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Categoría: Poder mundializado

¿Es la vacuna la solución o el mal menor necesario o más bien apenas una experimentación?

Publicada el 04/07/2021 - 13/07/2021 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

Todos “sabemos” que los chinos, de Wuhan,  compran murciélagos en la feria y se los comen. ¿Quién no lo sabe? Lo repiten miles de millones de comunicados e imágenes.

¿Sabemos?: en el mercado de Wuhan no se comercializan murciélagos. Nadie come murciélagos en Wuhan. No pertenece al repertorio local de comidas.

El SARS COV 2 y lo que se ha desatado con las infecciones y contagios a repetición,  tiene una versión oficial: virus introducidos desde murciélagos comprados en un mercado chino de carnes silvestres y convertidos en el agente “espontáneo” causante de la pandemia en curso en todo el planeta, ha estado durante año y medio infectándonos y no sólo nuestros cuerpos sino los modos de pensar, de tener miedo, de actuar, en casi todas partes, tanto desde la medicina institucional como desde el periodismo, y ciertamente, desde las instancias políticas que se supone nos gobiernan.

Durante este año y medio, la humanidad parece haber ingresado a una única enfermedad, omnipresente como para que prácticamente todas  o gran parte de las otras enfermedades características de la humanidad y sobre todo de nuestro estilo de vida, no digamos hayan desaparecido pero sí eclipsado. El periodismo considera cumplida su labor atosigándonos con casos covid, tests covid, vacunas covid, como si  otras enfermedades, por ejemplo respiratorias o circulatorias, hubiesen desaparecido…

No sólo eso; todo periodista, investigador que procure incursionar en esas otras áreas, periodísticamente abandonadas son casi de inmediato disuadidos de hacer  tales incursiones bajo los epítetos de negacionistas, conspiranoicos y lindezas por el estilo.

Me permito citar los párrafos iniciales de una nota de autor “maldecido”, Ron Unz, estadounidense, tenido a la vez por judío y por antisemita; por derechista, racista  y antiimperialista… citemos apenas sus palabras:[1]

“Han pasado décadas desde la última vez que leí George Orwell 1984, pero las porciones de esa novela distópica clásica se han convertido en parte de nuestra cultura política común.

Está esa famosa escena en la que un orador está dando un largo discurso en tiempo de guerra en un mitin político, alabando al heroico aliado de Eurasia y denunciando al archienemigo de Eastasia, pero se le entrega silenciosamente una nota en la mitad del discurso e invierte por completo el hilo del discurso, vilipendiando al primero y aclamando al segundo: ‘Siempre hemos estado en guerra con Eurasia’.

Durante las últimas dos semanas, hemos sido testigos en tiempo real de este tipo de cambio radical y repentino en posiciones mantenidas durante mucho tiempo con respecto a los orígenes de la epidemia mundial de Covid, que ha devastado gran parte del mundo. Desde principios de 2020 en adelante, la narrativa principal había sido que el virus era natural, y cualquiera que sugiriera que podría ser el producto artificial de un laboratorio fue denunciado como un ‘teórico de la conspiración’, muy similar a los activistas de QAnon ridiculizados sin cesar. en los medios. Esta línea oficial a menudo fue aplicada con dureza por nuestros principales monopolios de las redes sociales, y Facebook prohibió sumariamente todas las publicaciones que sugirieran lo contrario.

Pero esta situación ahora ha cambiado por completo, y en los últimos días el WSJ, el NYT y nuestros principales medios de comunicación electrónicos han publicado noticias destacadas que tratan esa antigua herejía de una manera muy respetuosa, e incluso sugieren que el peso de la evidencia podría favorecerla. El Senado [de EE.UU.] ha votado a favor de desclasificar de inmediato todos nuestros documentos de inteligencia relacionados con el origen del virus, y la presión política masiva sobre el presidente Joe Biden lo ha obligado a ordenar que se produzca y publique una revisión de inteligencia completa en un plazo de 90 días. Parece que un consenso de élite emergente pronto puede favorecer teorías que anteriormente habían sido relegadas a rincones extraños de Internet.

El evento desencadenante de este notable cambio en el sentimiento de la élite estadounidense fue un artículo de 11.000 palabras muy razonado y persuasivo del periodista Nicholas Wade. Aunque el autor había pasado más de cuatro décadas como un reportero científico de primer nivel en el NYT y otros medios líderes, su trabajo se publicó silenciosamente el 2 de mayo en el sitio de blogs Medium, sin ningún respaldo ni prestigioso sello, y luego se volvió a publicar el 5 de mayo por el sitio web de poco tráfico del Bulletin of Atomic Scientists: “Origen de Covid: siguiendo las pistas. ¿Abrieron las personas o la naturaleza la caja de Pandora en Wuhan?” (2 may 2021).

Sigue Unz:

A pesar de unos comienzos tan desfavorables y del tono cauteloso y moderado de su texto, las consecuencias fueron dramáticas. Aunque casi todos los hechos y pruebas que Wade discutió ya habían estado disponibles públicamente durante la mayor parte del año pasado, su análisis cuidadoso y su considerable credibilidad periodística transformaron rápidamente el panorama intelectual. Comenzó su largo artículo explicando que a partir de febrero de 2020 en adelante se había inflado una enorme burbuja ideológica por la propaganda política disfrazada de ciencia, una burbuja que luego se mantuvo a través de una combinación de cobardía e incompetencia periodística.”

Unz remata con este cambio de línea del Wall Street Journal, de Facebook y los principales centros de difusión de imágenes de realidad [que no son la realidad]: “Facebook pone fin a la prohibición de publicaciones que afirman que el Covid-19 fue creado por el hombre.»

¿En qué quedamos? Durante más de un año tales afirmaciones eran anticientíficas, conspiranoicas, terraplanistas… y ahora adquieren legítima carta de ciudadanía en el mundo del saber?

