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PANDEMIA 2020: ¿CAMINO DEL OLVIDO O DE SU RESTABLECIMIENTO?

Publicada el 12/07/2022 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

La pandemia de la OMS, no ha concluido y si escucháramos a sus “sacerdotes”, Bill Gates, Klaus Schwab, tenemos otra en puerta, peor.

Entretanto, nos aconsejan ir por la cuarta y la quinta dosis de la vacuna experimental que precisamente por su nivel (insuficiente)  de verificación no pudo hacerse obligatoria, aunque muchas autoridades administrativas nacionales y sanitarias la han promovido e inoculado como si lo fuera.

Por eso ha resultado tan preciso el dictamen del juez uruguayo Alejandro Recarey que acaba de exigirle a los laboratorios del Big Pharma que declaren finalmente de qué están compuestas las muy secretas vacunas e informen de las secuelas que, con preocupación creciente se han ido acumulando (si es que se han preocupado en registrar  tales secuelas) y entretanto dispensar de toda vacuna, «desconocida» en sus efectos, a menores de 13 años. En buen romance, negarse a emplear a nuestros niños como conejillos de Indias.

Un diálogo, apócrifo, tan bien actuado que nos parece estar reviviendo la vieja serie del Chavo del Ocho, es muy ilustrativo del estado actual de situación: a nuestro protagonista, una suerte de Tin tin del subdesarrollo, el Flaco Don Ramón y Doña Florinda lo acosan a preguntas:

DR – A ver, ¿cuáles son las órdenes del gobierno?

DF – ¿Para los vacunados?

DR – ¿Y para los no vacunados?

Ch – Mandaron a que los no vacunados tienen que usar máscaras de ahora en adelante…

DF – ¿Y los vacunados?

Ch – También.

DR – Oye, oye, quiere decir que ahora también se contagian?

Ch – ¿Los vacunados o los no vacunados?

DR – ¡los no vacunados!

Ch – Los no vacunados, si no se cuidan, pueden contagiarse…

DF – ¿Y los vacunados?

Ch – También.

DF – Oye, pues, entonces los no vacunados pueden contagiar a otros…

DF – ¡Y los vacunados?

Ch – También.

DF – Entonces se pueden enfermar y hasta morir…

Ch – ¿los vacunados o los no vacunados?

DR – Bueno…

DF – Un momento, ¿pero no le pasa lo mismo a ambos?

Ch – Sí…

DF – Entonces [con aire de ganadora], ¿por qué entonces dices vacunados y no vacunados?

Ch – Porque aunque pueden enfermarse y morirse, los vacunados tienen hasta un 98% de posibilidad de sobrevivir al covid…

DF – [mira extasiada y suspira aliviada]  Ahhhhh…

DR – ¿Y los no vacunados?

Ch – También…

Al mismo tiempo, la sociedad ha entrado en una suerte de hastío o cansancio magistralmente registrado en el sketch que transcribimos textualmente. Y tanto la población como la prensa han ido desinteresándose del significado, la trascendencia, y sobre todo, las causas, del tratamiento a que hemos sido sometidos.

El investigador, conocido en países del Primer Mundo (aunque muchos menos entre nos) Nicholas Wade lo dijo hace más de un año: no se puede creer que el brote del Covid-19 se deba a algo espontáneo o natural, interpretación promovida no sólo por quienes podían tener interés en oscurecer la etiología del Covid-19, como el Big Pharma, sino también por parte de algunos muy críticos del mundo de los negocios transnacionales, pero que –no sabemos si para evitar que les endilgaran el sambenito de conspiranoicos– insistieron en el desencadenamiento espontáneo de un contagio mediante murciélagos, civetas, pangolines y otros eslabones naturales y casuales que, a causa de la invasión permanente –ésa sí real y progresiva de la sociedad humana, básicamente depredadora, sobre los entornos naturales y silvestres, vegetales y animales, habría provocado la epidemia generalizada, decretada por la OMS como pandemia.

La tesis del origen fortuito, casual, del Covid19 fue convenientemente fogoneada a comienzos de la “era covid” –más oportuna imposible– con una carta firmada el 19 de febrero de 2020, por 27 científicos en la prestigiosa revista médica The Lancet que afirmaron rotundamente, con aire de “cruzados”, que se unían “para condenar enérgicamente las teorías de la conspiración que sugieren que COVID-19 no tiene un origen natural” y concluían sin ninguna duda, ni metódica ni científica, que “este coronavirus se originó en la vida silvestre».

 

REAPARECE EL BIOWARFARE

Han pasado más de dos años. Ahora, mediados de 2022, con la pandemia aparentemente en nítida regresión, tenemos el testimonio de Jeffrey Sachs, que preside, precisamente la comisión editorial  de  la misma The Lancet que está a cargo del asunto pandemia y que es probablemente la principal revista científica del mundo (y no precisamente por su edad cuasi bicentenaria), quien califica a la pandemia como “un error garrafal de la biotecnología”, “no un accidente de un desbordamiento natural”. Con semejante calificación, reaparecen en escena los laboratorios estadounidenses dedicados al biowarfare, la continuación de la guerra por medio de la biología sintética, elaboración de formas de vida con diseño a cargo de humanos, que varios autores habían entrevisto desde el mismísimo comienzo tan peculiar de la pandemia,[1] y ratificara en su momento el referente Wade.

En rigor, Sachs verifica lo que ya entendíamos como más plausible los que no quisimos confiar en los dictámenes de la ciencia oficial, cuyos muy interesados malpasos vienen desde hace mucho. El comercio siempre fue mal consejero de la salud, pero los intereses y la perspectiva de poder, aumentaron con botas de siete leguas con la biología sintética; elaboración de formas de vida manipulada y diseñada por el hombre.

