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Categoría: EE.UU.

URUGUAY ANTE DESPOJOS ESCALONADOS: AGUA, TIERRA, CARNE

Publicada el 10/09/2023 - 16/10/2023 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

EJEMPLO DE PERIFERIA DESTROZADA

Refiriéndose a Nigeria, dice wikipedia que los desastres acontecidos (está  hablando de los últimos años o décadas) son: “desastres naturales en Nigeria [que] han sido relacionados principalmente con el clima de Nigeria”.

No es fácil escribir tamaña infamia a menudo.

Nigeria era considerada, hace unos cien años, el país más rico y de riqueza más variada, del planeta. Que se sepa entonces, desastres climáticos o naturales no habían estropeado ese “cuerno de la abundancia”.

Por su naturaleza, vigorosa, abundante, por su feracidad y también por las riquezas de su subsuelo, lucía entonces ese “malla oro” del mundo colonial.

Veamos cómo ha quedado el paisaje nigeriano hoy, tras todo el expolio colonialista (al que seguramente se le debería agregar el anterior en el tiempo, de la esclavitud como mercado mundializado).

Invitamos al lector a que observe algunas imágenes del estado del suelo, la costa, los manglares, luego de la extracción que las empresas petrolíferas han llevado a cabo.

https://es.euronews.com/video/2023/05/17/un-estado-de-nigeria-demanda-a-las-grandes-petroleras-por-el-desastre-medioambiental-que-h

Tenemos aquí ojos europeos, que no podrían ser radicalmente críticos a menos que aceptasen hacerse un hara-kiri mental, por la implicancia de una parte de Europa (Inglaterra y Francia, en primer lugar, pero no solamente) en tamaño ecocidio.

Junto con el ecocidio, el expolio. Nigeria tiene escasísimas redes de suministro de petróleo para consumo interno. Porque sus gigantescas instalaciones se han erigido  para que el “oro negro” vaya a las metrópolis primermundianas, con total desprecio por la población local. Esa situación ha generado una actividad penosa, clandestina, característica de la pobreza más rampante;[1] el pinchado de los oleoductos. Una vez logrado, la pesadilla avanza y se multiplica la degradación:  nunca los despojados se van a adueñar de todo el derrame, a gatas cada vecino se lleva algún bidón y allí, pudriendo el suelo, queda el estropicio. La empresa asegura su rentabilidad, no “el paisaje”.

Si el robo del petróleo junto con el autorrobo que es su hermano siamés, ponen al país patas arriba, basta ver el sombrero del presidente nigeriano, Bubaraye Dakolo, o la vestimenta de sus jueces siglo xxi con ropajes londinenses siglo xix para advertir que el centro planetario tiene apenas dos misiones sobre lo periférico: 1) extraer todo lo que considera le viene bien y 2) imprimirle su imagen-de-mundo para que la periferia siga sus pasos. Han tenido bastante éxito en su diseño e incluso se han permitido dotar ese “aprendizaje” con cierta forma de humor, sórdido, como las pelucas de los atuendos judiciales en un país tropical.

No satisfechos con tanto despojo material y cultural, desde EE.UU. se promueve el International Center for Ethno-Religious Mediation, que, por ejemplo, recoge ancianos de Nigeria para llevarlos a una reunión de meditación. En Nueva York, claro está. ¿Por qué no meditation? Y en inglés, claro.

Reves debe estar regodeándose en su tumba. Emery Reves fue el secretario, de origen húngaro, de los jerarcas estadounidenses hacia el fin de la IIGM y el ideólogo que puso a punto la estrategia de dominio mundial desde EE.UU. (remito a nota nuestra anterior sobre esa estrategia a partir de 1945, “El estado mundial: lo que nos ofrecen los dueños del mundo”, https://revistafuturos.noblogs.org/, 2 nov. 2022).

Sabemos que la ONU –el instrumento proyectado para ese dominio– fue gestionado por EE.UU. antes del fin de la IIGM, cuando su dirigencia ya sabía que tenía la baza para sí.

Con la ONU, aprobada a comienzos de 1945 en San Francisco (dejando a un lado la ya inservible y eurocéntrica Sociedad de Naciones)[2] con el poder atómico exclusivo, “probado” en agosto de ese mismo año en los cuerpos de japoneses victimados en cientos de miles, EE.UU. siguió los pasos que doctrinariamente describe Emery Reves: no más soberanías nacionales; un gobierno mundial, verdaderamente democrático, ‘como el nuestro’. Pero las condiciones culturales de la humanidad no estaban todavía maduras para asumir ese nuevo mundo;  tendremos que recubrir ese gobierno mundial con una pátina de “International Relations”. ONU, BM, FMI, OMS, USAID, OEA, ASEAN, OTAN, y un largo etcétera, son instituciones, organizaciones, creadas, casi todas ellas entre 1945 y 1950, urdiendo  ese proyecto de mundialización.

Podemos complementar aquel diseño del fin de la 2GM con las “comisarías” que EE.UU. fue estableciendo en todo el planeta. A lo largo del tiempo y en todos  los continentes, EE.UU. tejerá una red militar con varios comandos continentales: Comando Europeo con sede en Alemania; Comando Atlántico con sede en Norfolk, EE.UU.; Comando del Pacífico con sede en Honolulu, Hawaii, Comando Sur con sede en Panamá, mirando a noi. Hay un comando, Africom, que durante décadas estuvo apostado también en Europa, pero con el asesinato de Gadafi lo aposentaron en el continente. Amén de los comandoscomisarías, el ejército de EE.UU. cuenta con incontables bases

(también secretas), muchas de tipo “nenúfar”, que serían salvando la escala, como los destacamentos policiales en los barrios…

La idea de soberanía, de estado nacional,  resultó –empero– estar mucho más anclada en las conciencias colectivas de lo que auspiciaba la dirigencia estadounidense.

De cualquier modo,  como nos dirá Zbignew Brzezinski, la nueva constelación del poder se caracteriza por “el hecho […] que nunca ha habido una potencia global verdaderamente ‘dominante’ hasta el surgimiento de EE.UU. en la escena mundial.”

Así y todo, estaba el “escollo” soviético (y la incógnita china). Y con “los rusos” habrá que aceptar una suerte de convivencia y retaceo de la disponibilidad planetaria al servicio del american way of life. Hasta 1990, en que resurge con fuerza  “El proyecto para el nuevo siglo de EE.UU.” [3] Aunque en 2014, anota Brzezinski, ya no hay URSS pero aquella exclusividad de EE.UU. tampoco.[4]

Las banderas nacionales no sólo perdurarán sino que se multiplicarán, con el acta de defunción del colonialismo en el mundo entero. Con la instauración concomitante del neocolonialismo–, presentado como avance democrático (desde los ’50, democracia y democratización serán las palabras mágicas de toda realización política; su desgaste sobrevendrá décadas después).[5]

La proliferación de banderas nacionales y estados nuevos es entonces más bien una espectacularización que se corresponde con la realidad de una modernidad cada vez más relacionada con la imagen.

Con lo cual, el diseño inicial de los ’45 del “gobierno mundial” trasmutará en la proliferación de estados nacionales. La ONU que, inicialmente contaba con una cincuentena de estados, tendrá en muy pocas décadas, la friolera de casi dos centenares.

