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Pandemia, escamoteos y ominosa perspectiva

Publicada el 27/08/2023 - 16/10/2023 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

Tras la pandemia 2020-2022 declarada por la OMS se han trastornado las normas sanitarias y dejado un cúmulo de interrogantes absolutamente graves (porque tienen que ver con la muerte).

CAPÍTULO URUGUAY

En mi país, desde una tasa de mortalidad de aproximadamente 1% anual, estamos, desde la decretada pandemia, en casi 1,33%, una “sobremuerte” de decenas de miles.

Repasando las muertes registradas antes de la pandemia, el promedio entre 1997 y 2020 arroja 32 473 muertes cada año.[1] (el año con menos muertes, 1997 con 30454 y 34807, el que tuvo más (no señala año).

Es congruente con el concepto mismo de pandemia que durante su trascurso haya habido más muertes. Pero veremos graves incongruencias.

Veamos los tres últimos años; es decir los dos “pandémicos” y el último, ya fuera del ciclo de emergencia decretado por OMS:

2020, 32638: mantiene una continuidad con los guarismos de los años anteriores (recordemos el promedio de los últimos 17 fue 32473).

Pero luego: 2021, 44158 muertes; 2022, 39322 muertes.

El promedio de muertes de los penúltimos 18 años había sido aprox. 32 mil.

El promedio de muertes de los últimos 2 años, entonces,  ha sido aprox. 42 mil.

Recordemos que en 2021 se inició la vacunación masiva y muy inducida.

El MSP [2] discrimina por causa de muerte. Aun cuando subsiste un porcentaje ‘de origen desconocido’ que impide una apreciación más cabal, se puede distinguir claramente las causas de muerte que han aumentado más, mucho más, que las restantes: digamos que “cosechan” buena parte del aumento de mortalidad que hemos señalado. Se trata de muertes relacionadas con vías respiratorias, del tracto  génitourinario y las del ítem “Síntomas no clasificados” (las causas de mortalidad más frecuentes; tumores y corazón-arterias, no revelan aumento ni disminución).

CAPÍTULO EE.UU.

(no es que no existan datos de otros estados; es solo que nuestra condición, periférica, colonial, nos permite acceder más fácilmente a los de EE.UU.)

Tomamos datos de EE.UU. recopilados por Paul Craig Roberts acerca de las secuelas registradas tras las vacunaciones, en “Silencio ensordecedor sobre vacunas”.[3]

“Miocarditis  y pericarditis son afecciones que sobrevienen particularmente entre varones jóvenes vacunados.”[4]

“Algunos niños que han tenido  inflamaciones cardíacas luego de las vacunas COVID, meses después tienen todavía huella de tales inflamaciones. De 40 niños examinados se descubrieron anormalidades cardiacas en 26.” [5] Observe el lector la cantidad de afectados. ¡Más del 50%!

Como entiende Roberts: “Hay una cantidad mayor de estudios científicos que concluyen que la vacuna COVID [Pfizer o Moderna] es peligrosa que estudios que concluyen que es segura.”

Del relevamiento de Roberts, extraemos estos otros  párrafos:

”La miocarditis puede causar muertes, incluso muertes súbitas, y muertes por miocarditis después de que se haya confirmado la vacunación en varios países, incluidos Corea del Sur, Estados Unidos y Alemania.

”Investigadores de Corea del Sur informaron en junio que la miocarditis inducida por la vacuna causó ocho muertes repentinas, todas en personas de 45 años o menos, y un nuevo análisis encontró que la vacunación contra la COVID-19 estaba relacionada con un mayor riesgo de muerte relacionada con el corazón.

”Algunos críticos señalan los riesgos y los altos porcentajes de personas que han sido vacunadas, infectadas o ambas.[6]

Pero si estamos hablando de trastornos producidos por esta campaña de vacunación de emergencia de alcance mundial (al punto que la misma OMS prescindió del carácter obligatorio que ha acompañado a muchas vacunas basándose en el ahorro de vidas, secuelas y sufrimientos); trastornos como las alteraciones cardiacas señaladas, adquieren  otra trascendencia y peligrosidad cuando empezamos a registrar aumento de muertes. Como hemos visto en Uruguay, sin mayores comentarios oficiales, ni sanitarios,  ni médicos.

Un informe basado en VAERS,[7] –el servicio de control médico federal de EE.UU.–,  publicado en España,[8] otorga datos preocupantes. Con registro de trastornos en población de 5 a 17 años.

Sobre 687402 casos reportados,[9] se comprobaron 28 muertes, 62 anafilaxias, 6102 escalofríos (además; el resto, fatiga, cefaleas, mareos).

Otras investigaciones revelan una tendencia a suministrar vacunas a humanos a cada vez más temprana edad. Neil Miller, director del  Institute of Medical and Scientific Inquiry in Santa Fe, Nuevo México, sostiene: ‘los nacimientos prematuros  y el bajo peso son causas más comunes de muerte de neonatos, pero desde que hay vacunas que se administran a las 24 horas del nacimiento, es posible que algunas de esas muertes se precipiten  a causa de las vacunas dadas al momento casi del nacimiento.’ [10]

De todos modos, desde que causas de muerte asociadas con vacunación infantil no existe, los médicos y el personal especializado no pueden sino  calificar a las muertes relacionadas con administración de vacunas a recién nacidos, como «otras causas».

Hay otro aspecto, cultural, en esta cuestión de la pandemia, su peligrosidad sanitaria y, entiendo, su más alta peligrosidad cultural y política. Hemos visto que la vacunación COVID 19 es asociable con muertes. Varias, diversas muertes. Hay quienes sostienen que la mortalidad, en miles y centenares de miles de humanos atribuidos al virus COVID en realidad deberían se atribuidas a las presuntas curaciones que se han hecho para enfrentar al COVID (por ejemplo, con la política inicial de poner en respiradores a afectados que murieron no porque les faltaba aire, sino porque se les había alojado sangre en los pulmones).

Pero sin ingresar en terreno tan resbaladizo como el de las causas de muerte, ya está comprobado que la vacunación COVID 19 ha matado gente. Algo que, por ejemplo, no siempre ha pasado con vacunas (hay algunas con muerte cero en su vacunación, aunque sí se hayan registrado reacciones patógenas como anafilaxia).

La peligrosidad potencial de las vacunas COVID 19 ha llevado, por ejemplo, a situaciones como la que está viviendo la médica  Kelly Sutton. Se trata de una médica estadounidense titulada ejerciendo en California, desde la década de los ’70.

Esta médica ha protegido a niños médicamente vulnerables de vacunas potencialmente dañinas. Por eso exoneró a lo largo de años a ocho niños de recibir vacunas en  sus escuelas.

En California se ha criticado a médicos “exoneradores” de vacunas, acusándolos de recibir dinero de los padres para establecer esas excepciones. Que se sepa, no ha habido pruebas de tales sobornos. En cambio, sí se conocen reacciones patológicas de algunos niños ante vacunas. Y sobre esos antecedentes es que Sutton optó por exonerar a esos niños de recibir vacunas, generalmente a instancias de sus padres, preocupados por los riesgos.

Las autoridades sanitarias optaron por retirarle la licencia a Sutton, en una campaña para restringir las excepciones a las vacunaciones. Llama la atención y preocupan, las razones esgrimidas: que “carece  de buen carácter moral” [sic], que “mina la confianza pública en la integridad de la profesión médica.” [sic, sic]

No se trata de medicina, ni de salud; ¡se trata de un cuestionamiento moral y otro táctico!

El nivel conceptual desplegado para “defender las instituciones” es lastimoso. Y  revela más bien el significado de la autoprotección institucional. El aparato institucional, ha estado sin duda crecientemente preocupado por “el aumento incesante de padres que solicitan exención a las vacunaciones de sus hijos”. Las autoridades californianas reaccionaron entonces con una reglamentación que restringe el derecho de los padres a exceptuar a sus hijos de recibir vacunas, amparados en sus creencias personales; ya no alcanzaba la sola voluntad de los padres. Se hizo necesario una autorización de personal médico apto que verifique que esos padres  han recibido información pertinente sobre los riesgos de no  estar vacunado.

En 2015, a raíz de un brote de sarampión en Disneyland, del cual los medios masivos de comunicación acusaron a niños no vacunados, así como a la existencia de un bajo número de alumnos de escuelas públicas vacunados, los senadores del estado presentaron una proyecto de ley para borrar toda apelación a creencias particulares para no recibir vacunas.