El biowarfare no fue invento de los yanquis, por más que hayan sido sus principales cultores tras la 2GM; en realidad responde a todo sistema de poder, para acompañar ese ejercicio desde los laboratorios, con la ciencia aplicada. La “Gran Guerra” (como se llamó a la de 1914-1918) se hizo mucho desde la química; tras la 2GM, HAARP fue un intento de aplicar meteorología y física a la guerra y a la lucha contra “enemigos”.

El virus mortal, “no se produjo de forma natural” (véase mi vetusta nota  “COVID-19: miedo, calidad de vida, pánico, profilaxis… extraño bamboleo”, 20 marzo 2021).

Hemos vivido este tiempo, advirtiendo la enorme concentración de poder, desde el Big Pharma en medio de una lógica ignorancia generalizada (de cómo actuar ante un problema nuevo) y desde la OMS, con un mecenazgo medieval remozado en pleno siglo XXI, y cómo los mensajes de estos emisores investidos del papel de “la ciencia”, han estado modelando a través de copiosos medios de incomunicación de masas, las imágenes habituales y más trilladas, basándose en el miedo y en nombre de la ciencia.

Aunque los medios de incomunicación de masas han optado sistemáticamente por acallar las voces discordantes o escépticas a la política establecida con la pandemia decretada por la OMS, la sospecha de motivos crematísticos para impulsar una rápida y extendida vacunación ha subsistido como una sombra a la apuesta casi exclusiva a la vacunación para recuperar salud ante el Covid 19.

 

CIENCIA Y CREENCIA

Nuestra cultura actual se caracteriza por un alto desarrollo científico y, a la vez, por una alta confianza y creencia en la ciencia. El primer rasgo abre las mentes; el segundo las cierra. En nuestro presente existen ambas actitudes; la de investigación y duda ante problemas nuevos y sobre todo sus soluciones (necesariamente nuevas), y la creencia ciega en la ciencia. Esto último, realmente no es ciencia; incluso esa creencia puede ser penosamente anticientífica. Y es sobre estas creencias que organizaciones con poder ideológico conquistan “las almas”, la confianza en amplios sectores sociales.

Y la combinación de creencia en la ciencia y miedo se ha demostrado decisiva y muy difícil de apelar.

VOLVAMOS AL CAPÍTULO URUGUAY

Ante la extraordinaria intimación dispuesta en nuestro país por el juez Alejandro Recarey, dado el cúmulo de factores sociales e ideológicos que hemos sucintamente reseñado, la  reacción no se ha hecho esperar. Una Santa Alianza de frenteamplistas y multicolores se ha lanzado, proclamando la defensa de la ciencia (en rigor, la defensa de la creencia en la ciencia).

Ciencia que en ningún momento el juez ha cuestionado en sus actos. Más bien al contrario, el juez está, con su veredicto, reclamando más ciencia, no menos, en el peculiar trámite de esta pandemia con tantos interesados.

“Un juez de Uruguay decidió este jueves ‘la suspensión inmediata’ de la vacunación contra el coronavirus a niños menores de 13 años, hasta que se conozcan los contratos entre el Estado y la farmacéutica Pfizer y la ‘composición de las sustancias’ contenidas en el medicamento.” (Montevideo, AFP, 7 jul. 2022)

Recarey tomó la determinación tras un pedido de amparo para “suspender la vacunación a niños”.

Obsérvese el lenguaje con que había sido aprobado por el gobierno, con el presidente Lacalle y su ministro Salinas al frente, la vacunación para menores: habían dispuesto “la inoculación de la vacuna a niños, prevista en el país a partir de los 5 años de edad, aunque de forma voluntaria.”

Lenguaje melifluo, si cabe. Se dice al final que es voluntaria pero con el peso de todos los condicionamientos mediáticos, ideológicos, profesionales, médicos, sanitarios, se le hace muy difícil a la población supuestamente en riesgo declinar el uso de una vacuna prácticamente legitimada por el apuro.

Nos tenemos que alegrar que el presidente, con su profesión de fe liberal no pretenda inoculaciones obligatorias o forzosas, pero sabemos que en nuestro país, el apego a la legalidad, cierta confianza en las autoridades y la ignorancia que campea ante algo inesperado y desconocido (al menos para la generalidad de la población planetaria, aunque haya habido sectores selectos, muy minoritarios, que parecían estar muy al tanto de lo por venir.[2]

La suspensión en nuestro país, dispuesta Recarey, comunicada en su fallo emitido el 7 de julio, estará vigente hasta que «se publique o publiquen íntegros […] todos los contratos de compra de estas vacunas» y los documentos que «detallen la composición de las sustancias a inocular«, reza la resolución.

Chocante es tener que recordar, una vez más que las trajinadas vacunas fueron aprobadas sin tener en cuenta tales recaudos.

Sin embargo, la precautoria decisión del juez sigue siendo impugnada. Uno de los cuestionamientos gubernamentales es que no ha sido imparcial. Como si se tratara de un arbitraje futbolístico, ¿a qué viene lo de imparcial en la cuestión de vacunar con vacunas que ni siquiera la OMS considera aprobadas y al menos por ahora ni siquiera aprobables? Como con los embarazos, no se puede estar “un poco con embarazo y un poco no”; no se puede plantear que no se sabe qué ingredientes tiene la vacuna, pero son un poco aprobados y otro poco no.

De todos modos, el juez tuvo que salir a defender su conducta, expresando que  “no se involucra en discutir aspectos científicos” ni en “la necesidad o conveniencia de la vacunación a menores”. Algo que ya podía leerse así en su dictamen.

El juez ha alterado la tranquilidad burocrática del gobierno, cierta impunidad en sus actos. Nos parece saludable.