El quiebre político del colonialismo, ya inaceptable para la sensibilidad moderna, dará lugar a ese nuevo diseño.

Uruguay resulta uno de los “ganadores” del final de la IIGM. Porque ha satisfecho necesidades de Los Aliados; materia prima y alimentos.

Pero esa ganancia será de corta duración, porque aunque teníamos un país con ciertas virtudes; civilismo, laicismo, derechos democráticos, derechos humanos (muchos vinculados con el batllismo, y con nuestra peculiar historia de la cual el batllismo es también fruto), se mantenía la estructura del despojo inicial del continente sudamericano: genocidio y etnocidio a originarios,  latifundio y servidumbre ideológica al mundo dominante.

El Reglamento de la Campaña, diseñado por Artigas, 1815, fue abandonado tan pronto como se pudo y durante todo el siglo XIX los abogadillos de “las dueños de la tierra” se dedicaron a recuperar lo repartido, desalojando a pobres de pedazos de tierra “mal habidos”.

El latifundio perduró. El batllismo transigió con esa estructura. Que aseguraba la debilidad del campesinado, de por sí ralo, y su propia fuerza, capitalina.

Una campaña deshabitada y macrocefalia urbana, denostada, pero inconmovible.

No teníamos ni la intención agrarista de un Zapata mexicano ni el sueño de los granjeros que caracterizó buena parte del robo a las tierras indias en América del Norte.

Las coyunturas de las guerras internacionales facilitaron nuestras balanzas de comercio y de pagos hasta entrada la segunda mitad del siglo XX.

Luego sobrevino “la crisis” y el ciclo de dictaduras sudamericanas vinculadas de patético modo con los sueños de insurgencias guerrilleras. La economía del mundo fue cambiando. Con impulsos tecnológicos cada vez más acentuados.

Desplazando aquel dominio de las economías nacionales de los primeros tiempos capitalistas hacia economías corporativas. Son los consorcios transnacionales, ahora, los ejes de la economía mundial actual. Black Rock, Vanguard. Algunos billonarios filántropos como Bill Gates, Warren Buffet, George Soros, también. Con ello, se han modificado sustancialmente las relaciones económicas y consiguientemente sociales: en primerísimo lugar, un cambio de escala.

Las economías, los flujos, las empresas, se han transnacionalizado, se han planetarizado.

Fueron esas empresas primermundianas las que arrasaron Nigeria, y toda África, buena parte del Asia y las Américas  (perfectamente coordinadas, si necesario, con “sus” gobiernos).

En otro escrito expliqué los rasgos relativamente benignos de nuestra satelización ya como país “independiente” desde mediados del siglo xix a mediados del xx. Remito a su lectura (“Uruguay: su abundancia de agua es su escasez”, ibíd., 27 jun 2023).

Así como a lo largo del s xx y lo que va del xxi, varios países fueron devastados por la extracción de petróleo –Nigeria, Ecuador, Irak– hemos entrado en una etapa de la economía mundial, mucho más fragilizada que antes, mucho más cerca de puntos críticos que nunca antes, donde el agua, como señala Hoenir Sarthou, será el elemento ansiado por excelencia.

Nuestro país tiene una frecuencia de agua como imaginamos que tiene Arabia Saudí de arena o petróleo. Vamos siendo la pequeña Nigeria del agua en América Lapobre.

La lista de acoso es escalofriante. Ya antes, a lo largo de comienzos del siglo XX habíamos tenido la fuga de un pariente del agua; la arena de nuestras playas, que constituyen la base de buena parte de la construcción de Buenos Aires (Argentina tiene mucha más arena que Uruguay, pero también la tiene más lejos).

Con total indolencia, el país se dejó  extraer la arena que únicamente satisfizo la coima de algunos inspectores municipales que hicieron cada vez la vista gorda… En algunas zonas de la costa uruguaya, han desaparecido por ese motivo, las playas.

Que han quedado alojadas en las edificaciones porteñas o bonaerenses.

¿QUÉ PASA CON EL AGUA?

Si decimos que una sequía dejó sin agua a Montevideo (y a una treintena de ciudades del centro sur del país), decimos una verdad a medias o a cuartas… Porque en realidad, la provisión de agua potable al centro potabilizador principal del Uruguay, en Aguas Corrientes, fue progresivamente estrangulado por el uso privado del agua, en contra de un plebiscito habido en el país que consagró su carácter público, que los políticos se encargaron, mediante resoluciones legislativas, “todo legal”, ir desmontando. Con la Ley de Riego se legalizó el desvío de agua hacia establecimientos privados; unas quinientas sustracciones mediante ductos o canalizaciones desde el río Santa Lucía. Puede uno preguntarse si el Santa Lucía podía seguir proveyendo de agua a la población  (unos 2 millones de habitantes) si tenía esas sangrías para mayor gloria de la agroindustria, aunque no hubiera habido sequía.

Pero la agroindustria, prendida de la misma teta que la capital y buena parte del territorio nacional, es peccata minuta. La nueva papelera, la tercera de la lista actual de fabricación de celulosa, toma 133 millones de litros diarios de agua dulce y devuelve unos 106 millones de agua dulce pero muy contaminada, con decenas de componentes industriales del procesado para la fabricación de celulosa,  que impide definitivamente el uso de ese efluente como agua potabilizable.

A la escasez resultante de agua para otras aplicaciones hay que agregar el detalle, nada menor, que esa agua tratada por la industria le llega totalmente gratis, como un derecho de pernada que usufructúan las transnacionales hipertecnologizadas sobre los tramos de mundo todavía natural.

Millones de litros diarios. UPM, que no da puntada sin hilo, tiene además el derecho de procesar el mal llamado “hidrógeno verde” en el terreno adjudicado para sus instalaciones (proyecto H24U); combustible para sus propios camiones. Pero ya hay otros proyectos para el mismo rubro; tantos que el diario argentino Ámbito Financiero ubica al Uruguay como “líder” en este rubro, es decir como el estado en la región que recibe más proyectos para poner a disposición agua para extraerle oxígeno.[6]

Como nuestros ríos y arroyos no dan abasto para un consumo que sobrepasa largamente las necesidades nacionales, hay que emplear, cada vez más agua subterránea. Parte de nuestro país  descansa sobre el Acuífero Guaraní (compartido con los otros países del Cono Sur americano), amén de otros acuíferos menores como el Raigon, en el sur.

Otro proyecto en danza es el de Google de instalar aquí refrigeradores para mantener en condiciones sus instalaciones, con la ayuda del agua subterránea uruguaya.

El país va siendo perforado, canalizado, horadado, para atender esas demandas globales.

¿QUÉ VA A PASAR CON LA CARNE?

