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Categoría: Sociedad e ideología

Automplacencia uruguaya: ¿Idiosincrasia o mera propaganda?

Publicada el 21/06/2021 - 23/05/2022 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

«[…] sin lugar a dudas, la capacidad de reacción, la celeridad con que se tomaron las medidas, lo adecuada que fue la respuesta al desafío […] Esto es un logro del Sistema Nacional Integrado de Salud. […] justamente el eje es la atención a la comunidad y en la comunidad.

Teleconsulta más dispositivos de primer nivel, más una cultura de consulta domiciliaria que había en el país  permitieron esta respuesta desde el primer nivel de atención potenciado por estas herramientas.

No quiero pecar de decir ¡qué bueno el coronavirus!, pero qué bueno porque ahora estamos teniendo mayor accesibilidad a nuestros usuarios y a los sistemas.» [1]

Este escupitajo hacia arriba ha caído ahora sobre los índices que maneja la OMS, ubicando al Uruguay entre los más afectados por la pandemia Covid 19 declarada por la OMS.

La idealización del país y su realidad sanitaria por parte de OPS,  la Organización Panamericana de la Salud, filial continental de OMS, refleja en cierto modo, una percepción difundida en los medios masivos, en las declaraciones de los principales partidos políticos y resortes institucionales del país. Que tiene fundamentos reales, aunque el sentido de su gloria se ha ido cuestionando con el tiempo y el ascenso de otros seres humanos, no ya solo “los europeos”.

Uruguay “blanqueó” prestamente su población. Gracias a lo poco denso de las redes nómades de aborígenes y una mortalidad francamente mayor de la población afro respecto de la europea (porque tenían peores condiciones de vida, pese al interés señorial de cuidar a sus esclavos; y porque en las guerras los mandos militares hacían un “buen negocio”: ofrecían la manumisión a quienes se presentaban a pelear, pero se los ponía en primera fila y eran pocos los que regresaban, maltrechos aunque libertos, del campo de batalla).

Pero esos factores, que diferencian notoriamente la región platense de buena parte del sur americano, no alcanzan para convertir al Uruguay (y a su modo, a la Argentina) en países “de primera”. Ni tampoco a exonerarlos del racismo, tan evidentes en otras sociedades indoafrolatinoamericanas con mayor presencia no-blanca, como Chile, Bolivia, Brasil…

Por eso una descripción como la que aparece en el “relato” de OPS no es sino la contracara patética de la realidad, es decir lo opuesto de lo que vive en general la población en su vida cotidiana.

Cualquiera que no tenga privilegios, ya sea de contactos o de medios materiales, sabe lo que cuesta conseguir una atención que no sea sucinta y telefónica, las miserables amansadoras para conseguir un turno, una consulta, una atención, en tiempos normales, ahora todo agravado con la pandemia.

Volvemos a lo mismo: no es que falsee radicalmente la situación. Dentro del área de la OPS es posible que Uruguay se destaque por mayor y mejor nivel de atención domiciliaria, por ejemplo.

Pero es triste conformarse con esa comparación en un continente donde el nivel sanitario es paupérrimo a causa de la condición tan generalizada de economías tributarias a un sistema económico ajeno que les extrae los bienes que necesita y les deja sobrantes a la economía local. Siempre escasos.

Y lo peor, es que ese culto hacia sí, este cultivo de la suficiencia, no sólo es tramposo y se desplaza hacia la falsedad con extraordinaria celeridad, sino que opera como freno para mejorar; para querer mejorar.

Acrecienta la dificultad para  enfrentar el deterioro progresivo generado por la condición periférica.

El principal freno a un cambio, a una meta nueva, es considerar que no se la necesita.

Uruguay soporta el peso de una glorificación de su ser y su historia que dificulta a ojos vistas el autoconocimiento y todo empuje transformador.  Si fuera cierto que estamos en el mejor de los mundos, sería inaceptable y hasta inconveniente toda necesidad o intento de cambio. Pero estamos lejos de eso.

Más bien al contrario; a medida que nos hemos ido periferizando y alejándonos de un potencial cauce propio, ha brotado con más fuerza la imagen de perfección, ya no sólo su perfectibilidad, se nos ocurre que como compensación simbólica de nuestra realidad.

Si algo hemos desarrollado en el país es su dependencia.

Cuando la colonización inglesa –heredera de la española a través de un proceso independentista heterónomo–, empieza a retroceder y a retirarse, exhausta –no por la resistencia que le impusieran desde la periferia, sino por el desgaste de la 2GM– se trasladó el eje imperial dentro de Occidente, del Reino Unido a Estados Unidos.

Nuestro país no supo aprovechar la retirada de “los ingleses”. Gananciosa con los productos del país bien cotizados durante la guerra, nuestra elite no tuvo ojos sino para ver sus ganancias, y el paisito entró en una época de vacas gordas y  derroche.

Durante los ‘40 y hasta fines de los ’50, hubo legislación para importar por decreto autos baratos –los tristemente famosos colachatas–, que terminaron desvencijándose porque las carreteras no habían acompañado, en su construcción y diseño, esas derrochonas modernidades madeinUSA.

Se generó  con las divisas de exportación una “fiesta del importado” (que implica un proceso de modernización no elegido sino asumido como único y necesario). El país, apoyado en las mieles de los ingresos altos no resolvió, ni siquiera se planteó qué hacer con el tendido ferroviario que los ingleses  habían construido diseñando una red como una mano para que a través de todos sus “dedos” confluyeran vías al puerto de Montevideo, para llevarse desde allí, la lana, la carne, el cuero que tanto necesitaban. Terminada la 2GM, los ingleses prácticamente la abandonaron. Como el gas. Y como el agua corriente.[2]

Si no pasó lo mismo con la luz fue porque el estatismo batllista había tomado la posta de un servicio tan imprescindible (la primera red eléctrica nacional se inicia en 1906, primera presidencia de Batlle y Ordóñez).

El país procesó el cambio de “amo” orquestado por el batllismo que, proclamando un anticolonialismo británico en rigor se acompasó a la ya vieja política de Monroe (“América para los americanos”, donde sobra la o de la última palabra). Por eso, en lugar de resolver qué hacer con la vieja red ferroviaria, sencillamente se la abandonó al tenor del nuevo medio de transporte motorizado por EE.UU., –los camiones y los autos en rutas–, hasta que, pasadas las décadas, no se pudo sino ir cerrando uno a uno todos los circuitos, llevar al museo, en la medida de lo posible, locomotoras y vagones (o venderlos incluso como viviendas, que se ven en varios puntos del país, generando los típicos “negocios” residuales de las sociedades periféricas).