El orden institucional se va imponiendo sobre las libertades individuales y familiares. Ése fue el “clima” y los fundamentos para retirarle la licencia médica a Kelly Sutton y a colegas que habían tenido hasta entonces consideración a la voluntad “informada” de progenitores.

Queda prístino que es una política de sujeción a un ordenamiento médico cada vez más generalizado. Un ordenamiento, empero, que no parece acreditar las excelencias que pregona y postula cumplir. Junto con indudables avances científicos, sociales, tecnológicos, el Big Pharma se ha ido adueñando de más y más recursos en todos los sentidos: los grandes consorcios farmacéuticos transnacionales no parecen la mejor garantía para la salud de la población. Señalo apenas dos ejemplos para recordar. En su impresionante estudio sobre el cáncer de pecho, el médico estadounidense Lappé explica como la política sanitaria desarrollada en EE.UU. (y concomitantemente, en muchos otros sitios) es para alcanzar la detección precoz de cánceres; nunca para evitarlos. Porque lo primero asegura el desarrollo (económico, empresario) de aparatología y laboratorios, y lo segundo cuestionaría el estilo de vida dominante, con alimentos obtenidos con métodos y sustancias  tóxicas.

Y segundo: en cualquier congreso médico que se precie de tal y de no ser una operación de Public Relations, ¿cuál es el capítulo inicial, generalizado a visualizar?: la iatrogenia. Se estima hoy que la tercera causa de muerte, junto con  trastornos cardiacos y circulatorios y cánceres, es la producida por productos, recetas, medicamentos, en una palabra, la panoplia médica.

Un ejemplo entre tantos: durante el Covid 19, se dijo que con un 70% de vacunados se alcanzaría “inmunidad de rebaño”. Cuando un país sobrepasó ese guarismo, no se suspendió la vacunación. ¡Ni cuando se comprobó que los no vacunados contagiaban a los vacunados!

Que un no vacunado contraiga Covid 19, vaya y pase; ahora que un vacunado también, ¿para qué se vacunó? La insistencia de proseguir hasta el 100% de vacunados nos dice que el contagio es irrelevante y que lo que importa ha siso alcanzar con la vacunación a todos. ¿para qué? Buena pregunta.

¿Es salud o colocación de mercancía?

notas:

[1]  Luis Anastasia, “Sigue exceso de muerte en el Uruguay”, 1o. ago 2023.

[2]  MSP,  Ministerio de Salud Pública del Uruguay, cuadros cit. p. Anastasia.

[3]  ”The Deafening Silence About the Vax, Unz Review, 2023 08 07.

[4]  https://markcrispinmiller.substack.com/p/bronco-kj-hamler-steps-back-lsu-coach.

[5]  Zachary Stieber, “Heart Scarring Observed in Children Months After COVID-19 Vaccination: Study”, The Epoch Times / Maryland, 2023 08 05.

[6]  https://www.theepochtimes.com/mkt_app/health/some-vaccinated-children-have-heart-scars-after-myocarditis-long-term-study-5446348

[7]  VAERS Vaccine Adverse Event Reporting System (Sistema de notificación de eventos adversos de las vacunas). Es un programa federal en EE.UU. para la seguridad de las vacunas, coadministrado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades [CDC] y la Administración de Alimentos y Medicamentos [FDA].

[8]  https://www.analesdepediatria.org/es-eventos-adversos-vacunas-covid-19-una-articulo-S1695403322002557.

[9]  Para no distorsionar el efecto de estas  impresionantes cifras, hay que tener en cuenta que los casi setecientos mil casos reportados se extraen de todos los millones de vacunaciones efectuadas sobre la población infantil y adolescente de EE.UU., seguramente decenas de millones de individuos, que no registran alteraciones.

[10]  Cit. p. Angelo de Palma, https://childrenshealthdefense.org/defender/infant-vaccines-all-cause-mortality/

Publicado en Centro / periferia, Globocolonización, Salud. Y enfermedad, Uruguay

¿Uruguay periférico y subalterno o/y pequeñito y autónomo?

Publicada el 27/08/2023 - 16/10/2023 por ulises

Filosofía: ¿necesaria o prescindible?

por Luis E. Sabini Fernández

El gobierno de Luis Lacalle Pou está tomando medidas para achicar la presencia de la filosofía en los estudios secundarios y restringir los de astronomía, convertida su asignatura en “opcional”, con lo cual se empalidecen los aportes que puedan brindar a los jóvenes estudiantes para la comprensión del mundo.

Este ataque o desprecio al pensamiento abstracto suele ampararse en la relevancia que se quiere otorgar a materias útiles y concretas, como inglés, tecnología, economía y finanzas. Para que los alumnos “aprovechen su tiempo de estudio”.

Es un debate viejo en la historia uruguaya, y por cierto tiene que haber existido en EE.UU., en Europa, en los países asiáticos.

El “llamado de atención” y cierto desdén ante materias abstractas o ajenas a las necesidades laborales, tuvo una curioso  antecedente en la presidencia del padre del actual presidente. Y uno podría considerar que se trata de las mismas usinas ideológicas que quieren ver a las generaciones jóvenes integrándose “como corresponde” en un mundo cada vez más altamente tecnificado.

Pero no estamos  en medio de consideraciones desinteresadas, como proclaman nuestros políticos.

La crítica a una educación presuntamente intelectualista no tiene empacho en que, por ejemplo, UPM promueva una educación de tipo instrumental para nuestros niños y jóvenes en áreas cercanas a sus plantas, para que sus operarios puedan hacer sus tareas  con pericia, aunque resulten carentes de toda  experiencia de discernimiento, y se diluya consiguientemente todo empeño en generar capacidad crítica.

El tipo de capacitación que el mundo de los consorcios transnacionales demanda es para una mano de obra a su servicio, seguramente al día en desarrollos tecnológicos, pero ajena a toda reflexión (para esa instancia el mundo hipertecnologizado de nuestro presente ya tiene a sus especialistas, como por otra parte toda sociedad de amos ha tenido siempre).

La cuestión planteada con los planes de estudios secundarios es compleja. Porque a su vez, los proyectos humanistas, eruditos e intelectuales que han caracterizado al Uruguay liberal, al de la mayor parte del siglo XX, tampoco han ayudado a generar jóvenes capaces de gestionar su propio futuro y el de la sociedad en que viven, desde adentro, desde abajo. Porque, como sociedad periférica que somos, nuestros desarrollos han sido desde afuera y desde arriba.

Pese a todo, Uruguay tiene una historia relativamente rica con la filosofía, al menos en el concierto sur y centroamericano.

Tal vez hasta su origen –territorio desgajado de un concierto político mayor, que se vio forzado por razones geopolíticas (de los poderosos de entonces y de los vecinos) a ser “independiente” o “libre”– obligándose así a generar ya que no una historia propia, sí un camino propio; tal vez por la carga política de los primeros proyectos independentistas sobre este territorio; el sueño artiguista confederal, tal vez por nuevas contribuciones que sin concierto pero con  feracidad cayeron en nuestra tierra, y la abonaron, como por ejemplo, las emigraciones o mejor dicho los refugios políticos de los comuneros de París de 1848 y poco después, los de los comuneros parisinos de 1871,[1] aporte que configuró el Uruguay y particularmente el Montevideo del s XIX; ”la Nueva Troya”, y que se tradujo culturalmente en el peculiar fenómeno que a lo largo de todo el siglo XIX fueron más las ediciones uruguayas en francés que en castellano.

Con ese bagaje cultural, totalmente europeísta aunque no en la matriz ibérica que caracterizara a tantos estados nuevos de las Américas al sur del Río Bravo, entra el Uruguay al siglo XX y casi enseguida José Batlle y Ordóñez, hijo del presidente Lorenzo Batlle, iniciará una peculiar modernización en el pequeño país que tendrá como  consigna una democratización unitaria, que denominará institucional.

El fundador de una de las dinastías políticas del Uruguay, por un motivo circunstancial, azaroso, logrará encauzar al país en una senda única. Algo que dado el origen del Uruguay, había resultado arduo. El país estuvo dividido, bicéfalo, buena parte del s XIX -blancos y colorados, el gobierno de la Defensa y la Aduana de Oribe, aporteñados y abrasilerados, doctores vs. caudillos-,  y la sorpresiva muerte de Aparicio Saravia, el jefe armado del ejército miliciano del Partido Nacional, acabará con la “Revolución de 1904”.

