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Armando una red de apoyo a los soldados israelíes

Publicada el 16/05/2018 - 25/05/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

También ente nosotros tenemos familias dinásticas y transnacionales.

Alejandro Bulgheroni, hijo de empresario petrolero que anudara lo que tuvo que anudar para convertirse en principal proveedor de YPF durante la última dictadura cívico-militar y así acumular poder y dinero, junto con su hermano Carlos tienen una fortuna estimada en 5 mil millones de dólares y se lo considera el namberguán de riqueza en Argentina.

Y hace ya décadas, AB anudó sus amores con Bettina Guardia, entonces coordinadora y mano derecha del ministro del Interior y secretario general de la presidencia, Carlos Corach, durante el menemato, período recordable por su inaudita corrupción y entrelazamientos de poder.

Lo de Alejandro y Bettina es indudablemente otro entrelazamiento de poder. Al mejor estilo de las dinastías que conocemos en el pasado (y en el presente) en todos los continentes.

ÉL ES EL CAPITAL ACTUANDO

Mientras él invierte materialmente, ella lo ha hecho espiritualmente.  A caballo de sus millones, él ha ido expandiendo inversiones y rentabilidades hacia, por ejemplo, Uruguay. Ha hecho, allí, un megatambo con una nueve mil vacas en el corazón territorial del Uruguay, aprovechándose del intendente del Partido Nacional ─pocas  veces una designación cosecha tanto escarnio como en este caso en que su titular promueve la inversión extranjera y la entrega de tierra a no nacionales─ .

ELLA, LA SOLIDARIDAD

Bettina, mediante sus “Puentes de Esperanza”, audiciòn radial, se dedica a mostrar las mejores facetas del mundo. Hace unos años, por ejemplo, viajó a México para entrevistar a un hombre solidario dedicado a mejorar la sociedad: Carlos Slim, entonces el multimillonario mayor del planeta. Pero Bettina no viajó hasta México para saber de sus muchos miles de millones de dólares; fue a entrevistarlo por su deslumbrante bondad.

También ha encarado un taller, “Mensajeros de Francisco”, dedicado a apoyar la capacitación de jóvenes minusválidos. Nos quedamos sin saber si este emprendimiento es respuesta al  crecimiento registrado en algunas provincias del país de escuelas diferenciales, que atienden el aumento de niños con diferentes formas de retardo motriz, intelectual y otras penosas malformaciones, casi todas ellas ocasionadas por la invasión generalizada de agrotóxicos para mejorar las tasas de ganancia de los empresarios “del campo”.

Desde 2016, encarando otro mensaje de paz, se ha dedicado a enaltecer la labor de soldados israelíes que terminado un período de servicio[1] vienen en un programa titulado “Mochileros sin fronteras”, que por ejemplo han llevado a cabo en San Miguel, en el GBA.

Es emocionante la plasticidad mental de estos abnegados viajeros. que se dedican durante la colimba a abusar de la población local, a jugar al blanco con las cabezas de palestinos que a veces tienen una piedra en la mano, a veces, un neumático  (para incendiar), a veces absolutamente nada, puesto que las autoridades israelíes no consideran delito ese tipo de ejercicio de puntería.[2] Al contrario, contiene algo deportivo; cada vez que aciertan derribando un cuerpo, los compañeros suelen festejarlo, como un gol. Habla de la estatura moral de este ejército.

Los soldados israelíes abusan también pasivamente. En los puestos de control (check-points) que Israel ha diseminado en todo el territorio palestino, se dedican a enlentecer, racionalmente, el ritmo del tejido social palestino hasta el paroxismo. Hay ya decenas (tal vez centenares) de partos en la calle del puesto de control porque las parturientas palestinas carecen de servicio hospitalario en su lugar de residencia y los soldados demoran horas, muchas horas, cualquier autorización de paso. Así, la inminente madre termina agachada pariendo allí, lo más separada posible del puesto de guardia, a veces acompañada, a veces sola.

Esa forma de nacer no es, como sabemos, del todo segura ni aséptica. La estadística de partos con bebés muertos es altísima. Bueno, otra vía indirecta de control de natalidad.

Los soldados israelíes tienen otras actividades de servicio más dinámicas y nocturnas, como, por ejemplo, los allanamientos a las 3 de la mañana. Se rodea una casa habitada por palestinos y en el momento del sueño más profundo, sobre todo infantil, se procede al allanamiento, con estrépito y al recuento de la población adulta e infantil, todos levantados de los lechos, igual que se hace en los recuentos carcelarios. A veces, el procedimiento forma parte de una detención policial, no judicial, que en Israel puede recaer en adultos o en menores. Se han llevado detenidos, y quedan presos meses  o años, niños de 12 o 13 años. Sin necesidad de juicio alguno. Este año, se hizo tristemente famosa la detención de una menor de 16 años que ofuscada porque en el allanamiento balearon en la cabeza a su primo de 15 (que está, sigue estando, en situación delicadísima y con secuelas de por vida), abofeteó a uno de los soldados. Días después, mejor dicho noches después (porque el procedimiento inicial también había sido nocturno) vinieron a detenerla. Se la llevaron con su madre y su prima.

