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Agua podrida

Publicada el 05/02/2017 por ulises

EN RECONOCIMIENTO A LEO MASLÍAH

Por Luis E. Sabini Fernández –

Una medida, otra, del gobierno uruguayo que no hace sino premiar al mundo empresario, a costa de la población.

El punto ha sido tratado con justeza y precisión en notas como la de Gerardo Honty, “El contaminado paga” o a través de diversas consideraciones de Eduardo Gudynas en “Aumentan el agua potable en Uruguay para subvencionar a los contaminadores”.

Hay empero, un aspecto que entiendo no ha sido relevado.

Las notas de estos dos comentaristas aciertan en el significado de la política gubernamental, y proponen que, por el contrario, quien contamine pague. Para lo cual se ensayan diversas consideraciones sobre tasas de recargo que vayan contra los contaminadores y no contra la inerme población, como acaba de decidirlo el sr. ministro Danilo Astori.

Pero las tasas no resuelven el problema, ni siquiera las tasas cobradas al contaminador. Honty lo dice expresamente: “El principio contaminador-pagador no tiene como fin directo reducir los impactos ambientales o la contaminación”.

Es decir, el pago aun el justo de las tasas, no resuelve el problema. En todo caso, puede resultar moralmente más aceptable que la política del gobierno  de descargar sobre la población perjudicada el incremento de los costos  ocasionados por los contaminadores.

Gudynas lo señala claramente: “La  tasa ambiental de Astori es una pésima señal económica. Se le está diciendo a los contaminadores, sean [tanto] agropecuarios como industriales, que podrían seguir contaminando sin gastar mucho más, ya que la descontaminación al final la pagaremos todos nosotros.”

En concreto, la crítica a la política de conceder impunidad a los contaminadores descargando los costos en los contaminados no se resuelve enderezando los términos, como dice Honty, al referirse a un reino del revés.

Si logramos entrar a un reino del derecho, los contaminadores pagando, estarán igual contentos por algo que se conoce desde hace décadas en el mundo empresario: desembarazarse de una dificultad, sacarse de encima una obligación, mediante un pago.

No es cierto que aplicando una tasa ambiental sobre los contaminadores hará que éstos “no tengan ventajas económicas” como sostiene Gudynas.

Tampoco es cierto, lo que Honty plantea, que ‘se envía una señal económica induciendo a los contaminadores a tomar medidas preventivas que resulten menos onerosas que un impuesto’.

En el mundo empresario, se conoce desde hace mucho “el pagar para tener la libertad de contaminar”. Están rigurosamente calculados los costos empresariales por los cuales las empresas pagan de buena gana una tasa (o una multa) si eso les permite seguir producir con menos costo incluyendo contaminación.

Porque la descontaminación suele ser mucho más onerosa, para la empresa. La producción limpia anulando la externalización, por ejemplo; que las empresas asuman los costos de intoxicados en lugar de hacerlo los hospitales; que las empresas se hagan cargo del costo de los desechos en lugar de que los municipios los cambien de lugar o los hagan “desaparecer de la vista” (y así sucesivamente) aumenta costos y/o baja tasas de ganancias. Y ése es el verdadero callo de la planta industrial… Eso es lo que los dueños del capital no están tan dispuestos a transigir.

Y como dicen nuestros comentados, las tasas ambientales ─aun las del reino del derecho y no las del revés─ no solucionan ni quieren siquiera solucionar el asunto de fondo. Porque el asunto de fondo es la contaminación. Y es imperioso restringir ese proceso, tender a su extinción.

Porque, avanzando en la senda que se autocalifica de “agricultura inteligente”, los que perdemos somos todos, la sociedad, los humanos (los más expuestos más, como siempre; el campesinado pobre, el que trajina directamente con los productos contaminantes, pero a la larga nos llega a todos y no sólo a los humanos, obviamente; a la biodiversidad, a la microfauna y microflora, y a los organismos mayores….

Tenemos que empezar a entender que un mundo contaminado no es sustentable. Y que es costosísimo. En salud, en dolor, en atención. Pero además, porque nuestro suelo, otrora considerado de los más feraces del planeta, va bajando su rendimiento… por la contaminación.

Acabamos de ver cómo han sido arrasados varios pequeños chacareros, productores de nuestros alimentos, morrones, tomates, a orillas de un subafluente del Santa Lucía porque un sojero aguas arriba usó agrotóxicos para su “agricultura inteligente”; soja para exportación y alimento de cerdos en Asia. Una soja de la que nadie se hace responsable. A diferencia de los productores de tomates y morrones que se destinan al consumo local y montevideano en particular. Los tóxicos regados en los campos, con descuido, con desprecio, se deslizan hacia las corrientes de agua de la cual se nutren los agricultores que irrigan, aguas abajo, por goteo su producción. Así se les ha envenenado la producción.

El suelo, el agua, ya no es confiable. Porque el comportamiento de los cultores de los agrotóxicos es particular pero los resultados son comunes; nos son comunes a todos. Porque el suelo, el agua y el aire es lo más “comunista” o “comunitarista” que existe.

