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Autor: luissabini

El colonialismo sobreviviente y una tercera guerra mundial

Publicada el 21/12/2025 por luissabini

9 noviembre 2025

por Luis E. Sabini Fernández

Un viejo y áspero aforismo chino nos recuerda que cuando el dedo señala la luna el estúpido mira el dedo.

Y así estamos, cada vez más, en nuestra sociedad del espectáculo.

Hablamos de Hamás, no del sionismo.

Hablamos de beepers y intercomunicadores, no de quienes los construyeron. Y por qué.

Hablamos del ejército israelí pulverizando ciudades enteras con su población incluida, pero no de lo que le otorgó a los militares sionistas la impunidad para fabricar escombros con mampostería y cuerpos humanos incluidos; una argamasa que a gatas podemos formular, tan atroz y fuera de todo sentimiento humano nos resulta.

Hablamos de las lanchas explotadas en alta mar en el Caribe o en el Pacífico y no del dios de la guerra que resulta tan hermanado con la modalidad american de vivir-en-el-mundo.

Todo ello nos señala un aumento de la brutalidad política, un despliegue de incontinencia y de arrogancia. Desde las cúpulas planetarias, porque en los llanos, en los marasmos, en las costas, en los suburbios, lo que aumenta es la exclusión y las víctimas.

¿Estamos en la tercera guerra mundial, tantas veces anunciada? Por lo visto, sin que la inmensa mayoría de nosotros lo sepamos y sin precisar desde cuándo.

Varias fechas pueden otorgarse esa patética y trágica efeméride.

14 mayo 1948

Entonces se “funda” el Estado de Israel. Y con ello se reactualiza el colonialismo rampante con que se iniciara la Modernidad occidental en los siglos 15 y 16. 

El ciclo del colonialismo parecía clausurado con el florecimiento de la democracia “universal” en 1945. Muy pronto, se vio que el colonialismo no había desaparecido ni mucho menos, sino que había cambiado sus ropajes, rebautizado ahora neocolonialismo: la diferencia fundamental era que el viejo colonialismo, del British Empire, por ejemplo, llevaba muy orondo, por todos los mares, su bandera británica.[1] Y el colonialismo remozado a partir de 1945, inauguró nuevas banderas para las colonias, para cada colonia más o menos ex. Banderas propias.  Una afirmación de lo propio, pero sólo simbólicamente, en la bandera.

Así que públicamente y con grandes discursos “de emancipación y soberanía nacional” se dio por clausurado el ciclo colonial, vergonzante de abusos, robos y genocidios. Entrábamos a una era de “paz sin violencia”. Democracia para todos, o mejor dicho for everybody. Y vamos a ir viendo que todos no son todos, incluso peor, apenas resultan una minoría.

Pero, ¡oh maravillas de las políticas imperiales! Así como se continuaba con renovados bríos tecnológicos el colonialismo de un modo más artero en el “Tercer Mundo”, cambiándole hasta de nombre y habilitando así con bombos y platillos, estados nuevos, modernos y democráticos, en 1948 se inauguraban (también) estados del viejo cuño: Israel era erigido con población ajena al territorio (en un 95-98%, aunque ingresada gradualmente a lo largo de décadas) y a la vez vaciando en ese territorio más del 50% de su población histórica,[2] y otro estado de viejo cuño en 1948 cambiaba apenas su camisa: la República Sudafricana pasaba a denominarse Unión Sudafricana u establecía con toda legalidad la política de apartheid.[3]

No todo era neocolonial, como por ejemplo, Nigeria, Túnez o Birmania.

En la Unión Sudafricana se le reconocía a los colonizadores europeos derechos sobre tierra despojada a poblaciones africanas; zulú, kongo, luba y otras. Los europeos que habían construido la Unión Sudafricana, eran británicos, llegados al sur africano en el siglo 19, pero holandeses se habían instalado allí mismo desde comienzos del siglo 17 y, más tierra adentro reclamaban ser más “oriundos” que los británicos. En rigor, eran colonialistas exterminadores anteriores; zanjaron sus diferencias en una guerra entre blancos donde los ingleses no dudaron en exterminar a los Boers en el cambio de siglo del 19 al 20. Entender eso le costó a la ONU, unas cuantas décadas… y 27 años de cárcel a Nelson Mandela.

Por configurar el asalto sionista a Palestina una acción tipo “guerra de conquista”,[4] bien se la puede considerar fecha o anuncio de “tercera guerra mundial”. Sin embargo, la inmediatez histórica a una guerra finiquitada con la destrucción de “El Eje”, en 1945, hacía poco imaginable que la humanidad se viera nuevamente envuelta en otra guerra mundial.

La posibilidad de “tercera guerra mundial” adquirirá nueva vigencia entonces cuando desaparezca el “equilibrio de las dos superpotencias” (que tuvo vigencia de 1945 a 1991).

Entonces, EE.UU., sus élites de poder, sienten ─otra vez─ llamada su hora, con el sueño de divisar el siglo 21 como “el nuevo siglo de EE.UU.”, ahora en exclusividad.[5]

11 setiembre 2001

Casi inmediatamente, el mundo será conmovido con el derribo de las Torres del NYC, la

implosión del Edificio 7 y el bombazo o cohetazo contra o en un lateral del Pentágono. Parece demasiado para ser todo llevado a cabo por células terroristas de origen árabe (aunque parece indudable que árabes también están en “el acontecimiento”: en el lugar de alguno de los atentados aparecieron pasaportes o documentos identificatorios de ese origen, maravillosamente enteros).

El 11 de setiembre de 2001 significó la detención inmediata y sumaria en Nueva York de tantos o más judíos e israelíes que de árabes. Centenares. Para tener en cuenta. Sin duda, con toda la violencia desplegada, ese atentado nos acercó muchísimo a una tercera guerra mundial con borroneadísimos personajes. La violencia y la ignorancia aumentan juntas. Lo que gana es la heteronomía. Sigue todavía el misterio sobre el 11 09 2001.

27 febrero 2014 o 24 febrero 2022 [6]

Con la expansión de la OTAN, los neoconservadores, supremacistas, tomaron nuevo viento en la camiseta, y con una craneoteca fundamentalmente sionista, la expansión se hace a costa de muchos estados excomunistas.

De modo que, de los casi 18 estados que constituían junto a Rusia, la URSS, las deserciones voluntarias de estados y sociedades exsoviéticas, ansiosas de quitarse de encima el bozal soviético (las riendas y la sobrecarga), fueron mayoría. Rusia logrará sostener una relación, supuestamente fraterna, apenas con una media docena de estados circundantes, constituyentes de la actual Federación Rusa; Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia, Tayikistán y Kazajstán.

Letonia, Lituania, Estonia, Finlandia, Uzbekistán, Polonia, Eslovaquia, Bulgaria, Rumania, Hungría, Chequia, abandonaron la influencia rusa antes soviética y han ingresado al llamado campo occidental, mediante la integración a la UE, desde entonces francamente agrandada.

Un país de considerables dimensiones en la escala europea; Ucrania, unos 700 000 km2 y unos 45 millones de habitantes, entregando las reservas de bombas atómicas que pertenecieran a la URSS, quedó en “tierra de nadie”. Rusia exigió mantener la neutralización de ese estado, como se había concertado cuando el colapso soviético. Pero las pretensiones hegemónicas de EE.UU., o de fuerzas en su interior (“el estado profundo”), cambiaron su posición.

Ucrania es prácticamente uno de los mayores estados constituyentes de la exURSS, y la craneoteca norteamericana, con Victoria Nuland al frente, entendió que era fruto maduro para la cosecha occidental. Por las buenas o por las… peores. Se produjo la caída de una presidencia amistosa con Rusia, y mediante movilizaciones violentas que dejaron un tendal de decenas de muertos, se estableció finalmente un gobierno más afín a “Occidente”.

El “giro de los acontecimientos” se hizo cada vez más antirruso; supresión de textos y cursos en idioma ruso, cuando hay una considerable porción de población rusófona, hostigamiento incluso violento a “los rusos”, que probablemente también respondían a “viejas cuentas pendientes”. Surgió una contrarresistencia de los sectores rusófonos de Ucrania, inmediatamente apoyada por Rusia. Al punto que algunas gobernaciones o municipalidades entraron a desobedecer al gobierno ucraniano (los municipios de Donetz y Lugansk, la península de Crimea) y finalmente, para impedir la inclusión de Ucrania en la UE, Rusia, al mando de Vladimir Putin ─aunque con muchas advertencias─ invade al mejor estilo clásico, el país. La reacción militar había tardado 8 años.