Nicholas Wade con su abordaje ha reubicado la cuestión, desmontando toda la ristra de verdades oficiales.[2]

Un viejo aforismo afirma que se puede mentir a algunos todo el tiempo y que se puede mentir a todos por un hecho aislado, pero que resulta a la larga imposible sostener una mentira generalizada para todos.

Parecería estar llegando este último caso con “la pandemia del virus Covid 19”.

El primer síntoma del resquebrajamiento de la verdad oficial es que algunos de sus cultores, –no los medios de incomunicación de masas siempre fieles a las verdades oficiales y al seguidismo más abyecto–, sino sitios con presunta conciencia crítica, que por otra parte aplican a muy diversas cuestiones, han registrado este cambio de frente.

En la hora de abandono de la nave oficial, de la OMS y el Big Pharma; los nuevos voceros nos empiezan a martillar con que siempre fueron independientes y críticos y que sólo querían evitar los negacionismos más absurdos y abyectos.

Hubo negación de quienes desconfiaron de toda “la puesta en escena” y por reducción al absurdo, llegaron a sostener que no existía el coronavirus, el Covid 19. Pero Gates, la OMS, los consejos asesores, rechazando ese planteo, se llevaron por delante toda crítica, toda exigencia de verdad, escamoteada por la ola del miedo.

A caballo de esa “lucha” contra los “anticientíficos”, los “antivacunas”,  lograron plasmar como pocas veces antes el apotegma de Nicanor Parra: “La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”.

Pero quienes hasta ayer nomás eran los más incondicionales de las bulas de la OMS, de las versiones propaladas por los organismos científicos “asesores”, ya sea del gobierno de EE.UU., del de Argentina, del de Uruguay (para señalar los que más llegaban a mis oídos), descalificaron toda crítica como alienígena, conspiranoica.

En rigor, la mera invocación de tales insultos daba para inferir que las verdades proclamadas eran bastante débiles. Pero amparados en un martilleo mediático permanente, la OMS, diversos gobiernos, la industria farmacéutica, los medios de incomunicación de masas, como un solo hombre (con contadísimas excepciones), lograron imponer primero el miedo, y luego, una fiebre provacunas e invistieron grupos honorarios y eminencias que apostrofaron y dictaminaron como si los designados tutores de la salud pública fueran garantía de solvencia,  de independencia, de ciencia.

Ni una cosa ni la otra. Para hablar de solvencia vale traer a colación la observación de José Ortega y Gasset: “¿Es el científico un «ignorante instruido»? […] No es un sabio porque ignora formalmente cuanto no entra en su especialidad; pero tampoco es un ignorante, porque es «un hombre de ciencia» y conoce muy bien su porciúncula de universo. Habremos de decir que es un sabio ignorante, cosa sobremanera grave, pues significa que es un señor el cual se comportará en todas las cuestiones que ignora no como un ignorante sino con toda la petulancia de quien en su cuestión especial es un sabio.” [3]

Para hablar de independencia, baste recordar que algunas figuras del establishment médico mundial tienen estrecha relación material con empresas e instituciones del universo médico que es todo menos independiente. Para no hablar del caso de Bill Gates erigido en árbitro supremo dentro de la OMS, constituido en su principal contribuyente. Un retorno a la filantropía, que desde tiempos medievales había estado –afortunadamente– retrocediendo.

El Big Pharma no se quiere perder la colocación de 16000 millones o 24000 millones de vacunas. Por más que a gatas estén probadas y se vaya advirtiendo la presencia de secuelas cada vez más graves y frecuentes.

Durante este año y medio, quienes percibimos fuerte olor a podrido en Dinamarca, fuimos filtrados, rechazados, purgados en algunos sitios-e, portales de comunicación crítica, alternativa,  desechados por gobernantes progresistas.

¿Es que acaso mencionar que en EE.UU. se lleva a cabo, desde hace décadas, en laboratorios civiles y militares, la test-tube war, o se practica biología sintética, fabricando “quimeras”, es terraplanista o extracientífico?

Lo que es anticientífico es poner todos los muertos imaginables como Covid 19. O pagar “generosamente” a los servicios hospitalarios una prima por enfermo Covid 19, una aun mayor para cada ingreso a Terapia Intensiva, como sucede en Argentina, donde los Hospitales Públicos de Gestión Descentralizada (HPGD) perciben “módulos prestacionales”, por caso y por día (nos tememos que en muchos otros sitios rige la misma dinámica).[4]

Porque, ¿qué pasa con una política tan “solidaria y atenta” a las inflexiones pandémicas? Que los servicios sanitarios registran todo lo que pueden como Covid 19. Si no lo hay, lo inventan. Para-mejor-combatir-la-enfermedad, claro.

¿Es que sospechar cierta mano en el hecho que el primer “brote” haya surgido en una zona china y el segundo, a miles de km de distancia, en Irán, es oscurantista, anticientífico, conspiranoico? ¿Acaso criticar la desaparición virtual de todas o casi todas las otras enfermedades en los listados de defunción de países enteros es anticientífico? ¿Criticar la peculiar política la OMS de abolir autopsias es acaso anticientífico?

En realidad, es todo al revés. Los que invocan la falta de ciencia de los críticos son los principales violadores del espíritu científico, aferrados a verdades oficiales, que suelen ser tan engañosas. Propulsores de verdades oficiales. Llevados por ellas. Pagados por ellas.

Muchas autoridades nacionales, bailando al compás de la OMS y el Big Pharma, pero alegando hacerlo al compás de la ciencia, han desechado toda info crítica a la campaña desatada, han omitido toda información respecto del devenir del resto de las enfermedades humanas, dando pábulo a que se “contara” equivocada, abultadamente los casos de Covid19. Y han omitido deliberadamente estadísticas que revelan una significativa cantidad de secuelas entre vacunados.

Con un efecto psicosocial inevitable y espeluznante: expandir el miedo por la sociedad más allá del que proviene de la realidad.