Recarey nos recordó que “ningún gobierno puede firmar contratos secretos, en el desconocimiento de la opinión pública”, con lo cual su dictamen excede, políticamente, y con acierto, el estilo de los gobiernos que ha tenido este país firmando a espaldas de la población convenios y acuerdos que llaman la atención por la hipoteca que significan para el futuro de los orientales o uruguayos. [3]

También destaca que no atender el principio precautorio, atenta contra el futuro de individuos, muchos hoy menores de edad. Y establece, o mejor dicho nos recuerda un saludable principio, de no estar atado a la versión del fabricante comercial, bajo el especioso argumento de la confianza científica (Pfizer, por ejemplo, está incurso en una serie de delitos  en su producción farmacéutica, que han sido conocidos gracias a escándalos sanitarios y a periodismo de investigación, lo que nos obliga a desconfiar de todos sus “aportes”, de todos sus compromisos, programados para escamotear todo control público de sus  acciones, como, por ejemplo, el uso despiadado de conejillos de Indias humanos pertenecientes a la periferia planetaria, a “los nadies” (práctica generalizada en grandes laboratorios, no es monopolio de Pfizer, que conocemos por haberse judicializado).

Tenemos que alegrarnos que en nuestro pequeño país haya surgido una conciencia crítica y actuante al respecto.

[1]   La primera noticia mundial de Covid 19 se registró, ya con varios casos en Wuhan, ciudad multimillonaria china; un segundo brote, semanas después, en Teherán, la capital de Irán y un tercer brote poco después, en el norte de Italia. ¿Continuidad geográfica que habilte la hipótesis de contagios en cruces fronterizos? Igual a cero. Lo único común que a fines de 2019 y principios del 20 alcancé a ver, buscando unir semejantes casos fue el itinerario diseñado por China para su proyecto de Ruta de la Seda; una globalización terrestre de origen chino de este a oeste, con destino final en Europa Occidental. Otro aspecto que lleva a pensar en causas humanas, demasiado humanas, de la peripecia china con Covid 19 es que precisamente en años previos, China sufrió una seguidilla de trastornos con enfermedades de origen desconocido en sus enormes planteles de pollos, cerdos y otros animales domésticos que constituyen alimentos básicos de la dieta del país. Cuesta creer en casualidades, y menos si son permanentes…

[2]  Pocos meses antes de declarada la pandemia con alcance universal, estos advertidos habían hecho un simulacro para ver cómo actuar ante la ”inminente” pandemia, que, efectivamente la OMS declarara muy poco después (el simulacro de OMS fue de octubre 2019; la pandemia se oficializó en marzo 2020, pero los primeros rastreos de casos la llevaron a diciembre 2019). Llama poderosamente la atención la contigüidad.

[3]  Apenas un par de ejemplos, amén del firmado por el actual presidente con Pfizer, para advertir que se trata de un estilo gerencial en que nuestros gobiernos no se deben a la población sino a los consorcios transnacionales en cuyo beneficio se dictan convenios y acuerdos totalmente inaceptables desde el punto de vista de la vida de la población y de las formas democráticas: acuerdo de presidencia (Lacalle) con Katoen Natie para el uso de nuestro puerto principal por 60 años asegurados de antemano; acuerdo de presidencia (Vázquez) con UPM por 30 años implantándose en una superficie cada vez mayor de un territorio escaso, como el nuestro; resoluciones todas ellas tomadas al margen de sentires y conocimientos de la población.

 

Publicado en Destrozando el sentido común, Medios de incomunicación de masas, Salud. Y enfermedad, Sociedad e ideología, Uruguay

El mundo empresario abandonando el diálogo humano

Publicada el 12/07/2022 por ulises

UN FENÓMENO DE NUESTRO TIEMPO

por Luis E. Sabini Fernández

  1. Toca la campanilla del teléfono fijo. Levanto el auricular y oigo una cantinela repetida innumerables veces: (mensaje de la empresa que gestiona los que adeudan a EDENOR: ofrecen un número telefónico 5296 3230, pero no responde voz humana viva).

Los titulares y habitantes que habitamos con este número de teléfono no tenemos deuda alguna con EDENOR.  Lo afirma EDENOR por internet. Luego de reiterados avisos, todos iguales, grabados, caímos en la cuenta que quien tuviera antes este número de teléfono o este domicilio debía tener una deuda con EDENOR.

Pero los cobradores no rastrean; solo de limitan a dejar la recordatoria, por lo visto sin preocuparse en recoger ni un dato siquiera.

Una falta de diálogo ensordecedor.

Tiempo insumido para atender algo inconducente: un par de minutos cada vez, unas veinte veces: alguna hora, y al comienzo, un buen devaneo procurando dar con la deuda; porque estos mensajes siempre apuntan a un remiso, un culpable, un deudor, un incapaz, un ineficiente…

 

  1. He intentado ingresar al sitio-e VTV innumerables veces. Perdí la cuenta. Quince, tal vez diecisiete…

Cuando me pregunta –la pantalla inteligente– si tengo un código, como se trata de una revisita y me entregaron todo un relevamiento con código, digo que sí. Lo pongo y la pantalla –inteligente– me informa que ese código no coindice con los datos precedentes que acabo de dejar.

Como tengo un único auto, ya con décadas y hasta ahora siempre habían sido los mismos datos, bastante sencillos, tres letras, tres cifras, abandono el código y procuro entrar como si fuera por primera vez.

Este minuet y pasos similares es lo que llevo haciendo más de una docena de veces.

En otro de esos embates no reconoce mi corr-e, la pantalla me hace ir atrás, vuelta a empezar. Cuando transcribo el código recibido en otro artefacto-e (porque si cometo el “error” de abrir otra pantalla en el mismo monitor –el de mi corr-e– para extraer el código clave recién enviado, la pantalla VTV hace mutis… y no vuelve más, la pantalla entonces incorpora el dato que traigo del celular, ¡aleluya!; sin embargo al avanzar un par de casilleros, bruscamente se borra todo lo consignado… y vuelta a empezar.

Tiempo insumido a quien esto escribe: varias horas, tal vez una o dos jornadas de trabajo. 8 o 16 horas.

