por Luis E. Sabini Fernández
2026 01 10
Donald Trump se presenta como forjador de imperio, o mejor dicho recauchutador de tal. Pero si algo hemos sabido de la realidad es que nunca es lo que parece. Y menos lo que se declara. Y que muy a menudo es su opuesto.
Si uno ve a Trump en sus múltiples presentaciones, muy a menudo, se lo ve franqueado por Beniamin Netanyahu, que observa siempre en silencio con una sonrisa apenas esbozada. Una suerte de Mono Liso. Sin declaraciones, aunque mucho menos enigmático que la versión davinciana. Porque en este par mediático, ya sabemos quién es el que decide y quién ejecuta.
Como cuando vemos a la pareja Trump Zelenski. Allí también sabemos quien es quién decide. O la Trump Milei.
Trump está primitivizando las relaciones de poder. El devenir histórico nos ha ido llevando a formas y ejercicios de poder cada vez más complejos, mediatos. Michel Foucault ha analizado y expuesto esto de las modalidades del poder, desnudo o muy, muy arropado, y como, acercándonos a nuestro presente, el poder se había ido velando con múltiples rostros y, sobre todo, máscaras.
Trump, un presidente que proviene no de laboriosos debates políticos o filosóficos sino de su práctica como tycoon ─un astro de las finanzas─ desecha las observaciones foucaultianas, las de nuestra contemporaneidad, y retorna a prácticas y conceptos que dábamos por obsoletos.
Quiere expandir a EE.UU. territorial, materialmente, como en su momento lo hicieran; mediados del s xix, adueñándose mediante rapiña de medio México.[1] O poco después, 1867, lograr ampliar su territorio con un millón de km2, gracias a la estulticia de los zares que canjearan Alaska por un puñado de dólares, que EE.UU. seguramente compensó apenas con una de las tantas minas de oro que se descubriera en tamaño territorio.
Trump quiere repetir la jugada geopolítica de Lyndon LaRouche, aquel derechista demagogo estadounidense que quería enfrentar a la URSS con Mexamericánada, un engendro con toda la América del Norte unida bajo la égida yanqui. LaRouche estimaba que con sus más de 20 millones de km2 una América del Norte unificada era contrapeso suficiente para enfrentar a la URSS, entonces con una superficie similar.
Hoy Rusia ya no es EL enemigo soviético, pero la dinámica de lo impensado ha dado otro desafío al gran heredero mundial de la democracia pos Segunda Guerra Mundial: China.
Y un desafío aun mayor: el Antropoceno. Nuestro planeta ya no soporta los despliegues tecnológicos de esa especie biológica que somos, y que hemos logrado, mal que nos pese, contaminarlo todo ─hasta las placentas humanas─, agotando el aire, el agua y la misma tierra, hasta el punto de convertirnos en factor de trastorno planetario.
Trump simplifica; ignora la guerra o la Tierra (no sabemos si cómo heraldo apocalíptico o como chirolita); no existe el calentamiento global ni amenazas al agua dulce y resolvemos nuestras limitaciones con nuevas contaminaciones. Eso gratifica enormemente a la petroquímica, por ejemplo, pero aumenta la problemática ambiental hasta dimensiones cada vez menos gobernables.
Eso lo tiene sin cuidado a Trump; sólo se trata de exprimir allí donde apenas lo hemos hecho o ni siquiera hemos empezado. No ve, ni le importa, el sacrificio de pueblos ajenos a su sí mismo.
Esta modernidad posdemocrática y neoimperial ha complejizado hasta las denominaciones, aunque sirve reconocerlos como inversión de la verdad: designar como “el ejército más moral del mundo” a la organización militar dedicada al vejamen y la matanza de población civil, incluso infantil. O designar a población civil, a menudo infantil, asesinada en operaciones de guerra, “daños colaterales”.
Que Trump reponga el viejo vocabulario; el Ministerio de Guerra es sí de Guerra, no significa sinceramiento en los procederes, sino desfachatez. Porque se sigue escamoteando la verdad, generalmente incómoda, en asesinatos policiales, por ejemplo, o en el genocidio de gazatíes, que al disminuir su ritmo ─pero de ninguna manera suprimirlo─ ha desaparecido mediáticamente hablando, gracias a los controles sionistas de los medios de incomunicación de masas.
Análogamente, ni nombrar a las víctimas, como hace la Casa Blanca refiriéndose a su último operativo en Caracas (3 ene 2026).
Trump arrancó su período cesarista imponiendo aranceles urbi et orbi. Como siempre, estos nuevos costos pasaron a los precios de las mercaderías afectadas y la jugarreta recaudatoria se tradujo en que la población estadounidense debió pagar mayor cantidad de dólares por las mercancías aranceladas. ¿Por qué arancelar? Porque el estado federal norteamericano está en una angustiosa falta de dinero. Y porque ese dinero, el dólar, cada vez vale menos.
Trump sabe que las carreteras y los puentes de todo su inmenso territorio-asiento imperial necesitan reparación, recuperación. Sin hablar de ampliación.
Pero todo cuesta cada vez más. Porque EE.UU. mantiene las sangrías más peculiares: una terrible postración poblacional causada por el consumo de drogas que afecta a un sector desconocido de población; el suministro de miles de millones de dólares a un estado-sanguijuela; Israel, que no sólo recibe tal ayuda, que no necesita, sino que se permite a su vez invertir otros miles de millones de dólares en “facilitar” o “aceitar” la labor legislativa de EE.UU. Algo que no se hace desprendidamente, puesto que así Israel /AIPAC obtiene los apoyos y las legislaciones que son de su interés.
Delcy Rodríguez señaló algo significativo en su primera alocución pública tras el secuestro de Maduro y su pareja: la mano del MOSSAD, es decir de Israel, está detrás del operativo que le arrancó a Venezuela su presidente en ejercicio.[2]
Prosigue el genocidio en marcha en la Franja de Gaza, e in crescendo en Cisjordania y otros territorios palestinos, pese al ensordecedor silencio mediático; continúa con muertos diarios (sólo que bajando el promedio, dejó de ser “noticia”, llevándonos a pensar que ya no existe).
Si Israel decide atacar a Irán y el ataque lo lleva adelante EE.UU., ¿cuál es el poder decisivo?
Israel se ha permitido abordar reiteradamente embarcaciones en aguas internacionales (ninguna de ellas con armas, sólo con alimentos y sanitarios). Ese tipo de acción, típicamente piratesco, ha sido condenado en teoría y tolerado en la práctica por la ONU, etcétera. ¿Por qué Israel se ha permitido abordar militarmente a tantas embarcaciones, en aguas internacionales, secuestrar a sus ocupantes y anular los envíos solidarios (en espantosa necesidad entre los gazatíes)? Si nos indignamos, con razón, por los abordajes piratescos más recientes de EE.UU. sobre presuntas lanchas narcotraficantes venezolanas, matando a sus tripulantes, ¿cómo tendríamos que reaccionar frente a tantos abordajes, incluso violentos y con muerte de tripulantes de “las flotillas de la libertad”, que tantas veces han querido solidarizarse con Gaza?
¿De dónde surge tanta impunidad que prosigue en Gaza, combinada con los sueños inmobiliarios de Trump y la gerencia de un incondicional del mundo enriquecido, Tony Blair, aquel británico encargado de legitimar el ataque genocida de EE.UU. a Irak por orden de Israel?
Pero toda esta ofensiva made in USA tiene sus bemoles. Vale rescatar una observación que el analista Ron Unz hizo en su excelente nota; “Perforando la burbuja propagandística de la USSA y sus vasallos de la EUSSR”:[3] Unz alude al gozo que deben haber sentido Leonid Brezhnev y los suyos cuando los soviéticos dan un golpe de mano en Afganistán en 1979 y asesinan sin más trámite a Hafizullah Amin, presidente comunista de Afganistán y reponen en su sitio a otro “camarada”: Babrak Karmal. Fue un “golpe limpio”, impecablemente resuelto, nos recuerda Unz. Y sin embargo, las dificultades afganas se fueron sumando, hasta obligar a los soviéticos a abandonar la empresa de intrusión (y sin pretender agorería alguna, tras la retirada de la URSS de Afganistán, muy pronto sobrevino la retirada de la URSS de todo el planeta…).
En una palabra: una toma por sorpresa, incluso violenta, no garantiza dominio alguno; EE.UU. ha llevado a cabo violentas conquistas en las últimas décadas que con los años devinieron fracasos manifiestos: Haití, Irak, Libia, por ejemplo; fracasos que “pagan” los pueblos hollados, claro.□
[1] Como había hecho el mismo México, configurándose sobre los territorios del imperio azteca.
