosamente, «cerca de una docena de bases aéreas» para drones y vigilancia. Aparte de la decana en Camp Lemonnier en Djibuti (cuerno del África), sabemos que los militares han creado o crearán pronto instalaciones en Burkina Faso (con su reciente golpe de estado), Burundi, la República Centroafricana, Etiopía, Kenia, Mauritania, São Tomé y Príncipe, Senegal, Seychelles, en el escindido Sudán del Sur “protegido” de Israel, y en Uganda. El Pentágono también ha estudiado la construcción de bases en Argelia, Gabón, Ghana, Mali y Nigeria, entre otros sitios.

En América al sur del rio Bravo, después de la expulsión de los militares estadounidenses de Panamá en 1999 y de Ecuador en 2009, el Pentágono ha ido creando o actualizando nuevas bases en Aruba, Curaçao, Chile, Colombia, El Salvador y Perú. En otros sitios, el Pentágono ha financiado la creación de bases militares y policiales capaces de albergar fuerzas estadounidenses; en Belice, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Costa Rica, e incluso en Ecuador.
Los militares pueden desear una base en Brasil y han tratado de crear bases, supuestamente para ayuda humanitaria y de emergencia, en Paraguay, Argentina y Uruguay. ¿Lo lograron? se pregunta Vine. En el caso uruguayo, sabemos que sí, al menos algunas (como la de los Seal).

¿Qué pasa con la base militar gigante de Mariscal Estigarribia en Paraguay? Funcionó y alojó a centenares de soldados estadounidenses. Estaba concebida para albergar a miles, a principios de siglo, pero no hay constancia de su presencia actual, al margen de lo que declaran los gobiernos de EE.UU. y Paraguay, negando su existencia.

En 2008, la Armada de EE.UU. reactivó la Cuarta Flota, inactiva desde 1950, para patrullar el sur americano. Reparemos: seis décadas después… En Europa, además de los centenares de bases desplegadas en el tiempo de la “lucha contra el comunismo”, ahora EE.UU. ha extendido sus redes a Polonia, Lituania, Bulgaria y Rumania, perlas arrancadas al viejo collar soviético. Y por el mismo camino va nada menos que Ucrania, el poder regional de la Europa oriental del sur…

David Vine, (6) de quien hemos extraído y sintetizado buena parte de los elementos de los párrafos anteriores, examina un cambio de las dimensiones y los emplazamientos de las bases militares estadounidenses de cara a las nuevas estrategias y “enemigos”; ya no el “comunismo” sino el “terrorismo”, y a los nuevos despliegues tecnológicos.

Nos dice que hay una expansión: futuras bases de EE.UU. «esparcidas […] por regiones en las cuales EE.UU. no ha mantenido anteriormente una presencia militar.
”Están desapareciendo los días en los que Ramstein era la base simbólica de EE.UU., un coloso del tamaño de una ciudad repleto de miles o decenas de miles de estadounidenses, supermercados, Pizza Huts, y otras comodidades. Pero no penséis ni por un segundo que el Pentágono esté haciendo las maletas, reduciendo su misión global y volviendo a casa. En los hechos, sobre la base de los eventos de los últimos años, es posible que sea todo lo contrario. Mientras disminuye la colección de bases gigantes de la era de la Guerra Fría, la infraestructura de bases en ultramar ha estallado en tamaño y alcance.

”Sin que lo sepa la mayoría de los estadounidenses, la creación de bases en todo el planeta está aumentando, gracias a una nueva generación de bases que los militares llaman «nenúfares» (valiéndose del símil con la rana que salta a través de un estanque hacia su presa). Son pequeñas instalaciones secretas e inaccesibles con una cantidad restringida de soldados, comodidades limitadas, y armamento y suministros previamente asegurados.”

Vine nos aclara que desaparecieron muchas bases con el colapso soviético, pero inmediatamente se reconstituyeron, abandonando el gigantismo y acentuando el carácter “nenúfar”. Aunque también las hay que siguieron atadas a los viejos esquemas: en Alemania, sin URSS ni RDA, se mantuvieron 60 mil soldados yanquis, ocupando el país, aunque pareciera ser en términos cordiales… (pero no tanto, porque por ejemplo, la red Echelon (7) se hace sin Alemania, en rigor, perjudicando, al menos económicamente, a Alemania y a Francia, y cuando hubo una incorporación más allá de los “socios fundadores”, anglófonos, no fue ni Alemania ni Francia lo que entra al selecto club, sino Israel…).