Por eso, la contaminación, cada vez más generalizada, es suicida. Porque lo que estamos viviendo, ya en el planeta entero, es una pérdida de biodiversidad que ha obligado a los investigadores del área a verificar que hemos entrado a una sexta era planetaria de extinción masiva de biodiversidad en la historia del planeta.

Pero que ésta es la primera que tiene carácter antropogénico; estamos estrechando peligrosamente la biodiversidad planetaria.

Monsanto propuso en su momento diseñar drones polinizadores ante la extinción masiva de abejas y otros insectos polinizadores. No es claro el diagnóstico pero hay un avanzado acuerdo científico para inferir que la muerte o desaparición de abejas está altamente vinculada con tóxicos de los producidos precisamente por Monsanto (ahora Bayer).

Hay gente que parece imaginar un mundo sin naturaleza. Otros consideramos que sin natura tampoco nosotros vamos a sobrevivir. Porque nosotros somos naturaleza.

 

 

 

 

 

 

 

Publicado en Agronecrófilos, Globocolonización

Del optimismo desarrollista a la realidad planetaria

Publicada el 17/01/2017 - 17/01/2017 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

Mario S. Ventrice nos ha dado una visión exultante del desarrollo material con verdades elementales como que “no hay desarrollo sin ciencia”. Su nota se publica en el suplemento Cash de Página 12, Buenos Aires, 15/1/2017.

Ya tan entrados en el s XXI entiendo importante evaluar los resultados, planetarios de los desarrollos habidos, siempre con base en la ciencia, aunque en rigor debamos hablar de desarrollos tecnocientíficos.

Ventrice nos presenta una versión del origen de ese desarrollo, radicándolo en Europa Occidental, hace unos 500 años y confrontándolo con sociedades tradicionales.

SIMPLIFICACIÓN HISTÓRICA

La historia es un poco más compleja; “la ciencia y el trabajo cotidiano” no comenzaron, como afirma, “en los siglos XV a XVII”, aunque efectivamente haya existido entonces un despegue formidable con la crisis del geocentrismo que él recuerda.

Nos habla de la “aparición” de la imprenta en esa época, por ejemplo. Pero la imprenta, el cigüeñal, la pólvora y muchos otros instrumentos y herramientas provienen de China, desde donde los ingleses los transplantan a Europa. Había entonces un desarrollo y científico, fuera de Europa. Y la misma Europa, sobre todo desde monasterios cristianos, había estado desarrollando diversas disciplinas tecnocientíficas, como la óptica, la tonelería y la conservación de alimentos, la energía eólica y acuática, sembrando de molinos el paisaje rural. De todo eso, así como del avance de la agricultura mediante nuevas técnicas, desarrollo en la roturación de tierras, en arados y cultivos, hay rastros al menos desde los siglos X y XI. Sin tales “adelantos” no habríamos tenido el empuje renacentista al que Ventrice alude en los siglos XV y posteriores.

VERSIÓN OCCIDENTALISTA DEL DESPEGUE OCCIDENTAL

Si la simplificación que he intentado señalar expresa una determinada posición que ni siquiera es asumida directamente, la relación centro/periferia agrava las carencias en el abordaje de la cuestión.

Ventrice encuentra en el siglo XIX “claramente dos tipos de sociedades; las industrializadas y las no industrializadas, lo que igualmente significa distinguir entre sociedades desarrolladas y subdesarrolladas.”  Una consecuencia al parecer inevitable de esta escisión, que ha aparecido y no sabemos ni cómo ni por qué, habría llevado a “la debacle económica y el empobrecimiento masivo de las sociedades virreinales basadas en industrias artesanales, entre las cuales se encontraban las actuales provincias argentinas […].”

Estamos en el reino de W. W. Rostow; el desarrollismo por andariveles separados de “naciones desarrolladas” y “naciones subdesarrolladas”.

Esta sesgadísima visión de la economía mundial ha sido suficientemente rebatida y demostrada su falsedad, ideológicamente condicionada, para verla reflotar en un diario que se pretende “progresista”. Pero más allá de la sorpresa del desentierro, tal vez sea precisamente un lugar adecuado para reflotar esta teoría, mejor dicho esta ideología. El periódico presenta este refrito rostowniano como “la otra mirada”. Sin comentarios.

El desarrollo de las naciones centrales y el subdesarrollo de las naciones periféricas están indisolublemente unidos, de modo tal que el despegue de las primeras se nutre del empobrecimiento de las segundas. Esto, sin negar cierta importancia de los desarrollos endógenos. Pero si algo nos ha mostrado el neocolonialismo y la neocolonialidad es que todo desarrollo está condicionado por ese fuerte lazo entre el racismo, el saqueo, las economías de enclave, y los despegues tecnocientíficos.

¿CIENCIA ÜBER ALLES O PODER TECNOCIENTÍFICO Y GLOBOCOLONIZADOR?

La tercera cereza de esta torta francamente indigesta es el papel protagónico de la ciencia. Que entiendo pertenece a la historia o a la mitología, si miramos nuestro presente planetario.

Los desarrollos científicos se asientan cada vez más en grandes consorcios tecnocientíficos, en emporios militares y en universidades, públicas o privadas.

