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Categoría: Poder mundializado

Uruguay, la MINUSTAH en Haití y la vieja política de los tres monos sabios

Publicada el 30/12/2019 - 12/02/2020 por ulises

por LUIS E. SABINI FERNÁNDEZ

Uruguay: mito civil. ¿Realidad civil o no tanto?

Con la dictadura los militares consolidaron una serie de privilegios que habrían sido inimaginables para muchos uruguayos de otro modo; como, por ejemplo, disponer de una presencia física dentro de la sociedad mucho mayor que la que los militares, proporcionalmente, tienen en nuestros vecinos, Argentina o Brasil (que no son, por cierto un dechado de civilidad). Tienen además un sistema jubilatorio o de retiro que es también inimaginable para cualquier trabajador civil uruguayo (jubilándose, según los grados obtenidos, a los cincuenta y pocos años o incluso antes de los 50, y hasta antes de los 40…). Y hablamos de jubilaciones muy jugosas, no sólo anticipadas… que son un verdadero dolor de cabeza para el presupuesto  público del Uruguay…

El informe sobre la ONU

Acaba de hacerse público un relevamiento llevado a cabo por dos investigadoras estadounidenses sobre los abusos sexuales llevados adelante por tropas de la ONU en el arrasado territorio de Haití.

La ONU se ha cuidado de investigar por sí los efectos de la presencia de “sus” tropas en las intervenciones en países en crisis, con lo cual no hace sino constituirse en cómplice de las actuaciones de “sus” subordinados, que ciertamente, tienen manos más que libres para ejercer sus poderes en esos desdichados territorios.

El informe de marras, que ha tomado estado público y conmocionado a buena parte del mundillo mediático (no tanto en Uruguay, en que apenas ha sido abordado y resultó prestamente olvidado), concebido inicialmente para atender diversos aspectos de la problemática de país ocupado por sus presuntos benefactores –valga la contradicción– tomó un giro inesperado cuando de las consultas y cuestionarios a la población cercana a las bases de los contingentes onusianos, surgió la cuestión de la presencia de los petits minustah, como se les llama a los vástagos de las relaciones sexuales entre mujeres, a menudo jovencitas de 15, 13 u 11 años, haitianas y soldados revistando como cuerpos armados en el país (cuerpos armados, dije; no cueros amados… como muchos de estos soldados se imaginan la historia).

En el inesperado giro de la encuesta, surgió un dato por demás significativo para el Uruguay: en la docena larga de países que ha enviado tropas a Haití bajo la MINUSTAH (2004-2017), Uruguay goza del indiscutido primer puesto en cantidad de violaciones, paternidades no asumidas y otras irresponsabilidades y abusos contra la población local.

Con algún otro país, hay que reconocer una dura competencia, pero de todos  modos Uruguay ha quedado indiscutido “oro” de tan  atroz certamen. Ya veremos porqué.

Pero antes, un pequeño relevamiento:

Uruguay fue registrado con el 28,3 % de los casos (alrededor de 75); Brasil con el 21,9% (alrededor de 60 casos); No sabe origen aprox. 20% de los casos (50-55 casos); Chile, con el 7% aprox. de los casos (cerca de 20); Argentina y Nepal, cada uno con un 5% de los casos aprox. (casi 20); Sri Lanka con el 3% de los casos (entre 7 y 8 casos) y luego con magnitudes menores (entre 1% y 2%), Senegal, Nigeria, Canadá, Bolivia, Jordania y Francia.

En este relevamiento falta conocer las dimensiones de los contingentes respectivos. Sabemos, sí, que Uruguay ha apostado fuertemente al conchabo tipo MINUSTAH en la ONU por razones crudamente económicas, aunque institucionalmente se invoque el deber moral de participar en pacificaciones. A la luz de esta investigación, así como el motivo idealista palidece hasta el ridículo, habría que ver si amén de las ventajas económicas no subyace otro motivo para apostar tan fuerte a la participación en la MINUSTAH; que interese a muchos como ejercicio de poder, en este caso emocional… Sentirse macho ha sido muy gratificador para muchos hombres, demasiado tiempo, como para ignorarlo.

El nauseabundo olor de este escándalo, para remate bastante escamoteado tanto por el gobierno uruguayo como por círculos que se reputan informativos o informados, expresa claramente que algo había podrido y no en Dinamarca, precisamente, sino en nuestro Uruguay.

Rastreando

El dechado de servicios llevado adelante por los militares uruguayos en Haití, mientras cobraban suculentos ingresos de la ONU, nos retrotrae a la siembra dejada por el Pacto del Club Naval, entre otras lindezas que nos han caracterizado. Este pacto, suscrito por la dirección militar en pleno retroceso político y las direcciones del Partido Colorado, el Frente Amplio y la hiperconservadora Unión Cívica garantizaba la impunidad a los militares por los abusos, atentados, apropiaciones, torturas que pudieran haber hecho, que realmente hicieron, durante el período dictatorial.

El Pacto del CN dejó a los militares sin hipoteca política ni ética alguna. Fue una fiesta de la impunidad (saldada con una amnistía generalizada a “la subversión”, sólo que            –significativa diferencia– en la generalidad de los casos sus titulares se habían “comido” alrededor de 13 años de penitenciería). Y empleando una jerga, también ella significativa: “Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva”.

El abusivo, racista, despreciativo comportamiento de los militares protegidos por la ONU, permite verificar varios rasgos pervivientes del Pacto del CN: los militares uruguayos se han permitido mantener sus modos de comportamiento del tiempo dictatorial, lo cual constituye una prueba de que el Pacto del Club Naval goza de muy buena salud y prolonga la caducidad que nos ha asolado dentro de fronteras, con la MINUSTAH llevada al exterior.

Defender lo indefendible

Con un pequeño agravante. Las atrocidades del tiempo de la dictadura eran rechazadas por demócratas y progresistas (al menos de palabra). Pasada la dictadura, por lo visto, no solo jefes militares disculpan atrocidades de sus cofrades; desde hace años muchos demócratas y progresistas  también las disculpan.

Para sustraerse a la presión militar, se la empuja fuera de fronteras. Para que traigan ingresos. Y ahora, como bien dice la Coordinadora por el Retiro de Tropas de Haití/Uruguay, nos traen este primer premio.

El ministro de Defensa José Bayardi y otros defensores de la actuación militar uruguaya fuera de fronteras nos dicen que se trata apenas de una minoría (de violadores, de abusadores).

