Saltar al contenido

revista futuros

del planeta, la sociedad y cada uno…

  • Inicio
  • Revista Futuros
  • Otros escritos
  • Sobre el autor
  • Contacto

Categoría: Centro / periferia

¿Por qué ahora un segundo WTC en nuestro país?

Publicada el 21/12/2025 por luissabini

3 DICIEMBRE 2025

por LUIS E. SABINI FERNÁNDEZ

Ser otro es cosa triste.

Recuerdo a Alfredo Zitarrosa, no al excelente cantor y compositor sino al periodista de tiempo antes, que entrevistó a un sosías de Luis Sandrini, que lo interpretaba en las puertas de los cines de 18 de Julio, donde se exhibían las exitosas películas del cómico argentino.

Y recuerdo la desazón, el desconsuelo del periodista entrevistador, preguntándose por el sentido de prolongarse en otro, de alcanzar cierta fama siendo otro.

No satisfecho con el mini WTC que algunos emprendedores han llevado a cabo tiempo atrás en el Buceo, tenemos ahora a otros emprendedores, o a los mismos, que buscan identificar e identificarse, una vez más, con el conjunto edilicio siniestrado en Nueva York en 2001, erigiendo una réplica, un otro WTC, en Punta del Este, que aun internacionalizado como ningún otro poblado uruguayo u oriental, sigue siendo territorio de la República O. del Uruguay.

Si el imitacionismo, como reflexionaba Zitarrosa, es penoso, su reiteración nos hunde un poco más, culturalmente hablando en la vocación de sosías.

La apuesta es mala por donde se la mire.

Porque revela la satelización mental de nuestro país, al menos de nuestros empresarios, si los del proyecto son uruguayos, y si no, de nuestros políticos si los del proyecto son ajenos.

En rigor, el personal político siempre resulta ser lo que explicamos; sosías, satélites orgullosos de su dependencia. La aspiración a que tengamos en nuestras ciudades, en nuestras costas, algo que caracterizaba a lo que es un modelo nuestro.

Ese cometido tiene facetas. Desde la muy bruta, física, de cómo podemos imitar, con nuestras dimensiones, un hecho, un acontecimiento que caracterice a un estado nación (que no es tal, porque, con rigor sociológico, es un imperio, o mejor dicho forma parte de un imperio) de dimensiones incomparables.

Otra, aun más directa, que merece consideración, es el hecho al que nos referimos. Y el significado, oscuro por demás, de lo acontecido el 11 setiembre de 2001 en Nueva York, su WTC (que apenas fue un eslabón de un acontecimiento cuyas raíces ignoramos, no sólo en Uruguay sino en el mundo entero), que también afectó al Pentágono, en la capital (y siempre se ha hablado de un tercer eslabón en esa misteriosa cadena de atentados de violencia mayúscula; un avión derribado ─¿autoderribado?─, el vuelo 93 de United Airlines, que se estrelló en un campo cerca de Shanksville, Pensilvania). La[L1] s vidas humanas que se perdieron en esa macabra serie de atentados ese día excedió largamente a los tres mil muertos. Y aunque se verificó de inmediato la presencia de árabes entre sus ejecutores, debido, por ejemplo, al hecho milagroso de haber descubierto entre las cenizas de las torres fundidas y retorcidas un pasaporte… árabe… intacto (de un tal Atta, quien se supone condujo uno de los aviones), lo cierto es que nunca se pudo despejar la autoría; baste saber que tras lo acontecido en Nueva York, la policía local llegó a detener en averiguación y bajo sospecha a un número alto de árabes, y a una cantidad aun mayor de judíos israelíes, entre ellos a cinco fugazmente famosos, bautizados como “los cinco jóvenes danzantes”, detenidos por la policía al ser denunciados por vecinos indignados o molestos que no entendían como podían estar estos jóvenes presenciando los derrumbes, el polvo, la caída de cuerpos al vacío, los incendios, y festejar. Los detenidos alegaron que habían venido a ver lo que pasaba y nadie en la policía parece haber inquirido acerca de sus facultades adivinatorias. Y se sabe que al cabo de un mes, todos ellos viajaron de regreso a Israel, ante la demanda de repatriación del gobierno israelí.

Más allá de lo incierto de la historia oficial del 11 set. 2001, lo indudable es que no sabemos qué pasó. Por eso, tampoco sabemos qué ofrendamos, qué reconocemos, cuando rememoramos el WTC con una réplica. Y si ahora andamos ya por la segunda réplica, ¿qué papel expresamos? Para llevar a cabo este último emprendimiento nos cuentan sin reparos sus emprendedores que para expandir el proyecto original lo harán “superando regulaciones locales.”[1] Una vez más, poner las disposiciones de un plan urbano, regulador, al servicio del interés inmobiliario. Sabemos de qué se habla.

El acto terrorista por excelencia del 11 setiembre 2001 nos puso bajo la guerra perpetua que aún hoy rige nuestros azarosos destinos, los de la humanidad. Por eso, dista mucho de ser “apolítico” o neutral y por el contrario nos embreta en la geopolítica que se atribuye a EE.UU.  Cumplimos así el triste papel del seguidismo. 

Que el segundo emprendimiento de WTC, puntaesteño, cuente con auspicio de la presidencia del país, nos revela una vez más, el grado de continuidad inalterada de los gobiernos posdictadura; tanto los de la coalición tricolor o multicolor como los de la coalición blanquicolorada siguen los dictados del capital transnacional, no importa lo que se hiera dentro nuestro; la costa, la pesca, la salud ambiental, el suelo, las dunas, la actividad artesanal.

¿Qué papel desempeñaríamos si Uruguay tuviera, digamos, media docena o quince WTC en nuestra geografía? Ya tenemos dos, por algo se empieza. Pensemos por un momento que esta fiebre “solidaria” con el desastre neoyorquino se nos reprodujera en Dolores, en Las Piedras, en Young, Minas de Corrales, Fraile Muerto, Santa Clara de Olimar, Palmitas, Edén, Atlántida, Yaguarón, amén de la ya existente en el Buceo montevideano y ahora en Punta del Este?

¿Qué significaría tanto seguidismo, tanto empecinamiento en ser otro?

Apenas ser hazmerreír.□


[1]  https://correopuntadeleste.com/world-trade-center-punta-del-este-se-inaugura-en-los-proximos-dias-con-la-presencia-del-presidente-de-la-republica/, 1 dic. 2025.


 

Publicado en Centro / periferia, EE.UU., Globocolonización, UruguayDejar un comentario

La impunidad israelí

Publicada el 21/12/2025 por luissabini

25 noviembre 2025

por Luis E. Sabini Fernández

La violencia

En mi vida particular siempre fui escéptico de los golpes de mano guerrilleros que experimenté o de los que supe en el Cono Sur (aunque algunos simpatiquísimos y prácticamente todos con enorme apuesta personal, de “entrega a la causa”), porque me resultaban potencialmente autócratas, facilitando con demasiada velocidad el entronizamiento de otros dirigentes, siempre a costa del protagonismo de “la gente como uno”.

Tales mis vivencias respecto de la guerrilla latinoamericana, particularmente, dispuesta con mucho coraje y entrega, pero también ceguera. Así acordé con el testimonio de un exagente secreto cubano, hijo del famoso guerrillero argentino Ricardo Masetti, ungido por Guevara para cr9+

ear un foco revolucionario en sus planes “continentales” para el sur americano, quien prácticamente apenas si pudo poner en pie dicho emprendimiento. El hijo, argentino pero criado en Cuba, Jorge Masetti, fue educado y capacitado como agente revolucionario. Fidel quería hacer con el hijo lo que no pudo con el padre. Y ya totalmente “a punto” renunció a ese camino, cuando vio la seguidilla de fracasos guerrilleros latinoamericanos (y una etapa subsiguiente, casi inevitable: delincuencia común y silvestre). Comentó entonces: “Qué suerte que no ganamos”.[1]

Palestina

Todo este preámbulo para reconocer que la violencia existente en Palestina es distinta, radicalmente distinta. La violencia de abajo, desde los palestinos, es apenas la respuesta, ante la maquinaria israelí que es apabullante.

La imagen del niño o los niños con piedras delante de un tanque es de una precisión extraordinaria para mostrar los quantum de cada lado. La autodefensa así, el contraataque civil, desesperado, como el de la jovencita amenazante que blandía en la calle una tijera de costura, porque no podía más y fue muerta a tiros sin mediaciones (y sin necesidad). Porque así reprime Israel, de un modo brutal, aniquilador, sin ley aunque con exceso de técnica.[2]

Estamos ante un tratamiento peculiar del enemigo. Lo ha dicho y reiterado Netanyahu y otros dirigentes: combaten a animales, no a humanos, o sí, son humanos, pero amalecitas. Y su dios les ha dado permiso, hace unos miles de años, para matarlos (véase Éxodo, de la Biblia).

Es un permiso de larga, larguísima duración. Porque según las “Escrituras” ese conflicto sobrevino en tiempos muy remotos. Y “goza” de excelente vigencia en pleno siglo 21.

¿Pero quién le dijo a Netanyahu que los palestinos son (los) amalecitas?

El comportamiento de la población israelí es llamativo. Veamos a los colonos en Cisjordania. Nunca autorizados por la ONU, pero asentándose de facto, en territorio internacionalmente reconocido como palestino, con la anuencia no expresa del gobierno israelí. Hace unos años, eran decenas de miles y en grupetes, amparados por el ejército ─israelí─ que acompañaba pasivamente las operaciones de hostigamiento, se acercaban a las aldeas palestinas y las apedreaban, dañaban los olivares, los limoneros. Hachas, cascotes, a veces producían heridas. Ahora, los colonos son cientos de miles ─siempre amparados por el ejército que acompaña a retaguardia─, se agrupan en bandas de decenas o centenares, armados ellos mismos, y arrasan una aldea palestina, dañando viviendas, instalaciones, cultivos, vehículos y a menudo los cuerpos de palestinos que encuentran a su paso. Tratando de generar terror.

Últimamente, el ejército tomó la iniciativa: so pretexto de buscar “terroristas” ha destruido barrios enteros, con población civil palestina, desarmada: destruye, en rigor, todos los elementos materiales de la vida social, viviendas, ropas, jardines, juguetes, libros, enseres. La gente queda con lo puesto y a menudo sin hogar. Luego, el ejército ha rematado sus operativos diezmando a los pobladores. Las familias, generalmente numerosas en Palestina, quedan así entrecortadas, rotos sus vínculos, en el mismo momento en que se han quedado sin vivienda, o sin muebles o sin sus medios de vida. Y a menudo sin familiares, asesinados en una infame dosis diaria, casi hasta ahora.