Otro momento crucial se acerca para nuestro país. Una crisis, amplificada por grandes “benefactores” de la humanidad como Bill Gates a quien su fortuna cuantiosa le ha permitido convertirse en sabio sanitario, científico social, investigador y que gracias, suponemos, a su enorme sapiencia, quiere eliminar de la dieta humana a aves, peces, cerdos, ovejas, vacunos, renos, mariscos. Ni siquiera para convertirnos en vegetarianos, más bien para que tengamos el privilegio de ingerir proteína de soja (generalmente transgénica), porotos, grasa de coco, remolacha, combinados para dar apariencia de carne (de vaca). O de ingerir un tejido de “carne de laboratorio” (o sintética), que tiene -hasta el momento-  mucha menos renovación de oxígeno que los cuerpos vivos, con lo cual los tejidos procesados en grandes recipientes de acero inoxidable (al estilo de los que hoy se usan para procesar aceite o vino) generan hipoxia en tejidos cárnicos sintéticos, algo que arriesga elaborar sintéticos cancerígenos.

Amén de todos los factores que –sobre todo por procesos industriales ciegos, tontos y presuntuosos–  están resultando multiplicadores de fuentes cancerígenas, estamos a punto de aceptar uno más.

La invocación al gas metano producido por rumiantes, es absolutamente insensata; la aviación y el automovilismo producen mucho más; los rumiantes tampoco producen más que los pantanos que en el mundo existen. Y gracias al rumen, la diversificación alimentaria es mucho mayor para los seres vivos que habitamos el planeta.

Uruguay debe tener la economía más ligada a la producción vacuna del mundo entero. Por cantidad de habitantes. ¿Atisba el lector la crisis que puede caer sobre nuestro país si se consolida la ideología  que promueve el Foro Económico Mundial, el veganismo y el Big Pharma que tratan de articular el destino de todos como pacientes bajo control y tratamiento médico permanente?

¿Los mismos que han contaminado el planeta hasta en sus rincones más remotos; –el fondo de los mares, los glaciares, todo recubierto de microplásticos (de bolsas, canchas de fútbol sintético, calzado ídem)–  nos quieren persuadir de que son nuestros sanadores? Demasiado.

notas:

[1]  En el relato del Lazarillo de Tormes se lo reconoce; el huérfano hambriento asistente del mendigo ciego había logrado mediante una cánula, colocada con mucho sigilo, succionar algo del vino que su “patrón” recibía. Y el riesgo consiguiente de recibir una paliza si era descubierto.

[2]  Que se disolverá sin gloria al año siguiente, 1946, como mero acto administrativo.

[3]  The Project for the New American Century, NSA, set. 2000.

[4]  The American Interest.

[5]  Lo democrático era tan decisivo que hasta el estalinismo con toda su parafernalia doctrinaria socialista, proletarista, igual presentará a los gobiernos títeres de los estados ocupados y “liberados” por el Ejército Rojo durante la IIGM como “democracias populares”.

[6] Traduciendo, Uruguay es el estado más colonizado  de la región con capital y tecnología ajenas.

Publicado en Centro / periferia, EE.UU., Globocolonización, Poder mundializado, Uruguay

Israel ahora avasallada: el discurso como inversión de la verdad

Publicada el 27/08/2023 - 16/10/2023 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

Sumamente ilustrativa es la “reacción moral” que les ha acometido a sionistas escandalizados por las novedosas exigencias de la administración Biden al Estado de  Israel, en lo que atañe a “derechos palestinos”.

Nos tememos que el mismo Biden debe  estar también escandalizado. Pero es expresión de los tiempos que corren, tan democráticos, tan pluralistas, tan antirracistas, tan apegados al “pensamiento correcto”… este “aire de época” ha metido a Biden y a su equipo progre en este berenjenal ideológico y táctico.

Ya no tenemos  un Teddy Roosevelt que elegía la política del garrote para enderezar la fila de naciones satélites, ya no tenemos un Winston Churchill que se vanagloriaba de gasear “negros retobados” o de bombardear sus aldeas; ya no tenemos (por lo menos en la arena política), a un wasp de pura raza que proclame con fundamentos éticos, religiosos y científicos que a la raza  blanca dios le ha encomendado la tarea de guiar y/o domesticar a las otras razas (o quitarlas del medio, si molestan más de la cuenta).

Una escandalizada Caroline lo expresa con todas las letras: “Informe del Dpto. de Estado niega terminantemente que  el estado judío tenga el derecho de imponer sus leyes a los ciudadanos árabes.” [1]

Prosigue Caroline: “Veamos, por ejemplo, la sección del informe acerca de los esfuerzos de Israel  para combatir las tomas ilegales de los beduinos en el sur de Israel. De acuerdo con la oenegé israelí Regavim que documenta las construcciones árabes ilegales: la minoría beduina israelí ha ocupado tierra en la zona del Negev más extensa que Jerusalén, Tel Aviv y Bersheva unidos… Unos 82 mil beduinos  –menos del 1% de la población israelí–  han ocupado unos 150 mil acres [60 mil ha]. El otro 99% de Israel reside en unas 232 mil acres [algo menos de 100 mil ha]. Caroline emplea la comparación de Regavim pero no dice  que lo que habitan los beduinos es un desierto en el cual con minimalismo sobreviven humanos allí, y que los otros millones que habitan Israel lo hacen en otras condiciones radicalmente distintas, urbanas, industriales.

De acuerdo con Hashomer Hadahash, otra oenegé israelí,  ‘que protege las tierras rurales israelíes del terrorismo agrícola árabe [sic], los beduinos se han convertido en bandoleros que reclaman paga por protección.’

Caroline lleva con empeño el discurso a la inversión de lo que verdaderamente ha acontecido. Si no fuera históricamente deleznable habría que aplaudir la construcción de semejante libreto.

Repasemos: Caroline ve “esfuerzos de Israel para combatir las tomas ilegales de los beduinos en el sur de Israel”. Sin embargo, los beduinos han habitado esa región   –el desierto de Négev– unos cuantos siglos antes de que los sionistas en el s XX decidieran apropiarse de ese territorio. Caroline habla de toma “ilegales” porque los beduinos no han usado el derecho del ocupante; sin duda, el sentido común ancestral jamás les habría aconsejado usar ese derecho, porque el derecho del ocupante no rige para que lo ejerciten los ocupados: los beduinos ocupan porque saben a ciencia cierta o a experiencia vivida con el colonialismo, que los reclamos judiciales de los “originarios” no existen; si existen no son reconocidos.

Así que los palestinos en general, beduinos o no, carecen en Israel de todo amparo legal; por eso a palestinos a quienes se les arrebató la tierra (y generalmente mucho más) no se les ha reconocido derecho alguno en Israel, pese a todas las disposiciones “internacionales” en favor de refugiados, que obligan a los estados a diversos resarcimientos, que Israel jamás ha cumplido.

Hasta el diario israelí Haaretz ha informado que ’el 95% del agua disponible en la Franja de Gaza no sería potable y estaría mezclada con aguas residuales y plaguicidas’.[2]

¡Cosas veredes, Sancho! Mencionar tantas veces “el terrorismo  árabe” sin señalar los disparadores; lo que ha hecho el sionismo a lo largo de las décadas y ahora ya de los siglos es –precisamente–  ejercer terrorismo sobre la población palestina árabe, para seguir despojándola de sus tierras; arrancando de cuajo naranjos, vides y olivos algunos centenarios; arrojando aguas servidas de sus poblaciones hacia la tierra costera en que vive, por ejemplo, la población de la Franja de Gaza; impidiendo a campesinos y pobladores palestinos atesorar la escasa agua de lluvia y aplicando “torniquetes” por el estilo. Invadiendo sus aldeas, que palestinos mantienen con apego a sus cultivos en pequeña escala tratados con esmero, tan distantes de los proyectos agroindustriales que se impulsa en la moderna Israel, cargados de agrotóxicos.