Este argumento, abyecto, merece varias precisiones:

1) nadie dice que si MINUSTAH tuviera, por ejemplo, mil miembros uruguayos, hubiera mil delincuentes. Ni siquiera durante la dictadura y la impunidad consiguiente, todos los militares estaban dedicados a delinquir;

2) el que, sistemáticamente cada soldado ligado a un embarazo (con violación, amorío o seducción) fuera retirado del plantel y “enviado a casa” habla de una política: ruin, cobarde, corporativa, no sabemos si procedente del mando onusiano o del mando nacional, uruguayo en nuestro caso. Pero en cualquiera de los casos, revela el comportamiento de “ejército de ocupación” de la ONU, con total desaprensión y desprecio por la población local; concretamente, sus mujeres y niños/as;

3) esta investigación se refiere a 265 casos documentados. Pero todos sabemos que podrían ser más, muchos más. Porque se trata de hechos escamoteados, burlados, ocultos. Así que no deberíamos hablar de cantidad, sino de calidad.

El desprecio y el uso de la población local femenina (e incluso, excepcionalmente, masculina; los uruguayos también en esto se “lucen”) es un aspecto fundamental del maltrato sufrido en este caso por Haití a manos de la ONU. Pero no es de ninguna manera el único maltrato: el destacamento senegalés de la MINUSTAH llegó al país portando cólera y a causa de las gravísimas falencias ambientales y sanitarias, “lograron” contagiar e implantar la epidemia en el devastado primer país americano no anglo independiente (Haití tuvo que independizarse de su metrópolis colonialista que era la Francia revolucionaria, en 1804, cuando ya había devenido napoleónica). Se estima que ”gracias” al descuido de la ONU con los controles sanitarios hubo alrededor de un millón de contagiados y ¡varias decenas de miles de muertos! ¡La ONU no ha sentido ninguna obligación por semejante mensaje de muerte bajo pretexto de pacificar, educar, “enderezar” al país!

Pero volvamos a los militares uruguayos y al Uruguay.

No sólo vuelven al país con un “primer puesto” en violaciones y paternidades no asumidas. Pensemos en la inolvidable canción de Jaime Roos cuando nos recuerda que en los ’20 deslumbrábamos con un fútbol insuperable y que en los ’70 salíamos a pichulear y que “si te agarran sin papeles te meten en un avión” de vuelta al paisito…

Triste imagen la de Roos, pero ¿qué decir de estos nuevos uruguayos “exportados” oficialmente, fruto de la dictadura, el Ejército y la ONU?

Tal vez nos demos cuenta que hemos perdido calidad. Humana. Aunque estos últimos uruguayos tengan defensores por doquier. Vale la pena un mínimo repaso para ver nuestros abismos psíquicos y éticos:

  • El ministro de Defensa Jorge Menéndez: “No hay cuestiones azarosas para este país cuando representamos nuestra bandera y nuestro pueblo bajo mandato de Naciones Unidas. Hay trabajo, preparación, respeto al mando y a la legislación que determinan lo que debemos hacer, cuándo vamos, cuándo volvemos y cuántos somos.” (Presidencia, 9 mayo 2017)
  • El presidente Tabaré Vázquez hizo referencia en ese mismo año a “tolerancia cero” a los abusos. Menos mal. (cit. p. Coordinadora)
  • El ministro de Defensa José Bayardi, 2019, se refirió al episodio que nos ocupa como que se trababa de “porcentualmente pocos” casos de paternidad comprobada. Escamoteando que a estas tropas les está vedado todo abuso contra la población local…
  • Estas expresiones coinciden con la neolengua onusiana, según la cual lo que hace la MINUSTAH (y otros contingentes análogos) es ”estabilizar” el país sometido a intervención.

Con la caducidad dentro de casa, lo que han aprendido los militares es la impunidad. Rendir culto a la impunidad ha sido tarea nacional y mayúscula. Basta ver si alguna vez ha ido a juicio o a prisión algún estafador de rango.

Lo que ha pasado con PLUNA, FRIPUR, ANCAP es impunidad civil. La impunidad militar es un poco más dramática, porque se trata de cuerpos humanos rotos. Maltratados, violados, torturados, masacrados.

Y la impunidad se ha mantenido a pie firme. Claro que no bajo responsabilidad exclusivamente militar. A ella han contribuido, de modo decisivo, ilustres civiles como Julio M. Sanguinetti, Tabaré Vázquez, con el apoyo de “intelectuales” como Vivian Trías y en general los civiles desarmados firmantes del Pacto del CN, y también los civiles armados (más o menos ex), tipo José Mujica, Mauricio Rosencof y el namberguán de todos ellos, que se apresuró a escribir “la historia”: Eleuterio Fernández Huidobro.

El problema es mucho mayor que el tradicionalmente imaginado

Con esos amparos a derecha e izquierda, los militares han adquirido un “abandono de la pretensión punitiva”, casi inalterable. Y mediante la circulación de currículos, recomendaciones, etcétera, han ido consiguiendo atribuciones como batallones “de paz” en ese teatro de operaciones mundial, que es la ONU, la mesa de negociaciones de las grandes potencias, gubernamentales, militares o económicas, para hacer como que funciona una democracia planetaria.

En Haití, junto con militares brasileños, y de otras nacionalidades, los destacamentos uruguayos han ido haciendo sus pequeños grandes negocios: ganar “mil veces más que en casa” y conseguir extras, sexuales, por ejemplo, con mayor libertad y discrecionalidad.

La expansión de la militarización de nuestro país no pasa indemne: la imaginación militar no tuvo nada mejor que erigir un árbol de navidad con granadas de mano, balas de alto calibre, cascos militares, cajas de municiones, cañones, fusiles.

La decisión política, ministerial, de mandar desmontar semejante culto castrense a lo navideño sirvió para ver la estatura ideológica de la intendenta minuana, al parecer del Partido Nacional, negándose a cumplimentar la orden ministerial de desmonte inmediato del árbol “milico”.

Ese gesto de desobediencia podría revelar una acusada independencia mental o resistencia a la autoridad. Lo cual puede ser realmente una virtud. Pero su adhesión a lo militar la ubica como una partidaria cerrada e incondicional de la autoridad. Que sin embargo no cumple… ¡oh intendenta!, ¿en qué quedamos, ¿institucional o de facto?

Tanto el episodio “mayor” de la MINUSTAH como el menor del arbolito de navidad están sacando a luz una realidad, al menos inesperada para el horizonte civil que parece caracterizar a nuestro país. Al menos en la arena internacional.

El surgimiento de un partido de clara raigambre militar, como Cabildo Abierto y su extraordinario éxito electoral, poniéndose a la par de uno de los tres grandes agrupamientos políticos vigentes, revela que la imagen de civilismo de que Uruguay goza hoy en día no tiene porqué corresponder con la realidad.