Es prácticamente la política de “tierra arrasada” que se atribuye a algunas invasiones como la de los hunos, “bárbaros” de los siglos 3 y 4 de la era cristiana.

Desde hace ya décadas, vamos viendo los efectos del Plan Yinon anunciado por Israel a principios de la década de los ’80. Oded Yinon, analista militar, diseñó un plan para descomponer a los estados circundantes a Israel en unidades políticas menores y así más manejables; entendía apropiado para los intereses israelíes, particionar al Líbano en dos o tres; a Egipto en cinco o seis; a Irak en otros tres y a Sudán en dos… y así sucesivamente.

Vemos que la acción israelí, abierta o mediante “coberturas” tipo DAESH, ha ido logrando escalonadamente, sus objetivos tanto en el Magreb norafricano como en Asia Occidental; Libia, Irak, Siria, Sudán, Líbano, Palestina han sido modificadas, deglutidas, despedazados por la política de agresión y desgaste israelí, siempre secundada, materialmente, por EE.UU. que ha funcionado como furgón de cola y abastecimiento de la maquinaria imparable israelí.

Ese apoyo incondicional de EE.UU. a la geopolítica israelí tiene varias explicaciones; hay un cierto paralelismo en los desarrollos históricos de EE.UU. e Israel, aunque en muy diferentes coyunturas históricas. Una base religiosa relativamente común, porque los protestantes son los cristianos que revalorizaron aspectos del Antiguo Testamento, que es el núcleo ideológico de la religión judía. Y son los colonizadores de América del Norte, exterminadores de las población autóctona. Con la  Biblia en la mano.

Pero sobre todo, porque al fin de la 2GM, cuando EE.UU. corta vínculos con la obsoleta Sociedad de Naciones (fenecida por extinción en 1946)  y funda “su” ONU (octubre 1945), la élite WASP, fundadora de EE.UU., ya había sido parcialmente sustituida por la élite judía a través de una serie de artilugios: think tanks, la intelectualidad judía tiene cada vez mayor peso; la Reserva Federal (el capital financiero judío pasa a ser mayoritario entre los diez bancos fundadores, en 1913); Hollywood (de siete grandes empresas, seis serán en los ’30 de propiedad y dirección judía, así cada vez más las imágenes de EE.UU., serán producidas con ojos judíos; y sobre todo mediante la financiación dispendiosa al personal político estadounidense, para lo cual en 1954 se funda AIPAC.[3] Sin tales subsidios se le convertiría muy trabajosa la inserción social a la mayoría de tales legisladores.

Por eso una de las imágenes más simplonas y equivocadas de ciertos analistas de política internacional ha sido, y frecuentemente, invocar al ‘submarino de la Armada de EE.UU.’ para hablar de Israel en el Cercano Oriente. Más acertada parece la imagen (wag the dog), muy conocida dentro del pensamiento crítico estadounidense, de que la cola mueve al perro.

Dos hechos recientes, en la órbita de la ONU, el viejo instrumento que EE.UU. se arrogó al final de la 2GM para ordenar y/o administrar el mundo, nos muestra hasta qué punto Israel lleva la voz cantante, cambiando incluso las modalidades de dominio.

Hasta hace poco, muy poco, el poder solía ocultar sus rostros, o fauces, y solía encubrir sus acciones mediante “voluntad de paz”, “búsqueda de fines democráticos”, “conciliación”, allanamiento de dificultades”. Al fin y al cabo, el resultado de la 2GM, en 1945, fue la victoria contra todo tipo de dictaduras (quedaba allí, “tras la cortina”, una diz que proletaria, y por lo mismo totalmente distinta a las conocidas hasta entonces; también quedaba la de Franco en España, pero esta última ─como tantas otras de América “Latina”─  formaba parte de aquella política pragmática yanqui de cuidar al hijo de puta si es “nuestro”).

Es decir, la defensa de lo democrático tenía su dificultad, pero se invocaba.

1. El 11 de noviembre ppdo. el Consejo de Seguridad de la ONU ha tomado una resolución “sobre el conflicto en Gaza” que exonera de todo cargo a Israel. Aceptando tácitamente el papel de víctima del “terrorismo de Hamás” que Israel se ha autoasignado, eludiendo todo el infame tratamiento, extorsivo, constrictivo, abusivo que Israel aplicara por décadas a la Franja de Gaza ─y que están en la base del comportamiento de Hamás del 7 oct. 2023. Israel no sufre así ni un rasguño político (ni económico) con la resolución del “Consejo de Seguridad” de la ONU del 17 nov. ppdo.

Ni siquiera tendrán que dar cuenta de los asesinatos colectivos y sus monstruosas “equivalencias” en vidas humanas,[4] ni indemnizar por el brutal daño ocasionado a un territorio que parece triturado y machacado como pocas veces se ha visto. Ni afrontar los gastos que demandarán la recuperación de suelo, viviendas, redes de comunicación y sanitarias, ni por el restablecimiento de hospitales, sin mencionar los miles de seres humanos destrozados por el solo hecho de vivir en el círculo del infierno diseñado por Israel.

El presidente de EE.UU. con aspiraciones a mantener la hegemonía que recayó en 1945 sobre elos, se atribuye ahora una virtual presidencia o gobernación de la Franja de Gaza, para ─proclama─ su reconstrucción, buscando siempre, la prosperidad (lo único bueno en este proceder sería quitarle a Israel las tenazas sobre ese territorio, pero lo pongo en condicional, porque no es precisamente Trump quien decide).

El Plan estima dos años para la recuperación urbanística y edilicia. Dado el daño a la vista, su extensión y alcance, parece exiguo el plazo.

Algún aspecto positivo tiene: se abandona la idea del exilio forzoso de los gazatíes, tan promovida por el gobierno israelí. Al contrario, al menos en la letra, la resolución declara voluntad expresa de que permanezcan sus habitantes históricos en la Franja.

De todos modos, el plan no esconde sus búsquedas de negocios: traer muchos capitales para crear zonas de confort, no para los gazatíes precisamente, sino para los milmillonarios que Jared Kushner tanto se afanara por atraer al futuro resort de Gaza.

No podemos olvidar que prospecciones han verificado la presencia de al menos gas en el Mediterráneo a la altura de la Franja de Gaza. Y que la regencia transnacional e imperial que procuran encarnar Trump y Blair ─nada menos─ tienen marcada preferencia por la prosperidad… propia.

ONU no le exige cuentas a Israel. Siempre absuelto de todo. Por derecho de nacimiento, tenemos que suponer. Pero además, de hecho, ONU restablece el colonialismo puro y duro: un poder imperial, ─EE.UU.─ designa “rey y virrey” de esos dominios, Trump y Blair, para restablecer el ámbito colonial.  Solo que no es el colonialismo israelí, sino el estadounidense.

La tarea que se asignan los jefes colonizadores es ardua: se proponen “cambiar las mentalidades y los relatos palestinos”, para persuadir, por lo visto, a estos salvajes “de los beneficios que puede reportar la paz.” (¡sic!)

Si estos maestros pedagogos ─Blair y Trump─ quisieran proclamar las virtudes de la paz, tendrían que dirigirse con urgencia a la formación política sionista, que ha hecho a lo largo de cien años siempre un camino de violencia, no de paz, un camino de guerra y conquista, invadiendo tierras ya ocupadas milenariamente, mediante dudosa documentación bíblica. Confundiendo deliberadamente religión y leyenda con historia documental.

La resolución del 11 nov. 2025 correspondió al Consejo de Seguridad de ONU ampliado; no ya los 5 originarios (EE.UU. R.U., Francia, Rusia, China) sino además los actuales miembros: Argentina, Italia, España, México, Colombia, Pakistán, Corea del Sur, Turquía, Indonesia y Alemania.

Apenas dos abstenciones (con magra fundamentación) de Rusia y China. Nadie preguntó, ninguna de las 15 representaciones nacionales, por qué a Israel su comportamiento violento, racista y genocida, le sale gratis.

Lúcidos, y valientes, designados o funcionarios de la mismísima ONU, a lo largo de tiempo, como Francesca Albanese, Susan Akram o Richard Falk en tiempos recientes e incluso Folke Bernadotte en los mismos inicios de la ONU, y tantos otros, no alcanzan para contrabalancear el papel imperial, luego neoimperial que, aun con retaceos y recortes, cumple, sigue cumpliendo la ONU.

2. El 21 de noviembre ppdo., la Asamblea General de la ONU emitió un dictamen contra el uso de la tortura. El plenario contaba con 176 delegaciones nacionales y fue aprobado por abrumadora mayoría (hubo 4 abstenciones; todo un interrogante, entre ellos las de Nicaragua y Rusia), pero sobre todo, contó con la oposición encendida de tres representaciones nacionales: EE.UU., Israel y Argentina. Que defendieron, entonces, eso precisamente; el uso de la tortura.

Nubarrones oscuros campean en nuestro presente: ya no sólo se usa la tortura; hay quienes la postulan, al mejor estilo de dictaduras como las famosas “latinoamericanas” de Trujillo o Pinochet, o la del sha iraní y, sobre todo hoy día, como las muy perfeccionadas de Israel y su racionalísimo sistema de dominio que incluye tantos tipos de tortura.

Si estará dada vuelta nuestra trama cultural que una militar israelí, Yifat Tomer, fiscal que, aun ignorando tantos atropellos y torturas anteriores, optó por criminalizar recientemente a cinco soldados del “ejército más moral del mundo” por haberle introducido caños metálicos en el ano a un preso palestino y (obviamente) dañarlo. La info-de-todo-el-mundo habla de la detención de la fiscal pero no de la salud (o la muerte) del palestino; la fiscal ha sido, ella misma, encarcelada.

Netanyahu condenó la difusión hecha por Tomer porque, claro, “daña la imagen”.

Daña la imagen que es lo que le importa a Netanyahu, no la realidad (seriamente dañada).

Lo acontecido con Tomer es un claro ejemplo del comportamiento emprendido y defendido por los gobiernos de EE.UU., Israel y Argentina.

De lo vergonzante, siquiera como pose, hemos ido al “a mucha honra”. Torturan los “legítimos” y no sólo no se deshonran, deshonrándonos a todos; ahora hasta se enorgullecen.□


[1]  Escribió un libro, El furor y el delirio, Tusquets, Barcelona, 1999.

[2]  El ejército israelí elude responsabilidades personales mediante el ardid tecnológico de organizar los raids de todo tipo, con drones, aviones o mera artillería, a través de dispositivos tecnológicos. Quitar la decisión a humanos permite además, incrementar la intensidad del daño mediante la velocidad que los dispositivos tecnológicos multiplican por encima de toda escala manual.  Doble ventaja: aumenta el daño y decrece la responsabilidad por sus consecuencias, porque, claro, a los asesinados los cosechó el dron, o el programa, no un yo.