Porque las vacunas presentan una cantidad asombrosamente alta de trastornos. Lo que era con vacunas tradicionales aprobadas después de años de aplicación algunos casos por millón, ahora se presentan miles por millón. No son (todavía) mayoría, pero empiezan a ser una preocupante minoría… Muchos suponen que la vacunación en curso  no es sino la mentada Etapa 3 en vacunas con trámites “normales” y no acelerados.

Un ejemplo del desconcierto en que nos movemos lo brinda las declaraciones de la patóloga argentina que trabaja en el Reino Unido, tras haber recibido la distinción de la “Excelentísima Orden del Imperio Británico”, quien entrevistada por Néstor Dib[5] afirmara que ‘dos dosis de vacuna disminuyen la posibilidad de morir de Covid 19’ y a la vez (en otro pasaje) señalara que “la cuarta parte de los fallecidos tienen las dos dosis”. Si todavía suponemos que la mayoría de las muertes provienen de no vacunados, la cuarta parte de fallecidos en la franca minoría de quienes tienen las dos dosis, pasa a ser aterrorizantemente significativa…

Nunca hubo unanimidad ni mucho menos ante la incursión del coronavirus. Una enorme cantidad de médicos, virólogos, biólogos, infectólogos, con reconocida solvencia técnica y profesional  –Máximo Sandin, Michael Yeadon, María José Martínez Albarracín, Pascal Sacré, Pablo Goldschmidt, John Lee, Klaus Püschel, Gérard Krause y tantos otros–  se han desmarcado del discurso oficial y han denunciado el escandaloso papel de una OMS privatizada mediante filantropía. Mientras, hemos tenido que ver el papel de billonarios como Bill Gates participando de instancias resolutivas de la OMS con su alcance mundial, investido de facultades sanitarias por la mera cantidad de dinero en su poder.

La política catch all de la OMS, disponiendo que el diagnóstico de Covid 19 fuera el dominante por defecto ante toda muerte, prohibiendo a la vez las autopsias (que podrían revertir semejantes “diagnósticos”), no tuvo jamás la atención de los medios masivos de incomunicación de masas que se nos han presentado como los grandes comunicadores solidarios, atentos y vigilantes ante la pandemia.

El periodismo, en una palabra, dejó de ser –si alguna vez lo fue–vehículo de opiniones, y plural, como a su vez se postula, para convertirse en una obediente correa de transmisión de las “verdades” del poder establecido desde el Big Pharma, la OMS y los gobiernos nacionales convertidos en repetidoras.

La investidura acrítica, en nombre de una ciencia preestablecida ha sido la vuelta de tuerca empleada por el poder transnacional para enfrentar el SarsCov2-Covid 19.

¿Era tan extraño que el presuntuoso empeño de ampliar los ensayos de biología sintética para “fabricar” quimeras) generara una atrocidad, siquiera por error; un factor tan humano?

Porque no bien alcanzaron la técnica de “cortar y pegar” genes en las estructuras biológicas más elementales, como lo hicieran, a fines del siglo pasado, para generar algunos medicamentos (insulina) y alimentos (soja y maíz), ya estaban ansiosos por “avanzar” sobre estructuras genéticas cada vez más complejas.

Alcanzar la “cumbre científica” con quimeras, como se ilusionaba, por ejemplo, el investigador de Monsanto Esteban Hopp (en Buenos Aires) ya a fines del siglo pasado. Un exitoso operador genético entonces, que ansiaba figurar como científico en el sentido que señala JOyG; sólo que su carácter iletrado era tan vasto que nuestro investigador, no muy ducho en mitología griega, se sentía orgulloso bregando por obtener una quimera.

¡Y semejante sarta de ignorantes presuntuosos insertos en el  corporativismo sanitario (desde hace décadas; no es reciente), modelan  “el desarrollo científico” de nuestras sociedades, guían buena parte de la investigación científica hoy!

notas:

[1] Ron Unz, “George Orwell’s Virus Lab-Leak”, Unz Review, 31 mayo 2021.

[2]   https://www.infobae.com/america/mundo/2021/05/11/la-teoria-de-que-el-coronavirus-escapo-de-un-laboratorio-en-wuhan-no-solo-es-muy-plausible-es-la-mas-probable

[3]  La rebelión de las masas.

[4]   https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/resoluci%C3%B3n-326-2020-336333/texto

[5]  Radio Diez, Bs. As., 4 jul 2021.

 

Publicado en Argentina, Centro / periferia, Ciencia, Poder mundializado, Salud. Y enfermedad, Uruguay

Argentina: Covid19 y otras dolencias. Apuntes sobre letalidad y contagiosidad, en 2021

Publicada el 29/06/2021 - 23/05/2022 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

El Covid 19 y el miedo

El plantel docente argentino, en todo el país, al comienzo de la tercera década del s. XXI, toda primaria y secundaria incluida, anda por un millón de profesores. Más un cuarto de millón de personal no docente

Y el personal docente universitario (en 66 universidades públicas, en todo el país) ronda un quinto de millón.

Grosso modo, casi un millón y medio de habitantes.

Según los reportes de los gremios docentes a principios de mayo 2021, todos los docentes muertos por Covid 19 en Argentina andan en 11 (o 15 según otras fuentes)

Tomando en cuenta solo a los docentes los muertos resultarían 0,0011 % o 0,0015 %. Grosso modo, uno cada cien mil.

En cuanto a contagiados, la info oficial, gubernamental (abril 2021) nos habla de que estudiantes contagiados constituyen el 0,12 % y que docentes igualmente contagiados rondan el 1% (sobre el total del plantel docente; de estudiantes carecemos de los guarismos totales, que no parece sencillo recabar).

Por otra parte, datos que nos da la Sociedad Argentina de Cardiología revelan que hay en el país unos cien mil muertos anuales por afecciones del corazón y circulatorias en general.[1]

Si hacemos el cociente sin ningún tipo de variación –como si toda la población sufriera en la misma proporción las afecciones del corazón–, tendríamos dentro del gremio docente, estadísticamente, unas 222 muertes anuales (eso es de mínima; porque el gremio docente debe tener una media de enfermedades cardíacas algo más alta que la media general de la población).