La prolongada participación uruguaya en la MINUSTAH revela quiénes y cómo somos a comienzos del s XXI; lo mismo el arbolito navideño; lo mismo la pujanza de un partido militar y militarista; lo mismo la presunción de inocencia en todo acto de control o represivo por parte de fuerzas de seguridad… todo ello expresa el grado de ideologización militar en que estamos sumidos.

Publicado en Poder mundializado, Uruguay

“Salvar al planeta o salvar a los seres humanos” Una disyuntiva errada presentada por Pablo Hernández Parra

Publicada el 26/12/2019 - 07/01/2020 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández – 

”Los problemas complejos tienen soluciones erróneas que son sencillas y fáciles de comprender.” Ley de Murphy.

Pese a que todos conocemos el humor de las famosas “leyes de Murphy”, hay que reconocerles algo muy serio; en este caso, evitar caer en el maniqueísmo de dos posiciones únicas.

O algo peor: llegar a la presunta solución de un problema mediante otro, en rigor mediante el recurso de quitarle problematicidad a uno concentrando el asunto en otro.

Es indudable que Pablo Hernández Parra, en adelante PHP, aborda dos cuestiones tremendas y con las derivaciones correspondientes, más ominosas todavía.

Hay una contaminación planetaria que está atentando contra nuestra propia vida y la vida en general en el planeta y de la cual, las sociedades humanas sobre todo las que más han contribuido a esta calamidad, están adquiriendo, tarde y mal, conciencia (incorporo a esta nota, con mínimos ajustes de léxico, un comentario que ya le había formulado al mismo PHP con motivo de otra nota suya criticando, con razón, cierto profetismo ecologista, que envié entonces a una publicación abierta, postaportenia, anteponiendo aquí la fecha de ese texto).

14 OCT. 2019 – Aunque yo no soy amigo suyo ni defensor del cambio climático, me permito señalar ciertas falencias a su comentario.

Muy bien elegidas las profecías. Todas equivocadas, como era de esperar. ¿Es que cuando alguien es tan necio como para “establecer” una presunta realidad futura, y le pone fecha, puede acaso acertar?

La idea de lo profético, entrañable a toda religión, se casa poco y mal con nuestro concepto, humano, de temporalidad. Algo más racional y menos místico.

El positivismo y el marxismo mezclaron las cartas, pretendiendo conocer “científicamente” lo futuro. Lucubraron planes “racionales” para ese futuro. Trataron de fundamentarlos filosóficamente.

Pero luego del revolcón sufrido por el socialismo, el científico; el colapso soviético,  precisamente, parece difícil pretender seguir conociendo y preestableciendo lo que vendrá.

Lo que hay que evitar −algo que no veo en Hernández Parra− es negar una cuestión porque ha sido mal vista una y cien veces.

Todo profetismo histórico, climático e incluso ramplonamente personal es no solo falso, sino insensato.

Es decir, volviendo a términos de temporalidad, lo futuro es incognoscible. Por eso es estúpido o necio hablar de “el” futuro.

El pasado, en cambio, es, irreversiblemente, único. Solo que no es tan fácil de conocer como estar seguro de qué existió. Es tan arduo conocerlo, que nunca terminamos de saber qué es lo que existió. Pero esto es un problema del conocer, no del ser.

Y el presente, siempre fugaz, siempre deviniendo pasado, es lo suficientemente complejo como para que nunca terminemos de adueñarnos de él.

Podemos a gatas conocer el pasado. Y más a gatas, todavía, nuestro presente.

Y en estas condiciones, entiendo podemos hablar de cierto conocimiento: la fauna del planeta, salvo la estrechamente  conectada con la especie humana, como cerdos, vacas, ovejas, cabras, gatos, perros, cucarachas, ratas, está siendo exterminada.

Lo mismo pasa con la flora planetaria; salvo trigo, soja, arroz, eucaliptos y algunas pocas especies también vinculadas con la actividad humana, el tan diverso mundo vegetal, está siendo masivamente raleado, exterminado.

El agua planetaria está siendo progresivamente contaminada. Están los filtros purificadores de carbono, pero para el 5% de la población privilegiada, o tal vez apenas para el 5 o/oo…

Estamos ingiriendo plásticos, sin precedentes en nuestros tubos digestivos, ni en los de todas las especies que están ingiriendo lo mismo, particularmente las marinas que lo están haciendo cotidiana y permanentemente (en tierra, ingerimos partículas plásticas a menudo en la comida, pero no siempre; mediante la ingestión aérea, estamos “adquiriendo” plásticos más permanentemente, aunque tal vez ni siquiera así tanto como lo que “brinda” hoy el mar…).

Estamos desequilibrando el planeta como nunca antes. Toda sobrepoblación biológica “lograba”, dentro de la naturaleza, el correspondiente mazazo biológico, para perder población. La especie humana ha aprendido a defenderse, de hambrunas, de enfermedades, de guerras, y aumentar su tamaño cada vez más ininterrumpidamente, cada vez abarcando más territorio, más biota, más circuitos de recuperación y renovación.

Pero ¿cómo ensamblar un crecimiento indefinido y progresivo con un hábitat limitado (el planeta Tierra)?

No lo veo. Y eso me parece problemático. Y algunos gritos ecológicos, no necesariamente los más estúpidos, provienen de ese estado de situación.

También es cierto que la especie humana ha invadido casi toda la biosfera, la ha contaminado y la ha reducido haciendo cada vez más certera la advertencia del cacique suwamish, Seattle (que en realidad no fue sólo de él, en 1855, sino también de quien le actualizó la filípica, un ecologista estadounidense del s XX): “¿Qué será del hombre sin los animales? Si todos los animales desaparecieran, el hombre  moriría  de  una  gran  soledad  espiritual,  porque  cualquier  cosa  que  le  pase  a  los animales también le pasa al hombre. Todas las cosas están relacionadas. Todo lo que hiere a la  tierra,  herirá  también  a  los  hijos  de  la  tierra.” 

Pero este estado de cosas, apenas esbozado, porque se trata de muchos factores críticos; el aumento del CO2, el destrozo del ozono estratosférico, las plastificación de los mares, la destrucción de la biodiversidad, no le otorga ningún derecho a las élites planetarias; el Grupo Bliderberg, la Reserva Federal (de EE.UU.), la OTAN, el foro de Davos, la Casa Blanca, la City de Londres, el Pentágono, o alguna otra más o menos secreta red de grandes corporaciones, a resolver nada, puesto que son los principales causantes de este progresivo deterioro planetario, como bien apunta PHP.