 

Con JByO se inicia así un proceso de democratización, de laicización enfrentado a la Iglesia Católica, se consigue el divorcio por la sola voluntad de la mujer, quedan abolidos los malos tratos a los presos, la aceptación de las demandas sindicales, se suprime la pena de muerte, la tauromaquia, la riña de gallos y muchas medidas por el estilo, todo ello (o casi todo) en la primera década del s XX.

La derecha clásica -la del latifundio, el crucifijo y los  negocios entre caballeros-  estaba que reventaba de odio. Contra ese comunismo que creía ver en el batllismo.

En  ese aspecto, empero, el batllismo perseveró. Sosteniendo un laicismo que permitió fortalecer, desarrollar la educación pública. Y  tuvo contradictores, como José Enrique Rodó, que también aportaron al potencial intelectual y filosófico del Uruguay.

En ese ámbito, el aporte de Carlos Vaz Ferreira será decisivo. Y con él, un florecimiento de la filosofía. Y con José Figari, otra cabeza pedagógica (aunque termine famoso por sus pinturas), postulando un ensanche de la educación hacia los jóvenes. Aun con limitaciones clasistas, el Uruguay abrió con su política cultural y educativa una acción, un devenir intelectual, social y político para las nuevas generaciones,[2] para nada reducido a los núcleos oligárquicos. Es el Uruguay del semanario Marcha (1938-1974) y contemporáneamente  de la “generación crítica”. Muchos otros docentes e intelectuales fueron expresando este Uruguay con enjundia filosófica; Carlos Real de Azúa, Roberto Ares Pons, Carlos Quijano y tantos, tantos otros. El Uruguay de mediados del s XX fue generando un movimiento formidablemente crítico enraizado en el desarrollo de ideas de nuestros filósofos, docentes e intelectuales, la filosofía actuante y práctica que fue forjando en el país. Y así, la FEUU fue uno de esos semilleros. Uruguay forjó una representatividad, una vigencia intelectual continental, llamativa para las dimensiones del paisito.

El perfeccionismo de JByO lo llevó a procurar instaurar un régimen colegiado de gobierno de inspiración suiza (los suizos tuvieron enorme protagonismo en el Uruguay de esa época y posterior, pero no en el gobierno sino en la mejora de la industria lechera  y láctea). Pero la primera puesta en práctica de “colegialismo”  fue limitada y la segunda,  coincidió con el comienzo de una crisis que carcomerá a todo el país en la segunda mitad del s XX. La pretensión de eliminar liderazgos caudillistas con gobiernos colegiados no sólo no plasmó políticamente sino que tampoco atemperó liderazgos.

Este divorcio entre la doctrina y la realidad también se expresó en la relaciones de poder entre estados: los batllistas llegaron a declararse anticolonialistas. Y bajo esa consigna, sobre todo al fin de la 2GM, expropiaron muchas empresas y servicios que “los ingleses” habían desplegado en el país. Sólo que coincidiendo con la apertura del país a otra inversión, la norteamericana.

Cambiamos trenes por autos y camiones.

Incluso con un minus: trenes ahora propios otra vez (como las primeras líneas, de 1865) por autos y camiones ajenos. Made in USA.

Pero ese cambio de metrópolis no se inició en 1945, con el establecimiento de EE.UU. como potencia primera del mundo. El batllismo había iniciado su amorío con el american way of life bastante antes.

Con el presidente batllista Baltasar Brum, para quien la Doctrina Monroe, discutida cuando su primer centenario, en 1923, no era una expresión imperial de EE.UU. sino el camino para sacarse de encima toda pretensión colonial europea.

Lo que equivale a decir que probablemente el principal continuador de Pepe Batlle, con un final trágico que lo honra [3] tenía la más absoluta miopía ante un colonialismo, un imperialismo que apenas mutó algunos de sus rasgos, con lo cual fue fácilmente aceptado, y adoptado  por la novel dirigencia política batllista.

Alberto Guani, canciller batllista, será el único representante de la América lusohispana, que apoyará la Declaración Balfour del gobierno británico, 1917, prometiendo Palestina a referentes del gran capital judío transnacional.  Con total desaprensión ante la población existente en Palestina desde siglos atrás (¿o milenios?).

No es extraño. Era “lo natural” que europeos ocuparan el territorio que consideraran apropiado para sí. Lo hicieron en todos los continentes; lo hicieron en el actual Uruguay, poblado antes de la llegada de españoles y portugueses por charrúas, arachanes, guenoas, minuanes, bohanes, de quienes apenas se conservan idea, recuerdos y testimonios, como los túmulos funerarios denominados “cerritos” (aunque entendámonos: hay sangre de esos originarios en nuestro país, sobre todo, pero no exclusivamente, de los infantes y mujeres repartidos tras Salsipuedes, 1831).

Pero junto con el giro a la franca derecha que el batllismo fue operando en nuestro país, siempre bajo la bandera progresista de la resistencia al colonialismo europeo y la apuesta por la modernización tecnológica (muy identificada, aunque no exclusivamente, con EE.UU,), el país siguió  caracterizándose por una crítica política y filosófica inquieta, cuestionadora. Entre otros rasgos, se hizo vigoroso en política internacional, el tercerismo: ni con EE.UU. ni con la URSS.

En 1959, tenemos dos fenómenos nuevos; uno no tan nuevo: la crisis económica, que se había postergado para el país con la Guerra de Corea (1950-1953) gracias a las exportaciones –carne  y lana– se vuelve a presentar, cada vez más imperiosa, desde la segunda mitad de la década del ’50; y dos, hace irrupción en el panorama latinoamericano la Revolución Cubana (1959). Que se lleva consigo a buena parte de “la generación crítica.”

Hagamos una última referencia al vigor filosófico en nuestro país. Hacia 1973, caído el país en feroz crisis,  se mantenía una maltrecha Facultad de Humanidades y Letras, promovida en 1945 por Carlos Vaz Ferreira, y en su Licenciatura de Filosofía, junto a departamentos como el de Filosofía Teórica, Epistemología, Estética, dos de Historia de la Filosofía y otro de Filosofía de la Historia, estaba el de Filosofía de la Práctica cuyo titular era Mario Sambarino. Con el golpe de estado de junio 1973, la Universidad será clausurada durante unos dos años que serán de depuración ideológica.  En sus clases de seminario, ya sobre el filo de lo que iba a ser el cierre de la Universidad, Sambarino explicaba: el régimen instaurado proclama su lucha contra tupamaros, guerrilleros, la violencia, el marxismo, el socialismo. Esta cátedra no es ni guerrillera ni frenteamplista ni marxista ni violenta. Si se atienen a lo que proclaman, nuestra labor tendría que seguir en pie. Si a nosotros nos barren sin que estemos en los listados y agrupaciones en los cuales otros colegas están, eso revelará el verdadero carácter liberticida, archirreaccionario del proyecto de la dictadura.

El Instituto de Filosofía de la Práctica, como todos los demás, fue cerrado durante esos dos años. Casi todo su personal, director incluido, exonerado. Mario Sambarino, autor del ensayo extraordinario Algunas consideraciones sobre la estructura aporético-dialéctica de la eticidad (1970), tuvo que morir en el exilio.//

notas:

[1]  La Comuna de París de 1871 configuró el primer conato de lucha por el socialismo. Y fue muy relevante, no sólo por el tendal de muertos, que se estima en varias decenas de miles de obreros, sitiados  y reprimidos con ferocidad, sino por resultar el primer enfrentamiento entre lo que se denominó lucha entre capitalismo y socialismo. Cuando en febrero de 1918 Lenin  y los suyos calculan que el golpe de estado que han dado y llaman revolución ya ha sobrepasado los dos meses largos y se mantiene en pie, que fue el tiempo “de vida” de la Comuna de París antes de caer derrotada, lo festejan como “triunfo” y se cuenta que hasta el austero Lenin zapateó loco de contento. La Comuna de París era denominada “el primer asalto al cielo” de tiempos modernos, lo que nos permite calibrar el rasgo religioso del socialismo, tan a menudo pretendidamente científico.

[2] Apenas una anécdota de mediados del s. XX: el profesor de filosofía  Ismael San Miguel, proverbial examinador, insistía durante todo el curso en la importancia de pensar con cabeza, y sobre todo, propia. En la mesa de examen le pregunta a un estudiante:

“-¿Qué es eso? y le señala una mosca. El estudiante le contesta: una mosca. Y el profesor, como insatisfecho por la sequedad de la respuesta replica: -es vida; es un componente de nuestro universo… y se extiende en otras consideraciones biológicas, poéticas…. Suponemos que el examinado saldrá aprobado aunque no con un cum laude. Pasa a la mesa de examen el estudiante siguiente, el que estaba preparándose en un pequeño pupitre mirando y escuchando al estudiante que lo precedía. Esa rotación la conocía tanto los estudiantes como el docente. El docente la pregunta al nuevo examinando: ¿Qué es eso? El estudiante sabe el espích: -Es vida, un componente de nuestro univers… El profe –todos sabíamos que no toleraba la imitación– lo interrumpe y le aclara: -Es una mosca. Reprobado. Se castigaba el copiar o copiarse  en escritos… él también en orales.