[3]  AIPAC (American Israel Public Affairs Committee – Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos – Israel). Se estima que hoy las tres cuartas partes de los representantes y senadores del Poder Legislativo de EE.UU. reciben suculentas donaciones de organizaciones como AIPAC. Como quien dice, las votaciones están ganadas de antemano.

[4]  Los militares israelíes han establecido tablas compensatorias de víctimas: para ubicar y ultimar a un guerrillero de poca monta, se permiten matar hasta quince pobladores desarmados a menudo ajenos; si se trata de un jefe guerrillero ─definido por ellos─ se permiten matar hasta cien ajenos al objetivo en sí.

Publicado en Centro / periferia, Palestinos / israelíes, Poder mundializadoDejar un comentario

La gravedad del momento actual

Publicada el 07/08/2025 - 08/08/2025 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

De un tiempo a esta parte las relaciones políticas en general, en el mundo entero, han entrado en un cono de sombra si reparamos en los riesgos de violencia, en dureza de tratamientos, en geopolíticas de poder.

No es nada nuevo. Ha existido siempre, pero se han ido acentuando, presentando como hoy las experimentamos, al punto tal que comparar estas relaciones actuales con las de las décadas del ’60 del siglo pasado, por ejemplo, y hasta con las de la primera década de este siglo, cuando ya se había decretado que ante “el terrorismo internacional”  cabía esperar casi cualquier cosa (todavía ni sabíamos la naturaleza del invocado terrorismo y menos aún su origen como organizaciones de bandera falsa, como DAESH  o ISIS).[1] En resumen, estamos pasando por una coyuntura inusualmente grave, casi sin precedentes desde la última conflagración mundial o mundializada (1939-1945).

Esa coyuntura se procesa entre factores físicos,  materiales  a tener en cuenta, por ejemplo, el desgaste planetario  con veranos cada vez más intensos, tormentas más frecuentes ocasionadas por la elevación de la temperatura de los mares (y la consiguiente elevación de sus niveles), inundaciones (que siempre hubo pero ahora también más frecuentes y/o intensas), incendios, maremotos, que expresan las alteraciones de Gaia que entendemos  tienen su origen en la acción humana que  poco a poco ha ido incidiendo cada vez más decisivamente en la (única) biosfera que habitamos. La observación del Nobel de Química Frederick Soddy,[2] hace un siglo, es más pertinente que nunca: ‘la humanidad [o los ricos de entre ella] están  gastando en décadas, a lo sumo un par de siglos, lo que la Tierra acumuló  mediante sucesivas extinciones masivas (bosques, dinosaurios), como energía potencial, durante millones de años.’

Pero si lo natural es tan maltratado por nuestra sociedad contemporánea, ¿qué decir del tratamiento político en su sentido más estrecho, en el orden de las decisiones humanas, que atañen nuestra convivencia?

La  “guerra global contra el terrorismo” es una de tales decisiones. Asumida por los estados, mejor dicho por los estratos influyentes en dichas constelaciones nacionales, que se sienten protagonistas de su propio destino, y sobre todo del ajeno. Es una política que devino protagónica con el nuevo siglo, disparada con un equívoco acontecimiento: derrumbe al parecer por implosión de las torres gemelas del WTC  en Nueva York que  –al revés de los cinco ácidos fuertes que todos saben que son cuatro; el nítrico, el clorhídrico y el sulfúrico– son tres.[3]

De allí en adelante, al parecer, el peso de los servicios secretos (cuyo origen nacional se pierde en penumbras, puesto que se trata de servicios ocultos a la luz de la política) pasa a ser decisivo. Y  la nebulosa que mediáticamente nos impide ver, permite en sociedades tan surcadas de tantos canales informáticos, que podamos igualmente entrever huellas y líneas maestras.

Por ejemplo, ya sabemos qué postula  “el orden internacional basado en reglas” que tanto invoca Donald Trump como invocaba Joe Biden y otros personeros  y “representantes” del llamado Primer Mundo; de Inglaterra, Francia, Alemania, Israel.

Esas reglas configuran nuestra modernidad. Las reglas son clarísimas, como las ilustró el senador israelo-estadounidense  Sydney Graham,[4] invocando las presuntas regulaciones del “orden internacional liberal”. Pero esas invocaciones, como desnuda Graham,  son válidas exclusivamente para  liberales, enriquecidos, genocidas instalados desde la comodidad.

Siempre es igual, sigue siendo igual. Cuando el muy constitucional gobierno argentino del presidente Bartolomé Mitre, a fines del siglo xix,  y la montonera acaudillada por Felipe Varela, inician tratativas de paz, en la Mesopotamia argentina, los caudillos bárbaros proceden a iniciar el intercambio de prisioneros y los representantes de la civilidad democrática miran sorprendidos. ¿Canje?  No tenían  prisioneros. El gobierno de Buenos Aires había matado a todos los sublevados aprisionados. La lucha era, como sostenía un doctor de la ciudad entre civilización y barbarie. Pero, ¿quiénes eran los bárbaros?

¿Y cuando los hereros en el sur africano reaccionan ante la invasión alemana, a comienzos del s xx desistiendo de acatar las órdenes de los recién llegados? El ejército teutón los mata a todos, hombres, mujeres, niños, cumplimentando así lo que los historiadores denominan “el primer genocidio del siglo XX”.

El civilizador rey belga, Leopoldo II, con fama de filántropo dentro de Europa  y de luchador contra los traficantes de esclavos, lleva a cabo su “tarea civilizadora” en África a fines del s xix y hasta avanzado el s xx.  No lo mueve “ningún egoísmo”,[5]   confiesa, y por lo tanto la estimación de asesinados en la población congoleña, en millones (¿5, 10, 20?),  habría que atribuirlo a codicia, abuso, desprecio. Y algo más. Porque los correctivos del rey Leopoldo  no empezaban con la muerte del desdichado invadido, sino a través de un régimen acumulativo de “faltas” para quienes no cubrían las cotas de producción exigidas por los recién llegados; mutilación de una mano  por vez, de un pie. Había quienes se quedaban primero con una mutilación. Pero la “falta de rendimiento” seguramente se agudizaba, y las “faltas” atraían nuevas mutilaciones  y los empresarios/conquistadores/policías/catequistas podían seguir su tarea “civilizadora”. A los europeos, entonces, no los movía egoísmo alguno.  ¿Codicia, abuso, desprecio? Tanto empeño civilizatorio es propiamente, terror.

Se va viendo el inaudito precio de la expansión capitalista y empresaria. Un precio que recayó con más saña sobre originarios, sobre “marrones” y “negros”. Entremezclando la búsqueda de ganancias con nociones de belleza (racista).

El primer emprendimiento independentista del sur y centro americano fue en Haití. Toussaint Louverture, su primer presidente, fue capturado por el poder colonial y murió en prisión en Francia, en 1803. Sus pasos será seguidos por Héctor Miranda, Simón Bolívar, José Artigas, José de San Martín, Bernardo O’Higgins. El poder colonial en Haití no era monárquico;  fueron los generales bonapartistas  quienes no perdonaron la rebelión. El Tío Sam después, tampoco.

 “Derrotar el mal.” Otra de las consignas que constituye un norte político y moral de las élites empeñadas en rehacer el mundo a su imagen, por más que postulen el más abarcativo universalismo: sustituir la política por la moral no nos acerca el inexistente cielo sino al infierno. En  particular, acerca al infierno a las sociedades colonizadas.

Gaza y toda Palestina  pertenecen a una de las últimas “adquisiciones“ blancas que caracterizaron al colonialismo e imperialismo moderno. ONU iba a ser el nuevo ministerio de colonias, pero con un cambio sustantivo respecto del colonialismo hasta entonces oficial o aceptado. Las colonias no iban a “lucir” las banderas de las metrópolis que se adueñaban de ellas; iban a lucir sus propias banderas; la “prueba” de que eran independientes.                                    

El presente nos otorga un ejemplo “en vivo y en directo” de los planes de los poderosos, que por los desarrollos técnicos, computacionales y mediáticos, podemos observar, percibir a través de  celulares y pantallas, en nuestros corazones. Atrocidades que han caracterizado a la humanidad en tantos y tantos episodios (aunque sepamos que existen muchísimos otros en que no se presentan dichas atrocidades). En la Franja de Gaza, una población dominante, con mayores y mejores recursos que la allí asentada, fue aplicando una política de torniquete a la sociedad local. Desde hace décadas, muchas décadas.

Un escalón decisivo en la “bajada a los infiernos” sobrevino en 2006 cuando los gazatíes votaron mal. Como diría un eurooccidental cabal: ‘les enseñamos cómo es la democracia, les pusimos una opción política para que elijan representantes democráticos y terminan votando por una organización política que no nos acepta ni reconoce: ¡no aprendieron nada! Tuvimos que anularles la votación y encarcelar a tantos candidatos elegidos como pudimos.

El corolario de las elecciones limpias de 2006, no fue para quienes diseñaron y continúan el proyecto sionista, aceptar el resultado electoral de la voluntad mayoritaria, sino aprender a no hacer votaciones cuando uno no está totalmente seguro el resultado: una forma elegante de preservar la instancia democrática.

Al rechazar Israel el rechazo gazatí a la ocupación votando a Hamás, la cúpula sionista dispuso del destino de Gaza por otra vía: la franja fue sitiada por completo (obteniendo el permiso del maltrecho pero dictatorial  Egipto para encerrar el único borde del territorio que no linda con Israel).

Para completar el encierro  inutilizaron el puerto y derribaron las instalaciones del aeropuerto y generaron así un bolsón conectado con “el resto del mundo” únicamente por los pasos israelíes: se saboteó la tierra de cultivo por diversos métodos; poniendo bajo fuego tierras consideradas peligrosas para la seguridad de Israel (cerca o no tan cerca de la frontera) y contaminando otras, echando detritus desde territorio israelí aprovechando la bajada del terreno hacia el mar; se cortaron todos los suministros liquidando así gradualmente toda producción artesanal o industrial que se generaba en la Franja.

Respecto de una fuente nutricia tradicional de los habitantes de la Franja,  la pesca, que significa tanto aporte proteico, se prohibió a pescadores  ejercer su actividad, su oficio ancestral, tolerando únicamente la pesca en la costa. Aventurarse apenas mar adentro se pagaba con balaceras y a veces con pescadores así asesinados.

Inutilizaron las instalaciones sanitarias o depuradoras que había en la Franja y junto con la crisis de agua potable, encarecieron brutalmente su suministro estableciendo que Mekorot, la entidad reguladora del agua potable para el Estado de Israel y monopolizadora de toda el agua regional, cobrara el agua a palestinos mucho más que a israelíes. No por razones mercantiles, sino estrictamente políticas. obviamente, de torniquete. Se prohibió todo depósito de agua (defensa ancestral de toda población), dañando tanques o albercas.