Tiempo multiplicado de los solicitantes a los que les pasa algo similar. Una sobrecogedora  cantidad de tiempo perdido. No solo tiempo perdido. Nervios ganados, tensiones intensificadas…

 

Como dice Byug-Chul Han nos hallamos en “la sociedad del cansancio”: todo el mundo agotado de gestiones para el teléfono, el auto, la administración de la vivienda, de los dinerillos, poco contante, que debemos llevar a adelante ante nosotros mismos… y el asistente-e, es decir, ante nosotros mismos.

¿Qué significa?

Dimensionemos e invoquemos los escamoteados costos.

El mundo empresario ha suprimido seres humanos que hasta hace relativamente poco dialogaban con la clientela para llevar adelante las diversas gestiones. Así se han ahorrado un costo laboral alto.

Y a los particulares, esos átomos del mercado que ocupamos el lado comprador, consumidor, dependiente, han tomado, se le ha asignado la tarea de avanzar trámites, situaciones, necesidades, problemas, sin diálogo alguno con la otra parte del “mercado” en un curioso, perturbador avance “a solas”, pero digitalizado.

El diálogo, entre humanos  en relación con las corporaciones y grandes unidades económicas, ha sido reducido a su mínima expresión (y algunas empresas parecen haber logrado “el éxito” de eliminarlo completamente) lo cual redunda en una gigantesca transferencia de costos de la empresa a la sociedad donde dicha empresa “brinda” sus servicios.

Todo ello aderezado de una campaña de brainwashing para persuadirnos que todo es ganar-ganar y que ello ayuda a mejorar la sociedad.

La lesión, el menoscabo producidos al tiempo de “la gente” se ignora (porque generalmente no se valúa; no se lo estima, dicho esto último en sentido literal).

Vale la pena comparar estos adelantos tecnoideológicos generalmente presentados como bendición digital, propios de las empresas “más avanzadas”, con aquellos servicios que han mantenido o han tenido que reponer el diálogo entre las dos partes, como los CGP de CABA en Buenos Aires, no sabemos si por la sobrecarga de población de la tercera edad en ese territorio u otro motivo– pero los trámites allí funcionan con envidiable fluidez.

¿El método? Sencillamente llega el habitante, sin cita previa, ni conseguida por celular, ni por computadora o ni siquiera por haber venido a buscar un numerito, la recepción le pregunta el motivo de la visita, recibe un número del  área acorde, aguarda y quien lo atiende toma sobre sí la tarea de conseguir lo que el “vecino” solicita.  Como los operarios de los distintos servicios municipales están entrenados y duchos, en minutos se consigue la fecha de casamiento, la renovación del carné de conducir, el permiso solicitado.

¿Por qué el mundo empresario se desvincula de un servicio al cliente en pleno proceso de computarización forzosa? Una situación impensable hace pocos años, porque habría ido en detrimento de la empresa. Pero no es el caso ahora. Enancados en la marea de adelantos tecnológicos, el ciudadano común se siente débil al no poder satisfacer la demanda. Prefiere gastar, malgastar su tiempo, para “salir del papel de primitivo”.

Los cálculos e intereses empresarios pueden desatender el tiempo y la calidad del tiempo de “la gente”, pero la sociedad no debería dilapidar ese tiempo social, cientos o miles de veces mayor que el que tendría que insumir una atención eficiente de “los trámites”·.

Para mover esta situación de frustración, tendría que actuar una masa crítica, que exprese el daño, el malestar, la resistencia a las estrategias dominantes y normalizadas, “por la razón o la fuerza”.

Pero si aguantamos dócilmente las decisiones como si fueran de Su Majestad, que rigen nuestra vida cotidiana, seguiremos “en el mejor de los mundos” (a lo sumo esperando que el sobrino gamba te dé una mano, que la hija que vive en otra ciudad (a veces en otro país, en otro continente) pueda arrimarse y ayude a desentrañar vericuetos digitales aunque sea a fin de año…

 

Publicado en Cultura dominante, Destrozando el sentido común, Uruguay, Vida cotidiana

MUERTE DE SHIRIN ABU AQLEH – De versiones mediáticas y sus objetivos político-ideológicos

Publicada el 28/06/2022 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

El asesinato de una periodista conocida en su ámbito laboral y político reveló implicancias políticas e ideológicas y desnudó, una vez más,  un modus operandi en este caso de los poderes que procuran regir destinos de otros.

Ana Jerozolimski, que se presenta como periodista, pero que bien podría ser, por su afinidad e identidad, funcionaria diplomática israelí, publicitó el asesinato de la periodista palestina Shirin Abu Aqleh como probablemente cometido por palestinos.

Cito: “El Ministerio de Salud de la Administración Nacional Palestina no se basó en ningún reporte médico, pero decidió que la había matado Israel. Y de allí empezó el coro ya conocido y nada sorprendente de acusación explícita a Israel, a ‘la ocupación’, a ‘los sionistas’ y demás.”

″Puede no sorprender cuando se trata de informaciones de fuentes árabes en general y palestinas en particular, pero es especialmente lamentable que lo determinen también agencias de prensa internacionales que tal como sucede muy a menudo, simplemente repiten las versiones palestinas. Lo vimos claramente en la cuenta de Twitter de AFP.”

″Ahora, a los hechos.

″En un video difundido por Avichai Adraee (se pronuncia Avijái Adraí), portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel en árabe, se ve claramente que un palestino armado dispara en forma indiscriminada hacia un callejón en el campamento de refugiados Jenin. «De acuerdo a estimaciones preliminares, eso resultó en la muerte de la periodista Shirin Abu Aqleh», escribe el portavoz israelí. Y explica. ‘Se vanaglorian de haber matado a un soldado, pero nosotros lo negamos’. Ningún efectivo israelí fue muerto en el operativo en cuestión, destinado a detener sospechosos de estar planeando atentados terroristas en Israel.″

″En el video se oye a un palestino gritando ¡Le pegamos a un soldado! ¡Está tirado en el suelo! Pero el hecho es que no había ningún soldado, ya que el ejército confirmó que ninguno de sus hombres había sido alcanzado por las balas. ¿Entonces? Al parecer esa podría ser la periodista de Al Jazira.