Esta curiosa invocación a derechos humanos de parte de violadores sistemáticos y de muy larga data es una muestra de lo difícil que es alcanzar acuerdos con cierta justeza, dignidad.[3]

¿Qué es lo que ha disparado esta ola de quejas, advertencias, reconvenciones? Un señalamiento, apenas, del presidente estadounidense Biden sobre procederes israelíes ante los beduinos, por ejemplo, “ignorando su estilo seminómade de vida”.[4]

Hay, empero, otros puntos de fricción, que podrían explicar tanta molestia.

Pramila Jayapal, miembro de la Cámara Baja de EE.UU., ha provocado un cortocircuito cumpliendo el papel del niño pequeño que preguntó en voz alta en el desfile ¿por qué el rey está desnudo? Entonces, la verdad se hizo inevitable, incontenible.

La demócrata de origen indio Jayapal, morocha, dijo una palabra: que Israel era “racista”. Solo eso.

En su cámara salieron muchísimos otros demócratas a negar semejante afirmación y se dedicaron a pasar la mano por el lomo de la entidad, ya no mítica sino bíblica, que han auspiciado y protegido (invirtiendo las relaciones habituales, ese ente bíblico les ha dado de comer a la inmensa mayoría de congresales de EE.UU. bajo la forma de siempre generosas dádivas).

En las huestes demócratas se forjó un cuarteto de mujeres críticas a la conducta  de Israel hace unos pocos años, que ha devenido últimamente de ocho miembros (ahora mixto), bautizados como “la Escuadra”. Pero recordemos que los congresales demócratas en EE.UU. son ahora (que están en minoría) 212. Y que haciendo una simple regla del tres, vemos que la Escuadra” no llega ni al 4% de ese “cuerpo” legislativo…

Pero la indignación de Caroline Glick no tiene freno y eleva el discurso como inversión de la verdad a nuevas alturas.

Sostuvo que: “Biden se ha insertado  en las peleas domésticas israelíes acerca de los procesos judiciales como nunca lo había hecho hasta ahora el gobierno de EE.UU.” [5]

Esta afirmación de Glick es presuntamente cierta; lo que llama la atención es la ceguera militante de la comentarista para siquiera atisbar si los israelíes se han insertado en las peleas domésticas estadounidenses  acerca de una cantidad inmensa de cuestiones; la violencia en países musulmanes, los informes que resultaron falsos sobre armamento en países “no amigos”, los asesinatos del EdI de ciudadanos norteamericanos como Rachel Corrie o la periodista palestino-estadounidense Shireen Abu Akleh; la expansión territorial israelí durante las visitas presidenciales estadounidenses; el control por empresas israelíes de la frontera mexicano-estadounidense, con “la asistencia” de, por ejemplo, el Golan Group,  son apenas unos pocos ejemplos de la incidencia israelí en la vida y las decisiones de EE.UU. y sus habitantes.

Algunos investigadores van mucho más allá y hablan de una verdadera dependencia o sumisión estadounidense a manos de los que toman las decisiones desde Israel. Véase, por ejemplo, el enfoque de Gilad Atzmon, él mismo judío:[6] “Estados Unidos está dispuesto a sacrificar a sus jóvenes soldados, intereses nacionales e incluso su economía por Israel”.  “Los grupos de presión israelíes parecen creer que en realidad son más poderosos y ciertamente más importantes que la constitución estadounidense”. [7]

Y dos intelectuales norteamericanos, John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt,  se preguntan y nos contestan: “¿Por qué los EE. UU. están dispuestos a dejar de lado su propia seguridad anteponiendo los intereses de otro estado? Podríamos suponer que el vínculo entre los dos países se basa en intereses estratégicos comunes o en imperativos morales muy convincentes. […] sin embargo, ninguna de esas dos explicaciones justifica la importante cantidad de material y apoyo diplomático que los EE. UU. proporcionan a Israel. En lugar de eso, el empuje de la política estadounidense en la región se debe casi totalmente a la política interna de los EE. UU., especialmente a las actividades del «Lobby israelí».” [8]

Con otra carga, decía lo mismo el carnicero Ariel Sharon: “Los judíos controlamos América y los norteamericanos lo saben”. No se equivocaba, aunque asquee tanta franqueza.

Estamos en una era de alta sensibilidad ante el escamoteo de libertades democráticas… propias.

Por eso, nos recuerda dolorido Weinthal, que: “La alegada interferencia de Biden en los asuntos domésticos de Israel ha sido una fuente de angustia entre algunos israelíes y en varios políticos republicanos aspirantes a la presidencia.” (ibíd.)

Biden no puede soportar tanto dolor y vejamen israelí: “le dijo a Herzog que le enviara a Netanyahu la convicción que el compromiso de EE.UU. [America, dijo],  hacia Israel es firme y a prueba de balas.” (ibíd.)

Y para que la reconciliación sea plena, Biden ha prometido un ‘plan nacional contra el antisemitismo’.[9]

La Doble Alianza (que en realidad es una triple, con el Reino Unido) sigue incólume.

notas:

[1]  Caroline Glick, ”The Biden Adminstration Sinister Turn Agains t Israel” (El gobierno de Biden hace una siniestra movida contra Israel), Newsweek,  24 marzo 2023.

[2]  http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=60509.

[3]  La violencia terrorista en Palestina se registra con asesinatos de comandos sionistas desde por lo menos la segunda década del s XX; los primeros atentados de ese tipo llevado a cabo por organizaciones palestinas datan de la séptima década del mismo siglo: durante medio siglo los palestinos fueron solo víctimas en el rubro abominable del “terrorismo”.

[4]  Glick, ibíd.

[5]  Weinthal, Benjamin. “Biden criticism of Netanyahu govt sparks anger as Israeli president set to adress Congress”, Fox News, 2023 07 19.

[6]  No sólo judío sino originariamente sionista y creyente de su abuelo, organizador de violencia contra palestinos. Como conscripto, confiesa, tuvo el sacudón de su vida, porque conoció, entre sonrisas de suficiencia de sus pares, las jaulas –que él había tomado como perreras– en que albergaban a los palestinos más dignos o rebeldes; jaulones donde no se puede permanecer ni acostado ni parado. Y a la vez, conoció personalmente a palestinos encarcelados y muy dignos. Y el sacudón psíquico fue tan fuerte que abandonó  primero el ejército, luego el sionismo y finalmente el país.

[7]  La identidad errante, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2012.

[8]  The Israel Lobby and the United States Foreign Policy, 2006.

[9]  https://www.vozdeamerica.com/a/casa-blanca-lanza-primera-estrategia-nacional-contra-antisemitismo/, mayo 2023.

Publicado en EE.UU., Globocolonización, Palestinos / israelíes, Para salir del repollo

¿SOBERANÍA NACIONAL O DEPENDENCIA TRANSNACIONAL?

Publicada el 25/07/2023 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

En Primaria, una de las lecciones morales que recibíamos en la primera mitad del s xx, era la de la carrera entre la liebre y la tortuga.