Salvo el caso de universidades públicas donde puede haber, con crecientes limitaciones, desarrollos científicos movidos endógenamente, en todos los otros grandes centros planetarios de investigación y desarrollo de la ciencia, ésta ha sido satelizada en función de los intereses empresarios o militares (en el Pentágono, por ejemplo o en las grandes empresas transnacionales como Bayer-Monsanto o en las universidades empresarias).

Sólo esto último explica la escalofriante crisis ambiental que estamos viviendo ya en todo el planeta. Porque no se estudia científicamente el desarrollo sino que meramente se lo instrumentaliza. Al servicio de las ganancias plutocráticas o de los poderes imperiales.

La historia de Monsanto, con sus “Ciencias de la vida” es un claro ejemplo, ya suficientemente documentado.

El papel de la ciencia, hoy servilizada, no pierde, ciertamente, importancia. Solo que hay que encarar el trabajo científico fuera de esas esferas de influencia hoy mayoritarias y decisivas.

Hay que encarar una investigación científica que se deba a la realidad que existe y respetar las leyes físicas, que hoy, con los formidables desarrollos tecnológicos, tantos profesionales científicos se sienten permanentemente tentados a superar, vencer. Con por ejemplo la biología sintética: en el mismo momento en que los desarrollos tecnocientíficos han contribuido a una merma temible de la biodiversidad del planeta, tenemos “investigadores” empeñados en “enriquecer” la vida con especies animales o vegetales inventadas en laboratorio. El sueño del doktor Frankenstein no cede.

Publicado en Conocimiento, Sociedad e ideología

Israel: ¿pluralismo o lavado de imagen?

Publicada el 26/12/2016 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Que un estado etnicista nos muestre en un lugar mediáticamente prominente a alguien que no pertenece a la etnia que se supone que ese estado expresa, nos muestra una instancia de pluralidad digna de examen.

En Israel tenemos de presentadora de un canal en hebreo, el más visto, a una árabe israelí.

Es la prueba “perfecta” de la pluralidad y la democracia israelí.

Lucy Aharish, 35 años, ha sido elegida además para encender la antorcha de homenaje a “los israelíes revolucionarios” en la ceremonia del Día que Israel ha declarado como “de la Independencia”, en el Monte “Herzl”, es decir en el monte que lleva el nombre del fundador del movimiento sionista y transitivamente del estado sionista, aunque no alcanzó a verlo en vida.

El Estado de Israel (en adelante EdI) se funda mediante una transacción de la dirección política sionista. Al hacérsele tan difícil el vaciamiento total del territorio sobre el que se quería implantar el EdI, siguiendo “mandatos” religiosos, bíblicos e históricos, sus dirigentes[1] aceptan erigirlo con una minoría árabe incluida (minoría que también fue aprovechada cumpliendo funciones económicas, haciendo las tareas menos calificadas o peor pagadas de la nueva maquinaria societal y estatal sionista).

Es de esa minoría (que se estima en un 20% de la población total del EdI) que proviene Lucy.

Su grado de integración mental al EdI es llamativa.

Lucy nos dice con total seguridad: “Cuando la gente me pregunta ‘¿Qué eres?’ yo digo que soy israelí […] Después soy una mujer, y después soy árabe musulmana.”

Esta penosa declaración no le ha sido arrancada en una coyuntura extraña o descontextualizada.

Según la info de internet, en 2015, ya se había expresado en los mismos términos y la reiteración revela la importancia que le asigna: “Ése es el orden: israelí, mujer, árabe musulmana” (en una entrevista con el Times de Israel).

Con lo cual nos damos cuenta de la consustanciación ideológica de esta presentadora televisiva con el EdI.

Lucy ha sido conocida en “las redes” por haberse expresado en inglés en lugar del habitual hebreo respecto de la tragedia en Aleppo.

Y por ello ha tomado estado mucho más público lo que ella piensa y considera.

Refiriéndose a esa peripecia dice con tino que no quiere saber quiénes están “en lo correcto y quién equivocado. Quiénes son los buenos y quiénes son los malos, porque nadie lo sabe. Y francamente no importa. Lo que importa es que está sucediendo, ahora mismo frente a nuestros ojos.”  Completa: “y nadie en Francia, en Reino Unido, Alemania o América [EE.UU.], está haciendo nada para detenerlo.” Cabe preguntarse por qué no pregunta sobre otros intervinientes, como Rusia, Turquía, Irán, Israel. Pero dejamos la incógnita sin respuesta.

Su planteo, su orden de preferencias, nos hace acordar al sentimiento de pertenencia exigido por el nazismo y el fascismo en la primera mitad del siglo XX. Sus ideólogos sostenían que la pertenencia al estado era la primera y principal; en segundo y tercer lugar podían caber la pertenencia laboral y local (imaginamos que también el sexo o la etnia). Justamente ésa fue opción clave con la que el nazismo y el fascismo se oponían a filosofías como la del marxismo, que ubicaba como pertenencia fundamental o principal la de clase, o como la del anarquismo que reivindicaba como atributos básicos aspectos individuales; su vocación, su sexo, su condición de poeta o de atleta…

Para los nazis la pleitesía al guía de la nación estructura a toda la sociedad. Si divinizamos al estado, podríamos saltearnos al guía (al führer)…

 

Volvamos a Aharish. Ella nos aclara que lo que pasa en Aleppo es un genocidio. De acuerdo. Agrega: “Déjenme ser más precisa. Es un holocausto.”  Esta precisión es perfectamente ideológica,

La diferenciación expresa otra  vez la identificación que tiene con el Estado de Israel… y con la mitología que se ha ido forjando a partir de las atrocidades sufridas por los judíos durante la vigencia del 3er. Reich.

