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Categoría: Poder mundializado

El colonialismo sobreviviente y una tercera guerra mundial

Publicada el 21/12/2025 por luissabini

9 noviembre 2025

por Luis E. Sabini Fernández

Un viejo y áspero aforismo chino nos recuerda que cuando el dedo señala la luna el estúpido mira el dedo.

Y así estamos, cada vez más, en nuestra sociedad del espectáculo.

Hablamos de Hamás, no del sionismo.

Hablamos de beepers y intercomunicadores, no de quienes los construyeron. Y por qué.

Hablamos del ejército israelí pulverizando ciudades enteras con su población incluida, pero no de lo que le otorgó a los militares sionistas la impunidad para fabricar escombros con mampostería y cuerpos humanos incluidos; una argamasa que a gatas podemos formular, tan atroz y fuera de todo sentimiento humano nos resulta.

Hablamos de las lanchas explotadas en alta mar en el Caribe o en el Pacífico y no del dios de la guerra que resulta tan hermanado con la modalidad american de vivir-en-el-mundo.

Todo ello nos señala un aumento de la brutalidad política, un despliegue de incontinencia y de arrogancia. Desde las cúpulas planetarias, porque en los llanos, en los marasmos, en las costas, en los suburbios, lo que aumenta es la exclusión y las víctimas.

¿Estamos en la tercera guerra mundial, tantas veces anunciada? Por lo visto, sin que la inmensa mayoría de nosotros lo sepamos y sin precisar desde cuándo.

Varias fechas pueden otorgarse esa patética y trágica efeméride.

14 mayo 1948

Entonces se “funda” el Estado de Israel. Y con ello se reactualiza el colonialismo rampante con que se iniciara la Modernidad occidental en los siglos 15 y 16. 

El ciclo del colonialismo parecía clausurado con el florecimiento de la democracia “universal” en 1945. Muy pronto, se vio que el colonialismo no había desaparecido ni mucho menos, sino que había cambiado sus ropajes, rebautizado ahora neocolonialismo: la diferencia fundamental era que el viejo colonialismo, del British Empire, por ejemplo, llevaba muy orondo, por todos los mares, su bandera británica.[1] Y el colonialismo remozado a partir de 1945, inauguró nuevas banderas para las colonias, para cada colonia más o menos ex. Banderas propias.  Una afirmación de lo propio, pero sólo simbólicamente, en la bandera.

Así que públicamente y con grandes discursos “de emancipación y soberanía nacional” se dio por clausurado el ciclo colonial, vergonzante de abusos, robos y genocidios. Entrábamos a una era de “paz sin violencia”. Democracia para todos, o mejor dicho for everybody. Y vamos a ir viendo que todos no son todos, incluso peor, apenas resultan una minoría.

Pero, ¡oh maravillas de las políticas imperiales! Así como se continuaba con renovados bríos tecnológicos el colonialismo de un modo más artero en el “Tercer Mundo”, cambiándole hasta de nombre y habilitando así con bombos y platillos, estados nuevos, modernos y democráticos, en 1948 se inauguraban (también) estados del viejo cuño: Israel era erigido con población ajena al territorio (en un 95-98%, aunque ingresada gradualmente a lo largo de décadas) y a la vez vaciando en ese territorio más del 50% de su población histórica,[2] y otro estado de viejo cuño en 1948 cambiaba apenas su camisa: la República Sudafricana pasaba a denominarse Unión Sudafricana u establecía con toda legalidad la política de apartheid.[3]

No todo era neocolonial, como por ejemplo, Nigeria, Túnez o Birmania.

En la Unión Sudafricana se le reconocía a los colonizadores europeos derechos sobre tierra despojada a poblaciones africanas; zulú, kongo, luba y otras. Los europeos que habían construido la Unión Sudafricana, eran británicos, llegados al sur africano en el siglo 19, pero holandeses se habían instalado allí mismo desde comienzos del siglo 17 y, más tierra adentro reclamaban ser más “oriundos” que los británicos. En rigor, eran colonialistas exterminadores anteriores; zanjaron sus diferencias en una guerra entre blancos donde los ingleses no dudaron en exterminar a los Boers en el cambio de siglo del 19 al 20. Entender eso le costó a la ONU, unas cuantas décadas… y 27 años de cárcel a Nelson Mandela.

Por configurar el asalto sionista a Palestina una acción tipo “guerra de conquista”,[4] bien se la puede considerar fecha o anuncio de “tercera guerra mundial”. Sin embargo, la inmediatez histórica a una guerra finiquitada con la destrucción de “El Eje”, en 1945, hacía poco imaginable que la humanidad se viera nuevamente envuelta en otra guerra mundial.

La posibilidad de “tercera guerra mundial” adquirirá nueva vigencia entonces cuando desaparezca el “equilibrio de las dos superpotencias” (que tuvo vigencia de 1945 a 1991).

Entonces, EE.UU., sus élites de poder, sienten ─otra vez─ llamada su hora, con el sueño de divisar el siglo 21 como “el nuevo siglo de EE.UU.”, ahora en exclusividad.[5]

11 setiembre 2001

Casi inmediatamente, el mundo será conmovido con el derribo de las Torres del NYC, la

implosión del Edificio 7 y el bombazo o cohetazo contra o en un lateral del Pentágono. Parece demasiado para ser todo llevado a cabo por células terroristas de origen árabe (aunque parece indudable que árabes también están en “el acontecimiento”: en el lugar de alguno de los atentados aparecieron pasaportes o documentos identificatorios de ese origen, maravillosamente enteros).

El 11 de setiembre de 2001 significó la detención inmediata y sumaria en Nueva York de tantos o más judíos e israelíes que de árabes. Centenares. Para tener en cuenta. Sin duda, con toda la violencia desplegada, ese atentado nos acercó muchísimo a una tercera guerra mundial con borroneadísimos personajes. La violencia y la ignorancia aumentan juntas. Lo que gana es la heteronomía. Sigue todavía el misterio sobre el 11 09 2001.

27 febrero 2014 o 24 febrero 2022 [6]

Con la expansión de la OTAN, los neoconservadores, supremacistas, tomaron nuevo viento en la camiseta, y con una craneoteca fundamentalmente sionista, la expansión se hace a costa de muchos estados excomunistas.

De modo que, de los casi 18 estados que constituían junto a Rusia, la URSS, las deserciones voluntarias de estados y sociedades exsoviéticas, ansiosas de quitarse de encima el bozal soviético (las riendas y la sobrecarga), fueron mayoría. Rusia logrará sostener una relación, supuestamente fraterna, apenas con una media docena de estados circundantes, constituyentes de la actual Federación Rusa; Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia, Tayikistán y Kazajstán.

Letonia, Lituania, Estonia, Finlandia, Uzbekistán, Polonia, Eslovaquia, Bulgaria, Rumania, Hungría, Chequia, abandonaron la influencia rusa antes soviética y han ingresado al llamado campo occidental, mediante la integración a la UE, desde entonces francamente agrandada.

Un país de considerables dimensiones en la escala europea; Ucrania, unos 700 000 km2 y unos 45 millones de habitantes, entregando las reservas de bombas atómicas que pertenecieran a la URSS, quedó en “tierra de nadie”. Rusia exigió mantener la neutralización de ese estado, como se había concertado cuando el colapso soviético. Pero las pretensiones hegemónicas de EE.UU., o de fuerzas en su interior (“el estado profundo”), cambiaron su posición.

Ucrania es prácticamente uno de los mayores estados constituyentes de la exURSS, y la craneoteca norteamericana, con Victoria Nuland al frente, entendió que era fruto maduro para la cosecha occidental. Por las buenas o por las… peores. Se produjo la caída de una presidencia amistosa con Rusia, y mediante movilizaciones violentas que dejaron un tendal de decenas de muertos, se estableció finalmente un gobierno más afín a “Occidente”.

El “giro de los acontecimientos” se hizo cada vez más antirruso; supresión de textos y cursos en idioma ruso, cuando hay una considerable porción de población rusófona, hostigamiento incluso violento a “los rusos”, que probablemente también respondían a “viejas cuentas pendientes”. Surgió una contrarresistencia de los sectores rusófonos de Ucrania, inmediatamente apoyada por Rusia. Al punto que algunas gobernaciones o municipalidades entraron a desobedecer al gobierno ucraniano (los municipios de Donetz y Lugansk, la península de Crimea) y finalmente, para impedir la inclusión de Ucrania en la UE, Rusia, al mando de Vladimir Putin ─aunque con muchas advertencias─ invade al mejor estilo clásico, el país. La reacción militar había tardado 8 años.

Otro escenario posible de comienzo de tercera guerra mundial, aunque se perciban a la vez esfuerzos para conjurar semejante desenlace.

7 octubre 2023

Como si ya no tuviéramos suficientes casus belli, el 7 octubre 2023 surgió una situación que otra vez nos puso, nos pone, a las puertas de la ya trajinada tercera guerra mundial. Como que hay ganas de llevarla a fondo, porque a mucha gente, lo que más la intranquiliza y llena de insatisfacción, es la indefinición.

Lo que sobreviene ─está sobreviniendo─ es nada menos que un genocidio que cumple todos los requisitos que desde Raphael Lemkin ─el forjador del término y su sentido─ se consideran básicos. Es un genocidio de manual. Y viene con firma. Orgullosamente. Del sionismo, de gobernantes orgullosamente sionistas. Aunque los medios de incomunicación de masas se han apresurado a pintar el cuadro de situación como un ataque artero de irregulares musulmanes ─Hamás─, la verdad es muy otra.

No estábamos en el mejor de los mundos cuando Hamás desencadena su raid mortal. Es todo lo contrario. Edward Said describió la situación de Gaza en 2002 (muere en 2003 y por lo tanto no alcanza a testimoniar el brutal agravamiento de las condiciones que él describiera, cuando en 2006 Israel encierra a la Franja de Gaza por aire, mar y tierra, agravando lo indecible la ceñida descripción de Said: “Gaza está rodeada por una cerca electrificada por tres lados, aprisionados como animales, los gazatíes están imposibilitados de moverse, de trabajar, de vender sus verduras o frutas, imposibilitados de ir a la escuela. Expuestos todo el día a aviones y helicópteros, baleados como si se tratara de pavos de corral, tanto desde el aire como desde tierra. Empobrecidos y hambreados, Gaza es una especie de pesadilla […] con miles de soldados dedicados a la humillación, el castigo y al debilitamiento de cada palestino, sin importar su edad, su sexo, su salud. La atención médica no entra al territorio, a las ambulancias se les dispara o se las detiene. Cientos de viviendas son demolidas y cientos de miles de árboles frutales son destruidos, así como al suelo arado, castigos colectivos contra población civil y desarmada […]”.[7]

Veinte años después, el torniquete no sólo no había cedido un ápice sino que todo se había ido deteriorando y agravando. Todavía más. Ya no hay verduras o frutas en la otrora vigorosa agricultura gazatí, saboteada de mil maneras.