Los alimentos, en suma, pasaron a estar bajo completo control israelí. ¡En Franja de Gaza, uno de los territorios con más antigüedad agrícola del mundo entero! Gaza fue convertida en una cárcel con carceleros soberbios, crueles que se consideraban “los mejores”.

El deterioro alimentario se hizo sentir cada vez más desde entonces. Y el ahogo generalizado también.

Desde el 7 octubre 2023 el torniquete dio varias vueltas.

Se expulsa a UNRWA, la red de asistencia de ONU para atender, atemperar, disimular, la apropiación israelí de Palestina, mediante la asistencia a los despojados pobladores.

En sí, semejante expulsión funciona como una declaración  de la intención genocida por parte del organismo expulsor; el Estado de Israel. Porque UNRWA brindaba asistencia a palestinos  “a la intemperie” en 400 puestos de contacto y atención.

UNRWA proviene de ONU, la organización con la cual EE.UU. aspiró a dirigir  el mundo entero tras la  Segunda Guerra Mundial.

Las soberanías nacionales se revelaron más tenaces de lo que “los nuevos amos” imaginaron, y el experimento soviético introdujo en la palestra internacional otra “superpotencia”, con lo cual el proyecto “mundial” de EE.UU. entró en hibernación (hasta que renacieron las esperanzas al unicato mundial con el colapso soviético de 1991).

El “efecto UNRWA” tuvo diversos resultados y proyecciones: la acción de la ONU reconoce a Palestina como “estado legítimo” (algo que al menos en teoría ONU ya había propiciado, pero que en los hechos abandona en 1947, ante la fuerza militar de Israel ocupando tierra). Al mismo tiempo, el personal de UNRWA, quienes realizan tareas en el terreno, son en su mayoría palestinos y conocen bien “las cosas que pasan cada día”; el hambre, el miedo, el terror, las privaciones, conocen  a  niños aterrorizados, a jóvenes indignados, a madres sufrientes… y es intensa una corriente de simpatía y solidaridad para con los desplazados.          

A mediados de este año, desde la UNRWA ven la realidad al desnudo: “Las personas en Gaza no están vivas ni muertas, son cadáveres andantes.” [6] Décadas de degradación programada

EL  LENGUAJE  DEL  PODER  DEL  OCCIDENTE  ATLÁNTICO

El analista Glenn Diesen, noruego, nos ayuda a entender el poder de los que se declaran ajenos al poder, predican ser consustancialmente democráticos y a lo sumo asumen un intervencionismo humanitario. Diesen rememora la noción orweliana de neolengua: la creación de un nuevo lenguaje que hace imposible expresar e incluso pensar algo en contra. La «diplomacia de la cañonera» es ahora «libertad de navegación»; no  perseguimos el dominio ni imponemos nuestros dictados, apenas negociamos desde una «posición de fuerza»; no apoyamos la tortura, pero tenemos «técnicas de interrogatorio avanzadas»; no hacemos subversión, hacemos «promoción de la democracia»; no apoyamos  golpes de estado, apoyamos «revoluciones democráticas»; no invadimos países, sino que llevamos a cabo «intervenciones humanitarias»; no ampliamos un bloque militar dentro de Europa, sino que ayudamos a la «integración europea».[7]

La concreción de tales pulimentos la sintetiza Achamr Akhad: “Occidente ha matado más de 5 millones de seres humanos en el Cercano Oriente desde 2003 e invocan que Irán es una amenaza para la paz. Esta contradicción puede perdurar, incluso innominada porque el mundo no ve los 5 millones de humanos asesinados en el Cercano Oriente como seres humanos.”[8]

Porque, como sostiene Ron Unz, él mismo judío y norteamericano:  “[…]  el sionismo internacional, que ahora domina fuertemente el sistema político estadounidense y, a través de él, gran parte del mundo» [9] cuenta con la impunidad que otorga  la  ”protección” cultural de EE.UU. y la cohorte satélite de la UE, y sobre todo, el dominio a que alude Unz.

Y advierte que: “gran parte de la legitimidad política actual del gobierno estadounidense y de sus diversos estados vasallos europeos se basa en una narrativa histórica particular de la Segunda Guerra Mundial, y cuestionar esa narrativa podría tener consecuencias políticas nefastas.”

Esas consecuencias son las que han pagado, con tiempo, miedo, dinero y cárcel, diversos historiadores y testimonios de la historia devenida oficial, como ha acontecido con los dictámenes del IHRA (International Holocaust Remembrance Alliance, Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto): David Irving, Gyorgi Nagy, Ursula Haverbeck, entre otros.

Unz repasa los mecanismos mentales de fijación al nazismo: “Tras los atentados del 11-S, los neoconservadores judíos llevaron a EE.UU. a la desastrosa guerra de Irak y la consiguiente destrucción de Oriente Medio, mientras los comentaristas de nuestros televisores afirmaban sin cesar que ‘Saddam Hussein es otro Hitler’. Desde entonces, hemos escuchado con frecuencia el mismo eslogan, con diversas versiones modificadas, diciendo que ‘Muamar el Gadafi es otro Hitler’, ‘Mahmud Ahmadineyad es otro Hitler’, ‘Vladimir Putin es otro Hitler’ o incluso ‘Hugo Chávez es otro Hitler’” y concluye sus incursiones en historia con que lo  “sorprendió bastante descubrir gradualmente que Adolf Hitler no era Adolf Hitler.” En resumen: la historia oficial está muy lejos, de la verdad, y su relación resulta más bien del tipo que define otro historiador, también judío –Norman Finkelstein– en su investigación La industria del Holocausto: que el holocausto tiene una vinculación con la realidad, aunque lejana.

El dominio mediático que alude Unz es el que le permite a Israel estar, otra vez  –con las palabras del ya citado afroamericano Akhad–  “matando de hambre intencionalmente a los palestinos de Gaza desde el 8 de octubre [2023]”.

No es falta de información, ciertamente: “[…] La hambruna, la fase más crítica de la inseguridad alimentaria, es ‘inminente’.”[10] Es una decisión político-ideológica. Todos sabemos que cuando “se declara una hambruna es demasiado tarde para mucha gente”, sostuvo Jens Laerke, recordando que en Gaza, hay medio millón de personas que en la práctica ya la sufren, no hay un flujo comercial [ni no comercial] de alimentos, los camiones con ayuda humanitaria entran a cuentagotas y tienen muchas dificultades para circular una vez dentro.» [11]

Esto tiene una razón política: Israel expulsó toda la red UNRWA del territorio gazatí y la “reemplazó” por otra israeloestadounidense, la Fundación Humanitaria [sic] de Gaza  (GHF) que estableció cuatro puestos de atención a las necesidades alimentarias, higiénicas.

La mera enumeración de su cantidad, 4, para una población de unos 2 millones de seres humanos en un territorio de 6 o 10 km. de ancho por casi 50 km de longitud revela claramente la voluntad de maltrato en grado superlativo: a población sin agua, sin alimentos, sin protección, sin abrigo se la impele a largas caminatas para procurarse vituallas. Los puestos de atención parecen diseñados para fieras en exhibición, con largos pasillos enrejados y estrechos por donde los mendicantes tienen que arrastrar sus pies para recibir… no sabemos qué, porque demasiado a menudo los soldados israelíes, supremacistas buena parte de ellos, disparan contra los enrejados,  habiéndose producido hasta ahora decenas de incidentes,  trampas mortales procurando un mendrugo o una bolsa de harina.[12]

El diseño de la GHF es en sí una expresión  de supremacismo, racismo, lenguaje doble y mendacidad. Revela el desprecio del engendro sionista hacia los moradores expulsados de su tierra. Una alegoría monstruosa del cuco.

Los guarismos de muertes en la población gazatí se presentan siempre a la baja. Se invocan números emitidos por autoridades locales palestinas, gazatíes, cuando toda la estructura social de la Franja de Gaza se derrumbaba. Esos números no revelaban todo el horror: la muerte  incluso del personal que hacía los relevamientos.

Hubo semanas en que ese guarismo rondaba, estacionario, en los 30 mil muertos, mientras los derrumbes, mediante artillería y las incursiones militares arreciaban a diario (y el hambre iba diezmando cuerpos, familias enteras, niños, ancianos, hospitalizados, inmovilizados.

VUELTA DE TUERCA: HACER DEL VICIO VIRTUD

La prensa atlántica  se ha aferrado a la violencia –innegable, insoslayable– desatada el 7 de octubre 2023. “Puñalada trapera”, dicen los kibutzianos más progresistas, refiriendo que hasta tareas de peón le ofrecían a los hambreados gazatíes en los cultivos (otrora) colectivistas del kibutz, kibutzim que se diseñaran para abolir el trabajo asalariado y sus miserias… aunque tal vez, ahora por piedad, se dignaban ofrecer esas changas a sus empobrecidos vecinos.

Con comidas de primer mundo, con locomoción de último modelo, los kibutzianos  no alcanzaban a ver el fondo del abismo a que Israel y su proyecto sionista arrojara a los palestinos, otrora los habitantes indiscutidos de esas tierras (aunque ni siquiera fueran sus dueños soberanos, porque las sociedades árabes no eran precisamente igualitarias).

Un periodista italiano sin velos ideológicos  se sintió fuertemente shockeado cuando visitó la Franja de Gaza, con colonos israelíes allí instalados (es decir, antes de 2005). Vio niños palestinos, de corta edad, sedientos en verano y allí, a 200, 300 mts. en los terrenos  que habían ocupado los colonizadores israelíes vio cultivos generosamente regados y autos  lavados  dispendiosamente con agua. Se le dañó el alma y como buen periodista, lo transmitió.[13]  Tal vez sin saberlo, estaba presenciando los prolegómenos de un experimento en abyección que iba a derivar, más o menos inevitablemente en genocidio.

Porque TODO era así: los alimentos  que llegan en camiones demorados al sol, los dolientes y parturientas que debían esperar en los checkpoints para recibir la autorización de paso a un hospital, por ejemplo; el abuso de soldaditos casi imberbes que fueron forjando su displicencia, su desprecio, su sentimiento de superioridad, ejerciendo a diario esas pequeñas, miserables muestras de poder en las calles y hogares palestinos con la inerme población ocupada.  Por cada mil jóvenes soldados que pasaban por esas experiencias uno se rebelaba y aparecieron así los  refuseñik, los Anarquistas contra el Muro, un joven con estatura moral,  como  Gilad Atzmon (que cuando vio, como conscripto, las dimensiones de las celdas para palestinos, que él confundiera con casillas para perros) renunció… al ejército, al país, a la condición de judío. Porque vio las celdas deformes y la sonrisa cruel y sobradora de “los suyos”.