″Luego, en otro video publicado muy poco después, se ve a palestinos acercándose a alguien que yace en el suelo. Uno grita, hablando en masculino, ‘levántenlo’, pensando al parecer que era el soldado [israelí]. Pero luego corrigen al ver que es una mujer.”

″El portavoz militar en árabe reveló que Israel ofreció llevar a cabo una investigación conjunta y una autopsia pero los palestinos se han negado, y pregunta retóricamente por qué: ‘Quizás se niegan para intentar esconder la verdad’, resumió.”

″A esto, Adraee agrega ‘nuestro profundo pesar por la muerte de la periodista Shirin Abu Aqleh, con quien hemos estado trabajando a lo largo de los años’, señalando que ‘damos mucha importancia a la libertad de prensa y trabajamos para respetarla y protegerla’.”

Escrito por AJ el 11 de junio de 2022.

Días después, las conclusiones de la comisión designada por la ONU para investigar esa muerte dictaminó:

“Los disparos que mataron a Abu Akleh e hirieron a su colega Ali Sammoudi provinieron de las fuerzas de seguridad israelíes y no de disparos indiscriminados de palestinos armados”, ésta es la conclusión de la investigación realizada por Naciones Unidas sobre la muerte de la periodista Shirin Abu Aqleh (cit. p. Mikel Ayestarán, corresponsal de El Correo,  Bilbao, 24 junio 2022).

Dice Ayestarán, más adelante: “Ravina Shamdasani, portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, aseguró en el transcurso de la presentación del informe que en la zona «no había actividad de grupos armados palestinos» y que «se dispararon varias balas hacia los periodistas desde […] las fuerzas de seguridad israelíes».”

La investigación del organismo internacional recoge que los soldados siguieron disparando contra un hombre desarmado que acudió a socorrer a Abu Aqleh. Una situación que se puede ver en las imágenes grabadas por los reporteros. En opinión de la comisión  de la ONU es «muy preocupante que las autoridades israelíes no hayan llevado a cabo una investigación criminal».

El régimen israelí no se ha inmutado. No se ha abierto sumario. No ha encarado ubicar al responsable; más bien todo lo contrario. Prosigue Ayestarán:

“Israel apuesta por la ambigüedad y mantiene como versión oficial que «Abu Aqleh no recibió un disparo intencional de un soldado» y que «no es posible determinar si fue asesinada por un miliciano palestino o por un soldado».”

 

Ya con los hechos aclarados por la investigación de la comisión internacional –cuyo dictamen ha coincidido con los de dos comisiones periodísticas enviadas por The New York Times y Washington Post– entiendo que la “interpretación” que transcribimos inicialmente de AJ, merece un examen por sí misma.

Recordemos la fábula acerca de todos los lugares donde se “veía” a Sergio Maldonado desaparecido en Argentina hace cinco años. Cruzando una carretera, manejando una moto… llegaron a visualizar un  poblado donde todos se parecían a Sergio o más bien, todos eran Sergio, quien a esa altura ya estaba muerto, matado, a recaudo de la Gendarmería argentina, que estaría evaluando cómo podrían “socializar” esa muerte.

Releamos la versión israelí:

  • “El Ministerio de Salud [palestino] no se basó en ningún reporte médico, pero decidió que la había matado Israel” Tras semejante afirmación, la queja autovictimizante: “agencias de prensa internacionales, como sucede muy a menudo, simplemente repiten las versiones palestinas. Lo vimos claramente en la cuenta de Twitter de AFP.” ¡El mundo mediático apoya a los palestinos!: ¡eso sí que es un notición mundial!
  • “Ahora, a los hechos”, apostrofa AJ, con lo cual sin querer nos dice que su fraseo anterior sería “verso”, y sigue rauda: “En un video difundido por [el] portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel en árabe, se ve claramente que un palestino armado dispara en forma indiscriminada […]”
  • «De acuerdo a estimaciones preliminares, eso resultó en la muerte de la periodista Shirin Abu Aqleh», escribe el portavoz israelí. Y explica: «Se vanaglorian de haber matado a un soldado, pero ningún efectivo israelí fue muerto.”
  • «Se oye a un palestino gritando» ¡Le pegamos a un soldado! […]. Pero el hecho es que […] ejército confirmó que ninguno de sus hombres había sido alcanzado por las balas. […] podría ser la periodista de Al Jazira.
  • «[…] en otro video publicado […], se ve a palestinos acercándose a alguien que yace en el suelo. Uno grita, hablando en masculino, «levántenlo”. Pero luego corrigen al ver que es una mujer.”

Observemos la retahíla de hechos: todos confluyendo al asesinato de Shirin Abu Aqleh por descuido y desorden violento de palestinos. Que ni saben a quienes matan. La figura del palestino sigue siendo la que legitima una colonización civilizadora. Los palestinos son descritos como tozudos e irracionales.

  • El portavoz militar, que habla en árabe nos revela que “Israel ofreció llevar a cabo una investigación conjunta y una autopsia, pero los palestinos se han negado y pregunta retóricamente por qué. Aquí, la deducción sherlokholmiana: «Quizás se niegan para intentar esconder la verdad». Bingo.

Y luego, faltaba más, la mostración de más buenos sentimientos; el toque   emotivo, de despedida, lacrimógeno:

  • ‘nuestro profundo pesar por la muerte de la periodista Shirin Abu Aqleh, con quien hemos estado trabajando a lo largo de los años’, […].
  • Y el remate de la defensa irrestricta… ‘damos mucha importancia a la libertad de prensa (que no es la de expresión) y, remata con el humilde autobombo: ‘trabajamos para respetarla y protegerla’.