Israel se sintió maltratado por los palestinos, por Hamás, en 2023. Se sintió atacado. Fue atacado. Le pareció horrible lo que los irregulares habían hecho incursionando con bicicletas, parapentes, excavadoras y motos. Que un aluvión de agresión y violencia se había abatido sobre ellos. 

Pero ¿qué pretendían? Como bien explica Enzo Traverso[8] “el discurso dominante sobre el 7 de octubre fue como el brote de una epifanía negativa, la súbita aparición del Mal que desencadenó una guerra de reparación. El 7 de octubre, Israel puso el contador a cero, como si los sucesos de ese día fueran la única causa de la tragedia.”

Como si todo lo que le estaba haciendo Israel a Palestina y a Gaza en particular no existiera. Israel y todo el aparato mediático bajo su influencia asignó a cada uno “su” papel: ya sabemos el que le cupo a Hamás; el de perpetrador y ¡oh, sorpresa!, a Israel le cupo, una vez más, el de víctima. El discurso dominante; patética inversión de la verdad histórica. El ofensor se siente ofendido; el torturador, torturado; quien dispone de vidas y haciendas ajenas, víctima.

Pero la realidad es tozuda. Y la fluidez mediática actual, como ya dijimos, le arrebata al poder constituido la clásica disposición de casi todas las cartas.

Hemos visto la reacción de buena parte de judíos, sobre todo jóvenes, rompiendo con “las verdades consagradas”; la resistencia a creer que Israel es la víctima-de-todo.

El papel de Israel en el mundo es tan pero tan conmocionante, y aterrador, que estamos viendo como en Europa y Asia, pero sobre todo en EE.UU., los reclamos por la verdad y el rechazo de “las verdades oficiales” está tomando cuerpo.

Un periodista derechoso, trumpista, pero ávido de conocer la verdad y no los espejismos ─Tucker Carlson─ está empeñado en remover la basura mediática que nos inunda cada día. Está, por ejemplo, al frente de un movimiento, una movida, para reanalizar los asesinatos de los Kennedy, cuando ha pasado ya más de medio siglo (y tras ello, inevitablemente sobrevendrá una necesidad de verdad también ante los “acontecimientos” del 2001… más de tres mil muertos están allí esperando).

La “viveza” israelí se ve, por ejemplo, en GHF; la institución creada para “alimentar” gazatíes: reparten en 4 locales que obliga a caminatas de 5 o 10 km para recibir balas, fideos, arroz. Literalmente. Y sin agua, un detalle de sadismo ejemplar, en clima seco. Por Gaza, y por toda Palestina, campea la impunidad impúdica, como la de esas oficiales femeninas israelíes acicalándose delante de edificios derruidos a bombazos. Tanta a


[1]   Muchas veces la Corona alternó el uso de esa bandera con las varias piratas. Usando legalidad y discrecionalidad fuera de la ley, según conveniencia.

[2]    Nakba; el desplazamiento forzoso y el arrebato de sus propiedades inmuebles y muebles se practicó con violencia fríamente instrumentada: tropas sionistas llegaban a una aldea, y se urgía a sus habitantes a abandoner todo de inmediato. Piénsese en el choque de semejante “orden” para una población establecida allí por siglos. Si la población procuraba escabullir semejante orden, se concentraba a la población y se entresacaba cuatro o cinco adolescentes y se los mataba sin miramientos. Ese “argumento” resultaba convincente y si todavía había renuencia o resistencia, los sionistas atrapaban a otros cuatro o cinco jovencitos y se los mataba del mismo modo. Abandonar la aldea se extendía con el terror…

[3]  Significativamente estos dos estados “nuevos”, Israel y la Unión Sudafricana, elaborarán un estrecha alianza bicontinental en todos los planos imaginables; y particularmente el comercial y el militar. Pero cuando en los ’90 se inicie el declive irreversible del racismo asesino sudafricano, Israel retirará prestamente todos sus apoyos, una verdadera lección de oportunismo (Abdelwahab Elmessiri y Richard Stevens, The Progression of a Relationship, New World Press, N.Y., 1976).

[4]  Véase Miguel Ibarlucía, Israel: estado de conquista, Editorial Canaán, Buenos Ares, 2012.

[5]  Véase A Report of The New Project for the New American Century, set. 2000. Llamativamente en dicho paper, se aspira, se anuncia, un hecho fortuito de inusual violencia que permitiría a EE.UU. reasumir el liderazgo mundial, luego que el paper explicara la declinación militar que había sufrido EE.UU. tras el colapso soviético. Los estrategos de la Casa Blanca apremian: “Una estrategia de transformación que se centrara exclusivamente en las capacidades para proyectar fuerza desde EE.UU., […], generaría problemas entre los aliados estadounidenses. Además, el proceso de transformación […], probablemente será largo, a menos que ocurra algún evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbor.”

Repare el lector que esto está escrito en agosto de 2000: un cierto Pearl Harbor se produce en setiembre 2001.

[6]  La fecha de la invasión rusa parece ser signo indubitable de esa tercera Guerra mundial que estamos tratando de ubicar; pero el 24 feb.2022 no es sino la respuesta ─enérgica, violenta─ a la intención estadounidense de romper la neutralidad ucraniana aceptada en los ’90, y esa movida ─neocon─ se desplegó desde 20 feb. 2014, con Maidan… y dólares.

[7]   Edward Said, From Oslo to Irak, Pantheon Books, N.Y.,2004, cit. p. Traverso, E., Gaza Faces History, Other Press, N.Y., 2024.

[8]   Gaza Faces History, ob. cit.

Publicado en Globocolonización, Medios de incomunicación de masas, Palestinos / israelíes, Poder mundializado

banderas palestinas NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER

Publicada el 05/10/2025 - 14/12/2025 por ulises

por Luis E. Sabini Fernandez – 22 setiembre 2025
                                                    
En Uruguay, los sionistas  (no sabemos si todos judíos o no) han puesto el grito en el cielo: “Hay niveles”, nos dicen.
“Así no se puede vivir” se titula el reclamo, el “basta” de “organizaciones y jóvenes” “que denuncian un aumento de expresiones antisemitas”.
Un diccionario aquí. Y un ejercicio de vocabulario y lógica.

Cuando jóvenes, políticos profesionales (Gandini, Sotelo) y suponemos que también profesionales no políticos revelan que “así no se puede vivir”, ¿se refieren a la población gazatí en la Franja de Gaza o a los palestinos en Cisjordania cada vez más rodeados por colonos israelíes?
Porque si no se refieren a ese genocidio en proceso, hay que ser muy, pero muy… para mencionar la soga….

“Aumento de expresiones antisemitas”.
“Gaza resiste”, ¿es antisemita?
Ilan Volkov, israelí y director de orquesta detenido el 19 set. 2025 en la frontera entre Gaza e Israel,  ¿es antisemita?

La flotilla Sumud, declarada por Israel como terrorista al servicio de Hamás, ¿es antisemita?
Condenar y entorpecer el tráfico de mercancías como carne kosher entre Uruguay e Israel, ¿es antisemita?
Condenar la política israelí sobre Gaza, con su campaña de exterminio “a fuego lento” iniciada por Ariel Sharon en 2006 y continuada por Benjamin Netanyahu,   con amplísimo apoyo de la población israelí, ¿es antisemita?

Dije “a fuego lento”, y a veces es rapídísimo, como cuando, buscando a un soldado capturado por “irregulares”, Gilad Shalit,[1] en 2006, asesinaron a unos 250 palestinos (decenas de menores incluidos) en menos de dos meses de falsos allanamientos; como cuando desencadenaron la operación “Plomo fundido” –reparemos en el nombre–  en 2008 y destruyeron barrios enteros y mataron a miles de pobladores en Gaza. ¿Delitos que pretendían combatir?  No simpatizar con el asfixiante gobierno de Israel ni con el de la Autoridad Nacional Palestina.
Rechazar la política de desprecio absoluto y genocida de la sociedad israelí (aunque no de todos sus individuos), ¿es antisemita?

Condenar lo que dice y hace Netanyahu y todos sus secuaces, israelíes, sionistas y judíos, con Palestina, con sus ciudades y campos, con sus habitantes, hambreados, asesinados, con sus servicios, diezmados, incendiados (en carpas), ¿es antisemita?

Señorones de OSU, del Centro Israelita del Uruguay: aprendan a usar el idioma.
Lo que ustedes toman por antisemitismo, palabra cuyo significado incluye a árabes, también semitas, se refiere a antisionismo, que ustedes confunden con antijudaísmo.
El desprecio por la vida, no es sólo la de palestinos; pensemos lo que Israel ha hecho con libaneses, con sirios, con Rachel Corrie (y tantos otros estadounidenses).

Hay sí judíos que respetan derechos de otros, no judíos. Como Ilan Volkov. Como Mats Edelman,[2]  tratado como héroe al fin de la 2GM y que por ser judío, el gobierno de Ben Gurión, el primer presidente israelí, lo invita a Israel. Edelman se negó a legitimar con su presencia esa estado colonialista y racista.
Viva Edelman. □            

notas:
[1]  Véase mi nota “Palestina 2023: matanzas cada vez más desnudas“, donde detallo algo más el caso. https://revistafuturos.noblogs.org.
[2]  Luchador sobreviviente del Gueto de Varsovia, 1943, resistió la invasión nazi a Varsovia, 1944, siguió  sus interrumpidos estudios haciéndose médico. En los ’80, brindó su expertís vital a Solidarinosc.

Publicado en Palestinos / israelíes, Para salir del repollo, Poder mundializado

El desprecio de la vida (que no es «la nuestra» y por tanto no es humana)

Publicada el 29/08/2025 - 14/10/2025 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Estamos viviendo, la sociedad humana en general, y particularmente lo que llamamos Occidente (Europa y las tres Américas), un momento clave, altamente relacionado con el striptease represivo de Israel (con epicentro en la Franja de Gaza, pero extendiéndose a Cisjordania, Jerusalén Oriental, Líbano, Siria, Irán e cosi via.

La masa cultural en que estamos inmersos ha adquirido una cierta temperatura y las reacciones y movimientos empiezan a parecerse, en plasticidad, en movilidad, a lo que acontece cuando la temperatura ha dado mayor plasticidad a determinados materiales.