El mundo atlántico, el de los que mandan y gozan en EE.UU, Reino Unido, Francia, Alemania, sigue ofendido por “el ajuste de cuentas” propinado por un copamiento de Hamás al cuartel regional en Gaza del Ejército de Defensa (sic) de Israel. Pero ha dicho poco y nada por todos los “ajustes de cuentas”, de años, décadas, que se han permitido hacer los israelíes sobre los despojados pobladores de Gaza en particular y Palestina en general.

Un copamiento, del que falta aún saber lo decisivo, lo llevó a cabo Hamás y ajustició  no se sabe a cuántos militares.[14]  Pero todavía no sabemos por qué  Israel y su mando supremo tardó casi 7 horas en reaccionar: no estamos en Siberia o en Canadá con miles de km de distancia entre poblados; estamos en el país con vehículos veloces y flamantes con distancias entre centros poblados de pocos km. (el país en todo su largo no llega a 500 km).

Así y todo, en el Reino Unido tras el golpe guerrillero del 7 octubre   han advertido que ondear la bandera palestina es delito.[15] ¡Ya deberíamos saber que las libertades democráticas son para demócratas!

La hambruna y las matanzas sobrevinientes –como balear en la cabeza a infantes palestinos–  ha ido dificultando la campaña antipalestina que se iniciara con tanto “vigor”, pero la ferocidad inicial contra el trastorno del “orden de las cosas”, al decir de Biden, Blinken,  Shaked, Gvir, Herzog,  Netanyahu y sus repetidoras, fue nítida. Los editores del medio que acabamos de citar aclaran: “(c) 2023 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de este contenido sin su previo y expreso consentimiento.”  La libertad entonces es libre, pero si está sujeta, es mejor.

No vi ninguna democracia prohibiendo las camisetas patrocinando matar madre palestina y bebe con una sola bala.

Y el apoyo “atlántico” sigue en pie, con un nuevo servidor, o sirviente: Donald Trump.

Aun así, pocas veces  un poder se desnuda como estamos presenciando en Gaza.

¿De dónde proviene tanta impudicia? Me inclino a pensar que el “cachetazo” propinado por Hamás, por lo inesperado, por lo inhabitual, por lo único, desencadenó una reacción fuera de control. Si hasta entonces, como el gato maula, se había jugado con la proporción de muertes cien o más a uno (‘ni cien palestinos valen lo que un israelí’), el 7 de octubre rehízo “cuentas” y para mantener “la superioridad”, habría que zambullirse en monstruosidades, cálculos  de sangre, daño y horror… lo que termina siendo un genocidio.□


notas:

[1] Esto último, significa, históricamente que, con mirada ingenua, un atentado firmado por árabes tenía como autor árabes, que un atentado llevado a cabo con rúbricas religiosas, estaba llevado a cabo por religiosos: los atentados de falsa bandera, ocultan su origen y “cantan errado”.

[2] Soddy además, probando ser un pensador complejo, nada que ver con un especialista, sostenía que la economía volcada crecientemente a las finanzas olvidaba el sentido propio de la economía, de estimar los costos, los gastos, las reposiciones de nuestras estructuras materiales, y derivaba hacia conceptos crecientemente abstractos, por no decir imaginarios.

[3] Las Torres Gemelas, de 110 pisos de altura cada una, y una tercera (identificada como ·Edificio 7 dentro del complejo edilicio de ese centro), de enorme planta y 47 pisos de altura que se desplomó sobre sí mismo… sin choque aéreo mediante. Se adujo que los escombros de una o de las dos torres habrían sido decisivas para su derribo. Todo fue filmado en vivo y mi impresión al menos fue que se trató de una implosión. Como si el edificio hubiera estado “preparado”. Y en tal caso, como si la “puesta en escena” de tamaño acontecimiento hubiese perdido sincronización, y el Edificio 7 (depósito sin humanos)  hubiese entrado en escena antes de tiempo. Pero esto es sólo una impresión, visual. Carezco de datos para entender la secuencia de horror y daño.

[4] Véase mi nota “La decisión judeosionista de exterminio de la sociedad palestina”, 14 julio 2025, https://revistafuturos.noblogs.org/2025/07/la-decision-judeosionista-de-exterminio-de-la-sociedad-palestina/

[5] “Leopold II et la Conférence Geographique de Bruxelles (1876), en Hochschild, Adam, El fantasma del rey Leopoldo, Malpaso ed., Barcelona, 1998.

[6] https://news.un.org/es/news?  2025 07 24.

[7] https://infoposta.com.ar/notas/14205/fundamentalismo-ideol%C3%83%C2%B3gico-en-la-pol%C3%83%C2%ADtica-internacional/

[8] https://x.com/BlackIntifada.

[9] https://www.unz.com/runz/more-falsehoods-of-world-war-ii/

[10] https://elpais.com/planeta-futuro/2024-03-10/la-inminente-hambruna-en-gaza-como-hemos-llegado-aqui.html

[11] https://news.un.org/es/story/2024/03/1528032.

[12] Con una bolsa al hombro, 25 o 40 kilos, ¿cuánta distancia habrá de recorrer el portador para llegar a un sitio y con un mínimo de agua y algunos cacharros, elaborar algo para sus hijos, sus padres, sus hermanos lisiados?

[13] Genaro Carotenuto.

[14] Los números oficiales de Israel no son confiables. Porque mienten, siempre o casi siempre, mienten.

[15] https://www.europapress.es/internacional/noticia-reino-unido-advierte-ondear-bandera-palestina-puede-ser-considerado-delito-orden-publico-20231010213944.html.

Publicado en Centro / periferia, Destrozando el sentido común, EE.UU., Palestinos / israelíes

El silencio del gobierno de Uruguay ante Gaza o ante Israel

Publicada el 27/06/2025 - 27/06/2025 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

ACLARACIÓN PREVIA: titulé esta nota, inicialmente como «El silencio de Uruguay ante Gaza o ante Israel». En las escasas semanas de producción ha aparecido un nuevo jugador en la cancha: grupos y grupetes en varios, muchos puntos del país, reclamando ante un genocidio que se lleva a cabo a la vista y paciencia de todo el mundo.

Es la paciencia la que se va agotando.

Las masacres ahora diarias de civiles gazatíes en los centros de ayuda humanitaria en la Franja de Gaza, que ostensiblemente ha montado el Ejército de Defensa [sic] de Israel, para  desplazar los intentos de salvataje alimentario, médico, clínico, que han procurado organizar tanto la maltrecha, maltratada UNRWA como Médicos sin Fronteras y otras redes solidarias privadas, obligan a la pregunta: ¿por qué tantas masacres? ¿por qué ese desplazamiento de la asistencia desde la ONU y redes solidarias de larga data?

Aunque nos cueste creerlo espontáneamente, los hechos revelan que el ejército israelí tomó sobre sí la tarea “alimentaria”  para facilitar la política genocida, para ”industrializar” así mejor la muerte programada de más y más palestinos. Hay demasiado elementos coincidentes como para soslayar la atrocidad de esa política.

En Israel se ha ido montando toda una estructura de servicios visuales desde los cuales mejor mirar el espectáculo de la matanza: ciudadanos israelíes concurren ávidos a esos emplazamientos para mirar –a distancia y con seguridad–  con telescopios de calidad, la matanza; ver los bombardeos y las demoliciones,  ver, por ejemplo, volar los cuerpos con las explosiones. Como se ha señalado, ver “morir un pueblo como quien contempla una puesta de sol”. Algo peor, todavía: ver cómo es matado un pueblo, toda una población.

No sabemos qué pensó Martin Amis cuando en 2014 publicó su Zona de interés, [1] mostrando jerarcas  nazis conviviendo “idílicamente” con el infierno que habían generado allí nomás, cerca, del otro lado de la empalizada.

El relato fue tomado por muchos comentaristas como una condena más del universo nazi y de ese modo fue interpretado como una reivindicación, siquiera indirecta, del Estado de Israel, genéricamente entrevisto como “lo opuesto” a la Alemania antisemita de los nazis.

Sin embargo, hay un dato entregado por Amis que podría señalar otro enfoque: el abordaje de mundos paralelos. Y cuando uno, beatífico esconde el otro, infernal.

¿Y qué mundo tenemos nosotros para ver mientras israelíes matan a sangre fría con balazos en la cabeza (reiteradamente comprobados) a infantes palestinos? Y cuándo se atrae a población hambrienta a sitios con comida, y a veces, so pretexto de mantener el orden en la fila, y a veces sin ni siquiera pretexto alguno, se riega de balas a los hambrientos, y se suman así episodio a episodio, veintenas de muertos, cincuentenas de muertos?

¿Nos habla Amis de nazis o de mundos paralelos? ¿Y ese mundo paralelo está lejos o en el pasado, o está cerca, muy cerca de nosotros?

¿Y qué nos pasa en Uruguay? La política de los tres monos sabios prosigue, impertérrita.

Uruguay, su expresidente, ahora futuro catedrático de alguna ciencia política, abrió en 2024 una oficina, cultural, faltaba más, en Jerusalén, mientras el gobierno israelí proseguía tranquilamente su genocidio.

Tranquilamente pero ya no en su ritmo pausado. Luego del 7 oct. 2023, ante el copamiento del cuartel regional de Gaza por Hamás y el ajusticiamiento de algunos represores, Israel se sintió como bíblicamente llamado a actuar con la furia, la violencia, la arrogancia,  de  la conocida deidad que, actuando como agente inmobiliario, les habría cedido la tierra, como bien lo sabemos mediante documentos rigurosamente históricos, probatorios, como la Torah.

Y ese mismo expresidente, Luis Lacalle Pou, ignoró las resoluciones de la ONU que han procurado mantener a Jerusalén al margen de la órbita israelí (de la palestina, ni hablar), y puso nuestro país al servicio de la estrategia “boa constrictor” de Israel.

Poco antes, la Universidad de la República (UDELAR) resistió una rendición incondicional a la intervención sionista  en la voz binacional de un catedrático de universidades israelí y uruguaya. No para eliminar ese punto de vista, sino para dar cabida a todas las voces, incluyendo a los partidarios de genocidio, pero no ya como voz oficial de la casa de estudios. Una amplitud increíblemente generosa, pero hasta ahora desconocida  (la UDELAR jamás patrocinó, al menos expresamente, cátedras con nazis, partidarios de la raza blanca como raza superior, torturadores raciales al estilo de los métodos como los de los anglos o los belgas en África, o las técnicas de tortura a poblaciones aborígenes que han  desarrollado los sionistas en Palestina). Es una limitación a la libertad de cátedra  y de expresión,  pero, ¿por qué habría tenido la UDELAR que romper esos límites, para beneficio de un sionismo cada vez más claramente brutal, bíblico, y moramente depravado?