[2] Todo un tema la vigencia o validez de esa presidencia, que en momento alguno llegó a presentar sus credenciales tras las elecciones, el conteo de votos y un atraso más que significativo del gobierno en proclamar los resultados electorales. De todos modos, es inaceptable alegar desconfianza, más que legítima en esos resultados, para aprisionar al presidente con un golpe de mano que ni siquiera proviene del mismo país. Los estados nacionales intervinientes ─EE.UU. e Israel─ tienen antecedentes en esas tareas de demolición de estados ajenos, dedicados a controlar y gobernar lo ajeno. Busque el lector y verá una media docena países invadidos o arrasados por los mencionados en las muy últimas décadas. Irak, Irán, Siria, Líbano, Sudán, Libia, Somalía, Afganistán, Palestina, Haití, Venezuela…
[3] “Puncturing the Propaganda-Bubble of the USSA and Its EUSSR Vassals”, Unz Review, 5 ene 2026.
Categoría: Poder mundializado
PENSAMIENTO DOBLE MADE IN EUROPA
Luis E. Sabini Fernández
Keir Starmer, entrevistado por Nick Ferrari (en 2024), ha sostenido con serenidad que Israel tiene el derecho a controlar el agua y la electricidad de los ciudadanos (¿o habitantes?) de la Franja de Gaza.[1]
“Israel tiene el derecho a defenderse y Hamás es responsable del terrorismo.”
“[…] Vemos ataques a la sociedad israelí”, insiste Starmer.
Keir Starmer, con su cara de buenazo y su sosiego al hablar, constituye un modelo de la-buena- conciencia-occidental. No tenemos que referirnos a energúmenos o a temperamentales apasionados como Javier Milei o Volodimir Zelenski ─ambos con un pasado televisivo de agentes espectaculares encarnando violencias al menos simbólicas─ porque Starmer luce serenidad, sosiego, sensatez.
Solo que es tan falso como las actuaciones televisivas de Zelenski o Milei (para no ingresar al terreno de sus actividades políticas presidenciales).
Porque Starmer constituye un epítome de la conciencia europea, actual… y pasada. Una ceguera, mejor dicho, una bizquera que aterra.
Starmer se queja de los ataques a la sociedad israelí. No dice una palabra de las décadas anteriores. Situémonos históricamente. Desde los albores del s XX, hubo ataques de las organizaciones sionistas a la inerme sociedad palestina. Algunos indirectos, casi encubiertos, como con cada compra de tierras de las redes sionistas que las gestionaban para algún kibutz en formación o un agrupamiento de judíos sionistas recién llegados. Ofertas que tentaban al terrateniente cuya tierra interesaba, un ausente que vivía en Estambul o en Angora. “Negoción” que dejaba resentidos a los campesinos palestinos ahora despedidos, que habían trabajado desde “siempre” para ese efendi, devenido rentista financiero.
La cantidad de campesinos sin tierra, desalojados por la fuerza pública en Palestina a causa de las compras progresivas de tierras y los desalojos consiguientes, empezó a crecer y fue generando tensiones que desencadenaron diversos levantamientos, con muertos palestinos y sionistas en las primeras décadas del s XX, que la policía inicialmente turca, luego (desde 1918) británica, procuraba restringir, castigando a los “ilegales”, a los desocupados que invocaban una historia inmemorial de trabajo. Los nuevos dueños no los necesitaban porque los colonos sionistas recién llegados querían “trabajar la tierra” (a menudo, empezar a aprender a trabajarla).
En resumen, hace más de un siglo que la sociedad sionista ataca a la sociedad palestina.[2] Pero eso, Starmer como integrante del mundo “rico” no lo ve ni puede verlo. Ni quiere. Starmer corta de un tajo la historia. Sólo ve lo que le viene bien. Los derechos, por ejemplo, “comienzan” con la instalación sionista oficial de 1948. Pero ¿y antes? ¿No existía la justicia, la injusticia, el abuso? Para Starmer los derechos son los de los blancos europeos. Por ello, si el que sufre una afrenta, una injusticia, un abuso, un asesinato, es un negro, uno de “los de allá”, un ajeno, un native, en suma, no cuenta. Y esa afasia histórica se intensificó desde el 7 oct. 2023. ¿Cómo podían los rehenes convertirse en amos, siquiera por un momento?
“Israel tiene el derecho a defenderse.”
¿Y algún otro atacado, tiene también ese derecho? Porque indudablemente en Palestina los palestinos fueron los primeros atacados, diezmados, reprimidos, heridos, matados.
“Los [primeros] asesinatos fueron introducidos en Palestina por los sionistas [contra británicos]”.
“El primer ataque a un barco por parte de terroristas, en 1940”, fue hecho por sionistas.
El 11 dic. 1947, el primer bus atacado por terroristas sionistas, mató a 6 palestinos e hirió a una treintena a bordo.
El 5 ene 1948, el atentado terrorista contra el Hotel Semiramis mató a unas veinte personas, entre ellas al vizconde Tapia, cónsul de España.
A lo largo de 1948, los sionistas lanzaron bombas en bares y restoranes jerosolimitanos con un tendal de cientos de palestinos despedazados. Los sionistas atentaron también contra trenes, aviones y barcos.[3]
Pero eso fue en momentos en que la flamante ONU se prestaba a reconocer el engendro sionista como un “estado judío”; los s¡onistas ya no se conforman estando al lado de los palestinos; en 1948 quieren más. A partir de 1967, los abusos de los sionistas sobre la población palestina en general y gazatí en particular, aumentaron en proporción geométrica acorde con el creciente poder ahora israelí en el mundo entero. Cuando en 2006, los palestinos “votan mal” y en lugar de elegir a sus verdugos o a los administradores palestinos autorizados por los verdugos, votan por una red de apoyo a sus propias necesidades que visualizan en Hamás, la represión consiguiente será draconiana. Aislamiento total a la Franja de Gaza (los que votaron “peor”). Y en 2008, un ataque de castigo denominado por los mismos atacantes “Plomo fundido”, matará a palestinos, gazatíes, ahora por miles.
¿Cómo Starmer puede atreverse ─intelectualmente hablando─ a sostener que “Israel tiene el derecho a defenderse”, cuando en rigor durante un siglo ha estado, casi ininterrumpidamente, atacando, dándose el derecho a atacar?
Porque no vamos a creer que Starmer y quienes tienen similares puntos de vista, sufren de afasia, senilidad u otras alteraciones fisiológicas.
Se trata de cómo están, cómo existen, cómo─se─paran─en─el─mundo.
Provienen del mundo de caballeros, europeos, de raza blanca. Que amplían su universo.[4]
Starmer deshistoriza la cuestión. Mediante la cuidadosa extirpación de los comportamientos históricos, increíblemente agresivos, en este caso de la colectividad judeosionista en Palestina.
La agresividad y posesividad sobre la FdG es curiosamente más llamativa que la apropiación dogmática e imperial de Israel sobre Jerusalén o Cisjordania. Porque en tales territorios hubo, sí, población judía hace miles de años. Lo cual explica, aunque no justifique, cierto irredentismo que el sionismo ha blandido para su política de desalojos. En tiempos bíblicos, Palestina, y particularmente Gaza, era tierra de filisteos. Los sionistas ocupan Gaza en 1967, hace apenas medio siglo.
Pero este proceso de deshistorización dista de ser neutro o pasivo. Como bien explica otro conocedor de los afanes sionistas por apoderarse de-todo-lo-palestino, Jonathan Cook,[5] la estrategia sionista es ir ampliando los derechos señoriales del judeosionismo, mediante una política represiva que ahogue toda versión disímil.
Con el gobierno de Starmer tenemos un nuevo corpus legal británico que pone fuera de la ley a cualquier organización política que el gobierno decida (por sí y ante sí) que sea considerada terrorista. Cook da un ejemplo aleccionador: miles de británicos, “en su mayoría de edad avanzada” han manifestado con carteles: “Me opongo al genocidio. Apoyo la Acción Palestina.” Acción Palestina, fundada en 2020 en Inglaterra, es una red de gente que se opone a que su gobierno colabore con un estado como el israelí, dedicado a quitar de en medio a como sea a población que habita (desde tiempo inmemorial) el territorio que el sionismo decidiera apropiarse para reconstruir, o más bien ─históricamente hablando─ reinventar un estado judío. Acción Palestina ha condenado enfáticamente la alianza, tolerancia o complicidad entre el gobierno británico y empresas de seguridad israelí como Elbit Systems.[6] Conociendo para qué sirven esas empresas de seguridad israelí, por ejemplo, para matar seres humanos mediante controles remotos o dispositivos electrónicos, se comprende la resistencia. Vale la pena aclarar que a Acción Palestina no se le conocen acciones contra personas, empleadas de Elbit Systems, por ejemplo, puesto que su acción de repulsa va dirigida a la empresa y a los apoyos que recibe del gobierno inglés. Pero desde mediados de 2025 el gobierno Starmer ha resuelto que esa crítica, se convierta en terrorismo. ¿Cómo calificará Starmer el uso de explosivos que mate masivamente a, por ejemplo, a diez o quince humanos (gazatíes, adultos y niños), que el azar haya puesto cerca del presunto militante de Hamás que el ejército israelí “neutraliza” con un explosivo teledirigido? ¿O que termine pulverizando hasta un centenar de gazatíes que el azar pueda poner cerca del “blanco” que los militares israelíes quieran eliminar, y que por su “importancia” permite a “los mandos” ejecutar población totalmente ajena o inocente (¡pero sólo hasta cien humanos!)?