 

¿Qué pasa entonces con una sociedad en que 222 muertes en un gremio no resultan relevantes y 11 muertes en el mismo gremio, sí? ¿Las primeras están naturalizadas, y las segundas no?

 

Las gripes faltantes

Veamos estos fenómenos estadísticos desde otro ángulo. Complementando encuadres.  Desde que se registra oficialmente estado pandémico, han dejado de registrarse muertes por gripe común.  Una omisión poco explicable pero significativa.

La gripe común tiene baja mortalidad (0,5%), pero tiene. Y cada año, entre el enorme número de engripados, hay muertos.

Veamos algunos números que da la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud: [2]

En 2015, un año sin “pandemia” a la vista,  se registraron 56 901 muertes por enfermedades del sistema respiratorio; el  17,07% del total de muertes por cualquier causa de ese año  (333 340), y fue, como habitualmente,  la tercera causa de muerte, detrás de las propios del sistema circulatorio y los tumores. La tasa de mortalidad  respiratoria ese año fue de 131,92 muertes por 100.000 habitantes

El 85% de las defunciones por enfermedades respiratorias se concentraron en tres grupos de causas principales: 48,85% muertes por neumonía; 22,89% por otras enfermedades del sistema respiratorio y 13,49% por enfermedades crónicas de las vías respiratorias inferiores.

En resumen y redondeando números, las pulmonías matan regularmente en Argentina a la mitad de los enfermos que mueren por afecciones respiratorias; alrededor de 28 000 habitantes por año.

Estas cifras me resultan asombrosa, increíblemente altas. En EE.UU. se estiman las muertes por pulmonía (en año reciente y no pandémico) unas 14 000 anuales (sobre unos 26 millones de casos anuales, de ahí lo del 0,5%). La mortalidad estadounidense por gripe, registrada resultaría, en cantidad absoluta de casos, la mitad de la argentina, pero con casi 8 veces la población argentina (es decir, ¿por cada cien mil habitantes, resultaría 15 o 20 veces más alta la letalidad de la gripe en Argentina que en EE.UU?… como eso resulta apenas creíble hay que remontarse a la validez de los números estadísticos. Parto de la base que son más confiables los madeinUSA.)

 

Vayamos a otros números. Los datos oficiales de muertes por Covid 19, por ejemplo en Argentina, para 2020 registran: 42 500 muertes.

La pregunta que hay que hacerse es si en 2020 “faltaron a la cita” 28 000 muertes por gripe… o si no estarán incorporadas estadísticamente como casos  Covid 19.

Desde el punto de vista del conocimiento de la realidad, reciente, pero también desde el punto de vista psicológico  –el de la expansión de los miedos–, no es lo mismo contar con 28 mil muertos habituales de gripe anual y14 500 muertos de Covid 19, que ser informados que el Covid 19 se llevó la vida de 42 500 personas…

 

Rasgos (y riesgos) de una presentación. Caso India

Los “datos” pueden presentarse de modo tal de “construir” una realidad. Veamos un caso, ahora tan actual. Hasta hace pocos meses, India estaba fuera de los circuitos de máximo contagio, pero últimamente ha entrado en tales circuitos, ¡y cómo!

Por su densidad y por su escasez de medios no es de extrañar que “la pandemia” esté dañando a la sociedad india, mejor dicho a lo que se designa como “el continente indio”, castigado  más que otras sociedades mejor abastecidas y menos despojadas que la India, víctima secular de muchos tipos de explotación y despojo.

Se nos dice ahora, que es el país con mayor mortalidad covídea.

Veamos números:

En abril 2021, India registraba  1500 muertos diarios, sobrepasando al país que tenía hasta entonces la mayor mortalidad diaria, EE.UU.

Pero refiramos estos datos con las dimensiones poblacionales: EE.UU. algo más de 300 millones, Brasil, algo más de 200, pero India más de 1300 millones de habitantes. Un dato entonces más fiable, es la mortalidad por cada cien mil habitantes. Y allí tenemos: EE.UU., 184; Brasil, 242 e India 29.  Cuando advertimos las relaciones más reales entre mortalidad y sociedad, advertimos las influencias mediáticas que pueden estar muy alejadas de la realidad, escamoteándola.[3]

 

[1]   “La enfermedad cardiovascular (ECV) (infarto de miocardio, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca) lidera el ranking en muertes, ya sea a nivel global como en Argentina (100.000 muertes anuales…).” https://www.sac.org.ar/institucional/documento-de-posicion-sac-fca-enfermedad-cardiovascular-en-tiempos-de-covid-19/

[2]   https://bancos.salud.gob.ar/sites/default/files/2018-10/0000001014cnt-2017-09_mortalidad-enfermedades-respiratorias-argentina-2015.pdf

[3]  Los datos de mortalidad por cada cien mil habitantes a fines de junio de 2021 para los países que registran más de 200 muertos son, en orden decreciente: Perú, 588; Hungría  307; San Marino  265; Bulgaria  259; Brasil  242, Italia 213, Colombia 204 y Argentina 203. Más allá de la disparidad de situaciones, hay estar advertido de la falibilidad de tales registros… en el mundo entero; algunos elementos hemos tratado de presentar aquí.

Publicado en Argentina, Ciencia, Destrozando el sentido común, Globocolonización, Para salir del repollo, Poder mundializado, Salud. Y enfermedad

Abuso, saqueo y crecimiento deformado

Publicada el 27/06/2021 - 23/05/2022 por ulises

URUGUAY: ¿MODERNIZACIÓN O ENTREGA?

por Luis E. Sabini Fernández –

Entre los exportadores mundiales de celulosa, en 2019, cuando todavía no está produciendo UPM, que será la mayor productora de celulosa en Uruguay, es decir, apenas con las dos fábricas de celulosa ya instaladas (Montes del Plata y Botnia), Uruguay ostenta el tercer lugar de producción entre los países del mundo entero.