Que nos mostraba que el orgullo de sentirse superior o mejor era la causa directa de la derrota. Por autoengaño.

Esa lección, mordiendo derrotas, la hemos experimentado en Uruguay en muy diversas competencias, tanto en fútbol como en ajedrez…

 

Estuvimos “sentados” sobre el agua corriente y potable con que contamos en la capital de nuestro país, como si fuera nuestro trono de orgullo. Ese “dormirse sobre los laureles” atribuido a la liebre de nuestro aprendizaje escolar es el que caracterizó al Uruguay moderno, que en muchos aspectos había sido pionero.[1]

El penoso ejemplo de la estulticia de la exministra “ambiental” Eneida de León, vanagloriándose de que teníamos en Montevideo una calidad del agua potable superior a la de Europa y en particular a la de Estocolmo (Ag. EFE, 15 mayo 2015) es apenas un botón de esa triste muestra de orgullo fatuo.

Hemos bajado a la realidad. Bastante más penosa y sórdida de lo que anticipábamos.

No tenemos agua potable para Montevideo y, en general, para dos tercios de la población del país.

Y llueven las explicaciones. Propongo un descarte metodológico: alejémonos por un instante de causas hipergenerales, sistémicas, de difícil probanza y centrémonos en  aspectos más concretos, accesibles, y modificables por nuestra voluntad política (si tenemos, claro).

Nos cuesta articular el calentamiento global y hasta el fenómeno climático de La Niña con nuestra crisis. En cambio, sabemos que la  cantidad de cianobacterias o de agrotóxicos en las corrientes de agua alteran su potabilidad y directamente nos afectan.

O que la sustracción desde nuestra principal fuente de agua potable –el río Santa Lucía– de centenares de cursos de agua; tubos, canales, construidos por agroexportadores para llevarse el agua a sus plantaciones afecta la disponibilidad de agua para potabilizar. Sabemos además, que éstas; por lo menos 500 tomas sobre el Santa Lucía,  fueron “santificadas” por una Ley de Riego (2017) que el gobierno concedió a sojeros y otros agroindustriales.

También sabemos del volumen que las celuloseras secuestran de nuestra aguas fluviales  y que el retorno, siempre menor que el agua secuestrada, es un líquido de mucha menor calidad ambiental, sanitaria.[2]

Sabemos, en una palabra, que todos los gobiernos posdictadura han estado celosamente unidos en el camino económico trazado. Trazado no desde el país, sino desde los grandes centros de política económica general. Blancos, colorados, frenteamplistas han coincidido en seguir el desarrollo tecnológico “imparable”, con costo ambiental creciente y cada vez más gravoso.

El arte, escueto, casi parco, ha sido, otra vez, más sabio que todos los técnicos informantes lacayos de los monopolios centrales, generadores del modelo de producción y consumo que deshace la  naturaleza, intoxica los suelos y sus habitantes –desde la microfauna hasta los humanos–. Honor a Leo Masliah y su Agua podrida.

 

¿Qué hacer?

Los recursos del poder establecido dan verguenza ajena. Nos referimos a los invocados por el gobierno, pero no solo el actual sino los que ya mencionamos en las últimas décadas.  Se quejan ante presuntas causas de ardua comprobación, que ya repasamos. Invocan la lluvia, un recurso que la racionalidad y los desarrollos tecnológicos de nuestro presente desestiman con desprecio o piedad.

Luego que se vino abajo la estantería aparecieron dos  vías de solución. Reapareció Casupá. Y habrá que saber porqué se desechó y postergó hasta ahora.

Y apareció con bombos y platillos el proyecto Neptuno, también llamado Arazatí, por el lugar platense visualizado para su emplazamiento. Un ventajoso negocio, le ofrecieron al país una UTE, con importantes empresas del rubro; SACEEM, un consorcio uruguayo de ingeniería; Berkes otro consorcio al parecer también de origen oriental, dedicado a ingeniería, plantas y caminos; y Ciemsa y Fast también empresas con domicilio en Uruguay  (aunque en general todas ellas registran actividades y enormes proyectos industriales en diversos países y continentes).

No sabemos el origen de semejante proyecto. Pero sí llama la atención la materia prima que encaran como base para tamaño emprendimiento. La materia prima de esa propuesta procesadora de agua potable –el agua bruta, en dos palabras– es la que proviene del Río de la Plata a unos cien km al oeste de Montevideo y por lo tanto a unos cien y pocos km al este (y al norte) de Buenos Aires. El agua bruta allí recogible es: a) por las corrientes marinas, a veces el agua proveniente del Paraná y del Uruguay, a veces del Atlántico (se ha calculado que el agua oceánica está allí presente alrededor de 90 días al año);  b) la ciudad de Buenos Aires –que tiene en su capital unos 3 millones de habitantes y en todo el llamado Gran Buenos Aires (GBA), unos 15 millones–,  vuelca sus efluentes cloacales al Río de la Plata, unos 12 km alejado de la costa argentina (hasta 2021 al menos, las aguas cloacales porteñas se descargaban a la altura del suburbio de Berazategui a ¡apenas 2 km y medio de la costa!); tales efluentes ingresarán inevitablemente en el caudal que se pueda tomar unos cien km al este en  el mismo río (aunque la toma esté alejada de la costa argentina y al lado de la uruguaya); c) la agricultura hoy existente, fundamentalmente en Argentina, pero con los demás países conosureños que no le van en zaga, arroja a las aguas ingentes cantidades de agrotóxicos que por vía de afluentes o por mera escorrentía, van todos al final a los ríos Paraná, Uruguay y el Plata, para hacer el estuario que llamamos Río de la Plata; d) los ríos que venimos analizando tienen otra multitud de desechos característicos de la sociedad industrial y se sabe que cualquier análisis de las aguas platenses contiene hidrocarburos, cianuro y bifenilos policlorados (PCB), por ejemplo. E insecticidas, plaguicidas, biocidas, en general; glifosato, bromoxynil, clorpirifos, para mencionar los más tristemente célebres.

Si semejante “caldo” como agua bruta requiere una capacidad de filtración costosísima, se plantea de inmediato si el sitio elegido por la entente del cuádruple consorcio es sensato. El negocio ofrecido es además llamativo: hacer toda la construcción ingenieril, con sus cisternas, filtros, cañerías para que el estado uruguayo pague más adelante, cuando reciba los presuntos beneficios.

Procurando acercarnos a la cuestión nos queda la pregunta qué harán estos empresarios con la salinidad del agua, ya no digamos con todas las impurezas que hemos repasado someramente. ¿Estimarán que el público uruguayo u oriental ya se habrá acostumbrado a ingerir “agua bebible” en lugar de potable, como nuestras autoridades nacionales han estado procurando persuadirnos?

La otra posibilidad sería, para el paquete Arazatí, encarar el costoso proceso de desalinización. No deja de ser llamativo que el muy irrigado territorio del Uruguay deba extraer su agua de consumo del mar. Nuestro territorio no solo tiene una fuerte irrigación de superficie, sino diversos acuíferos.