Los silencios de Uruguay duelen. Han dolido mucho. Como cuando el ejército israelí abordó al estilo pirata a la Flotilla de la Libertad del año 2010 (que procuraban restañar mínimamente las enormes sangrías provocadas en Gaza y su población, con la invasión genocida de 2008-2009, con su tendal de miles de muertos y demoliciones masivas), y los militares israelíes asesinaron a varios tripulantes que cumplían con el deber de defender su navegación sin armas de fuego ni cuchillos, apenas con palos (los invasores, después de copar el navío y asesinar a parte de su tripulación robaron además, al mejor estilo lumpen, a los pasajeros calcetines y relojes, como denunció en su momento Henning Mankell, que participaba del intento solidario).

Pero tales silencios han sido persistentes. En 2017, cuando ya el infierno en Gaza venía arrasando a la sociedad desde 2006, mediante la decisión del “carnicero” Ariel Sharon, conocido genocida de los campamentos palestinos de Sabra y Shatila–  de “hacerles las vida imposible” a los gazatíes, una visita de PIT/CNT del Uruguay encontró “todo bien” en  Israel, no para judíos lo cual no sería novedad, sino para los palestinos. “Cualquier país que se precie de democrático dirime las cosas como lo hace Israel”, llegó a decir uno de sus deslumbrados visitantes.

En 2024, el periódico del aparato mundial sionista enlacejudío[2] escribió: “Yamandú Orsi, que ganó por un estrecho margen una segunda vuelta electoral el domingo, se destaca en al menos un aspecto: nunca ha atacado a Israel.” Pésimo planteo, porque la pregunta tendría que ser si Israel ha atacado algo y en tal caso, si corresponde criticarlo, ignorarlo o alabarlo.

Poco antes, no bien se avizoró que el a la sazón intendente de Canelones, Yamandú Orsi, podía ser presidente del país, el aparato, hasbarah, de Israel se puso en marcha y Ana Jerozolimski fue la encargada de guiar al ilustre en visita oficial a Israel en setiembre de 2023.

En su visita, Orsi creyó ver una convivencia –pacífica, normal– entre palestinos e israelíes que la información habitual no le había entregado. El Potemkin israelí[3] no necesitó montarle un tinglado especialmente, porque todo Israel es una puesta en escena. Orsi, que se sepa, no visitó Cisjordania y menos aún Gaza; nos preguntamos qué palestinos habrá divisado en su visita oficial.

Ya investido presidente, Orsi junto a expresidentes uruguayos, Luis Lacalle Pou y Julio María Sanguinetti, fueron objeto de otra operación de Public Relations. Esta vez, de la fundación argentina Ana Frank, la misma que ha erigido una “escultura” luctuosa en la capital federal argentina, en una plazoleta sobre la av. Olazábal.

Yamandú Orsi, una vez más, aceptó la invitación que, como la de su visita a Israel, sirve para realzar facetas edificantes de Israel en el mismo momento en que Israel está asesinando fríamente en Gaza, y cada vez más en Cisjordania y Jerusalén, la mayor cantidad de vidas humanas que se recuerde en las últimas décadas.

En otras palabras, otra operación de lavado de imagen (justo cuando las cotas del exterminio alcanzan niveles insoportables, aun comparados con los habidos en Sudán y Sudán del Sur (otro invento geopolítico de Israel) o en Myanmar. Está clara la voluntad ¿política? de no juzgar la conducta de Israel, racista, supremacista, fríamente genocida.

Hay interesados en sustraer a Israel de responsabilidades, pese a que la brutal franqueza de Netanyahu les juegue en contra.

Si  Israel ataca sin previo aviso a Irán, se lo designa como “ataque preventivo” o como “guerra entre Israel e Irán”.

Indudablemente hay intentos de desvíos de la responsabilidad. Véase esta joyita: “La demonización de  Israel no llevará a la solución del conflicto en Oriente Medio, la comunidad internacional debe centrarse primero en destruir la grave causa de esta guerra que es el terror y luego promover un diálogo genuino y no en perpetuar una narrativa que ignora las complejidades del conflicto.”[4]

Obsérvese el tono doctoral del párrafo. El quid, nos dice, es el terror. Podríamos estar de acuerdo. Fue el terror sionista decisivo para instaurar Israel. Asesinando ya no a contrincantes sino hasta mediadores que procuraban  otorgar derechos a palestinos y sionistas, como el mediador oficial de la ONU, Folke Bernadotte, o incluso a judíos que dialogaban con árabes musulmanes, como Jakob de Haan. Lo que veo cada vez más claramente es que Israel ejerce “el terror”: colonos sionistas serruchando olivos palestinos centenarios, guardias israelíes tirando en sus incursiones a todo lo que se mueve, buscadores inalámbricos previamente diseñados como explosivos detonados como castigo a Líbano por el que son matados varios portadores y centenares quedan heridos, y el país aterrorizado. Pero Galperín no se refiere a esos terrores, bien concretos; no elige el ejercicio despótico de terror que emplea Israel a diario con población palestina desarmada; habla sólo de cierto terror que vino después, como respuesta. Tendría que aprender a leer historia.

Y aprender a leer también psicología. Que “los malos” tienen bastante acotados sus alcances y que, en cambio, el mal que producen muchos buenos, incluso excelentes, es mucho más devastador. Porque el malo, entrevisto, descubierto pierde capacidad de daño, pero el bueno, el excelente, siempre contará con una claque de convencidos (o sobornados o mentalmente reducidos) que le facilitará proseguir su tarea devastadora, aunque “con las mejores intenciones”.

Si criticamos, por ejemplo, “el terror” ya hemos resuelto las claves políticas del momento; apenas acotamos “el grupo terrorista Hamás” o el estado terrorista de Irán y entonces, queda por demostrar lo que creemos ya demostrado.

Seguramente, el Ejército de Defensa de Israel, o el Mossad, o el Shin Bet encontrarán o fabricarán  tales pistas. Porque las pruebas existen de antemano. Y si hay que hacerlas, se hacen. A los inmensos conglomerados de poder no los guía la búsqueda de verdad sino la expansión de la verdad ya configurada de antemano. Los centros de poder optan por la versión que se aviene a la imagen que valoramos: bebitos horneados, mujeres desventradas, árabes que juegan a la pelota, festivamente, con senos femeninos arrancados de cuajo, palestinas falsarias que muestran heridas, horribles, como si se las hubiese hecho la fuerza pública israelí cuando se las han pintarrajeado ellas mismas.

Según Israel los palestinos se dañan  a sí mismos o a sus imágenes. Falta nomás el detalle de cómo han logrado derribar tantos edificios. Con qué explosivos ¡Cómo han desmantelado más de cien hospitales!…

¡Cómo a israelíes no se les cae la cara de vergüenza! ¡Cuánto supremacismo, cuánto ombliguismo, cuánta soberbia racista se les ha inculcado para que se la crean!

Porque Israel no carga sus responsabilidades. De atrocidades. Y cuando una decena de militares femeninas, coquetamente mejoran su aspecto para sacarse una selfie delante de toda una zona urbana de edificios altos en la ciudad de Gaza, destruida por bombardeos (con población atrapada y muerta entre sus escombros), lo que prevalece en la foto es el carácter risueño de “las chicas”, su frescura, y la ajenidad total ante lo que ellas y el resto de Israel ha hecho con esa población, con esa ciudad, con ese territorio. Las hermosas jovencitas son totalmente inocentes. Y si no inocentes, ajenas.

Los del ejército ocupante se sienten tan exentos de culpa que pueden tratar muy mal a ¿quiénes? A los muy malos; porque con los despreciados no necesitamos expresar compasión, solidaridad, ni vergüenza ante niños hambreados, baleados; ni ante la falta de agua (aunque le hayamos cortado el suministro nosotros mismos), ni por la restricción de alimentos que le hemos impuesto hace ya casi veinte años, cuando votaron mal, contra nosotros…[5]

Desde la ONU, hace tiempo, se ha generado un monstruo político, psicológico, ético. Se lo percibe cada vez más claramente. Lo que es más arduo es reconocer a sus progenitores. □


[1]  Llevada al cine por Jonathan Glazer, británico, en 2023.

[2]  https://www.enlacejudio.com/2024/11/28/el-nuevo-presidente-de-uruguay-es-de-izquierda-pero-no-anti-israel/.

[3] Grigori Potemkin fue un ministro de la zarina (de sangre teutónica) Catalina II (reinó de 1762 a 1796) a quien, para impresionar con su gestión, le mostraba fachadas de pueblos inexistentes, que mandó levantar a cierta distancia de los caminos por los que se desplazaba la zarina, ofreciendo un desarrollo, un poblamiento falsos.

[4]  Javier Galperin, El País, Mtvdeo., 31/5/2025.

[5]   La Franja de Gaza es considerada uno de los primeros sitios en que la humanidad desarrolló agricultura. Eso, que debería ser un “tesoro de la humanidad”, ha sido contaminado adrede por Israel para debilitar su capacidad alimentaria.

Publicado en Centro / periferia, Palestinos / israelíes, Poder

No other land: ¿Hay que ser judío para criticar a Israel?

Publicada el 12/03/2025 - 21/03/2025 por luissabini

por Luis E. Sabini Fernández

Como con la pipa de René Magritte que no es una pipa, lo que usted va a leer no es una recensión cinematográfica; es, procura ser, un abordaje geopolítico, escudriñando los aventajados y los perjudicados, por el emprendimiento.

Las escaramuzas ideológicas que han sobrevenido con la premiación hollywoodense a No other land (No hay otro país),[1] una documental elaborada por dos palestinos (no judíos) y dos judíos israelíes, nos revela, una vez más, las múltiples vías de legitimación sionista en nuestro polifacético universo, en el cual −pese a la enorme diversidad comunicacional y al extraordinario aporte que significa la filmación y difusión en vivo de muchos de nuestros presentes; los de la humanidad (al menos la digitalizada)− y que las usinas ideológicas de la sociedad contemporánea; la del sionismo judío en primer lugar, conservan su predominio mediático.

El episodio No other land tiene varias capas superpuestas de interpretación: en primer lugar, la película premiada con un Oscar ha sido presentada como fruto de dos jóvenes que no exceden la treintena de años; uno palestino –Basel Adra− y uno judío israelí –Yuval Abraham−, como si para facilitar la captación mediática se hubiera simpificado la autoría. Poniendo bajo las candilejas a Yuval y a Basel, los jovencitos bien vestidos e igualados con los trajes negros ad usum para Óscares.