1o. Brasil  (c:a 15 mill. ton); 2o., Indonesia (c:a 5 mill. ton); 3o. Uruguay (c:a 3 mill. ton.).[1]

¿Honroso podio o, por el contrario, reconocimiento a una neoesclavitud rampante?

La lista de países productores de celulosa continúa (en orden decreciente de los volúmenes producidos en 2019: Chile, Portugal, Canadá, España, Finlandia, EE.UU., Holanda, Rusia, Bélgica Alemania, Eslovaquia; todos ellos con menos de 1 millón de ton. anuales (salvo Chile, con una producción similar a la de Uruguay). La lista de países productores podría ampliarse con países que producen montos aun menores (Suecia, Argentina, Marruecos, Francia, Japón, Bulgaria, etcétera).

Volvamos a los primeros puestos. Y establezcamos las necesarias proporciones por la producción indicada, con otros parámetros, como extensión del país y población general.

Brasil,       210    mill. hab.  –  8,5   mill. km2   –  15 mill. ton. celulosa

Indonesia  270    mill. hab   –  2      mill. km2   –    5 mill. ton. celulosa

Uruguay       3,3  mill. hab.  –  0,18 mill. km2    –    3 mill. ton. celulosa

Veamos las dimensiones de la producción a partir de las del  número de habitantes; producción de celulosa por habitante.

Si tomamos de base a Brasil, tenemos una producción de 15 000 000 ton. por 210 millones de habitantes, que devienen 75 k. por habitante. En el caso indonesio; el otro gran productor celulosero mundial, produciendo 5 mill. ton. de celulosa  con 270 millones de habitantes, tenemos unos 19 k por hab.

Veamos Uruguay: 3 300 000 habitantes para 3 000 000 kilos, resulta casi una tonelada por habitante; algo menos, 900 k. per capita.

Interrelacionando los datos que acabamos de presentar, podemos decir que cada uruguayo carga sobre sus ambientales espaldas 12 veces más celulosa que cada indonesio  y 47 veces que más que cada brasileño.

Si consideramos la superficie de los mismos países, tenemos: Brasil, 8 500 000 km2 para 15 mill. de ton., tiene una carga de  una tonelada por 1,76  por  km2; Indonesia, con su producción de 5 mill. de ton. en 2 mill. de km2, tiene una carga de 2,5 tonelada por  por km2.

Pero Uruguay debe acomodar sus 3 millones de toneladas de celulosa en apenas 175 000 km2; debe soportar unas 18 ton. por km2.

Diez veces más que Brasil,  unas 7 veces más que Indonesia.

Finlandia, por ejemplo, que está en “el pelotón” de productores, registra en 2019, casi 800 mil toneladas de producción. Finlandia ronda los 5 millones de habitantes y unos 440 mil km2; por ende, su producción de celulosa ronda 2 toneladas por km2 (9 veces menos que Uruguay, si lo estimamos por superficie), y si la estimamos por población, no más de 7 k por hab… contra nuestros 900 k per capita.

Si ajustamos entonces las respectivas producciones de los países celuloseros, vemos que Uruguay es por lejos el país más sobrecargado con producción de celulosa en el mundo entero.

Ese tercer puesto de la tabla de ABTCP, entonces, es engañoso porque no registra la real incidencia de la producción sobre la vida cotidiana de nuestro país, ni nos orienta sobre su peso relativo y su influencia, sobre la vida (y la muerte) de sus habitantes, nosotros, por ejemplo, a partir de los desechos industriales que quedan.

Queda así patentizado el destino ajeno que sufre en este caso nuestro país. Si no hubiera otros tantos signos de lo que es la condición de país periférico, heterónomo, esta recarga desproporcional en la producción mundial de celulosa y en las secuelas que provienen de su producción, lo atestiguaría.

No pretendemos con eso excluir la responsabilidad del propio país en su condición de enajenado a intereses ajenos. A lo sumo, ver si situamos una de tantas problemáticas que nos condicionan, deforman, configuran… Porque todo país periférico y adaptado al mercado ajeno, cuenta con sectores a veces muy minoritarios, pero claves para semejantes relaciones.

Con todas las limitaciones del pensar por analogía, me voy a permitir un par de ejemplos que espero ilustren nuestra situación; esperemos que no nuestro destino.

En tiempos medievales, algunas cortes europeas se proveían de bufones “criados” por secuestradores o compradores de niños que situaban a los pequeños en, por ejemplo, jarrones.[2] Los cuerpecitos se iban  adaptando a la forma en que estaban alojados. A medida que crecían, se rompían los jarrones, los niños era realojados en nuevos más grandes para ir configurando cuerpos suficientemente deformados. Para ser “colocados” como bufones, por ejemplo, en cortes que los adquirían para risa y solaz de los cortesanos.

Un diáfano ejemplo de crecimiento heterónomo.

Hace no muchos años EE.UU. envió como su embajador de colonias a un tal James Cheek a la Argentina.

Con su tortuga extraviada, fue la comidilla entre los súbditos que ignoraban su condición. Con su simpatía, totalmente profesional, nos transmitió una imagen que grafica elocuentemente una relación de poder, hoy en día afortunadamente alterada por el avance de los derechos femeninos.

Cheek, encargado de defender y propagar los diversos derechos de pernada del imperio sobre sus colonias, hablando geopolíticamente dijo: ‘Argentina es como una adolescente de 16 años, muuuy bonita, que debemos auxiliar y guiar hacia su vida adulta.’

El sexo, la edad y el donaire que el embajador atribuye a “la chiquilla” son diáfa-nos para intuir la relación que el Sr. Cheek buscaba al cuidar a esa adolescente.

Las relaciones centro/periferia traducen hoy las viejas relaciones imperiales; en todo caso con un ajuste expresivo; centros económica, política o militarmente dinámicos se adueñan de palancas políticas o recursos económicos, jurídicos, mílitopoliciales, para asegurarse “los suministros” desde ese ancho mundo que no les es ajeno; la periferia.