Es inadmisible que los principales causantes de la crisis planetaria quieran disponer de las políticas para enfrentarla y solucionar lo solucionable; conociendo sus rasgos –los de los poderosos del planeta– nos consta que, como afirma  PHP, descargarán en “el resto de la humanidad” el sacrificio y la muerte para viabilizar una solución a escala para ellos. como la minoría privilegiada de siempre.

Pero una atroz política promovida por estos think tanks, no significa que no exista el problema que estos privilegiados visualizan. O que no haya que encararlo políticamente. O pretender que ni siquiera existe puesto que quienes lo muestran son los grandes y atroces privilegiados de la humanidad y el planeta. O que se trate de un “fraude del cambio climático […] de falsa bandera”. 

O antojadizamente atribuir, como hace PHP a algunos investigadores “formas de solución” de la cuestión demográfica que al menos esos autores no plantean como tales. MPM atribuye a  Corel Bradshaw y Barry Brook considerar “el impacto de guerras mundiales y pandemias globales que acaben con la vida de 6 mil millones de personas, como posibles métodos de lucha contra la superpoblación que amenaza el medio ambiente”, cuando lo que afirman los mencionados es que ni siquiera tales cataclismos llevarían a la población humana a reducciones demográficas significativas, y en ningún momento lo sugieren como método “de reducción”.[1]

Esta problemática sobreviene con la modernidad, solo que al principio nadie la imaginó. La modernidad se afirmó como un optimismo tecnológico, porque un desarrollo progresivamente acelerado otorgó una serie de ventajas y comodidades  jamás conocidas antes por la humanidad, y a nadie le dio por estimar entonces la suma algebraica de lo que se ganaba y se perdía.

Mejor  dicho, nadie entre los cultores gananciosos del nuevo rumbo, porque muchos humanos de las sociedades tradicionales “atrasadas” percibieron una problematicidad.

Hubo tenaz resistencia. Por ejemplo, ante un crecimiento de la miseria humana con las nuevas maquinarias del industrialismo moderno, los ludditas ensayaron una fuerte crítica y una resistencia, bien material, por cierto. No se negaban a todas las máquinas como reza el pensamiento dominante, sino a aquellas que destrozaban sus formas de vida social. Ahogada a sangre y fuego por el capitalismo abriéndose paso.

Y antes, aun, con el proceso cruento de la conquista y la colonización europea de territorios habitados por sociedades como las africanas y las americanas, hubo también procesos de resistencia. Guerra de guerrillas. A muerte. Porque el nuevo mundo industrial, occidental, venía con ella, precisamente, con la muerte bajo el brazo, para rehacer “un nuevo mundo”.

Sus armas fueron, las “máquinas de matar”, por cierto, las que usaron indiscriminadamente en la América del Norte, por ejemplo, para acabar con nativos y búfalos. Pero también el desarrollo tecnocientífico “pacífico”, la Biblia y un cambio de mirada. En lugar de la vieja mirada panteísta hacia la Madre Naturaleza, por ejemplo, la mirada hacia lo muy pequeño y lo muy grande, valido de bastones visuales; el telescopio y el microscopio (ambos forjados en el s. XVII). El hombre moderno llegará ver un mundo hasta entonces radicalmente desconocido. Lo cual es indudablemente un  avance, un adelanto, una ventaja de la modernidad ante todo el ensamble tradicional.

Salvo en un sentido: que el hombre moderno, el de la mirada micro- y telescópica, perdió la mirada, llamemos tradicional. Una mirada que sabía ver interrelaciones.

Porque de modo insensible dejaron de ver seres vivos, con la carga emocional y de empatía que a ello le es inherente, y empezaron a ver dimensiones físicas, manifestaciones químicas. Confiado cada vez más en su acrecentado instrumental, el hombre moderno confió en esas miradas para examinar el mundo, el universo y su propia huella. El epítome de esta actitud es la de René Descartes preguntándose si el animal es una máquina, y concluyendo categóricamente, que sí.

En lugar de una suerte de panteísmo viendo vida en todas partes, la mirada occidental moderna se hizo inerte, y ajena al mundo observado. Empezó a ver componentes físicos y químicos y a actuar sobre ellos. De allí, estamos a un paso de la contaminación planetaria. Este último giro de mi frase es excesivo: ya estamos en plena contaminación.

Un ejemplo histórico, ilustrativo. Cuando las compañías fabricantes de plaguicidas, en la década del ’60, habían ya asentado sus reales en todo Occidente, en pleno proceso de agroindustrialización, les faltaba, empero, mundializar “la demanda”. La India tenía entonces unos 500 millones de campesinos… tradicionales. Allá fueron los equipos de venta de tales laboratorios, y luego los think tanks, sorprendidos, para ver de perforar la caparazón cultural de ese campesinado retardatario… que se negaba a usar venenos contra sabandijas. Arguían que los bichitos también tenìan derechos. Y que ya estaba más o menos establecido, que se llevaban un 10% de las cosechas.

Los vendedores trataban de convencerlos, tramposamente, de quedarse con ese 10% para mejorar ganancias. Tramposamente, porque los venenos ofrecidos iban a costar algo, tal vez más que ese mismo 10% plus… Con el diario del lunes podemos afirmar que los campesinos indios analfabetos eran sabios y los vendedores transnacionales estúpidos, necios y miopes.

El desarrollo tecnocientífico

La modernización, entonces, trasmutó el desarrollo tecnocientífico con una escala de valores que no es en absoluto objetiva, aunque prefiera verse a sí misma como tal; laica, ecuánime, racional, científica: el optimismo tecnológico.

Y es gracias a este proceso de modernización, occidental, que hemos desencadenado un proceso monstruoso y metastásico de contaminación planetaria.

Con el cual, ahora llegamos a un estado de imposible ignorancia.

Los ojos de la soberbia fáustica fueron los ojos ciegos que creían ver tanto. Que efectivamente vieron tanto de lo que no se conocía antes, pero  no vieron  algunas relaciones entre las cosas de la naturaleza que sí se conocía… y se olvidaron.

Durante un par de siglos, por lo menos, avanzamos arrasando tradiciones, creencias (las más de ellas, es cierto, falsas). El hombre de la modernidad, fundamentalmente varón, blanco, europeo,  arrasó formas de vida y, dentro de la especie, vidas concretas de, sobre todo, varones no blancos no europeos.

Mejoras casi fortuitas, como la higiene aplicada a la salud y la enfermedad, permitió un crecimiento vegetativo sin precedentes y consiguientemente un aumento formidable de población, de modo totalmente imprevisto.