[3]  Ante el golpe de estado de José L. Terra, en 1933, Baltasar Brum llama a la resistencia, revólver en mano, y ante la inacción o indiferencia social ante semejante atentado al orden constitucional, tras horas de infructuosa espera, se pega un tiro en la sien.

Publicado en Conocimiento, Sociedad e ideología, Uruguay

acercándonos a una catástrofe sin precedentes

Publicada el 10/08/2023 - 16/10/2023 por ulises

Por Luis E. Sabini Fernández

LAS MEGALÓPOLIS SE PRESENTAN COMO CULMEN DE NUESTRA CIVILIZACIÓN Y A LA VEZ COMO UNA DE LAS “MÁQUINAS INFERNALES” CON  CONTAMINACIÓN MASIVA Y GENERALIZADA.

Nos encontramos como humanidad, como planeta, cada vez más ante una serie de fenómenos nuevos, a la vez ominosos.

Cada vez son más los spots, los anuncios, los podcasts, los envíos, los pequeños clips, minivideos, que lo anuncian. Y ciertamente, todo el concierto ambiental onusiano también.

Lo que se observaba hace veinte o treinta años en Europa y en otras zonas industrializadas del planeta; incendios forestales, por ejemplo, cada vez más frecuentes y devastadores, o deslizamientos de tierra, temporales grado 5 a 250 km. por hora, o rotura de diques de cola, cualquiera de dichos fenómenos arrasando poblaciones, cultivos, están sufriendo una intensificación sin precedentes.

Siempre queda, empero, una duda. Como cada vez estamos más presentizados por vía de intercomunicaciones permanentes, cuesta mucho discriminar cuanto es aumento real de acontecimientos climáticos catastróficos y cuanto es el acceso a conocerlos lo que nos induce a considerar que han aumentado (catastróficamente).

Porque siempre hubo, por ejemplo, temperaturas insoportables. En el Sahara; a principios del s xx se había registrado 78 grados centígrados en Tripolitania (texto para escolares en Uruguay El mundo tal cual es) en tanto que en algunos lagos finlandeses se alcanzaban en invierno los 60 grados bajo cero, y la respiración debía hacerse muy contenidamente; permitir la entrada de mucho aire helado podía quebrar bronquiolos.

Los desajustes entre percepción y realidad son muy significativos. Porque si entendemos que se trata de una cuestión de percepción, no existe nada que pueda considerarse “calentamiento global” –y existe toda una pléyade o sarta [elija el lector] de negadores de semejante fenómeno– y si se trata de la realidad, estamos entonces ante una problemática de un alcance inigualado, de una gravedad sin precedentes. Ante lo cual el estallido del volcán Krakatoa (en 1883, alterando con sus olas el océano Índico y registrado sísmicamente en el mundo entero), las bombas atómicas que EE.UU. descargó en 1945 contra Japón acabando con la vida, asesinando a centenares de miles de humanos, las mismas “Guerras mundiales” (1914-1918 y 1939-1945, que en rigor es solo una, aunque con un significativo cambio de “personajes”), podrían resultar “pequeños acontecimientos”.

Las advertencias menudean. Y la percepción del auditorio planetario, sentado antes las pantallas cinematográficas, televisivas, de computadoras, de celulares– es machacada permanentemente.

No sabemos cuanto hay de verdad en cada una, pero sí que un tercer factor: el desarrollo tecnológico cada vez más extendido y sobre todo profundizado en las sociedades humanas está modificando cada vez más nuestro hábitat. ¿Seriamente o gravemente?. El consiguiente uso de energías y materias primas, siempre creciente sobre un fondo material, planetario, limitado, siempre el mismo, puede estar dando lugar a las complicaciones ambientales que se atribuye a los cambios climáticos. Recordemos la ácida comprobación del economista Frederick Soddy, que en los ’20 llegó a darse cuenta

–inigualada perspicacia– que los humanos (algunos) estaban usando en décadas o siglos lo que al planeta le había costado millones de años forjar (minerales, petróleo, gas).

El desequilibrio entre los despliegues tecnológicas y el fondo material en que vivimos; nuestro planeta, se va haciendo cada vez más patente; un vértice sobre el que se apoya la pirámide del edificio humano.

Muy diversos lugares registran trastornos sin precedentes: incendios en California, desprendimientos de hielos antárticos y árticos, inundaciones en Europa y Asia, sequías en África y América del Sur.

Frente a este estado de situación, suenan alarmas. Y precisamente en ese acto, cada vez más frecuente y plural, que es a su vez preocupante por el escamoteo permanente, podemos apreciar lo lejos que estamos de atender y entender la ecuación a la que estamos tratando de apuntar.

Tomemos un ejemplo que ha ingresado masivamente en nuestras pantallas y pantallitas: Hope. Uno videíto de tantos. De origen hispano que procura “concienciar”. [1]

Hope pasa revista a varios trastornos de tipo climático; un tornado que deshace una pequeña ciudad canadiense, mientras pesaba en el lugar una ola de calor de 50 grados, que arroja cientos de muertos en junio 2023; servicios eléctricos interrumpidos porque se han fundido los envoltorios plásticos de los cables; miles de millones de almejas y otros bivalvos literalmente cocinados con el calor en las costas; en California se ha quintuplicado la cantidad de incendios respecto del año pasado en estas mismas fechas, recordando que aquéllos habían sido ya mayúsculos entonces, y que la sequía había obligado a vender ganado imposible ya de cuidar. Ahora, los dueños de plantaciones están erradicando la mitad a ver si ante la escasez de agua se puede preservar siquiera la otra mitad (la tarea de arrancar árboles, a menudo frutales, resulta una pesadilla).

Junto con la sequía extraordinaria en  California, hay inundaciones en Detroit.

Otra sequía pavorosa en la isla de Madagascar arrasando un área africana toda ella ya muy golpeada y desde hace muchos siglos por el extractivismo feroz y permanente de la rica, moderna y civilizatoria Europa.

En Miami, la salinidad del agua ha corroído cimientos de edificios costeros que caen como castillos de naipes (suponemos –por las imágenes presentadas– que no son de temporada turística y están consiguientemente vacíos); monumentos del derroche american.

Luego de la atroz descripción de calamidades el video informa que todo esto apenas acaece con un grado centígrado de aumento de la temperatura global, pero que se teme lleguemos, con las políticas económicas vigentes, sin esfuerzo, a 3 grados.

¿Explicita en algún momento de qué se trata? Ni por asomo.

¿Plantea una vía de superación o salida? Para nada.

El video nos recuerda que “nos acercamos al punto de no retorno”. Pero entonces sobreviene la buena noticia (esperadísíma, claro, luego de la ristra de males): ¡oh maravilla!, que “estamos a tiempo” para revertir este proceso.

“Tenemos que reducir a cero las emisiones de efecto invernadero tan pronto como humanamente sea posible” [una frase vacía]  y a la vez avisa que habría que “restaurar a gran escala los ecosistemas que equilibran el sistema climático global.” Chocolate por la noticia.

Ni una palabra acerca de cómo. Con lo cual todo el repertorio de calamidades resulta un golpe de efecto, una amenaza artificiosa.

Porque Hope se cuida muy bien de indicar alguna medida concreta, alguna política a optar.

Exige “acción climática de emergencia para llegar a tiempo”.

Hope (modalidad dominante en todos estos mensajes de “advertencia” y descripciones catastróficas) ofrece datos escalofriantes, augura desastres todavía peores, y a la vez avisa –mensaje  esperanzador luego del sacudón– que estamos todavía a tiempo para conjurarlo. ¿La clave? Nos dicen: “reducir a cero las emisiones de efecto invernadero”. ¿Todo explicado entonces? No. Solo frases.

La humanidad, sin embargo,  viene encontrando que no hay cómo reducir casi nada “tan pronto como sea humanamente posible.”

Pensemos en nuestro modo de vida cotidiano.

Quien tira en una bolsa al efecto las cáscaras de la fruta, junto con la vajilla de use y tire, una camiseta raída, las cajas y estuches descartados tras un único uso, considera que actúa correctamente, incluso con orgullo ciudadano. Tal es el lavado de cerebro que tenemos.