Con ellas tras los barrotes, un personaje del mundo mediático, esos que se llaman periodistas, propuso que el mejor tratamiento para alguien que, como ella, Ahed Tamimi, había ultrajado al ejército israelí (que se llama “de Defensa”) era violarla a solas en la celda… Otra vez apreciamos la estatura moral esta vez en lo mediático.

Bueno, luego de esos servicios en la patria bíblica la buena de Bettina Bulgheroni nos regala las bondades que vienen a hacer aquí, a la Argentina: visitas sociales, colaboración en comedores barriales y otras acciones en zonas carenciadas como la mencionada en San Miguel.  Del  año sabático que reciben los soldados israelíes como premio a sus trajines militares ─la ocupación colonialista, por ejemplo─ se les pide que combinen vacaciones pagas  con dos semanas de este otro “servicio”;  ‘convivir con la realidad del desamparo, de los excluidos del sistema’.

¿Por qué?

El embajador israelí en el país, Ilan Sztulman, lo aclara en el Mensaje de B.B: la consigna es bien sencilla: “hacer un mundo mejor”. Y es “sagrada”. Y se fundamenta, en “uno de los principios morales del pueblo judío: ’Reparación de la humanidad’ [sic].[3]

“Es el súmmum de nuestra filosofía”, proclama el embajador.

Agrega algo significativo, al estilo de aquella poesía de Jacques Prévert que nos hablaba de cómo se exaltaba la patria, la paz, la felicidad, hasta que de pronto, en la perorata, con la boca abierta  “enseña los dientes / y la caries dental de sus pacíficos razonamientos / deja al descubierto el nervio de la guerra / el delicado asunto del dinero.” [4]

Así, remata, a su vez, Sztulman: ─’lo hacemos para mejorar la relación entre Argentina e Israel… los chicos lo hacen… para ellos la diplomacia no es relevante; vienen a pasear… y por 15 días hacen este trabajo…’

Sztulman le ha dado otro rango a los mochileros. Nos habla entonces de una bondad diplomática. Moralmente inaceptable.

Queda claro que se trata de una operación de lavado de imagen.

Es que ‘cuando la limosna es tanta hasta el santo desconfía’.

Tengamos en cuenta que las largas permanencias de soldados israelíes con sus características mochilas en la Patagonia (argentina y chilena; al otro lado de los Andes, la peculiar situación tomó estado parlamentario) han sido insistentemente denunciadas, aunque ni el gobierno nacional ni los circuitos mediáticos del establishment lo hayan reconocido. De dichos soldados se sospecha la elaboración de relevamientos.

Ahora están ahora dedicados a limpiar patios y encalar paredes escolares…

El embajador habla de relaciones entre estados. En ese plano Israel  cumple ─nos dice─ una labor de cooperación, trascendiendo fronteras. Entendemos que lo hace en serio y con dimensiones  industriales. Pese a su diminuto tamaño poblacional y territorial, es uno de los principales exportadores de armas e instrumentos represivos y de control, del mundo entero. Por ejemplo, técnicas de interrogatorio, de represión, el instrumental acorde para “tratar” a detenidos o para “ayudarlos a que se ayuden”. De eso sabe la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, que estuvo en Israel entrenando. Y luego armas, desde la famosa Uzi, hasta balas de fragmentación (que por pruritos legales están prohibidas en muchos países, arruinando las exportaciones israelíes), gases tóxicos, una alta variedad que, como las armas, vienen “siempre probadas”, como reza su folletería. Probadas sobre cuerpos palestinos. Son los creadores de un nuevo alambre de púa con el cual han encerrado más y más a la población que encontraron en “la tierra vacía”. Se han especializado en diseños carcelarios, y de celdas, especialmente acondicionadas para “doblegar voluntades” (por ejemplo, cubículos de metro y medio cada arista (esta línea es más reservada; hiere sensibilidades…)

La venta de “seguridad” figura entre las principales de las exportaciones israelíes. Como explicaba un judío que dejó de ser sionista, Israel Shahak, el Estado de Israel fue proveedor privilegiado de todas o casi todas las dictaduras atroces latinoamericanas en los ’70. Eso sí que es ayudar. E Israel ha estado, mejor dicho, ha seguido estando con el aprovisionamiento a regímenes latinoamericanos después de aquel tiempo de las dictaduras setentistas.

Ha colaborado con los golpistas cuando se desplazó a Manuel Zelaya en Honduras;[5] han provisto de guardia de corps a Horacio Cartes, en Paraguay,  que resultó un presidente cuasi de facto, a causa del peculiar desplazamiento del presidente electo, Fernando Lugo; Israel tiene una relación “íntima” con el gobierno colombiano, de Uribe primero, de Santos después, al punto que por su militarización se le ha llamado a Colombia la Israel de América Latina.

Con lo cual tanta bondad proclamada por I. Sztulman no resulta sino el cumplimiento de aquel apotegma: “Dime de que te ufanas y te diré de lo que careces”.

Y con amigos como Bettina Bulgheroni vale invocar al dios que para quien esto escribe no existe: ─Líbrame dios de mis amigos que de mis enemigos me libro solo”.

notas:

[1]  En Israel el servicio militar suele ser de 3 años en la conscripción, pero terminado el período puede ser llamado a filas cada año hasta los 45 de edad.