Un video, difundido por youtube recientemente, de Denzell Washington, lo ilustra. Es un discurso no corto, concentrado en analizar una crisis de AIPAC, la herramienta del lobby judío por excelencia (aunque tal vez con mayor precisión habría que denominarlo sionista), que ha funcionado como gobierno paralelo de EE.UU. desde hace ya muchas décadas (y cuando digo paralelo es apenas una figura geométrica, porque en general ha resultado ser “el” gobierno).

Que un video, un abordaje circunstanciado como el de DW pueda circular libremente habla de cierta tolerancia mediática en el dominio institucional establecido. Pero nosotros necesitamos hablar de Gaza y lo que significa su destrucción y en todo caso, inteligir lo que AIPAC y sus recursos emplean para administrar esa destrucción.

Israel ha iniciado un proceso de hybris desencadenado con la irrupción violenta de Hamás en “su” frontera y en el cuartel israelí instalado en la FdG, así como en las incursiones para el muy problemático recurso de tomar rehenes que la resistencia palestina, desesperada, encaró llevar adelante el  7 octubre 2023 (y que en rigor no es sino el comportamiento espejo de la política de toma de rehenes que Israel emplea desde hace décadas en los territorios palestinos ocupados por Israel). En rigor, todo el operativo, incluso con muertes sumarias, no ha sido sino el muy pálido reflejo de lo que Israel lleva a cabo, con impunidad judicial y sordidez policial desde hace ya incontable tiempo (décadas).

Algo muy diferente, claro, de la versión mediática dominante.

Vamos a recapitular algunos sinsentidos e ignorancias tenazmente blandidos por quienes podríamos suponer intelectuales y por lo tanto pensantes. Veamos el testimonio, fresco, de Edward Hudgins, director  e integrante titular de The Atlas Society, un think tank estadounidense, apoyado en la ideología –objetivismo– de Ayn Rand, clave en la toma del poder cultural de EE.UU. por parte de la élite judía, desplazando a la WASP (un proceso que llevó décadas a mediados del s. xx).

Hudgins rememora hoy los afanes que Ayn Rand tuviera en 1973[1] para “ayudar” a Israel en su guerra contra Egipto (Yom Kippur).

Lo que argumenta Rand (y nos recuerda Hudgins): “Los árabes pertenecen a una de las culturas menos “desarrolladas”[2] que existen. En rigor, se trata de nómades.” Lo dice sin siquiera sonrojarse. Rand afirma su occidentalismo enceguecido: “se quejan de Israel porque es la única cabecera de playa de ciencia moderna y de civilización en su continente.” (¡sic!). Aparte del simplismo intelectual es llamativa y reveladora la alusión a la imagen militar de la “cabecera de playa”, como si supiera sin asumirlo que se trata de una conquista de índole militar..

Ejemplificando su ignorancia supina sobre lo que pontifica, Rand continúa “explicando que los inmigrantes judíos sionistas de la primera mitad del s xx a Palestina abrazaban una visión moderna y científica del mundo. Favorecían una sociedad abierta y tolerante con instituciones  democráticas.” Rand ignora o se niega a reconocer el ingreso sionista, histórico, dictatorial, a Palestina, prohibiendo a judíos palestinos (el Antiguo Yishuv) a tener ni siquiera conversaciones con árabes, y matando a un judío como Jakob de Haan, que desacata esa orden de aislamiento.

Mostrando escaso conocimiento de la realidad pero un acentuado moralismo abstracto, Hudgins nos recuerda que para Rand las diferencias entre los neocolonos sionistas y la población árabe allí asentada estaba en “la envidia”. La que sentirían, según Rand, los palestinos.

Rand los apostrofa: “En lugar de decir queremos unirnos a ese proyecto maravilloso, la mayoría de los árabes dijo: queremos destruirlos”.

Si los conceptos racistas de Rand resultan penosos, los de  Hudgins, lo son todavía más. Porque Hudgins “prosigue”, impertérrito, cinco décadas después, el discurso de Rand sobre los árabes. “Por cierto, los árabes no son salvajes, en las cinco décadas que median entre el juicio de Rand y nuestro presente, Egipto y Jordania han hecho las paces con Israel [¡lo cual mostraría que ya no son salvajes!]. Pero, nos aclara  Hudgins, el surgimiento de ISIS puede solo ser descrito como “salvaje”.

¡Y ahora tenemos redivivos a los salvajes de Rand! Y para “Hudgins: Irán es el mayor proveedor de los salvajes de Hezbollah y Hamás que amenazan a Israel en su frontera norte.

Hudgins confunde, iguala ISIS, Hezbollah, Hamás. Solo que ISIS, pequeño detalle, es un invento israelí y Hezbollah y Hamás son organizaciones de origen árabe enfrentadas con Israel (Israel ha cooperado con ISIS, curando a sus heridos y reenviándolos al combate”, pequeño detalle del amo israelí que Hudgins ni percibe).

El conocimiento de lo real no parece importarle a Hudgins; “la difusión  de los ideales de la razón iluminando mentes, individualismo y libertad será lo único que lleve el Cercano Oriente a la paz.” Con las leyes de Murphy, soluciones falsas son fáciles de aplicar a cuestiones complejas.

Si el nivel de comprensión de la realidad de estas cabezas pensantes nos preocupa y hasta nos aterra, las aplicaciones de ese mismo origen sólo aterran (y tal vez sea lo único que desean).

Israel, acusando sin pruebas a UNRWA de complicidad con Hamás, mató directa e individualmente a trabajadores de UNRWA (la organización identificó a más de 300 de sus trabajadores así asesinados), y reclamó su retiro absoluto de los territorios palestinos.

Como Israel dispone de un poder del que la ONU carece, se hizo la voluntad de Netanyahu.

Como sucedáneo y como para mostrar su atención a la provisión de alimentos y demás provisiones vitales para la subsistencia, hecha trizas con los hechos del 7 de octubre 2023 y días siguientes, Israel presentó “su” Fundación Humanitaria de Gaza.        

Que dispone de 4 puestos  para proveer a millones de seres humanos, hasta entonces atendidos por 400 puestos de entrega de UNRWA.

De inmediato se produjeron reiteradas muertes entre los palestinos hambreados al límite, que procuraban obtener algún alimento; lo de ”humanitaria” suena a escarnio, como el de los de jóvenes israelíes que creyeron ocurrente burlarse de palestinos heridos en medio de la matanza ejercida por “sus” soldados, remedando heridas en sus rostros y cuerpos, que difundieron en videos con humor macabro.

Cuatro puestos, a decenas de km de distancia entre sí con lo cual se aseguran que solo los habitantes más fuertes del territorio gazatí puedan pasar a retirar sus mendrugos (en un territorio de unos 8 km de ancho por unos 50 km de largo…). Los portones de acceso son estrechos, curiosamente en espacios abiertos y despoblados. Los accesos estrechos aseguran poner a tiro a quienes por allí pasan y a ser fotografiables por escáneres biométricos.

Israel sigue construyendo un archivo general de rostros.

El uso de seres humanos como medios o utensilios para otros humanos es una obra cumbre del judeosionismo israelí (aunque por cierto, no tienen el monopolio). Forma parte de los avances de la heteronomía en nuestro presente.

Pero tenemos que ir un paso más atrás.

Porque nuestro presente es atroz; lo que pasa en Gaza alcanza registros tal vez de la mayor brutalidad en nuestro mundo contemporáneo (y, hay que reconocer, con una fuerte competencia).

Lo que está pasando desde setiembre de 2023 no surge ex nihilo.

Veamos el papel respectivo de los distintos factores en juego, en general, muy diversos, a los que generalmente los medios de incomunicación de masas ignoran.

De 1917 a 1947. Aunque el sionismo evaluó, con racionalidad estratégica, el asentamiento sionista en África (Uganda) y América (Argentina), prevaleció el acento bíblico. El Reino Unido fue el “protector” del proyecto inicial de “Hogar Judío” a erigirse finalmente en Palestina en 1917. A la vez, sigue formándose una resistencia social palestina que va percibiendo la presencia de un poder ajeno y oculto, que va recortando la vida de los palestinos sin avisar ni cómo ni cuánto (en mí resuena la imagen del cuco que se adueña de nido ajeno y termina matando a las crías anfitrionas).[3]

La ONU fue creada en 1945 para atender la nueva geopolítica mundial, ahora desde EE.UU. La Sociedad de Naciones (SdN, 1920-1946), había procurado regir destinos internacionales (relación centros imperiales-colonias) con eje en la influencia del British Empìre.  El desenlace de la 2GM será clave para el surgimiento de la ONU.

Hubo grandes movimientos migratorios, muchos forzosos y violentos, como  los desplazamientos a que se vieron obligados los alemanes a partir de 1945, de territorios donde habían vivido desde larga data (alemanes del Volga, abandono de tierras checas o checoesalovacas entre otros), la huida de judíos de regímenes hostiles, como el zarismo en el siglo xix y el nazismo en el xx. Estos últimos asentaron en EE.UU, a la mayor cantidad de judíos. Que iniciaron una puja con la élite WASP a la que irán desplazando. En la década del ’30, y más aún en la del ’40 la élite judía es ya dominante en EE.UU.

Uno de sus recursos básicos para asentar ese domino será alegar el sentirse desplazados  y discriminados; Hollywood, que en la década del ’30 estaba compuesta por una red empresaria gigantesca (de las 7 Major, 6 eran de propiedad judía), generará películas denunciando la discriminación que sufrirían los judíos (algo que efectivamente había pasado, pero ya no era sino residual cuando Hollywood se convirtió en el referente cultural de EE.UU.).

En 1942, el Congreso Sionista Mundial[4] reunido en Nueva York decide, por sí y ante sí, cambiar de padrino político; desprenderse del auspicio y protección del Imperio Británico que entiende exhausto, agotado, y adoptar como tal a EE.UU., que juzga fresco, vigoroso (y cuenta además con la mayor colonia nacional judía del mundo entero).

¿No le llama la atención al lector que sea el ahijado el que decida designar a su padrino? Era apenas uno de los indicios de quiénes iban a gobernar EE.UU.

Israel y sus servicios secretos iban a ser cada vez más decisivos en la conducta política de EE.UU. (coexistiendo durante un período su influencia con la de la menguante élite WASP).

Hoy ya hay muchos indicios y datos que muestran la importancia decisiva de, por ejemplo, los servicios secretos israelíes en los asesinatos de los Kennedy. Y una buena cantidad de analistas considera clave el papel de Israel en los acontecimientos del 11 de setiembre de 2001.