Otro escenario posible de comienzo de tercera guerra mundial, aunque se perciban a la vez esfuerzos para conjurar semejante desenlace.

7 octubre 2023

Como si ya no tuviéramos suficientes casus belli, el 7 octubre 2023 surgió una situación que otra vez nos puso, nos pone, a las puertas de la ya trajinada tercera guerra mundial. Como que hay ganas de llevarla a fondo, porque a mucha gente, lo que más la intranquiliza y llena de insatisfacción, es la indefinición.

Lo que sobreviene ─está sobreviniendo─ es nada menos que un genocidio que cumple todos los requisitos que desde Raphael Lemkin ─el forjador del término y su sentido─ se consideran básicos. Es un genocidio de manual. Y viene con firma. Orgullosamente. Del sionismo, de gobernantes orgullosamente sionistas. Aunque los medios de incomunicación de masas se han apresurado a pintar el cuadro de situación como un ataque artero de irregulares musulmanes ─Hamás─, la verdad es muy otra.

No estábamos en el mejor de los mundos cuando Hamás desencadena su raid mortal. Es todo lo contrario. Edward Said describió la situación de Gaza en 2002 (muere en 2003 y por lo tanto no alcanza a testimoniar el brutal agravamiento de las condiciones que él describiera, cuando en 2006 Israel encierra a la Franja de Gaza por aire, mar y tierra, agravando lo indecible la ceñida descripción de Said: “Gaza está rodeada por una cerca electrificada por tres lados, aprisionados como animales, los gazatíes están imposibilitados de moverse, de trabajar, de vender sus verduras o frutas, imposibilitados de ir a la escuela. Expuestos todo el día a aviones y helicópteros, baleados como si se tratara de pavos de corral, tanto desde el aire como desde tierra. Empobrecidos y hambreados, Gaza es una especie de pesadilla […] con miles de soldados dedicados a la humillación, el castigo y al debilitamiento de cada palestino, sin importar su edad, su sexo, su salud. La atención médica no entra al territorio, a las ambulancias se les dispara o se las detiene. Cientos de viviendas son demolidas y cientos de miles de árboles frutales son destruidos, así como al suelo arado, castigos colectivos contra población civil y desarmada […]”.[7]

Veinte años después, el torniquete no sólo no había cedido un ápice sino que todo se había ido deteriorando y agravando. Todavía más. Ya no hay verduras o frutas en la otrora vigorosa agricultura gazatí, saboteada de mil maneras.

Israel se sintió maltratado por los palestinos, por Hamás, en 2023. Se sintió atacado. Fue atacado. Le pareció horrible lo que los irregulares habían hecho incursionando con bicicletas, parapentes, excavadoras y motos. Que un aluvión de agresión y violencia se había abatido sobre ellos. 

Pero ¿qué pretendían? Como bien explica Enzo Traverso[8] “el discurso dominante sobre el 7 de octubre fue como el brote de una epifanía negativa, la súbita aparición del Mal que desencadenó una guerra de reparación. El 7 de octubre, Israel puso el contador a cero, como si los sucesos de ese día fueran la única causa de la tragedia.”

Como si todo lo que le estaba haciendo Israel a Palestina y a Gaza en particular no existiera. Israel y todo el aparato mediático bajo su influencia asignó a cada uno “su” papel: ya sabemos el que le cupo a Hamás; el de perpetrador y ¡oh, sorpresa!, a Israel le cupo, una vez más, el de víctima. El discurso dominante; patética inversión de la verdad histórica. El ofensor se siente ofendido; el torturador, torturado; quien dispone de vidas y haciendas ajenas, víctima.

Pero la realidad es tozuda. Y la fluidez mediática actual, como ya dijimos, le arrebata al poder constituido la clásica disposición de casi todas las cartas.

Hemos visto la reacción de buena parte de judíos, sobre todo jóvenes, rompiendo con “las verdades consagradas”; la resistencia a creer que Israel es la víctima-de-todo.

El papel de Israel en el mundo es tan pero tan conmocionante, y aterrador, que estamos viendo como en Europa y Asia, pero sobre todo en EE.UU., los reclamos por la verdad y el rechazo de “las verdades oficiales” está tomando cuerpo.

Un periodista derechoso, trumpista, pero ávido de conocer la verdad y no los espejismos ─Tucker Carlson─ está empeñado en remover la basura mediática que nos inunda cada día. Está, por ejemplo, al frente de un movimiento, una movida, para reanalizar los asesinatos de los Kennedy, cuando ha pasado ya más de medio siglo (y tras ello, inevitablemente sobrevendrá una necesidad de verdad también ante los “acontecimientos” del 2001… más de tres mil muertos están allí esperando).

La “viveza” israelí se ve, por ejemplo, en GHF; la institución creada para “alimentar” gazatíes: reparten en 4 locales que obliga a caminatas de 5 o 10 km para recibir balas, fideos, arroz. Literalmente. Y sin agua, un detalle de sadismo ejemplar, en clima seco. Por Gaza, y por toda Palestina, campea la impunidad impúdica, como la de esas oficiales femeninas israelíes acicalándose delante de edificios derruidos a bombazos. Tanta a


[1]   Muchas veces la Corona alternó el uso de esa bandera con las varias piratas. Usando legalidad y discrecionalidad fuera de la ley, según conveniencia.

[2]    Nakba; el desplazamiento forzoso y el arrebato de sus propiedades inmuebles y muebles se practicó con violencia fríamente instrumentada: tropas sionistas llegaban a una aldea, y se urgía a sus habitantes a abandoner todo de inmediato. Piénsese en el choque de semejante “orden” para una población establecida allí por siglos. Si la población procuraba escabullir semejante orden, se concentraba a la población y se entresacaba cuatro o cinco adolescentes y se los mataba sin miramientos. Ese “argumento” resultaba convincente y si todavía había renuencia o resistencia, los sionistas atrapaban a otros cuatro o cinco jovencitos y se los mataba del mismo modo. Abandonar la aldea se extendía con el terror…

[3]  Significativamente estos dos estados “nuevos”, Israel y la Unión Sudafricana, elaborarán un estrecha alianza bicontinental en todos los planos imaginables; y particularmente el comercial y el militar. Pero cuando en los ’90 se inicie el declive irreversible del racismo asesino sudafricano, Israel retirará prestamente todos sus apoyos, una verdadera lección de oportunismo (Abdelwahab Elmessiri y Richard Stevens, The Progression of a Relationship, New World Press, N.Y., 1976).

[4]  Véase Miguel Ibarlucía, Israel: estado de conquista, Editorial Canaán, Buenos Ares, 2012.

[5]  Véase A Report of The New Project for the New American Century, set. 2000. Llamativamente en dicho paper, se aspira, se anuncia, un hecho fortuito de inusual violencia que permitiría a EE.UU. reasumir el liderazgo mundial, luego que el paper explicara la declinación militar que había sufrido EE.UU. tras el colapso soviético. Los estrategos de la Casa Blanca apremian: “Una estrategia de transformación que se centrara exclusivamente en las capacidades para proyectar fuerza desde EE.UU., […], generaría problemas entre los aliados estadounidenses. Además, el proceso de transformación […], probablemente será largo, a menos que ocurra algún evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbor.”

Repare el lector que esto está escrito en agosto de 2000: un cierto Pearl Harbor se produce en setiembre 2001.

[6]  La fecha de la invasión rusa parece ser signo indubitable de esa tercera Guerra mundial que estamos tratando de ubicar; pero el 24 feb.2022 no es sino la respuesta ─enérgica, violenta─ a la intención estadounidense de romper la neutralidad ucraniana aceptada en los ’90, y esa movida ─neocon─ se desplegó desde 20 feb. 2014, con Maidan… y dólares.

[7]   Edward Said, From Oslo to Irak, Pantheon Books, N.Y.,2004, cit. p. Traverso, E., Gaza Faces History, Other Press, N.Y., 2024.

[8]   Gaza Faces History, ob. cit.

Publicado en Globocolonización, Medios de incomunicación de masas, Palestinos / israelíes, Poder mundializado

7 de octubre de 2023 en Gaza: ¿operativo asesino, liberador o de falsa bandera?

Publicada el 21/12/2025 por luissabini

19 octubre 2025

por Luis E. Sabini Fernández

Ante la tan hermosamente bautizada columna de Hoenir Sarthou Indisciplina Partidaria, la del 8 de octubre 2025, me permito algunos comentarios.
por Luis E. Sabini Fernández
https://revistafuturos.noblogs.org/
 
En dicha columna, nuestro autor sospecha que si se difunden noticias tan devastadoras como matanza de infantes, arrasamientos de viviendas y hospitales y otras atrocidades que el Estado de Israel ha acometido con inusitada franqueza, tiene que haber “algo raro”. Y dice, muy suelto de cuerpo, que otros “campos de batalla”, otras “guerras” contienen atrocidades sin cuento que los medios de incomunicaicòn de masas más o menos sistemáticamente escamotean.
 