[2]  Nunca faltan abogados palestinos o incluso judíos que protesten contra ese trato a los palestinos.

[3]  La Torah o Antiguo Testamento habla más bien del pueblo judío, no de la humanidad.

[4] Paroles. El discurso de la paz, 1946.

[5] Apoyo hasta con tecnología de punta, como aquel eyector de rayos eméticos que los asesores israelíes se atrevieron a ubicar contra la embajada de Brasil donde estaba refugiado el depuesto presidente y su equipo. Ni siquiera ese “intervencionismo” despertó una condena a lo que, por lo visto, está por encima de toda sospecha; el estado sionista.

Publicado en Argentina, Palestinos / israelíes

Uruguay ¿La izquierda al servicio de la derecha? Ironías de la historia

Publicada el 30/04/2018 - 10/05/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

¿Quién habría imaginado a comienzos de los ’60 que muchos de los más radicalizados de la izquierda uruguaya iban a defender a represores institucionales? ¿Quién habría de imaginar en esa época de insurgencia estudiantil y de abordajes a la utopía, que muchos de sus titulares iban a defender un golpe de estado o aceptar instituciones de “la seguridad nacional” auspiciada por los represores del “estado burgués”?

Ningún uruguayo,  ningún oriental, espontáneamente, podría haber aceptado semejantes maridajes.

Sin embargo, conociendo un poco de historia no habría sido tan increíble. El papel de mucha izquierda en la Revolución Rusa y en su consolidación estalinista; en la llamada Revolución Española y su descaecimiento; en el ascenso del nazismo en Alemania, ha sido ése. Innegable aunque haya sido tan escamoteado en la prensa generalmente progre o de izquierda (¡a lo largo de casi todo el siglo XX!). Al punto que hasta se podrían rastrear razones no explícitas (dejando de lado los casos de provocadores, infiltrados y soplones, que también han cumplido su lastimoso papel al respecto). Pero no es el momento de rastrear esas curiosas y significativas metamorfosis de la historia en tantos sitios. Limitémonos a un episodio uruguayo, uruguayísimo.

Tomemos el galimatías jurídico de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Julio Sanguinetti, figura clave en la elaboración de dicha ley, hizo su jugada maestra mediante un gambito, iniciado el 8 de marzo de 1985, con ley de amnistía que amparaba a los tupamaros que acababan de cumplir 13 años de prisión (aunque alcanzaba  ─y aquí está la frutilla de la torta─  también a quienes habían evitado la cárcel e incluso a quienes habían sido reclamados por “delitos de sangre” y habían huido fuera de fronteras). Con amnistía o con conmutación de penas, “todo el mundo” tupamaro, los integrantes del MLN (y de organización menores) quedaron libres de culpa y cargo.

En 1986 ─estábamos viviendo los reacomodos del país tras el brutal cimbronazo de la crisis, la violencia guerrillera y la represión indiscriminadora del terror público, estatal─, los artífices políticos del momento, creen llegado el momento de “cumplir” con los militares las promesas del Pacto del Club Naval y, a través de la influencia clave de Julio M. Sanguinetti y Wilson Ferreira Aldunate, anudan la Ley de Caducidad.

Algo que no se podía aprobar simultáneamente en 1984, cuando la liberación de los presos políticos, porque la huella odiosa de la dictadura estaba fresca y la prisión de tantos años (de tupamaros y otros luchadores políticos) patentizaba su rol de víctimas.

Había que dejar pasar un tiempo, para hacer semejante juego de la mosqueta.

La acción guerrillera había recaído sobre actores sociales muy precisos; empresarios expropiados, policías desarmados, cuerpos represivos golpeados e incluso asesinados (aunque por el estilo o el método empleado, sobrevinieron también varios “daños colaterales” sobre habitantes totalmente inocentes o ajenos). Pero la acción represiva oficial generalizó el terror sobre buena parte de la población y dañó y mató mucha población porque la intención fue, precisamente, postrar a la sociedad en general, bajo el terror. Algo ajeno a la estrategia guerrillera, al menos en esa etapa, de subversión.[1]

Así que toda equivalencia entre la amnistía y la caducidad está viciada de origen. La amnistía amparaba a quienes habían actuado puntualmente; la caducidad amparaba a quienes habían maltratado a toda o casi toda una sociedad.

Y aquí viene el punto: la izquierda, fundamentalmente la izquierda tupamara, aceptó el trapicheo, reconoció un interés común en la defensa de amnistías y caducidades. Con representantes conspicuos de esa “alianza”, como Eleuterio Fernández Huidobro. El tristemente más destacado, pero no el único. En esa estela, han navegado, navegan, M. Rosencof, J. Mujica, J. Marenales, D. Cámpora y muchas otras acrisoladas figuras sobre todo de la llamada dirección. Si nos dejamos llevar por las consideraciones de refractarios al pacto y a la “política” de EFH, tendríamos que inferir que la mayoría o una buena parte de la camada tupamara aceptó el trapicheo que venimos señalando.

Esto no significa desconocer u olvidar todos los militantes y combatientes, a menudo esforzados, que han pagado con cárcel, exilio o la misma vida el sostenimiento de sus convicciones. Que podemos compartir o no.