* Los grupos sionistas forjadores del Estado de Israel, se valen del terrorismo puro y duro para obtener sus objetivos. Estamos a fines de la 2GM con su inenarrable violencia y enorme cantidad, millonaria, de víctimas. Las vicisitudes y persecuciones sufridas por los judíos durante la 2GM podrían haber constituido un legítimo motivo de una violencia-de-respuesta de victimados judíos. Pero más allá de las apariencias, la historia real es bien distinta: porque el sionismo inicia su práctica política violenta antes, mucho antes, que el nazismo iniciara la suya.

* Cuando el nazismo inicia una política de represión física, violenta y mortal  contra los judíos (en 1938 en respuesta a un atentado mortal de un joven judío a un jerarca nazi), con la Noche de los Cristales Rotos, hace décadas que distintas formaciones sionistas ejercían violencia, a menudo mortal contra sus refractarios, incluyendo judíos, como de Haan, asesinado en 1906. O en 1933,  el “ajusticiamiento” de Chaim Arlosoroff, uno de los gestores del proyecto de intercambio comercial  Ha’avara (entre nazis y sionistas). Pero además, sionistas de los autodesignados “revisionistas” asesinan a lord Moyne, en 1940, diplomático británico en Egipto, castigando así la política británica de frenar un tanto el flujo sionista a la crecientemente convulsionada Palestina (un año antes, apenas, la alianza británico-sionista había ahogado en sangre una rebelión de la población palestina mediante la matanza de varios miles de palestinos, y tras la carnicería, el colonialismo británico procuraba “aquietar las aguas”. La ”huelga revolucionaria” (1936-1939) había sido un intento de la población palestina de acabar con la creciente intromisión y dominio sionista en Palestina.

* La fuerza del sionismo, ya convertido en árbitro y juez dentro de la nueva configuración internacional matrizada con la ONU, se verifica con dos atentados a cargo de sionistas (radicales, siempre orquestados con los moderados, alcanzando juntos sus objetivos): a) atentado con explosivos alojados dentro del gran Hotel David, de Jerusalén en 1946,[5] dejando un tendal de cien muertos (de todo tipo) y b) asesinato de Folke Bernadotte, el primer mediador designado por la mismísima ONU, quien procuró ser ecuánime  precisamente en el diferendo palestino-israelí, ecuanimidad que no toleraron los sionistas que iban, como hoy, a todo (para sí) y nada (para Palestina y los palestinos).

  • El dominio psicopolítico de que disponía el sionismo organizado fue tal que la ONU ni chistó frente a semejante atropello a las funciones “sagradas” y de estreno de la novísima ONU.
  • Si el sionismo organizado y su criatura, Israel, ya podían dictar las condiciones, sólo nos resta concluir que el poder de lobby judeosionista  era ya entonces insoslayable y omnímodo.
  • El que le permitirá, Guerra de los 6 Días mediante, apropiarse de otra fuerte tajada palestina (reduciendo la mitad inicial a la cuarta parte).
  • Ni las intifadas de 1987 y 2000 lograrán alterar el progreso constante del proyecto sionista pese a la mucha sangre (palestina) derramada: sólo se verifica la energía indómita palestina, su extraordinaria capacidad de sacrificio.
  • 2006 será año clave. Los palestinos cuestionaban la democraticidad, y por lo tanto la representatividad de la Autoridad Nacional Palestina y sus dirigentes. Yaser Arafat acaba de morir, y surgen dudas sobre la causa de su muerte. Más que legítimas, dada la enorme cantidad de muertos accidentales, suicidados o matados entre los refractarios al poder israelosionista).
  • Con Arafat desaparece el último histórico luchador por la independencia palestina.
  • Se hicieron elecciones generales palestinas con supervisión de instancias internacionales confiables, James Carter al frente. Y el resultado fue sugestivo: escasísimo apoyo al estado confesional y discriminador israelí, poco apoyo a la ANP y todas sus “negociaciones” con el estado sionista, y victoria electoral, aunque ajustada, para Hamás, Como evaluara Rashid Khalidi, la población palestina estaba cansada de los manejos burocráticos, corruptos, de la ANP.
  • Mostrando las cartas del poder, nada democrático por cierto, Israel puso fuera de la ley a los elegidos de Hamás que fueron detenidos y encarcelados, al menos en Cisjordania. En Gaza, Hamás logró hacerse fuerte, resistir el golpe de estado y la ANP debió iniciar su propio “exilio”.
  • El carácter del asentamiento sionista en Palestina y de su poder cada vez incontrastable,  se irá expandiendo. Muy poco después de las elecciones de 2006, tras una escaramuza, con muertos de ambos lados, entre guerrilleros palestinos y soldados israelíes, Gilad Shalit fue aprisionado (se lo mantuvo prisionero hasta su intercambio por mil palestinos presos, en 2011). Israel procuró ubicar a Shalit en varios procedimientos y allanamientos. Y expresó el valor que asignaba a la vida de los palestinos: durante el primer mes o mes y medio de “búsqueda”, fueron ultimados  unos doscientos palestinos, una parte menores (porque se trataba de allanamientos de hogares).
  • Israel dispuso un cerco total sobre la franja, impidiendo la llegada de alimentos o materiales ajenos a Israel. Ese cerco se inicia controlando la cantidad ceñida de calorías por habitante, se irá acentuando siguiendo la técnica del torniquete: cada vez menos agua, menos alimentos (fruta será lo primero que desaparece), menos medicamentos, menos bienes de la vida doméstica, menos papel, menos ropas, menos conexiones-e). Se impedirá manu militari toda provisión desde las Flotillas solidarias internacionales, desde el único acceso no israelí (egipcio). Mediante fuego intimidatorio se impedírá la pesca en barcos (un recurso gazatí tradicional), también bajo fuego se impedírá el uso de tierras de cultivo “por razones de seguridad”. Y finalmente, se irá amenguando la entrada de camiones a la Franja (grosso modo, se estimaba unos 400 diarios para una población cercana a 2 millones de seres humanos, adultos y niños).
  • En 2019, y todavía en 2020, los palestinos, cada vez más aislados, regulados, debilitados, formarán las Marchas por la Tierra; gigantescas manifestaciones cada viernes de gazatíes desesperados ante la frontera reclamando solo una cosa: tierra. El sitio implantado desde 2006 los estaba dejando sin “aire”.
  • No llevan palos ni piedras: sólo gritan por la tierra.
  • Israel responde dedicándose únicamente a balearlos con comodidad. Hileras de francotiradores acomodados en taludes al efecto, eligen los blancos: los ijares de los manifestantes: empiezan a morir con imprevista frecuencia, desangrados.
  • Los mandos militares no contaban tal vez con tantos muertos: cambian de blanco: a los tobillos. Menos muertos y más lisiados. Les parece brillante.
  • La represión contribuye así a aumentar la carga social de tales lesiones en una sociedad ya tan  castigada con privaciones y enfermedades y daños emergentes.
  • Danila Zizi, directora de Handicap International, afirma que la cantidad de discapacitados en la Franja de Gaza alcanza la escalofriante cifra de 440000 habitantes (datos recientes, 2024), estimado un 21% de la población total.[6] Estimo que no debe haber ningún otra sociedad igual.[7]
  • Cuando sobreviene la irrupción violenta del 7 de octubre, ¿estábamos en cielo sereno? como pretende el sionismo con su teoría de la puñalada trapera de Hamás?
  • Palestina, cada vez más asfixiada por la técnica constrictor de Israel. La Franja de Gaza había logrado algunas provisiones mínimas con un costo altísimo mediante túneles de km de longitud que habían molestado sobremanera a Israel, porque desconocían sus recorridos. Como contendiente con un poder desigual y aplastante, no podían aceptar ni soportar que el debilísimo adversario/enemigo contara con algún elemento que ellos no  controlaban.[8]
  • Luego de todas las sangrías que levantamientos generalizados, huelgas, rebeldía ante tantos atropellos, defensa desesperada de cultivos, de hogares ante desalojos en la noche, sin aviso, deteniendo y maltratando a adultos y niños, de inmolaciones procurando un suicida llevarse consigo un torturador o un enemigo público de la sociedad palestina; la política de torniquete va asfixiando a lo que queda de la sociedad  palestina, bombardeadas sus viviendas, sus hospitales, sus mezquitas, sus universidades, sus usinas (de producción o servicios); erradicando sus cultivos, sus talleres, las crías de animales domésticos como fuente nutricional, el operativo de copamiento del 7 de octubre de 2023 fue un bofetón a la pretensión de aplastamiento generalizado. (No incursiono en la disputa si fue una acción pura sorpresa para Israel o fue una operación “ayudada” por algunos sectores de la seguridad israelí para habilitar la respuesta del “ofendido”, del atacado-a-traición): una u otra no cambian el estado de situación estructural.
  • El establishment israelí acostumbrado a una cuasi absoluta impunidad en sus atropellos cotidianos contra una población aherrojada, inerme, despojada, no pudo soportar la caída intempestiva de sus poderes, tratada la sociedad israelí, por un momento, como vulnerable.
  • Pero tras el 7 de octubre de 2023, han practicado el derribo de viviendas, universidades, escuelas, mezquitas, hospitales, carreteras.
  • Los médicos informan con desazón cómo llegan infantes palestinos baleados: un día, todos o casi todos ellos con balazos a menudo mortales en sus cabecitas; otro día llegan niños todos o casi todos  baleados en sus pechos, otro día llegan con ijares baleados, como si los soldados eligieran las partes del cuerpo a ser baleadas, al parecer como si fuera en competencia entre tiradores.
  • Israel Shahak y Norton Mezvinski, judíos ellos mismos, han tenido el coraje cívico de mostrar la ideología extremista judía, para la que todo  cuerpo goy no vale ni una uña del dedo más chico de un judío.
  • Semejante equivalencia,  mejor dicho inequivalencia, no augura nada bueno en un conflicto como el que existe entre los intrusos recién llegados sionistas (último siglo) y una población asentada milenariamente en el territorio judío bíblico.
  • Como con todas las colonizaciones,  el recién llegado cree valer mucho más que los que allí habitan. Que no se los estima ni por el valor de una uña del meñique.
  • Como pasó con los ingleses en la India, en la tierra de los zulúes, en la de indios norteamericanos. El racismo constituye la columna vertebral de esa política.
  • Palestina está escribiendo su historia. La historia de su tenacidad y su aferrarse a la vida. Con los niños y niñas y sus sonrisas.
  • Con la sensibilidad de un Mahmud Darwish, de  Ahed Tamimi, de Ahmad Jacob, su mujer y sus tres hijos pequeños, de Yahya Sinwar y su genio militar, de Ismail Haniyeh, y su admirable serenidad y de todos los miles, millones de palestinos que han defendido su soberanía, su tierra y su gente, su historia, y de los otros, imprescindibles, como Rachel Corrie.
  • Los que no parecen escribir historia alguna son los referentes y representantes democráticos y respetuosos de los derechos institucionalizados… ¿derechos de quién? □

notas:

[1] Ayn Rand de origen rusojudío, nació en 1907, emigró a EE.UU. en 1926 y murió en 1982.