El presupuesto de las bases aumentó, a precios constantes (en dólares 2007), bastante más de un 50% entre 2001 y 2008. (8) A este panorama que hemos repasado tan sucintamente tendríamos que agregar “el toque latinoamericano” que otro analista, el historiador y periodista de investigación J.P. Sottile ha hecho sobre la Escuela de las Américas (su nombre en inglés, Western Hemisphere Institute for Security Cooperation, Instituto Occidental para la Cooperaciòn en Seguridad), que luego de su cierre político, en 2009 ha sido reabierto con mucho mayor empuje del que había quedado del oleaje de los ’70 a principios de siglo…) y para la cual, una vez más Honduras se ha convertido en cabecera de playa.

Y Honduras es el lugar preciso para indicar otro rasgo saliente de nuestro tiempo: la alianza EE.UU.-Israel. Porque durante el último golpe de estado en Honduras para desplazar a su presidente elegido por elecciones, M. Zelaya, la asistencia militar israelí estuvo muy presente, y el nuevo “presidente” surgido del golpe adoptó de inmediato a los servicios secretos israelíes para su protección.

La alianza EE.UU.-Israel es tan estrecha que al menos en cierto sentido podría-mos hablar de una unidad política o político-militar. Es cierto que en EE.UU. existen fuerzas políticas, en la derecha republicana, por ejemplo, que no admiten semejante fusión, que va más allá de una mera alianza para constituir mandos unificados. Pero tanto los cristianos sionistas, en general adscritos al Partido Republicano, como la estructura del Partido Demócrata, han aceptado esa simbiosis. Por eso entiendo pertinente hablar de una única entidad EE.UU-Israel. Aceptando, en todo caso, revisar su existencia ante hechos nuevos. En el actual estado de situación es una mera trampa que EE.UU. figure, por ejemplo, como mediador entre israelíes y palestinos cuando en rigor, el estado con mayor despliegue militar (y tecnológico e incluso cultural) del planeta no es sino un socio siamés con el Estado de Israel (a lo sumo, funciona a veces como “el hermano mayor” que le tolera cualquier tropelía al hermanito…).(9)

Toda esa red, esa telaraña planetaria que los estrategos estadounidenses y que por mejor decir tendríamos que precisar como israelo-estadounidenses, están tejiendo y afinando, se coordina y asienta a través de seis grandes comandos regionales que cubren el planeta, junto con una serie de direcciones militares y navales específicas (como la de marines u otras especialidades). Aquellos comandos coordinadores están en las regiones y continentes que se supone deben “proteger” (sobre todo, de sus natives…): Comando Central (MacDill Air Force Base, Florida)-CENTCOM; Comando del Norte−NORTHCOM (Peterson, Colorado), Comando del Pacífico−PACOM (Honolulu); Comando del Sur, dedicado a la América No sajona–SOUTHCOM (Miami, Florida); EUROCOM, (Stuttgart) y AFRICOM (sin sede definitiva; durante muchos años, estuvo radicado en Stuttgart, junto con el europeo, porque la OUA primero y la UA después se negaban a concederle un territorio en el continente africano, pero tras el asesinato de Gadafi y el consiguiente desmantelamiento de Libia decidieron establecerlo en la misma África, aunque naufragó el intento de hacerlo en Libia).

Repasando tal número de bases, las hay asentadas desde el siglo XIX, como la de Guantánamo en Cuba, muchas provienen del comienzo del dominio planetario estadounidense, luego de 1945, pero una buena parte data de este tercer empuje a partir de los ’90, y muy especialmente luego de “los acontecimientos” de 2001, que hemos señalado al comienzo.

El empecinamiento estadounidense en militarizar el mundo entero revela únicamente el papel que a sus élites de poder les merece las crisis que hemos señalado inicialmente: en lugar de estar preocupados y hasta paralizados por la marcha al abismo en que estamos enfrascados, los titulares del american way of life aprietan el acelerador y avanzan raudos.