Porque una cosa es “la revolución” (siempre bastante mitificada) y otra es conseguir mejores jubilaciones con pocos años de trabajo (más otros, a veces muy duros, es cierto, de cárcel) en tanto que laburantes que han trabajado 35 o 40 años en el país cobran un mendrugo; una cosa es reconocer o respetar a los poquísimos militares que han actuado correctamente y otra proteger a militares asesinos o cómplices de asesinatos, como el de un asesor de Pinochet, por más que el susodicho, E. Berríos, fuera un investigador científico deleznable…

En general, haber sido contemporizador o cómplice con las “movidas” militares del 9 de febrero o del 27 de junio de  1973, como sucedió con casi toda la izquierda incluyendo las dos principales organizaciones, tupamaros y tapamuros (comunistas) [2] es lo que se expresará años después, con “la recuperación democrática” en el Pacto del Club Naval, en la amnistía “general e irrestricta”, en el engendro de la Caducidad.

Aquellos polvos trajeron estos lodos. Nada distinto podía depararnos lo que se tipifica como derecha; está para defender lo estatuido, la injusticia dominante. Pero quienes han acarreado buena parte de nuestra lastimosa herencia han sido los que suelen considerarse “de izquierda”.

[1] Hubo un episodio, en 1970, que dio pistas para lo que podría pasar una vez obtenido el triunfo guerrillero. El MLN, previa inteligencia, copó instalaciones de Nybroplast para dar a conocer a su personal una proclama; operativos que hizo el MLN con frecuencia, buscando darse a conocer, socializando sus objetivos. El copamiento fue defectuoso: mientras “dialogaban” con el personal, un sereno que no había sido advertido se comunicó telefónicamente con la policía. Cuando los guerrilleros abandonaban las instalaciones en vehículos, los del primero ni siquiera advirtieron dificultades, pero los siguientes debieron enfrentar el cerco. No hubo muertos, pero sí varios detenidos.

La dirección tupamara evaluó el operativo; no sé si hubo críticas a los defectos del copamiento, pero sí se resolvió “ajusticiar” al sereno. Suponemos que “por buchón”. Sin embargo, el sereno había apenas cumplido con su deber. El mensaje entonces fue: si estás de acuerdo aplaudí, ¡si estás en contra, obedecé!

Pensemos por un instante lo que sería esa política dentro de toda una sociedad: recibe el nombre de totalitaria.

[2]  Hubo honrosas excepciones. En febrero, dentro del FA apenas la figura aislada de Carlos Quijano y seguramente otros miembros de “su” agrupación, ANDS. Fuera del FA, los exanarcos de ROE-OPR y los llamados prochinos. Hubo también otros objetores; colorados como A. Vasconcellos, y W. Ferreira Aldunate y su agrupación del PN. En junio, hay para todos los gustos: el PC prosiguió con su antibordaberrismo excluyente, apoyando a los militares torturadores como en febrero, pero empujado a la clandestinidad, pocos días después del 27/6 pasó a ser crítico acérrimo de este golpe de estado; el PS que en la secuela de febrero brindó con su líder V. Trías apoyo al peruanismo quedó, en junio proscrito por la dictadura; Seregni, prescindente en febrero  fue en julio de 1973 degradado y puesto en prisión durante 9 años.

Publicado en Sociedad e ideología, Uruguay

La impunidad mediática de Israel

Publicada el 06/04/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

Una vez más presenciamos, tenemos que sufrir la indignidad política de que Israel dibuje la realidad a su antojo y se burle de todas las resoluciones de la ONU que no le interesan o menoscaban sus objetivos.

17 muertos, más de mil heridos palestinos. Cero muertos, cero heridos del lado israelí. Cuesta creer que los palestinos hayan sido los atacantes, los provocadores, los fabricantes de disturbios.

En cambio, con desparpajo aclaró un jefe militar israelí que disparan “contra los principales instigadores”. ¿Instigadores de qué?, si los israelíes tienen cero baja…

En criollo: han tirado a matar a quienes han visto como los que animaban la manifestación; una manifestación sin armas y sin piedras, como aclararon los organizadores fijando como objetivo una “marcha por la tierra” arrebatada en 1948. Y que una resolución de la ONU, la no 194, acordó devolver a “los expulsados”. (no fueron expulsados así nomás, hubo marcada violencia traducida en la expulsión de cientos de miles de pobladores y de miles de asesinatos ejecutados en ese mismo proceso de expulsión.[1])

Pero la impunidad de Israel está garantizada por el lobby sionista y judío en EE.UU. (AIPAC) y por el correspondiente británico (la única merma, insignificante, de apoyo respecto de 1948 ha sido la de la URSS…).

Los británicos son principistas: entregaron la tierra palestina al sionismo para extender sus redes imperiales y cien años después la premier May se apresura a conmemorar todo evento significativo con el genocida confeso Beniamin Netanyahu. (poca mella parece hacerle cierta oposición laborista con Corbyn, Linvingstone y cercanos…).