Los ciclos ganaderos  otorgaron al país un papel a veces protagónico, como con el enfriamiento e industrialización de los productos cárnicos en la Liebig’s alemana de Fray Bentos (desde la década del ’70, siglo XIX hasta la 1GM, entonces ya dominados tales procesos industriales por los ingleses, ganadores de esa guerra). Con el tiempo, la producción cárnica uruguaya se fue primarizando,  con los frigoríficos ingleses y estadounidenses  en Montevideo (Cerro), primera mitad del s XX).

En los ’60, con el auge agrícola simultáneo de lo biológico (híbridos) y lo químico (futura contaminación), bautizado Revolución Verde, Uruguay entrará de lleno en la órbita estadounidense, cumpliendo el sueño neocolonial del batllismo (que denominaba dicho proceso panamericanismo, que seguramente suena mejor que dependentismo).[3]

Y en los ’70, un nuevo ciclo económico general, bautizado globalización aunque con buen tino Frei Betto lo rebautiza globocolonización, nos “incluye” más periféricamente, si cabe con cambios sustanciales en nuestra economía adaptándose a “las necesidades del mundo” (en rigor, de la red transnacional de consorcios): el mar uruguayo, por ejemplo, ya perdido todo afán de forjar una marina propia, es cada vez más sitio de saqueo de barcos chinos, taiwaneses, coreanos, españoles y de otras nacionalidades. El puerto de Montevideo cumple ante esa virtual invasión el triste papel de monos sabios, que no ven ni oyen ni siquiera musitan. [4]

Pero el mar es apenas una de las zonas de despojo.

Uruguay ha sido visualizado junto con Chile, Mozambique y Filipinas como propicio para plantar y cosechar árboles para producir celulosa, la base actual de la producción papelera. Uruguay por su escasa superficie relativa es, por lejos, el más perjudicado de esos “candidatos”. Las condiciones para los implantes globocolonizadores son totalmente lesivas para nuestro ambiente, nuestro hábitat, nuestra población.

Hasta ingenieros agrónomos, profesionalmente vinculados a la industria forestal, admiten la deficiencia estructural del destino celulósico, advirtiendo contra “un progreso industrial exclusivamente pulpero” y “que no es posible seguir [sic] apoyando un proyecto pulpero ¡desmadrado’, no sostenible.” [5]

Confróntese con “la información” de un vocero celulósico,[6] que nos chamuya “la celulosa se perfila como el principal producto de exportación del Uruguay”, en donde la exaltación de una irrealidad, como dicha exportación, nos da la pauta del sesgo.

Mojones de una nueva dependencia, de un nuevo empobrecimiento, tienen una profundidad sin precedentes, porque el sistema de depredación planetario no hace sino acentuarse, arrasando economías periféricas, como la nuestra.

Pensemos, siquiera por un instante, en la contaminación. Que escarnece la engañosa consigna “Uruguay natural”, cuando hacemos una escasa y tardía resistencia a la expansión de los plásticos, cuando apenas si recuperamos materia orgánica (que sirva para producir alimentos, por ejemplo, no sólo vegetación decorativa), cuando el país apenas hace separación de residuos, cuando nuestras aguas están totalmente invadidas por plásticos y microplásticos (los mismos, desmenuzados por la erosión).

Tenemos tierras cada vez más envenenadas y la consiguiente escasez, también creciente de agua potable, una tolerancia digna de mejor causa con agrotóxicos, ya prohibidos en muchos otros países del mundo.

Pero también pensemos en ficciones económicofinancieras, como la pretensión de juzgar como exportación uruguaya lo que se procesa desde zonas francas, instaladas en territorio uruguayo, extraterritorializado. Tengamos presente que el capital transnacional, hace ya décadas, concluyó que se adaptaba a su conveniencia la reinstalación de lo que en los albores de la expansión imperial se llamaban “economías de enclave”.[7]  Mediante una nueva designación; “zonas francas” hicieron realidad ese sueño del gran capital.[8]  Eso significa que si Uruguay exporta a una zona franca, no recibe ni un peso de impuestos, por ejemplo, porque la zona franca está exonerada de las leyes del país en que se asienta. ¿Para qué sirve entonces incluir esos trasiegos de mercancía como exportación si no rinde lo que rinde una exportación?

Basta ver el crecimiento de nuestra deuda externa (mejor sería denominarla eterna), así como el aumento de nuestra población llamada “informal”; de asentamientos, con trabajos precarios (desocupada o subocupada), la disminución permanente, ininterrumpida de nuestra población rural (que para algunos expresa modernización, urbanización, pero es solo un adueñamiento de la tierra, nuestro territorio, por capitales de explotación agroindustrial y consiguiente contaminación); el nivel cada vez más asfixiante de las tarifas de los servicios básicos; la crisis cada vez más profunda y extendida de un recurso que fue gloria de nuestro país; el agua, todos ello índice de un lento deterioro de nuestra calidad de vida.

Pero luego de esta sucinta recorrida por nuestras deficiencias y retrocesos, ¿cómo puede uno sentirse satisfecho con nuestra democracia supuestamente de primera calidad?

notas:

[1]  https://www.paho.org/es/uruguay/asi-es-como-sistema-salud-uruguay-responde-covid-19, s/f.

[2]  Durante un siglo aproximadamente “los ingleses” administraron agua y ferrocarriles. Aunque se trató de servicios no iniciados por los colonialistas sino mediante proyectos de gestión nacional, que, empero, al cabo de algunos años fueron adquiridos por inversores de Su Majestad británica (el agua fue “inglesa” de 1862 a 1950; y época análoga hubo para los trenes).

[3]  En 1889 tiene lugar la primera “conferencia panamericana”, una segunda habrá en 1901 y el Uruguay será el asiento de la séptima que coincide con “la política de buena vecindad” promovida por F. D. Roosevelt, sustituyendo la anterior “política del garrote” de otro Roosevelt, Theodore.  La política de buena vecindad entró en nuestro país hasta desde las escuelas donde los niños aprendían el himno correspondiente como prioridad educativa. Como curiosidad o paradoja el autor de dicho himno fue un argentino, peronista, que tuvo que abandonar su país en 1955 (Rodolfo Sciamarella lo escribió antes de ser peronista, puesto que  el Canto de Amistad, circulaba antes de que el peronismo surgiera a la palestra política).