¡Hay que apreciar la idea de límites de los mandos israelíes, consustancial con la de tantos rasgos característicos de la Torá![7]
En respuesta, integrantes de Acción Palestina han desplegado una huelga de hambre que ya sobrepasa los dos meses (que se considera plazo ya francamente entrado en zona de muerte del huelguista). Varios integrantes de Acción Palestina, no aceptan como buena la idea de ser encarcelados durante 14 años por sus críticas y acciones no violentas.
Es la mayor huelga de hambre del último medio siglo y sin embargo, ha sido totalmente obviada desde los medios de incomunicación de masas, ignorada por el gobierno británico. Starmer puede seguir durmiendo con tranquilidad.
Es cada vez más preocupante el estado de salud de los huelguistas. Esperemos que el gobierno británico actual no llegue a la crueldad con que Margaret Thatcher trató a los presos prisioneros del IRA irlandés, que reclamaban el estatuto de “presos políticos” y no el de delincuentes que se les atribuía. Varios luchadores irlandeses por la independencia lo tuvieron que pagar con sus vidas.□
[1] https://www.youtube.com/watch?v=C8_sht6p_SQ
[2] No es nada original: es lo que siempre han hecho los colonizadores/conquistadores sobre los colonizados/conquistados.
[3] El historiador palestino Mazin Qumsiyeh repasa lo que acabamos de glosar. Compartir la tierra de Canaán, edición en castellano, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2007.
[4] Un proceso que afecta a europeos y, ocasionalmente a quienes se “europeízan”; población que accede al universo europeo por alguna “puerta grande”; no como la inmensa mayoría de “laburantes del tercer mundo” que viven en los arrabales de las ciudades europeas integrando una suerte de proletariado transnacional y multirracial. La “europeización” se procesa, por ejemplo, haciéndose pareja de un europeo, cursando en universidades europeas, integrándose en consorcios transnacionales de “primer nivel”. Más allá del logro material, la europeización implica una suerte de “lavado de cerebro” puesto que el sujeto implicado deberá borrar su propia identidad como excluido, como ciudadano de segunda… o de tercera. Por eso, es tan patente la actitud de parvenu de tantos de estos “recién llegados” (conozco penosos ejemplos personales).
[5] Véase “Cómo informar hechos puede llevarte a 14 años de cárcel por terrorismo”, https://www.unz.com/jcook/how-reporting-facts-can-now-land-you-in-jail-for-14-years-as-a-terrorist, Unz Review, 22 dic. 2025.
[6] Es una empresa con mucha presencia en el Río de la Plata. Porque se le atribuye fuertes contactos con Elzstajn, Eduardo, padrino de Javier Milei, considerado el hombre más rico de la Argentina, con fuertes inversiones inmobiliarias, financieras, ideológicas, tecnológicas y agroindustriales. Preside IRSA, Banco Hipotecario, y empresas como Cresud y BrasilAgro. En Uruguay, Elbit Systems dispone de un contrato con las autoridades municipales de Maldonado a causa de la intervención de CIPEMU (Comité Israelita Punta del Este, Maldonado, Uruguay), un lobby local que patrocina el proyecto de “Ciudades inteligentes” (con altísima cobertura de vigilancia). Llamativa la vigilancia elevada a primera necesidad.
[7] Los “daños colaterales” están tabulados: hasta 15 muertes para asesinar a un militante auxiliar o de bajo nivel y hasta cien muertes si el operativo invoca la supresión de un “pez gordo” de las organizaciones armadas clandestinas.
¿De dónde proviene la buena conciencia de quienes torturan, vejan y matan?
LUIS E. SABINI FERNÁNDEZ
19 DICIEMBRE 2025
OBSERVACIONES SOBRE ESTALINISMO Y SIONISMO
La repugnante impunidad moral y política que se encarna en el sionismo y en los sionistas me ha hecho recordar otra actitud del mismo orden; la de los estalinistas ante la monstruosidad soviética y los “crímenes de Stalin”.
Es un proceso de total bloqueo mental, de inocencia deliberada y contumaz ante hechos ante los que uno tendría que reaccionar ¡y de qué modo!
Tuve un tío estalinista. De pura cepa. Cuando el vigésimo congreso del PCUS, durante meses negó “las noticias de la prensa burguesa”. Cuando finalmente, se descorrió no sé qué velos en su magín, estuvo borracho, casi sin solución de continuidad, durante un año. Nunca se desmoronó por la escalera yendo a su vivienda en un segundo piso, porque su pareja lo esperó siempre, pacientemente, a la entrada del edificio. Su prédica a un sobrino adolescente e interesado en cuestiones sociales y políticas terminó por llevar al sobrino, a llevarme, a un anarquismo irreductible a las miserias políticas (y necesariamente morales o psíquicas) que mi tío contaba con tanto orgullo.
Era de quienes estaban esperando el golpe falangista o fascista desde tiempo atrás y que, por lo tanto, el 17 o el 18 de julio, 1936, se puso su “mejor chaqueta dominguera”, como me decía risueño, y enfiló a la Casa del Partido para iniciar la resistencia, el contragolpe.
No fue todo como esperaba porque había pensado, como rezaba la propaganda, en ‘salir a defender la República’ y en la sede, lo que le ofrecieron, además de un arma, fue salir a nombre del PC. A sus 18 años ─pura inocencia y desprendimiento─, le pareció no adecuado, estrecho, y “el Partido” lo encarceló dentro de su propia sede, junto a dos adolescentes más, con la misma actitud (tardó poco esa rebeldía: a los diez días salió a “defender la República” con el emblema del PC, impaciente porque quedaba fuera de los inminentes vítores… (que jamás de produjeron).
Este hombre, pura fe, tenía libros. Un puñado. Recuerdo uno, en el que un autor norteamericano explicaba puntualmente cómo León Trotski, un sátiro, viejo y desmedido, había procurado seducir (o seducido, o violado) a una de sus secretarias y el novio, ofendido, había terminado matándolo. Cero política; mucha pasión. Tenía otros ejemplares de otros comunistas estadounidenses. Tan rigurosos en su futurismo como el de los escarceos sexuales que recuerdo.
Mi impresión entonces, todavía adolescente, es que la gente puede “armar” una defensa cerrada con sus convicciones al margen de toda verosimilitud. Y conservar una magnífica “buena conciencia.”
Han pasado muchos años y un viejo amigo de los veinte, argentino de origen, a quien tanto apreciaba por su ponderación de juicio, optó por la guerrilla tupamara, por lo cual debió cumplir 13 años de penitenciería, de los cuales sobrevivió, su ponderación perdida o mejor dicho intercambiada con una certeza doctoral fruto de esos 13 años de estudios sistemáticos o mejor dicho de machaconeo ideológico, tal vez mecanismo inconsciente de defensa para no ser triturado en tan largo ínterin.
Mi amigo salió finalmente de la cárcel. Yo seguía exiliado. Me contó entonces que su hermana, menor, ─que en lugar de hacerse tupamara había optado por hacerse comunista, y que evitado la cárcel─ también estaba exiliada o autoexiliada, en París, con su pareja. Que resultó ser un rentado de aparato del PCU. Me pidió que la visitara.
Fui a su bohardilla parisina. Y vi al rentado. Y aproveché ─le dije─ para hacerle una pregunta, que me quemaba: ¿cómo barajaba él, como ser humano, su relación con el PC, con el comunismo (todavía sacralizadamente soviético), la existencia de “los campos”, de los millones de internados, que seguramente ahora no eran tantos, pero que todos los samizdat llevaban a pensar que seguían existiendo; con el trabajo esclavo, en suma, con la prisión por discrepancias….
El tipo escucha y me dice, como disculpándose: ─Sabés que de esto no sé nada… Y le pregunto: ¿cómo podés cobrar de un aparato así, y no sabés nada? El tipo concede en silencio, desarmado.
Le digo: ─bueh, en tal situación, no tenemos nada más que hablar. Me levanté y me fui.
Pero volvamos a la pureza psíquica, la limpieza de conciencia. Como a mi tío, nada afectaba al joven exiliado rentado. Tenía una excelente buena conciencia. Virginal en el rubro de la represión de “su” orden.
En algún momento, con la crisis progresiva del comunismo, puede que algunos reaccionen. Pero en Chile, una de los dos protagonistas de las elecciones nacionales, 2025, era una comunista hecha y derecha. Así que sigue con derechos psíquicos, no sólo políticos.