El sionismo, el Estado de Israel, preserva la estructura victimista (“dispara y llora”)     que está sobre todo amparada por los m i m.[2]

Tomemos al azar un par de publicaciones; una del “centro de usinas mediáticas” y otro “local”. Con los cadáveres todavía tibios de la “limpieza” ordenada por los militares israelíes (basados en la nula importancia que tiene la vida de palestinos para ellos), El Nuevo Herald, periódico de Miami, EE.UU., bajo la firma de Fares Akram y Aron Heller, nos advierte que Israel hará “más contraataques si continúa violencia palestina”.[3] La construcción periodística nos dice que hubo ataque palestino, que hubo violencia palestina y que los militares israelíes actuaron solo en defensa, en respuesta.  Para “impedir los cruces de frontera” como si algunos de los asesinados hubiesen llegado siquiera a pisar tierra que los israelíes consideran israelí ─tierra redimida─ (y los palestinos, palestina ─tierra usurpada─). Lo manifiestamente falso de “la noticia” es que se los haya matado por pisar esa tierra.

Una cruda inversión de la realidad. Akram y Heller nada aclaran que se ha tratado de una concentración pacífica, “sin armas y sin piedras”, como proclamaron los organizadores, para reclamar por la tierra que les arrebataran. Tampoco aclaran que la reunión de decenas de miles de desesperados palestinos reclamando, llevó a los mandos israelíes a diezmarlos para evitar ser arrollados sin armas por el número.

Por su parte, el inefable Perfil, de Buenos Aires, cumple a su manera el acuerdo de cobertura y complicidad ante el agresivo, racista, comportamiento israelí.[4]

Nos cuenta que: “17.000 palestinos participan en revueltas en cinco ubicaciones”. ¿Qué revueltas éstas con todos los muertos y heridos a cargo de “los revoltosos” y con cero baja, ni siquiera rasguños, ni para un soldado del ejército de ocupación?

Perfil, como en general la prensa adicta al Occidente imperial, no transmite verdades, ni siquiera noticias; solo ideología. Como explica magistralmente Joe Lauria, “La misión de los medios corporativos de EE.UU. no es informar […] no es periodismo. Eso es el trabajo de Winston Smith.” [5] Debemos agregar que es la misma misión para medios corporativos que NO son de EE.UU.

Perfil, por ejemplo, en la misma nota afirma que: “Desde 2008, Israel y Hamas se han enfrentado en tres guerras en el enclave palestino.” Un fraseo sereno, aparentemente histórico. Que escamotea la incomparable diferencia de poder de fuego y de devastación de “los contendientes” en esos tres episodios; un ejército, una sociedad. Donde la Franja de Gaza ha puesto los muertos, los heridos, los niños aterrorizados y la destrucción de toda su hostilizada infraestructura (habitacional, energética, sanitaria, comunicacional, portuaria, aeroportuaria, alimentaria… y los israelíes… han puesto los tanques, los aviones, las bombas y algún rasguño “sufrido” en su máquina de matar. Enfrentados en guerras nos cuenta Perfil…

Esto, volvemos a Lauria, no es periodismo, no es información.

 

En medio del bloqueo informacional, los títeres políticos, nacionales e internacionales, se pueden dar el gusto de seguir ignorando la matanza de palestinos. Como la de yemeníes o sirios, así como en su momento la de libios, iraquíes, afganos, kurdos, paquistaníes, así como referentes políticos o luchadores por la salud ambiental o periodistas verdaderamente denunciadores, de Honduras, México, Colombia, Brasil y tantos, tantos otros sitios.

Porque pertenecen a la humanidad minus.

¡Qué escándalo si hubiese muerto algún soldado israelí! Porque, claro, pertenecen a la humanidad plus.

Sigan descansando nuestros políticos. A nadie se le ocurra pedirle cuentas a un estado en laborioso trabajo preparatorio de genocidio, y no tan preparatorio.

¿Qué vamos a decir a las generaciones venideras cuando tengamos que dar cuenta de una reedición de Numancia en pleno siglo XXI, el de los derechos humanos?

[1] Diciembre de 1948. La ONU reconoce que “hay lugar para permitir a los refugiados que lo deseen regresar a sus hogares [que] lo hagan” y al mismo tiempo deploran el asesinato por sionistas del enviado especial de la ONU; Folke Bernadotte, sueco, que poco antes había salvado a muchos judíos durante la Guerra Mundial y que en 1948 no aceptó el comportamiento abusivo y violento de los sionistas sobre palestinos desarmados.

[2]  medios de incomunicación de masas.

[3] http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/article207557884.html.

[4]  https://www.diariocol.com/2018/03/30/132344/.

[5] “Ocultar las mentiras de EE.UU. sobre la invasión de Libia”, disenso.wordpress, 15 jul 2017. Winston Smith es el protagonista de 1984, la distopía de Orwell,  cuyo trabajo “periodístico” era expurgar viejos artículos de diarios y adecuar su texto a las necesidades del momento, una incesante reescritura de la historia al servicio del poder establecido…

Publicado en Medios de incomunicación de masas, Palestinos / israelíes

Comentario sobre leones

Publicada el 22/03/2018 - 10/05/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Ante el anuncio de un viejísimo conocido, que por lo visto me tiene en sus registros electrónicos, El león que ruge en mi paladar, me veo obligado a hacer una puntualización.