[4]  Se sabe, por ejemplo, la alarmante frecuencia con que bajan de los pesqueros cadáveres, lo cual hace pensar en pésimas condiciones laborales. El puerto de Montevideo tiene el dudoso honor de figurar como el segundo puerto con mayor trasiego de pesca ilegal del mundo entero (https://revistapuerto.com.ar/2019/01/nadie-controla-la-pesca-en-el-atlantico-sur/).

[5]  Alejandro Borche, Dardo Esponda, Eduardo Cotto, Eduardo Dilandro, Gustavo Guarino, Héctor Arbiza, Manuel Chabalgoity en POSTURAS, La Diaria, Mtdeo., 29 de mayo de 2021.

[6]  El País, Mtdeo., 27 mayo 2021.

[7]  Asentamientos, generalmente costeros, desde donde la metrópolis recibía las mercancías extraídas del territorio circundante en una relación absolutamente desigual; de la colonia a la metrópolis, ida y vuelta.

[8]  Otras designaciones para el mismo fenómeno: «zonas económicas especiales», «zonas de libre comercio», «zonas libres», «zonas de proceso exportador», «zonas de libertad comercial», «zonas de producción de exportación». En Túnez, todo el país ha adquirido el «nuevo estatuto» de zona franca. En México, su región norte, lindante con EE. UU., tiene lo que llaman «maquiladoras».

Publicado en Cultura dominante, Poder, Política, Sociedad e ideología, Uruguay, Uruguay. Qué hacer

Neolengua covídea

Publicada el 13/04/2021 - 15/04/2021 por raas

Por Luis E. Sabini Fernández

Llamativo, aunque esperable, el auge de la neolengua con esta ofensiva para suprimir los contactos directos interhumanos, haciéndonos pasar toda relación a través de tamices, opciones preestablecidas, coladores, controles, registros cibernéticos, algoritmos y aplicaciones que se nos “ofrecen” para mejorar los contactos, los saberes, las calidades.

Es decir, para hacerlo “todo” mejor, y uno se pregunta sobre aquella sabia advertencia de Blas Pascal, “El hombre es medio ángel y medio bestia, y cada vez que pretende convertirse totalmente en ángel, se convierte, totalmente, en bestia.” Su dualismo cristiano le permitió tener semejante mirada.

Pero diversos optimismos han abolido esa mirada problemática y dialéctica: el optimismo tecnológico, encarnado en el American Way of Life, postulando el acceso al paraíso en la Tierra, cuyas plasmaciones se han revelado siempre pesadillescas.

Eso, dentro del optimismo burgués. Pero su presunta contracara, tan vigente a lo largo de los siglos XIX y XX; el socialismo, a su vez encarnado en experiencias como la soviética, nos mostraron igualmente los peligros de las excesivas buenas intenciones, y sobre todo, de la hybris del control absoluto. Con el estalinismo, el fascismo, el nazismo, y referentes máximos tipo Hitler, Stalin, Mao o Fidel Castro, de líderes que nunca se equivocan, hemos “cocinado” lo opuesto a lo pretendido.

Otra ideología prometiendo el bien absoluto, desplegada a lo largo del siglo XX con una mezcla de misticismo y socialismo materialista –que significativamente se conserva mucho menos cuestionada–, es el sionismo, hoy en día convertido en guía y referencia de algunos de los principales centros de poder planetario, como el Reino Unido y EE.UU., e Israel, obviamente.

El sionismo, que ha prometido el paraíso y la bienaventuranza a los judíos, forjando un infierno para los palestinos. Cumpliendo una vez más la advertencia de Pascal. Las consecuencias de todas estas ideologías de salvación han sido, son desoladoras. Unas han prometido la libertad más absoluta; otras la igualdad más radical. De todas ellas extrajo George Orwell su neolengua articulando un lenguaje del que nos presentó ejemplos, como aquel de que: “todos los animales son iguales, aunque algunos son más iguales que otros”. Estos antecedentes de la modernidad son preocupantes.

¿Estamos fuera de ellas o por el contrario resurgen con nuevos ropajes? Como bien amojona Aldo Mazzucchelli, (1) el nuevo siglo, el XXI, empieza en febrero de 2020, con la implantación de ese reinado de lo mediato, con la supresión de lo directo, lo afectivo. Y lo mediado, a través de artilugios electrónicos. Es la suspensión, o más bien la erradicación del diálogo humano, que a trancas y barrancas, caracterizó siempre a la especie; a la humanidad, como se dice habitualmente.

Desde febrero de 2020 con una pandemia decretada en “las alturas” y un miedo generalizado consiguiente, el diálogo, tan vapuleado y menospreciado por los selfmademen y por el rigor “objetivo” de los proyectos socialistas (que necesitaban hacerse, no discutirse), desapareció ahora sí, como proyecto explícito, del tejido social o fue limitado a espacios intersticiales.

Se impuso, se trató de imponer, con suerte variada, una realidad oficial como “nueva normalidad” al servicio, claro, de las mejores intenciones. Es difícil, por ejemplo, encontrar “textos de autor” más buenos que los de Bill Gates, arquetipo de filántropo contemporáneo. Hacer el bien, incondicionadamente, poniendo “toda” su fortuna y su empeño en ayudar a los pobres, los débiles, los marginados, ese otro mundo… tan ajeno al del filántropo.

Alguien se puede permitir dañar únicamente si lo hace al servicio de las mejores intenciones. Solo munidos de la mayor excelencia imaginable se puede exterminar nativos de una tierra, torturar elementos considerados subversivos; solo un “enviado” de algún dios, totalmente convencido de su bondad y de la bondad de su presunto creador, se podía permitir echarle plomo derretido en las cuencas de los ojos de un negacionista, un incrédulo, un hereje, que no “veía” la verdad. Eso, en tiempos inquisitoriales.

Ahora no se usa plomo: soldaditos norteamericanos que llevaban a Vietnam en su mochila coca-cola –como si fuera “lo más”– junto con la democracia, se permitían incendiar todos los bosques locales para quemar vivos a los guerrilleros allí escondidos.

Solamente un Padre amantísimo le hacía confesar a casi toda la vieja guardia bolchevique que tenían que aceptar la responsabilidad por delitos varios –la mayor parte inexistentes– porque era la forma de preservar la pureza, la solidez, la verdad del partido que habían forjado juntos. Ad maiorem PC gloriam.