Para Aharish genocidio no tiene la atroz trascendencia que tiene “holocausto”. El empleo de esta denominación requiere varias explicaciones.

Al usar este término, “holocausto”, va contra aquellos judíos muy identificados con la noción de “pueblo elegido” que entienden que lo ocurrido en Alemania en los ’40 con los judíos es algo incomparable con cualquier otro genocidio habido en la historia humana.

Entonces Aharish cumple con la profesión de fe ideológica del sionismo al situar por encima de todo a las atrocidades vividas por los judíos bajo el  nazismo y asumir su vocabulario,[2] pero a su  vez la subvierte porque aplica el término “holocausto” al destino trágico de población no judía (que no es la de El Libro); musulmanes, en suma. Como el de tantos palestinos que han sido matados durante la resistencia al implante sionista en Palestina.

Su condena tan fuerte a la inmovilidad, a la abulia política, el no reaccionar frente al destrozo de vidas humanas en Aleppo es respetable y compartible. Pero Aharish remata sus imprecaciones con algo difícil de tragar: “Me da vergüenza que el mundo árabe esté siendo tomado como rehén, por terroristas y asesinos y que no estemos haciendo nada.”

Se equivoca: desde Israel no es que no se está haciendo nada; ¡se está haciendo algo y cómo! Que lea a Oded Yinon. Su juventud no puede ser escudo de ignorancia tan supina. Ni siquiera su condición de periodista.[3]

Lucy es un lujo ideológico de Israel  que tranquiliza escrúpulos de judíos democráticos y es a su vez tolerada como coartada por los más ortodoxos.

Es más bien, entonces, la prueba ferpecta de la pluralidad y la democraticidad israelíes.

Lucy encarna la figura de “el cipayo perfecto”.

[1]  Mayoritarios. Porque había sionistas que aceptaban de buen grado una convivencia con los árabes, como es el caso de Martin Buber.

[2]  El vocabulario empleado por Aharish es en realidad el que Hollywood difundió como propio de la tragedia de “la solución final” nazi a la cuestión judía. ¿Por qué se acuñó el término “holocausto” para hacer referencia a dicho genocidio? Holocausto en la Biblia es “apenas” la ofrenda con sacrificios de animales que los judíos le hacían a su dios. Véase al respecto La industria del holocausto, una investigación formidable de Norman Finkelstein.

Habría un motivo para aplicar el término “holocausto” a la peripecia judía en Alemania y sus zonas de influencia (1941-1945): hay judíos que consideran que se trató de una expiación para “el pueblo judío” por sus incumplimientos… No es una posición que alberguen muchos judíos.

[3]  La excelente escritora, reportera y periodista María Esther Gilio solía definir que los conocimientos de un periodista, para ser mínimamente aceptables debían ser tan amplios como el de un océano, pero que su profundidad, por ello mismo, no solía ser más que la de un charco de lluvia.

Publicado en Palestinos / israelíes

¿Necesitamos Fideles Castros?

Publicada el 09/12/2016 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández.

La muerte de Fidel Castro ha dado pie a una extraordinaria aunque previsible oleada de pésames, oraciones funerarias, emociones fuertes y doloridas por su muerte, despedidas combativas, desconocimiento militante de su muerte para que siempre siga vivo. Aunque también a la sarta previsible de festejos y revanchas del bando anticomunista, anticastrista y/o similares.

Ni se me había ocurrido mezclar mi mínima voz ante lo acontecido (y menos todavía porque no acepto alinearme con ninguno de tales coros)[1], pero una nota de Marcelo Marchese, sensata como lo que este escribidor escribe, me ha impulsado a poner en letras que apenas serán leídas mi contacto con ese hombre, mejor dicho la única vez que lo vi en mi vida.

En abril de 1959, la FEUU, la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay organizó la venida del flamante líder guerrillero y cubano que pocos meses antes había puesto en fuga al titular de la hipercorrupta dictadura cubana, Fulgencio Batista. La FEUU fue la única organización (gremial, política, institucional) que optò por brindarle tal recepción. La FEUU había estado librando diversas actividades contra dictaduras latinoamericanas, en el tiempo en que el Uruguay se creía libre de ellas, y entre ésas, la de Cuba había recibido la repulsa de los estudiantes universitarios organizados que reclamaban, reclamábamos, que Uruguay acabara con la dictadura de Batista o al menos rompiera relaciones con ella.