Mediante la soberbia occidental y su ignorancia supina (y el racismo, que ha acompañado como su sombra a la occidentalización del mundo), hemos introducido en la biosfera planetaria una crisis sin precedentes. El mar océano, planetario, está totalmente contaminado. Las grandes embarcaciones “recuperadoras” que el ambientalismo tardío y remendón encara,  operan a un nivel absolutamente ineficiente, porque el daño está más “adentro” de una mancillada naturaleza.

Pero a PHP esta cuestión le parece ajena por completo, concentrado en denunciar ‘los planes políticos del imperialismo’. Su optimismo tecnológico lo lleva a denunciar a la burocracia de la ONU con un argumento peculiar: “Uno de cada 20 habitantes del planeta debe ser echado al mar […]  en el momento que la producción de bienes materiales esenciales para la vida y la prestación de servicios a todos los habitantes del mundo supera con creces las necesidades de los 7500 millones de habitantes de este planeta.” [2]

PHP nos está presentando la producción actual como si se tratara del mejor de los mundos. Como si “la prestación de servicios a todos los habitantes del mundo” se hiciera sin daño ni contaminación; como si el sistema de poder de las transnacionales en el mundo al cual predan dañando a los oscuros del planeta y beneficiando con consumos rumbosos a minorías, fuera un proceso normal, ecuánime. Todo el acero crítico que pone PHP para hablar de Trump o la ONU, lo abandona para tragarse el cuento del desarrollo económico que proviene de ese mismo sitio.

La especie y nosotros, sus individualidades conscientes, está cada vez más incapacitada para medir sus propios pasos. Quienes están a cargo de las verdades oficiales del calentamiento global, por ejemplo, advierten que somos demasiados. Muchos datos abonan esa hipótesis, aunque PHP se escandalice.

Sabemos que hay una sociedad, al menos, la china, que encara el control vegetativo. Y China no es ni la red de los privilegiados, asentados en Manhattan, San Francisco, Londres o Montreal, ni tampoco la población de las urbes megalopolizadas, despojadas, arrasadas, de Dacca, Manila, Djakarta, Sao Paulo, Lagos, Calcuta o Mumbai.

Alguna forma de control, autorregulación poblacional, deberemos encarar. Desde abajo hacia arriba, desde afuera hacia adentro. 

Si no encaramos políticas con nuestras conciencias, magras conciencias… lo harán los poderosos por nosotros… o el calentamiento global, sin avisar y pese a negacionistas contumaces, empeñados en ver solo un ardid de los poderosos en la cuestión.

notas:

[1] “Human population reduction is not a quick fix for environmental problems”, https://www.pnas.org/content/111/46/16610.short, 18 nov. 2014. El hecho que este abordaje de universitarios australianos haya sido publicado por el más oficialista canal en EE.UU., da pie a la suspicacia de MPM. Pero hay que atenerse a los hechos para establecer causales.

[2] Pablo Hernández Parra, “2020: el verdadero dilema de la humanidad. Salvar al planeta o salvar a los seres humanos / 1”, 19 jul.2019, < http://infoposta.com.ar/notas/10663/2020-el-verdadero-dilema-de-la-humanidad-salvar-al-planeta-o-salvar-a-los-seres-humanos/>

Publicado en Centro / periferia, Conocimiento, Cultura dominante, Globocolonización, Nuestro planeta, Poder mundializado

Franja de Gaza: ¿víctimas o terroristas?

Publicada el 23/10/2019 por ulises

EL JARDÌN (INFERNAL) DE SENDEROS QUE SE BIFURCAN

por Luis E. Sabini Fernández

A fines de 2008, y hasta avanzado el año 2009, Israel desencadenó una operación militar, por tierra, mar y aire contra la Franja de Gaza, que bautizó, sintomáticamente, “Plomo fundido”. Se despedazaron mediante bombas desde aviones o disparos de tanques, edificios de habitación e instalaciones de todo tipo, sanitarias, hospitalarias, energéticas, de depuración, caminería, aeropuerto, puertos y muelles, matando a miles de habitantes, hombres, mujeres, niños, y dejando un saldo de varios miles de heridos (algunos baldados de por vida), otro alto porcentaje de población sin techo ni medios de subsistencia… “La Misión de Investigación de la ONU sobre el Conflicto de Gaza, concluyó su informe, conocido como ‘Informe Goldstone’, aseverando que la campaña militar israelí fue «un ataque deliberadamente desproporcionado, diseñado para castigar, humillar y aterrar a la población civil, para disminuir radicalmente su capacidad económica tanto de trabajar como de sustento, y para imponer una creciente sensación de dependencia y vulnerabilidad». También califica el prolongado bloqueo económico impuesto por Israel contra Gaza de ‘castigo colectivo’ contra la población.” [1]

Y el artículo que escribiera al respecto Julio María Sanguinetti, dos veces presidente electo de la República Oriental del Uruguay, se titula: “La cuestión es el fanatismo” (LN, Buenos Aires, 23 feb. 2009). ¿Se refiere a la causa de semejante daño? Ni pensarlo. Sería como ofender su sensibilidad demócrata y occidental.

Nos aclara casi al comienzo  que “con la conducción profética de Ben Gurión y, a partir de allí, ladrillo tras ladrillo [el estado judío] construyó un país próspero y también la única democracia en la región. Se trata de una sociedad pluralista”…. dejemos momentáneamente la monserga bíblica y crematística para transcribir una frase final de las suyas: “[…] Israel es el corazón de Occidente y la única frontera democrática en medio de un mar de dictaduras. Incluso es triste asumir, pero es verdad, que el único refugio de cierta racionalidad laica son los ejércitos (caso Egipto y Turquía).” Lo de triste, porque Sanguinetti sería civilista…

¿Qué cuestión entonces es la del fanatismo?

¿Niño judío muerde perro alemán? Este sentido del humor tal vez le sea ajeno. JMS nos va aclarando: “Israel no ha tenido desde aquellos lejanos días, ni siquiera una noche de sosiego. Seis guerras convencionales y dos ‘guerras santas’ (intifadas, ¡sic!) marcan una situación bélica apenas interrumpida por intervalos de tregua […] una ola de fundamentalismo religioso que es oficial en Irán […] con una siembra de odio contra Occidente y sus valores de la que los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York […] son expresión más que elocuente. […] Golda Meir  dijo que sólo tendrían paz con los árabes cuando las madres musulmanas quisieran a sus hijos más que lo que odian a los nuestros.”

Ya está todo redondito. Lo laico y valioso en el mundo musulmán se asienta en los militares; Israel no promueve guerras sino que se lo ataca e invade; la violencia con base religiosa surge de Irán, y esto oficialmente; los atentados a los 3 edificios neoyorquinos pulverizados el 11 de setiembre de 2001 son Made in Musulmanlandia y las madres musulmanas amamantan con leche de odio…  Y habrá que ver amor en las niñitas israelíes firmando alegremente bombas que caerán sobre palestinos…

Confrontemos esta sarta de miserias políticas, éticas e informativas con una aproximación a la realidad.