El peligro con pensar por analogía es que nos podemos equivocar con demasiada facilidad. Si por ejemplo, en el atroz conflicto que campea en el Congo africano, del cual sabemos poco y nada por los medios de incomunicación de masas, se matan rehenes, se sacrifican infantes, hay que incursionar en la infame historia de la colonización europea del África, para entender siquiera una pizca. Análogamente, en la atroz situación en la que los palestinos son arrinconados, hambreados, exterminados, hay que examinar qué ha pasado y sigue pasando en Palestina; con el colonialismo sionista y sus rasgos más significativos. Entonces veremos la importancia de lo bíblico y las tesis del sionismo: que encarnan –creen encarnar, se sienten llamados a encarnar− el pueblo de dios. Y por ello se sienten incomparablemente más importantes que otros humanos, que para los rabinos más recalcitrantes son en rigor animales con forma humana.[1]
Sarthou “ve” una operación ensamblada entre los atacantes del 7 oct. 2023 y los receptores de dicho ataque. Porque, aclara, “Hamás siempre tuvo tratos económicos con Israel”. Dicho lo cual, se nos invita a pensar que todo el asunto consiste en un affaire calibrado, previsto, organizado. Entre seres hipercorrompìdos (por ambos bandos).
Podría aceptar una historia tan instrumental, de soborno y bajo precio, cuando las direcciones corruptas o conciliadoras salvan su pellejo. Pero si algo vemos en la resistencia a las atroces políticas israelíes es que las direcciones palestinas, sucesivas, pagan esa resistencia con sus vidas. Por ejemplo, Hassan Nasrallá o Yahya Sinwar. ¿“Acordarían negocios” para ser inmediatamente ejecutados por el MOSSAD israelí?
Interpreto, más bien, que agotados y exhaustos por una planificación exterminadora inmisericorde, por una política israelí tipo boa constrictor, la dirección de Hamás lanzó una operación desesperada, para poner al desnudo el genocidio que lenta e implacablemente venía llevando a cabo Israel  en Gaza, desde 2006. Haciendo que esa odiosa política se exponga (“agudizando las contradicciones”, se solía decir en las luchas, a menudo equivocadas o falsas, por el socialismo en el s xx).
Nuestro autor desconfía: “Cuando un conflicto violento tiene cobertura mediática y conmueve a las almas sensibles del mundo, a los militantes progresistas, a las estrellas del cine y de la música, a las ONG, a influencers ambientales como Greta Thurnberg, cuando es posible abominar públicamente de las políticas de Israel sin ser calificado como nazi o antisemita, algo raro ocurre.”
A un lado el tono burlón, no entiendo lo que parece raro, al día de hoy. Ese cuadro que describe Sarthou era raro sí, pero hace unos años, cuando en EE.UU., era incondicional el apoyo del establishment a  “lo judío”. Esto ha ido variando considerablemente, hasta presenciar hoy a grandes sectores juveniles judíos norteamericanos apoyando a “Gaza” y protestando, incluso contra la intervención violenta de los variados cuerpos armados estadounidenses dentro de fronteras. No Kings.
Vemos más y más programas y espacios mediáticos criticando a Israel, su racismo abierto, asesino y abusivo contra la población palestina; The Gray Zone, Middle East Eye, Unz Review, Antiwar.com, MintPress News, MondoWeiss, Dissident Voice, Global Research, Voltaire.net, Zerohedge y tantos sitios-e lo atestiguan. El colaboracionismo de la prensa canalla tradicional y la proisraelí no alcanza, y ya no están solas.
 
Y ese cambio en la relación de la población estadounidense con Israel (y de la misma población con “su” gobierno, cada vez más visto como gobierno teledirigido… adivine el lector desde dónde), lo vemos trágicamente expuesto en el reciente asesinato de Charlie Kirk, arquetípico representante del American Way of Life, sostenedor incondicional de Israel, negando que los palestinos siquiera existieran, quien en sus últimas semanas tuvo una “crisis de fe”; rechazó una inyección de cientos de millones de dólares con los que Netanyahu quiso reinsuflarle “fe en Israel”.
Se aproximó, en cambio, “peligrosamente” a Tucker Carlson, un periodista mediático (y a la vez, de investigación) cada vez más interesado en entender qué es lo que pasa entre EE.UU. e Israel.[2]
Kirk recibió un comunicado inapelable bajo la forma de proyectil en el pescuezo (piense el lector en la diferencia con la “operación” llevada a cabo en la oreja de Trump (métodos emparentables aunque para finalidades muy distintas).
En EE.UU. se ve hoy que ni siquiera un Kirk se hace compatible con  el paladar israelí.
Porque el derramamiento de la sangre, incluida la de niños palestinos, familias enteras palestinas, ha ido ahogando de vergüenza e impotencia a más y más sectores de la sociedad norteamericana. Como afortunadamente ha pasado también en muchas otras sociedades, sólo que la empatía y la capacidad de sacrificio y una actitud solidaria en nuestro presente, tan mediatizado y distraído, no logra acumular el impulso necesario como para modificar la realidad que sigue manipulada por muy precisos mecanismos de poder y de exclusión.
 
Fue el asco moral, encarnado también en periodistas de origen judío, lo que aisló el contraataque israelí (al margen de cuán fingida pueda haber sido toda la secuencia basada
en el gambito inicial de haberse dejado copar por irregulares palestinos para poder acentuar la reacción de autodefensa).
El párrafo de Hoenir Sarthou que cree ver “algo raro”, “abarata” la reacción de grandísimos sectores de muy diversas sociedades ante la desmesura, el comportamiento absolutista, la política genocida israelí, en suma.
Y cuando digo muy diversas sociedades, pienso en sociedades turcas, chinas, irlandesas, coreanas, venezolanas, àrabes, españolas, italianas, griegas, norteamericanas, sudafricanas, noruegas y hasta, modestamente, la uruguaya, pese a su proverbial dependencia ideológica −construida− con lo judío, con el sionismo y con Israel. Porque en Uruguay hubo más de cien valerosos judíos que rompieron filas y repudiaron el genocidio israelí en Palestina (ya francamente avanzado en Gaza, pero sentible en toda Palestina, en todo lo palestino).
Las relaciones entre Hamás, la OLP, Israel son presentadas por Sarthou como realidades acabadas, frías, y por eso inmutables. Con lo cual cualquiera de esas relaciones deviene un conciliábulo, más o menos fríamente programado.
Pero la historia real de tales relaciones es viva, palpitante. Pese a que nos esté vedada en gran parte.
Fue Israel, su craneoteca, la que programó un esmerilado de la OLP y Al Fatah, su organización mayor, con su líder cada vez más significativo (porque todo poder prefiere apuntar sus baterías con un objetivo cuanto más claro y encumbrado, mejor… y suprimible).
Aunque Arafat se dejó seducir por una jefatura más bien simbólica, nunca se entregó totalmente y la prueba parece estar en sus últimas ropas contaminadas con material radiactivo que su viuda denunció.
Pero el destino de Al Fatah ya estaba sellado: pasado el enamoramiento guerrilleril de los tardíos ’60 y comienzos de los ’70 –el Che, la Baader-Meinhof, Walsh− , la organización palestina principal quedaba en manos de Mahmud Abbas que acordó con el poder ocupante, la construccion de una policìa palestina, armada y entrenada por Israel y EE.UU. Esa policìa fue muy activa en la represión de… palestinos y jamás le tocó un cabello a un israelí. La traición se había completado.
Con la callada tolerancia de organizaciones “propalestinas” en diversos sitios, como Uruguay o Argentina, que escamoteaban la crítica a esos representantes palestinos cooptados por Israel, la bandera de la soberanía y la liberación pasó de socialistas a islamistas −algo extraño para miradas rioplatenses, orientales, mucho más laicas−. Pero así se hizo carne en la segunda mitad del siglo XX y todavía más con el s XXI; el colapso soviético no hizo más que rubricar aquella derrota ideológica que ya estaba alojada en las pretensiones de un socialismo científicamente ineluctable.
Pero si la emancipacion no cuajó  como tantos sueños y proyectos emancipadores, ¿por qué habría de ser más certero el acceso a la liberaciòn a través de una iglesia monoteísta, preestablecida, apoyado a todo lo más con un sacerdocio, lógicamente verticalista? Ni en el Corán, ni en la Torah están las llaves de una emancipaciòn humana y aunque los Evangelios universalizaron la búsqueda de justicia y valores−para−todos, entiendo que no es tan sencilla la ecuación.
Sentirse responsable “por todo” es por tanto, condición necesaria para encarar la existencia humana. Necesaria, pero no suficiente.
Pero sobre todo, como dicen viejas consignas, “la liberación de humanos será obra de los humanos mismos”. Y no de sus varios dioses.        
 