Y quien recoge, a veces más mal que bien, con una bolsita de plástico la mierda de su perro o perrhijo que el can había depositado en tierra al lado de un árbol, y lleva luego esa bolsa malolienta a un recipiente de desperdicios (donde hay restos de pizza, vasos de helados, volantes de propaganda) cree a su vez que actúa con “responsabilidad cívica o ambiental”, exonerado de culpa y cargo tras haber claveteado un clavo más en el féretro planetario que estamos construyendo; y así el que contamina de  buena o mala gana con su auto cada día o con viajes de avión que puede repetir todas las veces que considere necesario…

Lo que habría que hacer es un diagnóstico más preciso, con todas las dificultades que encierra semejante tarea porque lo que vemos es que los sistemas y subsistemas planetarios están crecientemente alterados por la acción humana.

SUMIDEROS DE DESCARTE

El volcado ininterrumpido, anual, mensual, cotidiano de miles, millones de toneladas de detritus, a menudo contaminantes en áreas muy afectadas; los mares  y los vaciaderos en tierra a cielo abierto.[2] Se hace desde las costas, tierra adentro y desde los barcos.

La contaminación es al planeta lo que el cáncer a cualquier cuerpo. Un “crecimiento” inorgánico, una malformación fuera de control.  En algunas de sus formas suprime trabajo humano. Pero a un costo ambiental altísimo. Y a un costo social inaceptable, “permitiendo” o promoviendo epsilones (los de siempre o novedosos) que hagan las tareas sucias de toda la sociedad. Pero la cuestión es tan grave y generalizada que resulta  a la larga inviable, eso de limpiar con mano ajena.

Porque se trata de algo que nos atañe a todos.

Nuestro planeta es realmente inmenso. Nuestros viajes, nuestras comunicaciones, lo han puesto mucho más al alcance de nosotros, los humanos. Pero ha sido nuestra generación de contaminación,  la que lo ha achicado.

Porque la contaminación, como en otro tiempo dios, está en todas partes.

Tomemos nuestros viajes y desplazamientos. Nunca la humanidad ha tenido tantos viajes de recreo.

¿Qué desplazamientos? Hay quienes tienen miles de millas viajadas [3]

Ésa es otra de las bombas de tiempo que hemos emplazado entre nuestro esqueleto y nuestra sombra.

Detengámonos un momento en la distinción entre viajero y turista: siempre hubo viajeros y algunos han dejado sus testimonios imperecederos. El viajero abre un viaje, que puede tener retorno. Que incluso suele tenerlo. Pero ese viaje está abierto, en el espacio y en el tiempo: eruditos y filósofos medievales solían viajar hasta una de las principales bibliotecas de lo que llamamos antigüedad, en Timbuctú, en el actual Malí. Como se trataba de leer por lo menos, esos viajes, de por sí trabajosos, solían llevar un año como mínimo. El turista, lo dice la etimología, da una vuelta. Va pero con el retorno asegurado. Es un viaje cerrado. Al partir, ya sabe en qué hoteles se  hospedará, a qué hora saldrá de tal ciudad, para llegar con exactitud “calmante” a cada sitio previsto y cronometrado. Es otra idea de viaje. Cerrado. Predeterminado. Pérdida total de libertad. Pero atosigamiento de consumo en forma de fotos, imágenes, videos.

Habría que examinar si hemos ganado o perdido con la sustitución, bastante generalizada, de viajeros por turistas.

Pero tanto los desechos como los viajes contaminantes son apenas “grajeas” en el devenir planetario en que nos encontramos, como especie ensanchando la acción humana ¿muy por encima de qué? Ya conocemos la objeción: no tenemos marcos; nuestra marcha es infinita, como la vida.

Así y todo, vale la pena reparar en datos duros: la contaminación atmosférica, el aire en suma, ya no es el que conoció el planeta y la humanidad en el pasado: la radiactividad, por ejemplo, está cada vez más generalizada, la selva química está totalmente fuera de control,[4] alterando nuestro planeta de un modo cada vez más radical e imprevisible.

La inteligencia artificial, por su parte –otro paso de siete leguas en los desarrollos tecnológicos, –como la reproducción 3D– nos pone frente a una nueva problemática, ahora epistemológica, sobre los alcances de lo verdadero.

En rigor, siempre habíamos vivido en un mundo de escasez. Ésa es nuestra condición finita. La idea de omnipotencia, de amortalidad (definición de un filósofo del No Limits; Yuval Harari) ha empezado a inficionarse en nuestro mundo, y considero que es una confusión provocada por nuestra hybris tecnológica. O tal vez, apenas un paso más en la american way of life; el modelo de la cultura dominante, por doquier.

¿Vamos a seguir gastando el planeta como si fuera infinito? Nos parece ver en eso un significativa miopía abstracta; no ver los datos, sencillamente.

La modernidad hipertecnologizada nos ha impuesto la modalidad de No limits. Un rasgo cultural dominante en nuestra sociedad actual, fundamentalmente la de los países centrales, de las capas medias modernas y aggiornadas. La cuestión es dilucidar si tal presupuesto es fruto de la realidad (para todos  igual) o de cierto ombliguismo de la cultura dominante.

Tengo la impresión que la red cultural de nuestra modernidad es como una suerte de borrachera tecnológica, que nos impele, por ejemplo, a nuevos artilugios en los más variado ámbitos; la carrera del consumismo.

Llegar a entender que vivir bien, como viven los multibillonarios, es nocivo, ¿nos puede llevar a un ascetismo de tipo calvinista? Eso haría a la enmienda peor que el soneto.

Habrá que tenerlo en cuenta. Porque el calvinismo e ideologías de ese tenor han sido el fundamento para crear un confort aplastante para seres “elegidos” por encima de sus congéneres.

Y una pregunta, que anotamos como provisoriamente final: ¿cuál es la relación del mundo hiperdesarrollado de matriz occidental con China?

“Lo que sucedió en China durante muchos años es que invirtieron mucho y de manera inteligente en la capacidad de procesamiento para convertir ‘tierras raras’ desde la mina hasta el imán”, explica Allan Walton, profesor de metalurgia en la Universidad de Birmingham. [5]

Y Andrew Anglin, autor de la nota, recién citada, estima que “China abastece el 87% de las tierras raras [6] del mundo entero.

Que a su vez generarán nuevos problemas ambientales, probablemente agravados:

“Todo este proyecto verde es tan destructivo que incluso países del tercer mundo dicen «no podemos tener esta mierda en nuestro país, es demasiado venenosa».[7] (ibíd.)

Pero estamos lejos de agotar lo que tenemos en perspectiva: no hemos dicho ni una palabra de lo militar. Que nunca ha perdido protagonismo en la sociedad y que, con cierto aumento de las tensiones, de las escaseces, de los avances en conocimiento y conciencia, deviene un factor que puede ser primordial.

Baste recordar que el concepto de overkill se refiere a la “capacidad” que los arsenales de los países más pesantes –sobre todo los de armamento nuclear– tienen, para aniquilar a toda la humanidad. ¿Diez, cien o mil veces? Pero todos están contestes en que los armamentos ya existentes podrían eliminar TODA la vida humana… varias veces.

Nos consta que la vida vale más.

notas:

[1]  Suponemos que para ampliar su alcance empieza titulando el mensaje en inglés. La imposición del inglés como lingua franca se hace, como dicen los gallegos «a la chita callando”; conocen, conocemos,  la eficacia de tal método. Tenemos, por ejemplo,  a los veintitantos estados de la Unión Europea, ahora sin miembro anglófono alguno, que se intercomunican en inglés. Se sobreentiende que los europeos, la vanguardia cultural, tecnológica, idiomática, del mundo –así son percibidos por algunas tradiciones culturales y se perciben a sí mismos– no va a andar usando otra lengua.
[2]  La mitad de los desechos domiciliarios son restos alimentarios (que ya no son alimenticios). En una ciudad como el GBA son entre 8 000 y 15 000 toneladas diarias. Leyó bien. En  una como Montevideo, varios centenares de toneladas. Eso es lo que suele aglomerarse en montañas de restos (que en general son mucho más tóxicos, porque con los residuos alimentarios van los restos de plásticos, papeles, ropas, adminículos metálicos, cartones,  estuches, vidrios, medicamentos.