Pocas veces la sinceridad, la soberbia, permiten visualizar lo que se esconde detrás de las proclamas revolucionarias, las ansias de un mundo nuevo siempre proclamado justo, libre y sin clases.

Pocas veces. Pero mi ocasional corresponsal, un tupa, ha sido persistente y prístino en su mensaje, sus mensajes.

Llamado Cristo por su apariencia de postal, autocalificándose león por su actitud ante la vida, ha sido siempre, desde antes de hacerse tupa, un poeta.

Siendo poeta y todo, hasta a la poesía desprecia o apichona: “la poesía es un león de papel” nos dice en el mensaje.

Porque lo suyo es “saltar / morder/clavar las garras / los colmillos

…

devorar

devorarse a sí mismo

y

re-nacer

en el rugido

y

en la acción.”

Escucho el sonido, la proclama de la fiereza patriótica,  revolucionaria o subversiva que es propia de tanto sionista, de tanto leninista, tanto nazi, tanto guerrillero vanguardista, proclamando las virtudes del león, y pienso en la sabiduría de ese italiano que en el otoño de su vida  resumió su “aventura de vivir” contentándose (apenas) con “no haber sido nunca cordero ni león”.

Tan poco

Apenas eso.

No andar balando, tampoco rugiendo.

Publicado en Poder, Uruguay

Sternhell visualiza en el sionismo algo del “nazismo incipiente”

Publicada el 16/03/2018 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Zeev Sternhell ha escrito una nota removedora en Le Monde sobre el drama palestino-israelí.[1] ‘En Israel crece un racismo cercano al del nazismo en sus comienzos.’ La sola mención al nazismo, la mera asociación de la trayectoria sionista con la del nazismo, aunque se limite a sus primeros pasos, es lo que explica la conmoción.

ZS es docente e historiador del mundo académico israelí, crítico al menos de las últimas etapas del proceso histórico del Estado de Israel.

Se lo conoce por trabajos eruditos como Los orígenes de Israel,[2] entre otros.

Zeev Sternhell hace un buen contraste con Israel Shahak, otro judío, investigador, denunciador y traductor de obras escritas en hebreo que tradujo al inglés porque observó el papel de “reserva informacional” de dichas obras como legibles solo por israelíes, concebidas como instrumento de dominación. También llegado adolescente al Israel de la primera hora, encarnó una conciencia crítica ente el desempeño del sionismo, con su deliberada liga con lo religioso.

Sternhell, en cambio, ha reafirmado siempre, no ya su sionismo; “No soy sólo un sionista, soy un supersionista”. “Para mí, el sionismo es y sigue siendo el derecho de los judíos a controlar su propio destino y su futuro.” [3]

Tenemos así en estos dos adolescentes judíos llegados al flamante Israel en 1951 dos actitudes diametralmente opuestas.

Shahak recuerda un hecho decisivo en su ruptura con el sionismo y la religión, cuando es testigo del rechazo de un judío piadoso a usar su teléfono para salvar la vida de alguien en emergencia, puesto que era sábado, sabbath. No se trataba de un judío necesitando auxilio, lo cual revela que para Shahak el compromiso de asistencia no era para la propia comunidad sino para todos, un prójimo humano a secas.

Sternhell  ha entrevisto en el gabinete inigualado de Bibi Netanyahu una serie de síntomas nazificantes.[4] Chocolate por la noticia. ¿Cuánto hace que el gobierno y el elenco dominante en Israel se ha ido identificando con posiciones racistas, supremacistas, de fuerte desprecio hacia los ocupados y desplazados palestinos?

Basta ver la cantidad de niños encarcelados, detenidos en la noche, en pleno sueño, método que en cualquier otro estado calificaría como de atroz y abusiva tiranía, o el maltrato y ninguneo sistemático y programado que los soldados israelíes imponen en los puestos de control sobre la población originaria palestina. Que esos jóvenes conscriptos hagan esas bajezas bajo órdenes o por impulso propio tiene escasa importancia, medida en los cuerpos de los victimados…

Sternhell cree ver un dramático parentesco entre los comportamientos sionistas del presente con los del nazismo de la primera hora.

Preguntas: ¿cómo hace para preservar su fe supersionista?; ¿qué parentesco vislumbra?; ¿por qué lo descubre tan tardíamente?

Sternhell se atreve a una comparación en el título de su nota con la cual, a mi modo de ver, procura atemperar el daño que el sionismo ocasiona. Porque el sionismo depredando el territorio palestino ya ha sobrepasado el nazismo incipiente.

Hay rasgos, además, en “el nazismo incipiente”, distintos, a los iniciales del sionismo (así como hay diferencias entre sionismo y nazismo en etapas ya no incipientes).

Cuando el gobierno nazi inicia la política de traslado y reasentamiento de la población judía, en la segunda mitad de la década del ’30 y se van estableciendo los guetos y el control policial aumenta sobre la población judía, hay escenas −que fueron incluso filmadas−, en que vecinos con cierto sentido del humor son reverenciales, demasiado reverenciales, ante “las nuevas autoridades”, y algún capitanejo nazi, engreído, se lo cree.