Lo que no tiene el territorio uruguayo es tanta superficie y disponibilidad como la que pretenden las megaindustrias que han ido aumentando la escala mediante fuertes apuestas tecnológicas que consumen –y estropean– cada vez más ingentes “recursos naturales”.

Estamos ante la misma ecuación que hace algunas décadas se sopesó para decidir si el país debía apostar a commodities o specialities. La agroindustria había ido aumentando su producción mediante la gran escala con enormes pasivos ambientales (producción de desechos, contaminación generalizada, pérdida de calidad, afectación de la salud [3]). Y tal ecuación “cerraba” sus números en las pampas argentinas, en las praderas norteamericanas. En nuestro país, esos rendimientos mágicos (y tóxicos) mermaban. Por eso, algunos veían promisorio que Uruguay apostara a producción diferenciada, de calidad, orgánica, para un mercado en expansión. Y no apostar a la producción a gran escala, en la cual poco podemos destacarnos.[4] No fue posible. El prestigio ideológico del tecnodesarrollismo a cualquier precio, el modelo norteamericano de trato de la tierra (y el agua, el aire) fue más fuerte…

 

Uruguay está ahora obligado a rehacer su red de agua potable. Hay conciencia del deterioro de muchos tramos (que incluso se teme permita el escurrimiento de parte del agua potable). Hacer nuevas tuberías para transportar agua a distancia es costoso. Habrá que cuidar el material a usar. Los tramos de un siglo atrás eran de hierro fundido. Con inconfundible “sabor” a viejo. Se lo suele sustituir por PVC.

La actualización de materiales merecería varios exámenes. Uno, fundamental, el carácter inerte de los materiales continentes. Porque sería miopía criminal optar por un material más económico o rendidor, si a la larga incorpora al circuito partículas indeseadas…

El hierro parece haber probado cierta seguridad. Recordemos el trágico error de incorporar el plomo a las cañerías de agua caliente (que se mantuvo todo un siglo, desde fines del s xix a fines del s xx) y que nadie sabe –ni el mundo médico quiso disponerse a saber– en cuanto puede haber incidido para el avance terrible de varias enfermedades mortales, “modernas”, bajo el atroz manto de la plombemia.//

[1]    En 1867 se inicia la distribución de agua corriente en Montevideo, por una empresa privada compuesta por un uruguayo y dos argentinos, que años después cederán todo el servicio a una compañía inglesa (que proveerá agua corriente y potable entre 1872 y 1951). Bueno es reparar que la ciudad más importante de la región, Buenos Aires, iniciará esa distribución en 1869 (todos estos datos provienen de Wikipedia).

[2]   En el caso de  UPM 2, la mayor del país, se estima que secuestran unos 133 millones de litros diarios y devuelve 107 totalmente contaminados por los efluentes que resultan del proceso industrial de fabricación de la celulosa. Ese volumen vuelve, en este caso al río Negro, pero será mucho más costoso tratar de recuperar aguas abajo algo de ese volumen, por todos los tóxicos así acumulados.

[3]  Véase el extraordinario y sobrecogedor trabajo fotográfico de Pablo Piovano “El costo humano de los agrotóxicos”, Argentina, 2015.

[4]  En el caso de las carnes vacunas, el suelo ondulado que caracteriza a casi todo el territorio no facilita la expansión de feed-lot, el último grito en producción industrial de carne bovina, que ha hecho furor en las pampas argentinas. La carne de feed-lot viene con una carga, totalmente insensata de antibióticos, antiparasitarios, y una serie de medicinas para permitirles llegar vivos a los ejemplares, que son matados a la edad más temprana posible.

Publicado en Centro / periferia, EE.UU., Globocolonización, Uruguay, Uruguay. Qué hacer

La dolarización: el mantra de una peculiar soberanía

Publicada el 18/07/2023 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

23 mayo 2023

Javier Milei quiere dolarizar la Argentina. Una entrevista radial (La Red Informativa, 16 05 21). Y quiere “abolir” el Banco Central.

La mayoría de las monedas son malas, espantosas, dice.

Y Argentina tiene muchos pesos y pocos dólares.  Milei propone suprimir los pesos, yéndolos a cambiar por dólares. Las autoridades nacionales que procedan a semejante cambio necesitarán tener el circulante (10 mil millones de dlrs. equivalente del circulantes argentino actual) y más 30 mil millones de dólares que constituye la deuda vigente)  para proceder a ese “cambio de moneda”. Que Milei evalúa, redondeando en 500 x 1.

Y para ese “cambio fundacional” Milei propone un prestamista que le otorgue al país esos dólares (miles de millones). Privado. No da nombres. Pero asegura viabilidad y alcanzar la situación “envidiable” de Ecuador (también menciona la de Panamá…).

El periodista, totalmente subalternizado ante seguridad “tecnocientífica” de Milei alcanza a preguntar, tímidamente, si el FMI aceptaría que Argentina cambie de moneda y pase su economía “nacional” al dólar.

Y viene la respuesta inefable de Milei; -¿cuál es el problema que Argentina, haciendo ejercicio de su soberanía nacional, incorpore el dólar como su moneda?

 

Obsérvese el juego de los espejos en que hemos sido introducidos para que cueste tanto llegar a la verdad desnuda:

el FMI fue creado en 1944 como órgano de control internacional financiero de EE.UU.,  victorioso, para asentar el dominio del mundo y acceder, finalmente a un american century; un siglo bajo su batuta  tecnológica, comunicacional, idiomática, comercial, exportadora de un modelo de sociedad (auto, coca-cola, rubias y Hollywood) y muchos otros etcéteras no menos importantes.

Por supuesto que jamás se dijo de modo expreso que era para “dominio del mundo”, faltaba más: iba a ser para atender las necesidades del mundo, ante las cuales EE.UU. se ponía a disposición.

Afortunadamente hubo estrategos que siquiera en documentos reservados aludieron a la verdad de la milanesa: George Kennan, por ejemplo, una suerte de Henry Kissinger de mediados del siglo XX –el momento en que EE.UU. se vio glorioso vencedor de la 2GM, prácticamente invicto y solo– lo ponía en blanco sobre negro: “[…] Tenemos alrededor del 50% de la riqueza del planeta pero sólo el 6,3% de su población. Esta disparidad es particularmente grande, como la que tenemos nosotros mismos y los pueblos del Asia. En esta situación, no podemos dejar de ser objeto de envidia y resentimiento. Nuestra tarea más real y efectiva en el período que se aproxima es establecer un esquema de  relaciones que nos permita mantener esta posición de disparidad sin detrimento de nuestra seguridad nacional. Para hacerlo, tenemos que sacudirnos todo sentimentalismo o andar soñando despiertos; y nuestra atención tendrá que concentrarse en todas partes en nuestros objetivos nacionales inmediatos. Necesitamos no engañarnos a nosotros mismos con que podemos darnos el lujo del altruismo y de beneficiar a todo el mundo.” [1] Se advertía claramente, que el adusto Kennan no quería saber de nada con “buenas intenciones” que muchos inocentes estadounidenses tenían a granel.

Volvamos a nuestro solucionador vernáculo. Milei “nos vende” que ejercemos soberanía para dolarizarnos. Es todo un recetario fiel a lo que Étienne de la Boétie describió y denunció hace unos cinco siglos (por favor, léase bien: medio milenio): la servidumbre voluntaria.[2]

Que seamos inferiores, periféricos, adventicios, pero que lo hagamos “plenamente”.