Una separación rescatando para compostar solo los restos alimentarios de origen vegetal, generaría un humus inmenso, fértil, que permitiría ganar tierra y consiguientemente afianzar cultivos. Era la tarea normal y cotidiana de casi todos nuestros abuelos viviendo no sólo “en el campo” sino en poblados pequeños.

[3]  Tendríamos que decir kilómetros –un acuerdo sobre medidas del siglo XVIII que se generalizó en Occidente– pero el mundo rico de habla inglesa y sus empresas, para hablar de profusión de viajes  lo hace en millas.

[4]  En las decenas de miles de productos químicos diseñados por humanos, apenas un bajo porcentaje, alrededor de un 10%, tiene lo que podría llamarse una ficha técnica, identitaria, acerca de sus cualidades. Todo el resto tiene apenas el reconocimiento de una función o el puñado de características por las cuales ha sido diseñado. Si ese producto tiene otros rasgos tóxicos o contraproducentes en algún sentido… se descubrirá en su aplicación. Que podría ser, así, catastrófica. Es lo que ha pasado con la talidomida o el Vioxx, con los clorofluorocarbonados, el teflón, el DDT y un largo etcétera.

[5] https://www.unz.com/aanglin/china-has-total-ability-to-thwart-the-idiotic-green-agenda-that-western-anti-china-lunatic-are-pushing.

[6] Se trata de materiales en general descubiertos recientemente, y devenidos básicos en celulares, turbinas de molinos de viento, lámparas fluorescentes que ahorran energía, vehículos híbridos, fibras ópticas…

[7] Ibíd. Aclaro que esta referencia al escepticismo del Tercer Mundo a implantar en sus territorios proyectos altamente contaminantes no se aplica al menos en dos países que conozco: Argentina y Uruguay. Cuyos dirigentes, diferentes entre sí, confían en las inversiones, promesas y apropiaciones del capital transnacional. En el despojo, en suma. Uruguay hace hoy un ejercicio práctico de esa entrega que deviene fácilmente en despojo: nuestro país carece, mejor dicho perdió el agua potable de toda la zona central del país, la capital incluida, por afanarse en hacer (pésimos) negocios con transnacionales que se adueñan del agua. Esas transnacionales siguen contando con agua potable o potabilizable en sus usinas, a diferencia de los habitantes comunes, que reciben un agua de pésima calidad sanitaria (no recomendada para hipertensos ni cardíacos ni con afecciones urinarias, que tampoco sirve para cocinar.

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El colonialismo mental sigue en pie

Publicada el 01/08/2023 por ulises

DEL CONTINENTE INDOAFROLATINOAMERICANO

por Luis E. Sabini Fernández

Los países con origen colonial tienen una doble, triple, múltiple carga para deslastrarse.

Fijémonos en los países sudamericanos (y dejemos por un instante al margen las otrora llamadas Guayanas, cuyo proceso poblacional es todavía más enrevesado).

Colonialistas ibéricos, del extremo oriental de Europa, se posesionaron por orden divina, y terrenal del Papa, de estas vastas tierras con sus pobladores incluidos. Pobladores no europeos ni cristianos y por lo tanto tratados como enseres.

Lo primero que sobrevino fue una merma poblacional brutal (entre los “indios”, claro). No sólo mediante matanzas, a las cuales los colonizadores fueron muy propensos, sino también producidas por el choque intercultural y las diferencias entre los respectivos microorganismos de recién llegados con los asentados endémicamente en el continente y su población.

Los ibéricos que en los siglos xvi, xvii y xviii despojaron todo lo (poco) que pudieron robando para la Corona, fueron reconfigurándose. Se forjaron sociedades de criollos. Para todos los gustos; hubo quienes se mantuvieron apegados al origen transatlántico y otro caudal en constante crecimiento fue generándose con conciencia americana. Un tercer sector, menor pero muy movilizado, había empezado a sentir la importancia de otros centros imperiales, como el francés, pero sobre todo el inglés. Y con el paso de las décadas, con la emancipación de EE.UU. respecto de su  raíz anglo, los mismos EE.UU. pasaron a ser también otro referente para muchos criollos del sur.

Artigas, por ejemplo, conocerá ideas federalistas, que tendrán mucho que ver con su estrategia política, la Liga Federal, conectando políticamente a la Banda Oriental, la Mesopotamia y Santa Fe. También llegarán al Plata las nuevas ideas políticas con la Revolución Francesa de 1789 y todo ello hará que muchos políticos platenses  vayan sustituyendo ideas de representación mediante estamentos o corporaciones, de impronta medieval, por el voto directo y personal, individual, característico de lo que llamamos modernización.

La sociedad colonial establece grandes diferencias de valor y significación social para sus habitantes. Mucho trabajo esclavo, por ejemplo.

¿Cuándo empieza a surgir un espíritu de resistencia, de incomodidad ante el poder establecido en las capas “importantes” de nuestras sociedades coloniales, entre los blancos europeos o criollos? Será ante el descalabro de la corona española, por ejemplo, con la invasión napoleónica de 1808. Desde entonces, irá creciendo un desasosiego americano (las rebeliones de las naciones aborígenes vienen desde mucho antes, desde siempre, y en general, no se plegarán a los movimientos rebeldes de los blancos europeos)[1] que aumenta su intensidad a partir de 1810.

Lo característico de la rebelión sudamericana desde 1810, fogoneada inicialmente desde Buenos Aires, es que será contra el poder opresor extranjero y remoto,  pero sin la menor consideración hacia capas sociales al margen de los núcleos dirigentes. Convertida en revolución, permanecerá como revolución de minoría propiamente dicha, “y a mucha honra”.

Eso distingue los pujos revolucionarios sudamericanos de los habidos en otras sociedades más o menos simultáneas, o incluso anteriores, donde se apostara por cierto igualitarismo, por cierto universalismo. La marejada revolucionaria sudamericana de 1810 llegará, por ejemplo, a la libertad de vientres; es decir a una legalidad nueva donde no se nazca esclavo. Pero los esclavos permanecerán tales (reasegurando que la esclavitud se extinguirá tras décadas…), sin alterar las expectativas materiales de los actuales esclavistas.

Uno de los escasísimos documentos del período revolucionario sudamericano, que bregará por cierto igualitarismo, atención a los más necesitados, será el Reglamento de Tierras encarado por Artigas; “Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus hacendados”, “para que los más infelices sean los más privilegiados”: “los negros libres, los zambos de igual clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y a la de la Provincia. Serán igualmente agraciadas las viudas pobres si tuvieren hijos y serán igualmente preferidos los casados a los americanos solteros y estos a cualquier extranjero”.

Puesto en práctica a mediados de 1815, valiéndose de tierras “realengas” o expropiadas “a malos europeos y peores americanos”, esa reforma agraria se truncó en  medio de las guerras intestinas que caracterizó el período en que Artigas y el federalismo enfrentó al Directorio porteño. Su efecto, empero, se hizo sentir, pues consta que al menos durante el resto de todo ese siglo XIX los dueños despojados de tales tierras, procuraron, con ejércitos de abogados a su servicio, recuperar aquellas “suertes de estancia”, y así restablecer el latifundio tal cual lo había gestado la sociedad blanca privilegiada hasta 1810, sobre todo a costa de los territorios arrebatados a los naturales de la Banda Oriental (igual que en Argentina tras la “Conquista del Desierto”, 1879).

Podríamos enunciar que el levantamiento criollo contra la Corona (en rigor fue contra la corona española usurpada por Bonaparte que quiso instaurar otra corona, ésa sí claramente rechazada por los españoles, tanto los peninsulares como los indianos), no tuvo ninguna perspectiva, digamos solidaria;  era el levantamiento de un grupo social privilegiado que veía en peligro sus privilegios y se jugó a mantenerlos (y aumentarlos con mejores socios, como Inglaterra en lugar de España).

Eso explica que en los nuevos países americanos,  como Argentina (y poco después Uruguay), el latifundio haya sido piedra basal de la estructura de propiedad. Sostenido, además, con una absolutización del “sagrado de la propiedad privada” que no existe ni siquiera en las sociedades capitalistas europeas.[2]

Los levantamientos y la gesta independentista en estas tierras no tienen parentesco alguno con levantamientos obreros o campesinos, por ejemplo en  Europa en los siglos xviii o xix, luchando por la igualdad (Babeuf, levellers, ludditas).

Está nítido el motivo: éstas últimas son rebeliones contra opresiones generadas desde el privilegio; lo que sobreviene en Buenos Aires, y en general en las colonias sudamericanas que irán logrando la independencia, es una lucha de privilegiados para mantener privilegios, pero administrándolos.