Así, nuestros más neutros periodistas y comunicadores, brindándonos sus mejores perspectivas, nos ofrecen una pujante neolengua según la cual postulan, esperan, ansían un “pasaporte sanitario”, para reponer, dicen, “la libertad”. Portación obligatoria de vacunas (tradicionales o génicas, poco importa) contra o sobre Covid 19 para poder trabajar, ir al teatro, viajar, estudiar… en fin, ¿por qué no para salir a la plaza o a la frutería?

Nuestros periodistas a sueldo –a veces privilegiados económicos de los medios de incomunicación de masas–, nos aclaran que así evitaríamos toda limitación a nuestras libertades y alcanzaríamos la ansiada normalidad perdida.

Claro que estos periodistas, a menudo progresistas, no nos dicen que esa presunta libertad tiene que ser pagada con recibir una vacuna de la cual, lo menos que puede decirse es el diálogo de dos ratones: ¿Te vas a vacunar? –¿Estás loco?, ¿no ves que los humanos todavía están experimentando? (2) Esa nueva normalidad quiere imponerse mediante un pasaporte sanitario. Con una vacuna que fue hecha apresuradamente y significa, objetivamente el mayor negocio de la Big Pharma en las últimas décadas.

¿Cómo podemos evitar la sospecha que la problemática pandemia de la cual no se conoce ni la magnitud de los muertos reales, no fue nada más que la excusa de un gran negocio, o, aún algo más probable; la palanca de un enorme poder cuyo alcance no tiene antecedentes?

Para rematar la neolengua, se sigue hablando de que la vacuna es voluntaria. Hay una sorda impresión de que es verdaderamente resistida aunque oficialmente poco y nada se menciona en los corrillos mediáticos del periodismo televisivo.

Claro que es voluntaria, faltaba más, pero sin vacunarse nuestros paniaguados periodistas sólo nos ofrecen la parálisis y el aislamiento.

notas:
1) “El año que quisieron editar lo real desde arriba”, eXtramuros, Montevideo, marzo 2021.

2) Afortunadamente cada vez hay más médicos y profesionales de la salud que concluyen que es más dañino, y por lo tanto menos hipocrático, vacunarse que atender directamente el contagio con recursos médicos: medicación contra trombosis, por ejemplo. Véase los aportes y planteos de Thomas Dalton, Máximo Sandín, Luc Montaigner, A. Martínez Belchi, Christian Carrera, Nick Kollerstrom, Yanny Gu, Pablo Goldschmidt, Reiner Fuellmich, Joseph Mercola y tantos otros, amén de pensadores y analistas sociales como nuestro Hoenir Sarthou, Jeremy Hammond, Michel Chossudovsky, Mike Whitney, Vandana Shiva y una enorme cantidad de cabezas pensantes y voces literalmente acalladas en los medios masivos, los recintos institucionales y hasta en algunas trincheras culturales, otrora críticas y rebeldes, por lo visto totalmente cooptadas por nuestros “benefactores” pandémicos.

fuente: https://revistafuturos.noblogs.org

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Publicado en Ciencia, Conocimiento, Cultura dominante, Destrozando el sentido común, General, Medios de incomunicación de masas, Narrativa, Poder mundializado, Política, Salud. Y enfermedad, Sociedad e ideologíaEtiquetado como American Way of Life, Blas Pascal, Fidel Castro, Hitler, nazismo, optimismo burgués, sionismo, Stalin, stalinismo

Conspira.virus, una vuelta de tuerca para restaurar la fe en la ciencia

Publicada el 05/06/2020 - 09/08/2020 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

A Marta Fraga, socióloga sabia, cada vez más sabia y menos socióloga

“No creo en brujas, pero que las hay, las hay”. Refrán para apuntar a lo inexplicado

 El abordaje de Marcelo Aguiar Pardo, por su amplitud, complejidad y alcance con su “El conspiracionismo, entre la psicología y la ideología” podría ser catalogado como miniensayo.

Pero hay preguntas, o cuestiones que no aborda y otras que contesta escueta e insuficientemente, y finalmente expresa una fe que resulta al menos sorprendente para sus postulados racionalistas.

Vayamos a lo primero.

Ante el cúmulo de vías conspiranoicas que Aguiar repasa (y otras que no menciona); terraplanistas, alienígenas, illuminati, veganos, antiOGM, masones, bilderbergianos, sionistas, plutocracia, antivacunas, refractarios a las ondas electromagnéticas y a las ideologías de género, a los chemtrails, al implante de chips subcutáneos, a los globalifóbicos, y no agregamos a los luditas porque no han aparecido rompedores de celulares o plataformas cibernéticas de última generación, la primera pregunta que cabe hacerse, sin tomar partido necesariamente ni a favor ni en contra, es:

¿Por qué están brotando como hongos, no sabemos después de qué tormenta, tantas explicaciones, o mejor dicho tantas necesidades de explicación (después veremos si todas, algunas o siquiera alguna, explica algo).

Entiendo insoslayable reconocer que estamos entrando en un universo de mayor complejidad y aumento de heteronomía. Y es este último fenómeno  −cada vez somos menos autónomos− el que “nos impulsa” a tratar de entender el mundo y, como nos cuesta, a forjar hipótesis , que a veces mediante comprobación y a veces por pura creencia, bajan un peldaño epistemológico y nos encontramos así con pruebas que no lo son, con datos mucho más que hipotéticos.

Respecto de lo segundo; lo que señalamos que contesta escuetamente;  en nota a pie de página  Aguiar Pardo aclara que su crítica “a la teoría conspirativa del NOM” no pretende negar, ni mucho menos, “conspiraciones reales” como para derribar gobiernos o ejercer influencia en estructuras administrativas, suponemos que de cualquier estado  (nota 1 en su trabajo).

La primera interrogante que nos brinda este deslinde  es por qué la conspiración existe con fines parciales (derribar un gobierno, un asunto no tan parcial, imponer un producto en el mercado…) y no tiene que existir si dicha conspiración tuviera o pretendiera tener efectos totales.

Los conspiradores, genéricamente hablando, si de algo carecen es de modestia, limitacionismo autoimpuesto. Conspirar otorga, al contrario, una sensación de poder –generalmente bastante real y muchas veces exitosa− Así que el deslinde de su nota 1 deja “gusto a poco”…

Por otra parte, ¿qué es parcial o limitado?

Cuando en setiembre de 2000 la craneoteca demócrata estadounidense, con Alvin Bernstein, Thomas Donelly, David Epstein, Robert Kagan, William Kristol, Mark Lagon, Steve Rosen, Gary Schmitt, Abram Shulsky, Paul Wolfowitz, para nombrar apenas algunos de la treintena de firmantes, presenta  al gobierno (y no públicamente, a través de los aparatos mediáticos masivos) el paper “Rebuilding America’s Defenses. Strategy, Forces and Resources […] for a New American Century”, ¿de qué se trata? Es algo limitado o estructuradamente abarca “todo”?