[2] El atributo que Rand niega a “los árabes” revela su fuerte ideologismo: invoca desarrollismo, hiperconservador, tributario del American Way of Life.

[3] Palestina estaba poblada por una abrumadora mayoría árabe, musulmana. Había también una minoría árabe cristiana. Y una pequeñísima minoría de pocos miles de judíos hablantes de árabe, como cristianos y musulmanes. Se podría decir, redondeando, que había un millón de árabes musulmanes, unos cien mil cristianos y unos diez mil judíos. y su lingua franca, árabe.

El sionismo es otra cosa. Es un movimiento de asentamiento de judíos provenientes del Oriente europeo. Que no hablan hebreo sino yiddish. Y que fundan un Nuevo Yishuv, negándose de plano a la lengua árabe (que apenas aprenderán como “arma de guerra”, que irán librando contra los natives).

[4] Una red que empezó a fines del s xix, constituyéndose en una suerte de internacional judía, pero sionista, con reuniones intercontinentales aproximadamente bienales.

[5] El mismo método que diversos analistas han entrevisto en la AMIA, de Buenos Aires (1994), y sin duda alguna, en la Embajada de Israel, asimismo en Buenos Aires, 1992.

[6] Iñaki Urdanibia, https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2024/10/11/palestina-la-estrategia-colonialista-de-mutilacion-de-los-cuerpos/.

[7] En 2019 el Campeonato Mundial de  Natación Paraolímpica iba a tener como país anfitrión a Malasia. Los anfitriones avisaron que no iban a aceptar la participación de Israel puesto que ese país se dedicaba a producir lesiones como política de castigo. De inmediato  el Comité Mundial Paraolímpico le retiró a Malasia su condición de anfitrión, eso sí, sin comentario acerca de la “producción sistemática” de lesionados en Palestina (no en Israel, ciertamente).

[8] En la llamada Guerra de Vietnam (comienzos de los ’60 hasta 1975), los vietnamitas fueron construyendo una red de túneles que les permitió resistir la invasión: era una población mucho más numerosa, unos 40 millones y se estima que los militares estadounidenses lograron arrancarle la vida al 5% de la población. El ejército de EE.UU. “cosechó” 58 mil muertos. La relación 35 vietnamitas matados por cada soldado yanqui muerto, resultó muy gravosa, psíquicamente, para la sociedad estadounidense.

Publicado en Palestinos / israelíes, Poder mundializado

No other land: ¿Hay que ser judío para criticar a Israel?

Publicada el 12/03/2025 - 21/03/2025 por luissabini

por Luis E. Sabini Fernández

Como con la pipa de René Magritte que no es una pipa, lo que usted va a leer no es una recensión cinematográfica; es, procura ser, un abordaje geopolítico, escudriñando los aventajados y los perjudicados, por el emprendimiento.

Las escaramuzas ideológicas que han sobrevenido con la premiación hollywoodense a No other land (No hay otro país),[1] una documental elaborada por dos palestinos (no judíos) y dos judíos israelíes, nos revela, una vez más, las múltiples vías de legitimación sionista en nuestro polifacético universo, en el cual −pese a la enorme diversidad comunicacional y al extraordinario aporte que significa la filmación y difusión en vivo de muchos de nuestros presentes; los de la humanidad (al menos la digitalizada)− y que las usinas ideológicas de la sociedad contemporánea; la del sionismo judío en primer lugar, conservan su predominio mediático.

El episodio No other land tiene varias capas superpuestas de interpretación: en primer lugar, la película premiada con un Oscar ha sido presentada como fruto de dos jóvenes que no exceden la treintena de años; uno palestino –Basel Adra− y uno judío israelí –Yuval Abraham−, como si para facilitar la captación mediática se hubiera simpificado la autoría. Poniendo bajo las candilejas a Yuval y a Basel, los jovencitos bien vestidos e igualados con los trajes negros ad usum para Óscares.

La propaganda nos omite así la existencia de un equipo compuesto además por Hamdan Ballal, otro palestino, no tan joven, documentalista de profesión, dedicado precisamente a documentar los despojos de su tierra a manos de un sionismo hipermilitarizado, y por Rachel Szor, otra cineasta jovencita, israelí.

Sin duda, la intención mediática ha sido igualar figuras. Basta verlos con los óscares en la mano para darse cuenta. Y si no hay nada igual ni igualable es, precisamente, el conflicto generado con la llegada del sionismo a Palestina a fines del s xix.

Poco a poco, se fue procesando el abismo que hoy separa a judíos israelíes y palestinos (palestinos de cualquier credo, salvo tal vez, judío). Porque en el mismo territorio pervivió una sociedad histórica –la de los palestinos−, digamos espontáneamente, con sus problemas, crisis, desafíos y condición geopolítica (Palestina era una provincia dentro del imperio turco y carecía de una capa de propietarios fuerte y propia), y una sociedad, nueva, la sionista, no histórica sino de diseño, proyectada para implantar en el mismo territorio mediante usurpación, debidamente calificada con lenguaje bíblico, como “redención”.

Con un diseño señorial de progresivo asentamiento. Lo de “la redención” es crucial porque el sionismo se permitirá los mayores abusos mediante la santificación de sus fines: redención de la tierra es quitársela a “infieles” para que, adueñada por judíos, la tierra se sienta bien: una mistificación ideológica que irá labrando su huella psicológica en los judíos, ellos mismos santificados, haciendo posible cualquier comportamiento; es decir, cualquier abuso o delito.

A lo largo de las décadas, lentamente, al estilo constrictor, el sionismo irá ahogando la vida social, espontánea, de la sociedad palestina que alberga en su seno esta otra formación social no clandestina, pero reservada. Esta nueva entidad irá tomando más y más funciones e instancias de la sociedad general. En la década de 1920, el sionismo inaugura una universidad hebrea. Palestina todavía no contaba con universidad propia. El carácter satélite de la sociedad palestina dentro del universo musulmán la hacía sociedad periférica. El Islam disponía de otros centros culturales, religiosos y universitarios (aunque sí, contaba y cuenta con un epicentro islámico de primer orden en Palestina; la mezquita Al Aqsa; una de las más intensas expresiones de la crisis porque el judaísmo tiene en el vecino a la mezquita Muro de los Lamentos, un sitio privilegiado propio, que coliden inevitablemente.

El estado forjado paso a paso por el sionismo dentro de la sociedad palestina, de impronta musulmana, ha crecido tanto que a la llegada del siglo xxi, lo que queda de la sociedad palestina son vecindarios seccionados y aislados entre sí, caminos de interconexión sin mantenimiento alguno, progresivamente bloqueados o interceptados por los múltipes checkpoints, carreteras destrozadas que apenas permiten el  paso de un carro con ruedas grandes tiradas por burros y de algún vehículo destartalado, en tanto autos y camiones se despliegan raudos en las carreteras que unen las ciudades,  pueblos y barrios israelíes.

Palestina ha sido así fragmentada, aislada, despedazada.  Desde 2006, por haber votado “mal” de acuerdo con los intereses de los dueños del poder, Gaza pasa a ser considerada “irrecuperable” e Israel decreta su pena de muerte (el resto de Palestina es “recuperado” mediante fraude y violencia por “las autoridades”). Dado el volumen de la población, la pena de muerte se efectuará escalonadamente…

Desde esas elecciones, únicas veraces y confiables desde mucho tiempo atrás, la franja será aislada por completo: no hay acceso ni por mar –ni una sola de las Flotas de la Libertad, que buscaban acercarse solidariamente logrará su cometido−, ni por aire –el aeropuerto financiado generosamente por la asistencia española será bombardeado e inutilizado todo su instrumental por Israel; tampoco por tierra. Allí, los pasos son todos controlados por Israel, salvo los que hay con Egipto, que serán a su vez celosamente controlados (mediante el condicionamiento financiero israelí del gobierno egipcio).

Desde 2006, entonces, comienza la agonía gazatí, más acentuada todavía que la generalizada de todo el maltratado territorio palestino.

Control absoluto de los alimentos, del agua, de los medicamentos, mobiliarios, libros.

Todo este proceso genocida, lo puede ver quien quiera dirigir su mirada a Palestina. Y a Gaza. Y lo hemos visto desde cualquier continente; desde Asia, o América, o incluso desde Israel. Así lo ha visto Yuval Abraham, el periodista hoy laureado con este Oscar. En abril 2024 escribe un artículo que publican la revista-e +972 Magazine, de EE.UU. y Viento Sur, de España: ”«Lavender» la máquina de IA que dirige los bombardeos israelíes en Gaza”.

Parco de juicios, generoso de información, el joven exhibe la monstruosa máquina de matar que los mandos israelíes han dejado librada a puros mecanismos: echar bombas a sospechosos de listas infinitas de hogares palestinos que podrían, pudieron, pudieran estar vinculados con alguien que alguna vez tiró una piedra o hizo una protesta. Echar tales bombas, si son “bobas” contra todo tipo de  blanco; si son “inteligentes” a cuadros sindicados como organizadores de la resistencia. “Un dispositivo especial que pueda procesar con rapidez cantidades masivas de datos para generar miles de potenciales ‘objetivos’ de ataques militares”, tratando tales listados “como si de decisiones humanas se tratase”.

Por ejemplo, se dispuso que: “que por cada agente subalterno de Hamás señalado por Lavender se permitía matar hasta 15 o 20 civiles […] Las fuentes añaden que cuando el objetivo ha sido un alto cargo de Hamás, el ejército ha autorizado en varias ocasiones la muerte de más de 100 civiles en el curso del asesinato de un solo mando.”[2]

Abraham nos muestra que el objetivo en todos los casos es el exterminio de los palestinos. Porque ¿qué son los 15 o 100 civiles sacrificados en cada asesinato que les resulta atractivo? Población, seres humanos, niños, esposas, abuelos.