Una oligarquía  ya más americana que hispana, entrará en rebeldía para adueñarse del poder económico (y consecuentemente político pero sin intención alguna de compartir ese poder con sectores de la sociedad ajenos al poder de la gente “como uno”, “decente”. Asì, la independencia consolidará el poder económico ya establecido y lo reafirmará, consolidando el latifundio.

Y aquellas aguas traerán estos lodos. Dos ejemplos, bien recientes: el trigo transgénico y el INTA ante el programa SPRINT.

1. EL TRIGO TRANSGÉNICO ABARATA ENVENENANDO

Alrededor del 2000 por la polémica desatada con la expansión de los alimentos transgénicos, los grandes consorcios que los impulsaban; Monsanto, Bayer, Syngenta, se avinieron a una demanda social que ganó mucho espacio cultural entonces resistiendo la técnica transgénica en franca ofensiva. Se llegó entonces a una suerte de descansillo; se aceptó como hechos consumados soja y maíz transgénicos, pero a la vez se logró el compromiso de tales consorcios de no iniciar la producción de trigo y arroz transgénicos. No se logró ningún acuerdo formal, apenas una concesión oral ante las organizaciones campesinas internacionales, como Vía Campesina, el MST brasileño, la Conféderation Paysanne de Francia y diversas organizaciones rurales asiáticas. Apenas una tregua.

Esa especie de status quo fue repentinamente violado por dos países, llamativamente próximos entre sí: Uruguay y Argentina. En el mismo año, 2020,  sus autoridades, digamos nacionales, proclaman la puesta a punto de trigos transgénicos (con cualidades transgénicas vinculadas a la tolerancia a diversos biocidas, como el glufosinato de amonio). Los veinte años no habían pasado en vano. Los consorcios transgénicos y sus laderos dan el golpe sorpresa y “se la llevan toda”.

2. INTA ANTE EL PROGRAMA SPRINT

En el marco de la FAO, es decir de la ONU, hace unos años se generó una entente con representación de varios estados europeos más la Argentina, dedicada al mapeo de los agrotóxicos entre los consumidores de los alimentos resultantes de la producción industrial y masiva.

Objetivo delicado si lo hay, esto de que organizaciones y redes transnacionales dedicadas a la modernización de la agricultura alcancen una instancia crítica observando el fruto de su propio accionar. El proyecto generado, SPRINT, parece haber dado por resuelto que la verdad es más importante que la protección de intereses creados, puntos de vista, preceptos de trabajo.[3]

SPRINT encaró, por ejemplo,  el mapeo humano en los pueblos fumigados de la provincia de Buenos Aires, y entonces estalló el cortocircuito: INTA no aprueba ese estudio y le quita todo auspicio.  Es curioso ver el miedo pavoroso ante la verdad, en el mismísimo campo de la hipermodernidad agropecuaria. El INTA borra una reunión en junio 2023, programada para conocer dicha investigación, y el 5 de julio el INTA suspende el capítulo argentino del proyecto SPRINT ¡e inicia un sumario contra sus responsables! [4]

El motivo resulta peculiar: según Naturaleza.ar, INTA no habría advertido que las investigaciones iban a llegar a ponderar el alcance que los agrotóxicos tienen en seres humanos. Argumentación bizarra, por decir lo menos, considerando que Argentina, junto con EE.UU., son los primeros y únicos dos países del mundo que iniciaron los cultivos transgénicos en el siglo XX. Y que Argentina conoció el estremecedor testimonio del formidable fotógrafo Pablo Piovano, que recorriera hace unos años “el país de la soja” registrando el daño de los agrotóxicos en los seres humanos.[5]

Vale la pena reparar cómo se ha generado conflicto desde una instancia de evaluación que pertenece por entero a la modernización hipertecnologizada, que se ha desentendido de consecuencias no deseadas pero insoslayables, provenientes de una política empeñada en producir con prescindencia de toda consideración sanitaria.

El latifundio que hace dos siglos desechaba “negros” y “marrones”; desecha ahora niños pobres de los pueblos de provincia.

Es llamativo que no se hayan rastreado los motivos del aumento desproporcionado de escuelas diferenciales, por ejemplo en Misiones, para niños “con capacidades diferentes” (Trastorno del Espectro Autista (TEA) y Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). [6]

Tendríamos que decir basta a conspiraciones de silencio. Pero sabemos que no es nada fácil. Porque “los que tienen la vaca atada” cuentan con la ignorancia generalizada, la dificultad para rastrear causas y la confianza por inercia hacia lo que “las autoridades” afirman.

Pero, como decía Mario Benedetti, “el abajo se mueve”.

[1]  Hay una excepción, y es la resistencia de los aborígenes que, al menos parcialmente, compartirán la rebelión con Artigas en el territorio de la Liga Federal (los ya nombrados territorios de la Mesopotamia y el Uruguay).
[2]  En países con régimen absolutista, como Suecia, en los albores de la modernidad, la propiedad privada estaba sujeta al bien general y en los siglos xvi y xviii, la monarquía  dispuso sendas reasignaciones de tierras a campesinos para mejorar el erario público. Algo que ha quedado afuera de las cabezas de nuestras clases poseedoras. Lo más cercano aquí se podría rastrear, hace ya más de un siglo, en El Grito de Alcorta, pero aun cuestionando el expolio de los propietarios a los trabajadores de la tierra, ese Grito no llegó a alterar, ni siquiera plantear, la tenencia de la tierra. “Sagrada”. El Grito fue ahogado con asesinatos (impunes).
[3]   Naturaleza.ar, 17 julio 2023.
[4]  Ibíd.
[5]  Repare el lector que si se han podido registrar los daños sobrecogedores de tales venenos en seres humanos, con quienes, aunque insuficientes, se toman medidas semiprotectoras, el daño producido en la vida silvestre y no humana en general, debe ser todavía mucho mayor. Piovano es a la contaminación agrocida generada por la codicia del lucro lo que las Madres de Plaza de Mayo han sido a la dictadura atroz de 1976. Solo que MPM han sido socializadas, lo de Piovano no (no tanto, al menos).
[6]  El Territorio, Posadas, 31 julio 2023.

 

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¿SOBERANÍA NACIONAL O DEPENDENCIA TRANSNACIONAL?

Publicada el 25/07/2023 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

En Primaria, una de las lecciones morales que recibíamos en la primera mitad del s xx, era la de la carrera entre la liebre y la tortuga.

Que nos mostraba que el orgullo de sentirse superior o mejor era la causa directa de la derrota. Por autoengaño.

Esa lección, mordiendo derrotas, la hemos experimentado en Uruguay en muy diversas competencias, tanto en fútbol como en ajedrez…

 

Estuvimos “sentados” sobre el agua corriente y potable con que contamos en la capital de nuestro país, como si fuera nuestro trono de orgullo. Ese “dormirse sobre los laureles” atribuido a la liebre de nuestro aprendizaje escolar es el que caracterizó al Uruguay moderno, que en muchos aspectos había sido pionero.[1]

El penoso ejemplo de la estulticia de la exministra “ambiental” Eneida de León, vanagloriándose de que teníamos en Montevideo una calidad del agua potable superior a la de Europa y en particular a la de Estocolmo (Ag. EFE, 15 mayo 2015) es apenas un botón de esa triste muestra de orgullo fatuo.

Hemos bajado a la realidad. Bastante más penosa y sórdida de lo que anticipábamos.

No tenemos agua potable para Montevideo y, en general, para dos tercios de la población del país.

Y llueven las explicaciones. Propongo un descarte metodológico: alejémonos por un instante de causas hipergenerales, sistémicas, de difícil probanza y centrémonos en  aspectos más concretos, accesibles, y modificables por nuestra voluntad política (si tenemos, claro).

Nos cuesta articular el calentamiento global y hasta el fenómeno climático de La Niña con nuestra crisis. En cambio, sabemos que la  cantidad de cianobacterias o de agrotóxicos en las corrientes de agua alteran su potabilidad y directamente nos afectan.

O que la sustracción desde nuestra principal fuente de agua potable –el río Santa Lucía– de centenares de cursos de agua; tubos, canales, construidos por agroexportadores para llevarse el agua a sus plantaciones afecta la disponibilidad de agua para potabilizar. Sabemos además, que éstas; por lo menos 500 tomas sobre el Santa Lucía,  fueron “santificadas” por una Ley de Riego (2017) que el gobierno concedió a sojeros y otros agroindustriales.