Claro que todas las monstruosidades del comunismo se van alejando en el tiempo. Salvo excepciones, cada vez más contadas, ya no llegaron ni a Gorbachov. Para la candidata chilena, Jeanette Jara, todo ese universo está muy lejos en el espacio y en el tiempo.
Volvamos ahora al sionismo. La pregunta es cómo los sionistas, los judíos proisraelíes en general, pueden seguir teniendo “buena conciencia” mientras el Estado de Israel ha torsionado tanto la vida de los palestinos, hollados, desalojados, aislados, golpeados, reprimidos, despojados, hambreados, torturados, vejados, burlados, abusados, asesinados, hasta límites pocas veces vistos.
Lo han hecho desde los primeros tiempos sionistas, con el llamado Nuevo Yishuv, a principios del s xx, pero eso ha recrudecido en la Franja de Gaza (FdG) a partir de 2006, cuando elecciones limpias con veedores internacionales de confianza le dieron la victoria a Hamás, tanto en Gaza como en Cisjordania (aunque con menos margen en Cisjordania). Israel encarceló a los candidatos triunfantes de Hamás que pudo y en Cisjordania y Jerusalén, la ANP retuvo “el mando”, simbólico, porque el poder real era y es el israelí. Pero pese a la represión, Hamás retuvo el gobierno en la FdG. Desde entonces, la FdG quedó totalmente aislada, por aire, mar y tierra y sometida a la más variada represión, impidiendo cultivos, quebrando todos los servicios, de agua, cloacales, cibernéticos.
Así, la represión, el despojo y la tortura, los asesinatos colectivos, eran visibles y preocupantes antes del 7 oct. 2023 ─como por ejemplo cuando las invasiones con artillería pesada a las ciudades y pueblos de Gaza (2006, 2008, 2012, 2014)─, tras el copamiento palestino al cuartel regional israelí sobre la FdG, inevitablemente violento, y el operativo de toma de rehenes, [1] la reacción israelí se hizo irrefrenable, sin límites. Derribando viviendas por miles, permitiéndose aniquilar la vida de 15 inocentes o ajenos al objetivo, si el objetivo, un humano, era poco relevante y permitiéndose matar hasta cien de quienes estaban “en el camino” si el objetivo era aniquilar un militante considerado importante de la guerrilla palestina; es decir, una represión genocida.
Se reafirmó la vieja política de Ariel Sharon de hacerles “invivible” la vida a los palestinos. Sin agua, sin energía, sin cloacas, sin alimentos, sin abrigo, sin medicamentos. Aunque escamoteando las cifras de “bajas” (tras muchos meses de ese machaconeo convirtiendo cada ciudad o pueblo gazatí en pilas de escombros, los muertos siguieron proclamados en decenas de miles, cuando estimaciones no oficiales empezaron a ponderar los muertos en centenares de miles).
Si desde Israel se ignora el daño inmenso causado a la población gazatí (y a la palestina en general, porque la represión jamás ha cedido en Cisjordania o en Jerusalén Oriental), a su vez se ha informado de las acciones palestinas de manera falaz. Brutalmente, mintiendo. Los bebés decapitados del presidente Biden, las mujeres desventradas, los niños Bibas asesinados por palestinos, que resultaron matados en bombardeos israelíes, porque estaban entre los rehenes israelíes tomados el 7 oct. 2023 (el padre y esposo de la madre y los dos pequeños así matados, había sido canjeado en enero de este año).
Afortunadamente, como pasa tantas veces, judíos con dignidad y amor a la verdad han desmontado algunos de los mitos fabricados desde Israel, como es el caso con el mismo 7 de octubre y sus narrativas israelíes. Max Blumenthal presentó el documental Atrocity Inc.[2] Allí nos dice el realizador que “esas narrativas falsas sirven con un propósito estratégico del personal israelí; deshumanizar a los palestinos retratándolos como animales humanos, según las palabras de Yoav Gallant”, entonces el ministro de Defensa, mejor dicho de Guerra, o de Muerte de Israel.
¿Cuál es la coraza psíquica que blanden sionistas para no reconocer sus propis atrocidades?
Visualizo dos facetas o aspectos de esta ceguera psíquica y moral. Una primera, del mismo orden que vimos entre estalinistas durante décadas, convencidos militantes de la causa-del-pueblo, que negaban los campos de concentración, denunciados por Alexandre Solzhenitsin, por ejemplo.[3] Esa suerte de impunidad o protectorado psíquico para no ver la realidad, escamotearla (deben ser todos traidores), se ampara, empero, en cierta universalidad, al menos teórica. Se los llevaba presos, se los mataba porque violaban conductas que, teóricamente, compartíamos.
Pero el sionismo tiene otro aditamento, que se escurre de toda universalidad.
Tuvo que ser un judío lúcido y honesto para con la humanidad ─Israel Shahak─[4], quien ha afrontado la carencia de universalidad del Talmud y de la Biblia judía.
Shahak bucea en textos en hebreo que en general no están al alcance de la población no judía (y probablemente tampoco al alcance de muchos judíos) y deslinda desde el vamos las raíces de esas creencias judías. Mucho más talmúdicas que bíblicas, nos explica.
Según las cuales, la sangre judía es incomparable con la sangre (humana) no judía. Y la excepcionalidad judía confiere un sitial único a los judíos en la especie humana. Con lo cual, nos advierten Shahak y Mezvinski “la derecha entera israelí está unida en su resentimiento a la idea de normalidad”.
Nuestros autores revelan la unión entre religiosos judíos supertradicionalistas, atados al pasado y el sionismo militante, porque los religiosos “proveen la larga historia de la relación especial entre dios y el pueblo elegido.” Con sorna, un analista de religiones, Laurent Guyénot, ha titulado uno de sus trabajos: “Tenemos el mismo dios, pero él nos ha elegido a nosotros”.
Shahak y Mezvinski citan a Menahem Friedman, un investigador judío reconocido por su estudio sobre los haredim (judíos intensamente religiosos): “El mundo haredi es judeocéntrico. La esencia del pensamiento haredí es la noción de que un abismo separa a los judíos de los gentiles.[…] Asumen que no judíos y judíos son polos separados.
Esta zanja infranqueable perdura dentro de las organizaciones israelíes como la Kneset. ‘Ningún haredí recibirá directivas rabínicas de otros partidos también haredim’, nos explican Shahak y Mezvinski. Las organizaciones haredim se rigen por pautas ajenas al universo democrático, abierto, público. La misma ajenidad nos rige hasta en las organizaciones que se presentan como democráticas, abiertas, públicas. Pero los haredim van un paso más: sus “deliberaciones son mantenidas en secreto, sus decisiones no están sujetas a ninguna apelación desde que son consideradas como de inspiración divina […] Si muere un miembro del Consejo, su sucesor es designado por los miembros remanentes.” Una verdadera olig-arquía en su sentido etimológico, y de derecho divino.
Sostiene el rabino Yosep:“Yerusalén, por ejemplo, es asiento de varias iglesias, mezquitas y sinagogas. Y el Estado de Israel se ha comprometido a preservar esos otros cultos en ‘la ciudad de las tres religiones [monoteístas]’. Pero: “nuestra ley [religiosa] nos ordena destruir toda la idolatría y a sus servidores hasta que la desarraiguemos de todos los sitios de nuestra tierra y de todas las áreas que seamos capaces de conquistar.” [5]
Otro rasgo preocupante para los alcances democráticos es la pretensión haredi: “El derecho de nuestro público a no saber ciertas cosas.” Este último “derecho” le viene como el guante a la mano a mucha gente que no quiere saber de actos represivos brutales ejercidos por el Mossad y su gente, o por “el ejército más moral del mundo” según propia definición), actos, asesinatos, diagramados para ser resueltos desde instancias de alta tecnoloqía, obviando la mano humana.
Tengo, mejor dicho, tuve un amigo, entrañable, que en los ’60 hizo su aliá a Israel. Como judío laico y prácticamente ateo hizo su aliá junto a su pareja criolla. goi. Y era tanto su desapego al experimento israelí que el primogénito se negó a hacer el servicio militar y quedó marcado para siempre como un minusválido, no intelectual o físico, sino un fuera-de-la-colmena (hijos siguientes ya no serían de los dos sino, también, de la sociedad israelí).
Cuando empezaban las “diferencias”, entre mi amigo y yo; dirigentes de su kibutz, de Hashomer Hatzair, “la izquierda” israelí, de visita al Uruguay, proponían la solución militar ante la crisis de los ’60, y empecé a ver el trato ”policial” a los palestinos, mi amigo sostenía serenamente: ─No, represión, tortura no hay, porque en Israel eso no se permite, no se tolera.