Estamos así, con diversos ropajes ideológicos y políticos ante un aconteciminento que ha generado un antes y un después de sordidez pocas veces igualada. Por su desfachatez, por la increíble “buena conciencia” de sus ejecutores, que, por ejemplo, se maquillan para embellecerse a la vista desoladora de edificios derruidos con probables muertos o moribundos entre sus escombros.
 El “Ejército Más Moral del mundo” se guía por preceptos morales talmúdicos y bíblicos… para extinguir la vida “de los otros”. Los despreciables,  los ajenos: nosotros.□
 


[1]  Judíos que leen hebreo y se consideran más ligados a la humanidad toda que al culto judío han analizado el papel  racista y de autoendiosamiento en ciertas sectas judías, con mucho peso en Israel. Véase a los extraordinarios Israel Shahak y Norton Mezvinski, El fundamentalismo judío en Israel, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2004.
[2]  He abordado esta cuestión en «EE.UU. e Israel: una cuestión de élites», en https://revistafuturos.noblogs.org/, 26 mar 2025.

Publicado en General

Palestinos                                                                                                                   25 05 06

Publicada el 07/05/2025 por luissabini

NORMALIZACIÓN DE LO INORMALIZABLE

Luis E. Sabini Fernández

Un curioso alineamiento se está gestando ante el descaro de la operación genocida israelí sobre la población palestina.

Por un lado, aun en medio de un “bostezo del mundo”, como muy gráficamente pintara Jonathan Cook nuestro presente planetario, bostezo al menos institucionalmente indiferente ante el escándalo de la matanza programada −no de individuos o grupos, lo cual ya sería gravísimo, sino de millones de habitantes en proceso de exterminio− que el sionismo ha decretado como judío y sagrado.[1] 

Empiezan a aparecer, en proporciones cualitativamente diferentes, judíos que rechazan esa “limpieza étnica”, o al menos rechazan que se la haga en su nombre.

Siempre hubo judíos, desde el origen mismo del conflicto que rechazaron este tipo de “soluciones”. Judíos lúcidos, valientes, respetuosos ante la población radicada en Palestina; recuerdo el mensaje de un socialrevolucionario ruso, narodniki judío, a fines del s xix, criticando a los sionistas que procuraban engañar a los natives y de ese modo, robarles la tierra, o al poeta judío palestino Jakob de Haan, que se negó a dejar de dialogar con los árabes y los sionistas lo asesinaron como escarmiento (1924), o a Marek Edelman, del Gueto de Varsovia, que no aceptó plegarse al suicidio colectivo de los sionistas dirigidos por Mordejai Anilevich, escapó por las cloacas varsovianas, al año siguiente debió enfrentar otra vez a los nazis, ahora bombardeando toda Varsovia, se restituyó a la vida civil tras la derrota nazi, recibiéndose de médico, y cuando el flamante Estado de Israel que capitalizaba los resultados de la lucha antinazi lo invitó a “la patria judía” como héroe de guerra, declinó semejante “honor” rechazando de plano la actuación sionista y el engendro israelí.

Podríamos recordar también a los refuseñik, los 52 osados militares israelíes que en la primera década del s xxi, se negaron a seguir matando civiles palestinos en los territorios que Israel reclamaba para sí (o en territorios conexos… como con la guerra contra Egipto, o contra Líbano). Pero advirtamos que los 52 valiosos objetores formaban parte de un ejército con más de cien mil miembros. 52/100000….5/10000, 0,5 /1000: uno cada dos mil soldados resiste la masacre racista e imperial. Es mucho para el objetor, es poquísimo  en términos de resistencia social al abuso.

En este presente psíquica y culturalmente insportable de 2023 en adelante, son más los judíos ahora que se desmarcan de la banda enloquecida de Ben Gvir, Bibi Netanyahu y Bezalel Smotrich.

Pero el desmarque tiene valor si advierte la hondura del genocidio en acción, y si la reacción llega a donde tiene que llegar: a dar con la causa de la situación.

El conflicto palestino-israelí es el más largo de nuestro presente, de nuestra contemporaneidad; tiene casi siglo y medio de “edad”: arranca cuando el yishuv –la colonia judía en Palestina− que se supone está allí desde tiempo inmemorial; experimenta un cambio que lleva a una doble designación: el viejo yishuv y el nuevo yishuv; este último con la llegada de sionistas de “nuevo cuño”, europeos, askenazíes. A finales del s xix.

El sionismo no se confundió nunca con toda la colectividad judía en país alguno. Pero el avance a veces arrollador de los sectores sionistas dentro de las colectividades judías siempre fue en ascenso, sobre todo a partir de 1948, con el establecimiento del Estado de Israel. Y sobre todo, muchos judíos, aun sin adherir a las tesis sionistas (retorno al presunto país original), tendieron a aceptarse como parte del mismo mundo, del mismo etnos, del mismo origen. Aunque el origen de las diversas manifestaciones judías a lo largo de la historia sean o hayan sido tan disímiles. Tanto es así, que el proyecto sionista que busca asentarse en Palestina proviene de judíos askenazíes, fundamentalmente descendientes de jázaros que, étnicamente, poco y nada tienen que ver con los judíos del Mediterráneo Oriental, de las presuntas tierras bíblicas (algo que le constaba al mismísimo David Ben Gurión, fundador del Estado de Israel).

La pregunta que nos hacemos es: ¿de dónde proviene este descaro psíquico, esta suficiencia que le permite  a la dirección sionista, y con inmenso apoyo de la población israelí, este comportamiento tan pero tan poco humano?

Tanta ausencia de diálogo, tanto orgullo de sí, tanta chutzpah.

Lo grafica la instantánea que una decena de soldados femeninos se sacaron, festivas, en medio del derrumbe generalizado de edificios de diez pisos en Gaza, con o sin gente (palestina) entre sus escombros.

Entendemos que lo que está en cuestión no son sólo las personas tan depravadas como parecen ser los del elenco gobernante israelí. Primero y principal, porque esto no comenzó el 7 de octubre de 2023. Si uno rastrea la historia, tanto la reciente; el tratamiento de las manifestaciones por la tierra de 2019 y 2020, como las invasiones sistemáticas a la Franja de Gaza luego de las elecciones palestinas de 2006, con veedores internacionales confiables que verificaran que la población no aceptaba ni la ocupación israelí ni la dirección de la Autoridad Nacional Palestina (bueno es recordarlo); una supuesta dirección política revolucionaria cada vez más conciliadora con la ocupación, que lo hacía a cambio de un poco de dinero, marginal, algún título o cargo y una cuotita de poder.

O antes todavía, cómo Israel ahogó en sangre las intifadas, o en 1948, con qué frialdad el ejército israelí llevó adelante el Plan Dalet para adueñarse por la fuerza de todo el territorio palestino (lo que los palestinos recuerdan como la Nakba), o antes todavía, cómo el sionismo con sus organizaciones militares y clandestinas junto con el poder colonial británico ahogaron en sangre la huelga general con tomas de lugares de trabajo, de 1936 a 1939 (la sangre de miles de hombres y mujeres palestinas).

Porque frente al ansia de tener una tierra propia, que los palestinos empezaron a sentir cada vez más en espejo a la demanda sionista y en consonancia con el surgimiento −que viene del s xix−, del panarabismo reclamando el autogobierno de la tierra que pisaban, el sionismo sintió, desde el primer momento, que lo suyo era “distinto”.

No era esa ansia de terruño lo que estaba en juego; era su “singularidad”; que lo lleva a odiar el “concepto de ‘normalidad’, que infiera que los judíos “son similares a otros pueblos y tienen el mismo deseo de estabilidad que otras naciones”.[2] Porque “la derecha israelí entera está unida en su resentimiento a la idea de normalidad y su creencia [está], en línea con la religión judía, en que los judios son excepcionales, distintos de otros pueblos y naciones.” (ibíd., p. 67).