Escribe el físico investigador Denis Rancourt, en su momento catedrático de la Universidad de Ottawa, despedido por las autoridades universitarias aduciendo mal comportamiento en el otorgamiento de notas, aunque hay fuertes indicios que fue sencilla y brutalmente purgado por razones ideológicas (p. ej., se lo retiró del campus esposado):

“El Lobby de Israel tiene el papel de jefe del látigo del imperio militar-económico-financiero de los Estados Unidos, Imperio, para abreviar. Es decir, el lobby asegura la disciplina doctrinal entre los políticos, intelectuales y medios de comunicación occidentales, que estén alineados con los Estados Unidos, con respecto a la política del Imperio en el Medio Oriente. Me refiero a ‘intelectual’ en el sentido amplio de cualquier profesional que tenga influencia, y ‘medios’ en el sentido amplio de cualquiera que se comunica con los demás.

    ”El principal enfoque geopolítico del Imperio actualmente es el Medio Oriente, donde se dedica a prevenir activa y continuamente la liberación y la fusión de las naciones árabes, a fin de mantener el control del territorio y los recursos energéticos. Para lograr esto, la política principal del Imperio en el Medio Oriente es Israel, que está acusado de guerra continua y sabotaje contra todas las entidades del Medio Oriente que intentan independizarse del Imperio.

    ”Por lo tanto el Imperio, a través de Israel, se embarca en un proyecto cruel y asesino sin fin en el Medio Oriente y este desagradable proyecto debe venderse a las poblaciones de origen del Imperio, incluidos los gerentes y los ciudadanos comunes. Ése es el papel del lobby de Israel, vender a Israel y la carnicería continua y deliberada como aceptable e inevitable.

    ”Es por eso que el Lobby de Israel está activamente comprometido creando islamofobia, exagerando el antisemitismo, construyendo el recuerdo del holocausto nazi, reprimiendo la libertad académica, reprimiendo la libertad de prensa, ‘encontrando’ y persiguiendo a presuntos ‘terroristas'», en el desarrollo de leyes contra el discurso del ‘anti-odio’, en la promoción de lazos culturales con Israel, en el ataque a las asociaciones musulmanas, etc.

    ”Como tal, el trabajo del lobby de Israel incluye cientos de campañas en curso para intimidar, disciplinar, despedir y vilipendiar a académicos que se atreven a criticar a Israel o la política de EE.UU. en Medio Oriente. La lista de académicos excluidos y tomados como blancos es larga e incluye los conocidos casos de Joel Kovel, Ward Churchill, Norman Finkelstein, James Petras, Terri Ginsberg, William Robinson, David F. Noble, Steven Salaita, Iymen Chehade y muchos otros. Cuanto más amenaza un académico al lobby, más agresivo se torna el lobby […].” [2]

Bueno, ¿en qué quedamos? ¿provocan las guerras los irracionales musulmanes o la guerra constituye la columna vertebral del imperio para seguir disponiendo a su arbitrio de los bienes materiales que no tiene intramuros?

¿Quiénes son los terroristas?; ¿los habitantes de la Franja de Gaza despojados desde hace muchas décadas de sus medios de vida, invadidos, contaminados, hambreados, con un volumen de refugiados muy superior a sus dimensiones, sitiados por el llamado “Ejército de Defensa de Israel” empeñado en una política de ocupación y maltrato a los natives? ¿O el Estado de Israel y la estrategia de Oded Yinon (1981), de “divide y reinarás” sobre los países cercanos a Israel?

Siguiendo la estrategia de Ariel “El Carnicero” Sharon los sionistas evacuaron la Franja de Gaza: “Les vamos a hacer la vida imposible” añadió, y tras la evacuación de 5000 colonos el 5 octubre de 2005, esa misma noche enviaron aviones supersónicos a hacer vuelos rasantes nocturnos sobre las aldeas y poblaciones gazatíes logrando cosechar una epidemia de cuadros infantiles de terrores nocturnos, enuresis y oídos estallados; todo un “éxito” de tratamiento.

¿En qué quedamos? O Sanguinetti es un escriba desfachatado en sus juicios o Rancourt describe una realidad imaginaria, fruto de su magín. En lógica elemental, sabemos que dos enunciados tan categóricos y dispares no pueden ser ambos verdaderos. O los dos son falsos o uno es redondamente falso y el otro verdadero. Que el lector confronte fuentes, que lea los tramos de realidad que se le cuelan incluso a los medios de incomunicación de masas, en general controlados por el imperio, y veremos quiénes son los torturadores, de niños y mujeres, donde está la brutalización mejor vestida y más programada y el regodeo autosatisfecho, tan  característico de los que se sienten (y son en buena medida) dueños del mundo y sus verdades.

Los Julio M. Sanguinetti siguen encubriendo la sordidez sionista. Otros optamos por tratar de desnudarla.

[1]  Laura Morales, “A dos años de la masacre en la Franja de Gaza”, LEP, 3/12/2010.

[2]  Jonas E. Alexis y Michael Cangemi, “Alfred Lilienthal y otros lucharon contra la mafia jázara”, Veterans Today, publicado en castellano, rebelión.org, 6 oct. 2019.

Publicado en Centro / periferia, General, Medios de incomunicación de masas, Palestinos / israelíes, Poder mundializado

De alemanes, nazis, judíos, sionistas

Publicada el 09/08/2019 - 10/08/2019 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

¿Por qué los alemanes han tenido que explicitar su posición y su relación respecto del nazismo?

Indudablemente, porque el Tercer Reich ha perdido la 2GM. Como consecuencia, su población ha debido incluso soportar la sospecha generalizada de connivencia con el régimen nazi, en su momento indudablemente popular. Han sido incluso expuestos a teorías del tipo de las de Daniel Goldhagen sobre la impronta étnica en los comportamientos humanos (alemanes como “verdugos voluntarios” del nazismo).

Con el paso del tiempo y las peripecias, sobre todo las sufridas por los palestinos (pero no solamente), surge la pregunta de por qué los judíos no se ven precisados a definir su posición respecto de Israel. Porque Israel, que se iniciara como un golpe de mano, estilo pirata, aunque muy recubierto de amparos (por ejemplo, de las “Grandes Potencias” de la época), ha ido entrando en un vórtice de brutalización y violencia aun peor al de los momentos fundacionales. Y cada vez más impune.[1]

No se trata de hacer una comparación literal o exhaustiva entre Israel, bandera de la democracia occidental, y el Tercer Reich de triste memoria. Lo germano se considera nacional y lo judío es más ambivalente; puede ser religioso, idiomático o cultural, aunque con el Estado de Israel ha devenido cada vez más nacional.