Leyéndolo, nadie podría decir que se trata de un proyecto limitado; más bien, todo lo contrario. EE.UU., como nación “preponderante” era llamado a hacer un futuro consigo mismo como protagonista indiscutido y sobre todos los órdenes de la vida social del planeta entero, particularmente los “securitarios”. Y empleando toda la violencia necesaria…

Semejante proyecto,  ¿qué es para quienes NO constituimos “el nuevo siglo de EE.UU.?

Vayamos a otro ejemplo. La fiebre conspiranoica (que sin duda existe) ha enfilado, por ejemplo, contra los alimentos transgénicos.  Muchos referentes alimentarios; funcionarios de organizaciones internacionales como la FAO o el PMA, investigadores de diversos laboratorios, han desechado esos temores y rechazos como no apoyados en bases científicas. Y han impulsado el empleo cada vez más generalizado de alimentos transgénicos.

Algunos reparos, empero, han sido significativos: los militares de la provincia china de Heilongjiang han tomado nota, en 2016, de que los servicios sanitarios provinciales estuvieron verificando año a año el deterioro sanitario de su población. La hipótesis de tales militares es si acaso ese deterioro no coincide con la introducción (masiva) de alimentos transgénicos (fundamentalmente provenientes de Argentina y Brasil). Ya en 2014, las autoridades militares habían pedido “la prohibición de alimentos GM para sus tropas”. [1] El establishment chino, nutrido desde los emporios de ingeniería genética madeinUSA intentó desmontar esa resistencia creando un organismo con apariencia de ciencia y “sin fines de lucro”; la Academia China de Ciencia Agrícolas.

Pero en 2016, el Ministerio de Agricultura chino resolvió la clausura de la Academia mencionada. Una de las “gotas que derramó el vaso” fue la toma de estado público, gracias a un “whistleblower” chino,  que dicho ministerio se valía de informes falsos que legitimaban la ingeniería genética.

¿Y esto qué es? ¿conspiración, lobby, secreteo?[2]

Los alimentos transgénicos han modificado la alimentación en el mundo entero. Contra el juicio de  algunos investigadores refractarios. En 1999,  un documento contra el uso irrefrenable de alimentos transgénicos fue firmado por 22 investigadores de alcance internacional, como Arpad Pusztai o Stanley Ewen. Monsanto hizo circular de inmediato  otro documento firmado por unos 600 investigadores que  aseguraban la total inocuidad de los alimentos transgénicos. Si fuera hoy, estos últimos firmantes  podrían muy bien advertirnos contra actitudes cautelosas sin pruebas, conspiranoicas.

¿Con qué nos quedamos? ¿Con 22 firmas de investigadores refractarios,  críticos de un avance tecnológico y sus implicaciones, que no confían en la versión oficial, que temen “un complot de las corporaciones [Monsanto, ahora Bayer] y los gobiernos [el de EE.UU.] para tapar los perjuicios de los cultivos transgénicos” (Aguiar Pardo dixit), o con 600 amanuenses del laboratorio protagonista de ese presunto avance tecnológico, que nos cuentan que no hay nada que ocultar ni que temer, que es sencillamente un progreso tecnológico más y “aceptar que, realmente, nadie tira de los hilos” (Aguiar Pardo  dixit).

Podríamos hacer análogas incursiones en varios otros terrenos que Aguiar Pardo identifica como fértiles a lo conspiranoico: el mundo mediático, el sionismo.

Pero concentrémonos en el nudo problemático: a mi entender, Aguiar Pardo ha repetido un viejo mecanismo mental que probablemente todos debemos aprender a sofrenar: el de tirar el bebito con el agua sucia.

Viendo que hay tantas variantes conspiranoicas, y al menos muchas insostenibles; enajenadas, apodícticas, la tendencia es, grosso modo, desestimarlas. Pero con ello, se nos escurre una serie de mecanismos de poder que son precisamente los más complejos, los menos directos y tal vez por ello, por su sofisticación inherente, tal vez los más peligrosos.

Con lo cual, a mi modo de ver, Aguiar Pardo termina abrazando una idea de poder lineal, monocolor, escolar, simple, increíblemente alejada de los verdaderos resortes de los poderes reales, pero eso sí, sin conspiración a la vista.

Queriendo evitar los fantasmas, hemos ido a parar a los cuentos de hadas.

Porque concedamos por un momento, y así vamos a la tercera objeción, que la ciencia es perfecta o infalible, que por una serie de recaudos epistemológicos, podamos hacer una construcción científica segura.

La objeción al cientificismo radical, permanece. Porque la cuestión no es la ciencia sino los científicos. Aun concediendo seguridad o perfección  −que es discutible− el quid no está en la ciencia sino en los científicos; los humanos que plasman esa presunto saber inapelable.

La historia nos muestra infinidad de penosos ejemplos donde los científicos resolvieron y concluyeron “científicamente” una sarta de barbaridades o atrocidades. Que en rigor no eran científicas.

Presentemos, sucintamente, algunos ejemplos.

CÁNCERES. Décadas atrás, era considerada, por los  médicos, “enfermedad de la vejez”. La realidad golpeó ese presunto saber médico, cuando mediando el siglo XX, aparecieron leucemias infantiles. Los cánceres, con las décadas fueron ocupando más y más zonas del cuerpo humano, más y más especializaciones médicas y asistenciales. Y más teorías interpretativas. Hizo furor la de los cánceres genéticos (y una cura asegurada mediante ingeniería genética). Se tardó décadas en reconocer que la mayor parte de los cánceres tienen origen ambiental. En esas idas y vueltas, ¿cuáles han sido los quilates científicos?

Las dos grandes redes de atención al cáncer en EE.UU., la American Cancer Association (ACS) y el National Cancer Institute (NCI) promueven la detección precoz. Pero a combatir la aparición de cáncer, por ejemplo, el NCI destina un 5% de su presupuesto.[3] Escuálido. Tal vez porque una conciencia pragmática les dice que para achicar radicalmente la tasa de cáncer habría que vivir distinto; sin agroindustria,  es decir, sin aditivos, sin góndolas de consumo masivo…

La detección precoz apuesta a salvar vidas pero no a evitar cánceres. Y además, permite que estas dos enormes redes federales mantengan estrechas relaciones con la industria de aparatología para combatir cánceres y con los laboratorios gigantes dedicados a atender los ya clínicamente declarados.