La propaganda nos omite así la existencia de un equipo compuesto además por Hamdan Ballal, otro palestino, no tan joven, documentalista de profesión, dedicado precisamente a documentar los despojos de su tierra a manos de un sionismo hipermilitarizado, y por Rachel Szor, otra cineasta jovencita, israelí.

Sin duda, la intención mediática ha sido igualar figuras. Basta verlos con los óscares en la mano para darse cuenta. Y si no hay nada igual ni igualable es, precisamente, el conflicto generado con la llegada del sionismo a Palestina a fines del s xix.

Poco a poco, se fue procesando el abismo que hoy separa a judíos israelíes y palestinos (palestinos de cualquier credo, salvo tal vez, judío). Porque en el mismo territorio pervivió una sociedad histórica –la de los palestinos−, digamos espontáneamente, con sus problemas, crisis, desafíos y condición geopolítica (Palestina era una provincia dentro del imperio turco y carecía de una capa de propietarios fuerte y propia), y una sociedad, nueva, la sionista, no histórica sino de diseño, proyectada para implantar en el mismo territorio mediante usurpación, debidamente calificada con lenguaje bíblico, como “redención”.

Con un diseño señorial de progresivo asentamiento. Lo de “la redención” es crucial porque el sionismo se permitirá los mayores abusos mediante la santificación de sus fines: redención de la tierra es quitársela a “infieles” para que, adueñada por judíos, la tierra se sienta bien: una mistificación ideológica que irá labrando su huella psicológica en los judíos, ellos mismos santificados, haciendo posible cualquier comportamiento; es decir, cualquier abuso o delito.

A lo largo de las décadas, lentamente, al estilo constrictor, el sionismo irá ahogando la vida social, espontánea, de la sociedad palestina que alberga en su seno esta otra formación social no clandestina, pero reservada. Esta nueva entidad irá tomando más y más funciones e instancias de la sociedad general. En la década de 1920, el sionismo inaugura una universidad hebrea. Palestina todavía no contaba con universidad propia. El carácter satélite de la sociedad palestina dentro del universo musulmán la hacía sociedad periférica. El Islam disponía de otros centros culturales, religiosos y universitarios (aunque sí, contaba y cuenta con un epicentro islámico de primer orden en Palestina; la mezquita Al Aqsa; una de las más intensas expresiones de la crisis porque el judaísmo tiene en el vecino a la mezquita Muro de los Lamentos, un sitio privilegiado propio, que coliden inevitablemente.

El estado forjado paso a paso por el sionismo dentro de la sociedad palestina, de impronta musulmana, ha crecido tanto que a la llegada del siglo xxi, lo que queda de la sociedad palestina son vecindarios seccionados y aislados entre sí, caminos de interconexión sin mantenimiento alguno, progresivamente bloqueados o interceptados por los múltipes checkpoints, carreteras destrozadas que apenas permiten el  paso de un carro con ruedas grandes tiradas por burros y de algún vehículo destartalado, en tanto autos y camiones se despliegan raudos en las carreteras que unen las ciudades,  pueblos y barrios israelíes.

Palestina ha sido así fragmentada, aislada, despedazada.  Desde 2006, por haber votado “mal” de acuerdo con los intereses de los dueños del poder, Gaza pasa a ser considerada “irrecuperable” e Israel decreta su pena de muerte (el resto de Palestina es “recuperado” mediante fraude y violencia por “las autoridades”). Dado el volumen de la población, la pena de muerte se efectuará escalonadamente…

Desde esas elecciones, únicas veraces y confiables desde mucho tiempo atrás, la franja será aislada por completo: no hay acceso ni por mar –ni una sola de las Flotas de la Libertad, que buscaban acercarse solidariamente logrará su cometido−, ni por aire –el aeropuerto financiado generosamente por la asistencia española será bombardeado e inutilizado todo su instrumental por Israel; tampoco por tierra. Allí, los pasos son todos controlados por Israel, salvo los que hay con Egipto, que serán a su vez celosamente controlados (mediante el condicionamiento financiero israelí del gobierno egipcio).

Desde 2006, entonces, comienza la agonía gazatí, más acentuada todavía que la generalizada de todo el maltratado territorio palestino.

Control absoluto de los alimentos, del agua, de los medicamentos, mobiliarios, libros.

Todo este proceso genocida, lo puede ver quien quiera dirigir su mirada a Palestina. Y a Gaza. Y lo hemos visto desde cualquier continente; desde Asia, o América, o incluso desde Israel. Así lo ha visto Yuval Abraham, el periodista hoy laureado con este Oscar. En abril 2024 escribe un artículo que publican la revista-e +972 Magazine, de EE.UU. y Viento Sur, de España: ”«Lavender» la máquina de IA que dirige los bombardeos israelíes en Gaza”.

Parco de juicios, generoso de información, el joven exhibe la monstruosa máquina de matar que los mandos israelíes han dejado librada a puros mecanismos: echar bombas a sospechosos de listas infinitas de hogares palestinos que podrían, pudieron, pudieran estar vinculados con alguien que alguna vez tiró una piedra o hizo una protesta. Echar tales bombas, si son “bobas” contra todo tipo de  blanco; si son “inteligentes” a cuadros sindicados como organizadores de la resistencia. “Un dispositivo especial que pueda procesar con rapidez cantidades masivas de datos para generar miles de potenciales ‘objetivos’ de ataques militares”, tratando tales listados “como si de decisiones humanas se tratase”.

Por ejemplo, se dispuso que: “que por cada agente subalterno de Hamás señalado por Lavender se permitía matar hasta 15 o 20 civiles […] Las fuentes añaden que cuando el objetivo ha sido un alto cargo de Hamás, el ejército ha autorizado en varias ocasiones la muerte de más de 100 civiles en el curso del asesinato de un solo mando.”[2]

Abraham nos muestra que el objetivo en todos los casos es el exterminio de los palestinos. Porque ¿qué son los 15 o 100 civiles sacrificados en cada asesinato que les resulta atractivo? Población, seres humanos, niños, esposas, abuelos.

Abraham es un judío de buen corazón. Como fueron los refuseñik que se negaron a participar en las matanzas colectivas de Israel en 2008 y 2009 (“Operación Plomo fundido”) o en la sangrienta incursión, también a Gaza, en 2014. Como lo fueron conscriptos encarcelados que han generado otro grupo refractario a la rapiña sionista; “Anarquistas contra el muro”. Pero atenti: estos últimos se autocalifican como “un puñado” y las cartas de los refuseñik han sido firmadas por 52: el ejército israelí ronda entre 150 mil y 200 mil combatientes. Que además se valen de todas una serie de tecnodispositivos, como la Cúpula de Hierro, el ya citado Lavender o el programa “¿Dónde está papá?”[3] para “extender” sus brazos y sus dedos en gatillos.

Lo que importa con películas y realizaciones como No Other Land, es el significado político que nos aporte. La peli nos muestra diálogos ásperos, escasos, pero la realidad israelí actual es otra cosa. Israel tiene, por ejemplo, un ministro a cargo de las cárceles (Ben Gvir) que postula la matanza de presos; el Lavender que desnuda Abraham (en 2024, luego del 7 oct.) está diseñado para matanzas colectivas, impersonales y evitar que algún soldado del “Ejército de Defensa” de Israel cargue sobre su conciencia alguna perturbación.

La máquina de exterminio de lo palestino avanza imperturbable y tan alejada de manos humanas, que satisface a los mandos, a los políticos… y a los mismos soldados.

Y mientras un ministro de la horda de Netanyahu, Miki Zohar, se queja que No Other Land ‘distorsiona la imagen de Israel ante el público internacional, difama a Israel en el escenario mundial’, ni advierte ni quiere advertir que la difamación no es sino verismo; ahora superados por la expansión de atrocidades, cada vez más anónimas del ejército.

Abraham traiciona, sin querer, obviamente, la gravedad de su mismo mensaje y su labor periodística cuando reclama “el fin de la destrucción de Gaza y la liberación de rehenes israelíes”. Es afectivamente comprensible su reclamo. Pero no podemos hablar de los rehenes israelíes (tomados como tales cuando la incursión palestina del 7 oct. 2023) como un fenómeno en sí, como un generador del conflicto, como lo asienta Abraham: Israel ejerce desde hace décadas la politica de tomar rehenes: miles de rehenes (en condiciones infinitamente peores) que Israel levanta, sistemáticamente, en las calles, en los stiios de trabajo, en hogares, y son internados, sin juicio, “administrativamente”, por meses, años o décadas. Por décadas. ¿Acaso los judíos tienen “coronita”? ¿Cómo podemos reclamar el (justo) fin de tan odioso método sólo para judíos?

Todo el valiente y esclarecedor documental No Other Land, con toda la violencia que desnuda, la indiferencia sistemática de supremacistas militares israelíes destrozando baños, cocinas, techos, dormitorios; el uso de armas de fuego contra dueños de casa sin armas,  atropellados y robados, el impedir hacer una escuela para los 600 niños de las aldeas vecinas,[4]  el discurso mismo de Basel Adra: “película escrita por un colectivo palestino-israelí […] mi esperanza para mi hija [tiene 2 meses] es que no tenga que vivir la misma vida que estoy viviendo yo ahora,  siempre con miedo, siempre temiendo la violencia de los colonos, las demoliciones de los hogares y el desplazamiento forzado que mi comunidad Masafer Yatta vive y enfrenta cada día bajo la ocupación israelí que hemos soportado durante décadas mientras pedimos al mundo que tome medidas serias para detener la injusticia y frenar la lmpieza étnica del pueblo palestino”.

Los militares se burlan de Adra y Abraham y su periodismo.

Este alegato ha sido históricamente a lo largo de años y décadas, persistente y valerosamente asumido por incontables palestinos, igualmente valerosos, como Emat Burnat (Cinco cámaras rotas), Ahed Tamimi e incluso otros humanos solidarios, no palestinos como Rachel Corrie, asesinada precisamente por ello.

Pero desde el 7 octubre 2023, la hybris sionista perdió la paciencia, mediante la cual, la “redención” de la tierra les estaba demandando décadas (y costo político, porque los humanos generalmente resistimos la injusticia flagrante por más  de señorial que se la invista) e Israel ha optado por: 1) el modelo “Conquista del Oeste” estadounidense;[5] 2) la doctrina Hannibal (exclusividad racista del propio pueblo) y 3) el control mediático de “la” verdad. Así, ante el copamiento de Hamás y otras organizaciones de resistencia al sionismo, del 7 de octubre 2023,  “justa indignación”, como si “el artero ataque” proviniera en cielo sereno, tratando a sus protagonistas como de violadores de no sabemos qué paz.

Ya no estamos ante muertes puntuales, como en No Other Land sino ante muertes masivas y por doquier.