Allí estamos nosotros, creyéndonos ombligo de algún mundo, pero haciendo de niño de los mandados, para que, por ejemplo, flotas pesqueras ajenas se lleven la riqueza ictícola de nuestras aguas territoriales, la agroindustria corporativizada, extranacional se lleve de nuestros campos su humedad en forma de porotos transgénicos de soja; la industria del papel se apropie de campos otrora de excelente calidad, por su irrigación, para agricultura y ganadería, alimentos sanos, para reconvertirlos en monocultivos forestales; el puerto de Montevideo, en algún momento un sitio pivot excelente, para dinamizar nuestra economía, devenido en asiento de redes privadas poco menos que inamovibles, fagocitando toda circulación de bienes para su exclusivo provecho despojando al puerto de su función benéfica para la economía local, nuestra.

Una total indefensión ante la contaminación. Más cierta complicidad por pasiva.

Todos esto, desde corporaciones ajenas a nuestra estructura económica, política y cultural local, que cosechan los beneficios que derivan a sus entidades matrices más las pequeñas comisiones para el “personal de apoyo” local.

Para el paisito, como ley de hierro, queda sólo el empobrecimiento y el envenenamiento progresivos.

notas:

[1]  fte.: ABTCP, Associaçao  Brasileira Tecnica de Celulose e Papel, 2019.

[2] Victor Hugo en El hombre que ríe se refiere a dicha “industria”.

Publicado en Agronecrófilos, Centro / periferia, Destrozando el sentido común, Nuestro planeta, Para salir del repollo, Poder mundializado, UruguayEtiquetado como contaminación ambiental, modernización, neoesclavitud

Neolengua covídea

Publicada el 13/04/2021 - 15/04/2021 por raas

Por Luis E. Sabini Fernández

Llamativo, aunque esperable, el auge de la neolengua con esta ofensiva para suprimir los contactos directos interhumanos, haciéndonos pasar toda relación a través de tamices, opciones preestablecidas, coladores, controles, registros cibernéticos, algoritmos y aplicaciones que se nos “ofrecen” para mejorar los contactos, los saberes, las calidades.

Es decir, para hacerlo “todo” mejor, y uno se pregunta sobre aquella sabia advertencia de Blas Pascal, “El hombre es medio ángel y medio bestia, y cada vez que pretende convertirse totalmente en ángel, se convierte, totalmente, en bestia.” Su dualismo cristiano le permitió tener semejante mirada.

Pero diversos optimismos han abolido esa mirada problemática y dialéctica: el optimismo tecnológico, encarnado en el American Way of Life, postulando el acceso al paraíso en la Tierra, cuyas plasmaciones se han revelado siempre pesadillescas.

Eso, dentro del optimismo burgués. Pero su presunta contracara, tan vigente a lo largo de los siglos XIX y XX; el socialismo, a su vez encarnado en experiencias como la soviética, nos mostraron igualmente los peligros de las excesivas buenas intenciones, y sobre todo, de la hybris del control absoluto. Con el estalinismo, el fascismo, el nazismo, y referentes máximos tipo Hitler, Stalin, Mao o Fidel Castro, de líderes que nunca se equivocan, hemos “cocinado” lo opuesto a lo pretendido.

Otra ideología prometiendo el bien absoluto, desplegada a lo largo del siglo XX con una mezcla de misticismo y socialismo materialista –que significativamente se conserva mucho menos cuestionada–, es el sionismo, hoy en día convertido en guía y referencia de algunos de los principales centros de poder planetario, como el Reino Unido y EE.UU., e Israel, obviamente.

El sionismo, que ha prometido el paraíso y la bienaventuranza a los judíos, forjando un infierno para los palestinos. Cumpliendo una vez más la advertencia de Pascal. Las consecuencias de todas estas ideologías de salvación han sido, son desoladoras. Unas han prometido la libertad más absoluta; otras la igualdad más radical. De todas ellas extrajo George Orwell su neolengua articulando un lenguaje del que nos presentó ejemplos, como aquel de que: “todos los animales son iguales, aunque algunos son más iguales que otros”. Estos antecedentes de la modernidad son preocupantes.

¿Estamos fuera de ellas o por el contrario resurgen con nuevos ropajes? Como bien amojona Aldo Mazzucchelli, (1) el nuevo siglo, el XXI, empieza en febrero de 2020, con la implantación de ese reinado de lo mediato, con la supresión de lo directo, lo afectivo. Y lo mediado, a través de artilugios electrónicos. Es la suspensión, o más bien la erradicación del diálogo humano, que a trancas y barrancas, caracterizó siempre a la especie; a la humanidad, como se dice habitualmente.

Desde febrero de 2020 con una pandemia decretada en “las alturas” y un miedo generalizado consiguiente, el diálogo, tan vapuleado y menospreciado por los selfmademen y por el rigor “objetivo” de los proyectos socialistas (que necesitaban hacerse, no discutirse), desapareció ahora sí, como proyecto explícito, del tejido social o fue limitado a espacios intersticiales.

Se impuso, se trató de imponer, con suerte variada, una realidad oficial como “nueva normalidad” al servicio, claro, de las mejores intenciones. Es difícil, por ejemplo, encontrar “textos de autor” más buenos que los de Bill Gates, arquetipo de filántropo contemporáneo. Hacer el bien, incondicionadamente, poniendo “toda” su fortuna y su empeño en ayudar a los pobres, los débiles, los marginados, ese otro mundo… tan ajeno al del filántropo.

Alguien se puede permitir dañar únicamente si lo hace al servicio de las mejores intenciones. Solo munidos de la mayor excelencia imaginable se puede exterminar nativos de una tierra, torturar elementos considerados subversivos; solo un “enviado” de algún dios, totalmente convencido de su bondad y de la bondad de su presunto creador, se podía permitir echarle plomo derretido en las cuencas de los ojos de un negacionista, un incrédulo, un hereje, que no “veía” la verdad. Eso, en tiempos inquisitoriales.