Sentirse diferentes, en rigor, exclusivos, tiende “naturalmente” a sentirse por encima. E Israel Shahak ilustra esta penosa cuestión con el testimonio de un rabino, Ovadia Joseph, “renombrado por su erudición halajática [se refiere a derecho de familia y de personas]” que aclara en un escrito anterior a 1996:  “El gobierno israelí está obligado por la ley internacional a custodiar las iglesias cristianas en la tierra de Israel, aun cuando esas iglesias son definitivamente sitios y lugares de culto de idolatría [pese a que] nuestra ley [religiosa] nos ordena destruir toda la idolatría y a sus servidores hasta que la desarraiguemos de todos los sitios de nuestra tierra y de todas las áreas  que seamos capaces de conquistar.” ¡Un strip-tease de los designios de universalización y de imperio de la fe judía que no estamos acostrumbrados a presenciar!

Shahak y Mezvinski no escatiman la mirada a la intolerancia y el dogmatismo del universo judaico. Dov Albaum, un religiólogo judío,  consideraba que la libertad de prensa es un asunto desconocido en la prensa haredi [judíos extremistas o radicales; sionistas y antisionistas], proclamando, en cambio, “el derecho de nuestra gente a no conocer ciertas cosas”  (ibíd). Shahak concluye: “los rabinos censores deciden que es lo que el público no debe saber”.

Los haredim gozan de enorme predicamento entre judíos, religiosos o no. No deja de ser penoso el “razonamiento” que eleva a estos religiosos a la cumbre de la humanidad: Yitzhak Ginsburgh, rabino, explicaba desde la prensa (Haaretz), en 1996: “Si cada célula particular de un cuerpo judío entraña divinidad y en consecuencia es parte de Dios, entonces cada hebra de ADN es una parte de Dios. Por lo tanto, algo es especial respecto al ADN judío.” (ibíd.) Una inferencia gratuita pero presuntuosa…

Más allá de la tautología, interesa su trascendencia práctica. Ginsburgh está hablando de transplantes de órganos (y cuando uno dice transplantes, dice tráfico… como se ha comprobado reiteradamente en clínicas religiosas judías). Ginsburgh prosigue: ”Si un judío necesita un hígado, puede tomar el hígado de un no judío inocente para salvarse […] la vida judía tiene un valor inifinito. Hay algo más sagrado y único respecto a la vida judía.”  ¡Nos está diciendo que la vida y los órganos de no-judíos no importan! (salvo si son de utilidad para judíos).

Shahak y Mezvinski contextualizan tanta religiosidad espiritual, acercándonos a algo más material: “Es digno de señalarse que el rabino Ginsburgh es uno de los autores de un libro alabando a  Baruch Goldstein,[3] el asesino de la Caverna de los Patriarcas.” (p. 116) Ginsburgh aclara en ese libro que: “la muerte de no judíos por parte de judíos [asesinar en nuestro lenguaje] no constituye un crimen y que la muerte de árabes inocentes por razones de venganza es una virtud judía.”

¿Una virtud judía? Equiparable, en el “mejor” de los casos a las vendettas de los más conspicuos grupos mafiosos. Shahak y Mezvinski aclaran que ninguna autoridad religiosa israelí ha contradicho las afirmaciones de Ginzburgh y que prácticamente todos los políticos israelíes guardan silencio o incluso algunos lo han apoyado.

En el sionismo religioso, otra voz fuerte es la de Lubovich. Un rabino de tal cofradía es quien está “elevando” al actual presidente argentino Javier Milei a las regiones judías de mayor espiritualidad. El rabino Lubovitcher, conocido con el nombre de Menagem Mendel Schneerson, cabeza visible del movimiento Chabad, tiene enorme influencia en EE.UU. y ha caracterizado la línea hared desde las últimas décadas del s xx hasta nuestro presente. Schneerson nos dice, por ejemplo: “la halajá estipulada por el Talmud muestra que un no judío debe ser castigado con la muerte si mata un embrión, aún si ese embrión es no judío, en tanto que un judío no debe serlo aun si ese embrión es judío.” ¡Radical desigualdad de tratamiento! Una desigualdad reforzada como para que quede clara la diferencia de estatuto humano. Nos orienta (sin querer, puesto que él escribe y prescribe en hebreo, que no conozco, y yo puedo leerlo gracias al trabajo esclarecedor de nuestros autores, Shahak y Mezvinski).

Recapitulan al rabino Lubovitcher: “La diferencia entre una persona judía y una no judía surge de la expresión común ‘Diferenciémonos’.  Así, no tenemos un caso de cambio profundo en el que una persona está meramente a un nivel superior. Más bien, tenemos el caso de ‘diferenciémonos’ entre dos especies totalmente diferentes. Esto es lo que necesita decirse respecto al cuerpo: el cuerpo de una persona judía es de una cualidad totalmente diferente a la del cuerpo de [los integrantes de] todas las naciones del mundo.” ¡Acabáramos! Los nazis eran aprendices…

Entiendo que esto explica diáfanamente el desprecio por la vida humana palestina,  no judía. Y el desprecio por las vidas árabes en general.

Por eso, algunos judíos tan orgullosos de su excepcionalidad, como por ejemplo Gabriela Balkey,[4] aun condenando las atrocidades de la banda facinerosa comandada por Beniamin Netanyahu, no llegan a la raíz del problema. Del origen del problema; una ideología, religiosa, que tanto ha identificado un pueblo, una etnia, con un dios (propio, exclusivo). Balkey despliega, con naturalidad y modestia, ante el lector, la cantidad de “lumbreras” que el pueblo judío ha brindado en proporción incomparablemente mayor a la de cualquier otra etnia. Y defiende al Talmud como “escuela de debate, duda y reflexión”, pasando por alto las exclusivistas, atroces afirmaciones de la fe judía que Shahak y Mezvinski han puesto a nuestro alcance, para tener al menos un atisbo de la “superioridad” moral, la impudicia que sustenta la ética judía ortodoxa.

El aporte de Shahak y Mezvinski completan el cuadro de enorme desconfianza que tenemos hacia las teocracias verticalistas, en este caso ante el judaísmo (como con el Islam y buena parte de las iglesias cristianas), todas ellas dedicadas a interpretar y obedecer a algún dios).

El abordaje de Shahak y Mezvinski patentiza la situación absurda del “orden penal internacional”, totalmente inerme ante la política israelí. Los representantes de la ONU, ante Israel, actúan como los tres monos sabios.  

Pero esto no es nada nuevo. En 2004, antes de convertir a la Franja de Gaza en un campo de muerte “a fuego lento”, antes de las invasiones mortales a la Franja, rabinos pidieron en una carta elevada al ministro de defensa israelí de entonces, Shaul Mofaz,[5] que el ejército israelí no vacile en matar civiles palestinos: “Los rabinos citaron un mandato talmúdico, manifestando que ‘nuestras vidas están en primer lugar’.”

La carta fue firmada por un número de rabinos israelíes incluyendo a Haim Druckman, un ex miembro del Knesset que dirige el gran movimiento fundamentalista; Eliezer Melamed, director de una universidad religiosa y Youval Sharlo, director de otra universidad talmúdica en Petah Tikva que combina estudios talmúdicos y servicio militar activo.

Los firmantes son ortodoxos, son los que influyen en filas militares.

Otro rabino, famoso, Dov Lior, argumentó que las vidas no-Judías no tienen santidad, especialmente en tiempos de guerra. Lior es otro de los que ha elogiado y alabado públicamente a  Baruch Goldstein. Lior no se va con chiquitas; consideró a Goldstein un «gran santo», y remató:  «miles de vidas de no-judías no valen ni una uña de un judío».

Lior apoyó entusiastamente el asesinato de civiles palestinos en Rafah, diciendo que  «es muy claro a la luz del  Torah que las vidas judías son más importantes que las vidas no-judías». Lior pertenece a los más altos sitiales del rabinato israelí.

Si a ello sumamos la enorme cantidad de judíos progresistas omnipresentes, a menudo críticos del estado de cosas, pero con un resguardo PEP (progresistas excepto Palestina), empezamos a entender por qué la ONU se encuentra en semejante pantano de irresolución, pese a los esfuerzos de su secretario general, el portugués António Guterres, porque resulta imposible de legislar entre naciones y países con tan divergentes presupuestos. Y con tan poco coraje civil para enfrentar el poder de los subsidios.

Todas las exhortaciones, casi súplicas onusianas, caen en el saco roto israelí. Por eso, con total desparpajo y sinceridad, Israel, su dirección, anuncia, por ejemplo, «la conquista de Gaza» –expresamente prohibida por los estatutos onusianos−, pero de inmediato declara mentirosamente que programan el desplazamieinto de sus pobladores “para su protección”. En realidad, una propuesta propalada casi simultáneamente nos devuevle a la realidad: Israel quiere desalojar a los gazatíes y enviarlos, empaquetados, a Jordania y a Egipto.