Como corolario de estos simulacros informativos que hemos procurado desgranar, nos llama finalmente la atención la impunidad con que alguien llegue a firmar los párrafos transcritos y no tenga necesidad de hacer la menor rectificación, pedido de disculpas, a la luz de lo ya dilucidado./

Publicado en Destrozando el sentido común, Medios de incomunicación de masas, Palestinos / israelíes

La indignación de los ofensores

Publicada el 24/06/2022 por ulises

Enfoque israelí ante el balazo mortal sobre Shireen Abu Aqleh

por Luis E. Sabini Fernández / 30 mayo 2022

En cinco días, una conocida periodista israelí o sionista radicalizó su discurso, mostrando un extraordinario ritmo acompasado a las necesidades de imagen de sus mandantes.

Como no se trata de nada personal, entiendo que ni siquiera es necesario identificarla con nombre y apellido; y apenas citaré sus afirmaciones, cláusulas, literalmente.

Queda clara la secuencia: el miércoles 11 de mayo una periodista palestina (a ella sí la nombro), Shireen Abu Aqleh, fue literalmente asesinada con un disparo detrás de la oreja sorteando así el casco protector que junto con un chaleco antibalas con cartel de “Prensa” llevaba todo el tiempo en su exigida tarea de atender frentes de violencia que en Palestina se suceden casi ininterrumpidamente desde hace más de un siglo.

La periodista que estamos comentando consideró que no había elementos para “determinar quién le disparó”.

Efectivamente, no se reconoció la fuente del disparo (y hasta podríamos llegar a la conclusión que ni siquiera el reconocimiento de la bala decisiva podría darnos el origen). Pero sí sabemos algo: que las tropas israelíes en Yenin, el lugar de la muerte, contaban con francotiradores, extraordinariamente especializados en poner la bala, exactamente donde deciden: se necesita una capacitación mayor para alcanzar el cráneo, en la forma lograda en este caso (ante las Marchas por la tierra de palestinos desarmados, 2018, este cuerpo de francotiradores recibió la orden de no alcanzar con sus disparos ingles sino tobillos. Y lo cumplieron: véase mi nota “Brutalización y escamoteo; dos momentos de un único comportamiento israelí”, 18 mayo 2022).

Nuestra autora se dedica luego, en esa misma nota del 11 de mayo, a lo que en la jerga de las sospechas se califica “cantar errado”: no se sabe oficialmente de donde provino la bala, pero… por los dichos escuchados en un pasillo, por exclamaciones de un “palestino”, sabríamos que el portavoz de las fuerzas israelíes habría recogido los festejos palestinos vanagloriándose “de haber matado a un soldado”.

Como esos mismos voceros saben que no tienen ningún muerto… la conclusión es obvia: lo que cuentan y festejan como soldado israelí matado ha resultado la periodista palestina… matada. Cuentas sencillas: sumas y restas de un solo sumando.

Y de paso, verificamos que estos atolondrados palestinos ni siquiera saben sumar o restar.

La funcionaria mediática remata caballerescamente su nota recogiendo todo el pesar que el portavoz de las fuerzas militares israelíes que atiende el frente árabe, el oficial Avichai  Adraee, dedica a la muerte de la periodista palestina “con quien hemos estado trabajando a lo largo de los años”.

Como para desmentir tanta bondad modelo Public Relations, pocos días después, los mandos israelíes empezaron a dejar entrever que Shireen Abu Aqleh podría haber sido efectivamente alcanzada por una bala israelí…

 

Y tras tan injusta como abusiva muerte, sobrevino el entierro. Con los recursos técnicos actuales, pudimos presenciar escenas pesadillescas de soldados israelíes golpeando con cachiporras o pateando rodillas o tobillos de los portadores del féretro, que se bamboleaba peligrosamente, y que no llega a estrellarse contra el suelo por la tenacidad y el número de brazos que lo sostenían.

Y aquí sí, se despliega el celo de nuestra guardiana ideológica. En una segunda nota suya, del 16 de mayo, advertimos la incomodidad que le provoca el tener que ver el abusivo papel de la policía o los militares israelíes en el entierro (¿existe una mirada propiamente palestina, que distinga entre policías y militares israelíes?).

Acusa entonces a “terroristas palestinos” de oportunistas: “Quedó claro de inmediato que los palestinos no desperdiciarían la tragedia […]”. Ya antes nuestra perspicaz notera había advertido: “debe tenerse claro que no fue víctima de un asesinato sino de  su propio trabajo”, una sibilina forma de achicar la responsabilidad de los autores materiales.

Su conclusión sigue la misma estrategia: acusar a los palestinos cuando hacen o cuando no hacen. “Estuvo claro de entrada que convertirían a Shireen y su muerte en un mito.” Aquí no hay dolor. No hay indignación ni memoria ante todo lo que la misma Shireen llegó a denunciar hace pocos años, acerca de una más que preocupante cantidad de periodistas palestinos muertos, matados (se estima una veintena sólo a lo largo del siglo XXI) cubriendo situaciones que irritan al Estado de Israel. Esas observaciones, provenientes del trabajo a la intemperie de Shireen ni siquiera asoman en las que hace nuestra periodista oficial u oficiosa del Estado de Israel. Ni pueden asomar, claro.

Hay un informe, muy reciente (casi diríamos demasiado, por cómo se vincula cronológicamente con el balazo a Shireen Abu Aqleh), de abril 2022, presentado por la Federación Internacional de Periodistas,  el Sindicato Palestino de Periodistas y el Centro Internacional de Justicia para Palestinos, a la CPI (Corte Penal Internacional) cuya fiscal titular, la jueza  Fatou Bensouda, recibió y le dio entrada.

Obsérvese el lenguaje de un vocero militar israelí, que seguramente no debe haber leído la amanuense israelí que estamos glosando, cuando se refiere a la actividad de Shireen Abu Aqleh, matada y Ali-al Samudi herido en la espalda: “venían armados con cámaras, si se me permite decirlo así.” (cit. p. James Zogby The Nation, 15 mayo 2022).