Aquí vemos un ejemplo de conocimiento científico realmente condicionado.

RACISMO. Para encarar este tema no debemos ir décadas atrás, sino siglos. Para ver su despliegue, en “El Nuevo Mundo” y correlativamente en África. Y para ver la participación científica de ese concepto, algo menos  en el tiempo, pero igualmente un par de siglos… ¿Qué fue “la carga del hombre blanco” a la que escritores y poetas europeos dedicaron tantas brillantes líneas? La certeza, científicamente abonada, que los hombres caucásicos  son superiores, científicamente comprobado, que el resto de los humanos. Incluso más: “los monos antropomorfos, como ha señalado el profesor Schaafhausen, serán exterminados sin ninguna duda. La distancia entre el hombre y el animal se agrandará, puesto que se extenderá entre un hombre en estado de civilización superior, como podemos esperar, al del Caucásico actual, y algún mono tan inferior como el Babuino, en lugar de como actualmente, entre el negro o el Australiano y el gorila.” [4]

No es sólo ciencia dominada por consorcios tecnológicos ni racismo recubierto y amparado por “ciencia”; el desarrollo tecnocientífico de nuestra humanidad eurocentrada, carente de un basamento verdaderamente racional y comprensivo, se conforma con mucho menos.

PRAGMATISMO. ¿Qué es sino ALARA para habilitar nuevos inventos o gadgets tecnológicos? Las instituciones reguladoras de la seguridad alimentaria emplean, para aprobar ingredientes no alimentarios en alimentos,  el “As Low As Reasonably Achievable”, es decir “Tan bajo como razonablemente se pueda”. Nada de conocimiento científico ni de rigor y mucho de pragmatismo.

En la misma senda de crudo pragmatismo tenemos o al menos tuvimos en la década del ’80 en Suecia, la política médica con las mamografías. Se había avanzado tanto culturalmente como para que el saber médico incluyera la noción de daño por la radiactividad y a la vez se sabía todo lo que podía dar la radiactividad  como información. Entonces, se recomendaba a las mujeres menores de 36 años a no hacerse mamografías y a las mayores, sí.

Porque el daño de la radiactividad podía ser mayor en las más jóvenes que la detección de cánceres y consiguiente cura; estadísticamente,  esa relación se invertía luego de los 36; allí, el daño inevitablemente causado por la irradiación era estadísticamente menor que el valor de la detección de cánceres.  El lector sabe que se está hablando de daños distintos; se trata sólo de sumas algebraicas de tipo estadístico.

Es cierto lo que anota Aguiar Pardo: seamos cautos ante “la falacia naturalista”. Esa tendencia a imaginar que si retornáramos al estado de naturaleza estaríamos dichosos, mejor que hoy.

Pero al mismo tiempo, seamos conscientes de que es la humanidad, no la Naturaleza, la que está creando  su propio infierno, valida fundamentalmente de los desarrollos tecnocientíficos. Repaso apenas un tramo de la reflexión de Abdulla Öcalan, otrora líder del PKK, un partido marxista-leninista kurdo enfrentado al régimen turco, aprisionado en 1999 y desde entonces en régimen de aislamiento. Sabemos que ha aplicado su tiempo como preso y rehén a pensar. Así ha abandonado el dogma marxistaleninista y ha ido gestando una suerte de anarquismo ecologista o, tal vez más precisamente  una ecología ácrata: “El sistema ha ido llevando la crisis social hacia el caos, el medio ambiente ha empezado a enviar señales de socorro en forma de catástrofes que amenazan la vida. Ciudades cancerígenas, aire contaminado, la capa de ozono perforada, la rápida y acelerada extinción de especies animales y vegetales, la destrucción de los bosques, la contaminación del agua por los desechos, la acumulación de montañas de basura y el crecimiento demográfico antinatural han llevado al medioambiente al caos y a la insurrección. Se trata de obtener el máximo beneficio, independientemente de cuántas ciudades, personas, fábricas, transportes, materiales sintéticos, aire y agua contaminados pueda absorber nuestro planeta. Este desarrollo negativo no es el destino.”

Se podría decir que Öcalan le otorga conciencia al mundo natural, pero nos corresponde hacer la lectura sustantiva, no quedar en detalles de formulación.

Agrega: “Es el resultado de un uso desequilibrado de la ciencia y la tecnología en manos del poder. Sería un error hacer responsable a la ciencia y la tecnología de este proceso […].” Coincido una vez más, salvo en su incondicionalidad con lo tecnológico: entiendo que hay tecnologías que se han desarrollado y han prosperado y son nocivas al ambiente, a la vida, al planeta.

Desarrollos más vinculados con intereses de dominio, que rompen toda alianza, toda conciliación con el mundo tal cual era (ya no podemos decir “tal cual es”).

Lo conspiranoico es peligroso, coincidimos. Pero la fe ciega en la ciencia y los engendros tecnológicos no lo son menos. Y para remate, tienen buena prensa; no sitios de ufólogos y rincones paranoides sino respetables semanarios de alta racionalidad.

notas:

[1]   Alejandro Villamar, “Un regalo de año nuevo lunar en China”, ALAI AMLATINA, 30/1/2017.

[2]  Finalmente, la provincia china de Heilongjiang  (unos 45 millones de habitantes) mantiene una suspensión del consumo de alimentos transgénicos por 5 años: quieren verificar si sobrevienen cambios en el panorama sanitario.

[3]  Samuel S. Epstein et al., The Breast Cancer Prevention Program, Mac Millan, Nueva  York, EE.UU., 1997.

[4] Charles Darwin, The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex, John Murray ed., Londres, 1871, «On the Extinction of the Races of Man», p. 201 (cit.p. Juan M. Sánchez Arteaga, “La racionalidad delirante: el racismo científico en la segunda mitad del s XIX”).

Publicado en Nuestro planeta, Salud. Y enfermedad, Sociedad e ideología

La impugnación al programa ADN: ¿abolición de la crítica o de la realidad?

Publicada el 19/04/2020 - 12/05/2020 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández – 

Se ha suscitado, una vez más, una tormenta por declaraciones consideradas antisemitas.

El periodista Tomás Méndez, habría cometido, o no, una atrocidad, una falsedad, una calumnia [dejemos para más adelante esta precisión] en su programa ADN (C5N, Buenos Aires, 1/4/2020) abordando el origen de lo que se denomina pandemia COVID-19.