Desgazatizarlos, deshistorizarlos. Y si los matan en el camino, no   les   importa. □


[1]   Una de las tantas incongruencias y saltos mortales ideológicos a los que las grandes potencias (incluida la judía) nos tiene acostumbrados: el sionismo se pretende laico, no religioso y a la vez recurre a textos que supone ”sagrados” para legitimar sus acciones. Como apunta ácidamente el historiador Laurent Guyénot: ‘no creemos en dios, pero él nos dio esta tierra.’

[2]  Israel Shahak y Norton Mezvinski, El fundamentalismo judío en Israel, Ed. Canaán, Buenos Aires, 2015.

[3]  Un médico judío que ametralló a  musulmanes orantes, asesinó a algunas decenas, siendo ajusticiado por los sobrevivientes.

[4]  “No hablan en mi nombre”,  Brecha, 2 mayo 2025.

[5]  Carta de rabinos al ministro de Defensa, 7 set. 2004.

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BASURA NUESTRA DE CADA DÍA

Publicada el 20/04/2025 - 25/04/2025 por luissabini

por Luis E. Sabini Fernánez / 16 abril 2025

Uruguay se acerca a elecciones departamentales y municipales. De intendentes, alcaldes y juntas locales.

Es el tiempo para enfrentar, una vez más, incontables problemas y aspectos deficientes y en particular enfrentar, una vez más, “la basura”.

Hasta su denominación es problemática y no ayuda a resolver el problema que todos percibimos.

Cuando los vecinos de Villa Olmos (relativamente cerca de Soca) se nuclean para resistir la instalación en sus inmediaciones de un basurero gigante y central, que se supone para todo Canelones, tal reacción nos resulta totalmente comprensible.

Porque “la basura” así dispuesta no es sino fuente de contaminación callada, subterránea a medio plazo (que mal gestionada, producirá contaminación de inmediato).

Porque intentar resolver “la cuestión de la  basura” mediante recursos técnicos es un error serio, incluso grave, porque es una cuestión cultural.

Es decir, que nos atañe a todos los que vivimos en una sociedad.

Y las soluciones técnicas son las cómodas, las que nos simplifican, nos facilitan, etcétera. Pero nosotros, como integrantes de una sociedad, como consumidores, como productores, generamos “basura” de un modo tan permanente, continuo y tan heteróclito, que forma parte de nuestro estar-en-el-mundo; en una palabra, forma parte de nosotros.

Los famosos y hoy omnipresentes contenedorcitos, tan primorosos y  bien proporcionados, que fueron “presentados en sociedad” como una solución a la misma cuestión, hace ya décadas, por el entonces intendente de Montevideo, arquitecto y paisajista Mariano Arana, nos alejaron de la solución. Por ser precisamente una solución meramente técnica, de aparatos.

Cuando vemos un contenedor casi vacío, con todos sus dispositivos aptos, y alrededor desparramados a muy corta distancia, desechos varios, bolsas de desperdicios, advertimos que la población, que un sector de la población, no entiende ni atiende lo de “la basura”. Ese contenedorcito nos está diciendo que hay gente que no “dialoga” con ese aspecto, problema, rasgo constitutivo de nuestras sociedades presentes, consumistas pero irresponsables.

Uruguay ha sido estragado, culturalmente, por el awol. American Way of Life. Sobre todo, desde 1945, con la hegemonía cultural de EE.UU. en aquella posguerra. Uruguay, como “todo el mundo”, aceptó alegremente aquella “revolución de la vida cotidiana”, el use y tire, la plastificación de nuestros utensilios y recursos, el lavilisto, que además coincidió con un período de “vacas gordas”. Cuando tales vacas enflaquecen (en 1957 se suspenden las importaciones por falta de dólares en el BROU, Banco de la República Oriental del Uruguay, entonces la institución a cargo de la regulación cambiaria del país), y “los orientales”, por lo menos los de a pie, empezamos a apretarnos el cinturón, aquello del use y tire… pervivió.

Nuestra sociedad aceptó gustosa la comodidad. No avisaron que venía con venenos nuevos, desconocidos.

Los más memoriosos tal  vez recuerden, en mi infancia estaba “el hombre de la bolsa”, no sólo para asustar niños que macaqueaban con la comida, sino también, y en serio, para retirar botellas, entonces de vidrio. Era “el botellero”. Se refundían.

Y mi padre, cada tantas semanas me daba una pila de diarios viejos que yo iba a cambiar por unos vintenes para mí, es decir a venderlos. Tenía dos “clientes”: el verdulero de la esquina o, caminando unas cuadras más, el depósito de diarios; se procesaban industrialmente como cartón gris.

Y luego del horario escolar, algunos “adultizados” salíamos a recoger metales por la calle y revenderlos: desde pomos de pasta dental hasta latas de alimentos en conserva, pasando por tapas metálicas de botellas y un montón de etcéteras.

Era el tiempo en que el sobretodo ya gastado de papá trasmutaba en saco de señora y, con una nueva metamorfosis, en chaqueta del nene…

Y los perros y gatos, que todavía no se habían transfigurado en perrhijos o gathijos, eran, de facto, omnívoros. Porque comían los restos de las comidas de sus dueños. Pero no sólo del asado dominguero, sino de los guisos, las pastas, de todas las comidas que ya los humanos de la casa no ingerían.

No existía esa comida para perros, de primera calidad, que viene en avión desde EE.UU. especialmente fletada para que tu perro goce al parecer manjares (aunque también hay que registrar que los perros antes no presentaban tumores y hoy en día, suelen formar a menudo varios,  un solo perro…).

Hasta 1945 existía, por cierto, el desperdicio. Pero el fuego reducía al final  toneladas a gramos de ceniza. Hasta la difusión de los plásticos. Una difusión que fue como un reguero de pólvora. Y que impide “la quema” (que por ignorancia o tozudez se prolongó un tanto, pero la quema de plásticos es tan pero tan tóxica que hasta el menos avisado la rehúye).

Y así ahora, “la basura” son toneladas. De plástico en primer lugar, pero también de todo lo que no se reúsa ni se recicla, ni se rehace.

“La basura” ahora es además un conglomerado tóxico, cuyos lixiviados son fuertemente venenosos (y que por la ley de la gravedad van hacia las aguas fluviales o subterráneas).

Y es una cuestión cultural porque nos atañe a todos. Incluso a los idiotas.[1]

Si advertimos que lo de la basura es lo que nos sobra a todos nosotros (a menudo después de haber hecho uso de algo, a veces ni siquiera), el camino a seguir, el partido a tomar, tiene que ser qué hacer con ello.

Con el plástico, dadas todas sus toxicidades (hoy tenemos microplásticos en los tejidos de nuestros cuerpos, hasta en las placentas), negarnos a usarlo en la medida de lo posible o reducir, ir reduciedndo sus usos.

“Las bolsas de plástico” llegaron a ser tan invasivas, en los ríos, arroyos, en los “basureros” y muy especialmente en los órganos digestivos de todos los animales que las ingieren creyéndolas alimentos[2] que han sido finalmente sustituidas por bolsas de papel en los comercios de alimentos.[3]

CUÁNDO SE SUPRIMIERON LAS BOLSAS DE PLÁSTICO EN ALMACENES Y COMERCIOS DE VÍVERES

BanglaDesh, 2002.

Rwanda, China, 2008.

Italia y el DF mexicano, 2010.

Senegal, 2014.

Dinamarca, Francia, Suiza, Taiwán, Irlanda, Israel, Canadá, 2015.  En ese año también se establece la prohibición de tales bolsas en algunos estados de EE.UU. y de Australia.

En ese mismo año, Ingaterra y Alemania establecen pagos para poder usarlas.

Puerto Rico  y Colombia, 2017. En ese mismo año se establece dicha prohibición en Buenos Aires [no sabemos si en la provincia de ese nombre o en la capital federal argentina, homónima] y en otras dos provincias argentinas: Neuquén, Chubut.

Uruguay, España, 2018.

Costa Rica, Chile, 2019

México, 2020

Extraído de internet, diversas fuentes  sobre “bolsas de plástico y su prohibición”.

Los materiales plásticos, con su toxicidad, tanto tiempo escamoteada, pero ya indisimulable, no son el único aspecto de “la basura nuestra de cada día.”

Otro aspecto de los desechos cotidianos son los orgánicos propiamente dichos. Los restos alimentarios  (y otro capítulo son los productos tóxicos que manejamos a diario; desde medicamentos hasta productos químicos de uso doméstico).

Los restos alimentarios, mediante una selección primaria y no complicada, son compostables (excluyendo cárnicos y cítricos).  Existen  las limitaciones materiales que pueden ser decisivas y están en proporción directa a la densidad poblacional.