Esta misma nota nos recuerda cómo Israel pone su máquina propagandística en marcha para no atender los hechos, la realidad). Y nos revela además la relevancia de Shireen: que “traía a la luz historias de individuos y familias sobrellevando la indignación, el dolor y la injusticia de la ocupación israelí. Por ello constituía un peligro mayor para los israelíes que cualquier individuo armado podría constituir. Ella ponía en entredicho la narrativa deshumanizante que reduce a los palestinos a objetos sin rostro.” (ibíd.)

Shireen Abu Aqleh ha estado documentando los crímenes de guerra de los Israelíes en la Palestina ocupada. ‘Ella misma encarnaba la humanidad palestina diciéndole la verdad al poder establecido.’

La funcionaria sionista apela al orden y el control; típicos recursos del poder establecido: “Los planes para la procesión fúnebre de Shireen Abu Aqleh fueron coordinados de antemano por la Policía israelí con la familia.”

La mera exhibición de tales planes revela la importancia que tenía para Israel despolitizar radicalmente la tragedia. Que la muerte quedara solo para el dolor de sus deudos. Pero semejante muerte, de una periodista tan significativa, que se suma a las decenas de periodistas palestinos matados en situaciones de conflicto, excede totalmente ese marco “familiar”, diseñado por la policía israelí.

Y lógicamente resulta inaceptable a buena parte de palestinos.

Nuestra periodista prosigue su crónica: “El viernes, unos 300 revoltosos llegaron al hospital Saint Joseph de Jerusalén e impidieron que miembros de la familia cargaran el féretro en el carro fúnebre para viajar hacia el cementerio, tal como había sido planeado y coordinado con la familia de antemano.” Se produce así “una procesión no planeada hacia el cementerio, a pie. Eso contradecía los deseos de la familia Abu Aqleh y la coordinación de seguridad que había sido planeada.”

Esa diferencia entre revoltosos y deudos es sin duda lamentable. Pero no le corresponde a la policía israelí dilucidarlo.

Nuestra vocera del estado israelí prosigue reproduciendo, según dice, la versión policial:

“La Policía intervino para dispersar a la turba e impedir que se llevaran el féretro, y para permitir que el funeral procediera como estaba planeado.” Por la policía israelí, agrego, aunque ella remata esa frase con un “de acuerdo a los deseos de la familia”, que resultaría enternecedor si no mediara el interés por cuidar la imagen del Estado de Israel.

Nuestra autora se empeña en criticar los “objetivos propagandísticos”. Pero en sus afanes y ofuscación, desaparece la política real de Israel, que sintetizara tan clara como cruelmente su reciente premier, el millonario Naftali Bennett: “He matado muchísimos palestinos ¿y qué problema hay?” Trivializando la muerte violenta de un palestino, equiparable a sacar algo molesto de en medio, como un perro sarnoso, un trasto desvencijado.

Porque para Israel y en general para los israelíes, la vida palestina no vale nada. O muy, muy poco.

Y eso resiente. A cualquier sociedad así discriminada (pero daña también, y no alcanzamos a saber en qué magnitud, a la sociedad discriminadora).

El autor del semanario neoyorquino que ya hemos citado, James Zogby, recuerda que Shireen Abu Aqleh documentó durante 25 años los crímenes israelíes de guerra en territorios palestinos para la cadena periodística qatarí. Y que ella misma encarnaba la humanidad palestina hablando de lo verdadero ante el poder.

Tras el asesinato, la cadena Al Jazeera informó que Shireen estaba cubriendo un arresto de la policía israelí cerca de la puerta de entrada al campamento de Yenin cuando fue asesinada. Al dar el balazo en la única parte de su cabeza que no estaba protegida por su casco, se muestra claramente la intención de acabar con ella.

Como junto con la descalificación a las acciones de palestinos, la vocera israelí que venimos glosando combina despolitización sistemática y presunta ecuanimidad, se hizo eco de la oferta de la policía israelí de formar una comisión investigadora entre palestinos e israelíes.

Tal vez ofertas de este tipo calmen  la mala conciencia de judíos con escrúpulos, pero hasta B’TSelem –una red israelí de defensa de derechos humanos– desechó lo de tal comisión conjunta. Es impensable un trato ecuánime entre palestinos –cualesquiera que ellos puedan ser– y autoridades israelíes.

Hay que saber que palestinos han reclamado una investigación internacional, menos satélite a poderes israelíes, para examinar los hechos.

La inefable defensora de derechos israelíes y palestinos afirma: ”Los palestinos son campeones de la propaganda.” [sic!]. Esto lo afirma una integrante del formidable aparato mediático judeoisraelí. Que dispone de los más cuantiosos medios materiales para difundir sus mensajes en tantos, tantos sitios. Compárese cómo se compare. Por líneas de texto, por minutos de audio: basta verificar la resonancia de los mensajes de Israel con la de los de esa colectividad “en vías de desaparición”, a que nos referimos como “los palestinos”.

En el mundo al revés presentado por esta comunicadora oficial, entiende que existe “una tendencia a juzgar a Israel en forma distinta a como se juzga a los demás.” Lo cual es cierto. Pero no como sostiene el cuadro sionista que estamos citando, sino exactamente al revés. Porque muchos privilegiados asumen como normal y correcto, poner en vereda a los levantiscos, a los pobres, a los que no son la crema de una sociedad. Por eso la admiración de Anders Behring Breivik por Israel, admiración que sin duda le ha permitido seguir los pasos del citado Bennett, con su propia “proeza” de matar una setentena de seres humanos (mayoría de origen árabe, valiéndose del recurso de matar a traición al único guardia armado, noruego, en la isla con un acampe juvenil socialdemócrata, que arrasó a tiros (provisto del arsenal que traía consigo).

Por como presenta el cuadro de situación nuestra titular mediática israelí, advertimos que también declara sentir “asco. La hipocresía de tantos sencillamente da asco”: nos recuerda que víctimas de terroristas palestinos han sido asesinados y que tales víctimas “no fueron a sabiendas a una zona de guerra, no tenían chaleco antibalas ni casco.”