Transcribo aquí algunas frases del programa que funcionaban de apoyo a la emisión:

“Fue creado por la elite mundial”

“China y EE.UU. sabían desde 2015 que iba a haber una pandemia”

“Coronavirus, la pandemia fabricada por las potencias”

 “Hace un año, 120 empresarios se preparaban para el coronavirus”

Sostuvo que esta situación que estamos viviendo hoy en prácticamente el mundo entero, proviene de una decisión política. Méndez nos habla que una organización, Evento 201, respaldada por Bill Gates, en 2019 hizo un cónclave, donde un referente, al parecer con pertenencia a la OMS, anunciaba no ya una pandemia sino “una gran pandemia”.

Con toda lógica, a Méndez, a mí, y entiendo que a muchos, no puede dejar de llamarnos la atención semejante anuncio, encarnado en la realidad apenas poco después. Sobre todo, puesto que hay antecedentes con esto de hacer anuncios genéricos que adquieren pronta ratificación en la realidad.[1]

Méndez señala, y acusa, a “familias hipermillonarias” de patrocinar ese encuentro, esa prefiguración de la pandemia que hoy nos está condicionando.

Y refiriéndose a tales multimillonarios, los califica como “los ricos que gobiernan el mundo; unos nacidos en EE.UU., otros en Israel, otros en Europa […]”.

Se armó Troya.

Y se lo acusó de “antisemita”. Modo hecatombe. Los comedidos salieron a ofrecer disculpas a la embajadora de Israel, no así al colega de EE.UU. o a los/las de algunos países de Europa, también aludidos.

El INADI rubricó: “Los dichos de Tomás Méndez en C5N: antisemitismo y judeofobia en tiempos de COVID-19. Descargo del INADI ante los comentarios discriminatorios del periodista.”

Se advierte el apuro para que no permanezca la acusación de antisemita o judeófobo sobre una expresión periodística argentina.

El periódico digital Israel noticias rubricó: “el coronavirus fue creado por estadounidenses e israelíes ricos” (7 abr 2020). La cita, violando la convención que existe sobre las comillas, NO es textual. Aparte de la pérdida “geográfica” (de los hipermillonarios europeos), hay una supresión de eslabones que hace indigerible lo transcrito. Méndez no se refirió a los estadounidenses y los israelíes. Habló de “familias hipermillonarias”.

Dejemos un momento los atributos y calificativos y tratemos de ver la realidad: ¿Hay familias hipermillonarias en el Primer Mundo?

Sí, las hay; no sólo familias, también individuos, también empresas. ¿Los hay en la periferia planetaria? También las y los hay pero en mucha menor medida que en EE.UU., Israel o Europa (excepción periférica: ciertos estados árabigopetroleros). Además, rastreando la pertenencia de esas fortunas periféricas, vemos que mayoritariamente les pertenecen a personas, familias y empresas del Primer Mundo (con otra excepción: también a China).

El informe de INADI, a diferencia de Israel noticias, cita correctamente a Méndez. Y completa la cita con otro pasaje de Méndez que ha generado la atención de INADI: que hay “familias [que] son dueñas de una parte del oro de la Reserva Federal de los EE.UU.” El INADI no aclara algo que destaca Méndez en su programa: que la RF no es un ente público del andamiaje estatal de EE.UU., pese a ser la sede de emisión de los dólares oficiales del país, sino una entente privada (de aproximadamente los diez bancos más grandes de EE.UU.). Por eso la relevancia y la necesidad de “hipermillonarios”. Ni INADI ni ADN precisan cómo está compuesto el capital de la RF.

El informe de INADI está firmado por Emmanuel Taub, un  académico judío versado en mesianismo, y otras áreas muy vinculadas a la judeidad. Sería bueno que el INADI, para emitir juicios sobre antisemitismo y judeofobia, se basara en un abordaje hecho también por quienes no pertenecen en este caso a la comunidad judía, para evitar la suspicacia que genera  una defensa que podría malinterpretarse como “defensa propia”, cuando de lo que se trata, o debería tratarse, es de ofrecer aportes objetivos, generales y desinteresados. Pretensión teórica, sin duda, por la peculiar definición de antisemitismo, de INADI.[2]

Una organización titulada “chequeado”, que se presenta como ‘un sitio web que se ocupa de la verificación del discurso público’, hace su aporte para condenar los contenidos del vapuleado programa ADN.

Méndez puso al desnudo una investigación en biología sintética de la que periodistas de la RAI informaron en 2015: que un laboratorio chino en Wuhan, coordinando su investigación con un colega estadounidense, estaba embarcado en un diseño de quimeras.[3]

¿Cuál es el aporte de chequeado al respecto?: “Ese informe de la RAI se emitió el 18 de noviembre de 2015. Días antes, la revista científica Nature había publicado los hallazgos de un grupo de investigación que había sido capaz de «infectar con coronavirus de murciélago directamente a los humanos (en lugar de necesitar evolucionar primero en un huésped animal intermedio)». Pero el virus al que refieren en esa nota no es el que genera la COVID-19.”

Ese grupo, entonces, no infectó murciélagos ni salteó huéspedes. Pero había sí, investigadores chinos y estadounidenses capaces de infectar con coronavirus…

Y bien: ¿por qué no pueden haber continuado tales trabajos otro equipo de investigadores? Los que trajinan con quimeras no tienen porqué ser exclusivos. El desmentido de chequeado no avanza, dio un pasito y se perdió… Chequeado no niega ni desmiente las investigaciones en biología sintética. Que es lo grave. Y su carácter reservado.

Pero chequeado analiza otro pasaje.  Méndez asoció el simulacro de pandemia de 2019 a cargo de una red de personalidades con la pandemia oficialmente declarado que nos ocupa hoy. Chequeado “aclara”: “el «Evento 201» fue un «ejercicio de simulación de pandemia» realizado en Nueva York el 18 de octubre de 2019 junto con el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates en el que no se hizo ninguna predicción sobre la situación actual del coronavirus.”[4] [la cita de chequeado contiene las comillas que a vez chequeado emplea].

¡Bueno fuera!

Volvamos a la realidad, que mal que bien subsiste pese a nuestro universalizado encierro: nadie pretende atribuirle poderes anticipatorios a Gates.

¡Pero  qué casualidad anunciar en octubre 2019 una “gran pandemia” y empezar a vivirla en noviembre de 2019. ¡Llamativa cuasisimultaneidad!

Se le pidió a Méndez una rectificación o desmentida, que el periodista ofreció.