Eso revela falta de miedo, por ejemplo; necesidad de sujetarse a las nuevas normas nazis, pero sin la existencia de terror, y todavía sobrellevado con cierto humor.

A comienzos de los ’40 esos mismos barrios o guetos judíos estarán llenos de famélicos, niños enfermos en las calles, incluso cadáveres abandonados, señal del brutal deterioro que estableciera el régimen nazi –ya nada incipiente− sobre esa población.

En Palestina, no existe, no existió, nada semejante. En ningún momento la colonización dio espacio a la burla ante el ocupante. Tal vez por la idiosincrasia de cada población, lo cierto es que el dominio sionista se fue estableciendo,  ocupando “legalmente” tierras habitadas y trabajadas por palestinos, donde las expulsiones siempre fueron dramáticas y algunas veces resistidas con violencia. Lo que dio lugar a oleadas incluso de asesinatos de judíos recién llegados, aunque a la larga hubo cada vez más represión y asesinatos organizados contra palestinos resistentes por parte de sionistas y británicos; “los señores”, cada vez más unidos entre sí.

Esa “primera” etapa de asentamiento sionista, cuando incluso zanjan a sangre y fuego las diferencias entre el antiguo yishuv y el moderno o nuevo yishuv, ¿qué tiene que ver con el asentamiento “incipiente” nazi?

 

¿Çómo logra Sternhell defender el establecimiento de Israel condenando como muy preocupante el desarrollo en sus etapas más recientes, y sólo en ellas? Mediante el cómodo y conocido método de glorificar el pasado y condenar el presente, advirtiendo de paso, un futuro preocupante.

Sternhell es muy indulgente con todos los síntomas que permitieron a algunos judíos, y por cierto, a una enorme cantidad de árabes, palestinos y no judíos, calibrar como ominoso el camino emprendido por los teóricos y dirigentes sionistas, desde los orígenes, a fines del s XIX.

Las reacciones juveniles suelen ser muy intensas y definitorias. Con 30 años de diferencia respecto a Sternhell (y a su contemporáneo Shahak), Gilad Atzmon, nieto de un sionista militante seguidor del fascista Zeev Jabotinski, de armas tomar, inicia el servicio militar con enorme fe sionista y fascista. Desprecio por los palestinos que había conocido en la sociedad israelí.

Durante el servicio militar le toca conocer palestinos presos. Y allí descubre algo inesperado, algo que lo confunde y deslumbra: dignidad, presos con dignidad. Cuando en uno de sus trajines le toca llegar a un cuartel donde ve una cantidad de casuchas, de metro y medio por metro y medio o más chicas, imaginó que se trataba de casillas para perros. Pero burlona y despectivamente los veteranos le “informan” que ‘allí los ponen un tiempo y que salen ablandaditos…’

Su rechazo, su oprobio, su vergüenza, fueron tan inmensos que abandonó el sionismo que lo había enardecido como adolescente ignorante. Advirtió donde estaba realmente: “diablos, ¡es que estoy viviendo en territorio palestino!‘  Optó por abandonar Israel… y el judaísmo.

Atzmon ha desarrollado observaciones muy precisas acerca de la instauración del sionismo en el Estado de Israel. Y cómo, articulado con los dramáticos episodios del tiempo nazi, ante los cuales seguramente acuerda con la observación del mismo Sternhell, de que “prácticamente todos los judíos y judías de Alemania y Austria pudieron salir a tiempo” [5] sostiene que: “Desarrollando la conversión del ‘Holocausto’ en religión, se ha hecho innecesaria la presencia de un dios como Yahvé: ‘En vez de requerir un dios abstracto para que designe a los judíos como Pueblo Elegido, en la religión del Holocausto los judíos suprimen a este intermediario divino y simplemente, se eligen a sí mismos.’˝[6]

 

El sionismo se ha nutrido, desde sus raíces, de una visión eurocéntrica –baste recordar el papel que su fundador Theodore Herzl le asigna a los sionistas como ‘ariete de la civilización europea en la bárbara Asia’−, algo que podríamos captar infundió los pasos de EE.UU. y “el mundo occidental” en Irán, en Afganistán, en Iraq, en Siria (y ni hablar del África…) y en general, en el planeta.

El sionismo se propuso habitar, mejor dicho rehabitar una tierra habitada. Su consigna tan inmortallzada como falsa acerca de Palestina como “una tierra sin hombres para hombres sin tierra” no es sino, como ocurre tantas veces, la inversión de la verdad: justamente porque se trata de negar lo real es que se invoca su inexistencia. Pero habitar la tierra de otro es precisamente el nervio de todo colonialismo. Y el colonialismo, por definición, no puede ser sino racista: solamente una visión racista, supremacista, soberbia, permite autorizarse a faltarle tan decisivamente el respeto al otro. Al punto de negar su existencia.

Para reasegurar ese mecanismo mental, nada mejor que negar la existencia del otro, una existencia que merezca el nombre de tal, su dignidad. Por eso el colonialista, racista menoscaba la humanidad, la dignidad del ocupado, del colonizado, del invadido.