El secretario general de la FEUU era entonces Alfredo Errandonea, anarquista, y los anarquistas eran, éramos muy celosos  de los métodos federalistas con el que se llevaba adelante la actividad de nuestra gremial universitaria. Aunque minoritarios, la dirección de la FEUU había sido sostenidamente orientada por “los anarcos” jugando con una política de equilibrios y denominadores comunes que ninguna otra tendencia podía ofrecer (comunistas, socialistas, nacionalistas, católicos, batllistas y hasta algún monár-quico). Hasta entonces: desde la instauración del nuevo gobierno revolucionario en Cuba, cambiará la correlación de fuerzas internas en la FEUU adquiriendo poco a poco el mayor peso el campo de “los unitarios”; defensores incondicionales de la Nueva Cuba.)

La FEUU invita a Castro. Castro acepta. La FEUU organiza un acto en la Explanada Municipal de Montevideo. Su Consejo Federal resuelve que el orador inicial será Alfredo Errandonea y el de fondo Fidel Castro. Cuando se va a iniciar la parte oratoria y el secretario general va a subir los dos escalones de la tarima emplazada al efecto es trabado por los brazos por dos de los guardaespaldas de Fidel. Pese a su masa corporal (AE no era menudo) queda inmovilizado y Fidel pasa a su lado, sube en dos zancadas y le sonríe diciéndole: “–Otra vez tú, chico!” El pase no debe haber durado ni dos segundos. Ovaciones, etcétera.

Para FC habrá sido apenas una anécdota, jocosa. Para los cuidadosos federalistas de la FEUU, del mandato imperativo, de las resoluciones desde las bases, del respeto a la lista de oradores, lo de Castro fue una trastada que expresa una forma de ver el mundo (y de verse a sí mismo).

Tengo otro miniepisodio vinculado a FC, aunque no con él personalmente, sino más bien con el culto a su persona.

Vuelto del exilio, con total “naturalidad” fui incorporado al flamante sindicato de periodistas porteños, la UTPBA, que se reclamaba sucesor de la APBA, de la que yo había sido socio a principios de los ‘70.

Por eso (y sólo por eso) fui invitado sin más trámite a un encuentro reservado de la dirección o más bien del núcleo militante de la UTPBA entonces, mediados de los ’80, con el secretario del sindicato de periodistas cubano, revolucionario.

El visitante hizo su exposición y en el intercambio de preguntas hice la inevitablemente incorrecta: –Dijiste que a FC no se le discute. ¿No hay, no puede haber alguna cuestión, algún tema en que alguien tenga algo distinto qué decir?

Silencio y consternación. El cubano, armándose de paciencia magisterial me mirò y me aclarò: –No. No existe tal tema, tal situación. A Fidel no se le discute, ¿está claro?

Acepté la info. Nunca más fui invitado a esos cónclaves reservados. Ya no estábamos en el estalinismo, así que ni siquiera me depuraron de los archivos.

 

No puedo menos que unir estos mínimos apuntes personales con otros datos y “perlas”:

  • Fidel cambió su segundo nombre por el de Alejandro. Su identificación con Alejandro Magno es expresa, sostenida. Muchos de sus hijos se llaman Alejandro o han recibido nombres que empiezan con A.
  • Su primer hijo (al menos legal) recibió el nombre de Fidel, aunque se lo conoció como Fidelio. En 1955 la pareja de Fidel Castro y Mirta Díaz Balart se rompe. Se dijo que la mujer estaba cansada de “infidelidades” (Fidel no hacía mucho caso de su nombre…). Estando FC en el exilio le pide a la madre, en Cuba, que le deje ver y estar con su hijo “por 15 días”. La ex estaba vinculada con dirigentes del gobierno (la dictadura de Batista). Ella accede y él se lo queda; de “los 15 dìas” ni hablar. Tiempo después, un comando de tres militares, presuntamente batistianos, le arrebata el niño a FC y lo devuelve a su madre, en Cuba.

Cuando en 1959 FC se apodera del gobierno de la isla (y su exesposa emprende el exilio con su nuevo hombre y dos hijas), Fidelio queda en la isla. Retenido por su padre. Aunque jamás se supo que lo atendiera; el niño se fue haciendo grande junto a tíos, como Raúl).

 

La oratoria exclusiva de la Explanada Municipal, el culto absolutizado al líder, el arrebato de un hijo de pareja desavenida (aunque en ese  caso, la madre le pagó con la misma moneda), la identificación con Alejandro Magno, revelan una personalidad absoluta, monopólica, avasalladora.

Juan del Sur,[2] comentando el mismo tema agrega otra “perla”:

«El día que ustedes se sientan solos, el día en que ya yo no esté entre ustedes, solo les pido una cosa, sean comandantes de ustedes mismos.» Es una cita del Granma (3/12/2016) y completa Juan: «mientras viva él, impera él, y además no se priva de prolongar su tutela aun después de muerto, pues les indica a los inferiores qué cambios de conducta deberán efectuar en ese caso: ni más ni menos, ser personas que se autogobiernen.”

El “diálogo” de Fidel Castro con otros es tan desigual, tan egocentrado, que no parece diálogo. El que lleva consigo mismo, apropiándose del mundo, es también problemático. Y el de sus seguidores con ese mismo mundo, todavía más.