Mi amigo, antiestalinista, socialista judío, estimaba a su jefe de gobierno, David Ben Gurión como un ser más allá del bien y del mal. No sabía yo entonces que Ben Gurión revistó en la Unión Soviética en 1924, momento en que ya se estaba consolidando un comunismo bajo el terror.
Junto a ese Ben Gurión de los ’20, veamos el de los ’60 que nos recuerda el citado Guyénot: “Creo en nuestra superioridad moral e intelectual, en nuestra capacidad de servir como modelo para la redención de la raza humana”.[36] En una declaración publicada en la revista Look el 16 de enero de 1962, predijo para los próximos 25 años: Todos los ejércitos serán abolidos y no habrá más guerras. En Jerusalén, las Naciones Unidas (unas verdaderas Naciones Unidas) construirán un Santuario de los Profetas para servir a la unión federada de todos los continentes; este será la sede de la Corte Suprema de la Humanidad, para resolver todas las controversias entre los continentes federados, como profetizó Isaías.”[6]
Estamos hablando del namberuán del sionsimo israelí. Su arrogancia, su petulancia intelectual, su supremacismo, son apenas superados por sus errores garrafales acerca de lo futuro.
Todo fue cada vez peor. ¿Lograría mi examigo preservar su buena conciencia?
Retomando características de ideologías tan tóxicas como el estalinismo pese a su genealogía socialista, y el sionismo; un salvacionismo empeñado en instrumentar nociones de absoluto, ambas otorgan ─como en general toda ideología manumisora─, una coartada fuerte para preservar buena conciencia.
Pero la apelación a una ideología que ni siquiera blande el motivo-excusa de su condición universal, como en el socialismo, nos resulta todavía más penosa, porque el sionismo habilita el racismo, al separar a humanos en dos humanidades; una “del libro”, “de dios”… y la otra.[7] □
[1] Que únicamente se puede explicar por la política sistemática y de larga data, de toma de rehenes que despliega Israel en los territorios palestinos.
[2] https://institute.aljazeera.net/en/ajr/article/2876.
[3] No fue el único: Valentín González, “El Campesino”, comunista español que llegó a la URSS como refugiado y terminó huyendo de la URSS a campo traviesa, para luego denunciar la pesadilla del socialismo ruso. Hubo varios que desde visitas a la URSS con desenlace inesperado, o pasando por cárceles y “campos de reeducación” también denunciaron la sórdida, patética realidad: entre otros André Gide, Panait Istrati, Anton Ciliga, Bruno Ricci, Jan Vaclav Majaiski, Viktor Kravchenko, Vicente Monclús Guallar, Fernando de los Ríos, Ángel Pestaña, Ida Mett, Margarete Buber-Neuman, quien acumuló en su vida unos cuatro-cinco años en cárceles soviéticas y fue transferida en 1940 a cárceles de la Alemania nazi, donde siguió incomunicada por otros cuatro-cinco años y vio morir exhausta a Milena Jesenská, novia de Franz Kafka y presa por su actividad antinazi, una semana antes de la clausura de esa cárcel, en Ravensbruk.
[4] Israel Shahak y Norton Mezvinski, El fundamentalismo judío en Israel, Editorial Canaán, Bs. As., 2015.
[5] Ob. cit., p. 78.
[6] https://www.unz.com/article/zionism-crypto-judaism-and-the-biblical-hoax/.
[7] “La otra”, como explican Shahak y Mezvinski, ni siquiera es considerada humana.
La impunidad israelí
25 noviembre 2025
por Luis E. Sabini Fernández
La violencia
En mi vida particular siempre fui escéptico de los golpes de mano guerrilleros que experimenté o de los que supe en el Cono Sur (aunque algunos simpatiquísimos y prácticamente todos con enorme apuesta personal, de “entrega a la causa”), porque me resultaban potencialmente autócratas, facilitando con demasiada velocidad el entronizamiento de otros dirigentes, siempre a costa del protagonismo de “la gente como uno”.
Tales mis vivencias respecto de la guerrilla latinoamericana, particularmente, dispuesta con mucho coraje y entrega, pero también ceguera. Así acordé con el testimonio de un exagente secreto cubano, hijo del famoso guerrillero argentino Ricardo Masetti, ungido por Guevara para cr9+
ear un foco revolucionario en sus planes “continentales” para el sur americano, quien prácticamente apenas si pudo poner en pie dicho emprendimiento. El hijo, argentino pero criado en Cuba, Jorge Masetti, fue educado y capacitado como agente revolucionario. Fidel quería hacer con el hijo lo que no pudo con el padre. Y ya totalmente “a punto” renunció a ese camino, cuando vio la seguidilla de fracasos guerrilleros latinoamericanos (y una etapa subsiguiente, casi inevitable: delincuencia común y silvestre). Comentó entonces: “Qué suerte que no ganamos”.[1]
Palestina
Todo este preámbulo para reconocer que la violencia existente en Palestina es distinta, radicalmente distinta. La violencia de abajo, desde los palestinos, es apenas la respuesta, ante la maquinaria israelí que es apabullante.
La imagen del niño o los niños con piedras delante de un tanque es de una precisión extraordinaria para mostrar los quantum de cada lado. La autodefensa así, el contraataque civil, desesperado, como el de la jovencita amenazante que blandía en la calle una tijera de costura, porque no podía más y fue muerta a tiros sin mediaciones (y sin necesidad). Porque así reprime Israel, de un modo brutal, aniquilador, sin ley aunque con exceso de técnica.[2]
Estamos ante un tratamiento peculiar del enemigo. Lo ha dicho y reiterado Netanyahu y otros dirigentes: combaten a animales, no a humanos, o sí, son humanos, pero amalecitas. Y su dios les ha dado permiso, hace unos miles de años, para matarlos (véase Éxodo, de la Biblia).
Es un permiso de larga, larguísima duración. Porque según las “Escrituras” ese conflicto sobrevino en tiempos muy remotos. Y “goza” de excelente vigencia en pleno siglo 21.
¿Pero quién le dijo a Netanyahu que los palestinos son (los) amalecitas?
El comportamiento de la población israelí es llamativo. Veamos a los colonos en Cisjordania. Nunca autorizados por la ONU, pero asentándose de facto, en territorio internacionalmente reconocido como palestino, con la anuencia no expresa del gobierno israelí. Hace unos años, eran decenas de miles y en grupetes, amparados por el ejército ─israelí─ que acompañaba pasivamente las operaciones de hostigamiento, se acercaban a las aldeas palestinas y las apedreaban, dañaban los olivares, los limoneros. Hachas, cascotes, a veces producían heridas. Ahora, los colonos son cientos de miles ─siempre amparados por el ejército que acompaña a retaguardia─, se agrupan en bandas de decenas o centenares, armados ellos mismos, y arrasan una aldea palestina, dañando viviendas, instalaciones, cultivos, vehículos y a menudo los cuerpos de palestinos que encuentran a su paso. Tratando de generar terror.
Últimamente, el ejército tomó la iniciativa: so pretexto de buscar “terroristas” ha destruido barrios enteros, con población civil palestina, desarmada: destruye, en rigor, todos los elementos materiales de la vida social, viviendas, ropas, jardines, juguetes, libros, enseres. La gente queda con lo puesto y a menudo sin hogar. Luego, el ejército ha rematado sus operativos diezmando a los pobladores. Las familias, generalmente numerosas en Palestina, quedan así entrecortadas, rotos sus vínculos, en el mismo momento en que se han quedado sin vivienda, o sin muebles o sin sus medios de vida. Y a menudo sin familiares, asesinados en una infame dosis diaria, casi hasta ahora.
Es prácticamente la política de “tierra arrasada” que se atribuye a algunas invasiones como la de los hunos, “bárbaros” de los siglos 3 y 4 de la era cristiana.
Desde hace ya décadas, vamos viendo los efectos del Plan Yinon anunciado por Israel a principios de la década de los ’80. Oded Yinon, analista militar, diseñó un plan para descomponer a los estados circundantes a Israel en unidades políticas menores y así más manejables; entendía apropiado para los intereses israelíes, particionar al Líbano en dos o tres; a Egipto en cinco o seis; a Irak en otros tres y a Sudán en dos… y así sucesivamente.
Vemos que la acción israelí, abierta o mediante “coberturas” tipo DAESH, ha ido logrando escalonadamente, sus objetivos tanto en el Magreb norafricano como en Asia Occidental; Libia, Irak, Siria, Sudán, Líbano, Palestina han sido modificadas, deglutidas, despedazados por la política de agresión y desgaste israelí, siempre secundada, materialmente, por EE.UU. que ha funcionado como furgón de cola y abastecimiento de la maquinaria imparable israelí.
Ese apoyo incondicional de EE.UU. a la geopolítica israelí tiene varias explicaciones; hay un cierto paralelismo en los desarrollos históricos de EE.UU. e Israel, aunque en muy diferentes coyunturas históricas. Una base religiosa relativamente común, porque los protestantes son los cristianos que revalorizaron aspectos del Antiguo Testamento, que es el núcleo ideológico de la religión judía. Y son los colonizadores de América del Norte, exterminadores de las población autóctona. Con la Biblia en la mano.