Para que ese mecanismo haya funcionado tan impecablemente como funcionó con la forja del Estado de Israel, hay que negar todo rango humano al ocupado. ¿Y qué mejor para tomar esa distancia que provenir del mismísimo dios, que no suele tener tantos prosélitos en el mundo? Eso podría explicar de por qué un movimiento político nacionalista, inicialmente laico, prescindente en materia religiosa como el sionismo, termina ligado con la Biblia de la forma penosamente inconsecuente con que lo hizo: −‘somos laicos porque no creemos las fábulas religiosas pero Yahvé nos dio esta tierra en usufructo y por eso venimos a adueñarnos de ella.’

Validos de tamaño salvoconducto moral, que verificamos en los escritos de los “padres fundadores” de Israel, los que fueran perseguidos como víctimas en 1943, 1944, 4 o 5 años después, apenas, los vemos atareados como victimarios, en 1948, 1950, 1952…

Victimarios con una enorme impunidad moral: los palestinos despojados –la Nakba− volvían por la noche con sus herramientas de campo, azadas, palas, a seguir cuidando sus cultivos –no les cabía que el despojo fuera definitivo− y los sionistas, sonrientes, jugaban tiro al blanco con ellos. Morían, eran asesinados en medio de la mayor inconsciencia de lo que estaba en juego.

El peso de tanta bajeza ha llevado a algunos judíos veteranos, más o menos exsionistas, a arrepentirse y entrar al infierno de la conciencia.

Por qué, ¿qué cobertura ideológica hay que tener, qué coartadas morales, qué enceguecimiento para pasar de la condición de torturado, víctima, a la de torturador, victimario?

¿Qué mecanismo de enorme impunidad moral puede haber gestado esa especie de ley transitiva para castigar en un tercero el daño que uno ha recibido de otro?

Porque en Palestina no cabe siquiera el ajuste de cuentas, más allá del nazismo declarado de algún dirigente palestino, como Husseini.

En rigor, nos equivocamos si procuramos rastrear en el nazismo el arranque sionista. La cronología nos ayuda y no nos permite semejante error: el sionismo no es respuesta al nazismo. Y la existencia de cierto paralelismo entre el despojo de nazis sobre judíos y de sionistas sobre palestinos es totalmente secundaria; sin relación causal alguna. El sionismo encaró desde el vamos una colonización, mediante usurpación de tierra ajena, pero bíblicamente sagrada. Lo bíblico fue más pesante que lo social. Y lo bíblico permitió un estilo tiránico, pero consagrado;  un despojo de campesinado pobre (y por eso mismo más fácilmente expropiable): el mandato bíblico permitía no ver la humanidad de los despojados.

Vimos cómo Sternhell paga un alto precio para defender la propagación del sionismo.

Vimos también que las semejanzas del sionismo con el nazismo incipiente son  más difíciles de asir que de declararlo.

Por el contrario, se pueden rastrear también diferencias. Primera y principal, su alojamiento en momentos históricos distintos. Pero también, por ejemplo, que el sionismo ha buscado, históricamente, un padrino; el Gran Turco, el Imperio Británico, EE.UU., y el nazismo, en su momento, por el contrario, procuró desasirse de toda constelación de ese tipo, reivindicando un protagonismo más absoluto que es lo que seguramente le permitió, con insensatez, apostar a una guerra mundial con una relación en contra de 6 habitantes a 1, de 6 soldados por x 1… Otro rasgo diferencial: el nazismo reivindicó la calidad de los retoños humanos al estilo de Esparta, e Israel, en cambio, ha generado una red de apoyo a minusválidos, haciendo gala de “bondad” (por cierto, exclusivamente con judíos ‘con capacidades diferentes’).

Más allá de diferencias, como las anotadas, la lista de elementos comunes es sobrecogedora; esa afirmación de la comunidad propia al margen y por encima del resto de los mortales; ese espíritu etimológicamente aristocrático, de sentirse “los mejores” y actuar, necesaria e inevitablemente en consecuencia, parecen rasgos francamente comunes.

De todos modos, hay que agradecerle a Sternhell que, como sionista, se rebele contra algunas falsas verdades de vieja circulación entre sionistas,  como por ejemplo la pregonada diferencia radical entre nazismo y sionismo. Que su lucidez pueda permitirnos nuevos aportes.

No conocemos estadísticas de nazis suicidas. Los datos sobre militares judíos suicidas revelan que aumentan en número. No sabemos si es una diferencia con nazis; en todo caso, podría revelar un límite al supremacismo, un reencuentro con lo humano.

[1] París, 28 feb. 2018, “En Israel pousse un racisme proche du nazisme à ses debuts. Traducción de Laurent Cohen Medina, <kaosenlared.net>.

[2]  Traducido y editado en castellano por LMd, en su colección Capital Intelectual, Buenos Aires, 2013.

[3]  Haaretz, 2001.

[4]  Véase mi nota “Racismo, nervio motor del sionismo”, 18 nov. 2015, publicada en diversos medios-e, donde señalo que el gabinete de Netanyahu está integrado por asesinos de palestinos confesos y orgullosos, con un descaro ideológico y ético inigualado.

[5]  Sternhell, artículo citado de Le Monde.

[6]   La identidad errante, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2013, p. 186.

Publicado en Palestinos / israelíes

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