Sin embargo, los judíos en general, y en particular los progresistas, llevan adelante su actividad social, política, intelectual, como si nada tuvieran que decir o que ver con lo que acontece en Israel.[2]

Lo cual, en términos puramente personales, es aceptable, pero considerado socialmente, pensando en vínculos de comunidad o de nacionalidad, incluso los tribunales, la responsabilidad es otra; rendir cuentas forma parte de cada uno, lo asuma o lo ignore. O haga como que lo ignora.

Si tal fue la situación con la realidad israelí, la de su surgimiento e implantación manu militari, la responsabilidad se acrecienta inconmensurablemente con la expansión del peso y el poder sionista en el mundo entero; pensemos en Sudán del Sur, Honduras, Colombia, Irak, Líbano, Siria, Irán, en el lado castigado del planeta, y en el Reino Unido y en general Europa y, fundamentalmente en EE.UU., el lado favorecido de ese mismo planeta…

La tesis presentada al principio es que los alemanes debieron, debían, incluso deben rendir cuentas porque perdieron la guerra mundial, porque salieron del círculo áulico de la humanidad y pasaron al de los que, precisamente, deben rendir cuentas.

A través de la consolidación del Estado de Israel como presunto estado soberano; algo no tan nítido si observamos el constructo político que llamamos Israel, que para algunos es “el portaaviones de EE.UU. en el Mediterráneo Oriental” (versión cada vez más obsoleta de la progresía occidental), para otros el quincuagesimoprimer estado de la “Union” con funciones particularmente directivas dentro de EE.UU., y para otros finalmente, parte de una entente que bien merece llamarse Triple por una configuración de poder combinado y mundial, entre elites del Reino Unido, Israel y EE.UU. (con sus City y Wall Street incluidas; no sabemos si Israel tiene un equivalente dentro de sus difusas fronteras; por internet no logramos captarlo).

La segunda y sobre todo, la tercera opción se perciben, por ejemplo, en la política de “Los 5 ojos” (que son 6) de la red Echelon.[3]

Como resultado de la 2GM, los judíos no necesitan rendir cuentas. Por suerte, existen judíos como los que mencionáramos antes.[4]

Hay motivos para estos deslindes, estas tomas de posición. Porque nos encontramos en una situación más problemática, más ardua, que en otros momentos culturales pasados. Estamos cada vez más en el terreno de una policía del pensamiento.

Y eso, en sus dos variantes más conocidas; las dos con impronta israelí.

Por un lado, tenemos los desarrollos tecnológicos securitarios en los cuales Israel está a la vanguardia con intervenciones cada vez más sofisticadas para oír, ver, registrarlo… todo. Ya es mucho más que la pesadilla Echelon. Hay capacidad tecnológica para convertir, por ejemplo, todo celular, aun apagado, en micrófono y con alcance de muchos metros. Al lado de lo cual, los viejos sistemas de escucha telefónica resultan paleolíticos. El paisaje urbano, el interior de los vehículos de todo tipo, se van convirtiendo en escenarios de un teatro mundial, generalmente inconsciente, involuntario.[5] Israel se ha especializado en la producción de tales dispositivos de omnicaptación.

Y al lado de esta tecnopolicía de vigilancia, arrecia otra policía del pensamiento… la de lo políticamente correcto.

Para su instauración, el sionismo ha desempeñado un papel primordial. Mediante la construcción de relatos como, por ejemplo, el de “Israel democrático” (tratándose de una sociedad racista y colonialista), o de los juicios de Nurenberg de 1946 como si hubiesen sido objetivos, o, por ejemplo, el culto a “El Holocausto”. Un historiador estadounidense, Norman Finkelstein, precisamente judío, por abordar esta últma cuestión en su excelente La industria del holocausto (cuya tesis es que el suceso, así presentado, ‘tiene cierto parecido con la realidad, aunque remoto’), desde que puso en circulación el fruto de sus investigaciones ha sido despojado de sus cátedras universitarias en EE.UU. Finkelstein está sitiado laboralmente desde hace años mediante una conspiración de silencio.

Como resultado de esta guerra informacional, en la actualidad, ya tenemos leyes en países hipersensibles por sus antecedentes, como Francia o Alemania, que reputan antisemita cualquier crítica a Israel. Y consecuentemente, ya tenemos presos políticos por aplicación de tales leyes… seres humanos arrestados y  encarcelados porque han planteado boicotear productos israelíes en tanto israelíes maltratan, hambrean y matan impunemente a palestinos. Boicotear, repare el lector, no dañarlos, no usar violencia.

Esa atroz asimetría contemporánea que resume tan bien Richard Falk al recordar los 15 años del Muro de 700 km. construido por los israelíes en 2004 dentro de los territorios bajo conquista: “fragmentando a las comunidades y vecindarios palestinos, dividiendo a los campesinos de sus tierras de cultivo, y constituyendo una recordatoria constante, ineludible, de la naturaleza de la opresión israelí.” [6]

Si criticar a Israel deviene un acto antisemita, ¿adónde fue a parar el derecho a crítica o la libertad de cátedra, por ejemplo?

En la mayor parte de los países de Europa ahora la historia del sionismo, la del nazismo, la del judaísmo están escritas. Definitivamente. Inamovibles. Reinvestigar, otorgar otro ángulo, otra información, ha pasado a ser delictivo.

Es la sustitución lisa y llana del conocimiento histórico por la versión oficial. El sueño −estalinista para unos, bíblico para otros− encarnado como revelación.

De ese modo, toda crítica a Israel es antisemita, investigar sobre las muertes de judíos a manos de nazis está fijado de antemano (p. ej., en 6 millones y las correspondientes indemnizaciones. Y a todos los que duden, tengan alguna observación, algún reparo, se los ubica en el campo “antisemita” (término impreciso si los hay, por cuanto “semita”  no es un pueblo siquiera, sino una familia idiomática).[7]

Obviamente, la policía de pensamiento no se aplica sólo a salvaguardar la imagen de Israel. Veamos otro ejemplo, tan distinto: una estrella del rugby australiano, étnicamente originario de ese continente, cristiano evangelista −Israel Folau− condenó recientemente en un mensaje de Instagram  a “homosexuales, adúlteros, mentirosos, fornicadores” asegurando que les esperaba el infierno… y fue expulsado de la federación de rugby australiana y segregado socialmente.

Considero sus opininones deleznables, pero condenarlo por ellas, es muchísimo más grave.