Pero sobre todo, porque al fin de la 2GM, cuando EE.UU. corta vínculos con la obsoleta Sociedad de Naciones (fenecida por extinción en 1946) y funda “su” ONU (octubre 1945), la élite WASP, fundadora de EE.UU., ya había sido parcialmente sustituida por la élite judía a través de una serie de artilugios: think tanks, la intelectualidad judía tiene cada vez mayor peso; la Reserva Federal (el capital financiero judío pasa a ser mayoritario entre los diez bancos fundadores, en 1913); Hollywood (de siete grandes empresas, seis serán en los ’30 de propiedad y dirección judía, así cada vez más las imágenes de EE.UU., serán producidas con ojos judíos; y sobre todo mediante la financiación dispendiosa al personal político estadounidense, para lo cual en 1954 se funda AIPAC.[3] Sin tales subsidios se le convertiría muy trabajosa la inserción social a la mayoría de tales legisladores.
Por eso una de las imágenes más simplonas y equivocadas de ciertos analistas de política internacional ha sido, y frecuentemente, invocar al ‘submarino de la Armada de EE.UU.’ para hablar de Israel en el Cercano Oriente. Más acertada parece la imagen (wag the dog), muy conocida dentro del pensamiento crítico estadounidense, de que la cola mueve al perro.
Dos hechos recientes, en la órbita de la ONU, el viejo instrumento que EE.UU. se arrogó al final de la 2GM para ordenar y/o administrar el mundo, nos muestra hasta qué punto Israel lleva la voz cantante, cambiando incluso las modalidades de dominio.
Hasta hace poco, muy poco, el poder solía ocultar sus rostros, o fauces, y solía encubrir sus acciones mediante “voluntad de paz”, “búsqueda de fines democráticos”, “conciliación”, allanamiento de dificultades”. Al fin y al cabo, el resultado de la 2GM, en 1945, fue la victoria contra todo tipo de dictaduras (quedaba allí, “tras la cortina”, una diz que proletaria, y por lo mismo totalmente distinta a las conocidas hasta entonces; también quedaba la de Franco en España, pero esta última ─como tantas otras de América “Latina”─ formaba parte de aquella política pragmática yanqui de cuidar al hijo de puta si es “nuestro”).
Es decir, la defensa de lo democrático tenía su dificultad, pero se invocaba.
1. El 11 de noviembre ppdo. el Consejo de Seguridad de la ONU ha tomado una resolución “sobre el conflicto en Gaza” que exonera de todo cargo a Israel. Aceptando tácitamente el papel de víctima del “terrorismo de Hamás” que Israel se ha autoasignado, eludiendo todo el infame tratamiento, extorsivo, constrictivo, abusivo que Israel aplicara por décadas a la Franja de Gaza ─y que están en la base del comportamiento de Hamás del 7 oct. 2023. Israel no sufre así ni un rasguño político (ni económico) con la resolución del “Consejo de Seguridad” de la ONU del 17 nov. ppdo.
Ni siquiera tendrán que dar cuenta de los asesinatos colectivos y sus monstruosas “equivalencias” en vidas humanas,[4] ni indemnizar por el brutal daño ocasionado a un territorio que parece triturado y machacado como pocas veces se ha visto. Ni afrontar los gastos que demandarán la recuperación de suelo, viviendas, redes de comunicación y sanitarias, ni por el restablecimiento de hospitales, sin mencionar los miles de seres humanos destrozados por el solo hecho de vivir en el círculo del infierno diseñado por Israel.
El presidente de EE.UU. con aspiraciones a mantener la hegemonía que recayó en 1945 sobre elos, se atribuye ahora una virtual presidencia o gobernación de la Franja de Gaza, para ─proclama─ su reconstrucción, buscando siempre, la prosperidad (lo único bueno en este proceder sería quitarle a Israel las tenazas sobre ese territorio, pero lo pongo en condicional, porque no es precisamente Trump quien decide).
El Plan estima dos años para la recuperación urbanística y edilicia. Dado el daño a la vista, su extensión y alcance, parece exiguo el plazo.
Algún aspecto positivo tiene: se abandona la idea del exilio forzoso de los gazatíes, tan promovida por el gobierno israelí. Al contrario, al menos en la letra, la resolución declara voluntad expresa de que permanezcan sus habitantes históricos en la Franja.
De todos modos, el plan no esconde sus búsquedas de negocios: traer muchos capitales para crear zonas de confort, no para los gazatíes precisamente, sino para los milmillonarios que Jared Kushner tanto se afanara por atraer al futuro resort de Gaza.
No podemos olvidar que prospecciones han verificado la presencia de al menos gas en el Mediterráneo a la altura de la Franja de Gaza. Y que la regencia transnacional e imperial que procuran encarnar Trump y Blair ─nada menos─ tienen marcada preferencia por la prosperidad… propia.
ONU no le exige cuentas a Israel. Siempre absuelto de todo. Por derecho de nacimiento, tenemos que suponer. Pero además, de hecho, ONU restablece el colonialismo puro y duro: un poder imperial, ─EE.UU.─ designa “rey y virrey” de esos dominios, Trump y Blair, para restablecer el ámbito colonial. Solo que no es el colonialismo israelí, sino el estadounidense.
La tarea que se asignan los jefes colonizadores es ardua: se proponen “cambiar las mentalidades y los relatos palestinos”, para persuadir, por lo visto, a estos salvajes “de los beneficios que puede reportar la paz.” (¡sic!)
Si estos maestros pedagogos ─Blair y Trump─ quisieran proclamar las virtudes de la paz, tendrían que dirigirse con urgencia a la formación política sionista, que ha hecho a lo largo de cien años siempre un camino de violencia, no de paz, un camino de guerra y conquista, invadiendo tierras ya ocupadas milenariamente, mediante dudosa documentación bíblica. Confundiendo deliberadamente religión y leyenda con historia documental.
La resolución del 11 nov. 2025 correspondió al Consejo de Seguridad de ONU ampliado; no ya los 5 originarios (EE.UU. R.U., Francia, Rusia, China) sino además los actuales miembros: Argentina, Italia, España, México, Colombia, Pakistán, Corea del Sur, Turquía, Indonesia y Alemania.
Apenas dos abstenciones (con magra fundamentación) de Rusia y China. Nadie preguntó, ninguna de las 15 representaciones nacionales, por qué a Israel su comportamiento violento, racista y genocida, le sale gratis.
Lúcidos, y valientes, designados o funcionarios de la mismísima ONU, a lo largo de tiempo, como Francesca Albanese, Susan Akram o Richard Falk en tiempos recientes e incluso Folke Bernadotte en los mismos inicios de la ONU, y tantos otros, no alcanzan para contrabalancear el papel imperial, luego neoimperial que, aun con retaceos y recortes, cumple, sigue cumpliendo la ONU.
2. El 21 de noviembre ppdo., la Asamblea General de la ONU emitió un dictamen contra el uso de la tortura. El plenario contaba con 176 delegaciones nacionales y fue aprobado por abrumadora mayoría (hubo 4 abstenciones; todo un interrogante, entre ellos las de Nicaragua y Rusia), pero sobre todo, contó con la oposición encendida de tres representaciones nacionales: EE.UU., Israel y Argentina. Que defendieron, entonces, eso precisamente; el uso de la tortura.
Nubarrones oscuros campean en nuestro presente: ya no sólo se usa la tortura; hay quienes la postulan, al mejor estilo de dictaduras como las famosas “latinoamericanas” de Trujillo o Pinochet, o la del sha iraní y, sobre todo hoy día, como las muy perfeccionadas de Israel y su racionalísimo sistema de dominio que incluye tantos tipos de tortura.
Si estará dada vuelta nuestra trama cultural que una militar israelí, Yifat Tomer, fiscal que, aun ignorando tantos atropellos y torturas anteriores, optó por criminalizar recientemente a cinco soldados del “ejército más moral del mundo” por haberle introducido caños metálicos en el ano a un preso palestino y (obviamente) dañarlo. La info-de-todo-el-mundo habla de la detención de la fiscal pero no de la salud (o la muerte) del palestino; la fiscal ha sido, ella misma, encarcelada.
Netanyahu condenó la difusión hecha por Tomer porque, claro, “daña la imagen”.
Daña la imagen que es lo que le importa a Netanyahu, no la realidad (seriamente dañada).
Lo acontecido con Tomer es un claro ejemplo del comportamiento emprendido y defendido por los gobiernos de EE.UU., Israel y Argentina.