En tiempos “premodernos”, digamos hasta mediados del s. xx, las viviendas, incluso modestas, solían tener jardín y/o fondo. El compostado y la recuperación energética era tarea cotidiana; había muchos vecinos con plantitas, cosechando albahacas, tomates, morrones, lechugas. Y frutales. Los desechos alimentarios iban a “las gallinas”.

En nuestro presente, la población “de apartamentos” ha aumentado considerablemente. No hay fondo, no hay gallinas (ni los quiere haber). No es sólo es cuestión de densidades; es también de formas de vida.  El eje de nuestro comportamiento social pasa hoy por el celular y su presunta información (en rigor, dispersión), por la conectividad (ésa sí bien real), la modernización, la tercerización…

LAS COMPARACIONES SON ODIOSAS: ALEMANIA

Alemania, 60 millones de habitantes en un territorio equivalente a un Uruguay y medio, tuvo que resolver el “apretujamiento”. Luego de diversas tentativas, algunas penosamente modernas, como el quemado de toda la basura para su recuperación energética que le significó un deterioro de la calidad del aire (pese al enorme desarrollo de los filtros industriales), encararon un sistema denominado incialmente DUALESS (hoy DUAL), por el cual fueron recuperando diversas áreas del consumo, escalonadamente.

En 1986, ya habían llegado a recuperar el 86% de los envases y embalajes utilizados en el país. Aspiran a llegar al 96% de los materiales que llegan a cada hogar. Debieron comprometer a la pobación con,  por ejemplo, variados recipientes para alojar en ellos vidrios, plásticos (PE, PES, PVC, PET) diferenciados, metales, papeles blancos o impresos, etcétera. Encarar  así la reducción de “basura” no es una cuestión meramente técnica. Es algo que desafía nuestras pautas culturales y de comportamiento.

Como sociedad  tendremos que ir buscando las mejores soluciones. O las menos malas.

Nuestra idiosincrasia no es como la germana. Pero el problema que tenemos con “la basura” es del mismo orden. Sabemos que recuperar no es tarea sencilla. Uruguay, que hace unas décadas tenía hornos de fundición de vidrio a escala industrial, los ha perdido todos. Por miopía de gobernantes que se dejaron apabullar por la invasión literal de la petroquímica y sus señuelos, imaginando un futuro paradisíaco.

Algo similar sucede con los artefactos electrónicos. ¿Por qué dejarle sólo a las sociedades del sudeste asiático la tarea de recuperar los materiales y metales de los artefactos  y artilugios que ya no funcionan (porque su vida últil es corta, y cada vez más corta).

¿Qué es mejor?, ¿sustraer cables eléctricos en desuso (o a veces en uso), fundirlos para desembarazarse de los forros plásticos, contaminando el aire y terminar exportando el cobre? (Uruguay es país exportador de cobre… sin yacimientos propios). ¿O desmontar la aparatologíìa electrónica caduca u obsoleta y recuperar sus partes, por ejemplo, metálicas?

Tenemos mucho para elegir u optar para seguir viviendo en, del y con el planeta.□


notas:

[1] Uso la palabreja en su sentido etimológico, original: en griego se llamaba idiota a quien sólo se preocupaba de su esposa o de sus hijos o su perro, y no atendían “la cosa pública”, la convivencia.

[2] En Costa de Marfil se las prohibió tras verificar que la mayoría de las muertes de ganado doméstico se produce por su ingestión.

[3] Algo que no nos resulta muy honroso es que dicha sustitución se haya concretado en nuestro país cuando era ya “cola de perro” en el concierto internacional de sustitución y rechazo de tales bolsas.

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URUGUAY: DESTINO DE PAÍS

Publicada el 20/04/2025 por luissabini

5 abril 2025

por Luis E. Sabini Fernández

Vivimos una sociedad amansada. Pero nos está meciendo un viento de resistencia a tanto despojo hasta ahora impune.

Con el paso del tiempo, la presión de diversos inversionistas ha crecido en nuestro país, pero ya no somos tan inocentes o cómplices.

La forestación y el agua  parecen ser dos atractores fundamentales.[1]

El papel de productores de celulosa asignado en los diseños globales al Uruguay hoy está no sólo a la vista sino reconfigurando toda nuestra realidad territorial, económica y productiva: UPM-exBotnia en el río Uruguay, Montes del Plata en Conchillas sobre el Plata, UPM en Pueblo Centenario sobre el río Negro, ya construidas y en funcionamiento, y con intenciones de establecerse otra planta en Laguna Merim, al este de nuestro país y hasta se habla de una quinta en el litoral atlántico, al sureste. Con lo cual convertirían al Uruguay en el atendedor del P.H. de buena parte del mundo…

La escala es relevante y la gran escala deshace a las economías medianas y pequeñas.

Desde 1984, el accionar de las multinacionales no ha hecho sino acentuarse. Con el auspicio de la ideología progresista, empeñada en confundir el progreso tecnológico y capitalista con el despliegue  saludable de las potencialidades humanas, los consorcios transnacionales tuvieron el campo de acción más despojado, si cabe.

Más allá del optimismo inicial por “las grandes inversiones multinacionales”, la total indefensión del país, recubierta de optimismo gracias a  un “excelente grado inversor”, con los años, las décadas, vamos viendo el revés de esa trama. No se protege al país, se protege a los inversores y emprendimientos que esas mismas corporaciones transnacionales establecen en el país.

Hay aspectos valiosos también en esas inversiones, como el desarrollo de energía eólica (en un país, el nuestro, que cuenta desde hace un siglo con otra energía renovable de enorme valor ambiental; la hidroeléctrica). Pero el costo de inversión de estas energías renovables, de baja toxicidad, no le ha permitido al país poner a disposición de sus habitantes energía a bajo precio.

La crisis del agua, la acumulación de residuos y su escasa recuperación,[2] el deterioro de la infraestructura vial (que también, a la vez, ha mejorado en los últimos años), constituyen diversos gravámenes a nuestra calidad de vida.

Que de un tren que le ha costado al país miles de millones de dólares, solo veamos la impecable vía nueva  que traslada celulosa y productos químicos tóxicos que eventualmente se irán desperdigando por nuestras tierras y suelos, es un dato adverso. Porque en el país se asientan tecnologías nuevas −favorables o desfavorables− pero entre nosotros, su población, aumenta la cantidad de los “sin casa” o sin techo.

Ha aumentado la tasa nacional de mortalidad,[3] y aunque ni las estadísticas ni los analistas alcancen a discernir las causas, es evidente que ése es un signo de deterioro humano y de que no vivimos mejor.

Lo mismo tenemos que decir ante las progresivamente  menguadas tasas de natalidad.

Solo los animales en cautiverio, las especies en peligro de extinción, la fauna afectada por diversas zoonosis, presentan disminución poblacional.

Y nosotros, sociedad humana, ¿somos tan distintos?

Llegamos al siglo xxi y nos acosan propuestas, todas ellas “tentadoras” y “formidables” de enormes beneficios… para sus inversores. Refrigeración de archivos-e, elaboración de metanol, hidrógeno verde (una estimación para este último producto habla del insumo de 4400 m3 de agua por día para su plan de producción estimado en 84 000 ton. de combustible anual). ¿Podemos permitírnoslo? Segunda pregunta: ¿desde el acuífero Guaraní?

La pandemia Covid nos dejó un sabor amargo con la obligatoriedad de hecho de vacunas que eran expresamente voluntarias, y para colmo, ingresadas al país como material secreto (comercial), como si los dividendos fueran más importantes que la salud.

Conceder la administración del puerto de Montevideo (el principal por no decir único del país) por más de medio siglo a una empresa belga. 60 años. 12 presidencias. Constituye un abandono de soberanía…

O el “regalo” del país (no elegido por el país) de más de 120 millones de litros diarios a UPM  (12000 m3 de agua por día) en el río Negro. Agua que devuelven “enriquecida” con un número innegable de sustancias tóxicas.

Si se hace una compulsa, estoy seguro que mucha gente no va a aplaudir a los agricultores hipermodernos que implantaran en 2021 trigos transgénicos en Uruguay (y en Argentina), únicos países del mundo que han optado por tales granos.[4]

Y en este panorama, cuando más población advierte la jugada de esa u.t.e., unión transitoria de empresas, compuesta por SACEEM, Berkes, CIEMSA y Fast, de haberse “inventado” una gran tarea, un gran negocio, de muchos cientos de millones de dólares, a la vista de la crisis de agua corriente que ha ido carcomiendo a OSE, a sus cañerías mal mantenidas y a la confianza excesiva en las bondades de nuestra agua potable, al novel presidente Yamandú Orsi sólo se le ocurre apelar al valor de la palabra empeñada por el estado uruguayo. Una palabra dada por un presidente, Lacalle Pou, que ha mostrado las más de las veces afinidad con los titulares de la sartén “y del mango también”.