También sabemos del volumen que las celuloseras secuestran de nuestra aguas fluviales  y que el retorno, siempre menor que el agua secuestrada, es un líquido de mucha menor calidad ambiental, sanitaria.[2]

Sabemos, en una palabra, que todos los gobiernos posdictadura han estado celosamente unidos en el camino económico trazado. Trazado no desde el país, sino desde los grandes centros de política económica general. Blancos, colorados, frenteamplistas han coincidido en seguir el desarrollo tecnológico “imparable”, con costo ambiental creciente y cada vez más gravoso.

El arte, escueto, casi parco, ha sido, otra vez, más sabio que todos los técnicos informantes lacayos de los monopolios centrales, generadores del modelo de producción y consumo que deshace la  naturaleza, intoxica los suelos y sus habitantes –desde la microfauna hasta los humanos–. Honor a Leo Masliah y su Agua podrida.

 

¿Qué hacer?

Los recursos del poder establecido dan verguenza ajena. Nos referimos a los invocados por el gobierno, pero no solo el actual sino los que ya mencionamos en las últimas décadas.  Se quejan ante presuntas causas de ardua comprobación, que ya repasamos. Invocan la lluvia, un recurso que la racionalidad y los desarrollos tecnológicos de nuestro presente desestiman con desprecio o piedad.

Luego que se vino abajo la estantería aparecieron dos  vías de solución. Reapareció Casupá. Y habrá que saber porqué se desechó y postergó hasta ahora.

Y apareció con bombos y platillos el proyecto Neptuno, también llamado Arazatí, por el lugar platense visualizado para su emplazamiento. Un ventajoso negocio, le ofrecieron al país una UTE, con importantes empresas del rubro; SACEEM, un consorcio uruguayo de ingeniería; Berkes otro consorcio al parecer también de origen oriental, dedicado a ingeniería, plantas y caminos; y Ciemsa y Fast también empresas con domicilio en Uruguay  (aunque en general todas ellas registran actividades y enormes proyectos industriales en diversos países y continentes).

No sabemos el origen de semejante proyecto. Pero sí llama la atención la materia prima que encaran como base para tamaño emprendimiento. La materia prima de esa propuesta procesadora de agua potable –el agua bruta, en dos palabras– es la que proviene del Río de la Plata a unos cien km al oeste de Montevideo y por lo tanto a unos cien y pocos km al este (y al norte) de Buenos Aires. El agua bruta allí recogible es: a) por las corrientes marinas, a veces el agua proveniente del Paraná y del Uruguay, a veces del Atlántico (se ha calculado que el agua oceánica está allí presente alrededor de 90 días al año);  b) la ciudad de Buenos Aires –que tiene en su capital unos 3 millones de habitantes y en todo el llamado Gran Buenos Aires (GBA), unos 15 millones–,  vuelca sus efluentes cloacales al Río de la Plata, unos 12 km alejado de la costa argentina (hasta 2021 al menos, las aguas cloacales porteñas se descargaban a la altura del suburbio de Berazategui a ¡apenas 2 km y medio de la costa!); tales efluentes ingresarán inevitablemente en el caudal que se pueda tomar unos cien km al este en  el mismo río (aunque la toma esté alejada de la costa argentina y al lado de la uruguaya); c) la agricultura hoy existente, fundamentalmente en Argentina, pero con los demás países conosureños que no le van en zaga, arroja a las aguas ingentes cantidades de agrotóxicos que por vía de afluentes o por mera escorrentía, van todos al final a los ríos Paraná, Uruguay y el Plata, para hacer el estuario que llamamos Río de la Plata; d) los ríos que venimos analizando tienen otra multitud de desechos característicos de la sociedad industrial y se sabe que cualquier análisis de las aguas platenses contiene hidrocarburos, cianuro y bifenilos policlorados (PCB), por ejemplo. E insecticidas, plaguicidas, biocidas, en general; glifosato, bromoxynil, clorpirifos, para mencionar los más tristemente célebres.

Si semejante “caldo” como agua bruta requiere una capacidad de filtración costosísima, se plantea de inmediato si el sitio elegido por la entente del cuádruple consorcio es sensato. El negocio ofrecido es además llamativo: hacer toda la construcción ingenieril, con sus cisternas, filtros, cañerías para que el estado uruguayo pague más adelante, cuando reciba los presuntos beneficios.

Procurando acercarnos a la cuestión nos queda la pregunta qué harán estos empresarios con la salinidad del agua, ya no digamos con todas las impurezas que hemos repasado someramente. ¿Estimarán que el público uruguayo u oriental ya se habrá acostumbrado a ingerir “agua bebible” en lugar de potable, como nuestras autoridades nacionales han estado procurando persuadirnos?

La otra posibilidad sería, para el paquete Arazatí, encarar el costoso proceso de desalinización. No deja de ser llamativo que el muy irrigado territorio del Uruguay deba extraer su agua de consumo del mar. Nuestro territorio no solo tiene una fuerte irrigación de superficie, sino diversos acuíferos.

Lo que no tiene el territorio uruguayo es tanta superficie y disponibilidad como la que pretenden las megaindustrias que han ido aumentando la escala mediante fuertes apuestas tecnológicas que consumen –y estropean– cada vez más ingentes “recursos naturales”.

Estamos ante la misma ecuación que hace algunas décadas se sopesó para decidir si el país debía apostar a commodities o specialities. La agroindustria había ido aumentando su producción mediante la gran escala con enormes pasivos ambientales (producción de desechos, contaminación generalizada, pérdida de calidad, afectación de la salud [3]). Y tal ecuación “cerraba” sus números en las pampas argentinas, en las praderas norteamericanas. En nuestro país, esos rendimientos mágicos (y tóxicos) mermaban. Por eso, algunos veían promisorio que Uruguay apostara a producción diferenciada, de calidad, orgánica, para un mercado en expansión. Y no apostar a la producción a gran escala, en la cual poco podemos destacarnos.[4] No fue posible. El prestigio ideológico del tecnodesarrollismo a cualquier precio, el modelo norteamericano de trato de la tierra (y el agua, el aire) fue más fuerte…

 

Uruguay está ahora obligado a rehacer su red de agua potable. Hay conciencia del deterioro de muchos tramos (que incluso se teme permita el escurrimiento de parte del agua potable). Hacer nuevas tuberías para transportar agua a distancia es costoso. Habrá que cuidar el material a usar. Los tramos de un siglo atrás eran de hierro fundido. Con inconfundible “sabor” a viejo. Se lo suele sustituir por PVC.

La actualización de materiales merecería varios exámenes. Uno, fundamental, el carácter inerte de los materiales continentes. Porque sería miopía criminal optar por un material más económico o rendidor, si a la larga incorpora al circuito partículas indeseadas…

El hierro parece haber probado cierta seguridad. Recordemos el trágico error de incorporar el plomo a las cañerías de agua caliente (que se mantuvo todo un siglo, desde fines del s xix a fines del s xx) y que nadie sabe –ni el mundo médico quiso disponerse a saber– en cuanto puede haber incidido para el avance terrible de varias enfermedades mortales, “modernas”, bajo el atroz manto de la plombemia.//

[1]    En 1867 se inicia la distribución de agua corriente en Montevideo, por una empresa privada compuesta por un uruguayo y dos argentinos, que años después cederán todo el servicio a una compañía inglesa (que proveerá agua corriente y potable entre 1872 y 1951). Bueno es reparar que la ciudad más importante de la región, Buenos Aires, iniciará esa distribución en 1869 (todos estos datos provienen de Wikipedia).

[2]   En el caso de  UPM 2, la mayor del país, se estima que secuestran unos 133 millones de litros diarios y devuelve 107 totalmente contaminados por los efluentes que resultan del proceso industrial de fabricación de la celulosa. Ese volumen vuelve, en este caso al río Negro, pero será mucho más costoso tratar de recuperar aguas abajo algo de ese volumen, por todos los tóxicos así acumulados.

[3]  Véase el extraordinario y sobrecogedor trabajo fotográfico de Pablo Piovano “El costo humano de los agrotóxicos”, Argentina, 2015.

[4]  En el caso de las carnes vacunas, el suelo ondulado que caracteriza a casi todo el territorio no facilita la expansión de feed-lot, el último grito en producción industrial de carne bovina, que ha hecho furor en las pampas argentinas. La carne de feed-lot viene con una carga, totalmente insensata de antibióticos, antiparasitarios, y una serie de medicinas para permitirles llegar vivos a los ejemplares, que son matados a la edad más temprana posible.

Publicado en Centro / periferia, EE.UU., Globocolonización, Uruguay, Uruguay. Qué hacer

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