Abraham es un judío de buen corazón. Como fueron los refuseñik que se negaron a participar en las matanzas colectivas de Israel en 2008 y 2009 (“Operación Plomo fundido”) o en la sangrienta incursión, también a Gaza, en 2014. Como lo fueron conscriptos encarcelados que han generado otro grupo refractario a la rapiña sionista; “Anarquistas contra el muro”. Pero atenti: estos últimos se autocalifican como “un puñado” y las cartas de los refuseñik han sido firmadas por 52: el ejército israelí ronda entre 150 mil y 200 mil combatientes. Que además se valen de todas una serie de tecnodispositivos, como la Cúpula de Hierro, el ya citado Lavender o el programa “¿Dónde está papá?”[3] para “extender” sus brazos y sus dedos en gatillos.

Lo que importa con películas y realizaciones como No Other Land, es el significado político que nos aporte. La peli nos muestra diálogos ásperos, escasos, pero la realidad israelí actual es otra cosa. Israel tiene, por ejemplo, un ministro a cargo de las cárceles (Ben Gvir) que postula la matanza de presos; el Lavender que desnuda Abraham (en 2024, luego del 7 oct.) está diseñado para matanzas colectivas, impersonales y evitar que algún soldado del “Ejército de Defensa” de Israel cargue sobre su conciencia alguna perturbación.

La máquina de exterminio de lo palestino avanza imperturbable y tan alejada de manos humanas, que satisface a los mandos, a los políticos… y a los mismos soldados.

Y mientras un ministro de la horda de Netanyahu, Miki Zohar, se queja que No Other Land ‘distorsiona la imagen de Israel ante el público internacional, difama a Israel en el escenario mundial’, ni advierte ni quiere advertir que la difamación no es sino verismo; ahora superados por la expansión de atrocidades, cada vez más anónimas del ejército.

Abraham traiciona, sin querer, obviamente, la gravedad de su mismo mensaje y su labor periodística cuando reclama “el fin de la destrucción de Gaza y la liberación de rehenes israelíes”. Es afectivamente comprensible su reclamo. Pero no podemos hablar de los rehenes israelíes (tomados como tales cuando la incursión palestina del 7 oct. 2023) como un fenómeno en sí, como un generador del conflicto, como lo asienta Abraham: Israel ejerce desde hace décadas la politica de tomar rehenes: miles de rehenes (en condiciones infinitamente peores) que Israel levanta, sistemáticamente, en las calles, en los stiios de trabajo, en hogares, y son internados, sin juicio, “administrativamente”, por meses, años o décadas. Por décadas. ¿Acaso los judíos tienen “coronita”? ¿Cómo podemos reclamar el (justo) fin de tan odioso método sólo para judíos?

Todo el valiente y esclarecedor documental No Other Land, con toda la violencia que desnuda, la indiferencia sistemática de supremacistas militares israelíes destrozando baños, cocinas, techos, dormitorios; el uso de armas de fuego contra dueños de casa sin armas,  atropellados y robados, el impedir hacer una escuela para los 600 niños de las aldeas vecinas,[4]  el discurso mismo de Basel Adra: “película escrita por un colectivo palestino-israelí […] mi esperanza para mi hija [tiene 2 meses] es que no tenga que vivir la misma vida que estoy viviendo yo ahora,  siempre con miedo, siempre temiendo la violencia de los colonos, las demoliciones de los hogares y el desplazamiento forzado que mi comunidad Masafer Yatta vive y enfrenta cada día bajo la ocupación israelí que hemos soportado durante décadas mientras pedimos al mundo que tome medidas serias para detener la injusticia y frenar la lmpieza étnica del pueblo palestino”.

Los militares se burlan de Adra y Abraham y su periodismo.

Este alegato ha sido históricamente a lo largo de años y décadas, persistente y valerosamente asumido por incontables palestinos, igualmente valerosos, como Emat Burnat (Cinco cámaras rotas), Ahed Tamimi e incluso otros humanos solidarios, no palestinos como Rachel Corrie, asesinada precisamente por ello.

Pero desde el 7 octubre 2023, la hybris sionista perdió la paciencia, mediante la cual, la “redención” de la tierra les estaba demandando décadas (y costo político, porque los humanos generalmente resistimos la injusticia flagrante por más  de señorial que se la invista) e Israel ha optado por: 1) el modelo “Conquista del Oeste” estadounidense;[5] 2) la doctrina Hannibal (exclusividad racista del propio pueblo) y 3) el control mediático de “la” verdad. Así, ante el copamiento de Hamás y otras organizaciones de resistencia al sionismo, del 7 de octubre 2023,  “justa indignación”, como si “el artero ataque” proviniera en cielo sereno, tratando a sus protagonistas como de violadores de no sabemos qué paz.

Ya no estamos ante muertes puntuales, como en No Other Land sino ante muertes masivas y por doquier.

La situación de los gazatíes, y cada vez más de los palestinos en los territorios disputados, es ahora muchísimo peor que lo que traslauce el alegato de Adra que hemos espigado: ya no se trata de casas derribadas, de gente viviendo en cuevas  sin siquiera agua corriente…. en Gaza, el bombardeo masificado no produce ya desalojos sino muertes, no de combatientes sino de población civil en medio de los escombros de una artillería que deshace ciudades… Y ya no sólo en Gaza sino en Cisjordania o en Jerusalén.

En el momento actual, la documental palestinoisraelí sustrae de las candilejas la monstruosidad que está pasando allí nomás a pocos km de Masafer Yatta. Allí, entre vecinos vemos un cartel: “Palestinians lives matter”. Se entiende la intención; adueñarse de la consigna que los afroamericans difundieron contra la violencia policial estaodunidense. Me pregunto, empero, porqué la consigna no está en árabe, al menos en las tomas locales, las que no son for export.

−“Te llevan [detenido] y es una suerte de tortura emocional”, dice Adra a propósito de la detenciòn de su padre; el documental ilustra la coexistencia (forzosa) entre autos “amarillos”, de israelíes y autos “verdes” (palestinos).

−Ante un ataque pide un palestino: “Dame una cebolla por los gases lacrimógenos”.

−Una madre, desesperada por el hijo que fue baleado porque trataba de evitar que los soldados le robaran  un generador,  y ahora esta parapléjico, se pregunta qué hacer y si lo mejor no es que Allah se lleve a su hijo…

−Adra les grita, indignado: “Soldado: estoy filmando todo esto.” [6]

Pensemos estas situaciones, en los territorios gazatíes luego del 7 oct. 2023. Cuando los militares derriban todas o casi todas las edificaciones de las poblaciones gazatíes a veces con gente adentro, enterrada viva (a ese grado de degradación ha llegado el ejército “más moral del mundo”).

Estamos mucho peor de lo que nos muestra No other land. Como cultura humana. Como red mundial. La impunidad de Israel es manifiesta. Siempre hay gente, humanos de buen corazón y coraje civil. Hasta en la ONU. Honor a UNRWA, a Francesca Albanese, italiana, a Richard Falk, judío estadounidense (de la estirpe de los  Benjamin Freedman, ayer y Max Blummenthal hoy), a Folke Bernadotte, sueco, el primer mediador del conflicto palestino-israelí, asesinado −por quien será guardaespaldas de Ben Gurión−, “gracias” a sus esfuerzos para lograr una solución justa dentro de la ONU.

Israel no rinde cuentas. Nadie −significativo− se las pide. Como explica un periodista lúcido: “Informes concluyen que Israel comete genocidio. Occidente bosteza”.[7]

Mientras las atrocidades cometidas antes por el sionismo ahora por Israel se ventilen en Óscares, Israel seguirá impune.□

notas:

[1] Ceremonia del Óscar, Hollywood, 3 mar 2025.

[2] Estas aplicaciones siempre tienen desvíos para peor: cuando el soldado israelí Gilad Shalit es capturado en 2006, las fuerzas israelíes procuran rescatarlo mediante sucesivos allanamientos a diversos locales palestinos presumiblemente de Hamás o no. Durante muchos meses, más de un año. A lo largo de esos presuntos rescates, jamás exitosos, se estima entre cien y doscientos los palestinos asesinados. Shalit fue canjeado varios años después por más de mil presos palestinos y fue visto públicamente una sola vez. Al declarar que había sido siempre bien tratado, nunca se lo volvió a presentar.

El episodio nos permite corroborar que sin «Lavender» ya se cometían “excesos”…

[3] Escalofriante programa para matar junto con “el blanco”, esposa, padres, hijos…

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Masafer_Yatta

[5]  Genocidio de los pueblos nativoamericanos o su reducción a campos de concentración denominadas “reservas indígenas”.

[6] En el documental se aclara que la invocación militar a desplazar a los pobladores palestinos de la región por necesidades logísticas, se reveló finalmente, sólo una excusa.

[7] Jonathan Cook, https://www.middleeasteye.net/opinion/gaza-israel-another-expert-report-committing-genocide-west-yawns. Middle East Eye, 25 dic. 2024.

Publicado en Centro / periferia, General, Palestinos / israelíes, Poder, Poder mundializado, Política

GENOCIDIO AL DESNUDO Y A LA VISTA DEL PÚBLICO

Publicada el 19/02/2025 - 05/03/2025 por luissabini

19 febrero 2025

por Luis E. Sabini Fernández

La historia muestra el  conflicto de fuerzas diversas,  a menudo contradictorias. Lo cual da paso a diálogos, a menudo ríspidos. El diálogo suele ser parte de muchísimos conflictos humanos.

Calígula, al parecer, si dialogaba, lo hacía sólo con Incitatus, su caballo. En tal caso, se ha perdido todo diálogo humano.[1] Relaciones de ese tipo existen, por ejemplo, con una noción de estado absoluto, que prescinde del diálogo: “El estado soy yo”, de la monarquía absoluta de los Borbones.

Pero en general, el desarrollo y la convivencia de diversas culturas y naciones implica cierta suerte de diálogo.

Los genocidios constituyen, en cambio,  la antítesis a todo diálogo.

Medidas genocidas, como la matanza nazi de judíos (y otras categorías de humanos también rechazadas por el nazismo), se han llevado a cabo de modo no del todo públicamente. Se sabía algo, se intuía algo, muchos sospechaban con certeza, pero no había nada abierto, explícito.

Cuando los hutus, perfectamente amparados por poderes extrarruandeses,[2] libran una matanza de tutsis que se estima puede haber llegado a ser de un millón de seres humanos, hombres, mujeres, niños, “empresa” que insumirá varios meses del año 1994, otra vez, como con el nazismo, hay barruntos, indicios, algunos tienen certezas o cuasicertezas, pero  no existe la declaración abierta, descarada, sin tapujos, de semejante política: el genocidio.