La situación de los gazatíes, y cada vez más de los palestinos en los territorios disputados, es ahora muchísimo peor que lo que traslauce el alegato de Adra que hemos espigado: ya no se trata de casas derribadas, de gente viviendo en cuevas  sin siquiera agua corriente…. en Gaza, el bombardeo masificado no produce ya desalojos sino muertes, no de combatientes sino de población civil en medio de los escombros de una artillería que deshace ciudades… Y ya no sólo en Gaza sino en Cisjordania o en Jerusalén.

En el momento actual, la documental palestinoisraelí sustrae de las candilejas la monstruosidad que está pasando allí nomás a pocos km de Masafer Yatta. Allí, entre vecinos vemos un cartel: “Palestinians lives matter”. Se entiende la intención; adueñarse de la consigna que los afroamericans difundieron contra la violencia policial estaodunidense. Me pregunto, empero, porqué la consigna no está en árabe, al menos en las tomas locales, las que no son for export.

−“Te llevan [detenido] y es una suerte de tortura emocional”, dice Adra a propósito de la detenciòn de su padre; el documental ilustra la coexistencia (forzosa) entre autos “amarillos”, de israelíes y autos “verdes” (palestinos).

−Ante un ataque pide un palestino: “Dame una cebolla por los gases lacrimógenos”.

−Una madre, desesperada por el hijo que fue baleado porque trataba de evitar que los soldados le robaran  un generador,  y ahora esta parapléjico, se pregunta qué hacer y si lo mejor no es que Allah se lleve a su hijo…

−Adra les grita, indignado: “Soldado: estoy filmando todo esto.” [6]

Pensemos estas situaciones, en los territorios gazatíes luego del 7 oct. 2023. Cuando los militares derriban todas o casi todas las edificaciones de las poblaciones gazatíes a veces con gente adentro, enterrada viva (a ese grado de degradación ha llegado el ejército “más moral del mundo”).

Estamos mucho peor de lo que nos muestra No other land. Como cultura humana. Como red mundial. La impunidad de Israel es manifiesta. Siempre hay gente, humanos de buen corazón y coraje civil. Hasta en la ONU. Honor a UNRWA, a Francesca Albanese, italiana, a Richard Falk, judío estadounidense (de la estirpe de los  Benjamin Freedman, ayer y Max Blummenthal hoy), a Folke Bernadotte, sueco, el primer mediador del conflicto palestino-israelí, asesinado −por quien será guardaespaldas de Ben Gurión−, “gracias” a sus esfuerzos para lograr una solución justa dentro de la ONU.

Israel no rinde cuentas. Nadie −significativo− se las pide. Como explica un periodista lúcido: “Informes concluyen que Israel comete genocidio. Occidente bosteza”.[7]

Mientras las atrocidades cometidas antes por el sionismo ahora por Israel se ventilen en Óscares, Israel seguirá impune.□

notas:

[1] Ceremonia del Óscar, Hollywood, 3 mar 2025.

[2] Estas aplicaciones siempre tienen desvíos para peor: cuando el soldado israelí Gilad Shalit es capturado en 2006, las fuerzas israelíes procuran rescatarlo mediante sucesivos allanamientos a diversos locales palestinos presumiblemente de Hamás o no. Durante muchos meses, más de un año. A lo largo de esos presuntos rescates, jamás exitosos, se estima entre cien y doscientos los palestinos asesinados. Shalit fue canjeado varios años después por más de mil presos palestinos y fue visto públicamente una sola vez. Al declarar que había sido siempre bien tratado, nunca se lo volvió a presentar.

El episodio nos permite corroborar que sin «Lavender» ya se cometían “excesos”…

[3] Escalofriante programa para matar junto con “el blanco”, esposa, padres, hijos…

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Masafer_Yatta

[5]  Genocidio de los pueblos nativoamericanos o su reducción a campos de concentración denominadas “reservas indígenas”.

[6] En el documental se aclara que la invocación militar a desplazar a los pobladores palestinos de la región por necesidades logísticas, se reveló finalmente, sólo una excusa.

[7] Jonathan Cook, https://www.middleeasteye.net/opinion/gaza-israel-another-expert-report-committing-genocide-west-yawns. Middle East Eye, 25 dic. 2024.

Publicado en Centro / periferia, General, Palestinos / israelíes, Poder, Poder mundializado, Política

Navegación de entradas

Entradas anteriores

Entradas recientes

  • ¿De dónde proviene la buena conciencia de quienes torturan, vejan y matan?
  • ¿Por qué ahora un segundo WTC en nuestro país?
  • La impunidad israelí
  • El colonialismo sobreviviente y una tercera guerra mundial
  • 7 de octubre de 2023 en Gaza: ¿operativo asesino, liberador o de falsa bandera?
  • banderas palestinas NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER
  • La miseria moral de postular la “solución de dos estados”
  • El desprecio de la vida (que no es «la nuestra» y por tanto no es humana)
  • La población humana del planeta: ¿1000 o 1500 millones u 8000 millones?
  • La gravedad del momento actual
  • Proyecto en Uruguay Arazatí: ¿descartado o redivivo?
  • La decisión judeosionista de exterminio de la sociedad palestina
  • El silencio del gobierno de Uruguay ante Gaza o ante Israel
  • (sin título)
  • Panorama… planetario y foco en Gaza
  • Palestinos                                                                                                                   25 05 06
  • BASURA NUESTRA DE CADA DÍA
  • URUGUAY: DESTINO DE PAÍS
  • EE.UU. e Israel: una cuestión de élites
  • No other land: ¿Hay que ser judío para criticar a Israel?
  • ¿REFRENDAR O NO REFRENDAR? (That’s the Question)
  • GENOCIDIO AL DESNUDO Y A LA VISTA DEL PÚBLICO
  • Contaminación omnipresente: un límite planetario olvidado
  • Aplicando el sagrado principio de desigualdad ante la ley
  • ¡La bolsa o la vida!

Archivos

  • diciembre 2025 (5)
  • octubre 2025 (2)
  • agosto 2025 (3)
  • julio 2025 (2)
  • junio 2025 (3)
  • mayo 2025 (1)
  • abril 2025 (3)
  • marzo 2025 (2)
  • febrero 2025 (2)
  • enero 2025 (5)
  • diciembre 2024 (5)
  • agosto 2024 (2)
  • julio 2024 (2)
  • junio 2024 (3)
  • marzo 2024 (1)
  • febrero 2024 (3)
  • enero 2024 (2)
  • diciembre 2023 (2)
  • noviembre 2023 (5)
  • octubre 2023 (1)
  • septiembre 2023 (2)
  • agosto 2023 (5)
  • julio 2023 (10)
  • abril 2023 (4)
  • febrero 2023 (7)
  • diciembre 2022 (3)
  • noviembre 2022 (3)
  • octubre 2022 (2)
  • septiembre 2022 (4)
  • agosto 2022 (2)
  • julio 2022 (3)
  • junio 2022 (6)
  • mayo 2022 (3)
  • marzo 2022 (2)
  • enero 2022 (1)
  • noviembre 2021 (3)
  • octubre 2021 (2)
  • septiembre 2021 (1)
  • agosto 2021 (3)
  • julio 2021 (1)
  • junio 2021 (5)
  • mayo 2021 (1)
  • abril 2021 (1)
  • diciembre 2020 (1)
  • agosto 2020 (2)
  • julio 2020 (3)
  • junio 2020 (2)
  • mayo 2020 (3)
  • abril 2020 (2)
  • febrero 2020 (5)
  • enero 2020 (1)
  • diciembre 2019 (4)
  • noviembre 2019 (1)
  • octubre 2019 (2)
  • agosto 2019 (3)
  • julio 2019 (2)
  • junio 2019 (3)
  • mayo 2019 (1)
  • abril 2019 (2)
  • marzo 2019 (3)
  • febrero 2019 (2)
  • enero 2019 (1)
  • diciembre 2018 (3)
  • noviembre 2018 (5)
  • octubre 2018 (2)
  • septiembre 2018 (2)
  • agosto 2018 (4)
  • julio 2018 (2)
  • junio 2018 (4)
  • mayo 2018 (1)
  • abril 2018 (2)
  • marzo 2018 (3)
  • febrero 2018 (1)
  • enero 2018 (2)
  • diciembre 2017 (5)
  • noviembre 2017 (2)
  • octubre 2017 (5)
  • septiembre 2017 (4)
  • julio 2017 (1)
  • junio 2017 (2)
  • abril 2017 (3)
  • marzo 2017 (2)
  • febrero 2017 (3)
  • enero 2017 (1)
  • diciembre 2016 (2)
  • noviembre 2016 (2)
  • octubre 2016 (2)
  • septiembre 2016 (4)
  • julio 2016 (2)
  • abril 2016 (1)
  • marzo 2016 (2)
  • febrero 2016 (3)
  • enero 2016 (3)
  • diciembre 2015 (2)
  • noviembre 2015 (1)
  • octubre 2015 (1)
  • septiembre 2015 (1)
  • agosto 2015 (3)
  • julio 2015 (1)
  • abril 2015 (1)
  • febrero 2015 (1)
  • diciembre 2014 (1)
  • noviembre 2014 (1)
  • agosto 2014 (1)
  • julio 2014 (1)
  • junio 2014 (1)
  • mayo 2014 (4)
  • abril 2014 (1)
  • marzo 2014 (3)
  • enero 2014 (1)
  • diciembre 2013 (1)
  • noviembre 2013 (1)
  • octubre 2013 (2)

Ultimos comentarios

  • Imagen: la clave teledirigida del poder actual – CUARTA POSICIÓN en Imagen: la clave teledirigida del poder actual
  • Nuestro insensible camino hacia un totalitarismo | Revista SIC - Centro Gumilla en Nuestro insensible camino hacia un totalitarismo

Etiquetas

Agatha Christie amortalidad de los humanos Antidefamation League artilugios tecnológicos biowarfare catástrofe alimentaria colonialismo complejidad económica confinamiento masivo Consejo de Derechos Humanos de ONU Covid-19 ecología EE.UU. el sionismo Estados Unidos Federación Rusa Franja de Gaza guerreristas hambruna Ian Fleming Jonathan Greenblatt la Caída del Muro Luis E. Sabini Fernández matanza de palestinos matanzas selectivas menor calidad alimentaria momento histórico Naciones Unidas ombliguismo progresivamente invasivo OMS OTAN periodistas asesinados poblaciones tradicionales poder sionista poderío israelí Project for the New American Century Ray Kurzweil Roald Dahl Samuel Huntington sars-cov2 tecnoperfeccionamiento territorio ucraniano Uruguay Vladimir Putin Yuval Noah Harari

Meta

  • Registro
  • Acceder
  • Feed de entradas
  • Feed de comentarios
  • WordPress.org
Funciona gracias a WordPress | Tema: micro, desarrollado por DevriX.