Ahora no se usa plomo: soldaditos norteamericanos que llevaban a Vietnam en su mochila coca-cola –como si fuera “lo más”– junto con la democracia, se permitían incendiar todos los bosques locales para quemar vivos a los guerrilleros allí escondidos.

Solamente un Padre amantísimo le hacía confesar a casi toda la vieja guardia bolchevique que tenían que aceptar la responsabilidad por delitos varios –la mayor parte inexistentes– porque era la forma de preservar la pureza, la solidez, la verdad del partido que habían forjado juntos. Ad maiorem PC gloriam.

Así, nuestros más neutros periodistas y comunicadores, brindándonos sus mejores perspectivas, nos ofrecen una pujante neolengua según la cual postulan, esperan, ansían un “pasaporte sanitario”, para reponer, dicen, “la libertad”. Portación obligatoria de vacunas (tradicionales o génicas, poco importa) contra o sobre Covid 19 para poder trabajar, ir al teatro, viajar, estudiar… en fin, ¿por qué no para salir a la plaza o a la frutería?

Nuestros periodistas a sueldo –a veces privilegiados económicos de los medios de incomunicación de masas–, nos aclaran que así evitaríamos toda limitación a nuestras libertades y alcanzaríamos la ansiada normalidad perdida.

Claro que estos periodistas, a menudo progresistas, no nos dicen que esa presunta libertad tiene que ser pagada con recibir una vacuna de la cual, lo menos que puede decirse es el diálogo de dos ratones: ¿Te vas a vacunar? –¿Estás loco?, ¿no ves que los humanos todavía están experimentando? (2) Esa nueva normalidad quiere imponerse mediante un pasaporte sanitario. Con una vacuna que fue hecha apresuradamente y significa, objetivamente el mayor negocio de la Big Pharma en las últimas décadas.

¿Cómo podemos evitar la sospecha que la problemática pandemia de la cual no se conoce ni la magnitud de los muertos reales, no fue nada más que la excusa de un gran negocio, o, aún algo más probable; la palanca de un enorme poder cuyo alcance no tiene antecedentes?

Para rematar la neolengua, se sigue hablando de que la vacuna es voluntaria. Hay una sorda impresión de que es verdaderamente resistida aunque oficialmente poco y nada se menciona en los corrillos mediáticos del periodismo televisivo.

Claro que es voluntaria, faltaba más, pero sin vacunarse nuestros paniaguados periodistas sólo nos ofrecen la parálisis y el aislamiento.

notas:
1) “El año que quisieron editar lo real desde arriba”, eXtramuros, Montevideo, marzo 2021.

2) Afortunadamente cada vez hay más médicos y profesionales de la salud que concluyen que es más dañino, y por lo tanto menos hipocrático, vacunarse que atender directamente el contagio con recursos médicos: medicación contra trombosis, por ejemplo. Véase los aportes y planteos de Thomas Dalton, Máximo Sandín, Luc Montaigner, A. Martínez Belchi, Christian Carrera, Nick Kollerstrom, Yanny Gu, Pablo Goldschmidt, Reiner Fuellmich, Joseph Mercola y tantos otros, amén de pensadores y analistas sociales como nuestro Hoenir Sarthou, Jeremy Hammond, Michel Chossudovsky, Mike Whitney, Vandana Shiva y una enorme cantidad de cabezas pensantes y voces literalmente acalladas en los medios masivos, los recintos institucionales y hasta en algunas trincheras culturales, otrora críticas y rebeldes, por lo visto totalmente cooptadas por nuestros “benefactores” pandémicos.

fuente: https://revistafuturos.noblogs.org

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COVID 19: La medicalización de la sociedad

Publicada el 04/12/2020 - 29/12/2020 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández

Tenemos una declarada pandemia que colorea todo el planeta con un problema nuevo.

Las pandemias históricas justamente no son un problema nuevo. Lo que ha sido nuevo ha sido el establecimiento de cuarentena sobre población no enferma, ni siquiera sospechable o candidata a. En casi todo el planeta. Ese rasgo configura, realmente, un problema nuevo, una pandemia sui generis.

Lo decretado por la OMS como pandemia y su peculiar tratamiento ha revelado rasgos sociales básicos.

En primer lugar, el cambio de naturaleza de la OMS: una organización pública engendrada por organismos públicos −estados− financiada y orientada desde organismos privados, como laboratorios y fundaciones…, es decir, de hecho privatizada. En la órbita de las empresas transnacionales (farmacéuticas) y apenas formalmente en la de los estados nacionales.

Otro aspecto, ya no organizativo y político sino social y psíquico, es que volvemos a ver al miedo como gran consejero de nuestros comportamientos.  Y la OMS se ha dedicado a insuflarlo cotidianamente. Dando cifras de muertos, contagiados y cuarentenados. Ha sido sobre la base de sus propios informes y autoridades científicas  conexas que se ha logrado implantar en la mayor parte del mundo una cuarentena sobre la población sana.

En base a una enfermedad virósica de aparentemente muy alta contagiosidad aunque baja mortalidad. Los agoreros anunciaron la muerte de decenas de millones de humanos en los primeros meses; al día de hoy, estamos muy lejos de eso y  la mortalidad sigue rondando el 2% (algo más que la gripe común, que se estima en el 0,5% y algo menos que la mortalidad de las neumonías, que anda más próxima al 8%).

Se ha evitado toda información que integre los datos del Covid 19 con el de otras enfermedades, que sin embargo, también siguen provocando morbilidad y mortalidad humanas y expandiendo lo que hoy, con el avance de la desocupación, se denomina el precariado mundial…

Cada vez hay más estudiosos, sanitaristas, que consideran que es mayor el perjuicio provocado por las medidas de respuesta a la pandemia –aislamiento, suspensión de actividades y relaciones económicas y de sustento, suspensión o bloqueo de otros tratamientos médicos, de actividades pedagógicas y socioafectivas, tensión y sobrecarga psíquica como consecuencia de los aislamientos− que el perjuicio directo de la llamada pandemia.