Una verdadera cabriola ideológica. Vendernos servidumbre como emancipación.

Lo triste en este pequeño juego de imágenes es que Milei dista mucho de ser  original. Ni único.

Porque vender servidumbre en envases de emancipación ha sido uno de los rubros más colocados, vendidos, propagados, difundidos (elija el lector el participio que juzgue más apropiado o frecuente).

[1]   Cit. p. @BenjaminNorton / history state gov/historical documents/frus/1948v01p2/d4, 1948.

[2]   Ensayo sobre la servidumbre voluntaria. Escrito en 1530, publicado en latín en 1571 y en francés, en 1574.

Publicado en Argentina, Centro / periferia, Destrozando el sentido común, EE.UU., Globocolonización, Sociedad e ideología

Historia de tres ciudades

Publicada el 23/02/2023 - 25/02/2023 por luissabini

Por Philip Giraldi*-

En realidad, uno podría estar dispuesto a considerar que podría haber algún valor en el «orden internacional basado en reglas» que promueve la Administración de Joe Biden si tal cosa realmente existiera y se aplicara por igual a todos los transgresores. Por supuesto, en realidad, las «reglas» a las que se hace referencia no están acordadas ni impulsadas por un amplio consenso internacional y son simplemente un truco que se explota para promover los intereses de los EE.UU. y sus aliados más cercanos. De hecho, las «reglas», tal como son, se ignoran con la mayor frecuencia para pasar por alto el mal comportamiento que exhibe EE.UU. y sus amigos.

Si las «reglas» en realidad tuvieran la intención de poner límites a las interacciones violentas entre las naciones, considere por un momento el historial real de EE.UU. al respecto.  Encuestas de opinión recientes demuestran que EE.UU. es considerado por un amplio margen entre otras naciones como el país más peligroso del mundo. Ese juicio se basa no sólo en la memoria histórica de Hiroshima y Nagasaki, sino también de la Guerra de Vietnam y el derrocamiento de supuestos regímenes “izquierdistas” en lugares como Irán, Chile y Guatemala. Las intervenciones armadas en mayor o menor escala han sido una característica habitual de las iniciativas estadounidenses en todo el Caribe y América Latina desde la Guerra entre EE.UU. y España a fines del s XIX.

Más recientemente ha habido una guerra global contra el terrorismo, desatada en todo el mundo basada en la condena de EE.UU. a países que no se percibían aceptando la línea diseñada por Washington sobre lo que constituye terrorismo. Esto ha llevado a intervenciones inútiles y finalmente fallidas en Afganistán, Irak, Libia y Somalía en las que, según algunas estimaciones, millones de civiles han muerto directa o indirectamente, y EE.UU. ha sostenido el gasto de la guerra en moneda puramente fiduciaria, sin respaldo, mediante la impresión de billones de dólares, acumulando enormes deudas, que llegarán “a casa” con sus problemas más pronto de lo que imaginamos. En Afganistán, y también en Yemen e Irak, EE.UU. se ha involucrado en ubicar civiles, objetivos seleccionados que son asesinados mediante drones.

El aspecto más problemático de toda la violencia que EE.UU. ha  iniciado es que no hay reglas aplicables a la vista, aparte de los payasos de Blinken, Biden y Austin en Washington citando amenazas sin pruebas convincentes que provienen de países incapaces de hacer daño, como Irán, o países como Rusia y China que no tenían previamente intención de enfrentarse al coloso militar estadounidense.

Así que Washington es el corazón palpitante de las políticas que han creado un torbellino en todo el mundo al tiempo que acercan la hora del Juicio Final que bien podría llegar con una guerra nuclear. Y todas las poses son literalmente en vano, por una mala causa, apoyando a un régimen autocrático y corrupto y en un país que no es una democracia, que tampoco se la ve a la vista. La hipocresía de aquellos en la Casa Blanca y en el Congreso, así como en los medios de comunicación, que son tan negligentes con las vidas y los bienes de sus conciudadanos, desafía toda credibilidad.

Si Washington es la primera de las tres ciudades que estoy considerando, Moscú ciertamente debe ser la segunda, ya que es el receptor de la hipocresía de EE.UU., acusado de haberse desviado del orden internacional «basado en reglas» al invadir Ucrania un año atrás.

Rusia, sin embargo, ve las cosas de otro modo. El Kremlin ha argumentado que ha buscado en repetidas ocasiones negociar un acuerdo con Ucrania sobre la base de dos cuestiones fundamentales que, según afirma plausiblemente, amenazan su propia identidad y seguridad nacional. La primera es el incumplimiento de Ucrania de los Acuerdos de Minsk de 2014, que concedieron mucha autonomía a la región de Donbas, un área indiscutiblemente habitada por rusos étnicos, como Crimea.

Recientemente, la ex canciller alemana, Ángela Merkel, ha dejado escapar que nunca hubo intención de cumplir con los Acuerdos de Minsk, lo que implica que todo fue una farsa para permitir el fortalecimiento de Ucrania para unirse a la OTAN y, si fuera necesario, luchar contra Rusia. De hecho, los Acuerdos fueron ignorados desde el principio, y las milicias ucranianas y otros elementos armados usaron artillería para bombardear Donbas, matando en los últimos años a unos 15.000 residentes, en su mayoría de origen ruso, una estimación que parece estar confirmada por fuentes independientes.

El segundo problema de seguridad nacional vital para Moscú era sobre los planes para ofrecer a Ucrania la membresía en la OTAN, que situaría frente a Rusia una alianza militar hostil, posiblemente superior. El presidente ruso, Vladimir Putin, ha observado repetidamente que los temas eran negociables y que Zelensky solo tenía que aceptar mantener a su país como «neutral», es decir, no vinculado a ninguna alianza militar, y honrar una autonomía razonable para Donbas. Según se informa, fueron EE.UU. y Gran Bretaña los que empujaron a Ucrania a rechazar todas y cada una de las demandas rusas en un intento por iniciar una guerra de desgaste utilizando vidas ucranianas para desestabilizar al gobierno de Putin y reducir su capacidad para oponerse al dominio estadounidense y occidental.

Y, por supuesto, está la historia de fondo, que EE.UU. se había entrometido durante mucho tiempo en Europa del Este a pesar de su compromiso de no aprovechar la desintegración de la Unión Soviética para expandir la OTAN hacia el este. EE.UU. había provocado un “cambio de régimen” en Ucrania en 2014 para eliminar un gobierno amistoso hacia Moscú. Pero en este caso, la creciente participación de EE.UU. y la OTAN en la lucha ha sido un desarrollo extremadamente peligroso porque ha intensificado el conflicto y lo ha convertido en lo que podría devenir un intercambio nuclear devastador. A uno le gustaría ver que se iniciara una tregua inmediata para detener la lucha, seguida de negociaciones serias para llegar a un arreglo en la disputa territorial. Pero, por supuesto, EE.UU., que ha proporcionado a Zelensky más de 100.000 millones de dólares en ayuda, ha dejado en claro que no está interesado en un acuerdo negociado a menos que Putin esté dispuesto, como primer paso para generar confianza, a retirarse de todo el territorio ucraniano ocupado, incluida Crimea. En otras palabras, rendición incondicional.