Una meliflua traslación de responsabilidades hacia los asesinados (palestinos)… Que por algo iban tan cubiertos y protegidos…¿agazapados? Este método de responsabilizar siempre al otro me recuerda a Golda Meir cuando acusó a jóvenes palestinos porque se hacían matar por jóvenes judíos, militarmente muy bien preparados.

Respecto a “zonas de guerra”, con la carga de atrocidades que evoca semejante concepto, me permito recordarle a periodista tan versada en la cuestión palestino-israelí que hay quienes sostienen que Israel es territorio en disputa, tanto entre israelíes como entre palestinos. O sea, hay una explicación histórica por la cual el territorio israelí es “zona de guerra”.

Y cuando semejante directora de semanario remata su segunda nota: “Esto hay que pararlo.” [atentados de palestinos contra israelíes], la pregunta que me hago: ¿Y el avasallamiento con muertes à la Bennett, seguirá como hasta ahora?

Publicado en General

URUGUAY: La peculiar muerte de Yamandú Rodríguez

Publicada el 24/06/2022 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Una muerte acompañada de demasiados interrogantes y “desprolijidades”.

Su hija es informada desde la iglesia metodista en que su padre trabajaba, que la policía ha notificado que su padre murió de un paro cardiorrespiratorio.

Empezamos mal. El paro cardiorrespiratorio nunca, o casi nunca es causa de muerte (si se asfixia al occiso con una almohada, por ejemplo, entonces sí); es su consecuencia.

La hija concurre al reconocimiento del padre y percibe contusiones en su rostro, por lo cual pide caratular una denuncia por rapiña, que, curiosamente, no puede llevar adelante.

Porque la policía le aclara que el médico forense ya certificó su muerte (eso del “paro cardiorrespiratorio”) y con inmenso afán resolutivo encaminó todo el trámite de defunción.

¿Encaminado a qué, y cómo, y por qué? habrían sido las preguntas inmediatas. ¿Acaso el médico forense o la policía ya sabían  que no fue rapiña?

El muerto era activista prominente de «Hermandad Pro Derechos Humanos» que actúa buscando esclarecer y combatir el tráfico de personas, el proxenetismo.

Viuda e hijo del occiso presentan una denuncia policial en comisaría (3a.) por haberse dispuesto el entierro sin autopsia. Como si hubiese algún deliberado apresuramiento.

La comisaría no les entrega copia de la solicitud; apenas “un trozo de papel con un número” (supongamos de expediente), explican los consternados deudos.

La Hermandad por Derechos Humanos quiere saber qué pasó. Quien ahora aparece muerto había recibido amenazas de muerte y hace precisamente medio año se le había incendiado por completo su vivienda. Con lo cual cualquiera no necesita ser mal pensado para preguntarse ahora la causa de muerte.

La Hermandad entonces toma contacto con el director de Convivencia Ciudadana del Ministerio del Interior explicándole que los deudos han reclamado una autopsia por un entierro que consideraron prematuro. El director de Convivencia les aclara que no figura denuncia alguna ni consiguiente pedido de autopsia.

Dada la gravedad de las omisiones que la viuda y el hijo ven que se acumulan, le piden al director que, en el velorio, vea por sí mismo el cuerpo del occiso.

Santiago González, el director ministerial, puso allí en juego, ya que no la empatía ni la sensibilidad, sus dotes jerárquicas, aclarándoles que no era su función.

Los deudos le solicitan entonces que envíe personal idóneo para registrar lo de las contusiones y verifique el apresurado tratamiento de lo que ellos consideran una muerte bajo sospecha.

El director alega entonces que carece de personal a disposición. Que nadie vaya a creer que lo que le faltaba a él era disposición, faltaba más.

Pero una vez más, lo que “suena” es como un intenso afán de terminar cuanto antes con las dudas, las preguntas, el caso.

La Hermandad ubica el domicilio donde la policía dijo que fue encontrado el cuerpo. Un hotel… de alta rotatividad.

Siempre tan pulidos para hablar. Dicho establecimiento responde al nombre de Almirán. Adonde habría ingresado una pareja con la cédula de identidad de González.

Pero, ¡qué casualidad!, otra vez nada se pudo precisar ni identificar. Porque justo esa noche se pierde la hoja de registro de usuarios, que al menos teóricamente, se lleva siempre. Por lo tanto, no se puede precisar la identidad de la pareja. O al menos la mujer de tal pareja, ya que sí figura el documento de identidad de Rodríguez como el del otro integrante de dicha pareja.

Se hizo otra denuncia a la policía para ubicar pareja tan clave. Pero, probablemente por descuido o casualidad permanente, no se perician las cámaras de seguridad del local ni las de las inmediaciones. Probablemente la policía lleva todavía el método de rastreos de principios del s. XX o fines del XIX; se pregunta a vecinos, al barrendero, al lechero… Y no, nada se sabe.

Sigue faltando el celular del occiso. Y su laptop, qué ¡oh casualidad! Tenía una gran cantidad de datos y escritos sobre investigaciones que él y la Hermandad llevaba adelante… ya sabemos sobre qué tema.

No es novedad en “el paisito”.

Pero si estuviéramos en un país modelo de democracia occidental, “por aquello de que ‘la mujer del César no sólo debe ser sino parecer’ tendríamos que estar despejando tan penosas y ominosas dudas. Algo que a la jerarquía ministerial aludida no parece preocuparle. Porque no vamos a imaginar que se protege a delitos y sicarios.

¿O eso quiere decir que en Uruguay pueden pasar cosas atroces?, ¿no sólo hay delitos sino impunidad?

¿Y dónde estarían alojadas esas cadenas delictivas?

Rastrear los motivos de la muerte de Yamandú Rodríguez Pérez, los pasos legales y forenses, tan bien concertados para cerrar el caso, los errores y distracciones acontecidas, podría dar algunas claves.

 

 

 

Publicado en Para salir del repollo, Poder, Política, Uruguay

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