De lo vergonzante, siquiera como pose, hemos ido al “a mucha honra”. Torturan los “legítimos” y no sólo no se deshonran, deshonrándonos a todos; ahora hasta se enorgullecen.□
[1] Escribió un libro, El furor y el delirio, Tusquets, Barcelona, 1999.
[2] El ejército israelí elude responsabilidades personales mediante el ardid tecnológico de organizar los raids de todo tipo, con drones, aviones o mera artillería, a través de dispositivos tecnológicos. Quitar la decisión a humanos permite además, incrementar la intensidad del daño mediante la velocidad que los dispositivos tecnológicos multiplican por encima de toda escala manual. Doble ventaja: aumenta el daño y decrece la responsabilidad por sus consecuencias, porque, claro, a los asesinados los cosechó el dron, o el programa, no un yo.
[3] AIPAC (American Israel Public Affairs Committee – Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos – Israel). Se estima que hoy las tres cuartas partes de los representantes y senadores del Poder Legislativo de EE.UU. reciben suculentas donaciones de organizaciones como AIPAC. Como quien dice, las votaciones están ganadas de antemano.
[4] Los militares israelíes han establecido tablas compensatorias de víctimas: para ubicar y ultimar a un guerrillero de poca monta, se permiten matar hasta quince pobladores desarmados a menudo ajenos; si se trata de un jefe guerrillero ─definido por ellos─ se permiten matar hasta cien ajenos al objetivo en sí.
El colonialismo sobreviviente y una tercera guerra mundial
9 noviembre 2025
por Luis E. Sabini Fernández
Un viejo y áspero aforismo chino nos recuerda que cuando el dedo señala la luna el estúpido mira el dedo.
Y así estamos, cada vez más, en nuestra sociedad del espectáculo.
Hablamos de Hamás, no del sionismo.
Hablamos de beepers y intercomunicadores, no de quienes los construyeron. Y por qué.
Hablamos del ejército israelí pulverizando ciudades enteras con su población incluida, pero no de lo que le otorgó a los militares sionistas la impunidad para fabricar escombros con mampostería y cuerpos humanos incluidos; una argamasa que a gatas podemos formular, tan atroz y fuera de todo sentimiento humano nos resulta.
Hablamos de las lanchas explotadas en alta mar en el Caribe o en el Pacífico y no del dios de la guerra que resulta tan hermanado con la modalidad american de vivir-en-el-mundo.
Todo ello nos señala un aumento de la brutalidad política, un despliegue de incontinencia y de arrogancia. Desde las cúpulas planetarias, porque en los llanos, en los marasmos, en las costas, en los suburbios, lo que aumenta es la exclusión y las víctimas.
¿Estamos en la tercera guerra mundial, tantas veces anunciada? Por lo visto, sin que la inmensa mayoría de nosotros lo sepamos y sin precisar desde cuándo.
Varias fechas pueden otorgarse esa patética y trágica efeméride.
14 mayo 1948
Entonces se “funda” el Estado de Israel. Y con ello se reactualiza el colonialismo rampante con que se iniciara la Modernidad occidental en los siglos 15 y 16.
El ciclo del colonialismo parecía clausurado con el florecimiento de la democracia “universal” en 1945. Muy pronto, se vio que el colonialismo no había desaparecido ni mucho menos, sino que había cambiado sus ropajes, rebautizado ahora neocolonialismo: la diferencia fundamental era que el viejo colonialismo, del British Empire, por ejemplo, llevaba muy orondo, por todos los mares, su bandera británica.[1] Y el colonialismo remozado a partir de 1945, inauguró nuevas banderas para las colonias, para cada colonia más o menos ex. Banderas propias. Una afirmación de lo propio, pero sólo simbólicamente, en la bandera.
Así que públicamente y con grandes discursos “de emancipación y soberanía nacional” se dio por clausurado el ciclo colonial, vergonzante de abusos, robos y genocidios. Entrábamos a una era de “paz sin violencia”. Democracia para todos, o mejor dicho for everybody. Y vamos a ir viendo que todos no son todos, incluso peor, apenas resultan una minoría.
Pero, ¡oh maravillas de las políticas imperiales! Así como se continuaba con renovados bríos tecnológicos el colonialismo de un modo más artero en el “Tercer Mundo”, cambiándole hasta de nombre y habilitando así con bombos y platillos, estados nuevos, modernos y democráticos, en 1948 se inauguraban (también) estados del viejo cuño: Israel era erigido con población ajena al territorio (en un 95-98%, aunque ingresada gradualmente a lo largo de décadas) y a la vez vaciando en ese territorio más del 50% de su población histórica,[2] y otro estado de viejo cuño en 1948 cambiaba apenas su camisa: la República Sudafricana pasaba a denominarse Unión Sudafricana u establecía con toda legalidad la política de apartheid.[3]
No todo era neocolonial, como por ejemplo, Nigeria, Túnez o Birmania.
En la Unión Sudafricana se le reconocía a los colonizadores europeos derechos sobre tierra despojada a poblaciones africanas; zulú, kongo, luba y otras. Los europeos que habían construido la Unión Sudafricana, eran británicos, llegados al sur africano en el siglo 19, pero holandeses se habían instalado allí mismo desde comienzos del siglo 17 y, más tierra adentro reclamaban ser más “oriundos” que los británicos. En rigor, eran colonialistas exterminadores anteriores; zanjaron sus diferencias en una guerra entre blancos donde los ingleses no dudaron en exterminar a los Boers en el cambio de siglo del 19 al 20. Entender eso le costó a la ONU, unas cuantas décadas… y 27 años de cárcel a Nelson Mandela.
Por configurar el asalto sionista a Palestina una acción tipo “guerra de conquista”,[4] bien se la puede considerar fecha o anuncio de “tercera guerra mundial”. Sin embargo, la inmediatez histórica a una guerra finiquitada con la destrucción de “El Eje”, en 1945, hacía poco imaginable que la humanidad se viera nuevamente envuelta en otra guerra mundial.
La posibilidad de “tercera guerra mundial” adquirirá nueva vigencia entonces cuando desaparezca el “equilibrio de las dos superpotencias” (que tuvo vigencia de 1945 a 1991).
Entonces, EE.UU., sus élites de poder, sienten ─otra vez─ llamada su hora, con el sueño de divisar el siglo 21 como “el nuevo siglo de EE.UU.”, ahora en exclusividad.[5]
11 setiembre 2001
Casi inmediatamente, el mundo será conmovido con el derribo de las Torres del NYC, la
implosión del Edificio 7 y el bombazo o cohetazo contra o en un lateral del Pentágono. Parece demasiado para ser todo llevado a cabo por células terroristas de origen árabe (aunque parece indudable que árabes también están en “el acontecimiento”: en el lugar de alguno de los atentados aparecieron pasaportes o documentos identificatorios de ese origen, maravillosamente enteros).
El 11 de setiembre de 2001 significó la detención inmediata y sumaria en Nueva York de tantos o más judíos e israelíes que de árabes. Centenares. Para tener en cuenta. Sin duda, con toda la violencia desplegada, ese atentado nos acercó muchísimo a una tercera guerra mundial con borroneadísimos personajes. La violencia y la ignorancia aumentan juntas. Lo que gana es la heteronomía. Sigue todavía el misterio sobre el 11 09 2001.
27 febrero 2014 o 24 febrero 2022 [6]
Con la expansión de la OTAN, los neoconservadores, supremacistas, tomaron nuevo viento en la camiseta, y con una craneoteca fundamentalmente sionista, la expansión se hace a costa de muchos estados excomunistas.
De modo que, de los casi 18 estados que constituían junto a Rusia, la URSS, las deserciones voluntarias de estados y sociedades exsoviéticas, ansiosas de quitarse de encima el bozal soviético (las riendas y la sobrecarga), fueron mayoría. Rusia logrará sostener una relación, supuestamente fraterna, apenas con una media docena de estados circundantes, constituyentes de la actual Federación Rusa; Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia, Tayikistán y Kazajstán.
Letonia, Lituania, Estonia, Finlandia, Uzbekistán, Polonia, Eslovaquia, Bulgaria, Rumania, Hungría, Chequia, abandonaron la influencia rusa antes soviética y han ingresado al llamado campo occidental, mediante la integración a la UE, desde entonces francamente agrandada.
Un país de considerables dimensiones en la escala europea; Ucrania, unos 700 000 km2 y unos 45 millones de habitantes, entregando las reservas de bombas atómicas que pertenecieran a la URSS, quedó en “tierra de nadie”. Rusia exigió mantener la neutralización de ese estado, como se había concertado cuando el colapso soviético. Pero las pretensiones hegemónicas de EE.UU., o de fuerzas en su interior (“el estado profundo”), cambiaron su posición.
Ucrania es prácticamente uno de los mayores estados constituyentes de la exURSS, y la craneoteca norteamericana, con Victoria Nuland al frente, entendió que era fruto maduro para la cosecha occidental. Por las buenas o por las… peores. Se produjo la caída de una presidencia amistosa con Rusia, y mediante movilizaciones violentas que dejaron un tendal de decenas de muertos, se estableció finalmente un gobierno más afín a “Occidente”.