Al respecto, podría ser todo un tema, el papel de las mujeres ante hombres así (como bien podría ser el de hombres ante mujeres de este tipo).

Y queda abierto, por cierto, qué habría pasado sin semejante liderazgo.

 

[1]  Una nota sobre el tema es la de Ignacio Ramonet, que se queja amargamente de la pérdida de 2 o 3 lugares de trabajo periodístico que se le cerraron luego de hacerle un extenso reportaje a FC. Se queja del retaceo a la libertad de expresión (suya). Su sensibilidad al respecto es llamativa porque IR tiene libertad de expresión en prácticamente todo el mundo, en una enorme cantidad de sitios donde se ejerce “libertad de expresión”. Me pregunto cómo reaccionaría si le estuviera vedada dicha libertad en la generalidad de las tribunas periodísticas, que es lo que nos pasa a mortales más comunes.

[2]  https://mail.google.com/mail/u/0/?tab=wm#label/socialismos/158d70815b914fbc.

Publicado en Poder, Política

Acercamiento político-ideológico entre EE.UU. e Israel

Publicada el 27/11/2016 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

A LEONARD PELTIER, SIUX-CHIPPEWA, PRESO POLÍTICO EN EE.UU. DESDE HACE 40 AÑOS

El autoasumido quincuagésimoprimer estado de la Union (lo que llamamos en castellano EE.UU.) está de parabienes.

Mediante la penetración ideológica y el éxito práctico de su actividad psicópata, Israel encuentra ahora en EE.UU. una resonancia como nunca antes.

Con los efluvios democráticos; igualdad de los seres humanos, lucha contra el racismo y otras banderas que los Obama y los Clinton han  enarbolado, bien que mesuradamente (siempre dejando “libre” el bracito que tiende a moverse hacia la derecha y hacia arriba, como es proverbial con los policías blancos en procedimientos contra población negra), la política práctica estadounidense engañaba y se autoengañaba. Por eso surgieron tiranteces entre, por ejemplo, John Kerry y los dirigentes sionistas cuando el honesto norteamericano verificaba una vez más la política de los hechos consumados borrando los penosos esfuerzos para alguna tratativa que concediera siquiera una migaja a los palestinos (que era todo lo que Kerry estaba dispuesto a otorgar a un pueblo no-blanco o periférico).

EE.UU. procuraba figurar como mediador, cuando era evidente su parcialidad en favor de Israel,[1] pero las reglas universalistas proclamadas y prácticamente jamás ejercidas por la dirección política de EE.UU. inhabilitaban a sus representantes para una franca coincidencia con la política rapaz, neocolonial, racista, violenta, asfixiante del Estado de Israel sobre sus despojados, la población oriunda palestina.

Es que los fundamentos filosóficos de la “democracia” estadounidense y el estado tribual israelí chocaban entre sí.

No había cómo ligarlos, sin conflicto lógico y ético.

Por cierto la AIPAC y la geopolítica imperial, las coartadas ideológicas made in Huntington, etcétera, facilitaban el trabajo conjunto. Pero siempre con el hiato que marcamos; lógico, ético…

 

Trumpazo mediante, la ambivalencia de entonces parece totalmente superada. El afianzamiento de la “derecha alternativa”, alt-right, crea la comunidad ideológica faltante. Se venía gestando al menos desde 2007, pero hasta ahora no había tomado tanto estado público y, sobre todo, no había sido tan puesta a la luz, como “orden del día”. Asimismo, no estaba todavía, tan desarrollada.

En habla inglesa un modismo entiende que el perro mueve la cola porque es más inteligente que ella, pero que si la cola fuera más inteligente, entonces movería al perro. Tenemos entonces que el perro yanqui ha logrado la “proeza” de ser movido por su cola israelí.

Lo cual nos llevaría a investigar qué órgano tiene la cola para lograr semejante control corporal del inmenso mastín planetario.

 

El actual gabinete israelí (constituido hace un par de años) mostró unos acentos ideológicos de extrema derecha, de racismo, racialismo o etnicismo (elija el lector lo que corresponda) manifiesto. Remito a la rápida recorrida que hiciéramos de tales políticos-funcionarios y sus ideas-fuerza.[2] La realidad del etnicismo sionista siempre estuvo presente y configuró toda su actividad política desde su mismo comienzo, pero algún bando de palomas de los comienzos del Estado de Israel o la alusión a lo socialdemócrata, tan en boga durante la segunda posguerra, llevaba a menudo a pensar que había profundizaciones y debilitamientos en el hecho colonial,[3] que ha sido, empero, la impronta principal del asentamiento judeosionista en Palestina.

Con el último gabinete de Beniamin Netanyahu se cortó esa duplicidad, que era más táctica que real, y entramos en una era de sinceramientos (que quien escribe preferiría fueran sincericidios): la ministra de Justicia (repare el lector el área ministerial) Ayelet Shaked, aboga por el asesinato de las madres palestinas [sic] porque “paren ofidios que atacan su patria”; Naftali Bennet, ministro de Deportes, ha declarado, deportivamente: “He matado a muchos palestinos en mi vida. No hay problema con eso.” Y así por el estilo son las declaraciones de miembros de este flamante gabinete o cofradía de juramentados…

Es que el etnicismo del estado sionista no solo es innegable y patente en los hechos; no sólo matrizò el proyecto sionista desde su origen; empieza a haber quienes lo formulan y reconocen como “lo normal”. Ya no es lo militante; es “lo normal”. Por eso hablan así, “naturalmente”, Shaked, Lieberman, Netanyahu…

 

Y bien, veamos que empieza a pasar en EE.UU. tras el trumpazo.