Entonces, si Moscú ha roto con el “orden internacional basado en reglas” veamos cómo se definen las amenazas. Como mínimo, Washington se ha comportado mucho peor que Rusia durante los últimos veinte años, lo que más bien confirma que las “reglas” son esencialmente una ficción conveniente.

Finalmente, mi tercera ciudad a considerar es Jerusalén, la capital reclamada del Estado de Israel. Como se puede decir que el estado judío es el aliado más cercano de Washington o, como muchos creen, la cola que mueve al perro de la Casa Blanca, es instructivo observar su comportamiento para examinar si EE.UU. aplica un estándar uniforme a amigos y enemigos por igual cuando reparte el castigo a los infractores de las reglas del invocado “orden internacional.”

Si EE.UU. es considerado por la comunidad mundial como el país “superpotencia” más peligroso, Israel debe ser considerado el paria principal entre las naciones más pequeñas y con enfoques más regionales. Y su control sobre la Casa Blanca, el Congreso y los medios masivos nacionales en EE.UU. es tal que nunca se le pide que rinda cuentas por nada. Acaba de hacerse un ataque de soldados israelíes a un campo de refugiados palestinos en Jenin, Cisjordania, en el que diez árabes fueron matados. En represalia, un palestino con una pistola mató a tiros a siete israelíes en Jerusalén antes de suicidarse. Hablando desde la Oficina Oval, el presidente Biden consideró apropiado sólo mencionar el contraataque palestino, diciendo simplemente que “Éste fue un ataque contra el mundo civilizado”. El ataque israelí inicial que mató a diez palestinos ni siquiera fue citado, dando a entender que las atrocidades israelíes matando palestinos no dañan al mundo civilizado en que Biden vive.

En otra demostración de la Casa Blanca de dónde están sus prioridades, la muerte a tiros el año pasado de la periodista estadounidense-palestina Shireen Abu Akleh a manos de un soldado israelí llevó finalmente a conceder una investigación por parte de la Casa Blanca, a pesar de que Biden y compañía se tragaron abiertamente la versión del gobierno israelí de que fue un accidente probablemente desencadenado por muchos disparos de terroristas palestinos en el área, lo cual sencillamente no es verdad. Y no espere usted ningún retroceso real en el Congreso contra la política de Israel de disparar primero; la semana pasada el Congreso dio de baja a la congresista Ilhan Omar del Comité de Asuntos Exteriores porque era “antisemita” debido a sus críticas al comportamiento de Israel.

El Ministerio de Defensa israelí indicó que no cooperaría con ninguna investigación sobre su propio comportamiento en el caso Abu Akleh y el caso ha desaparecido desde entonces. Israel ha matado también a otros ciudadanos estadounidenses sin ninguna consecuencia, incluida Rachel Corrie y 34 marineros a bordo del buque de guerra USS Liberty en 1967. Nunca antes un gobierno había matado a estadounidenses solo para ser recompensado con un regalo de $ 3800 millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses cada año. El gobierno del estado judío ha señalado recientemente que su política de fuego libre contra civiles palestinos y sus partidarios extranjeros no se modificará. Los soldados y policías israelíes que matan a palestinos, a quienes habitualmente se describe como “terroristas”, casi nunca son investigados o procesados ​​y, en algunos casos, han sido elogiados en los medios, y promovidos.

El control israelí sobre partes importantes del gobierno federal estadounidense parece estar reforzándose. En una conferencia de prensa la semana pasada, el Dpto. de Estado de EE.UU. se negó a confirmar que Israel está ocupando ilegalmente gran parte de Palestina. Tampoco se admite que Israel tiene un arsenal nuclear.

El historial de Israel frente a sus vecinos es algo similar al patrón estadounidense de aplicación de normas; rara vez se molesta en excusar su comportamiento. Inició incluso una guerra de proporciones, atacando en 1967 a todos sus vecinos, después de quejarse falsamente de que lo estaban «amenazando», con lo cual se apoderó y ocupó ilegalmente sus territorios. Actualmente está bombardeando Siria de forma regular y también ha atacado a Irán, Líbano y  a los palestinos en Gaza. Ha asesinado a científicos y técnicos iraníes.

Israel ha invadido y ocupado el sur del Líbano y ha facilitado una masacre de palestinos asentados en campamentos allí. Ni Siria ni Irán han atacado jamás a Israel ni han amenazado con hacerlo, pero Israel persiste en afirmar que está amenazado y está tratando de convencer a Biden de unirse para atacar a los iraníes. El nuevo gobierno ultraderechista y racista del primer ministro Benajmin Netanyahu está intensificando en particular la presión sobre los palestinos mediante acciones que son ilegales según el derecho internacional sin que salga ni un chistido de la Casa Blanca. Las demoliciones de viviendas, las incautaciones de propiedades, los puestos de control y otros hostigamientos incesantes contra los palestinos también están aumentando en frecuencia a medida que los israelíes expanden su ocupación de Cisjordania.

Y algunos israelíes también están pensando en algo a mayor escala, en forma de genocidio, cuando se trata de sus vecinos palestinos. Un prominente miembro del parlamento israelí de la derecha ha sugerido lo que él y quizás muchos de sus colegas quisieran hacer con los palestinos restantes. Zvika Fogel, miembro de la coalición gobernante, ha convocado a una «guerra final» contra los palestinos para «someterlos de una vez por todas», luego de la condena internacional a la incursión del ministro de seguridad Itamar Ben-Gvir en la mezquita Al-Aqsa en Jerusalén Este ocupada; otro procedimiento ilegal para controlar por completo el acceso a los lugares sagrados musulmanes. Fogel respondió a las críticas, diciendo en una entrevista que la política de Israel de ir a la guerra con los palestinos “cada dos o tres años” ya no era lo suficientemente buena y que debería haber una última guerra “para someterlos de una vez por todas. Valdría la pena porque ésta será la guerra final…”

Así es que estamos en una historia de tres ciudades. Moscú está comprometido en una guerra que al menos tiene un sentido, aun cuando uno debe oponerse a las intervenciones armadas entre países vecinos. La operación rusa ha tenido la oposición de EE.UU. que negligentemente ha escalado la guerra y producido una siutación que puede resultar devastadora para toda la vida del planeta. Washington ha sido también el gran hipócrita en el juego puesto que se ha comportado muchísimo peor que Moscú en los últimos veinte años. Y la tercera, Jerusalén, o si se prefiera Tel-Aviv: un Israel monstruoso que se gana el premio por ser el peor de lo peor en cuanto a su inhumandad y crímenes de guerra, sin que se escuche el más mínimo rezongo desde Washington o de Biden, mencionando violaciones a “un orden internacional basado en reglas”.

*Philip M. Giraldi es director ejecutivo del Councilforthenationalinterest.org. En su juventud perteneció a la CIA. Su corr-e es inform@cnionline.org.

Traducción-e. Revisada por Luis E. Sabini Fernández

Publicado en EE.UU., Medios de incomunicación de masas, Palestinos / israelíes, Poder

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