Lo que se ha desencadenado el 7 oct. 2023 en la Franja de Gaza; se ha constituido en un genocidio a cielo abierto, a la vista (y paciencia; nunca tan bien aplicado este segundo aspecto) del público.

El genocidio explícito desatado el 7 oct. 2023 no sobrevino en cielo sereno. El genocidio palestino y en particular el gazatí, venía manifestándose desde por lo menos 2005 o 2006.

El episodio disparador parece haber sido la autoevacuación de unos pocos miles de colonos sionistas que se habían instalado a la fuerza en la Franja de Gaza construyendo enclaves a todo lujo en el saqueado, magro territorio. Se retiran, tras destrozar todas las costosas instalaciones que habían montado en medio de las privaciones a que estaban sometidos los palestinos. E Israel inicia el cerco mortal a la Franja, impidiendo todo contacto de dicho territorio ni por aire (destrozan el aeropuerto de la Franja financiado en su momento por la asistencia española), ni por agua (bloquean el puerto y cercan su costa al punto que los pescadores palestinos pueden apenas pescar en la orilla (siendo baleados si entran aguas adentro), ni por tierra, adueñándose militarmente de todos los ingresos salvo los fronterizos del lado egipcio; a Egipto se le impone su política de bloqueo, que, estrangulado financieramente, acata.

Esa escandalosa mudanza, hiriendo tierras y sociedades, parece responder a un hecho político preciso: luego de años y años sin que los palestinos pudieran decidir su destino político, porque Israel bloqueaba toda salida autónoma fuera de su influencia o porque las elecciones palestinas eran cada vez más amañadas, en 2006, con la presencia de veedores internacionales confiables, como el Centro Carter, se logran elecciones con un margen aceptable de veracidad y ¡oh sorpresa! es Hamás, confesional, islámico, tradicionalista, lo que gana las elecciones. Se prueba así que los palestinos habían estado embretados por partida doble: desde el designio sionista, reinventando un país a su servicio desechando “el material humano” allí presente, y desde una dirección política que en algún momento fue de resistencia a la imposición sionista, pero que por desgaste y/o derrota fue siendo políticamente deglutida, por más que sus banderas “de izquierda o socialista”  se siguieran enarbolando y confundieran a muchos simpatizantes de la causa palestina.

Hamás se impuso categóricamente en la Franja de Gaza. Y más ceñidamente, también en Cisjordania y Jerusalén (Oriental). Inmediatamente, con “asistencia” israelí, la OLP y su liderazgo congelado procuran rehacerse del gobierno, ignorando los comicios: los candidatos votados de Hamás son detenidos y depositados en cárceles y la alianza espuria entre Israel y la ANP logra readueñarse de facto de los cargos en Cisjordania. Pero los dirigentes de ANP no pueden mantenerse dentro de la Franja de Gaza.

El resultado electoral, real, Hamás al gobierno, es lo que decide a la dirección sionista a eliminar a Gaza, derecho viejo. Claro que no se puede hacer todo “de una”…

Desde entonces, Israel inicia un cerco de hierro: todo suministro proviene exclusivamente desde Israel. Los que quieren hacer desaparecer a la Franja de Gaza y su población refractaria se constituyen en sus aprovisionadores exclusivos. La alimentación mengua y el agua empeora deliberadamente su calidad. Los viajes se dificultan. Se inicia un “trapicheo” moralmente atroz: cuando un enfermo no puede atenderse dentro de la Franja y tiene que ser internado en hospitales de, por ejemplo, Cisjordania, las autoridades chantajean al enfermo: lo dejan ir si se hace infidente.

Todo va escaseando cada vez más: alimentos, medicamentos, elementos de cultura, ladrillos, canillas, vajilla, jabón, vestimentas, y, claro, agua. Israel derriba toda alberca y balea los depósitos de reserva cerca de su  base, para vaciarlos.

Nadie enjuicia a Israel por esos comportamientos. Entre 2006 y 2023. Todos pregenocidas. Preparatorios de un desenlace que no puede no ser genocida.

Las observaciones se van apilando. Lo advertirá el noruego Richard Falk, comisionado  de la ONU ante los territorios palestinos, y recientemente la italiana Francesca Albanese, relatora de la ONU sobre la cuestión palestina.

Pero la ONU carece de ejecutividad. António Guterres, su secretario general, es un monumento ecuestre a la impotencia. Todo el diseño onusiano está cuidadosamente establecido. Porque, como han sincerado algunos privilegiados, la igualdad no es igualitaria. Las medidas se declaran para todos, pero el sagrado principio de desigualdad ante la ley preserva a algunos de cumplirla.[3]

El proceso de estrangulamiento programado por Israel, se remata  con el “Acuerdo del Siglo”, en 2020 para solucionar el “diferendo” palestino-israelí, firmado entre Israel y EE.UU., donde los palestinos ni siquiera aparecen como notificados, menos aun firmantes. Esa ausencia confirma la política de erradicación/usurpación/extinción/exterminio (proponemos al lector elegir la denominación más acorde).[4]

Así que el sionismo se dedicó a incentivar su política de negación de lo palestino. Pero matar directamente y no masivamente, solivianta. En cambio, políticas restrictivas; deterioro de salud, falta de asistencia, restricción de agua, escamoteo de alimentos nutritivos, generación de enfermedades (por ejemplo, echando material contaminante a la tierras más altas de Gaza, asegurando que lentamente se van a extender por toda su escasa superficie, camino del mar), tienen a la larga el mismo efecto. Y la política de “redención de la tierra” funciona así con menos fricciones (pero necesita más tiempo).

Algunas organizaciones políticas palestinas, como la ANP, con su seudoindependencia  vegetaban parasitariamente. Pero organizaciones enfrentadas al sionismo, como Hamás, vieron la encerrona. Y la agonía. Y la inminente extinción.

Parece ser que un estratego formidable, Yahya Sinwar, que en sus larguísimos años de cárcel llegó a conocer el modus operandi israelí y aprendió hebreo, advirtió que esta vez el asentamiento sionista avanzaba y se hacía imparable. Había conocido el amargo sabor de la represión a mansalva cuando estuvo entre quienes forjaron las Marchas por la Tierra, en 2018 y 2019, absolutamente pacíficas, que así y todo cosechó centenares de muertos y mutilados palestinos. Como tantos palestinos, vio el disfrute de las tropas de élite de Israel, haciendo su cometido; el destrozo de los cuerpos de palestinos y palestinas.

Y los más decididos entre los decididos hicieron el copamiento guerrillero del 7 de octubre, ajusticiando (nunca mejor usado el verbo) decenas de policías o soldados (hay que tener en cuenta que en un seudoestado nacional como Israel, que en rigor es un verdadero territorio de conquista –en movimiento, en realización− no hay distinción entre soldados y policías, al menos hacia la población colonizada). Y “cosecharon” unos dos centenares de rehenes para intercambiar por sus millares de presos (la mayoría “administrativos”, es decir sin delito ni juicio a la vista; únicamente sustraídos a la circulación social). Este último operativo disparó muchas situaciones de violencia porque en general los israelíes cuentan con muchos dispositivos de seguridad.

Se ha insistido mucho en el posible carácter de celada israelí, por la demora en la respuesta (nada menos que seis, casi siete horas, en un territorio diminuto y con un ejército como el israelí, proverbial en su coordinación y dispositivos de respuesta). Actuar “defendiéndose” le habilitaba un contraataque feroz.

No tenemos pruebas fehacientes. Pero ante la dificultad de aceptar tanta demora en la reacción, se tejen hipótesis, inevitablemente, procurando entender el significado del choque de colonizados expoliados y tratados como inferiores −que a su vez se sienten dignos y en modo alguno inferiores− y colonizadores racistas que habían fomentado inicialmente a estos refractarios religiosos islámicos para quitar de en medio a los movimientos palestinos laicos, socialistas y antiimperialistas.

El decurso histórico ha dado un crudo mentís a las expectativas israelíes de la primera hora, a tal punto que el mismo Israel ha cambiado su estrategia y ha convertido a fuerzas musulmanas como Hamás en su adversario principal, puesto que las principales organizaciones laicas de la “izquierda” palestina han sido al menos parcialmente deglutidas con el espejismo de un (mini)estado palestino, recibiendo su principal agrupación dinero y armas para sostener sus estructuras administrativas de personal palestino en los miniterritorios con autonomía muy relativa (para algunas tareas municipales).

El planteo de los resistentes resultaba inadmisible para Israel desde todo punto de vista. Porque procuraban, exigían, ser tratados de igual a igual. Algo que es ajeno a la mentalidad colonialista en general y sionista en particular. ¿Cómo seres inferiores, gente subhumana, puede pretender tamaño encumbramiento?

No sólo que no corresponde, sino que molestan, irritan, alegarán muchos israelíes, titulares del proyecto de ciudadanos de primera categoría.

Sinwar acertó, pagándolo con su vida. Porque Israel le mostró al mundo lo que es su hybris, perfectamente salpimentada con chutzpah.

Basta ver la foto de exteriores de una decena de soldados femeninas que combinan su gracejo juvenil, con selfies y acicalamientos, en plena calle, a la intemperie, ante lo que queda de Gaza en escombros, rodeadas de ruinas de edificios civiles con viviendas que tienen cadáveres entre sus escombros, entrecruzados con planchadas y columnas derribadas. Ellas sonríen, risueñas, coquetas, fijando un momento histórico… todo recién derribado sin duda, todavía el olor a podrido, a muerte, no ha alcanzado sus delicadas narinas…

Esa foto es la expresión más atrozmente sincera del ombliguismo, de la falta radical de diálogo, de una suerte de solipsismo que le hace creer a su titular que está solo. En el mundo. Que el mundo circundante no existe. Que no existe el prójimo.

Toda idea de diálogo en su sentido filosófico, existencial, está de más. Todo es pan con pan.

Para agregar al autismo militante que nos muestra la foto, hemos visto otros videos subidos sin más a internet con otras israelíes, haciéndose las lastimadas, remedando burlonamente a palestinas que estarían inspirando lástima, con heridas falsas. Estamos hablando de la población gazatí a la que se les ha derribado casi todas sus viviendas, arrasando cuerpos, mobiliarios, vestimentas, alimentos, instalaciones de agua y mucho más… hermanos, hijos, abuelas… esas palestinas se quejan −según las burlonas israelíes−, mintiendo.

Hay videos en que israelíes gozan tomando agua o dilapilándola. El escarnio ha sido de tal volumen que ”la Comsión Europea instó a x, meta y tiktok a eliminar [tales] imágenes.” [5]

Cuesta incluso escribirlo. Ser tan mendaz, tan sádico, tan repugnante, tan risueño y gozoso ante el mal ajeno (que has infligido tú mismo) daña el alma… hasta de quien lo escucha.