Que sostiene, por ejemplo, Richard Spencer, CEO del NATIONAL POLICY INSTITUTE, un think tank de la derecha-derecha, la que ahora se está aglutinando en la alt right. Quiere crear un etno-estado que aparte a las minorías…[4] Lissardy le pregunta si piensa plasmar ese etno-estado ahora, en “el crisol de razas” [una de las tantas mentiras, mejor dicho semiverdades y por lo mismo semimentiras, acerca de EE.UU.].

Spencer contesta con cierto realismo:

“Lo que espero para el futuro sería la creación de un etno-estado que sirva para toda la gente europea que protegería a su civilización, sí.

¿Y cómo haría eso?

No lo sé, no sé cómo va a desplegarse la historia. Es un ideal que espero que tengamos, que nos motive.”

El CEO del Instituto de Política Nacional distingue el movimiento del que se conside-ra expresión o vehículo (el de la recuperación del poder perdido de la raza blanca) de Trump y su triunfo.

Cuando Lissardy le pone varios ejemplos de coincidencia de la política del NPI con el nazismo, no exento de lógica aclara que las ideas de reafirmación de la raza blanca no son exclusivas del nazismo.[5]

Spencer aclara a lo largo de la entrevista: “La victoria de Trump no era el objetivo final del alt-right”.

Spencer abunda en su racialismo, etnicismo o racismo… “La raza es un concepto coherente. No es un problema determinar la realidad biológica de la raza.

Lissardy tercia: ¿Y si un hispano o afroestadounidense quisiera ser parte de ese estado, lo aceptaría?

Simplemente no puede.”

Sin aventurarnos, por ahora, en incursiones orgánicas o anatómicas, empieza a ser referencial conocer el ímpetu de la alt-right estadounidense, y su matriz.

Procuremos enhebrar la ideología hoy triunfante en EE.UU. con la vigente desde hace tiempo pero hoy más que nunca a la ofensiva en Israel, y que se expresa en el gabinete actual que glosáramos al principio de esta nota.

El concepto de etno-sociedad es lo principal. Fundante y común.

Tiene, empero, algunas dificultades, que a mi modo de ver son menores: 1) la pretensión no-satelitaria de Spencer y su alt right respecto del nuevo presidente; 2) el dérive nazi que es precisamente el origen del largo reportaje de la BBC a Richard Spencer, por su estentóreo grito de “Heil Trump!” [6]

Pero veamos un poco más el origen de la Alt Right. Este movimiento de reciente y creciente protagonismo  se inicia a mediados de 2007, en el verano israelí cuando Andrew Breitbart y Larry Solov, dos judíos estadounidenses (¿o tal vez estadounidenses judíos?) fundan un sitio-e “a favor de la libertad y pro-israelí sin tener que andar pidiendo disculpas (por ello).” [7] Estamos hablando de Breitbart News, el sitio-e a cargo de Stephen Bannon, el brazo derecho del presidente Trump.

Que el invento comunicacional de Solov y Breitbart no sea una cadena de transmisión de la campaña presidencial de Trump habla en favor de un interés propio. Que no nació como una máquina electoral; viene a reforzarla.

El inconveniente de la confusión con lo nazi es sorteable; en pura lógica, la derecha, la derecha más radical no tiene por qué ser nazi… por la sencilla razón que lo antecedió… y lo sobrevivió.  Es el nazismo lo accidental. Esta precisión, rigurosamente histórica, choca con la versión judeosionista que entiende que el nazismo es el non plus ultra del mal en la Tierra; el Mal absoluto, incomparable.[8] Como podría haber sido en su momento, el Ku-Klux-Klan (desde donde Trump tiene también algunos apoyos). Para desfacer este entuerto, consideramos que la alianza EE.UU.-Israel puede operar milagros…

La forma en que Breitbart dice desmarcarse del racismo es peculiar: “Facts aren’t racist. Censorship is oppression.” Los hechos no son racistas. La censura [sí] es opresión. Una falsa oposición en donde el primer término no expresa nada. Porque los hechos pueden expresar actos racistas (o no). Pero la formulación deja ver la incomodidad que sienten los racistas ante el reconocimiento de serlo. El racismo tiene, como verticalismo, autoritario, burocracia, burócrata, mala prensa. Aunque esos rasgos estén presentes en enorme cantidad de individuos, sobre todo con poder.

De este análisis comparativo, lo que me parece medular es el abordaje o la llegada, ahora explícita, gozosa, a la noción de etnoestado por parte de la creaneoteca yanqui (no todos, claro y afortunadamente, pero parece que sí un sector significativo), concepto liminar del sionismo con el cual ha procurado presentarse este movimiento político-ideológico que instrumenta su nosística como si fuera religioso y que, ha formado, históricamente el grueso, amplio grosor, de la población judía en Israel.