También el desconocimiento inicial de su enorme contagiosidad hizo dar palos de ciego. Y hay quienes insisten que ése es su peligro; una enfermedad  tipo “pez diablo”, que dispara falencias del cuerpo contagiado, a veces  con desenlace mortal. Pero allí, el quid está en la falencia del cuerpo contagiado. Por eso es tan falaz invocar que este virus es “democrático”, alcanza a todos…

Hoenir Sarthou en sus notas semanales en Uruguay sostiene que tenemos que ver esta declarada pandemia, bajo un cuádruple eje: financiero, sanitario, mediático y represivo.

Y Heiko Schöning, médico alemán fundador de Médicos por la Verdad, afirma a su vez que ésta es una pandemia de índole política, no médica.

Desde antes del Covid 19 se percibían rasgos crecientes de medicalización de nuestra sociedad y al respecto nos ha señalado el filósofo Iván Illich: » «La medicalización de la vida no es sino un solo aspecto del dominio destructor de la industria sobre nuestra sociedad».[1]

Y a la vista de esta declarada pandemia Giorgio Agamben nos advirtió que: «se está convirtiendo en el campo de batalla de una guerra civil mundial.” Aunque el concepto de “guerra” nos lleve a pensar en el uso generalizado de armas, las secuelas que se están gestando y consolidando nos hablan de transformaciones propias de una guerra civil, aunque sin empleo de armas tradicionales; tan significativos resultan los trastornos que estamos observando.

Esta mezcla entre política y salud (o enfermedad) da pie a muy problemáticos planteos. Por más que se haya encarado una muy saludable reacción a encontrar conspiraciones en todas partes, los sesgos que entendemos que se ven claramente en las políticas institucionales establecidas ante la pandemia, dan pie a, por ejemplo, un documentado trabajo de Ron Unz, periodista y editor estadounidense, que ha analizado con detalle la siguiente secuencia:[2] laboratorios estadounidenses investigando sobre biología sintética (formadora de las llamadas quimeras mediante ingeniería genética) para aplicarlas a la guerra biológica; han logrado diseminar partículas infectadas en Wuhan, mediante una delegación militar que fue allí por certámenes deportivos en 2019, oportunidad en que alguien o algunos de la delegación hicieron el “sembrado” en el momento pico de flujo de personas; poco antes del Año Nuevo Lunar chino, con población desplazándose de un lugar a otro del país. El régimen chino logró domeñar la expansión de la patogenia, que parece francamente reducida en toda China, mientras las cepas diseminadas se filtran hacia Occidente, donde sociedades como la de EE.UU. o Italia, por ejemplo, son tomadas por sorpresa y sus autoridades sanitarias encaran con ignorancia el problema produciendo algo cercano a un colapso económico, sanitario y hasta político.

¿Podemos decir que la visión de Unz está totalmente alejada de la realidad, que es meramente conspiranoica? Las investigaciones sobre quimeras son atrozmente ciertas.

Mientras no se hagan “bien las cuentas” de los muertos y no se reconozca que contagiados sanados son un plus, no un minus, no estaremos acercándonos con claridad  a la realidad.

Sostiene el biólogo español Máximo Sandin, que la historia médica oficial está sesgada ideológicamente para ver “la lucha contra la naturaleza”, no nuestra asociación y dependencia de ella, por disponer de “una concepción competitiva de una Naturaleza poblada de enemigos que domina la biología desde hace 200 años.”  Como dice Sandin, “los virus están en nosotros, protegen el equilibrio de nuestro organismo y son parte (la mayor parte) de nuestro genoma.” [3]

Al parecer la competencia darwiniana ha dominado el imaginario biológico y sanitario más que el asociacionismo kropotkiniano.[4]

Quiero rematar estas líneas con una afirmación, que desecha, una vez más, lo conspiranoico como hilo conductor: los palos de ciego dados durante estos 8 o 10 meses alrededor del ¿qué hacer? con el Covid 19 nos muestran claramente que la ignorancia guía (o desnortea) nuestros pasos. Basta ver la cantidad de avances y retrocesos, de vueltas y revueltas que las autoridades investidas para enfrentar la llamada pandemia han tenido: barbijos, sí; barbijos, no; barbijos a la intemperie, barbijos en habitaciones cerradas; vacunas o inmunidad natural, distancias de uno, de metro y medio, de dos metros; que los niños no contraen Covid 19, que son los más expuestos…

La definición de la OMS de pandemia es peculiar, lo mismo que las definiciones de enfermos o muertos por el Covid 19.

Los simulacros antipandémicos previos son por lo menos llamativos.

La recurrencia −de la que tan nítidamente se burla Máximo Sandin (ibíd.)− a los murciélagos, que han devenido el deus ex machina de todos los brotes epidémicos de los últimos años, nos haría reír si no fuera asunto tan grave.

La política informacional nunca muestra los muertos por todas las causas y siempre los del Covid 19; al margen de su definición sesgada, si se mostrara la mortalidad multicausal de cada sociedad, se debilitaría el concepto de pandemia Covid 19 o al menos el miedo consiguiente.

Porque una pandemia, para que merezca el nombre de tal, tiene que ocasionar muchas más muertes que la mortalidad “normal”. Y esa cuenta, cuesta hacerla…

Sobre vacunas, que suelen procesarse en por lo menos 8 años, y se están procesando para “poner en el mercado” en 8 meses,  prefiero no abrir juicio; anoto esto nomás.

notas:

[1]  Némesis médica. La expropiación de la salud, Barral, 1975.

[2]  https://www.unz.com/runz/american-pravda-our-coronavirus-catastrophe-as-biowarfare-blowback

[3]  https://ecotropia.noblogs.org/files/2020/05/Coronavirus-sobre-asesinos-y-estrategias.pdf

[4]  A fines del s. XIX y comienzos del XX, Piotr Kropotkin recopiló datos de integración biológica entre  especies, confrontando con el darwinismo, entonces, como ahora, dominante. El apoyo mutuo, 1902.

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