¿Cómo podemos siquiera aproximarnos a esa actitud ante seres humanos?

Como explican religiólogos con mucho fundamento –Laurent Guyénot, por ejemplo− esa enorme distancia o abismo entre los habitantes del Gran Israel y el resto de la humanidad puede intuirse a partir de un exclusivismo religioso, social, psíquico, que haya generado un abismo entre los titulares de esa religión y el resto de (¿la humanidad, el planeta, los contemporáneos?).

Un deslinde se impone: la religión de estado que se considera base ideológica del Estado de Israel no es la religión judía que profesan muchos judíos que no son sionistas ni israelíes.

Volviendo al Estado de Israel, entendemos que no tiene sentido entenderlo como un estado más, como si fuera  otro Portugal, otra Polonia, otra Malasia.

Estos últimos países, que he enumerado al azar, tienen su historia, con tramos imperiales, con tramos racistas,  con tramos de esclavitud. Sociedades, más o menos azarosamente constituidas, por humanos.

Israel es otra cosa. Sus “pergaminos” vienen celosamente dispuestos en disposiciones de “el libro”, “el libro de los libros”, como si se tratara de pruebas científicas, inapelables, tan incontrovertibles como la Gran Muralla China o la Torre Eiffel.

Y esa documentación exclusiva, en un diálogo también exclusivo con cierto dios les habría otorgado un derecho clave… como dice risueñamente el ya invocado Guyénot: “Tenemos el mismo dios, pero Él nos eligió a nosotros.”

Israel es una sociedad donde el periódico más progresista se pregunta, con total normalidad:  “¿Por qué Israel todavía no ha asesinado al líder Yahya Sinwar, en Gaza?” [6] Lo pregunta tan neutral y naturalmente como si preguntara porqué el ministro fulano de tal no concurrió al evento de ayer.

Lo expresa con claridad la Cátedra de Estudios Palestinos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires: “[…] El desparpajo y la brutalidad con la que se anuncia semejante crimen colectivo de lesa humanidad son demostrativas de la impunidad con que operan ambos estados colonialistas [EE.UU. e Israel]  y del propósito de continuar violando en forma continua y cada vez más acentuada el derecho internacional. En particular, la Carta de las Naciones Unidas que prohíbe la conquista del territorio de otro pueblo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y todos los tratados que la complementan, especialmente la Convención sobre Genocidio antes citada.” (5 feb. 2025)

Las violaciones resuenan, y destaco lo del desparpajo. Que trasunta la enorme, insondable impunidad que goza tan peculiar formación política. Que no tiene Constitución, que no tiene límites. Y que confunde permanentemente, y cada vez más, su jurisdicción con la de EE.UU. (que en ciertos aspectos es como decir que se confunde con por lo menos medio mundo…).

Ese desparpajo se refuerza con la prescindencia del resto.  Jonathan Cook, el extraordinario periodista británico que viviera durante décadas en Nazaret  titula un artículo  reciente: ”Otro informe de expertos concluye que Israel está cometiendo genocidio. Occidente bosteza”.[7] (25 dic. 2024)

Caitlin A. Johnstone, en este mismo mes de febrero, revisando una encuesta del Jewish People Policy Institute (Instituto de Política del Pueblo Judío) registra que apenas el 3% de los judíos israelíes consideran inmoral el plan de expulsión masiva de palestinos[8] de la Franja de Gaza que procura llevar a cabo la sustitución de población árabe por población “del libro”, según la terminología judía ortodoxa.[9]

Desparpajo, desfachatez y el bostezo de los otros.

El lenguaje sin tapujos de la violencia y el asesinato: el ministro de Seguridad israelí (el equivalente de un ministro del Interior rioplatense) se indigna cuando periodistas preguntan por la comida deficiente para presos palestinos (porque se ha producido un terrible deterioro): −¿Comida para presos? Responde Ben Gvir: −Balas, eso es lo que merecen, ¡voy a pasar un informe para que reciban bala, no pan!

El presidente del llamado Estado de Israel, Isaac Herzog, para muchos, un moderado, es decir que no sería de andar diciendo atrocidades o bravatas, declaró: “No hay inocentes en Gaza.”  La enormidad, clínicamente genocida, de esta frase nos da la visión que Israel, los sionistas y judíos israelíes en general tienen del “problema palestino” (un problema, que ellos, justamente, crearon: hubo judíos conviviendo con árabes musulmanes durante siglos, pero no eran sionistas).

Esa actitud que hemos citado de Herzog condiciona también brutalmente la respuesta. Hace brotar la resistencia. Si alguien quería su tierra, su entorno, su idioma, pero además si se lo condena como delincuente por todo ello, ¿qué queda? Aferrarse a su tierra (y a rasgos que de pronto no son compartibles o saludables; para quien esto escribe toda religión monoteísta es potencialmente fanática y asesina, porque genera una estructura de poder vertical, y en ello incluyo a la religión judía, al cristianismo y al Islam). Pero los palestinos viven, vivían en su tierra y no quieren se expulsados como ratas o basura, porque no son ratas ni basura. Y están en su tierra.

Gaza, además, carece del pedigree bíblico otorgado a zonas como Samaria, como asiento histórico de tribus judías. Gaza fue colonia romana y con religión no judía en el tiempo de los reinados judíos cercanos. Palestina no es sino una modernización de su nombre en latín, Philistina: tierra de filisteos)

Ayelet Shani (30 ago 2024, en Haaretz), judía, ha planteado: “Creo que el sueño sionista no es viable por haberse basado en errores.” Está dicho con muchísima suavidad. Pero así y todo…

Y el rabino Avidan Freedman, que vive en Cisjordania (en la colonia judía de Efrat) declara “rechazar lo que ve como una santificación de la fuerza”. Se pregunta: “¿Quién sino un dueño de su tierra la defiende junto a sus hijos con tanta dignidad y empeño? Y se plantea que no ve el mismo amor a la tierra de sus cofrades judíos. Dice: “Si nuestro pueblo realmente hubiera valorado la tierra de Palestina, no habríamos sido testigo de estas oleadas masivas de judíos huyendo por los aeropuertos”, Y confiesa que no comparte para nada “las peores atrocidades que infligíamos a los palestinos: asesinatos, encarcelamientos, bloqueo, segregación, e incluso ahogarlos en drogas y corromper sus mentes con ideas que los alejan de su religión, como el ateísmo, el libertinaje y la perversión sexual.” [10]

La descripción citada nos permite ver la gravedad insondable de esta empecinada conquista de la triturada, despedazada, despellejada Palestina y su población.

Jonathan Cook ha estado observando la clara mengua de noticias sobre Gaza y Palestina en la prensa británica. Es indudable que eso, la represión de noticias, tiende a eliminar el tema de la agenda.

Pero la situación mediática actual no es propicia para ese tipo de “conspiración de silencio”. Porque la multiplicidad de fuentes es casi ingobernable y hasta el paralizador celular cumple en este aspecto una función removedora: cualquiera que ve un acontecimiento lo puede fotografiar, filmar, comentar y difundir.

De todos modos, como advierte el ya multicitado, Cook en la misma nota: “Ver cómo se desarrolla un genocidio semana tras semana, mes tras mes, y no poder hacer nada para detenerlo tiene un efecto terrible en nuestra salud mental.”[11]

Y advierte: “casi 15 meses después, el genocidio en Gaza se ha vuelto completamente normal, se ha convertido en otra noticia menor y rutinaria que queda sepultada en las páginas interiores.”

Una aplicación siniestra de “esta normalidad” es el plan de Trump (en rigor, de Jared Kushner) para hacer de la costa gazatí un centro de turismo de élite para milmilllonarios judíos del mundo entero.

Como en el ya citado Acuerdo del Siglo de 2020, auspiciado por el mismo yernísimo Kushner y refrendado por Netanyahu, que fuera presentado como un acuerdo de israelíes y palestinos pero estaba firmado por las direcciones políticas de EE.UU. e Israel (en rigor, se trató de un “acuerdo” entre Israel e Israel, porque Kushner es un sionista fanático, que habla de “fuerzas del bien y fuerzas del mal”, para referirse a la política): suena la voz de la trascendencia religiosa judía, no la de la política norteamericana.

¿Nos vencerá la normalidad que nos rodea y apabulla con noticias del universo onusiano, ocupándonos permanentemente o lograremos superar ese cerco mediático? □

notas;

[1] El caso del presidente argentino Javier Milei sería más complejo porque si bien  “dialogaría” con Conan, su perro clonado en varias versiones, también declara tener un diálogo humano propiamente dicho, por ejemplo, con su hermana.

[2] Uno de tales apoyos resultó ser el Estado de Israel,  como proveedor de armas y material usado en Rwanda durante el genocidio.

[3] Pido disculpas y remito a mi nota “Aplicando el sagrado principio de desigualdad ante la ley”, 22 ene 2025. En https://revistafuturos.noblogs.org.

[4] Ni siquiera se puede alegar lo que los racistas fundacionales de EE.UU. sostenían para exterminar a los nativoamericanos del norte; que se trataba de pueblos presuntamente exhaustos en comparación con el vigor intrusivo de los americans. Fue la coartada que algunos intelectuales piadosos, como Fenimore Cooper (El último mohicano), empuñaron para justificar los atropellos y robos de tierras. Pero en Palestina, con tasas de natalidad tan altas como las de los judíos ortodoxos más prolíficos… ¿qué podían alegar?

[5]  https://www.youtube.com/shorts/N3tFusXr3AI.

[6]  https://www.haaretz.com.israel-news/2024-09-18. Nota escrita por Yossi Melman.

[7] Middle East Eye, 24 dic. 2024, https://www.middleeasteye.net/opinion/gaza-israel-another-expert-report-committing-genocide-west-yawns.

[8] Que es mucho más que una expulsión: para concretar dicha expulsión, el estado sionista ha hambreado y enfermado a muchísima población, y ha herido y matado a muchos de los que resisten ser desalojados de sus viviendas, su entorno, del fruto de su trabajo.

[9] Blog  Personal Rafael Poch de Feliu, https://rafaelpoch.com.

[10] ‘I Believe That the Zionist Dream Is Not Viable as Long as It Is Based on Wrongs’ Haaretz, 29 ago 2024 (September 16, 2024).

[11] Ibíd.

Publicado en Centro / periferia, EE.UU., Palestinos / israelíes, Poder mundializado, Sociedad e ideología

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