La policía del pensamiento, vieja pesadilla de antiutopistas, está deviniendo realidad y el motor actitudinal para este ahogo de la libertad de pensamiento es llevado adelante a través de la sobresaturación de información y entretenimiento y la configuración  de las mentalidades.

Calvino (Jean Calvin) aspiraba a conocer todos los pasos de sus conciudadanos, desde que se levantaban hasta que se acostaban. Para sujetarlos bíblicamente a la virtud. Su ciudad, Ginebra, contaba entones –siglo XVI−con unos 23 mil habitantes.

La aspiración de ‘una policía de la virtud’.

Hoy esa pesadilla se va concretando sobre miles de mllones de seres humanos.

notas:

[1]  Algo que también había pasado con el nazismo; una política reactiva, beligerante y agresiva, que fue acentuando sus rasgos hasta llegar a persecuciones y castigos atroces contra sus enemigos y víctimas.

[2]  Con la excepción, claro está, de los judíos que se han desmarcado del proyecto sionista, a menudo con riesgo de sus posiciones y hasta de su vida.

[3]  Fundada en 1948 por EE.UU., RU, Canadá, Australia y Nueva Zelandia, fue ampliada por única vez en 2004… con Israel.

[4]  Apenas como ejemplos:  Marek Edelman, el bundista, sobreviviente polaco en los ’40 que se negó a aceptar una invitación de Israel, como “héroe judío” en los ‘50. O los miles de haredíes de Neturei Karta. O investigadores  e historiadores como Ilan Pappe, David Comedi, Gilad Atzmon y tantos otros que han roto con Israel y su geopolítica mundial, que con acierto ha definido el historiador Miguel Ibarlucía como “fascismo exitoso” (tesis doctoral).  

[5]  En Argentina, Chacho Álvarez denunció esa técnica a fines de los ’80 o principios de los ‘90.

[6]  “Remembering the World Court Advisory Opinion on Israel’s Separation Wall After 15 Years, News & Analysis, Palestine, 12 jul. 2019.

[7]  Aunque en los últimos 20 años, la Academia de la Lengua Española  se ha avenido a restringir el significado del término al de “contrario” o “enemigo” de lo judío.

Publicado en Palestinos / israelíes, Poder mundializado

Visita nada protocolar de Mike Pompeo a la Argentina

Publicada el 26/07/2019 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

Argentina ha recibido la visita del emisario israelí Mike Pompeo.

Buen momento para preguntarse el porqué, el cuándo, y los motivos; los  expresos y los subyacentes.

Y buen momento también para plantearse por qué un representante del gobierno de EE.UU. actúa aquí como emisario israelí.

No se trata, obviamente, de una visita protocolar por más que se invoque el aniversario del atroz atentado en la AMIA. Ese atentado, precisamente, implica a la comunidad judía, al  EdI, y a la Argentina, obviamente.

Pompeo entonces viene a recoger los “dividendos” de las operaciones geopolíticas que se han tejido a partir de los atentados.

Del de la AMIA así como del atentado igualmente atroz y algo anterior en el tiempo contra  la Embajda de Israel, del cual se habla mucho menos y también poco y nada se sabe.[1] Con la AMIA, la danza de sospechas ha andado por la policía local y las desavenencias o traiciones intrasirias en los ’80, cuando el descendiente de árabes sirios Carlos Menem se hacía de la presidencia argentina y Hafez Assad ejercía con mano de hierro el gobierno de una Siria presuntamente socialista. De todos modos,  a poco de los atentados, con los servicios secretos de EE.UU. e Israel haciéndose cargo de “la investigación” sobrevino un cambio de “culpable”,  hacia Irán, precisamente el país que desde 1979 Israel quiere borrar de la faz de la Tierra aduciendo que Irán quiere borrar al estado sionista del territorio palestino.

El establishment argentino, ratificando su condición periférica y subalterna, no dijo ni mu; aceptó el cambio de sospechoso prinicipal y actuó o procuró actuar en consecuencia (con el intento de juicio en territorio iraní, que despertara las iras de los represenantes coloniales).

Como la geopolítica es cambiante, ahora la Argentina ha recibido otro candidato a culpable; parece provenir de las mismas fuentes y Argentina  hoy con la presencia de una presidencia que se identifica como una suerte de virreinato del poder globalizado, otra vez no dice ni mu. Se trata del Hezbollah; una organización libanesa que fue decisiva para desalojar a Israel de su ocupación de años en el país vecino, durante las últimas décadas del s XX. Israel no perdona esa derrota.

Así que los “investigadores”, que por lo visto más que investigar asignan culpas por razones geopolíticas, han optado por pergeniar dos responsables,con vínculos entre sí: la teocracia iraní y el Hezbollah libanés, igualmente musulmán.

Como se trata de un tejido geopolitico, los “investigadores” o sus chirolitas locales han agregado un tercer episodio o un  tercer atentado; la muerte de A. Nisman, cuando todos los indicios y las pruebas han llevado a considerarlo un suicidio.

Suicidio que sobrevino al enfrentar Nisman su propio vacío en el caso… AMIA.

Pero el emisario israelí no viene a calibrar verdades. Sino poderes. Su finalidad no es buscar, aristotélicamente (no me hagan reír) la verdad sino satisfacer a la geopolítica israelí (que incluye “mover” a EE.UU. en el sentido deseable; desencadenando acciones militares, violencia, contra, por ejemplo, Irán. Algo problemático. Aunque el control legislativo y de la Casa Blanca y sus secuaces, quiero decir asesores, es muy alto por parte de Israel, la estructura social, económica, militar, de EE.UU. es de tal envergadura y complejidad que presenta bolsones de resistencia a una colonización total, digamos sionista, israelí o judía.[2]

A todo esto, Mauricio Macri encantado por tener el (triste) papel que un poder mundializado que no conocemos le otorga. ¿Y Alberto Fernández?

[1]  Tanto silencio desde los propios afectados por la explosión que destrozara la sede de la embajada en 1992 ha dado incluso pábulo a la hipótesis de un atentado intestino.

[2]  Existen refractarios a que EE.UU. se ponga totalmente en manos del eje judeo-sionista. Tanto entre republicanos como entre demócratas, incluso muy de derecha. Se notó ─la resistencia y la influencia─ en  su momento con el enviado plenipotenciario de Clinton, John Kerry. Y hay fuertes sospechas de “la mano” israelí en casos como el del radiado general David Petraeus (oficialmente por un “asunto de polleras”) o la defenestración de Bill Clinton con el affaire Lewinski: influencia para enfrentar la resistencia.

Publicado en EE.UU., Globocolonización, Medios de incomunicación de masas, Palestinos / israelíes, Poder mundializado

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