Orsi acaba de concurrir al Latin Annual Meeting, de Punta del Este, para señalar que así  “se demostró la certeza jurídica de Uruguay”.

¿Qué es la tan invocada certeza? Es aquella consigna que cuando alguien consigue, “por la razón o la fuerza”, por contactos y fuera de toda evaluación objetiva, algo, “arranco un pelito y lo tiro al campito” y ese negoción queda prendido como garrapata. No importa que, consultados quienes saben, sean todos ellos escépticos o críticos.

Con esa alusión, Orsi le acaba de decir a quienes pergeniaron el proyecto Neptuno o Poseidón, que está en pie, en orden. Que podríamos llegar a cambiar en algunos km la distancia de la toma, o del pólder. Pero que la ideota de extraer agua para potabilizar del Río de la Plata, por más salobre o contaminada que esté, quedará en pie. Ya habrá segundas etapas donde, agregando costos, se podrá depurar mejor o desalinizar (ya tenemos empresas en ristre esperando tales momentos).

Orsi tendría que explicar qué es lo errado del partido tomado hasta ahora de considerar al Santa Lucía, la mejor opción.

Claro que la cuenca del Santa Lucía no pudo aguantar la combinación de sequía y varios cientos de suministros a agroindustriales que ahorraban costos recibiendo agua de OSE en lugar de forjar sus propias fuentes de suministro (todo eso, legalizado por la dudosa Ley de Riego de 2017).

El presidente Orsi estuvo en el encuentro anual latino, en rigor denominado Latin Annual Meeting, con sede en Punta del Este.

Aunque nos resulte arduo saber encuentro de qué. Porque reunirse por ser latinos y comunicarse en inglés, no resulta del todo… ¿no? Un Latin Annual Meeting, que por los videos que han dejado traslucir −con bailes, juvenilia y casamiento por iglesia− parece muy festivo, no me resulta el ámbito más adecuado para encarar y valorar decisiones, como el suministro de agua potable a la población de todo un país, nada menos.

Orsi aparece flanqueado por los expresidentes Julio M. Sanguinetti y Vicente Fox. Al perfil ideológico del Latin Annual Meeting parece quedarle a la derecha, sólo la pared.

¡Quién te ha visto y quién te ve! ¿A qué responde tamaña conversión ideológica?

En ese encuentro, Orsi resaltó el recurso a la palabra empeñada… por otros. Como si el poder ejecutivo de un país fuera un continuum.

“La palabra vale y los compromisos que el Estado[sic] asume se cumplen”, dijo.

¿Cómo entender que la palabra de un Sanguinetti, de un Lacalle Pou, de un Orsi son todas continuas y por lo tanto intercambiables?

En otros tiempos, la palabra de alguien tenía que ser coherente en primer lugar consigo mismo, en segundo lugar con sus compañeros, pero no necesariemente con quien ocupara el mismo lugar, digamos el presidencial. Se podía coincidir, o no. Si se coincidía, se seguía la misma política. Si no se coincidía, se trataba de instrumentar otra.

El pasado otorga muchas lecciones. Con mucha precisión, Adriana Cabrera Esteve nos recuerda que el plebiscito de 2004 estableció que el servicio de agua potable a la población del Uruguay debía ser público y que eso obligó a cancelar las concesiones a empresas privadas en Maldonado. Que ya estaban concedidas. ¡Que ya estaban “con certeza jurídica”! usando la expresión del actual presidente.

Con lógica impecable, Cabrera se pregunta por qué si Vázquez lo hizo no debería hacerlo Orsi.

La idea del ‘hilo jurídico intocable’ no es sino una humorada de mal gusto para cubrir con presunta legalidad aspectos cruciales que, como tales, deberían ser discutibles.

El actual presidente convoca, para encarar el proyecto de la u.t.e., a la Corporación Nacional para el Desarrollo, a los ministerios de Ambiente y Economìa y Finanzas y a OSE. No convoca a los diversos organismos, universitarios, por ejemplo, o redes sociales de cuidado ambiental que justamente conocen del tema y (pero) se han opuesto al proyecto.

Orsi inclina deliberadamente la cancha a favor de la u.t.e. encabezada por el ing. Alejandro Ruibal. El gobierno opta así contra el conocimiento y por el interés crematístico.

Cierta insistencia en reclamar cambios renegociando el contrato firmado primariamentre por el gobierno anterior, para modificar, por ejemplo, el sitio de la toma sobre el río, resultan cambios cosméticos a los cuales los empresarios de la u.t.e. se avendrán con regocijo.

Pero, ¿qué significaría rescindir un contrato tan peculiarmente firmado, como se dice habitualmente, entre gallos y medianoche?

No soy jurista pero entiendo que se trata de un contrato apenas firmado (aunque la u.t.e. ha procurado acumular hechos consumados para afianzar el compromiso). Una rescisión sería prácticamente ab ovo; no se afectarán grandes obras ni, consiguientemente grandes inversiones. Pondrá apenas sobre el tapete la inconducta del gobierno anterior, que tiró la piedra y escondió la mano. Sabemos que los proyectistas frustrados podrán llevar el asunto al ámbito internacional; un juez del país podría laudar la anulación de tan peculiar resolución tomada por un gobierno que ya no “gobernaba”. Pero aun en el ámbito internacional podrá haber factores políticos en juego no todos a favor del proyecto Ruibal.

 Como bien remata Hoenir Sarthou una nota sobre este mismo tema: “Una parte [cada vez más] importante de la población empieza a percibir la gravedad de esos contratos, que entregan nuestra agua, nuestra tierra, nuestros puertos, nuestra salud, nuestro dinero.”

Y Adriana Cabrera Esteves remata su nota advirtiendo “sobre qué tipo de desarrollo apostamos. Uno que jerarquice las inversiones extranjeras [o privadas] a costa de nuestra soberanía para mantener los equilibrios macroeconomicos, o un desarrollo que asegure la sustentabilidad.”

Romper entonces el cerco que estos diferentes actores trasnsnacionales nos han estado tendiendo, deliberada o espontáneamente, achicándonos lenta pero sostenidamente: con las zonas francas, con la extracción “graciosa” de agua, con contratos secretos e inapelables. Con la dictadura del capital, en suma.

¿Seguimos “cinco siglos igual”?□ 


[1]   En los ’70 leí una presentación de un cónclave internacional de la rama de producción de celulosa (y fabricación de papel), del que no retuve ni su nombre ni la fuente (apenas el lugar donde estaba; la sede de la WRF, con su secretario general, inolvidable, Ricardo Carrere), que analizaba exhaustivamente la situación de la producción de celulosa en el mundo,  los proyectos de expansión y la consiguente necesidad de implantar más “ejércitos de árboles”, como los decribía Carrere. El informe analizaba y señalaba ocho estados nacionales para incorporar a los productores de celulosa en el mundo. Apenas retuve el nombre de dos: Filipinas y Uruguay.

[2]  Alemania, con su sistema DUALESS  procura llegar a 96% de recuperación; en nuestro país (aún) no hemos podido siquiera conservar un horno, para refabricar vidrio.

[3]  El país tenía en las últimas décadas un promedio de 32 mil muertes anuales. Año 2020 incluido. Con pandemia declarada, pero sin vacunas. Las vacunaciones se inician en 2021 y ese año y el siguiente, 2022, la mortalidad alcanza un promedio de 42 mil muertes anuales. En 2023 baja a cifras promedio a mitad de camino entre las de 2020 y años previos, y las de 2021 y 2022.

[4]  El pretexto es siempre el mismo: combatir plagas. En una suerte de “armisticio” entre organizaciones y redes campesinas de casi todo el mundo y los grandes consorcios transnacionales que manejan semillas, fertilizantes y agrocidas, alrededor del 2000, se aceptó el hecho consumado de la implantación de variantes transgénicas de soja y maíz y simultáneamente se preservó del instrumental transgénico a los dos alimentos más extendidos del planeta: trigo y arroz. Eso es lo que no se atendió desde Argentina y Uruguay.

Al día de hoy, empiezan a ser los agroindustriales de los mismos EE.UU., los que iniciaran el uso de ingeniería genética, en soja y maíz Bt para “vencer” a diversas plagas, los que están abandonando esa costosa solución que (ya) no soluciona: los gusanitos se van haciendo, cada vez más, resistentes.

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