Me permito remitir al lector a una nota que tuve que hacer en una situación comparable.[5] Por lo visto, hay que chequear a los chequeadores.

notas:

[1] La implosión del WTC, anunciada, o anhelada, doce meses antes.

[2]  Para el actual INADI, antisionismo es igual a antisemitismo. Y mediante otro salto conceptual mortal, toda crítica a Israel es antisionismo. En resumen: todo lo que tenga origen judío es incriticable. Salvo, imaginamos, lo que consientan o formulen los propios judíos.

[3]  Biología sintética es el proyecto, que entusiasmó a investigadores de Monsanto desde fines del s XX, no ya de cortar y pegar genes de una especie en otra (como es el caso de la famosa soja transgénica) sino de configurar especies nuevas mediante combinaciones transgénicas. Su misma designación revela al lado de la búsqueda de capacidad tecnológica la total ceguera en sabiduría y hasta en mitología.

[4]  https://chequeado.com/el-explicador/es-falso-que-el-nuevo-coronavirus-fue-creado-en-un-laboratorio-chino-y-que-bill-gates-financio-su-origen/

[5]  “Mentiras y medios: auge de la mentira como «verdad objetiva»”, 31 jul 2019.

Publicado en Argentina, Destrozando el sentido común, Medios de incomunicación de masas, Sociedad e ideología

Pluralidad electrónica sesgada y el retorno permanente al pensamiento dominante

Publicada el 29/02/2020 - 01/03/2020 por ulises

por Luis E. Sabini Fernández –

La experiencia histórica nos ha enseñado que ”todo es relativo”, que toda comprobación debe resistir la prueba del tiempo (es decir, que a la corta o a  larga falla, cede), que no hay verdades eternas, ‘el reino de lo efímero’…

Sin embargo, hay algo que despierta nuestra confianza, nuestra fe: resolver cualquier duda, cualquier bache del conocimiento, en internet.

La falta de diálogo, −por otra parte obvia entre un máquina cibernética y una mente humana− no ha resultado, sin embargo, bastante para aminorar aquella confianza de “encontrarlo todo” en internet.

Sin embargo, cualquier usuario sabe  que “internet” responde a mucho más que a lo que se le pregunta.

O a mucho menos.

He puesto en internet:

«Bruno Bauer, La cuestión judía, publicado en 1843″, para ser remitido, obviamente,  a Bruno Bauer.

La devolución, en décimas de segundos, me ofrece como cinco mil entradas.

He aquí la primera:

Sobre la cuestión judía (traducido del alemán: Zur Judenfrage), es un ensayo escrito por Karl Marx en el otoño de 1843, y publicado por primera vez en febrero de 1844 en el Deutsch-Französische Jahrbücher.

Diálogo de sordos. Buscaba en internet a Bauer, no a Marx. Yhvé Marx, que parece estar en todas partes.

Otra entrada reza: Sobre la cuestión judía – Wikipedia, la enciclopedia libre». El detallecito del calificativo libre es particularmente significativo.

La entrada siguiente: «Sobre La cuestión judía. Karl Marx. Escrito en otoño de 1843, y publicado en febrero de 1844 en el Deutsch-Französische Jahrbücher.

Otra entrada: «La Cuestión Judía | Marx desde Cero»

Otra: «Sobre la cuestión judía es un texto filosófico donde Marx discute con Bruno … el error de Bruno Bauer». Agradecido. Pero me gustaría conocer «el error» de Bauer… de puño y letra del mismísimo Bauer, y con mis ojos.

Y siguen otra entradas: «Marx y el antisemitismo en la izquierda | Letras Libres.

«www.letraslibres.com › mexico-espana › marx-y-el-antisemitismo-en-l…30 mar. 2015 – En 1843, […]

la cuestión judía – Revista da Faculdade de Direito

www.revistadireito.ufc.br

por P. Aragão – ‎2013 – ‎Artículos relacionados

los hermanos Bauer, de los cuales Bruno es el autor del escrito sobre la cuestión … perfecto, un sueño embasado teóricamente, (Marx lo escribió en 1843, a fin…[…]. Y ya encarrilamos para Marx.

Otra entrada: «figurando entre ellos los hermanos Bauer, de los cuales Bruno es el autor del escrito sobre la cuestión judaica, el que dio origen a la obra título de este breve trabajo»… ya nos dimos cuenta; el de Karl Marx.

En entrada de books: «Karl Marx. PARTE I [Respuesta a Bruno Bauer]-.Etcétera.

Y más abajo, Ñángara y la cuestión judía (de Marx, obviamente)…

El Frente Amplio y la cuestión judía (ídem)

«¿Para qué sirve la filosofía?” – Página 123 – Resultado de Google Booksbooks.google.com.uy › books

Paco Fernández Mengual – 2005 – ‎Philosophy

Sobre la cuestión judía, texto redactado en el invierno de 1843-1844, es un comentario crítico al texto de Bruno Bauer […] Obviamente, sin remitir a fuente alguna. Ya tenemos «la» fuente…

Bajo la misma entrada aparece (a continuación): «La libertad en el pensamiento de Marx». books.google.com.uy › books

Ángel Prior Olmos – 1988

Parecería que es importante defender la libertad de pensamiento. La de Marx, obviamente, no la de Bauer o la nuestra.

«Marx utiliza el ensayo de Bauer como una ocasión para su propio análisis de los derechos liberales», dice otra entrada. Chocolate por la noticia.

…

Sobre la cuestión judía – UVwww.uv.es › ivorra › Historia › SXIX › CuestionJudia

La mayor parte del ensayo está dedicada a exponer las ideas que Bruno Bauer presenta en su trabajo «La cuestión judía» según las entiende Marx, junto con …

Después de decenas o centenas de entradas “marxianas” encontré una con la obra de Bruno Bauer. Pero en alemán.

Primera comprobación, ya archisabida: internet no contesta, no dialoga.

En castellano no apareció el texto buscado, pero sí, a trancas y barrancas, en alemán (su lengua original).

¿Qué apreciamos aquí? ¿Límites culturales o límites electrónicos de nuestra comarca hispanohablante (que sin embargo no es tan pequeña…)?

¿Será que a los que leemos castellano nos alcanza con llegar a Marx?

La búsqueda no era baladí o erudita: leyendo a Laurent Guyènot surgía una diferencia, un contraste entre Marx y Bauer por demás signficativo (véase mi apunte “A vueltas y revueltas con la cuestión judía”).

Publicado en Conocimiento, Cultura dominante, Medios de incomunicación de masas, Palestinos / israelíes, Sociedad e ideología

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