El mismo Ariel Sharon decía décadas atrás: “Dejen que yo haga el trabajo sucio; dejen que con mi cañón y mi napalm quite a los indios las ganas de arrancar las cabelleras de nuestros hijos” (Ariel, 1982). Repare el lector que esos “pensamientos” son del mismo año en que Israel dispone el asesinato masivo, el genocidio en suma, de palestinos (miles de asesinados) en los campamentos de Sabra y Shatila, en El Líbano.[9]

Es patente la identificación de Israel con EE.UU. que campea en la odiosa imagen.[10] Sharon, además, siempre insistía en el papel decisivo de Israel y su dirección en el gobierno efectivo de EE.UU. Solía decir: –‘hacen lo que nosotros queremos.’ Y mirado históricamente, no se puede negar su verismo.

Estos dos elementos, la identificación con EE.UU. y la relación de dependencia de los dirigentes (mayoritarios) de EE.UU. para con Israel son el humus sobre el cual se ha forjado ahora la alt-right en Israel para actuar en EE.UU.

¿Seguirá tolerando la ONU la excepcionalidad israelí (que no hace sino confirmar la excepcionalidad bíblica, basada en la confusión entre relatos míticos e históricos)?; ¿podrá sobrevenir un rechazo de la poblac¡ón estadounidense laica y racional que haga saltar el tablero vigente con el libreto en manos de sionistas (ya sea judíos o cristianos)?, ¿asumirá el Reino Unido su responsabilidad histórica por la dosis de maltrato, represión y muerte que ha arrojado sobre la población palestina desde hace prácticamente un siglo? (Corbyn y un ala laborista parecen haber entendido este horror histórico, pero no se ve cercano el momento de una revisión más nacional); o por el contrario ¿la ofensiva racista (pero bienpensante) seguirá acumulando poder luego del colapso soviético, la crisis de los “estados de bienestar” y la profundización de las dificultades ecológicas planetarias?

Difícil pronosticar, por no decir absurdo, cuando nos consta que lo futuro es incognoscible.

Pero registramos la tensión. Porque al mismo tiempo que la globocleptocolonización avanza rauda y financierizadamente destruyendo conocimientos ancestrales de la humanidad, también es cierto que nosotros los humanos no paramos de pensar y de conocer.

Y que, por ejemplo, el genocidio de las naciones de Abya Yala es cada vez más inocultable y difícil de llevar adelante (aunque se sigue haciendo, amparado en odiosas inercias). Y el despojo de la población palestina, que sigue a pasos agigantados, resulta por su parte, cada vez más inocultable.

Cada vez hay más estudiosos, aquí y allá, que están develando estos procesos.

Así que la derecha estará de parabienes. Pero las verdades son tercas.

[1]  Nasser Aruri, palestino y docente de Ciencias Políticas en la Universidad  de Massachusetts, EE.UU., califica a la mediación norteamericana en las “mesas de negociación” palestino-israelíes con el título de un libro suyo, “El mediador deshonesto” (editado en castellano, Editorial Canaán, Buenos Aires).

[2]  “¿Sensibilidad repentina o cómo esquivar responsabilidad ante lo indefendible?”, difundido en wordpress.revistafuturos.noblogs, rebelión.org, kaosenlared, entre otros.

[3]  Los esquematismos periodísticos nos “enseñaron” que David Ben Gurion era socialdemócrata y que Shimon Peres era “paloma”. Léase sobre  sus verdaderas actuaciones con historiadores veraces, como I. Pappe…

[4] Entrevista de Gerardo Lissardy, “Un momento de exuberancia, BBC Mundo, NY, 24/11/2016.

[5]  Más bien al contrario: en los comienzos del  nazismo, Hitler se consideró alumno, seguidor, admirador de los racistas anglonorteamericanos. Habría que investigar si el intento de coincidir con el Reino Unido, todavía en pie con el frustrado desembarco de Rudolf Hess en Inglaterra, en 1940, no expresaba todavía esa sed de alianza con “los otros amos” del mundo…

[6]  Trump salió de inmediato a desmarcarse de semejante socio.

[7]   https://en.wikipedia.org/wiki/Breitbart_News.

[8]  Al respecto Zygmunt Bauman, judío, ha escrito: “El Holocausto no fue la antítesis de la civilización moderna y de todo lo que ésta representa […] el Holocausto podría haber descubierto un rostro oculto de la sociedad moderna, un rostro distinto del que ya conocemos y admiramos […]”, Modernidad y holocausto, 2006.

[9]  Que la mano de obra haya sido “cristiana” no le quita responsabilidad al Estado de Israel.

[10] Con un remate falso, además, como era previsible dados los clisés usados. Porque los principales “coleccionistas” de cabelleras no eran “los indios”, como se suele presentar en la literatura del Far West, sino los blancos que cobraban recompensas por la cantidad de cabelleras indias presentadas. En una sociedad de largas distancias y medios precarios, la cabellera arrancada era garantía de nativo asesinado.

Publicado en Palestinos / israelíes, Poder, Poder mundializado

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