Reparemos que aquellos índices o indicadores de la crisis que reseñamos inicialmente son de muy diversa naturaleza; agotamiento de la esfera biológica, arrebatiña de los recursos “naturales” cada vez más claramente visualizados como escasos que habla a las claras de un agotamiento incluso mineral del planeta; una crisis de las alternativas políticas (con el consiguiente colapso soviético como el mojón referencial), una crisis sanitaria o médico-sanitaria, una crisis cultural o existencial vinculada con la “falta de tiempo”, una crisis de nuestra propias esferas biológica y social, carcomidas, como explica Andrew Kimbrell, por la tecnoesfera. (10)

El encuentro del Panel Internacional sobre Cambio Climático de la ONU, que se reúne el mes entrante en Lima, Perú, nos va a anunciar la insuficiencia de las más que tímidas, cómplices medidas tomadas hasta ahora y cómo la acumulación de partículas constituyentes del “efecto invernadero” aumentan incontenibles y hemos pasado desde los albores del industrialismo a nuestros días de 300 ppm a 450 ppm. Eso significa que el aumento promedio de la temperatura planetaria es inevitable y ya se lo empieza a aceptar en dos grados centígrados, pese a que con total justeza Evo Morales había propuesto en el encuentro anterior del mismo panel no sobrepasar un grado centígrado (en esa instancia la delegación boliviana quedó sola con tal planteo; ni a la argentina ni a la uruguaya −ciertamente− parecieron preocuparle el asunto, así como a las casi 200 delegaciones nacionales restantes…).(11) Una expresión de Rina Bertaccini es elocuente: “dominación de espectro completo”. (12)

Para caracterizar la situación actual del “imperio” y el panorama que tenemos por delante presentamos una “profecía” de la escuela para gerentes de empresas transnacionales asentada en Suiza, fundada por Nestlé, un puntal del “Nuevo Orden”: “Tres aspectos del mundo del año 2020 tendrán implicaciones significativas para las Fuerzas Armadas de los EEUU. Primero, los Estados Unidos continuarán teniendo intereses globales y estarán comprometidos con una serie de actores regionales” […] La fuerza conjunta 2020 debe estar preparada para ‘ganar’ [sic] en todo el espectro de las operaciones militares en cualquier parte del mundo” […]. El potencial de los enfoques asimétricos es tal vez el peligro serio que los EE.UU. enfrentan en el futuro inmediato, y este peligro incluye los misiles […] y otras amenazas directas a los ciudadanos y el territorio de EE.UU.” (IMD, VC2020).
¡Esto sí que se llama análisis legitimador de lo existente! Nestlé, una transnacional genocida, no podía ser menos.

notas:
1) Editado en EE.UU. en 1996. Traducción al castellano, Ecoespaña, Madrid, 2006.
2) http://www.truth-out.org/news/item/26614-monsanto-s-roundup-linked-to-cancer, 6 octubre 2014.
3) <http://argentina.indymedia.org/news/2014/11/868363.php>, 3 nov. 2014
4) Todo está bajo control, edición de la autora, Montevideo, 2011.
5) Robert van den Bosch y Jean-Paul Aeschlimann (L’ engrenage des pesticides, Ed. Payot, Lausana, 1996).
6) fte.: D.Vine:http://www.tomdispatch.com/post/175568/tomgram%3A_david_vine%
2C_u.s._empire_of_bases_gro>.
7) Formada en 1948 por los gobiernos de EE.UU., RU, Canadá, Australia y Nva. Zelandia para el control planetario de las comunicaciones, entonces teléfonos, telègrados y correo postal. Desde la década de los ’80 se inicia el control de la gran cantera electrónica.
8) fte.: Friends Committee of National Legislation.
9) Es semejante fusión la que permite que surjan situaciones como la descrita por Dahr Jamail, <http://www.truth-out.org/news/item/27590-tortured-and-raped-by-israel-persecuted-and-imprisoned-by-the-united-states>: “Torturada y violada en Israel; perseguida y encarcelada en EE.UU.”
10) “The Dark Side of Technology”. AK es director del Center for Food Safety y autor de “New Report: GMOs Causing Massive Pesticide Pollution”, 2009”.
11) Invito al lector a leer sobre el tema la nota “Al fin nadie es inocente”, de Gerardo Honty.
12) “Militarización imperialista: máscaras nuevas para proyectos viejos”.

fuente http://argentina.indymedia.org/news/2014/12/869578.php

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