El “giro de los acontecimientos” se hizo cada vez más antirruso; supresión de textos y cursos en idioma ruso, cuando hay una considerable porción de población rusófona, hostigamiento incluso violento a “los rusos”, que probablemente también respondían a “viejas cuentas pendientes”. Surgió una contrarresistencia de los sectores rusófonos de Ucrania, inmediatamente apoyada por Rusia. Al punto que algunas gobernaciones o municipalidades entraron a desobedecer al gobierno ucraniano (los municipios de Donetz y Lugansk, la península de Crimea) y finalmente, para impedir la inclusión de Ucrania en la UE, Rusia, al mando de Vladimir Putin ─aunque con muchas advertencias─ invade al mejor estilo clásico, el país. La reacción militar había tardado 8 años.
Otro escenario posible de comienzo de tercera guerra mundial, aunque se perciban a la vez esfuerzos para conjurar semejante desenlace.
7 octubre 2023
Como si ya no tuviéramos suficientes casus belli, el 7 octubre 2023 surgió una situación que otra vez nos puso, nos pone, a las puertas de la ya trajinada tercera guerra mundial. Como que hay ganas de llevarla a fondo, porque a mucha gente, lo que más la intranquiliza y llena de insatisfacción, es la indefinición.
Lo que sobreviene ─está sobreviniendo─ es nada menos que un genocidio que cumple todos los requisitos que desde Raphael Lemkin ─el forjador del término y su sentido─ se consideran básicos. Es un genocidio de manual. Y viene con firma. Orgullosamente. Del sionismo, de gobernantes orgullosamente sionistas. Aunque los medios de incomunicación de masas se han apresurado a pintar el cuadro de situación como un ataque artero de irregulares musulmanes ─Hamás─, la verdad es muy otra.
No estábamos en el mejor de los mundos cuando Hamás desencadena su raid mortal. Es todo lo contrario. Edward Said describió la situación de Gaza en 2002 (muere en 2003 y por lo tanto no alcanza a testimoniar el brutal agravamiento de las condiciones que él describiera, cuando en 2006 Israel encierra a la Franja de Gaza por aire, mar y tierra, agravando lo indecible la ceñida descripción de Said: “Gaza está rodeada por una cerca electrificada por tres lados, aprisionados como animales, los gazatíes están imposibilitados de moverse, de trabajar, de vender sus verduras o frutas, imposibilitados de ir a la escuela. Expuestos todo el día a aviones y helicópteros, baleados como si se tratara de pavos de corral, tanto desde el aire como desde tierra. Empobrecidos y hambreados, Gaza es una especie de pesadilla […] con miles de soldados dedicados a la humillación, el castigo y al debilitamiento de cada palestino, sin importar su edad, su sexo, su salud. La atención médica no entra al territorio, a las ambulancias se les dispara o se las detiene. Cientos de viviendas son demolidas y cientos de miles de árboles frutales son destruidos, así como al suelo arado, castigos colectivos contra población civil y desarmada […]”.[7]
Veinte años después, el torniquete no sólo no había cedido un ápice sino que todo se había ido deteriorando y agravando. Todavía más. Ya no hay verduras o frutas en la otrora vigorosa agricultura gazatí, saboteada de mil maneras.
Israel se sintió maltratado por los palestinos, por Hamás, en 2023. Se sintió atacado. Fue atacado. Le pareció horrible lo que los irregulares habían hecho incursionando con bicicletas, parapentes, excavadoras y motos. Que un aluvión de agresión y violencia se había abatido sobre ellos.
Pero ¿qué pretendían? Como bien explica Enzo Traverso[8] “el discurso dominante sobre el 7 de octubre fue como el brote de una epifanía negativa, la súbita aparición del Mal que desencadenó una guerra de reparación. El 7 de octubre, Israel puso el contador a cero, como si los sucesos de ese día fueran la única causa de la tragedia.”
Como si todo lo que le estaba haciendo Israel a Palestina y a Gaza en particular no existiera. Israel y todo el aparato mediático bajo su influencia asignó a cada uno “su” papel: ya sabemos el que le cupo a Hamás; el de perpetrador y ¡oh, sorpresa!, a Israel le cupo, una vez más, el de víctima. El discurso dominante; patética inversión de la verdad histórica. El ofensor se siente ofendido; el torturador, torturado; quien dispone de vidas y haciendas ajenas, víctima.
Pero la realidad es tozuda. Y la fluidez mediática actual, como ya dijimos, le arrebata al poder constituido la clásica disposición de casi todas las cartas.
Hemos visto la reacción de buena parte de judíos, sobre todo jóvenes, rompiendo con “las verdades consagradas”; la resistencia a creer que Israel es la víctima-de-todo.
El papel de Israel en el mundo es tan pero tan conmocionante, y aterrador, que estamos viendo como en Europa y Asia, pero sobre todo en EE.UU., los reclamos por la verdad y el rechazo de “las verdades oficiales” está tomando cuerpo.
Un periodista derechoso, trumpista, pero ávido de conocer la verdad y no los espejismos ─Tucker Carlson─ está empeñado en remover la basura mediática que nos inunda cada día. Está, por ejemplo, al frente de un movimiento, una movida, para reanalizar los asesinatos de los Kennedy, cuando ha pasado ya más de medio siglo (y tras ello, inevitablemente sobrevendrá una necesidad de verdad también ante los “acontecimientos” del 2001… más de tres mil muertos están allí esperando).
La “viveza” israelí se ve, por ejemplo, en GHF; la institución creada para “alimentar” gazatíes: reparten en 4 locales que obliga a caminatas de 5 o 10 km para recibir balas, fideos, arroz. Literalmente. Y sin agua, un detalle de sadismo ejemplar, en clima seco. Por Gaza, y por toda Palestina, campea la impunidad impúdica, como la de esas oficiales femeninas israelíes acicalándose delante de edificios derruidos a bombazos. Tanta a
[1] Muchas veces la Corona alternó el uso de esa bandera con las varias piratas. Usando legalidad y discrecionalidad fuera de la ley, según conveniencia.
[2] Nakba; el desplazamiento forzoso y el arrebato de sus propiedades inmuebles y muebles se practicó con violencia fríamente instrumentada: tropas sionistas llegaban a una aldea, y se urgía a sus habitantes a abandoner todo de inmediato. Piénsese en el choque de semejante “orden” para una población establecida allí por siglos. Si la población procuraba escabullir semejante orden, se concentraba a la población y se entresacaba cuatro o cinco adolescentes y se los mataba sin miramientos. Ese “argumento” resultaba convincente y si todavía había renuencia o resistencia, los sionistas atrapaban a otros cuatro o cinco jovencitos y se los mataba del mismo modo. Abandonar la aldea se extendía con el terror…
[3] Significativamente estos dos estados “nuevos”, Israel y la Unión Sudafricana, elaborarán un estrecha alianza bicontinental en todos los planos imaginables; y particularmente el comercial y el militar. Pero cuando en los ’90 se inicie el declive irreversible del racismo asesino sudafricano, Israel retirará prestamente todos sus apoyos, una verdadera lección de oportunismo (Abdelwahab Elmessiri y Richard Stevens, The Progression of a Relationship, New World Press, N.Y., 1976).
[4] Véase Miguel Ibarlucía, Israel: estado de conquista, Editorial Canaán, Buenos Ares, 2012.
[5] Véase A Report of The New Project for the New American Century, set. 2000. Llamativamente en dicho paper, se aspira, se anuncia, un hecho fortuito de inusual violencia que permitiría a EE.UU. reasumir el liderazgo mundial, luego que el paper explicara la declinación militar que había sufrido EE.UU. tras el colapso soviético. Los estrategos de la Casa Blanca apremian: “Una estrategia de transformación que se centrara exclusivamente en las capacidades para proyectar fuerza desde EE.UU., […], generaría problemas entre los aliados estadounidenses. Además, el proceso de transformación […], probablemente será largo, a menos que ocurra algún evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbor.”
Repare el lector que esto está escrito en agosto de 2000: un cierto Pearl Harbor se produce en setiembre 2001.
[6] La fecha de la invasión rusa parece ser signo indubitable de esa tercera Guerra mundial que estamos tratando de ubicar; pero el 24 feb.2022 no es sino la respuesta ─enérgica, violenta─ a la intención estadounidense de romper la neutralidad ucraniana aceptada en los ’90, y esa movida ─neocon─ se desplegó desde 20 feb. 2014, con Maidan… y dólares.
[7] Edward Said, From Oslo to Irak, Pantheon Books, N.Y.,2004, cit. p. Traverso, E., Gaza Faces History, Other Press, N.Y., 2024.
[8] Gaza Faces History, ob. cit.